GOBIERNO PRIM EN EL PRIMER SEMESTRE DE 1870.

 

 

Crisis de enero de 1870 en el Gobierno Prim.

 

El 9 de enero de 1870 hubo crisis de Gobierno cambiando Ministros para poner otros que apoyaran la probable candidatura del duque de Génova. El 11 de enero de 1870 hubo nuevo Gobierno presidido por Prim con los siguientes integrantes nuevos:

Estado, Práxedes Mateo Sagasta

Gracia y Justicia, Eugenio Montero Ríos[1]

Marina, Juan Bautista Topete Carballo

Gobernación, Nicolás María Rivero[2]

Se mantenían en sus cargos:

Presidente, Juan Prim i Prats.

Guerra, Juan Prim i Prats.

Hacienda, Laureano Figuerola Ballester.

Fomento, José Echegaray Eizaguirre.

Ultramar, Manuel Becerra Bermúdez.

 

Prim buscaba tener su propio partido y estar preparado para cuando viniera un Rey, Rey que todavía tenía que buscar.

 

Prensa nueva.

 

El 15 de enero de 1870 apareció en Madrid La Solidaridad, periódico escrito por socialistas como Vicente López, Hipólito Pauly, Máximo Ambau, Juan Alcázar, Anselmo Lorenzo, Francisco Mora, González Morago. Pero el socialismo no era todavía un movimiento relevante.

El 10 de febrero de 1870 apareció El Tiempo, propiedad de Francisco Queipo de Llano, conde de Toreno, Manuel Barzanallana e Isabel II, un periódico para defender la causa monárquica, pagado por Isabel II.

 

 

Primeras dificultades de Prim en 1870.

 

El 24 de enero, Castelar propuso de nuevo inhabilitar a todos los Borbones, y Prim volvió a contestar que sólo a los descendientes de Isabel II. Castelar quería inhabilitar a Antonio de Orleans duque de Montpensier. Prim había rechazado a María Luisa Fernanda, hermana de Isabel II y esposa de Montpensier, cuando pronunció el discurso del “jamás, jamás, jamás”, y luego explicó que sólo se oponía a los descendientes de Isabel II. Pero María Luisa Fernanda era hermana de Isabel II y se podía considerar descendiente colateral, y Antonio de Montpensier era cuñado de Isabel II. Prim se había metido en un lío. Montpensier contestó a Castelar, que los buenos candidatos para España eran él o Espartero, o de lo contrario sobrevendría la república.

El 5 de febrero, Prim llamó a una nueva quinta, pero inició la reforma militar prometida, pues creó un cuerpo de batallones de voluntarios profesionales. También redujo el servicio militar a seis años, de los cuales 4 serían en activo y 2 en la reserva. El llamamiento a quintas disgustó mucho a los españoles y los internacionalistas aprovecharon para organizar motines. Hubo barricadas en Barcelona y manifestación de unas 4.000 personas en Madrid. También los campesinos de Galicia se negaron a pagar impuestos. Los carlistas aprovecharon para sublevarse en el País Vasco y en Cataluña. Los internacionalistas estaban creciendo rápidamente y abrieron secciones de la AIT en Mallorca, Cádiz, Valencia, Alcoy, Málaga, Lora del Río, Valladolid, Jerez y otros sitios.

Pero las dificultades de Prim en 1870 eran muchas más, y algunas mucho más graves:

 

 

Iniciativas y dificultades económicas de Prim.

 

El 20 de febrero de 1870, se pensó en el problema del regadío, y una ley reguló las Concesiones de Canales de Riego y las autorizaciones para construirlos. Pero este problema no era tan sencillo como para ser resuelto por una simple ley, y volvería a retomarse en 1883, 1902, 1933 y en tiempos de Franco, que sería al fin quien hizo los regadíos allá por 1950-1960.

En 2 de julio de 1870, José Echegaray Eizaguirre hizo una Ley de Bases Generales del ferrocarril.

Hacia 1870 se instalaron las primeras industrias de producción eléctrica en Madrid, País Vasco, Barcelona y Gerona. Eran compañías locales. Sólo a partir de 1900 se conformaron grandes compañías productoras de electricidad que construyeron grandes presas para obtener energía.

Entre las primeras eléctricas contamos en Cataluña con “Sociedad Española de Electricidad” de 1880, que luego sería comprada por AEG alemana; y la “Anglo Española de Electricidad” de 1882, con mucha participación de capitales extranjeros. Más tarde, ya en el siglo XX, invertiría en electricidad el País Vasco, creando “Electra de Viesgo” en 1906, e “Hidroeléctrica Española” en 1907.

La industria química se desarrolló por la necesidad de la textil de tener tintes y colorantes. Destacó Cros en Badalona fabricando ácido sulfúrico.

Los explosivos y ácido sulfúrico se instalaron en Bilbao en 1872 y se creó una Sociedad Española de Explosivos en 1896.

También en marzo de 1870, Prim se propuso vender Río Tinto, e hipotecar Almadén y Torrevieja, para conseguir dinero. Se disgustaron por ello los republicanos, carlistas, alfonsinos y unionistas, llamando la atención la oposición sobre estos últimos, pues eran parte del Gobierno y protestaban contra decisiones de Prim. Incluso Topete dimitió, aunque esta actuación se atribuyera en otros medios a la no aceptación de Montpensier, su candidato a Rey.

El 24 de marzo de 1870 se autorizó un empréstito, contratado con el Banco de París, por el que este banco adquiría 1.400 millones de reales de bonos del Estado del tesoro español (era un negocio parecido al que había hecho el Ayuntamiento de Madrid en 1869 al contratar con la banca Erlanger la adquisición de su deuda de 76 millones de reales).

 

 

Crisis carlista en 1870.

 

El carlista Cabrera dimitió el 1 de marzo de 1870 por discrepancias con los católicos integristas, y Carlos VII convocó Junta del carlismo en Vevey (Suiza) para reorganizar el carlismo: La cabeza sería el propio Carlos VII y mandaría sobre un partido llamado Comunión Católico Monárquica, mediante un Consejo y una Corte en el exilio. Dentro de España se organizaría una Junta Central del Carlismo (Marqués de Villadarias y Joaquín María Músquiz) y unas Juntas Provinciales y Juntas Locales, así como Juntas de Armamento y Defensa. En la base de todo ello se organizarían centros, casinos, cafés, teatros, y escuelas carlistas.

En esta conferencia de Vevey estuvo presente Antonio Aparisi Guijarro 1815-1872, periodista valenciano y abogado distinguido por sus ideas ultracatólicas, defendiendo el poder temporal de los Papas y atacando al liberalismo, a la democracia y al krausismo. Aparisi se encargó de fundar en París un Directorio Central del Partido Carlista.

Los carlistas habían hecho la misma opción que los republicanos, levantar partidas, y esperaban su momento. Don Carlos entró en Cataluña pero fracasó en su intento de levantamiento. El nombramiento de Cabrera como jefe de sus ejércitos fue también un fracaso, porque Cabrera se había casado con una inglesa y para entonces era liberal partidario de una Constitución.

El 8 de marzo de 1870, Pío IX recibió al príncipe Alfonso de Borbón, hijo de Isabel II, en Roma, dando con ello una señal de que no apoyaba al ultracatolicismo español y prefería la legitimidad isabelina al legitimismo carlista.

En marzo de 1870 los franceses se retiraron de Roma. Habían tenido en la ciudad unas fuerzas de ocupación bajo el pretexto de proteger el Papa. España aprovechó el momento para intentar restaurar las relaciones con El Vaticano, y Práxedes Mateo Sagasta ministro de Estado, que era agnóstico, ofreció su protección al Papa, pero El Vaticano no cedió, no perdonó los decretos sobre el catolicismo dados en España en 1868. El asunto era complicado porque el Papa se entrevistaba a menudo con Severo Catalina del Amo, delegado personal de Isabel II en Roma y el Vaticano tampoco quería romper relaciones con Isabel II. Pero la exreina de España tampoco logró nunca que el Papa y Antonelli condenasen al régimen español de 1868 ni que recibiesen oficialmente a Isabel II. La postura de El Vaticano era no comprometerse.

 

 

Crisis republicana de marzo de 1870.

 

El 6 de marzo de 1870, Pi convocó una Asamblea del Partido Republicano a fin de reorganizarlo. El Partido Republicano defendería a partir de entonces y en exclusividad, la República Democrática Federal, y ningún otro tipo de república. Pi creó un Directorio que presidía él mismo y tendría como vocales a Figueras, Orense, Castelar y Vicente Barberá. Y fijó una táctica de acción política: propaganda para ganarse a la opinión pública, no salirse de legalidad.

Figueras y Castelar no aceptaron el manifiesto de Pi ni las resoluciones de la Asamblea de 6 de marzo.

El partido se había escindido por obra de Pi. Unos eran los “pactistas pimargalianos” y otros los “conciliadores castelarianos” entre los que estaba Figueras. Pi se esforzó por que volvieran los disconformes a la disciplina de partido, pero ello era imposible, pues los modelos de república eran incompatibles.

El 7 de mayo de 1870, el diputado Julián Sánchez Ruano, de el periódico La Discusión, Bernardo García y Miguel Jarro, del periódico La Soberanía Universal, hicieron una declaración de prensa pidiendo un republicanismo amable, que pudiera ser aceptado por sectores amplios de la sociedad. En este programa se incluía la unidad de España y la autonomía de los municipios y provincias para el gobierno de sus propios asuntos, pero con abandono de pactismos, como el de los reinos aragoneses medievales, y sin concesiones a las organizaciones socialistas. También pedían limitaciones al derecho de insurrección hasta que se hubieran agotado todos los recursos legales. Evidentemente era una contestación a Pi y un discurso de apertura a los grandes sectores de opinión españoles.

Los republicanos permanecieron unidos, pero sólo porque esperaban en breve el advenimiento de la República, porque creían que todos los candidatos monárquicos iban a fracasar, y necesitaban estar unidos para tener su oportunidad.

 

 

Prim ante el problema de las colonias.

 

En Cuba, en septiembre de 1868, había mucha tensión en el ambiente, pues los hacendados cubanos pensaban que los revolucionarios españoles abolirían la esclavitud, lo cual significaría una gran conmoción social en Cuba y la ruina para todos los hacendados. Los esclavos negros eran mayoría aplastante y su liberación en bloque y concesión de derechos civiles, seguramente provocaría una catástrofe social, asaltos y violencia, como la sucedida en Ahití. José Antonio Saco, independentista cubano, le comunicó a Salustiano Olózaga, líder progresista español, que no podía abolirse la esclavitud de buenas a primeras, pues sería la ruina de los hacendados y el inicio de una revuelta social de resultados incalculables.

Los hombres de los hacendados cubanos en Madrid, Nicolás Azcárate y Calixto Bernal, pidieron una Junta Provisional de Gobierno en Cuba y otra en Puerto Rico, para hacer las cosas de manera ordenada. Se les contestó que el asunto se resolvería cuando se constituyera el Gobierno revolucionario de España.

Los independentistas cubanos, asustados por el peligro de revuelta social, pidieron ayuda a los Estados Unidos. La Convención Nacional del Partido Republicano de Estados Unidos, reunida en Chicago en mayo de 1868, escogió como candidato a la presidencia a Ulises Grant, un halcón dispuesto a atacar a todos los europeos presentes en América. Grant reconoció inmediatamente al separatismo cubano de Carlos Manuel de Céspedes.

De pronto, Ulises Grant se vio sorprendido por una propuesta de Juan Prim, el cual proponía al embajador de Estados Unidos en España, Daniel Sickles, la mediación de Estados Unidos en el conflicto cubano. Prim proponía una paz basada en una hoja de ruta concreta:

Deposición de las armas por los insurrectos cubanos.

Concesión de amnistía a los insurrectos.

Plebiscito en Cuba sobre la independencia.

En caso de sí a la independencia, abandono de España de la isla de Cuba y pago de Estados Unidos a España de una indemnización.

José Morales Lemus, abogado cubano presente en Nueva York y Washington, se apresuró a rechazar la propuesta de Prim. Morales Lemus, había sido presidente de la Junta de Información en España en 1866, y consideraba que las propuestas del Gobierno español en 1866 no habían sido más que estrategias para conseguir dinero para el golpe de 1868 en España: los españoles habían logrado que la Junta Informativa reuniera 500.000 pesos y se los enviara a los revolucionarios españoles. Estaba convencido de que los revolucionarios españoles no darían lo pedido en la Junta de Información de 1866. José Morales Lemus se sumó a los independentistas.

Cuando la oferta de Prim a Estados Unidos fue conocida en España, hubo una protesta general del Congreso de Diputados y de los Ministros de Ultramar, Manuel Becerra, y de Guerra, Juan Bautista Topete, los cuales se mostraban contrarios a la concesión de independencia a Cuba. Prim empezó a no ser del gusto de algunos españoles.

El general Prim, hombre fuerte del Gobierno de España, decidió dar a conocer a los cubanos las medidas que el Gobierno de España les iba a aplicar. Pero el Gobernador Lersundi, partidario de la represión pura y dura, decidió no publicarlas. Prim prometía igualdad de derechos de todos los cubanos con todos los españoles. Lersundi pidió al general Serrano que le confirmara la orden de publicación del telegrama de Prim, y Serrano se asustó y dejó el asunto en manos de Lersundi.

Francisco Lersundi Hormaechea, 1817-1874, era un general duro que había sido Capitán General de Madrid en 1851, Ministro de Guerra en 1852, Presidente del Gobierno en 1853, Ministro de Guerra en 1853, Ministro de Marina en 1856, Ministro de Guerra en 1864 y por fin Capitán General de Cuba en 1866. Su política como Gobernador de la isla consistió en la persecución dura de los separatistas y la negación de todo diálogo incluso con los reformistas, lo que llevó a los terratenientes cubanos a protestar ante el Gobierno español. Fue destituido en 1867, pero fue repuesto al poco por el no menos represor general Narváez, Presidente del Gobierno en España. Lersundi creó entonces en Cuba unas “comisiones militares” para perseguir independentistas, muy impopulares en la isla, y más cuando aumentó los impuestos para atender a los nuevos gastos. Negoció empréstitos con Estados Unidos e Inglaterra poniendo en garantía terrenos cubanos. En septiembre de 1868 se declaró fiel a Isabel II y no reconoció al nuevo Gobierno de España. A pesar de este despropósito, el Gobierno Provisional le confirmo en el cargo de Gobernador, lo cual era absurdo. El 10 de octubre, día del Grito de Yara que inició la guerra en Cuba, Lersundi no se había enterado de nada, y solamente se le ocurrió organizar batallones de voluntarios cubanos para luchar contra los independentistas, y puso al frente de los mismos a Blas Diego de Villate II conde de Valmaseda. Dimitió en 4 de enero de 1869. Llegado a España, se negó a reconocer al Gobierno español y actuó en conspiraciones y levantamientos para que o volviera Isabel II o se entronizara a su hijo Alfonso XII. Murió en noviembre de 1874, en tiempos de la I República, sin ver logrado su objetivo monárquico.

Se decidió cambiar a Lersundi por alguien más liberal, Domingo Dulce. Cuando Dulce llegó a Cuba, no supo qué hacer ante una situación de guerra abierta, si aplicar reformas o tomar medidas represivas como su antecesor, y no hubo una postura decidida por parte de España.

Tras la revolución de septiembre en España, Adelardo López de Ayala, Ministro de Ultramar en España, decidió emplear tácticas dilatorias en el conflicto cubano. López de Ayala había sido nombrado Ministro el 8 de octubre de 1868, y la revolución armada había empezado en Cuba en 10 de octubre de 1868, Grito de Yara. López de Ayala proponía qué debía discutirse primero, si primero el asunto de la esclavitud, que importaba poco en España y se creía que tarde o temprano se aboliría, o en primer lugar los asuntos políticos y económicos propuestos por la Junta de Información, pues ello afectaba al sistema de percepción de impuestos. Por supuesto, se pospuso el tema de la esclavitud. Ello supuso que muchos abolicionistas se pasasen a los independentistas que ya habían iniciado la guerra. Como en condiciones de guerra, emprender reformas es muy peligroso y no es aconsejable, se pospusieron también las reformas propuestas en 1866. López de Ayala tampoco era partidario de aplicar medidas excesivamente duras y represivas en Cuba, pues decía que con ello se harían crecer las filas de los partidarios de Carlos Manuel de Céspedes.

El 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes inició la rebelión cubana con la proclamación de Cuba como Estado soberano. Era el Grito de Yara. Contaba con 37.000 hombres, mal armados y peor preparados. El 11 de octubre inició marchas sobre diversas regiones de Cuba intentando sumar efectivos a su grupo de sublevados. En la noche del 11 de octubre, encontraron un cuartel español en Yara y, tras unos pocos disparos, la mayoría de los rebeldes huyeron. Los periódicos publicaron equivocadamente que los rebeldes habían sido vencidos en Yara, y por ello, al comienzo de la rebelión se le llamó “Grito de Yara”.

Los sublevados cubanos, tras la derrota de 11 de octubre, lograron reorganizarse en una hacienda cercana, cuando ya muchos consideraban que todo se había perdido. El 12 de octubre de 1868, 300 hombres capitaneados por Luis Marcano, reanudaron la lucha, y ello devolvió los ánimos a todos y se pudo reiniciar la rebelión. Céspedes nombró a Marcano Teniente General y jefe de operaciones. Marcano atacó Bayamo, lugar que estaba defendido por un numeroso contingente español y fue capaz de tomar la población el 20 de octubre. Era el triunfo que necesitaba la rebelión para encontrar los primeros ánimos.

El 4 de enero de 1869, el Gobierno de España nombró a Domingo Dulce Capitán General de Cuba con instrucciones de hacer reformas liberales y, simultáneamente, sofocar la rebelión. Recordemos que a finales de septiembre de 1868 había habido sublevación en España contra Isabel II y la habían expulsado del país y se proponían una revolución progresista. La consigna española para las islas del Caribe era dar libertad de prensa y libertad de reunión, y es lo que hizo Dulce.

A la vista de la nueva posición española, unos próceres cubanos decidieron conversar con Dulce. Fue entonces cuando el Partido Republicano y los hispanófilos en general, hicieron manifestaciones completamente contrarias al diálogo con los insurgentes. Su forma de protesta era provocar todo tipo de desórdenes. Lograron que Dulce fuera relevado en junio de 1869.

Igualmente, en Puerto Rico se aplicó la libertad de imprenta y la libertad de reunión. Betances aprovechó la amnistía para conectar con la Junta Revolucionaria de Cuba y Puerto Rico, sita en Nueva York. Viajó a Washington y allí obtuvo fusiles, pólvora y hombres y organizó una nueva expedición sobre Puerto rico, la cual fracasó nuevamente.

En 1870, Caballero de Rodas, el nuevo Capitán General de Cuba, se atrevía a asegurar que Cuba permanecería fiel a España. Pero Prim temía que no fuera así, y negoció con Estados Unidos el traspaso de la isla, al tiempo que mandó negociar con los cubanos insurrectos y ofrecerles una Constitución autonómica. Para ello, nombró Capitán General de Cuba a Blas Villate de la Hera II Conde de Valmaseda. Pero el 27 de diciembre de 1870, Prim fue asesinado en España.

El 12 de marzo de 1871, Estados Unidos propuso conceder un empréstito a España por 150 millones de dólares al 5% y durante 20 años, redimible a voluntad después de los primeros cinco años. La condición para acceder a este préstamo era acceder a que el préstamo fuera hipotecario con garantía de las islas de Cuba y Puerto Rico. El Ministro español López de Ayala contentó que los Estados Unidos se estaban riendo de España, despreciando a España, y que aquella propuesta era una ofensa.

En Puerto Rico, en 1871, los Reformistas sacaron 14 diputados, mientras los Conservadores sólo sacaron 1. Entonces los del Partido Liberal Conservador decidieron utilizar una táctica de organizar desórdenes sociales a fin de desacreditar al Gobernador español Gabriel Baldrich i Palau, y efectivamente lograron su destitución el 13 de septiembre de 1871.

 

 

El futuro de Cuba y Puerto Rico.

 

En 1872, los Estados Unidos jugaron a difundir la confusión mediante noticias de prensa, como lo había hecho Bismarck en 1870 con Napoleón III de Francia. Publicaron en la prensa que España iba a ceder Puerto Rico a Alemania a cambio de la ayuda de Bismarck en la guerra carlista. La noticia, falsa o verdadera, hizo su efecto, y muchos antillanos renegaron de España y se pusieron del lado de los Estados Unidos.

Amadeo de Saboya no hizo las reformas coloniales prometidas en 1866. Su táctica fue decir que, mientras hubiera guerra no habría conversaciones de paz.

Los Reformistas de Puerto Rico se sumaron al Partido Progresista Democrático Radical de España, creyendo que éste les apoyaría en sus peticiones de alcanzar los derechos que les otorgaba la Constitución española de 1869: derechos individuales, sufragio universal, separación del poder civil del poder militar, Ley de Ayuntamientos y abolición de la esclavitud. Pero el periodo de Amadeo de Saboya fue efímero, de 1871 a 1873, y no dio tiempo a nada.

Los puertorriqueños del Partido Liberal Conservador se unieron a los conservadores españoles y obtuvieron 11 diputados, pero en nuevas elecciones de 1873 volvieron a bajar en escaños y perdieron ante los liberales. El español Ruiz Zorrilla decidió abolir la esclavitud en Puerto Rico y ello encolerizó a los conservadores puertorriqueños. La Ley de abolición no se llevó a efecto por abdicación de Amadeo I.

La Primera República Española decidió posponer la solución del problema cubano porque ya tenía bastantes problemas con el cantonalismo peninsular y el carlismo. Decidió una táctica de “buenismo para con los sublevados cubanos”, les devolvió las propiedades embargadas, suspendió los poderes extraordinarios del Capitán General a fin de que no continuara la represión. El Capitán General, en adelante, debía consultar todas sus decisiones a Madrid. El 10 de julio de 1873, Francisco Suñer Capdevilla propuso la igualdad de todos los cubanos con los españoles. Ello provocó grandes discusiones en las Cortes pues la mayoría de los Diputados se opuso. El 3 de enero de 1874 cayó la República.

En Puerto Rico, los políticos dijeron estar a gusto con el régimen republicano español. La Asamblea Nacional española aprobó la abolición de la esclavitud por 214 votos contra 12, y 30.000 esclavos quedaron libres.

En 1874, al caer la República en España, los Gobernadores de colonias volvieron a tener poderes omnímodos, disolvieron las Diputaciones Provinciales, y el Partido Liberal Reformista de Puerto Rico se desintegró, siendo elegidos desde entonces diputados conservadores.

El 10 de febrero de 1878, Arsenio Martínez Campos firmó la Paz de Zanjón con los rebeldes cubanos.

 

 

Prim ante el problema social.

 

Prim no valoró correctamente la fuerza de los republicanos de Pi, de los obreros de la Federación Regional Española de la Primera Internacional, de los republicanos federales en general, pues todo estaba un poco confundido en esos tiempos. Creía Prim que podía acabar con ellos en cuanto viniese un Rey y se normalizase la acción del Gobierno. Pero la forma practicada de acabar con ellos era la represión pura y dura, y ello no da resultados seguros en política.

Francisco Silvela denunció en las Cortes los asesinatos de Estado que se estaban produciendo en Andalucía a manos de Julián Zugasti Sáenz, probando unos 60, pero afirmando que eran más. La situación había vuelto a las partidas de guerrilleros-bandoleros tantas veces repetida en la historia de España. Había partidas en Ampurdán (Súñer y Capdevila con unos 2.000 hombres), en Lérida (hermanos Castejón), en Barcelona (Lostau, y Jubany), en Reus, en Valls, en pueblos catalanes como Balaguer y Valls, en Barbastro, en Valencia, en Alcira, en Alcoy (donde Froilán Carvajal fue fusilado en Ibi en octubre de 1869), en Castalla, en Cádiz (Paúl Angulo y Fermín Salvochea), en Ronda (Guillén, el cual fue capturado por los carabineros), en Medina Sidonia, en Arcos de la Frontera, en Carmona, en Alcalá de los Gazules, en Puerto de Santa María.

Los republicanos federales disponían de unos 45.000 hombres, lo cual es una cifra muy seria. Pero hay que entender que estaban en distintos territorios y en distintas partidas, dispersos por toda España, y no actuaban conjuntamente, ni tenían organización propiamente militar, ni apoyos dentro del ejército.

Julián Zugasti Sáenz, 1836-1915, era abogado formado en el Partido Progresista. Al llegar a la Jefatura Política de Córdoba (Gobernador Civil), se encontró a muchos criminales impunes, protegidos por señores de grandes familias reputadas como muy dignas. Se encontró un temor social a denunciar, corrupción en los funcionarios e insuficiencia de medios para enfrentarse a los delincuentes. Creó una Partida de Seguridad Pública consistente en 100 hombres con licencia para matar, y logró eliminar a 107 bandoleros entre los que estaban 6 jefes de cuadrilla afamados. Pero lo peor para los señoritos andaluces, es que tenía un fichero de las familias andaluzas que organizaban el bandolerismo, que eran los amos de esas cuadrillas de bandoleros, y que estaban haciendo sus fortunas de manera poco honesta. Surgió el pánico a que se publicaran los nombres y la forma de hacerse algunas fortunas andaluzas. Zugasti escribió un libro, El Bandolerismo. Estados Sociales y Memorias Históricas, 10 volúmenes, publicados entre 1876 y 1930, en el que se dice que aparecían, crípticamente, las familias implicadas, pero que la censura eliminó y borró muchas páginas para que nadie pudiera saber nada de aquello. Si los republicanos federales estaban en contra de Zugasti, las familias más “conservadoras de los bienes ajenos” (conservadoras en política y capturadoras de bienes ajenos en economía), también deseaban su desgracia.

Hasta ahí estaba bien la actuación de Zugasti, pero fue más allá: logró que se le aprobara una “ley de fugas” por la cual cualquier delincuente que intentara escapar de la fuerza pública podía ser muerto. Esta ley fue utilizada en los siguientes 70 años muchas veces y bajo ella cayeron lo mismo terroristas y bandidos como simples sospechosos que eran inocentes, y enemigos políticos que convenía hacer desaparecer. El asesinado de Estado se legalizaba en España.

Francisco Silvela acusó a Zugasti de estar por encima de la ley y dijo que el 25 y 26 de octubre de 1870 habían matado a unas 60 personas por el procedimiento de la “ley de fugas” con la circunstancia de que ningún Guardia Civil había aparecido ni siquiera herido levemente. Y además, los muertos se presentaban a la opinión pública como los ejecutores de los delitos, tapando con ello a las organizaciones secretas, las grandes familias andaluzas, que les tenían en nómina.

A Silvela le contestó Zugasti, el 25 de diciembre de 1870 con ocasión de la dimisión de Nicolás María Rivero en disconformidad con la “ley de fugas”, diciendo que él había conseguido restablecer el orden público en España.

 

 

El problema político en 1870.

 

El 13 de marzo de 1870, Pablo Iglesias Posse se afilió a la Internacional[3]. Con 19 años de edad, empezó a escribir en La Solidaridad, al tiempo que era tipógrafo en el mismo periódico.

En abril de 1870, Rafael Farga Pellicer[4] y Gaspar Santiñón crearon una Alianza de la Democracia Socialista, reflejo de la que habían creado en septiembre de 1868, en Ginebra, Bakunin, Reclus y Fanelli, y que había sido disuelta por Marx en diciembre de ese mismo año. España se declaraba mayoritariamente anarquista. Esta organización se opondría en 1871 a la recomendación de Marx y de la Conferencia de Londres de la I AIT de formar partidos políticos obreros.

En abril de 1870 hubo insurrección antimilitarista en Barcelona. Los obreros catalanes veían que sus reivindicaciones no eran atendidas por los políticos. El prestigioso catalán Francésc Pi, les decía que esperaran. Pero entendieron que lo que venía era un sistema político centralista autoritario y no un federalismo que era el paso que a ellos les convenía.

 

 

La represión hecha por Prim.

 

El 3 de abril de 1870 las Cortes permitieron al Gobierno declarar estado de guerra en las regiones en las que éste lo considerara conveniente. Era más que la simple suspensión de garantías constitucionales pedida en octubre de 1869.

Complementariamente, el Gobierno planteó la recluta de 40.000 hombres para combatir el bandolerismo en Andalucía y las posibles rebeliones federales que surgiesen.

El aspecto general de la revolución liberal de 1868 tomaba caracteres ya conocidos en España y ejercidos por Narváez antes de 1868.

 

 

Eliminación de Montpensier como candidato.

 

A comienzos de 1870, el candidato con más posibilidades para ser Rey de España era Antonio de Orleans duque de Montpensier.

En marzo de 1870, Antonio de Orleans duque de Montpensier y los unionistas, pensaron una maniobra complicada: Fernando de Coburgo, el portugués, podía renunciar a favor de su hijo Augusto, hermano del rey de Portugal, y Augusto casarse con María Amalia de Borbón. La prensa se opuso a esos arreglos.

En medio de una trama tan compleja surgió un problema en la familia de Isabel II: el Infante Don Enrique de Borbón y Borbón Dos Sicilias, republicano, llamó al Infante Don Antonio de Orleans duque de Montpensier, esposo de la hermana de Isabel II, “hinchado pastelero francés”. Antonio de Orleans cometió el mayor error de su vida sintiéndose ofendido, pues retó al ofensor a un duelo a pistola a primera sangre.

Enrique de Borbón y Borbón dos Sicilias y Antonio de Orleans duque de Montpensier, se batieron en un duelo el 12 de marzo de 1870 en la Dehesa de los Carabancheles de la Venta de Alcorcón. Los dos primeros disparos no hicieron blanco, pero en la segunda tanda, la bala de Antonio fue mortal para Enrique, pues le acertó en el corazón. Antonio, un homicida, fue condenado en Consejo de Guerra a un mes de destierro y 30.000 pesetas de indemnización a la familia del muerto. Era un castigo liviano, pero quedó eliminado de la candidatura al trono español.

 

 

Crisis de marzo de 1870 en el Gobierno Prim.

 

En marzo de 1870, Prim anunció la llamada de una quinta de 40.000 hombres, lo cual inició protestas generalizadas: el 13 de marzo se manifestó Madrid contra Prim y la multitud llegó a abuchearle, increparle y tirarle una piedra (se detuvo a los autores del incidente, cinco chicos menores de 20 años). Cataluña y su entorno también protagonizaron algaradas hasta el punto de que el Capitán General Eugenio Gaminde Lafont llegó a cañonear el pueblo de Gracia y declarar estado de guerra en toda la provincia de Barcelona. Prim logró que los hechos no fueran investigados en las Cortes.

El 19 de marzo de 1870 hubo crisis de Gobierno: Prim tuvo un incidente con Serrano pues se enteró de que Serrano le iba a destituir, y reaccionó yendo a los cuarteles de Madrid y amenazando con sacar a las tropas a la calle. Serrano desistió de su propósito. Prim no dejaba el Gobierno. Pero empezaba a perder popularidad, porque estaba tardando mucho en encontrar Rey y la gente murmuraba que quería ser Rey él mismo.

El 20 de marzo de 1870, abandonó Topete el Ministerio de Marina, y fue sustituido por José María Beránger Ruiz de Apodaca[5]. Beránger sería sustituido en 23 de noviembre 1870 por Juan Bautista Antequera Bobadilla[6]

El 31 de marzo de 1870 abandonó el Ministerio de Ultramar Manuel Becerra y fue sustituido por Segismundo Moret Prendergast[7].

 

 

 Eliminación de Fernando como candidato.

 

Eliminado Montpensier, los progresistas, los demócratas cimbrios y el mismo Prim en nombre de los progresistas, que eran mayoría en el Congreso, pensaron en Fernando de Coburgo como candidato, y enviaron a Fernández de los Ríos a comunicarle que, si aceptaba, tenía garantizada la mayoría de los diputados. Le insistieron mucho y trataron de convencerle diciendo que sólo tenía que ser rey dos o tres años y luego abdicar en cualquiera de sus hijos. Pero de ninguna manera quiso aceptar.

Fernando se negó y el 5 de abril de 1870 envió un telegrama desde Lisboa en términos duros. La causa era que Portugal se negaba a unirse a España por esa vía, pues los hijos de Fernando de Coburgo tendrían derechos sobre ambas Coronas. Prim y Fernández de los Ríos insistieron.

El 20 de abril de 1870 Prim logró que las Cortes rechazaran la discusión sobre el duelo entre el duque de Montpensier y su hermano Enrique de Borbón, pero el candidato de Topete perdió todas las oportunidades de ser coronado rey. Esa decisión concordaba con los deseos de Napoleón III, el cual dijo que ningún Orleans debía ser Rey de España.

El 14 de mayo de 1870, Fernando de Coburgo aceptó por fin el trono de España, pero se opusieron a ello: su hijo Luis, Napoleón III de Francia, y Gran Bretaña. Ninguno quería una posible unión ibérica, y Fernando de Coburgo fue descartado.

Fernando de Coburgo era viudo de la reina María Gloria de Portugal y padre del rey Luis I de Portugal, que era quien estaba reinando en Portugal en ese momento. Era el candidato de los progresistas y demócratas, y el argumento de éstos era que representaba la posibilidad, aunque remota, de la unión ibérica. En contra de su aceptación pesaba la opinión, que muchos creían, de que se trataba de humillar a Isabel II trayendo un candidato ya descartado en Portugal y sin posibilidades, antes que a ella o su familia. En la no aceptación de la candidatura de Fernando también tuvo mucho que ver Antonio de Montpensier publicando en su periódico El Incoloro, que Fernando tenía una amante inglesa llamada Fanny Essler.

 

 

Eliminación de Tomás de Saboya como candidato.

 

El candidato más plausible, tras desistir de los ya citados, era Tomás de Saboya duque de Génova, 1854-1931, que era sobrino de Víctor Manuel II.

En abril de 1870 el progresista Manuel Ruiz Zorrilla, y demócrata Cristino Martos propusieron a Tomás de Saboya, duque de Génova, que tenía 15 años y era sobrino y ahijado de Víctor Manuel II de Saboya, pero su madre se negó al saber que no tenía apoyos en España.

Este candidato, que se estaba educando en el Harrow School británico, podía traer a España ideas nuevas de tipo liberal, y podía conciliar a los progresistas con los demócratas. Pero su familia no estaba dispuesta a emprender otra aventura monárquica como la que acabó con la vida de Maximiliano de Austria en México.

Tras el rechazo de Tomás de Saboya, Prim volvió sobre las candidaturas de Espartero y Leopoldo de Hohenzollern Sigmaringen. Espartero persistió en la negativa y se autoeliminó, aunque ya tenía pocas posibilidades.

 

 

Eliminación de Leopoldo como candidato.

 

Otro posible candidato era Leopoldo de Hohenzollern Sigmaringen (llamado por los españoles “olé, olé, si me eligen”), un hombre bien visto por Bismarck y que además era católico. Los Hohenzollern estaban de moda porque Guillermo I y Bismarck estaban unificando Alemania. Guillermo I de Prusia no se opuso. Gran Bretaña no dijo nada ni a favor ni en contra. En ese momento era el candidato preferido por Prim y por Sagasta.

De esta candidatura, lo que le atraía verdaderamente a Prim, era salir de la órbita de Inglaterra y de la de Francia, y empezar a poder hacer una política española autónoma. La candidatura de Leopoldo de Hohenzollern gustó a Prim, que convenció al candidato. Leopoldo aceptó en secreto, quizás por consejo de Bismarck.

La idea había partido de Bismarck, el cual lo había comentado con Guillermo I de Prusia, bajo el aspecto de que la alianza de Alemania y España haría fuerte a Alemania frente a Francia.

Leopoldo era hermano del rey de Rumanía y yerno de Fernando de Coburgo, padre del rey de Portugal. Casado con Maria Antonia Braganza-Coburgo de Portugal, representaba la posibilidad de la unificación de las naciones ibéricas. También su hermana Estefanía estaba casada con un portugués, Pedro, que llegaría a ser Rey de Portugal con el nombre de Pedro V. También tenía la ventaja de ser católico. Elegir a Leopoldo Hohenzollern era proponer la unidad ibérica, lo mismo que si se elegía a Fernando de Coburgo, cuya provecta edad llevaría a una herencia común de ambos reinos. Ambas candidaturas preocupaban en Portugal, y los portugueses se oponían a ellas. Leopoldo tenía como apoyos en España: a Rancés Villanueva, ex-embajador de España en Londres; a Manuel Becerra; al progresista Ángel Carvajal Fernández de Córdoba marqués de Sardoal, yerno de Manuel de la Concha; al director de El Imparcial, Eduardo Gasset y Artime, sobrino de Serrano, venido de Unión Liberal.

Leopoldo de Hohenzollern estuvo a punto de ser votado Rey por las Cortes, pero en el momento en que iban a hacerlo fueron disueltas por un error de un funcionario en junio de 1870.

Una vez disueltas las Cortes, Francia inició tal campaña de prensa contra este candidato, que perdió la idoneidad. Volvería a plantearse la candidatura en julio de 1870. Prusia apoyaba a este candidato para que no resultara rey de España un bávaro católico llamado Wittelsbach, que pudiera pasar el liderazgo prusiano y protestante a la Baviera católica y comprometer así el proyecto de unificación alemana de Bismarck.

Como la abuela de Hohenzollern era una Murat, Bismarck creía que este candidato sería bien recibido en Francia, pero Francia no lo vio así: la prensa francesa consideró una humillación nacional el que no se contara con Francia a la hora de resolver la sucesión española, y sí se contara con Portugal, Alemania e Italia, e hizo una campaña cuyo argumento era que había una intriga de Prim y Bismarck contra Francia. Por eso, Bismarck retiró la candidatura tratando de buscar tranquilidad, pero como la prensa francesa continuó en la campaña del honor francés humillado, cambió de parecer.

La cuestión se hizo pública el 6 de julio de 1870.

Napoleón III de Francia llamó a Francisco Serrano, Regente de España, y le hizo saber que le disgustaba la candidatura de Leopoldo y también exigió que el Rey de Prusia, Guillermo I, diese seguridades de no apoyarle. Bismarck se sintió humillado por que Francia impusiese normas a Prusia. Napoleón III no quería un Hohenzollern, ni un Fernando de Coburgo, ni un Montpensier, ni una república en España. Nadie sabía qué quería Napoleón, y ése fue el error francés.

A partir del error del silencio de opiniones y oposición a todo, surgió el problema del embajador francés Vincent Benedetti conde de Benedetti en Ems, el cual envió un telegrama, “Telegrama de Ems”, que indignó a la prensa francesa y reforzó su tesis de injuria a Francia, de modo que la guerra se hizo popular entre los franceses. El embajador francés, conde de Benedetti, había ido a ver a Guillermo I de Prusia para exigir un documento de no apoyar a Leopoldo para Rey de España. El consejero de Bismarck le comunicó los hechos a su jefe en un telegrama, “Telegrama de Ems” de 13 de julio de 1870, y Bismarck publicó el texto recortado y podado, de forma que mostrara que Guillermo I se había negado en redondo a aceptar chantajes franceses.

Antoine Alfred Agenor de Gramont embajador francés en Viena, estuvo torpe, y Napoleón III secundó la torpeza y tomaron la peor decisión posible: El 19 de julio, Napoleón III declararía la guerra a Alemania. Napoleón III dijo que si se insistía en Leopoldo, lo consideraría casus belli con Francia. Y el rey de Prusia, Wilhlem Friedrich Lugwig von Hohenzollenr, Federico Guillermo III, se indignó con estas declaraciones de Napoleón. El caso amenazaba con una guerra y Leopoldo fue descartado en España.

Napoleón III se enfadó y declaró la guerra a Prusia. Prusia invadió Francia inmediatamente. España, en esta guerra franco alemana, se negó a ponerse del lado de Francia.

Leopoldo se negó a aceptar la Corona de España. Tal vez recordaba la mala experiencia de Maximiliano de Austria en México 1864-67.

Prim entendió que provocar una guerra, en la que sería difícil no verse implicado, no le convenía a España, y descartó al candidato. Ante tales sucesos europeos, en mayo de 1870, Prim rechazó a todos los candidatos franceses y alemanes. Hubo que buscar candidatos por otras vías.

 

 

Profusión de candidatos al trono de España.

 

Entonces surgió un aventurero, el banquero judío danés Teófilo A. Gedalia, que presentó una lista de candidatos nada relacionados con España, y que ni siquiera eran católicos:

Hans de Gluscksburgo, hermano del Rey de Dinamarca, que fue descartado porque se negaba a hacerse católico.

Oscar, duque de Ostrogolia, heredero de Suecia y Noruega, que tampoco quiso hacerse católico.

Federico de Hesse Cassel, hermano de la Reina consorte de Dinamarca, pero estaba en el ejército prusiano que invadió Francia en 1870 y fue descartado por ello.

Constantino de Rusia no tuvo apenas apoyos en España.

El 13 de mayo de 1870, Prim escribió a Baldomero Fernández Espartero[8], por si quería ser Rey de España. Espartero era un hombre muy viejo y sin hijos, y que por ello, representaba una buena baza política, pues dejaría el asunto para un tiempo posterior, y no mucho tiempo. Pero Espartero tenía un pasado político odioso, excepto entre algunos progresistas como Pascual Madoz. Si Espartero pedía la Corona, resultaba ser un candidato polémico en las Cortes y el hecho mismo de pedirla le desprestigiaba aún más, así que renunció, alegando mucha edad, 76 años, y poca salud.

Los conservadores propusieron a Alfonso de Borbón, hijo de Isabel II e hicieron que Isabel abdicase para lograr legitimidad dinástica, pero el candidato fue rechazado de plano por Prim, al que se le adjudica la frase: “jamás, jamás, jamás”. En 1870, Cánovas se declaró públicamente, por primera vez, Alfonsino. Pero decía que no podía presentar la candidatura de Alfonso XII porque creía en la legitimidad dinástica, e Isabel II todavía no había abdicado. La candidatura de Alfonso XII supondría una guerra dinástica entre Isabel II y su hijo, y ello podría dar lugar a una oportunidad para el triunfo del carlismo. Por eso, el Marqués de Molins y el Duque de Sesto pidieron la abdicación de Isabel II. Efectivamente lo consiguieron el 25 de junio de 1870. Antonio Cánovas no asistió al acto de abdicación en el que se declaraba Jefe de la Casa Real a Alfonso de Borbón. Cánovas no quería relacionarse con Isabel II ni con los personajes de su camarilla. Al contrario, los monárquicos de Isabel II sí necesitaban a Cánovas para que les abriera el camino de la restauración borbónica.

No había solución monárquica al caso español. Entonces, Ruiz Zorrilla y Martos le comentaron a Prim que por qué no hacía una República, y Prim dijo que era imposible en un país en el que no había republicanos.

Cánovas opinaba lo contrario y afirmaría poco después, en 1873, que iba a construir una monarquía con republicanos.

 

 

Prim ante el conflicto franco prusiano.

 

El 30 de abril de 1870 Prim estaba por Francia pero algunos de los progresistas de su propio partido estaban por Alemania, donde escucharon opiniones distintas acerca del conflicto franco alemán. Y los españoles acabaron declarándose neutrales, tal y como pedía Gran Bretaña. La neutralidad no fue fácil:

Bismarck envió a España al mayor Max Von Versen a firmar una alianza para invadir coordinadamente Francia, postura que apoyaba Manuel Silvela, pero que no tuvo éxito.

En noviembre de 1870 el Gobierno de Defensa Nacional francés enviaría a España al conde Émil de Kératry para firmar una alianza con España, pero tampoco tuvo éxito.

Francia interpretó mal la no colaboración de España, y ello se notaría mucho en la hostilidad que Francia mostró hacia España tras la derrota francesa ante Alemania: Francia decidió no intermediar por España en política internacional, y España se quedó sola, con la única relación exterior amistosa de Italia.

 

 

Replanteamientos monárquicos en primavera de 1870.

 

Descartado Espartero, parecía que la única solución era la casa de Saboya que recientemente, en 1860-70, había unificado Italia.

El 19 de mayo de 1870 hubo un golpe de Estado en Portugal protagonizado por el mariscal Saldanha. Los portugueses interpretaron que estaba patrocinado por España porque el embajador español se había ausentado días antes y porque la escuadra española se había presentado en aguas portuguesas. Prim negó toda participación española en el golpe.

El 3 de junio, Prim planteó una ley sobre la forma de elegir el nuevo monarca y se aceptó que debía ser votado por la mayoría de los diputados electos y no por la mayoría de los presentes. Como eran 356 diputados, el monarca necesitaría, en todos los casos, 179 votos.

El 11 de junio de 1870, Prim convocó a los diputados para explicarles cómo iban las gestiones de búsqueda de Rey, expuso las dificultades encontradas, explicó que había empezado buscando un candidato en Portugal (Fernando de Coburgo) pero que éste renunció cuando los periódicos portugueses empezaron a hablar de anexionismo español. Dijo que luego había buscado en Italia a Amadeo de Saboya, duque de Aosta, hijo de Víctor Manuel II, pero que éste había rehusado. Que había propuesto después al duque de Génova, sobrino de Víctor Manuel II menor de edad, pero que la madre del chico le había hecho rehusar. Que había buscado un cuarto candidato en Leopoldo Hohenzollern, pero que éste, una vez vistos los motines españoles siguientes a las convocatorias de quintas, renunció. Por tanto, no tenía candidato todavía, y pedía consejo a los diputados. No hubo debate sobre el tema. Ríos Rosas acusó a Prim de estar dilatando la elección de rey para dar tiempo a la mayoría de edad de Alfonso XII.

Complementariamente, Prim cambió la ley electoral en junio de 1870: suprimió el requisito de estar avecindado en el padrón para poder votar, con lo cual, la ley 9 de noviembre de 1868 del Sufragio Universal, mejoró hasta poder votar el doble de electores.

 

 

Abdicación de Isabel II en 1870.

 

Por entonces, la familia de Isabel II era un auténtico caos:

Enrique de Borbón, hermano de Francisco de Asís, el marido de Isabel II, muerto en marzo de 1870 era republicano;

José Güell Renté[9], cuñado de Enrique y de Francisco de Asís, era radical;

Antonio de Orleans, duque de Montpensier, había colaborado en la revolución de 1868 dando dinero para derrocar a Isabel II, y había matado a Enrique de Borbón, el hermano de Francisco de Asís de Borbón;

Francisco de Asís y Paula[10], el marido homosexual de Isabel II, ya no sostenía la ficción de ser la pareja de la Reina Isabel II, hacía declaraciones a favor de los carlistas, y ni los consejos del Papa Pío IX, del confesor de la Reina, padre Claret, de su propio confesor, padre Fulgencio, y de la monja María de los Dolores y Patrocinio (sor Patrocinio que decía tener las llagas de Cristo y obrar milagros), le convencieron para continuar la ficción de hacer vida conyugal con su esposa, a pesar de ser un meapilas y devoto católico.

La propia Isabel II, era otra beata, que además creía en los estigmas y milagros de sor Patrocinio. Lo peor para Isabel era que no aceptaba la situación de que a los 39 años de edad estuviera destronada y sin posibilidades. La ficción del matrimonio se había mantenido hasta 1868, pero en el exilio resultaba insoportable, y ello no era la mejor imagen de una monarquía que se proclamaba católica y quería atraerse a los ultracatólicos españoles en detrimento del carlismo. Isabel II creía que tenía una legitimidad histórica y otra católica, y ambas la destinaban a Reina de España. Sólo Cánovas veía claro que había que cambiar el concepto de la monarquía y aceptar que la soberanía provenía del pueblo y que el pueblo tenía unos derechos y unas libertades. Isabel II prefería seguir los consejos de su camarilla integrada entonces por Carlos Marfori (que se oponía a que abdicara en su hijo), Jacinto María Ruiz, Alejandro de Castro y Sor Patrocinio.

El 25 de junio de 1870, Isabel II abdicó, tras haber hecho testamento el día anterior.

Isabel II tenía una economía altamente deficitaria pues ingresaba menos de 0,5 millones de francos anuales, y gastaba 2 millones al año en pensiones de sus familiares y allegados, periódicos, estudios de su hijo, palacio… Pagaban sus gastos desde España El Eco de España, La Política, El Diario Español, y digamos que también subvencionaban, porque no perdían demasiado dinero en ello, a El Tiempo y La Época. Así que Isabel pidió dinero a sus partidarios, a José Osorio Silva marqués de Alcañices y duque de Sexto; a Jacinto María Ruiz marqués de Vallejo; y reclamó los dineros prestados al marqués de Salamanca, que ascendían a 3 millones de reales[11].

 

 

[1] Eugenio Montero Ríos, 1832-1914, de familia de caciques de Galicia, empezó estudios en un seminario. Fue atraído por la personalidad de Prim y fue ministro de Gracia y Justicia en 1870. En 1873 acompañó a Amadeo hasta Lisboa. En 1873 fue cofundador del Partido Republicano Democrático, cuyo líder era Cristino Martos. En 1877 participó en la ILE y fue nombrado rector de la misma. En 1881 se unió a Sagasti y fue ministro de Fomento en 1885 y de Gracia y Justicia en 1892. Fue uno de los negociadores del Tratado de París de diciembre de 1898. Presidente del Gobierno en junio de 1905.

[2] Nicolás María Rivero, 1814-1878, fue niño expósito adoptado por unos artesanos de Jerez de la Frontera, y estudió Medicina y Derecho. Fue cofundador del Partido Democrático en 1849, y estuvo en la revolución de septiembre de 1868.Fue alcalde de Madrid en 1868-1869, y Ministro de Gobernación en enero de 1870. En 1873 apoyó la República y el 23 de abril de 1873 dirigió en Madrid una sublevación contra los federales, por lo que se tuvo que exiliar.

[3] Descubrió entonces que se llamaba Pablo y no Paulino como venía llamándose hasta entonces, porque el cura en el bautizo le había inscrito como Pablo.

[4] Rafael Farga Pellicer 1844-1890 había nacido en Barcelona y era tipógrafo. Se hizo republicano y desde esta postura ayudó en la revolución de septiembre de 1868. En 1869 se reunió con Fanelli, y fundó el grupo anarquista de Barcelona. En septiembre de 1869 fue al Congreso de Basilea y conoció a Bakunin. Ingresó en Alianza de la Democracia Socialista. En junio de 1870 estuvo en el Congreso Obrero Nacional y luchó por la línea apolítica propia del anarquismo. En 1872 estuvo en los congresos de La Haya, Saint Imier y Córdoba. En 1873, en el congreso de Ginebra. En 1874, en el congreso de Bruselas. En 1881 acusó a la dirección de la Federación Regional Española de maximalismo insurreccional, logró que se destituyera a la dirección y, siete meses después, fundó Federación de Trabajadores de la Región Española, de ideología anarquista.

 

[5] José María Beránger Ruiz de Apodaca, 1824-1907 fue ministro de Marina en seis ocasiones, marzo de 1870, junio de 1872, febrero de 1873, noviembre de 1885 y en 1890.

[6] Juan Bautista Antequera Bobadilla 1823-1890 fue ministro de Marina en noviembre 1870, en 1883-1884, en abril de 1876 y en enero de 1884

[7] Segismundo Moret Prendergast, 1833-1913 era hijo de comerciantes gaditanos partidarios del librecambismo y se hizo catedrático de Instituciones de Hacienda. Fue ministro de Ultramar en marzo de 1870 y de Hacienda en 1871. En 1875 fundó el Partido Democrático Monárquico, que en 1882 se fusionaría con Izquierda Dinástica para acabar en el Partido Liberal Fusionista de Sagasta. Fue ministro de Gobernación en 1883, de Estado en 1885, de Gobernación en 1888, de Fomento en 1892, de Estado en 1893, de Ultramar en 1897, de Gobernación en 1901, de Gobernación en 1902, Presidente del Gobierno en diciembre de 1905, ministro de Gobernación en 1909, Presidente del Gobierno en octubre de 1909.

[8] Joaquín Baldomero Fernández, conocido como Espartero, 1793-1879, había sido Regente de España en 1840, era popular entre los progresistas, y le avalaba Pascual Madoz.

[9] José Güell Renté había nacido en La Habana en 1818, pero era hijo de catalanes. Fue a estudiar a Barcelona doctorándose en derecho en 1838. Regresó a Cuba, pero volvió a España en 1848, compró fincas, apoyó el golpe de 1854 y fue diputado por Valladolid y tuvo que exiliarse en 1856, siendo amnistiado por O`Donnell. Se casó con Josefa, hija de Francisco de Paula (el padre de Francisco de Asís y Paula, marido de Isabel II, y de Carlota Joaquina de Nápoles) y era por tanto cuñado de los reyes de España. Josefa había sido compañera de juegos infantiles de Isabel II y Güell pasó a ser uno de los privados preferidos por la ex reina de España.

[10] Francisco de Asís Borbón y Borbón, no vivía con Isabel en París, sino que tuvo casa propia en principio, y más tarde se fue a vivir a Epinay, hasta su muerte en 1902, lo cual significaba otro problema pues requería dinero, e Isabel II le contestaba que los valores de bolsa se cotizaban muy bajo y la confianza de los Rotschild para concederle préstamos era poca.

[11] El marqués de Salamanca había llegado a ser el hombre más rico de España en los años 50 y 60, y era el dueño del Banco de Isabel II desde que lo fundara en 1844, y en sus negocios invertían las gentes de palacio como el duque de Riánsares Fernando Muñoz (esposo de María Cristina), Narváez y la propia reina. La crisis de 1866 fue fatal para Salamanca, porque los pisos del Barrio de Salamanca de Madrid dejaron de venderse y Salamanca tenía que hacer frente a sus letras que seguían venciendo. De momento pidió un préstamo personal a Isabel II, de 3 millones de reales. Salamanca creyó poder superar la crisis y se puso a vender valores, inmuebles y obras de arte, pero la crisis era duradera y todavía debía 6 millones de reales cuando se quedó arruinado. Dejó de pagar intereses por las deudas que tenía, y acabó muriendo con una deuda de 48 millones de reales, que se transformaron en pérdidas para sus acreedores.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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