LOS GOBIERNOS DE LOS COMUNEROS

28 febrero 1823 – 15 de mayo 1823

 

Los Comuneros eran lo más radical y populista de los llamados exaltados liberales, y se hicieron cargo del Gobierno en febrero de 1823. El rey permitió un Gobierno comunero a fin de justificar plenamente la decisión europea de fines de 1822 de invadir España y acabar con el Gobierno populista español. Tampoco tenía posibilidades de impedirlo.

El 19 de febrero había proyecto de Gobierno, y el 2 de marzo fueron designados titulares, cuyos ministros nunca llegaron a tomar posesión, ninguno de ellos, pues el Gobierno de Flórez Estrada nunca se constituyó, como tampoco el de José Manuel Vadillo en abril, ni el de Santiago Usoz en mayo:

 

Gobiernos de Álvaro Flórez Estrada (marzo), José Manuel Vadillo (abril) y Santiago Usoz Moxi (mayo).

Secretario de Despacho de Estado, Álvaro Flórez Estrada / 25 de abril 1823: José Manuel Vadillo[1] / 7 de mayo 1823: Santiago Usoz y Moxi.

Gracia y Justicia, José Zorraquin Merino / 18 marzo 1823: Sebastián Fernández Vallesa / 23 abril 1823: Manuel Cortés Aragón.

Guerra, José María Torrijos Uriarte / 19 abril 1823: Mariano Zorraquin Merino que murió sin llegar a tomar posesión / 29 abril 1823: Pedro Francisco Gossens Ponce de León / 30 abril 1823: Pedro de la Bárcena Baldivielso[2].

Marina, Ramón Lorenzo Romay Jiménez de Cisneros[3]

Hacienda, Lorenzo Calvo de las Rozas

Gobernación del Reino Península e Islas Adyacentes, Antonio Díaz del Moral / 18 marzo 1823: Manuel García Barros Figueroa[4] / 16 abril 1823: José Joaquín Mariátegui/ 24 abril 1823: José María de Calatrava[5] Martínez / 4 mayo 1823: Francisco Javier Pinilla / 5 mayo 1823: Felipe Benicio Navarro[6].

Gobernación de Ultramar, Antonio Díaz del Moral / 16 abril 1823: Manuel Muñoz / 7 de mayo 1823: Pedro Urquinaona Pardo[7].

 

 

Gobierno de Flórez Estrada.

 

El 1 de marzo de 1823, las Cortes abrieron sus sesiones en Madrid, y el objetivo era trasladarse, junto con el Gobierno, el Rey, y el oro, la plata y pedrería de las iglesias y conventos, hacia el sur.

Ante la amenaza europea, las Cortes decidieron, en 3 de marzo de 1823, trasladarse a Sevilla.

El rey declaró el 12 de marzo estar enfermo de gota y no poder marchar a Andalucía. No le sirvió de nada la excusa. El rey fue llevado a Sevilla el 20 de marzo. El 22 de marzo se suspendieron las sesiones de Cortes y empezó el traslado a Sevilla. El 7 de abril, los franceses estaban ya en España, y los comuneros no se podían demorar. Se llegó a Sevilla el 11 de abril y se instaló a Fernando VII en los Reales Alcázares. El 23 de abril se abrieron las Cortes en Sevilla.

Poco después se depuso a Flórez Estrada y a Calvo de Rozas y se propuso a Calatrava y a Zorraquín que formaran nuevo Gobierno. Lo intentó en 25 de abril José Manuel Vadillo, y en 7 de mayo Santiago Usoz y Moxi, fracasando ambos en el intento. Ningún Gobierno comunero pasó de la fase de propuesta.

 

 

 

Los Cien Mil Hijos de San Luis.

7 de abril de 1823 a septiembre de 1828.

 

El 3 de abril de 1823, el francés Angulema[8] hacía una proclama en la que prometía restablecer en España el orden y las leyes, rescatar al rey cautivo, librar del destierro a los sacerdotes, librar del despojo a los propietarios y liberar al pueblo español. Había reunido 110.000 infantes en total, 22.000 jinetes y 108 cañones y los había puesto al mando de los generales Oudinot, Molitor, Hohenlohe, Moncey y Bordesoulle. De ellos, sólo 95.000 entrarían en España. Había conseguido dinero del financiero Ouvrard, de modo que podía comprar forrajes y alimentos y no tener que saquear los pueblos para alimentar al ejército, como había sucedido en 1808. Aunque llegaron para una acción puntual y muy corta en el tiempo, permanecerían en España hasta septiembre de 1828 a petición de los absolutistas españoles. Era una campaña de prestigio de la monarquía francesa proabsolutista de Luis XVIII[9].

Oudinot, duque de Reggio, mandaba el Primer Cuerpo de Ejército auxiliado por el general Goundler en Estado mayor, y los generales D`Antichamp, Bourke y Obert al mando de las 3 divisiones de infantería y caballería, y del general Cartec de la división de dragones.

El conde Molitor mandaba el Segundo Cuerpo de Ejército auxiliado por el general Borelly en Estado Mayor, y los generales Loverdo y Pamphile Lacroix al mando de 2 divisiones de infantería y caballería, y el general Domon al mando de una división de dragones.

El príncipe Hohenlohe mandaba el Tercer Cuerpo de Ejército, auxiliado por el general Meynadier en Estado Mayor, los generales Couchy y Canuel al mando de 2 divisiones de infantería y caballería, y el general Conde de España al mando de una división de realistas españoles.

El general Bourdesoulle mandaba un Cuerpo de Reserva, auxiliado por el general Bourbon-Bousset en Estado Mayor, el general Bourmount al mando de la división de infantería de la Guardia Real, el general Foissac-Latour al mando de una división de caballería de la Guardia Real, el general Roussel d`Hurbaf al mando de una división de coraceros, y el general Lalaing d`Audenarde al mando de tres escuadrones de Guardias de Corps.

Estos cuatro cuerpos de ejército entraron por Bayona hacia el País Vasco.

Un quinto Cuerpo de Ejército eran mandado por el general Monçey, auxiliado por el general Desprez en Estado Mayor, los generales Curial, Barón de Damas y Donnadieu al mando de tres divisiones de infantería y caballería. Este ejército penetraría en España por Cataluña.

Cada Cuerpo de Ejército llevaba una o dos docenas de cañones para situaciones de sitio o resistencia fuerte. Por tanto, el ejército francés de 1823 era un ejército perfectamente preparado para una invasión. Además, si Angulema contaba con poca experiencia de mando, tenía a su servicio al general conde de Guilleminot, que realizaría la labor de campo necesaria.

El ejército de Angulema contaba en España con la colaboración del ejército realista llamado Ejército de la Fe, unos 35.000 hombres, que decían tener 54 batallones de infantería, 11 regimientos de caballería y 22 escuadrones de caballería[10], pero los realistas no tenían tanta gente como aparentaban, sino pequeños grupos de unos 400 hombres a los que denominaban batallones o regimientos indistintamente. Los jefes del Ejército de la Fe eran Carlos Luis O`Donnell Joris y Vicente Genaro de Quesada marqués de Moncayo. Los absolutistas hicieron entonces una Junta Provisional de Gobierno de España e Indias que gobernaría hasta 25 de mayo cuando dio paso a una regencia.

El 7 de abril de 1823 los franceses del duque de Angulema entraron en España cruzando el Bidasoa. No encontraron resistencia. Bourke fue enviado a San Sebastián a bloquear la ciudad.

El 9 de abril, los franceses estaban en Burgos, y el 23 de abril en Madrid. El trabajo del Gobierno español, todavía inmerso en el romanticismo más exacerbado, consistió en enviar hombres que provocaran la deserción masiva de los soldados franceses y, tras ello, lograr una cooperación británica. Como era de esperar, nada de ello se produjo.

Los militares se mostraron más racionales, más acordes a la realidad: Ballesteros y Morillo se rindieron sin haber empezado a luchar, y La Bisbal se pasó a los realistas, quedando solamente Mina luchando algún tiempo en Cataluña por los liberales.

El 9 de abril, los invasores nombraron “Presidente de la Junta Provisional del Gobierno de España e Indias” a Francisco Ramón de Eguía Letona. Eran vocales de la Junta: Joaquín Ibáñez Cuevas barón de Eroles, Antonio Gómez Calderón y Juan Bautista de Erro Azpiroz. Eran los que como Junta de Bayona, habían preparado la invasión.      El 11 de abril, la Junta Provisional del Gobierno de España e Indias se instaló en Tolosa.

 

En la primera fase de la invasión francesa, Angulema decidió tomar el norte de España y llegar a Madrid:

Oudinot duque de Reggio fue sobre Burgos y Valladolid,

Bourke sobre Galicia,

Obert sobre Guadalajara y Madrid,

Molitor sobre Pamplona (12 de abril), y Zaragoza (26 de abril) y Lérida (29 de octubre) y Alicante (12 de noviembre),

Hohenlohe sitió Pamplona y San Sebastián,

y Moncey entró por Cataluña.

 

 

El ejército español de los exaltados era muy inferior al francés: era General en Jefe el general Ballesteros, que disponía de tres cuerpos de ejército:

el Ejército de Cataluña era mandado por Espoz y Mina auxiliado por los generales Milans, Llobera y Gurrea;

el Ejército del Centro era mandado por La Bisbal, auxiliado por los generales Castel do Rius, Zayas y Villacampa;

el Ejército de Galicia y Asturias era mandado por el general Morillo, ayudado por los generales Quiroga, Palarea y Roselló.

Además, Ballesteros contaba con 52.000 hombres defendiendo las plazas fuertes, que resultaban más útiles que los soldados de campo, pues estos últimos estaban en clara desventaja frente a los franceses, al no tener el apoyo popular.

El ejército español se sabía muy inferior al francés y sus órdenes eran hostigar al enemigo y retirarse inmediatamente, atacar convoyes de abastecimiento, cortar comunicaciones… lo mismo que había hecho la guerrilla en 1808-1813. Pero esta vez, el ejército no tenía la colaboración de la población civil y era mucho más difícil la labor.

El 17 de abril, los realistas crearon “Comisiones de Purificación”, integradas por el párroco de cada localidad y los concejales depuestos en 1820 que no hubieran intervenido en nada desde entonces.

El 17 de abril, cuando los franceses estaban en Vitoria, el ejército de los exaltados españoles trató de organizarse: Ballesteros se retiró al Ebro ocupando él la zona de Zaragoza y dejando a La Bisbal y Morillo la defensa de Aranda de Duero y el acceso a Valladolid. La Bisbal comprendió inmediatamente las nulas posibilidades que jugaban los españoles en esa guerra y se pasó a los franceses, pensando incluso entregar Madrid. Castel do Rius se fue a Extremadura. Zayas permaneció en Madrid con 1.500 hombres, con idea de entregar la ciudad sin lucha, tal y como le había dicho La Bisbal que hiciera.

El 26 de mayo murió Zorraquín y fue sustituido por Evaristo San Miguel.

Enrique José O`Donnell Anetham, conde de La Bisbal, se entregó sin combatir, Pablo Morillo y Morillo, conde de Cartagena, se fue hacia Asturias, y después a Galicia, donde abandonó y se pasó a los fernandinos, Antonio Quiroga aguantó en Galicia hasta agosto, pero la resistencia que presentó fue muy pequeña.

 

 

Las Cortes en Sevilla.

 

El 10 de abril de 1823, la familia real española llegaba a Sevilla, llevada por los liberales exaltados. El 11 de abril llegó a Sevilla la Comisión Permanente de las Cortes.

El 23 de abril las Cortes se reunieron en Sevilla. Canga Argüelles propuso la movilización general contra los franceses. El Gobierno era un problema: el Gabinete de Madrid había dimitido pero los Secretarios de Despacho permanecían en sus puestos hasta emitir su memoria preceptiva ante las Cortes. El nuevo Gobierno estaba nombrado, pero no tenía concedido el poder por las Cortes y no podía ejercer. Las Cortes aprobaron muchas medidas, poco efectivas en la práctica, pues eran leyes de los que iban a ser vencidos: la Ley de señoríos, que había sido rechazada dos veces por el rey, y se proponía por tercera vez, la cual no podía ser rechazada ya por el monarca; una declaración de guerra a Francia; la creación de la Legión Extranjera; y todavía trabajaron en un arreglo económico con ultramar, la organización de ayuntamientos y diputaciones y la organización de la guerra. Declararon traidores a los que ayudasen a los franceses, suspendieron los derechos y garantías a los que sirviesen al invasor, autorizaron a formar partidas, requisaron objetos de oro y plata, concedieron un subsidio de 160 millones de reales para la guerra.

 

El avance francés fue fácil: los campesinos simpatizaban con los franceses porque los Cien Mil Hijos de San Luis venían a España con dinero, y comprando víveres a los campesinos, no robándoles o requisándoles cosas como en 1808. Era buen negocio para los campesinos. Por su parte, las Cortes habían sido incapaces de levantar un ejército serio capaz de afrontar el problema.

Molitor fue sobre Ballesteros y atacó Zaragoza en 26 de abril, Teruel en 8 de junio y Valencia en 13 de junio. Alcanzó a Ballesteros en Alcira, pero éste huyó a Murcia. El 12 de julio Molitor estaba en Lorca, y Ballesteros se retiraba hacia Granada. El 28 de julio Ballesteros fue derrotado y el 4 de agosto capituló, quedando la costa mediterránea en poder de los franceses. Molitor se dirigió a Cádiz. Pero Cartagena y Málaga no aceptaron esta suspensión de hostilidades acordada por Ballesteros, y Cádiz tampoco, enviando a Riego a Málaga a apresar a Ballesteros, quien efectivamente fue apresado y, al final, tras muchas peripecias, fue liberado por algunos de los suyos. Algunos liberales no contemplaban la posibilidad de rendición: Villacampa propuso hablar con los franceses y también fue depuesto inmediatamente.

Igualmente, Moncey fue sobre Cataluña el 18 de abril y bloqueó Barcelona.    La batalla más importante de la invasión francesa se produjo en Cataluña entre los 19.000 hombres de Moncey y los 21.000 de Espoz y Mina. Pero Mina había cometido el “error” de fortificarse en las ciudades, perdiendo así toda capacidad de iniciativa y movilidad. Las ciudades fueron sitiadas por los franceses, que esperaron su rendición. Mina acabó encerrado en Barcelona. En agosto, Ballesteros capituló, Manso se pasó a los franceses, y en septiembre cayó Figueras. La situación de Mina en Barcelona fue difícil, y exigió dinero a los ricos, y les encerró en Montjuich por negarse a entregar su dinero. San Miguel fue apresado por los franceses porque no hallaba colaboración entre la gente de los pueblos.

El 20 de mayo el francés Bessieres atacó Madrid por su cuenta, y el español Zayas la defendió. Era una matanza inútil, pues todo estaba pactado para que la ciudad fuera entregada, pero quizás Bessieres no lo sabía, o quería apuntarse un triunfo personal.

El 23 de mayo, Foissac-Latour entró en Madrid según lo pactado, y Zayas no le opuso resistencia alguna. El 24 de mayo llegó Angulema a Madrid, y también entró Oudinot procedente de Valladolid. La primera fase de la invasión se había culminado.

Angulema dictó la “Proclama de Alcobendas” manifestando que él mandaba el ejército, pero no se inmiscuía en el gobierno de las provincias, lo cual era cosa de los españoles adictos a Fernando VII. Convocó al Consejo de Castilla y al de Indias para que nombraran Regencia en Madrid, y estos organismos propusieron la Regencia de Infantado, que veremos más tarde.

El 14 de mayo de 1823, se incrementaban las fuerzas realistas españolas mediante la creación de los Voluntarios Realistas. La Junta Provisional del Reino, o Junta de Oyarzun, creó este nuevo organismo militar antiliberal, y en junio de 1823 se le conferiría un Reglamento de 9 puntos, cuya esencia decía que debían ser vecinos y naturales de los pueblos, tener entre 20 y 50 años, haber mostrado buena conducta, ser honrados y realistas, y su misión sería mantener el orden en su población respectiva, tanto entre los vecinos, como en la custodia de edificios públicos, así como servir de ayuda social en incendios y catástrofes.

 

Para rematar el primer objetivo, que era Madrid, en mayo y junio, Bourke fue sobre Morillo, y le persiguió por Bilbao, Santander, Burgos, León, Asturias y Galicia, hasta que Morillo se rindió el 26 de junio. Morillo proclamó el 26 de junio en Galicia una Junta Soberana, y Galicia se dividió en dos, los que obedecían a la Junta y los que obedecían al Gobierno de Cádiz. Morillo se rindió en Galicia el 10 de julio. La única resistencia la presentaba Quiroga en Galicia. El 10 de julio, Bourke firmó en Lugo un acuerdo con Morillo, y fue a atacar a Quiroga en La Coruña por el camino del interior. Morillo, ahora colaborando con los franceses, fue sobre Orense y Vigo con 3.000 hombres. D`Albignag y Huber fueron sobre La Coruña por el camino de la costa cantábrica. El 15 de julio, Bourke atacó La Coruña (que por cierto, contaba entre sus defensores con unos 200 liberales franceses llegados para colaborar junto a los españoles) y, el 13 de agosto, los franceses tomaron la última plaza del norte.

 

El siguiente objetivo, o segunda fase de la invasión francesa del duque de Angulema, una vez tomado Madrid, era rescatar a Fernando VII. Para ello desplazó a Bordesoulle con 7.000 hombres hacia Despeñaperros y Sevilla por el camino de La Mancha, y a Bourmont con 8.000 hombres hacia Mérida y Sevilla por el camino de Extremadura. Llegaron éstos a Sevilla en la última semana de julio. El rey estaba ya en Cádiz.

Los románticos comuneros mitificaron Despeñaperros hablando de un nuevo Bailén, pero cuando llegaron los franceses desde el norte, los soldados españoles desertaron en masa y fue un fracaso completo.

 

Los realistas funcionaban de modo autónomo: El 7 de junio de 1823 se decidió reconstituir el ejército español. La Regencia de Madrid dictó medidas para que las partidas realistas se incorporasen a los ejércitos que se deberían organizar en cada Capitanía General. El 5 de julio se publicó el Reglamento para la Organización del Ejército Real, constituyendo batallones de infantería y escuadrones de caballería. Llamaba la atención que no se constituyesen unidades de artillería, ingenieros y otros, pero evidentemente se trataba de ahorrar dinero. Y al tiempo, se estaba gastando dinero en la incorporación de las partidas de guerrilleros absolutistas a la nómina del ejército.

Y entonces llegó lo más duro, el afrontar que no había dinero: el 15 de julio se acordó reducir los haberes de los oficiales del ejército eliminando todas las subidas de sueldo otorgadas durante el Trienio. Muchos oficiales quedaron en la miseria.

El 31 de agosto de 1823 se restableció el Consejo Supremo de Guerra.

El 25 de septiembre se ordenó hacer un censo de oficiales, incluyendo en las anotaciones noticia del origen de cada uno de ellos en el momento de acceder al ejército.

El 27 de septiembre se suprimieron las Academias, colegios y escuelas militares, por considerarlas demasiado politizadas. Si bien es cierto que las ideas revolucionarias habían crecido en estas instituciones, es más cierto que se estaba tratando de ahorrar.

 

 

Gobiernos liberales de resistencia en 1823.

15 de mayo de 1823 – 4 septiembre 1823.

 

Secretario de Estado, José María Pando[11]/ 29 de agosto: Juan Antonio Yandiola Garay[12]

Gracia y Justicia, José María Calatrava.

Guerra, Pedro de la Bárcena Baldivielso como titular, pero en realidad Estanislao Sánchez Salvador (se suicidó el 18 de junio) / 19 junio 1823: Francisco de Paula Ossorio y Vargas / 21 junio 1823: Manuel de la Puente[13] / 2 septiembre 1823: Salvador Manzanares Fernández[14].

Secretario de Marina, Dionisio Capaz Rendón / 15 mayo 1823: Antonio Campuzano / 18 mayo 1823: Francisco de Paula Ossorio Vargas.

Hacienda, Juan Antonio Yandiola Garay. Yandiola, un humilde empleado de Hacienda, fue elevado a la categoría de ministro en mayo de 1823, cuando los franceses habían invadido España, dando más importancia a sus ideas “exaltadas” que a su competencia para el cargo.

Gobernación del Reino Península e Islas Adyacentes, José María Calatrava / 18 mayo 1823: Manuel García-Herreros / 2 de junio 1823: Salvador Manzanares Fernández[15].

Gobernación de Ultramar, Pedro Urquinaga Pardo / 18 mayo 1823 Francisco de Paula Ossorio Vargas.

 

El Gobierno liberal de José María Pando decidió ir desde Sevilla a Cádiz, y Fernando VII se negó. El hombre fuerte del Gobierno en este momento era Alcalá Galiano.

El 11 de junio de 1823, Alcalá Galiano declaró a Fernando VII en estado de delirio, es decir, incapacitado, por lo cual podía ser destituido y suplido por una regencia. Esto legalizaba llevarse al rey contra su voluntad. Una vez depuesto el rey, hubo que nombrar una Regencia en Sevilla, y fueron designados Cayetano Valdés, Gabriel Císcar y Gaspar Vigodet. La Regencia comunicó al Rey que había sido depuesto y que sería conducido a Cádiz bajo custodia militar. El coronel Vicente Minio impidió el regicidio por muy poco.

El 12 de junio, los españoles trasladaron su Gobierno y Cortes, llevándose a Fernando VII, desde Sevilla a Cádiz, el último mito de resistencia frente a los franceses que les quedaba. La resistencia en Cádiz no iba a ser mayor que en Sevilla, ni iban a poder salir para América, más bien rememoraban el mito de 1808.

Los sevillanos se sublevaron contra los liberales que salían hacía Cádiz y asaltaron los equipajes de los diputados, sus casas, el salón de sesiones de las Cortes, el local de la Sociedad Patriótica, los cafés de reunión de los liberales… ya no tenía mucho sentido defender a los liberales, puesto que se iban.

El General Morillo, jefe militar en Galicia, se negó a aceptar la deposición del rey, e igualmente, a aceptar la Regencia de Sevilla. Como tampoco aceptaba la Regencia absolutista de Madrid, proclamó Junta Independiente.

Al llegar a Cádiz, las Cortes votaron que el Rey estaba cuerdo, y volvía a ser Rey. Lo hacían para tener un rehén con el que negociar. Y ello mostraba que todo era una farsa.

Estanislao Sánchez Salvador, organizador del ejército exaltado, gestor de la Secretaría de Guerra, se suicidó el 18 de junio de 1823.

El 22 de junio, los franceses Bourdesoulle y Bourmont estaban en Sevilla, cada uno por un camino distinto, pero bien coordinados. No encontraron a su objetivo, Fernando VII, que se había marchado diez días antes, y se dirigieron a Cádiz.

El sitio de Cádiz empezó el 24 de junio. Ese día llegaron los franceses a Puerto de Santa María, pero sólo unos 6.000. No podían abordar el objetivo de tomar Cádiz, pues eran pocos, pero tomaron Rota, Puerto Real y Chiclana preparando la llegada de más contingentes franceses.

El 28 de julio, Ballesteros fue batido en las tierras de Jaén y Granada. El general en jefe español venía desde Valencia dirigiéndose hacia Cádiz, cuando fue derrotado.

Riego trataba de levantar un ejército en Málaga para apoyar a Cádiz y a las Cortes allí refugiadas. Trató de recuperar los restos del ejército de Ballesteros derrotados en Granada y de reunir las fuerzas de Palarea (Extremadura) y El Empecinado (también en Extremadura). Calculaba poder reunir 20.000 hombres. El 17 de agosto, Riego encontró a Zayas en Málaga, lo que le proporcionó 3.000 hombres. Envió a Zayas a Cádiz, y él se quedó en Málaga.

El 8 de agosto, Angulema dio el Decreto de Andújar, por el que prohibía a los españoles (a sus aliados absolutistas) hacer arrestos sin permiso de la autoridad militar francesa correspondiente, y mandaba liberar a los que habían sido detenidos arbitrariamente, censurar la prensa y evitar campañas de ultrarrealistas. Angulema estaba intentando proteger a los liberales de la barbarie realista española. Pero los realistas protestaron sacando la gente a la calle y Angulema hubo de retirar el decreto a finales de agosto. Posteriormente, Angulema permitiría huir a muchos de los apresados por los realistas.

El 16 de agosto, Angulema llegó a Puerto de Santa María y excavó trincheras para preparar el asalto a Cádiz. Bloqueó la ciudad por mar y tierra. En la noche del 19 al 20 de agosto se produjo el primer asalto a Trocadero (Cádiz). El asalto definitivo se produjo en 30 y 31 de agosto, fecha en que los franceses tomaron Trocadero.

El general Álava trató con Angulema la capitulación, pero Angulema quería la entrega previa de Fernando VII. El Gobierno negoció una amnistía con Fernando VII, que más tarde no sería tenida en cuenta. No importaba, pues Angulema no quería sangre y estaba pactando con todos los insurgentes el perdón tras la rendición.

El 3 de septiembre, los franceses decidieron acabar con la resistencia de Málaga, y Bonnemains y Loverdo fueron contra Riego, que huyó a Las Alpujarras, Granada y Priego (Córdoba) intentando otra huída como la de 1820. Ballesteros intentó salvarle y le declaró prisionero suyo, pero Riego no quiso aprovechar la oportunidad para entregarse, y huyó hacia Sierra Morena, donde le alcanzó Bonnemains. Riego todavía huyó a Jaén y desde allí a Mancha Real y presentó batalla en Jódar, donde fue vencido el 13-14 de septiembre. Huyó por fin a Los Arquillos, ya a la desesperada, y allí fue delatado por unos paisanos que se lo entregaron a los franceses, y éstos a los españoles. Con ello caía el símbolo del Trienio Constitucional.

 

 

Último Gobierno liberal en 1823. José Luyando.

4 de septiembre 1823 – 30 de octubre 1823.

 

Todavía el 4 de septiembre de 1823 los liberales organizaron un nuevo Gobierno, que duraría dos meses, hasta 30 octubre 1823 en que fueron completamente derrotados:

Estado, José Luyando

Gracia y Justicia, José María Calatrava

Guerra, Manuel de la Puente como titular, pero en realidad Francisco Fernández Golfín.

Marina, Francisco de Paula Ossorio Vargas

Hacienda, Juan Antonio Yandiola Garay

Gobernación del Reino para Península e Islas Adyacentes, Salvador Manzanares Fernández.

Gobernación de Ultramar, Francisco de Paula Ossorio Vargas.

 

El 12 de septiembre, Angulema se instaló en Chiclana para dirigir desde allí las relaciones con los liberales, y la rendición de Cádiz, contando con una flota francesa de apoyo.

El 13 de septiembre era derrotado Riego en Jaén, cayendo prisionero. Fue llevado a Madrid, a donde llegó el 2 de octubre, entre insultos del pueblo y algunas amenazas de lincharle, de lo que fue salvado por los que le custodiaban. Sería juzgado de lesa majestad por haber votado la destitución del Rey, condenado a la horca y ahorcado el 7 de noviembre.

El 30 de septiembre se rindió la ciudad de Cádiz. El Gobierno liberal de Cádiz, tuvo que negociar para salvar su vida: se les concedía amnistía, a cambio de la vida de Fernando VII. El 30 de septiembre de 1823, una Diputación de las Cortes liberales comunicó a Fernando VII que se hallaba en libertad. Fernando VII decidió salir de Cádiz el 1 de octubre a las 10 de la mañana. El rey se embarcó en una falúa capitaneada por el capitán general almirante Cayetano Valdés[16], y fue llevado a Puerto de Santa María, donde le recibió Angulema, el Estado Mayor, representantes de la Regencia y representantes del Gobierno de Madrid.

El 1 de octubre, Fernando VII prometió un perdón general. Los liberales, que ya conocían el valor de las palabras de Fernando VII, se apresuraron a salir de España por la frontera que les caía más próxima, muchos de ellos salieron a Gibraltar. Fernando VII y su familia desembarcaron en Puerto de Santa María el 1 de octubre de 1823 y fue recibido por las tropas del duque de Angulema.

El 1 de octubre de 1823, Fernando VII, una vez desembarcado en Puerto de Santa María, declaró nulos y sin ningún valor todos los decretos de 1820-23, por carecer el rey de libertad en esos años.

El rey habló con Angulema ese mismo día, y éste le comunicó el deseo de las potencias internacionales de que se instalase un Gobierno apaciguador y moderado. Fernando VII no quiso comprometerse a nada, y Angulema se disgustó. El rey habló entonces con Infantado, y después con Víctor Damián Sáez, quien le presentó un Manifiesto, que el rey aprobó, y que anulaba todos los actos y disposiciones de los Gobiernos a partir de 7 de marzo de 1820 hasta la fecha, y aprobaba todo lo dispuesto por la Junta Provisional y la Regencia de Madrid desde el 9 de abril pasado.

La situación tras la liberación de Fernando VII resultaba problemática en los siguientes puntos:

Angulema y el embajador francés exigían que no hubiera represalias y que se convocasen Cortes, aunque fueran estamentales;

Los absolutistas o realistas querían la restauración pronta del absolutismo y, concretamente, Eguía pidió la restauración de la Inquisición y la legalización de los Voluntarios Realistas;

Por su parte, el conde de España pedía que se implantara el sistema francés de Cámaras, y una Carta Otorgada;

Los realistas moderados como el marqués de las Amarillas pedían una Carta Otorgada semejante a la francesa o, por el contrario, fortalecer primero a Fernando VII como rey, y emprender las reformas un poco más tarde (le secundaban en esta opinión Ofalia y Luis Fernández de Córdoba);

Un grupo de reformistas exigía restablecer las Leyes Fundamentales antiguas, pero este grupo era el de menos peso.

Es decir, en conjunto, la mayoría de los realistas españoles estaban de acuerdo con una evolución del sistema monárquico, con una Carta Otorgada. Pero se impuso la minoría violenta de los Voluntarios Realistas apoyada por los integristas católicos.

Fernando VII no decidió de momento nada, y el 22 de octubre de 1823 dio un Decreto en Sevilla anunciando que decidiría cuando llegase a Madrid. Este decreto no gustó nada a los ultrarrealistas, pues al no manifestar nada en concreto, pensaron que habría componendas con otros grupos políticos.

El primer problema de Fernando VII era no poder confiar en el ejército, que era quien se había rebelado en 1820 y entonces decidió gobernar con las tropas francesas presentes en España, aunque pagándolas él a partir de ese momento.

Por último, en 1 de octubre de 1823, Fernando VII autorizó al Secretario de Estado, Víctor Damián Sáez a comunicar a la Regencia que el Rey tomaba las riendas del Gobierno, lo cual significaba la disolución de la Regencia.

 

La última resistencia liberal española duró apenas un mes más:

Espoz y Mina se resistió a los franceses, incluso más allá de la rendición de Cádiz. El 1 de octubre, Moncey comunicó a Mina que Cádiz se iba a rendir, y era absurda la resistencia.

El 18 de octubre cayó Lérida.

El 21 de octubre cayó Seo de Urgel.

El 2 de noviembre se rindió Espoz y Mina ante Moncey en Barcelona. Inmediatamente se rindieron Tarragona y Hostalrich.

El 3 de noviembre se rindió Torrijos en Cartagena, la última ciudad en ceder ante los franceses.

El 12 de noviembre se rindió Chapalangarra en Alicante.

 

Los franceses, tras su victoria, no se marcharían de España, sino permanecieron hasta septiembre 1828, cinco años más, porque los españoles se lo pidieron.

Socialmente, la característica principal del verano de 1823 en España, desde julio a septiembre, fue el desorden, falta de autoridad y violencia gratuita. Las partidas realistas cometieron todo tipo de desmanes contra los liberales que pillaron. Igualmente, grupos de liberales tomaban represalias semejantes contra los realistas, en las zonas que dominaban militarmente. Seguir las historias contadas por los liberales respecto a los realistas, no exime de tener en cuenta las historias, que se conocerían más tarde, sobre la violencia liberal en este verano. El verano de 1823 fue una página negra en la historia de España, escrita por ambos bandos.

 

 

El problema militar en verano de 1823.

 

Tras el fin del periodo liberal y la llegada del ejército de liberación francés, se tomó la decisión de formar un nuevo ejército español, y entonces se creó un problema serio en España, sobre todo porque no había dinero para ninguna solución de este problema que se intentase. Además, el problema militar era muy grave en todos los sentidos que un militar pueda entender:

En 1814-1820 se había suprimido el Estado Mayor y este era un organismo imprescindible en esos tiempos. En 1823, había un problema de preparación militar y de dinero.

En ese mismo periodo absolutista, se había incrementado la Guardia Real, lo que originaba muchos gastos, pero no era tan numerosa como para que se pudiera hacer cargo de una operación militar seria. Se había quedado a mitad de camino, más bien para premiar a los absolutistas que para solucionar problemas nacionales. Hacer cualquier reforma era complicado, sin tener en cuenta a la Guardia Real.

En 1820-1823 se habían creado Milicias Nacionales de signo liberal, cuyos integrantes necesitaban una salida, bien reconociéndoles como militares, o bien indemnizándoles.

El ejército del Trienio había sido utilizado como policía rural, lo cual no era adecuado a sus funciones y hacía perder calidad militar.

Los oficiales de las Milicias eran soldados retirados, que se habían acomodado en un buen retiro. Pero la supresión de las Milicias les dejaba en el aire, sin solución de futuro.

Por otra parte, se tenía que decidir algo sobre los miles de prisioneros tomados desde abril. El 26 de junio de 1823, Angulema y la Regencia ordenaron que los soldados prisioneros fueran conducidos a Francia bajo escolta francesa (Angulema no se fiaba de los realistas españoles, demasiado inclinados a asesinar liberales). En el caso de que algunos prisioneros reconocieran a Fernando VII como rey, éstos, si eran prisioneros de los franceses, serían conducidos a cinco depósitos custodiados por franceses, donde permanecerían hasta ser integrados en el ejército real, y si eran prisioneros de los españoles, a un depósito sito en Almagro.

Unos 12.500 soldados españoles, que habían colaborado con los liberales exaltados, pasaron a Francia y fueron regresando luego paulatinamente, aunque lo normal fue que los oficiales y jefes no se atrevieran a regresar (porque eran depurados) y permanecieran como refugiados en Francia, o pasaran al exilio en diversos países.

 

[1] José Manuel Vadillo fue Secretario de Ultramar en agosto de 1822, y propuesto de Estado en abril 1823.

[2] Pedro de la Bárcena Valdivielso (o Baldivielso), 1768- , fue asturiano, Secretario de Guerra en abril de 1823 y en mayo de 1823, y padre de Pedro Alejandro de Bárcena y Ponte.

[3] Ramón Lorenzo Romay Jiménez de Cisneros, 1764-1849, era marino gallego. En 1815 había apoyado el pronunciamiento de Juan Díaz Porlier en La Coruña y tuvo que exiliarse a Inglaterra. Regresó en 1820 y fue propuesto Secretario de Marina, se exilió en 1823, regresó en 1832 e hizo la guerra carlista en el bando isabelino.

[4] Manuel García Barros Figueroa provenía de la Universidad de Santiago de Compostela y era “comunero” y anticlerical. En 1820 fue alcalde de Santiago y rector de la Universidad. En 1823 era Jefe Político de La Coruña, cuando fue propuesto para Secretario de Gobernación. Fue encarcelado durante nueve años, hasta 1832.

[5] José María Calatrava Martínez, 1781-1846, era un extremeño que estuvo en la Junta Suprema de Extremadura en 1808, fue diputado en 1810, estuvo preso en Melilla a partir de 1814 y hasta ser amnistiado en 1820, y fue magistrado del Tribunal Supremo. En mayo de 1823 fue Secretario de Gracia y Justicia y Secretario de Gobernación del Reino,. En septiembre de 1823 fue Secretario de Gracia y Justicia en el último Gobierno liberal del Trienio, y tras la derrota liberal se exilió a Portugal, Inglaterra y Francia, junto con su hermano Ramón María Calatrava. En 1830 formó parte del directorio de Bayona que pretendía derribar a Fernando VII. En 1836 fue Presidente y Ministro de Estado de un gobierno Provisional en 13 de agosto, y lo mismo en el Gobierno definitivo de 18 de agosto. Cayó tras la sublevación de la brigada Van Halen en Aravaca en agosto de 1837.

[6] Felipe Benicio Navarro fue Secretario de Gracia y Justicia en agosto de 1822 y de Gobernación en marzo de 1823, simultaneando con el cargo anterior.

[7] Pedro Urquinaona Pardo, de origen sudamericano, probablemente de Caracas, había sido distinguido funcionario en Secretaría de Estado, y fue Secretario de Ultramar en mayo de 1823.

[8] Luis Antonio de Francia, 1775-1844, duque de Angulema, era hijo de Carlos X de Francia y de María Teresa de Saboya. Había abandonado Francia en 1789 y evitado así los peligros de la revolución. Se casó con su prima María Teresa de Francia, de la que no tuvo hijos. Adoptaron como hijo a su sobrino Enrique de Artois, duque de Burdeos, que resultaría designado heredero por Carlos X. Regresó a Francia en 1815, al amparo de su tío, Luis XVIII. Dirigió la expedición a España de abril de 1823, una cuestión de prestigio para los reyes y el Gobierno ultrarrealista francés. En 16 de septiembre de 1824, Carlos X se convirtió en rey de Francia y Luis Antonio, duque de Angulema, en el Delfín de Francia, pero cuando en 30 de julio de 1830 su padre Carlos X fue depuesto, ambos, Carlos X y Luis Antonio abdicaron en 2 de agosto de 1830 en Enrique de Artois duque de Burdeos, nieto del primero e hijo adoptivo del segundo. En la práctica, no heredó ninguno de ellos, sino Luis Felipe de Orleans, por las acciones revolucionarias de 1830. En 1836, los legitimistas franceses negaron la validez de las abdicaciones de agosto de 1830 y consideraron a Luis Antonio de Borbón, duque de Angulema, como su candidato al trono y legítimo rey, con el título de Luis XIX. En 1844 fue enterrado en Eslovenia.

[9] Luis XVIII no quería aceptar de ningún modo en 1814 ser rey por voluntad popular, que era la realidad que se había impuesto en Francia, y no aceptó la Constitución que le proponía el Senado sino que aceptó la corona “conmovido por el amor de nuestro pueblo al trono”. Rechazó la constitución antedicha alegando que se había redactado demasiado aprisa, y prometió otra, que quizás no estaba dispuesto a hacer, pero que los aliados le exigieron, resultando lo que se denomina Carta Constitucional, fuertemente censitaria y otorgada por el rey. Francia estaba por tanto muy desprestigiada, y sufría además fuerte crisis financiera en la Hacienda Pública, y fuerte crisis económica. Se había iniciado un “terror blanco” o persecución de partidarios de Napoleón. Tras la caída del Imperio de los Cien Días, la represión ultrarrealista se acentuó y salió elegida una cámara llamada “Chambre Introuvable” y un Gobierno integrado por inexpertos en todas las materias de Gobierno, que sólo valían para la represión. Eran tan reaccionarios, que Luis XVIII decidió disolver la Cámara y hacer nuevas elecciones, en las que resultaron tres grupos: los ultrarrealistas de De Bonald, Chateaubriand y Lamennais, los ministeriales de Roger Collard, Guizot y de Boggie, que eran reformistas moderados, y los “independientes” de Benjamín Constant, Lafayette y Lafitte, que eran una coalición de republicanos, liberales y orleanistas. En 1818 habían logrado, en Aquisgrán, la salida de Francia de las tropas de ocupación, y parecía que Francia se encaminaba a una racionalización y salida de la crisis, cuando a principios de 1820 tuvo lugar el asesinato del Duque de Berry, heredero del trono. Cayeron los ministeriales y Francia se radicalizó entre ultrarrealistas e independientes. Francia necesitaba algo que consolidara al Gobierno y a la Monarquía en el interior y en el exterior, y en 1822 se encontraron el caso de España, que les venía estupendamente para hacer olvidar las represiones y manipulaciones de Villele al frente de la política francesa. En la misma línea de actuación, el ministro de Exteriores, Montmorency, que había enviado armas y dinero a los absolutistas españoles, fue cesado en octubre de 1822 y cambiado por Chateaubriand. La operación española fue un rotundo éxito para Francia en todos los campos de la política, interior y exterior.

[10] Un regimiento, mandado por un coronel, tiene varios batallones mandados por tenientes coroneles, y los batallones tienen varias compañías, mandadas por capitanes. Un escuadrón es la unidad de caballería que manda un capitán.

[11] José María Pando 1787-1840 era un peruano que fue Secretario de Estado en mayo de 1823.

[12] Juan Antonio Yandiola Garay, 1786-1830, era un vasco experto en cuestiones mercantiles y financieras, que vivió su juventud en México y se declaró ferviente liberal. Fue diputado en 1813. En 1816 participó en el golpe de Richard y fue encarcelado por ello. Colaboró con el gobierno de Fernando VII en asuntos secretos como el caso Renovales de 1818. En 1820 fue diputado por Vizcaya. Fue Secretario de Hacienda en mayo de 1823 por los liberales, y de Estado en agosto de 1823 en el mismo Gobierno. Secretario de Hacienda en el último Gobierno del Trienio en septiembre de 1823. Huyó a Francia, vía Portugal, y murió en el exilio en París. (Fuente. Auñamendi Entxiklopedia).

[13] Manuel de la Puente había luchado en Gerona durante la Guerra de la Independencia con el grado de capitán de artillería. Fue Secretario de Guerra en junio 1823 y lo siguió siendo en el último Gobierno liberal de septiembre 1823.

[14] Salvador Manzanares Fernández luchó a las órdenes de Espoz y Mina en Navarra en 1820. Fue Secretario de Gobernación en junio de 1823 y de Guerra en septiembre 1823. Emigró a Francia ese año. Compañero de San Miguel en el Trienio y en los intentos de restablecer el liberalismo a partir de otoño de 1830. Estuvo en la sublevación de 1831 y murió durante el intento (Fuente: Auñamendi Entziklopedia).

[15] Salvador Manzanares Fernández, 1788-1831, fue Secretario de Gobernación en junio de 1823 y lo volvió a ser en el último Gobierno liberal del Trienio en septiembre de 1823.

[16] Cayetano Valdés y Flores Bazán y Peón, 1767-1835, luchó en Trafalgar en el Neptuno, donde fue herido gravemente antes de rendirse el barco. En 1808 fue depuesto y residenciado. Se pasó a los rebeldes, que le nombraron Gobernador de Cádiz. En 1814 fue confinado en Alicante. En 1823 volvió a ser gobernador de Cádiz y dirigió la defensa frente a Angulema, y dirigió personalmente el barco que llevaba a Fernando VII a Puerto de Santa María. Los franceses le llevaron a Gibraltar y desde allí se marchó a Gran Bretaña, de donde regresó en 1833, poco antes de su muerte.

Era sobrino de Antonio Valdés y Fernández Bazán, 1744-1816, persona que había dirigido la fábrica de armas de La Cavada hacia 1781 y fue Secretario de Marina en 1783, recordándosele por haber presentado a Carlos III en 1785 el proyecto de una bandera roja y gualda para la marina, Secretario de Estado en 1787 y Secretario del Despacho Universal de Indias en 1787..

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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