LA INFLEXIÓN POLÍTICA EN 1829-1830.

 

 

El matrimonio de Fernando VII con María Cristina.

 

En 18 de mayo de 1829, murió la esposa de Fernando VII, María Josefa Amalia de Sajonia. Fernando tenía 44 años (había nacido el 12 de octubre de 1784) y todavía no tenía hijos vivos. Carlos, hermano del rey, y su esposa, María Francisca de Braganza, se veían a sí mismos como futuros reyes de España, cuando una intriga vino a cortar sus sueños:

Luisa Carlota de Nápoles (cuñada del rey Fernando VII por esposa de Francisco de Paula de Borbón) decidió casar a su hermana María Cristina con el rey. Carlota y María Cristina eran hijas de Francisco I de Nápoles y María Isabel de Borbón, que a su vez era hermana de Fernando VII, por lo que resultaban sobrinas del rey de España. Es un complicado lío de relaciones familiares, pues los tíos se habían casado con las sobrinas.

Fernando VII, ante el peligro evidente de ser depuesto a manos de Don Carlos, decidió aceptar casarse con su sobrina María Cristina en 1 de junio, al mes de enviudar, y se lo comunicó al Consejo de Ministros en 6 de junio. María Cristina había nacido el 27 de abril de 1806 y tenía, por tanto, 23 años. Fernando VII la sacaba 11 años de edad.

La Corte quedó tan sorprendida como cualquiera puede figurarse, pues los considerados seguros herederos del trono se podían quedar sin “su herencia” si María Cristina tenía un hijo. Los ultraabsolutistas estaban desconcertados:

María Francisca de Asís, esposa de don Carlos, apoyada por María Teresa de Beira, defendían la causa realista. Carlos María Isidro esperaba reinar, pero era tan creyente en la Divina Providencia que se negaba a dar un paso hasta que la providencia actuara, que sería la muerte natural de Fernando. No obstante, le disgustaba el matrimonio de Fernando y María Cristina.

También Calomarde se oponía al nuevo matrimonio del rey.

Don Francisco de Paula, también perdía toda esperanza de reinar en España, pero ganaba influencia en el futuro Gobierno a través de su esposa.

Los apostólicos hicieron bloque con Don Carlos. Este bloque de cortesanos presentó como alternativas, a una princesa de Baviera y a una de Cerdeña.

 

Luisa Carlota de Nápoles, apoyada por los absolutistas moderados y los filoliberales, veía una gran oportunidad para su familia. En esta ocasión, los constitucionales aprovecharon para mostrar sus simpatías por Fernando VII. Hay cierta polémica por definir a estos partidarios de Luisa Carlota, pues liberales no había en España, estaban desterrados, y los historiadores hablan de que fueron los afrancesados o los llamados innovadores los que estaban en lo que estamos llamando absolutistas moderados y filoliberales.

Del 20 al 25 de junio de 1829 se tomó en firme la decisión de que María Cristina fuera la esposa del rey. Era una decisión del Consejo de Estado, presidido por Calomarde, y a pesar de que éste era contrario al enlace.

Luisa Carlota tomó el asunto en sus manos, hizo que Labrador, embajador en Roma, pidiese la mano de su hermana y en noviembre de 1829 María Cristina era reina de España a sus 23 años de edad. El 9 de diciembre se celebraron los desposorios en Aranjuez. María Cristina llegó a Madrid el 11 de diciembre de 1829.

La decisión de Fernando de casarse con María Cristina tuvo como efecto inmediato la reconciliación entre los hermanos don Carlos y don Francisco, antes rivales y ahora burlados los dos. Para complicar más las cosas, se dice que don Francisco era del Gran Oriente de España, lo que ponía a la masonería fuera de lugar, pues don Francisco se iba a oponer a los masones.

Otro problema a resolver era que María Cristina se había educado en el absolutismo cerrado, y las circunstancias eran, en ese momento, diferentes: su apoyo político serían los absolutistas moderados próximos al liberalismo, y la rechazaban los absolutistas duros. Luisa Carlota confiaba en que María Cristina era joven, y no tenía ideas políticas propias. La conocía como una persona bondadosa, sensible, agraciada y alegre, cualidades típicas de la juventud, y esperaba que fuera fácilmente moldeable.

Luisa Carlota sintió enseguida la furia de los partidarios de don Carlos, lo que le hizo comprender que su bando era el de los moderados y filoliberales. No quedaba otro.

 

El matrimonio no dio mayores problemas políticos hasta el momento en que María Cristina quedó embarazada, pues el embarazo rompió las esperanzas políticas de Carlos María Isidro. La Divina Providencia, en la que tanto creía, actuaba en su contra. Hasta entonces, Fernando VII no había tenido hijos vivos, y cabía la posibilidad de que no los tuviese. Ahora, el destino daba un vuelco.

El problema se resumía así: en 1713 se había dado la Ley Sálica. En 1789 se habían restaurado Las Partidas, en el asunto sucesorio, pero esta decisión de Cortes no había sido publicada. El 29 de marzo de 1830, Fernando VII editó la Pragmática diciendo que daba validez a lo decidido en Cortes en 1789, lo cual quitaba el impedimento de la no publicación de esa decisión legal. Pero entonces, Carlos dijo que él había nacido en 1788 y sus “derechos adquiridos” no podían serle quitados por nadie. Grijalba, confidente del rey, se puso de parte de que heredase Isabel, la niña que iba a nacer, y formó un grupo de presión con María Cristina, Luisa Carlota y la duquesa de Parma. Carlos María Isidro no protestó más, pero sí lo hicieron Carlos X de Francia y el príncipe Fernando II de Nápoles y Sicilia (titulado rey en 1830 como Fernando II de Dos Sicilias) que querían ultraabsolutistas en el trono de España, pero lo hicieron de forma confidencial y no oficialmente. Fernando II, hermano de María Cristina, no llegaría a ser rey hasta 1830, y en 1829 todavía reinaba en el trono de Dos Sicilias su padre Francisco I, rey en 1825-1830. Fernando II había coqueteado con los liberales italianos en su juventud, pero se mostraría netamente absolutista a partir de su acceso al trono.

 

 

Las maquinaciones de María Cristina.

 

María Cristina, y su tutora en política, su hermana Luisa Carlota, conscientes de las antipatías que le tenían los voluntarios realistas, decidieron rodearse de absolutistas moderados. Algunos de ellos ya aceptaban algunos principios del liberalismo y serán considerados liberales moderados en la época siguiente. Estos aconsejaron que el rey publicase la Pragmática de 1789 (hecha por Carlos IV) autorizando a las mujeres a gobernar. En estas decisiones tuvieron mucho que ver los padres de María Cristina y reyes de Nápoles, que no querían regresar a su país sin dejar asegurado el futuro de sus hijas. Insistió sobre todo María Isabel de Nápoles.

El 29 de marzo de 1830, Fernando VII publicó la Pragmática Sanción dada por Carlos IV en 1789, pero que nunca había sido publicada y no había entrado por ello en vigor. Esta publicación se hacía porque María Cristina estaba encinta y se quería prever el caso de que fuera niña, pues entonces le afectaría la Ley Sálica de Felipe V, y no podría heredar. La Pragmática anulaba la Ley Sálica de Felipe V, y volvía al derecho sucesorio de Las Partidas, dadas por Alfonso X el Sabio. Otra vez le correspondía a Calomarde, como Secretario de Despacho de Gracia y Justicia, cumplir una orden del Rey que no le gustaba, pues él era ultra-absolutista.

La reina dio a luz, en 10 de octubre de 1830, una niña que se llamó María Isabel como su abuela (y posteriormente sería Isabel II, reina de España). Don Carlos se vio postergado y los apostólicos alegaron derechos adquiridos por Don Carlos y “no retroactividad” de la Pragmática Sanción. Carlos María de Borbón, conocido como Carlos de España, y como Don Carlos, alegó que él había nacido en 1788, un año antes de hacerse la Pragmática y, por tanto, no podía ser desposeído de sus derechos al trono aplicando efectos retroactivos a una ley. Pero las reivindicaciones de Don Carlos no eran demasiado tajantes, pues siempre podría caer embarazada de nuevo la reina. De hecho, dos años después, nacería otra infanta llamada María Luisa Fernanda.

 

 

Los sucesos de Francia en julio de 1830.

 

En julio de 1830 tuvieron lugar los sucesos de Francia que echaron del trono al absolutista Carlos X y pusieron en su lugar a Luis Felipe de Orleans[1], quien gobernó con una constitución. El 4 de julio de 1830, Carlos X había dado unos decretos que suspendían la libertad de prensa, disolvían la Cámara de Diputados, alargaban el tiempo de permanencia de los diputados en su cargo, y reducían el número de diputados. Entonces los liberales sacaron la gente a la calle los días 27, 28 y 29 de julio, y Carlos X huyó al exilio, mientras los franceses eligieron a un rey constitucional, Luis Felipe de Orleans, un “rey de los franceses”, que no había sido puesto por la voluntad de Dios y que iba a gobernar con una constitución. Reinó desde agosto de 1830 y hasta febrero de 1848.

La política interior de Fernando en los años inmediatamente anteriores a julio de 1830, se caracterizó por la inacción, y el ambiente era de distensión frente a los liberales. A partir de esta fecha hubo una nueva represión a veces, o inacción en ocasiones, en ambos casos actuando por miedo. Fernando VII se negó a aceptar a Luis Felipe, y éste permitió que los liberales españoles se instalasen en el sur de Francia.

Tres pilares sostenían aquél movimiento liberal español:

Mendizábal se puso en contacto con el banquero Ardouin y obtuvo algún dinero para los liberales españoles.

Seguidamente se constituyó en París un “Directorio Provincial del Levantamiento de España contra la Tiranía” (conocido como “Directorio de Bayona” porque los liberales se trasladaron a esa ciudad) en el que estaban Tomás de Istúriz[2], José María Calatrava, Vadillo y Vicente Sancho. Tenían el apoyo de Luis Felipe de Francia a través del mariscal Gerard, ministro de la Guerra francés. Pero esta organización liberal carecía de líder militar reconocido popularmente. Sus jefes principales eran los que habían vivido en Londres: Espoz y Mina[3], José María Torrijos, Juan Palarea[4] y Manuel Flores Calderón[5] y tenían organizada en Londres una “Junta Revolucionaria”.

Y en tercer lugar, en 1830, Andrés Borrego Moreno[6] inició una publicación liberal española, El Precursor, publicada en Francia para difundir las ideas y acciones de los liberales.

 

 

La invasión liberal de octubre de 1830.

 

Estos líderes liberales, ahora en Bayona y Perpignam, el 1 de octubre de 1830 exigieron obediencia a las partidas liberales españolas de Valdés[7], Vigo, coronel Joaquín de Pablo alias Chapalangarra y Francisco Miláns del Bosch Argüer, que se estaban preparando para la lucha, pero en España nadie les hizo caso ni les reconoció como autoridad. Por el contrario, cada uno intentó ser él el jefe de la rebelión. El 13 de octubre de 1830 empezaron las “invasiones”:

Valdés penetró en Urdax, comarca del Baztán (Navarra), con 300 hombres el 14 de octubre. Otra fuente habla de hasta 700 hombres;

Francisco Javier Mina reunió 350 hombres y penetró por Vera de Bidasoa el 18 de octubre. Hasta allí llegaron Jáuregui, López Baños, Butrón, Sancho y otros. Y sobre todo, convergieron las fuerzas de Valdés con las de Mina. Juntos fueron sobre San Marcial e Irún, donde la mitad de sus hombres, el 27 de octubre, huyeron a Francia. Los reclutas franceses riñeron con los españoles por causa de la prima de enganche, que no se cobraba. También Torrijos riñó con Mina. Mina llevaba 200 hombres cuando se dirigió a Irún, donde nadie se sublevó; Mina fue sobre Tolosa, donde fue derrotado, y huyó a Francia el 30 de octubre.

El 19 de octubre, Milans del Bosch (hijo de Francisco) y Ramón Brunet, entraron en España por La Junquera (Gerona) con 300 hombres;

Manuel Gurrea[8] y el general Plasencia[9] entraron en Aragón, vieron el poco apoyo que tenían y regresaron inmediatamente a Francia;

Evaristo San Miguel entró también en Cataluña y regresó a Francia enseguida;

el coronel Joaquín de Pablo, alias Chapalangarra, intentó entrar en Valcarlos (Navarra) y fue batido por Eraso, herido de muerte, y fusilado.

Los invasores esperaban el levantamiento espontáneo y general de la población civil española y del ejército. No encontraron ninguna colaboración en ninguna parte. Ellos habían pensado que la gente saldría masivamente a aclamarles, pero lo que pasó fue que los campesinos huyeron para no ser despojados de sus alimentos y no ser reclutados a la fuerza.

La sublevación liberal española de 1830 fue un fracaso dentro de España:

Antonio Rodríguez, alias Bordas fue el único que secundó la sublevación o “invasión” sublevándose en Orense con 70 hombres, lo cual tampoco podemos calificar de sublevación masiva, que fueron puestos en fuga, o abatidos, en poco tiempo.

Torrijos, Palarea, Manzanares, que estaban en Gibraltar, fueron conscientes del error romántico de cálculo que habían cometido los invasores, y decidieron no intervenir.

En diciembre de 1830 no quedaba nada del proyecto de invasión liberal. Algunos lo volverían a intentar en 1831.

 

 

Repercusión en España del 1830 francés.

 

El Gobierno español se alarmó por la presencia de liberales en el sur de Francia, y por otros muchos síntomas de cambio: los valores bursátiles españoles se hundían por miedo a una nueva guerra o invasión de liberales; los bonos de deuda española del Trienio, sin apenas valor pues habían bajado a 8, subieron a 16 en la esperanza de que triunfasen los liberales y los pagaran. Los banqueros franceses poseedores de bonos tenían cierto interés en el triunfo liberal.

La política respecto a los liberales cambió a partir de julio de 1830 y de las incursiones de liberales desde Francia de octubre de 1830. Se inició una nueva persecución general de liberales y cierre de Universidades en España, además de la vuelta de Comisiones Militares.

En agosto de 1830 se dio un Reglamento de Imprenta instaurando de nuevo la censura de modo que se necesitaba licencia del Consejo, Subdelegado General de Imprentas o autoridades provinciales para publicar, so pena de 200 ducados de multa y dos años de destierro del pueblo donde se hubiera hecho la publicación. Los impresos y las obras debían ir firmadas. Los censores serían anónimos. No se podría publicar nada contra la religión católica, las buenas costumbres, los usos legales del Gobierno, la forma de gobierno, las regalías o contra las leyes no derogadas.

El 2 de octubre de 1830 se publicó un decreto de 17 de agosto de 1825 ordenando fusilar a los rebeldes, a sus avisos (correos) y sus consejeros, cuando se les atrapase con armas, municiones, víveres o dinero destinado a la sublevación.

El 12 de octubre de 1830 se suspendieron las clases en las Universidades, por segunda vez (la primera se había producido en enero de 1823), y se retrasó la apertura del curso hasta fin de 1830, y luego se prorrogó el plazo. Los estudiantes estaban inquietos por la posible pérdida de curso, y organizaron una universidad paralela. El 23 de enero de 1831, la preocupación llegó a las alturas del Gobierno y se autorizó a que quien hubiese asistido seis meses a clases particulares con certificación de buena conducta firmada por el párroco y el alcalde, podría pasar el curso.

En octubre de 1830 López Ballesteros apoyó el proyecto de Javier de Burgos de crear un Ministerio del Interior que se ocupase del orden público y seguridad del Estado, pero también del desarrollo económico e instrucción pública. Fernando VII lo aceptó el 9 de noviembre, pero no salió adelante por el miedo de los fernandinos a los cambios. Fue un fracaso.

 

Fernando VII terminó reconociendo a Luis Felipe como rey de Francia, aunque éste fuera liberal, a cambio de que los liberales españoles no pudieran residir cerca de la frontera de España.

 

En 1830-1832 fue Presidente del Consejo de Castilla José María Puig Samper.

 

 

[1] Luis Felipe I de Francia, 1773-1850, era conocido hasta entonces como el duque Luis Felipe III de Orleans. Era hijo del duque Luis Felipe II de Orleans, conocido como Felipe Igualdad, de quien heredó el título del ducado, además del Ducado de Valois, que ya poseía desde su nacimiento. Había luchado del lado de los jacobinos en 1789, hasta que la muerte del rey le hizo repensarse su postura política y se exilió. Había abandonado Francia en 1792, tras la muerte del rey Luis XVI, y se había ido a Estados Unidos, donde fue profesor de francés. En 1809 se había casado con María Amalia de Borbón Dos Sicilias, hija de Fernando I de Sicilia y de María Carolina de Austria, y tuvo numerosos hijos:

Fernando Felipe de Francia, 1810-1842, IV duque de Orleans.

Luisa María de Orleans 1812-1850, esposa de Leopoldo I de Bélgica.

María de Orleans, 1813-1839, esposa de Alejandro de Württemberg.

Luis Carlos Felipe Rafael, 1814-1896, duque de Nemours.

Francisca de Orleans, 1816-1818.

Clementina de Orleans, 1817-1907, esposa de Augusto de Sajonia Coburgo-Gotha.

Francisco de Orleans, 1818-1900, príncipe Joinville.

Carlos, 1820-1828, duque de Penthierre.

Enrique, 1822-1897, duque de Aumale.

Antonio, 1824-1890, duque de Montpensier, casado con Luisa Fernanda de España, hija de Fernando VII.

[2] Tomás de Istúriz Montero, 1782-1820?, era un gaditano que en 1808 era síndico del Ayuntamiento de Cádiz cuando empezó la guerra contra los franceses. En 1813 fue diputado. En 1814 se exilió a Londres Retornó a España en 1820.

Francisco Javier Istúriz Montero, 1790-1871, hermano de Tomás, intervino en acciones liberales de 1819 y 1820, fue liberal exaltado y líder, junto a Flórez Estrada y Alcalá Galiano, de los exaltados. Se exilió a Gran Bretaña en 1823. Retornó en 1833, pero ya como moderado. Se opuso a la desamortización. Fue Presidente del gobierno en mayo de 1836 e intentó abolir el Estatuto Real, pero el motín de la Granja de San Ildefonso acabó con su presidencia y, de nuevo, se exilió a Inglaterra. Regresó en 1837 y se opuso a las constituciones hechas por y para un solo partido, tanto a la de 1837 como a la de 1845. volvió a ser Presidente en abril de 1846 y en enero de 1858.

[3] Francisco Espoz Illundain, alias Espoz y Mina.

[4] Juan Palarea Blanes, 1780-1842, “el médico” era hijo del comerciante asentado en Londres, Antonio Palarea Blanco, y hermano de Antonio, Mariano, Joaquín y José Antonio Palarea. Juan Palarea estudió medicina, y en 1808 fue jefe de una partida de guerrilleros en el Guadarrama, conocida como la “Séptima Partida de Patriotas Voluntarios de Castilla”. En 1830 estaba en Marsella con los liberales españoles. En 1833 regresó a España y fue Capitán General de Valencia, luchó contra Cabrera. En 1841 fue acusado de colaborar en la rebelión de Diego de León, y fue encarcelado por ello.

[5] Manuel Flores Calderón, 1775-1831, era catedrático de filosofía y fue liberal muy activo en 1820-1823. Se exilió en Gran Bretaña en 1823. Fue miembro de la Junta de Gobierno en el exilio y estuvo en Gibraltar en el intento de golpe de Torrijos, siendo fusilado con él.

[6] Andrés Borrego Moreno 1802-1891 llegó a Madrid en 1810 al morir su padre y ponerse bajo la protección de un familiar afrancesado, lo cual les llevó al exilio en 1814. Regresaron a Málaga en 1818. en 1820-23 estuvo complicado con los liberales, y en 1823 se tuvo que exiliar de nuevo huyendo por Gibraltar a Francia. En 1830 combatió con Lafayette y los liberales franceses, y fue cuando creó El Precursor. En 1834 regresó a España y apoyó a María Cristina frente a los absolutistas, publicando El Español, donde aparecieron ideas de economía moderna. Luego escribió en El Correo Nacional, siendo considerado por ello uno de los cronistas más importantes de la regencia de María Cristina.

[7] Pudiera ser Cayetano Valdés y Flores Bazán, citado en Trienio Liberal

[8] Manuel Gurrea, 1790-1837, era un navarro que fue guerrillero en 1808-1814, primero a las órdenes del prior de Uxue, más tarde con Javier Mina, y después con Espoz y Mina. En 1814 se exilió. En 1823 entró como oficial en el ejército, poco antes de tener que exiliarse a Londres ante la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis. En 1830 participó en la insurrección liberal. En 1833 luchó en el ejército cristino.

[9] Plasencia era general.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor
Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.


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