LA SOCIALDEMOCRACIA.

La democracia liberal y social.

 

Conceptos clave: Sociedad Fabiana, Socialdemocracia alemana.

 

Las ideas sobre un socialismo al que se pudiera acceder de forma no violenta, sin la lucha de clases, provienen de 1848, tras el fracaso de la revolución de 1848 en las llamadas jornadas de junio. Incluso Louis Blanc, tras intentar los Talleres Nacionales, empezó a pensar en otra vía al socialismo. De hecho, no apoyó la Comuna de 1871. La nueva vía era una alianza entre la pequeña burguesía y el proletariado. En ello pensaron Johann Gottfried Kinkel y Ferdinand Lasalle.

Ferdinand Lasalle creó en 1863 la Asociación General de Trabajadores de Alemania, de ideas socialdemócratas, la cual se asoció con el Partido Socialdemócrata Obrero de Alemania, que era marxista (no nos dejemos confundir por el nombre de “socialdemócrata”), es decir, de los que opinaban que la lucha de clases era inevitable, necesaria para conseguir los derechos de los trabajadores. Los dirigentes de este partido eran Wilhelm Liebknecht y August Bebel. De esta fusión nació el Partido Obrero Socialista de Alemania, el cual toleraba las dos opiniones, y luego se llamaría Partido Socialdemócrata de Alemania SPD (Sozialdemokratische Partei Deutschlands). Trataron de hacer compatibles los programas marxista y socialdemócrata y acordaron el llamado Programa de Gotha de 1875.

Lasalle proponía que un Estado democrático avanzara hacia el sufragio universal, la milicia popular, la educación universal obligatoria y gratuita, y produjera las leyes contra la explotación del trabajo de mujeres y niños. Creía que eran posibles los avances hacia una sociedad más igualitaria en materia política, social y económica, sin romper el Estado liberal.

Marx se opuso frontalmente a este acuerdo de Gotha, pues razonaba que era preciso erradicar completamente a la clase social burguesa y que ello sólo se podría hacer mediante la instauración de proletariado en el poder, lo cual se debería hacer mediante la lucha de clases que condujera a una dictadura del proletariado. La solución socialdemócrata le parecía a Marx una componenda de los pequeños burgueses que sólo dilataría en el tiempo la solución del problema de opresión del trabajador. Desde entonces, se utilizó entre los marxistas la expresión “pequeño burguesa” a modo de insulto.

Y desde 1880 se impuso el marxismo, sin posibilidad de discusión, y a los discrepantes se les llamaba “revisionistas”. Los marxistas utilizaban el término a modo de insulto.

Contra estas tesis marxistas mayoritarias en el socialismo, apareció desde 1884 la Sociedad Fabiana, y desde 1896, las teorías de Bernstein.

 

 

La Sociedad Fabiana británica.

 

El 4 de enero de 1884, apareció en Londres una generación de socialistas pacíficos entre los que estaban George Bernard Shaw, 1856-1950; Charlotte Mary Wilson, 1854-1944, mujer anarquista; Emmeline Pankurst, 1858-1928, mujer feminista; Herbert George Wells, 1866-1946; Sidney Wells, 1859-1947; Beatriz Potter, 1858-1943, esposa de Wells.

Estos hombres y mujeres recordaron que Quinto Fabio Máximo, Cunctator, general romano, ante un problema gravísimo como habían sido las sucesivas derrotas ante Aníbal, decidió no plantear batalla abierta, sino tácticas dilatorias con acosamiento continuo y guerrillas contra los abastecimientos cartagineses, las cuales lograron separar a Aníbal de Hispania, su punto de abastecimiento. Dejaron pasar el tiempo, Aníbal se agotó, y cayó derrotado por no poder seguir pagando a los mercenarios que tenía contratados. El relato hacía parangón con el problema de cambiar la sociedad burguesa capitalista, un monstruo al que se debería atacar intentando pequeñas reformas progresivas, constantes y graduales, y se acabaría con la corrupción  y la injusticia capitalista. En 1889, empezaron a publicar Ensayos Fabianos, y ya se quedaron con ese extraño nombre para unos socialistas.

En el liberalismo británico de fines del XIX, y concretamente en la Sociedad Fabiana, surgieron nuevas ideas liberales, importantísimas, conocidas como el liberalismo social. Reconocieron los abusos del liberalismo conservador, e incluso las injusticias dentro del liberalismo democrático, y llegaron a la conclusión de que era precisa la intervención del Estado, idea tabú para los liberales hasta ese momento, para introducir mejoras sociales en beneficio de los trabajadores y clases menos afortunadas. Según ellos, sin esas reformas sociales era cierto que se producían desequilibrios que daban la razón a Marx en el sentido de que el empobrecimiento de los más destruía el mercado y era negativo para el sistema capitalista y para los derechos de los trabajadores.

Así pues, los liberales sociales, que aceptaban la necesidad de intervención del Estado a favor de los derechos de los más desfavorecidos, convergían con los socialdemócratas, que aceptaban la convivencia con los liberales, siempre que éstos fueran verdaderamente democráticos y luchasen por los derechos de los trabajadores. La nueva derecha europea, la llamada derecha civilizada, iría al liberalismo social, y la izquierda civilizada a la socialdemocracia, pero podían entenderse y convivir, que fue la pauta del siglo XX. Quedaban mas a la derecha, ya fuera del sistema, los ultraliberales, y en extrema izquierda los socialistas marxistas y los comunistas.

Los fabianos se oponían pues a la gran revolución marxista que decía que se acabaría con el capitalismo mundial, se erradicaría, para construir la sociedad comunista sobre sus escombros, tal y como decían los marxistas, y defendía Lenin desde 1903, igual que habían defendido los anarquistas. La posición Fabiana indignó a los bolcheviques y anarquistas, que perdieron los nervios e insultaban a los fabianos en vez de discutir con ellos.

Los fabianos defendían que el objetivo final era que la política y la economía fueran controladas progresivamente por Gobiernos democráticos representativos, que sustituyeran a los capitalistas, militares y otras fuerzas políticas dominantes de la sociedad por instituciones verdaderamente democráticas. Pero que el camino iba a ser largo y había que tener paciencia. El nuevo socialismo era el progreso lento hacia el modelo de sociedad que los fabianos proponían, y presentaban un modelo de control democrático de la economía y de la política por el pueblo.

A los fabianos no les importaba la subsistencia de la empresa privada, de la propiedad privada, con tal de que éstas fueran controladas democráticamente. Lo que importaba era acabar con los abusos de los políticos y de los capitalistas. El objetivo final era conseguir un sistema de sanidad para todos, enseñanza gratuita para todos, regulación por el Estado de las condiciones de trabajo a fin de que fueran imposibles los abusos empresariales que se habían instalado en la sociedad de fines del XIX.

Los marxistas se indignaron y dijeron de todo a los fabianos, y por supuesto, negaron que éstos fueran socialistas. Pero en 1906, los fabianos constituyeron el Partido Laborista Británico, y el partido empezó a crecer hasta que, en 1922, venció a los liberales, logró el sorpasso frente a los liberales, y el bipartidismo británico se convirtió en cosa de Conservadores y Laboristas. Y una vez más, los comunistas quedaron desplazados del protagonismo político, excepto para organizar huelgas y manifestaciones populares.

George Bernard Shaw, 1856-1950, dijo que las rentas de los grandes monopolios eran una injusticia social, una indecencia, una inmoralidad, y que la sociedad tenía derecho a actuar contra ellos a fin de conseguir un mejor reparto de la riqueza, lo cual significaría mejoras en el mercado, pues ampliando el poder adquisitivo de los compradores, se beneficiaría el conjunto del sistema, porque todos saldrían ganando. Pero los capitalistas pusieron el grito más allá del cielo y clamaron contra el despojo de unos pretendidos “derechos”, interpretados por los fabianos como “privilegios”.

La Sociedad Fabiana decayó a partir de 1930 por varias razones, por la actividad sindical, por la Revolución Rusa, y por la caída del espíritu y moralidad Fabiana. Los sindicalistas se introdujeron en el Laborismo y cambiaron por completo las bases morales del mismo, pues hicieron prioritaria la lucha laboral y dejaron un tanto de lado las cuestiones de progreso social general en otros campos de la realidad. La huelga llegó a interesarles por la huelga misma, como medio de aparecer como protagonistas en los medios de comunicación. Se convirtieron en un arma de los socialistas, y no en un elemento de progreso hacía mayores derechos humanos.

La URSS consiguió por entonces muchas simpatías en la creencia de que se realizarían los programas de mejora de la humanidad a través de la toma del poder por el proletariado, tras un pequeño periodo de dictadura comunista. De hecho, cuando el Estado soviético empezó a construir viviendas para los obreros, aunque fueran baratas y de poca calidad, llamó la atención del mundo porque los pobres de la URSS no vivían tan pobremente como los pobres de Londres o de París. Y cuando el Estado dotó con tractores a los campesinos rusos, se convirtió en motivo de admiración para los campesinos occidentales.

Otra cosa fue cuando, 50 años después, la URSS seguía siendo un programa de avance hacia un socialismo teórico, y un aprovechamiento de la posición política y social por los militantes del PCUS, como un privilegio frente al resto de la población, lo cual desilusionó a los europeos, porque se convertía en lo mismo contra lo que se luchaba al principio del experimento. Las ideas revolucionarias de 1917 se les agotaron a los soviéticos para dar paso a nuevas “clases sociales soviéticas”. Destacaba la clase militar, para la que había muchas partidas de dinero, que se negaban a otros colectivos sociales. Y la clase de militantes del PCUS para la que los privilegios eran muy evidentes. Y los fabianos de después de 1930 se fueron haciendo cada vez más complacientes y menos críticos, buscaban menos avances en las reformas sociales, a veces proponían una reforma estúpida, y otras veces una actuación que sabían que podía provocar la violencia social, todo lo cual estaba en contra del espíritu fabiano de 1884.

 

 

La socialdemocracia alemana.

 

Edward Bernstein, 1850-1932, se atrevió en 1896 a hacer una crítica a Marx, lo cual era visto como inaceptable por los marxistas de entonces y lo publicó en Las premisas del Socialismo y las tareas de la Socialdemocracia, 1899.

En términos generales, Bernstein dijo que el marxismo no podía considerarse como una doctrina permanente, dogmática, y tampoco debía ser reducido a una teoría materialista y económica. Las fuerzas económicas no eran las únicas que movían la sociedad y la política. La práctica política y el estudio de la historia en los últimos años, mostraban que la sociedad no iba a la catástrofe económica, que los trabajadores de occidente cada vez vivían mejor, en contra de lo que había asegurado Marx, y que la disposición a la lucha por la gran sublevación definitiva era cada vez menor, en vez de caminar inexorablemente a la catástrofe social burguesa.

En términos más concretos, por los que se indignaron los marxistas, Bernstein dijo que la teoría de las plusvalías hecha por Marx, era simplista y abstracta, y que la teoría de la lucha de clases estaba mal planteada. No todas las ganancias del empresario son plusvalías, pues también debe existir un derecho a ganar dinero por el trabajo hecho por el capital. No existen las clases capitalista y de los proletarios, sino como una forma de expresión. Las ideas e intereses capitalistas son compartidos por otras muchas personas, incluso trabajadores, y las ideas de los proletarios son compartidas por algunos funcionarios y capitalistas. Elevar a categorías de lenguaje esos términos, sólo llevaba a confusión, a distanciarse de la realidad. En conclusión, no era precisa la revolución violenta como camino al socialismo, como camino a un mejor reparto de los derechos y propiedades entre los ciudadanos, si se vivía en un estado de libertad, justicia y respeto a los derechos humanos. Tampoco era precisa la dictadura del proletariado, o época dura de transición hacia la nueva sociedad proletaria.

Kautsky defendió el marxismo ortodoxo frente a las tesis de Bernstein.

Y en 1917, Lenin inició la gran revolución que debía ser mundial y debía colocar a los trabajadores en el Gobierno del mundo. Dijo que la única versión marxista aceptable era la suya, y las teorías de Berstein y de los fabianos eran “revisionismos” a erradicar. Desde entonces, sólo permitió denominar “marxismo” a sus tesis leninistas, lo cual genera una confusión metodológica, pues a partir de 1903, marxismo no son las teorías de Marx, sino las de Lenin. Y el que quiera conocer libremente a Marx, debe prescindir de Lenin.

Una vez puesto sobre el tapete el desafío de llevar a la práctica lo que se venía discutiendo durante los sesenta últimos años, los europeos debieron optar por la solución leninista o las soluciones de Bernstein y de los fabianos. Y Bernstein permaneció en sus tesis socialdemócratas. Pasó el tiempo y Rusia comprobó que era imposible la “Dictadura del Proletariado”, la cual fue sustituida por la dictadura del Partido Comunista de la Unión Soviética. Aunque Lenin dijo que era táctico y circunstancial, era obvio que estaba encontrando contradicciones, que estaba fracasando. Lenin se empeñó en seguir llamando a lo suyo una dictadura del proletariado, y sus seguidores continuaron defendiendo lo mismo hasta 1989.

La nacionalización de las empresas rusas fue un nuevo fracaso, pues los obreros de la URSS vivían en peores condiciones que los de occidente. Había que convencerles de que todo era pasajero. Pero pasaron los años y la situación no mejoraba. Cada año era un paso más en la demostración del fracaso soviético.

El sometimiento de las naciones del Este europeo a la URSS fue un nuevo fracaso, pues los nacionalismos resistieron a pesar de las persecuciones. Y el paso del tiempo y la sucesión de generaciones en la misma idea nacionalista, significó nuevos fracasos de la URSS.

Bernstein teorizó que la socialización de la propiedad no era el fin último de la revolución socialista, sino que el fin debía ser el progreso objetivo en la extensión de derechos y libertades para todos, lo cual era exactamente lo contrario de lo que sucedió en la URSS en las siguientes décadas.

En 1923 se creó la Internacional Socialista Obrera de signo socialdemócrata, la cual en 1945 se planteó el abandono completo del marxismo y su sustitución por políticas de redistribución social de la riqueza utilizando la fiscalidad progresiva y las redes de asistencia social. Efectivamente, Alemania abandonó el marxismo en 1959. España lo hizo en 1981. Significaba la renuncia a la destrucción del Estado burgués y la aceptación de la propiedad privada, siempre que se dieran unas condiciones objetivas de progreso en los derechos humanos y redistribución de la riqueza de forma más justa.

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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