GOBIERNOS DE ZABALA y DE SAGASTA, 1874.

 

 

 

Gobierno oficial del general Juan Zabala

13 de mayo 1874- 3 septiembre 1874

 

Este Gobierno se caracterizó por la caída de todos los ministros del Partido Radical, que fueron sustituidos por miembros del Partido Constitucional, es decir, los progresistas fueron sustituidos por unionistas, progresistas y demócratas calificados de moderados, netamente monárquicos:

Presidente del Consejo, general Juan Zabala de la Puente, marqués de Sierra Bullones / 29 junio 1874: Práxedes Mateo Sagasta.

Estado, Augusto Ulloa Castañón.

Gracia y Justicia, Manuel Alonso Martínez.

Guerra, Juan Zabala de la Puente, marqués de Sierra Bullones / 29 junio de 1874: general Fernando Cotoner Chacón Manrique de Lara y Despuig, marqués de Cenia y de Ariany. Partido Constitucional.

Marina, contraalmirante Rafael Rodríguez de Arias y Villavicencio, marqués de Blegua[1].

Hacienda, Juan Francisco Camacho de Alcorta.

Gobernación, Práxedes Mateo Sagasta.

Fomento, Eduardo Alonso Colmenares,

Ultramar, Antonio Romero Ortiz  / 11 junio: Augusto Ulloa Castañón, interino / 21 de junio: Antonio Romero Ortiz.

El general Serrano seguía siendo considerado como Presidente del República, pero su Gobierno era completamente de Ministros monárquicos.

 

 

El carlismo en el verano de 1874.

 

Una vez restaurado en España un poder central en enero de 1874, el carlismo estaba condenado al fracaso, y se inició su derrota: Cataluña se manifestaba por Alfonso XII, Martínez Campos se manifestó en diciembre en Sagunto por Alfonso XII y con ello se perdieron los apoyos levantinos al carlismo.

Serrano pidió en mayo y junio de 1874 grandes cantidades de armas a Alemania, y los carlistas cometieron el error de anunciar represalias contra Alemania. Desde entonces, Alemania decidió cambiar de actitud y pasar a un apoyo decidido al Gobierno español. Del apoyo a los carlistas había pasado durante el sexenio a la neutralidad, y ahora pasaba a la oposición al carlismo. Bismarck declaró que atacando a los carlistas se atacaba a los ultramontanos de Europa. Alemania pensaba de nuevo en que Hohenzollern podía ser Rey de España. Cánovas pensó entonces, ante el cambio de opinión internacional, que era precisa una campaña seria a favor de su candidato, Alfonso de Borbón, y empezó a trabajar en ello, presentándole como serio, maduro, responsable… algo que, evidentemente, no era un niño de 15 años, ni lo fue nunca el nuevo Rey.

En 1874, la parodia de la coronación de Carlos VII de julio de 1873 no logró su efecto, que era que las potencias europeas le reconociesen, así que decidió poner sitio a Bilbao para desde allí reivindicar ese reconocimiento internacional.

Manuel Alonso Martínez, Ministro de Gracia y Justicia, intentó recuperar las relaciones con la Iglesia católica rotas en febrero de 1873 y se puso al habla con Elías Bianchi. No hubo acuerdos. Esa vía de solución del problema carlista no era válida ni suficiente.

El general Manuel Gutiérrez de la Concha marqués de Duero estaba terminando las operaciones militares en el País Vasco cuando la suerte favoreció a los carlistas: El 27 de junio, fue herido mortalmente en la batalla de Estella mientras ordenaba un ataque desde su caballo. Ambos ejércitos, el carlista y el del Regente Serrano se pararon. El difunto Gutiérrez de la Concha fue sustituido por Juan Zavala, entonces ministro de la Guerra.

A su vez, en el bando carlista, Dorregaray, el carlista que había fusilado muchos prisioneros, fue sustituido por Torcuato Mendiry como jefe de la División Navarra.

Los carlistas se permitieron decir que  la Batalla de Estella había sido una derrota gubernamental y que el carlismo estaba a punto de vencer. Quería crear una ilusión, pero la verdad es que, en Estella, las cosas quedaron indecisas, sin triunfo definitivo de nadie. El alfonsinismo perdía a su líder militar. La guerra continuaba.

En julio, el general Juan Zabala tomó personalmente la dirección de la guerra contra los carlistas y dejó como encargado de Gobierno interino a Sagasta, sin dejar éste de ser Ministro de Gobernación por ello. Casi la única preocupación del Gobierno Zabala fue la Guerra Carlista.

El 16 de julio de 1874, el carlismo produjo un programa de gobierno con los siguientes puntos: Unidad católica; Integridad monárquica (absolutismo); Respeto a los compradores de bienes de la Iglesia; Instrucción pública; Saneamiento de Hacienda; No restablecimiento de la Inquisición; Pacificación de Cuba.

El programa no gustó a los clérigos que veían su parte católica un poco abandonada. No se les devolvían sus bienes y no se volvía a la Inquisición.

El 20 de julio, el carlismo hizo un alarde en Montejurra haciendo desfilar a 20.000 soldados, con ánimo de convencer al Gobierno español de que la causa carlista estaba más fuerte que nunca.

Carlos VII estableció aduanas en País Vasco y Navarra que le servían para obtener recursos de guerra. La Corte era itinerante pero solía residir en Estella, o en Durango.

En Cataluña el organigrama carlista tenía a Rafael Tristany como Comandante en Jefe y de él dependían dos divisiones: la Primera División era mandada por Francisco Savalls (con primera brigada de Martín Miret en Barcelona, y segunda brigada de Francisco Auguet en Gerona), y la Segunda División carlista era mandada por Francisco Tristany (con primera brigada mandada por Ramón Tristany en Lérida, y segunda brigada mandada por José B. Moore en Tarragona). Pero los catalanes no lograron nunca un verdadero ejército y seguían actuando al estilo guerrilla. Los grandes éxitos catalanes fueron, en marzo de 1874 el sitio y toma de Olot, que se convirtió en el centro de operaciones carlista hasta que en octubre lo fuera San Juan de las Abadesas, y en agosto la toma de Seo de Urgel.

El hombre carismático del carlismo catalán en 1874 era Francisco Savalls[2], pero su misma personalidad causaba motivos de discrepancia entre los carlistas. En 1873, Carlos VII envió a su hermano Alfonso Carlos para hacerse cargo del mando en Cataluña y éste prohibió repartir el dinero de los campesinos entre los soldados carlistas, y ejecutar prisioneros, lo cual incomodó a Savalls, que logró que Alfonso Carlos se fuera de Cataluña. Savalls se atribuyó la victoria de Alpens, en la que no estuvo, y fue nombrado marqués de Alpens en 1873. En 1874 obtuvo las victorias de Toix y Olot. En 1875 se le nombró Comandante en Jefe de Cataluña desplazando a Rafael Tristany. Savalls fue derrotado y llamado al País Vasco para juicio sumario al que no se presentó, sino que huyó a Niza con todo el dinero que pudo, compró una finca y una mansión, y allí vivió el resto de sus días.

 

 

Gobierno Interino de Sagasta.

 

Del 29 de junio al 3 de septiembre, Práxedes Mateo Sagasta gobernó interinamente con los Ministros de Juan Zabala de la Puente, con excepción del Ministro de Guerra, que fue general Fernando Cotoner Chacón Manrique de Lara y Despuig, marqués de Cenia y de Ariany, en sustitución del propio Juan Zabala. Todos eran del Partido Constitucional, y por tanto monárquicos.

Los militares monárquicos se cansaron de la situación de interinidad en que estaba España, se cansaron de la República con Gobiernos monárquicos:

En agosto de 1874 los militares alfonsinos del grupo del general Martínez Campos, contando ahora ya con el apoyo del grupo del general Blas de Villate y de la Hera I conde de Balmaseda, decidieron imponer a Alfonso XII. Tenían también el apoyo del Capitán General de Madrid, Primo de Rivera, que se declaró alfonsino. Temían que el gabinete republicano de Sagasta diera lugar a una nueva República. Les faltaba el apoyo de Cánovas que no quería imponer a Alfonso por la fuerza, sino por la necesidad de la historia. Amenazaron a Cánovas con imponer hechos consumados, para antes de tres meses.

Balmaseda era el líder del militarismo más duro. Había participado en la Guerra de África de 1859-1860, y había sido Capitán General de Cuba en 1867-1872, distinguiéndose por su política de acciones militares duras, sin concesiones a la diplomacia.

 

 

Gobierno oficial de Sagasta,

3 septiembre 1874 – 31 diciembre 1874.

 

Práxedes Mateo Sagasta tenía experiencia de Gobierno, había gobernado en 1871 con los republicanos. En 1874 tenía que gobernar una república, cuyo Presidente era Serrano, con  un Gabinete enteramente monárquico del Partido Constitucional. La situación era la misma que durante el Gobierno Juan Zabala, y por tanto, hizo muy pocos cambios en el Gobierno, solamente Gracia y Justicia, Guerra y Fomento.

Presidente del Consejo, Práxedes Mateo Sagasta.

Estado, Augusto Ulloa.

Guerra, Francisco Serrano Bedoya[3]

Marina, Rafael Rodríguez de Arias y Villavicencio.

Fomento, Carlos Navarro Rodrigo[4].

Gracia y Justicia, Eduardo Alonso Colmenares

Hacienda, Juan Francisco Camacho de Alcorta

Gobernación, Práxedes Mateo Sagasta.

Ultramar, Antonio Romero Ortiz.

 

Cambios respecto al Gobierno Zavala de 13 de mayo:

Gracia y Justicia, Eduardo Alonso Colmenares

Guerra, Francisco Serrano Bedoya[5]

Fomento, Carlos Navarro Rodrigo[6].

 

 

Los monárquicos tomaron la iniciativa.

 

Alfonso de Borbón, a propuesta de Cánovas del Castillo, fue a Inglaterra, teóricamente a aprender inglés y conocimientos militares, y en la intención de Cánovas a fortalecer su carácter, ingresando en la escuela militar de Sandhurst el 19 de octubre de 1874, cuando tenía 16 años de edad (había nacido en 28 de noviembre de 1857). Sus estudios fueron cortos, pues en diciembre de 1874 fue llamado a reinar, emitió el Manifiesto de Sandhurst el 28 de diciembre, durmió en Londres, fue a París el 30 de diciembre y recibió a los monárquicos españoles el 1 de enero de 1875.

El 28 de octubre de 1874 el príncipe Alfonso cumplía 17 años, y recibió las felicitaciones de muchas familias españolas. A partir de octubre, Cánovas intentaba recuperar la iniciativa como jefe del alfonsinismo que podía estar en peligro desde las manifestaciones militares de agosto pasado. Las felicitaciones estaban manejadas por los monárquicos y trataban de forzar a Cánovas a dar un paso adelante.

El 1 de diciembre de 1874, Cánovas lanzó el órdago monárquico con el Manifiesto de Sandhurst en el que Alfonso XII prometía ser un Rey moderno para España. Cánovas contestaba a las felicitaciones del mes anterior con un escrito que se presentó como algo espontáneo del Príncipe, como correspondencia afectiva a esas felicitaciones. La contestación del Príncipe Alfonso, o de Cánovas, se conoce como el Manifiesto de Sandhurst.

El 1 de diciembre de 1874, algunos periódicos de Francia y de Alemania, y algunas cartas personales del Príncipe Alfonso a familias españolas destacadas publicaron ese Manifiesto de Cánovas. En España no lo publicarían El Tiempo y La Época hasta 27 de diciembre de 1874, un mes más tarde.

El Manifiesto fue tomado por los militares como la ocasión de que Cánovas se sumara al movimiento de traer a Alfonso XII a España, aunque Cánovas seguía resistiéndose a forzar las cosas e insistía en que había que seguir esperando la ocasión perfecta.

 

 

El pronunciamiento de Martínez Campos[7].

 

Se trataba de una crisis dentro del Partido Alfonsino, en la que varios generales y algunos civiles se rebelaban contra la jefatura de Cánovas. Martínez Campos vio la ocasión de acceder a la dirección del partido, y con ello al Gobierno de España. Fracasó en ello.

Arsenio Martínez Campos, un general moderado, no fue capaz de asumir el fracaso y, desde la Capitanía General de Barcelona se pronunció a favor de Alfonso XII, siendo condenado a prisión en el castillo de Bellver en Mallorca en 1874.

A su regreso a Madrid, tenía decidido dar el golpe de Estado: Martínez Campos tenía un hombre de su confianza en Valencia, llamado Luis Dabán, brigadier residente en Sagunto, jefe de la Brigada Segorbe, el único de los alfonsinos con mando real sobre tropas en ese momento, y Martínez Campos salió de Madrid para Sagunto el 27 de diciembre de 1874, el día que los periódicos publicaban el Manifiesto de Sandhurst. Martínez Campos salió de Madrid hacia el norte, vía Ávila, en dirección contraria a su destino final, para dirigirse después hacia levante, y el 29 arengó a los soldados de Dabán y proclamó rey a Alfonso XII. Telegrafió al general Joaquín Jovellar, jefe de las fuerzas del Centro, al Presidente del Consejo de Ministros, Sagasta, al Ministro de la Guerra, Serrano Bedoya, invitándoles a sumarse a la proclamación, y obtuvo la adhesión de Jovellar. También Balmaseda, que estaba en Ciudad Real, apoyaba el golpe.

Cánovas condenó el golpe de Sagunto, que le parecía precipitado y no entraba en sus planes. Incluso escribió un artículo para La Época en el que rechazaba a los pronunciados, pero el artículo no fue publicado por José Ignacio Escobar, que estaba en la trama del golpe. Esa crítica de Cánovas hacía que Primo de Rivera, Capitán General de Madrid, dudase si sumarse al golpe. Sólo el 30 de diciembre por la tarde se sumó Primo de Rivera, y sentenció así el resultado del golpe.

Cánovas había obtenido para Alfonso XII el visto bueno de los republicanos franceses, del Gobierno de Alemania, de Austria que era uno de los apoyos más fuertes del carlismo, y de Gran Bretaña. Sólo el Vaticano se mantuvo “en un cauto silencio” para no desairar a sus fieles católicos que eran carlistas. Pero Alfonso era demasiado joven y no había hecho sino empezar sus estudios en Sandhurst, academia militar en la que debía estar al menos dos años, y en la que sólo estaría un trimestre.

Los constitucionales, los radicales, los comerciantes y propietarios cubanos (entre ellos las familias Juan Manuel de Manzanedo y la familia Zulueta), y la mayor parte del ejército se decantó por Alfonso XII. Cánovas tenía un éxito superior al previsto.

Isabel II había abdicado en 1870 en Alfonso, y en 1873 Cánovas había sido nombrado jefe del partido alfonsino. Todo estaba preparado, menos el inconveniente de la minoría de edad. Por eso Cánovas quería esperar algún tiempo, pero las circunstancias le sorprendieron. Isabel II quería adelantar la coronación de Alfonso porque temía las intrigas de Montpensier. Cánovas quería retrasar la coronación porque, además de llegar a la mayoría de edad en poco tiempo, convenía que pasasen las últimas oleadas revolucionarias y cantonalistas, para que el reinado empezase sin contratiempos, fuerte. Tampoco le venía mal al príncipe aprender un poco de disciplina en una academia militar. Isabel estaba dispuesta a pactar con quien fuese para coronar a su hijo. Cánovas no quería pactar ni con montpensieristas ni con carlistas.

El 30 de diciembre, el ejército del norte, que estaba luchando contra los carlistas, se adhirió a la propuesta de Martínez Campos. Serrano, que estaba con ellos, no tuvo más remedio que adherirse también. El 30 de diciembre, el general Primo de Rivera anunció que el Gobierno se adhería al pronunciamiento de Martínez Campos y, entonces, Serrano se exilió.

Cánovas asumió la dirección de un ministerio-regencia el 31 de diciembre de 1874.

 

 

El final del carlismo.

 

Tras el pronunciamiento por Alfonso XII de Martínez Campos en Sagunto del 29 de diciembre de 1874, el 6 de enero de 1875, Carlos VII protestó diciendo que sólo él era el Rey legítimo. Pero el sistema de Cánovas garantizaba el orden público y el catolicismo, y además, garantizaba la paz, daba promesas de indulto y de reintegración en el ejército a los oficiales carlistas y empezaron las defecciones: Cabrera reconoció a Alfonso XII y le siguieron Díaz de Rada, Aguirre, Caso, Estartús, Nombela y otros. El golpe final lo dio Pío IX reconociendo a Alfonso XII y nombrando Nuncio a Giovanni Simeoni. La baza del catolicismo se había perdido para el carlismo.

En 1875, las cosas se les pusieron muy mal a los carlistas: Cánovas empezó a embargar bienes carlistas, deportar carlistas, incendiar haciendas carlistas, y los campesinos, que eran la base del carlismo, se desmoralizaron.

En febrero de 1875, los gubernamentales ocuparon Puente la Reina, punto clave de las comunicaciones navarras.

Cataluña y El Maestrazgo fueron ocupados en 1875 por los gubernamentales y en julio de 1875 los carlistas hubieron de abandonar la zona y marchar a Navarra. Tras este fracaso, Savalls fue acusado de pasividad y llamado a juicio sumario. En noviembre de 1875 no quedaba carlismo en Cataluña. Cánovas trasladó sus soldados al País Vasco y a Navarra.

En 1876, los carlistas no tenían dinero para hacer una guerra tan intensa como Cánovas proponía, y los campesinos vascos y navarros, castigados por Cánovas, ya no podían dar más. El desastre era inminente y el cambio del jefe carlista José Pérula de la Parra, un nativo navarro, por Alfonso María José Alberto de Borbón dos Sicilias conde de Caserta, un extranjero napolitano, no podía mejorar las cosas. El conde de Caserta era hijo de Fernando II de Nápoles, excombatiente en la guerra a favor de los Estados Pontificios contra Saboya.

En enero y febrero de 1876 tuvo lugar la gran ofensiva de Cánovas, y la toma de Estella en febrero de 1876 puede ser considerada el final de la guerra carlista, aunque en marzo todavía quedaban algunos carlistas, que huyeron a Francia.

 

 

Crisis económica durante el sexenio.

 

Actividades económicas nuevas fueron los tranvías urbanos, el turismo, el telégrafo, el teléfono y también se revitalizó el negocio del espectáculo. El tranvía fue inaugurado en Madrid en 1871 en el tramo Sol-Salamanca. En el turismo, se puso de moda Santander y San Sebastián para los muy ricos, y las costas valencianas para los burgueses. La gente empezó a disfrutar con la zarzuela, que en 1871 estrenaba una de sus obras más difundidas, Marina.

En una época políticamente tan difícil como ésta, el capital extranjero no tenía interés en mantener sus inversiones en negocios de imprevisible rentabilidad, dado el ambiente de inseguridad que mostraba España, y sí lo tenía en valores de renta fija: Algunos tramos del ferrocarril fueron abandonados o vendidos por los extranjeros que los habían adquirido. En cambio sí estaban dispuestos a financiar al Estado.

En 1874 se intentó poner orden en el caos monetario haciendo que el Banco de España emitiera una cantidad prevista de billetes (un monto en papel y moneda fiduciaria equivalente a 5 veces su capital efectivo, siempre que ese efectivo estuviera garantizado, al menos en un 25% en barras de oro y plata). El monopolio de emisión de pesetas era del Banco de España.

 

 

Valoraciones del Sexenio.

 

La deformación de relatos sobre el Sexenio que se hizo con posterioridad, nos deja estupefactos:

Los restauradores borbónicos, o conservadores, presentaron el Sexenio como la época de quema de conventos, destrucción de campanas, matrimonios no religiosos y encarcelamiento de sacerdotes… es decir, una visión completamente negativa.

La izquierda, a partir de 1874, enseñó que el Sexenio había sido la época de la libertad, de la lucha por la liberación del espíritu humano, una visión idealizada.

El Sexenio, que ya había sido polémico en sí, continuó siendo motivo de polémica en las décadas siguientes, pero la polémica se deformó y diluyó en un conflicto religioso entre integristas católicos, y anticlericales ateos o agnósticos. Los temas que preocupaban a principios del XX fueron Imputados al siglo XIX. ¿Por qué se olvidaron los temas de fondo y se discutió sobre un tema colateral como es la religión?

En esta absurda derivación de la polémica política, no estuvieron ausentes los estudiantes krausistas, que de la Institución Libre de Enseñanza pasaron a organizar algaradas políticas contra catedráticos monárquicos, y contra aquellos que gustaban de la disciplina en las aulas universitarias. Giner de los Ríos acabó por desilusionarse del sistema de enseñanza y acabó por buscar otro tipo de enseñanza.

En conjunto, la idea que los años inmediatamente posteriores a 1874 tuvieron del Sexenio, fue una idea extraña, de desconocimiento de la realidad de aquél tiempo e incluso de los problemas anteriores que lo habían originado.

En lo que respecta al tema cubano, tenemos que opinar que el Sexenio fue un fracaso sin paliativos, pues se inició la Guerra de la Independencia Cubana en 1869 y no se supo resolver, sino se fue enconando progresivamente.

En cuanto al cantonalismo, fue desde entonces un asunto excesivamente valorado por sectores de izquierda, y excesivamente denostado por los de derecha. Se convirtió en un mito que reaparecería periódicamente en tiempos futuros.

 

 

 

[1] El contraalmirante Rafael Rodríguez Arias y Villavicencio, marqués de Blegua, 1820-1892 era hijo de José Rodríguez Arias y Álvarez de la Campana, 1761-1852. Fue ministro de Marina en mayo de 1874, enero de 1883, y en octubre de 1886 hasta 1890.

[2]  Francisco Savalls 1817-1885, había nacido en La Pera, muy cerca de Gerona, en una familia carlista, participó en la Primera Guerra Carlista, se exilió en 1840, regresó en 1842 para ingresar en la partida de Felip, estuvo en la Guerra dels Matiners de 1847, se exilió a Niza, donde se casó. En 1860, luchó en Módena y los Estados Pontificio contra Víctor Manuel II de Saboya y en 1872 volvió a España para integrarse en la banda de Estartús, con el que riñó porque Estartús quería recursos para formar un verdadero ejército y Savalls quería acciones de guerra aunque fueran de guerrilla y bandolerismo. Estartús abandonó el carlismo cuando Carlos VII apoyó a Savalls. Entonces Savalls se convirtió en la referencia del carlismo catalán.

[3] Francisco Serrano Bedoya, 1813-1882, además de llamarse igual que el muy conocido Francisco Serrano Domínguez 1810-1885, “el general bonito”, vivió casi en los mismos años, e hizo carrera en situaciones parecidas, aunque con resultado distinto, ascendió en la Primera Guerra Carlista, apoyó a Espartero en 1840, estuvo con O`Donnell en 1854, apoyó la revolución de septiembre de 1868. fue ministro de Ultramar en septiembre de 1874.

[4] Carlos Navarro Rodrigo 1833-1903, fue un periodista de La Época, que en 1868 se unió a la revolución y fue ministro de Fomento en septiembre de 1874 y en octubre de 1886.

[5] Francisco Serrano Bedoya, 1813-1882, además de llamarse igual que el muy conocido Francisco Serrano Domínguez 1810-1885, “el general bonito”, vivió casi en los mismos años, e hizo carrera en situaciones parecidas, aunque con resultado distinto, ascendió en la Primera Guerra Carlista, apoyó a Espartero en 1840, estuvo con O`Donnell en 1854, apoyó la revolución de septiembre de 1868. fue ministro de Ultramar en septiembre de 1874.

[6] Carlos Navarro Rodrigo 1833-1903, fue un periodista de La Época, que en 1868 se unió a la revolución y fue ministro de Fomento en septiembre de 1874 y en octubre de 1886.

[7] Arsenio Martínez-Campos Antón 1831-1900 había nacido en Segovia y era militar de Estado Mayor, arma de caballería. En 1859-60 había estado en la Guerra de África. Había luchado en México a las órdenes de Prim en 1862. En 1869 había estado en la Guerra de los Diez Años de Cuba, regresando a la península en 1872. En la guerra carlista de 1872-1876 luchó en Cataluña. Allí fue testigo de la indisciplina y deserciones de los soldados y se mostró muy duro con los desertores. En 1873 luchó contra el cantonalismo siendo responsable de las represiones de Almansa y de Valencia. En diciembre de 1874 se pronunció en Sagunto a favor de Alfonso XIII. En 1875 ascendió a Capitán General y le dieron el mando de Cataluña y Navarra, ocupando Olot, el centro de la actividad carlista en Cataluña, y Seo de Urgel, lo cual daba por terminada la acción carlista catalana en noviembre de 1875. En febrero de 1876 se fue a Navarra y tomó Pamplona. Inmediatamente fue destinado a Cuba, donde, nada más llegar, derrotó a los rebeldes en Santiago de Cuba y en Las Villas, y ofreció conversaciones de paz prometiendo la amnistía a quienes abandonasen las armas, lo cual le permitió una cierta amistad con algunos rebeldes cubanos. Hubo un cambio de personalidad en Martínez Campos, pues se mostraba dialogante ante los enemigos y comprensivo ante los desertores.  El 7 de febrero de 1878 llegó a un acuerdo con Vicente García González sobre condiciones de abandono de las armas, y el 10 de febrero de 1878 se llegó a la Paz de Zanjón en Cuba, final de la Guerra de los Diez Años. En 1879 regresó a la península y en el mes de marzo fue presidente y ministro de Guerra. Discutió con Cánovas y se pasó al Partido Liberal en 1880, siendo ministro de Guerra en 1881. En febrero de 1882 fundó la Academia General Militar del Alcázar de Toledo. El 2 de octubre de 1890 fueron asesinados unos soldados españoles en Melilla y Martínez Campos acudió con 20.000 hombres firmando un tratado con el sultán en 5 de marzo de 1894, que terminaba el conflicto con Marruecos. En 1895 volvería a Cuba a pacificar la isla, pero fracasó en sus intentos de volver a iniciar conversaciones con los rebeldes. Fue relevado en 1896 por Valeriano Weyler Murió en Zarauz (Guipuzcoa) en 23 de septiembre de 1900.

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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