GOBIERNO CÁNOVAS EN 1877-1879.

 

 

Conceptos clave: Cánovas, Alfonso XII, María de las Mercedes.

 

Crisis de Gobierno en 1877

 

El año 1877 empezó con una crisis de Gobierno, que se tradujo en una remodelación del Gobierno de 14 de enero de 1877:

Gracia y Justicia: Fernando Calderón Collantes

Estado: Francisco Silvela Le Vielleuze

Ultramar: Cristóbal Martín de Herrera

En 1877 hubo una pequeña crisis política en las relaciones de Cánovas y Sagasta en el proyecto de constituir un partido alternante: El Rey nombró senadores vitalicios para el Senado, y de los 110 senadores, sólo 8 eran próximos a los Constitucionales de Sagasta. Sagasta se retiró de las Cortes, pero volvió en 1878, manifestando que lo hacía en señal de moderación política. Por ello, el partido alternante no estaría listo hasta 1880.

En mayo de 1877 hubo un intento de sublevación republicana. Eran los republicanos unitarios de Zorrilla, Cristino Martos y Nicolás Salmerón. Varios generales exiliados en Francia pasaron la frontera española. Ruiz Zorrilla había redactado un Manifiesto-Programa para caso de triunfo de esta sublevación, pero el movimiento fracasó. De todos modos, Ruiz Zorrilla publicó a continuación un folleto tratando de dar una explicación a los suyos, que se tituló A sus amigos y a sus adversarios. Estaban al margen de este movimiento, los republicanos de Castelar, y los republicanos federales de Pi i Margall.

Remodelación de Gobierno de segunda mitad de 1877:

Hacienda, 11 de julio de 1877: Manuel Orovio Echagüe

Marina, 23 de septiembre de 1877: Francisco de Paula Pavía Pavía.

 

 

 Crisis del sistema en segunda mitad de 1877.

 

En 1877, tras la decisión de Sagasta de no asistir al Congreso, Cánovas se repensó su sistema de alternancia de partidos y empezó a pensar en una alternancia en el Gobierno de él mismo con otro hombre de su mismo partido. Inmediatamente, Sagasta protestó y su modo de protesta fue el retraimiento de sus diputados en los debates parlamentarios, el silencio completo. Ello amenazaba con otra coalición de centro izquierda como la que había tenido lugar en 1868, y Cánovas acusó la amenaza. Pero no cedió hasta febrero de 1878. En febrero de 1878, volvió a aceptar que fueran Sagasta y el Partido Liberal Fusionista la alternativa de Gobierno.

Cánovas dijo que en ese momento ya volvía a ser posible la alternancia, porque Sagasta le había prometido respetar la figura de Alfonso XII y el hecho de la democracia liberal. Pero lo que estaba pasando de verdad era que Castelar se había puesto en conversaciones con Sagasta y con Antonio Romero Ortiz, y el asunto empezó a ser preocupante para Cánovas:

Emilio Castelar representaba a los republicanos unitarios, que iban en alza.

Práxedes Mateo Sagasta, representaba a los liberales progresistas.

Antonio Romero Ortiz, 1822-1884, había estudiado Filosofía y Derecho en Santiago de Compostela y se había doctorado en Madrid. En 1856 estaba en Unión Liberal. En 1868 participó en la revolución de septiembre y fue Ministro de Gracia y Justicia el 8 de octubre de 1868. Se mostró “anticlerical” en la supresión de la Compañía de Jesús, y también era partidario de la unidad de fueros de todos los españoles, o la supresión de fueros vascos. Era contrario a la pena de muerte. En 1871, era partidario de Antonio de Montpensier para Rey de España. En 1881, además de Maestre del Gran Oriente de España, fue gobernador del Banco de España hasta 1883.

El general Arsenio Martínez Campos se sintió traicionado por el Partido Conservador y se sumó a la coalición Sagasta-Castelar-Romero Ortiz, lo que representaba el apoyo de los militares moderados al grupo contrario a Cánovas.

Y enseguida, Manuel Pavía Rodríguez de Alburquerque, José Gutiérreez de la Concha Irigoyen marqués de La Habana, y Joaquín Jovellar Blas de Villate conde de Valmaseda declararon su apoyo a la coalición progresista. Ya no era un tema menor. Por eso, Cánovas se desdijo, y volvió a llamar a Sagasta.

 

 

El carlismo en 1877.

 

Carlos VII, tras la derrota del carlismo, protestó en 1877 contra la abolición de los fueros vascos, y el Gobierno de España exigió su expulsión de Francia. Fue expulsado, volvió, volvió a ser expulsado, regresó y fue de nuevo expulsado en 1881, yendo a vivir a Venecia, en donde murió en 1881.

En 1877 Carlos VII se separó de su esposa, sin romper el matrimonio, y convivió con Paula de Samoggy, una húngara con la que visitó diversos países, y corrió grandes fiestas. En 1881 se separó de su amante y volvió con su mujer, Margarita de Parma. Los integristas católicos, partidarios del matrimonio para siempre y la fidelidad entre los esposos, estaban desconcertados, y lo único que se les ocurría era no dar a conocer lo que estaba sucediendo, y que se quedara en cosas entre los entendidos.

Los carlistas se dividieron en dos grupos, uno integrista católico dirigido por Ramón Nocedal, y otro carlista ortodoxo partidario de Carlos VII y de los principios de “Dios, Patria y Rey”.

Las ideas del carlismo en ese momento, eran anticuadas y nada progresistas: proteccionistas en comercio, gremialistas en industria, regionalistas o conservadores de los privilegios regionales en economía, pero unitarios en política bajo la autoridad del Rey. Este conglomerado de contradicciones se salvaba gracias a las tradiciones familiares, a relatos del pasado que justificaban que así eran y debían ser las cosas, y por ello habían luchado los antepasados. El carlismo se basaba en una fe, en el tradicionalismo.

 

 

El matrimonio de Alfonso XII.

 Enero de 1878.

 

Alfonso XII le fue dócil a Cánovas y colaboraba con él en todo: cuando Cánovas se lo sugería, Alfonso XII se quejaba de un determinado proyecto del Gobierno, se negaba a firmar la Ley que se le proponía, y provocaba una crisis que servía para cambiar el Gobierno. De esta manera, Alfonso aparecía como el causante de las crisis, cosa que no gustaba al joven Rey, pero Cánovas le decía que era lo conveniente para España, y el Rey así lo hacía. Alfonso nunca desobedeció a Cánovas en esto en toda su vida.

Pero Alfonso XII tenía el mismo defecto que su madre y sus antepasados Borbones: era un adicto al sexo y no sabía dominarse. Alfonso se escapaba de palacio casi todas las noches para practicar sexo. Cánovas decidió casarle.

En 1877, uno de los problemas que más preocupaba a Cánovas era casar al Rey.

Cánovas pensó en Estefanía de Bélgica, una chica católica, pero no servía porque sólo tenía 13 años y no solucionaría el problema sexual de Alfonso.

Entonces se pensó en Beatriz de Gran Bretaña, pero exigiendo que se convirtiese al catolicismo, a lo cual se opuso la reina Victoria de Gran Bretaña.

En primavera del 1877, Alfonso viajó por Levante y acabó en Sevilla. Un lunes santo entró a caballo en Sevilla, montado en un caballo blanco y provocó las aclamaciones de la multitud. Dio una recepción y, naturalmente, acudieron los duques de Montpensier, tíos suyos, y les acompañaba su hija María de las Mercedes de Orleans y Borbón. La niña tenía 16 años, a punto de cumplir 17. Era una mujercita y podía servir para el caso, pues también era adicta al sexo. Alfonso XII tenía 19 años, a punto de 20. Hicieron una excursión a San Isidoro del Campo, y se quedaron a dormir en el Palacio de San Telmo, en el que el duque de Sesto y el conde de Morphy procuraron que siempre hubiera una reja por medio, pues Alfonso no se contenía. El Viernes Santo, Mercedes se cansó de esas citas vigiladas y abandonó.

Las relaciones con los Montpensier eran delicadas, pues Antonio de Montpensier había intentado ser Rey de España en 1870, y eso no gustaba a los moderados, y también había colaborado económicamente en la revolución de 1868 que había derrocado a la Reina Isabel II.

Los moderados, ante las relaciones de Alfonso XII con Mercedes, inmediatamente dijeron que Antonio de Montpensier trataba de hacer Reina de España a su hija.

Naturalmente, Isabel II, que vivía discretamente en Madrid, se enfadó y le comunicó a su hijo que ese amor era imposible. Isabel II vivía en Madrid desde 1877 y se había traído con ella a sus hijas. Cánovas les impuso la condición de que fueran discretas. Desde 1876 estaban en España Isabel II y sus hijas Isabel, Paz y Eulalia. Isabel, La Chata, era gorda, charlatana, simpática y populachera, aficionada a los toros, romerías y verbenas y amante de los vestidos de colores chillones.  Paz escribía versos y pintaba. Eulalia era rubia, pintora y de ideas progresistas. Isabel II se disgustó con los sucesos de Mercedes de Orleans y se marchó de nuevo a París, pero no se llevó a sus hijas. No quería estar en la boda de su hijo. Las hermanas de Alfonso fueron siempre muy discretas y nunca se metieron en política, lo cual les permitió pasar desapercibidas, y ello contribuyó a mantener vivo el engaño al pueblo español de tener exiliados a los Borbones.

Entonces resultó que los progresistas, a quienes Montpentsier había ayudado en 1868, se declararon partidarios de ese matrimonio.

Cánovas prefería una chica de una casa real europea, y habló a Alfonso de la trascendencia de la relación que emprendía con Mercedes. Mercedes tenía la ventaja de que amaba realmente a Alfonso, de que ambos se gustaban, y ambos eran heterosexuales, lo cual evitaba muchos problemas de los que España había sufrido. Y Mercedes era espontánea, tímida, generosa y dulce, lo que venía bien a los proyectos de Cánovas, y además era menuda, lo que iba bien a un Rey bajito como Alfonso XII. Alfonso, por una vez en su vida, defendió su relación con Mercedes, y Cánovas ya no se opuso, pues resolvía el problema del escándalo ante los católicos y el descrédito consiguiente de la Corona.

Los niños, Alfonso y Mercedes, decidieron actuar por su cuenta. El día y la noche les servían para estar juntos, uno sí y otro también.  Entonces se hizo una campaña de prensa para convencer a los españoles de que el asunto de Alfonso y de María de las Mercedes era una cuestión de amor, se hicieron versos y canciones, y los españoles acabaron convencidos de que la aventura sexual de Alfonso era enamoramiento repentino y limpio.

El 23 de enero de 1878 hubo boda real en Atocha (Madrid): Alfonso y Mercedes. Se aprovechó la fecha para inaugurar la luz eléctrica en Puerta del Sol y celebrar una corrida de toros goyesca en la que cayeron destripados 12 caballos. El torero de moda, Lagartijo, se negó a torear porque él era republicano y no iba a torear para un Rey.

 

 

La muerte del la Reina Mercedes.

 

Mercedes contrajo fiebres, cosa que ya le había ocurrido a alguno de sus hermanos, y murió a los cinco meses, en junio de 1878, destruyendo el proyecto de Cánovas.

Alfonso, a los pocos días de la muerte de Mercedes, ya había solucionado su problema de obsesión sexual yéndose a dormir con la soprano Elena Sanz, que sería en adelante su amante durante toda su vida, y con la que tuvo varios hijos.

Alfonso había ido a la ópera a ver La Favorita, El Trovador y Aída, y resultaba que se había enamorado de la cantante y decidió irse con ella.

 

 

El segundo matrimonio de Alfonso XII.

 

Cánovas se volvía a encontrar con el problema sexual de Alfonso XII, y negoció a toda prisa la llegada a España de María Cristina de Habsburgo Lorena. Alfonso no quería casarse, y decía que se acordaba mucho de Mercedes, lo que escondía que no quería separarse de Elena Sanz. María Cristina de Habsburgo Lorena era hija de los archiduques Carlos Fernando e Isabel, tenía 20 años de edad, y sus padres estaban interesados en el matrimonio con el Rey de España.

Alfonso XII pidió que al menos no fuera fea la escogida para su esposa, y que fuera discreta y bien educada. Se envió a Augusto Conte a verla, y éste regresó diciendo que era hermosa, discreta, muy culta y de porte digno.

El 29 de noviembre de 1879 hubo nueva Boda Real en Madrid, apenas 22 meses después de la primera. María Cristina, formada en Europa Central, no gustaba de los toros y eso no lo comprendían los españoles. Alfonso, simplemente cumplía un papel, pues su vida amorosa la hacía con Elena Sanz. Y sin embargo, María Cristina era una mujer recta, abnegada, bien educada, culta, que hablaba cinco idiomas, conocía fundamentos de filosofía y de economía, entendía de arte, y tocaba muy bien el piano. Nunca había habido un Rey o una Reina mejor preparada en España. Y María Cristina de Habsburgo Lorena no triunfó entre los españoles, porque no era espontánea, no tenía don de gentes, y no era parlanchina ni cotilla, que eran las “virtudes” que más gustaban a los españoles, incluso cuando eran exageradas y molestas. Y además, la Reina compartía ideas liberales con Sagasta, y no tanto con Cánovas.

 

 

Nueva crisis de Gobierno en 1878.

 

10 enero 1878, Ultramar: Cristóbal Martín de Herrera.

12 febrero 1878, Ultramar: José de Elduayen Gorriti.

6 enero 1879, Gracia y Justicia: Saturnino Álvarez Bugallal

 

 

 

La Paz de Zanjón de febrero de 1878.

 

En 12 de febrero de 1878 se firmó con Cuba una tregua en la guerra, tregua que se llama Paz de Zanjón.

La guerra de Cuba había sido, desde 1869, una guerra de guerrillas contra España, de modo que ni siquiera los Estados Unidos se atrevieron a reconocer a los cubanos como beligerantes.

Era una guerra compleja: Había tres fuerzas armadas, dos de ellas contrarias a España en según qué condiciones.

Por una parte estaban los rebeldes como Máximo Gómez y Calixto García, que con sus ideas demócratas habían iniciado la guerra de independencia en 1868, con la bandera de abolición de la esclavitud.

Por otra parte estaban los propietarios cubanos, con un ejército temible de más de 30.000 hombres, que habían organizado un Gobierno paralelo al español en Cuba, y amenazaban a España con la disyuntiva de, o seguir su política o padecer su enemistad. Los propietarios cubanos habían echado abajo a Amadeo y a la República, y habían propiciado la llegada de Alfonso XII.

En tercer lugar estaban los destacamentos militares españoles que, en inferioridad, trataban de sobrevivir entre los dos bandos anteriores.

La ocasión para España de terminar la Guerra de Cuba, guerra que había empezado hacia 1869, fue la terminación de la guerra carlista en 1876. Ello permitía a España dedicar todas sus fuerzas militares al problema cubano.

Los antecedentes de la Paz de Zanjón eran: En 1875 era Capitán General de Cuba el conde de Valmaseda, un hombre duro, que no pudo mediante su autoritarismo, mejorar la situación española. En 1876, Cánovas envió como Capitán General a Jovellar, que acababa de ser Presidente del Gobierno en 1875 y que era un hombre de Cánovas. Tampoco se logró nada, porque los militares españoles salían de la península con una idea equivocada de lo que pasaba en Cuba y se estrellaban contra la realidad. Se mandó después a Cuba a Arsenio Martínez Campos, con una fuerza militar considerable y el nombramiento de Capitán General. Tener una fuerza militar importante era la mejor baza para negociar. Su táctica fue la conciliación y el diálogo, y los cubanos, acostumbrados a la dureza de Caballero de Rodas o del conde de Valmaseda en su día, se avinieron a firmar la paz.

Martínez Campos negociaba con todos, prometía a los rebeldes el final de la esclavitud, a los propietarios cubanos una sobrerrepresentación de su causa en las Cortes de España, y a todos ellos una amnistía total y completa. La paz llegaría en 1878, Paz de Zanjón.

Por la Paz de Zanjón de 10 de febrero de 1878, se prometió a Cuba la autonomía y la liberación de los esclavos, si por su parte, los insurrectos deponían las armas y daban fin a la “Guerra Larga” a cambio de obtener las mismas condiciones políticas, orgánicas y administrativas que disfrutaba Puerto Rico.

Los cubanos rebeldes proponían la asimilación de Cuba al resto de las provincias españolas, con los mismos derechos y obligaciones, lo cual era dejar de ser colonias. Pero España no aceptó y sólo ofreció equiparar a Cuba con lo que se le había dado a Puerto Rico.

No se estaba concediendo nada: Esas condiciones puertorriqueñas, establecidas en 1873, no estaban vigentes en 1878, y por tanto, no se estaba ofreciendo nada a Cuba, excepto la abolición de la esclavitud, de donde resultó que los cubanos se volvieron a rebelar en 1879, “Guerra Chiquita”. El líder del nuevo ataque era Calixto García y fue fácilmente vencido. De nuevo se rebelaron los cubanos en 1883, y por tercera vez en 1885, pero fueron vencidos. En 1895 la vencida sería España.

En 1878, el Gobierno de España decretó la creación de una Junta de Autoridades de Cuba (más tarde se hizo lo mismo en Puerto Rico y en Filipinas) como órgano asesor del Capitán General en cuanto a sus funciones de Gobernador, no en las funciones militares de Capitán General.

Se decidió aplicar en Cuba la Ley Municipal de 1877 con sufragio censitario y crear Audiencias Provinciales. Lo mismo se hizo en Filipinas en 1886. Se estaban poniendo paños calientes a una herida sangrante.

 

 

REORGANIZACIÓN POLÍTICA EN 1878.

 

Reorganización militar.

En 29 de noviembre de 1878 se hizo la Ley Constitutiva del Ejército en la que se declaró al Rey Jefe Supremo de las fuerzas armadas, sin que sus órdenes tuvieran que ser refrendadas por un Ministro. Además, el Rey nombraba a los jefes militares. Se crearon 17 distritos militares, 14 en la península y 3 en Ultramar: Andalucía, Aragón, Burgos, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Cataluña, Extremadura, Galicia, Granada, Islas Baleares, Islas Canarias, Navarra, Provincias Vascongadas, Valencia y Cuba, Filipinas y Puerto Rico. Cada distrito tenía un Capitán General y cada provincia dependiente de él tenía un Mariscal de Campo o un Brigadier, que era además Gobernador militar de la provincia.

La Ley Constitutiva del Ejército de 29 de noviembre de 1878, dejó establecida la composición del ejército español de este modo:

Un Estado Mayor General.

Cuerpo de Estado Mayor.

Cuerpo de Plazas.

Cuerpo de Secciones y Archivos.

Arma de Infantería.

Arma de Caballería.

Cuerpo de Artillería.

Cuerpo de Ingenieros.

Trenes del parque de Artillería, Ingenieros, Puentes y Equipajes.

Brigadas de Transporte.

Columnas de Municiones.

Cuerpos Auxiliares de Justicia, Sanidad, Veterinaria, equitación militar y clero castrense.

Arma de la Guardia Civil.

 

 

Ley electoral 1878.

El 28 de diciembre de 1878, Cánovas cambió la ley electoral, para volver al sufragio censitario para mayores de 25 años (estaba en 21 años por ley 11 de marzo de 1873).

Esta ley daba el voto para los mayores de 25 años que cotizaran al menos 25 pesetas de contribución territorial o 50 pesetas de subsidio industrial, y también para los hombres de las Reales Academias, los cabildos eclesiásticos, los párrocos y coadjutores, los funcionarios que cobrasen más de 2.000 pesetas al año, los funcionarios jubilados y cesantes, y los oficiales del ejército en activo o retirados.

Significaba la restricción del voto, que quedaba sólo para los grandes y medianos terratenientes y para los grandes industriales. Recordemos que la peseta valía aproximadamente el salario obrero no cualificado de un día. De hecho, sólo podían votar el 20% de los varones mayores de edad. La población con derecho a voto en 1878 se calculaba en unos 952.000 personas del total de 16.600.000 habitantes que tenía España. Esa cantidad de votantes parecía francamente reducida dado que, en la época 1868-1876, habían tenido derecho de sufragio unos 4.000.000 millones de personas con el llamado sufragio universal. Ese mismo volumen de personas con derecho a voto se recuperaría a partir de la Ley del Sufragio Universal de 1890. Las personas que realmente ejercían su derecho al voto oscilaban entre el 50 y el 75% de los que tenían derecho a ello.

La ley electoral de 1878 incluía las siguientes novedades:

Se hacía un “encasillado” o selección previa de los candidatos, para colocar a los concertados por los partidos antes de cada elección.

La elección se hacía en un solo día, domingo, de 8 de la mañana a 4 de la tarde, y no en tres días como era costumbre hasta entonces. Se decía que con ello se evitarían manipulaciones.

La elección de interventores se hacía una semana antes de la votación, y no al comienzo de la misma como venía ocurriendo hasta entonces. Los electores podían solicitar ser interventores con una semana de antelación y con varias firmas apoyando la petición.

Aparecían circunscripciones plurinominales. En ellas los votantes votaban por un número de candidatos menor que el de elegibles, de forma que era imposible el copo por un partido.

En las circunscripciones uninominales, se salía elegido si se sumaban los votos de varios distritos y se obtenían más de 10.000 votos.

Otros aspectos no cambiaban respecto a antiguas leyes electorales:

La responsabilidad de los Ayuntamientos en la elaboración y rectificación del censo electoral. Primer portillo para el fraude electoral.

El protagonismo de los cargos municipales, Alcalde y Concejales, presidiendo el acto de la elección, y las mesas electorales. Eran una coacción por la presencia de la autoridad interesada en ser votada.

El análisis y juicio de las actas de diputados, que seguía correspondiendo al Congreso de Diputados. El Congreso de Diputados analizaba y juzgaba las actas, y cabía la posibilidad de que, quien tuviera mayoría en el Congreso validara las actas que quería y anulara las que le parecía.

 

 

Nueva política europea de Cánovas.

 

De 1879, año de la Dúplice Alianza Alemania-Austria, a 1882, año de la Triple Alianza Alemania-Austria-Italia, tuvieron lugar las alianzas militares más importantes de final de siglo XIX en Europa.

España intentó acercarse a la Triple Alianza, pero encontró ciertas reticencias en Berlín, con motivo de las colonias del Pacífico, y en Roma, con motivo de las pretensiones de ambas sobre el norte de Africa. Para limar asperezas con Alemania, se envió a Alfonso XII a visitarla en 1885, se aceptó una visita de un barco alemán, el Kronprinz, y se hicieron concesiones comerciales y permisos para establecer depósitos de carbón para sus barcos. Pero Bismarck desconfiaba de los políticos y de los militares españoles y el acercamiento no adelantaba mucho. El incidente de las Carolinas de 1885 empeoró las relaciones hispanoalemanas.

En 1885, en la Conferencia de Berlín o del Congo, España adujo que estaba presente en Fernando Poo desde 1843, y en 1900 se acabó reconociendo la soberanía española sobre esa isla africana y sobre un trozo de territorio en el continente enfrente de esa isla, lo cual da lugar a la colonia de Guinea Ecuatorial.

Igualmente en 1885 un barco español con base en Filipinas se dirigió a ocupar las islas Carolinas y Palaos y, cuando llegó un barco alemán a ellas, hacía tres días que estaba declarado en ellas un Gobierno español. Bismarck propuso un arbitraje del Papa León XIII. La solución papal estaba fuera de tiempo histórico, parecía del siglo XVI, y resultaba imposible: concedió a España la soberanía, y a Alemania la libertad de establecer comercio, navegación, pesca y agricultura en esas islas. España aceptó el contrasentido de la decisión papal porque no se veía capaz de oponerse a Bismarck. El problema se solucionó en 1898 cuando España decidió vender sus derechos de soberanía a Alemania.

Bismarck tenía motivos para desconfiar de España. Juzgaba Bismarck que aceptar e España en la Triple, podía significar que los políticos, o los militares españoles, le quisieran hacer intervenir contra Francia por las cuestiones del norte de Africa, contra los independentistas cubanos, o contra los rebeldes cabileños del Rif que podían ser apoyados por Francia. Era demasiado riesgo de guerra.

 

 

Crisis del Gobierno de Cánovas.

 

La Constitución de 1876 permitía que una legislatura de Cortes durara cinco años. Pero las Cortes con las que gobernaba Cánovas habían sido elegidas en 1876 bajo la Constitución de 1869, que sólo daba tres años para una legislatura. Legalmente, las Cortes debían ser disueltas en 1879. Pero Cánovas no quería abordar unas elecciones que sólo podían desgastarle, pues no sabía si podría repetir el pucherazo de 1876 sin grave deterioro de su partido. La solución que encontró fue dimitir, y que fuera Martínez Campos el que solucionase la papeleta.

Otros historiadores hablan de que quizás la Paz de Zanjón contuviera cláusulas secretas que Cánovas no estaba dispuesto a aceptar, y le dijo a Martínez Campos que las solucionase quien las había firmado. Esas cláusulas secretas hablarían de permitir el libre comercio de Cuba con Estados Unidos en cuanto a harinas, lo cual arruinaría a muchos exportadores españoles, y permitir el libre comercio con España, lo cual arruinaría el negocio, hasta entonces en monopolio, de los importadores españoles de productos cubanos. Además, habría prometido la inversión de 50 millones de pesetas en infraestructuras en Cuba.

Esos rumores dividieron al Partido Conservador de Cánovas, en el que eran muy fuertes los “cubanos”, empresarios con intereses en Cuba. Como además, el Partido Conservador ya estaba resentido por la libertad de cultos introducida en la Constitución de 1876, la crisis interna era evidente en 1876.

Alonso Martínez, que en 1875 había abandonado el Partido Constitucional de Sagasta, siendo uno de los disidentes que se pasó a Cánovas en 1875, en 1878 se separó del Partido Conservador de Cánovas y creó su propio partido, el Centro Parlamentario, o partido centralista. Quería situarse a medio camino, entre Cánovas y Sagasta. Sólo contaba con 15 diputados, y por ello las pérdidas del Partido Conservador no eran trágicas, pero lo malo era que de vez en cuando, algún que otro diputado se iba pasando al nuevo partido centrista. Cánovas tenía mayoría abrumadora, pero dudaba de si la podría mantener en unas elecciones próximas, porque la mayoría había sido conseguida mediante la manipulación fraudulenta de las elecciones, generalmente por el procedimiento de no permitir más que un candidato por distrito electoral.

El partido Liberal Conservador de Cánovas parecía, en 1879, a punto de romperse:

Francisco Silvela quería la no intervención del Gobierno en las elecciones de 1879, lo que se llamaba neutralidad del Gobierno.

Romero Robledo quería el amañamiento de los resultados, como siempre se había hecho en España, para asegurar la estabilidad de los Gobiernos ante las minorías violentas y revolucionarias.

 

 

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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