LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA.

La ILE, 1876 – 1939.

 

Conceptos clave: krausismo, Institución Libre de Enseñanza ILE

 

La Institución Libre de Enseñanza, ILE, representó en el periodo 1876-1939, lo que en otros tiempos habían representado los “jansenistas españoles”, los ilustrados, los progresistas de principios del XIX, y los krausistas de mediados de siglo. Defendían que España debía progresar en el camino de la ciencia, a pesar de los impedimentos de los tradicionalistas y de los integristas católicos. El resultado fue el mismo que había sido en el siglo XVIII y el XIX: en 1936, muchos tuvieron que exiliarse, porque algunos estaban siendo fusilados; en 1939, muchos de los que se quedaron fueron encarcelados; hacia 1941, la mayoría fue privada de sus cátedras, que era su medio de vida, y subsistieron gracias a la solidaridad social, o emigraron a Estados Unidos, México, Argentina, Puerto Rico, Cuba, Francia o Gran Bretaña. Hacia 1965, algunos, los menos implicados en actividades políticas, fueron perdonados. Y la muerte del dictador en 1975, permitió que los supervivientes, después de 39 años, volvieran a España.

Pero el esfuerzo de estos hombres y mujeres estuvo presente en las generaciones universitarias del siglo XX, cuando surgió un espíritu de rebeldía que muchas veces consistía en leer, clandestinamente, las obras de estos precursores. Y también en los seminarios diocesanos, en los que algunos jóvenes aspirantes a sacerdotes, iniciaron una de las revoluciones más importantes en la enseñanza y la sociedad española, allá por los años sesenta: los seminarios estaban repletos, pero un grupo importante de seminaristas quiso saber, y empezó a exigir coherencia a sus profesores y obispos, a leer lo que estaba prohibido, a hacer lo que sentían que debían hacer. La revueltas de 1968, les sorprendieron a todos en medio de su revolución particular, y se apuntaron a ellas, e incluso muchos viajaron a París a vivirlas en primera persona. Los universitarios iniciaron los que se llamó el PC, partido comunista, que era la forma de rebelión contra el franquismo, aunque los verdaderos comunistas trataban de llevarles más allá, al activismo comunista. Los seminaristas, muchas veces fueron expulsados de los seminarios, algunos permanecieron pero no hicieron ya sumisión servil a los obispos franquistas, algunos encontraron una mujer e iniciaron una nueva forma de vida. En los años setenta, sólo faltaba la muerte del dictador para que España cambiase definitivamente. Y esta vez, España cambió.

 

 

Los orígenes de la ILE.

 

Los antecedentes: El krausismo.

 

El krausismo, que estuvo presente en la Universidad española desde 1845, se basaba en las teorías del filósofo alemán Carlos Cristian Federico Krause. Posiblemente, este hombre no hubiera sido nada relevante a no ser por la Institución Libre de Enseñanza española, ocasión en el que el movimiento krausista alcanzó su máxima dimensión histórica.

El krausismo se autodefinía como “racionalismo armónico”, es decir, rechazo del idealismo a ultranza, para lograr un realismo a partir de la “conciencia del yo”. El conocimiento sería fundamental en el individuo. El conocer se iniciaría en una fase analítica que empezaría en la conciencia del yo, tanto cuerpo como espíritu, para desde allí darnos cuenta de que existen los otros (la naturaleza) y de que existen las relaciones entre el espíritu y la naturaleza (la humanidad). Ello implicaba la aceptación de la libertad individual, libertades políticas y económicas e incluso la posibilidad de unas nuevas relaciones sociales distintas.

Una vez alcanzado este nivel de análisis (naturaleza, espíritu y humanidad), empezaría una segunda fase de síntesis que nos llevaría, según los krausistas, a la perfección y a Dios. Las deducciones a sacar de la contemplación de lo que debe ser la perfección, nos conducirían a la explicación del mundo y de la ciencia, a lo que es y lo que deberían ser las cosas. Esta filosofía suponía la superación de un escolasticismo que se resistía a aceptar los avances de la ciencia, aun sin dejar de lado la fe en Dios.

Sin embargo, y a pesar de que los krausistas eran católicos, los neotomistas calificaron al krausismo de panteísta y de heterodoxo. Las encíclicas papales como Quanta Cura y su apéndice Syllabus (1864), con sus condenas tajantes sobre el liberalismo parecían condenar el krausismo, y muchos krausistas españoles así lo entendieron provocándose en ellos una fuerte crisis religiosa. Los krausistas, puesto que se les rechazaba, más bien tendían a abandonar el catolicismo en sus conciencias, para vivir una religión personal. Oficialmente, en España no se podía ser otra cosa que católico, pues las dificultades que imponían los católicos a los resistentes, eran insuperables. La presión no venía sólo desde el poder, sino desde todas las esferas y capas sociales, incluidas las más bajas. Pero en la intimidad, cada uno pensaba como le apetecía.

El krausismo había llegado a España de la mano del profesor de filosofía de la Universidad de Madrid y doctor en derecho canónico por Granada (1836) y en Derecho Civil por Madrid (1840), Julián Sanz del Río (1814-1869), que visitó Alemania en 1843-1845. A su vuelta de Alemania renunció a la cátedra de filosofía y se retiró 10 años a un pueblo de Toledo, llamado Illescas. Presentó las nuevas ideas didácticas en la Universidad de Madrid en el discurso de inauguración del curso 1857-58.

Menéndez Pelayo, un intelectual de derechas y católico, opinaba que Sanz del Río era una persona poco preparada intelectualmente que se había deslumbrado con Krause, y no había visto las teorías de Hegel, pero la izquierda española reivindicará a Sanz del Río como a uno de los suyos y le mitificará. Los valores que podemos descubrir en Sanz del Río es su sentido de la necesidad de unos valores éticos, su profundo humanismo y entrega a la renovación intelectual de una cultura, la española. Esto fue, para los enseñantes españoles de aquella época, más importante y más próximo a la realidad que las concepciones de la historia y de la ciencia que planteaba Hegel.

Los católicos reivindicaban unos valores éticos y un humanismo cristiano, pero esos valores y ese humanismo eran excluyentes para los no católicos, lo cual significaba que hacían falta en España unos valores de más altura.

En 1865, los católicos se habían decantado claramente contra el krausismo, y tal vez por ello, la izquierda intelectual se había puesto de parte de los profesores de la escuela de Sanz del Río. Como los krausistas decían no necesitar textos, dado que los textos estaban fuertemente ideologizados hacia lo católico, los católicos decían despectivamente de los krausistas que los krausistas se creían “textos vivos”, que el profesor era el texto. Hubo campañas contra profesores y violencia estudiantil y, en 1867, fueron expulsados de la Universidad los catedráticos Sanz del Río, Giner de los Ríos, Castelar, Fernando de Castro, Salmerón y otros. Muchos de ellos participaron en los movimientos revolucionarios de 1868-1873 y dos llegaron a ser Presidentes de la República Española.

 

 

El fracaso de 1867.

 

Los catedráticos krausistas expulsados de la Universidad en 1867 fracasaron en su idea de crear una Universidad paralela, en la que los estudiantes se autoperfeccionaran y fueran dirigidos tutorial e individualmente por sus profesores, lo cual les permitiría liberarse de un programa oficial, y cada chico podría seguir la ruta que le apeteciese para avanzar en sus estudios.

El fracaso se produjo porque la ruta escogida por la mayoría de los estudiantes era la de no hacer nada, limitarse al mínimo posible o escoger temas sin ningún interés científico y, en lo más objetivo y constatable, no asistir a clase ni a las tutorías sustitutorias de la clase. Los estudiantes, abandonados a su propia voluntad asamblearia, tienden al fracaso. El estudiante debe estudiar lo que le apetece, pero no se debe dejar la iniciativa en sus manos ni en manos de las asambleas estudiantiles, la cual debe ser asumida por profesores tutores que mantengan el criterio de autoridad. El autoperfeccionamiento vendrá después del trabajo bien hecho por el alumno. La simple idea de liberarse del programa oficial, que funciona para el profesor, no funciona para el alumno.

Por otra parte la financiación de la Universidad se hizo imposible pues los pagos en matrículas de los chicos no eran dinero suficiente para mantener la Universidad paralela, y los burgueses, entusiastas de primer momento, dejaban de aportar su dinero al año siguiente de mostrar su entusiasmo. La atención individualizada requiere gastos, incluso cuando el profesor actúa gratuitamente. La Institución se retiró hacia la enseñanza media, más fácil de financiar.

Durante el Sexenio 1868-1874, los krausistas lograron que uno de los suyos, Fernando de Castro, fuera Rector de la Universidad de Madrid, y eso les daba la oportunidad de reformar la Universidad, pero para entonces habían aparecido también el positivismo y el neokantismo y, con estas nuevas escuelas, el krausismo había perdido su sentido de única bandera de los enseñantes no integristas católicos.

El fracaso de 1867 llevó a Giner de los Ríos a la idea de empezar más abajo, en la enseñanza media y en la primaria, y seleccionar los alumnos con alguna valía, y así nació la ILE en 1876.

 

 

La iniciativa de 1876.

 

En 25 de febrero de 1875 tuvo lugar la segunda “reforma Orovio” sobre la enseñanza, que entonces dependía del Ministerio de Fomento.

En 1876, Francisco Giner de los Ríos fue desterrado a Oviedo, y entonces creó la Institución Libre de Enseñanza ILE, institución que perviviría hasta 1939.

Tras los fallidos antecedentes de la Universidad paralela de 1867, con el apoyo moral de muchos compañeros de Universidad y con el ánimo de estar viendo en España nuevas revistas de divulgación científica, Francisco Giner de los Ríos tuvo la idea de hacer una enseñanza paralela, utilizando métodos krausistas que le parecía que darían mejor resultado que los tradicionales católicos, pero en la enseñanza media. El 10 de marzo de 1876, se constituyó una Sociedad por Acciones, en la que participaron inicialmente 201 socios dispuestos a perder dinero. Y el 29 de octubre de 1876 se puso en marcha la Institución Libre de Enseñanza ILE.

Su primer Director fue Francisco Giner de los Ríos (1839-1915), un espíritu religioso que se había visto decepcionado por una moral católica excluyente y dogmática, mientras él pretendía un cristianismo natural o de conservación de los valores cristianos sin los dogmatismos de la Iglesia excluyente. El siguiente director fue Manuel Bartolomé Cossío (1857-1935).

En 1878-79 la ILE abandonó la enseñanza universitaria por escasez de alumnos, y añadió primaria, manteniendo la secundaria.

Los profesores estaban por todas las Universidades de España, pero el núcleo más importante radicaba en Madrid, seguido por Oviedo.

La universidad española había sido fuertemente dañada por las prohibiciones, por la falta de libertad de cátedra durante casi todo el siglo XIX. Aunque se tolerara algo más a los enseñantes, no había suficiente nivel en el profesorado, salvo honradas excepciones[1]. Las libertades se irán recuperando poco a poco: en 1883 se obtuvieron los derechos de reunión y expresión, en 1887 el derecho de asociación y sindicación.

 

 

El ambiente de progreso a fines del XIX.

 

El ambiente de cambiar algo en el camino de la ciencia había aparecido en la Universidad antes de aparecer la Institución Libre de Enseñanza, y no debemos colocar a ésta como causa única de los cambios, sino como parte muy importante en ellos.

El ambiente científico español, a partir de 1875, se renovó. Surgió un deseo de difusión de la cultura europea, es decir, de los progresos científicos que se estaban produciendo en el mundo, y ello se hizo por medio de las revistas de difusión cultural:

La Revista Contemporánea, aparecida en 1875, era de José Perojo, un positivista neokantiano que explicaba ideas de Darwin, Draper y Kant y encontró las colaboraciones de Manuel de Revilla y Rafael Montoro. En 1879 la compró un conservador, José Cárdenas, que nombró Director de la revista a Francisco de Asís Pacheco.

El Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, BILE, se publicó a partir de 7 de marzo de 1877, para difundir pensamiento nuevo. En 1880-1883, lo dirigió Joaquín Costa.

El Ateneo se publicó en 1888-1889 para difundir conocimientos de ciencia, literatura y arte.

La España Moderna se publicó en 1889-1914 con José Lázaro Galdeano, para explicar el pensamiento de fin de siglo. Colaboraron Galdós, Clarín, Unamuno, Menéndez Pelayo, Emilia Pardo Bazán, Gómez Vaquero. Tradujeron cosas de Nietzsche, Schopenhauer, Spencer, Tolstoi, Turqueniev, Ibsen y Kropockin. Llegaron a crear una editorial, también llamada “La España Moderna” para publicar cosas de autores modernos, y cosas jurídicas como Nueva Ciencia Jurídica 1892, Revista de Derecho y Sociología 1895, y Revista Internacional 1894.

A final del siglo XIX hubo toda una eclosión de revistas modernistas: Germinal 1897, Vida Nueva 1898, Revista Nueva 1899, La Vida Literaria 1899, Arte Joven 1901, Alma Española 1903-1904.

 

 

Las IDEAS BÁSICAS DEL PROYECTO ILE eran:

 

La sociedad debe ser autónoma y no dependiente de las instituciones civiles y religiosas. Se debe secularizar la vida de los ciudadanos. Por tanto, la enseñanza debe ser secular, laica, y no dirigida al proselitismo religioso.

Las verdades establecidas no tienen por qué ser verdades últimas, pueden ser reconsideradas. Es decir, se debe ser tolerante y no se puede ser dogmático.

La libertad intelectual y el autoperfeccionamiento moral son condiciones necesarias para el progreso moral. La libertad de la ciencia va unida a la libertad de la conciencia. La renovación ética del individuo no se producirá sin una educación nueva que pretenda fines, programas y métodos distintos a los tradicionales de entonces.

Por tanto se debe luchar contra la enseñanza puramente memorística y contra la enseñanza que pretende dar un modelo moral determinado y una personalidad determinada a los alumnos.

El alumno debe escoger su propia personalidad, sus propias posturas ante cada problema. El alumno debe estar preparado para argumentar, criticar, dudar y razonar.

El alumno debe poder acceder libremente a la ciencia, aunque muchas tesis científicas del momento no sean del agrado de la Iglesia Católica. Se debe abrir la ciencia a los conocimientos que ya circulan por Europa.

En esta línea se formaron Ramón y Cajal, Eduardo Hinojosa, Leonardo Torres Quevedo y muchos otros.   Menéndez Pelayo, aunque católico, no dejaba de reconocer que había aspectos de la ciencia que era necesario abordar, y era tolerante con la ILE, cosa que no era habitual entre otros católicos.

Los alumnos debían ser estimulados para hacer estudios superiores, para no conformarse con la mediocridad cuando tenían condiciones para llegar más alto. A las chicas se las animaba para hacer estudios, y en el siglo XX, para saltar del Magisterio a la Universidad a todos los puestos de trabajo posibles.

Los alumnos más brillantes debían aprender idiomas y, con ese bagaje, salir al extranjero a aprender varias cosas: Primero, pedagogía para enseñar a los pequeños. Segundo, los avances de la ciencia. De esta manera, debían llevar el progreso a España y dedicarse a difundirlo, al menos un tiempo.

 

 

LOS MÉTODOS DE ENSEÑANZA ILE:

 

Los métodos de enseñanza de la ILE eran mucho más discutibles que las bases ideológicas:

Los profesores debían ser neutros, sin influencia ideológica sobre los alumnos.

Los contactos profesor alumno debían ser personales y de tipo socrático, indagando el profesor sobre los conocimientos y progresos que el alumno iba haciendo.

Los profesores debían aceptar innovaciones de métodos educativos, se debían encontrar profesores que siempre estuvieran innovando, que hicieran excursiones al campo y a los museos a ver las cosas.

Se debía acabar con la enseñanza puramente memorística del “pensum” utilizada hasta el momento, que era aprenderse frases, párrafos y hasta discursos y lecciones al pie de la letra, para desde ello, pasar a un cultivo de la personalidad, que el alumno tuviese opinión propia sobre las cosas que se estudiaban y manifestaban.

Se debían ampliar los programas de estudios oficiales con cursillos de arte, música, canto, baile y asignaturas técnicas.

Se eliminaban los castigos y los exámenes, los cuales serían sustituidos por autocastigos y conversaciones con los profesores.

También se eliminaban las recompensas a los aprobados.

Se educaba conjuntamente a las personas de ambos sexos.

Se incitaba al alumno a hacer deporte.

Se hacían muchas excursiones al campo e incluso se animaba al profesor a dar clases en el campo.

Se exigía del alumno puntualidad, espíritu de ahorro, respeto a la palabra dada.

Se exigía no polemizar en materia de religión o política sino mostrarse tolerante, excepto para con la intolerancia.

Miguel Artola decía que la ILE utilizaba métodos intuitivos de Pestalozzi y Fröbel, para lograr el desarrollo armónico de las facultades y aptitudes de cada individuo, entendiendo que el individuo, dentro de su complejidad, es una unidad orgánica.

 

 

Evolución de la ILE:

 

En 1876, los alumnos progresistas de 1865-67, años del primer impulso hacia la libertad de pensamiento, ya empezaban algunos a llegar a ser profesores, y se había entrado en un proceso, en el que algunos ya estaban formados desde el primer momento en métodos distintos, y estos profesores podían formar generaciones nuevas de jóvenes. A partir del esfuerzo de la década de los ochenta saldrá otra generación de librepensadores, esta vez con fuertes tendencias socializantes (Antonio Machado, Besteiro, Fernando de los Ríos).

El primer local de la Institución Libre de Enseñanza ILE, estuvo en calle Esparteros 9 de Madrid (entre Puerta del Sol y Plaza Mayor, hoy es el número 11), el segundo en calle Infantas 42 (la primera paralela al norte de Gran Vía), y el 1 de septiembre de 1884, decidieron irse al Paseo del Obelisco (hoy llamado General Martínez Campos, perpendicular a Castellana en plaza de Emilio Castelar) donde en 1887 compraron una quinta muy amplia con jardín. Esta ubicación definitiva, se perdió por Decreto de 17 de marzo de 1940, en el que se expropió el terreno para levantar el Grupo Escolar Joaquín Sorolla, que también desapareció en 1955 para crear el Servicio de Alimentación Escolar, que a su vez desapareció en 1980 para crear el Colegio Nacional Eduardo Marquina, al cual se le hizo desaparecer en 1985 para crear una nueva Fundación Francisco Giner de los Ríos, gestionada por un patronato patrocinado por un miembro de la Casa Real española. Lo primero que decidieron los nuevos propietarios fue derribar casi todo, con lo cual no es fácilmente reconocible el original.

La financiación de la Universidad ILE se hizo imposible a partir de 1878, pues las matrículas de los chicos no eran dinero suficiente, y los burgueses, entusiastas de primer momento, dejaron de aportar su dinero al año siguiente. La Institución se retiró hacia la enseñanza media, más fácil de financiar. En el campo de la enseñanza media, la ILE fue elitista, lo que tampoco importaba mucho a los profesores, pues por ello mismo sería más eficaz.

Las dificultades de tipo político de la ILE seguían siendo las mismas. Los integristas católicos habían logrado de Cánovas que el laicismo no estuviera en las instituciones oficiales. Tampoco una enseñanza laica, aunque estuviera fuera de la Universidad, era tolerada por los integristas católicos, aunque ese tipo de enseñanza estuviera permitida por la Constitución. La postura de tolerancia hacia otras creencias religiosas mostrada por Cánovas salvaba a la Institución Libre de Enseñanza, a la que los obispos tenían por enemiga de la Iglesia porque no exigía religión católica a sus alumnos y hablaba de libertad de conciencia de los alumnos.

Uno de los lugares donde más influyó la Institución Libre de Enseñanza, fuera de Madrid, fue Oviedo donde varios profesores de la Universidad se declararon simpatizantes de la Institución en la década de los noventa, organizándose en “seminarios” para intercambiar experiencias y organizando conferencias de divulgación del nuevo espíritu educativo.

A fin de siglo, con la moda del positivismo y el neokantismo, el krausismo perdió su sentido de bandera única de los enseñantes no “integristas católicos”. El movimiento se diluyó, lo cual fue bueno para la sociedad española, pes el nuevo espíritu se difundía por más sitios.

El Museo de Instrucción Pública de 1882 era una institución creada por Manuel Bartolomé Cossío en la Calle San Bernardo de Madrid, hoy Instituto Lope de Vega, para formar buenos maestros que serían mandados a los pueblos más atrasados de España a luchar contra la incultura. El primer director del Museo fue Manuel Bartolomé Cossío. El concepto de “museo” se debía a que tenía una serie de muestras sobre mapas, láminas para clases, planos para construcciones escolares y para construir material escolar,  muestras de caligrafía, trabajos de aguja y biblioteca, que podían ser copiados por los maestros y profesores que lo deseasen. El objetivo era crear una gran biblioteca central y varias bibliotecas ambulantes, publicar un boletín para informar de las posibilidades existentes, crear un laboratorio de pedagogía, promover cursos de formación del profesorado, organizar conferencias pedagógicas y organizar colonias de vacaciones. En 1894 el Museo cambió de nombre para llamarse Museo Pedagógico Nacional. En 1932, el Museo fue trasladado a la calle Montalbán. El 8 de noviembre de 1936, el Museo fue desmantelado. En 1941 se hizo desaparecer su memoria creando en ese sitio el Instituto San José de Calasanz.

La Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas de 1907, trataba de que salieran estudiantes y profesores españoles a conocer el ambiente universitario y las ideas que circulaban por Europa, y para ello daba becas. El becado más conocido fue Ortega y Gasset, que salió a Alemania y trajo nuevas ideas filosóficas. En 1907 el presidente oficial fue Santiago Ramón y Cajal, reciente premio Nobel en 1906, y el verdadero director fue José Castillejo 1877-1945, catedrático de Derecho Romano. La Junta se relacionaba con el Instituto Nacional de Ciencias Físico Naturales, y con el Centro de Estudios Históricos, creados ambos en 1910. También colaboró en adelante con el Museo de Ciencias Naturales, el Museo Antropológico, el Real Jardín Botánico, la Estación Biológica de Santander, la Estación Alpina del Guadarrama, la Misión Biológica de Galicia, la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. El 1 de abril la institución fue desmantelada y el 24 de noviembre de 1939 sustituida por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, que fue entregado a la dirección del Opus Dei. El CSIC, sin la dirección del Opus Dei, pervive hasta hoy.

En 1910, el Centro de Estudios Históricos fue dirigido por Ramón Menéndez Pidal[2] (1869-1968) que estudió los orígenes de la lengua española. Colaboró Manuel Gómez Moreno.

En 1910, se abrió la Escuela Española en Roma de Arqueología e Historia.

En 1910 abrió el Instituto Nacional de Ciencias Físico Naturales.

En 1910, la Asociación de Laboratorios.

 

La Residencia de Estudiantes se creó en 1910. En 1910 se concentró en Madrid lo más selecto del profesorado de la Institución a fin de lograr una mayor calidad universitaria a través de la Residencia de Estudiantes. Una vez llegados a la Universidad, los chicos tenían la oportunidad de residir en la Residencia de Estudiantes, lugar en la que los profesores y los alumnos podían charlar y discutir los temas de clase fuera del aula. Otros Colegios Mayores tomaron iniciativas similares en forma de conferencias, cursillos y prácticas de laboratorio en el Colegio, complementarias a las clases de la Universidad. La Residencia fue dirigida por Alberto Jiménez Fraud (1883-1964).

La primera Residencia de Estudiantes estuvo en la calle Fortuny de Madrid (al oeste de Castellana, junto a metro Rubén Darío), y en 1910 tenía 15 alumnos, en 1912 tenía 50, y pasó a ocupar los números 8, 10, 12 y 14 de la calle, y en 1915 se trasladó a la calle Pinar (al este de Castellana, cerca del Mueso de Ciencias Naturales), porque ya tenía 500 alumnos. La finalidad de la Residencia de Estudiantes era triple: en primer lugar, debían aprender idiomas, fundamentalmente francés, inglés y alemán, mientras estudiaban una carrera, y recibían conferencias y coloquios de personalidades consagradas, españolas y extranjeras, y de alumnos que ya habían estado en el extranjero; en segundo lugar, los alumnos aventajados salían a ampliar estudios a Francia, Bélgica y Alemania; en tercer lugar, debían traer a España lo que habían aprendido, y verterlo en la ILE y en sus cátedras. Las estancias en el extranjero se podían pagar en parte si el interesado iba en intercambio cultural, como lector de español. El resto lo cubría la beca de la ILE.

En 1912 se organizó un curso de vacaciones para extranjeros.

En 1915 se abrió la Residencia de Señoritas dirigida por María de Maeztu (1882-1947). Tuvo un funcionamiento similar a la Residencia de Estudiantes, en cuanto se aprendían idiomas y se estudiaba una carrera, se salía al extranjero a perfeccionar estudios, y se volvía para colaborar con la ILE. Las chicas colaboraron muchas veces en las colonias de vacaciones ILE. Para ingresar en la Residencia de Señoritas había que ser mujer, tener 17 años cumplidos y estudiar en Madrid. La tendencia más común fue que las chicas empezaran estudiando Magisterio, que era lo que “podía” estudiar una mujer en ese tiempo, y luego muchas se matriculaban en carreras universitarias, Derecho y Filosofía y Letras, que era revolucionario en esos días.

El Instituto Escuela fue creado en 1918 para ensayar los planes de estudios y métodos educativos que se aprendían en el extranjero y adaptarlos a la realidad española. La idea general era que la enseñanza debía partir de la observación de la realidad, tras lo cual se establecían coloquios para encontrar todos los aspectos interesantes de esa observación. Una vez detectados los problemas y controversias, el profesor daba unas clases de las que los alumnos tomaban apuntes. Nunca había libro, porque el libro sólo es restringir las posibilidades del alumno en sus inquietudes y las posibilidades del profesor en la solución de estas cuestiones. El libro es un instrumento del Estado para controlar mejor la enseñanza.

El Lyceum Femenino fue creado por María de Maeztu en 1926 para impartir clases a adultos. Se enseñaba literatura, ciencias, artes plásticas, ciencias sociales, y música, apoyados por conferenciantes, que podían ser los mismos que los de la Residencia de Estudiantes y la Residencia de Señoritas.

Las colonias de vacaciones eran lugares de veraneo para que los alumnos de la escuela primaria y del instituto de enseñanza media, no perdieran el tiempo de verano inútilmente, sino que se divirtieran al tiempo que seguían aprendiendo. Las hubo en San Vicente de la Barquera (Cantabria), en Soria, en Almuñécar (Granada)… El concepto de vacaciones cambiaba radicalmente, y era la oportunidad de visitar espacios geográficos diferentes, con ecología distinta y características geológicas propias. Incluso las vacaciones sin salir de la localidad base también eran diferentes si el niño había escogido un tema, había leído un libro que se le indicase como conveniente, y escuchaba durante las vacaciones una conferencia sobre ese mismo tema, o veía una película sobre ello, actos que eran seguidos de un coloquio. El fracaso de la ILE en sus primeros años, cuando se dio libertad completa a los alumnos y éstos no hicieron nada, se corrigió con un nuevo método que empezaba por las sugerencias de un profesor que tutelase los tiempos de ocio y de trabajo, previamente preparados por el claustro de profesores. Las vacaciones eran para aprender de otra manera, o tal vez para conocer temas distintos a los estudiados cada día del curso, y no para fomentar la ociosidad.

Las Misiones Pedagógicas, fueron una idea generada en 1929 en la ILE y puesta en práctica por el Gobierno en 1931, en las que trabajaron gratuitamente más de 500 voluntarios maestros, profesores, estudiantes y diversas personalidades. Estos voluntarios fueron organizados en 196 grupos, cada uno de los cuales debía visitar unos pueblos y tratar de llevar la cultura hasta ellos. Se hizo un estudio geográfico y demográfico de los 21.000 municipios que aproximadamente había en España, de las comunicaciones y nivel cultural presumido en ellos, y se escogieron los más aislados y con menos conocimientos culturales. Se estableció el centro coordinador en el Museo Pedagógico ILE. Y se le dio a cada grupo de voluntarios una ruta y unos instrumentos de la actividad: llevaban consigo un proyector de diapositivas para proyectar cuadros de la pintura española, un proyector de cine y alguna película, un aparato de radio, un tablado para representar obras de teatro clásicas españolas, y unas letras de canciones populares, que cantaban a coro. También llevaban a cada pueblo una caja con 100 libros de la literatura española, algunos de ellos para niños, que trataban sobre sanidad, higiene, economía básica… Se mostraba todo lo referido, y se daba una conferencia de presentación, y de exposición de algunos temas que podían ser interesantes para los del lugar, y se abría un coloquio. La caja de libros se dejaba al maestro que la aceptaba. Llegaron a unos 7.000 pueblos, y se calcula que dejaron libros en el 11% de las unidades escolares españolas.

La decadencia de la ILE está relacionada con los avatares políticos españoles: en 1923, sufrió persecución del Dictador Miguel Primo de Rivera, que le enviaba continuamente inspectores a buscar incumplimientos legales para castigarla. Y definitivamente desapareció en 1936-1939, al estallar la guerra, cuando fue convertida en Hospital de Carabineros, que dirigió un médico cardiólogo, formado en la propia ILE, Luis Calandre Ibáñez. En 1939, Luis Calandre fue inhabilitado, y la Residencia cerrada para siempre.

 

 

Avances en la enseñanza a principios del XX.

 

Las creaciones más notables de principios del siglo XX fueron:

La Junta Central de Primera Enseñanza en 18 de noviembre de 1907.

El Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes en 18 de abril de 1900.

La Universidad de Oviedo hizo una “Extensión Universitaria” en la que colaboraban Leopoldo Alas, Altamira y González-Posada, y se proponían educar al obrero con el propósito de integrarle en el nuevo sistema social.

 

 

LOS HOMBRES DE LA ILE

 

También es importante conocer algunos de los nombres que colaboraron en la ilusión de cambiar España para modernizarla:

En la ILE destacaron profesores nacidos casi todos entre 1832 y 1847, es decir, educados durante y después del Bienio Progresista 1854-1856, y que en 1876 tenían entre 30 y 45 años, como:

Laureano Figuerola Ballester, 1816-1903, nació en Calaf (Barcelona), en 1838 era bachiller en leyes. En 1840 era profesor sustituto de la Escuela de Barcelona. En 1845 fue catedrático de Derecho Administrativo y Economía Política de la Universidad de Barcelona. En 1853 pasó a Madrid, defendiendo teorías librecambistas en su cátedra. En 1869-1872 fue ministro de Hacienda. En 1876 colaboró con la ILE.

Eugenio Montero Ríos, 1832-1914 había nacido en Santiago de Compostela y en 1859 era catedrático de Derecho Canónico de Oviedo, en 1860 lo fue de Santiago, y en 1864 de Madrid. Siempre fue progresista de modo que en 1868 estuvo del lado de Prim, en 1880 en el Partido Demócrata Progresista de Ruiz Zorrilla, en 1882 en Izquierda Democrática de Serrano y en 1885 apoyaba al Partido Liberal de Sagasta.

Manuel Díaz-Pedregal Cañedo, 1832-1896 nació en Grado (Asturias) y estudió bachiller y derecho en Oviedo, licenciándose en derecho en 1856, abriendo bufete en Oviedo. Pasó a Madrid su bufete en 1872. Fue Gobernador de La Coruña en 1873, y ministro de Hacienda con Castelar en el último trimestre de ese año. En 1875 estaba en Unión Republicana. Fue Rector de la ILE.

Nicolás Salmerón Alonso, 1838-1908, hizo el bachillerato en Almería, y pasó a Granada a estudiar Derecho y Filosofía y Letras, y allí conoció a Francisco Giner de los Ríos y a Julián Sanz del Río, los krausistas. Apoyó a los krausistas, pero fue poco influyente en la ILE, pues se dedicó a la política, en vez de asistir a sus clases de Metafísica en la Universidad de Madrid, las cuales dejaba a sustitutos.

Francisco Giner de los Ríos, 1839-1915, el alma de la ILE, nació en Ronda (Málaga) y estudió filosofía en Barcelona y en Granada. En 1863 fue a Madrid y conoció a Julián Sanz del Río, el introductor del krausismo en España, y quedó subyugado por él, hasta el punto de vestir, comer y comportarse como su maestro. Fue catedrático de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional en la Universidad Central. En 1875 fue expulsado de su cátedra. Defendía la libertad de textos, la supresión de exámenes memorísticos, la investigación, la escuela activa y neutra contraria al dogmatismo. En 1881 fue restituido en su cátedra. En 1887 participó en la fundación Sierra Pampley de León y en la Escuela Mercantil y Agrícola de Villablino (León), fundación que contenía la Biblioteca Azcárate, y el Colegio Sierra Pampley de Hospital de Órbigo (León), y luego contendría el Archivo y el Museo. En 1936 serían fusilados los directivos y depurados los trabajadores de esta institución, que fue entregada al obispo de León, hasta ser recuperada en 1979 por las instituciones civiles.

Rafael María de Labra Cadrama, nació en La Habana en 1840, pues era hijo de funcionarios españoles y en 1850 llegó a Madrid y estudió Filosofía y Letras y Derecho, graduándose en 1860. Era independentista y antiesclavista en asuntos cubanos. En 1876 estuvo en el movimiento ILE.

Gumersindo de Azcárate, 1840-1917, nació en León y estudio derecho en Oviedo y en Madrid, licenciándose en 1862 y doctorándose en derecho en 1867, y allí fue donde conoció a Julián Sanz del Río. En 1868 había sido diputado por León en el Partido Progresista. Fue letrado de Dirección General de Registros, y en 1873 catedrático de Economía Política y Estadística. En 1875 fue expulsado de su cátedra en 1876 estuvo en la fundación de la ILE, donde explicaba los derechos individuales como derechos naturales del individuo, criticaba el liberalismo doctrinario porque no respetaba la libertad individual y defendía que el derecho a la propiedad privada debía ser compatible con los derechos al bienestar colectivo. En 1881 volvió a la universidad, pero no a su cátedra, para enseñar Historia General del Derecho y Legislación Comparada. Fue miembro del Consejo de Instrucción Pública, vicepresidente de la Junta de Ampliación de Estudios, presidente del Instituto de Reformas Sociales. En 1886 fue diputado del Partido Republicano.

Augusto González Linares, 1845-1904, nació en Cabuérniga (Cantabria) y estudió en los Escolapios de Villacarriedo y en el Instituto de Santander. Hizo Ciencias Naturales y Derecho en Valladolid y Madrid en 1861-1864 y fue ayudante de mineralogía en el Museo de Ciencias Naturales en 1867-1869 y sustituto de Historia Natural en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid. En 1870 fue doctor en Ciencias, y en 1872, catedrático de Historia Natural del Instituto de Albacete, y catedrático de Historia Natural de la Universidad de Santiago de Compostela, que fue el puesto que escogió. En 1875 protestó a favor de la libertad de cátedra, puesto que explicaba evolucionismo y, junto a Laureano Calderón, fueron expulsados de la cátedra. En 1876 estuvo en la fundación de la ILE y enseñaba Cristalografía y Morfología Natural. En 1881 fue restituido en su cátedra en la Universidad de Valladolid. En 1883 hizo un estudio geológico de las costas españolas. En 1886 trabajó en la Escuela Marítima de Zoología y Botánica Experimentales de Santander, diseccionó una ballena e hizo estudios de geología de la provincia.

Eduardo Soler Pérez, 1845-1907, era catedrático de Derecho Canónico, Político y Administrativo en Valencia, y fue expedientado por el Ministro Orovio, momento en que pasó a impartir clases en la ILE.

Joaquín Costa Martínez, 1846-1911, nació en Monzón (Huesca), estudió bachiller y magisterio en Huesca. En 1872 fue a Madrid y se doctoró de Derecho Civil y Canónico en 1872 y de Filosofía y Letras en 1873. Se doctoró en Derecho en Madrid en 1872 y en Letras en 1875, fue profesor auxiliar de la Universidad Central. En 1875 renunció a su cátedra. Fue letrado en Cuenca en 1877-1879, donde estudió a los celtíberos. En 1880 se vinculó a la ILE como profesor y durante tres años dirigió el Boletín de la ILE, BILE. Se interesó por los refranes, religiones antiguas y romances españoles, mientras ejercía como pasante en Madrid, colaborando en el Boletín de la ILE de 1880 a 1883. En 1885-1887 fue notario en Granada y en Jaén. En 1890 se retiró a Graus (Huesca) y se interesó por los problemas de los agricultores y regantes. En 1893 volvió a Madrid y escribió dos tomos de Colectivismo Agrario criticando la desamortización y todas las formas históricas de destrucción del colectivismo agrario.

Laureano Calderón Arana, 1847-1894, nacido en Madrid, con estudios de farmacia, catedrático en 1874 de Química Orgánica de la facultad de Farmacia de Santiago de Compostela, abandonó su cátedra en protesta por el encarcelamiento de Giner de los Ríos y le encarcelaron a él, y luego se fue a Francia, de donde volvió en 1881 para poner una farmacia. En 1881 fue repuesto en su cátedra y se le concedió un laboratorio en Madrid. En 1888, creó la cátedra de Bioquímica. En 1888 obtendría la cátedra de Química Biológica en Madrid.

Hermenegildo Giner de los Ríos, 1847-1923, hermano de Francisco, autor de Lecciones Sumarias de Psicología 1874, y miembro del Partido Republicano Radical. Estudió Derecho, pero enseñó arte, y literatura. Tradujo a Hegel.

 

 

[1] Miguel Ángel de la Cruz, Historia del pensamiento Español de la segunda mitad del XIX.

[2] Ramón Menéndez Pidal, nacido en La Coruña en 1869, vivió en Oviedo, Sevilla, Albacete, Burgos, Oviedo y Madrid, acabando el bachillerato en el instituto Cardenal Cisneros de Madrid, y estudiando en la Universidad Central. En 1899 era catedrático de filología románica.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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