NACIONALISMOS VASCO, GALLEGO Y VALENCIANO.

 

Concepto clave: nacionalismos españoles.

 

 

EL NACIONALISMO VASCO HASTA 1923.

 

El nacionalismo vasco intentaba conjuntar los ideales rurales carlistas, católicos y fueristas, con los intereses urbanos industriales de una burguesía enriquecida recientemente. Ello presentaba graves contradicciones: el catolicismo rural era antiliberal y estaba radicalizado. Las gentes de las ciudades eran más liberales y menos integristas que las de los pueblos. Lo que les unía eran las tradiciones de defensa de libertades y fueros vascos. Así pues, tenían que hacer hincapié en la exaltación de la raza vasca y en la diferenciación lingüística como elementos de unión entre los vascos. Los nacionalistas tenían que incorporar estos dos elementos y ninguno de los dos era fácil de incorporar.

Desde 1833, los vascos habían optado por el carlismo y ello había perjudicado a sus intereses forales, pues cada derrota significaba algún recorte de fueros. En 1875 habían perdido definitivamente los fueros, con la excepción de poder negociar sus impuestos anualmente con el Gobierno central y algunos detalles administrativos. Este era un punto fácil de aprovechar.

Entonces echaron mano de la tradición, leyendas, mitos, novelas, canciones, cuentos populares que ratificasen el hecho de querer ser diferentes como raza:

En 1587 Andrés de Poza había afirmado que la lengua vasca era una de las 72 lenguas babélicas predecesoras de todas las demás.

El jesuita Manuel Larramendi 1690-1766, había atribuido a los guipuzcoanos nobleza de sangre y pureza de sangre, y los vasquistas del siglo XIX descubrieron a Larramendi como el primer vasquista.

En el siglo XVIII el sacerdote vizcaíno Juan Antonio Moguel 1745-1804, había escrito Peru Abarca, resaltando la profunda sabiduría del campesino vasco, de la aldea, del laboreo agrícola, de la familia y religión católicas, y ello les venía muy bien a unos vascos que esperaban la regeneración del pueblo vasco a través de la pureza del campesino. Y el halago al campesino les podía hacer ganar muchos adeptos.

Igualmente el sacerdote Pedro Pablo de Astarloa 1752-1806, había intentado una gramática vasca, junto a una teoría de las letras vascas, deduciendo que la “a” era una letra masculina, mientras la “e” era femenina.

El francés Joseph Augustin Chaho 1811-1858, estudioso de lenguas orientales, había publicado en 1838 unas ideas iluministas y tuvo que huir de Toulouse, yendo a Bayona, donde vivió casi todo el resto de su vida, menos 1851-1853 que estuvo en Vitoria (España). Era un hombre ocultista, republicano, anticlerical, carlista, piadoso y, sobre todo amigo de las fábulas y leyendas. Escribió sobre el carlismo un libro llamado Voyage en Navarre pendant l`Insurrection des basques, y defendió la tesis, puramente imaginativa y sin base real alguna, de que la guerra carlista era una guerra nacionalista e independentista de una nación oprimida. Decía que los vascos descendían de un patriarca ario llamado Aitor. Era tan imaginativo que hasta se olvidaba de otra leyenda vasca que decía que descendían de un patriarca bíblico llamado Túbal.

Por la misma época, Francisco Navarro Villoslada 1818-1895 se hizo carlista y escribió una novela titulada Amaya o los vascos del siglo XVIII, defendiendo que España era una nación amante del catolicismo y que los vascos representaban la esencia misma del catolicismo.

Antonio de Trueba 1819-1889, habló de un País vasco placentero y feliz, poblado de gente amable, donde todo era bueno: eran amantes de bellas tradiciones, campechanos, piadosos, y sobre todo, amaban su aldea. La sociedad vasca había vivido siempre sin tensiones, hasta que el liberalismo les había perturbado y los inmigrantes, que iban a las minas y a la industria vasca, estaban introduciendo las malas formas de vida. Era evidente la coba que se les daba a los vascos y el matiz populista del mensaje y también los signos de racismo.

Nicasio Landa 1831-1891 escribió Visión en la Niebla, rememorando pretendidas hazañas de los guerreros vascos.

Juan de Iturralde y Suit 1840-1906 redactó leyendas navarras.

Ricardo Becerro de Bengoa 1845-1902 dio forma escrita a unos mitos vascos.

Vicente Arana 1866-1890 escribió Jaun Zuría (Caudillo Blanco) que era una leyenda sobre el levantamiento del primer señor de Vizcaya en la batalla de Arrigorriaga. Jaun Zuría, de origen escocés, atacaría supuestamente a las tropas del Rey de León, a finales del siglo IX, en los confines de las tierras de Álava, en un lugar llamado Padura, el cual quedó teñido de sangre y se decidió llamarlo Arrigorriaga (piedras rojas). El lugar está 6 kilómetros al sur de Bilbao.

Arturo Campión 1853-1937 escribió más leyendas y novelas de exaltación de lo vasco.

Todo este conjunto de literatura era muy malo como literatura, pero fue asumido posteriormente como antecedentes para probar que el nacionalismo existía desde hacía tiempo. Era pura fantasía y no muy buena literariamente, pero creaba los mitos convenientes al vasquismo.

José María de Iparraguirre 1820-1881, un carlista exiliado a Francia en 1840, escribió un himno a un árbol, un roble, el árbol de Guernica, recogiendo para su letra una leyenda popular de las que circulaban por entonces y que se divulgó mucho más a partir de entonces:     “Arriba y arriba Euskadi, gloria y gloria a su buen Dios. Hay un roble en Vizcaya, viejo, fuerte y sano, como él mismo y su ley. En el roble encontramos la cruz santa, siempre nuestro lema. Canta “arriba Euskadi”, gloria y gloria a su buen dios”.

A Sabino Arana no le gustaba el himno porque es universalista y antipatriota, pero el pueblo vasco ya se había aprendido la canción y se había identificado con ella. Se convirtió en el himno vasco.

 

 

El “trabajo” de Sabino Arana.

 

A final del siglo XIX, se llegó al punto de eclosión vasquista, gracias a la obra de los Arana. Sabino Arana y Luis Arana resucitaron el idioma vasco:

Sabino Arana Goiri 26 enero 1865 – noviembre 1903, nació en Bilbao en una familia burguesa y carlista. Su padre, Santiago Arana Ansotegui, era dueño de astilleros y armador, y tenía un buen capital, pero se comprometió demasiado en comprar armas para los carlistas y tuvo que huir a Francia en 1874. Regresó en 1876, pero ya no tenía sus astilleros, aunque sí conservaba una buena fortuna en dinero. Educó a sus hijos, Luis y Sabino, en el internado de los jesuitas de Orduña para que fueran educados católicamente. Luis era tres años mayor que Sabino. Sabino Arana Goiri enfermó de tuberculosis y estuvo dos años convaleciente. Durante estos dos años se leyó casi todas las leyendas y mitos vascos, lo cual influyó decisivamente en su vida, pues se las creyó. En 1883 murió su padre, cuando Sabino tenía 18 años, y toda la familia se fue a Barcelona, donde Sabino se matriculó en Derecho y estuvo cinco años matriculado, pero sin hacer nada útil en cuanto a estudios. Sabino conoció el proceso nacionalista catalán. Escribía ensayos sobre lengua, historia y cultura del País Vasco, en lengua española naturalmente, pues le era imposible escribir en vasco, un lenguaje carente por entonces de muchas palabras y expresiones, y que Sabino no dominaba. El idioma residual vasco que hallaba en los caseríos, reflejaba una sociedad muy antigua y tenía pocas palabras para expresar la realidad industrial y liberal de su tiempo, aun buscándolas en territorios vasco franceses. Entonces, algunas palabras se inventaron, copiándolas directamente del castellano con formas vascas. También encontró el problema de que los distintos caseríos no se entendían entre ellos sino en castellano, y percibió la necesidad de crear un diccionario común.

Luis Arana, que había estado en La Guardia (Pontevedra) en otro colegio de jesuitas, le contó a su hermano que el carlismo ya no tenía futuro y los Arana dejaron de ser carlistas. Luis Arana vio el problema desde Galicia y desde Madrid, y comprendió las diferencias de mentalidad en el resto de España respecto a los vascos. El País Vasco era diferente.

En 1882, la familia fue a Barcelona porque Sabino tenía 18 años y quería estudiar en la Universidad de Barcelona. Su mala salud aconsejó a la familia desplazarse todos. En Barcelona, Sabino conoció la Renaixença. También conoció a Almirall y cómo llevaba las ideas culturales al campo de la política. Pero Araba no compartía las ideas de Almirall ni las de otros nacionalistas catalanes. Lo que le impresionó fueron las posibilidades del nacionalismo.

Entonces decidió estudiar el idioma vasco e incluso en 1888 opositó a una cátedra de vasco del Instituto de Bilbao de la Diputación de Vizcaya, que la ganó don Resurrección María de Azcue (perdieron Sabino Arana y Miguel de Unamuno).

En 1888, Sabino publicó Gramática Elemental del Euskera Bizcaíno. Y se marchó a Bilbao a crear un movimiento nacionalista vasco.

En 1892, Sabino Arana publicó Bizkaya por su Independencia que causó gran impacto. Era la recopilación de cuatro artículos ya publicados en fechas anteriores en la prensa, que Sabino dedicó a su hermano Luis. Hay que tener en cuenta que en 1892 fueron redactadas las “Bases de Manresa” del movimiento catalanista, movimiento que había impresionado mucho a los Arana. El relato histórico de Sabino Arana era completamente falso: tomó  unas pocas batallas medievales y con ellas imaginó una historia del País Vasco.

En junio de 1893 un grupo de nacionalistas vascos se reunió en el caserío de Larrazábal, y Sabino hizo su primer discurso político pidiendo un movimiento independentista para Vizcaya. El 8 de junio creó el periódico bisemanal Bizcaitarra, que escribía él mismo en casi toda su totalidad, bajo el lema Jaun Goikua eta Legi Zarrak (Nuestro amo y señor y las Leyes Viejas), o Jainkoa eta Lagizarrak (Dios y Leyes Viejas). Publicaba relatos de historia, cultura y lingüística poco científicos. Y se dispuso a crear un movimiento nacionalista que era muy complicado de organizar.

Organizó tumultos con motivo de la visita de Sagasta a San Sebastián en agosto de 1893, quemando una bandera de España en Guernica. Tres manifestantes resultaron muertos.

El País Vasco no había tenido nunca en otros tiempos un gobierno propio ni un conjunto de instituciones comunes a los territorios vascos.

En el siglo XIX, el idioma euskera estaba en retroceso. Se había extinguido en todos los pueblos grandes de Álava y en Navarra. Era una lengua primitiva no apta para la Edad industrial y urbana, porque no tenía vocabulario para designar esas cosas. Arana  defendió la necesidad de recoger el idioma como signo diferenciador, pues era lo que unía a los siete territorios.

Las Provincias Vascongadas eran castellanas desde 1188 Álava, desde 1200 Guipúzcoa, y desde 1379 Vizcaya. Y Navarra se incorporó a Castilla en 1512. Eran siglos de historia en común con Castilla, y con España después.

Pero tenían una peculiaridad: siempre tuvieron autonomías locales y provinciales, debido al sistema de fueros que les había concedido la Corona de Castilla. Navarra tenía un sistema legal distinto que debía ser respetado por Castilla por los acuerdos de integración.

Ningún territorio se había rebelado contra Castilla antes de 1700, ni se rebelaron ante el cambio de dinastía en 1700. Por eso, no fueron castigados en 1715.

El problema sobrevino con la Nueva Planta, un sistema racionalizador del Estado y unificador de leyes y administraciones. Entonces, los fueros vascos empezaron a reducirse, poco a poco.

En 1833 se produjo la primera rebelión vasco navarra y fue con motivo de la Guerra Carlista. El carlismo conocía el problema vasco y le prometió respeto a sus fueros. Los Reyes carlistas no reconocían más soberanía que la soberanía española, y nunca les darían independencia. En 1876, fue derrotado el carlismo definitivamente. El País Vasco fue desposeído de sus fueros. Pero quedó algo de su pasado fuerista: el “concierto económico vasco” y el “convenio económico navarro”. El concierto y el convenio eran acuerdos fiscales por los que esos territorios pactaban lo que debían pagar al conjunto del Estado español, naturalmente un poco menos de lo que les correspondería con impuestos generales.

El establecimiento del concierto y el convenio coincidieron con el momento de la industrialización, basada en la siderometalurgia. El crecimiento económico de las cuatro provincias fue exponencial en el último tercio del siglo XIX. Y se estaba haciendo bajo el paraguas de una legislación fiscal favorable. Los empresarios vascos estaban muy a gusto con una buena relación con el Gobierno de España, su mercado esencial, siempre que se les dieran esos privilegios fiscales.

Sabino Arana observó en 1894 que en Vizcaya había ocho partido políticos: los tradicionalistas carlistas, los integristas y los foralistas; los liberales conservadores, los fusionistas y los radical-republicanos; y los republicanos federales y los republicanos posibilistas. Ninguno era un partido vasco, todos eran españoles.

En julio de 1894 los nacionalistas fundaron Euskaldun Batzokija (centro vasco) o sociedad nacionalista de Euskadi. Eran sus jefes los dos hermanos Arana. En 31 de julio de 1895 se constituyó el Bizkai Buru Batzar o directorio supremo del nacionalismo vizcaíno, cuyo presidente era Sabino Arana. Retomó el lema Jaun Goikua eta Legi Zarrak. Propuso organizar Bizcaya com una confederación republicana que se declaraba católica, apostólica y romana (jaun goikua), y que reclamaba las leyes viejas y los fueros (legi zarra). La religión y la política debían producirse en armonía, pero conociendo que son temas distintos. Igualmente, se debían separar los temas eclesiásticos de los civiles. En caso de conflicto entre ambas esferas de la realidad, debía predominar siempre lo religioso. El objetivo final era la unión de los siete territorios vascos, cuatro españoles: Bizkaia (Vizcaya), Araba (Álava), Gipúzkoa (Guipúzcoa), y Nafarroa (Navarra), y tres franceses: Nafarroa Beherea (Basse Navarre), Lapurdi (Labourd) y Zuberoa (Soule). En realidad, históricamente había habido otro territorio más, El Duranguesado, distinto del Señorío de Bizkaia, pero en 1200 se habían unido a Bizkaia, y Sabino no creyó necesario reivindicar este territorio como distinto de Bizkaia.

Los siete territorios se unirían en una confederación que se llamaría Euskalerría, y todos mantendrían su propia autonomía dentro de la confederación. Las reglas eran éstas: La confederación de Euskalerría se constituiría por voluntad libre y expresa de cada territorio vasco. Todos los Estados tendrían igualdad de derechos y deberes, e igualdad de obligaciones. La Confederación o Euskalerría sería de naturaleza social, y se ocuparía de las relaciones exteriores. En todos los demás temas, cada Estado los interpretaría libremente. Los Estados vascos podrían separarse libremente de la Confederación de Euskalerría.

La principal finalidad del organismo político creado era expulsar a los “extranjeros” de Euskadi. Sabino también buscaba la raza euskérica y el idioma propio de esa raza. Esos extranjeros eran los castellanos (castellanos significaba españoles) que, según Arana, habían invadido el País Vasco en 1839, pues hasta esa fecha, según ellos, los vascos siempre habían sido un país independiente. Sabino sabía que tenía delante de él varias razas, pero decidió que no debían llegar más individuos ni nuevas razas a Euskadi. Porque los que ya estaban, tenían unos valores comunes y un modo de vida, y temía que si llegaban otros, se cambiasen esos valores o modo de vida. Tampoco se podía prescindir de forasteros y extranjeros, pues los inmigrantes les eran necesarios y las relaciones económicas y culturales con ellos eran cada vez mayores, pero pensó que se les debía conceder una residencia temporal, nunca la ciudadanía. Lo que quedaba más claro de su política racial y xenófoba era que no le gustaban los matrimonios con castellanos.

La unidad católica era irrenunciable y no podía ser discutida por ningún territorio, era imprescindible.

La soberanía recaía en cada una de las comarcas, grupos locales y municipios vascos, los cuales se unirían en la confederación vasca por libre voluntad. No dijo qué pasaría si algunos decidían no unirse.

El programa entero era no modificable, se tomaba o se dejaba, pero los territorios no podrían hacer excepciones ni arreglos a ese programa.

Es decir, Arana se mostraba integrista católico y nacionalista vasco, xenófobo y racista. Ese pensamiento era un tanto extraño en el País Vasco porque el integrismo nunca había sido dominante entre los vascos, y los monjes nunca habían ejercido cargos políticos ni administrativos. Ni siquiera Euskadi había tenido Inquisición. Hasta ese momento, era la región menos integrista de España. Sabino Arana quería cambiar la historia.

A partir de entonces, Sabino impuso que los vascos tenían como deber recuperar sus fueros, y su independencia. Pero el grupo de amigos de Bilbao, no exigía el menor rigor de seguimiento a las teorías que ellos mismos exponían cada día.

Sabino Arana se disgustó con un comentario de un catalán catalanista que les llamó a los vascos “hermanos en la desgracia”. Sabino dijo que los catalanes eran unos extranjeros que nada tenían que ver con Euskadi, y sus pueblos nunca podrían ser hermanos. Su sentido xenófobo quedó herido por la consideración de “hermanos”.

Sabino rechazaba el anticlericalismo liberal, el capitalismo egoísta y el socialismo. La única manera política, social y económica que era moral para él era el vasquismo. Despreciaba a todas las autoridades que aceptaban representar cargos para el Gobierno español.

En 1895, Sabino Arana acabó en la cárcel, en donde estuvo tres meses. En ese tiempo se clausuró temporalmente el Euskaldun Batzokija.

Sabino Arana pudo instalarse en la contradicción de contar simultáneamente con los carlistas y con los burgueses, sin que hubiera críticas por ello. Pero los carlistas eran católicos, con mayoría de seguidores rurales, antiliberales y antilibrecambistas, mientras la burguesía vasca era liberal librecambista. Las contradicciones son normales antes de una revolución, e incluso después de ella, y también los catalanistas se basaban en una izquierda republicana, tendente al socialismo y al laicismo, y en una derecha burguesa conservadora, católica y antiliberal. Estas contradicciones dan lugar bien a una “limpieza” (catarsis, purga), o a una guerra civil si se consigue la independencia, pero ello nunca ocurrió, y no se mostraron las consecuencias de la contradicción.

 

 

El Partido Nacionalista Vasco.

 

En octubre de 1897 (los nacionalistas dicen que en 1895), Sabino Arana fundó el Partido Nacionalista Vasco. Se llamaba Eusko Alderdi Jeltxalea, EAJ, es decir, Partido Vasco de los simpatizantes de JEL (Jainkoa Eta Lagizarrak – Dios y Leyes Viejas), pero en español Partido Nacionalista Vasco PNV. Juntos, hacen EAJ-PNV.

El programa del PNV era:

Independencia total y absoluta de España

Formación de un Estado de familias de raza vasca pura (8 apellidos vascos) desaconsejando el matrimonio con miembros de otros pueblos.

Desarrollo del euskera y expulsión del castellano y francés del todo el territorio vasco.

Recuperación del catolicismo feroz, duro, integrista.

Por entonces, eran enemigos del programa nacionalista vasco: los carlistas porque no estaban de acuerdo con el separatismo radical, puesto que siempre habían aspirado a la Corona española, y los socialistas vascos que no estaban de acuerdo con el catolicismo integrista.

 

 

La integración de los burgueses.

 

La burguesía vasca se negaba a entrar en el nacionalismo y prefería tratar con el Gobierno de España en Madrid, que les daba proteccionismo.

El PNV surgió en un momento de crisis de la burguesía vasca, en el momento en que el convertidor Siemens ya no necesitaba el mineral de hierro vasco y cesaban las importaciones británicas y alemanas. Los burgueses querían proteccionismo y, al igual que los catalanes, estaban dispuestos a destruir el modelo de Estado español con tal de sacar adelante sus negocios particulares. Arana encontró acogida entre la pequeña y mediana burguesía vasca, pero no entre la gran burguesía que podía adaptarse a las nuevas condiciones, y se veía favorecida por la desaparición de los medianos y pequeños.

Hasta fines del siglo XIX, algunos nacionalistas vascos del XVII al XIX, habían llamado “Cantabria” (tierra de los cántabros) al territorio vasco. Pero los eruditos vascos consideraron que Cantabria era un territorio más al oeste, que comprendía parte de Asturias, casi toda la provincia de Santander y la mitad oeste de Vizcaya, y, como apenas coincidía con el País Vasco, Sabino decidió cambiar el nombre y ponerle Euskadi. Además, los cántabros eran celtas y los vascos presumían de no ser ni iberos ni celtas, sino una raza diferente al resto de los españoles y de los europeos. El mito de la raza diferente se apoyó después en la abundancia del Rh- en el País Vasco.

El término Euskadi fue reconocido oficialmente el 1 de octubre de 1936. A partir de entonces, los nombres de las entidades geográficas vascas que designan al país vasco son: Euskal Herría que es el conjunto de los siete territorios donde subsistía el habla vasca; Iparralde que es el territorio vasco francés; Hegoalde que es el territorio vasco español; y las siete provincias.

 

 

Las exigencias radicales de Sabino Arana.

 

En 1898, Sabino Arana se presentó a las elecciones provinciales y triunfó, accediendo a miembro de la Diputación de Vizcaya.

Arana exigió hablar vasco en Euskadi, y no español ni francés. Pidió la independencia respecto a España y no se atrevió a pedirla respecto a Francia pero era evidente que sería el siguiente paso si lo conseguía en España. Exigió los ocho apellidos vascos para definir a una persona como auténticamente vasca. Y en política, era partidario de un catolicismo integrista.

En 1899 fueron elegidos cinco concejales nacionalistas en Bilbao, y tuvieron tres concejales más en otros pueblos.

Los empresarios vascos habían dado un gran salto económico a la modernidad accediendo al crédito exterior extranjero, a las sociedades anónimas, a la banca industrial, y tenían muchas relaciones con Madrid y con Londres. Empezaban a explorar el campo económico internacional. En 1900, poseían el 39% de la marina mercante española y, en 1910, llegarían a poseer el 30% de las inversiones bancarias españolas, casi todo en Vizcaya y Guipúzcoa. Lo chocante en su posición capitalista era la dependencia familiar respecto a los curas párrocos, lo cual les mantenía en un conservadurismo ideológico, que querían hacer compatible con el progresismo económico.

A mediados de 1902, Sabino Arana estuvo siete semanas en la cárcel. Había enviado un telegrama a Theodhore Roosevelt felicitando a los Estados Unidos por haber librado a Cuba de la esclavitud.

 

 

La reconversión de Sabino Arana.

 

Para entonces, Sabino era consciente de que era un fracasado, de que no entendía las relaciones políticas ni las relaciones económicas. La conclusión que sacó era que, si no sabía moverse en esos campos, procuraría sacar las máximas ventajas para el País Vasco, pero dentro de España. Anunció la formación de la Liga de Vascos Españolistas, pero nunca se concretó en nada. Murió de la enfermedad de Addison en 29 de noviembre de 1903. Tenía 38 años de edad. La muerte le convirtió en un mito y, aunque no logró nada en política, es citado por todos los nacionalistas vascos como el fundador del movimiento vasco. Su etapa de renuncia al nacionalismo xenófobo y excluyente fue muy corta y no dio lugar ni tiempo para nada.

 

 

Ángel de Zabala.

 

En 1903, fue presidente del PNV Ángel de Zabala. Tenía una visión más clara de que la finalidad de un partido era tener diputados y concejales. En 1903, obtuvo 2 representantes en la Diputación de Vizcaya, y desde entonces, siempre obtuvo entre el 25% y el 33% de los concejales de Bilbao.

En 1904, San Sebastián abrió un centro vasco.

En 1907 apareció un centro vasco en Vitoria.

En 1909, los pamploneses crearon un centro vasco.

En tiempos de Ángel de Zabala, el nacionalismo vasco se escindió entre “españoles” y “abertxales”. Todos ellos eran vascos. Los “españoles” eran el grupo de nacionalistas moderados que pensaban que se debía negociar con el Gobierno de Madrid y utilizar la lucha parlamentaria a fin de obtener la autonomía del País Vasco. Los “abertxales” eran los que opinaban que se debía conseguir la independencia vasca a toda costa, sin tratos con el Gobierno de España, sin concesiones desde Madrid. Su líder abertxale era Elías Gallastegui.

En 1905-1906, los políticos vascos se unieron en Liga Foral para oponerse a todo cambio en el Concierto-Convenio Económico, pero el PNV decidió quedarse al margen porque consideraba que las “ligas forales” no eran nacionalistas, sino servidores de los empresarios vascos.

La política del PNV fue abrir Cajas de Ahorros municipales, y desde 1920 también Cajas de Ahorros Provinciales. Con ello, trataba de hacer oposición a los bancos de ámbito estatal español.

El clero católico se hizo cada vez más vasco, a veces más vasco que católico. La causa era el Seminario Diocesano de Vitoria. El nacionalismo se instaló en el seminario de Vitoria, y los seminaristas salían ya del seminario con ideas nacionalistas vascas bastante radicales. Los obispos vascos conocían que en los caseríos y pequeños pueblos vascos, sólo se hablaba euskera, y preparaban a los jóvenes sacerdotes para ser curas nacionalistas. Casi todos los curas empezaban su trabajo en las zonas rurales. En estas condiciones, los seminaristas de otros lugares de España se negaban a ir al País Vasco, y ello condujo a que todos los sacerdotes del País Vasco fueran vascos de nacimiento. Y en sus pueblos extendían las ideas nacionalistas, lo cual reanimaba el movimiento, pues de esos pueblos salían chicos para el Seminario de Vitoria.

En 1906, el capuchino navarro Ramón de Goicoechea Oroquieta escribió Ami Vasco, un compendio de las ideas políticas vascas.

 

 

Política española de conciliación.

 

En 1907, Maura se quiso hacer simpático a los vascos y nombró alcalde de Bilbao a un vasco. En 1909 lo repitió. Canalejas, desde 1910, cambió de actitud y nombró a liberales españoles para alcaldes, tratando de abrir la mentalidad de los vascos.

En 1910 apareció el Partido Nacionalista Liberal Vasco, que se separó del PNV y tuvo poca vida.

En 1910, apareció dentro del PNV, Centro Nacionalista Republicano Vasco, un grupo anticlerical y republicano. Aquello era incompatible con todas las creencias y estructuras del PNV, y los republicanos abandonaron el Partido Nacionalista Vasco. La razón de ser de estos republicanos anticlericales eran los obreros, los cuales no tenían la misma mentalidad que los campesinos y funcionarios vascos.

El nacionalismo vasco era rural y estaba muy fuertemente implantado.

 

 

Reafirmación vasquista entre los obreros.

 

En 1911, el PNV creó por varios puntos de Vizcaya grupos de trabajadores sindicados, distintos de los de UGT y CNT, y se llamaron Solidaridad de Trabajadores Vascos, STV. Logró captar a funcionarios y oficinistas, pero le fue muy complicado penetrar en el mundo de los obreros fabriles.

En 1913, los vascos independentistas aparecieron unidos frente a los partidos de ámbito español en la llamada Comunión Tradicionalista, pero esta institución era dominada por los carlistas y no servía al resto de nacionalistas, así que se rompió.

En 1915, Luis Arana abandonó el Partido Nacionalista Vasco.

 

 

Comunión Nacionalista Vasca.

 

En 1916, el Partido Nacionalista Vasco fue refundado por Engracio Aranzadi, alias Kizkitxa, Luis Aleizalde y Ramón de la Sota. Se dieron nuevos Estatutos al partido y se llamó Comunión Nacionalista Vasca. Transitoriamente, desapareció el PNV. Comunión Nacionalista Vasca tenía un “programa mínimo”, que consistía en formar una Mancomunidad Vasca de Vizcaya, Álava, Guipúzcoa y Navarra, y un “programa máximo” en el que se aspiraba a restablecer las Leyes Viejas, la autonomía foral de 1839 como paso previo a una autonomía ilimitada del País Vasco.

En 1917, Comunión Nacionalista Vasca logró mayoría en la Diputación Provincial de Vizcaya y en el Ayuntamiento de Bilbao.

En julio de 1917, el Gobierno Provincial de Guipúzcoa convocó reunión de representantes de las tres diputaciones vascas y de Navarra en Vitoria, y en esa reunión propusieron solicitar del Gobierno de España la restauración del sistema foral. Se había escogido Vitoria como lugar de la reunión porque era la provincia más pobre, la menos poblada y la más españolista. Álava y Navarra se mostraron indecisas, y la reunión fracasó.

En 1918, en las elecciones generales, Comunión Nacionalista Vasca consiguió 7 escaños de un total de 20 posibles: cinco en Vizcaya (de 6 posibles), uno en Guipúzcoa (de 5 posibles) y uno en Navarra (de 7 posibles). Ninguno en Álava. Romanones nombró una Comisión extraparlamentaria para trabajar un borrador de acuerdo con los catalanistas y los vasquistas. La Comisión se reunió en enero y febrero de 1919. Los vascos enviaron a esa Comisión a dos nacionalistas y un integrista católico, y pidieron amplia autonomía foral y control administrativo sobre los asuntos locales. Sugirieron que los impuestos fueran proporcionales a los pagados por el resto de España y aceptaron los reclutamientos militares, con lo cual parecía que se igualaban con el resto de las provincias españolas. Pero las levas las debían hacer ellos, y los reclutas vascos no saldrían nunca del País Vasco, salvo caso de guerra. También exigieron que los proyectos de autonomía de las provincias vascas y de Navarra los redactarían los representantes de los Gobiernos municipales de cada provincia. Los catalanistas rechazaron participar en la Comisión. El Gobierno consideró que los vascos cedían poco, y los catalanes se oponían, y retiró su propuesta de hacer un acuerdo con catalanes y vascos.

En 1920, la crisis económica fue aguda, pues se había terminado la posguerra, en el sentido que los países beligerantes habían puesto en marcha sus economías y dejaban de comprar a España. El País Vasco, exportador de mineral de hierro y productos férricos, acusó mucho la crisis. Y Comunión Nacionalista Vasca obtuvo malos resultados electorales: obtuvo 3 escaños, frente a los 7 que tenía anteriormente. Perdió el de Guipúzcoa, el de Navarra, y 2 en Vizcaya. En Bilbao apareció la violencia en la calle, gestionada por el Partido Comunista. Las elecciones las ganó Liga de Acción Monárquica, una coalición monárquica liberal conservadora. Y en la calle luchaban los comunistas, la derecha españolista y Comunión Nacionalista Vasca.

En 1921 se produjo una escisión en Comunión Nacionalista Vasca y nació Aberri (patria), más radical, hasta que se volvieron a reunificar en 1930. En 1920, los jóvenes nacionalistas se estaban radicalizando y Juventud Nacionalista de Vizcaya formó un grupo de acción, Aberri, y convocó una asamblea para analizar el fracaso de CNV en las pasadas elecciones. Los Aberrianos deseaban una política más intransigente y más vinculada a las cuestiones sociales, más socialista. Tomaron el nombre de su periódico, Aberri. Eran anticlericales, pero no anticatólicos. Sólo querían que la Iglesia abandonase sus privilegios. Los dirigía Elías Gallastegui, alias Gudari (guerrero, soldado), el cual estaba muy preocupado por los temas sociales, pero nunca desarrolló un programa socioeconómico profundo. Sabemos que admiraba al PCE. Destacó por sus peticiones de intransigencia y de activismo en la calle, lo cual nos recuerda a la propaganda de los hechos, pues decía que así se convencerían las masas. El periódico Aberri denunciaba la acción española en Marruecos y se posicionaba a favor de los marroquíes, de la independencia marroquí, igual que hicieron los catalanistas. Calificó a su nacionalismo de “separatista” y nunca admitió el término “regionalista”.

En junio de 1921 trataron de llegar a acuerdos con CNV, pero al mismo tiempo, su periódico fustigaba duramente a CNV y el acuerdo fue imposible, porque pedían “rendición con armas y bagajes”.

 

 

El Nuevo Partido Nacionalista Vasco.

 

Los aberrianos se unieron a la facción de Luis Arana Goiri, también intransigente y se reorganizaron en julio de 1921 con el nombre de Partido Nacionalista Vasco, y nombraron Presidente del nuevo partido a Ángel de Zabala. Eran mayoría en Vizcaya y tenían muchos seguidores en Guipúzcoa.

El Nuevo Partido Nacionalista Vasco representaba un cisma dentro de Comunión Nacionalista Vasca. Fueron separados a las elecciones y sólo obtuvieron un escaño y fue en Navarra.

En junio de 1923, Aberri profetizaba el triunfo del nacionalismo vasco y lo argumentaba porque España era, según ellos, un país inculto que sólo sabía de utilizar la violencia, lo cual le ponía en inferioridad a los pueblos cultos como los catalanes y los vascos. Todo era cuestión de tiempo.

A principios del siglo XX, algún nacionalismo alemán  evolucionó hacia ideas antidemocráticas entre 1920 y 1940. Defendían que el espíritu nacional era incomunicable entre culturas y razas, que la raza debería ser pura para mantener los valores del volkgeist propio, que el volkgeist necesitaba un espacio vital, y que el espacio vital debía ser vaciado de gentes de otras razas y culturas. Acabaron por aceptar que el volkgeist se encarnaba en unas personas, en un líder y éstas debían deshacerse de las personas que contaminaban su espíritu de pueblo.

En agosto de 1923, el nuevo PNV se sumó a la triple alianza de catalanistas, vasquistas y gallegistas. La propuesta había surgido de los catalanes.

En 1930, tras la reunificación de CNV y Aberri, surgió otra escisión por la izquierda llamada Acción Nacionalista Vasca EAE-ANV, personas que no estaban de acuerdo en la reunificación. Se considera a ANV el germen de los que sería en su momento Batasuna.

En 1936, estaban a punto de conseguir un Estatuto de Autonomía, pero Franco se sublevó contra el Gobierno republicano que se la iba a dar. Los vascos se levantaron contra Franco dándose la paradoja que el sector más de derechas de España, los carlistas vascos y la burguesía vasca, estuvieron con el Frente Popular de izquierdas durante la Guerra Civil.

En 1950 surgió Ekin (acometer) dentro de Eusko Gaztedi Indarra EGI, el grupo juvenil del PNV. Era un movimiento de izquierdas en el que nacería ETA en su momento.

 

 

 

NACIONALISMO GALLEGO.

 

Galicia organizó unos Juegos Florales en Santiago de Compostela en 1875. Trataban de revitalizar el nacionalismo a través de la lengua gallega.

En 1885, empezaron a aparecer los 52 volúmenes de Biblioteca Gallega.

Los protagonistas del renacer de la cultura gallega fueron Rosalía de Castro, Eduardo Pondal, y Curros Enríquez.

La renovación cultural empezó en pequeños círculos de clase media. En ellos no se produjeron contenidos políticos.

En 1889, Alfredo Brañas, publicó El Regionalismo, un programa político que pedía una España federal, en la que Galicia fuera una región autónoma. A partir de entonces se formaron varios núcleos regionalistas, todos ellos pequeños. El más importante de todos ellos fue Federación Republicana Gallega, de Santiago Casares Quiroga y Emilio González López, pero estamos hablando de los años veinte del siglo XX. Y lo citamos porque fue la base de ORGA, Organización Regional Gallega Autónoma, izquierda republicana que tendría algún papel en la Segunda República española.

 

 

Nacionalismo Valenciano.

 

Algunos valencianos quisieron imitar la Renaixença catalana como fue el caso de Carmelo Navarro Llombart, alias Constantí Llombart. Este hombre creó  la sociedad cultural “Lo Rat Penat”.

En 1907, se creó “Valencia Nova”, ya con ideas políticas autonomistas.

En 1918 se creó la Unió Valencianista Regional, también de corte político.

Pero los valencianos rechazaron el independentismo y hablaron siempre de autonomía política y del cultivo del valençiá, la lengua de Valencia, que no identificaban con el catalá, porque ello sería someterse a un imperialismo cultural catalán.

Uno de los políticos más destacados en este campo del autonomismo valenciano, fue Vicente Blasco Ibáñez, el cual militaba en Unión Republicana, de corte federal, cuya idea era implantar en toda España la República Federal.

A fines del los años veinte del siglo XX, apareció el grupo Juventud Republicana Valencianista, muy radical de izquierdas, pero apenas tuvieron seguidores.

 

 

Otros federalistas.

 

En 1918, hubo campañas republicanas federalistas con motivo de unas elecciones generales españolas, en Andalucía y Extremadura, pero no pasaron del intento de constituir un grupo republicano.

 

 

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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