GOBIERNO SAGASTA DE FEBRERO DE 1881.

 

Conceptos clave: Gobierno Sagasta de febrero de 1881, elecciones 1881, Partido Liberal Fusionista en 1881, progreso económico, proteccionismo y liberalismo económico, renovación pedagógica.

 

 

 

El significado del Gobierno Sagasta.

 

En 1881, Práxedes Mateo Sagasta parece que tenía la misión de sacar de un atolladero a Cánovas, en el sentido de que tenía que dar las libertades que el Partido Conservador negaba, de modo que fuera creíble el mensaje de la Restauración, que ya se retrasaba cinco años sin mostrar cambios. Se empezaba a dudar de las promesas de Cánovas. El régimen aperturista que Cánovas había concebido, se empezó a perfilar con la llegada al poder del partido en la oposición. Bien entendido que, el diálogo entre Sagasta y Cánovas era prácticamente inexistente.

Por fin, en febrero de 1881 quedaba patente el pacto no escrito entre conservadores y liberales: Los conservadores recordaron a los fusionistas, en el periódico La Época, que debían al Rey su subida al Gobierno, y no a una victoria parlamentaria, lo que sugería que tampoco lo debían a un golpe de Estado que de alguna manera les justificara, como en 1840, 1854 o 1868. Como al Rey lo había puesto Cánovas, los fusionistas se debían al pacto con los moderados. El Gobierno lo gestionaba Sagasta. La oposición conservadora la capitaneaba Romero Robledo, pues Cánovas se retiró a escribir. El sistema debía funcionar sin Cánovas.

Sagasta formó Gobierno con hombres de 1868, pero con los más moderados de ellos, gentes de Unión Liberal y del Partido Centralista de Alonso Martínez, partidos que ya no existían. Y también sumó a Martínez Campos, un general moderado y alfonsino.

 

 

Gobierno de Sagasta[1],

          8 febrero 1881 – 13 octubre 1883

 

Presidencia del Consejo, Práxedes Mateo Sagasta / 10 de julio 1881: Arsenio Martínez Campos, interino / 2 agosto 1881: Práxedes Mateo Sagasta / 9 enero 1882: Arsenio Martínez-Campos Antón, interino / 19 enero 1882: Práxedes Mateo Sagasta / 25 julio 1882: Arsenio Martínez Campos, interino / 25 agosto 1882: Práxedes Mateo Sagasta.

Estado, Antonio Aguilar Correa[2], Marqués de Vega de Armijo, antiguo unionista.

Gobernación, Venancio González Fernández[3], antiguo progresista, representaba el nexo con los que se mantenían en el viejo progresismo / 6 septiembre 1881: Práxedes Mateo Sagasta, interino / 22 septiembre 1881: Venancio González Antón / 9 enero 1883: Pío Gullón Iglesias

Gracia y Justicia, Manuel Alonso Martínez[4], antiguo unionista / 9 de agosto 1881: José Luis Albareda, interino / 6 de septiembre 1881: Manuel Alonso Martínez / 9 enero 1883: Vicente Romero Girón.

Hacienda, Juan Francisco Camacho de Alcorta / 9 enero 1883: Justo Pelayo de la Cuesta Núñez.

Guerra, Arsenio Martínez-Campos Antón[5].

Marina, Francisco de Paula Pavía Pavía[6] / 9 enero 1883: Arsenio Martínez-Campos Antón / 13 enero 1883: Rafael Rodríguez Arias de Villavicencio.

Fomento, José Luis Albareda Sezde[7] / 9 enero 1883: Germán Gamazo Calvo.

Ultramar, Fernando León y Castillo[8] / 2 de julio 1881: José Luis Albareda Sezde, interino / 1 agosto 1881: Fernando León y Castillo / 23 julio 1882: Arsenio Martínez-Campos Antón, interino / 11 septiembre 1882: Fernando León Castillo / 9 enero 1883: Gaspar Núñez de Arce.

 

 

El Partido Liberal Fusionista de 1881.

 

El partido en el Gobierno representaba la coalición “fusionista” de tres grupos:

Eran disidentes del Partido Conservador y, por tanto, derecha de los fusionistas, Martínez Campos (Guerra) y Pavía (Marina).

Eran centristas, los antiguos unionistas como Alonso Martínez (Gracia y Justicia) y marqués de Vega de Armijo (Estado). El más popular de los centristas, en los años siguientes, sería Antonio Gamazo.

Eran antiguos demócrata-constitucionales, y por tanto izquierda de los fusionistas, Albareda (Fomento), Camacho (Hacienda), León y Castillo (Ultramar) y Venancio González (Gobernación).

Venancio González Fernández se convirtió en el “gran elector” de los liberales, en el papel que Romero Robledo hacía con los conservadores. Es decir, las elecciones de los liberal-fusionistas estarían tan corrompidas como las de los conservadores. El modelo de Estado no cambiaba, excepto en que la cesión del Gobierno a la oposición no se hacía por revueltas callejeras y pronunciamientos, sino por retirada pacífica y voluntaria del Presidente de Gobierno anterior.

El Gobierno de Sagasta reconoció como válido el nombramiento de María de las Mercedes de Borbón Habsburgo-Lorena como Princesa de Asturias, que Cánovas había hecho en el momento del nacimiento de ésta en septiembre de 1880. Cánovas agradeció el gesto como confirmación de la aceptación del sistema de alternancia de partidos, en el ninguno debería anular los acuerdos tomados por el otro. Alfonso de Borbón Habsburgo-Lorena, futuro Alfonso XIII, nació en 1886 e inmediatamente fue reconocido como Rey, con lo que María de las Mercedes perdió su derecho al trono por el hecho de ser mujer. En 1902 se le reconoció la mayoría de edad. María de las Mercedes moriría en 1914, en un parto.

 

 

Renovación política de 1881: elecciones.

 

Sagasta empezó su periodo de gobierno disolviendo las Cortes conservadores de Cánovas y convocando otras para 20 de agosto de 1881. Previamente, planteó unas elecciones municipales. Logró la alianza de los demócratas y de los posibilistas de Emilio Castelar, con los fusionistas (que ya eran una alianza de centralistas y constitucionales). La falta de solidez política o de cohesión interna, salvo por la personalidad de Sagasta, sería el talón de Aquiles del nuevo Partido Liberal.

En 3 de mayo de 1881 hizo elecciones municipales y Venancio González hizo su trabajo como dirigente de las mismas: Obtuvo 21.076 concejales liberales, frente a 3.824 conservadores, funcionando perfectamente las artimañas electoralistas.

El 20 de agosto de 1881 hubo elecciones generales al Congreso.

El 2 de septiembre de 1881 hubo elecciones generales al Senado:

El Partido Liberal Fusionista obtuvo 297 escaños en el Congreso de Diputados, de los 392 posibles. Y el resto se lo permitieron entregar repartido entre la oposición: 39 del Partido Liberal Conservador; 32 republicanos;  3 de la Unión Católica de Pidal;  2 de los carlistas;  10 independientes;  9 no definidos.

La manipulación de los votos fue igual que antes. Los progresistas decían que todo había cambiado porque ahora eran ellos los que dirigían las elecciones. Pero los resultados cantan por sí solos, y muestran que nada había cambiado. En vez de ganar los moderados, ganaban los fusionistas, y ése era el único cambio, que era lo mismo que no cambiar nada. Los fusionistas habían utilizado los mismos métodos antidemocráticos de siempre. Y decir que las cosas estaban mejor hechas porque podía gobernar el Partido Liberal Fusionista, era no ver con perspectiva la evolución histórica. A veces la izquierda piensa que lo que hace la derecha es intolerable, pero que lo que hace la izquierda es muy democrático. Lo que ocurre es que cuando la izquierda hace lo mismo que estaba haciendo la derecha, es que no es izquierda, no cambia el modelo existente, y sólo se imaginan ser de izquierdas, salvadores de unos valores que no existen más que en su imaginación. Ello es aceptado en la irracionalidad del populismo, pero no resiste la mínima crítica y análisis intelectual. Otra postura posible de esta falsa izquierda, cuando son conscientes de que deben hacer algo diferente a lo que hace la derecha, es echar abajo todo lo que la derecha ha hecho, lo cual resulta todavía más absurdo, aunque tiene muy buena aceptación entre el populacho. En mi opinión, la izquierda verdadera es la que hace un análisis dialéctico de la realidad y pone los medios posibles y reales para hacer los cambios oportunos. La derecha, por su parte, cuida de conservar realidades y valores del pasado que considera que han sido útiles y pueden serlo todavía. El resto, son discusiones estúpidas entre políticos, discusiones que en nada benefician a los gobernados.

 

 

La nueva legislatura de 1881.

 

En el discurso de apertura de Cortes, Discurso de la Corona, Alfonso XII se declaró fiel a la Iglesia Católica, habló de tradición española católica, prometió la libertad de prensa y de cátedra, reabrir los periódicos cerrados y restituir las cátedras suspendidas. Era el programa de Sagasta, y fue leído por el Rey con disciplina propia de un sistema parlamentario. Efectivamente, Sagasta convirtió en leyes estas libertades citadas, y la libertad de asociación.

El Republicano Emilio Castelar quedó encantado por el momento político que vivía España, pues Cánovas había terminado las dos guerras civiles que había, la de Cuba y la Carlista, y creía que Sagasta traería las libertades, abriría la Universidad a las ideas europeas. De hecho, ya había inaugurado la práctica del derecho de reunión.

Alfonso XII se entendía muy bien con Sagasta, le caía mejor que Cánovas, aunque conocía a ambos políticos y confiaba más en Cánovas que en Sagasta. Al fin y al cabo, Sagasta se había manifestado pocos años antes en contra de los Borbones y había colaborado en la expulsión de España de Isabel II.

Sagasta, por su parte, no se mostró adulador con Alfonso XII, pero se entendió con él desde la primera entrevista que tuvieron, y cada uno supo perfectamente el papel que jugaría el otro.

María Cristina de Habsburgo-Lorena simpatizaba con Sagasta, sobre todo a partir del momento en que Sagasta le propuso declarar Princesa de Asturias a la infanta Mercedes, aunque Cánovas se oponía a esa decisión porque la consideraba precipitada, ya que todavía no estaba consolidado el nuevo régimen político. Pero María Cristina estaba encantada con que una de sus hijas fuera Princesa, pues ello significaba el apartamiento de los hijos varones que Alfonso XII tenía fuera del matrimonio, que eran varios. Sagasta lo hacía para mantener ante todo la legalidad, la cual excluía del trono a los hijos ilegítimos.

Y Alfonso XII y María Cristina de Habsburgo Lorena, no simpatizaban en absoluto entre ellos, y María Cristina  se limitaba a concebir un heredero varón. La vida de una Reina o de una Princesa no es en la realidad tan idílica y feliz como dicen los cuentos infantiles.

 

 

Reformas de Sagasta.

 

Sagasta dio una amnistía de prensa, y proclamó la libertad de cátedra, y la libertad de asociación. Ello le hizo muy popular entre los españoles.

El Ministro Camacho sacó adelante unas reformas fiscales, reformas comerciales, y reformas arancelarias y presentó la evolución al proteccionismo como un avance dentro del liberalismo, cuando sabemos que es todo lo contrario.

Se promulgó la Ley General de Enjuiciamiento Criminal.

Se aprobaron las Bases para un Código Penal del Ejército y de la Armada y una organización nueva de los tribunales militares.

Estableció las Audiencias de lo Criminal por toda España.

Creó Tribunales Colegiados, instituyó el juicio oral y público (pero no el juicio por jurado).

Respecto a la legalización del Partido Socialista Obrero Español, fundado por Paulino Iglesias en 1889 como partido de clase, es decir, con el fin de sustituir a la burguesía en el poder, por un Gobierno de proletarios, Sagasta decidió que no representaban ningún peligro para el Gobierno mientras se mantuviesen en la legalidad. Al contrario pensaban Cánovas y los católicos, que decían que el Partido Socialista era un peligro social. En 1881, El Partido Socialista Obrero fue legalizado. El partido estaba integrado en su núcleo duro por varios tipógrafos de Madrid. Pero pronto surgió el problema de convivencia entre un sistema burgués y un partido de clase obrera. O el poder se ponía al servicio de los burgueses, o se ponía en manos de los obreros. Ambas cosas eran incompatibles a la vez, pues ninguna de las partes aceptaba a la contraria. Las asociaciones no estaban prohibidas, y por eso Sagasta la legalizó, pero las huelgas sí eran ilegales. Los tipógrafos hicieron huelga y dejaron a Madrid sin periódicos. Paulino Iglesias fue detenido y pasó un día en la cárcel. Muchos tipógrafos fueron detenidos y expulsados de Madrid. El resultado no buscado, es que surgieron pequeñas asociaciones socialistas en diversas ciudades de España.

 

 

Los problemas de Sagasta.

 

Los problemas de Sagasta sobrevinieron desde dentro de su propio Partido Liberal Fusionista: Hubo discrepancias internas pues el Partido Fusionista era un conglomerado de grupos de ideas dispares.

En política internacional, Sagasta tendió a alinearse con Alemania a pesar de su régimen autoritario, porque no le gustaba la republicana Francia que estando presente junto a España en Túnez y en Sfax, había dejado abandonados a los colonos españoles cuando hubo problemas. La política internacional también causaba discrepancias entre Cánovas y Sagasta, pues Cánovas quería pasar desapercibido en el exterior, mientras Sagasta quería protagonismo de España entre las potencias.

 

 

CONTINUACIÓN DE LA FASE DE PROGRESO ECONÓMICO,                  1877-1883.

 

En un ambiente de progreso económico, las estructuras políticas se toleran mejor. El sistema de Cánovas estaba pues muy firme, a pesar de sus contradicciones, en esta época de desarrollo económico:

 

Construcciones en Madrid.

En 1881 se inició en Madrid el proyecto de construcción de La Almudena, la cual se terminó el 15 de junio de 1993. El inicio de obras lo podemos tomar como símbolo de inicio a una serie de importantes construcciones como:

1877-1883 Cárcel Modelo de Madrid, de Tomás Aranguren.

1884-1891 Banco de España, de Eduardo Adaro.

1884-1893 Bolsa de Madrid, de Enrique María Repullés

1886 Casón del Buen Retiro, de Velázquez Bosco.

1891-1894 Real Academia de la Lengua, de Miguel Aguado de la Sierra.

1892 Ciudad Lineal, de Arturo Soria.

1893-1897 Ministerio de Fomento, de Velázquez Bosco.

En 1882 empezó la época dorada de la vid, que durará hasta 1890. España vendía a Francia todo el vino que era capaz de producir, y surgían las fortunas de los Domecq, Osborne y Larios.

La superficie sembrada de trigo disminuía por falta de rentabilidad, a pesar de la subida de los precios que parece que debían arrastrar al aumento de cultivos. Se estaban produciendo fenómenos económicos aparentemente contradictorios: la producción nacional sólo abastecía al 90% del consumo interno español; había exportaciones de trigo porque los precios españoles eran bajos; eran precisas importaciones para cubrir la demanda interna.

No tenía tanta suerte el olivo, cuyos precios bajaban, y ello se debía a la caída de las exportaciones al sustituir Europa y América el consumo de este tipo de grasa por otras.

En 1882, la compañía Ibarra y Cía se convirtió en  Altos Hornos y Fábricas de Hierros y Acero, al asociarse Ibarra con Urquijo, Zubiría, Villalonga (casado con Rafaela Ibarra), J. Barat y Joan Girona. Por entonces surgió La Vizcaya, otra compañía del hierro fundada por Víctor Chávarri y Gandarias con capital Británico de “Olano y Lorrinaga”, radicada en Ontón (Cantabria), que extraía mineral de hierro y lo cargaba en cargaderos propios. Ambas compañías se fusionarían en 1902 en Altos Hornos de Vizcaya. Estas compañías siderúrgicas funcionaban principalmente con carbón británico, más barato que el español, de modo que su desarrollo significó más trabajo en minas de hierro, pero no en el carbón, cuya producción siguió siendo casi la misma. Se importaba una cantidad de carbón superior a la producida en España. Víctor Chávarri tenía también, junto a José Tartiere y otros, la mayor parte de la propiedad del Ferrocarril Bilbao-Santander y del Ferrocarril Vasco Asturiano que surgió al prolongarlo hasta Oviedo.

 

 

Política internacional en 1881

 

En 1881, Bismarck intentó aislar internacionalmente a Francia, e hizo la Liga de los Tres Emperadores: Alejandro de Rusia, Francisco José de Austria, y Guillermo I de Alemania.

En 1881, Francia ocupó Túnez. Italia protestó, y para encontrar fuerza suficiente, Italia se unió a la Liga de los Tres Emperadores.

En España, el Ministro de Estado, Antonio Aguilar Correa Marqués de Vega de Armijo, pidió la entrada de España en la Liga de los Tres Emperadores, pero no lo consiguió. En 1883, el Rey viajaría a Alemania, y al pasar por París se le recibió mal y se le insultó. Bismarck se apresuró a quitar importancia al hecho, para no entrar en confrontación con Francia, y España tuvo que agachar la cabeza y resignarse.

España temía a Francia por la posible expansión colonial de esta potencia en Marruecos, sabiendo que España estaba aislada internacionalmente, y siendo consciente el Gobierno de que los países latinos estaban en decadencia todos ellos, y de que España se había ido empobreciendo progresivamente a lo largo de todo el XIX en general, e incluso algunas regiones habían caído en la extrema pobreza.

España intentó relaciones con Alemania, pero a Bismarck le interesaba muy poco un país atrasado como España, excepto para conseguir algunas ventajas comerciales, es decir en plan de superioridad y no como aliado.

La tónica de la política internacional española fue el aislacionismo, al menos hasta 1888.

 

 

El proteccionismo en 1882.

 

En abril de 1882 se debatió en las Cortes españolas la idea liberalizadora de abolir los aranceles, o al menos bajarlos considerablemente.

El proteccionismo era la idea fija de los industriales catalanes, pues su industria textil estaba técnicamente atrasada respecto a la británica, y la liberalización de las importaciones hundiría su mercado, que se realizaba principalmente en territorio español.

El librecambismo era la idea de los industriales vascos, pues su negocio era la exportación de mineral de hierro e importación de hulla y antracita británica. Con el librecambismo venderían más mineral de hierro, y comprarían carbón más barato.

Los historiadores dicen a menudo que los moderados españoles eran proteccionistas y que el Partido Conservador de Cánovas había heredado esta idea de los conservadores de siempre. Esta generalización habría que matizarla pues, como hemos dicho más arriba, había intereses de empresarios proteccionistas e intereses liberalizadores. La afirmación es cierta en cuanto que Cánovas siempre se declaró proteccionista y negaba que declararse librecambista significara ser más liberal que declararse proteccionista. Cánovas decía que el problema era mantener la industria española, y que esto no era fácil. Hay que tener en cuenta que Cánovas estaba relacionado con los empresarios cubanos.

En efecto, un proteccionismo excesivo genera una industria débil, e incluso da lugar a corrupción política. Y un proteccionismo débil genera destrucción de empresas y pérdida de puestos de trabajo. Es el drama de los países en desarrollo, de los que no están en la punta tecnológica. Es una cuestión que no se puede tratar desde el Gobierno en términos generales, sino que sólo tiene sentido individualizando, sector por sector, e incluso empresa por empresa. De lo contrario se cometen graves errores y se da paso a la corrupción. Napoleón había sido proteccionista en 1798-1815 y con ello había fortalecido a la industria francesa frente a la británica. Mendizábal y Figuerola, que eran progresistas, habían defendido el librecambismo. Güell, el industrial catalán, era proteccionista, y como representaba la derecha del Partido Conservador, se atribuye a los conservadores el proteccionismo. Bismarck, tenido por conservador alemán, era proteccionista cuando Alemania quiso hacer su revolución industrial definitiva. Todas estas afirmaciones, pueden inducir a pensar que los conservadores son proteccionistas y los liberales librecambistas, pero es sólo una verdad casuística. Cada partido puede actuar de forma distinta, según los intereses de cada momento y de cada grupo empresarial dominante en el Gobierno.

 

 

El liberalismo económico en 1882.

El Tratado de Comercio de febrero de 1882.

 

En el espíritu librecambista de 1882, en febrero se firmó un Tratado con Francia rebajando los derechos de los vinos que iban a Francia en un tercio, y también los derechos de las naranjas, almendras, avellanas, hortalizas, tapones de corcho, guantes, papel, cartón y productos de esparto que España exportaba. Por su parte, España rebajaba los derechos arancelarios de los productos franceses de lana y seda que se vendían en España.

Este Tratado de Comercio con Francia tuvo mucha repercusión, pues a partir de 1883 se firmaron tratados similares de Comercio y Navegación con todos los países de Europa occidental.

Estos Tratados estuvieron vigentes hasta 1891, cuando España suprimió a Francia la cláusula de “nación más favorecida” y Francia tomó represalias multiplicando por diez los aranceles pagados por los productos españoles, y denunciando el Tratado de 1882. Los demás países europeos hicieron lo mismo, y ya nunca se consiguieron condiciones de bajos aranceles como las de 1882, salvo en acuerdos muy puntuales.

A continuación vamos a ver un proceso de liberalización política, pero no debemos olvidar que se fundamentaba en el fracaso de la liberalización económica.

 

 

Renovación pedagógica en 1882-1883.

 

En mayo de 1882 en Madrid, los liberales españoles tomaron una idea alemana, de 1848, que estaba poniéndose en práctica por Europa Central, la de reunir un “Congreso Pedagógico”. Se trataba de discutir problemas institucionales, legislativos y de la enseñanza, para aconsejar a los Gobiernos. Representaba el nuevo espíritu de fin de siglo, pero apenas tuvo trascendencia.

En 1882 se creó la Academia General Militar para que todos los oficiales del ejército se formaran juntos en los primeros años de sus estudios, antes de pasar a las academias específicas de sus respectivos cuerpos o armas. Esta academia se cerró el 8 de febrero de 1893, pasando los militares a formarse en Toledo (infantería), Valladolid (caballería), Segovia (artillería), Guadalajara (ingenieros), Ávila (administración-intendencia). La academia se refundaría en 1927, en Zaragoza, se suprimiría en 1931 y se volvería a refundar en 1940 en Zaragoza.

En 1882, Albareda creó el Museo Pedagógico de la ILE para formar maestros en la destreza de enseñar. El Museo procuraba mandar los maestros más formados pedagógicamente a los pueblos más remotos, a fin de compensar los déficits culturales. El primer director de esta institución será Manuel Bartolomé Cossío.  Cossío equiparará el sueldo de las maestras con el de sus compañeros masculinos, creará colonias de vacaciones para alumnos, y abogará  por un Ministerio de Instrucción Pública y por lo que sería la Junta de Ampliación de Estudios. Este trabajo de Cossío, verá cumplidos sus objetivos en 1931 con las Misiones Pedagógicas, o visitas de grupos intelectuales a los pueblos pequeños.

La ley de 9 de marzo de 1883 creó la Escuela Central de Gimnástica con dos cursos de un año cada uno que serían estructurados y aprobados en 1887. Estos estudios venían siendo pedidos por los defensores de la ILE, que los defendían como higiénicos, defensivos y lúdicos. En 1893, la asignatura pasará a los institutos como asignatura obligatoria. En 1894, se mandó que sólo se impartiera la parte práctica, 3 horas semanales, otras 2 dedicadas a juegos al aire libre, y un complemento de excursiones por la tarde. El tema sería retomado en 1926, y de nuevo en 1938, cuando se creó el Consejo Nacional de Educación Física, a partir de 1977 llamado Consejo Superior de Deportes.

En 1883 hubo leyes importantes de enseñanza que trataron: de la equiparación salarial de maestros y maestras, de la formación de los maestros en el Museo de Instrucción Pública, y de la organización de Congresos Pedagógicos para los tres niveles de la enseñanza.

 

 

[1] Práxedes Mateo Sagasta 1825-1903 había nacido en Torrecilla de Cameros (La Rioja) y estudiado en la Escuela de Ingenieros de Caminos Canales y Puertos de Madrid. En 1849 fue a Zamora como Jefe de Obras Públicas para hacer la carretera de Zamora a Orense. Allí convivió con una mujer casada, Ángela Vidal Herrero, y nació su hijo José en marzo de 1852. Se hizo progresista y fue diputado en 1854, y en 1856 se marchó a Francia. En 1857 fue nombrado profesor ingeniero de la Escuela de Ayudantes de Obras Públicas, impartiendo clases de topografía y construcción. En 1858 era diputado progresista y era la oposición a Unión Liberal y escribía en La Iberia, dirigiendo este periódico en 1863, cuando murió Calvo Asensio, su anterior director. Predicaba el retraimiento político. Era masón y llegó a ser Gran Maestre. En enero de 1866 estuvo con Prim en Villarejo, y en junio de 1866 en el motín del Cuartel de San Gil, por lo que fue cesado como profesor, separado del Cuerpo de Ingenieros y condenado a muerte. Huyó a Francia. En 1868 volvió del exilio para ser ministro de Gobernación y por entonces defendía una monarquía demócrata-liberal y se oponía al doctrinarismo que había venido gobernando con Isabel II. En junio de 1869 fue Ministro de Gobernación y de Estado hasta diciembre de 1870. En 1871, con Amadeo, fue Presidente del Gobierno, cuando el Partido Progresista se rompió entre Constitucionales de Sagasta y Radicales de Ruiz Zorrilla. La escisión fue muy grave, porque todos los demás partidos estaban en contra de Amadeo. En 1875 reconoció la monarquía de Alfonso XII y tuvo una hija llamada Esperanza. En 1877 pactó con Cánovas la formación de un partido de oposición al estilo británico, pero no fue capaz de dirigirlo y tenerle mínimamente disponible hasta 1881 y, entonces, Cánovas le cedió el poder. En 1885 se casó con su compañera desde 1850, Ángela Vidal Herrero.

 

[2] Antonio Aguilar Correa, 1824-1907, marqués de Vega de Armijo, había estado en 1854 en Unión Liberal y había sido hombre de confianza de O`Donnell. En 1867, se sumó al grupo de liberales que querían destronar a Isabel II. En 1874, propuso la formación del Partido Liberal, y se puso a las órdenes de Sagasta, del que era el hombre de confianza,  aunque ambos sabían que había que adular a Arsenio Martínez-Campos, como hombre popular dentro del ejército.

[3] Venancio González Fernández, 1831-1897, había estudiado Derecho en Madrid, y se había unido a los revoltosos de septiembre de 1868,  por lo que siempre fue considerado un progresista. Su verdadera personalidad fue ser el hombre manipulador de elecciones al servicio de Sagasta, del que fue Ministro de Gobernación en febrero de 1881, en 1883, en 1892 y en 1893.

[4] Manuel Alonso Martínez, 1827 -1891, estudió Derecho y Filosofía y Letras en Madrid y abrió bufete en Burgos, hasta que en 1855 fue nombrado Ministro de Fomento y en 1865, de Hacienda. En 1876, fue miembro de la Comisión que estudió el Proyecto Constitucional de Cánovas. En 1881, se estaba redactando el Código Civil español.

[5] Arsenio Martínez-Campos Antón, 1831-1900, era un conservador, quizás más de derecha que Cánovas, y sin embargo, en 1881 colaboraba en el Gobierno Sagasta, e incluso actuaba como segundo de Sagasta, haciendo sustituciones de Ministros. Martínez –Campos era un general prestigioso, que había estado en la Guerra de Marruecos en 1859-1860, en la Guerra de México de 1862, en la Guerra de Cuba de 1868, en la Guerra Carlista de 1873, y en la guerra cantonalista de 1873. En contra de lso planes del Cánovas, Jefe del Partido Conservador, se había pronunciado por Alfonso XII en 29 de diciembre de 1874, y había vuelto a la Guerra Carlista de la que se consideró vencedor en 1876. Martínez –Campos quería el poder, y Cánovas lo apartó enviándole a Cuba, donde hizo una paz rápida y poco meditada, la Paz de Zanjón de febrero de 1878. La liberación total e inmediata de los esclavos cubanos era una temeridad para la seguridad pública y era un regalo envenenado para Cánovas. Martínez-Campos era muy popular, pero un peligro político. En 1879, Cánovas le concedió el poder, pero se lo quitó nada más celebrarse el pacto para hacer elecciones. Ni siquiera le dejó organizar las elecciones. Martínez-Campos se sintió defraudado, y se pasó al Partido Liberal Fusionista de Sagasta.

[6] Francisco de Paula Pavía Pavía, 1812-1890, fue un gaditano que ingresó en la Armada española desde muy joven y se mostró siempre como muy liberal: sirvió a Prim, a Cánovas, a Martínez-Campos, y a Sagasta. Era un hombre de tanta confianza, que los recortes presupuestarios siempre se hacían en la Marina, con gran disgusto de los marinos españoles. Por ello le era muy útil a todos los gobernantes de final del XIX.

[7] José Luis Albareda Sezde 1828-1897 había fundado El Contemporáneo en 1860, y La Revista de España en 1868. Además de Ministro de Fomento en 1881, lo fue de Gobernación en 1887

[8] Fernando León y Castillo, marqués de Muni, 1842-1918, fue un abogado canario ministro de Ultramar en febrero de 1881 y de Gobernación en octubre de 1886.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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