Conceptos clave: Gobierno Malcampo, ilegalización de AIT, Paul Lafargue, Cánovas y el internacionalismo, La Renaixença, el Resurdimento,

 

 

 

Gobierno de Malcampo[1]

          5 octubre 1871 – 21 diciembre 1871.

 

En el nuevo Gobierno, el Partido Constitucional de Sagasta desplazaba al Partido Radical de Ruiz Zorrilla. El Partido Constitucional estaba integrado por gente más de derechas que los radicales: unionistas y progresistas moderados. Pero Sagasta aún no tenía consolidado su partido. De momento, entregaron el poder a un militar de signo moderado, el contraalmirante José Rudesindo Malcampo Monge marqués de San Rafael, al que confirieron las carteras de Presidente, Estado y Marina.

Era un Presidente circunstancial, pues la mayoría en las Cortes la tenía Sagasta, que se había negado a formar Gobierno. Cuando Sagasta aceptó el Gobierno en diciembre de 1871, Malcampo pasó a ser ministro de Marina.

 

Presidente del Consejo, contralmirante José Rudesindo Malcampo Monge, marqués de San Rafael. Constitucional.

Estado, José Malcampo Monge, marqués de San Rafael / 20 noviembre 1871: Bonifacio de Blas.

Gracia y Justicia, Eduardo Alonso Colmenares[2]. Constitucional.

Guerra, Joaquín de Bassols Maranyosa. Militar, constitucional.

  Marina, José Malcampo Monge.

Hacienda, Santiago de Angulo Ortiz. Constitucional.

Gobernación, Francisco de Paula Candau. Constitucional.

Fomento, Telesforo Montejo Robledo. Constitucional.

Ultramar, Víctor Balaguer Cirera. Constitucional.

 

 

El tema de la Internacional, AIT.

 

El periodo de Malcampo se caracterizó por las manifestaciones de los grupos de izquierda a favor de la República.

Los miembros del Consejo Federal de la AIT, que eran “aliancistas”, es decir, bakuninistas, propusieron que el Consejo en bloque entrara en la Alianza de Bakunin para ganar unidad y fuerza. Estaban dispuestos a hacer una “revolución”.

El 16 de octubre se inició en el Congreso de Diputados un “juicio a los internacionalistas”. Malcampo dijo que los socialistas (todavía no se distinguía entre socialistas, comunistas y anarquistas) defendían doctrinas ilegales. Se les llamó peligrosos, enemigos de la Constitución, de la libertad y de la propiedad.

Los radicales, demócratas y republicanos se iban cansando de ese trato despectivo y agresivo del Gobierno de Malcampo.

Los internacionalistas organizaron mítines, que tuvieron miles de concurrentes, y expusieron que pedían menos horas de trabajo, libertad, e igualdad dentro de la familia. Esas demandas no fueron abordadas por las Cortes, que se limitaron a prohibir la AIT. El problema se cerraba en falso, sin estudiar las demandas obreras. Es más, los diputados eran conscientes de ello: el fiscal del Tribunal Supremo informó que los internacionalistas estaban en su derecho de asociarse y de convocar huelgas, lo cual provocó el cese del fiscal.

En octubre de 1871, el Congreso de Diputados, a propuesta del Ministro de Gobernación, Francisco de Paula Candau, ilegalizó la AIT en España y pidió a los Gobiernos europeos que hicieran otro tanto. Las Cortes decidieron que la AIT era anticonstitucional, por motivo de “prestar obediencia a autoridades distintas a las del Estado”. Este principio constitucional, que sirvió en su día para eliminar a los católicos integristas y a la Compañía de Jesús, servía ahora, de forma un tanto retorcida, para prohibir la Internacional. Sagasta ordenó a los Gobernadores Provinciales reprimir a los internacionalistas, entrar en las sedes de las agrupaciones, y detener a sus líderes.

El Consejo Federal de la AIT (Tomás González Morago, Francisco Mora y Anselmo Lorenzo) huyó a Lisboa dejando a Ángel Mora en Madrid como enlace en la clandestinidad. La moraleja que sacaron los obreros fue que el orden burgués era incompatible con la revolución proletaria, y sólo Marx sacó la conclusión de la necesidad de racionalizar el modo de producción industrial y crear un modelo nuevo de economía y sociedad a fin de tener un programa único de acción por el cual luchar.

Los marxistas madrileños llamaron a Paul Lafargue[3] a Madrid para apoyar su movimiento. Lafargue huía de Francia en los momentos de persecución a la AIT y le venía bien ser acogido en España. En diciembre de 1871 llegó Lafargue a Madrid y reforzó el grupo que, en junio de 1872, se constituiría como Nueva Federación Madrileña. Colaboró en el periódico La Emancipación, que llegó a publicar El Manifiesto Comunista. Lafargue atrajo a 15 federaciones obreras al marxismo.

Los “aliancistas” de Bakunin se habían reunido el 20 de octubre de 1871 en Ginebra para luchar contra el Consejo General de la AIT marxista y pidieron a las federaciones regionales que se declararan contra el marxismo.

Engels encargado de los negocios de España para la AIT, aprovechó la circunstancia de la estancia de Paul Lafargue y Laura Marx en Madrid, para aclarar cosas a los internacionalistas españoles: les dijo que la entrada en la Alianza de Bakunin, que pretendían tantos españoles, no era la política preconizada por la AIT, y comenzó una campaña de información de prensa utilizando La Emancipación. Escribían en este periódico Lafargue, Laura Marx, Mesa, Mora, Paulino Iglesias. Les contestó el sector aliancista con otra campaña de prensa desde El Condenado. El asunto se discutiría en el Congreso de Zaragoza de 8 de abril de 1872, donde no se expulsó todavía de la Federación Regional Española al grupo de La Emancipación, pero se decidió adherirse a una proposición de Bélgica que echaba abajo los viejos estatutos de las federaciones para redactar unos nuevos de tipo aliancista, es decir, los españoles se pasaban a Bakunin. La lucha continuaría no ya a nivel general español, sino dentro de Madrid, entre Morago y La Emancipación: Morago expulsó de la AIT a 9 articulistas de La Emancipación.

 

 

Cánovas ante la Internacional.

 

En noviembre de 1871 todavía continuaba el debate sobre la AIT, y Antonio Cánovas expuso el punto de vista de la derecha sobre el socialismo, criterio que estaría vigente más de medio siglo: Ser católico era incompatible con ser socialista porque los socialistas eran materialistas y ello era ateísmo; la igualdad del hombre es igualdad de derechos e igualdad ante la ley, pero los hombres son diferentes en talento, fuerza, laboriosidad y moralidad; la miseria es un mal social a combatir, pero no suprimiendo la propiedad, sino mediante la caridad; la solución a la miseria está en el Evangelio, que habla de simples iniciativas individuales por las que los ricos deben dar de lo suyo hasta la saciedad.

Cánovas hizo tres discursos en 3, 6 y 25 de noviembre de 1871, en los que se declaró católico, antimaterialista dialéctico y partidario del derecho a la propiedad individual. Afirmó que la administración de la propiedad por un Estado, o por un colectivo social, era una barbarie, un retroceso cultural. Dijo que una cosa es el justo reparto de la propiedad, y otra la eliminación del derecho a la propiedad privada. Dijo que la igualdad económica no era un derecho natural, pues los hombres son iguales en derechos políticos, en dignidad y en consideración frente a la ley, pero la naturaleza los ha hecho distintos en talento, fuerza, ingenio, laboriosidad y moralidad, y en resumen, en capacidad de esfuerzo personal en pro del progreso. La desigualdad es, por tanto, una cosa natural, querida por Dios. La sociedad debe ser gobernada por las minorías inteligentes, morales y capaces de un esfuerzo como el que supone gobernar. La desigualdad no es una cosa mala, pues precisamente es lo que estimula a los hombres a esforzarse por estudiar, por conseguir un trabajo mejor, por ser mejores cada día. Es función de la sociedad, y de todo buen Gobierno, luchar contra la miseria y la degradación moral, a fin de dar oportunidades de redención a los menos afortunados y a sus hijos. Pero ello no se debe hacer quitando a los demás lo que tienen para dárselo a los que no tienen, lo cual es de una simpleza y estupidez absoluta. Pero el rico tiene el deber moral de desprenderse de parte de su riqueza para con ella ayudar a sus semejantes, a la vez que el pobre tiene el deber moral de saber aprovechar las oportunidades que la sociedad le ofrezca. Al fin y al cabo, esas son las máximas evangélicas.

En estos discursos, Cánovas no acabó de entender la tremenda complicación del problema que estaba planteando, pues la iniciativa individual es siempre insuficiente para abordar el problema social, y no pasó a la solución estatal y de Gobierno para el problema. Tal vez confiaba demasiado en su fe católica y en que la religión podía resolver estos problemas, y además se apoyaba en las palabras de los Papas que afirmaban que la Iglesia podría resolverlos. Por ello, los discursos de Cánovas de noviembre de 1871 no son punteros en el reformismo social. Cánovas llegaría a mejores soluciones en La Cuestión Social y su Nuevo Carácter, un discurso pronunciado en 1890.

Este error de Cánovas, el de no considerar la intervención del Estado como elemento redistribuidor de la riqueza, es importantísimo para entender la política española del último tercio del XIX y del primer tercio del XX, cuando en Alemania y Gran Bretaña se hablaba ya de socialdemocracia y de liberalismo social respectivamente.

 

 

Catalanismo en 1871

 

En 1871 se inició la publicación de una revista llamada La Renaixença, que en 1881 pasaría a ser diario, y se mantuvo hasta 1905 como centro de un movimiento catalanista de igual denominación. Fue iniciada por Pere Aldavert i Martorell 1850-1937, y en ella tuvo mucha participación Ángel Pío Juan Rafael Guimerá i Jorge 1845-1924, un canario de padre catalán y madre canaria, que llegó a Barcelona a los 7 años de edad, y veraneaba en El Vendrell (Tarragona) escribiendo dramas en verso.

 

 

Galleguismo en 1871-1881

 

Al mismo tiempo que la Reinaxença triunfaba en Cataluña, a partir de 1871-1881, Rosalía de Castro (1837-1885) impulsaba en Galicia el Rexurdimento escribiendo versos, en gallego y en castellano, de un intenso lirismo nostálgico y triste. Sus obras principales son Follas Novas y En las Orillas del Sar.

Le acompañó Manuel Curros Enríquez, 1852-1908, que escribió Aires de Miña Terra y fue un periodista que hablaba de la tristeza y desesperanza del campesino gallego.

 

 

Moción de censura al Gobierno.

 

En 13 de noviembre, Ruiz Zorrilla puso moción de censura al Gobierno de Malcampo. Se sumaron a la censura los radicales, los demócratas y los republicanos federales, alegando que la conducta socialista no era inmoral.

En ese debate, hubo cosas extraordinarias: los carlistas pidieron derechos de asociación. No se trataba de defender a los internacionalistas, como podía entenderse de las circunstancias, pues los carlistas odiaban a los internacionalistas por ateos, sino que deseaban esos derechos para los católicos y absolutistas. Y los carlistas pidieron también la censura de Malcampo.

Las Cortes pusieron a votación esta proposición carlista, más bien por ir en contra del Gobierno, y Malcampo perdió la votación. Malcampo anunció entonces que iba a suspender las Cortes, e hizo un insubstancial discurso de seis horas, el más largo de los parlamentarios españoles. Se trataba de dar tiempo para que Sagasta fuera a ver al Rey y trajera a las Cortes el Decreto de suspensión de Cortes.

Amadeo cometió el error de ceder a la petición de disolución de Cortes. Y firmó el Decreto correspondiente. Fue un error tremendo. El Rey y el sistema democrático se desprestigiaron. El voto de censura fracasó, de momento, pero desgastó al Gobierno.

Las Cortes se cerraron el 18 de noviembre y se oyeron gritos de “Viva la República” junto a los que gritaban “Viva el Rey”.

Poco después del cierre de Cortes, se fusiló en Cuba a 8 estudiantes cubanos por sus ideas políticas discrepantes. Fue un escándalo. Y más escandaloso fue todavía que Malcampo aplaudiera la decisión de las autoridades cubanas de hacer el fusilamiento. Sagasta se permitió alabar la acción del fusilamiento sin saber lo que había pasado exactamente. La oposición en España protestó.

Ello provocó la caída de Malcampo.

 

 

[1] José Malcampo Monge, marqués de San Rafael, conde de Joló en 1881, vizconde de Mindanao en 1881, nació en San Fernando (Cádiz) en 1828. Como tantos otros gaditanos fue marino militar y entró en política en la Revolución de Septiembre de 1868. En 1871 fue Presidente del Gobierno, ministro de Marina, ministro de Estado. Murió en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) en 1880.

 

[2] Eduardo Alonso Colmenares 1820-1888, fue ministro de Gracia y Justicia en septiembre de 1871, ministro de Fomento en mayo de 1874 y de Gracia y Justicia en septiembre de 1874.

[3] Paul Lafargue 1841-1911 había nacido en Santiago de Cuba, de padre francés, pero en 1851 su familia se había trasladado a Burdeos y había estudiado bachiller en Tolosa y medicina en París, donde había conocido a Proudhon, Blanquí, Bakunin y Marx. Se afilió a un grupo de Proudhon. En 1865 se pasó a Marx. En 1868, con 26 años de edad, se casó con Laura Marx, entonces de 20 años de edad, y acabó medicina. En 1871, durante los sucesos de La Comuna, estaba en Francia. Al fracasar la Comuna, huyó de la zona de París hacia el sur, a Luchon, y desde allí a España a donde llegó en agosto de 1872. Fue detenido en Huesca, pero Ruiz Zorrilla no aceptó extraditarle, como pedía Thiers, y fue liberado en diez días, yéndose a vivir con su mujer a San Sebastián. Al gobierno de España le pareció mal que vivieran en la frontera y, en diciembre, se trasladaron a Madrid. Tampoco le pareció bien al gobierno español que residieran en Madrid, y Lafargue dijo que se trasladaba a Alcalá, pero siguió en Madrid. Vivió en España hasta septiembre de 1872, congreso de La Haya, cuando España era mayoritariamente bakuninista y había ya pocas posibilidades de éxito marxista. Dejó fundada la Nueva Federación Española, marxista, en Madrid. Cuando en 1883 muera Marx, Paul y Laura irán a París con los socialistas. En 1911, Paul y Laura se suicidaron juntos.

 

 

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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