JUAN PRIM en 2º SEMESTRE DE 1870.

 

 

El socialismo español en verano de 1870.

 

Aunque el tema no era relevante en su tiempo, lo tratamos aquí porque fue trascendente.

El 19 de junio de 1870 se produjo el I Congreso Obrero Español en Barcelona en el Teatro Circo. Lo había propuesto Madrid, pero se lo llevó Barcelona tras pedir votación para elegir sede. Se reunieron 89 ó 90 delegados procedentes de unas 140 ó 150 asociaciones que decían representar a unos 40.000 trabajadores. Una buena parte de los delegados, unos 30, eran artesanos, y por contra había muy pocos campesinos, solamente 3, y también pocos obreros, 11 en concreto. Pero la mayoría de los delegados representaban al sector textil catalán.

Decían representar a todas las regiones españolas, pero había muchos catalanes (70 en concreto), valencianos y andaluces y muy pocos procedentes del resto de las otras regiones españolas.

Las federaciones locales eran Valencia, Alcoy, Carmona Jerez, Sanlúcar, Málaga, Granada, Valladolid, Madrid, Toledo, Barcelona (que tenía la mitad de los afiliados), y algunas federaciones menores de Extremadura, Aragón, Navarra, País Vasco y Galicia.

En Andalucía no había federaciones locales sino federaciones de oficio, e incluso los que eran pocos en un oficio se afiliaban a un oficio distinto al suyo. Se trataba de pequeños agricultores y de artesanos que veían desaparecer su futuro. Casi todos residentes en ciudades. Su finalidad era preparar una gran revolución hacia el asociacionismo libre. No coincidían con los objetivos de Cataluña, que eran las mejoras salariales y la abolición de quintas.

Presidieron el Congreso Obrero: Farga Pellicer y el francés Andrés Bastelica.

Decidieron lo siguiente:

Fundar la Federación Regional Española de la AIT, rechazar el republicanismo, y organizar secciones, federaciones de oficios y federaciones locales. En ello triunfaron los bakuninistas sobre los sindicalistas puros y sobre los cooperativistas, las otras dos tendencias de entre los reunidos.

Sobre el juego político, decidieron no participar en política y no votar en las elecciones, posición coherente con su ideología bakuninista.

Sobre los republicanos, se decidió rechazar su paternalismo.

Sobre sociedades de resistencia, decidieron que debían dedicarse a la revolución, y no ser de fines socioprofesionales.

Sobre cooperativismo, que quedaba subordinado para después del triunfo de la revolución, pues no era un instrumento de liberación social. El cooperativismo podía servir para movilizar a las masas e integrarlas en el movimiento obrero, pero no servía como instrumento de emancipación de la clase obrera.

Sobre organización social de los trabajadores, se afirmó que el fin de cualquier forma de organización era la revolución. Más allá, cada trabajador tenía libertad de militar en el partido político que quisiera. Se organizaron “secciones”, “federaciones de oficio” y “federaciones locales”. Se teorizó que las federaciones regionales y locales constituirían en el futuro los únicos órganos de gobierno de la sociedad, una vez que fuera abolido el Estado.

Sobre actitud frente a la AIT (era un punto especialmente preparado por Bakunin) se decidió negarse a todo tipo de reformas, acuerdos, alianzas, con los gobiernos burgueses, incluso la participación en política organizando partidos obreros, lo cual era una declaración en contra de la AIT marxista.

Se nombró Consejo General o dirección de la Federación Española, que residiría en Madrid (posteriormente en Valencia y en Alcoy) y cuyos líderes eran Anselmo Lorenzo y Tomás González Morago. Estaba integrado por Anselmo Lorenzo, González Morago, Enrique Borrel, Francisco Mora y Ángel Mora.

 

Los grandes sindicatos catalanes estuvieron callados ante la gran actividad que mostraban unos pocos anarquistas, y éstos dominaron por completo el Congreso, aprovechando que los sindicatos no se lo habían preparado.

Este Congreso de junio fue el primero de ámbito nacional que celebraban los obreros en España. Tenía como precedentes: la Junta Central de Directores de las Clases Obreras de 26 de enero de 1855, pero de ámbito regional; el Congreso de El Obrero (periódico de Barcelona) que reunió a sociedades obreras catalanas; y el Congreso Obrero Catalán de 13 de septiembre de 1868 a favor de la República Federal, el asociacionismo y el cooperativismo.

La noticia del Congreso de Barcelona fue muy positiva para el surgimiento de nuevas agrupaciones obreras: En 1870 se contaba con 1.764 afiliados, que llegaron a ser 11.512 en febrero de 1872, unos 15.000 en agosto de 1872 (la mitad de ellos en Barcelona) y 30.000 en diciembre de 1872. Habían ingresado muchos republicanos y algunos profesores universitarios y periodistas. Tenían unas 100 “federaciones locales” y otras cien en proceso de constituirse. Los centros importantes del socialismo español eran Barcelona, Valencia, Alcoy, Carmona, Jerez, Sanlúcar, Granada, Valladolid, Madrid y Toledo.

Por el contrario, hubo también aspectos negativos: como era una asociación de ideología libertaria, cada delegado, al volver a su pueblo inició un programa de acción propio y diferente del de los demás, poco efectivo por tanto.

El fracaso de la Comuna de París de marzo-mayo de 1871 y la represión posterior de las organizaciones obreras a manos del Gobierno de Francia, reforzó en España las posiciones de los bakuninistas frente a los marxistas. Dijeron que no se podía participar en política ni convivir con partidos represores.

 

 

Evolución posterior del socialismo.

 

En enero de 1871, la Federación Regional Española de la AIT obtendría un gran refuerzo al ingresar en ella la Sociedad de Tejedores del Algodón de Barcelona, el sindicato mayor de España.

En marzo de 1871, ingresaron las federaciones de oficio de la Federación de las Tres Clases de Vapor. Esta federación se había creado en 1868 y agrupaba a hiladores, tejedores mecánicos y jornaleros de la industria textil algodonera. Como tal federación, habían asistido al Congreso de junio de 1870 en el que se fundó FRE de la AIT. La Federación de las Tres Clases de Vapor acordó organizarse como federaciones locales de oficio y, posteriormente, en 1871, casi todas estas federaciones locales de oficio decidieron ingresar en Federación Regional Española, junto a Sociedad de Tejedores, que también ingresó.

Apareció en febrero de 1872 Unión Manufacturera, fruto de la asociación de todos ellos, entidad que existió hasta 1874, momento en el que entraron en crisis estas asociaciones de trabajadores: resurgirían tímidamente en 1881 en torno al periódico El Obrero de Josep Pamias en Cataluña, pero se dividieron entre marxistas y anarquistas. En 1913, la Federación de las Tres Clases de Vapor se integró en Arte Fabril, y más tarde pasó a CNT, desapareciendo definitivamente.

La AIT española propuso el retraimiento político para destruir al Estado.

En septiembre de 1871, la AIT celebró la Conferencia de Londres. España envió a Anselmo Lorenzo. En esa conferencia se constataron diferencias entre los marxistas y los bakuninistas. Anselmo Lorenzo se inclinó por el bando de Bakunin a pesar de que Paul Lafargue le dijo que en ello se equivocaba. Pero el momento obrero español era “antipolítico” y a Anselmo Lorenzo le parecía que el anarquismo encajaba mejor que el marxismo con la psicología de los españoles. En España, optaron por el marxismo Francisco Mora, José Mesa y Pablo Iglesias Posse, todos de Madrid.

Desde ese momento hubo en España dos tendencias claras en el socialismo: los anarquistas escribían en La Solidaridad, dirigida por Anselmo Lorenzo. Los marxistas escribían en La Emancipación, dirigida por Pablo Iglesias, creada en junio de 1871 para defender la creación de “un partido de clase” y la construcción de un Estado Popular.

 

Paul Lafargue, yerno de Marx y convencido marxista, se trasladó a Madrid para implantar el marxismo. Creó una Nueva Federación Madrileña, de signo marxista. Los marxistas eran minoría en España y en el resto del mundo. Su tarea principal era educar a los socialistas, divulgar las ideas de Marx y Engels. La Nueva Federación Madrileña publicó el Manifiesto Comunista y La Miseria de la Filosofía, de Marx, para defender que los obreros tenían derecho a participar en política y a hacer una política diferente que no estuviera al servicio de los burgueses.

En Madrid, también surgió un “antimarxismo” dirigido por Tomás González Morago desde El Condenado.

 

En abril de 1872 se celebró en España el II Congreso Obrero de la Federación Española, que tuvo lugar en Zaragoza, y fue el de la discusión entre marxistas y bakuninistas. Resultó definitivo: en julio de 1872, los marxistas fueron expulsados de la Federación Regional Española. Los bakuninistas definieron el movimiento obrero como radical, dispuesto a romper las estructuras burguesas, tema que creían fundamental. Los marxistas trataban de definir el movimiento obrero como un movimiento de clase que aspiraba a dominar toda la sociedad. Los anarquistas pacíficos, Tomás González Morago y Trinidad Soriano defendían que el internacionalismo debía ser una organización revolucionaria y no un frente amplio sindical, y que la revolución se debía hacer convenciendo a las masas y no por la vía de la insurrección. Por ello, debía limitarse el número de huelgas, porque, a la postre, la huelga era perjudicial para el obrero. Los anarquistas violentos defendían la insurrección permanente a fin de destruir la sociedad burguesa.

 

En septiembre de 1872, al Congreso de La Haya de la AIT, fueron dos delegaciones españolas: Farga Pellicer, González Morago, Charles Alerini y Nicolás Alonso Marselau fueron por los anarquistas. Paul Lafargue y José Mesa fueron por los marxistas.

Los marxistas españoles fueron a menos a partir de 1872, y sus finanzas se resintieron: en abril de 1873 tuvieron que dejar de publicar La Emancipación.

Los anarquistas fueron a más, y publicaban unos 30 periódicos, además de celebrar numerosos mítines, abrir escuelas de adultos, bibliotecas, círculos, ateneos populares… El punto fuerte de su atractivo era pedir menos horas de trabajo y más salario, lo cual era muy atractivo para los españoles de aquella época.

 

 

Economía española hacia 1870.

 

La situación económica empezó a mejorar hacia 1870, pues la nueva cosecha superaba los desastres de 1866 y 1867 y se empezaba a exportar vino a Francia desde varias regiones de España, y conservas desde Logroño. También la producción minera de hierro para la exportación se duplicó entre 1869 y 1870 (tres cuartas partes de ella en Vizcaya), y todavía se volvería a duplicar en 1870-1872. La causa era el convertidor Bessemer, descubierto en 1855 y aplicado a la industria en 1859, que necesitaba mineral no fosfórico y provocaba que Inglaterra decidiera importar mineral de hierro español hasta el 80% de sus necesidades. De modo que los británicos decidieron invertir en España y así surgieron:

En 1866, Tharsis Sulphur, en Huelva produciendo piritas

En 1871, The Cantabria Co. Ltd. creando los altos hornos “Desierto” en Vizcaya, que no llegaron a funcionar hasta 1879 debido a los carlistas.

En 1873, nació Rio Tinto Co.

En 1873, apareció Orconera Iron Co. que trabajaba en colaboración con Ibarra para obtener hematites de hierro.

La recuperación económica tuvo su reflejo en Madrid cuando en 1871, Ashers Morris and Co. pusieron un tranvía tirado por mulas.

También era la época en que se estaba recuperando la industria textil algodonera. La crisis se había producido en 1865 y la recuperación fue de 1871 a 1874. La textil lanera se benefició en principio de la crisis de la algodonera y gracias al arancel Figuerola compró máquinas, y de esta manera Sabadell y Tarrasa superaron definitivamente a Béjar y Alcoy, empresas laneras que ya no se recuperaron nunca del todo de la crisis.

De todos modos, España no tenía un mercado interior articulado y los empresarios dependían mucho del exterior y de la política gubernamental. Por ello, la oportunidad de industrialización con bases firmes se volvería a perder.

 

 

La eliminación de Leopoldo como candidato.

 

El 23 de junio de 1870 se suspendieron las sesiones de Cortes.

El 28 de junio se supo en Madrid que Leopoldo Hohenzollern Sigmaringen aceptaba la candidatura al trono. Prim se sorprendió de que se hubiera decidido, pero contestó que sería proclamado el 20 de julio, una vez convocados los diputados.

El 2 de julio, Francia se opuso a que Leopoldo fuera rey de España. No obstante, el Gobierno español aceptó oficialmente la candidatura el 4 de julio, y Francia amenazó con medidas que podían llegar hasta la guerra. Entonces, el 12 de julio, el padre de Leopoldo, en nombre de su hijo, renunció a la Corona española alegando que no quería ser causa del grave conflicto desatado entre Francia y Prusia. A pesar de todo, el 17 de julio Francia declaró la guerra a Prusia. La guerra duró del 19 de julio de 1870 al 10 de mayo de 1871. España se declaró neutral, pero Prim manifestó que sus preferencias estaban del lado de Francia. España se sumó a la propuesta británica de neutralidad. Los dos contendientes trataron de romper la neutralidad española. En los primeros días de la guerra, Bismarck envió al mayor Von Versen a proponer que España atacase a Francia desde el sur, mientras Alemania lo hacía por el norte. Manuel Silvela estuvo de acuerdo en aliarse con los prusianos. Pero el Gobierno de Prim no aceptó la propuesta. Bismarck insistió alguna vez más.

En noviembre de 1870, el Gobierno de la Defensa Nacional francés, que había expulsado a Napoleón III del trono francés, envió a España al conde de Keratry para firmar una alianza de España con Francia. Pero Prim insistió en permanecer neutral. Y todos los partidos políticos españoles secundaron a Prim en esa postura de neutralidad. España estaba cansada de guerras, y ya tenía suficiente con gestionar su guerra en Cuba, en esos momentos en plena actividad. Además, la prensa francesa mostraba hostilidad y desprecio por España y los ministros franceses hacían declaraciones negativas sobre España.

A finales de 1870, Francia ya no era el intermediario diplomático de España, con lo que España perdía su principal referencia a la hora de tomar decisiones internacionales. Gran Bretaña trabajó en su acercamiento a España. España se pasó entonces a un acercamiento a Italia y Prusia, pero fracasó en esos intentos de cambio de política, y quedó aislada, en tierra de nadie, a finales de 1870. Ello tiene relación con que España propusiese declarar ilegal la Internacional a fines de 1871 y nadie en Europa le hiciera caso. España había declarado ilegal la Internacional AIT y había enviado una circular a los embajadores en Madrid para que todos los Estados hicieran lo mismo, pero no fue escuchada. Francia y Rusia ya la habían ilegalizado en sus países con anterioridad, cuando España no lo hizo. Austria, Italia y Prusia dijeron que consideraban interesante la propuesta española, pero Gran Bretaña se negó a aceptarla, y todos la olvidaron.

Los conflictos no eran exclusivamente francoprusianos: En agosto de 1870, el Presidente español Serrano “conspiró” contra Prim intentando cambiar al Presidente de Gobierno, pero Prim concentró tropas en los cuarteles y se opuso a ser sustituido en el Gobierno.

 

 

Rechazo de Amadeo de Saboya.

 

El 20 de agosto de 1870, Prim reconsideró su postura de apoyar a Leopoldo, y se interesó por Amadeo de Saboya, duque de Aosta, pero esta candidatura era rechazada por los conservadores y unionistas, que proponían otros candidatos. Amadeo de Saboya duque de Aosta, segundo de los hijos de Víctor Manuel II de Saboya, Rey de Italia, presentaba el inconveniente de poder heredar Italia si moría su hermano mayor, Humberto. La candidatura también era rechazada por Amadeo de Saboya, pero se encargó a su padre que le convenciera, y también se actuó a través de la masonería, pues Prim, que era masón, sabía que Amadeo también lo era.

Víctor Manuel II de Saboya, rey de Italia, estaba encantado con tener un hijo como Rey de España. La elección de Amadeo preocupaba en Alemania pues se opinaba que la dinastía italiana era demasiado reciente y no consolidada todavía en bases democráticas, lo cual podía ser efímero. Incluso se pensaba que no era el verdadero candidato sino que se trataba de una simple distracción para plantear el verdadero problema que perseguían los partidos mayoritarios españoles, el iberismo.

La candidatura de Amadeo para el trono de España enfureció al Papa Pío IX y a Giácomo Antonelli, el cardenal secretario. El Vaticano abandonó la política de no definirse nunca y adoptó la de oposición rotunda al Gobierno de España.

La candidatura de Amadeo resultaba así una iniciativa de Prim, y no era una petición de los españoles, ni de las Cortes, y tampoco del gusto de Amadeo de Saboya.

 

 

La Tercera República Francesa.

 

El 4 de septiembre cayó Napoleón III y empezó la Tercera República Francesa. El presidente francés Jules Favre envió como emisario a España al conde Keratry y éste propuso a Prim que se declarase presidente de una República Ibérica, y le prometió la entrega de 50 millones y los barcos necesarios para reconquistar Cuba, a cambio de 60.000-80.000 hombres para luchar contra Prusia. Prim se negó. Entonces Keratry amenazó con no controlar a los carlistas que llenaban el sur de Francia. Prim terminó afirmando que en España no habría república mientras él viviera. Keratry se lo comunicó a los republicanos españoles.

Los republicanos españoles intransigentes pidieron la insurrección, y hablaron con los insurrectos cubanos y los internacionalistas, los cuales comentaron la posibilidad de aportar 30.000 duros a la revolución republicana. Protagonizaba estas conversaciones Fernando Garrido, y desde este momento, José María Orense, dejó de fiarse de Garrido, aunque siguiera éste militando entre los demócratas.

La insurrección no se llevó a cabo, porque Pi no aceptó ir a la ilegalidad. En esto le apoyó Castelar. Pi hablaba por entonces de unos “Estados Unidos de Iberia”, otra idea a tener en cuenta dentro de su modelo de federalismo republicano.

Isabel II de España, se marchó de Francia a Suiza, desconfiando de la III República francesa, pero el Gobierno republicano francés mostró su apoyo a los alfonsinos, partidarios de Alfonso XII, hijo de Isabel II.

 

 

Los republicanos en octubre de 1870.

 

El 2 de octubre de 1870, Prim dio la Ley de Suspensión de Garantías Constitucionales. El 5 de octubre, los republicanos, en señal de protesta, abandonaron el Congreso de Diputados. Pronto comprendieron que esta postura política no les beneficiaba, pues la revolución caminaba hacia la proclamación de un Rey, y Pi i Margall y Emilio Castelar aconsejaron volver al Congreso. Lo hicieron en noviembre, cuando Amadeo ya había aceptado el trono de España.

 

 

La segunda candidatura de Amadeo.

 

Prim buscó entonces, y por segunda vez, al duque de Aosta para ser rey, y Amadeo de Saboya puso dos condiciones: ser aceptado por las Cortes y la mayoría de los partidos españoles, y ser aceptado por las potencias europeas. Prim consultó a las potencias y obtuvo el consentimiento de casi todas, aunque no de Francia, ni de El Vaticano.

Así que se propuso de nuevo a Amadeo. Esta vez, Víctor Manuel II de Saboya convenció a su hijo para que aceptase. Amadeo aceptó con la condición de que estuvieran de acuerdo las grandes potencias.

El 2 de noviembre de 1870 se publicó que Amadeo de Saboya aceptaba el trono de España. El 3 de noviembre, Prim se lo comunicó a las Cortes. Le contestó Emilio Castelar que la revolución de 1868 no se había hecho para instalar una monarquía y que la monarquía no era una forma democrática de Gobierno. Terminaba Castelar exponiendo la paradoja de que un pequeño territorio del antiguo imperio español pusiese Rey en España, lo cual le llevaba a la consideración de que los hechos eran lamentables. Amadeo era un hombre culto y bien educado, y sabía perfectamente el riesgo que corría al aceptar la Corona española, pero también era valeroso y aceptó el riesgo. Incluso cuando nada más llegar a España le comunicaron el asesinato de Prim, continuó adelante afrontando el riesgo.

El 3 de noviembre de 1870, Prim reunió en el Senado a los diputados de la mayoría y les expuso la situación respecto a la búsqueda de un Rey. Topete seguía queriendo a Montpensier, el general Contreras quería a Espartero o al menos a un español que podía ser el propio Prim o Serrano. Prim informó a las Cortes de que la resolución anterior sobre Hohenzollern había fracasado y había dado lugar a una terrible guerra y de que el nuevo candidato era Amadeo de Saboya duque de Aosta. Castelar acusó a Prim de gestionar personalmente la búsqueda de un Rey sin tener en cuenta para nada a las Cortes, excepto para votarle al final, lo cual había llevado a buscar candidatos a la medida de su partido y de él mismo, y no de las necesidades de España. Los monárquicos acusaron a Prim de haber desprestigiado a la monarquía durante la búsqueda de rey. La mayoría de los parlamentarios pensaban que la disyuntiva era la monarquía de Amadeo o la dictadura de Prim y eso era lo que pensaba Europa, que Prim se iba a convertir en dictador. Así que los diputados de la mayoría respetaron la decisión de Prim de aceptar al duque de Aosta.

El ambiente en la calle de Madrid era de exaltación. Estaban en contra del nuevo candidato y creían que había sido impuesto por Prim contra la voluntad de casi todos. 29 periódicos publicaron un manifiesto en contra de Amadeo de Saboya. El clero integrista, o ultramontano como se decía en la época, tuvo un enfado tremendo y muchos se pasaron a las filas del carlismo[1]. Los republicanos se sentían traicionados.

El 14 de noviembre los diputados de la mayoría decidieron reunirse en el Senado para coordinar el apoyo al Gobierno y al nuevo candidato, pues el ambiente político era muy difícil.

La votación de las Cortes de 16 de noviembre de 1870 se hizo en un ambiente de tensión, con ejército en la calle y con los teatros y tiendas cerradas por orden gubernamental. Había 344 diputados en las Cortes. Votaron 311 diputados: 191 votos para Amadeo, 63 para la República (60 república federal encabezados por Pi i Margall, 2 unitaria encabezados por Castelar y 1 sin definir qué tipo de república), 27 para Montpensier, 8 para Espartero, 2 para Alfonso de Borbón, 1 para la duquesa de Montpensier María Luisa Fernanda de Borbón y 19 votos en blanco (que fueron los de Cánovas y su grupo, que eran monárquicos pero explicaron que no querían comprometerse con ningún candidato en concreto). 33 diputados que se ausentaron por una u otra causa.

Amadeo tenía la mitad más nueve de los votos, lo cual era mayoría absoluta, pero escasa. Y lo peor es que no hubo aplausos, ni vivas, ni murmullos en uno u otro sentido, sino un silencio expectante. España era un pueblo ruidoso y vociferante, y los silencios eran signo de preocupación.

Los republicanos eran conscientes de su fracaso: Cánovas y los suyos votaron en blanco. Argumentaban que se estaba eligiendo a ciegas, a una dinastía de la que no se conocía apenas nada y al margen de la voluntad manifiesta de los españoles. Por otra parte, en el plano de la teoría política, Cánovas defendía que los reyes no eran elegibles, que elegirles era degradarles a un concepto republicano. Por eso, votaban en blanco. Otros republicanos pidieron un plebiscito popular sobre el tema de la monarquía.

Los alfonsinos habían perdido. Pero sabían que el príncipe Alfonso de Borbón era un niño incapaz de asumir la Corona, había nacido el 28 de noviembre de 1857 y tenía 12 años de edad, a punto de cumplir 13. La elección de Alfonso hubiera llevado a una Regencia.

Se proclamó rey a Amadeo de Saboya duque de Aosta, se nombró Comisión de 24 miembros, presidida por Ruiz Zorrilla, para ir a buscarle a Florencia, y se cerraron las sesiones de Cortes hasta el regreso de esa Comisión con el Rey.

Prim actuaba como dictador de hecho, y ya hasta le molestaban las Cortes y las opiniones de la oposición y las discrepancias de los generales, lo cual era contradictorio con su pasado de discrepante perpetuo y general que opinaba en todo y de todos frente a Gobiernos pasados.

 

 

Crisis en la Iglesia Católica:

 El Catolicismo Autoritario.

 

El Concilio Vaticano I se venía celebrando desde 1869.

El 18 de julio de 1870, el Papa forzó al Concilio Vaticano a proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción. Esa imposición fue el final práctico del Concilio, que hubo de aplazarse sine die el 20 de septiembre de 1870, lo cual se considera el final oficial del Concilio. El motivo que los católicos alegan para el final, es que los duques de Saboya tomaron Roma, con intención de proclamarse Reyes de Italia, y ya no fue posible reunir de nuevo al suspendido Concilio. Pero de hecho, ya no se celebraban sesiones desde julio y el argumento de que los sucesos de septiembre fueron la causa de su cierre, es poco creíble.

El tema de fondo era otro: el Concilio había tomado la postura más intransigente posible, declarar la infalibilidad del Papa. El catolicismo se escindió y surgió un movimiento, “Vieja Iglesia Católica”, que defendía la democratización de la Iglesia frente a las imposiciones dictatoriales. Los ultraconservadores impusieron el dogma de la Inmaculada Concepción como prueba de fuego contra los católicos más democratizantes.

Los católicos españoles no se atrevieron a romper la Iglesia, pero los católicos españoles de ideas demócratas y liberales quedaron muy dañados en sus creencias religiosas. Serán muestras del nuevo movimiento de descontento católico Galdós en La Fontana de Oro, López de Ayala en Consuelo, y los profesores de la Institución Libre de Enseñanza. Todos ellos se acercaron al positivismo, puesto que ya no podían creer en el nuevo catolicismo. Como al mismo tiempo estaban apareciendo los socialismos, la Nueva Iglesia, la autoritaria, se hizo profundamente dogmática, irracional y radical, condenando por sistema el liberalismo, el positivismo y el socialismo, sin entrar a analizar las causas y problemas que habían generado estos movimientos sociales. La Iglesia entraba en una profunda crisis que dominaría el final del XIX y la primera mitad del XX, pero se desprestigiaría a mediados del XX. Ello no fue patente mientras la religión fue obligatoria y los sacerdotes tuvieron poder político efectivo, pero la Iglesia perdería muchos fieles en España en cuanto dejó de ser religión obligatoria, un siglo después, al caer el franquismo en 1975[2].

 

 

Reestructuración del poder judicial.

 

El 15 de septiembre de 1870, una Ley Provisional del Poder Judicial, auspiciada por Montero Ríos, dividió el territorio nacional en 15 distritos, cada uno de ellos dotados de una Audiencia Territorial dotada de Sala de Gobierno (presidente, presidentes de sala y fiscal). Había tres Salas de justicia en Madrid y Barcelona, dos Salas en la mayoría, y una sola Sala en Las Palmas, Palma y Pamplona. Las Audiencias, al igual que los Consejos emitían disposiciones tomadas colegiadamente que se llamaban autoacordados.

El 31 de octubre de 1870 se abrieron las Cortes. La obra más importante de estas Cortes fue ratificar la citada Ley Orgánica del Poder Judicial. La Ley Orgánica del Poder Judicial ordenaba el funcionamiento de los tribunales en lo territorial y en lo jurisdiccional organizando el Tribunal Supremo, Audiencia, tribunal de partido, juzgado de instrucción y juzgados municipales. También ordenaba la magistratura, fiscalía, secretarios y auxiliares de justicia en cuanto a sueldos, funciones y ascensos.

La justicia se vería ampliamente reformada en los siguientes cuatro años, hasta 1874, por:

la Ley de Procedimiento Criminal  fue aprobada en 1872,

la Ley de Procedimiento Civil no llegaría a ser aprobada como tal ley general, debido a que la Restauración en 1874 paralizó todas las reformas del Sexenio. No obstante, fueron adelantadas algunas leyes de procedimiento civil como:

También, el 15 y 16 de julio de 1870 se publicó la Reforma del Código Penal, cuya base era el código de 1848 (rectificado en 1850). Este Código Penal tipificó los delitos y adjudicó penas de acuerdo al nuevo sistema de libertades. En este Código Penal quedaron prohibidas las asociaciones contrarias a la moral pública, o delictivas, lo cual ilegalizaba a las asociaciones obreras en cuanto eran partidarias de hacer huelgas o protestas.

Este Código Penal de 1870, fue el de más duración de la historia de España, pues estuvo vigente hasta 1928 primero, y desde 1930 a 1932 en una segunda etapa. Después vendrían los códigos de 1932, 1944 y 1995, todos vigentes mucho menos tiempo.

 

 

Otras reformas políticas de 1870.

 

La vida política también tuvo reformas importantes:

La Ley Provincial de junio 1870 democratizando la administración provincial.

La Ley Municipal democratizando los ayuntamientos.

La Ley Electoral de 23 de junio de 1870, conocida como la ley del sufragio universal masculino.

Una ley de Moret sobre la esclavitud, de 4 de julio de 1870, abolía la esclavitud en Puerto Rico, excepto para los nacidos de esclavos allí mismo. Es decir, se prohibía la importación de esclavos. El tema era de más fácil solución en Puerto Rico, donde el número de esclavos y de poseedores de esclavos era más pequeño, que en Cuba, donde los números asustaban.

Montero Ríos promovió también las leyes de:

Ley de Registro Civil de 17 de junio de 1870,

Ley de Matrimonio Civil de 18 de junio de 1870.

 

 

  La Comisión de visita a Amadeo de Saboya.

 

La Comisión de visita a Amadeo de Saboya, decidió que irían tres hombres en tres barcos distintos, los cuales saldrían todos de Cartagena y volverían a Cartagena, y se dirigirían a Génova, desde donde viajarían por tierra a Florencia. Se añadiría a ellos el Ministro de Marina José María de Beranguer.

Había algunos problemas por resolver en el caso Amadeo:  Se trataba de un joven de poco entendimiento, lo cual no debía ser inconveniente, pues muchos Borbones habían estado en el mismo caso, pero lo peor era que no sabía nada de España: no sabía hablar castellano, no conocía la historia de España, no sabía de las instituciones de Gobierno españolas, y sobre todo, no sabía de las “familias políticas españolas” y de sus enfrentamientos internos.

Pero Amadeo tenía a su favor que era una persona honesta, cosa no frecuente entre los dirigentes españoles, una persona que no pretendía acumular riquezas, y ello era mucho más que lo que España estaba acostumbrada a padecer. De hecho, Amadeo quedó estupefacto cuando los miembros de la Comisión española se dedicaron a pedirle cargos y favores y dineros, mucho antes de llegar a ser coronado Rey de España. También se atrevían a decirle lo que debía hacer y no debía hacer a su llegada a España. Amadeo estaba confuso. Empezó a sospechar que la corrupción era mucho mayor de lo que se decía.

Prim actuó diplomáticamente, y solicitó del Papa Pío IX la bendición para Amadeo I de España y para su esposa. De esa manera, esperaba desarmar a los católicos integristas españoles, que también rechazaban a Amadeo.

Amadeo embarcó en el puerto de La Espezia, en el Numancia, el 26 de diciembre de 1870. Hubo temporal, y tardó cuatro días en llegar desde La Spezia a Cartagena.

Prim estaba entusiasmado con el resultado de la búsqueda de un Rey. Un Rey de inteligencia mediocre resultaba perfecto para que Prim siguiera dominando la escena política. Opinamos que preparaba una especie de dictadura, semejante a la de Narváez o Espartero en otras fechas, o semejante a los Gobiernos franceses de esa época, con un rey inoperante.

 

 

Exaltación popular en Madrid.

 

El ambiente de exaltación en las calles de Madrid se podía explicar por otros motivos diferentes a los esgrimidos por los políticos: el fundamental era la carestía de la vida. La carestía, seguramente debida a la crisis económica, no se solucionaba con los cambios políticos de la revolución septembrina, y en 1870, 4.000 obreros se manifestaban en Madrid. En Barcelona se organizó un motín en el que murieron nueve obreros. Algunos historiadores de los movimientos obreros quieren hacer notar la existencia del obrerismo internacionalista pues Fanelli había llegado a Barcelona en 1868 y Lafargue llegaría a Madrid en 1871, pero quizás sea una interpretación demasiado forzada. No conviene exagerar, pues la AIT tenía un total de 29.000 afiliados en toda España en 1872. Las cifras eran reducidas y mucho más en Madrid.

 

 

Crisis del Gobierno en diciembre de 1870.

 

El 1 de diciembre de 1870 dimitió el ministro de Hacienda, Laureano Figuerola.

El 4 de diciembre, la Comisión de las Cortes españolas para ir a buscar a Amadeo, estaba en Florencia y ofreció la Corona a Amadeo, que la aceptó.

El 14 de diciembre, Prim envió un telegrama a Florencia para que retrasasen la vuelta a España debido a los desórdenes que se observaban en la calle. El 19 de diciembre se mandó otro telegrama fijando la fecha de entrada en Madrid para 1 de enero de 1871. También se decidió que las Cortes se disolverían en cuanto juraran al nuevo Rey.

El 24 de diciembre  dimitió el ministro de Gobernación, Nicolás María Rivero, cuando se le ordenó modificar el calendario electoral de las Diputaciones Provinciales para que no coincidiera con la llegada del Rey, y él se negó.

El 25 de diciembre, se puso en contra de Prim y de Amadeo, José Paúl y Angulo[3], un rico cosechero andaluz que escribía en El Combate, y defendía la república federal. Paúl y Angulo decía en esos artículos que Prim intentaba una dictadura y que la conseguiría de hecho, cuando coronase a Amadeo, pues las formas ocultarían el verdadero sentir de Prim. Alegaba que Prim debía ser combatido por la fuerza y los defensores de los derechos del hombre y de las libertades tenían el deber de cortar la iniciativa de poner un nuevo Rey. Los últimos artículos sobre este tema aparecieron el 25 de diciembre de 1870.

Efectivamente, Prim estaba decidido a ejercer todo tipo de violencia, costase lo que costase y sin escrúpulos, para imponer la ley y el orden, que era la misma idea que Narváez y Espartero habían ejercido anteriormente. Pero había una gran diferencia entre Prim y estos generales autoritarios citados: Prim era liberal y masón, y en la logia utilizaba el sobrenombre de “Whashington”, tenía el rango de “capitán de guardias”, uno de los más altos en su logia masónica, y estaba dispuesto a utilizar a la masonería a su servicio. Otra cosa es que la masonería estuviera dispuesta a dejarse utilizar por Prim, cosa que nunca sabremos.

 

 

Asesinato de Prim.

 

Como consecuencia probable de que la elección de Amadeo no gustó a determinados sectores sociales, como los católicos, los republicanos, los populistas, y otros, Prim sufrió un atentado el 27 de diciembre de 1870 y murió tres días después:

El 26, Prim anunció que al día siguiente disolvería los Voluntarios de la Libertad, o Milicias Nacionales que dominaban los federales.

El 26 de diciembre, Ricardo Muñiz, amigo personal de Prim, visitó a Prim para decirle que Bernardo García, director de La Discusión, un diario demócrata-republicano, le había comunicado que estaba preparado un atentado contra Prim para esa misma noche y que le había dado la lista de los diez conjurados, y que el número uno era Paúl y Angulo. Prim mandó detenerlos pero el Gobernador, Ignacio Rojo Arias, sólo encontró a uno. El resto estaba escondido, como veremos más tarde. Tal vez la causa de que Rojo Arias no pusiese el celo necesario, era que circulaban varias listas diferentes, y no le dio la credibilidad que el caso requería. O tal vez estaban en marcha dos conspiraciones contra Prim, y de ahí que existieran varias listas.

Otros diputados sabían de la posibilidad de que hubiera atentado, y trataron de cambiar el horario e itinerario de Prim ese día, y de ponerle escolta, pero Prim se negó a todo.

En la tarde del 27 de diciembre, Pi y Margall atacó duramente a Prim en las Cortes. Estaban discutiendo un Proyecto de Ley sobre la organización de la Casa Real para cuando llegase Amadeo a España.

Al finalizar la sesión, Prim se enfrentó con Pi y con su grupo de republicanos federales en los pasillos del Congreso. Los Federales estaban hablando, en corrillos, de tomar las armas e iniciar un golpe de Estado, a lo que Prim les dijo que se contuvieran. Paúl y Angulo se enfrentó duramente con Prim, y Prim le contestó que se utilizaría la mano dura necesaria para evitar esos conatos de violencia de los republicanos federales. Paúl y Angulo le contestó: “a cada cerdo le llega su San Martín”.

En la noche del 27 de diciembre, hubo una cena de masones, a la que Prim no asistió alegando que tenía viaje a Cartagena al día siguiente, pero eso no era del todo cierto pues no pensaba salir al día siguiente.

Prim salió de las Cortes a las siete de la tarde, ya de noche, nevaba, y se llevó en su berlina a dos diputados, Sagasta y Herreros de Tejada, a los que dejó en sus respectivas casas, que estaban cercanas. Había una gran nevada sobre Madrid.

Subieron entonces a la berlina los colaboradores de Prim, el coronel Moya y el asistente Nandín, y se dirigieron todos al Palacio de Buenavista, residencia de Prim. En la desembocadura de la calle del Turco (hoy Marqués de Cubas) en Alcalá, estaban apostados 8 ó 9 embozados que esperaban unas señales, unos encendidos de fósforos a lo largo de algunas calles para anunciar la llegada de Prim. Un carruaje cruzado no dejaría escapar a la berlina, y otro circulando a la contra le haría detenerse. Una vez detenida la berlina de Prim, subieron al portante con trabucos y descargaron seis tiros sobre Prim, algunos en el pecho y otros en el hombro. Prim bajó de la berlina, subió a su casa, llamó a dos médicos militares, Losada y Vincent, y le hicieron una cura poco profesional. El enfermo se puso peor y el día 30 llamó a un cirujano civil afamado, Melchor Sánchez de Coca, que no quiso hacer nada pues opinaba que Prim estaba prácticamente muerto, tal vez por ineptitud de los médicos que le habían tratado. Cuatro horas después fallecía Prim. Nunca se supo quién le había matado.

Paúl y Angulo se escondió y huyó de España, pero nunca nadie pudo probar si estaba implicado en el asesinato. Regresó en 1873 y en varias ocasiones dijo que él era inocente, incluso lo dijo en Sudamérica cuando ya no tenía nada que temer.

En 1877, el sumario fue archivado “por falta de pruebas”, aunque se cree que había muchos implicados que no convenía políticamente que aparecieran en los juzgados. Y cuando se estaba investigando por historiadores, el sumario apareció emborronado, mojado, y se había perdido casi toda la información. Posteriormente algunos investigadores hallaron que la lista de sospechosos que manejaba el sumario era de doce, y no de diez.

 

 

Gobierno de Topete-Sagasta,

27 de diciembre de 1870 – 2 enero de 1871.

 

Prim, desde su lecho de muerte, pidió a Serrano que nombrase a Topete Presidente interino del Gobierno, encargado de recibir al nuevo Rey. Así que Topete sería por unos días Presidente, Ministro de la Guerra y Ministro de Estado.

Fue un Gobierno interino, entre la muerte de Prim y el recibimiento y jura de Amadeo de Saboya. A partir del 29 de diciembre gobernaba Práxedes Mateo Sagasta.

 

Gobierno de 27 de diciembre 1870:

Presidencia del Consejo, Juan Bautista Topete Carballo / 29 de diciembre 1870: Práxedes Mateo Sagasta.

Estado, Juan Bautista Topete Carballo.

Gracia y Justicia, se mantenía Laureano Figuerola Ballester.

Guerra, Juan Bautista Topete Carballo.

Marina, se mantenía Juan Bautista de Antequera Bobadilla.

Hacienda, se mantenía Segismundo Moret Prendergast.

Gobernación, Práxedes Mateo Sagasta, que volvía después de casi un año en que había sido sustituido por Nicolás María Rivero. En 29 diciembre de 1870 asumiría también la Presidencia del Consejo.

Fomento, se mantenía José Echegaray Eizaguirre.

Ultramar, Adelardo López de Ayala, un viejo unionista.

 

 

El 28 de diciembre condenaron el atentado los unionistas, los republicanos y los carlistas, y parece ser que ninguno de ellos estaba implicado. Se atribuía el atentado a “ciertos círculos” reunidos en los últimos días en Madrid y se habló del director de El Combate, pero este periódico ultra, subversivo y demagógico, republicano federal, también condenó el atentado.

El 30 de diciembre de 1870, a las 21 horas, estaba muerto Prim. El 1 de enero de 1871, el cadáver fue trasladado a la basílica de Atocha. El funeral fue el 2 de enero de 1871 en la iglesia-basílica de Atocha y estuvo presente Amadeo de Saboya, que había llegado a España el 30 de diciembre. Hubo una misa masónica como funeral. La Iglesia se enfadó mucho y se negó a hacerle funerales aduciendo que no había recibido los santos sacramentos y que era masón.

 

 

¿Quién mató a Prim?

 

La policía buscó culpables entre los republicanos y los montpensieristas, pero se detuvo sin sentido a varias personas y por ganas de cubrir el expediente, y todo se sobreseyó en 1877.

Es posible que los republicanos estuvieran cobrando su decepción respecto a lo que iba a ser el Gobierno español. Los republicanos como Figueras, Pi o Castelar negaron siempre que ellos hubieran matado a Prim. Los republicano-federales como Eduardo Chao dijeron que ellos tampoco.

Se llegó a conocer el nombre de algunos de los asesinos, pero nunca quién los había contratado y pagado. Hubo tres grandes sospechosos: Paúl Angulo, el general Serrano y el duque de Montpensier.

Paúl Angulo, el cosechero andaluz republicano federal, había anunciado que el 25 se ausentaba de Madrid y fue visto el 26 en una peluquería con las cejas teñidas de negro (él era pelirrojo). También algunos testigos dijeron reconocer su voz entre los asaltantes, pero otros dijeron que no, y hubo contradicción. Las pruebas eran circunstanciales y sin fundamento. Tras el juicio, Paúl salió al extranjero y allí vivió hasta 1892, lo cual es sospechoso para alguno, porque un hombre pobre como él no tenía medios para pagar esos gastos. Por otro lado, cuando estaba en Sudamérica y ya no tenía nada que temer, siempre negó haber sido él el asesino.

Francisco Serrano Domínguez estaba implicado porque un testigo dijo que los sicarios habían dormido la noche anterior al atentado en casa de José María Pastor, el jefe de la escolta de Serrano. Pastor se defendió en el juicio acusando a todos los que le incriminaban, es decir, con maneras altaneras. Otro testigo dijo haberle visto entre los hombres que asaltaron a Prim la noche del asesinato. Surgieron más incongruencias, pues en el juicio ayudaron a Pastor tres carlistas pagados por una personalidad sevillana (que podía ser el duque de Montpensier). Se acusó a Pastor de reclutar a los diez presidiarios que asesinaron a Prim y de esconderles en su casa hasta la hora del atentado. Un testigo dijo que había escrito todos los detalles en la pared de la casa de Pastor, pero la policía hizo muchos papeles y cuando fueron a casa de Pastor, la pared estaba recién encalada. Serrano, por último, tuvo mucho interés por cerrar el caso, quizás excesivo, lo que confirma la opinión de la esposa de Prim que, cuando le fue a visitar la Reina, en presencia de Serrano, le prometió atrapar a los culpables, respondiéndole la esposa de Prim que no tendría que buscar muy lejos.

El duque de Montpensier quedó fuera del procedimiento, pero su ayudante personal Solís y Campuzano estaba implicado en los hechos, luego era difícil creer que su amo no supiera nada.

 

 

El cuarto sospechoso: El grupo cubano.

 

También se habló de la posibilidad de que Carlos Manuel Céspedes, presidente de los rebeldes cubanos, hubiera pagado o subvencionado el crimen. Pero esa opinión tiene poca verosimilitud.

En Cuba había sin embargo muchos interesados en que no se llevaran a cabo los proyectos de Prim. Y no es que haya pruebas contra ellos, sino que la cuestión responde al “cui prodest”: Prim estaba dispuesto a independizar Cuba, lo cual significaba el fin de sus operaciones comerciales entre Cuba y España, y estaba dispuesto a liberar a los esclavos, lo cual acabaría con los hacendados tradicionales y con los comerciantes negreros. Demasiado oscuro todo ello. Tan oscuro, que nunca he visto dos líneas en los libros de texto españoles dedicadas a los traficantes de esclavos españoles.

Cuba era muy distinta de lo que se pensaba en España: Allí todo el mundo iba a sacar el máximo de dinero para volver a España, a Europa o a Estados Unidos, y disfrutarlo. Los hijos de los hacendados estudiaban en estos países citados dilapidando dinero, y sólo volvían a Cuba para hacer más dinero. En Cuba no había idea de futuro, de continuidad, de proyecto nacional, excepto la de ganar más y más dinero para llevarlo fuera. Los militares destinados allí trataban de medrar. La justicia en Cuba era sumarísima para ahorrar en gastos y para cobrar cuantiosas multas que proporcionasen dinero líquido.

El grupo de presión de los cubanos eran un gran poder, económico y político, organizado tanto en Cuba como en España.

 

Los Gobernadores y militares españoles en Cuba:

Uno de los poderes en Cuba, el oficial, era el de los militares enviados desde España. Fueron Gobernadores de la isla:

1832, Mariano Rocafort Palacín y Abarca.

1834, Miguel Tacón y Rosique.

1838, Joaquín Ezpeleta Enrile.

1840, Pedro Téllez girón.

1841, Jerónimo Valdés.

1843, Francisco Javier de Ulloa.

1843, Leopoldo O`Donnell.

1848, Federico Roncali Ceruti.

1850, José Gutiérrez de la Concha.

1852, Valentín Cañedo.

1853, Juan González de la Pezuela, conde de Cheste.

1854, José Gutiérrez de la Concha.

1859, Francisco Serrano Domínguez.

1862, Domingo Dulce.

1866, Francisco Lersundi Ormaechea.

1866, Joaquín del Manzano.

1867, Blas Villate.

1867, Francisco Lersundi Ormaechea.

1869, Domingo Dulce.

1869, Felipe Ginovés del Espinar.

1869, Antonio Caballero Fernández de Rodas.

1870, Blas Villate de la Hera, conde de Balmaseda.

1872, Francisco de Ceballos y Vargas.

1873, Cándido Pieltaín y Jové Cuervo.

1873, Antonio Cebollín.

1873, Joaquín Jovellar Soler.

1874, José Gutiérrez de la Concha.

1875, Buenaventura Carbó.

1875, Blas Villate.

1876, Joaquín Jovellar Soler.

1876, Arsenio Martínez Campos.

1879, Cayetano Figueroa.

1879, Ramón Blanco Erenas.

1881, Luis Prendergast y Gordon.

 

Estos hombres y sus equipos, o algunos miembros del equipo, estaban a menudo corrompidos por hombres como Julián Zulueta y el Casino Español de La Habana, y fueron importantes en el golpe de 1874. A Leopoldo O`Donnell, Gobernador de Cuba en 1843 y gobernante de España varias veces a partir de 1854-1856, se le acusa de corrupto, de recibir dinero por hacer la vista gorda.

Cuando los militares no aceptaban las “recomendaciones” de los hacendados, éstos llevaban sus protestas a sus contactos en España, y el resultado era siempre el mismo: la destitución del Gobernador. Pero nunca sabremos quiénes se oponían a la corrupción y quiénes participaban de ella. Esta realidad ya se había demostrado cuando en 1853-54, Juan González de la Pezuela conde de Cheste intentó cerrar el mercado de esclavos, y pronto le llegó la sustitución desde España en la persona del general José Gutiérrez de la Concha marqués de La Habana, que ya sabía de qué iba el asunto, y cuando llegó, hizo la vista gorda sobre el mercado de esclavos. De nuevo se demostró cuando el general Domingo Dulce, casado con una cubana, la condesa de Santovenia, quiso enfrentarse a Julián Zulueta, el mayor propietario de haciendas esclavistas, y de nuevo, en 1869, resultó cesado desde España y sustituido por Caballero de Rodas (Felipe Ginovés sólo ejerció interinamente).

Manuel Pastor Fuentes era un coronel retirado que se encargaba de cobrar una cuota por cada esclavo importado a Cuba, dinero que, tras quedarse con su comisión, pasaba a las Reinas María Cristina de Borbón e Isabel de Borbón.

Los cubanos dudaron entre apoyar a los carlistas, lo que hicieron en un primer momento en 1872 o apoyar a los alfonsinos, lo que vieron más viable a partir de 1873, y entonces escogieron como su hombre en España a Francisco Serrano duque de la Torre, al que financiaron para ser Regente de España en 1874. Serrano ya había estado en contacto directo con ellos en su Gobernación de 1859-1862.

Los militares españoles mandados para gobernar Cuba, se veían obligados a apoyarse sobre los “Voluntarios de Cuba”, fuerza paramilitar de los hacendados cubanos para luchar contra la insurrección.

La insurrección estaba integrada fundamentalmente por todos los esclavos huidos de las haciendas, gente que odiaba a los hacendados, pero también por hombres libres cansados de los abusos que observaban en la isla.

 

Los hacendados cubanos.

El otro poder cubano, era el de los hacendados poseedores de esclavos y el de los comerciantes de importaciones y exportaciones, negocio en el que los esclavos eran una parte muy importante. Ambos grupos eran complementarios y se necesitaban. Y saber o descartar quién estaba en el comercio de esclavos, y quién no, es muy complicado.

Este poder era superior al militar, pues podía levantar en armas contra los militares a decenas de miles de hombres armados, libres y esclavos, lo cual les haría imposible la vida a los gobernantes españoles, y causaría la sustitución de los militares, “dada su ineficacia”. Los hacendados cubanos tenían una fuerza paramilitar pagada por ellos que se llamaba Voluntarios de Cuba, y contaba con unos 35.000 hombres, cuyos jefes eran los propios hacendados Ramón de la Torriente, Esteban de la Torriente, Manuel Calvo y Julián Zulueta.

El cuartel general de los “Voluntarios de Cuba” era El Casino Español de La Habana, creado en 11 de junio de 1869 con la aquiescencia de Caballero de Rodas el Gobernador de ese momento. El dirigente principal del casino era Julián Zulueta que era el organizador de las recaudaciones para financiar a los Voluntarios de Cuba. El Casino Español de La Habana fundó casinos por toda Cuba, como los de Matanzas, Santiago, Cienfuegos, Trinidad, Colón, Manzanillo, Baracoa, y Cárdenas, que eran otros centros de recaudación para los Voluntarios. A los casinos, los hombres de negocios van a perder dinero para pagar ciertas deudas, y para subvencionar asuntos turbios, sin que sea muy evidente el pago de una gran cantidad de efectivo.

Los comerciantes traficantes de esclavos[4] conocidos:

Joaquín Gómez, gaditano, fundador del Banco de La Habana, anticlerical y masón. Poseía ingenios azucareros y cafetales. Se le tiene por el mayor traficante de esclavos de la primera mitad del XIX.

Manuel Cardozo, portugués.

Francisco Marty y Torrens, español que había sido previamente bandolero en España. Se convirtió en el administrativo que introducía los esclavos en Cuba.

Manuel Pastor, quien luego sería recordado porque sus herederos fundaron el Banco Pastor.

Antonio Parejo, agente de la Reina María Cristina, gran propietaria de haciendas y esclavos, el cual tenía como contactos en La Habana a Francisco Marty y a Manuel Pastor.

Pedro Forcade, francés, propietario de grandes plantaciones de caña.

Antonio Font, propietario de ingenios azucareros.

Darthes y Brothers, empresa radicada en Londres que tenía varios hombres en La Habana.

Cunha Reis, comerciante en New York, con el consabido contacto en La Habana.

Pedro Blanco Fernández de Trava[5], 1795-1854, malagueño, capitán de barco que había empezado su fortuna en Cuba transportando esclavos para Joaquín Gómez, antes de poder llevar los suyos propios. Llevaba a África ron, tejidos, joyas y armas, y compraba esclavos en Fernando Poo, a unos 20 dólares de media, para luego revenderlos a 350 dólares. También compraba aceite de palma y alimentos. Su gran idea fue crear un establecimiento de almacenamiento de esclavos en Lomboko, en el estuario del río Gallinas (hoy río Moa, en el sur de Sierra Leona) cerca de la localidad de Sulina. Este lugar estaba lejos del Golfo de Guinea, que estaba patrullado por los británicos, y era cómodo para los barcos negreros, que cargaban en muy poco tiempo, unas pocas horas, y sin problemas con los británicos, pues cuando éstos conocían su llegada, ellos ya estaban de vuelta. Pedro Blanco blanqueaba el dinero en Londres y en Baltimore en complicidad con los banqueros de aquellas ciudades. Sus sobrinos Fernando y Julio eran sus contactos en Londres. Sus clientes habituales eran Drake y Cía, el conde de Brunet y Julián Zulueta de Ceballos. Llevaba sus esclavos al Estuario de Gallinas (río Moa), a donde acudían los compradores a cargar sus barcos. En 1840 le vendió su negocio a Pedro Martínez y se fue a Barcelona, donde vivían muchos negreros, pero luego pensó que un lugar tan habitual de negreros le perjudicaba, y se escondió en Génova para no ser hallado por alguno de sus muchos enemigos.

Pedro Martínez, residente en Cádiz y con un delegado en La Habana. En 1840, le compró el negocio de la esclavitud a Pedro Blanco, pero Lomboko fue atacado por los británicos en 1849 y sus cárceles de esclavos fueron destruidas.

  Julián de Zulueta era propietario de tres haciendas con 600 esclavos, que producían 100.000 toneladas de azúcar al año. Tenía molinos de caña y barcos negreros. Había nacido en Álava en 1814 y emigrado a Cuba en 1832 colocándose como representante de los comerciantes cubanos. Tenía contactos con Pedro Blanco en Fernando Poo, en Londres y en España. Poseía 20 barcos que servían para todo tipo de comercio.

  Pedro de Zulueta era primo de Julián y vivía en Londres poseyendo y administrando una naviera que comerciaba con África diversos productos, entre ellos esclavos. Era el hombre de Julián de Zulueta en Europa. Pedro Blanco era socio de Pedro Zulueta.

José Mora de la Bastida, el hombre en La Habana que era conexión con gran número de millonarios asentados en Barcelona.

En 1870 amarró en un puerto cubano el último barco negrero “legal”, y fue el Jibacoa.

Los barcos de los negreros eran clipers fabricados en Baltimore y en Nueva York, porque eran los barcos más rápidos del momento y podían escapar de la vigilancia española. Tenía poco calado y navegaban con muy poco viento. Cuando no estaban “trabajando”, amarraban en La Habana haciendo gala de gran lujo.

Los barcos llevaban banderas de conveniencia: en 1837, el cónsul inglés, David Turnbull, calculaba que, en Cuba, había 71 barcos negreros, de los cuales 40 llevaban bandera portuguesa, 19 española, 9 norteamericana y 1 sueca.

Los negreros eran de origen español, portugués, británico, estadounidense o de diversos países hispanoamericanos recientemente independizados de España. Éstos últimos se denominaban a sí mismos “ayacuchos” igual que los esparteristas.

Los barcos negreros desembarcaban su mercancía en Cuba, Puerto Rico, Nueva Orleans, en las Costas de Brasil y en Buenos Aires.

El lugar de procedencia de los esclavos negros esclavizados por los españoles, era Fernando Poo, una isla cercana a Camerún y a la desembocadura del Níger en Nigeria, especialmente vigilada por los británicos que, cuando abolieron la esclavitud, decidieron perseguir a los negreros, pues consideraban que, una vez abolida la esclavitud en Gran Bretaña, el trabajo mediante esclavos era competencia desleal. Cuando los españoles se vieron demasiado presionados, trasladaron sus almacenamientos de esclavos 4.000 kilómetros más al oeste, a Sierra Leona, con lo cual los británicos estuvieron mucho tiempo despistados. Fernando Poo era también el destino de muchos presos políticos y comunes españoles.

Los hacendados cubanos no se dedicaban todos al comercio de esclavos, pero sí se conocían entre ellos lo suficiente para saber de qué iba el negocio cubano. Sabían quiénes eran los traficantes, compraban y utilizaban esclavos, participaban en el negocio negando información a las autoridades o dando información a los negreros, se beneficiaban de los precios resultantes de esa mano de obra tan barata.

Es imposible saber quiénes eran traficantes y quiénes no, pues la cuestión era, obviamente, reservada. Pero en España los cubanos aparecían como una fuerza unida por intereses comunes.

Los puertos de entrada en España de esclavos, eran Cádiz, Santander y Barcelona, esta última considerada la ciudad más importante de esclavistas españoles.

Los hacendados cubanos poseedores de plantaciones de caña de azúcar y café, de ingenios azucareros de la molienda, y comerciantes internacionales, no siempre residían en la isla, sino que algunos vivían en la Península Ibérica, en Londres o en Nueva York. Las plantaciones eran explotadas con esclavos. Algunos tenían actividades de tráfico de esclavos, pero esto era una actividad “secreta”, aunque entre ellos todos eran sabedores de quién era quién.

Los hacendados cubanos abrieron en España varios “Círculos Hispano Ultramarinos de España”. El de Madrid lo presidía el general Laureano Sanz y lo financiaba el marqués de Manzanedo[6] utilizando el periódico La Reforma. Con ellos estaba relacionada María Cristina de Borbón, Reina-Regente de España en 1833-1840, que era  propietaria de dos haciendas con 800 esclavos y tenía como agente administrador a Antonio Parejo, que fundó una empresa llamada “La Gran Azucarera”, propiedad de la Reina, la cual vendía el azúcar en España.

Estos círculos financiaban artículos de periódico a favor del carlismo o del alfonsinismo en los periódicos de Isabel II (La Época, El Eco de España, El Diario Español), en los de los carlistas (La Esperanza, La Reconquista, La Regeneración), y en el republicano El Debate. Con ello generaban estados de opinión favorables a los intereses cubanos. Les interesaba desprestigiar al liberalismo, puesto que los liberales iban en contra de la esclavitud.

A su vez, los Círculos Hispano ultramarinos organizaron en España “ligas de integridad nacionales” dependientes de los Centros hispano-ultramarinos en España.

Gentes relacionadas de alguna manera con los cubanos, citadas en algún caso como relacionadas con la explotación de la esclavitud encontramos:

En Madrid, a Antonio Cánovas del Castillo; su hermano José Cánovas del Castillo conde del Castillo de Cuba; López de Ayala; Toreno; Juan Manuel de Manzanedo, financiador del Barrio Salamanca; Moyano; Francisco Romero Robledo; Caballero de Rodas; García Llorente; Agustín Fernando Muñoz y Sánchez duque de Riánsares y marido de María Cristina de Borbón.

Y en Barcelona, a Joan Güell y Ferrer[7]; Josep Puig y Llangostera[8]; los Godó Pie (Ramón Carlos y Bartolomé); Antonio López y López marqués de Comillas, fundador del Banco Hispano Colonial; Mañé y Flaquer; Manuel Durán y Bas; Manuel Milá y Fontanals; Joaquim Rubió y Ors; Narciso Foxá Miquel, I conde de Foxá; José Ferrer y Vidal[9]; José Amell y Bou; Salvador Samá i Martí I marqués de Marianao; Antonio Samá Urgellés; Francisco Martí; Rafael Ferrer Vidal; Juan Ferrer Roig; José Vidal Ribas[10]; Josep Xifré[11]; la familia Vidal Quadras; Esther Romeu de Juseu y Armenteros marquesa de Casa Peñalver, de Campoflorido, del Real Socorro y de Bellavista; Pablo Epalza; Miguel Viada Bunyol[12]; Esteve Gatell;.

En La Coruña estaba José Pastor Horta[13].

En Bilbao, estaba Pablo Epalza, fundador del Banco de Bilbao.

Todos los partidos de la derecha española estaban implicados de alguna manera con los cubanos: los unionistas Caballero de Rodas, Cánovas del Castillo, y Pedro Salaverría; los conservadores Topete, López de Ayala, Balaguer y Romero Robledo; los ultramoderados Francisco Queipo de Llano conde de Toreno, Fernández de San Román; los carlistas Echeverría, Vildózola, Canga Argüelles…

Algunos de estos nombres eran o habían sido traficantes de esclavos, otros negociaban con capitales procedentes de los traficantes de esclavos, y otros tenían negocios con ellos. Muchos de estos hombres eran fervientes católicos y, de hecho, con sus dineros se financiaban templos, colegios y establecimientos de caridad. Muchos medios de comunicación católicos estaban también tocados por los negreros.

Se calculaba que entre unos 136 a 180 nobles españoles estaban financiados por los cubanos o tenían intereses en Cuba, entre ellos Mariano Roca de Togores marqués de Molins, Francisco Serrano Domínguez el duque de la Torre, el conde de Orgaz, el marqués de Corvera, el duque de Medinaceli, el duque de Alba, el duque de Medinasidonia, el duque de Unión de Cuba, el barón de Eroles, el barón de Gracia Real.

Todos ellos tenían razones para celebrar la desaparición de quien se oponía a la esclavitud y había hablado con los británicos sobre la posibilidad de abolirla, y además escogía para España un Rey excomulgado. Y mucho más contra quien se proponía deshacerse de Cuba, y con ello liquidar los negocios originados en ella. Pero es este un tema del que no se dice apenas nada en los libros de texto españoles de nuestros centros de enseñanza.

¿Quiénes eran corruptos? ¿Quiénes eran traficantes? ¿Quiénes estuvieron complicados en la trama que acabó asesinado a Prim? Quizás el lector entienda por qué no se sabe del asunto.

 

 

 

 

[1] El símbolo y líder de este clero ultramontano era Vicente Manterola Pérez 1833-1891, nacido en San Sebastián en una familia carlista, con estudios en el seminario de Pamplona, Toledo y Salamanca, profesor de instituto en Pamplona y San Sebastián, sacerdote en 1861, y gran orador. Para defender la causa del Papa, se presentó a elecciones y salió diputado en 1869, siendo el portavoz del integrismo católico. En 1870 se pasó al carlismo, abandonó las Cortes y se fue a Francia. En 1876 sería amnistiado y se hizo párroco en Madrid. Moriría en Alba de Tormes con ocasión de haber organizado una peregrinación para visitar los lugares de Santa Teresa.

 

[2] Véanse: Lenzerweger, Historia del Iglesia Católica, Herder 2006, y Miguel Ángel de la Cruz, Historia del pensamiento español en la segunda mitad del XIX. También es un dato a considerar el que España, tierra que exportaba tradicionalmente misioneros a todo el mundo, recibiera sacerdotes católicos sudamericanos a fines del siglo XX.

[3] José Paúl Angulo, 1842-1892, nació en Cádiz de padres vascos dedicados a la exportación de vinos de Jerez. Su tío, Manuel Blázquez Paúl le imbuyó ideas demócratas republicanas y le puso en relación con Ramón de la Cala Barea, líder republicano de Jerez. Prim le pidió que fuera su contacto en España cuando sus colaboradores habían sido enviados a Canarias por el Gobierno y Paúl y Angulo fue en 16 de septiembre de 1868 a Gibraltar a buscar a Prim y llevarlo a Cádiz. el 20 de septiembre entró en Jerez y formó Junta Revolucionaria, cuyo Presidente fue Ramón Cala Barea. En enero de 1869 fue detenido por organizar una manifestación popular contra el Gobierno. Ese mismo mes fue elegido diputado republicano. En octubre de 1869, Paúl Angulo, Fermín Salvochea y Rafael Guillén se sublevaron en Cádiz contra la Constitución monárquica, y Guillén murió en la sublevación. Angulo se fue a Gibraltar, París y Ginebra. Se acogió al amnistía de 1870. Luego fue diputado y llevó una vida bohemia, vistiendo de cualquier manera, frecuentando tabernas… Cuando Prim fue asesinado, fue acusado de estar implicado en la trama de los asesinos, pero siempre lo negó.

[4] Hugh Thomas, Cuba. La lucha por la libertad. Debate Penguin 2010.

[5] Dolores García Cantús. Fernando Poo. Una Aventura colonial española en África occidental, 1778-1900. Tesis doctoral.

José Luis Sánchez Hacheco, Pedro Blanco y su negra obra. En la www.

José Antonio Bru. Blog.com.

Mr Domingo.com. La Desconocida historia de la esclavitud en España.

José Antonio Piqueras. La esclavitud en las Españas: un lazo trasatlántico. Catarata 2012.

[6] Juan Manuel de Manzanedo y González de la Teja, 1803-1882, marqués de Manzanedo en 1864, era natural de Santoña (Cantabria), donde construyó el Colegio San Juan Bautista para niños pobres, y pagaba 12 camas para enfermos pobres en el hospital. Su fortuna provenía del comercio general y tráfico de esclavos. Regresó de Cuba en 1842 y se instaló en Madrid en 1845, donde fue constructor y banquero.

[7] Joan Güell y Ferrer, 1800-1872, conde de Güell viajó con su padre a Santo Domingo en 1809 y pusieron un almacén de comercio, que fue un fracaso. Joan regresó a Barcelona en 1816. En 1818 regresó a Cuba y esta vez puso una empresa de importación y exportación, cuya mercancía más productiva eran los esclavos. En 1830 volvió a Barcelona y en 1838 fundó la metalúrgica “La Barcelonesa” (en 1841 Tous, Ascacíbar y Cía) que era una fábrica de hierro de fundición y maquinaria textil. En 1846 adquirió una fábrica textil de veladillos (terciopelos) y panas, En 1848 creó en Sants la fábrica de pana “Güell, Ramis y Cía”, la Vapor Vell de Sants, al lado de la España Industrial de los Muntadas. Joan Güell fue impulsor de patronales, tanto en Cuba como en España, donde participó en Junta de Fábricas de Cataluña, Instituto Industrial de Cataluña, Fomento del Trabajo Nacional, y en 1869 Fomento del Trabajo Nacional. Tenía su propio periódico, “El Bien Público”, y su propio banco, Banco de Barcelona. En 1855 fundó “La Maquinista Terrestre y Marítima”. En 1868, al empezar la guerra de Cuba, creó en Barcelona el Círculo Hispano Ultramarino de Barcelona, la conexión con los empresarios cubanos que defendía en España la no independencia de Cuba y la pervivencia de la esclavitud. Su hijo, Eusebi Güell Bacigalupi se casó con la hija de Antonio López marqués de Comillas.

[8] Josep Puig Llangostera, 1835-1879, fue hijo de Miquel Puig Catasús, dueño de la fábrica de hilados La Esparraguera y de Colonia Sedó. Fue un joven rebelde, pero volvió a casa en 1863 para hacerse cargo de las fábricas de su padre, fue socio de fomento del Trabajo Nacional y miembro del Partido conservador de Cánovas.

[9] José Ferrer y Vidal, 1817-1893, fundó “José Ferrer y Cía” en Vilanova y la Geltrú, fábrica que se trasladó Barcelona y fue conocida como la “Fábrica del Mar”. Fue Presidente de la patronal Instituto Industrial de Cataluña, de Fomento de la Producción, de Fomento del Trabajo Nacional. Participaba en la Compañía de Tabacos de Filipinas, en Ferrocarriles del Noroeste, en la Compañía Transmediterránea, en Crédito Mercantil, y en el Banco Hispano Colonial. Tenía grandes propiedades en Cuba.

[10] Miguel Ángel Ordóñez, Dos siglos de bribones y algún malandrín. La corrupción en España desde el siglo XIX hasta la actualidad. EDAF 2014.

[11] Josep Xifré creó Caja de Ahorros de Barcelona, hoy La Caixa.

[12] Miguel Viada Bunyol 1789-1848, estuvo en Venezuela, regresó a España, fue a Cuba, participó en el ferrocarril de La Habana, regreso a Barcelona en 1840 y promovió el ferrocarril Barceloan-Mataró.

[13] José Pastor Horta, 1820 -1877, era hijo de José Pastor Taxonera, negociante coruñés, y fue enviado a Cuba donde abrió un negocio de exportación de tabaco, azúcar, cacao y aguardiente de caña, para lo cual utilizaba barcos propios que llevaban los productos a La Coruña. Era ayudado por su hermano Francisco Pastor. En 1858 regresó a La Coruña.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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