EL COMERCIO INTERIOR ESPAÑOL A FINES DEL XIX.

 

Conceptos clave: comercio interior, moneda, Banco de España, banca, comunicaciones sociales.

 

 

 

 

EL COMERCIO INTERIOR.

 

El comercio al por menor introducía a fines del XIX novedades como el escaparate y cada local se especializaba en algo, desapareciendo poco a poco el almacén de todo. Incluso apareció la primera publicidad.

En 1858 tuvo lugar la instauración en España del sistema métrico decimal y el viejo símbolo de medir, la vara, diferente en cada región española y de unos 0,835 metros de longitud, fue sustituida por el metro. La vara tenía tres pies o cuatro palmos. El pie tenía 12 pulgadas y la pulgada 12 líneas. La libra (460 gramos en Castilla) y la arroba (11,33 kilogramos) fueron sustituidas por el kilogramo. El azumbre de 2 litros de capacidad, y su divisor, el cuartillo de medio litro, fueron sustituidos por el litro.

La peseta sustituyó en 1868 como unidad monetaria decimal a un complejo sistema de monedas antiguo basado en el real, y antes en el maravedí.

En 1880 se hizo oficial el sistema métrico decimal en cuanto a pesas y medidas, y así, Cánovas dio un gran impulso al acercamiento a Europa:  El 14 de febrero de 1879, en una de las últimas decisiones importantes del Gobierno 1875-1879, Cánovas decretó la obligatoriedad del sistema métrico decimal en España para 1 de julio de 1880. Será en esta fecha cuando empiece a imponerse, aunque costaría mucho que los pueblos españoles perdieran sus viejas medidas y costumbres. París lo adoptará internacionalmente en 1889 y será un nuevo impulso hacia la unificación europea de pesas y medidas.

En 1885 se reformó la Ley del Código de Comercio de 1829 para introducir temas como las sociedades y las letras de cambio, regular la bolsa, regular las compañías de crédito, ferrocarril, y obras públicas, los bancos de emisión y descuento, los cheques, los seguros de vida y seguros de incendios, temas que se echan en falta en el código de 1829, porque eran realidades divulgadas con posterioridad a él. El Código de Comercio se decretó el 22 de agosto de 1885 y fue publicado en La Gaceta en 16 de octubre al 24 de noviembre de 1885. El avance que significaba este Código es que no se refería solamente a los comerciantes, sino a todos los españoles.

Se creó en Madrid de un servicio telefónico que servía a 49 abonados. El teléfono había sido inventado por Graham Bell el 10 de marzo de 1876 y había funcionado por primera vez en España, en Barcelona, en diciembre de 1876. Se desarrollaría lentamente hasta 1924, cuando tenía 78.124 aparatos, pero mucho más rápidamente a partir de que, en ese año, se creó Telefónica.

Por ello, la segunda mitad del XIX fue en España una época de confrontación entre conservadores y modernos en cuanto a integración de los nuevos patrones de pesos, monedas y medidas, pues los españoles se aferraban a los antiguos, que pervivieron hasta mediados del siglo XX. El sistema de ferias y mercados locales funcionaba bien con las medidas antiguas, distintas para cada lugar, pero el ferrocarril y la carretera, el telégrafo y el teléfono, comunicaban regiones distintas y se precisaban unidades de medida comunes.

La integración de mercados con unidades de medida iguales para todos se promocionó en 1868 en la Exposición en Zaragoza, que iniciaba la idea de mercados integradores de todo el territorio español. En 1881, la Exposición de Madrid sobre minería, artes, metalurgia, cerámica y cristalería, fue un éxito al reunir productos de todo el Estado. La Exposición Universal de Barcelona en 1888, fue un mensaje a los españoles de que el mercado era mundial y España sólo era un parte pequeña de él. Estas exposiciones citadas fueron hitos en el comercio español.

Al tiempo que se desarrollaban los contactos comerciales, se desarrollaba la letra de cambio, la venta a comisión, la publicidad en periódicos y revistas, el corredor de comercio que visitaba los establecimientos comerciales por cuenta de un fabricante, y otros sistemas de ventas de amplio radio.

En 1881, Antonio López López, primer Marqués de Comillas, fundó la Compañía General de Tabacos de Filipinas, una compañía que se dedicaba al cultivo y exportación de tabaco y azúcar y a su transporte, o que le permitió abrir la Trasatlántica para el transporte de viajeros, y otras entidades financieras.

 

 

LA MONEDA.

 

La moneda española en la segunda mitad del XIX era complicada.

Hacia 1850 circulaban los reales como moneda grande equivalente a en 8 cuartos y medio.

En 1866, se creó una moneda mayor, el escudo, equivalente a 10 reales y se introdujo el sistema decimal de modo que el escudo tenía 100 céntimos.

En 1868 se creó la peseta, igualmente dividida en 100 céntimos, destinada a simplificar el complicado campo monetario español. Como también se contaba por maravedises, y había en el mercado céntimos de real, milésimas de escudo y cuartos, manejar dinero era un tanto complicado. La gente contó durante mucho tiempo en reales, y luego traducía las cifras a duros (cada veinte reales era un duro), y secundariamente, a pesetas (cada cuatro reales era una peseta) hasta bien entrado el siglo XX. La peseta no la consideramos difundida y plenamente establecida hasta principios del siglo XX.

La peseta se creó en octubre de 1868, mediante una reforma monetaria para adaptar el sistema monetario a las normas de la Unión Monetaria Latina: La peseta era una moneda nueva para la que se fijó su equivalencia en oro y plata, y se adoptó un sistema bimetálico. Como en todo sistema bimetálico, el oro no circuló, y en el mercado sólo había monedas de plata, billetes del Banco de España y moneda fraccionaria de otros metales.

 

 

El control del circulante.

 

En 1874 se intentó poner orden en el caos monetario de emisiones haciendo que el Banco de España emitiera una cantidad prevista de billetes (un monto en papel y moneda fiduciaria equivalente a 5 veces su capital efectivo, siempre que ese efectivo estuviese garantizado, al menos en un 25%, en barras de oro y plata).

El 4 de agosto de 1876, Fernando Cos Cayón, Director General de Contribuciones adoptó el sistema monometálico para la moneda, o patrón oro, quedando la plata para necesidades menores. Los billetes eran convertibles en oro en el Banco de España, porque eso mismo estaba ocurriendo en Europa. El proyecto fue abandonado en 1883 porque tenía graves dificultades: la moneda de plata tenía un valor legal muy superior al intrínseco monetario metálico, y esto favorecía operaciones especulativas como adquirir plata, pasarla a oro ganando dinero con ello, y pedir después la conversión a billetes ordinarios.

En 1899, Raimundo Fernández Villaverde hizo un plan de ahorro muy importante destinado a reducir deuda pública, y estabilizar de ese modo la peseta. Para ello, decidió ahorrar eliminando inversiones en obras públicas, y decidió recaudar más, mediante el impuesto de utilidades. Este impuesto gravaba a los industriales y era completamente novedoso en España.

Complementariamente, en 1899 se hizo que el Banco de España controlara el crédito que emitía la banca privada, al tiempo que controlaba la emisión de billetes puestos en circulación por estos bancos.

 

 

El Banco de España.

 

La banca española de final del XIX sufrió mucho los avatares de la política:

En primavera de 1868, un convenio entre el Banco de España y el Gobierno, entregó al Banco de España la recaudación de los impuestos del Estado. Tras la revolución de septiembre, se mantuvo esta medida económica.

En 1874 Echegaray concedió al Banco de España la exclusiva en la emisión de moneda fiduciaria, o billetes y monedas corrientes. Ese servicio lo perdió la banca local de cada territorio, unos 15 bancos que, desde 1856 y hasta entonces, habían estado autorizados a emitir billetes.

La situación financiera del Banco de España en esta situación en que emitía y era responsable de la moneda nacional, era límite: no encontraba prestamistas, la deuda del Estado era inabordable y los impuestos de cada año no cubrían los gastos. La moneda española no tenía ninguna credibilidad. No se entiende bien la decisión del Gobierno de conceder al Banco de España la emisión de moneda.

Se fijó el capital del Banco de España en 100 millones de pesetas y se le autorizó a emitir 500 millones en moneda, los cuales estaban garantizados por las monedas y barras de oro y plata existentes en el propio banco. Y se decidió que el Banco de España aportara inmediatamente al Estado 125 millones de pesetas que éste necesitaba.

Los acontecimientos monetarios de años siguientes fueron temerarios: el Gobierno siguió pidiendo dinero, y también los bancos particulares pedían dinero para sus transacciones. En 1900, los billetes emitidos por el Banco de España eran 15 veces el valor del metal acumulado en los sótanos del Banco. Lo lógico en economía era que se emitieran billetes en la misma cantidad que reservas había, pues los billetes eran convertibles en oro. Y de otro modo, habría que abandonar la convertibilidad. Pero no fue así. En 1881, salió mucho oro del Banco de España, pues los clientes querían moneda segura, si bien es cierto que entró algo de plata.

En 1898, el Banco de España había sacado por ventanilla el 75% del oro que tenía acumulado en 1874, cuando se hizo cargo de la moneda del país. Era una situación de quiebra técnica. En 1883, previendo la quiebra, España suspendió la convertibilidad de la moneda en oro. En 1898, el Gobierno prohibió la circulación del oro en España.

 

 

La banca mixta.

 

En el último tercio del XIX empezó a funcionar una banca que captaba dinero de las familias, retribuyéndoles el ahorro o invirtiendo por ellas. Era la llamada “banca mixta”, que tanto actuaba como dueña de empresas, como de gestora de ahorros de las familias. Con este dinero se compraban acciones de la Bolsa y así se financiaban empresas.

Los depósitos crecieron mucho en época de la Restauración, pues los ahorros que llegaban de América se llevaban a los bancos. Además, las dos regiones industrializadas, País Vasco y Cataluña, captaron ahorro familiar y desarrollaron sus propios bancos por todo el territorio español a partir de bancos familiares y locales más pequeños. En Cataluña produjo mucho dinero el negocio de la exportación de vinos, que se hacía por Tarragona. En el País vasco era importante la exportación de mineral de hierro, sobre todo porque daba trabajo a muchos excavadores de mineral en las minas.

 

 

La banca privada.

 

La banca privada se estructuró en torno a cuatro focos: Madrid, Barcelona, Bilbao y Santander.

La banca de Madrid tuvo hasta 39 bancos en 1874, y 27 en 1890.

El Banco General de Madrid tenía capital del alemán Gwinner.

El Crédito Mobiliario Español era regentado por el Marqués de Cortina, pero socios mayoritarios eran Isaac y Emilio Pereyre. En 1 de mayo de 1902 pasaría a ser Banco Español de Crédito.

La banca catalana era la de más nivel bancario en la España del XIX en cuanto a tipos de descuento, banco de negocios y créditos sobre mercancías. Se fundamentaba en:

El Banco Hispano Colonial, de capital de Girona y Antonio López, fundado en septiembre de 1876, con un capital de 75 millones de pesetas. Fue capaz de prestar al Gobierno 25 millones de pesos en la campaña de Cuba y fomentar la Compañía General de Tabacos de Filipinas. Dominaba muchas empresas de Cuba y Filipinas. También participaba en Ferrocarriles del Norte de España. La fuerte dependencia de las colonias, hizo que sufriera una fuerte crisis y llegara a perder el 75% de su capital con el desastre del 98. Era un banco muy tradicional que concedía préstamos y los garantizaba con hipotecas, sobre todo de fincas urbanas. La pérdida de los negocios de ultramar le dejó al aire por no poder realizar las hipotecas.

La Banca de Barcelona, 1884, fundada por Manuel Girona, recogía ahorros catalanes.

En Barcelona había también un “Bolsín” que promocionaba inversiones particulares, sobre todo en el ferrocarril.

 

La banca vizcaína:

A partir de 1886 apareció Bilbao como núcleo financiero, tercero del país tras Madrid y Barcelona, con las siguientes realizaciones: en 1886 creó la Cámara de Comercio; en 1889 la Bolsa; en 1891 el Banco de Comercio; en 1897 la Escuela de Ingenieros; en 1901 el Banco de Vizcaya y Seguros La Polar. Al mismo tiempo construyeron un puerto exterior. Con este gran impulso económico, Bilbao saltó a la orilla izquierda del Nervión, el denominado Ensanche, donde se construyeron los nuevos centros bancarios, comerciales y residenciales. En 1914 haría un gran negocio con la guerra y el negocio continuaría con la protección de Primo de Rivera. En 1936 vino la crisis, primero por la guerra, y en 1939 por haber estado en el bando perdedor, pero a partir de 1955, Franco lo recuperó creando el Gran Bilbao con un aeropuerto en Sondica, una autopista hasta Miranda de Ebro que abriría el paso hasta Zaragoza y Barcelona, un “superpuerto” o nuevo puerto exterior y unos pantanos que aseguraron el abastecimiento de agua al conjunto.

 

 

COMUNICACIONES SOCIALES.

 

En 1878, el servicio de correos se adhirió al Convenio de Berna y a la Unión Postal Universal.

En 1885 había ya en España 2.801 oficinas de correos y en 1901 eran ya 3.200. Pero eran pocas en el medio rural, pues en España existían más de 12.000 ayuntamientos, que comprendían más de 60.000 lugares con entidad propia. Al menos los ayuntamientos deberían tener una oficina, y eso sólo se consiguió en 1931.

En 1889 el Gobierno decidió declarar funcionarios a todos los empleados de Correos a fin de profesionalizar ese servicio que se creía fundamental, asumiendo el Estado esta nueva función social. Nació así el Cuerpo de Correos, siendo su fundador Trinitario Ruiz Capdepón.

En 1830 se inició el telégrafo en España. En 1868 había 200 estaciones. En 1885, el servicio estaba extendido a todo el país con 286 estaciones de servicio permanente, 211 de servicio completo, y 431 de servicio limitado. En cuanto al cable tendido, en 1868 eran 11.137 kilómetros, y en 1885, 17.839 kilómetros.

Las líneas telegráficas seguían el sistema radial de las carreteras y, de hecho, la imagen común era que, a falta de árboles, las carreteras estuvieran acompañadas en un lateral por una línea telegráfica sostenida en palos o postes, aunque a veces seguían la línea del ferrocarril y no la carretera.

El servicio de telégrafos estaba controlado por el Gobierno, el cual aseguraba el secreto de la correspondencia y también se aseguraba a sí mismo la detección de los mensajes contra el Gobierno. Era un servicio caro, pues necesitaba personal de oficinas, personal de mantenimiento de las líneas e inversiones continuas en nuevas líneas, y la mayor parte del coste recaía sobre el Estado.

El teléfono se inventó en 1876. En 1877 se hizo un experimento en España entre la cima de Montjuich y el barrio de La Ciudadela en Barcelona, y se inició inmediatamente su instalación en España. En 1885 había ya 797 estaciones, de las que 213 estaban en Madrid.

El 13 de junio se autorizó la concesión a particulares de la explotación de líneas telefónicas del Estado y el establecimiento y explotación de otras nuevas en un radio de 10 kilómetros a partir de la estación central. Estas empresas particulares surgieron en al País Vasco y Cataluña, pero no en Madrid donde la red del Estado era muy amplia.

Teléfono en Cataluña.

El 16 de diciembre de 1877 funcionó el primer teléfono en España entre el castillo de Montjuich en Barcelona y la ciudadela de Barcelona. El teléfono había sido inventado en 1876 por A.G. Bell.

 

 

La Vanguardia, prensa catalana.

 

El 1 de febrero de 1881 apareció en Barcelona La Vanguardia, un periódico liberal dirigido por Jaume Andreu. Este periódico lo compraría en 1887 Carlos Godó Pie, para hacerlo diario en 1888. En 1897, lo heredó Ramón Godó Lallana que lo hizo conservador y, más tarde, maurista. Alcanzó el éxito a partir de 1916 con la dirección de Miguel de los Santos Oliver, y colaboración de Joan Maragall, Bartolomé Amengual, Arturo Masriera y Buenaventura Bassegoda. Incluso Ramón Godó fue agraciado por Alfonso XIII con la distinción de conde de Godó. Oliver murió en 1920, tomando la dirección Agustín Calvet. En 1931 murió el propietario, conde de Godó y le sucedió Carlos Godó. En 1934 fue incautado por unas horas por la Generalitat en la rebelión de octubre, pero como el intento fracasó, se le devolvió el periódico. En 1936 era director Agustín Calvet, cuando fue incautado por los republicanos que pusieron a varios directores como María Luz Morales, Paulí Massip y Artur Pérez sucesivamente, y el periódico seguía la línea de Juan Negrín, quien puso como director a Fernando Vázquez Ocaña. Pero el 25 de enero de 1939 lo abandonaron los republicanos, y el 27 de enero lo ocuparon los nacionales, quienes lo cambiaron de nombre para llamarlo “La Vanguardia Española” y pusieron como director a Luis de Galinsoga hasta 1960. Galinsoga fue cesado por hacer manifestaciones anticatalanistas que provocaron disturbios populares. Le sucedió Manuel Aznar. El periódico dejó de ser una empresa familiar para convertirse en Talleres de Imprenta S.A., y la nueva empresa puso como director a Xavier Echarre en 1961. En 1969 tuvo como director a Horacio Sáenz Guerrero, ahora ya designado por los propietarios, una vez que la nueva ley de prensa ya no mantenía los periódicos desde la dirección del Estado. En 1975 se hizo moderado y catalanista y pedía la autonomía en sus artículos. En 1982 fue director Luis Foix. En 1983 fue director Francesc Noy, más nacionalista todavía.

 

 

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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