GOBIERNO DE MARTÍNEZ-CAMPOS EN MARZO DE 1879.

 

 

Conceptos clave: Gobierno Martínez-Campos, origen del Partido Liberal Fusionista, los carlistas en 1879, los republicanos en 1879, la Guerra Chiquita, la aparición del socialismo marxista en España, las elecciones de 1879, la política cubana de Martínez Campos, Fomento del Trabajo Nacional, periódicos demócratas, la segunda boda de Alfonso XII, la dimisión de Martínez Campos.

 

 

Gobierno Arsenio Martínez-Campos Antón,

7 marzo 1879 – 4 diciembre 1879.

 

Presidente del Consejo: Arsenio Martínez-Campos Antón

Ultramar: Manuel Orovio Echagüe, interino / 15 de marzo de 1879: Salvador Albacete Albert.

Gracia y Justicia: Pedro Nolasco Aurioles Aguado.

Guerra: Arsenio Martínez-Campos Antón.

Marina: Francisco de Paula Pavía Pavía / de 14 agosto: Arsenio Martínez Campos, interino / 30 de agosto: Francisco de Paula Pavía Pavía.

Estado: Francisco de Borja Queipo de Llano y Gayoso de los Cobos, conde de Toreno, interino / 10 marzo 1879: Mariano Roca de Togores / 16 de mayo de 1879: Carlos Manuel O`Donnell-Álvarez y Abreu[1], duque de Tetuán.

Hacienda: Manuel Orovio Echagüe, marqués de Orovio.

Fomento: Francisco de Borja Queipo de Llano y Gayoso de los Cobos, VIII conde de Toreno

Gobernación: Francisco Silvela de Le Vielleuze / 15 de marzo 1879: Salvador Albacete Albert.

 

Cánovas quería unas elecciones porque se las reclamaba Sagasta y encontró un militar cuyo fracaso no le comprometería, ni a él ni a Sagasta, en los dos partidos que estaban conformando.

El 25 de febrero de 1879, Martínez Campos regresó de Cuba y llegó a Cádiz. El 7 de marzo era nombrado Presidente del Consejo de Ministros. El asunto sorprendió a muchos, y entre ellos, al mismo Martínez-Campos.

El tema le fue presentado a Martínez Campos como un premio a su labor en Cuba, pero era una jugada de Cánovas: Cánovas quería que las nuevas Cortes discutiesen la Paz de Zanjón, paz que no gustaba a Cánovas porque era un error político, de modo que Martínez Campos se iba a enfrentar con las consecuencias de lo que él mismo había firmado, con el enfrentamiento a los propietarios cubanos. Cánovas preveía el fracaso de Martínez Campos, y ese fracaso significaría el final del mito del pronunciamiento de Sagunto y de la Paz de Zanjón, lo cual eliminaría a los militares de la política, un ferviente deseo del restaurador.

Martínez-Campos debía organizar las elecciones siguientes de cara a que las Cortes aprobaran la Paz de Zanjón. Cánovas sabía que el siguiente Gobierno lo iba a pasar mal, debido a la mala solución hallada al problema de Cuba, y se quitaba de en medio para que fuera otro quien soportase el chaparrón.

Martínez Campos pidió disolución de Cortes, convocatoria de elecciones en 20 de abril de 1879 para el Congreso, y en 3 de mayo para el Senado.

 

 

         Origen del Partido Liberal Fusionista.

 

La maniobra de hacer Presidente a Martínez Campos superó todas las expectativas de Cánovas: en primer lugar, Martínez-Campos se dio cuenta del paquete envenenado que le habían pasado y se enfadó con Cánovas. En segundo lugar, la propaganda de Cánovas, hábilmente dirigida, hizo que los generales Martínez-Campos y Francisco Serrano se declararan enemigos de Cánovas y aliados de Sagasta, lo cual dio lugar a una coalición del “Partido Liberal Constitucional” de Sagasta con el general Serrano, a la que se sumaría el “Partido Centralista” de Alonso Martínez y de Antonio Gamazo. Esta coalición se llamó “Partido Fusionista” y se completó en 1880.

Alonso Martínez creyó que era el momento de un partido de centro, a mitad de camino entre Cánovas y Sagasta. Creó el “Partido Centralista”. Cánovas atacó a Alonso Martínez hasta que éste se sintió acorralado y se acercó a Sagasta.

 

 

Los carlistas en 1879.

 

El líder carlista, Carlos VII, creyó que el momento de crisis del Partido Conservador podía ser aprovechado reorganizando una nueva Junta Carlista que reanudara la guerra carlista. Designó nuevos junteros, pero éstos le dijeron que el partido carlista estaba en trance de disolución y no había posibilidades de éxito. Carlos VII se enfureció y nombró nuevos junteros. El nuevo líder del carlismo en España era Juan Nepomuceno de Orbe y Mariaca, 1817-1891, IV marqués de Valdespina, hijo de José María de Orbe y Elío, pero este hombre no tenía las ideas claras, y buscó apoyos en los republicanos.

En 1879, ante las elecciones que convocaba Martínez Campos, Carlos VII decidió participar en ellas. Encargó la campaña electoral a Cándido Nocedal desde El Siglo Futuro, a Vicente de la Hoz desde La Fe, y a Suárez Bravo desde El Fénix. Los dos últimos accedieron a participar, pero Cándido Nocedal puso muchas reticencias argumentando que si salían elegidos diputados carlistas, éstos tendrían que jurar la Constitución y la tolerancia de cultos que se había incluido en ella. La polémica la ganó Nocedal, el cual se quedó como representante único del carlismo en España hacia junio de 1879. El carlismo tenía por entonces muchos seguidores, pero pocos hombres de talla, y Nocedal no tenía contrincantes que pudieran contradecirle.

Pero el carlismo aparecía dividido: En 1879 fue nombrado jefe político del carlismo Cándido Nocedal, que dominaba un periódico de Madrid llamado El Siglo Futuro dirigido por su hijo Ramón Nocedal. Cándido Nocedal era un ultracatólico, un integrista. Pero el carlismo empezó a tener fisuras pronto: en 1880, Alejandro Pidal Mon pidió a los católicos que hiciesen sus propias asociaciones y organizaciones al margen del carlismo, convirtiéndose Pidal Mon en enemigo cerrado de Nocedal, y ambos llevaron una larga disputa en los periódicos. Algunos miembros de la Comunión Católica Monárquica abandonaron de hecho el carlismo a pesar de que el Papa León XIII apoyaba a Cándido Nocedal y le apoyó con su Encíclica Cum Multa. Carlos VII se puso de parte de Cándido Nocedal.

 

 

Los republicanos en 1879.

 

Los republicanos de 1879 también tenían muchos simpatizantes entre las clases bajas españolas, pero estos republicanos de clase baja no se planteaban si eran federales, unitarios o socialistas. Por eso, se había constituido el Partido Republicano Unitario de Cristino Martos, el cual había captado la realidad que se vivía en España en el nivel social medio y bajo.

Ante las elecciones de 1879, el Partido Republicano Federal de Pi i Margall, decidió abstenerse, porque le faltaban garantías de limpieza electoral, y en realidad, porque no confiaba en sacar ningún resultado positivo en ese momento, pues estaba muy desacreditado tras su actuación ante el cantonalismo.

Pero el Partido Republicano Unitario estaba dividido entre los seguidores de Martos, los de Salmerón y los de Ruiz Zorrilla.

Precisamente, en 1876, Salmerón y Ruiz Zorrilla habían creado el Partido Republicano Reformista, que defendía la unidad del Estado español, la Constitución única para todo el territorio, un parlamento único, el acercamiento de los líderes a las clases populares de clase media, es decir, los pequeños propietarios agrarios, y a las clases trabajadoras, prometiendo reducir la jornada laboral. Pero admitían el levantamiento armado y lo habían intentado en 1877 y 1878, lo que les hacía incompatibles con los Republicanos Unitarios.

Por su parte, los Republicanos Federales de Pi y Margall esperaban una revolución popular y buscaban contactos dentro del ejército, para repartir el poder entre los republicanos y los militares. El Comandante Isidro Villarino, se pronunció en Navalmoral de la Mata (Cáceres), fracasó, y huyó a Portugal cuando le hicieron frente los carabineros y la guardia civil.

Para la campaña electoral de 1879, Cristino Martos recuperó la iniciativa y creó un nuevo partido, el Partido Progresista Democrático, definiéndole como un centro izquierda no demagógico como el de Pi. De hecho, ni siquiera pedía la República, sino se conformaba con restaurar la Constitución de 1869. Ruiz Zorrilla estuvo en el Partido Progresista Democrático algún tiempo como Presidente honorario, y Salmerón estuvo como militante antes de crear su propio partido Republicano Reformista.

Por su parte, el republicano Emilio Castelar también quería la Constitución de 1869, con la declaración de 11 de febrero de 1873 por la República. Pedía la unión de todos los republicanos, y de todos los liberales, republicanos y monárquicos, pero no quería república federal que llevaba al caos por la desorganización que Pi y el federalismo generaban. Estaba dispuesto a admitir transitoriamente la monarquía de Alfonso XII. A su tendencia republicana se la llamó “Posibilismo”. Su idea era ir ganando, poco a poco, escalones hasta llegar a una república unitaria, sin cargas socialistas ni federalistas. Por ello, era capaz de aliarse a Cristino Martos o a Sagasta, siempre que lo considerara una posibilidad de avance hacia su meta.

En 1880, Figueras disintió con la política de los republicanos.

En 1881, Almirall disintió con la política de los republicanos.

Así pues, los republicanos eran una amalgama de grupos muchas veces incompatibles entre sí.

 

 

Política cubana de Martínez Campos.

 

En 1878, Martínez-Campos se puso a trabajar en el problema de Cuba, y su idea era que no quería una Cuba independiente, porque ello significaba que caería en pocos meses en manos de Estados Unidos, pero tampoco quería una Cuba española con plenos derechos de los cubanos como una provincia más, como se la definía en España, porque ello cambiaría todo el equilibrio de fuerzas políticas en España. Es decir, quería una colonia. Y prefería los intereses de los partidos a los intereses de los españoles.

No logró terminar la Guerra de Cuba, pues le estalló la Guerra Chiquita en agosto de 1879.

En ese momento, un hombre fuerte como Cánovas, que se presumía que era de carácter estable e ideas muy meditadas, tuvo un gesto de debilidad. O tal de compromiso con sus aliados cubanos. No se atrevió a denunciar a los empresarios cubanos (españoles y cubanos que tenían los negocios de Cuba, los negocios que radicaban en Cuba y los que radicaban en España). Cánovas permitió que Romero Robledo manipulara los resultados como siempre se había hecho. Su idea política era para él más importante que la moralidad y los intereses de España, pues decía que los cubanos eran españoles.

Martínez Campos suspendió las Cortes hasta diciembre de 1879, para que diera tiempo a negociar una solución para Cuba, y no la encontró.

En cuanto al “partido cubano” o asociación de empresarios con intereses en Cuba, hizo en estos días un gran esfuerzo por consolidar su posición. En 10 de febrero de 1878, Paz del Zanjón, Martínez Campos había llegado a un acuerdo con el cubano Vicente García por el que concedería a Cuba las condiciones políticas de que ya gozaba Puerto Rico, ofrecía una amnistía tan amplia que afectaba incluso a los desertores del bando español, prometía la libertad de todos los esclavos y daba facilidades para que quien abandonara la isla quien lo quisiera. Los hacendados cubanos lograron dejar el documento en papel mojado: la amnistía se quedó en nada, las concesiones políticas se dejaron para más tarde, y la liberación de esclavos se redujo a los “de origen asiático”, que no eran casi ninguno.

 

La Guerra Chiquita en Cuba.

 

Debido al incumplimiento por parte de España de las condiciones de la Paz de Zanjón, varios dirigentes cubanos reiniciaron la guerra en agosto de 1879. Se llamó la Guerra Chiquita porque duró un año.

Desde febrero de 1879, el Gobierno de Cánovas estaba en crisis. Y a la llegada de Martínez Campos a la península se le encargó formar Gobierno. Lo hizo en marzo y creyó que llamando a unos pocos canovistas, otros pocos conservadores y otros pocos más liberales, sería fácil gobernar.

La guerra fue un conflicto localizado iniciado por Francisco Maceo y Guillermo Moncada, con el apoyo en el exterior de la isla de Calixto García. Se inició en la protesta de Baraguá en la que Antonio Maceo empezó una guerra restringida a un pequeño territorio, y que como duró poco tiempo, fue denominada por los cubanos “la Guerra Chiquita”. Era una guerra de guerrillas. Fue reprimida por Camilo García Polavieja.

Pero los incidentes en Cuba continuaron durante toda la década de los ochenta porque desde Estados Unidos se financiaban desembarcos con soldados contratados en Estados Unidos, que llevaban armas estadounidenses.

La burguesía española con intereses en Cuba se había unido en agosto de 1878 en Unión Constitucional, partido organizado por el general Martínez Campos, el mismo que dio el golpe para instaurar a Alfonso XII. Esta burguesía se oponía a cualquier cambio político en Cuba, e impedía todo intento de llegar a un diálogo. Por eso, España no hizo ninguna reforma política importante en Cuba.

El General Manuel Cassola intentó hacer alguna reforma, y fracasó. Manuel Salamanca lo volvió a intentar, pero murió al poco, y no se llegó a nada.

El núcleo conservador cubano estaba integrado por los empresarios españoles que negociaban comprando o vendiendo en Cuba, por los funcionarios españoles en Cuba, o que habían estado en Cuba y gozaban de algunos ingresos procedentes de estos empresarios, y por los grandes hacendados cubanos. Y romper este núcleo era muy complicado, pues contaba con mucho dinero y con hombres en todos los estratos del Gobierno. De hecho, Polavieja intentó  en 1892 romper el núcleo que sostenía la corrupción cubana, y hubo de dimitir porque el Gobierno de Madrid no le apoyó, ni la mayoría de los generales estaban de su parte.

El fracaso en la aprobación de la Paz de Zanjón en las Cortes, ya previsto por Cánovas, produjo la dimisión de Martínez Campos como Presidente del Gobierno el 6 de diciembre de 1879.

 

 

Aparición del socialismo marxista.

 

Muy a la izquierda del Gobierno español aparecía en este momento el socialismo marxista.

El socialismo marxista fue iniciado por algunos expulsados de la federación bakuninista, anarquista, que en 2 de mayo de 1879 crearon un partido en Madrid que se llamó Partido Socialista Obrero Español PSOE. Era un grupo de tipógrafos de imprenta cuyo líder era Pablo Iglesias Posse[2]. Pablo Iglesias y sus compañeros tipógrafos, tenían un salario más bien alto y algunos conocimientos. No eran los típicos revolucionarios españoles pobres y analfabetos. Los tipógrafos se sentían amenazados por la renovación técnica de la imprenta que podía llevar a muchos de ellos al paro. Su movimiento, que ellos calificaban como “de clase”, puede ser interpretado también como corporativista.

En 1881, otro grupo marxista, radicado en Barcelona y liderado por Josep Pàmias, creó el Partido Democrático Socialista Obrero Español y pidió la unificación con PSOE. El nuevo partido unificado se llamó PDSOE, y así fue denominado hasta 1886.

En 1882, los socialistas crearon Unión General de Trabajadores UGT, como sindicato obrero.

 

 

Las elecciones de 1879.

 

El 20 de abril y el 3 de mayo de 1879 tuvieron lugar las elecciones generales convocadas por Martínez Campos.

Martínez Cuadrado dice que se elegían 392 diputados: Partido Liberal Conservador obtuvo 293 escaños.

Partido Constitucional, 56 escaños.

Moderados, 11.

Republicanos, 7 de Castelar y 7 de Cristino Martos.

Independientes 15.

Para las elecciones, los Constitucionales se aliaron con los Radicales y con los Republicanos de Castelar, caminando hacia la formación de ese partido alternante que Cánovas buscaba. El Partido Liberal Fusionista no nació hasta mayo de 1880, pero estaba próximo.

 

 

Otros grupos políticos en 1879.

 

En 1879 apareció una patronal en Cataluña llamada Instituto de Fomento del Trabajo Nacional. Aparecía por fusión de la patronal “Instituto Industrial de Cataluña”, con parte de “Fomento de la Producción Nacional”. Estas patronales habían nacido a la contra del arancel Figuerola de 1869, logrando que nunca entrase en vigor esa ley liberalizadora. El Instituto Industrial de Cataluña existía desde 1847 como una agrupación de algodoneros, fabricantes textiles, metalúrgicos y químicos, como obra del propio Figuerola y de Joan Güell Ferrer. Fomento de la Producción Nacional existía desde 1868, precisamente para luchar contra el arancel Figuerola. Es decir, se trataba de una lucha entre los que creían que era buena una cierta liberalización, pero muy moderada, como Figuerola, y los partidarios de un proteccionismo duro.

También se reorganizaron los demócratas: En 1879, nació El Liberal por abandono de algunos redactores de El Imparcial, que se marcharon para instalarse por su cuenta. Lo fundaban Isidoro Fernández Florez (alias Fernanflor), Mariano Arnaus y Miguel Moya, gente de ideología demócrata. El Liberal introdujo en 1879 el anuncio por palabras. En 1901 editaría varios periódicos con la misma cabecera en Barcelona, Bilbao y Sevilla. En 1902 compró Las Provincias de Levante, en Murcia, y también le puso la misma cabecera de El Liberal. En 1906, crearían la “Sociedad Editorial de España” asociándose con El Imparcial y El Heraldo de Madrid, y se pusieron a absorber periódicos pequeños de provincias. En 1923 se rompió el trust y El Liberal fue comprado por los catalanes Manuel Busquet y Juan Busquet, cuyo estilo no gustó a Primo de Rivera por su crítica al régimen. Apoyaron a Manuel Azaña en 1931 y cerraron en 28 de marzo de 1939, siendo sus talleres ocupados para editar el diario “Madrid”.

 

 

Segunda boda de Alfonso XII.

 

El 29 de noviembre de 1879 hubo de nuevo una boda real en España: Alfonso de Borbón y María Cristina de Habsburgo-Lorena[3]. Cánovas habló con Alfonso y le impuso el matrimonio por razón de Estado, y Alfonso aceptó porque ello no implicaba dejar a Elena Sanz, su amante, aunque tuvieran que mantenerlo en secreto, y sólo puso como condición el que María Cristina fuera discreta y soportase sus amoríos en silencio. Aceptó María Cristina, y la boda tuvo lugar en la Basílica de Atocha de Madrid, poco más de un año después de la muerte de Mercedes. De todos modos, la boda marcó profundamente a María Cristina que, en adelante, simpatizó más con Sagasta que con Cánovas. Cánovas era demasiado falso para su modo de sentir. Y María Cristina tenía que tener un hijo varón, lo cual sólo se logró al tercer intento, y cuando Alfonso ya había muerto.

 

 

Dimisión de Martínez-Campos.

 

Martínez Campos hubo de afrontar el enfrentamiento con  las Cortes. Su defensa fue explicar en Madrid el problema cubano, que en España no se entendía bien. Pero una de las soluciones que proponía era abolir la esclavitud, y ello fue su fracaso: los moderados se le opusieron, y los diputados elegidos por los propietarios cubanos, dueños de esclavos, se fueron a por él.

En 6 de diciembre de 1879 hubo crisis de Gobierno. El Ministro de Hacienda y el Ministro de Fomento se opusieron a la reforma fiscal que Martínez Campos proponía para Cuba. Los empresarios cubanos hacían caer al Gobierno, pues no querían pagar impuestos. Y Martínez Campos planteó al Rey la confianza, y que le concediese disolución de Cortes. Las elecciones habían sido en abril-mayo, y habían sido disueltas las Cortes hasta diciembre. Alfonso XII no consideró conveniente disolver, y Martínez Campos dimitió.

El 6 de diciembre de 1879, presentó Martínez Campos su dimisión y el Rey buscó nuevo Presidente. No podía ser otro que Cánovas.

 

 

 

[1] Carlos Manuel O`Donnell-Álvarez y Abreu, duque de Tetuán, conde de Lucena y marqués de Altamira, 1834-1903, era sobrino de Leopoldo O`Donnell, del cual heredó sus dos primeros títulos en 1867. Había nacido en Valencia y fue militar. se hizo de Unión Liberal, el partido creado por su tío, en 1854. Conservador en 1876. Fue ministro de Estado en mayo de 1879, en julio de 1890, en marzo de 1895, en marzo de 1896.

[2] Pablo Iglesias Posse nació en El Ferrol (La Coruña) en 1850. Muerto su padre, su madre se fue a Madrid con sus hijos, Pablo y Manuel, a buscar refugio en casa de un tío, pero, cuando llegó, el tío también había muerto. Colocó a los hijos en el hospicio y se puso a servir. Pablo aprendió en el hospicio el oficio de tipógrafo. En 1874 presidía la Asociación General del Arte de Imprimir y publicaba algunos artículos en La Solidaridad y La Emancipación. Nunca se casó, pero vivía con su pareja y consideraba como suyo el hijo de su compañera. En 1879 estuvo en la fundación del PSOE. En 1886 fue designado director de El Socialista. En 1888 fundó UGT. En 1905 fue concejal por Madrid y en 1910 llegó a diputado. Murió en Madrid en diciembre de 1925.

[3] María Cristina de Habsburgo–Lorena, había nacido en Goes-Sadowitz (Moravia) el 21 de junio de 1858, era hija del archiduque de Austria Carlos Fernando, y de María Isabel (prima de Francisco José el emperador de Austria), tenía 21 años de edad, igual que Alfonso, era virtuosa, educada, abnegada, culta, hablaba 5 idiomas, sabía de filosofía y economía, tocaba el piano, es decir, era todo lo culta que no era Alfonso XII. Tuvo tres hijos, que fueron María de las Mercedes, María Teresa y Alfonso.

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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