Conceptos clave: actualidad económica y política en 1870, la opción Amadeo de Saboya, reestructuración del poder judicial, reforma del Código Penal, crisis de diciembre de 1870, Gobierno Juan Bautista Topete, Gobierno Práxedes Mateo Sagasta, ¿Quién mató a Prim?.

 

 

GOBIERNO PRIM: SEGUNDO SEMESTRE DE 1870.

 

El Gobierno de Prim duró de 18 de junio de 1869 a 4 de enero de 1871. Consideramos aquí una tercera etapa de gobierno, el segundo semestre de 1870.

 

 

Lanzamiento industrial.

 

En 2 de julio de 1870, José Echegaray Eizaguirre hizo una Ley de Bases Generales del ferrocarril. La Ley otorgaba una subvención de 60.000 pesetas por kilómetro a una lista de tramos ferroviarios sin terminar, al inicio de otra serie de tramos, y daba paso al estudio de otra serie de tramos hasta conectar las minas de carbón y otros centros mineros. El plan era amplísimo y, teniendo en cuenta que no había dinero, parecía temerario. Es de esos planes que parecen bien al no entendido, pero que suelen ser un fiasco que puede provocar la quiebra total del sistema.

Hacia 1870 se instalaron las primeras industrias de producción eléctrica en Madrid, País Vasco, Barcelona y Gerona. Eran compañías locales. Sólo a partir de 1900 se conformaron grandes compañías productoras de electricidad que construyeron grandes presas hidroeléctricas para obtener energía. Entre las primeras eléctricas contamos en Cataluña con “Sociedad Española de Electricidad” de 1880, que luego sería comprada por AEG alemana; y la “Anglo Española de Electricidad” de 1882, con mucha participación de capitales extranjeros. Más tarde, ya en el siglo XX, invertiría en electricidad el País Vasco, creando “Electra de Viesgo” en 1906, e “Hidroeléctrica Española” en 1907.

La industria química se desarrolló por la necesidad de la textil de tener tintes y colorantes. Destacó Cros en Badalona fabricando ácido sulfúrico.

La mayor parte de las fábricas de explosivos y ácido sulfúrico se instalaron en Bilbao en 1872 y se creó una Sociedad Española de Explosivos en 1896.

 

 

Reformas políticas de segunda mitad de 1870.

 

La vida política tuvo reformas importantes en verano de 1870:

Una Ley de Moret sobre la esclavitud, de 4 de julio de 1870, abolía la esclavitud en Puerto Rico, excepto para los nacidos de padres esclavos allí mismo. Es decir, se prohibía la importación de esclavos. El tema era de más fácil solución en Puerto Rico, donde el número de esclavos y de poseedores de esclavos era más pequeño, que en Cuba, isla en que los números asustaban.

La Ley Municipal de 20 de agosto de 1870 insistió en la idea de autonomía municipal en el sentido de que las Corporaciones Municipales debían resolver los problemas municipales particulares de cada municipio, y debían colaborar con el poder administrativo desde el ámbito de su jurisdicción. Y para ello: debían crear servicios municipales para el arreglo y ornato de las vías públicas, para la comodidad e higiene de los vecinos del pueblo; debían fomentar los intereses materiales y morales del pueblo; debían cuidar de la seguridad de las personas y de las propiedades valiéndose de una policía rural, y urbana en su caso; y debían tener capacidad de nombrar y separar funcionarios municipales que debían ser pagados con fondos municipales.

La Ley Provincial de 20 de agosto de 1870 desvirtuaba parte de la Ley Municipal promulgada ese mismo día porque creaba un Presidente de la Diputación Provincial elegido por los diputados provinciales, pero dependiente del Gobernador Civil provincial, el cual tenía poderes para intervenir en los Ayuntamientos. Definía la provincia como una corporación, y por tanto los Ayuntamientos no eran tan autónomos como parecía desprenderse de la lectura de la Ley Municipal. En la manipulación de los Ayuntamientos desde el poder, estaban de acuerdo los gobernantes de 1868 para defenderse de los partidarios de autonomías cantonalistas, de los revolucionarios socialistas y anarquistas, y de los carlistas, y en ello había mayoría de políticos que apoyaban al Gobierno.

 

 

Amadeo de Saboya duque de Aosta.

 

El 20 de agosto de 1870, Prim reconsideró su postura de apoyar a Leopoldo de Hohenzollern, y se interesó por Amadeo de Saboya, duque de Aosta, 1845-1890, hijo de Víctor Manuel II de Saboya y de María Adelaida (hija del duque Rainiero de Austria y bisnieta de Carlos III de España), pero esta candidatura era rechazada por los conservadores y unionistas, que proponían otros candidatos. Amadeo de Saboya duque de Aosta, segundo de los hijos de Víctor Manuel II de Saboya, Rey de Italia, presentaba el inconveniente de poder heredar Italia si moría su hermano mayor, Humberto. La candidatura también era rechazada por Amadeo de Saboya, pero se encargó a su padre para que le convenciera, y también se actuó a través de la masonería, pues Prim, que era masón, sabía que Amadeo también lo era.

Los Saboya tenían también lazos con la monarquía portuguesa pues Luis I de Portugal estaba casado con María Antonia de Saboya.

El 20 de agosto, Francisco de Paula de Montemar, representante español en Florencia, sede del Rey de Italia y capital de Italia en ese momento, inició negociaciones y comunicó a España que Víctor Manuel II estaba bien dispuesto a la coronación de su hijo en España. Víctor Manuel II de Saboya, Rey de Italia, estaba encantado con tener un hijo como Rey de España.

La elección de Amadeo preocupaba en Alemania pues se opinaba que la dinastía italiana era demasiado reciente y no consolidada todavía en bases democráticas, lo cual podía ser efímero. Incluso se pensaba que no era el verdadero candidato sino que se trataba de una simple distracción para plantear el verdadero problema que perseguían los partidos mayoritarios españoles, el iberismo.

La candidatura de Amadeo para el trono de España enfureció al Papa Pío IX y a Giácomo Antonelli, el cardenal secretario. El Vaticano abandonó la política de no definirse nunca y adoptó la de oposición rotunda al Gobierno de España.

La candidatura de Amadeo resultaba así una iniciativa de Prim, y no era una petición de los españoles, ni de las Cortes, y tampoco del gusto de Amadeo de Saboya.

La idea de coronar a Amadeo como Rey de España, tardó en madurar

 

 

Discrepancias entre Serrano y Prim.

 

En agosto de 1870, el Presidente español Serrano intentó cambiar al Presidente de Gobierno, pero Prim concentró tropas en los cuarteles y se opuso a ser sustituido en el Gobierno.

 

 

La Tercera República Francesa.

 

El 4 de septiembre de 1870 cayó Napoleón III y empezó la Tercera República Francesa. El presidente francés del Gobierno de la Defensa Nacional, Jules Favre, envió como emisario a España, en noviembre de 1870, al conde Keratry y éste propuso a Prim que se declarase presidente de una República Ibérica, y ayudase a Francia contra Prusia con 60.000 – 80.000 hombres, y le prometió la entrega de 50 millones y los barcos necesarios para reconquistar Cuba. Prim se negó. Entonces Keratry amenazó con no controlar a los carlistas que llenaban el sur de Francia. Prim terminó afirmando que en España no habría república mientras él viviera. Keratry se lo comunicó a los republicanos españoles.

Pero Prim insistió en permanecer neutral. Y todos los partidos políticos españoles secundaron a Prim en esa postura de neutralidad. España estaba cansada de guerras, y ya tenía suficiente con gestionar su guerra en Cuba, en esos momentos en plena actividad. Además, la prensa francesa mostraba hostilidad y desprecio por España y los ministros franceses hacían declaraciones negativas sobre España.

Los republicanos españoles intransigentes pidieron la insurrección, y hablaron con los insurrectos cubanos y los internacionalistas, los cuales comentaron la posibilidad de aportar 30.000 duros a la revolución republicana. Protagonizaba estas conversaciones Fernando Garrido, y desde este momento, José María Orense dejó de fiarse de Garrido, aunque siguiera éste militando entre los demócratas.

La insurrección no se llevó a cabo, porque Pi no aceptó ir a la ilegalidad. En esto le apoyó Castelar. Pi hablaba por entonces de unos “Estados Unidos de Iberia”, otra idea a tener en cuenta dentro de su modelo de federalismo republicano en continua evolución.

Isabel II de España, se marchó de Francia a Suiza, desconfiando de la III República francesa, pero el Gobierno republicano francés mostró su apoyo a los alfonsinos, partidarios de Alfonso XII, hijo de Isabel II.

A finales de 1870, Francia ya no era el intermediario diplomático de España, con lo que España perdía su principal referencia a la hora de tomar decisiones internacionales. España perdía casi todas sus vías de política exterior. Gran Bretaña aprovechó y ofreció un acercamiento a España. España se pasó entonces a un acercamiento a Italia y Prusia, pero fracasó en esos intentos de cambio de política, y quedó aislada, en tierra de nadie, a finales de 1870.

El aislacionismo español tiene relación con que España propusiese declarar ilegal la Internacional a fines de 1871 y nadie en Europa le hiciera caso. España había declarado ilegal la Internacional AIT y había enviado una circular a los embajadores en Madrid para que todos los Estados hicieran lo mismo, pero no fue escuchada. Francia y Rusia ya la habían ilegalizado en sus países con anterioridad, cuando España no lo hizo. Austria, Italia y Prusia dijeron que consideraban interesante la propuesta española, pero Gran Bretaña se negó a aceptarla, y todos la olvidaron.

 

 

Los republicanos en octubre de 1870.

 

El 2 de octubre de 1870, Prim dio la Ley de Suspensión de Garantías Constitucionales. El 5 de octubre, los republicanos, en señal de protesta, abandonaron el Congreso de Diputados. Pronto comprendieron que esta postura política no les beneficiaba, pues la revolución caminaba hacia la proclamación de un Rey, y Pi i Margall y Emilio Castelar aconsejaron volver al Congreso. Lo hicieron en noviembre, cuando Amadeo ya había aceptado el trono de España.

 

 

La candidatura de Amadeo.

 

Amadeo de Saboya duque de Aosta puso dos condiciones para aceptar la Corona de España: ser aceptado por las Cortes y por la mayoría de los partidos españoles, y ser aceptado por las potencias europeas. Prim consultó a las potencias y obtuvo el consentimiento de casi todas, aunque no de Francia, ni de El Vaticano.

El 12 de octubre de 1870 se superaron los inconvenientes para que Amadeo aceptase ser Rey de España. En este día, Montemar obtuvo la aceptación de Amadeo. Bismarck había dado su visto bueno. El Cardenal Antonelli había dado la respuesta ambigua que se esperaba del representante de la Iglesia. Al menos no se oponía. Así que se propuso de nuevo a Amadeo. Esta vez, Víctor Manuel II de Saboya convenció a su hijo para que aceptase.

Amadeo era un hombre culto y bien educado (aunque se dijo siempre que no era demasiado inteligente, son cosas distintas), y sabía perfectamente el riesgo que corría al aceptar la Corona española, pero también era valeroso y aceptó el riesgo. Incluso cuando nada más llegar a España le comunicaron el asesinato de Prim, continuó adelante afrontando el riesgo.

Juan Bautista Topete seguía queriendo a Montpensier, el general Contreras quería a Espartero o al menos a un español que podía ser el propio Prim o Serrano.

El 2 de noviembre de 1870 se publicó que Amadeo de Saboya aceptaba el trono de España.

El 3 de noviembre de 1870, Prim reunió en el Senado a los diputados de la mayoría y les expuso la situación respecto a la búsqueda de un Rey.

A continuación, Prim le comunicó a las Cortes de que la resolución anterior sobre Hohenzollern había fracasado y había dado lugar a una terrible guerra y de que el nuevo candidato era Amadeo de Saboya duque de Aosta.

Castelar acusó a Prim de gestionar personalmente la búsqueda de un Rey sin tener en cuenta para nada a las Cortes, excepto para votarle al final, lo cual había llevado a buscar candidatos a la medida de su partido y de él mismo, y no de las necesidades de España. Emilio Castelar dijo que la revolución de 1868 no se había hecho para instalar una monarquía y que la monarquía no era una forma democrática de Gobierno. Terminaba Castelar exponiendo la paradoja de que un pequeño territorio del antiguo imperio español pusiese un Rey en España, lo cual le llevaba a la consideración de que los hechos eran lamentables.

Los monárquicos cerrados acusaron a Prim de haber desprestigiado a la monarquía durante la búsqueda de un Rey.

La mayoría de los parlamentarios pensaban que la disyuntiva era la monarquía de Amadeo o la dictadura de Prim y eso era lo que pensaba Europa, que Prim se iba a convertir en dictador. Así que los diputados de la mayoría respetaron la decisión de Prim de aceptar al duque de Aosta.

El ambiente en la calle de Madrid era de exaltación. Estaban en contra del nuevo candidato y creían que había sido impuesto por Prim contra la voluntad de casi todos. 29 periódicos publicaron un manifiesto en contra de Amadeo de Saboya. El clero integrista, o ultramontano como se decía en la época, tuvo un enfado tremendo y muchos se pasaron a las filas del carlismo[1]. Los republicanos también se sentían traicionados.

 

 

La aceptación de Amadeo en las Cortes.

 

El 14 de noviembre los diputados de la mayoría decidieron reunirse en el Senado para coordinar el apoyo al Gobierno y al nuevo candidato, pues el ambiente político era muy difícil.

La votación de las Cortes de 16 de noviembre de 1870 se hizo en un ambiente de tensión, con el ejército en la calle protegiendo al Congreso, y con los teatros y tiendas cerradas por orden gubernamental. La sesión duró hasta las 21:00 horas. Había 344 diputados en las Cortes, de los cuales estaban presentes 311. Presidía Ruiz Zorrilla. La sesión fue muy agitada. Los católicos expusieron la bula de Pío IX que excomulgaba a los Saboya. Un republicano hizo un chiste: “si el Rey juraba en italiano, los españoles no sabrían lo que decía, y si juraba en español, como el Rey no sabía español, él tampoco sabría lo que juraba”. Votaron 311 diputados: 191 votos para Amadeo, 63 para la República (60 república federal encabezados por Pi i Margall, 2 unitaria encabezados por Castelar y 1 sin definir qué tipo de república), 27 para Montpensier, 8 para Espartero, 2 para Alfonso de Borbón, 1 para la duquesa de Montpensier María Luisa Fernanda de Borbón y 19 votos en blanco (que fueron los de Cánovas y su grupo, que eran monárquicos pero explicaron que no querían comprometerse con ningún candidato en concreto). Hubo 33 diputados que se ausentaron por una u otra causa.

Amadeo tenía la mitad más diecinueve de los votos de los 344 posibles, lo cual era mayoría absoluta, pero escasa. Y lo peor es que no hubo aplausos, ni vivas, ni murmullos en uno u otro sentido, sino un silencio expectante. España era un pueblo ruidoso y vociferante, y los silencios eran signo de preocupación.

Los republicanos eran conscientes de su fracaso: Cánovas y los suyos votaron en blanco. Argumentaban que se estaba eligiendo a ciegas, a una dinastía de la que no se conocía apenas nada y al margen de la voluntad manifiesta de los españoles. Por otra parte, en el plano de la teoría política, Cánovas defendía que los reyes no eran elegibles, que elegirles era degradarles a un concepto republicano. Por eso, votaban en blanco. Otros republicanos pidieron un plebiscito popular sobre el tema de la monarquía.

Los alfonsinos habían perdido. Pero sabían que el príncipe Alfonso de Borbón era un niño incapaz de asumir la Corona, había nacido el 28 de noviembre de 1857 y tenía 12 años de edad, a punto de cumplir 13. La elección de Alfonso hubiera llevado a una Regencia y la Regente sería por derecho Isabel II, lo cual no tenía sentido.

Se proclamó rey a Amadeo de Saboya duque de Aosta, y se nombró Comisión de 24 miembros, presidida por Ruiz Zorrilla, para ir a buscarle a Florencia, y se cerraron las sesiones de Cortes hasta el regreso de esa Comisión con el Rey. Los 24 diputados salieron de Cartagena en el barco Villa de Madrid con dirección a Génova. Desde allí, se dirigieron a Florencia por tierra, y llegaron a esta ciudad el 4 de diciembre.

Prim actuaba como dictador de hecho, y ya hasta le molestaban las Cortes y las opiniones de la oposición y las discrepancias de los generales, lo cual era contradictorio con su pasado de discrepante perpetuo y general que opinaba en todo y de todos frente a gobiernos pasados.

 

 

Crisis en la Iglesia Católica:

 El Catolicismo Autoritario.

 

El Concilio Vaticano I se venía celebrando desde 1869.

El 18 de julio de 1870, el Papa forzó al Concilio Vaticano a proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción. Esa imposición fue el final práctico del Concilio, que hubo de aplazarse sine die el 20 de septiembre de 1870, lo cual se considera el final oficial del Concilio. El motivo que los católicos alegan para el final del Concilio, es que los duques de Saboya tomaron Roma, con intención de proclamarse Reyes de Italia, y ya no fue posible reunir de nuevo al suspendido Concilio. Pero de hecho, ya no se celebraban sesiones desde julio y el argumento de que los sucesos de septiembre fueron la causa de su cierre, es poco creíble.

El tema de fondo era otro: el Concilio había tomado la postura más intransigente y autoritaria posible, declarar la infalibilidad del Papa. El catolicismo se escindió y surgió un movimiento, “Vieja Iglesia Católica”, que defendía la democratización de la Iglesia frente a las imposiciones dictatoriales. Y los ultraconservadores impusieron el dogma de la Inmaculada Concepción como prueba de fuego contra los católicos más democratizantes.

Los católicos españoles no se atrevieron a romper con la Iglesia, pero los españoles de ideas demócratas y liberales quedaron muy dañados por el Concilio en sus creencias religiosas. Serán muestras del nuevo movimiento de descontento católico Galdós en La Fontana de Oro, López de Ayala en Consuelo, y los profesores de la Institución Libre de Enseñanza. Todos ellos se acercaron al positivismo, puesto que ya no podían creer en el nuevo catolicismo. Como al mismo tiempo estaban apareciendo los socialismos, la “Nueva Iglesia”, la autoritaria, se hizo profundamente dogmática, irracional y radical, condenando por sistema el liberalismo, el positivismo y el socialismo, sin entrar a analizar las causas y problemas que habían generado estos movimientos sociales.

La Iglesia española entraba en una profunda crisis. La Iglesia dominaría al Estado en el final del XIX y la primera mitad del XX, pero se desprestigiaría a mediados del XX. Ello no fue patente mientras la religión fue obligatoria gracias a las dictaduras, y los sacerdotes católicos tuvieron poder político efectivo, pero la Iglesia perdería muchos fieles en España en cuanto dejó de ser religión obligatoria, un siglo después, al caer el franquismo en 1975[2]. Los informes oficiales en 1975, decían que todos los españoles eran católicos, pero los informes FOESSA manifestaban que el 75% de los españoles de la mitad sur no cumplían las obligaciones más básicas del creyente, y sólo el 50% las cumplían en el norte de España.

 

 

Reestructuración del poder judicial.

 

Hasta 1870, había tres niveles en la administración de Justicia: el Tribunal Supremo; las 13 Audiencias Territoriales; y los Juzgados de Primera Instancia cuya jurisdicción se llamó “partido judicial”.

El 15 de septiembre de 1870, una Ley Provisional del Poder Judicial, auspiciada por Montero Ríos, dividió el territorio nacional en 15 distritos, cada uno de ellos con una Audiencia Territorial dotada de Sala de Gobierno (presidente, presidentes de sala y fiscal). Había tres Salas de justicia en Madrid y Barcelona, dos Salas en la mayoría de los distritos, y una sola Sala en Las Palmas, Palma y Pamplona. Las Audiencias, al igual que los Consejos emitían disposiciones tomadas colegiadamente que se llamaban autoacordados.

La Ley Orgánica del Poder Judicial ordenaba el funcionamiento de los tribunales en lo territorial y en lo jurisdiccional. Regulaba el Tribunal Supremo, Audiencia, tribunal de partido, juzgado de instrucción y juzgados municipales. También ordenaba la magistratura, fiscalía, secretarios y auxiliares de justicia en cuanto a sueldos, funciones y ascensos.

En 1870 se crearon 80 Audiencias de lo Criminal (que en 1892 pasaron a ser una por provincia, se llamaron Audiencias Provinciales y fueron 50. Las Audiencias de lo Criminal dependían de las Audiencias Provinciales como nivel de justicia superior.

El alcalde de cada municipio tuvo competencias de juez de primera instancia en algunas causas determinadas, y con ello apareció el Juzgado Municipal, que era el quinto escalón de la justicia.

 

El 31 de octubre de 1870 se abrieron las Cortes. La obra más importante de estas Cortes fue ratificar la citada Ley Orgánica del Poder Judicial.

 

La justicia se vería ampliamente reformada en los siguientes cuatro años, hasta 1874, por:

la Ley de Procedimiento Criminal que fue aprobada en 1872,

la Ley de Procedimiento Civil que no llegaría a ser aprobada como tal ley general, debido a que la Restauración en 1874 paralizó todas las reformas del Sexenio. No obstante, fueron adelantadas algunas leyes de procedimiento civil.

 

Reforma del Código Penal.

 

También, el 15 y 16 de julio de 1870 se publicó la Reforma del Código Penal, cuya base era el código de 1848 (rectificado en 1850). Este Código Penal tipificó los delitos y adjudicó penas de acuerdo al nuevo sistema de libertades. En este Código Penal quedaron prohibidas las asociaciones contrarias a la moral pública, o delictivas, lo cual ilegalizaba a las asociaciones obreras en cuanto eran partidarias de hacer huelgas o protestas.

Este Código Penal de 1870, fue el de más duración de la historia de España, pues estuvo vigente hasta 1928 primero, y desde 1930 a 1932 en una segunda etapa. Después vendrían los códigos de 1932, 1944 y 1995, todos vigentes mucho menos tiempo.

A pesar de todas las reformas, el poder judicial fue cómplice del poder ejecutivo todo el resto del siglo y parte del siguiente, pues el caciquismo era una red muy fuerte y compleja que se llevaba todo por delante. Bien entendido que nunca se ordenó a un juez prevaricar, pero sí se le hacían llegar peticiones en un determinado sentido, y el juez sabía cómo funcionaba la sociedad en que vivía. También el Gobierno y los Gobernadores Provinciales le hacían peticiones al juez en un determinado sentido, y los Presidentes de los Tribunales se lo comentaban a los jueces.

 

 

  La Comisión de visita a Amadeo de Saboya.

 

La Comisión de visita a Amadeo de Saboya, decidió que irían 24 hombres en tres barcos distintos, los cuales saldrían todos de Cartagena y volverían a Cartagena, y desembarcarían en Génova, desde donde viajarían por tierra a Florencia. Se añadiría a ellos el Ministro de Marina José María de Beránger.

Había algunos problemas por resolver en el caso Amadeo:  Se trataba de un joven de entendimiento corriente, no era un superdotado, lo cual no debía ser inconveniente, pues muchos Borbones habían estado en el mismo caso. Pero lo peor era que no sabía nada de España: no sabía hablar castellano, no conocía la historia de España, no sabía de las instituciones de Gobierno españolas, y sobre todo, no sabía de las “familias políticas españolas” y de sus enfrentamientos internos.

Pero Amadeo tenía a su favor que era una persona honesta, cosa no frecuente entre los dirigentes españoles, una persona que no pretendía acumular riquezas, y ello era mucho más que lo que España estaba acostumbrada a padecer. De hecho, Amadeo quedó estupefacto cuando los miembros de la Comisión española desplazados a Italia se dedicaron a pedirle cargos y favores y dineros, mucho antes de llegar a ser coronado Rey de España. También se atrevían a decirle lo que debía hacer y no debía hacer a su llegada a España. Amadeo estaba confuso. Empezó a sospechar que la corrupción era mucho mayor de lo que se decía.

El periódico La Política publicó el discurso de Ruiz Zorrilla ante Amadeo durante el viaje de los comisionados, y la respuesta de Amadeo. Era una sucesión de tópicos. Romero Robledo dijo “tenemos un Rey que no nos lo merecemos”. Los republicanos llamaron a la insurrección general. Isabel II, que residía en Ginebra, protestó. Carlos de Borbón, el carlista, protestó también y dijo que se entronizaba a un rey impuesto, extranjero e hijo de un excomulgado.

Prim actuó diplomáticamente, y solicitó del Papa Pío IX la bendición para Amadeo I de España y para su esposa. De esa manera, esperaba desarmar a los católicos integristas españoles, que también rechazaban a Amadeo.

Amadeo embarcó en el puerto de La Espezia, en el Numancia, el 26 de diciembre de 1870. Hubo temporal, y tardó cuatro días en llegar desde La Spezia a Cartagena.

Prim estaba entusiasmado con el resultado de la búsqueda de un Rey. Un Rey de inteligencia mediocre resultaba perfecto para que Prim siguiera dominando la escena política. Opinamos que preparaba una especie de dictadura, semejante a la de Narváez o Espartero en otras fechas, o semejante a los Gobiernos franceses de esa época, con un rey inoperante.

 

 

Exaltación popular en Madrid.

 

El ambiente de exaltación en las calles de Madrid se podía explicar por otros motivos diferentes a los esgrimidos por los políticos: el fundamental era la carestía de la vida. La carestía, seguramente debida a la crisis económica, no se solucionaba con los cambios políticos de la revolución septembrina, y en 1870, 4.000 obreros se manifestaban en Madrid. En Barcelona se organizó un motín en el que murieron nueve obreros. Algunos historiadores de los movimientos obreros quieren hacer notar la existencia del obrerismo internacionalista pues Fanelli había llegado a Barcelona en 1868 y Lafargue llegaría a Madrid en 1871, pero quizás sea una interpretación demasiado forzada. No conviene exagerar, pues la AIT tenía un total de 29.000 afiliados en toda España en 1872. Las cifras eran reducidas y mucho más en Madrid.

No parecía el momento mejor para inaugurar una dinastía.

 

 

Crisis del Gobierno en diciembre de 1870.

 

El 1 de diciembre de 1870 dimitió el ministro de Hacienda, Laureano Figuerola.

El 4 de diciembre, la Comisión de las Cortes españolas para ir a buscar a Amadeo, estaba en Florencia y ofreció la corona a Amadeo, que la aceptó.

El 14 de diciembre, Prim envió un telegrama a Florencia para que retrasasen la vuelta a España debido a los desórdenes que se observaban en la calle. El 19 de diciembre se mandó otro telegrama fijando la fecha de entrada en Madrid para 1 de enero de 1871. También se decidió que las Cortes se disolverían en cuanto juraran al nuevo Rey.

Había en España muchos rumores de complots contra Prim y muchas amenazas. Prim no se las tomó en serio y manifestó que no pasaba nada.

El 24 de diciembre dimitió el ministro de Gobernación, Nicolás María Rivero, cuando se le ordenó modificar el calendario electoral de las Diputaciones Provinciales para que no coincidiera con la llegada del Rey, y él se negó.

El 25 de diciembre, se puso en contra de Prim y de Amadeo, José Paúl y Angulo[3], un rico cosechero andaluz que escribía en El Combate, y defendía la república federal. Paúl y Angulo decía en esos artículos que Prim intentaba una dictadura y que la conseguiría de hecho, cuando coronase a Amadeo, pues las formas ocultarían el verdadero sentir de Prim. Alegaba que Prim debía ser combatido por la fuerza y los defensores de los derechos del hombre y de las libertades tenían el deber de cortar la iniciativa de poner un nuevo Rey. Los últimos artículos sobre este tema aparecieron el 25 de diciembre de 1870.

Efectivamente, Prim estaba decidido a ejercer todo tipo de violencia, costase lo que costase y sin escrúpulos, para imponer la ley y el orden, que era la misma idea que Narváez y Espartero habían ejercido anteriormente. Pero había una gran diferencia entre Prim y estos generales autoritarios citados: Prim era liberal y masón, y en la logia utilizaba el sobrenombre de “Whashington”, tenía el rango de “capitán de guardias”, uno de los más altos en su logia masónica, y estaba dispuesto a utilizar a la masonería a su servicio. Otra cosa es que la masonería estuviera dispuesta a dejarse utilizar por Prim, cosa que nunca sabremos.

 

 

Asesinato de Prim.

 

Como consecuencia probable de que la elección de Amadeo no gustó a determinados sectores sociales, como los católicos, los republicanos, los populistas, y otros, Prim sufrió un atentado el 27 de diciembre de 1870 y murió tres días después:

El 26 de diciembre, Prim anunció que al día siguiente disolvería los Voluntarios de la Libertad, o Milicias Nacionales en las que dominaban los republicanos federales.

El 26 de diciembre, Ricardo Muñiz, amigo personal de Prim, visitó a Prim para decirle que Bernardo García, director de La Discusión, un diario demócrata-republicano, le había comunicado que estaba preparado un atentado contra Prim para esa misma noche y que le habían dado la lista de los diez conjurados, y que el número uno era Paúl y Angulo. Prim mandó detenerlos, pero el Gobernador, Ignacio Rojo Arias, sólo encontró a uno. El resto estaba escondido, como veremos más tarde. Tal vez la causa de que Rojo Arias no pusiese el celo necesario, era que circulaban varias listas diferentes, y no le dio al asunto la credibilidad que el caso requería. O tal vez estaban en marcha dos conspiraciones contra Prim, y de ahí que existieran varias listas.

Otros diputados sabían de la posibilidad de que hubiera atentado, y trataron de cambiar el horario e itinerario de Prim ese día, y de ponerle escolta, pero Prim se negó a todo.

El 27 de diciembre nevaba en Madrid. Se discutió en las Cortes el Presupuesto de la Casa del Rey y se le adjudicaron 6 millones de pesetas para el Rey, 500.000 pesetas para el Príncipe heredero, 1 millón para mantenimiento de los edificios de la Corona. Pi y Margall atacó duramente a Prim en las Cortes. La sesión terminó a las 18:15 horas.

Al finalizar la sesión, Prim se enfrentó con Pi y con su grupo de republicanos federales en los pasillos del Congreso. Los Federales estaban hablando, en corrillos, de tomar las armas e iniciar un golpe de Estado, a lo que Prim les dijo que se contuvieran. Paúl y Angulo se enfrentó duramente con Prim, y Prim le contestó que se utilizaría la mano dura necesaria para evitar esos conatos de violencia de los republicanos federales. Paúl y Angulo le contestó “a cada cerdo le llega su San Martín”. Más tarde, Prim bromeó con algunos diputados antes de subir a su coche.

En la noche del 27 de diciembre, hubo una cena de masones, a la que Prim no asistió alegando que tenía viaje a Cartagena al día siguiente, pero eso no era del todo cierto pues no pensaba salir al día siguiente.

Prim salió de las Cortes a las 19:00 horas, ya de noche, nevaba, y se llevó en su berlina a dos diputados, Práxedes Mateo Sagasta y Feliciano Herreros de Tejada Íñiguez, a los que dejó en sus respectivas casas, que estaban cercanas.

Subieron entonces a la berlina los colaboradores de Prim, el coronel Moya y el asistente Nandín, y se dirigieron todos al Palacio de Buenavista en la Calle Alcalá, residencia de Prim. Era un recorrido muy breve por calle Floridablanca, Sordo (actual Zorrilla), y Turco (actual Marqués de Cubas), hasta Alcalá. En la desembocadura de la calle del Turco en Alcalá, estaban apostados 8 ó 9 embozados que esperaban unas señales convenidas, mediante encendidos de fósforos a lo largo de algunas calles para anunciar la llegada de Prim. Un carruaje aparcado obligaría a la berlina de Prim a reducir velocidad, y otro circulando a la contra le haría detenerse. Una vez detenida la berlina de Prim, unos embozados subieron al portante con trabucos, rompieron los cristales de las ventanillas y descargaron seis tiros sobre Prim, tres en el hombro, uno en un codo, uno en la articulación escápulohumeral, y uno que se llevó el dedo anular de la mano derecha (Prim puso la mano delante del trabuco), y también dispararon sobre Nandín y Moya que acompañaban a Prim. Ningún disparo era mortal. El cochero reanudó la marcha hasta el Palacio de Buenavista. Prim bajó de la berlina sangrando por muchos sitios, subió a su casa, llamó a dos médicos militares, Losada y Vincent, y le hicieron una cura poco profesional. Ninguna herida era demasiado grave. El enfermo se puso peor el 29 de diciembre porque las heridas se infectaron. Como Prim padecía insuficiencia hepática crónica, el mal era grave. Y el día 30 se llamó a un cirujano civil afamado, Melchor Sánchez de Coca, que no quiso hacer nada pues opinaba que Prim estaba prácticamente muerto, tal vez por ineptitud de los médicos que le habían tratado. Cuatro horas después fallecía Prim a las 20:15 horas. Nunca se supo quién le había matado.

José Paúl y Angulo se escondió y huyó de España, pero nunca nadie pudo probar si estaba implicado en el asesinato. Regresó en 1873 y en varias ocasiones dijo que él era inocente, incluso lo dijo en Sudamérica cuando ya no tenía nada que temer. Paúl había sido inicialmente partidario de Prim, luego se convirtió en adversario, y últimamente le insultaba desde El Combate, un periódico que él mismo pagaba. La voz de la calle decía que Paúl había asesinado a Prim financiando el golpe. Prim dijo que no sabía quién le había disparado, pero que desde luego, no habían sido los republicanos. Ramón Martínez Pedregosa se confesó años más tarde, culpable cuando estaba en México, pero su testimonio no tiene credibilidad y se considera que buscaba publicidad. Luego se dijo que habían sido los cubanos, ya que Prim había hablado en secreto con el general Sickles, embajador de Estados Unidos en España, para negociar la venta de la isla de Cuba a Estados Unidos, y los empresarios cubanos podían haber financiado el asesinato. Los republicanos culparon a Montpensier que había sido privado del trono español, y en concreto a un ayudante de Antonio de Orleans llamado Solís y Campuzano, pero era una opinión de tipo político, con muy poca fiabilidad.

En 1877, el sumario fue archivado “por falta de pruebas”, aunque se cree que había muchos implicados que no convenía políticamente que aparecieran en los juzgados. Y cuando se estaba investigando por historiadores, el sumario apareció emborronado, mojado, y se había perdido casi toda la información. Posteriormente algunos investigadores hallaron que la lista de sospechosos que manejaba el sumario era de doce individuos, y no de diez como se venía diciendo.

 

 

Gobierno interino de Juan Bautista Topete Carballo.

De 27 de diciembre 1870, a 29 de diciembre de  1870.

 

Presidente del Consejo de Ministros, Juan Bautista Topete Carballo.

Estado, Juan Bautista Topete Carballo.

Gracia y Justicia, Eugenio Montero Ríos.

Guerra, Juan Bautista Topete Carballo.

Marina, José María Beránguer Ruiz de Apodaca.

Hacienda, Segismundo Moret Prendergast.

Gobernación, Práxedes Mateo Sagasta. Volvía después de casi un año en que había sido sustituido por Nicolás María Rivero.

Fomento, José de Echegaray Eizaguirre.

Ultramar, Adelardo López de Ayala.

 

Prim, desde su lecho de muerte, pidió a Serrano que nombrase a Topete Presidente interino del Gobierno, encargado de recibir al nuevo Rey. Así que Topete sería por unos días Presidente, Ministro de la Guerra y Ministro de Estado.

El 28 de diciembre condenaron el atentado los unionistas, los republicanos y los carlistas, y parece ser que ninguno de ellos estaba implicado. Se atribuía el atentado a “ciertos círculos” reunidos en los últimos días en Madrid y se habló del director de El Combate, pero este periódico ultra, subversivo y demagógico, republicano federal, también condenó el atentado.

 

El 29 de diciembre de 1870 Prim pasó a situación de moribundo, y hubo nuevo Gobierno.

Gobierno interino de Práxedes Mateo Sagasta de 29 de diciembre 1870 a 4 de enero de 1871:

Presidencia del Consejo, Práxedes Mateo Sagasta.

Estado, Juan Bautista Topete Carballo.

Gracia y Justicia, Laureano Figuerola Ballester.

Guerra, Juan Bautista Topete Carballo.

Marina, Juan Bautista de Antequera Bobadilla.

Hacienda, Segismundo Moret Prendergast.

Gobernación, Práxedes Mateo Sagasta.

Fomento, José Echegaray Eizaguirre.

Ultramar, Adelardo López de Ayala, un viejo unionista.

 

El 30 de diciembre de 1870, a las 21 horas, murió Prim. El 1 de enero de 1871, el cadáver fue trasladado a la basílica de Atocha. El funeral fue el 2 de enero de 1871 en la iglesia-basílica de Atocha y estuvo presente Amadeo de Saboya, que había llegado a España el 30 de diciembre. Hubo una misa masónica como funeral. La Iglesia se enfadó mucho y se negó a hacerle funerales aduciendo que no había recibido los santos sacramentos y que era masón.

 

 

¿Quién mató a Prim?

 

La policía buscó culpables entre los republicanos y los montpensieristas, pero se detuvo sin sentido a varias personas y por ganas de cubrir el expediente, y todo se sobreseyó en 1877.

Es posible que los republicanos estuvieran cobrando su decepción respecto a lo que iba a ser el Gobierno español. Los republicanos como Figueras, Pi o Castelar negaron siempre que ellos hubieran matado a Prim. Los republicano-federales como Eduardo Chao dijeron que ellos tampoco.

Se llegó a conocer el nombre de algunos de los asesinos, pero nunca quién los había contratado y pagado. Hubo tres grandes sospechosos: Paúl Angulo, el general Serrano y el duque de Montpensier.

Paúl Angulo, el cosechero andaluz republicano federal, había anunciado que el 25 se ausentaba de Madrid y fue visto el 26 en una peluquería con las cejas teñidas de negro (él era pelirrojo). También algunos testigos dijeron reconocer su voz entre los asaltantes, pero otros dijeron que no, y hubo contradicción. No tenía sentido, porque Paul estuvo en las Cortes en 27. Las pruebas eran circunstanciales y sin fundamento. Tras el juicio, Paúl salió al extranjero y allí vivió hasta 1892, lo cual es sospechoso para alguno, porque “un hombre pobre como él no tenía medios para pagar esos gastos”. Por otro lado, cuando estaba en Sudamérica y ya no tenía nada que temer, siempre negó haber sido él el asesino.

Francisco Serrano Domínguez estaba implicado porque un testigo dijo que los sicarios habían dormido la noche anterior al atentado en casa de José María Pastor, el jefe de la escolta de Serrano. Pastor se defendió en el juicio acusando a todos los que le incriminaban, es decir, de manera altanera. Otro testigo dijo haberle visto entre los hombres que asaltaron a Prim la noche del asesinato. Surgieron más incongruencias, pues en el juicio ayudaron a Pastor tres carlistas pagados por una personalidad sevillana (que podía ser el duque de Montpensier). Se acusó a Pastor de reclutar a los diez presidiarios que asesinaron a Prim y de esconderles en su casa hasta la hora del atentado. Un testigo dijo que había escrito todos los detalles en la pared de la casa de Pastor, pero la policía hizo muchos papeles y cuando fueron a casa de Pastor, la pared estaba recién encalada. Serrano, por último, tuvo mucho interés por cerrar el caso, quizás excesivo, lo que confirma la opinión de la esposa de Prim que, cuando le fue a visitar la Reina, en presencia de Serrano, y le prometió atrapar a los culpables, le respondió a la Reina que no tendría que buscar muy lejos.

El duque de Montpensier quedó fuera del procedimiento, pero su ayudante personal Solís y Campuzano estaba implicado en los hechos, luego era difícil creer que su amo no supiera nada.

 

 

El cuarto sospechoso: El grupo cubano.

 

También se habló de la posibilidad de que Carlos Manuel Céspedes, presidente de los rebeldes cubanos, hubiera pagado o subvencionado el crimen. Pero esa opinión tiene poca verosimilitud.

En Cuba había sin embargo muchos interesados en que no se llevaran a cabo los proyectos de Prim. Y no es que haya pruebas contra ellos, sino que la cuestión responde al “cui prodest”: Prim estaba dispuesto a independizar Cuba, lo cual significaba el fin de sus operaciones comerciales entre Cuba y España, y estaba dispuesto a liberar a los esclavos, lo cual acabaría con los hacendados tradicionales y con los comerciantes negreros. Demasiado oscuro todo ello. Tan oscuro, que un siglo más tarde nunca he visto dos líneas en los libros de texto españoles dedicadas a los traficantes de esclavos españoles.

Cuba era muy distinta de lo que se pensaba en España: Allí todo el mundo iba a sacar el máximo de dinero para volver a España, a Europa o a Estados Unidos, y disfrutarlo. Los hijos de los hacendados estudiaban en estos países citados dilapidando dinero, y sólo volvían a Cuba para hacer más dinero. En Cuba no había idea de futuro, de continuidad, de proyecto nacional, excepto la de ganar más y más dinero para llevarlo fuera. Los militares destinados allí trataban de medrar. La justicia en Cuba era sumarísima para ahorrar en gastos y para cobrar cuantiosas multas que proporcionasen dinero líquido.

El grupo de presión de los cubanos eran un gran poder, económico y político, organizado tanto en Cuba como en España. Nunca aparecieron en juicios en España.

 

 

[1] El símbolo y líder de este clero ultramontano era Vicente Manterola Pérez 1833-1891, nacido en San Sebastián en una familia carlista, con estudios en el seminario de Pamplona, Toledo y Salamanca, profesor de instituto en Pamplona y San Sebastián, sacerdote en 1861, y gran orador. Para defender la causa del Papa, se presentó a elecciones y salió diputado en 1869, siendo el portavoz del integrismo católico. En 1870 se pasó al carlismo, abandonó las Cortes y se fue a Francia. En 1876 sería amnistiado y se hizo párroco en Madrid. Moriría en Alba de Tormes con ocasión de haber organizado una peregrinación para visitar los lugares de Santa Teresa.

 

[2] Véanse: Lenzerweger, Historia del Iglesia Católica, Herder 2006, y Miguel Ángel de la Cruz, Historia del pensamiento español en la segunda mitad del XIX. También es un dato a considerar el que España, tierra que exportaba tradicionalmente misioneros a todo el mundo, recibiera sacerdotes católicos sudamericanos a fines del siglo XX.

[3] José Paúl Angulo, 1842-1892, nació en Cádiz de padres vascos dedicados a la exportación de vinos de Jerez. Su tío, Manuel Blázquez Paúl le imbuyó ideas demócratas republicanas y le puso en relación con Ramón de la Cala Barea, líder republicano de Jerez. Prim le pidió que fuera su contacto en España cuando sus colaboradores habían sido enviados a Canarias por el Gobierno y Paúl y Angulo fue en 16 de septiembre de 1868 a Gibraltar a buscar a Prim y llevarlo a Cádiz. el 20 de septiembre entró en Jerez y formó Junta Revolucionaria, cuyo Presidente fue Ramón Cala Barea. En enero de 1869 fue detenido por organizar una manifestación popular contra el Gobierno. Ese mismo mes fue elegido diputado republicano. En octubre de 1869, Paúl Angulo, Fermín Salvochea y Rafael Guillén se sublevaron en Cádiz contra la Constitución monárquica, y Guillén murió en la sublevación. Angulo se fue a Gibraltar, París y Ginebra. Se acogió al amnistía de 1870. Luego fue diputado y llevó una vida bohemia, vistiendo de cualquier manera, frecuentando tabernas… Cuando Prim fue asesinado, fue acusado de estar implicado en la trama de los asesinos, pero siempre lo negó.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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