Conceptos clave: gobierno de Práxedes Mateo Sagasta en septiembre de 1874, la iniciativa de los alfonsinos, pronunciamiento de Martínez Campos, final del carlismo, valoraciones del Sexenio.

 

 

Gobierno oficial de Sagasta,

3 septiembre 1874 – 31 diciembre 1874.

 

Práxedes Mateo Sagasta tenía experiencia de Gobierno, había gobernado en 1871 con los republicanos. Y había sustituido a Zabala entre 29 de junio y 3 de septiembre de 1874.

En septiembre de 1874 tenía que gobernar una república, cuyo Presidente era Serrano, con  un Gabinete enteramente monárquico del Partido Constitucional. La situación era la misma que durante el Gobierno Juan Zabala, y por tanto, hizo muy pocos cambios en el Gobierno, solamente Gracia y Justicia, Guerra y Fomento.

Presidente del Consejo, Práxedes Mateo Sagasta.

Estado, Augusto Ulloa Caatañón.

  Guerra, Francisco Serrano Bedoya[1]

Marina, Rafael Rodríguez de Arias y Villavicencio.

Fomento, Carlos Navarro Rodrigo[2].

Gracia y Justicia, Eduardo Alonso Colmenares

Hacienda, Juan Francisco Camacho de Alcorta

Gobernación, Práxedes Mateo Sagasta.

Ultramar, Antonio Romero Ortiz.

 

Cambios respecto al Gobierno Zavala de 13 de mayo:

Gracia y Justicia, Eduardo Alonso Colmenares

Guerra, Francisco Serrano Bedoya[3]

Fomento, Carlos Navarro Rodrigo[4].

 

 

La iniciativa de los alfonsinos.

 

Alfonso de Borbón, a propuesta de Cánovas del Castillo, fue a Inglaterra, teóricamente a aprender inglés y conocimientos militares, y en la intención de Cánovas a fortalecer su carácter, ingresando en la escuela militar de Sandhurst el 19 de octubre de 1874, cuando tenía 16 años de edad (había nacido en 28 de noviembre de 1857). Sus estudios fueron cortos, pues en diciembre de 1874 fue llamado a reinar, emitió el Manifiesto de Sandhurst el 28 de diciembre, durmió en Londres, fue a París el 30 de diciembre y recibió a los monárquicos españoles el 1 de enero de 1875.

El 28 de octubre de 1874 el príncipe Alfonso cumplía 17 años, y recibió las felicitaciones de muchas familias españolas. A partir de octubre, Cánovas intentaba recuperar la iniciativa como jefe del alfonsinismo que podía estar en peligro desde las manifestaciones militares de agosto pasado. Las felicitaciones estaban manejadas por los monárquicos y trataban de forzar a Cánovas a dar un paso adelante.

El 1 de diciembre de 1874, Cánovas lanzó el órdago monárquico con el Manifiesto de Sandhurst en el que Alfonso XII prometía ser un Rey moderno para España. Cánovas contestaba a las felicitaciones del mes anterior con un escrito que se presentó como algo espontáneo del Príncipe, como correspondencia afectiva a esas felicitaciones. La contestación del Príncipe Alfonso, o de Cánovas, se conoce como el Manifiesto de Sandhurst.

El 1 de diciembre de 1874, algunos periódicos de Francia y de Alemania, y algunas cartas personales del Príncipe Alfonso a familias españolas destacadas, publicaron ese Manifiesto de Cánovas. En España no lo publicarían El Tiempo y La Época hasta 27 de diciembre de 1874, un mes más tarde. Cánovas le hizo decir a Alfonso de Borbón que no haría una monarquía de partido, sino que quería ser Rey de todos los españoles.

El Manifiesto fue tomado por los militares como la ocasión de que Cánovas se sumara al movimiento de traer a Alfonso XII a España, aunque Cánovas seguía resistiéndose a forzar las cosas e insistía en que había que seguir esperando la ocasión perfecta.

Los que se sumaban a Cánovas eran generales que habían tenido responsabilidades en Cuba:

José Gutiérrez de la Concha Irigoyen (Manuel había muerto en junio);

Juan Manuel González de la Pezuela y Ceballos conde de Cheste y marqués de la Pezuela, conocido como Cheste;

Blas Diego de Villate y de la Hera, II conde de Valmaseda y I marqués de Velada, conocido como Valmaseda;

Antonio Caballero y Fernández de Rodas, conocido como Caballero de Rodas,

Arsenio Martínez-Campos Antón.

También se sumaban a Canovas importantes empresarios:

José Ferrer i Vidal,

Joan Güell I Ferrer, I conde de Güell.

Enrique Foxá Basolls de Miquel, conde de Foxá.

Joan Amell i Bou,

Ello nos da pie a pensar que el grupo cubano había aceptado a Cánovas. También nos permite suponer que creían que el grupo de Juan Prim quería dar libertad a los esclavos y dar autogobierno a los cubanos, mientras que con Cánovas era posible mantener sus negocios.

A fines de 1874, Cánovas era consciente de que iba a tener éxito en sus planes de coronar a Alfonso XII. Lo único que podía impedirlo era un pronunciamiento militar en su contra. En otro tiempo, hubiera hablado con Cheste para ser él quien diera el golpe militar, a favor de Alfonso, pero no lo hizo.

El organizador de la trama golpista fue el Marqués de Valmaseda, y fue esta persona quien reclutó a Martínez Campos para dar el golpe.

 

 

El pronunciamiento de Martínez Campos[5].

 

Se trataba de una crisis dentro del Partido Alfonsino, en la que varios generales y algunos civiles se rebelaban contra la jefatura de Cánovas. Martínez Campos vio la ocasión de acceder a la dirección del partido, y con ello al Gobierno de España. Fracasó en ello.

Arsenio Martínez Campos, un general moderado, no fue capaz de asumir el fracaso y, desde la Capitanía General de Barcelona se pronunció a favor de Alfonso XII, siendo condenado a prisión en el castillo de Bellver en Mallorca en 1874. Salió en su defensa el Capitán General de Castilla la Nueva, Fernando Primo de Rivera. Arsenio Martínez Campos aceptó retirarse de la política y volvió a Madrid.

A su regreso a Madrid, tenía decidido dar el golpe de Estado: Martínez Campos tenía un hombre de su confianza en Valencia, llamado Luis Dabán, brigadier residente en Sagunto, jefe de la Brigada Segorbe, el único de los alfonsinos con mando real sobre tropas en ese momento, y Martínez Campos salió de Madrid para Sagunto el 27 de diciembre de 1874, el día que los periódicos publicaban el Manifiesto de Sandhurst. Martínez Campos salió de Madrid hacia el norte, vía Ávila, en dirección contraria a su destino final, para dirigirse después hacia levante, y el 29 de diciembre arengó a los soldados de Dabán y proclamó Rey a Alfonso XII en Sagunto. Telegrafió al general Joaquín Jovellar, jefe de las fuerzas del Centro, al Presidente del Consejo de Ministros, Sagasta, al Ministro de la Guerra, Serrano Bedoya, invitándoles a sumarse a la proclamación, y obtuvo la adhesión de Jovellar. Aceptaron colaborar: Joaquín Jovellar; Fernando Primo de Rivera Capitán General de Madrid; y  Blas Diego de Villate y de la Hera II conde de Valmaseda, que estaba en Ciudad Real.

Martínez Campos tenía prisa porque, si el Gobierno cambiaba, se detendría a todos los generales implicados en el pronunciamiento ya descubierto, y la maniobra fracasaría.

Cánovas condenó el golpe de Sagunto, que le parecía precipitado y no entraba en sus planes. Incluso escribió un artículo para La Época en el que rechazaba a los pronunciados, pero el artículo no fue publicado por José Ignacio Escobar, que estaba en la trama del golpe. Esa crítica de Cánovas hacía que Primo de Rivera, Capitán General de Madrid, dudase si sumarse al golpe. Sólo el 30 de diciembre de 1874 por la tarde se sumó Primo de Rivera, y sentenció así el resultado del golpe. Primo de Rivera lideraba entonces a los de Unión Liberal, y Cánovas tuvo mucho interés en coordinarse con él. Martínez Campos representaba al Partido Moderado, y Cánovas quería distanciarse de ellos lo suficiente para poder hacer una monarquía no ligada a ese partido.

Cánovas había obtenido para Alfonso XII el visto bueno de los republicanos franceses, del Gobierno de Alemania, de Austria que era uno de los apoyos más fuertes del carlismo, y de Gran Bretaña. Sólo el Vaticano se mantuvo “en un cauto silencio” para no desairar a sus fieles católicos que eran carlistas. Pero Alfonso era demasiado joven y no había hecho sino empezar sus estudios en Sandhurst, academia militar en la que debía estar al menos dos años, y en la que sólo estaría un trimestre.

Los constitucionales, los radicales, los comerciantes y propietarios cubanos (entre ellos las familias Juan Manuel de Manzanedo y la familia Zulueta), y la mayor parte del ejército se decantó por Alfonso XII. Cánovas tenía un éxito superior al previsto.

Isabel II había abdicado en 1870 en Alfonso, y en 1873 Cánovas había sido nombrado jefe del partido alfonsino. Todo estaba preparado, menos el inconveniente de la minoría de edad. Por eso Cánovas quería esperar algún tiempo, pero las circunstancias le sorprendieron. Isabel II quería adelantar la coronación de Alfonso porque temía las intrigas de Montpensier. Cánovas quería retrasar la coronación porque, además de llegar a la mayoría de edad en poco tiempo, convenía que pasasen las últimas oleadas revolucionarias y cantonalistas, para que el reinado empezase sin contratiempos, fuerte. Tampoco le venía mal al príncipe aprender un poco de disciplina en una academia militar. Isabel estaba dispuesta a pactar con quien fuese para coronar a su hijo. Cánovas no quería pactar ni con montpensieristas ni con carlistas.

El 30 de diciembre, el ejército del norte, que estaba luchando contra los carlistas, se adhirió a la propuesta de Martínez Campos. Serrano Bedoya, que estaba con ellos, no tuvo más remedio que adherirse también. El 30 de diciembre, el general Primo de Rivera anunció que el Gobierno se adhería al pronunciamiento de Martínez Campos y, entonces, Serrano se exilió.

Serrano había cometido varios errores, como no elaborar un programa de Gobierno y no aclarar cuánto tiempo pensaba quedarse en el poder, y no reunir a las Cortes para comunicárselo. Ante tantas indefiniciones, los españoles acabaron pensando que era mejor un plan como el de Cánovas, moderado, que la incertidumbre de Serrano. Serrano capitaneaba una república que se avergonzaba de sí misma y que ya no ilusionaba una vez vistas las violencias de que eran capaces los republicanos. Y la cúpula militar no quería una república presidencialista. Los hacendados cubanos, por su parte, no querían ningún tipo de república.

Cánovas asumió la dirección del Gobierno el 31 de diciembre de 1874. La Gaceta lo denominó el Ministerio-Regencia, porque era un Gobierno que no estaba bajo ninguna Constitución y que pretendía hacer una Constitución nueva. Pero no era oficialmente ninguna Regencia.

Cánovas llamó inmediatamente a personajes del Partido Moderado y de Unión Liberal, que en ese momento militaban en varios partidos, y quiso hacer un Gobierno de unidad de los moderados.

 

 

El final del carlismo.

 

Tras el pronunciamiento por Alfonso XII de Martínez Campos en Sagunto del 29 de diciembre de 1874, el 6 de enero de 1875, Carlos VII protestó diciendo que sólo él era el Rey legítimo. Pero el sistema de Cánovas garantizaba el orden público y el catolicismo, y además, garantizaba la paz, daba promesas de indulto y de reintegración en el ejército a los oficiales carlistas y empezaron las defecciones: Cabrera reconoció a Alfonso XII y le siguieron Díaz de Rada, Aguirre, Caso, Estartús, Nombela y otros carlistas. El golpe final lo dio Pío IX reconociendo a Alfonso XII y nombrando Nuncio a Giovanni Simeoni. La baza del catolicismo se había perdido para el carlismo.

En 1875, las cosas se les pusieron muy mal a los carlistas. La represión hecha por Cánovas fue muy dura: Cánovas empezó a embargar bienes carlistas, deportar carlistas, incendiar haciendas carlistas, y los campesinos vascos y catalanes, que eran la base del carlismo, se desmoralizaron.

En febrero de 1875, los gubernamentales ocuparon Puente la Reina, punto clave de las comunicaciones navarras.

Cataluña y El Maestrazgo fueron ocupados en 1875 por los gubernamentales, y en julio de 1875 los carlistas hubieron de abandonar esas zonas y marchar a Navarra. Tras este fracaso, Savalls fue acusado de pasividad y llamado a juicio sumario. En noviembre de 1875 no quedaba carlismo en Cataluña. Cánovas trasladó sus soldados al País Vasco y a Navarra.

En 1876, los carlistas no tenían dinero para hacer una guerra tan intensa como Cánovas proponía, y los campesinos vascos y navarros, castigados por Cánovas, ya no podían dar más. El desastre era inminente y el cambio del jefe carlista José Pérula de la Parra, un nativo navarro, cambiado por Alfonso María José Alberto de Borbón dos Sicilias conde de Caserta, un extranjero napolitano, no podía mejorar las cosas. El conde de Caserta era hijo de Fernando II de Nápoles, excombatiente en la guerra a favor de los Estados Pontificios contra Saboya.

En enero y febrero de 1876 tuvo lugar la gran ofensiva de Cánovas, y la toma de Estella en febrero de 1876 puede ser considerada el final de la guerra carlista, aunque en marzo todavía quedaban algunos carlistas, que huyeron a Francia.

 

 

Valoraciones del Sexenio.

 

La deformación de relatos sobre el Sexenio que se hizo con posterioridad, nos deja estupefactos:

Los restauradores borbónicos, o conservadores, presentaron el Sexenio como la época de quema de conventos, destrucción de campanas, matrimonios no religiosos y encarcelamiento de sacerdotes… es decir, una visión completamente negativa.

La izquierda, a partir de 1874, enseñó que el Sexenio había sido la época de la libertad, de la lucha por la liberación del espíritu humano… una visión idealizada.

El Sexenio, que ya había sido polémico en sí, continuó siendo motivo de polémica en las décadas siguientes, pero la polémica se deformó y diluyó en un conflicto religioso entre integristas católicos, y anticlericales ateos o agnósticos. Los temas que preocupaban a principios del XX fueron Imputados al siglo XIX. ¿Por qué se olvidaron los temas de fondo y se discutió sobre un tema colateral como es la religión?

En esta absurda derivación de la polémica política, no estuvieron ausentes los estudiantes krausistas, que de la Institución Libre de Enseñanza pasaron a organizar algaradas políticas contra catedráticos monárquicos, y contra aquellos que gustaban de la disciplina en las aulas universitarias. Giner de los Ríos acabó por desilusionarse del sistema de enseñanza y acabó por buscar otro tipo de enseñanza.

En conjunto, la idea del Sexenio que los españoles tuvieron en los años inmediatamente posteriores a 1874, fue una idea extraña, de desconocimiento de la realidad de aquél tiempo e incluso de los problemas anteriores que lo habían originado.

En lo que respecta al tema cubano, tenemos que opinar que el Sexenio fue un fracaso sin paliativos, pues se inició la Guerra de la Independencia Cubana en 1869 y no se supo resolver, sino se fue enconando progresivamente.

En cuanto al cantonalismo, fue desde entonces un asunto excesivamente valorado por sectores de izquierda, y excesivamente denostado por los de derecha. Se convirtió en un mito que reaparecería periódicamente en tiempos futuros.

 

 

 

 

 

[1] Francisco Serrano Bedoya, 1813-1882, además de llamarse igual que el muy conocido Francisco Serrano Domínguez 1810-1885, “el general bonito”, vivió casi en los mismos años, e hizo carrera en situaciones parecidas, aunque con resultado distinto, ascendió en la Primera Guerra Carlista, apoyó a Espartero en 1840, estuvo con O`Donnell en 1854, apoyó la revolución de septiembre de 1868. fue ministro de Ultramar en septiembre de 1874.

[2] Carlos Navarro Rodrigo 1833-1903, fue un periodista de La Época, que en 1868 se unió a la revolución y fue ministro de Fomento en septiembre de 1874 y en octubre de 1886.

[3] Francisco Serrano Bedoya, 1813-1882, además de llamarse igual que el muy conocido Francisco Serrano Domínguez 1810-1885, “el general bonito”, vivió casi en los mismos años, e hizo carrera en situaciones parecidas, aunque con resultado distinto, ascendió en la Primera Guerra Carlista, apoyó a Espartero en 1840, estuvo con O`Donnell en 1854, apoyó la revolución de septiembre de 1868. fue ministro de Ultramar en septiembre de 1874.

[4] Carlos Navarro Rodrigo 1833-1903, fue un periodista de La Época, que en 1868 se unió a la revolución y fue ministro de Fomento en septiembre de 1874 y en octubre de 1886.

[5] Arsenio Martínez-Campos Antón 1831-1900 había nacido en Segovia y era militar de Estado Mayor, arma de caballería. En 1859-60 había estado en la Guerra de África. Había luchado en México a las órdenes de Prim en 1862. En 1869 había estado en la Guerra de los Diez Años de Cuba, regresando a la península en 1872. En la guerra carlista de 1872-1876 luchó en Cataluña. Allí fue testigo de la indisciplina y deserciones de los soldados y se mostró muy duro con los desertores. En 1873 luchó contra el cantonalismo siendo responsable de las represiones de Almansa y de Valencia. En diciembre de 1874 se pronunció en Sagunto a favor de Alfonso XIII. En 1875 ascendió a Capitán General y le dieron el mando de Cataluña y Navarra, ocupando Olot, el centro de la actividad carlista en Cataluña, y Seo de Urgel, lo cual daba por terminada la acción carlista catalana en noviembre de 1875. En febrero de 1876 se fue a Navarra y tomó Pamplona. Inmediatamente fue destinado a Cuba, donde, nada más llegar, derrotó a los rebeldes en Santiago de Cuba y en Las Villas, y ofreció conversaciones de paz prometiendo la amnistía a quienes abandonasen las armas, lo cual le permitió una cierta amistad con algunos rebeldes cubanos. Hubo un cambio de personalidad en Martínez Campos, pues se mostraba dialogante ante los enemigos y comprensivo ante los desertores.  El 7 de febrero de 1878 llegó a un acuerdo con Vicente García González sobre condiciones de abandono de las armas, y el 10 de febrero de 1878 se llegó a la Paz de Zanjón en Cuba, final de la Guerra de los Diez Años. En 1879 regresó a la península y en el mes de marzo fue presidente y ministro de Guerra. Discutió con Cánovas y se pasó al Partido Liberal en 1880, siendo ministro de Guerra en 1881. En febrero de 1882 fundó la Academia General Militar del Alcázar de Toledo. El 2 de octubre de 1890 fueron asesinados unos soldados españoles en Melilla y Martínez Campos acudió con 20.000 hombres firmando un tratado con el sultán en 5 de marzo de 1894, que terminaba el conflicto con Marruecos. En 1895 volvería a Cuba a pacificar la isla, pero fracasó en sus intentos de volver a iniciar conversaciones con los rebeldes. Fue relevado en 1896 por Valeriano Weyler Murió en Zarauz (Guipuzcoa) en 23 de septiembre de 1900.

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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