ECONOMÍA ESPAÑOLA DE LA ÉPOCA DE CÁNOVAS.

 

 

Conceptos clave: la fase económica, el sistema métrico decimal, la moneda, ingeniería monetaria, la agricultura, los ferrocarriles, la industria naval, la metalurgia vasca, el carbón, la construcción, el teléfono, la “Base Quinta”, el proteccionismo, el Código de Comercio de 1885.

 

 

1874-1896, inicio de una fase de desarrollo.

 

El conjunto de años entre 1874 y 1882 lo podemos calificar de pequeño milagro económico para España. Tampoco le fue del todo mal a España desde 1882 hasta final de siglo, pero la crisis se notaba a partir de 1883. Por eso, el momento de Cánovas en 1877, se situa en el inicio de una fase de desarrollo económico.

En lo económico, nos hallamos ante una crisis europea, en fase B Kondratieff, es decir en bajada de precios, crisis que duró de 1873 a 1898. Esta bajada de precios coincidía con una época de fuertes inversiones de capital que estaba reduciendo costos de fabricación, y también de abundancia de capitales después del descubrimiento de oro de California y Sudáfrica. Los tipos de interés bajaron hasta el 2% en el periodo considerado, y hasta final de siglo. Los precios pudieron bajar a veces hasta en un 40% en el periodo 1873-1896, para subir a partir de esa fecha un 20% en 10 años.

Así pues, en España, la época 1880-1890 fue de prosperidad económica, pero no porque Cánovas o Sagasta hicieran políticas económicas determinadas, sino por la paz social que vivían tanto España como Europa. En esas condiciones, España, a la llegada de la Restauración, pudo aprovechar el dinero barato de Europa.

La paz social permitió construir en España muchas carreteras, 6.000 kilómetros de ferrocarril que duplicaban los que había en 1880, 1.500 estaciones de telégrafo, hospitales, escuelas, institutos de enseñanza media… y pudo abrir minas de hierro y de cobre: Orconera (Cantabria), Somorrostro (Vizcaya), Riotinto (Huelva).

Las carreteras se multiplicaron de forma muy notable en la época canovista, pasando la red desde unos 19.000 km. en 1880, a cerca de 40.000 km. a fin de siglo. Igualmente los ferrocarriles duplicaron su tendido pasando de 5.500 km. en 1870, a 13.000 km. en 1900.

También eran posibles el negocio del vino y el del mineral de hierro. La coincidencia con la plaga de la filoxera en Francia hizo subir los precios del vino español, que Francia importaba masivamente. El comercio del vino, el aceite, los frutales y la remolacha a partir de inicios del XX, enriquecieron a muchos terratenientes españoles, y también a intermediarios británicos, franceses e italianos.

En 1877 el censo de población de España dio una cifra de 16.534.345 habitantes. El 86% vivía en zonas rurales y el 70% eran trabajadores agrícolas.

La industria española en general era de empresas pequeñas y dotadas de poca tecnología, como harina, aceite, jabón, vino, curtidos, vidrio, casi todo empresas artesanales.

 

 

El sistema métrico decimal.

 

En otro aspecto, el de pesos y medidas, Cánovas dio un gran impulso de acercamiento a Europa:  El 14 de febrero de 1879, en una de las últimas decisiones importantes del Gobierno 1875-1879, Cánovas decretó la obligatoriedad del sistema métrico decimal en España con efectos para 1 de julio de 1880. Será en esta fecha cuando empiece a imponerse en España, aunque costaría mucho que los pueblos españoles perdieran sus viejas medidas y costumbres. París lo adoptará internacionalmente en 1889, y ello sería un nuevo impulso hacia la unificación europea de pesas y medidas.

 

 

La moneda.

 

Para poder realizar un comercio internacional próspero, el primer campo económico a regular en España era la moneda: Desde 1868, la moneda oficial era la peseta. El 4 de agosto de 1876, Fernando Cos Cayón, Director General de Contribuciones, adoptó el sistema monometálico para la moneda, o patrón oro, quedando la plata para necesidades menores. Los billetes eran convertibles en oro en el Banco de España, porque eso mismo estaba ocurriendo en Europa.

El proyecto fue abandonado en 1883 porque tenía graves dificultades: la moneda de plata tenía un valor legal muy superior al intrínseco monetario metálico, y esto favorecía operaciones especulativas como adquirir plata, pasarla a oro ganando dinero con ello, y pedir después la conversión a billetes ordinarios.

 

 

El problema económico-monetario de 1883.

 

El sistema monetario propio de segunda mitad del XIX era el patrón oro. Es decir, que los Estados definían su moneda por una cantidad de oro, y estaban dispuestos a cambiar el papel por la cantidad equivalente de oro en cualquier momento. Este sistema tenía la ventaja de hacer convertibles las monedas de todos los países que tuvieran patrón oro. Parecía ser bueno, porque si un país importaba muchos objetos perdía oro y, para recuperarlo debía producir y trabajar más. Y si exportaba mucho, ganaba oro y podía expandir su masa monetaria en circulación, que siempre era mayor que el oro poseído, pues nunca todos los poseedores de billetes iban a ir a la vez a cambiarlos en oro. Pero España nunca tuvo un patrón oro, sino bimetalista, de oro y plata, como el francés. En 1868 se pidió adoptar patrón oro, pero se decidió otra vez más el bimetalismo. El precio de la plata bajó en años siguientes, y España tuvo que devaluar la plata y suspender acuñaciones de oro en 1873 porque la moneda de oro desaparecía del mercado.

España inició en 1873 un sistema de cambios flexibles, es decir, que los cambios los fijaba el Gobierno a su voluntad. Este sistema no gustó a los inversores extranjeros, pues nunca estaban seguros de cuánto se iban a llevar de sus negocios españoles. Los inversores pedían patrón oro, pero el Gobierno no quería hacerlo mientras la balanza de pagos fuera deficitaria y ello significara salida del oro del país inmediatamente.

Como España subvaloraba el oro, los importadores españoles, y extranjeros desde España, querían cambiar sus billetes en oro, para comprar en el extranjero con beneficio. El sistema era malo para España, y en 1883 se decidió eliminar la convertibilidad.

1883 fue el año en que la peseta dejó de ser convertible en oro, ante la imposibilidad de mantener un cambio tan alto como se había intentado desde su fundación. Esta decisión permitió devaluar en los años siguientes, en consonancia con una política económica demasiado proteccionista. La peseta se revaluaría a partir de 1900 cuando se adoptaron políticas presupuestarias serias y equilibradas.

Desde 1873, y puesto que la paridad oro había llevado a un aislacionismo o pérdida de mercados exteriores, el problema se trataba de compensar mediante el proteccionismo industrial que eliminase las importaciones, lo cual, además de imposible, aislaba más todavía a España.

La crisis económica se dejó notar con cierto rigor a partir de 1883 y mucho más duramente después de 1892. Los capitales europeos, superada su crisis, se invirtieron en sus países de origen, no llegaban a España con tanta abundancia e incluso salieron de España. En 1892 se perdieron las exportaciones de vino a Francia. Pocos años después desaparecieron las exportaciones de mineral de hierro. La bolsa cayó en 1898, el algodón escaseaba, y la derrota sufrida en Cuba ponía la guinda amarga al desastre económico.

En 1914, con la Gran Guerra, todos los países suspendieron convertibilidades, y en 1918 cada país intentó poner su propio cambio, cada Gobierno el que le convenía en cada momento, lo cual fue un desorden monetario mundial, que fue una de las causas de la crisis de 1929.

Como en todas las crisis españolas del XIX y XX, el Gobierno pensó en 1883 en los regadíos para salvar crisis futuras. El tema ya había sido tratado en 1870, y el 27 de julio de 1883 se hizo una Ley de Grandes Regadíos. El tema regadíos volverá en 1902, 1925, 1933 y en el franquismo. Es chocante la relación que los Gobiernos españoles hacían entre crisis monetarias y regadíos, basándose en que las exportaciones agrícolas eran fundamentales para España. Pero los regadíos nunca se hacían, o al menos no se llevaron a cabo hasta Primo de Rivera y Franco, que sí que los hicieron, aunque en la décima parte de lo que anunciaban.

 

 

La agricultura española.

 

En mayo de 1877 se produjo la expropiación del 20% de los comunes (tierras comunales) no declarados como tales por los Ayuntamientos, lo que sería antesala de la expropiación, en 1888, de todos los comunes no declarados. Ello significó, en conjunto, que 700.000 hectáreas de montes comunales y dehesas boyales pasaron a manos de los particulares. El problema de fondo era la ocultación de tierras al fisco que se estaba haciendo a fin de no pagar contribuciones. Se calculaba que el 30% de las tierras no estaban declaradas, ocultas como comunales. Hacienda llevaba una política fiscal errónea pues intentaba cobrar a las fincas y no a los propietarios, y las fincas eran difíciles de identificar.

En 1877 se hizo una Ley de Repoblación Forestal legislando que los municipios tendrían derecho a un 10% de los montes que repoblaran, con lo cual se pensaba poner en explotación gran parte de los baldíos.

1878 fue el año de aparición de la phylloxera vastatrix en Málaga y Gerona. La plaga provenía de América, al igual que el escarabajo de la patata y el mosquito de la castaña. Había llegado el mosquito de la phylloxera a Gran Bretaña en 1863 sin mayor trascendencia económica, porque no era productor de vid, así que el insecto se recibió como una variedad más en la biología. La catástrofe económica se produjo cuando el mosquito se trasladó a Francia en 1867 y empezó a comerse las vides, por lo que fue identificado como causante del mal de la cepa a la que le salía una especie de moho. Al principio se confundió la causa y se atribuyó al moho, pero acabó identificándose al mosquito. Se inventó el tratamiento con bisulfuro de carbono, pero la vid necesitaba un tratamiento anual y resultaba caro. Entonces se pasó a traer cepas americanas resistentes al mosquito, en las que se injertaban sarmientos europeos de vino de buena calidad. Mientras se producía la transformación, los franceses plantaron vides en Argelia e importaron vino de España. El insecto fue pasando desde Francia al resto de Europa. En 1892, Francia había superado la crisis, cuando España estaba en pleno problema. Todavía en el XX se seguiría extendiendo el mosquito, pues conocemos que en 1918 llegó a Cuenca.

Los vinos Jerez, Montilla, Rioja, Valdepeñas y Priorato se exportaron bien por causa de la filoxera. Se vendían en Francia e Italia, y el negocio duró hasta 1890 en que estos países se recuperaron y España adquirió el problema de la plaga.

En 1882 empezó en España la época dorada de la vid, que durará hasta 1890. España vendía todo el vino que era capaz de producir y surgían las fortunas de los Domecq, Osborne y Larios.

El aceite multiplicó su producción hasta el 220% y se exportaba a Sudamérica. Este negocio de la exportación cayó en manos de los italianos, por el simple hecho de que éstos empaquetaban bien el producto, marketing, y les bastaba comprar aceite a granel español y barato, y envasarlo para venderlo a precios muy superiores. Italia pasaría a ser el mayor exportador de aceite del mundo, vendiendo aceite español, pues España es el principal productor del mundo.    Los precios del aceite empezaron a bajar debido a presiones de los importadores de aceite a granel. Al mismo tiempo, los precios internacionales subían por el efecto monopolio u oligopolio de los comercializadores. Y muchos países de Europa y América empezaron a sustituir el consumo de aceite de oliva, por otras grasas.

En 1879 se inició una campaña contra la plaga de la langosta creando unas Juntas de Extinción de la plaga y tomando unas medidas al respecto: como la langosta pone canutos de 25-40 huevos ligeramente sumergidos en tierra a fin de verano, que son las larvas del año siguiente, se ordenó quemar las zonas plagadas de langosta en Extremadura, Ciudad Real, Jaén, Córdoba y Sevilla, y roturar las tierras baldías que eran las que contenían más canutos de huevos. Las Juntas de Extinción, controladas desde los Ayuntamientos, hicieron lo posible porque no se roturase la tierra, porque ello significaba perder pastos para la ganadería, y se avanzó poco contra la plaga, hasta que en 1908 el Gobierno decidió que se hicieran cargo de cumplir la ley unos organismos provinciales, y no los municipales. Estos organismos roturarán unas 500.000 hectáreas y la plaga retrocedió hasta ser controlada hacia 1930.

La superficie sembrada de trigo disminuía por falta de rentabilidad, a pesar de la subida de los precios, que parece que debían arrastrar al aumento de cultivos. Se estaban produciendo fenómenos económicos aparentemente contradictorios: la producción nacional sólo abastecía al 90% del consumo interno español; había exportaciones de trigo; eran precisas importaciones para cubrir la demanda interna.

 

 

Ferrocarriles.

 

En 7 de diciembre de 1880 se fundó la “MCP Sociedad de Ferrocarriles” que era una compañía para construir y explotar el ferrocarril Madrid-Cáceres-Portugal, línea que pasaba por Valencia de Alcántara. Se fundó con el fin de adquirir las varias compañías que estaban construyendo tramos en esa línea y ponerlas bajo el control de capitales portugueses. En 1871, Luis Escribá de Romani se había adjudicado la concesión Madrid-Malpartida de Plasencia, y éste se la había vendido ese mismo año a Compañía del Ferrocarril del Tajo, cuyo hombre fuerte era Miguel Martínez Campos, que fue quien empezó las obras del tramo Madrid-Torrijos. En 1877 llegó un acuerdo de la Compañía de Caminos Portugueses con los concesionarios españoles de Cáceres-Valencia de Alcántara y Cáceres-Malpartida, para crear una compañía que entregara el negocio y su posterior explotación a capitales portugueses, y así se llegó en 1880 a MCP Sociedad de Ferrocarriles. Un primer objetivo de la compañía era dominar la totalidad de la línea, y el primer inconveniente era que los 7 kilómetros de entrada a Madrid y la estación de Delicias, eran de MZA, que había absorbido al concesionario del tramo Madrid-Ciudad Real. MCP propuso además una nueva línea que transcurriría por Mérida-Salamanca-Zamora-Astorga, concesión que obtuvo en 1884 a través de su hombre en España, Ramón María Lobo, creándose otra compañía, también de MCP, llamada Ferrocarriles de MCP y del Oeste de España, que admitió como socios al francés Bunau Varilla. La línea de ferrocarril se construyó en 1884-1896. Otro problema era que el tramo Mérida-Cáceres estaba construido por MZA y hubo que comprarlo. En 1885, MCP Sociedad de Ferrocarriles, vendió la explotación de la línea Madrid-Portugal a Ferrocarriles del MCP y del Oeste de España, lo cual unificaba las inversiones portuguesas.

El negocio fue mal, y la empresa presentó suspensión de pagos en 1893, saliendo del problema gracias a la inversión del Banco Internacional de París, que puso el dinero necesario. En 10 de noviembre de 1894 se hizo cargo del negocio la “Compañía Explotadora de los Ferrocarriles de Madrid a Cáceres y Portugal y el Oeste de España”, pero seguía perdiendo dinero. En 1928 la empresa fue incautada por Primo de Rivera e integrada en Compañía Nacional de Ferrocarriles del Oeste, una empresa subvencionada e intervenida por el Estado español.

 

 

El tardío ferrocarril andaluz.

 

Ferrocarriles Andaluces:

El 30 de mayo de 1877 se creó la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces. La creaban el sevillano Joaquín de la Gándara Navarro marqués de la Gándara, y el malagueño Jorge Loring Oyarzabal marqués de Casa Loring. Pero gran parte de la compañía era francesa, con aportaciones de capital francés. En los ferrocarriles andaluces invirtió gente muy importante como Francisco Silvela, Juan Valera y Antonio Cánovas. La compañía, dado su carácter multinacional, tenía dos sedes, Madrid y París, hasta que en 1921 se quedó Madrid como única sede. El capital inicial estaba al 50% entre los españoles y los franceses, pero las posteriores obligaciones se colocaron en el mercado francés.

Las líneas fundamentales de esta compañía fueron:

Sevilla-Jerez-Cádiz; Córdoba-Málaga; Granada-Bobadilla; Utrera-Morón-Osuna-La Roda; Jerez-Sanlúcar-Bonanza; Marchena-Écija.  Y desde 1890, Alicante-Murcia.

En 1894 compraron Algeciras-Bobadilla Raylway a los británicos.

En 1895 abrieron la línea Puente Genil-Linares.

En 1907 compraron Ferrocarril de Puente de Santa María a una compañía belga.

La Compañía de Ferrocarriles Andaluces explotaba unos 740 kilómetros en 1882, y unos 1.067 en 1900.

En 1894 los ferrocarriles entraron en crisis por la depreciación de la peseta pues ello hacía más caro el material, y además, lo más grave era que los obligacionistas franceses cobraban menos en dividendos al cambio.

En 1919 arrendaron la explotación del ferrocarril en Andalucía, pero la crisis fue a más en 1924, y las pérdidas fueron muchas en 1932 hasta hacerse cargo el Gobierno de la explotación de Ferrocarriles Andaluces y nacionalizarse luego los ferrocarriles en 1941.

 

MZA en Andalucía.

La competencia de Ferrocarriles Andaluces era la línea Cordoba-Sevilla-Huelva, que era de MZA (Madrid-Zaragoza- Alicante). Esta línea era la línea central que conectaba las grandes ciudades andaluzas.

 

 

La industria naval.

 

Los barcos de 1830 se hacían de madera y con técnicas muy tradicionales y artesanas. En el negocio de fabricación de estos barcos antiguos, a mediados del XIX, era importante Cataluña fabricando bergantines, goletas y polacras. Apareció en 1836 el barco de hélice. El transporte en barco de hélice abarató el precio del grano y ello tuvo dos consecuencias: por una parte fue más barato comer, pues las importaciones eran baratas; por la otra, hubo que abandonar muchas tierras de cereales que dejaron de ser rentables, y esas tierras se dedicaron a la vid, olivo, agrios, frutos secos, y leguminosas. Los astilleros de Vizcaya hicieron grandes inversiones y se quedaron con la mayor parte de la nueva construcción naval. La ventaja vasca era que ellos tenían el hierro. Cuanto más se abandonaba la vela, más ventaja cobraban los vascos y perdían los catalanes. Astilleros del Nervión y Sociedad Euskalduna de Construcción y Reparación de Buques eran los grandes constructores de finales del XIX. En 1897 se inventó el sistema de propulsión a hélice definitivo, de hélices sumergidas, y supuso una nueva revolución del transporte marítimo.

En 1881 se fundó Compañía Trasatlántica Española, llamada en España “La Trasatlántica” y en Gran Bretaña “Spanish Line”, propiedad de Antonio López López y de Patricio Satrústegui Bris. Esta empresa consumía carbón propio extraído por Hullera Española, propiedad también del marqués de Comillas, que sacaba carbón de Asturias. Tenía sedes sociales en Santander y en Barcelona. La empresa se había originado en Cuba en 1849, cuando Antonio López López, había creado Compañía de Vapores Correos A. López. Enseguida se asociaron Joaquín Eizaguirre Balli y Carlos Eizaguirre Balli. En 1861, la empresa obtuvo el contrato de llevar el correo de España para Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo, lo cual fue decisivo para iniciar una fortuna. En 1863 llevaba tropas a Santo Domingo, y desde 1868 las llevaba también a Cuba, negocio que perduró hasta 1898. La Compañía compró nuevos buques que salían de Santander, tocaban Cádiz, y salían para América. En 1878, Satrústegui fue nombrado Barón de Satrústegui, y López fue nombrado Marqués de Comillas. Por ello, y gracias al prestigio adquirido, en 1881 se permitieron reconvertirse en una empresa por acciones llamada Compañía Trasatlántica Española S.A. En 1883 murió Antonio López y fue sucedido por su hijo Claudio López Bru, conocido católico integrista. En 1887, la nueva empresa obtuvo nuevas concesiones para llevar el correo desde La Habana a Veracruz (México), New York, Colón (Panamá), y Río de la Plata (Montevideo y Buenos Aires). Y también abrió un nuevo puerto de salida, que fue Vigo (Pontevedra). Obtuvo tres líneas a puertos africanos (Marruecos y Guinea Ecuatorial) y una línea a Filipinas, y parecía estar en el mejor momento de su historia. Al poco, empezaron las dificultades: en 1898, España fue derrotada en Cuba por los Estados Unidos y se perdió la principal y originaria fuente de ingresos. La Trasatlántica se reconvirtió llevando emigrantes a Brasil, Uruguay y Argentina en un viaje que salía de Liverpool, pasaba por La Coruña, Vigo, Oporto, Lisboa, Cádiz y Las Palmas. Maura concedió nuevos privilegios a la Trasatlántica en 1909 y la empresa mejoró gracias a los tabacos de Filipinas. La Primera Guerra Mundial le fue bien en general, aunque sufriera algunos contratiempos. Lo malo vino en 1920, cuando se acabó la situación de monopolio en el mar. Pero el Estado español le concedió subvenciones en 1922 y se reflotó la empresa. En 1932 empezó la crisis definitiva, pues el Estado republicano le privó de sus concesiones. Luego aconteció la Guerra Civil Española de 1936, momento aprovechado por diversos beligerantes y no beligerantes para hundir barcos de la Trasatlántica y para requisar algunos barcos. En 1939, la empresa estaba en situación delicada, pero el régimen de Franco la mantuvo. En 1974 se liquidaron los barcos de pasajeros y la empresa Trasatlántica se dedicó al transporte de mercancías y fue absorbida por el Instituto Nacional de Industria, holding estatal español. En 1994 fue adquirida por Naviera del Odiel, y en 2010 fue definitivamente cerrada.

Una pretensión canovista era también la restauración del poder de la Armada española. Inmediatamente a su llegada al Gobierno, Cánovas compró 3 cañoneros (1876-77) e inició un programa para construir barcos enteramente metálicos, logrando botar el primero en 1880. No obstante, bien las posibilidades técnicas de los astilleros españoles o los precios internos, no debían ser muy buenos pues se compraron 11 torpederos en el extranjero (1880). Hacia 1885 la industria nacional había producido 6 cruceros y en la década siguiente se botarían otros 6 buques.

En 1877, Martínez de la Riva, propietario del alto horno San Francisco de Sestao, asociado al inglés Jarrow, obtuvo la concesión para hacer tres acorazados, para lo cual se asociaron con el socio técnico Rives-Palmers y acabaron creando Astilleros del Nervión.

 

 

Inicio del emporio vasco.

 

La producción de mineral de hierro se desarrolló en el País Vasco cuando algunos empresarios compraron las minas de Orconera Iron y de Societe Franco Belge des Mines de Somorrostro (1876), e iniciaron el negocio del hierro exportando desde Bilbao cifras impresionantes de mineral: 336.000 Tm. en 1875, 3.311.000 Tm. en 1885, 7.800.000 Tm. en 1990. Compraron a partir de 1879 coque británico de País de Gales y crearon su propia siderúrgica. En 1882, Ibarra y Cosme Zubiría crearon Altos Hornos y Fábricas de Acero de Bilbao, con altos hornos en Guriezo (Cantabria) y Baracaldo (Vizcaya), y seis minas en Saltacaballo (Cantabria), que daban en conjunto empleo a 3.000 obreros. También en 1882, Víctor Chávarri y Pedro Gandarias crearon Metalúrgica y Construcciones La Vizcaya, con altos hornos en Sestao. Los Altos Hornos de Bilbao y La Vizcaya de Ibarra y de Olano, se fusionarían en 1902 en Altos Hornos de Vizcaya. Con el hierro funcionaban Astilleros del Nervión que daban trabajo a mucha gente. Los altos hornos de Asturias perdieron competitividad.

Uno de los clientes más importantes para España, en cuanto a la demanda de mineral de hierro vasco, era Gran Bretaña. La producción de mineral de hierro se multiplicó por 13 en el periodo 1875- 1887 y sólo el 5% de la producción fue para la industria española.

El País Vasco desarrolló la industria metalúrgica construyendo en varias ferrerías raíles para el ferrocarril, y obteniendo de las Juntas Generales de Vizcaya la prohibición de importar raíles del extranjero, y del Gobierno de Vizcaya la prohibición de exportar al resto de España, mineral de hierro vasco, y en 1876, la autorización para explotar el mineral de hierro sin límites. Tenía negocios complementarios en Cantabria, Asturias, Almería, Murcia y Guadalajara, que le abastecían de casi todo, excepto la tecnología y el carbón que se importaban de Gran Bretaña.

Con estas ventajas, aparecieron las primeras empresas, como la Santa Ana de Bolueta 1841, llamada también Altos Hornos de Bilbao, o la San Francisco de Mudela. En 1854 apareció Ybarra Hermanos y Compañía con un alto horno en Desierto (Baracaldo) llamado Nuestra Señora del Carmen, empresa que en 1852 abrió un alto horno con convertidor Bessemer en Guriezo (Cantabria). En 1861, Domingo Goitia abrió Fábrica de Hierros San Martín.

En 1877 Evaristo Churruca inició la construcción del puerto exterior de Bilbao, que se terminaría en 1903. Fue un nuevo impulso a la exportación de mineral de hierro.

En 1878 apareció una fábrica de hojalata, creada por Federico Echeverría, José Goitia Ostolaza y Francisco Goitia Ostolaza y se llamó Goitia y Compañía, y en 1880-1882 pasó a llamarse Compañía Anónima La Iberia. Francisco Goitia Ostolaza era hijo de Domingo Goitia y recondujo la producción de la empresa de su padre a la hojalata, abriendo en 1882 La Iberia. Producía hojalata, latas y sartenes.

Cuando apareció el negocio de la exportación de mineral de hierro a Gran Bretaña, aparecieron muchas nuevas empresas: en 1880, Fábrica de San Francisco en Desierto, en Sestao, propiedad de Francisco Rivas; en 1885, Aurrerá en Sestao; en 1892, Compañía Anónima Basconia en Basauri; y también Arregui y Cía en Baracaldo, Sociedad Santa Águeda en Baracaldo.

La reconversión de la flota española a barcos de hierro, reimpulsó la demanda de productos férricos. “Astilleros del Nervión” de 1888, “Compañía Euskalduna de Construcción y Reparación de Buques” de 1900, “Sociedad Española de Construcción Naval” de 1909, recibieron el encargo de construir buques de guerra en 1882-1908.

En 1882, “Ybarra Hermanos” se convirtió en Sociedad de Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao, al abrirse la empresa en Sociedad Anónima y captar capital de Madrid (50%), Vizcaya, Barcelona y Londres. Se incorporaron a la empresa Urquijo, Zubiría, Villalonga (casado con Rafaela Ibarra), J. Barat y J. Girona.

En 1882 apareció Metalúrgica y Construcciones la Vizcaya, de Víctor Chávarri y de Pedro Gandarias Navea. Contaban con capital Británico de “Olano y Lorrinaga”, y tenían instalaciones en Ontón (Cantabria), que extraía mineral de hierro y lo cargaba en cargaderos propios.

En 1892, se iniciaron conversaciones de fusión entre José de Villalonga Gipuló y Luis de Zubiría Ybarra, propietarios de “Sociedad de Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao”, con Víctor Chávarri Salazar y Pedro Gandarias Navea propietarios de “Sociedad Anónima y Metalúrgica y Construcciones la Vizcaya”. A finales del siglo XIX, “La Iberia” decidió unirse al inminente acuerdo entre los dos citados, y el 29 de abril de 1902 nació la siderúrgica española representativa del siglo XX, Altos Hornos de Vizcaya, cuyos altos hornos estaban en Baracaldo y Sestao. La empresa cerró en 1996.

Estas compañías funcionaban principalmente con carbón británico, más barato que el español, de modo que su desarrollo significó más trabajo en minas de hierro, pero no en el carbón, cuya producción siguió siendo casi la misma. Se importaba una cantidad de carbón superior a la producida en España. Víctor Chávarri tenía también, junto a José Tartiere y otros, la mayor parte de la propiedad del Ferrocarril Bilbao-Santander y del Vasco Asturiano que surgió al prolongarlo hasta Oviedo.

 

 

El carbón asturiano.

 

En 1877 surgió una patronal del carbón llamada Asociación de la Industria Hullera Asturiana. La promovía Luis Adaro, ingeniero de la empresa D`Eichthal y Cía. Se creó para exigir la terminación del ferrocarril en Castilla y construir el puerto de El Musel en Gijón, a partir de determinadas ventajas arancelarias de proteccionismo frente al exterior, y para pedir que la marina española consumiese obligatoriamente carbón asturiano. Esta patronal duró unos 10 años.

De 1879 a 1886 se pusieron las bases de la metalúrgica asturiana. En 1879 se creó Fábrica de Mieres a partir de la Societé Houillere et Metallurgique des Asturias del francés Guilhou, fábrica de 2.000 obreros, que fueron completadas con Hullera Española del Marqués de Comillas en 1883, y con Unión Hullera y Metalúrgica de Asturias en 1886.

 

 

La construcción.

 

El desarrollo urbanístico y la construcción consiguiente de pisos, dio lugar a una gran actividad en las grandes ciudades, y Madrid pasó de 260.000 habitantes en 1875, a 555.000 en 1900, mientras Barcelona pasaba de 200.000 a 530.000 en las mismas fechas.

En 1881 se inició en Madrid el proyecto de construcción de La Almudena, proyecto que podemos tomar como símbolo de inicio a una serie de importantes construcciones como:

1877-1883 Cárcel Modelo de Madrid, de Tomás Aranguren.

1884-1891 Banco de España, de Eduardo Adaro.

1884-1893 Bolsa de Madrid, de Enrique María Repullés

1886 Casón del Buen Retiro, de Velázquez Bosco.

1891-1894 Real Academia de la Lengua, de Miguel Aguado de la Sierra.

1892 Ciudad Lineal, de Arturo Soria.

1893-1897 Ministerio de Fomento, de Velázquez Bosco.

 

 

 

El emporio catalán.

 

El textil catalán, que había superado la crisis de 1865 mediante la concentración de la producción, entró de nuevo en crisis a partir de 1882-84, por falta de mercados.

Cataluña optó a partir de 1873, por empresas de futuro, las eléctricas y químicas, y creó en 1881 Sociedad Española de Electricidad, y Electra. También haría productos químicos colorantes en Electroquímica de Flix y en Cros, lo cual fue un camino de mucho más futuro que el de la siderúrgica vasca. En 1881 se creó en Cataluña Material para Ferrocarriles y Construcciones en Cataluña (En 1882 se construyó el primer vagón de ferrocarril español construido por Ferrocarriles y Construcciones en Cataluña). En 1881 se creó Sociedad Española de Electricidad, de Xifra y Dalmau. También fue de 1882 la Maquinista Terrestre y Marítima de Barcelona, que hacía locomotoras, aunque entró en crisis en 1886 (En 1884 se construyó la primera locomotora de tren española, fabricada por Maquinista Terrestre y Marítima en Barcelona).

En 1888 se celebró la Exposición Universal de Barcelona en La Ciudadela, inaugurada por María Cristina de Habsburgo, y en la que estuvieron Cánovas, Sagasta, Pablo Iglesias (que fundó UGT)…

El 16 de diciembre de 1877 funcionó el primer teléfono en España entre el Castillo de Montjuich en Barcelona y la ciudadela de Barcelona. El teléfono había sido inventado en 1876 por Alexander Graham Bell.

En 1877, Cataluña empezó a fabricar cemento portland que, hasta entonces, sólo se fabricaba en Guipúzcoa desde 1837. En 1877 se puso fábrica en Lérida, en 1882 en Gerona (para el ferrocarril de San Juan de las Abadesas) y en 1886 en Barcelona. Sólo en 1898 fabricaría Oviedo, en 1900 una nueva fábrica en San Sebastián (que ya tenía 5 fábricas desde 1837), y la generalización del cemento en España no llegó hasta después de 1923. Normalmente se producía en lugares con disponibilidad de carbón, dada la necesidad de calcinar calizas y arcillas.

 

 

Los Girona.

 

Los Girona[1] vivían en Calle Ancha 2 de Barcelona. Podemos afirmar que eran la familia más importante del momento barcelonés en la España canovista.

El padre era Ignacio Girona Targa, comerciante de granos en Tárrega (Lérida), que hizo una gran fortuna durante la desamortización. Tuvo cuatro hijos que fueron Joan en 1807, Manuel en 1817, Ignasi en 1824, y Jaume en 1826. Todos ellos apellidados Girona Agrafel.

Joan Girona Agrafel, 1807-1871, fue enviado a Suiza a aprender relojería, y luego a Inglaterra a prender mecánica. Con estos conocimientos modificó en Lérida los molinos de aceite y de harina de la familia. Y luego fue capaz de diseñar máquinas textiles en Tarrasa, Sabadell y Vilanova i la Geltrú. En 1844, abandono la empresa Girona Hermanos, Clavé y Cía, y se retiró a cultivar sus fincas y cuidar de sus inversiones industriales.

Manuel Girona Agrafel, 1817-1905, estudió en las Escuelas de la Junta de Comercio de Barcelona y en la Escuela de Arquitectura. Se casó con Carolina Vidal-Quadras Ramón, hija de un indiano propietario de Banca Vidal-Quadras y se integró en el negocio de la banca. En 1844, fue uno de los creadores de Banco de Barcelona, junto a José María Serra y Rafael Prandolit. Era un hombre muy popular en Barcelona, porque subvencionaba al Liceo, al Ateneo, a los protectores de animales, y escribía muchos ensayos económicos. Inmediatamente pasó a dirigir Girona Hermanos, Clavé y Cía. Invirtió en Banco de Barcelona, en ferrocarriles, en Tabacos de Filipinas y en Banco Hispano Colonial. En 1875, fue Alcalde de Barcelona.

Ignasi Girona Agrafel, 1874-1889, se incorporó a Girona Hermanos en 1849. Se dedicó a las ferrerías y ferrocarriles, creó Material para Ferrocarriles y Construcciones (conocido como el Can Girona). En 1856, fundó Compañía General de Crédito “El Comercio” (cerrada en 1867. En 1874 dirigió el Banco de Barcelona. En 1876 se interesó por las minas de carbón catalanas, y por la fabricación de cemento portland.

Jaume Girona Agrafel, 1826-1907, creó en 1871 el Banco de Castilla Paribas, una sociedad controlada por inversores de París y Países Bajos. Banco de Castilla necesitaba hombres españoles, y el hombre escogido fue Jaume, que desde entonces residió en Madrid. En 1872 creó Banco Hipotecario, aportando mucho dinero en ello el Banco de Castilla. Jaume era consejero de Banco Hipotecario. En 1876, se creó en Barcelona el Banco Hispano Colonial, para los negocios de Antonio López en Cuba y Filipinas, y Antonio López fue Presidente, Manuel Girona fue Vicepresidente, y Jaume Girona representante en Madrid, al lado del Gobierno de España. En 1881, Antonio López creó Compañía de Tabacos de Filipinas, apoyado por Manuel y Jaume Girona. En 1881, crearon Crédito General de Ferrocarriles y pusieron la empresa en manos de Jaume Girona Canaleta, hijo de Jaume Girona Agrafel. Jaume Girona Agrafel tenía acciones de de Altos Hornos de Bilbao, y de Duro y Compañía.

 

 

Los López.

 

Antonio López y López de La Madrid, 1817-1883, había nacido en Comillas (Cantabria), en una familia pobre, más pobre cuando se murió su padre en 1823. Se puso a trabajar para un pariente lejano en Lebrija (Sevilla) y allí se vio envuelto en una pelea callejera, por lo que su protector decidió llevarle a Santander y embarcarle para América antes de que interviniese la justicia. Llegó a Cuba en 1831, con 14 años de edad. En 1848 regresó a España para casarse en Barcelona con la catalana Luisa Bru Lassús, hija de su patrono en Cuba. Recibió una buena dote y un dinero prestado para iniciar su propio negocio en Cuba. Fundó la sociedad Antonio López y Hermano (su hermano se llamaba Claudio), en la que participaba también Patricio Satrústegui. Abrieron en primer lugar un almacén de ropa. Compraron luego cañaverales y cafetales. Y por fin adquirieron un barco, el General Armero, que fue la base de una inmensa fortuna, pues se dedicó al comercio de negros. Antonio se mostró cruel, duro y sin escrúpulos, y su única obsesión era amasar una fortuna. En 1852, creyó que ya tenía bastante y envió a su mujer e hijos a Barcelona, y él regresó en 1855, a los 38 años de edad. Había amasado una fortuna en cinco años. En 1856, creó en Barcelona “Antonio López y Compañía”, una compañía naviera para transportes a Marsella, desde donde había mucho comercio con Argel, y a Cádiz, donde los productos catalanes se embarcaban para América. En 1859 consiguió el contrato para llevar soldados y abastecimientos a la Guerra de África, lo cual le produjo otra fortuna. En 1863, participó en Banco de Crédito Mercantil, con sede en Barcelona, e invirtió en los ferrocarriles Pamplona-Zaragoza-Barcelona. En 1878, Norte le compró las líneas de ferrocarril, y Antonio López pasó a ser Vicepresidente de Norte. En 1876 creó el Banco Hispano Colonial, que recogía capitales de los cubanos y financiaba la guerra de Cuba. Entonces, creó Compañía Trasatlántica Española, una naviera que repitió el éxito de de 1859, consiguiendo el transporte de tropas a Cuba, el correo y los abastecimientos militares. Compró plantaciones de tabaco en Filipinas y creó “Compañía General de Filipinas”, que gestionaba las relaciones militares con Filipinas y llevaba tabaco a España. El jesuita Tomás Gómez Carral le pidió que financiase la construcción de un gran colegio-seminario en Comillas, y Antonio López aceptó, pero murió antes de empezar las obras.

Claudio López Bru, 1853-1925, hijo de Antonio López, nació en Barcelona y se licenció en Derecho en esa Universidad. Construyó el Seminario de Comillas, acabado en 1890. Había heredado los negocios de su padre. Financiaba el diario católico El Universo, dirigido por Juan Manuel Ortí Lara y por Rufino Blanco Sánchez. Subvencionó campañas católicas, se hizo líder de los integristas católicos  e incluso, al final de su vida levantó milicias armadas para luchar contra el comunismo. En 1896-1899 pagó muchos gastos de la Guerra de Cuba, y la derrota le afectó mucho.

 

 

La Vanguardia, periódico en Barcelona.

 

El 1 de febrero de 1881 apareció en Barcelona La Vanguardia, un periódico liberal dirigido por Jaume Andreu. Este periódico lo compraría en 1887 Carlos Godó Pie, para hacerlo diario en 1888. En 1897, lo heredó Ramón Godó Lallana que lo hizo conservador y, más tarde, maurista. Alcanzó el éxito a partir de 1916 con la dirección de Miguel de los Santos Oliver, y colaboración de Joan Maragall, Bartolomé Amengual, Arturo Masriera y Buenaventura Bassegoda. Incluso Ramón Godó fue agraciado por Alfonso XIII con la distinción de conde de Godó. Oliver murió en 1920, tomando la dirección Agustín Calvet. En 1931 murió el propietario, conde de Godó y le sucedió Carlos Godó. En 1934 fue incautado por unas horas por la Generalitat en la rebelión de octubre, pero como el intento fracasó, se le devolvió el periódico. En 1936 era director Agustín Calvet, cuando fue incautado por los republicanos que pusieron a varios directores como María Luz Morales, Paulí Massip y Artur Pérez sucesivamente, y el periódico seguía la línea de Juan Negrín, quien puso como director a Fernando Vázquez Ocaña. Pero el 25 de enero de 1939 lo abandonaron los republicanos, y el 27 de enero lo ocuparon los nacionales, quienes lo cambiaron de nombre para llamarlo “La Vanguardia Española” y pusieron como director a Luis de Galinsoga hasta 1960. Galinsoga fue cesado por hacer manifestaciones anticatalanistas que provocaron disturbios populares. Le sucedió Manuel Aznar. El periódico dejó de ser una empresa familiar para convertirse en Talleres de Imprenta S.A., y la nueva empresa puso como director a Xavier Echarre en 1961. En 1969 tuvo como director a Horacio Sáenz Guerrero, ahora ya designado por los propietarios, una vez que la nueva ley de prensa ya no mantenía los periódicos desde la dirección del Estado. En 1975 se hizo moderado y catalanista, y pedía la autonomía en sus artículos. En 1982 fue director Luis Foix. En 1983 fue director Francés Noy, más nacionalista todavía.

 

 

Tabacos.

 

En 1881, Antonio López López, primer Marqués de Comillas, fundó la Compañía General de Tabacos de Filipinas, una compañía que se dedicaba al cultivo y exportación de tabaco y azúcar y a su transporte desde Filipinas hasta la Península Ibérica, lo que le permitió abrir la Trasatlántica para el transporte de viajeros, y otras entidades financieras.

 

 

El teléfono[2]

 

En marzo de 1876, Graham Bell inventó el teléfono. En diciembre de 1876, Barcelona compró un sistema para estudiarlo en la Escuela de Ingenieros y tal vez fabricarlo. Llegó en 1877.

En 16 de agosto de 1882, el Gobierno entregó la construcción de líneas y explotación de las mismas a empresas particulares, pero el Estado se reservaba la aprobación de tarifas, obras y servicios. En 1884, el Estado nacionalizó el negocio. En 1886, el Estado, que perdía dinero, liberalizó el servicio. En 1890, se llegó a un sistema en el que el Estado construía las líneas y concedía su explotación a empresas particulares. El nuevo sistema perjudicaba a los residentes en el extrarradio, los cuales tenían que pagar el coste de instalación desde sus casas al punto de conexión más cercano.

En 1883, Madrid creó una red pública urbana que fue construida por Sociedad de Telégrafos de Madrid. Tenía menos de 40 usuarios. En cambio, Barcelona entregó el servicio a varias compañías como Sociedad Española de Electricidad, Telefonía, Fuerza y Luz Eléctrica, Cía, y General de Electricidad.

En 1894, Barcelona creó “Cía Peninsular de Teléfonos” y en 1895, esta empresa compró “Sociedad de Telégrafos de Madrid”, que se llamó a partir de entonces “Cía Madrileña de Teléfonos”.

Pero los teléfonos de cada región servían únicamente para esa región, y el reto era la interconexión española. La “Compañía Peninsular de Teléfonos” compró las redes de Santander, Bilbao, Madrid, Zaragoza, Sabadell-Tarrasa y Mataró, creyó que poseyendo Madrid, Bilbao y Zaragoza controlaría el sistema entero. Pedía el monopolio completo de las zonas en que se instalaba, de modo que en sus zonas no hubiera competidores.

En abril de 1924, el Estado creó el monopolio “Compañía Telefónica Nacional de España”, propiedad de Banco Urquijo y Banco Hispano Americano, cuyos derechos fueron vendidos inmediatamente a ITT, de modo que Telefónica sólo era el operador del negocio.

En 1924, telefónica tenía 78.124 aparatos. Pero el invento se desarrollaría ampliamente a partir de esta fecha.

 

 

Salarios.

 

Los salarios de final del siglo XIX eran desiguales: los más altos eran de 20 reales diarios y los cobraban los tipógrafos como Pablo Iglesias y la mayoría de los dirigentes internacionalistas; salarios medios de 10 reales diarios los cobraban los albañiles, pintores, canteros y mineros; salarios bajos de 7 reales diarios los cobraban los peones; salarios muy bajos de 2 reales diarios los cobraban los jornaleros andaluces.

Se estimaba que el mínimo para comer una familia, sólo comer y sólo el mínimo, estaba en los 4 reales diarios.

 

 

Liberalización económica del sistema canovista.

 

En abril de 1882 se debatió en las Cortes españolas la idea liberalizadora de abolir los aranceles, o al menos bajarlos considerablemente.

El proteccionismo era la idea de los industriales catalanes, pues su industria textil estaba técnicamente atrasada respecto a la británica, y la liberalización de las importaciones hundiría su mercado, que era principalmente en territorio español.

El librecambismo era la idea de los industriales vascos, pues su negocio era la exportación de mineral de hierro e importación de hulla y antracita británica. Con el librecambismo venderían más mineral de hierro, y comprarían carbón más barato.

Suspensión de la Base Quinta[3] en 1882: El levantamiento de la suspensión de la Base Quinta, hecho en 1882, provenía de la ley arancelaria de 30 de junio de 1869, donde Laureano Figuerola, en la Base Quinta del apéndice C de la ley de Presupuestos de julio de 1869, había previsto un desmantelamiento progresivo de los impuestos arancelarios españoles, pensando en una negociación con los países de Europa Occidental para que hicieran lo mismo con los productos españoles. En 1875 había llegado la fecha prevista por Figuerola para realizar el primer tercio del desmantelamiento. Pero el Ministro Salaverría decidió por decreto suspender sine die esa medida de rebajar aranceles, cuestión que fue ratificada en 1877, al tiempo que se facultaba al Gobierno para incrementar recargos en los derechos de importación y navegación.

En octubre de 1881, el Ministro de Hacienda, Juan Francisco Camacho de Alcorta, presentó a las Cortes el proyecto de levantar la suspensión de la Base Quinta de la ley arancelaria de junio de 1869. El 6 de julio de 1882, fue aprobada y ratificada por el Rey la ley de suspensión del decreto de 1875 y de la ley de 1877. Con esta nueva ley librecambista, las mercancías que pagasen entre el 15 y el 20% de aranceles, verían rebajados sus derechos al 15%, y las que pagasen más del 20% los verían rebajados hasta el 15% en tres fases, entre las fechas de 1887 y 1892.

El momento escogido para hacer la liberalización era malo: los capitales extranjeros estaban dejando de llegar a España, y bajaba la cotización de la peseta en el mercado internacional. Consecuentemente a la crisis financiera, se cortó en España la convertibilidad de la peseta en oro, lo cual deterioró la confianza en la peseta.

Juan Francisco Camacho de Alcorta decidió emprender un programa de conversión de la deuda estatal, la respaldó con garantía en todos los bienes del Estado en Cuba, y pagaba los intereses en oro, para que la confianza fuera completa. Inmediatamente los españoles mostraron mucho interés por la deuda del Estado español, sobre todo los grandes hacendados cubanos. La deuda se contrataba en el exterior, en el extranjero, pero los españoles no tuvieron ningún inconveniente en salir al extranjero para comprar este tipo deuda que pagaba intereses en oro.

Esta apertura comercial de España frente al comercio exterior, hecha en 1882, se cortó en febrero de 1885, cuando el ministro Fernando Cos Cayón declaró definitivos los aranceles existentes en 1885, y eliminó las rebajas previstas en la ley arancelaria de 1882.

En 1886, el librecambista Segismundo Moret, trató de saltarse la prohibición de 1885, decretando que todos los productos europeos cumpliesen los requisitos pactados con Francia en febrero de 1882, y así en 1886 se logró un paso más hacia el librecambismo.

Pero en 1891 se derogaron definitivamente la Base Quinta del Apéndice C de la Ley de Presupuestos de julio de 1869, y la Ley de 1882, fijándose un arancel todavía más proteccionista, que debemos a Juan de la Concha Castanedo.

Respecto a la deuda exterior, pagada en oro y respaldada con los bienes de Cuba, el éxito de las emisiones fue siempre grande: en 1898, se habían vendido 615.000 billetes hipotecarios por valor de 312.500.000 pesetas. Entonces se amplió la garantía de la deuda a la renta de aduanas, y se consiguieron 600.000.000 de pesetas. Y con la garantía del impuesto de la renta se consiguieron 200.000.000 de pesetas más. El interés ofrecido por España era insólito, del 15%, y los 800 millones de deuda producían 122.000.000 de pesetas de intereses al año. La deuda era impagable, y es otro factor a considerar en la derrota de España frente a Estados Unidos en 1898.

Aparte de esa deuda pagable en oro, España había emitido 11.500 millones de pesetas más con la sola garantía del Estado español. Los gastos de la Guerra de Cuba ascendieron a unos 4.600 millones. Y los intereses globales de la deuda consumían el 43% del presupuesto anual del Estado. Téngase en cuenta que los gastos anuales del Estado español en 1898-1899, eran de 866 millones de pesetas, y tendremos una idea de la inmensidad de la deuda del Estado español.

La paridad de la peseta respecto a la libra, establecida en el entorno de 25 pesetas por libra poco antes de 1898, bajó a 34 pesetas por libra en 1898. El Ministro de Hacienda de 1899, Raimundo Fernández Villaverde decidió por fin el programa de ahorro estatal que España venía necesitando desde hacía décadas.

 

 

El Tratado de Comercio con Francia.

 

     En el espíritu librecambista, en febrero de 1882 se firmó un Tratado con Francia rebajando en un tercio los derechos de los vinos que iban a Francia, y también los derechos de las naranjas, almendras, avellanas, hortalizas, tapones de corcho, guantes, papel, cartón y productos de esparto que España exportaba. Por su parte, España rebajaba los derechos arancelarios de los productos franceses de lana y seda en importación.

Este Tratado con Francia tuvo mucha repercusión, pues a partir de 1883 se firmaron tratados similares de Comercio y Navegación con todos los países de Europa occidental.

Estos Tratados estuvieron vigentes hasta 1891, cuando España suprimió a Francia la cláusula de “nación más favorecida” y Francia tomó represalias multiplicando por diez los aranceles pagados por los productos españoles, y denunciando el Tratado de 1882. Los demás países europeos hicieron lo mismo, y ya nunca se consiguieron condiciones de bajos aranceles como las de 1882, salvo en acuerdos muy puntuales.

 

 

El proteccionismo en 1882.

 

Los historiadores dicen a menudo que los moderados españoles eran proteccionistas y que el Partido Conservador de Cánovas había heredado esta idea de los conservadores de tiempos de Isabel II. Esta generalización habría que matizarla pues, como hemos dicho más arriba, había intereses de empresarios proteccionistas, e intereses liberalizadores. La afirmación es cierta en cuanto que Cánovas siempre se declaró proteccionista y negaba que declararse librecambista significara ser más liberal que declararse proteccionista. Cánovas decía que el problema era mantener la industria española, y que esto no era fácil.

En efecto, un proteccionismo excesivo genera una industria débil, e incluso da lugar a corrupción política. Y un proteccionismo débil genera destrucción de empresas y pérdida de puestos de trabajo. Es el drama de los países en desarrollo, que no están en la punta tecnológica. Es una cuestión que no se puede tratar en términos generales, sino que sólo tiene sentido individualizando, sector por sector e incluso empresa por empresa. De lo contrario se cometen graves errores y se da paso a la corrupción. Napoleón había sido proteccionista en 1798-1815 y con ello había fortalecido a la industria francesa frente a la británica. Mendizábal y Figuerola, que eran progresistas, habían defendido el librecambismo. Güell, el industrial catalán, era proteccionista, y como representaba la derecha del Partido Conservador, se atribuye a los conservadores el proteccionismo. Bismarck, tenido por conservador alemán, era proteccionista cuando Alemania quiso hacer su revolución industrial definitiva. Todas estas afirmaciones, pueden inducir a pensar que los conservadores son proteccionistas y los liberales librecambistas, pero es sólo una verdad casuística. Cada partido puede actuar de forma distinta, según los intereses de cada momento y de cada grupo empresarial dominante en el Gobierno.

 

 

El Código de Comercio de 1885.

 

En 1885 se reformó la Ley del Código de Comercio de 1829 para introducir temas como las sociedades y las letras de cambio, regular la bolsa, regular las compañías de crédito, ferrocarril, y obras públicas, los bancos de emisión y descuento, los cheques, los seguros de vida y seguros de incendios, temas que se echaban en falta en el de 1829, porque eran realidades aparecidas con posterioridad a él. El Código de Comercio se decretó el 22 de agosto de 1885 y fue publicado en La Gaceta en 16 de octubre al 24 de noviembre de 1885. El avance que significaba este Código es que no se refería solamente a los comerciantes, sino a todos los españoles.

 

 

[1] Companys Monclús, Julián. Girona Agrafel, Jaime. dbe.rah.es/biografía.

[2] Calvo Calvo, Ángel, El teléfono en España antes de Telefónica. 1877-1924. Revista de Historia Industrial, nº 13. Universitat de Barcelona. 1998.

[3] Véase: Agustín González Enciso y Juan Manuel Matés Barco, Historia de la Economía de España.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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