EL FALSO CAMBIO POLÍTICO DE 1881.

 

Conceptos clave: la no liberalización económica: “la base quinta”, la deuda exterior a fines del XIX, los republicanos en 1881, la legislación de 1881, los católicos en 1881, los anarquistas en 1881, los nacionalistas en 1881, el PSOE en 1882.

 

Palabras clave: liberalización, deuda.

 

 

La no liberalización económica.

 

Eliminación de la suspensión de la Base Quinta[1].

El levantamiento de la suspensión de la Base Quinta, hecho en 1882, provenía de la Ley Arancelaria de 30 de junio de 1869, donde Laureano Figuerola, en la Base Quinta del apéndice C de la Ley de Presupuestos de julio de 1869, había previsto un desmantelamiento progresivo de los impuestos arancelarios españoles, pensando en una negociación con los países de Europa Occidental para que hicieran lo mismo con los productos españoles. En 1875 había llegado la fecha prevista por Figuerola para realizar el primer tercio del desmantelamiento. Pero el Ministro Salaverría decidió, por Decreto, la suspensión sine die de esa medida de rebajar aranceles, cuestión que fue ratificada en 1877, al tiempo que se facultaba al Gobierno para incrementar recargos en los derechos de importación y navegación.

En octubre de 1881, el Ministro de Hacienda, Juan Francisco Camacho, presentó a las Cortes el Proyecto de levantar la suspensión de la Base Quinta de la Ley Arancelaria de junio de 1869. El 6 de julio de 1882, fue aprobada, y ratificada por el Rey, la Ley de suspensión del Decreto de 1875 y de la Ley de 1877. Es un poco complicado, pero en 1882 se anulaba el decreto de 1875 de anulación del proyecto liberalizador de 1869. Si al lector le parece complicado el párrafo, debe considerar que lo complicado era la política española que tejía y destejía en cada momento político:

En 1869 se pensó en la liberalización a partir de 1875; En 1875 se suspendió la aplicación de la Base quinta; en 1877 se ratificó la suspensión; en 1881, se pensó en volver a la idea liberalizadora de 1869; y en 1882 se decidió volver al espíritu liberalizador de 1869; y en 1885 se volvió al proteccionismo anterior a 1868.

Con esta nueva ley librecambista de 1882, las mercancías que pagasen entre el 15 y el 20% de aranceles, verían rebajados sus derechos al 15%, y  las que pagasen más del 20% los verían rebajados hasta el 15% en tres fases, entre las fechas de 1887 y 1892. También lo dejaba para mucho más adelante, y se exponía a nuevos impulsos de destejer.

El momento escogido para hacer la liberalización económica era malo: Las leyes, además de ser buenas, deben ser oportunas, y 1881 no era un momento oportuno. Los capitales extranjeros estaban dejando de llegar a España, y bajaba la cotización de la peseta en el mercado internacional. Consecuentemente a la crisis financiera, se cortó en España la convertibilidad de la peseta en oro, lo cual deterioró la confianza en la peseta.

Juan Francisco Camacho de Alcorta decidió emprender un programa de conversión de la deuda estatal, la respaldó con garantía en todos los bienes del Estado en Cuba, y pagaba los intereses en oro, para que la confianza fuera completa. Inmediatamente los españoles, sobre todo los grandes hacendados cubanos,  mostraron mucho interés por la deuda del Estado español. La deuda sólo se contrataba en el exterior, pero los españoles no tuvieron ningún inconveniente en salir al extranjero para comprar este tipo deuda que pagaba intereses en oro.

Esta apertura comercial de España frente al comercio exterior, hecha en 1882, se cortó en febrero de 1885, cuando el Ministro Fernando Cos Cayón declaró definitivos los aranceles existentes en 1885, y eliminó las rebajas previstas en la Ley Arancelaria de 1882. Es decir, que sucedió lo previsible en España, que se anulaba la nueva ley antes de que entrara en vigor en 1887.

En 1886, el librecambista Segismundo Moret, trató de saltarse la prohibición de 1885, decretando que todos los productos europeos cumpliesen los requisitos pactados con Francia en febrero de 1882, y así en 1886 se logró un paso más hacia el librecambismo.

Pero en 1891, Juan de la Concha Castanedo derogó definitivamente la Base Quinta del Apéndice C de la Ley de Presupuestos de julio de 1869, y la ley de 1882, fijándose un arancel todavía más proteccionista. España entraba en uno de los sistemas más proteccionistas del mundo.

 

 

La deuda exterior española a fines del XIX.

 

Respecto a la deuda exterior, pagada en oro y respaldada con los bienes de Cuba, el éxito de las emisiones fue siempre grande: en 1898, se habían vendido 615.000 billetes hipotecarios por valor de 312.500.000 pesetas. Entonces se amplió la garantía de la deuda a la renta de aduanas, y se consiguieron 600.000.000 de pesetas. Y con la garantía del impuesto de la renta se consiguieron 200.000.000 de pesetas más. El interés ofrecido por España era insólito, del 15%, y los 800 millones de deuda producían 122.000.000 de pesetas de intereses al año. La deuda era impagable, y es otro factor a considerar en la derrota de España frente a Estados Unidos. Y también hay que tenerlo en cuenta a la hora de considerar la ruina del Estado español durante todo el siglo XX. La deuda excesiva no es viable y, además, genera muchos problemas en el corto, medio y largo plazo.

Aparte de esa deuda pagable en oro, España había emitido 11.500 millones de pesetas más con la sola garantía del Estado español. Los gastos de la Guerra de Cuba ascendieron a unos 4.600 millones.

En esta situación, los intereses globales de la deuda consumían el 43% del presupuesto anual del Estado. Téngase en cuenta que los gastos anuales del Estado español en 1898-1899 eran de 866 millones de pesetas, y tendremos una idea de la inmensidad de la deuda del Estado. España ya había vivido una situación similar a fines del reinado de Carlos III, y el resultado había sido la pérdida del imperio. Los españoles no habían aprendido con el fracaso del siglo XVIII.

La paridad de la peseta respecto a la libra, establecida en el entorno de 25 pesetas por libra poco antes de 1898, bajó a 34 pesetas por libra en 1898. El Ministro de Hacienda de 1899, Raimundo Fernández Villaverde decidió por fin el programa de ahorro estatal que España venía necesitando desde hacía décadas.

 

 

Liberalización política del sistema canovista.

 

Las primeras medidas del Gobierno Sagasta cumplían exactamente los objetivos pactados de liberalización del sistema:

El 11 de febrero de 1881, con motivo del aniversario de la proclamación de la República, se autorizaron las manifestaciones y actos conmemorativos republicanos, y en días siguientes aparecieron nuevas medidas liberalizadoras. Se trataba de dar la imagen de que no había partidos legales y partidos ilegales, sino que todos tenían los mismos derechos.

Decreto de libertad de imprenta: Se suspendió la pena a los periódicos suspendidos de publicación, y se sobreseyeron las causas criminales pendientes por motivos de prensa. Se entiende que volvía la libertad de imprenta. El régimen se liberalizaba acabando con un práctico estado de excepción que había tenido callada a la prensa prohibiéndola hablar del Rey, de la familia real, del Congreso y del ejército, desde 1874. El Decreto se ratificaría en la Ley Gullón de 1883.

El Ministro de Fomento, José Luis Albareda, también en febrero de 1881, derogó la Circular Orovio de 1875 que prohibía la enseñanza de doctrinas contrarias a la religión católica o al orden político establecido. Y además, reintegró a sus cátedras a los profesores expedientados por Orovio.

En marzo, una Circular del Fiscal del Tribunal Supremo advirtió que el artículo 11 de la Constitución debía ser exigido por los tribunales en sentido amplio y liberal, pues la conciencia humana era inviolable y había que respetar todas las creencias que no ofendieran a la moral. Sólo las ofensas inadmisibles debían ser perseguidas.

En marzo de 1881, una Circular del Ministro de Gracia y Justicia aclaró la circular a que hacíamos alusión en el párrafo anterior diciendo que no se debía confundir la polémica acre y apasionada, con la injuria y la calumnia.

Los católicos integristas protestaron e hicieron campaña contra las Circulares y contra los Ministros que permitían polemizar sobre dogmas de la religión católica.

 

 

La euforia de los republicanos en 1881.

 

Pi y Margall volvió en 1881 a la política. Había estado unos años al margen. Pero no se apeaba de su postura federalista de los “pactos sinalagmáticos[2]”, y era muy contrario a los republicanos unitarios. La unidad republicana era imposible.

También Estanislao Figueras, en un banquete celebrado en el Tívoli de Barcelona el 15 de febrero de 1881, se declaró contrario al pacto entre republicanos de diversas tendencias. Y el 17 de marzo de 1881 escribió Carta a los demócratas de Sanlúcar de Barrameda, criticando el federalismo de Pi por su utopía: decía que el “pacto sinalagmático” no era posible porque lo que proponía Pi era desunir toda España, para luego intentar establecer pactos entre iguales, cuando éstos ya fueran autónomos e independientes, lo cual conducía a la separación definitiva de España, pues esos pactos no se producirían nunca con acuerdo.

Figueras fundó en febrero de 1881 el Partido Federal Orgánico, en el que estuvieron Chávarri, Chies, Val y Jiménez, Rispa Perpiñá y otros.

Pi y Margall consideró una acción muy grave contra el republicanismo la fundación del Partido Federal Orgánico, e hizo una gira por Santander, Valladolid, Sevilla, Granada, Aragón, Cataluña, Levante y Madrid pidiendo el pacto de todos los republicanos federales y condenando a los disidentes que no querían la unión de España, tal y como la concebía Pi. Durante la gira de Pi, Valentí Almirall abandonó el federalismo, y Barcelona se pasó al nacionalismo catalán. El fracaso de Pi era evidente para casi todos los españoles.

Valentí Almirall explicó esta decisión de separarse de Pi y Margall en tres “Cartas al Director” publicadas en El Diluvio en julio de 1881 y tituladas “Explicaciones”: porque Pi no aceptaba basar la acción política en la tradición y en la historia, sino que alardeaba de racionalismo; porque Pi no creía en las nacionalidades sino en los individuos, los cuales eran los que libremente conformaban los municipios y éstos las provincias y la nación, lo cual era contrario a las creencias catalanas.

Almirall decía que la federación debía ser la alianza de Estados soberanos ya constituidos y dotados de una Constitución propia, los cuales delegarían algunas funciones y una parte de su soberanía a la autoridad federal.

Almirall hacía un planteamiento más realista, menos utópico que Pi. Pero dejaba claro que la federación pimargaliana quedaría en nada, pues dependería de lo que cada uno estuviese dispuesto a delegar, que podía ser diferente en cada caso, lo cual haría inviable la federación.

A esta disputa republicana, salió Josep María Vallés i Ribot[3] a decir que era preciso hacer compatibles las ideas de nacionalismo y federalismo, sin renunciar a ninguna de las dos cosas. Era un tema muy difícil, pues estaba hablando de unir con buena voluntad lo incompatible. Dependía pues del voluntarismo y de la creencia de que los hombres son buenos.

Con esta discusión de los catalanes, que eran la parte fuerte del republicanismo, podemos dar por liquidado el republicanismo federal español. Pi jugó a unir a los federales, Vallés i Ribot a conservar el nacionalismo sin renunciar al federalismo, y Almirall al nacionalismo puro y duro.

En adelante, hubo muchos intentos de unir a los republicanos, pero Pi siempre se opuso a ellas, porque decía que era requisito previo la unidad de pensamiento de los que pretendían unirse y luchar contra el poder establecido, y creía que la unidad se debía lograr en su idea del federalismo republicano.

En 1886, Pi obtuvo 21.244 votos en toda España, una cifra insignificante. El 22 de junio de 1894, Pi reiteró por última vez la necesidad de su federalismo. A partir de entonces se dedicó a escribir artículos de prensa, sobre todo en El Nuevo Régimen, y en ellos pidió la independencia de Cuba, y que España no entrase en guerra con los Estados Unidos. Muchos españoles consideran que en estos últimos años, cuando Pi ya no insistía en el federalismo, Pi estuvo muy acertado en sus opiniones, más que en ningún otro momento de su vida.

A pesar de los acontecimientos, los republicanos estaban eufóricos y celebraron en junio de 1881 una reunión en Biarritz, en la que estuvieron Ruiz Zorrilla, Martos, Figuerola, Montero Ríos, Echegaray, Salmerón, Chao, José Fernando González, Sáinz de Rueda y Gumersindo de Azcárate. Había sido convocada por Cristino Martos. Ruiz Zorrilla dijo que él no volvería a España. Y poco después, en julio, Martos abandonó la política, con lo cual el viejo partido republicano se diluyó. La mayoría de los del Partido Demócrata Progresista se afiliaron entonces a Izquierda Dinástica, el grupo presidido por el general Serrano. Los republicanos habían fracasado, pero se negaban a aceptarlo.

Hay que tener en cuenta que los republicanos españoles de último tercio del siglo XIX, obtenían el 3,3% de los diputados españoles, y eran una minoría insignificante. Si ocupan tanto espacio en los tratados de historia es por su pensamiento e influencia en tiempos concretos y puntuales.

El republicano de más influencia política en el último tercio del XIX español fue Emilio Castelar. Castelar era la esperanza de renovación de España. Pi era la antigualla respetable. Ruiz Zorrilla era la amenaza revolucionaria presente en todo momento.

 

 

Triunfo de Cánovas.

 

En realidad, Cánovas había triunfado y había impuesto su nuevo sistema político, pero la oposición todavía no tenía la perspectiva histórica suficiente para verlo. Todavía Castelar decía que se estaba entrando en un nuevo periodo político, pues el Gobierno Liberal Fusionista había abolido la Ley de la Censura, había abierto las Universidades a todas las ideas y opiniones, y había restablecido el derecho de reunión. Los Fusionistas y la izquierda en general tenían la impresión de que ellos estaban llevando a cabo un gran cambio “histórico”, pero en realidad, apenas estaba cambiando nada: Apareció un grupo de “amigos de Cánovas” frente a un grupo de “amigos de Sagasta”. Y muy pocas cosas cambiaron. Y es que los cambios sociales y políticos son mucho más difíciles, laboriosos y prolongados en el tiempo, que una simple declaración política de un Gobierno concreto, o de un personaje concreto.

En este nuevo ambiente de libertad de prensa, en 1881 apareció La Vanguardia en Barcelona, un periódico conservador, propiedad de los hermanos Godó, que hacía la competencia a “El Brusi” (cuyo nombre oficial era Diario de Barcelona), siendo ambos conservadores. El Diario de Barcelona se había hecho monárquico en 1874 y era dirigido por Mañé i Flaquer, y colaboraba Joan Maragall, los cuales hicieron de ese periódico un diario de opinión, pero conservador. La competencia fue tanta que, en 1906, La Vanguardia trataba de crecer destruyendo a su competidor y le quitó al Diario a su director, Miguel de los Santos Oliver, y a su principal colaborador, Joan Maragall. La Vanguardia era un periódico muy moderno para su tiempo, ya utilizaba las agencias de noticias, y era por ello muy superior a lo acostumbrado en España.

En 1882, los católicos crearon un órgano de prensa llamado La Unión, que en 1887 pasaría a llamarse La Unión Católica, idéntico nombre que la sociedad católica creada en 1881. En ellos fue fundamental la intervención de Alejandro Pidal y Mon.

 

 

Las reformas de Sagasta.

 

En 1881 se derogó la circular de Orovio de 1875, que había obligado a los universitarios a ajustar sus programas a los preceptos constitucionales, y el Ministro Albareda reintegró a sus cátedras a los expulsados en 1875: Castelar, Montero Ríos, Moret, Salmerón, Azcárate y Francisco Giner, aunque las cátedras estaban ocupadas por otros y algunas veces tuvieron que explicar otras asignaturas. Tuvo parte importante en esta readmisión el Director General de Instrucción Pública, Riaño. Los profesores readmitidos entraron en diversas Universidades, lo cual extendió el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza ILE: en Oviedo formaron grupo Álvarez Buylla, Leopoldo Alas, Adolfo García Posada, Félix P. Aramburu. En Sevilla estaban Sales y Ferré, y Barnés. En Valencia estuvo Pérez Pujo. En Valladolid estuvo González de Linares.

El 17 de febrero de 1881 una Circular legalizaba las asociaciones y aparecieron asociaciones obreras, aunque la Ley de Asociaciones, dando libertad de asociación, no estará lista hasta 30 de junio de 1887. Alejandro Pidal colaborará en la creación de La Unión Católica una sociedad con fines religiosos y sociales, aparecida en 1881.

Con todas estas disposiciones, los progresistas creyeron haber entrado en un periodo político nuevo en el que se cumplían muchas de las expectativas progresistas.

Los progresistas decidieron entonces completar el cambio político español renovando los Ayuntamientos, conforme a la Ley 1877, renovando la mitad del personal administrativo de los mismos a fin de que se integrasen en ellos personas liberales. Se creó con ello un clientelismo liberal fusionista paralelo al clientelismo conservador.

Los liberales creían que se estaba cambiando algo, pues se cambiaban las personas, pero en realidad no estaba cambiando nada, pues el sistema de clientelismo era el mismo de siempre.

De cara a las futuras elecciones, el bipartidismo quedaba asegurado. Los conservadores tenían sus clientes políticos, y los liberales, los suyos. En estas adjudicaciones de puestos laborales-políticos, Sagasta favoreció a los centristas de Gamazo, y a los de la derecha fusionista de Martínez Campos, para hacer un partido con mucha más base social y mucho más estable. La idea directriz era que las reformas se debían hacer lentamente, a fin de permanecer más tiempo en el Gobierno y poder hacer así más cambios, lo cual aseguraría a los liberales una estabilidad tan grande como la habían tenido los Gobiernos conservadores desde 1844. No se daban cuenta de que no estaba cambiando nada. Lo españoles acudían a la política para conseguir puestos de trabajo bien remunerados.

También de 1881 fue la Ley de Enjuiciamiento Civil[4]. Esta ley o Código Civil, es fundamental en la historia contemporánea española, y lo prueba el hecho de fuera base de muchas modificaciones, incluso un siglo más tarde, como las de 1939, 1953, 1984, ley orgánica 2/1987, 1988 y ley orgánica 19/2003.

Se creó el Cuerpo de Abogados del Estado.

Se reorganizó la inspección de Hacienda Pública.

Se hizo una conversión de deuda pública, para obtener mayores ventajas de pago.

Se impuso la contribución industrial.

 

 

Reacciones de 1881 a “las libertades”.

 

Los fusionistas creían estar cambiando el sistema político español, cuando lo que cambiaba era el acceso a los cargos políticos de los fusionistas, antes monopolizados por los conservadores, y desde ahora en alternancia de disfrute del cargo entre los conservadores y los fusionistas. Cuando unos pasaban a situación de “activos”, los otros pasaban a situación de “cesantes”. La situación dejaba fuera del sistema a católicos integristas, a anarquistas, a socialistas, y a nacionalistas disgregadores:

 

Los católicos en 1881.

Los ultracatólicos reaccionaron en contra de estas libertades y, en 1881, Pidal y Mon creó “Unión Católica”, una asociación de católicos. Pero no hubo sublevaciones como hubiera ocurrido en otro tiempo. Además de Alejandro Pidal y Mon, entre estos ultracatólicos estaban Enrique Pérez Hernández, Carlos María Perier, el marqués de Vadillo, el marqués de Heredia, y el conde de Llobregat. En 1882 crearon un periódico llamado La Unión, que en 1887 pasaría a llamarse La Unión Católica, igual que la asociación que habían creado en 1881.

 

Los anarquistas en 1881.

Los anarquistas estaban en la clandestinidad desde 1874 y ello les estaba debilitando mucho. De 123 federaciones existentes en 1873, habían bajado a 73 en 1877, y a 48 en 1881. La libertad de reunión concedida por Sagasta les permitió hacer reuniones.

Durante la clandestinidad, algunos anarquistas se habían radicalizado, y en 1878, un tonelero catalán, Juan Oliva, había pretendido asesinar a Alfonso XII. La violencia cuajó más en Andalucía, donde en 1878 se reunió la Conferencia Comarcal de las federaciones locales de Andalucía y adoptó la teoría de “la propaganda de los hechos”, es decir, que el anarquismo se debía difundir a fuerza de represalias contra la burguesía (incendios de casas y cosechas) y contra los burgueses (atentados). Los incendios fueron más frecuentes en las provincias de Córdoba y Sevilla que en el resto del territorio andaluz.

La Conferencia Comarcal de 1879 repitió las ideas de 1878. Y el 30 de diciembre de 1879, un bollero gallego, Francisco Otero González, intentó asesinar a Alfonso XII.

El 13 de marzo de 1881, Propocky había asesinado, “ejecutado” en lenguaje anarquista, en San Petersburgo a Alejandro II de Rusia. Tal vez los intentos españoles tuvieran relación con los sucesos rusos.

En 23 de septiembre de 1881 los anarquistas se reconstituyeron en el Congreso del Teatro Circo de Barcelona, diciendo continuar la AIT, lo cual era objetivamente imposible, pero muestra el espíritu de los asistentes.   El Congreso venía precedido por la Conferencia de Gracia de 6 de febrero de 1881, pidiendo la asociación sindical pública y expulsando de FRE a los miembros de la Comisión Federal que habían roto la unidad sindical y obrera en 1872.

En el Congreso del Teatro Circo de Barcelona, se reanudaban los movimientos sindicales interrumpidos en abril de 1874. Asistían al Congreso: la Comisión Federal Española de la AIT, representantes de los republicanos federales, y representantes de Alianza Internacional de Bakunin. Enviaron representantes 162 agrupaciones. Asistió Pablo Iglesias, pero le expulsaron.

En Barcelona, en septiembre de 1881, se fundó Federación de Trabajadores de la Región Española FTRE, de ideología anarcosindicalista, se condenó el maximalismo, y se recomendó la acción sindical pública, salir de la clandestinidad, colectivización de los medios de producción bajo control sindical, y entrega al trabajador del producto íntegro de su trabajo. La FTRE era sucesora de la vieja Federación Regional Española, FRE de la AIT de 1870, disuelta en 1874. Además de los catalanes, estaban presentes también representaciones de obreros vascos.

Los anarquistas decidieron: organizar secciones de oficio, federaciones comarcales y una Federación Regional (española); transformar la propiedad individual en colectiva, y un autonomismo en cuanto a organización social. reunirse en Sevilla al año siguiente.

El resultado de la reconstitución fue la organización inmediata de muchas huelgas. Crecieron hasta llegar a ser 218 federaciones, el 75% de ellas en Cataluña y Andalucía. Decían tener 57.934 afiliados, pero es posible que la cifra fuera propagandista. Estaban divididos ideológica y tácticamente: unos querían ir a la legalidad y otros a la práctica del terrorismo en la ilegalidad. Unos querían el entendimiento con los republicanos, y otros querían asociaciones obreras libres sin condicionamientos de ningún partido.

La reunión de Sevilla, de 1882, tuvo lugar en el Teatro Cervantes de la ciudad, y allí estuvieron representantes de Andalucía del Este (19.100 afiliados), Andalucía del Oeste (19.100 afiliados), Cataluña (13.000 afiliados), Valencia (2.300), Castilla la Vieja (900), Galicia (900), País Vasco (700), Aragón (600), Castilla la Nueva (500) y Murcia (200). Llama la atención la no presencia de Extremadura, una zona con muchos anarquistas. Los anarquistas de Valencia, Zaragoza, Asturias y Galicia, eran mayoritariamente gente de ciudad, de los núcleos caracterizados por las explosiones populares durante todo el siglo XIX.

Los dirigentes de esta reunión de Sevilla eran en su mayoría catalanes, e impusieron que no aspiraban a la violencia sino a la educación proletaria, por lo que las huelgas no eran su objetivo prioritario. Las diferencias entre la mayoría de militantes y la mayoría de dirigentes, produjeron una escisión. Los disidentes celebraron congreso aparte, en 1882, también en Sevilla, condenando a muerte a los dirigentes de FTRE.

Los violentos, que hasta entonces habían estado en minoría en FTRE, casi todos de Sevilla, formaron un grupo disidente llamado Los Desheredados, en el que el 75% de los delegados eran andaluces y el resto catalanes. Del conjunto de todos ellos, un tercio eran de Unión de Trabajadores del Campo, con lo que quedan definidas las características del anarquismo violento español del XIX: mayoritariamente campesino y andaluz, y con un grupo fuerte, aunque minoritario, en Cataluña, y otro más pequeño en Valencia. Los anarco-colectivistas, partidarios de un sindicalismo de masas, ganaron el Congreso de Sevilla. El dirigente anarcocomunista creador del grupo Los Desheredados, era Miguel Rubio. Era una asociación de carácter secreto y que admitía el terrorismo como método de acción, por lo que inmediatamente fue perseguido por los sucesivos gobiernos de la Restauración. Otro de los líderes españoles comunistas libertarios era Araquistain. Serían unos 30.000 miembros.

Con ello, nacía en España el anarcocomunismo o comunismo libertario, distinto del grupo de Barcelona que gustaba llamarse socialista libertario. Los anarcocomunistas eran partidarios de la colectivización de los medios de producción, colectivización de los frutos del trabajo, colectivización del consumo, rechazo de toda autoridad y todo medio de control sobre el obrero, y declaración de la legitimidad de la violencia contra la propiedad y la autoridad. Su táctica se basaba en la llamada propaganda de los hechos.

El iniciador de esta doctrina del comunismo libertario había sido el ruso Piotr Kropockin, hombre que defendía que la propiedad era la injusticia radical y que, viniendo respaldada por el Estado, había que luchar violentamente, tanto contra los propietarios, como contra el Estado, con el asesinato y la bomba si era preciso.

Contra la tendencia violenta que se imponía sobre todo en Andalucía, los anarquistas catalanes reunieron en 1882 el II Congreso de la Federación de Trabajadores de la Región Española FTRE.  Los socialistas libertarios catalanes, dirigidos por Tárrega eran mayoritariamente bakuninistas. Serían unos 13.000 miembros. Se pronunciaron en contra del terrorismo. En el Congreso de Valencia de 1883 condenaron las actividades violentas de La Mano Negra.

El típico núcleo revolucionario anarquista violento estaba formado por energúmenos dispuestos a cualquier violencia, sin complicaciones. Hacían propaganda de la Internacional, realizaban algunas acciones violentas, eran reprimidos, y se retiraban de las apariciones públicas un tiempo, hasta el siguiente momento de efervescencia. La asociación más conocida de este movimiento violento fue La Mano Negra, la cual nació probablemente en 1874, pero desconocemos casi todo de ella por ser clandestina. En 1878 era ya muy conocida por sus violencias. En 1882, se opuso a las recomendaciones de pacifismo de la FTRE en Barcelona y llegó a su máximo de agresividad. Se proponía la destrucción del Estado por medio del fomento de todos los conflictos laborales, de la quema de archivos sobre los que se sustentaba el orden burgués pues contenía títulos de propiedad y antecedentes delictivos de los obreros, de la quema de bienes de la burguesía, y de la violencia física contra los burgueses. Los socios de La Mano Negra no podían pertenecer a ningún partido político, ni profesar ninguna religión, excepto la militancia en FTRE. En 1883, la FTRE condenó expresamente los crímenes de La Mano Negra.

Alrededor de La Mano Negra nació una leyenda que nos impide ver la realidad: se le atribuyeron delitos cometidos por trabajadores diversos que no estaban relacionados con esa asociación, y de los que La Mano Negra no sabía nada, pero no se molestó en desmentirlos. Así, se agrandaba la opinión de que era una gran fuerza destructiva presente en todas partes. Y muchos de los crímenes que se le  atribuyeron, nunca pudieron probarse. Para luchar contra La Mano Negra, el Gobierno de 1882 decidió suspender todas las agrupaciones rurales de tipo político, y en 1883 detuvo a unos 300 individuos intentando acabar con La Mano Negra. Pero hay que tener en cuenta que en 1882 había habido mala cosecha y los trabajadores protestaban porque tenían hambre. Si se detenía a los que protestaban, nosotros no podemos saber quiénes eran Mano Negra y quiénes simplemente se quejaban de la escasez y altos precios de los alimentos.

Incluso es posible que el anarquismo andaluz no fuera exclusivamente rural, como se viene diciendo repetidamente, sino que tuviera un componente importante de artesanos y asalariados urbanos industriales, porque el campesino era católico y de pensamiento muy tradicional, lo cual no encaja con la violencia de Mano Negra.

Tampoco sabemos de las relaciones entre Los Desheredados y la Mano Negra. Es posible que Los Desheredados, tuvieran su origen en La Mano Negra.

El 3 de diciembre de 1882, apareció muerto un matrimonio de venteros en Jerez, y el 26 de diciembre fue asesinado Fernando Oliver. Los disturbios en Andalucía habían empezado en 1881 debido a una sequía que dejaba sin trabajo a muchos jornaleros. En 1882 apareció el rumor de que había una organización secreta que hacía atentados y se llamaba La Mano Negra. Y así llegó diciembre de 1882 y los hechos violentos citados. El comandante de la Guardia Civil de Jerez de la Frontera, José Oliver, detuvo a 16 militantes anarquistas del pueblo de San José del Valle y les acusó de pertenecer a La Mano Negra basándose en unos papeles que decía que había encontrado “debajo de unas piedras”. Se les acusaba en general de colaborar en asesinatos, y en particular a Pedro Corbacho, de ser el jefe de la asociación secreta y de haber ordenado la muerte de Blanco de Benaocaz por querer abandonar la asociación. La guardia civil se movilizó y detuvo a 360 personas en Jerez, Cádiz, Marchena, El Arahal y Osuna, acusándoles de pertenecer a La Mano Negra, de la cual nadie había tenido noticias ciertas nunca, aunque sí rumores. Parece ser que las detenciones previas fueron masivas y se habla de unas 2.000 personas en Cádiz, y 3.000 en Jerez. Se obtuvieron confesiones bajo tortura. En abril de 1883 hubo 8 penas de muerte y 10 cadenas perpetuas. Algunos estuvieron en la cárcel hasta 1903. Para los historiadores, queda una cuestión pendiente: La Mano Negra pudiera ser una farsa policial para quedar bien ante la sociedad, o pudiera ser un grupo radical, disidente del pacifismo internacionalista.

Estos dos congresos anarquistas de 1882, serán replicados por el PSOE en otra reunión en Barcelona del mismo año de 1882, creando Asociación Nacional de Trabajadores de España ANTE, de carácter marxista, que también recomendaba la acción sindical, pero bajo ideología marxista. Los marxistas fracasaron. Sólo en 1888, lo marxistas hicieron su Primer Congreso sindical, con UGT. Los congresos socialistas-anarquistas de 1882, fueron por tanto tres.

El 4 de octubre de 1883, en el III Congreso de FTRE de Valencia, los socialistas libertarios volvieron a rechazar la acción violenta, pero no lograron superar la crisis interna, la ruptura con el comunismo libertario.

En 1884 los anarquistas celebrarán dos congresos separados, uno pacifista en Barcelona septiembre 1884, y uno de Los Desheredados en Sevilla diciembre 1884. Las dos facciones estaban muy mal organizadas y nadie cotizaba ni regulaba las acciones, así que fueron decayendo hasta el punto de que, al intentar reunirse en Madrid en 1887, sólo había 16 delegados.    El IV Congreso de Madrid de 15 de mayo de 1887, fue un nuevo fracaso.

El Congreso de Barcelona de 18 de mayo de 1888, intentó crear un “Pacto de Unión y Solidaridad” entre anarquistas, que no convenció a casi nadie.

La solución se dio en octubre de 1888 en Valencia, creando Organización Anarquista de la Región Española OARE, que dejaba a cada grupo libertad para hacer su propio planteamiento ideológico y táctico. En ese momento, octubre de 1888, el PSOE estaba creando UGT y estaba amenazando con llevarse muchos afiliados obreros.

En 1890, declararon día de huelga general anual el 1º de mayo, al igual que habían hecho otros países del mundo a raíz de los sucesos de Chicago, organizaron huelgas de mineros y de campesinos en Andalucía en 1891 y 1892. Posteriormente los anarquistas fueron protagonistas de varios hechos violentos como la bomba del Liceo (1893) con 21 muertos, la bomba de la procesión del Corpus (1893) con 10 muertos y el asesinato de Cánovas (1897).

A estas actuaciones violentas, contestó la policía con más violencia. Al asesinato de Cánovas siguieron las torturas de Montjuich. La barbarie policial suscitó apoyos internacionales hacia los anarquistas españoles, apoyos que infundieron mucho ánimo en estos anarquistas.

 

El nacionalismo romántico.

En 1881, con la legalización de las asociaciones y la politización de los movimientos culturales, terminaba la época romántica de los nacionalismos. El caso más significativo es el de Rosalía de Castro, que dejó de escribir en gallego. Rosalía de Castro, 1837-1885, había nacido en Santiago de Compostela y era hija ilegítima de un sacerdote. Su madre la llevó a Santiago en 1853, en 1857 se fue a Madrid, y en 1858 se casó con el periodista Manuel Martínez Munguía. Rosalía escribía para hablar contra el imperialismo cultural de Castilla y a favor de elevar la lengua gallega, pero esta pasión se acabó en 1881, y entonces decidió no volver a escribir gallego y publicar sus trabajos en castellano, incluso traduciéndolos del gallego. Su poesía se hizo muy amarga, muy decepcionada. Se había roto la inocencia.

 

Los nacionalistas catalanes.

En 1881, Valentí Almirall rompió con los federales de Pi y Margall y, en 1882, creó su propio grupo llamado Centre Catalá. Con ello se iniciaba el nacionalismo moderno.

Valentí Almirall Llozer 1841-1904 provenía del republicanismo federal del grupo de Pi i Margall de 1868, y había promovido en 1869 el Pacto de Tortosa o pacto federal de los antiguos reinos de la Corona de Aragón. Ya en 1869 había lanzado un periódico, El Estado Catalán, para difundir sus ideas, las de autodeterminación de Cataluña, y en 1879-1881 las defendió en Diari Catalá. En este periódico convocó, en 1880, el I Congreso Catalanista. Por entonces, hacia 1881, abandonó el federalismo para hacerse puramente catalanista, y de ahí que crease Centre Catalá en 1882. Centre Catalá se proponía una alianza interclasista para lograr la autonomía de Cataluña. En adelante, las acciones más importantes de Almirall serán el Memorial de Greuges de 1885 y la publicación Lo Catalanisme exponiendo la doctrina del catalanismo. En 1888, se opuso a la exposición de Barcelona, y ello llevó a los burgueses catalanes a desconfiar de Almirall y de Centre Catalá, para adoptar un nacionalismo moderado y burgués que conoceremos como Lliga.

El ideólogo del nacionalismo moderado y burgués puede ser Josep Torrás i Bagés, obispo de Vich, 1846-1916, que en 1892 publicó La Tradición Catalana, defendiendo que existían unos valores éticos del regionalismo catalán y que esos valores se habían mantenido durante siglos en la historia a través de la lengua catalana, y que el futuro debía cimentarse en esos valores tradicionales.

 

 

El Partido Socialista Obrero Español, en 1881.

La libertad de asociación de 1881 sacó a la luz al Partido Socialista Obrero Español fundado dos años antes entre los tipógrafos de Madrid, por unas 25 personas. En 1881 aparecieron pidiendo el poder para el proletariado. Tenía por entonces unos 977 afiliados, una insignificancia.

Paulino Iglesias Posse (Pablo Iglesias en el acta bautismal) organizó en febrero de 1882 una huelga de tipógrafos, unas pocas decenas de individuos, y Madrid se vio sin periódicos. Pedían los salarios pactados en 1873, en tiempos de la República. Lograron parar a 200 tipógrafos de Madrid, de un total de 400 que había, y ello paralizó o ralentizó al menos a 30 imprentas. La huelga no era significativa, y podía haber pasado desapercibida. Pero el Gobierno hizo que las cosas se magnificaran: La directiva en pleno fue a parar a la cárcel de Saladero. Paulino Iglesias fue condenado a un día de cárcel. Los tipógrafos fueron despedidos y sustituidos provisionalmente por soldados, Los organizadores de la huelga fueron condenados a cinco meses de presidio, pero eso resultó positivo para el PSOE: tipógrafos de muchas provincias y obreros de muchos talleres de Madrid de otros oficios, se interesaron por el PSOE. Algunos despedidos buscaron trabajo en distintas provincias, por lo que apareció socialismo marxista en distintas ciudades de España. El PSOE se extendía a Barcelona, Valencia, Sevilla, Tarragona, Zaragoza, Guadalajara, Villanueva y Geltrú, Logroño, Bilbao, Castellón y Manresa. El éxito llevó a los socialistas a presentarse a las elecciones municipales por Madrid. La huelga terminó en junio de 1882. Para entonces, 16 patronos habían cedido a la subida de salarios que se les pedía, y sólo quedaban 14 que se negaban a hacerlo.

El PSOE trató de captar militantes de entre los grupos obreros de Federación de Trabajadores de la Región Española FTRE, los cuales no eran socialistas, sino anarquistas, pero apoyaban a los expulsados de su trabajo y encarcelados. En 1882, el Centro Federativo de Sociedades Obreras de Barcelona, que había sido creado en 1876, empezó a propagar el programa del PSOE y lanzó la idea de celebrar un congreso obrero nacional en Barcelona. Sería un congreso para todo tipo de obreros y no sólo de tipógrafos. En ese congreso se fundó la Asociación Nacional de Trabajadores de España ANTE, para intentar un sindicalismo marxista. Declaraba tener intenciones puramente laborales y no decía qu estaba relacionado con el PSOE. Pero manifestó que “la clase obrera debe organizarse en partido político distinto e independiente de los demás partidos burgueses para conquistar el poder”, lo cual es marxista. No tuvo éxito. La ANTE no llegó a configurarse nunca porque la mayoría de los obreros creía que un sindicato no debía ligarse a ningún partido concreto. El sindicalismo marxista no llegará hasta 1888.

El grupo marxista de Barcelona, creó la Sociedad de las Tres Clases del Vapor, dirigida por Pamiès, que con el tiempo derivaría en un socialismo oportunista, de pactar con los gobiernos en lo que se pudiera. En el siglo XIX y principios del XX, esta actitud fue calificada de traición al socialismo, pero en la segunda mitad del XX, y en el XXI, sería la actitud sindical más generalizada.

Pablo Iglesias se preocupó de que hubiera coherencia en el grupo, de tomar las ideas del marxismo, de conectar con periodistas (Mesa que trabajaba en París) para saber por dónde iban las ideas de los grupos europeos y, a través de estos periodistas, conectar con el líder ideológico francés Paul Guesde.

Los socialistas rompieron con los republicanos y se declararon indiferentes en el tema monarquía-república, porque ambas opciones eran indiferentes, ambas eran burguesas.

Tras el fracaso de ANTE, los socialistas marxistas decidieron trasladarse a Madrid donde, aunque pocos, tenían algunos afiliados y alguna audiencia.

 

 

Ambiente social español en 1881.

 

La opinión pública simpatizaba con los Reyes y con Sagasta, pero Cánovas no era en absoluto popular. Su participación en la política era más bien escasa.

La nobleza y el pueblo se divertían en verbenas, teatro, ópera y toros, pero en localidades separadas por los precios de las mismas: Las entradas de sol en los toros eran mucho más baratas que las de sombra, y las entradas a la ópera valían 4 reales en paraíso, lo cual era la cuarta parte de un jornal, pero 30 reales en palcos y butacas, 5 días de jornal. La burguesía se divertía en la zarzuela, que era más propia de clases medias, y menos propia de la nobleza.

 

 

[1] Véase: Agustín González Enciso y Juan Manuel Matés Barco, Historia de la Economía de España.

[2] Era una idea de Pi y Margall tenida por una genialidad por algunos, y por una necedad por otros. Consistía en hacer a todas las regiones españolas Estados libres, y pedir que luego se establecieran pactos políticos y económicos entre esos Estados.

[3] Josep María Vallés i Ribot, 1849-1911, estudió Derecho en Barcelona y fue republicano desde su juventud. En 1873, ya era del Partido Republicano. Fue Presidente del Centro Federalista de Barcelona. En 1883, fue uno de los mayores impulsores del Projecte de Constituciò per a l`Estat Catalá. En 1888 se opuso activamente al envió de tropas a la Guerra de Cuba y resultó encarcelado. Escribía en El Federalista, en La Veu de Catalunya, y en La Región Catalana. En 1903, apoyó a Nicolás Salmerón en su proyecto de una Unión Republicana, contraria a sus ideas, pero medio para derribar al Estado español. En 1905, apoyaba un republicanismo catalán, completamente al margen del resto de España, movimiento que se llamó Solidaritat Catalana. En 1910, volvió a defender la Unión Federal Nacionalista Republicana en toda España, otra vez como instrumento para derribar al Estado central y para la constitución de muchas repúblicas independientes sobre el territorio español.

[4] En la Ley de Enjuiciamiento Civil de 1881 trabajó Manuel Durán i Bas 1823-1907, que había estudiado con los jesuitas en Madrid y derecho en Barcelona, profesor de la Escuela Especial de Comercio de Barcelona en 1848 y de Derecho Romano en 1850, diputado y senador varias veces a partir de 1865 y rector de la Universidad de Barcelona en 1896-1899. Era católico conservador, pero partidario de hacer reformas para cambiar las viejas estructuras inconvenientes a los tiempos modernos. Creía que había que conseguir relaciones pacíficas entre la Iglesia y el Estado, entre el capital y trabajo, y una funcionalidad del Estado en cuanto a cumplimiento de los fines que se le suponen.

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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