LA ARISTOCRACIA A FINES DEL XIX.

 

 

Conceptos clave: alta nobleza, nobleza-burguesía, alta burguesía, ostentación burguesa, algunos nombres propios.

 

 

La aristocracia noble y burguesa.

 

Aunque ya no existían los privilegios nobiliarios, a finales del XIX los nobles mantenían sus títulos y su orgullo estamental. Se habían incluido en la clase burguesa, pero constituían una especie de élite entre la burguesía. La aspiración de casi todos los intelectuales, militares y burgueses era obtener un título nobiliario, que significaba prestigio social.

La aristocracia española era católica tradicional, elitista y escrupulosa a la hora de mezclarse con el pueblo, o clases económicamente inferiores. Empezó a evolucionar introduciendo costumbres británicas como la caza y el veraneo en la playa o en el campo, lo cual les parecía el colmo de la modernidad. Eran tan elitistas que cuando el rey Alfonso XIII, ya a principios del siglo XX, decidió cenar con un grupo de intelectuales en homenaje a Ramón y Cajal, el hecho les pareció escandaloso a muchos porque un Rey se mezclaba con la plebe, y cuando decidió darse un paseo a caballo por Las Hurdes (un conjunto de preciosos, pero aislados y atrasados pueblos situados en el límite de las provincias de Salamanca, Cáceres y Portugal) fue una noticia que se estuvo repitiendo durante años como si Las Hurdes fueran una leprosería (enfermedad considerada maldita todavía entonces). Evidentemente, ninguno pensaba imitar al Rey entrando en contacto con las gentes corrientes de España.

Lo más significativo de esta aristocracia es que creaba tendencia, y con el tiempo, las clases medias tendrán a orgullo poseer una escopeta y discutir si debían ir de veraneo a la playa o a la montaña.

Sus negocios en aquella época eran los financieros e industriales. Habían abandonado la agricultura a mediados de siglo XIX como actividad poco lucrativa y se habían pasado al nuevo mundo de los negocios, sin deshacerse de las fincas. Pero no habían abandonado sus pésimos modales y mal comportamiento cívico: siempre estaban muy ocupados, pendientes de reuniones y visitas, y se vanagloriaban de no trabajar, levantarse a las 11 de la mañana y de determinados vicios caros. Esta pésima formación cívica la disimulaban con refinadas exigencias en el vestir, saludar, comer, hablar y cumplir sus deberes religiosos y de caridad, lo cual implica a la Iglesia en el cinismo de tranquilizar las conciencias de los ricos, situaciones bien descritas por los escritores de la época que hoy consideramos importantes[1].

 

 

La alta nobleza.

 

La alta nobleza, desaparecida ya a fines del XIX, conservaba el prestigio de los señores, sobre todo los todavía Grandes de España. Éstos eran unas 1.323 familias que fundamentalmente vivían en Castilla y Andalucía. Vivían como propietarios rentistas. Había desaparecido su condición legal de noble pero su poder como propietarios les hacía más influyentes que antes del XIX. Hicieron buen negocio con la desamortización. Perdieron derechos jurisdiccionales, pero muchas veces recibieron a cambio títulos de deuda que cambiaron por propiedades en 1836. Los Alba hicieron un gran negocio en 1836 pues nadie se atrevió a pujar contra ellos en las subastas, y compraron tierras a precio muy bajo, aunque luego gastaran mucho dinero, se arruinaran y hubieran de enlazar con los Montijo que aportaron dinero a la familia. Los Medinaceli también compraron mucho terreno.

Algunos nobles se arruinaron, como era el caso de los que en Valencia y Alicante tenían arrendamientos no equiparables a señoríos, lo cual les llevó a una situación de arrendamiento perpetuo con la consiguiente pérdida de ingresos para el arrendador.

Otros nobles se arruinaron por la costumbre de la nobleza de vivir por encima de sus posibilidades en espera de avatares políticos que rehicieran la fortuna de la familia, cosa que ya no sucedía en el XIX en exclusiva para ellos, sino en competencia con los nuevos burgueses. Así llegaron a la ruina los Medina Sidonia, los Osuna, los marqueses de Montilla, de Dos Hermanas, de Castellón y de Astorga, y el conde duque de Benavente, por ejemplo.

 

 

La nobleza-burguesía.

 

La nobleza dejó de ser verdadera nobleza, una vez perdidos los privilegios, y se convirtió en burguesía, pero una burguesía especial, terrateniente y detentadora de los cargos políticos, lo que nos lleva a seguir hablando de nobleza, a sabiendas de que los estamentos ya no existían. Todavía se vivía en un ambiente de orgullo de ser noble, y los nuevos ricos compraban títulos de nobleza. Se vendieron unos 288 títulos de nobleza. Los generales eran premiados con títulos.

La nobleza poseía, a principios del siglo XIX, 28.306.700 fanegas de tierra, o poco más de 18 millones de hectáreas. La superficie cultivada en España era de unas 21.000.000 de hectáreas, que serían unas 32.500.000 fanegas castellanas a razón de que una fanega de tierra son 6.459,6 metros cuadrados. No toda la tierra de los nobles era ciltivable. Los nobles poseían mucha de la tierra cultivada y muchos montes y dehesas.

La nobleza había completado y redondeado sus propiedades agrícolas con las desamortizaciones. Las tierras expropiadas a la Iglesia y que pasaron a la nobleza, pudieron ser unas 9.093.400 fanegas. No todas eran tierras de cultivo, sino muchas eran montes y pastos. Una vez conseguido el negocio, con beneficios no tan altos como se suele contar, el problema era sacarle rendimiento. Para este fin se vendía la madera para construcción (casas y buques), se vendían los inmuebles, e incluso se vendían pequeños lotes de tierra a los campesinos para sacar dinero con el que invertir en los nuevos negocios emergentes, el ferrocarril, la banca y la construcción inmobiliaria en las ciudades. En general la nobleza buscaba permanecer al lado del Gobierno de turno y disfrutar de los cargos de gobierno que se le ponían a mano.

La nobleza de fines del XIX ya no cumplía ningún papel social y causaba al Estado más problemas de los que solucionaba, por ejemplo en el caso de la esclavitud, en el de los salarios de hambre, las viviendas paupérrimas de sus obreros del campo… Era una nobleza achulada, populachera, a la que gustaba confundirse con el pueblo en las festividades populares y se disfrazaba de chulapos y majas. No se parecía en nada a la nobleza de París o de Londres, tan señoriales y victorianos.

La nobleza española de fines de siglo opinaba de María Cristina de Habsburgo-Lorena que era una señora envarada, y con ello querían decir que era elegante y discreta y que decía lo que pensaba, pero que no era abierta, ni dispuesta a criticarlo todo, ni vociferante, como la mayoría de los españoles. Por su parte, la Reina María Cristina pensaba que los españoles eran un tanto vulgares.

La nobleza española gustaba codearse con el pueblo y por ello, acudía a las verbenas, iba al teatro, asistía a los toros, pero siempre se mostraba un tanto distante, en distintas localidades, separados por alguna barrera física. Por ejemplo, la butaca del Teatro Real costaba 36 reales, lo cual era una cantidad inasequible para un español de a pie, mientras el paraíso (gallinero) costaba 4 reales, que ya era el jornal de un obrero mal pagado. Ciertamente, la ópera estaba al alcance de todos, pero unos en la sala y otros en el paraíso o gallinero. Los palcos eran de la alta nobleza, la sala de la burguesía, y el gallinero, cazuela o paraíso del pueblo con cierto poder adquisitivo.

 

 

La alta burguesía.

 

La burguesía propiamente dicha, la alta burguesía, era la de hombres de negocios, hombres muy ricos que podían competir con la nobleza en posesión de tierras, detentación de cargos del Estado, y sobre todo en puestos decisivos de la industria, comercio, ejército e Iglesia.

Hay otro concepto de burguesía que no usamos aquí, el concepto acuñado por los socialismos y que llamaba burgueses a todos los propietarios, y se refería fundamentalmente a los pequeños y medianos propietarios rurales, contra los que luchaban los jornaleros. Estos pequeño burgueses habían comprado algunas tierras en la desamortización y habían puesto en cultivo baldíos que restaban medios de vida a los pobres, y contra ellos se dirigía mucha violencia social. No utilizaremos este concepto socialista.

La pequeña burguesía se puede asimilar a clases medias y como tal la trataremos más adelante. Proliferaba en las ciudades dedicada al comercio al por menor, pequeña industria y otros negocios. Igualmente, trataremos como clases medias a los profesionales universitarios, o gentes de cuello blanco, o profesiones liberales, como médicos, abogados, periodistas, profesores… toda esta gente estaba por encima de los obreros, pero no podía llegar al nivel de vida de la alta burguesía o de la nobleza.

Los burgueses ricos, o alta burguesía, y así queda mejor denominado el concepto que estamos utilizando aquí, vivían de la especulación de tierras, del dividendo de acciones, de la renta de viviendas, del comercio de los productos de la tierra, de contratos del Estado… Vivían en una economía cuya finalidad casi única era ganar dinero, idea que resultaba completamente diferente a la tradicional. Eran endogámicos, o se casaban con gentes de la nobleza para unir dinero y prestigio. Vivían en Madrid, Barcelona o grandes ciudades españolas. Su máxima aspiración era obtener un título nobiliario lo que se conseguía por matrimonio, o por concesión real o papal, tras un donativo en dinero.

Distinguiríamos varios grupos de alta burguesía:

Unos 1.000 comerciantes portuarios que vivían en Barcelona, Valencia, Cádiz, Santander, Málaga, Bilbao, Sevilla, Alicante, La Coruña.

Unos 200 financieros y comerciantes de Madrid, Valladolid, Granada, Zaragoza y Córdoba.

Unos 4.000 industriales textiles, de los cuales 2.500 vivían en Barcelona, Sabadell, Tarrasa, y Mataró, y el resto en ciudades como Marbella, Cádiz, Alcoy, Valencia, Madrid, Sevilla, Gijón, Béjar. En Barcelona vivían también algunos empresarios del sector electricidad y metalurgia.

Algunos empresarios mineros de Vizcaya, que explotaban minas y vendían mineral a Europa y algunos que se estaban pasando a la siderometalurgia.

Una burguesía especuladora pura que vivía de la bolsa, banca, importaciones, arrendamientos urbanos, minas, construcción del ferrocarril, construcción inmobiliaria, y que residía en Madrid, Barcelona, San Sebastián, Valladolid, Santander, entre los que destacan José Salamanca, Gaspar Remisa, los Safont, el marqués de Manzanedo…

Una burguesía agraria que sólo apareció a fines del XIX, cuando se produjo la confluencia de un mercado interior, otro europeo y un tercero cubano, y que especulaba con los alimentos y precios agrícolas y ganaderos. Tenían sus fincas en Castilla, Andalucía, producían harinas en el Valle del Duero, eran cosecheros y exportadores de vino de Andalucía occidental.

 

TÓPICOS creados a partir de estos grupos sociales fueron el industrial catalán y el industrial vasco:

Los industriales catalanes eran tenidos por una “raza trabajadora y tenaz”. Eran tres palabras con muy poco significado real en sí mismas, pero con ellas se quería significar varias cosas: su deseo de ser propietarios y trabajar en lo suyo; su profundo individualismo que se traducía en su horror a asociarse tanto para conveniencia del Estado como para constituir grandes empresas más competitivas internacionalmente. Eran muy conservadores en economía. Su mejor época fue la de 1900 a 1918 y ello se dejó notar en la remodelación de Barcelona y en artistas como Gaudí, Sert y Picasso, que no significan otra cosa sino la época dorada de la burguesía catalana que podía pagarse grandes ostentaciones. Paradójicamente, esta época de tanto dinero fue muy dura para el resto de España. Uno de los símbolos que más le gusta a los catalanes es Francesc Cambó, un emigrante campesino que se colocó como aprendiz de farmacia e inició negocios especulativos que le llevaron a ser dueño de una banca y a comprar varias industrias, llegándole el triunfo definitivo al acceder a un ministerio. El tópico será aceptado por todos los catalanes, y dirán de sí mismos, durante el siglo XX, que todos los catalanes son una raza de trabajadores tenaces.

Los industriales vascos eran tenidos por emprendedores a los que nada se les ponía por delante que no pudieran superar. El tópico se extendió en el XX a todos los ciudadanos de Bilbao, al apropiárselo las masas.

En cuanto a la ideología política del gran burgués, no todos los burgueses eran conservadores y podemos encontrar grandes capitalistas en casi todos los partidos políticos. Por ejemplo:

Ramón de la Sota que apoyaba el nacionalismo vasco.

Echevarrieta que era un vasco republicano.

Pedregal que era asturiano republicano.

Gabriel Rodríguez, que era madrileño republicano.

 

En tiempos de Cánovas del Castillo, algunos burgueses habían escalado posiciones sociales y se codeaban con la nobleza más aristocrática. Ese era el mayor cambio social perceptible en España. Aunque Cánovas y Sagasta provenían de familias humildes, un maestro de escuela, los caciques que dominaban las distintas regiones españolas eran de altos estratos sociales, aristócratas, burgueses, y burguesía de cuello blanco.

 

 

La ostentación burguesa.

 

La aristocracia todavía en el siglo XIX hacía ostentación de sus riquezas. No era como en la segunda mitad del siglo XX en que juegan al ocultamiento y a ser como el resto de la gente (pantalones vaqueros como todos, pero vaqueros de una firma que les hace diez veces más caros, cafeterías populares pero tomando bebidas de moda no habituales, pantalones carcelarios, incómodos y rotos, pero carísimos, etc.). Es una ostentación nueva, que usa lo que la sociedad detesta, y presume de ello llamando la atención cuanto puede.

Los aristócratas del XIX se paseaban en coche por La Castellana y por El Retiro, por el Paralelo o por las Ramblas, en medio de la gente vulgar, y trataban de destacar y lucirse entre todos ellos. Utilizaban faetones (carruaje descubierto de cuatro ruedas, dos asientos en el estribo y dos asientos enfrentados), grandd`aumont`s (carruajes de lujo al estilo de los que se ven en Sevilla para el turismo, pero con dos parejas de caballos servidos por dos mozos de caballos, y con uno o dos sirvientes en el pescante trasero), break`s (carruaje con dos asientos delanteros para el servicio, dos asientos laterales para cuatro plazas, y dos asientos posteriores en el estribo), charretes (carruaje de sólo dos ruedas, con dos o cuatro asientos, descubierto o cubierto), simones (carruaje de dos ruedas grandes y dos asientos), manolas (carruaje sobre cuatro ruedas, dos asientos en el pescante y a menudo cubierto, con ventanillas, de modo que los viajeros se pueden mostrar o esconder, según su gusto).

Los aristócratas gustaban de la vulgaridad:     Todos los españoles de todas las clases sociales, gustaban de los chascarrillos de lo más vulgar, diferenciándose las clases altas porque enseguida volvían a las formas correctas de modales, mientras las clases bajas insistían en la vulgaridad hasta el hastío. Así, el ambiente general de la calle era festivo y se valoraba mucho la espontaneidad, de modo que los buenos chascarrilleros tenían acceso a estar cerca de las clases altas y divertirles un rato.

 

 

Algunos nombres de la alta burguesía.

 

En esta Alta Sociedad, noble y burguesa,  del siglo XIX, eran ejemplos de aceptación de su condición de nobles, e incluso compra de títulos de nobleza, muchos individuos como:

 

Antonio López y López Lamadrid, marqués de Comillas.  Antonio López era un hacendado cubano que compró la Trasatlántica, compañía marítima de transportes de viajeros más importante de entonces, que se dedicaba a llevar a los emigrantes españoles hacia América. También compró minas, bancos y fincas en España. Su hijo, era conocido por ser “amigo de los curas”, pues financiaba excursiones a Roma (peregrinaciones) y hacía donaciones para los seminarios e instituciones religiosas.

Claudio López Bru, II marqués de Comillas.

Carlos María Fitz-James Stuart y Palafox-Portocarrero, 1849-1901, fue el XVI duque de alba de Tormes y duque de Berwick. Recibió docenas de títulos, con sus tierras correspondientes, y la Corona decidió privarle de los bienes del Infantado y de Pastrana para que no se convirtiera en un terrateniente tan poderoso que fuera incontrolable.

Eduardo Aznar de la Sota, marqués de Berrit en 1900, empresario vasco nacido en Sevilla porque era hijo de militar destinado en esa ciudad, pero educado en Bilbao. De familia originaria del Valle del Tena (Huesca). Se asoció a su tío, Alejandro de la Sota, y abrieron en 1900 la naviera Sota y Aznar y la Compañía Euskalduna de Construcción y Reparación de Buques. Después, Eduardo estuvo asociado con su primo Ramón de la Sota y Llano y en 1917 abrieron Compañía Siderúrgica del Mediterráneo en Sagunto. Esta importante empresa controlaba minas de hierro en Santander, Almería y Teruel, varias compañías de ferrocarril, Remolcadores Ibaizábal, compañía de seguros La Polar, Banco de Comercio. Eduardo Aznar también era un político importante del Partido Conservador que en 1886 fundó Cámara del comercio de Bilbao y en 1898 apoyó Unión Minera de España. Esta familia se enriqueció notablemente a partir de 1939, pues Franco incautó muchos bienes de empresarios vascos y los Aznar se hicieron con ellos. Fueron hijos de Eduaurdo:

Eduardo Aznar Tutor, 1860-1908, 2º marqués de Berrit,

Luis María Aznar Tutor, 1862-1929, y

Alberto Aznar Tutor, 1865-1923, marqués de Zuya en 1920.

Luis María se casó con Encarnación Zavala Andirengoechea y sus hijos se llamaron:

José Luis Aznar Zavala 1896-1951, y

Juan Antonio Aznar Zavala 1901-1972.

Hijo de José Luis fue

Eduardo Aznar Coste 1920-1981, marqués de Lamiaco.

Hijos de Juan Antonio son los Aznar Ibarra.

Estanislao Urquijo Landaluce, marqués de Urquijo en 1871, que era de origen humilde, pero logró adquirir un banco y tras él, una serie de empresas. Prestaba dinero para las campañas militares. Sus negocios los heredó su sobrino Juan Manuel Urquijo.

Eugenio Montero Ríos, 1832-1914, que era el cacique gallego más típico. Fue en principio seminarista, pero abandonó la sotana y continuó los estudios típicos de los sacerdotes, de Derecho Canónico, y fue catedrático en Oviedo, pasó a Santiago en 1860 y a Madrid en 1864. Ya estaba situado para sus aspiraciones políticas y, en 1870 fue Subsecretario de Gracia y Justicia, y Ministro en julio de 1871 y en junio de 1872, cuando no había candidatos para servir a Amadeo. En 1874, dudaba en si debía ser republicano o liberal, y optó por el liberalismo. Era liberal de izquierdas, y tenía la red de caciques más importante de Galicia, integrada por sus yernos e hijos. En 1885 llegó a Ministro de Fomento.

Ignacio José Escobar y López Hermosa, 1823-1887, marqués de Valdeiglesias, 1879-1887, director de La Correspondencia de España, propietario de La Época, era una pieza importante entre los conservadores, para los que fue diputado en 1857, 1858, 1876 y 1879.

Federico de Echeverría Rotaeche, empresario vasco. Federico de Echeverría Rotaeche 1840-1932, nacido en Bilbao era propietario de la fábrica Recalde, 1878, de latas de conserva; de Echeverría Hermanos, 1886, de fabricación de objetos de hojalata importando la materia prima desde Inglaterra; de Goitia y Compañía, 1888, fábrica de hojalata que más tarde se llamará La Iberia y en 1901 se integrará en altos Hornos de Vizcaya; de Santa Águeda, adquirida en 1901, fábrica de clavos que se integró posteriormente en Federico Echeverría e Hijos en 1903, y en S.A. Echeverría en 1920; de Red Telefónica de Bilbao, 1889; y también participaba en Papelera Vizcaina, Echevería y Picavea, compañías navieras,  y las eléctricas Ahlemeyer, Hidroeléctrica de Cataluña y Saltos del Ter.

Fernando Primo de Rivera y Sobremonte, 1831-1921, marqués de Estella, 1876-1921, era el hombre de buena familia, nieto de Virrey e hijo de Marino, que estudiaba la carrera militar como sus antepasados. Fue profesor del Colegio de Infantería. En 1866, pacificó la insurrección de Madrid y adquirió prestigio, además del ascenso a Teniente Coronel. En la revolución de 1868 pacificó Antequera y Granada. En 1872 aceptó ser General en Jefe del II ejército que luchaba contra los carlistas, lo que le valió el ascenso a Mariscal de Campo, y el prestigio de vencer en Montejurra a los carlistas en 1873. También les vencería en Estella 1876, lo que le valió el título de marqués. Fue Capitán General de Castilla la Nueva con mando sobre Madrid, en 1874,1890 y 1896. Fue Capitán General de Filipinas en 1880 y 1897. Dirigió la Guerra de África en 1893. Fue Ministro de Guerra para Maura en 1907 y para Dato en 1917.

Fernando María de Ybarra de la Revilla, 1875-1936, marqués de Arriluce de Ybarra, nacido en Santander, integrista católico, dirigente del Partido conservador en Bilbao desde 1909, propietario de Hulleras de Turón, Altos Hornos de Vizcaya, Sociedad Española de Construcción Naval, Sociedad Anónima Hidroeléctrica Ibérica (que será después Hidroeléctrica Española, y después Iberdrola). Fue asesinado en septiembre de 1936 en el barco prisión Cabo Quilates por los republicanos, junto a 4 miembros más de su familia

Francesc de Paula Ríus y Taulet, 1833-1889, marqués de Olérdola, fue el alcalde de más prestigio en Barcelona. Se hizo abogado en 1858, y escogió ser monárquico y liberal. Fue alcalde en 1872, 1873, 1874, pero sobre todo fue popular en 1881-1884, y 1885-1889. Fue responsable de la urbanización del Parque de la Ciudadela, y de la zona entre éste y las Ramblas y puso iluminación eléctrica a Barcelona. Construyó el Palacio de Bellas Artes, el Monumento a Colón, el Mercado del Borne, el cementerio de Monjuich, el Laboratorio Municipal, el Instituto Municipal de Higiene. Creó la Banda Municipal y puso unos barcos de recreo en el puerto, las Golondrinas, que fueron muy populares.

Francisco de Cubas y González Montes, 1826-1898, marqués pontificio de Cubas en 1886, marqués de Fontalba en 1894, arquitecto de la catedral de La Almudena de Madrid y de muchos colegios religiosos de Madrid y de la Universidad de Deusto. Fue Diputado, Senador y Alcalde de Madrid en 1892.

Germán Gamazo Calvo, 1840-1901, que era el cacique de Valladolid. Era un abogado del Partido Liberal contrario al librecambismo porque perjudicaba a los agricultores castellanos que pretendían mantener altos precios para su trigo y mercados reservados en Cuba y Puerto Rico. Ministro de Fomento en 1883, de Ultramar en 1885, de Hacienda en 1892, y de Fomento en 1898. Era cuñado de Antonio Maura, líder del Partido Conservador.

Ignacio de Figueroa y Mendieta, 1808-1899, propietario de minas de La Unión (Murcia) y de muchas fincas en Guadalajara, obtuvo el marquesado de Villamejor y casó con la vizcondesa de Irueste, con lo que logró codearse con la nobleza.

Gonzalo de Figueroa y Torres, 1861-1921, conde Mejorada del Campo. Fue uno de los fundadores de Banco Español de Crédito.

Álvaro de Figueroa y Torres Mendieta, 1863-1950, I conde de Romanones.

Rodrigo de Figueroa y Torres, 1866-1929, duque de Tovar.

José de Figueroa y Torres, 1867-1901, vizconde de Irueste, se casó con una Loring Heredia.

Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones en 1893, cacique de La Alcarria. Se le consideraba el terrateniente más grande de España. Descendientes de Álvaro de Figueroa son:

Luis de Figueroa y Alonso Martínez, segundo conde de Romanones;

Luis de Figueroa y Pérez de Guzmán el Bueno, tercer conde de Romanones;

y Álvaro de Figueroa y Griffith, cuarto conde de Romanones.

Joaquín de la Gándara Navarro, marqués de La Gándara, 1878-1881, empresario sevillano, era un prestamista e intermediario con otros prestamistas franceses y británicos, a los que se comprometía a pagar los intereses, pasara lo que pasara con el tomador del préstamo, lo que acarreaba muy altos intereses.

Jorge Loring Oyarzabal, 1822-1900, marqués de Casa Loring, 1856-1900, era hijo de un comerciante de Boston, y vino a España a abrir nuevos negocios. Se casó con Amalia Heredia Livermore, hija de Manuel Agustín de Heredia. Se asoció con Manuel Agustín Heredia y participó en Altos Hornos de Málaga, y en minas de carbón por distintos pueblos de Córdoba. Fundó Banco de Málaga en 1856, e invirtió en ferrocarriles de Andalucía.

Joan Güell Ferrer, 1800-1872, hacendado cubano que volvió a España en 1830 y fundó La Barcelonesa (Tous, Ascacíbar y Cia.) y La Maquinista Terrestre y Marítima en 1855.

Eusebi Güell Bacigalupi, 1846-1918, hijo de Joan, se casó con la hija de Antonio López marqués de Comillas.

José Güell Renté, 1818-1881, hacendado cubano, se casó con Josefina Fernanda de Borbón, hermana de Francisco de Asís, el marido de la Reina Isabel II, y fue exiliado por ello.

Francisco Javier López de Carrizosa Pavón, 1825-1882, fue un bodeguero y exportador de Jerez, marqués de Casa Pavón, marqués de Mochales. Sus hijos fueron todos dotados de un título:

Francisco Javier López de Carrizosa Giles fue marqués de Casa Pavón.

Miguel López de Carrizosa Giles fue marqués de Mochales.

José López de Carrizosa Giles fue marqués de Casa Bermeja.

Álvaro López de Carrizosa Giles fue conde de Moral de Calatrava.

Lorenzo López de Carrizosa Giles fue marqués de Salobral.

José López de Carrizosa y Pavón, 1826-1881, I marqués del Mérito.

José López de Carrizosa Garvey, 1862-1927, II marqués del Mérito.

José Luis Oriol Urigüen 1877-1972, estudió arquitectura era de Comunión Tradicionalista y se casó con Catalina UrquijoVitórica, hija de Lucas Urquijo. José Luis Oriol y Lucas Urquijo fundaron Hidrola, y José Luis fue su presidente hasta 1941, si bien el nombre de la empresa evolucionó a Hidroeléctrica Española primero y a Iberdrola más tarde. En 1936 apoyaron a los golpistas. En 1941 le dejó la presidencia de Hidrola a su hijo José María Oriol y Urquijo. En 1942 fundaron Patentes TALGO S.A.

Juan Manuel de Manzanedo González Teja, 1803-1882, empresario de Cantabria, representante en España de los intereses cubanos. Era de familia pobre, pero marchó a Cuba y negoció prestando dinero para la importación de esclavos, y coparticipando en esos negocios, y volvió en 1842 con una gran fortuna, que invirtió en España en negocios inmobiliarios y también en la banca de París y Londres.

Juan de La Cierva Peñafiel 1864-1938, que era el cacique murciano, de Mula, un cacique que construía carreteras y una Universidad para Murcia, era hijo de Juan de la Cierva Soto y yerno de un banquero murciano.

José María de Loma y Argüelles, marqués de Oria, fue un general que ascendió durante las guerras carlistas.

Luis de Careaga y Xibaja, vizconde de Careaga, era señor en Almería.

Luis de Ussía y Aldama, 1856-1908, marqués de Aldama, 1893-1908, fue socio de su cuñado Juan Manuel de Urquijo en la empresa de Banco Urquijo, hasta que en 1904 se separó de él y creó Aldama y Compañía en Madrid.

Manuel Alonso Martínez, 1827-1891, marqués de Alonso Martínez en 1890, fue muchas veces Ministro.

Manuel Girona Agrafell que era un empresario que prestaba dinero al gobierno para las campañas militares y ponía a su disposición transportes de tropas, sobre todo para llevarlas a Cuba. Manuel Girona Agrafel 1818-1905 nació en Barcelona y era hijo de un banquero modesto. Negoció en 1842 con el Gobierno la apertura de un banco en Barcelona y logró en 1844 el Banco de Barcelona. A partir de ahí, invirtió en ferrocarriles Barcelona-Tarragona y Barcelona Port Bou, en Puerto de Barcelona, en la construcción de los edificios de la Universidad, en la construcción de la fachada neogótica de la catedral, y entró en política por la vía de hacerse presidente del Ateneo y de la Cámara de Comercio de Barcelona, para ser diputado, senador, senador vitalicio, siempre en el Partido conservador. En 1875 fue alcalde de Barcelona y redujo el déficit municipal.

Manuel Gutiérrez de la Concha, marqués de Duero, general prestigioso, que creyó haber encontrado una fortuna roturando fincas sobre terrenos yermos de la provincia de Málaga, el río Guadalhorce y la colonia San Pedro de Alcántara en Marbella-Málaga. Compró maquinaria europea para roturar a gran profundidad, lo que seguramente logró facilitar la erosión mediterránea, y comenzó la explotación de la caña de azúcar en 1863. Tomó préstamos carísimos, al 13%, porque casi nadie se fiaba de la viabilidad del proyecto ni en España, ni en Francia, ni en Gran Bretaña. Logró financiación en banqueros españoles y puso una fábrica de azúcar en 1871, refinanciando al 15 y hasta el 24%. Y se arruinó.

Martín Larios Herreros, primer marqués de Larios en 1865, se casó con Margarita Larios Martínez de Tejada. Los Larios descendían de La Rioja, y Pablo Larios emigró a Málaga organizando una empresa textil y comercial que llevaban sus hijos, dos en Málaga (Manuel Domingo Larios Llera, y Juan Larios Herreros), y otros dos en Cádiz y Gibraltar (Pablo Larios Herreros y Martín Larios Herreros). La familia tenía una fábrica textil en Algeciras, fábrica que vendió a los catalanes, que compraban para quitarse la competencia.

Pedro José Pidal Carniado, 1799-1865, marqués de Pidal, que era el cacique asturiano, hizo el Plan de enseñanza de 1845. Padre de Alejandro Pidal y Mon, segundo marqués de Pidal 1846-. Alejandro fue el padre de Pedro José Pidal y Bernaldo de Quirós, marqués de Villaviciosa, 1870-1941.

Ramón Sota Llano, empresario vasco. Ramón Sota Llano 1852-1936 nacido en Castro Urdiales (Cantabria) el 29 de enero de 1852, estudió derecho en Madrid. Su padre explotaba minas y transportaba minerales en barcas a lo largo de la costa cantábrica, y Ramón estaba ya, desde su nacimiento, en el negocio del mineral. Pero el salto a la empresa grande lo dio asociándose a su primo Eduardo Aznar y constituyendo la empresa naviera Sota y Aznar, a partir de la cual se hizo secretario general de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Bilbao y presidente de la Asociación de Navieras de Bilbao. La base empresarial de Sota y Aznar, le sirvió para participar en Compañía Petrolífera Española, Banco de Bilbao, Banco de Comercio, Caja de Crédito Especial, Compañía Euskalduna, Compañía de las Cuencas del Hierro del Norte de España, Gran Hotel Carlton. Mina Ceferina, Minas de Letares, Compañía Minera, Sierra Menera, Remolacheras Ibaizábal, Siderurgia del Mediterráneo. Ramón Sota fue nacionalista vasco, pero nunca militó en el PNV. Murió en agosto de 1936.

Ramón de Herrera y Sancibrián, conde de Mortera en 1876, armador de buques y fabricante de Cerveza en La Habana (Cuba).

Francisco Romero Robledo, 1838-1906, que nació en la familia cacique de Antequera (Málaga), fue un importante político de todo el último tercio del XIX español.

Víctor Chávarri Salazar 1854-1898, el mayor de los 7 hijos de Tiburcio Chávarri Alisal y Natalia Salazar MacMahon, era la cabeza de un gran emporio económico que dominaba:

En el sector del hierro y minas: 1889, Sociedad Delta Española (para metales modernos); 1891, Talleres de Deusto; 1892, Vasco Belga; 1892, La Basconia; 1892, Anglo Vasca, Minas de Córdoba; 1892, Minas de Carracedo; 1893, La Ochandiano; 1896, Santa Águeda; 1900, Chávarri, Petrement y Cía. y participaciones en Hulleras de Turón y Minas de la Garrucha.

En el sector de banca: 1891, Banco de Comercio.

En el sector de químicas: 1888, Vasco Asturiana; 1890, Fábrica de Vidrios de Lamiaco; 1890, Papelera de Cadagua; 1898, Unión Resinera Española.

En el sector de la construcción: 1888, Aguirre Hermanos y Cía; 1894, Ruiz de Velasco y Cía.

En el sector eléctrico: Compañía Vizcaina de Electricidad.

En el sector de ferrocarriles: 1888, Compañía de Ferrocarril de Cadagua; 1889, Compañía de Ferrocarril de Bilbao a Lezama; 1890, Compañía de Ferrocarril de Las Arenas a Plencia.

 

Ya en el siglo XX, podemos citar:

Juan Marx Ordinas, 1880-1962, fue un hombre sin escrúpulos de una de las dos familias contrabandistas de Santa Margarida. Se aprovechaba de cualquiera que tuviera dificultades, y financiaba cualquier proyecto que le diera dinero, e incluso no dudaba en utilizar métodos mafiosos, bajo el lema “todos los días nace un tonto, y el problema sólo es encontrarlo”. Con el contrabando y préstamos a sus convecinos mallorquines, hizo una primera fortuna, y en 1906 compró una fábrica de tabacos en Argelia. En 1911 se hizo con la Compañía Internacional de Tabacos de Marruecos, lo cual le garantizaba el mercado del ejército español, y el de los marroquíes. En 1916 compró Transmediterránea para el tráfico de cabotaje de toda la zona entre Marruecos, Levante español y Baleares. En 1921 abrió el periódico El Día. En 1926 puso Banca March. En 1931-1936 financió proyectos republicanos. En 1936 financió gran parte de las operaciones de la sublevación militar, y se convirtió en un “intocable” en España.

Natalio Rivas Santiago, 1865-1958, que era el cacique de las Alpujarras, en las provincias de Almería y Granada, empezó como juez en Albuñol y luego desempeñó muchos cargos políticos.

 

Es evidente que no podemos hacer un listado de los miles de componentes de la alta burguesía. Sirva la cincuentena de los citados a modo de ejemplo.

 

 

[1]Aquí debemos situar La Regenta de Leopoldo Alas Ureña, Clarín.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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