Conceptos clave: Gobierno Zavala, carlismo en verano de 1874, Gobierno interino de Sagasta.

 

 

Gobierno del general Juan Zabala

13 de mayo 1874- 3 septiembre 1874

 

Zabala había sido Presidente interino desde 26 de febrero de 1874. En 13 de mayo pasaba a titular.

Este Gobierno se caracterizó por la caída de todos los ministros del Partido Radical, que fueron sustituidos por miembros del Partido Constitucional, es decir, los progresistas fueron sustituidos por unionistas, progresistas y demócratas calificados de moderados, netamente monárquicos:

Presidente del Consejo, general Juan Zabala de la Puente, marqués de Sierra Bullones / 29 junio 1874: Práxedes Mateo Sagasta.

Estado, Augusto Ulloa Castañón.

Gracia y Justicia, Manuel Alonso Martínez.

Guerra, Juan Zabala de la Puente, marqués de Sierra Bullones / 29 junio de 1874: general Fernando Cotoner Chacón Manrique de Lara y Despuig, marqués de Cenia y de Ariany. Partido Constitucional.

Marina, contraalmirante Rafael Rodríguez de Arias y Villavicencio, marqués de Blegua[1].

Hacienda, Juan Francisco Camacho de Alcorta.

Gobernación, Práxedes Mateo Sagasta.

Fomento, Eduardo Alonso Colmenares,

Ultramar, Antonio Romero Ortiz  / 11 junio: Augusto Ulloa Castañón, interino / 21 de junio: Antonio Romero Ortiz.

El general Serrano era considerado como Presidente del República, pero su Gobierno era completamente de Ministros monárquicos.

 

 

El carlismo en el verano de 1874.

 

Una vez restaurado en España un poder central en enero de 1874, el carlismo estaba condenado al fracaso, y se inició su derrota: Cataluña se manifestaba por Alfonso XII, Martínez Campos se manifestó en diciembre en Sagunto por Alfonso XII y con ello se perdieron los apoyos levantinos al carlismo. Y cuando se acabó el problema cantonalista en febrero de 1874, los carlistas debieran haber repensado sus posiciones, pero decidieron seguir.

El planteamiento de la guerra por parte del Gobierno de Madrid, fue por primera vez serio:

Serrano pidió en mayo y junio de 1874 grandes cantidades de armas a Alemania, y los carlistas cometieron el error de anunciar represalias contra Alemania. Desde entonces, Alemania decidió cambiar de actitud y pasar a un apoyo decidido al Gobierno español. Del apoyo a los carlistas había pasado durante el sexenio a la neutralidad, y ahora pasaba a la oposición al carlismo. Bismarck declaró que atacando a los carlistas se atacaba a los ultramontanos de toda Europa. Alemania pensaba de nuevo en que Hohenzollern podía ser Rey de España. Cánovas pensó entonces, ante el cambio de opinión internacional, que era precisa una campaña seria a favor de su candidato, Alfonso de Borbón, y empezó a trabajar en ello, presentándole como serio, maduro, responsable… algo que, evidentemente, no era un niño de 15 años, ni lo fue nunca el nuevo Rey.

Manuel Alonso Martínez, Ministro de Gracia y Justicia, intentó recuperar las relaciones con la Iglesia católica rotas en febrero de 1873 y se puso al habla con Elías Bianchi. No hubo acuerdos. Esa vía de solución del problema carlista no era válida ni suficiente.

El general Manuel Gutiérrez de la Concha marqués de Duero estaba terminando las operaciones militares en el País Vasco cuando la suerte favoreció a los carlistas: El 27 de junio, fue herido mortalmente en la batalla de Estella mientras ordenaba un ataque desde su caballo. Ambos ejércitos, el carlista y el del Regente Serrano se pararon. El difunto Gutiérrez de la Concha fue sustituido por Juan Zavala, entonces ministro de la Guerra.

A su vez, en el bando carlista, Dorregaray, el carlista que había fusilado muchos prisioneros, fue sustituido por Joaquín Elío Expeleta como Jefe de Estado Mayor, y por Torcuato Mendiry como jefe de la División Navarra.

Los carlistas se permitieron decir que  la Batalla de Estella había sido una derrota gubernamental y que el carlismo estaba a punto de vencer. Quería crear una ilusión, pero la verdad es que, en Estella, las cosas quedaron indecisas, sin triunfo definitivo de nadie. El alfonsinismo perdía a su líder militar. La guerra continuaba. Los carlistas no tenían fuerzas de reemplazo para ganar la guerra.

En julio, el general Juan Zabala tomó personalmente la dirección de la guerra contra los carlistas y dejó como encargado de Gobierno interino a Sagasta, sin dejar éste de ser Ministro de Gobernación por ello. Casi la única preocupación del Gobierno Zabala fue la Guerra Carlista.

El 16 de julio de 1874, el carlismo produjo un programa de gobierno con los siguientes puntos:

Unidad católica;

Integridad monárquica (absolutismo);

Respeto a los compradores de bienes de la Iglesia;

Instrucción pública;

Saneamiento de Hacienda;

No restablecimiento de la Inquisición;

Pacificación de Cuba.

El programa no gustó a los clérigos, que veían su parte católica un poco abandonada. No se les devolvían sus bienes y no se volvía a la Inquisición.

El 20 de julio, el carlismo hizo un alarde en Montejurra haciendo desfilar a 20.000 soldados, con ánimo de convencer al Gobierno español de que la causa carlista estaba más fuerte que nunca. Era una nimiedad, cuando el ejército gubernamental podía presentar contra ellos a 80.000 soldados. Era un efecto propagandístico.

Carlos VII estableció aduanas en País Vasco y Navarra que le servían para obtener recursos de guerra. La Corte era itinerante pero solía residir en Estella, o en Durango.

 

 

El carlismo catalán.

 

En Cataluña el organigrama carlista tenía a Rafael Tristany como Comandante en Jefe y de él dependían dos divisiones: la Primera División era mandada por Francisco Savalls (con una primera brigada de Martín Miret en Barcelona, y segunda brigada de Francisco Auguet en Gerona), y la Segunda División carlista era mandada por Francisco Tristany (con una primera brigada mandada por Ramón Tristany en Lérida, y segunda brigada mandada por José B. Moore en Tarragona).

Pero los catalanes no lograron nunca un verdadero ejército y seguían actuando al estilo guerrilla. Los grandes éxitos catalanes fueron, en marzo de 1874 el sitio y toma de Olot, que se convirtió en el centro de operaciones carlista hasta que en octubre lo fuera San Juan de las Abadesas. Y en agosto, el éxito fue la toma de Seo de Urgel.

El hombre carismático del carlismo catalán en 1874 era Francisco Savalls[2], pero su misma personalidad causaba motivos de discrepancia entre los carlistas.

En 1873, Carlos VII envió a su hermano Alfonso Carlos de Borbón para hacerse cargo del mando en Cataluña y éste prohibió repartir el dinero de los campesinos entre los soldados carlistas, y ejecutar prisioneros, lo cual incomodó a Savalls, que logró que Alfonso Carlos se fuera de Cataluña. Savalls se atribuyó la victoria de Alpens, en la que no estuvo, y fue nombrado marqués de Alpens en 1873. En marzo de 1874 obtuvo las victorias de Toix y Olot.

En 1875 se nombró Comandante en Jefe de Cataluña a Francisco Savalls, desplazando a Rafael Tristany. Savalls fue derrotado y llamado al País Vasco para juicio sumario al que no se presentó, sino que huyó a Niza con todo el dinero que pudo, compró una finca y una mansión, y allí vivió el resto de sus días.

 

 

Gobierno Interino de Sagasta.

 

Del 29 de junio al 3 de septiembre, Práxedes Mateo Sagasta gobernó interinamente con los Ministros de Juan Zabala de la Puente, con excepción del Ministro de Guerra, que fue el general Fernando Cotoner Chacón Manrique de Lara y Despuig, marqués de Cenia y de Ariany, en sustitución del propio Juan Zabala. Todos eran del Partido Constitucional, y por tanto monárquicos.

Los militares monárquicos se cansaron de la situación de interinidad en que estaba España, se cansaron de una República con Gobiernos monárquicos.

En agosto de 1874 los militares alfonsinos del grupo del general Martínez Campos, contando ahora ya con el apoyo del grupo del general Blas de Villate y de la Hera I conde de Balmaseda, decidieron imponer a Alfonso XII. Tenían también el apoyo del Capitán General de Madrid, Primo de Rivera, que se declaró alfonsino. Temían que el gabinete republicano de Sagasta diera lugar a una nueva República. Les faltaba el apoyo de Cánovas que no quería imponer a Alfonso por la fuerza, sino por la necesidad de la historia. Amenazaron a Cánovas con imponer hechos consumados, para antes de tres meses.

El conde de Balmaseda era el líder del militarismo más duro. Había participado en la Guerra de África de 1859-1860, y había sido Capitán General de Cuba en 1867-1872, distinguiéndose por su política de acciones militares duras, sin concesiones a la diplomacia.

 

 

[1] El contraalmirante Rafael Rodríguez Arias y Villavicencio, marqués de Blegua, 1820-1892 era hijo de José Rodríguez Arias y Álvarez de la Campana, 1761-1852. Fue ministro de Marina en mayo de 1874, enero de 1883, y en octubre de 1886 hasta 1890.

[2]  Francisco Savalls 1817-1885, había nacido en La Pera, muy cerca de Gerona, en una familia carlista, participó en la Primera Guerra Carlista, se exilió en 1840, regresó en 1842 para ingresar en la partida de Felip, estuvo en la Guerra dels Matiners de 1847, se exilió a Niza, donde se casó. En 1860, luchó en Módena y los Estados Pontificio contra Víctor Manuel II de Saboya y en 1872 volvió a España para integrarse en la banda de Estartús, con el que riñó porque Estartús quería recursos para formar un verdadero ejército y Savalls quería acciones de guerra aunque fueran de guerrilla y bandolerismo. Estartús abandonó el carlismo cuando Carlos VII apoyó a Savalls. Entonces Savalls se convirtió en la referencia del carlismo catalán.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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