LA POLÍTICA ESPAÑOLA EN 1815-1820.

 

 

El Pronunciamiento de Díaz Porlier en 1815.

 

El 12 de febrero de 1815, Juan Martín El Empecinado escribió al rey protestando por las prisiones políticas que se estaban haciendo en conventos, y para pedir Cortes como se había prometido en 1814. En la carta opinaba que la restitución de bienes a los frailes se debería haber hecho sólo para los conventos que realmente lo necesitasen.

También Flórez Estrada desde Londres envió un escrito al monarca pidiendo que cesara la represión, convocara Cortes y diera libertad de imprenta.

Estos datos mostraban que había un cierto descontento acerca de la política de Fernando VII, aunque fuera minoritario y entre sectores liberales.

El brigadier Juan Díaz Porlier, el Marquesito, natural de Cartagena de Indias, guerrillero en 1808-1814, mariscal de campo a lo largo de la guerra, se sublevó en La Coruña en 1815, pero fue denunciado por los suyos. Se descubrió que era liberal y fue condenado por ello a prisión el 16 de julio de 1814, debiéndola cumplir en el castillo de San Antón (La Coruña).

Juan Díaz Porlier siguió organizando su conspiración desde su encierro, y aprovechó un permiso, teóricamente “para tomar los baños de Arteixo”, para preparar el golpe. En 18 de septiembre de 1815 volvió a sublevarse, fue sobre La Coruña, proclamó la constitución, declaró constituida la Junta de Galicia y detuvo a las autoridades absolutistas tales como el gobernador, capitán general e intendente. Logró la adhesión de El Ferrol, y el 21 de septiembre se dirigió a Santiago para dominar al arzobispo y tener así dominada Galicia. El cabildo de Santiago pagó a unos soldados de Porlier para que se rebelasen contra su líder, y éstos le sorprendieron mientras dormía, mientras avanzaba hacia Santiago para intentar sublevar a toda Galicia. Fue ahorcado el 26 de septiembre en La Coruña. Su esposa fue condenada a prisión.

Destacó Sinforiano López y Alía, guarnicionero de sillas, que intentó animar a los soldados de La Coruña a sublevarse en 1815, pero fue delatado por los soldados y ahorcado.

 

 

 

El Gobierno Ceballos.

         26 enero 1816 – 30 octubre 1816

 

Estado, Pedro Ceballos Guerra.

Gracia y Justicia, Pedro Ceballos Guerra.

Guerra, Francisco José Bernaldo de Quirós, marqués de Campo Sagrado.

Marina, José Vázquez Figueroa.

Hacienda, Manuel López Araújo.

 

Ceballos significaba la suavización de la represión absolutista. Lo primero que hizo este Gobierno fue cesar las Comisiones Extraordinarias que juzgaban los casos políticos y dejar de aceptar las denuncias anónimas, clave de la persecución liberal. El símbolo de la nueva etapa quizás puede ser que dejaron de denominarse “serviles” para proclamarse “realistas”, partidarios del rey. Incluso estaban preparando una amnistía que pudiera haber normalizado la política española con la vuelta de los liberales.

 

 

La sublevación de Richart.

 

Toda la política de encuentro con los liberales se vino abajo con la llamada “conspiración del triángulo” de febrero de 1816. Era un intento de secuestrar, o incluso asesinar al Rey, capitaneado por Vicente Richart.

Lo cierto es que el 21 de febrero de 1816, dos cabos granaderos llamados Francisco Leyva y Victoriano Illán, denunciaron la existencia de una conspiración para matar a Fernando VII, y que el cabecilla de la conspiración era el comisario de guerra Vicente Richart. En ese momento, Fernando VII entró en pánico y ordenó utilizar el tormento para conocer a fondo la conspiración, lo cual, al final, no sirvió para nada. Vicente Richart era un tipo extremadamente singular, un tipo digno de protagonizar series novelescas, pues era el espía perfecto que nunca había sido sorprendido en su labor, cuando se disfrazaba de oficial francés para pasar a campo enemigo y enterarse de las cosas de los ejércitos de José I. El agradecimiento por un trabajo tan arriesgado y difícil fue muy pobre, y en 1814 se le adjudicó un sueldo que no le daba para vivir, lo cual le hizo pedir premios y empleos con más sueldo, que tampoco le dieron. En sus afanes por mejorar, se encontró con algunos descontentos, como el coronel Van Halen, masón en Murcia, que era capaz de proporcionarle los medios económicos y humanos de la masonería, para apoyar un golpe. Richart buscó gente que realizara efectivamente el golpe y contactó con los cabos Francisco Leyva y Victoriano Illán, el sargento Vicente Plaza, Baltasar Gutiérrez y otros. El plan de Richart era apropiarse del rey y hacerle prometer una monarquía más abierta, más ilustrada, más reformista. La muerte del Rey no les convenía pues heredaría el infante don Carlos, un ultraabsolutista, pero en caso extremo, podrían llegar a matarle para salvarse los conspiradores. Para apoderarse del Rey, Richart observó que las salidas de éste por la mañana eran muy solemnes y vigiladas, las salidas por la noche eran discontinuas y a sitios diferentes, y las salidas de la tarde eran regulares y fijas, siempre que hacía buen tiempo, pues Fernando VII iba en carroza hasta Puerta de Alcalá, y desde allí se paseaba a pie, con tres o cuatro amigos, por la carretera de Aragón hasta Ventas o más allá, y además charlaba con todo el que se encontraba, sin reparo ninguno. Richart pensó organizar a los suyos en grupos pequeños de fingidos paseantes, que se acercaran al rey y sus amigos, y los apresaran a todos. Poco antes del momento acordado, Leyva e Illán se acongojaron y fueron a denunciar el plan. En su acaloramiento, dijeron que iban a matar al rey, lo cual no era cierto y lo rectificaron en declaraciones posteriores. Denunciaron a muchos implicados, lo cual desmonta la teoría del triángulo, pues de ser cierta ésta, sólo podrían haber denunciado a tres. Richart fue detenido, pero se negaba a “cantar”, hasta que Fernando VII ordenó que lo torturasen, y entonces denunció a Calatrava, Renovales, O`Donojú, Vicente Plaza y Juan Antonio Yandiola. La espera dio tiempo a Renovales a huir a Francia, y a O`Donojú a escapar también. Entonces se detuvo a Yandiola y se le torturó también, pero el joven abogado no denunció a nadie. Se registró la casa de Yandiola y se encontraron documentos por lo que estaba claro que conocía la conjura, pero no su implicación en ella. Yandiola fue desterrado de Madrid (en 1823 sería ministro de Hacienda). Vicente Plaza tardó en ser localizado, y tampoco denunció a nadie, lo cual le eximía de responsabilidad, pues no podía demostrarse que estuviera implicado, salvo por confesión bajo tortura. En ese punto, Fernando VII cometió el error de ahorcar en la Plaza de La Cebada a Richart y a Baltasar Gutiérrez, cerrando el caso en falso: si Yandiola y Plaza habían sido falsamente denunciados para ganar tiempo, la policía había sido engañada y ya no se podía rectificar; si, por el contrario, la denuncia era verdadera, como los acusados se habían negado a denunciar a nadie, el caso estaba cerrado. Nunca se supo más.

 

 

La apócrifa conspiración del triángulo.

 

Algunos historiadores posteriores dieron a la conspiración de Richart, el nombre de “conspiración del triángulo” porque decían que fue protagonizada por muchos masones, organizados en un sistema triangular, para evitar su identificación (cada uno sólo conocía al hombre que le comunicaba la información, y a dos más a los que se la comunicaba él), pero no existía tal sistema todavía en España en esa fecha, por lo que podemos decir que el rumboso título es sólo una manipulación de historiadores. El método antirrepresivo del triángulo lo había ideado el alemán Adam Weishaupt y consistía en que cada afiliado a la masonería comunicaba una información a otros dos, y éstos a otros dos, y así sucesivamente en pirámide, de forma que si uno era detenido, sólo podía delatar a tres personas, la que le comunicaba a él, y los dos a los que él transmitía y de los que recibía informaciones. Las informaciones circulaban en los dos sentidos, hacia arriba y hacia debajo de la pirámide. La ventaja del sistema, era que si la policía intervenía, perdía mucho tiempo en buscar e interrogar a cada escalón, dando tiempo a que los demás actuasen convenientemente. No creemos que funcionara todavía en España en 1816, por lo que el nombre de “conspiración del triángulo” no es correcto. La idea más aceptada hoy en día, es que la conspiración del triángulo nunca existió.

El tema de la masonería, era un tema distinto y que no tuvo ninguna repercusión: Los masones hacían reuniones en Madrid para derribar al gobierno absolutista y asesinar a Fernando VII. Habían pensado asesinarle en una de las noches en que Fernando VII, salía de palacio a ver a una puta andaluza, llamada Pepa la Malagueña, acompañado por el duque de Alagón y de Chamorro, pero les pareció demasiado vil, y no hicieron nada. Los masones europeos escribieron toda una serie de artículos denigrantes sobre la política española y sobre el ahorcamiento de Richart y de ello se dedujo gratuitamente que habían participado en la conspiración de Richart.

Además, se hace mal en identificar a los masones con los liberales, pues en esa asociación secreta, en España muy respetuosa con el catolicismo, había absolutistas, liberales y profesionales, sobre todo militares, que no es fácil de encuadrar en ideologías generales.

 

 

Anquilosamiento del Gobierno en 1816.

 

En marzo de 1816, la política de acercamiento a los liberales moderados y a los ilustrados, prometida en las declaraciones de Gobierno de 1814-1816, podemos ponerla en duda, y Fernando VII consultó sobre ello a los Consejos, Capitanías Generales, Audiencias, Intendencias, Obispados… y resultaron todo tipo de opiniones, desde recomendar un perdón total, a perdones parciales o a represión dura. No se sacó nada en claro.

La promesa de convocar Cortes que Fernando VII había hecho en el “Manifiesto de los Persas” fue olvidada. Ello creaba cierto descontento en sectores aperturistas.

 

Y el descontento cuajó también dentro del grupo gobernante por muchas razones:

La manipulación que se hacía sobre los ministros, pidiéndoles tomar iniciativas que perjudicaban a otros ministros, creaba descontento dentro de los miembros del gobierno.

La recaudación del Estado cayó de forma grave: En la última década del XVIII se estimaba una recaudación anual promedio de 1.110 millones de reales, y en la primera década del XIX esa recaudación se había elevado a los 1.500 millones de reales de promedio anual. Tras la guerra, en 1814, la recaudación bajó a 658 millones de reales, lo que representaba apenas un 40% de los ingresos de años pasados. Fernando VII, repartiendo privilegios que aumentaban los gastos, no supo subir la recaudación. Ésta no subió hasta 1824 y sólo a poco más de 800 millones. Como reacción a la crisis de Hacienda, no se pagaron los réditos de los vales de 1814 y 1815 y se suscribieron nuevos vales de deuda. La depreciación de la deuda fue muy grande y los vales, que se cotizaban al 44% de su valor nominal en 1813, pasaron a cotizarse al 20% de su valor nominal.

Los caudales de Indias cayeron a su vez estrepitosamente, pues la parte que le correspondía a la Corona pasó de estar entre los 150 y 200 millones de reales antes de la guerra, a unos 40 millones[1] anuales en 1814.

 

También apareció el descontento popular, tras los grandes alardes de euforia a la llegada de Fernando VII. Los motivos para el descontento eran muchos:

los campesinos vieron subidas sus rentas con motivo de la vuelta de los señoríos, pues los nobles aprovecharon para actualizarlas; los comerciantes habían perdido el mercado americano, y la vuelta de Fernando VII no arreglaba las cosas en ese campo político;

los soldados tenían que ir a una guerra lejana, en América;

los jefes guerrilleros, que habían logrado la vuelta de Fernando VII, no eran admitidos en el nuevo ejército porque se recelaba de su ideología liberal;

los afrancesados y masones conspiraban juntos desde el sur de Francia, y se produjeron pronunciamientos casi anuales hasta 1820.

 

 

Primer presupuesto del Estado.

 

El 31 de enero de 1816 se reunió la Junta de Hacienda para estudiar el problema de aumentar ingresos, y la Junta de Economía para el problema de reducir gastos.

El 30 de mayo de 1816, Martín Garay de Perales presentó lo que se tiene por el primer Presupuesto del Estado, era para 1817. El plan preveía reducir los gastos de Guerra en 147 millones, los de Hacienda en 76 millones y los de Marina en 12 millones, al tiempo que se disminuía el pago de la deuda en 100 millones, lo que suponía 335 millones de recorte de gastos. Al mismo tiempo, preveía un impuesto directo que recaudaría 100 millones, de los cuales 70 millones los aportarían las provincias y 30 millones la nobleza y el clero (que habría que sacar de los diezmos). Apoyaban este proyecto Estado y Marina, pero se oponían Justicia y Guerra que argumentaban que no se podía poner impuestos a la Iglesia ni a las provincias exentas. El total del impuesto directo se elevaría a 250 millones, y se eliminaban impuestos de alcabalas, cientos, millones, fiel medidor, vales de sebo, ramos de jabón, nieve y hielo, martiniega, sosa y barrilla, pajas y utensilios, frutos civiles y subsidio eclesiástico. Garay de Perales fue nombrado ministro de Hacienda en diciembre de 1816 y estuvo casi dos años intentando equilibrar el presupuesto del Estado

En años siguientes, la recaudación de este impuesto fue muy difícil. Nunca se consiguió el objetivo recaudatorio pues se oponían a su normal funcionamiento la nobleza y el clero.

En 1816, Fernando VII se había decidido a llamar a expertos en liberalismo económico a fin de reorganizar la política impositiva. Pero Fernando VII no creía en los liberales sino que su mayor esperanza se cifraba en recuperar los envíos de plata americanos. El fracaso del nuevo impuesto confirmó a Fernando VII en sus ideas. Así que, en 1818, decidió reunir un gran ejército para recuperar América.

 

En septiembre de 1816 se casó Fernando VII, a los 34 años de edad, con su sobrina Isabel María de Braganza y Borbón, hija de Juan VI de Braganza de Portugal y de Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando VII. A su vez, Carlos María Isidro se casó con María Francisca, hermana de Isabel María. Tuvieron una hija en agosto de 1817, pero ésta murió en diciembre. Isabel María de Braganza murió en diciembre de 1818. Se atribuye a Isabel María de Braganza la idea de crear un local para la colección de pinturas reales, que sería a la postre el Museo del Prado.

 

 

Represión antiliberal.

 

En contraste con la tendencia hacia al liberalismo económico, había una fuerte oposición a liberalismo ideológico: En 9 de febrero de 1816 se hicieron depuraciones de textos escolares retirando los que contenían ideas liberales e imponiendo “catecismos políticos” como el de José Antonio de San Alberto, carmelita descalzo, o el de José Bassa.

El 16 de octubre de 1816, la camarilla decidió eliminar a Pedro Cevallos en la Secretaría de Estado y poner en su lugar a Pizarro, como titular en Estado e interino en Gracia y Justicia. Gran parte del meollo de la crisis, consistía en que Tatischeff estaba negociando en secreto con Pizarro y no con Cevallos. En realidad, era Fernando VII el que estaba haciendo política exterior por su cuenta, al margen su propio Secretario de Estado.

Ese mismo día se produjo un decreto de indulto para liberales, con algunas excepciones como los crímenes de lesa majestad, alevosía, homicidios de sacerdotes, cohecho y delitos nefandos. Ello permitía el regreso de muchos desterrados.

 

 

Los Gobiernos de 1816-1819.

30 de octubre de 1816 – 12 septiembre 1819:

 

Aunque trataremos, uno a uno, estos gobiernos, vamos a adelantar la lista de Secretarios de Estado y Despacho, de los tres en conjunto, pues resulta un tanto complicado el seguimiento de las crisis y cambios de titulares.

 

Secretarios de Estado, José García de León y Pizarro[2] / 14 septiembre 1818: Carlos Fernando Martínez de Irujo, marqués de Casa Irujo / 12 de junio 1819: Manuel González Salmón.

Secretarios de Gracia y Justicia, José García de León y Pizarro / 29 enero 1817: Juan Esteban Lozano de Torres[3].

Secretarios de Guerra, Francisco José Bernaldo de Quirós, marqués de Campo Sagrado / 19 de junio 1817: Francisco Eguía de Letona / 13 junio 1819: José María Alós Mora[4].

Secretarios de Marina, José Vázquez Figueroa / 14 septiembre 1818: era titular Baltasar Hidalgo de Cisneros[5] pero ejercía realmente Francisco Eguía de Letona / 13 de junio 1819: José María Alós Mora.

Secretarios de Hacienda, Manuel López Araújo / 23 diciembre 1816: Martín de Garay Perales / 14 septiembre 1818: José Imaz Altolaguirre o José Agustín Imaz Baquedano[6].

 

 

 

 

El Gobierno José García León y Pizarro, 1816.

 

Pizarro era tenido por anglófobo, y por desconocedor de los tejemanejes de la Corte española. La opinión actual es que, el de 1816, era un Gobierno de conciliación, un Gobierno moderado, capaz de dialogar con algunos liberales, los moderados. Un nuevo viraje hacia el absolutismo duro se produjo en enero de 1817, cuando Lozano de Torres llegó a Justicia y junio de 1817, cuando Eguía llegó a Guerra.

Cuando, en octubre de 1816, llegó García-León y Pizarro a la Secretaría de Estado se encontró con que Tatischeff, el embajador ruso, era premiado con el Toisón de Oro y, al preguntar por qué, Tatischeff le descubrió que España había entrado en la Santa Alianza. Fernando VII haría público la firma del tratado, pero seis meses más tarde de firmarlo.

Entonces se enteró de las irregularidades que sucedían en el Gobierno de España, de la diplomacia privada de Fernando VII, al margen del gobierno, y del gran peso de la camarilla.

Se llegaron a él Ugarte y Tatisscheff (el embajador ruso) y le conminaron para que firmase una carta de legalización de las gestiones de Cea Bermúdez en Rusia. Le dijeron que Fernando VII buscaba el apoyo y amistad de Alejandro I de Rusia en el exterior, y una política absolutista en el interior. Además le informaron de que Alejandro I de Rusia era el apoyo principal de la Archiduquesa María Luisa de Austria, y podía inclinar la balanza de que Parma fuese para España.

García León y Pizarro se enteró de que, el 3 de julio de 1816, Fernando VII había propuesto a Austria darle a María Luisa de España Lucca, Massa, Carrara y parte de Toscana y el derecho a heredar Cerdeña. Austria se había negado a modificar lo decidido en Viena, pero aceptó duplicar la pensión de María Luisa de España hasta un millón de francos anuales.

Supo que el 24 de agosto de 1816, Wellington se había entrevistado con Labrador para pedirle que España firmase el Tratado de Viena y el de París.

Supo que Fernando VII había enviado a Cea Bermúdez a San Petersburgo a tratar directamente el tema italiano con el zar. Era un tratado personal entre Fernando y Alejandro, sin que lo supiese el Gobierno de España. Para facilitar las cosas con Alejandro I de Rusia, España había entrado y firmado la Santa Alianza, pero en secreto, sin comunicárselo al Consejo de Estado español.

Supo que el Secretario de Estado en enero-septiembre de 1816, Ceballos, no se había enterado de nada.

Entonces García León y Pizarro descubrió que había, al menos, dos Gobiernos en España, el legal y la camarilla de Fernando VII.

La carta exigida a García León y Pizarro por Tatischeff, y entregada al embajador ruso, no fue enviada a Rusia, sino que Ugarte y Tatischeff la retuvieron, como tenían por costumbre, para hacer uso de ella cuando les pareciera conveniente. La enviaron a Moscú meses después.

Frente a las pretensiones de Alejandro I, García León y Pizarro sabía, por su trabajo anterior en las embajadas, que Talleyrand de Francia y Castlereagh de Gran Bretaña discrepaban del resto de las potencias acerca del tema de las persecuciones a liberales y afrancesados que se estaban haciendo en España.

Respecto a las negociaciones con Wellington, García León y Pizarro las suspendió porque había iniciado otras ante Alejandro I de Rusia a través del embajador ruso en París, Pozzo di Borgo, de las que esperaba obtener Italia. Alejandro, sabedor de la doble diplomacia existente con España, contestó con buenas palabras y España se quedó enredada en ellas. En enero de 1817, Alejandro sugirió que se podía revisar la cuestión de Parma. Y paralelamente funcionaba la otra negociación, al margen de la del gobierno español, protagonizada por Fernando VII de España y Alejandro I de Rusia de la que tampoco salió nada en limpio. García León y Pizarro estaba desconcertado.

 

 

Los absolutistas duros, 1817.

 

El 29 de enero de 1817 el dialogante y tolerante para con los liberales, García León y Pizarro, fue sustituido en Justicia por un ultraabsolutista duro, como era Lozano de Torres. La política de acercamiento y término de la represión de 1814, iniciada en octubre de 1816, se estaba terminando. En junio de 1817 sería puesto al frente de Guerra al general Francisco Eguía de Letona, lo que significó el final de la posible reconciliación nacional española. A los liberales e ilustrados no les quedaba más camino que la revolución armada o la conspiración en secreto, pues eran pocos, tenían a sus líderes presos o confinados, no contaban con las masas, ni tenían periódicos para difundir su pensamiento e incitar a las masas. Eran una fuerza a tener en cuenta porque eran cultos, estaban bien situados social y económicamente, y celebraban tertulias que criticaban el absolutismo.

Los jefes guerrilleros habían sido degradados y enviados a provincias, lo cual les había decepcionado mucho, porque ellos no eran conspiradores como creían los absolutistas: Espoz y Mina nunca supo qué era una constitución, ni había leído nunca la de Cádiz. Juan Martín el Empecinado era un humilde carbonero de un pueblo de Valladolid. Los antiguos guerrilleros, viendo que algunos militares que no habían participado prácticamente nada en la guerra contra los franceses, acaparaban los destinos mejores, estaban dispuestos a apoyar a los conspiradores liberales, pero no eran en sí mismos organizadores de ningún golpe.

La burguesía de los negocios podía ser un buen apoyo a los liberales, porque las libertades eran necesarias para el comercio y la implantación de negocios en los sitios idóneos, pero tampoco actuarían sin una dirección externa.

En estas condiciones, era la masonería la organización que podía dar alguna opción a los liberales e ilustrados.

En 1817 se retomaron las obras del Canal de Urgel, canal planificado por Carlos I en 1506 y retomado en sus planos por Felipe II en 1554,1574 y 1577. En esta ocasión se dio un giro al proyecto planificando dos canales, uno a cada lado del valle del Segre. Se decretó que los vecinos beneficiarios de las mejoras pagasen un 5% de sus cosechas (más tarde un poco menos) al vender sus productos en las ciudades o en el puerto de Barcelona. En 1835, se abandonaría el proyecto de canal navegable y se redujo a canal de riego, pero no obstante, la excavación de un túnel bajo la Sierra de Montclar, hacía insuperable la obra. Se retomaría en 1847 y de nuevo en 1852. En esta fecha se hicieron cargo de las obras Manuel Girona Agrafel y Juan Bautista Clavé y el canal se terminó por fin en 1861.

También en 1815 se había intentado retomar el Canal de Huéscar, en Murcia, pero las obras hubieron de abandonarse una vez más, por falta de agua. El Canal de Huéscar o Canal de Carlos III se ideó en 1537 e inició obras en 1633 como canal navegable, pero no tenía agua a pesar de los optimistas cálculos de los ingenieros. Se reintentaría en 1878, 1926 y 1970, momento en que se hizo un pantano y el proyecto se hizo coherente con la realidad posible.

 

 

La conspiración de Lacy, abril de 1817.

 

El pronunciamiento de Lacy de 1817 es el más relacionado con la masonería, aunque todos lo estaban de alguna manera. El Gran Oriente había sido fundado por Eugenio Eulalio conde de Montijo en Granada, a fines de 1815 o principios de 1816. Montijo era en esos momentos capitán general de Granada. Montijo, el fundador de la Gran Oriente, había participado en el motín de El Escorial 1807 y en el de Aranjuez 1808, por lo que estos movimientos también pudieron estar relacionados con la masonería, si se demuestra que estaba organizada ya para esas fechas. Los masones eran unos románticos dados a las grandes declaraciones de libertad, pero no mucho más. De ahí a servir a golpes revolucionarios, hay mucha distancia y no todos los hombres valen para aceptar la carga de un golpe revolucionario. Las pretensiones de Montijo eran arriesgadas: quería unir todas las logias españolas en una sola. Con ello, esperaba obtener mucha más eficacia, pues podía operar en muchos puntos a la vez y coordinar los golpes. Pero también tenía la desventaja de que, descubierta una logia, caerían todas las demás. Es exactamente lo que ocurrió en 1817 por culpa de Lacy. Montijo era un discípulo de Aranda, partidario de una tutela de los Grandes sobre la Corona, y no un revolucionario liberal. Montijo jugaba, dentro de la masonería, a no ser descubierto, pero poco más. Montijo era un absolutista partidario del gobierno de una élite culta de nobles, lo cual desmiente la creencia de que los masones fueran todos liberales.

Los trabajos de Montijo lograron la unión de la “cadena mediterránea”, es decir, de las logias de Gerona, Barcelona, Valencia, Murcia, Granada, Málaga, Gibraltar y, sobre todo, Cádiz (donde había dos Logias: Soberano Capítulo, y Taller Sublime), además de La Coruña y Madrid. La mayor parte de los masones eran militares, pero también había comerciantes y algunos otros, incluidos curas. La planificación de un golpe simultáneo podía haber sido interesante, pero surgió un impaciente, alguien que desconfiaba de si la dirección del levantamiento sería en el sentido por él deseado, o quizás buscador de protagonismo. Y este alguien fue Lacy.

 

El teniente general Luis Roberto de Lacy y Gautier[7], herido en Ocaña y en Cádiz durante la Guerra, fue destinado a La Coruña y se dice que pudo haber estado implicado en el levantamiento de Porlier de septiembre de 1815, pero no es seguro. En 1817, Lacy sabía que Francisco Miláns del Bosch estaba en la trama de descontentos de Gerona, el comandante Quer en la de Barcelona, y que había una importante trama civil de comerciantes catalanes contactados. Entonces pidió permiso para ir a tomar los baños de Caldetas (Cataluña) y comunicó que allí esperaría a los soldados de Miláns del Bosch para iniciar un pronunciamiento.

Entre el 1 y el 5 de abril de 1817 sólo habían llegado a Caldetas dos compañías de soldados, y eran tan pocos que empezaron a desertar el 4 de abril. Lacy y Miláns huyeron también el 5 de abril. El capitán General de Zaragoza, Castaños, recibió la orden de detenerlos pero sin darse prisa, de modo que pudieran huir a Francia. Miláns huyó a Francia. Lacy fue detenido porque se detuvo dos días en un pueblo y allí fue retenido por el somatén de campesinos del pueblo que no estaba enterado en profundidad de las intenciones del Gobierno. Castaños le condenó a muerte. No obstante, habló con el Secretario de Guerra, marqués de Camposagrado, para que le indultara puesto que Lacy era un soldado con muchos méritos anteriores. El Secretario fue destituido por proponer el perdón, reemplazado por orden de Eguía, y Lacy fue trasladado a Mallorca para evitar las simpatías de los soldados de Barcelona, y fue fusilado en Bellver.

Durante el resto del año 1818 y durante todo 1819, las autoridades realistas y la Inquisición hicieron una buena pesquisa sobre los masones. Un compañero de Van Halen, llamado Pedró Fernández, confesó a la Inquisición casi todas las logias existentes en España y los puntos de contacto para mensajes, que eran Vera de Bidasoa, Bilbao y Gibraltar. Eugenio Eulalio conde de Montijo fue detenido en 1819, y así el jefe masón denominado “tío Pedro” desapareció, siendo desterrado. Torrijos y Van Halen fueron también descubiertos. El Gran Oriente desapareció para salvar lo que se pudiera de la organización. La dirección de la masonería pasó a Madrid, se organizó en triángulos, como ya hemos explicado más arriba y se denominaron “los compañeros de Polo”. Su poder de organización desde la sombra era ya muy pequeño y apenas tendrán importancia en la sublevación de 1820.

En 1818, los liberales se movían en la clandestinidad organizados en sociedades masónicas, de las que no se sabe casi nada, excepto lo que decían y les atribuían sus enemigos. La masonería del siglo XVIII había sido “enciclopédica”, difusora de los saberes nuevos, y anticatólica por antidogmática. La masonería del XIX es liberal, política, integrada por miembros que querían restaurar la constitución al grito de ¡Viva la Pepa! Tenían un “Soberano Capítulo” que eran las reuniones de los masones y un “Taller Sublime” que era el plan de un pronunciamiento que derribara el absolutismo[8].

 

 

Firma del Tratado de Viena en junio 1817:

 

García León y Pizarro llevó una política de alianza con Inglaterra, Francia y Rusia, a fin de aislar a la gran beneficiada en el reparto de Italia, que era Austria. Y Metternich aceptó tratar el tema, y nombró delegado para ello al barón Vincent. El 6 de febrero, España aceptaba a la archiduquesa María Luisa de Austria en Parma, pero pedía derechos de sucesión en ese archiducado para María Luisa de España y su hijo, además de las compensaciones en dinero por haberles quitado Parma. El 17 de marzo, Labrador fue cambiado en las negociaciones por Fernán Núñez, y éste, en el Tratado de Parma, obtuvo dinero para María Luisa de España. María Luisa de España no recibía más Estados sino Lucca, ni más dinero que el prometido en Viena, 500.000 francos al año, pero tendría el derecho de sucesión sobre Parma en caso de que la sucesión directa en este territorio no tuviera herederos.

En estas circunstancias, del 6 al 12 de junio de 1817, España firmó los tratados de Viena y París.

A Fernán Núñez se le ordenó tratar de introducir artículos adicionales a los tratados, a fin de que Carlos Luis, hijo de María Luisa de España, fuese reconocido heredero de Parma, lo cual se logró a fines de junio de 1817, después de la firma del tratado.

 

 

Eliminación de los alcaldes señoriales,

noviembre 1817:

 

En julio de 1817, hubo conflicto entre alcaldes mayores (de designación real) y alcaldes ordinarios (de designación nobiliaria o señorial). El rey no quiso ceder ante los nobles y decidió eliminar a los alcaldes señoriales, lo cual sería confirmado en decreto de 25 de noviembre de 1819. Desde entonces, el rey designó a todos los regidores, procuradores, alguaciles mayores, tenientes de alguacil, y resto de cargos municipales.

 

 

El contencioso de los barcos rusos[9]:

 

En marzo de 1817, Fernando VII le pidió a Rusia 4 barcos de línea, y siete u ocho fragatas, para poder reconducir la guerra en América. Eran barcos del Báltico. El 12 de junio de 1817 contestó Nesselrode que le vendía cinco barcos y tres fragatas.

Los rusos aprovecharon para reforzar relaciones con España y el embajador Tatischeff colocó a España en 1817 la venta de una escuadra calificada como muy moderna, y por tanto muy cara, que España se apresuró a comprar para lograr un amigo entre los cuatro que dirigían Europa. Tatischeff se puso en contacto con Ugarte y planificaron la compra de barcos para que España pudiera acometer el problema de las sublevaciones americanas. El 11 de agosto, Tatischeff y Francisco Eguía firmaron la conformidad y modo de pago: Rusia concedía a España cinco navíos de línea y tres fragatas que España pagaría, en un primer plazo, con las 400.000 libras que Inglaterra le daba para la abolición del comercio de esclavos, quedando en pagar el resto en siete meses. Los barcos salieron de Tallin (Leningrado) inmediatamente. El 21 de febrero de 1818 llegaron los barcos. El ministro Vázquez de Figueroa se enteró de la compra cuando los barcos estaban ya en Cádiz y pidió informes al capitán general de Cádiz, Hidalgo de Cisneros, que le informó que había un navío y una fragata inservibles, y otro navío con necesidad de reparaciones serias. España hizo correr el rumor de que todos los barcos estaban inservibles y que no pagaría el segundo plazo, que había cuatro barcos de línea podridos e inservibles y dos fragatas en el mismo estado, por lo que sólo quedaban útiles un barco y una fragata. Evidentemente se quería librar del segundo pago. De todos modos, Alejandro I de Rusia envió tres fragatas, en perfecto estado de conservación, para sustituir a las dos naves declaradas inservibles por España.

Marina, Hacienda y Estado, teóricamente los responsables, no sabían nada de las gestiones de la compra de los barcos rusos, y se dice que el negocio estaba dirigido por Antonio Ugarte, Francisco Eguía y los embajadores de España en Rusia (Cea Bermúdez) y de Rusia en España (Tatischeff). Estos barcos fueron destinados a salir para América el 1 de enero de 1820, pero no hubo lugar, y en febrero de 1821 fueron subastados.

España se alejó de Rusia tras el sucio negocio de los barcos, y luchó por la amistad de Inglaterra a la que se le concedió, el 17 de septiembre de 1817, libertad de comercio en Indias. La política exterior española no tenía sentido de continuidad ni de lógica porque había doble gobierno, el de Fernando VII y sus intereses italianos, y el del Gobierno de España oficial.

 

El Supremo Consejo del Almirantazgo:

En 1817 fue nombrado Ministro del Supremo Consejo del Almirantazgo, Enrique Macdonell, 1748-1823. Esta institución duró muy poco tiempo. Sólo es signo del viejo pensamiento absolutista ilustrado, de crear y deshacer a capricho del monarca.

 

El problema de la deuda en 1817:

En 1817, Garay estimó la deuda con interés (o premio en lenguaje de la época) en 5.904 millones, casi el doble que la estimación de Escoiquiz, y la deuda sin interés en 6.000 millones, un poco menos que Escoiquiz. Los réditos a pagar por el Estado ascendían a unos 195 millones al año. La amortización de la deuda sin interés se haría con las tierras previstas en 1815, aunque la Iglesia se oponía a que fueran vendidos los bienes de los Maestrazgos. Estaba intentando llevar a cabo su plan de mayo de 1816. Obtuvo la oposición general de la clase alta y fue despedido en 1818, sin darle nuevas oportunidades en política.

En 1818 se produjeron dos decretos para la extinción de la deuda:

Uno de 3 de abril de 1818, dividía los vales reales en comunes, consolidados y no consolidados. Lo comunes, o con interés, se pagarían cuando y como el Estado pudiera. Los consolidados se calculaban en un tercio de la deuda y se pagarían al 4% y servirían al ciudadano para pagar aduanas, contribuciones reales y pagos al Estado. Los no consolidados, dos tercios de la deuda, servirían igualmente para que el ciudadano cumpliese con sus obligaciones para con el Estado igual que los consolidados.

Otro decreto, de 5 de agosto de 1818, distinguía una deuda con interés, que podía ser forzosa o de libre disposición, y una deuda sin interés que se pagaría por sorteo en fechas indeterminadas (la idea era tan descabellada como que se trataba de una lotería, con premios mayores y menores, para retribuir a los que poseyeran títulos de deuda. La idea se atribuye a Juan Bautista Erro, intendente de hacienda).

En 1818 se amortizaron 140 millones de reales de deuda.

 

 

Europa y América española en 1817.

 

José García León y Pizarro hizo un proyecto de pacificación de América: unificación del mando en toda América; expedición a El Plata; apertura del comercio americano a algunos países europeos; amnistía general para los rebeldes; no usar la fuerza sino en caso extremo; plan de fabricación de barcos; atracción de los capitales americanos hacia España. A este plan se opuso Eguía, que logró que se nombrara una comisión de generales y ex virreyes americanos que debían estudiar el tema, y así el tema quedó aplazado sin fecha.

En 2 de julio de 1817, España pidió ayuda a las potencias europeas para combatir a los rebeldes americanos y así guardar el orden que defendía el Congreso de Viena y Santa Alianza. Gran Bretaña puso condiciones: España pondría fin al comercio de negros, concedería una amnistía general, reconocería la igualdad entre españoles y americanos, concedería libre comercio en América a todos los países europeos, y renunciaría al uso de la fuerza. Alejandro de Rusia propuso la intervención de la Santa Alianza en América, pero sin concretar en qué consistiría esa intervención. La ayuda se demoraba, utilizando un arma muy española, dejarlo para más tarde.

 

 

 

 

Gobierno interino del Marqués de Casa Irujo.

14 de septiembre de 1818 – 12 de junio 1819.

 

El 14 de septiembre de 1818 se echaba del Gobierno a García León y Pizarro (Estado), Vázquez Figueroa (Marina), y Martín Garay (Hacienda). Eran culpados de la crisis de los barcos rusos, aunque para entonces ya se sabía que los barcos estaban en buen estado. Sólo había sido un bulo el decir que estaban podridos. Posiblemente todo había sido una maniobra contra el Gobierno de García León y Pizarro. Los cargos se repartían así:

Secretario de Estado, interino, Carlos Martínez de Irujo y Tacón, I marqués de Casa Irujo.

En Guerra, permanecía desde 19 de junio de 1817, Francisco Eguía de Letona.

Marina, Baltasar Hidalgo de Cisneros.

Hacienda, José Imaz Altolaguirre[10] ó José Agustín Imaz Baquedano.

 

En 1818 se derogó el plan de estudios de Carlos IV de 1807, por considerársele demasiado liberal, se restableció el plan de estudios de 1771 y se protegió a la Universidad de Alcalá, que representaba la tradición, frente a la de Salamanca que representaba el enciclopedismo y el liberalismo (muchos de los protagonistas de Cádiz 1810, habían pasado por Salamanca). Posteriormente, los revolucionarios de 1820 volverían a poner el plan de estudios de 1807 y volverían a exigir altura de estudios mediante la Universidad Central de Madrid, a la que se reservaban los doctorados.

El 30 de septiembre de 1818 se decretó que la moneda española tuviese el valor de la francesa, y como el valor intrínseco de la moneda francesa era mucho menor, España se llenó de monedas francesas. El caos monetario era tan grande que se suprimió la circulación del papel moneda, y se hicieron obligatorios los vales reales como moneda. Los vales reales ya venían siendo utilizados como moneda desde el siglo XVIII, y habían sido desechados por la falta de confianza que generaba la constante emisión de vales que hacía el Gobierno español, llegando a cotizarse al 40% de su valor nominal, e incluso menos, pero se convirtieron en la referencia de mercado más segura tras una época de Guerra de la Independencia en la que habían circulado monedas francesas, inglesas, portuguesas, y otras creadas por cecas locales de las Juntas Provinciales.

 

 

Congreso de Aquisgrán.

 

Del 1 de octubre al 15 de noviembre de 1818 se reunieron las cuatro grandes potencias en Aquisgrán (Aix la Chapelle para los franceses), y España estaba excluida definitivamente del grupo de grandes potencias. El Congreso de Aquisgrán fue el único que puede ser considerado como de la Cuádruple Alianza, pues en los siguientes de Troppau, Laybach y Verona, Gran Bretaña y Francia estarían solo como observadores y no con ministros plenipotenciarios, lo cual dejaba el protagonismo a los tres reyes-emperadores de las tres religiones cristianas (Santa Alianza). En Aquisgrán se decidió retirar de Francia las tropas extranjeras (9 de octubre 1818), se dieron plazos a Francia para pagar la deuda y se integró a Francia entre las potencias, que eran cinco desde el Congreso de Viena. Se decidió una forma de actuación en caso de que hubiese sublevación liberal en Francia y el acuerdo fue renovar, en ese caso, las decisiones de Chaumont, y se declaró que las potencias estaban tan unidas como en 1814 contra las alteraciones del orden internacional. En octubre de 1818, el Congreso de Aquisgrán de la Cuádruple Alianza, recibió una nueva petición de ayuda de España para someter a los rebeldes americanos, pero Inglaterra dijo que primero había que discutir si el asunto incumbía a las potencias europeas y logró imponer el que la ayuda europea a España fuese sólo moral y de intermediación, lo cual tampoco fue aceptado por España. Se volvió a recomendar la liberación de la servidumbre de los judíos de Austria y Prusia. Se rechazó tomar decisiones sobre la prohibición del tráfico de esclavos y sobre la posibilidad de acabar con los piratas de Berbería, cosa que proponía Gran Bretaña y no fue aceptado por las demás potencias.

 

 

Conato de conspiración de Van Halen.

 

En 1818, las sociedades secretas creían estar maduras para un pronunciamiento. El regimiento Lorena de Murcia formó una sociedad masónica y fue seguido por Alicante, Granada, Cartagena. Dirigían el movimiento Eugenio Eulalio conde de Montijo y el general Van Halen. El 21 de septiembre de 1818, Van Halen fue detenido, pero huyó el 30 de enero de 1819.

 

 

Conflicto de La Luisiana en 1818-1820.

 

En 1818, el norteamericano Jackson, con el pretexto de combatir a los semínolas, invadió Florida y llegó a Pensacola.

La Luisiana era un tema que había sido complicado por Godoy, cuando en 1795, en el Tratado de San Lorenzo de El Escorial, renunció a la parte occidental de Florida al norte del paralelo 31, reconoció a los Estados Unidos el derecho a navegar el Misisipí y entregó la orilla izquierda del río a los Estados Unidos además de concederle Nueva Orleans como puerto comercial.

En 1803, España había cedido la Luisiana a Napoleón, y éste se la vendió a Estados Unidos, cosa que fue tenida por una estupidez española en todas las Cortes europeas.

En 1808, Estados Unidos aprovechó las circunstancias difíciles españolas para apoderarse de Florida occidental.

Durante el Congreso de Viena, las potencias europeas se negaron a aceptar que el tema fuese incumbencia del congreso, y afirmaron que era una cuestión entre Estados Unidos y España. Entonces, España comisionó a Luis de Onís para que negociase con Estados Unidos las indemnizaciones y límites de lo que habían arrebatado a España. Onís negoció con Monroe. Monroe propuso la compra de Florida. En 1817, Onís propuso la mediación británica y francesa, pero Monroe no aceptó mediaciones.

El objetivo de España era fijar la frontera en el Misisipí en su curso medio y bajo. Pero Estados Unidos proponía como frontera el Colorado, 1.000 kilómetros al oeste, ya en las Rocosas.

En 1818, Onís recibió instrucciones de los términos de la negociación: debía exigir que Estados Unidos no reconociera a los países latinoamericanos sublevados, que colaboraran contra la piratería, que aceptara la frontera en el Misisipí a cambio de obtener Florida como regalo, y que pagara unas indemnizaciones por adquisición del territorio.

Entonces Jackson invadió Florida oriental hasta Pensacola. John Quincy Adams, secretario de Estado de los Estados Unidos, ofreció el 31 de octubre de 1818 establecer la frontera en el río Rojo (frontera este de Tejas) y en el paralelo 41 por el norte, amenazando que de no aceptar España, Estados Unidos invadiría hasta Río Grande (Río Bravo del Norte en la actual frontera de México).

Por fin en 22 de febrero de 1819, se firmó el Tratado de Washington y se fijó la frontera en el río Sabine, el río Rojo, y el paralelo 41, perdiendo España Florida y Luisiana. Estados Unidos aprovechaba el momento de debilidad española, y Jorge Erving logró que se le cediese la Florida, a cambio de ayuda a los ejércitos españoles que luchaban en América. Era presidente de los Estados Unidos James Monroe. El 24 octubre de 1820, el tratado fue suscrito por Fernando VII.

Carlos Martínez de Irujo, Secretario de Estado, comprendió que España no tendría apoyos leales en América si no se imponía por sí misma por la fuerza, y aconsejó enviar un ejército importante contra los independentistas criollos. Este ejército, que se empezó a formar en 1819, no estuvo listo para salir hasta 1 de enero de 1820, y, como es bien conocido, no salió para la Guerra de América, sino que se produjo la rebelión o golpe de Estado de Riego.

 

 

Sublevación de Joaquín Vidal, 1819.

 

Las logias masónicas estaban trabajando duro un pronunciamiento desde 1818 en Granada, Cádiz, Murcia, Madrid, Alcalá, Barcelona y La Coruña. La detención de Van Halen en septiembre de 1818, no detuvo su idea de sublevarse. Se hicieron sondeos entre oficiales del ejército, se establecieron contactos con civiles influyentes. No tuvieron mucho éxito.

El coronel Joaquín Vidal se sublevó en Valencia, en 1819, protestando contra el terror impuesto por Elío y sus listas negras en busca de la eliminación de la masonería, y pidiendo que volviera Carlos IV que estaba en Roma. El intento de Vidal, significa la última posibilidad de la masonería de cambiar algo de la política, pues estaba muy desestructurada desde 1818. Vidal se había puesto en contacto con Félix Bertrán de Lis, hijo de un comerciante valenciano, y se propusieron quitar a Fernando VII sin que el trono cayera en el infante don Carlos, lo que les llevaba a entregárselo a Carlos IV. Se podía aprovechar el descrédito popular que ya empezaba a alcanzar al gobierno de Fernando VII, muy lejos del entusiasmo de 1814. Carlos IV aceptó, pero puso como condición volver a España en un barco de guerra y con la bandera de España desplegada. Las gestiones para encontrar un barco de guerra que se sumara al golpe fueron imposibles y se descartó a Carlos IV. Entonces se pensó en la República Federal. Se planificó dar el golpe en Valencia en la función de teatro de nochevieja, a la que tradicionalmente acudían el capitán general, el intendente, el presidente de la Audiencia, el alcalde y los jefes militares de la guarnición. Vidal y los suyos alquilaron los palcos lindantes con el de autoridades, y prepararon unos comandos que debían apoderarse simultáneamente de la Ciudadela, la fortaleza militar más importante de la ciudad. Pero el 26 de diciembre de 1818 falleció la reina Isabel y se suspendió la función de teatro de fin de año. A principios de 1819, Vidal y los suyos se reunieron varias veces para cambiar a otro plan, y en una de ellas fueron detectados. Hubo 22 detenidos. Vidal fue ahorcado con doce de sus compañeros.

 

 

El Gobierno Manuel González Salmón

     12 de junio de 1819- 12 de septiembre 1819.

 

En 12 de junio de 1819, se derribó a Irujo en Secretaría de Estado, siendo sustituido por Manuel González Salmón[11].

En Guerra, Eguía fue sustituido por José María Alós Mora[12].

En Marina, Baltasar Hidalgo de Cisneros fue sustituido por José María Alós Mora, que ejercía también en Guerra.

Manuel González Salmón es considerado en varias publicaciones como un hombre de Calomarde, es decir, ultrarrealista. Debemos interpretar que el Gobierno de junio de 1819 evolucionaba a la extrema derecha.

 

 

El Gobierno del duque de San Fernando

     12 de septiembre de 1819- 9 de marzo de 1820

 

Secretario de Estado, Joaquín José de Melgarejo y Saurín, duque de San Fernando[13]

Gracia y Justicia, Juan Esteban Lozano de Torres / 1 noviembre 1819: Bernardo Mozo de Rosales, marqués de Mataflorida / 9 marzo 1820: José García de la Torre.

Guerra, José María Alós Mora

Marina, José María Alós Mora / 9 marzo 1820: Luis María Salazar y Salazar.

Hacienda, José Imaz Altolaguirre / 3 noviembre 1819: Antonio González Salmón[14]

Gobernación de la Península, José García de la Torre.

Gobernación de Ultramar, Antonio González Salmón.

Era un Gobierno de crisis. Había hambre, falta de comercio, paro, inseguridad en los caminos, retrasos en las pagas del Estado… Y Fernando VII sabía que su monarquía corría peligro. La realidad era que nadie se quejaba del rey, sino de sus ministros, cumpliéndose el viejo tópico del “padre exculpado”, pero que hablaba también de que Fernando VII no era tan tonto ni incapaz como le pintaron después los liberales.

En 20 de octubre de 1819, Fernando VII se casó con María Josefa Amalia de Sajonia, una mujer que moriría en mayo de 1829 sin haber llegado a tener hijos. Era hija de Maximiliano de Sajonia y de Carolina de Borbón Parma.

En el gobierno del duque de San Fernando, Fernando VII volvía a jugar a hacer concesiones a los liberales e ilustrados, y ponía moderados como San Fernando, Mataflorida, Alós y González Salmón, que pudieran hacer reformas aperturistas y dar entrada a liberales moderados.

Desgraciadamente para el rey, las concesiones fueron interpretadas por los liberales como debilidad o miedo del Rey y, en vez de pactar, exigieron el todo o nada.

 

 

El Museo del Prado 1819.

 

El 19 de noviembre de 1819 se abrió el Museo del Prado en el edificio que Carlos III había encargado a Villanueva para Arte y Ciencias Naturales. Se llevó la colección real de pinturas al llamado entonces Museo de Pintura, y ya desde entonces fue uno de los más importantes museos del mundo pues contaba con cuadros de los mejores pintores del mundo de los siglos XVI y XVII.

La idea de un museo había sido perseguida desde finales del XVIII y, sobre todo, desde 1800, cuando Urquijo mandó llevar a Madrid los cuadros de Murillo que estaban en el Hospital de la Ciudad de Sevilla. En 1803, Godoy proponía que era necesario un museo que se debía llamar “de su Majestad” o “de la Corte”, pero no tenía emplazamiento.

El 20 de diciembre de 1809, José I, a instancias de Urquijo, juntó las obras de los conventos, palacios y establecimientos públicos, y las llevó al Palacio de Buenavista, que se convirtió en el almacén real. Llegaron cuadros de El Escorial, La Granja, Sevilla, pero no progresaban las obras de Bellavista lo suficiente para abrir un museo, y el asunto quedó pendiente.

En 1814, los clérigos pidieron que se les devolvieran las obras incautadas, pero no obtuvieron su meta.

En 1818, Fernando VII encargó al marqués de Santa Cruz una galería de pinturas. Se escogió el edificio de Juan de Villanueva proyectado para Museo de Historia Natural y Academia de Ciencias Naturales creado en 1785 en el Prado de San Jerónimo. Y el 19 de noviembre de 1819 se albergaron en él 1.625 cuadros, de los que se exponían 311. Los cuadros y el museo eran propiedad particular del rey. Se ordenaron según capricho del rey, sin orden cronológico ni pedagógico alguno.

En 1828 habría 745 cuadros en exposición.

En 1843 eran ya 1.929 cuadros.

En 1865 se decidió que el museo era patrimonio de la Corona, y no del rey.

En diciembre de 1869 se decidió que el Museo era patrimonio del Estado al igual que todo el Real Patrimonio.

El 25 de noviembre de 1870 se declaró extinguido el Museo de la Trinidad y sus cuadros se incorporaron a El Prado, cambiando el nombre del museo por el de “Museo Nacional del Prado”.

En 1881 y siguientes años, se recibieron importantes donaciones como la del barón Emile d`Erlanger (pinturas negras de Goya), duquesa viuda de Pastrana, Ramón Errazu, y duquesa de Villahermosa.

En 1912 se creó el Patronato del Museo y se recibieron nuevas donaciones de Pablo Bosch, Pedro Fernández Durán, Francésc Cambó…

En 1971, cuando se abrió el Casón del Buen Retiro, el museo tenía más de 10.000 cuadros, 5.000 de ellos prestados a diversos museos y despachos, 1.200 expuestos y 4.000 almacenados.

Las especialidades del museo son: la pintura española de Velázquez y Goya; la pintura italiana del XVI y XVII, sobre todo Tiziano y Tintoretto; la pintura flamenca de los primitivos flamencos del XV y Rubens.

 

 

Problemas culturales en la Restauración.

 

Los españoles de 1814-1833 podían leer algunos libros con cierta facilidad, pues habían sido editados recientemente, pero eran muy pocos:

Antonio Sancha 1729-1790 que había publicado a los clásicos españoles y los literatos más insignes del XVIII.

Mariano Cabrerizo Bascuas, 1785-1868 publicará a partir de 1813 en Valencia una serie de 70 novelas españolas y tradujo varias otras hasta 1856.

Ya en años posteriores se editaría con más abundancia:

Antonio Bergnes de las Casas, 1801-1870 editaba libros en Barcelona.

Manuel Rivadeneyra 1805-1872 aprendió a imprimir con Bergnes en Barcelona, y emigró a Chile donde compró la una imprenta en Valparaíso y el diario Mercurio. A partir de 1846 inició la Biblioteca de Autores Españoles, dirigida por Buenaventura Carlos Aribau, que publicaba en pequeño formato las obras de los clásicos y era subvencionado por el Gobierno español que le compraba algunos ejemplares. Su idea era publicar las obras completas de cada autor, pero ello resultó imposible. En 1888 se cortó el proyecto.

Aunque ciertamente el gran editor del XIX y XX fue José Lázaro Galdeano, 1862-1947, que en 1889-1914 publicaría en Madrid unos 600 títulos de la colección La España Moderna.

 

 

 

 

 

 

 

[1]Fontana. La Quiebra de la Monarquía Absoluta.

 

 

[2] José García León y Pizarro, 1770-1835, hijo de José García León y Pizarro, presidente de la Real Audiencia de Quito en 1778, y de María de Frías, dama de la reina María Luisa, y sobrino de Ramón García de León y Pizarro, marqués de Casa Pizarro, fue Secretario de Estado en 1812, y de Estado y de Gracia y Justicia en octubre de 1816.

[3] Juan Esteban Lozano de Torres, 1769-1831, es un caso que rompe nuestros prejuicios históricos de identificar masonería con liberalismo, pues era masón y absolutista. Secretario de Gracia y Justicia en enero 1817 y septiembre 1819. En 1820 fue desterrado, tal vez por ser aperturista dentro del absolutismo. En 1826 volvió a tener cargos importantes.

[4] José María Alós Mora, fue Secretario de Guerra y de Marina en junio 1819, y de Guerra y de Marina en septiembre 1819..

[5] Baltasar Hidalgo de Cisneros, fue Secretario de Marina en septiembre de 1818, y tuvo poca relevancia en su cargo, pues en realidad se limitaba a hacer lo que le sugería Eguía. Su trayectoria política era excelente: había nacido en Cartagena y se había hecho marino, llegando a almirante. En 1805 estuvo en Trafalgar como general y jefe de la escuadra y como capitán del Santísima Trinidad, pero en esa batalla resultó sordo, lo cual posiblemente truncó su carrera. Pasó a gobernar Cartagena, hasta que en 1809 fue enviado a Río de la Plata como virrey, y allí sometió a Elío, que había declarado Junta en Montevideo, y trató de poner orden entre los “juntistas” de Martín alzaga, y los “carlotistas” partidarios de la regencia de Carlota Joaquina de Borbón. Sufrió el ataque británico y negoció con ellos concediéndoles libre comercio, pero eso le enfrentó a los comerciantes bonaerenses y anuló el decreto. En 1809 se sublevaron Chuquisaca y La Paz en el Alto Perú, y Cisneros pacificó Chuquisaca, mientras La Paz era dominada desde Perú. En mayo de 1810 se vio obligado a reconocer el gobierno de José I e, inmediatamente, sufrió la rebelión de Buenos Aires de 18 a 25 de mayo (Plaza de Mayo de Buenos Aires), que se constituyó en Junta y embarcó a Cisneros a su familia en un barco británico hacia Canarias. En julio de 1811 llegó a Cádiz, y ejerció cargos administrativos. Secretario de Marina en septiembre de 1818, obtuvo el mando de la escuadra que debía salir para América, pero no salió debido a los sucesos de 1 de enero de 1820.

[6] La mayor parte de las fuentes atribuyen al primero el cargo de ministro, pero ello es dudoso: José Imaz Altolaguirre, nació en 1761 en Guipúzcoa y emigró muy joven a Perú, donde hizo carrera militar. Regresó a Guipúzcoa en 1794 y tuvo destinos en Cataluña, Galicia, Etruria (1806), y Dinamarca en 1807, con La Romana. Estuvo en Espinosa de los Monteros en noviembre de 1808 y llegó a general en 1810. Fue batido en Badajoz, apresado y enviado a Francia, liberado por la guerrilla, juzgado y absuelto por la rendición de Badajoz. Luego fue juzgado en 1815 en la depuración de Fernnado VII, y absuelto de nuevo. Estuvo en la represión del movimiento de Porlier. Se le atribuye, tal vez erróneamente, haber sido Secretario de Hacienda en septiembre de 1818, en septiembre de 1819, en enero de 1822 y en febrero de 1834. Tal vez se le esté confundiendo con José Agustín Imaz Baquedano , 1767-1834, un afrancesado que huyó en 1813 a Gibraltar, fue depurado y absuelto en la depuración de Fernando VII. Trabajó en la Dirección General de Rentas en 1816-1818 y en septiembre de 1818 se haría cargo, interinamente, del ministerio de Hacienda. En el Trienio constitucional sería Director de Aduanas y Resguardos, Presidente de la Junta de Aranceles,y Vicepresidente de la Compañía de Filipìnas.. En 1823 fue enviado a Cuenca, y más tarde a Málaga, hasta ser rehabilitado en 1829 y ser nombrado Director General de Rentas en 1830, y ser de nuevo ministro de Hacienda con Martínez de la Rosa en enero-febrero de 1834.

[7] Lacy había sido expulsado del ejército español en 1803 y había ingresado en el ejército de Napoleón, viniendo a España a las órdenes de Murat en 1807. En 1808 se había pasado a las fuerzas españolas. En 1813 era capitán General de Cataluña. En 1814 fue trasladado a Galicia y destituido por Fernando VII.

[8] El tema de la masonería ya ha sido tratado en “2.de septiembre 1808 a enero 1810”, páginas 7 a 10.

[9] Agustín Barroso Iglesias, España en la Formación del Sistema Internacional Posnapoleónico 1812-1818. Universidad Complutense de Madrid, 2009.

[10] José Imaz Altolaguirre, 1761- ¿. Fue un guipuzcoano que hizo carrera militar en Perú, y regresó a España en 1794 como capitán, incorporándose a la Guerra de la Convención. En 1807 acompañó a La Romana a Dinamrca al servicio de Napoleón, y regresó a Santander en octubre de 1808 para sumarse a los patriotas. Estuvo en la derrota de Espainosa de los Monteros en noviembre de 1808. En marzo de 1811 rindió Badajoz a los franceses y fue apresado y conducido camino de Francia, pero fue liberado por la guerrilla. Se le hizo Consejo de Guerra y fue absuelto. Fue depurado en 1815 y absuelto de nuevo. Sometió a Porlier en La Coruña. En 1818 se le cita como ministro de Hacienda, y en 8 de enero de 1822-28 febrero de 1822, de nuevo se le cita, y otra vez como ministro de Hacienda en 7 febrero de 1834.

El problema que se encuentra en las fuentes, es la coincidencia con los mismos nombramientos como ministros con José Agustín Baquedano, 1767-1834, quien en 1813 se había refugiado en Gibraltar para huir de la persecución contra los afrancesados, pero fue absuelto en el juicio de depuración. Trabajó en la Dirección General de Rentas, en la Junta de Aranceles en 1816-1818, y en 1818 se le cita como ministro de Hacienda, igual que al anterior. En el Trienio Constitucional fue Director de Aduanas y Resguardos, Presidente de la Junta de Aranceles, y vicepresidente de la Compañía de Filipìnas. En 1834 se le vuelve a citar como ministro de Hacienda coincidiendo con Imaz Altolaguirre. El error es evidente.

[11] Juan Manuel González Salmón, -1832, hermano de Antonio González Salmón, fue cónsul de España en Marruecos en tiempos de Carlos IV, secretario de la embajada de España en París en 1814-1819, secretario de Estado en junio de 1819, poco más de dos meses, ministro plenipotenciario de España en Sajonia más tarde, y Secretario de Estado en agosto de 1826. Era un hombre del grupo de Calomarde, es decir, ultrarrealista.

[12] José María Alós Mora, marqués de Alós, -1844, fue Secretario de Guerra y de Marina en junio de 1819, y repitió ambos cargos en septiembre de 1819, hasta el triunfo de la revolución liberal en 1820.

[13] Joaquín José de Melgarejo y Saurín, 1780-1835, II marqués de Melgarejo y duque de San Fernando de Quiroga (título otorgado por Fernando VII en 1815), estaba casado desde 1817 con María Luisa de Borbón Vallabriga, hija de María Teresa de Borbón Vallabriga y Rozas y de Manuel Godoy, sobrina del cardenal Luis María de Borbón Vallabriga. Fue Secretario de Estado en septiembre de 1819, hasta el triunfo liberal de marzo de 1820.

[14] Antonio González Salmón era hermano del presidente cesado, el ultrarrealista Manuel. Antonio fue Secretario de Gobernación de Ultramar en septiembre 1819, y de Hacienda en noviembre 1819, volvería a ser Secretario interino de Gobernación de Ultramar y titular de Hacienda en 21 de marzo 1820 en el “Gobierno de los Presidiarios”

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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