ASOCIACIONES Y PRENSA CATÓLICA A FINES DEL XIX.

conceptos clave: órdenes regiosas católicas, prensa católica de fines del XIX.

El 99% de los españoles se declaraban católicos y la mayoría estaban en alguna red asociativa de obreros, artesanos, menestrales (oficios relacionados con actividades mecánicas) o agricultores, organizados en parroquias y diócesis.

España se vio muy influida por el clero francés. En 1880, Ferry hizo en Francia anticlericalismo, y el resultado fue que muchos clérigos pasaron a España donde sabían que tenían la protección y asistencia de la Junta Nacional de Auxilios creada ex profeso para ello. Pudieron llegar a España entre 16.000 y 30.000, pero no hay datos concretos, pues eran cifras que se mantenían en secreto. La mayoría de los inmigrados eran mujeres. La influencia de este clero en España fue notable.

En España había habido muchas asociaciones católicas desde siempre, y más cuando Isabel II decidió apoyarlas durante todo su reinado. Pero con la desamortización se habían reducido las cifras del clero regular. A partir de 1851, año del Concordato, los monjes y monjas volvieron a España y reclutaron muchos más compañeros. A fin de siglo XIX y principios del XX, había 1.103 capuchinos, 1.517 franciscanos, 3.054 jesuitas, unos 1.000 dominicos, 7.114 clarisas y otras muchas órdenes religiosas, algunas de las cuales citaremos a continuación, no todas. En 1900, habría en España unos 325 establecimientos de monjes y 1.624 de monjas.

La mayor parte de los monjes y monjas vivían en Guipúzcoa, Gerona, Santander, Lérida, Valladolid, Álava y Navarra, provincias todas del norte de España, en su mitad oriental. Galicia, León y Asturias, también en el norte, tenían poca cantidad de monjes, al igual que el sureste (Alicante, Murcia, Almería, Málaga), y tampoco Canarias tenía grandes cantidades, comparado con la península. Ello contrastaba fuertemente con la tradición más antigua, del milenio anterior a la aparición del cristianismo, en el que las agrupaciones de monjes y monjas se concentraban precisamente en Galicia y León, además de en Portugal y Andalucía.

En las grandes ciudades había órdenes sin clausura, los que se dedicaban a la asistencia a enfermos y necesitados, y los que se dedicaban a la propaganda de lecturas religiosas y a la enseñanza. En zonas rurales había muchos centros de clausura, de donde los monjes y monjas no salían en muchos años, tal vez toda la vida.

 

 

ASOCIACIONES CATÓLICAS DEVOCIONALES.

 

El asociacionismo más frecuente en la Iglesia era el devocional:

En 1851 apareció en Barcelona la Escuela de la Virtud, del padre Francisco Palau, el cual sería expulsado de Barcelona acusándole de organizar una huelga.

Asociación de Coros de Granada, fundada por José María Zamora en 1854. En 1870 debía tener unos 216.000 miembros.

Adoración Nocturna, muy consolidada hacia 1877.

Archicofradía de los Jueves Eucarísticos, creada en 1907 por Juan de Guernica en Vigo, agrupaba, como todas las archicofradías, a otras cofradías existentes con anterioridad. Celebró congresos eucarísticos en Valencia 1893, Lugo 1896, Madrid 1911 y Toledo 1926.

Hijas de María estaba presente en todas las ciudades de España y trataba de agrupar a las jovencitas católicas.

Cofradías del Corazón de María, creada en 1824.

La Corte de María, creada por Ramón García Leal en Madrid en 1850. Declaraba en 1865 que tenía 50.000 miembros.

Academia Mariana de Lérida, era de 1862.

Asociación de la Felicitación Sabatina era de 1863.

Archicofradía de las Hijas de María y de Santa Teresa, Teresianas, creada por Enrique de Ossó en Tortosa en 1873.

Santa Casa de María Santísima de Loreto, que en 1890 tenía 117.000 afiliados.

Apostolado de la Oración, promovido por los jesuitas desde 1844 y organizado en grados: los socios de primer grado se limitaban a orar diariamente y a ofrecer todos sus actos del día al Sagrado Corazón de Jesús. Los socios de segundo grado se obligaban a rezar todos los días diez avemarías y un pater noster por la conservación del Sagrado Pontífice y por las necesidades de la Iglesia y a comprar la revista El Mensajero. Los socios de tercer grado se obligaban a comulgar frecuentemente, al menos todos los domingos. Los socios se agrupaban en “coros” y los coros se agrupaban en “centros”. Cada centro tenía un director espiritual nombrado por el Director diocesano, el cual era designado por el Director Central (nacional). Este Director Central era nombrado por el Director General del Apostolado. A su vez, este último era nombrado por el Prepósito General de la Compañía de Jesús, el cual se lo comunicaba al Papa. Todos estaban obligados a obedecer a su obispo correspondiente y no estaban bajo la jurisdicción exenta de la Compañía de Jesús. Pero los socios debían hacer periódicamente examen de conciencia ante su director espiritual, y en ese examen  le comunicaban sus actuaciones, pecados y actos religiosos y de amor al prójimo que hubieran hecho. En 1861, el Apostolado de la Oración se agregó a la Archicofradía del Sagrado Corazón de Jesús, lo cual fue aprobado por el Papa en 1866. En 1866 apareció la revista El Mensajero del Corazón de Jesús, promovida por José Morgades, que luego fue obispo de Vic. Morgades afirmaba que la revista estaba presente en 60 diócesis y en 1.278 centros católicos. En 1883-1889. Los jesuitas decían que habían creado 2.711 centros católicos nuevos y que ello significaba que estaban presentes en todas las parroquias españolas importantes (en España podía haber 16.000 parroquias). El número de socios controlados por los jesuitas en 1889 se elevaba a la cifra de 2.100.000 personas. Insistimos en que no era un instituto religioso, ni una cofradía, ni una hermandad, sino una obra devocional para estimular la piedad religiosa católica. Admitía a miembros de instituciones religiosas, a cofradías, a hermandades de laicos, a todos los que quisieran orar.

 

 

ASOCIACIONES CATÓLICAS CONTEMPLATIVAS.

 

Algunas órdenes religiosas eran contemplativas, es decir, se encerraban en el convento a orar y convivir, y no salían nunca o casi nunca de él.

La Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, OCSO, conocidos como trapenses, regresaron a España en el XIX. En 1880, los trapenses se instalaron en Fuencarral.

En 1880, Orden de San Benito, los benedictinos, se instalaron en Silos y en Sevilla.

En 1880, los carmelitas, Orden de la Bienaventurada Virgen María del Carmelo, se instalaron en Burgos.

En 1880, los cartujos se instalaron en Burgos.

 

 

ASOCIACIONES CATÓLICAS ASISTENCIALES.

 

Otro tipo de asociaciones eran congregaciones para la ayuda social, de tipo benéfico asistencial. Se basaban en la idea de que la pobreza engendra incultura, y la ignorancia facilita el error, por lo que el combate contra la pobreza extrema debe estar en la base de la regeneración social.

En 1802, apareció el Instituto de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, en Zaragoza.

En 1826, las Carmelitas de la Caridad, en Vic.

En 1845, el colegio para la regeneración de prostitutas de Madrid, subvencionado por la Vizcondesa de Jorbalán, y que en 1856 se convirtió en una orden religiosa.

En 1849 llegó a España la Asociación de la Caridad Cristiana de San Vicente Paúl, nacida en Francia en 1835. Fue una de las muchas instituciones protegidas por Isabel II. Se proponían hacer visitas domiciliarias a los pobres, y hablarles de Dios al tiempo que se les llevaba alguna ayuda económica. Los grupos formados a este fin se llamaban “Conferencias” y por ello fueron conocidos como “Conferencias de San Vicente Paúl”. Cada conferencia constaba de 4 a 40 miembros. Se reunían cada semana y rezaban juntos, hacían una lectura religiosa, votaban el acta de la asamblea precedente, conocían la situación de la caja, cada uno recibía unos bonos o vales para distribuir entre las personas que les ayudaban al tiempo que se les aportaba la dirección de los socios a los que debían llevar esos vales. En cada reunión, una pareja daba cuenta a los demás de las visitas que habían hecho desde la última comparecencia de la pareja. Seguía la colecta entre los asistentes, y para ello se pasaba una bolsa cerrada en la que cada uno metía lo que le parecía. Contaban en público el dinero de la bolsa, volvían a rezar y daban por terminada la reunión. Además de visitas domiciliarias, promovieron comedores, unas veces económicos y otras gratuitos, constituyeron roperos recogiendo ropa usada para reutilizar, y hasta llegaron a abrir asilos para mayores de edad. En 1906, tenían 10.000 socios activos y 10.000 honorarios que sólo compraban bonos.

En 1850, la Congregación de Religiosas Misioneras de la Inmaculada Concepción, en Mataró, a iniciativa del obispo Costa i Borrás y de la monja francesa Alfonse Calvin.

En 1850, las Capuchinas, en Ripoll.

En 1850, las Adoratrices Esclavas, en Madrid.

En 1851, las Siervas de María, a iniciativa de María de la Soledad Torres Acosta, con la finalidad de hacer asistencia domiciliaria y gratuita para los enfermos.

En 1857 abrió la Casa de Huérfanas y Sirvientas, en Madrid, que más tarde fue Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón.

En 1858, la Orden de las Señoras Adoratrices y Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, a iniciativa de la madre Sacramento.

En 1859, la Congregación de Hermanas de la Caridad de Nuestra Señora de la Consolación, en Tortosa, tras la idea de Rosa Molás Vallvé de asistir a los enfermos y educar a la juventud.

En 1859, las Religiosas Filipenses, en Sevilla, obra de García Tejero.

En 1860, las Carmelitas Misioneras, en Sevilla, obra de Palau i Quer.

En 1863, las Hermanitas de los Pobres, las cuales llegaron a tener hasta 52 casas en 1897.

En 1864, la Congregación de Oblatas del Santísimo Redentor, en Madrid, obra del obispo José Serra y de la monja Antonia de Oviedo.

En 1865, el Instituto de las Hijas de María Inmaculada, dedicada al servicio doméstico.

En 1865, las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, el cual en 1897 atendía a 103 asilos.

En 1870, las Hermanas de San José, en Gerona, cuyo fin era la asistencia a enfermos.

En 1871, las Siervas de Jesús.

En 1875, la Compañía de la Cruz, en Sevilla, dedicada al cuidado de enfermos.

En 1881, las Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, en Ciempozuelos, que se dedicaban a hospitales infantiles.

En 1882, las Hermanas de la Sagrada Familia, en Palma de Mallorca, que trabajaban con niñas desamparadas.

En 1887, las Hermanas del Santo Ángel Custodio, en Puigcerdá, hacían asistencia a enfermos.

En 1891, las Hermanas de la Santísima Virgen María del Carmelo, en Caudete, hacían asistencia a enfermos.

En 1907, las Hermanas de Nuestra Señora de la Compañía, en Desierto y Erandio.

En 1908, las Adoratrices Hospitalarias.

Se calcula que en 1902, las asociaciones católicas asistenciales atendían a 28.536 enfermos, 27.202 ancianos y 1.290 presos.

 

 

ASOCIACIONES CATÓLICAS EDUCATIVAS.

 

Otras agrupaciones católicas se dedicaban a la educación:

Hermanas de las Escuelas Pías, en Figueras. Se dedicaban especialmente a la catequesis.

En 1848, Hijas del Santísimo e Inmaculado Corazón de María, en Olot. Catequistas.

En 1849, Antonio Claret fundó en Vich los Misioneros del Inmaculado Corazón de María, conocidos como claretianos, para dedicarse a la predicación del catolicismo.

Las Hermanas de Can Xiroa, creadas por Francisca Ana Cirer para enseñar el catecismo.

En 1851, el Concordato permitió que se implantasen en España tres instituciones, que fueron la de San Vicente Paúl (Congregación de María, destinada a obras sociales), San Felipe Neri (Congregación del Oratorio, para predicar el catolicismo) y una tercera a determinar. Los paúles se instalaron en Madrid y en Palma.

La Orden de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, vulgarmente Escolapios, tenían centros en Valladolid, Monteagudo, Ocaña (Toledo), Pastrana, Loyola, Cuba y Filipinas.

En 1853, las Terciarias Capuchinas de la Madre del Divino Pastor, en Ripoll. Servicio a la juventud extraviada.

En 1856 se produjo el regreso a España de la Compañía de Jesús, jesuitas.  Los jesuitas tenían fama de socialmente agresivos, en el sentido de que se presentaban en los palacios de los nobles a pedir ayuda, y volvían una y otra vez en caso de encontrar colaboración, de que forzaban su presencia junto a los moribundos y forzaban también la voluntad de la familia y del moribundo, y de que adoctrinaban a los jóvenes con ideas integristas católicas. Vestían ropas parecidas al clero secular, salvo un fajín sobre la sotana, pero no tenían nada en común con el clero secular: los jesuitas no dependían del obispo diocesano, sino que tenían su propia jurisdicción y sólo dependían del General de la orden. Por lo demás, se comportaban con educación, amables y siempre sonrientes (con sonrisa ensayada en la formación como jesuita) y trataban de acomodarse a las circunstancias que exigiera cada familia que les recibía, a fin de mantener el contacto con ella. En algunos casos halagaban la piedad de las mujeres piadosas, en otros casos se presentaban como el perdón del libertino. Pero siempre se llevaban algún dinero como limosna. Sus iglesias eran diferentes, pues se caracterizaban por tener mucho color y estar adornadas con flores, perfumadas, y dotadas de buena música y luz tamizada. Trataban de crear ambientes atractivos.

En 1857 se abrieron las Escuelas Dominicales en Madrid. Las promovía en Madrid el jesuita Mariano Cortés apoyado por la condesa de los Humanes. Luego la idea se extendió, en 1868-1874 a varias poblaciones de España.

En 1858, las Filipenses Misioneras de la Enseñanza, en Mataró.

En 1860, la Orden de Predicadores, dominicos se instaló en Coria (Cáceres).

En 1876, la Congregación de Religiosas de María Inmaculada, creadas por Vicente María López Vicuña para la educación de las sirvientas. Tuvieron centros en una veintena de ciudades.

En 1877, las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús, fundadas por Isabel Larrañaga en Madrid.

En 1877, la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, los capuchinos se instalaron en Antequera.

En 1878, las Hermanas de la Doctrina Cristiana, en Sevilla.

En 1879, la Orden de Predicadores, dominicos abrieron colegio en Ávila, los capuchinos se instalaron en Pamplona, los carmelitas descalzos en Alba de Tormes (Salamanca), y los paúles en Andújar.

En 1880, la Compañía de Jesús, jesuitas, abrieron colegio en Veruela, en Tortosa, en Gandía, en Uclés y en Valencia.

En 1880, la Orden de San Francisco, franciscanos, se instalaron en Concertaina, Sancti Spiritus, y La Magdalena. Son mendicantes y evangelizadores.

En 1880, la Orden de Predicadores, dominicos, volvió a Salamanca y a Belmonte.

En 1880, la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, los capuchinos se instalaron en Manresa, Igualada, Fuenterrabía y Orihuela. Algunos capuchinos son contemplativos y otros ayudan en las parroquias.

En 1880, los Oblatos de María Inmaculada llegaron a Castilla la Vieja.

En 1880, la Pía Sociedad de San Francisco de Sales, los salesianos se instalaron en Utrera.

En 1880, los Hermanos de las Escuelas Cristianas se instalaron en Jerez.

En 1887, la Congregación de la Pasión, los pasionistas, llegaron a Peñaranda.

En 1887, la Orden de San Agustín, los agustinos, se instalaron en Peñaranda y en Burgo de Osma.

En 1887, la Compañía de María, los marianistas llegaron a San Sebastián y en 1888, los marianistas, Compañía de María o Sociedad de María, llegaron a Jerez. En 1890, los marianistas se instalaron en Vitoria. En 1892, los marianistas, en Cádiz. En 1903, los marianistas en El Royo. En 1904, los marianistas en Madrid.

En 1889 aparecieron las Escuelas del Ave María en Granada. Las promovía el canónigo Andrés Manjón. En 1900 llegó a tener 16 casas abiertas.

En 1901, el Instituto de Damas Catequistas, fundado por María Dolores Rodríguez Sopeña, en Toledo para la evangelización de las clases obreras.

Se calcula que en 1902, atendían a 167.986 niños en sus colegios, más 26.744 adultos, lo que da un total aproximado de 200.000 alumnos.

 

 

ASOCIACIONES CATÓLICAS MORALISTAS.

 

Otro tipo de asociacionismo católico era a favor de la moralidad:

Se trataba de asociaciones contra la blasfemia, contra el trabajar los días festivos y contra la pornografía. En 1886, la Comisión de Propaganda de la Juventud Católica de Valencia promovió una liga católica por la santificación de los días festivos, por evitar la blasfemia y contra la exhibición de láminas y objetos obscenos e irreligiosos. Se proponían hacer propaganda contra las actitudes dichas, modificar los estatutos de todas las asociaciones católicas a fin de que promovieran esas actitudes, elevar peticiones a las altas esferas del poder en el mismo sentido, poner un cartel en todos los talleres y fábricas con la inscripción “Alabado sea el santísimo nombre de Dios. Los habitantes de este establecimiento son católicos y en él no se permite blasfemar”.

En 1893 apareció en Madrid la Asociación de Padres de Familia (originalmente Asociación de Padres de Familia contra la inmoralidad), la cual orientó sus esfuerzos contra la difusión de fotos y dibujos sexualmente provocativos.

En 1891 apareció en Madrid la Asociación de Nuestra Señora del Buen Consejo, la cual tenía unos 300 afiliados y se proponía combatir la ostentación en el vestido, es decir, la exhibición de collares, anillos, hebillas…

Las asociaciones católicas culpaban a la prensa liberal y anticlerical de todas estas actitudes, consideradas por ellos un desvío moral. Por ello, decidieron utilizar periódicos para combatirlas. Solo obtuvieron ayuda de los periódicos secundarios, como La Publicidad, La Campana de Gracia (Barcelona), La Esquella de Torratxa (Barcelona), El Pueblo (Murcia), Los Dominicales, El País, El Progreso, Don Quijote…

 

 

La moralidad católica.

 

Sobre la moralidad del propio clero, la Iglesia no ha dejado publicar nada, sino que todos los casos pasaban a ser un secreto.

Así la homosexualidad y la pederastia se escondieron y crearon una leyenda sobre la que se hablaba en las tabernas y corrillos de España, pero se negaba siempre en público. El sexo es un tema tabú en la Iglesia católica. Los monjes y monjas lo tienen absolutamente prohibido y hacen voto de castidad de por vida. El secreto y el tabú, sirvieron para que la prensa anticlerical les acusara de moral laxa cada vez que descubrían un caso de abusos sexuales. También ocurrían casos de seducción de mujeres en el confesionario y en la sacristía. La obsesión por la ocultación de todo lo sexual, era proverbial.

Los frailes y sacerdotes estaban completamente obsesionados por el sexo, pues en sus charlas, sermones, ejercicios, retiros, se pasaban gran parte del tiempo condenándolo. Y el cuidado por separar a los niños de las niñas en sus colegios, era absoluto y metódico: tenían una puerta para cada sexo, aulas diferentes, y procuraban que nunca se vieran entre componentes de distinto sexo. Tal vez su problema personal se proyectaba sobre el conjunto de la sociedad.

Otro de los grandes secretos del clero fue su economía. No sabemos la riqueza que tenían acumulada ni en qué gastaban su dinero en cuentas concretas. Es evidente que el mantenimiento de iglesias, oratorios y capillas, las ayudas a menesterosos, y la propia subsistencia de los clérigos, conllevaba gastos, pero nunca dieron cifras. Ya no tenían apenas fincas, pues la desamortización se las había quitado, pero tenía talleres artesanales (son famosos y populares los talleres de quesos, jabones, chocolates y dulces de los conventos, también confeccionaban ornamentos para el culto, cosían y bordaban para la calle, elaboraban perfumes, hacían tarjetas de visita, estampas, recordatorios). Como la Iglesia no tributaba a Hacienda, no hay datos de ningún tipo, puesto que ocultaron los ingresos y los gastos.

 

 

ASOCIACIONES CATÓLICAS POLÍTICAS.

 

De las asociaciones de la moralidad se pasó a posiciones políticas y de aculturación católica, cuando los liberales acosaban a personalidades católicas:

Los Amigos de los Obreros y los Círculos Católicos Obreros del padre Vicent, fueron creados en 1865.

En 1871 se constituyó en Barcelona el Apostolado por Medio de la Prensa, o Apostolado de la Prensa. Se proponía ofrecer sanas lecturas a los españoles e impedir la circulación de lecturas perniciosas. Ya no se trataba tanto de moralidad, sino de política. Los socios del Apostolado pagaban una cuota y, con ella, la Asociación compraba libros para regalarlos o venderlos en su caso a bajo precio. También recogían libros ya usados, para destruirlos si eran “malos” y llevarlos a bibliotecas católicas, o volverlos a regalar si eran “buenos”. El trabajo se hacía a nivel nacional y el Apostolado tenía presencia en todas las diócesis e incluso en muchas Juntas Parroquiales allí donde surgían voluntarios. Era Presidente del Apostolado Juan Palau Soler, vicario capitular de Barcelona. Vicepresidente, Félix Sardá Salvany, sacerdote de Sabadell. Tesorero, Guillermo J. Guillén. Secretario, Primitivo Sanmartí. El Apostolado no tuvo apenas éxito y en 1891 volvió a refundarlo el jesuita Francisco de Paula Garzón, con el apoyo del Marqués de Comillas, el Marqués de Busto, el marqués de Miravel, el Marqués de Socorro y el Conde de Campo Alange. Los objetivos y métodos eran los mismos que en 1871, y la diferencia estribaba en que los cargos se renovaban cada año democráticamente entre los socios. Las mujeres no tenían derecho a ejercer cargo alguno, pero se les admitía el pago de la cuota y el reparto de las publicaciones. Con la cuota, pasaban a ser “Socias Protectoras” o “Socias Honorarias”, según los casos. Se propusieron crear Centros de Apostolado de la Prensa en todas las poblaciones grandes, con la aprobación del obispo correspondiente, pero controladas por el Apostolado desde Madrid. En 1893 llegaron a tener 785 socios que aportaban un monto de 3.806 pesetas al mes, lo que permitía al Apostolado editar algunos opúsculos y adquirir otros. Crearon una Biblioteca Económica y en 1874, la revista La Lectura Dominical que se publicó hasta 1908.

En 1880-1883, los obispos de Córdoba y de Tortosa iniciaron la idea de hacer “congresos católicos” de obreros, a los que llamaban asambleas generales de círculos católicos en Granada, y asambleas de asociaciones católicas en Tortosa. Trataban de organizar a los obreros en secciones de apostolado católico de fe y piedad; de enseñanza; de prensa; de obras de caridad; y de círculos obreros. La idea fraguó y se convocaron el Congreso Nacional de Madrid 1889, el Congreso Nacional de Zaragoza 1890, el Congreso Nacional de Sevilla 1892, el Congreso Nacional de Tarragona 1894, el Congreso Nacional de Burgos 1899, y el Congreso Nacional de Santiago 1902. Los Congresos dejaron de celebrarse porque el Papa Pío X creía que se estaba haciendo política liberal. Pero, cambiando el nombre, por Corporaciones Católico Obreras de España, hubo nuevos congresos en 1905 en Valencia, 1906 en Palencia y 1907 en Granada.

El primero de estos Congresos, lo convocó el obispo de Madrid-Alcalá, Ciriaco María Sancha para 1889, y en su preparación, creó en 1888 una Junta Organizativa del I Congreso Católico Nacional, que luego se llamó Junta Central de los Congresos y más tarde Junta Central de Acción Católica, ya en el siglo XX.

El movimiento se organizó con Juntas Parroquiales, Juntas Diocesanas, y Junta Central, y la Idea era hacer Congresos Diocesanos y Congresos Nacionales. En 1893 se celebró Asamblea General de Círculos y Patronatos y se creó un Consejo Nacional que se llamaría más tarde Consejo Nacional de Corporaciones Católico Obreras, el cual tenía como misión coordinar los Congresos Diocesanos. En 1910 se conocería como Acción Católica.

En 1887, 15 pamploneses fundaron la Biblioteca Católica Propagandista. El obispo de Pamplona la dotó de un reglamento en 1891 y nombró Presidente de la asociación a Dámaso Legaz. Los propagandistas se proponían distribuir gratuitamente lecturas católicas en las escuelas, cárceles, hospitales, romerías, fiestas populares y actos religiosos. La asociación se compondría de socios de número, un máximo de 30, que serían el gobierno de la entidad, suscriptores que pagaban una cuota mensual, y socios protectores que hacían donaciones a la entidad. Se presentaron a nivel nacional en Sevilla 1892.

En 1887 surgió en Pontevedra otro grupo igual al de Pamplona, que editaba el semanario La Avalancha, y se proponía llevar folletos católicos a los talleres, fábricas, casinos, peluquerías, fondas, estaciones del ferrocarril y puestos de la Guardia Civil.

Otras ligas protectoras de la buena prensa surgieron en Sevilla, Logroño, Bilbao, Morón de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda, Villagarcía de Arosa, Gerona, Zaragoza, Morón, Orihuela, Barcelona… de parecidas características a las ya citadas.

En los años noventa, grupos católicos de Lyon y de Lille empezaron a hablar de “democracia cristiana” como necesidad de adecuar el catolicismo a la democracia liberal imperante en Europa occidental. Así, los católicos podrían intervenir en los debates económicos y laborales que cada día eran más notorios. Algunos españoles se interesaron por esos temas, pero era muy temprano para que el catolicismo español los asumiese.

En 1894, apareció la Asociación General para el Estudio y Defensa de los Intereses de la Clase Obrera, patrocinado por el Marqués de Comillas. Era una institución católica con siete secciones: Liga General de Patronos (patronal); Círculos y Patronatos (promoción); Socorros Mutuos; Beneficencia; Intereses Materiales (estudio de los problemas laborales); Intereses Morales, subdividida en comisión de Enseñanza y Comisión de Prensa; Recursos y Administración (gestión general de la Asociación General). Este organismo nació con poca fuerza y desapareció en el momento en que apareció el Instituto Nacional de Previsión.

En 1898, Salvador Busquets, industrial catalán, publicó en Revista Católica de Cuestiones Sociales, un artículo sobre el abate francés Lémire y el Programa de Lyon 1896 en el que Lémire había expresado ideas sobre un socialismo católico. El artículo tuvo éxito y la revista católica siguió publicando en España artículos de democristianos franceses publicados en Democratie Chretienne en Lille. La tesis fundamental de los demócrata cristianos franceses era que primero había que ser católicos en materia social, y luego demócratas porque así lo pedía la sociedad de nuestros tiempos.

En 1900, el economista Armando Castroviejo, publicó en Revista Católica nuevas ideas sobre una democracia cristiana. Proponía adoptar el programa de los demócratas cristianos franceses, el cual tradujo al español: en lo social, reivindicaba la protección del Estado a la agricultura mediante aranceles e impuestos favorables al agricultor, legislación sobre el transporte y la propiedad, reforma fiscal que suprimiera el impuesto territorial que pagan los agricultores y el impuesto de sucesiones cuando se trata de casos de línea directa, libertad de testar, supresión de los impuestos al consumo y gravámenes a las subsistencias. También pedía declarar sagrada la pequeña propiedad, reconstrucción del patrimonio de bienes comunales y municipales a fin de crear usufructos para familias pobres. Pedía sindicatos profesionales legalizados y federaciones de sindicatos profesionales. Salario mínimo, jornada máxima, descanso dominical, supresión del trabajo nocturno en todas las empresas de trabajo no continuado, supervisión del trabajo de las mujeres y los niños, seguro obligatorio, desarrollo de las cooperativas de consumo y de producción, participación del obrero en los beneficios de la empresa, limitación de la libertad de comercio de modo que el Estado controlase la moralidad en la economía, las sociedades anónimas, la Bolsa, y demás actividades comerciales. En lo político, pedían corporativismo con un sistema de representación nacional proporcional a los intereses profesionales existentes en el Estado, descentralización y autonomías territoriales.

El programa de Castroviejo reunía las peticiones de los industriales españoles del siglo XIX, de pagar menos impuestos y tener proteccionismo, con los programas regeneracionistas vigentes por entonces en España. La utopía reside en que un grupo determinado pide que no se le cobren impuestos, lo cual significa que el Estado debe vivir de los impuestos de los demás. Pero como todos piden que los impuestos se les rebajen, el proyecto resulta utópico. La racionalidad dice que los impuestos nunca son altos ni bajos por su cuantía numérica, sino por lo que se recibe a cambio de pagarlos. Se puede exigir un 60% de impuestos, como Suecia, y tener contentos a los ciudadanos, o exigir apenas un 10% y tenerlos descontentos. Las cifras en esta materia no son comparables, sin la demagogia precisa para ello.

En 1901, el arzobispo de Sevilla, Marcelo Spínola, hizo una Liga Católica para la propagación de la buena prensa, al tiempo que promocionaba Círculos Católicos. Sus esfuerzos iban encaminados a recomendar candidatos para las elecciones municipales y nacionales, por lo que se vio que en la práctica, tenía fines políticos.

El 18 de enero de 1901, León XIII publicó la encíclica Graves de Communi. El Papa recelaba de una Democracia Cristiana igual que recelaba de cualquier partido político católico. No creía lícito afirmar, desde la cabecera de la Iglesia, que la democracia era mejor que otros sistemas políticos. No creía conveniente que los católicos se manifestasen a favor de la plebe, abandonando a las demás clases sociales. Y temía que un partido se convirtiera en una organización para negar obediencia a las autoridades civiles y eclesiásticas. Concluía, que no se debía jugar a la política.

En resumen, León XIII autorizaba la democracia como sistema político compatible con la Iglesia, pero no quería que la Iglesia fuera identificada con un partido determinado. Por ejemplo, el tradicionalismo era tan respetable como podía serlo la democracia cristiana. El resultado de todo ello fue que el término “democracia cristiana” dejó de usarse, pero no desaparecieron los partidos católicos, sólo cambiaron de nombre.

En 1903 aparecieron algunos diputados católicos que se decían ajenos a cualquier partido político. Destacó entre ellos José María de Urquijo en Bilbao. La idea le gustó al Papa Pío X, pero fracasó en 1905, porque nadie les votaba. Lo intentaron varias veces, y hasta Francisco Franco tomó en su día la idea de tener Procuradores no políticos, en vez de Diputados.

El Comité de Defensa Social nació en Barcelona en 1903. Tenía por objetivo la defensa de la religión, la moral, y otros intereses sociales con los medios que fueran lícitos y posibles. Admitió socios de número, socios adjuntos, socios adheridos y socios corresponsales. Se gobernaba mediante una Junta Directiva elegida en una Asamblea General de socios. El centro de sus actividades era contratar abogados para atacar a los que propagaban noticias que perjudicaran a eclesiásticos católicos, y por ello se organizaron en una sección de prensa y artes gráficas, sección de cuestiones sociales, sección de política, y Junta de Propaganda, la cual fue creada en 1907 para dar conferencias y mítines. En el momento de actuar, se hicieron defensores de la política de Maura. Este grupo de Barcelona tuvo en 1905 una réplica en Madrid en el Centro de Defensa Social, y hubo algunas otras réplicas en España.

En 1904, los liberales iniciaron una campaña contra el dominico Bernardino Nozaleda, arzobispo de Manila, cuando fue designado obispo de Valencia. Le acusaban de haber rendido Manila en 1898 y haberse puesto a disposición de los estadounidenses. Y los católicos contestaron a los liberales con una campaña antiliberal.

En 1905, un grupo de 10 seminaristas diocesanos de Sevilla creó la organización Ora et Labora, de igual corte de difusión de la prensa católica. Recogían impresos que otras organizaciones habían distribuido, y los redistribuían a nuevos domicilios. Aprovechaban las visitas para conseguir suscripciones para revistas católicas y para que las familias anularan las suscripciones a periódicos liberales como El Liberal, El Heraldo de Madrid, Los Sucesos o El Imparcial.

En 1906, el Presidente del Gobierno José López Domínguez amenazó con hacer algunas leyes que regularan las actividades de la Iglesia, y se desató otra campaña católica contra López Domínguez. Varios periódicos católicos fueron condenados por insultos y calumnias. El Imparcial sufrió 19 multas; El Heraldo de Madrid, 18 multas; El Liberal, 15 multas; El País, 14 multas; El Diario Universal, 13 multas; ABC, 7 multas; España Nueva, 5 multas; La Correspondencia de España, 5 multas.

En 1906 se hizo en Murcia una cruzada de la buena prensa. En 1907, se repitió esa campaña en Palencia, Orihuela y Zaragoza.

En 1907 nació Acción Social Popular de la mano del jesuita Gabriel Palau. Era un traslado a España de la Volksverein für der Katholische Deustland, creada en 1890. La idea era promover el catolicismo, sin crear una institución de caridad ni un partido político. Pero Palau se granjeó enseguida el odio generalizado de los españoles en cuanto pretendió controlar las economías familiares hacia los fines en los que él creía. En 1916, Palau se fue a Argentina, y el obispo de Barcelona se hizo cargo de la institución de Palau en España.

En 1908, eran ya 70 los Seminarios Diocesanos con grupos de seminaristas trabajando por distribuir la prensa católica y destruir la prensa liberal. Y la campaña pasó a Portugal, y luego a Francia, Italia e Hispanoamérica.

En 1910, Gregorio María de Aguirre, cardenal primado de España, promulgó unas normas de Acción Católica Social y trató de definir qué era Acción Católica y qué era Acción Católico Social. En 1912 publicó las Reglas sobre la Federación de Obras Católico Sociales, corrigiendo las normas de 1910. En cuanto a ésta última, la organizaba en una Federación Agraria (luego CONCA), una Federación de Sindicatos Obreros Católicos (luego CONOC, Confederación Nacional de Obreros católicos), y otras asociaciones.

En 1918, Severino Aznar y el catedrático de Zaragoza Inocencio Jiménez, constituyeron un Grupo de la Democracia Cristiana. Para cumplir con los consejos del Papa lo definieron como un grupo económico para la reforma social cuyo fin era hacer estudios de investigación sobre la realidad social, proponer soluciones a los problemas sociales y difundir doctrinas sociales compatibles con el catolicismo, a la vez que suscitar movimientos de opinión convenientes al catolicismo, organizar “semanas sociales” y publicar escritos en el mismo sentido.

El Grupo de la Democracia Cristiana no dejaba de ser un ente político, y como tal, fue mal visto por los católicos ortodoxos, porque llevaba la contraria al Papa. También era criticado porque defendía el sindicalismo horizontal, en contra de las ideas y sindicatos católicos que eran verticales. Estos sindicatos de patronos y obreros fueron llamados “amarillos” por los marxistas. Inocencio Jiménez llamó al Grupo de la Democracia Cristiana, “grupo de Zaragoza”.

En 1922, el Grupo de la Democracia Cristiana publicó un Programa de Política Social en el que aceptaba el liberalismo y no decía nada sobre corporativismo, que era la idea central de los tradicionalistas católicos. Defendían que había que intervenir en política, pero no utilizando la violencia, ni haciendo cambios improvisados, ni utilizando dictaduras militares, sino meditando las cosas y publicando los resultados de esas meditaciones.

Y en diciembre de 1922, celebraron una Asamblea en Madrid para constituirse en Partido Político, de donde nació Partido Social Popular PSP. Era un partido monárquico, defendía la representación proporcional, el voto femenino, el voto de los emigrantes y la autonomía regional y enumeraba una serie de reformas económicas que serían objetivos a perseguir.

En este Partido Social Popular estaban tradicionalistas como Salvador Miguijón Adrián[1] y Víctor Pradera, conservadores como Ángel Ossorio Gallardo, y otros de diversas tendencias como José María Gil Robles, Rafael Aizpún, Severino Aznar, Pedro Gómez Aparicio, José Ibáñez Martín, José María Alvareda, Cayetano Alcázar, José María Arauz de Robles, Leopoldo Calvo Sotelo, Luis Díez del Corral, Manuel Giménez Fernández, Inocencio Jiménez, Luis Jordana de Pozas, Ricardo Oreja, Federico Salmón, Víctor de la Serna, Miguel Sancho Izquierdo. El Partido Social popular desapareció durante la dictadura de Primo de Rivera, pero no fue estéril, pues muchos católicos se pensaron la sociedad y la política de otra manera, con un enfoque liberal.

En 1926 aparecieron los Principios y Bases de la reorganización de Acción Católica, en las que Enrique Puig Casanova desdoblaba Juventud Católica, creada en 1924, de Acción Católica, creada en 1926.

 

 

Prensa católica.

 

Parece conveniente citar aquí la prensa católica existente a fines del XIX y principios del XX.

Existían muchos periódicos y revistas católicas. En 1887 se calculaban unas 118 publicaciones. En 1900, serían 103. En 1908 eran 211. Citaremos algunas:

El Centro de Publicaciones Católicas de Zaragoza pertenecía a Severino Aznar.

  Editorial Católica.

El Movimiento Católico apareció en 1888 y se publicaba dos veces por semana en sus inicios, y luego pasó a ser diario. Lo dirigía el aragonés Valentín Gómez, el cual había sido carlista y ya había dirigido periódicos carlistas antes de éste, como era el caso de El Cuartel Real y La Reconquista. Pero Valentín Gómez, en 1881, entró a formar parte de la Junta Suprema de Unión Católica, presidida por Alejandro Pidal, y se pasó del carlismo al alfonsinismo. En 1896, este periódico intentó crear un partido católico, de la mano del cardenal Cascajares, pero no lo lograron. En 1897 defendió al general Polavieja. En 1898 cerró.

En 1898, el arzobispo de Toledo, Ciriaco Sancha Hervás, propuso hacer una derrama para crear un diario católico en cada diócesis, un proyecto muy osado, dado el coste de mantenimiento de un periódico. En 1899, llevó la idea al Congreso Católico Nacional de Burgos, y fruto de ello, nació El Universo en 1900, periódico financiado por el Marqués de Comillas. Lo dirigía Ortí y Lara, y lo patrocinaban el agustino Tomás de Cámara y el obispo de Salamanca. No cuajó.

El Obrero Católico fue un periódico creado en Manresa en 19 de marzo de 1883 por Jaime Cardona Paris.

Revista de Círculos Católicos funcionaba en Valladolid.

  El Obrero circulaba en Sevilla.

El Boletín era en 1883 el periódico del Círculo Católico de Burgos.

El Obrero Vasco Navarro circuló desde 1884 en Pamplona.

El Obrero de Nazaret, apareció en 1885 en Valencia.

La Alianza Obrera circulaba en Alcoy.

El Patronato Obrero, circuló en 1893 en Barcelona.

El Amigo del Obrero se creó en 1895 en Barcelona.

Revista Católica de Cuestiones Sociales, apareció en 1895.

El Obrero Católico, funcionó de 1895 a 1896.

El Boletín del Consejo Nacional de Corporaciones Católico Obreras, se creó en 1896.

El Siglo XX se creó en 1897.

La Información, fue un periódico creado en 1899 y se hizo con hombres de El Siglo Futuro, católicos integristas. No sobrevivió ni un año.

En 1901, aparecieron El Correo de Andalucía, con aspiraciones de ser diario regional, y La Gaceta del Norte, con aspiraciones de ser regional en Bilbao.

Revista Social se creó en 1902 en Barcelona.

Aurora Social se creó en 1907 en Barcelona. Luego se fusionó con El Siglo XX y se llamó El Social.

La Paz Social se creó en 1907 en Zaragoza.

El Debate: Aparecido en 1910 de la mano de Sebastián Luque, y dirigido por el sacerdote Basilio Álvarez, este hombre tuvo una línea rara que acabó en el Partido Radical de Lerroux. Adquirió muchas deudas y se arruinó. Lo adquirió en 1912 José María de Urquijo, un hombre muy ligado a los jesuitas. Lo gestionaba el sacerdote Ángel Herrera. Era quizás el periódico católico de referencia. Herrera y Urquijo se comprometieron el uno con el otro para poner 50.000 pesetas cada uno y echar a andar el periódico. Urquijo consiguió el dinero en La Gaceta del Norte, pero Herrera no consiguió su parte. De momento echó a andar con un poco de dinero que le dejaba La Gaceta, y el 31 de octubre de 1912, en vista del fracaso económico de El Debate, los accionistas de La Gaceta perdonaron a Ángel Herrera todo lo que se les debía, pero le advirtieron de que, en adelante, debería funcionar por sí mismo. La idea de Ángel Herrera fue crear Editorial Católica con un capital de 150.000 pesetas, de las cuales un tercio lo pondría Fernando Bauer, un tercio Vicente Llaguno, y un tercio El Debate, poniendo como aval el propio periódico, que se valoró en 50.000 pesetas. Es decir, Herrera no ponía nada. El Debate pasó de los 4.500 ejemplares diarios a 13.000 diarios y en 1922 a 100.000 ejemplares, debido a que tenía el apoyo de los jesuitas que lo difundían. Cerró, en 1936.

El Semanario Cristiano Político de Mallorca, de 1812-1814.

La Cruz, de 1852.

El Mensajero, de 1866.

Revista Popular, de Sardá y Salvany, en 1872.

Revista Agustiniana, creada en 1880 y que en 1891 se llamó La Ciudad de Dios.

Ciencia Tomista, de 1890.

Razón y Fe, de 1901.

La Ciencia Cristiana, de Ortí y Lara.

Los periódicos católicos fracasaron todos al poco de aparecer. La causa es que eran muy aburridos: Los católicos integristas eran un puro lamento, reiterado, continuo, machacón, de lo malos que eran los liberales, y de lo anticlericales que eran todos los gobernantes españoles.

 

 

[1] Salvador Minguijón Adrián, 1874-1959, estudió en Calatayud, y en el seminario de Zaragoza, y pasó a la Universidad de Zaragoza a hacer Filosofía y Letras y luego fue a Madrid a hacer Derecho y se hizo notario. Vivió en la zona de Zaragoza en 1905-1930. Trató de dar una base doctrinal al tradicionalismo católico y fue partidario de uan alinaza entre los integristas católicos, Lliga Regionalista y mauristas. En 1910, siguió a Vázquez Mella, pero Minguijón era partidario de aceptar a Alfonso XIII y Vázquez Mella no lo era. En 1918 cofundó el Grupo de la Democracia Cristiana. En 1919, Vázquez Mella abandonó el carlismo, mientras Minguijón permaneció en esa tendencia política hasta 1920. En 1922, Minguijón trató de lanzar el Partido Social Popular, junto a un grupo numeroso de intelectuales católicos. Respecto a la revolución de Musolini, opinó que era la respuesta lógica a la descomposición social que estaba viviendo Europa occidental. Respecto a Miguel Primo de Rivera en 1923, opinó que sería algo bueno para España poner orden. Consideraba que los totalitarismos occidentales eran mucho más morales que el totalitarismo soviético, porque los occidentales respetaban la tradición religiosa y otras tradiciones populares. En 1936, ante la sublevación de Francisco Franco, se volvió a su cátedra y abandonó sus cargos políticos. Acusaba a los republicanos de contradecirse y deslegitimarse entre las cosas que decían y lo que hacían.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *