NAPOLEÓN EN ESPAÑA.

 

 

Napoleón en España, noviembre de 1808.

 

El 13 de octubre de 1808, considerando Napoleón la situación española, dijo en Erfurt (Alemania): “Il faut que j`y sois” (es preciso que yo esté allí). Pactó con el Zar el reconocimiento de José I como rey de España y el compromiso de mantener a Austria en paz, y el 25 de octubre estaba en París diciendo que era preciso tomar Madrid y Lisboa. Reunió 200.000 soldados veteranos y se presentó en España, asumiendo el mando en 6 de noviembre de 1808. El total de soldados franceses en la península (la mayoría no eran de nacionalidad francesa) superaba los 300.000.

La opinión personal de Napoleón era que todo el desorden y descontento era obra de los curas españoles y de algunos nobles. A los religiosos les dijo que les iba a cerrar todos los conventos. También opinaba que había algunos nobles españoles metidos a políticos, a los que era necesario eliminar, por lo que decidió tomar medidas: Suprimió el Consejo de Castilla, la Inquisición, dos tercios de los conventos y las aduanas interiores.

En su desconocimiento de España, Napoleón había reducido el problema español a un problema de orden público, a una necesidad de imponer una disciplina policial a unos españoles que, según él, nunca la habían tenido. Por eso había enviado a España a sus soldados más bisoños y de procedencia heterogénea. Tras la derrota de Bailén de junio de 1808, lo único que pensaba era que su hermano era un inútil, incapaz de imponer la disciplina necesaria. Esta interpretación explicaría el que Dupont se internase en Andalucía sin fortificar el camino de retirada y sin abastecimientos, lo cual fue causa de su derrota. También explicaría la descabellada idea de gobernar Napoleón directamente el norte de España y segregarlo de la autoridad de José I.

Napoleón ordenó llevar a España a 130.000 veteranos de la Gran Armée, reclutar soldados en Italia y Alemania, hacer una leva en Francia (80.000 soldados de las quintas de 1806 a 1809, y 60.000 de la quinta de 1810), regalar a Rusia Finlandia, Moldavia y Valaquia a cambio de una tregua. Llamó a generales veteranos y profesionales como el general Michel Ney duque de Elchingen, mariscal Claude Perrin Víctor, mariscal François Joseph Lefebvre, mariscal Adolphe Mortier, general Nicholas Jean de Dieu Soult, general Jean Lannes, general Gouvion Saint Cyr, general Jean Baptiste Bessieres, general Bon Adrien Jeannot de Moncey, avezados en las tácticas napoleónicas de cañoneo previo, ataque en cuña de infantería, y penetración por la brecha de la caballería de dragones y coraceros. Napoleón concentró sus fuerzas en Navarra y País Vasco.

La primera táctica de Napoleón fue esperar y observar el avance de los españoles, pues Joaquín Blake avanzaba desde Galicia por la costa cantábrica hasta Bilbao, y José Rebolledo de Palafox avanzaba por Aragón hacia los Pirineos, vía Logroño. Les dejó avanzar el máximo para intentar aniquilarles después, una vez que no pudieran retroceder y estuvieran en despliegue máximo. Ordenó a sus generales no hacer nada.

El 29 de octubre, el mariscal François Joseph Lefebvre, preparando la llegada del emperador, había atacado Amorebieta y Bilbao, defendidos por Blake, que huyó por Valmaseda, hacia Espinosa de los Monteros, ya en lo alto de la meseta castellana. La táctica de Napoleón de no hacer nada hasta el ataque final, no podía ser perfecta, pues necesitaba bases de acción y abastecimiento.

La realidad que encontró Napoleón en España el 6 de noviembre fue deprimente para él. Cada general francés estaba haciendo la guerra por su cuenta y nadie quería servir de ayuda a otro general.

Afortunadamente para Napoleón, los españoles habían cometido el mismo error que las tropas francesas y habían dispersado sus fuerzas en cuatro ejércitos e incluso cinco, lo que no les había permitido hacer valer su superioridad numérica.

Napoleón llegó a España como un vencedor nato: El 6 de noviembre llegó el emperador a Vitoria y mandó a Soult atacar Burgos, (batalla de Gamonal contra el ejército de Extremadura o de la Izquierda), y una vez tomado, ordenó a sus tropas progresar hacia Reinosa (Víctor) y hacia Aranda de Duero (Ney), hacia Lerma y Aranda (Lasalle), hacia Palencia y Valladolid (Milhaud) y hacia León (Franceschi). Al tiempo, Saint Cyr atacaba Cataluña por el paso del este de los Pirineos.

Napoleón decidió tomar personalmente el mando, atacar Burgos y desmantelar así ese centro de operaciones español. La primera idea de Napoleón fue dominar y conectar las dos entradas francesas en España, la del País Vasco y la de Cataluña, y llegar después a Madrid.

En la entrada del oeste, la del País Vasco, en Espinosa de los Monteros (Burgos), estaban los españoles Joaquín Blake, Vicente Acevedo Pola[1] y Pedro Caro Sureda marqués de La Romana reforzados con soldados de las Juntas de Santander y Asturias. Reunían 23.000 hombres. El ataque francés empezó el 9 de noviembre de 1808 sobre Ramón Patiño[2] conde de Belveder, que dependía de La Romana pero actuaba descoordinadamente y fue derrotado en Monte Gamonal-Villafría de forma completa. Víctor probó a Blake al que vio fuerte, y luego se centró en el asturiano Acevedo al que derrotó e hirió gravemente, y puso en fuga hacia Reinosa, fuga desordenada y sin comida en la que acabó muerto. La derrota española de Espinosa de los Monteros tuvo lugar el 10 y 11 de noviembre. Una vez abierta la brecha, Blake decidió huir por el norte bajando a Santillana del Mar, San Vicente de la Barquera y subiendo por San Glorio a León, lo cual fue un error pues el frío de noviembre acabó con la mitad de sus soldados. La Romana perdió en la huida los cañones y la munición. En resumen, el ejército de Extremadura mandado por Belveder y compuesto por 10.000 hombres, resultaba vencido en Gamonal el 10 de noviembre, el Ejército de la Izquierda mandado por Blake, Acevedo y La Romana, destrozado en Espinosa de los Monteros, y el Ejército de Reserva en Tudela. Los españoles estaban anulados. Curiosamente sólo habían perdido 2.500 hombres, y otros 4.000 en Tudela-Tarazona pues tenían la costumbre de huir.

En la entrada española del este, la de Cataluña, el 7 de noviembre, Gouvion Saint Cyr atacó Cataluña, tomó Rosas en noviembre, y llegó a Barcelona el 21 de diciembre.

El 13 de noviembre, el inglés John Moore[3] avanzó desde Lisboa hacia Salamanca esperando reunir allí un ejército importante de 40.000 hombres que debían llegar desde Lisboa (mandados por Jophn Adrian Louis Hope[4]), y desde La Coruña (mandados por David Baird[5]). Alcántara y Ciudad Rodrigo le fueron hostiles. Hope no encontró el camino correcto de Extremadura a Salamanca por el puerto de Béjar y marchó hasta Talavera, llegando el 28 de noviembre a Ávila. Hope mandaba a sus soldados en grupos pequeños que quedaban dispersos a lo largo del camino. Todos se retrasaban y eso eran muchos errores. El 28 de noviembre tuvo Moore noticias de la victoria de Napoleón en Tudela y Tarazona, 23 de noviembre, además de la de Espinosa de los Monteros de 10 de noviembre. Pero Baird no llegó a Salamanca hasta el 20 de diciembre, muy tarde. La falta de planificación era común tanto en españoles como en ingleses en esos días. Napoleón era muy superior en ello.

Napoleón esperó unos días para iniciar una acción definitiva sobre Madrid. Por una parte, esperaba la llegada de Mortier y Junot desde Francia con 45.000 hombres, y en segundo lugar quería confirmar que Blake había sido eliminado en el norte, y que Jean Lannes[6] había tomado el Ebro y conectado el este y oeste de los Pirineos.

Burgos se convirtió en el centro de operaciones francés. Desde Burgos envió a Soult a Santander, el cual persiguió a los cántabros, asturianos y gallegos hasta San Vicente de la Barquera. Envió otro ejército sobre Tudela (Navarra) para que continuara hasta Zaragoza, saliendo Mortier el 20 de diciembre con 48.000 hombres hacia esa ciudad. Napoleón en persona avanzó sobre Valladolid y Segovia y decidió pasar el Sistema Central por dos puntos a la vez, Guadarrama (Lefebvre) y Somosierra (Napoleón).

Napoleón esperó hasta el 23 de noviembre. Reunió 70.000 hombres y atacó el camino de Madrid y la conexión este oeste representada por Zaragoza. Llevaba consigo a Soult, Ney y Bessieres.

El 23 de noviembre, Napoleón ordenó atacar Tudela (Navarra) – Tarazona (Zaragoza), es decir el Ebro, centro de comunicaciones entre Navarra, Aragón y Castilla, con fuerzas francesas enviadas desde Aranda y desde Burgos. Lannes fue nombrado comandante de las fuerzas francesas en el Ebro. Era la batalla contra el núcleo principal español, Ejército del Centro, en donde Grimarest estaba con 13.000 hombres en Tarazona de Aragón, Lapeña con 8.000 en Cascante, y muy cerca de ellos Castaños, O`Neylle y Saint Marcq. En Tudela los españoles formaban una línea de 20 kilómetros y los franceses (Lannes) atacaron en cuña ganando Tudela y sobrepasando las líneas españolas. Los españoles de Palafox se retiraron a Zaragoza, mientras los de Castaños lo hacían a Calatayud. Ramón Patiño conde de Belveder y sus 10.000 extremeños retrocedieron en desbandada. Castaños fue destituido en el mando supremo por la Junta Central, que puso en su puesto a La Peña. Castaños, injustamente encumbrado por una leyenda en Bailén, cuando la realidad fue que llegó tarde a la batalla, demostró sus limitaciones en Tudela, y fue retirado del mando y enviado a Cuenca.

Napoleón mandaba el ejército de Somosierra y encontró el puerto defendido por 12.000 hombres al mando de Benito San Juan. Éste cometió el error de dispersar sus hombres y ser sorprendido en la estrategia. Pensó San Juan en enviar 3.500 hombres a Sepúlveda, con intención de sorprender a Napoleón de flanco, pero el francés sabía de estas tácticas, les localizó, atacó y les hizo retroceder hasta Segovia, donde quedaron neutralizados. San Juan había perdido en la acción más de la cuarta parte de sus hombres. El 30 de noviembre, Napoleón atacó Somosierra y pasó. En Somosierra, el 30 de noviembre de 1808, tuvo lugar la famosa carga de la caballería polaca en donde murieron casi todos los polacos de un batallón, 150 hombres, para avanzar 2.500 metros. Los españoles sin embargo se desordenaron y huyeron, y Napoleón obtuvo el paso y triunfó. Es una anécdota, pero nos hace ver el nuevo concepto de la guerra del general y emperador francés.

 

 

Sitio de Zaragoza.

Al mismo tiempo, Napoleón envió un ejército sobre Zaragoza, cuyo asedio habían abandonado los franceses en agosto, y renovaban en noviembre, para unir las dos entradas a España desde Francia. El 20 de diciembre de 1808 atacaron a destacamentos españoles avanzados fuera de Zaragoza. Mortier llevaba 35.000 hombres, un ejército ya muy considerable para la época. La ciudad fue sitiada desde 21 de diciembre de 1808 hasta su rendición en 20 de febrero de 1809. Palafox, el “defensor de Zaragoza”, cometió muchos errores como meter en la ciudad 32.500 soldados y aceptar a unos 15.000 campesinos de los pueblos de alrededor. Igual que nos sorprenden las nuevas tácticas de Napoleón, es de advertir el concepto anticuado de la guerra de Rebolledo de Palafox, su obsesión por meter más y más defensores en Zaragoza. Durante el primer sitio, Palafox había salido continuamente de Zaragoza para luchar en pueblos de la provincia, y meter más soldados en la ciudad. La retirada francesa en agosto de 1808 le había parecido un éxito para él, e insistía en la misma táctica. Era claramente un error táctico, pues no había armas ni alimentos para tantos, y el frío era muy intenso. Desde el punto de vista romántico, es motivo de novela e historia cinematográfica el hambre, frío y la peste que padecieron ambos ejércitos, sitiador y sitiados, pero la táctica de Palafox más bien parece medieval o del siglo XVI. El 10 de enero empezó el bombardeo francés sobre la ciudad. Ahora la táctica de los franceses era mucho más acertada que en el primer sitio:

Además de tomar Cerro Torrero en el sur, decidieron bombardear al norte, el arrabal, la vía de entrada y salida de hombres y alimentos. Además cavaron trincheras de sitio. El resultado fue terrible para los zaragozanos, pues dentro de los muros apareció una epidemia y morían muchos más de hambre, frío y enfermedad, que por la violencia de los combates.

El 10 de enero de 1809 se produjo un gran bombardeo, seguido de un asalto, que no fue efectivo. El 11 de enero, los franceses tomaron el fuerte de San José (al suroeste de la ciudad) el Pilar y los arrabales, combatiendo ya en la zona crucial.

El 23 de enero, los franceses de Mortier atacaron Leciñena con 5.000 hombres, situada a 25 kilómetros al noroeste de Zaragoza, y punto fundamental de abastecimientos de la ciudad. El 26 de enero, Watier atacó Alcañiz, donde se reclutaban defensores para Zaragoza.

El 26 de enero, Lannes tomó el mando del ejército francés y ordenó el asalto. Ese día empezó un fuerte bombardeo.

El 27 de enero, Mortier, Junot y Lannes hicieron el asalto a la ciudad en tres cuñas, y tomaron el arrabal destruyéndolo por completo, hicieron un triple asalto por tres brechas de la muralla, pero fracasaron. Entonces decidieron cavar minas y tomar las casas por debajo, desde el suelo. En febrero tomaron la ciudad casa por casa. Las bajas de los zaragozanos eran de unas 400 diarias, muchas de ellas por la epidemia. El 18 de febrero, Lannes tomó la zona clave, el Arrabal, bombardeándolo y asaltándolo hasta el agotamiento y rendición. Zaragoza estaba perdida sin esa comunicación exterior.

El 20 de febrero de 1809, la Junta de Zaragoza capituló. Firmó la capitulación Pedro María Ric y Montserrat[7]. El resultado, muy grave, fueron unos 24.000 soldados muertos o heridos y 30.000 civiles muertos, según unas fuentes, y la Historia General habla de 20.000 soldados muertos o heridos, y 50.000 civiles muertos. Además 12.000 soldados cayeron prisioneros. Los que juraron fidelidad a José I fueron eximidos de prisión y enrolados en el ejército francés.

El 28 de febrero, Palafox firmó la capitulación. Palafox y otros muchos prisioneros fueron llevados a Francia, a Bayona primero, a Vicennes, cerca de París después. Los franceses, por su parte, sólo tuvieron unos 3.000 muertos. No se atrevieron a entrar en Zaragoza, por miedo a la epidemia y mal olor, hasta 5 de marzo de 1809, una vez limpiada la ciudad. Todas las autoridades españolas tuvieron que jurar fidelidad a José I ese día.

 

Toma de Madrid.

Napoleón conocía el juego de la guerra. Al mismo tiempo que atacaba Zaragoza, la unión de las dos entradas desde Francia, ordenó salir hacia Madrid a 45.000 hombres, para ocuparla antes de que lo hiciera Castaños, y cerrar además el paso a posibles ayudas a Zaragoza, y desde Aragón a Madrid.

Desde el 25 de noviembre, la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino había nombrado defensores de Madrid al marqués de Castelar[8], que era capitán general de Castilla la Nueva y al general Tomás Morla. Estuvieron fortificando Madrid unos días. Contaban con 3.000 soldados y reclutaron 8.000 civiles. Poco podían hacer ante el ejército de Napoleón.

El 2 de diciembre, Napoleón entró en Madrid por Chamartín y el Retiro, atacando desde allí el Paseo del Prado y el palacio de Medinaceli el 3 de diciembre. Napoleón esperaba la rendición de la Junta Central, pero ésta se negó a negociar y se declaró en guerra, lo cual fue una sorpresa total para Napoleón. Napoleón ofreció la posibilidad de una rendición española sin traumas, pero la Junta se negó y hubo bombardeo de Madrid. Dirigentes de la ciudad de Madrid, abandonada por todos los que pudieron, intentaban organizar una Junta de Defensa para defender cada calle y cada casa, pero no tuvieron éxito. Las tropas españolas huyeron antes de la entrada de los franceses. El pueblo de Madrid no se resistió. Castelar huyó en la noche del 3 de diciembre.

Los franceses en Madrid eran 75.000 hombres, apoyados por Soult desde Saldaña (Palencia) y por Lannes desde Zaragoza. Y Madrid fue saqueada con el pretexto de buscar insurgentes.

El 4 de diciembre, Madrid se rindió.

 

Napoleón en Madrid.

En tan sólo dos meses, de 20 de diciembre a 20 de febrero, la mitad norte de la península era de dominio francés. Napoleón demostraba con ello sus grandes capacidades para la guerra.

La Junta Central había huido hacia Extremadura el 30 de noviembre y acabó en Sevilla. Sevilla volvió a pedir ser el Gobierno Supremo de España, pero las demás Juntas volvieron a negarse. La Junta Central había creado una Junta de Defensa poniendo al mando al duque del Infantado.

Castaños, que estaba en Guadalajara, había llegado tarde a la batalla de Madrid, y se dirigió a Aranjuez, alegando que era miembro de la Junta Central, dejando al duque del Infantado al mando de las tropas. Tal vez huía del frente de lucha.

Napoleón se instaló en Chamartín, mientras José estaba en El Pardo. Napoleón dio una serie de decretos en Chamartín, encaminados a reducir el déficit público, como:

Confiscación de los bienes muebles y raíces de los Grandes de España pasados a los patriotas (Duque del Infantado, duque de Híjar, duque de Medinaceli y otros),

abolición de los monopolios,

abolición de barreras arancelarias o aduanas interiores españolas,

eliminación de jurisdicciones feudales y rentas que conllevaban los señoríos (derechos señoriales),

eliminación de la Inquisición y confiscación de sus bienes, a pesar de que reconocía a la religión católica como propia de los españoles, y elevaba notablemente la dotación para pagar a los curas párrocos.

supresión de dos tercios de los conventos y puesta en venta de sus tierras,

destitución del Consejo de Castilla que era el Gobierno de España entonces.

Además exigió que todos juraran fidelidad al rey José Bonaparte.

El presidente del Consejo de Castilla, Arias Mon, y otros dos altos miembros del Consejo, el príncipe de Castelfranco, el marqués de Santa Cruz del Viso, el conde de Trastámara, fueron apresados y llevados a Francia. El cargo era que había jurado en su día a José I, y luego se habían puesto a disposición de la Junta Suprema Central, delito de traición.

El 7 de diciembre, Napoleón anunció que sus objetivos eran: la expulsión de los británicos, imponer una constitución liberal, y consolidar una monarquía moderada y constitucional. Si España se oponía, consideraría el territorio como país conquistado, se llevaría a José I a otro lugar más receptivo y gobernaría militarmente el país.

José I presentó su dimisión a su hermano el 8 de diciembre de 1808. El motivo era que si decretaba y gobernaba Napoleón en los términos dichos en el párrafo anterior, él no pintaba nada. Además, con su dimisión, le dejaba a su hermano las manos libres para un gobierno nuevo, bien liberal y constitucional, o quizás militar. Napoleón no aceptó la dimisión, prefirió pensar que lo hacía por deferencia hacia él, le restituyó en el trono en 10 de diciembre, y le prometió dinero. Tras esta postura de José I, que incluía la oposición a las leyes de diciembre, el clero español se declaró simpatizante del rey José y rompió con la Junta Central que era simpatizante de Fernando VII. Pero Napoleón nunca volvió a simpatizar con su hermano.

Lo que peor llevaron los españoles fue la supresión de los señoríos y de la Inquisición. Pero un gobierno militar, bajo mando de Napoleón, aunque delegado en un general, les asustaba mucho más. Así que, el 13 de diciembre, los madrileños, civiles y religiosos, juraron fidelidad a José I en todas las iglesias de la ciudad.

Napoleón, instalado en Chamartín, a 1.500 metros de Madrid no visitó Madrid más que una vez, a mediados de diciembre de 1808, cuando llamó a José, que vivía en El Pardo, y juntos, fueron a ver El Palacio Real y el centro de Madrid.

 

La aventura de Moore.

La guerra continuaba: Muchos británicos estuvieron a punto de morir a manos de Napoleón en diciembre de 1808 y enero de 1809. No habiéndose enterado de la formidable campaña francesa sobre la mitad norte de España, ni de la toma de Madrid, Moore salió de Lisboa con 26.000 hombres, de los que fue dejando muchas guarniciones por el camino, avanzó por Ciudad Rodrigo el 11 de noviembre, y por Salamanca el 13 de noviembre, y esperaba a Baird que había desembarcado en La Coruña a mediados de octubre. Se dirigía a Valladolid para cortar el avance francés hacia Madrid, cuando se encontró con un formidable ejército francés. Su misión, comunicada a los españoles, era ir a Valladolid y cortar los suministros y retirada francesa. Había equivocado las tácticas militares dispersando soldados, los que venían de La Coruña (Baird), los que venían de Lisboa por Talavera, y los que él mismo traía, y se encontró con un formidable ejército francés que le triplicaba en número. El 30 de noviembre, los ingleses consideraron muy arriesgado acudir a Somosierra y decidieron abandonar a los españoles a su suerte dando por perdida Madrid. Por otra parte, sabía que Soult estaba aislado al norte, y abandonó el proyecto de ir a Valladolid, tratando de huir por el norte. La decisión urgente de Moore fue huir hacia Toro y Sahagún, dejando abierto el camino a Oporto y La Coruña. Baird se le unió en Mayorga y, juntos fueron hacia Sahagún.

El francés Soult había sabido el 15 de diciembre, en Burgos, de la existencia de un ejército británico en el oeste, y se llegó hacia Sahagún y Carrión de los Condes a donde llegó el 23 de diciembre.

El 19 de diciembre, Napoleón conoció la existencia del ejército de Moore y se propuso acabar con él cortándole la retirada hacia Lisboa. Convocó a la Guardia Imperial, Guardia Real de José I, Ney, Soult, Lefebvre, Víctor y logró reunir 80.000 hombres a los que ordenó avanzar hacia Valladolid.

Napoleón, el 21 de diciembre, salió en persona en una noche de ventisca de nieve para conocer los movimientos británicos. Realizó una formidable cabalgada en medio de la nieve: Estaba al día siguiente en Arévalo (Avila), en Medina de Rioseco (Valladolid) el 23, y en Benavente (Zamora) el 24. Quería aplastar a los británicos. Sus tropas iban más despacio que él porque el invierno era frío y había mucha nieve.

Moore supo del ataque de Napoleón el 23 de diciembre e inmediatamente ordenó la retirada, o más bien huida, hacia el norte, hacia Galicia. Envió un correo para que los barcos ingleses le esperaran en La Coruña.

El 27 de diciembre, Moore estaba en Benavente e iba a Astorga, en donde encontró al general español conde de La Romana que le pidió varias cosas: protección, que resistiera lo suficiente para que los españoles tuvieran tiempo de organizarse, y un poco de comida, pero Moore ni le dio comida ni le permitió huir con él en los barcos. Quería dedicar todas sus energías a escapar y salvar a los suyos. Los españoles asaltaron la comida de los británicos. Por su parte, los ingleses robaban caballos, bueyes, mulas, comida y se emborrachaban masivamente en Benavente y Astorga. Los de La Romana asaltaban también las casas de los leoneses para buscar comida. Era una degradación de todos, ingleses y españoles. La huida británica era de tal urgencia, que se dejaron unos 7.000 hombres por el camino.

La suerte ayudó a los ingleses que huían hacia Galicia: Napoleón recibió la noticia de la sublevación de Austria y Alemania, y de un motín en París, y decidió ir a organizar su imperio, y abandonar la dirección personal de la persecución sobre los británicos. Dejó a Soult como encargado de acabar con los ingleses y se retiró a Madrid a preparar su marcha de España. Napoleón llegó a Valladolid el 6 de enero de 1809. El 15 de enero escribió a su hermano José que se marchaba unos días a Francia, mes y medio quizás. Al día siguiente le volvió a escribir, que se marchaba por unos meses. Nunca volvió a España. El 17 de enero salió de Valladolid y se dirigió a Francia.

El inglés Moore llegó a La Coruña el 11 de enero. El 14 de enero de 1809, estaban listos los barcos ingleses en La Coruña. El 16 de enero, llegó el francés Soult a La Coruña y los ingleses no habían tenido todavía tiempo para embarcar. Lucharon durante la operación del embarque, y Moore murió. Los ingleses terminaron de embarcar el 18 de enero, pero sólo 30.000, pues habían tenido cerca de 8.000 bajas. La Coruña se rindió a los franceses inmediatamente después de marcharse las tropas británicas.

 

Victoria francesa en enero de 1809.

En enero de 1809 José y su general Jourdán, tenían asegurado el área de Madrid con varios ejércitos: La infantería estaba en Guadalajara, Aranjuez y Talavera. La caballería de Latour-Maubourg en Tarancón (Cuenca, carretera de Valencia y alto Tajo), la caballería de Milhaud en Toledo (Tajo medio), y la caballería de Lasalle en Almaraz (Cáceres, Tajo bajo).

Contra estas posiciones, la Junta Central envió al duque del Infantado (sustituto de La Peña en el mando) y éste se instaló en Cuenca.

13 de enero de 1809 tuvo lugar la batalla de Uclés (Cuenca, 92 kilómetros al sureste de Madrid): Víctor cercó a los españoles mandados por Infantado y les derrotó, huyendo Infantado a Andalucía. Los franceses derrotaron a los españoles y abrieron el camino desde Madrid a Barcelona. Napoleón encargó al mariscal Víctor dirigirse a Lisboa y éste fue desde Madrid por Extremadura. También se ocupó Napoleón de establecer relaciones con las familias españolas más destacadas.

Infantado tras ser derrotado por Víctor en Uclés, huyó a Murcia, donde fue depuesto y sustituido por José de Urbina[9], conde de Cartaojal.

Víctor ocupó Cuenca y ello permitió que José I hiciera entrada triunfal en Madrid el 22 de enero de 1809.

 

El plan de Napoleón al abandonar España.

Napoleón salió para Francia en 17 de febrero de 1809. Se había detenido en Valladolid para desarrollar el plan que debía acabar con la guerra de España en pocos meses, desde el 6 de enero al 17 de febrero. El viaje de Valladolid a París, lo realizó en el portentoso tiempo de una semana, del 17 al 23 de febrero.

El viaje a Austria le había parecido urgente, y tal vez fue el principal error táctico de toda su vida:   Napoleón se había distraído con la campaña de Moore y no había realizado sus objetivos, que eran tomar Lisboa y Cádiz. Fue uno de sus pocos errores estratégicos. Además, al marcharse de España precipitadamente, dejaba el asunto español sin resolver, confiando en sus generales. Los generales franceses no tenían efectivos para ocupar toda la península y de hecho Galicia y Murcia no habían visto soldados franceses de ocupación hasta enero de 1809.

Plan de Napoleón al marcharse:

Levante: ocupar Zaragoza y Lérida, Tortosa, Tarragona y abrir el espacio entorno a Barcelona para ir luego sobre Valencia.

Andalucía: ocupar Ocaña, al sur de Madrid y avanzar hacia Andalucía por Sevilla, hasta Cádiz.

Portugal: ocupar las plazas fronterizas y penetrar hasta llegar a Lisboa.

El plan Levante era muy complejo: de hecho se había iniciado el 23 de noviembre de 1808 en la toma de Tudela (Navarra). Pero se esperó a las tropas de Moncey y Mortier para continuarlo. Los franceses estuvieron listos el 20 de diciembre.

El plan Andalucía se retrasó hasta enero de 1810.

El plan Portugal resultó un fracaso: Lefebvre no entendió que el objetivo principal del plan era tomar Lisboa y avanzó hacia Moore, su objetivo erróneo, desde Extremadura, acabando en Ávila, lo cual fue una pérdida de tiempo irreemplazable de cara al objetivo principal.

25 enero de 1809, los campesinos gallegos atacaron a los grupos de franceses que iban a sus casas a quitarles la carne, pan, vino, huevos, paja, cebada y leña y mataron a 5 franceses en Mondoñedo. Los franceses reaccionaron incendiando, arrasando y asesinando en los pueblos. Los franceses estaban perdiendo mucho tiempo respecto a sus objetivos de Lisboa y Cádiz, y además hacían que la sumisión de los españoles fuera imposible en adelante. Con la población civil en su contra, el conflicto sería largo.

Los españoles no se quedaban atrás en los errores: Los catalanes cayeron en la anarquía más absoluta, pues los somatenes catalanes asaltaban, robaban y mataban a los campesinos catalanes, por cualquier cantidad de dinero por pequeña que fuese. El español La Romana hizo otro error en Oviedo, donde depuso a la corporación existente porque era liberal, y nombró otra de su gusto, absolutista. La nueva corporación, no elegida por los asturianos, nunca iba a ser aceptada popularmente.

Los ingleses tenían la consigna de entretener a las tropas francesas en España, y no la de tomar el territorio y expulsar de él a los franceses.

En conclusión, la guerra se preveía larga.

 

 

[1] Vicente Acevedo y Pola, 1726-1808, era jefe de fuerzas asturianas desplazadas hasta Bilbao, fue derrotado y herido en Espinosa de los Monteros y murió durante la retirada en Reinosa.

[2] Ramón Patiño, 1753-1817, conde de Belveder pertenecía al Regimiento irlandés Hibernia de las guardias de Corps y había ascendido a general sin mérito alguno, excepto el de su linaje, en 1773, no teniendo apenas ninguna preparación militar.

[3] John Moore 1761-1809 era un militar británico que había peleado en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos en 1778, en Córcega en 1787, en Irlanda en 1798, en Egipto en 1799, y era general desde 1804. En 1808 fue destinado a la Península Ibérica y defendió La Coruña mientras los británicos embarcaban huyendo de Napoleón. Fue herido mortalmente en esa acción.

[4] John Adrian Louis Hope, 1765-1823, conde de Hopetouns y marqués de Linlithgow.

[5] David Baird, 1757-1829, era un militar escocés que en 1779 fue a la India a luchar contra franceses e hindúes, donde fue herido y cogido prisionero durante cuatro años hasta ser liberado en 1784. en 1801 fue enviado a Egipto contra Napoléon y regresó a la India en 1802. En 1803, regresaba a Europa cuando fue capturado por un corsario francés e intercambiado por un oficial francés. En 1805 fue enviado a El Cabo y luchó contra los boers holandeses con éxito, pero tuvo la mala fortuna de prestar sus soldados para atacar Buenos Aires y que la expedición resultara un fracaso. En 1807 fue destituido como Gobernador de El Cabo. En 1808 fue enviado a España a socorrer a Moore, que estaba en Salamanca, y avanzó desde La Coruña hasta Astorga, con ánimo de protegerle, pero no se encontraron y ambos llegaron a La Coruña, cada uno por su lado. En la lucha de La Coruña, perdió un brazo y, a partir de ese momento, tuvo empleos secundarios.

[6] Jean Lannes, 1769-1809, duque de Montebello, estuvo en las campañas de España de 1793 y 1794. Fue expulsado del ejército en 1795, tras el fracaso de La Convención, pero se alistó de nuevo para la campaña de Italia, donde Napoleón se fijó en él y llegó a general. En 1800 era jefe de la Guardia Consular y en 1804 fue nombrado mariscal. En 1805 hizo la campaña de Centroeuropa. En 1808 fue enviado a España y en febrero de 1809 tomó Zaragoza. En abril de 1809 fue enviado a Alemania, donde murió en combate.

[7] Pedro María Ric y Montserrat, 1766-1831, fue rector de la universidad de Huesca, y en 1795 alcalde del Crímen de la Audiencia de Aragón. Tras firmar la capitulación de Zaragoza, huyó a Valencia. Fue elegido diputado por Aragón destacando una intervención pidiendo un puerto de mar para Aragón, su voto afirmativo para la Inquisición, y su voto positivo para la soberanía nacional y la libertad de imprenta.

[8] Ramón Rufino Patiño y Osorio, IV marqués de Castelar, ejercía la Presidencia de la Regencia., interinamente en octubre de 1810.

[9] José Urbina y Urbina, 1761-1833, III conde de Cartaojal, era un general español.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *