GOBIERNO DE CEA BERMÚDEZ DE 1832-1833,

 

Este Gobierno tuvo dos etapas: de 1 de octubre de 1832 a 29 septiembre 1833, con Fernando VII;     y de 29 septiembre 1833 a 15 enero 1834, con Isabel II. En este capítulo tratamos solamente de la primera etapa.

 

Ante el recelo que suponía la perspectiva de un Gobierno ultra, los absolutistas moderados decidieron organizarse en un partido “cristino”, siendo María Cristina la encargada del Gobierno, y lograron el 1 de octubre de 1832 que fuera nombrado Secretario de Estado Francisco Cea Bermúdez, y que María Cristina fuera declarada Regente el 6 de octubre de 1832. Se atribuye a María Cristina la frase “ayudadme, que yo os ayudaré”. Se trataba de un grupo de absolutistas moderados que fue conocido como los “moderados” porque pasaron a liberales moderados en tiempos de Isabel II, y que eran partidarios de Isabel II como reina. Eran líderes en el grupo: Cea, Cafranga y Ofalia. La denominación de “moderados”, da lugar a algunos equívocos entre los principiantes en los estudios de historia, porque se trataba de anti-ultrarrealistas, y entre ellos había absolutistas moderados, y liberales moderados. Lo que les unía era la reacción contra los ultra-realistas, que es la verdadera razón de su “golpe de Estado”. Son los mismos que gobernaron en tiempos anteriores del reinado de Fernando VII, pero sin los ultra-realistas.

La apuesta de Cea era arriesgada. Los ultra-realistas eran muchos más, y contaban con la mayoría de los nobles y del clero. La ventaja de Cea era que los líderes realistas eran, en general, mediocres, con poca formación intelectual, mientras los líderes liberales eran más sólidos intelectualmente, tenían conocimiento de lo que estaba ocurriendo en Europa, leían periódicos y difundían sus ideas en ellos (fuente: José Luis Comellas).

Francisco Cea Bermúdez, como absolutista moderado, ya había sido Secretario de Estado (Presidente de Gobierno de la época) desde julio de 1824 a octubre de 1825, aunque supervisado por Calomarde y su camarilla de ultra-realistas, que le derribaron en 1825 por su tono aperturista, y su idea de disolver algunas unidades de Voluntarios Realistas. En esta ocasión, le ponía en cabeza del Gobierno el grupo de los cristinos, que venían preparando un Gobierno fuerte, que fuera capaz de imponerse a las sugerencias de los ultra-realistas.

 

El Gobierno se configuraba con:

Secretario de Estado, Francisco Cea Bermúdez, que estaba ausente, y no se incorporó sino hasta 23 de noviembre de 1832, ejerciendo en realidad José Cafranga Costilla hasta la fecha citada.

Gracia y Justicia, José Cafranga Costilla[1] / 14 diciembre 1832: Francisco Fernández del Pino[2] / 25 de marzo 1833: Juan Gualberto González-Bravo Delgado[3].

Guerra, mariscal de campo Juan Antonio Monet[4] como titular, pero en realidad Francisco Javier de Ulloa[5], por ausencia del titular /14 diciembre 1832: José de la Cruz como titular, pero seguía ejerciendo en realidad, Francisco Javier de Ulloa.

Marina, Ángel Laborde Navarro[6] como titular, y en realidad Francisco Javier Ulloa, por ausencia del titular / 15 de octubre de 1832, Francisco Javier Ulloa como definitivo / 25 de marzo 1833: José de la Cruz.

Hacienda, Victoriano Encima Piedra[7] / 25 de marzo 1833: Antonio Martínez.

Fomento General del Reino (Policía, orden público, enseñanza, obras públicas), Victoriano Encima Piedra / 28 diciembre 1833: Narciso Heredia y Begines, conde de Ofalia.

 

 

El periodo Cafranga,

1 de octubre a 23 de noviembre de 1832.

 

Durante octubre y noviembre de 1832, de forma interina y en ausencia de Cea, se hizo cargo de la Secretaría de Estado, José Cafranga Costilla. Sólo a partir de 23 de noviembre se hizo con el poder Francisco Cea Bermúdez.

José de Cafranga, fue el auténtico líder del movimiento contra los realistas en los difíciles primeros meses, aunque la fama se la llevara luego Cea. El Gobierno gestionado por Cafranga, dijo mantener, en principio, las cosas como estaban, pero inició una serie de reformas y permitió, bajo cuerda, la actuación de los liberales.

El Gobierno en realidad lo integraban Cafranga (Estado y Gracia y Justicia), Ulloa (Guerra y Marina) y Encima (Hacienda y Fomento General del Reino). Sólo los tres. Cafranga era un absolutista moderado, lo que en terminología de la época se denominaba “monárquico puro”. Los otros dos, Ulloa y Encima, eran “constitucionales”, es decir, partidarios de algún tipo de Constitución, aunque no fuera la de Cádiz, considerada por entonces como excesivamente liberal.

Los primeros problemas de estos hombres fueron: dilucidar responsabilidades de “los sucesos de La Granja” de septiembre de 1832, neutralizar las fuerzas de Carlos María Isidro, organizar una fuerza militar partidaria de María Cristina y resolver el tema de la derogación de la Pragmática.

Adoptaron unas medidas provisionales de Gobierno:

Extrañaron a Calomarde y al conde de Alcudia de Madrid. No podían acusarles de nada, puesto que su comportamiento había sido en todo momento correcto, así que se limitaron a hacer correr un bulo sobre los sucesos de La Granja, en el que ambos aparecían como traidores, forzando a Fernando VII a hacer lo que no quería… Desgraciadamente para los historiadores, el bulo se ha tomado durante mucho tiempo como la verdadera historia de los acontecimientos de La Granja. La amenaza a la vida de Calomarde, causó la huida de España de este hombre. Alcudia fue enviado como ministro a San Petersburgo.

Hicieron un cálculo de las fuerzas realistas, pues pensaban que tendrían que combatir contra ellos, llegando a la conclusión que podrían ser 120.000 hombres, un ejército muy grande. El peligro de una guerra civil era muy serio, y la guerra podría ser muy dura. De hecho, si continuaban así las cosas, empezaban en inferioridad, y la conclusión era que había que introducir cambios en el ejército. Uno de los encargados de hacerlos fue Zambrano, que fue nombrado capitán general de Castilla la Nueva.

También iniciaron relaciones con Francia e Inglaterra, potencias que podían apoyar a Isabel II, y así se prepararon contra Austria, Cerdeña y Nápoles que apoyaban a los carlinos.

El 4 de octubre de 1832, Cafranga hizo un Manifiesto, suscrito por María Cristina, diciendo que no iban a hacer reformas políticas sino a mantener el absolutismo, pero que trataban de hacer algunas reformas administrativas al estilo ilustrado tradicional de España, de forma que el sistema político fuera aceptable para los liberales. Era evidentemente un lenguaje oscuro, propio de periodos de transición. Pero con este documento podemos dar por terminado el absolutismo en España.

 

Por decreto del 6 de octubre de 1832, declararon a María Cristina Regente definitiva y con plenos poderes, y no sólo para casos de urgencia como estaba hasta entonces. Y comenzó un cambio sin retorno, salvo utilización de la violencia. En días sucesivos se decidió:

un indulto general (7 de octubre),

la reapertura de Universidades, que estaban cerradas desde 1830 porque se creía que eran vivero de liberales (7 de octubre),

la remoción de autoridades realistas, sobre todo militares que tuvieran mando y realistas que hubieran combatido contra los constitucionales alguna vez (los cuales fueron licenciados),

y una amnistía a los liberales (15 de octubre) excepto los que votaron la destitución del Rey en 1823 y los caudillos de fuerza armada levantada contra el Rey.

 

Y comenzó el cambio de autoridades: Se intentaba debilitar a los 120.000 Voluntarios Realistas que mandados por José Miguel de Carvajal, duque de San Carlos, eran un peligro para Isabel II y, en este sentido, el Gobierno sustituyó a los Capitanes Generales y Superintendentes de Policía que podían serles contrarios (Galicia, Granada, Castilla la Vieja, Aragón, Extremadura y Cataluña), y trató de eliminar los mandos intermedios que se conociera que eran simpatizantes de los carlistas. También se eliminaba a altos funcionarios de Hacienda y diplomáticos que se sospechaba comprometidos con el carlismo.

Entre el 7 y el 15 de octubre fue cambiada casi toda la cúpula militar:

El Capitán General José San Juan, en Extremadura, fue sustituido por Francisco Dionisio Vives[8] y, tras la no aceptación de éste, por Pedro Sansfield.

El Capitán General Nazario Eguía, en Galicia, fue sustituido por Pablo Morillo conde de Cartagena.

El Comandante General Rafael Sempere, en Tuy, fue sustituido por Francisco Moreda.

El Capitán General Blas de Fournás[9], en Aragón, fue sustituido por José de Ezpeleta[10] conde de Azpeleta.

El Capitán General Vicente González Moreno[11], en Granada, fue sustituido por el marqués de las Amarillas[12].

Juan Romagosa, en Ciudad Rodrigo, fue sustituido por José Miranda Cabezón,

Santos Ladrón de Cegama, en Cartagena, fue sustituido por Valdés,

Marcelino de la Torre, Superintendente General de Policía, fue sustituido por José Martínez de San Martín.

José O`Donnell, Capitán General de Castilla la Vieja fue sustituido por el duque de Castro-Terreño.

Otros cargos sustituidos fueron: conde de Villamor, en Barcelona; coronel Tomás de Zumalacárregui, en El Ferrol.

Por suerte para estos monárquicos puros (absolutistas moderados) y también para los constitucionales, el Rey no había muerto, y la conciencia o creencias de don Carlos no le permitían iniciar un levantamiento hasta el fallecimiento del Rey. Los “puros” tenían unos meses por delante para prepararse, aunque no sabían cuánto tiempo habría.

El decreto de amnistía para los liberales, en ese momento, era considerado por todos, incluso por los “monárquicos puros”, como el primer paso de la guerra civil. De hecho era innecesario dentro del conjunto de medidas que se estaban tomando. El Gobierno estaba dando pasos sin posibilidad de vuelta atrás, dando por sentado que la guerra civil era inevitable a corto plazo.

 

Otras medidas del Gobierno Cafranga fueron:

Abrió las Universidades 15 de octubre,

El 15 de octubre Francisco Javier Ulloa resultó ministro de Marina definitivamente.

El 30 de octubre se dio una amnistía para delitos políticos.

Hizo derogar oficialmente la pragmática de septiembre de 1832 (que anulaba la de 1830).

Reorganizó el ejército a fin de eliminar a los líderes carlistas de los puestos clave en responsabilidad.

 

 

La “preguerra” carlina.

 

El 30 octubre, al conocerse la amnistía para los liberales, surgieron las primeras revueltas realistas. Ello fue aprovechado para disolver muchos grupos de guardias realistas. El término carlino se oponía en esos años a isabelino, y serán los carlistas a partir de 1833.

Se ordenó que todos los recursos del Estado pasasen a una caja central de Hacienda, lo cual eliminaba recursos en manos de autoridades locales y provinciales, que podían ser carlinos, y sobre todo eliminaba la costumbre de que los voluntarios realistas tuvieran fondos propios. Sucedió que el general Carvajal, Inspector General del ejército, murió en aquellos días, y se aprovechó para eliminar el cargo y quitar así otro recurso a los carlinos.

El 1 de noviembre de 1832 empezaron los primeros episodios de guerra, aunque se les califique de “previos”, pues no se había declarado ninguna guerra: ese día hubo una sublevación realista en Valencia, liderada por fray Lorenzo de Bélgida y José de Armengol, comandante de Voluntarios realistas de Villar del Arzobispo. Fue sofocada.

El 2 de noviembre dimitió Zambrano, Capitán General de Castilla la Nueva y Comandante de la Guardia Real, el considerado eje de la defensa militar de los constitucionales. La capitanía general fue ocupada por Castaños y la comandancia de la Guardia Real por Freyre.

 

Eran necesarias más medidas contra los realistas para no perder la guerra, y el 5 de noviembre se desarmó a los Voluntarios de Madrid, y se detuvo a O`Donnell acusándole de conspiración. En los días siguientes se tomaron medidas importantes:

Se decretó que los productos y rendimientos de todas las cargas públicas ingresaran en el Real Tesoro, a disposición del Ministerio de Hacienda, de forma que los administradores locales y provinciales se quedaran sin fondos, pues solían retener el 50% de lo recaudado para sus gastos perentorios.

Se nombró una comisión para estudiar las necesidades de cada Secretaría de Despacho, a fin de hacer un plan de ahorro, lo que servía para privar de ingresos a la Guardia Real, la Secretaría de Indias, el Consejo de Órdenes, el Consejo de Guerra y el Consejo de Hacienda, donde se sospechaba que había muchos realistas.

Un órgano importante contra los realistas fue el Ministerio de Fomento. Se le puso un nombre ambiguo para no llamar la atención, pero se trataba de un ministerio de policía política, para controlar el orden público, la economía en general, la instrucción pública y las obras públicas. Al frente del mismo se puso a Victoriano Encima Piedra, y Cea pondría más adelante al conde de Ofalia, persona de confianza de Cea. Ofalia puso en cada provincia un subdelegado de Fomento que era el controlador político de los carlinos en su provincia. Este ministerio de Fomento, pasará a llamarse en mayo de 1834 Ministerio del Interior, un nombre más acorde con la función principal que ejercía. Y en 1835 pasó a llamarse Ministerio de Gobernación, ministerio al que Javier de Burgos definió muy bien en 1841 como el regulador de la vida administrativa del país.

Este sexto ministerio, pues ya existían los cinco clásicos (Estado; Gracia y Justicia; Guerra; Hacienda; y Marina e Indias) desde el siglo XVIII, fue el inicio de una serie de ellos, que se irían desgajando de éste en el XIX y el XX.

El 15 de noviembre, la Reina declaró que su objetivo primordial era defender la monarquía.

 

 

Incorporación de Cea a su puesto de Gobierno.

 

El 23 de noviembre se incorporó Cea Bermúdez a su puesto de Gobierno desplazando a Cafranga. Los “monárquicos puros” (absolutistas moderados), eran dominantes sobre los “constitucionales” (absolutistas partidarios de algún tipo de Constitución y de arreglos con los liberales).

Hubo algunas remodelaciones de Gobierno:

En Gracia y Justicia, el 14 de diciembre, Cafranga sería sustituido por Fernández Pino,

En Guerra, el 14 de diciembre, Monet sería sustituido por José de la Cruz,

En Fomento, el 28 de diciembre, Encima y Piedra sería sustituido por Ofalia.

El equipo de los moderados estaba haciendo bien su trabajo de desmontar el ultrarrealismo, pero para tener verdadero éxito debía crear un sistema político alternativo. En ello Cea fracasó, pues no estaba dispuesto a admitir a los liberales y sólo pretendía hacer algunas reformas administrativas en el absolutismo de Fernando VII. Perdería definitivamente su oportunidad en octubre de 1833, cuando los carlistas pidieran absolutismo duro, y Cea no se atreviera a llamar a los liberales en su apoyo. Cea se salvó del desastre político porque don Carlos, en 1833, hizo promesa de no alzarse mientras su hermano Fernando estuviera vivo.

El 26 de diciembre, Cea anunció que el rey Fernando VII había hallado una solución para anular el decreto de 18 de septiembre, que a su vez anulaba la Pragmática, la cual era la anulación de la Ley Sálica: convocar a personalidades de Justicia y componer un documento público, que anularía al privado o secreto de 18 de septiembre.

En ese sentido, el 30 de diciembre estaban convocadas muchas personalidades políticas, pero no los infantes ni el Cuerpo Diplomático. El 31 de diciembre se produjo una declaración del Rey alegando que no había pensado bien el decreto del 18 de septiembre por que estaba enfermo, de modo que consideraba no válido el documento de derogación de la Pragmática. Al propio tiempo, acusaba de desleales a los ministros de entonces, porque habían jurado guardar secreto y no lo habían hecho, y porque le habían asustado con falsos terrores de una guerra civil. Por todo ello, presentaba un nuevo documento que decía “…declaro nulo y sin ningún valor…” el decreto de 18 de septiembre. El 31 de diciembre de 1832 se publicó este Decreto de Cortes de 1789 y una aclaración que declaraba nulos cuantos escritos derogatorios se hubieran producido contra él. Era el golpe legal contra Don Carlos de Borbón.

 

El 4 de enero de 1833, Fernando VII retomó las funciones de la Corona y acabó la primera regencia de María Cristina, pero ésta debía asistir a todos los actos de Gobierno a partir de entonces.

 

La organización ultrarrealista al descubierto.

También los ultra-realistas tenían organizada una Junta secreta desde fines de 1832, cuyos líderes era la infanta doña Francisca, esposa de don Carlos, y la princesa de Beira.

La organización de la infanta Doña Francisca estaba integrada por Joaquín Abarca (obispo de León), José O`Donnell, y el general de los jesuitas. El plan de los ultrarrealistas era que Juan Bautista Campos España se sublevara en Toledo y marchara hasta Urgel, donde conectaría con el grupo realista más grande.

Hubo un levantamiento de Voluntarios realistas liderado por el coronel Juan Bautista Campos y España, que tuvo lugar en Madrid y Toledo. Los Voluntarios fueron batidos por el brigadier Bassa y se retiraron a sus puntos de origen. Campos España fue capturado en enero de 1833 por el brigadier Bassa. Entonces Campos España denunció a los suyos, que eran Rafael Maroto Yserns[13], Pedro Grimaraest Oller (antiguo capitán general de Aragón), brigadier conde de Prado[14], Manuel María Marcó del Pont[15], hermanos Sacanell, Lemus, Llop, brigadier Gabarra… y también confesó la existencia de una Junta Apostólica dirigente del carlismo, e integrada por Joaquín Abarca Blanque[16] (el obispo de León), Carlos Luis O`Donnell, el general de los jesuitas y otros más.

La Princesa de Beira[17], que residía en Madrid, tenía su propia organización ultrarrealista, muy ligada a la primera ya citada, e integrada por el conde de Negri y el conde de Prado, quienes se sublevaron a fines de enero en León, aprovechando el apoyo del obispo Abarca.     En enero de 1833, el obispo Abarca, que había sido expulsado de Madrid y había regresado a su diócesis de León, organizó una sublevación de Voluntarios realistas en León. No tuvo mayor importancia sino provocar pequeñas sublevaciones en Madrid, Alicante, Santiago, Toledo y Cataluña. Abarca convocó a la gente con la excusa de bendecir un estandarte, y allí mismo empezó el motín. El Gobierno detuvo al subinspector de policía de la provincia de León, Marcos Rodríguez, por no haber controlado a los Voluntarios Realistas. Los amotinados realistas se enfrentaron al ejército gubernamental de Federico Ontañón. Se detuvo a 122 personas. Intervino el Capitán General de Castilla, duque de Castroterreño[18], y Abarca huyó con sus Voluntarios Realistas, se escondió unos días en pueblos de León, y marchó por fin a Portugal una vez comprobado que no tenía ocasión de triunfo. Se apresó al brigadier conde de Negri, al brigadier conde de Prado, al coronel de infantería Mariano Novoa, al teniente general Pedro Grimarest, al mariscal de campo Rafael Maroto y a Juan José Marcó de Pont. Los cabecillas fueron confinados, y el carlismo perdió gran parte de sus bazas de triunfo en estos intentos prematuros y fallidos.

 

En enero de 1833 apareció el cólera en Vigo, procedente de Portugal, que a su vez lo había importado de Europa, donde la epidemia había empezado en 1830. Mateo Seoane había hecho en 1832 un informe sobre la enfermedad, así que las autoridades españolas, ya conocedoras del problema, decretaron el 15 de febrero la cuarentena para todos los barcos procedentes de Portugal y la prohibición de comerciar con alimentos frescos, y más tarde ampliaron la cuarentena a barcos de México y Cuba. Pero la epidemia entró también en el verano por Huelva y se extendió hacia Andalucía y Extremadura, y los controles para evitar el comercio entre Castilla y Andalucía fueron mucho más difíciles. Cuando apareció la epidemia en Mazarrón (Murcia) en una tercera vía de entrada, ya fue imposible controlar la extensión de la epidemia, que duró hasta 1835, causó unos 500.000 enfermos y unos 100.000 muertos. Era la primera gran epidemia de cólera controlada, y por ello bien conocida, en España. Habría otras en 1853-56 en Vigo, 1865 en Valencia, 1884-85 en Alicante, y 1890 en Valencia, cada vez con menos mortalidad. De nuevo, la guerra iba estar acompañada de la peste.

 

 

Política anticarlina[19] de Cea.

 

El 12 de enero de 1833, Cea creó la Comisión Regia de Causas de Estado y puso como Comisario de ella a Matías Herrero Prieto. Esta comisión funcionó hasta 16 de febrero de 1834.

En febrero de 1833, Cea tomó una decisión que asustó definitivamente a los absolutistas ultrarrealistas, un proyecto de poner sufragio censitario en los ayuntamientos, lo cual era entregar el poder municipal a los burgueses de cada pueblo o ciudad y quitárselo a nobles y eclesiásticos. El sistema imponía un sistema electivo que respetaba a los propietarios de cargos municipales, pero que hacía elegir para la corporación municipal un número igual de vecinos escogidos de entre los mayores contribuyentes del pueblo. Esto introducía a los propietarios en el poder, gente que tenía intereses por recuperar bienes de la desamortización de 1820. Los nobles y religiosos se echaron a temblar. Los carlinos se pusieron nerviosos y empezaron a acusar a Carlos María Isidro de no hacer nada. Levantaron nuevas partidas, pero esta vez no encontraron apoyos populares, ni siquiera estableciendo contactos con los obispos y con los jesuitas.

También en febrero de 1833 se tomó la decisión de reclutar 25.000 hombres, al tiempo que se ampliaba la amnistía a los liberales y se creaba un “cuerpo de salvaguardias” que eran ayudantes colaboradores de la policía. Los carlinos estaban siendo controlados.

El 16 de marzo de 1833, Don Carlos, su mujer Doña María Francisca y sus hijos, fueron enviados a Portugal. Les llevó el general Vicente Minio, con orden de no aceptar ninguna orden de ellos, ni permitir que nadie se acercase a rendirles homenaje. No nos parece hoy que fuera una decisión acertada de Cea en el intento de alejar a Carlos de Madrid.

En Portugal había un fenómeno contraliberal similar al español, llamado miguelismo: Pedro y Miguel eran hijos de Juan VI de Portugal y de Carlota Joaquina de España, y Miguel era absolutista y reclamaba el trono en nombre de los absolutistas portugueses. El miguelismo había surgido en 1826 en Portugal, y era un movimiento paralelo al carlismo español. Murió Juan VI de Portugal y el nuevo rey, don Pedro, emperador de Brasil, dio una Carta Constitucional. Se enfadaron los absolutistas y lanzaron la candidatura de don Miguel para el trono portugués. Tomaron como grito de Guerra el de “Dios, Patria, Rey”, que sería copiado luego por los carlistas españoles. Inmediatamente, don Carlos de España enlazó con el miguelismo casándose con María Francisca (hermana de Miguel y de la Princesa de Beira). Los miguelistas fueron derrotados y se refugiaron en España en zonas próximas a la frontera, recibiendo el apoyo de Fernando VII. En 1828, Miguel había conseguido el trono de Portugal y se había coronado rey absoluto hasta su muerte en 1834. Por tanto, expulsar a Don Carlos y a su esposa María Francisca a la corte de Miguel I de Portugal, no parece muy coherente. De hecho, en 1834, una vez muertas doña María Francisca, Don Carlos de España se casó con la Princesa de Beira, quien había sido el pilar del miguelismo y sería en adelante uno de los pilares del carlismo español hasta 1874.

La postura de Cea resulta ambigua o torpe, pues por un lado, reforzaba la posición de Don Carlos enviándolo a Lisboa, centro del ultrarrealismo por entonces, y por otro, depuraba el ejército de elementos carlistas y disolvía a los Voluntarios Realistas, mandando detener a sus principales dirigentes.

 

El 25 de marzo de 1833, hubo crisis de Gobierno:

En Gracia y Justicia, Francisco Fernández del Pino era sustituido por Juan Gualberto González-Bravo Delgado.

En Marina, Francisco Javier Ulloa era sustituido por José de la Cruz.

En Hacienda, Victoriano Encima y Piedra era sustituido por Antonio Martínez (un hombre de Ballesteros, cuya influencia permanecía pues en Hacienda).

Eran hombres de la confianza de Cea. Éste, quizás se sentía fuerte cuando se permitía escoger entre los partidarios de evitar a don Carlos. Era un Ministerio más homogéneo, más moderado, que quizás podía calmar a los realistas, evitar sus levantamientos y quizás inducirles a reconocer a Isabel II. Además, los liberales estaban dispuestos a hacer otra revolución como en 1820, y Cea no estaba dispuesto a un disparate así, que supondría una guerra civil.

 

El 4 de abril se convocaron Cortes para 30 de junio de 1833. El objetivo era jurar a la infanta Isabel como Princesa de Asturias. Se citó para el acto al cardenal arzobispo de Toledo (Pedro Inguanzo), al cardenal arzobispo de Sevilla, al arzobispo de Granada, al arzobispo de México, a algunos Grandes y Títulos como el marqués de Zambrano, conde de Salazar, marqués de Villaverde, marqués de la Reunión, y otros.

El 29 de abril de 1833, don Carlos recibió en Ramalhao (cerca de Lisboa) al embajador español en Portugal, Luis Fernández de Córdoba, quien le ordenó jurar a Isabel como princesa de Asturias. Don Carlos se negó.

En 30 de junio de 1833 las Cortes juraron a la infanta Isabel como heredera del trono español en la Iglesia de San Jerónimo de Madrid. Para esas fechas, el ejército era seguro y el Gobierno era cristino. Pedro Inguanzo, arzobispo de Toledo, disculpó su ausencia y no juró, pero lo hizo días más tarde. Don Sebastián Gabriel[20], hijo de la Princesa de Beira, que había regresado a Madrid sólo con esa intención, sí juró.

Don Carlos, el hermano de Fernando VII, que estaba en Portugal, se negó a jurar a su sobrina Isabel. Fue la primera vez que reclamó el trono. Entonces se le ordenó marchar a Italia, pero Carlos se negó.

La región española que no aceptó a Isabel fue Navarra, pero más bien por reivindicación de sus fueros navarros que por devoción carlista.

El 19 de julio, el Rey notó un dolor en la cadera izquierda, y desde entonces fue empeorando, quedándose inútil progresivamente. El 28 ya no pudo salir de la cama.

Fernando VII vivió hasta 29 de septiembre de 1833, poco después de la hora de comer.

El 4 de octubre, el administrador de correos de Talavera de la Reina, levantó la primera bandera carlista, acto que se considera el inicio de la guerra civil.

El 6 de octubre de 1833, Santos Ladrón de Cegama proclamó rey de España a Don Carlos de Borbón, en Tricio (La Rioja), lo que fue inicio de otras muchas proclamaciones entre grupos de Voluntarios Realistas y empezó una guerra, la Primera Guerra Carlista.

 

 

[1] José Cafranga Costilla, 1780-1854, estudió Leyes en Salamanca y fue profesor. En 1807 trabajaba en Gracia y Justicia y en 1808 se marchó de Madrid para volver en 1814. En octubre de 1832 fue Secretario de Gracia y Justicia.

[2] Francisco Fernández del Pino y Burgos-León, 1768-1843, conde de Pinofiel y vizconde de Solís, era hijo de Francisco Fernández de Burgos y de Josefa Fernández del Pino León. Era malagueño y estudió Leyes en Granada, donde fue catedrático. En diciembre de 1832 fue Secretario de Estado y Despacho Universal de Gracia y Justicia de España e Indias, en el gobierno que se formó en apoyo de María Cristina, que le concedió por ello sus títulos nobiliarios.

[3] Juan Gualberto González-Bravo y Delgado, 1777-1857, nació en Huelva, estudió Leyes, trabajó en Guatemala como oficial del Estado, y fue Secretario de Gracia y Justicia en marzo de 1833. Fuente: José Domínguez Valonero, Juan Gualberto González Bravo.

[4] Juan Antonio Monet del Barrio, 1782-1837, era gallego y había luchado en Bailén, donde fue herido. En 1816 marchó para América y también fue herido en Ayacucho 1824. Regresó a España en 1825. En 1827 estuvo a las órdenes de Carlos de España luchando contra los agraviats catalanes. En octubre de 1832 fue Secretario de Guerra. Renunció en diciembre de 1832 y fue capitán general de Castilla la Nueva, Primero, y de Baleares, más tarde.

[5] Francisco Javier Ulloa y Ramírez de Laredo, 1777-1855, era un marino que había luchado en Trafalgar. Fue Secretario de Guerra en diciembre de 1832 y ejercía como Secretario de Marina desde octubre de 1832. Volvió a ser Secretario de Marina, Comercio y gobernación de Ultramar en octubre de 1837 en el gobierno del moderado Bardají, que desplazaba del Gobierno a los progresistas.

[6] Ángel Laborde Navarro, 1772-1834, había estudiado en Francia hasta que en 1791 decidió ingresar en la marina española en Cádiz. En 1808 rindió la escuadra francesa del almirante Rosilla, atracada en la bahía de Cádiz e hizo prisioneros a miles de franceses. En 1814 fue profesor militar en Santiago de Compostela. En 1817 se incorporó al servicio activo y circunnavegó el planeta dos veces en sendos viajes a Filipinas. Estuvo en la lucha de España contra los independentistas del Caribe en 1820-1834, con la salvedad de que de octubre de 1832 a marzo de 1833, se incorporó al Gobierno como Secretario de Marina.

[7] Victoriano de Encima y Piedra, 1766-1840, trabajó en el comercio español entre Cádiz y América durante la Guerra de la Independencia. Fue Secretario del Despacho de Hacienda en octubre de 1832. También se encargó del Fomento General del Reino.

[8] Francisco Dionisio Vives Planes, 1755-1840, era en 1807 comandante de voluntarios de infantería ligera en Cataluña, y salió hacia Pomerania en 1807 para luchar en el ejército napoleónico, pero abandonó en 1808 en Dinamarca y regresó a España para luchar contra Napoleón. En 1823 fue Capitán General de Cuba, y en 1832 Capitán General de Valencia.

[9] Blas de Fournás, 1761-1845, era un francés que se había exiliado a España en 1794 y había luchado con los patriotas españoles durante la Guerra de la Independencia, cayendo prisionero en Gerona y siendo llevado a Francia, de donde se evadió en 1814 para luchar junto al ejército austriaco que invadía Francia. Regresó a España, y en 1816 fue enviado a América con Morillo. En 1820-1823 se opuso a los liberales. En 1824 ascendió a teniente general y fue capitán general de Granada, Guipúzcoa y Aragón, hasta ser relevado en 1832.

[10] José de Ezpeleta era hijo de José Manuel de Ezpeleta Galdeano Dicastillo y del Prado, 1739-1823, conde de Ezpeleta de Veire.

[11] Vicente González Moreno 1778-1839 es citado alguna vez como Vicente Gómez Moreno. Llegó a general en la Guerra de la Independencia. Tras ser depuesto de su cargo en Granada en 1832, se hizo abiertamente carlista, huyó a Portugal y se unió a don Carlos, se marchó con él a Inglaterra. Regresó en 1835 para ser comandante de las fuerzas carlistas a la muerte de Zumalacárregui. En 1839 se opuso a Maroto y a su proyecto de paz en Vergara, y huyó a Francia, donde fue asesinado por los carlistas en septiembre de 1839.

[12] Pedro Agustín Girón, 1778-1842, marqués de las Amarillas, luchó en el bando patriota en la Guerra de la Independencia, fue Secretario de Guerra en 1820. En 1833 sería miembro del Consejo de Regencia, momento en el que recibió el título de duque de Ahumada. En 1835 fue ministro de Guerra, fue acusado de nepotismo y se exilió a Burdeos.

[13] Rafael Maroto Yserns, 1783-1853, era un murciano muy polémico, dispuesto siempre a discutir con quien le llevara la contraria. Hizo carrera militar en la Guerra de la Independencia y Guerra de América entre 1814 y 1825 y había ascendido desde abajo. En 1814, el virrey Abascal dio un informe negativo sobre Maroto, opinando que sus discusiones y discrepancias habían permitido escapar al rebelde O`Higgins de un cerco. A pesar de todo, fue ascendido a brigadier. En 1815 fue destinado a Arica, en el Alto Perú, donde hubo una nueva polémica entre oficiales, Joaquín de la Pezuela le encausó y llevó preso a Lima, pero no hubo juicio, por razones políticas, y Maroto pudo volver a Chile. En 1816, en su destino de Chile, se casó con una heredera, cosa habitual entre los oficiales españoles. En 1817 se le ordenó atacar a José San Martín en Chacabuco y fue una completa derrota de Maroto, debiendo huir los españoles hacía Perú. Fue destinado a Cuzco y a Charcas. En octubre de 1820 proclamó la constitución de 1812. En 1821, fue protagonista de nuevas desavenencias, esta vez con su superior, el general Pedro Antonio Olañeta, pues Maroto quería decidir en las acciones militares. No hubo castigo. En 1824, Olañeta decidió restablecer el absolutismo, lo que le ponía en contra de quien había proclamado la constitución, y ello acabó en un enfrentamiento que propició el triunfo de los insurgentes peruanos. Maroto pasó a las órdenes de José de Canterac, con quien también discutió. Por entonces se perdió la batalla de Ayacucho. Maroto regresó a España en 1825 y fue destinado a Valladolid, Pamplona en 1828, Madrid en 1829, Toledo 1832. En Toledo se negó a sublevarse contra los cristinos y a huir a Vascongadas a liderar a los carlistas, pero, en 1833, Ignacio de Negri Mendizábal, conde de Negri, líder de los carlistas, le invitó a unirse a la causa carlista y aceptó. Maroto era muy formalista y dimitió y marchó a Madrid en los días en que Fernando VII estaba muriéndose, y allí fue detenido durante ocho meses para ser procesado. Huyó a Portugal donde se unió a Don Carlos y a Joaquín Abarca, el obispo de León, para ir a Inglaterra. Fue apresado al intentar entrar en Francia, en Calais, pero le liberaron por falta de delito, y marchó a Navarra. En 1835, en Navarra, se enfrentó a Zumalacárregui, hasta que éste fue herido y retirado del mando. Fue nombrado jefe militar Eraso, con gran disgusto de Maroto. Tras Eraso, fue jefe Vicente González Moreno, y hubo un nuevo desacuerdo con Maroto. Cuando González Moreno perdió el sitio de Bilbao, Maroto alcanzó por fin la jefatura militar carlista. Maroto sitió de nuevo Bilbao, venció a Espartero en Arrigorriaga y encerróa al ejército cristino en Bilbao, lo cual debería haber sido un éxito definitivo, pero discutió con casi todos los jefes carlistas y fue destituido y sustituido por Sarasa. Maroto fue enviado a Cataluña en 1836, donde fue derrotado. Maroto atribuyó la derrota a que no se le habían enviado los fusiles y uniformes que había pedido y abandonó Cataluña. Muchos carlistas catalanes creyeron que les había abandonado. En 1838 fue nombrado Comandante del Ejército del Norte en medio de muchas críticas, pues había sido derrotado en Cataluña. Puso su cuartel en Estella, y allí intentaron asesinarle algunos carlistas como Juan Antonio Guergué, Francisco García, Pablo Sanz Baeza, el intendente Uriz, el brigadier Carmona, y otros. Maroto les fusiló. Don Carlos acusó a Maroto de brutalidad, pero el grueso del ejército de Estella declaró fidelidad a Maroto y se produjo un conflicto interno importante, del que se salió declarando los líderes carlistas, Uzbiztondo, Silvestre, Izarbe y el conde Negri, que el procedimiento seguido por Maroto había sido el correcto En 1839, el general Alaix, representante de Espartero, se puso en contacto con Maroto para proponer conversaciones de paz y hubo uan primera entrevista entre Espartero y Maroto en la ermita de San Antolín de Abadiano (Durango) en la que Maroto exigió respeto a los fueros vascos y no hubo acuerdo. Espartero solicitó nuevas conversaciones y Maroto no quiso negociar personalmente sino que envió a La Torre y a Urbiztondo, que negociaron el acuerdo. El 31 de agosto de 1839, se reunieron Espartero y Maroto en Vergara y abandonaron la guerra. En septiembre de 1846, Maroto regresó a Chile a la hacienda de su difunta esposa, donde murió en 1853.

[14] Los Sousa, condes de Prado, son una familia de origen portugués.

[15] Manuel María Marcó del Pont, 1771-1837, era un militar gallego, hijo de Buenaventura Marcó de Pont y Bori, un comerciante catalán asentado en Vigo, hermano de Ramón Genaro, que siguió el negocio familiar en Vigo, hermano de Ventura Miguel, que puso negocio en Buenos Aires, hermano de Francisco Casimiro, que fue gobernador español en Chile, hermano de Juan José, consejero de Fernando VII, hermano de Pedro Ángel, general de Brigada, y de muchas otras hermanas más. Era por tanto una familia con cierta influencia política.

[16] Joaquín Abarca Blanque, 1778-1844, el obispo de León, nació en Huesca y era conocido por sus ideas antiliberales, por lo que en 1822 huyó a Francia. Regresó en 1824, y Fernando VII le hizo obispo de León, sobrenombre por el que fue conocido. En 1832 se declaró carlista. En 1833 acompañó a Don Carlos a Portugal y a Inglaterra encargándose de Gracia y Justicia en el gobierno carlista. En 1837 fue nombrado jefe de los carlistas. Era enemigo de Maroto, pero Abarca resultaba altamente ineficaz como militar y en ello llevaba desventaja respecto a éste. En 1839 se marchó a Francia, Murió en Turín.

[17] María Teresa de Bragança, 1793-1874, al poco de nacer, fue declarada heredera del trono de Portugal con el título de Princesa de Beira, hasta que perdió ese derecho a favor de su hermano en 1795. En 1807, su familia huyó a Brasil, instalándose en Río de Janeiro. En 1810 se casó con su primo Pedro Carlos de Borbón y en 1811 tuvieron un hijo que se llamó Sebastián Gabriel de Borbón. Su esposo, Pedro Carlos murió en 1812. En la sublevación absolutista de los ”miguelistas” portugueses en 1826, apoyó a su hermano Don Miguel. Fracasado el golpe en Portugal, paso a vivir en Madrid, donde en 1833 apoyaba a los ultrarrealistas y a su líder, Don Carlos de Borbón, que estaba casado con María Francisca, hermana de la Princesa de Beira. Sebastián Gabriel murió en 1833, y María Francisca en 1834, y los cuñados, Don Carlos y María Teresa de Bragança, decidieron casarse, siendo la Princesa de Beira uno los principales pilares del carlismo español hasta su muerte en 1874.

[18] Prudencio de Guadaljafara y Aguilera, 1761-1857, I duque de Castroterreño, había servido en Nueva España y fue nombrado duque en 1825. En 1830 fue Capitán General de Navarra.

[19] Utilizo el término “carlino” porque el carlismo, aparecido en 1833, fue otra cosa, muy específica.

[20] Sebastián Gabriel de Borbón y Braganza, 1811-1875, era hijo único de Pedro Carlos de Borbón, infante de Portugal, y de María Teresa de Braganza, princesa de Beira. Nació en Río de Janeiro. Se quedó huérfano de padre en su primer año de vida. Su madre y él regresaron a Madrid en 1821, una vez que la familia real portuguesa había regresado a Lisboa en 1814. En 1824, Fernando VII le declaró infante de España y se casó con una hermana de la reina María Cristina llamada María Amalia de Dos Sicilias. María Teresa se fue de Madrid en 1833 y Sebastián Gabriel se quedó y se declaró cristino, a pesar de la opinión de su madre y de su esposa, que eran carlistas. Acabó por pasarse al carlismo y llegó a participar en la guerra carlista, teniendo que emigrar a Nápoles en 1839 tras perder la guerra, momento en que fue desposeído de sus títulos. Abandonó el carlismo para poder regresar a España y lo hizo casándose con una hermana de Don Francisco de Asís y Borbón, el esposo de Isabel II, una chica que era fea y de bajo nivel de inteligencia. Con ese matrimonio recuperó sus títulos y rentas, lo cual le permitió vivir cómodamente en Madrid y distinguirse por hacer donaciones varias. En 1868 hubo de exiliarse, tras perder el trono Isabel II, y se fue a París. Murió en Pau.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor
Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.


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