AMADEO I: de JULIO DE 1871 a FEBRERO DE 1873.

 

 

 

 

GOBIERNO “RADICAL” DE RUIZ ZORRILLA

         24 de julio de 1871 – 5 octubre 1871

 

El Partido Radical se había formado para la ocasión por un acuerdo entre los progresistas Manuel Ruiz Zorrilla y Manuel Becerra, el demócrata Nicolás María Rivero, y el cimbrio Cristino Martos. Pero ni el demócrata ni el cimbrio aparecían en el Gobierno, que era nítidamente progresista. Ruiz Zorrilla se había reservado la presidencia y el Ministerio de Gobernación y había contactado con los militares que podían asegurar el éxito del Gobierno.

El Gobierno Radical se constituyó así:

Presidente del Consejo de Ministros, Manuel Ruiz Zorrilla. Radical de origen progresista.

Estado, Fernando Fernández de Córdova Valcárcel, marqués de Mendigorría. Militar.

Gracia y Justicia, Eugenio Montero Ríos / 10 de agosto 1871: Tomás María Mosquera García, interino / 30 de agosto 1871: Eugenio Montero Ríos.

Guerra, Fernando Fernández de Córdova, marqués de Mendigorría. Militar.

Marina, José María Beránger Ruiz de Apodaca. Militar.

Hacienda, Servando Ruiz Gómez. Radical.

Gobernación, Manuel Ruiz Zorrilla. Radical de origen progresista.

Fomento, Santiago Diego Madrazo. Radical.

Ultramar, Tomás María Mosquera García. Radical.

 

 

Ajustes económicos y políticos de verano de 1871.

 

El 24 de julio se constituyó el Gobierno Ruiz Zorrilla.

En 25 de julio de 1871, Ruiz Zorrilla envió a las Cortes “de vacaciones” hasta 1 de octubre. Se libró de ellas durante dos meses de forma elegante.

Ruiz Zorrilla redujo el gasto público hasta dejarlo en los 600 millones que había propuesto Moret

Decretó que se hiciera un censo de la propiedad rústica y urbana a fin de incrementar los ingresos contributivos, pues gran parte de la propiedad no contribuía hasta entonces. Se cobrarían así más impuestos directos y se podrían disminuir los indirectos, que eran los que gravaban sobre las clases bajas. Pero un censo no es cosa que pueda hacerse en poco tiempo, sino que se necesitan años. No hubo censo.

Se encargó de emitir 150 millones de pesetas de deuda consolidada, de los 375 autorizados pocos meses antes, lo cual resultó un éxito.

Esta política económica provocó que la banca y los negocios se pasasen al alfonsinismo en 1872, abandonando el apoyo a Amadeo. Entre los que así obraron estaban el comerciante marqués de Manzanedo, el banquero Vinent y el agente de bolsa Sainz de Indo.

Concedió la amnistía que habían aprobado las Cortes para los presos políticos.

Hizo viajar a Amadeo a Cataluña y Valencia.

 

 

Los internacionalistas en verano de 1871.

 

Los líderes internacionalistas AIT, con el cambio de Gobierno y la desaparición de Serrano y Sagasta como Ministros en el nuevo Gobierno, creyeron que se podía iniciar una oportunidad para ellos, regresaron del exilio de Lisboa y convocaron un Congreso en Valencia para 10 de septiembre de 1871. Nunca se celebró este Congreso. En España, no se llegó a un acuerdo para celebrar congreso obrero hasta abril de 1872. Y en su lugar se celebró una Conferencia de la Federación Regional Española de la AIT, con mucha influencia anarquista. En esa Conferencia: aprobaron las “uniones de oficio” como coordinadoras de los movimientos sindicales; nombraron nuevo Consejo Federal de la AIT: Francisco Mora (zapatero), Ángel Mora (carpintero), Valentín Sáenz (librero), Inocente Calleja (platero propietario), Hipólito Pauly (tipógrafo), José Mesa (periodista), Anselmo Lorenzo (tipógrafo), Paulino Iglesias (tipógrafo) y Víctor Pagés (obrero). Y enviaron a Anselmo Lorenzo a la conferencia de Londres de la AIT.

En septiembre de 1871, fue Anselmo Lorenzo a Londres a ver a Marx y se encontró con que sus posiciones ideológicas eran distintas. Anselmo Lorenzo tuvo ocasión de hablar con Marx, un hombre mucho más culto que él[1]. Estuvo una semana en casa de Marx. Ante la erudición de Marx, se sintió insultado personalmente, y nunca en su vida perdonó a Marx lo que juzgó como soberbia. Lorenzo era incapaz de reconocer su propia ignorancia. Por otra parte, vio cómo Marx y Bakunin se insultaban y se despreciaban mutuamente como pensadores, lo cual le decepcionó. Lorenzo decidió que él era anarquista, o socialista libertario en el lenguaje suyo, y en adelante, defendió esa línea de pensamiento en su periódico, La Solidaridad.

No era cierto que hubiera un clima de mayor tolerancia para con los socialistas. Ruiz Zorrilla gobernó asustado por los sucesos de La Comuna de París de marzo-mayo de 1871. Creía que las clases populares podían sublevarse en cualquier momento de forma muy seria, y solidarizarse con las clases pequeño burguesas republicanas y revolucionarias.

 

 

Reunión de Cortes.

 

El 1 de octubre volvieron las Cortes de sus vacaciones. El primer asunto a tratar fue la Presidencia del Congreso de Diputados, la cual había quedado vacante al ascender Ruiz Zorrilla a Presidente del Gobierno. Las discusiones entre los progresistas moderados de Sagasta, y los progresistas radicales de Ruiz Zorrilla fue acalorada. Cada vez estaba más claro que Amadeo I de Saboya no tenía apoyos firmes en el Congreso de Diputados.

El Gobierno proponía a Nicolás María Rivero para Presidente del Congreso de Diputados, pero la propuesta fue derrotada por los constitucionales, y Sagasta, el jefe del Partido Constitucional, resultó Presidente del Congreso de Diputados. Los teóricos aliados del Presidente del Gobierno actuaban contra él. Ruiz Zorrilla presentó su dimisión.

Y el Gobierno de Ruiz Zorrilla cayó el 5 de octubre de 1871.

 

 

Gobierno de Malcampo[2]

          5 octubre 1871 – 21 diciembre 1871.

 

En el nuevo Gobierno, el Partido Constitucional de Sagasta desplazaba al Partido Radical de Ruiz Zorrilla. El Partido Constitucional estaba integrado por gente más de derechas que los radicales: unionistas y progresistas moderados. Pero Sagasta aún no tenía consolidado su partido. De momento, entregaron el poder a un militar de signo moderado, el contraalmirante José Rudesindo Malcampo Monge, al que confirieron las carteras de Presidente, Estado y Marina.

Amadeo no quería disolver de nuevo las Cortes y tener con ello nuevas elecciones, y ofreció el Gobierno a Sagasta, que no aceptó. Tampoco aceptó Espartero. Se encargó Gobierno al Contraalmirante Malcampo, un hombre del Partido Constitucionalista al igual que Sagasta. Se decidió que gobernasen los progresistas moderados en exclusiva, sin coaliciones con otros grupos.

Era un Presidente circunstancial, pues la mayoría en las Cortes la tenía Sagasta, que se había negado a formar Gobierno. Cuando Sagasta aceptó el Gobierno en diciembre de 1871, Malcampo pasó a ser ministro de Marina.

 

Presidente del Consejo, José Malcampo Monge, marqués de San Rafael. Constitucional.

Estado, José Malcampo Monge, marqués de San Rafael / 20 noviembre 1871: Bonifacio de Blas.

Gracia y Justicia, Eduardo Alonso Colmenares[3]. Constitucional.

Guerra, Joaquín de Bassols Maranyosa. Militar, constitucional.

Marina, José Malcampo Monge.

Hacienda, Santiago de Angulo Ortiz. Constitucional.

Gobernación, Francisco de Paula Candau. Constitucional.

Fomento, Telesforo Montejo Robledo. Constitucional.

Ultramar, Víctor Balaguer Cirera. Constitucional.

 

 

El tema de la Internacional AIT.

 

El periodo de Malcampo se caracterizó por las manifestaciones de los grupos de izquierda a favor de la República.

Los miembros del Consejo Federal de la AIT, que eran “aliancistas”, es decir, bakuninistas, propusieron que el Consejo en bloque entrara en la Alianza de Bakunin para ganar unidad y fuerza. Estaban dispuestos a hacer una “revolución”.

El 16 de octubre se inició en el Congreso de Diputados un “juicio a los internacionalistas”. Malcampo dijo que los socialistas (todavía no se distinguía entre socialistas, comunistas y anarquistas) defendían doctrinas ilegales. Se les llamó peligrosos, enemigos de la Constitución, de la libertad y de la propiedad.

Los radicales, demócratas y republicanos se iban cansando de ese trato despectivo y agresivo del Gobierno de Malcampo.

Los internacionalistas organizaron mítines, que tuvieron miles de concurrentes, y expusieron que pedían menos horas de trabajo, libertad, e igualdad dentro de la familia. Esas demandas no fueron abordadas por las Cortes, que se limitaron a prohibir la AIT. El problema se cerraba en falso. Es más, los diputados eran conscientes de ello: el fiscal del Tribunal Supremo informó que los internacionalistas estaban en su derecho de asociarse y de convocar huelgas, lo cual provocó el cese del fiscal.

En octubre de 1871, el Congreso de Diputados, a propuesta del Ministro de Gobernación, Francisco de Paula Candau, ilegalizó la AIT en España y pidió a los Gobiernos europeos que hicieran otro tanto. Las Cortes decidieron que la AIT era anticonstitucional, por motivo de “prestar obediencia a autoridades distintas a las del Estado”. Este principio constitucional, que sirvió en su día para eliminar a los católicos integristas y a la Compañía de Jesús, servía ahora, de forma un tanto retorcida, para prohibir la Internacional. Sagasta ordenó a los Gobernadores Provinciales reprimir a los internacionalistas, entrar en las sedes de las agrupaciones, y detener a sus líderes.

El Consejo Federal de la AIT (Tomás González Morago, Francisco Mora y Anselmo Lorenzo) huyó a Lisboa dejando a Ángel Mora en Madrid como enlace en la clandestinidad. La moraleja que sacaron los obreros fue que el orden burgués era incompatible con la revolución proletaria, pero sólo Marx sacó la conclusión de la necesidad de racionalizar el modo de producción industrial y crear un modelo nuevo de economía y sociedad a fin de tener un programa único de acción por el cual luchar.

Los marxistas madrileños llamaron a Paul Lafargue[4] a Madrid para apoyar su movimiento. Lafargue huía de Francia en los momentos de persecución a la AIT. En diciembre de 1871 llegó Lafargue a Madrid y reforzó el grupo que, en junio de 1872, se constituiría como Nueva Federación Madrileña. Colaboró en el periódico La Emancipación, que llegó a publicar El Manifiesto Comunista. Lafargue atrajo a 15 federaciones obreras al marxismo.

Los “aliancistas” de Bakunin se habían reunido el 20 de octubre de 1871 en Ginebra para luchar contra el Consejo General de la AIT marxista y pidieron a las federaciones regionales que se declararan contra el marxismo.

Engels encargado de los negocios de España para la AIT, aprovechó la circunstancia de la estancia de Paul Lafargue y Laura Marx en Madrid, para aclarar cosas a los internacionalistas españoles: les dijo que la entrada en la Alianza de Bakunin, que pretendían tantos españoles, no era la política preconizada por la AIT, y comenzó una campaña de información de prensa utilizando La Emancipación. Escribían en este periódico Lafargue, Laura Marx, Mesa, Mora, Iglesias. Les contestó el sector aliancista con otra campaña de prensa desde El Condenado. El asunto se discutiría en el Congreso de Zaragoza de 8 de abril de 1872, donde no se expulsó todavía de la Federación Regional Española al grupo de La Emancipación, pero se decidió adherirse a una proposición de Bélgica que echaba abajo los viejos estatutos de las federaciones para redactar unos nuevos de tipo aliancista, es decir, los españoles se pasaban a Bakunin. La lucha continuaría no ya a nivel general español, sino dentro de Madrid, entre Morago y La Emancipación: Morago expulsó de la AIT a 9 articulistas de La Emancipación.

 

 

Cánovas ante la Internacional.

 

En noviembre de 1871 todavía continuaba el debate sobre la AIT, y Antonio Cánovas expuso el punto de vista de la derecha sobre el socialismo, criterio que estaría vigente más de medio siglo: Ser católico era incompatible con ser socialista porque los socialistas eran materialistas y ello era ateísmo; la igualdad del hombre es igualdad de derechos e igualdad ante la ley, pero los hombres son diferentes en talento, fuerza, laboriosidad y moralidad; la miseria es un mal social a combatir, pero no suprimiendo la propiedad, sino mediante la caridad; la solución a la miseria está en el Evangelio, que habla de simples iniciativas individuales por las que los ricos deben dar de lo suyo hasta la saciedad.

Cánovas hizo tres discursos en 3, 6 y 25 de noviembre de 1871, en los que se declaró católico, antimaterialista dialéctico y partidario del derecho a la propiedad individual. Afirmó que la administración de la propiedad por un Estado, o por un colectivo social, era una barbarie, un retroceso cultural. Dijo que una cosa es el justo reparto de la propiedad, y otra la eliminación del derecho a la propiedad privada. Dijo que la igualdad económica no era un derecho natural, pues los hombres son iguales en derechos políticos, en dignidad y en consideración frente a la ley, pero la naturaleza los ha hecho distintos en talento, fuerza, ingenio, laboriosidad y moralidad, y en resumen, en capacidad de esfuerzo personal en pro del progreso. La desigualdad es, por tanto, una cosa natural, querida por Dios. La sociedad debe ser gobernada por las minorías inteligentes, morales y capaces de un esfuerzo como el que supone gobernar. La desigualdad no es una cosa mala, pues precisamente es lo que estimula a los hombres a esforzarse por estudiar, por conseguir un trabajo mejor, por ser mejores cada día. Es función de la sociedad, y de todo buen Gobierno, luchar contra la miseria y la degradación moral, a fin de dar oportunidades de redención a los menos afortunados y a sus hijos. Pero ello no se debe hacer quitando a los demás lo que tienen para dárselo a los que no tienen, lo cual es de una simpleza y estupidez absoluta. Pero el rico tiene el deber moral de desprenderse de parte de su riqueza para con ella ayudar a sus semejantes, a la vez que el pobre tiene el deber moral de saber aprovechar las oportunidades que la sociedad le ofrezca. Al fin y al cabo, esas son las máximas evangélicas.

En estos discursos, Cánovas no acabó de entender la tremenda complicación del problema que estaba planteando, pues la iniciativa individual es siempre insuficiente para abordar el problema social, y no pasó a la solución estatal y de Gobierno para el problema. Tal vez confiaba demasiado en su fe católica y en que la religión podía resolver estos problemas, y además se apoyaba en las palabras de los Papas que afirmaban que la Iglesia podría resolverlos. Por ello, los discursos de Cánovas de noviembre de 1871 no son punteros en el reformismo social. Cánovas llegaría a mejores soluciones en La Cuestión Social y su Nuevo Carácter, discurso de 1890.

Este error de Cánovas, el de no considerar la intervención del Estado como elemento redistribuidor de la riqueza, es importantísimo para entender la política española del último tercio del XIX y del primer tercio del XX, cuando en Alemania y Gran Bretaña se hablaba ya de socialdemocracia y de liberalismo social respectivamente.

 

 

Catalanismo en 1871

 

En 1871 se inició la publicación de una revista llamada La Renaixença, que en 1881 pasaría a ser diario, y se mantuvo hasta 1905 como centro de un movimiento catalanista de igual denominación. Fue iniciada por Pere Aldavert i Martorell 1850-1937, y en ella tuvo mucha participación Ángel Pío Juan Rafael Guimerá i Jorge 1845-1924, un canario de padre catalán y madre canaria, que llegó a Barcelona a los 7 años de edad, y veraneaba en El Vendrell (Tarragona) escribiendo dramas en verso.

 

 

Galleguismo en 1871-1881

 

Al mismo tiempo que la Reinaxença triunfaba en Cataluña, a partir de 1871-1881, Rosalía de Castro (1837-1885) impulsaba en Galicia el Rexurdimento escribiendo versos, en gallego y en castellano, de un intenso lirismo nostálgico y triste. Sus obras principales son Follas Novas y En las Orillas del Sar.

Le acompañó Manuel Curros Enríquez, 1852-1908, que escribió Aires de Miña Terra y fue un periodista que hablaba de la tristeza y desesperanza del campesino gallego.

 

 

Moción de censura al Gobierno.

 

En 13 de noviembre, Ruiz Zorrilla puso moción de censura al Gobierno de Malcampo. Se sumaron a la censura los radicales, los demócratas y los republicanos federales, alegando que la conducta socialista no era inmoral.

En ese debate, hubo cosas extraordinarias: los carlistas pidieron derechos de asociación. No se trataba de defender a los internacionalistas, como podía entenderse de las circunstancias, pues los carlistas odiaban a los internacionalistas por ateos, sino que deseaban esos derechos para los católicos y absolutistas. Y los carlistas pidieron la censura de Malcampo.

Las Cortes pusieron a votación esta proposición carlista, más bien por ir en contra del Gobierno, y Malcampo perdió la votación. Malcampo anunció entonces que iba a suspender las Cortes, e hizo un insubstancial discurso de seis horas, el más largo de los parlamentarios españoles. Se trataba de dar tiempo para que Sagasta fuera a ver al Rey y trajera a las Cortes el Decreto de suspensión de Cortes.

Amadeo cometió el error de ceder a la petición de disolución de Cortes. Y firmó el Decreto correspondiente. Fue un error tremendo. El Rey y el sistema democrático se desprestigiaron.

Las Cortes se cerraron. Era el 18 de noviembre y se oyeron gritos de “Viva la República” junto a los que gritaban “Viva el Rey”.

El voto de censura fracasó, de momento, pero desgastó al Gobierno.

Poco después del cierre de Cortes, se fusiló en Cuba a 8 estudiantes cubanos por sus ideas políticas discrepantes. Fue un escándalo. Y más escandaloso fue todavía que Malcampo aplaudiera la decisión de las autoridades cubanas de hacer el fusilamiento. Sagasta se permitió alabar la acción del fusilamiento sin saber lo que había pasado exactamente. La oposición en España protestó.

Ello provocó la caída de Malcampo.

 

 

Gobierno de Sagasta

          21 diciembre 1871 – 26 mayo 1872.

 

El Gobierno de Sagasta de diciembre de 1871 representaba el momento en que los constitucionales tomaban directamente el poder y no por medio de un militar. Se suponía que el Partido Constitucional estaba ya consolidado. No había tal consolidación interna y sólo permanecieron 5 meses en este Gobierno. Las Cortes estaban suspendidas desde 18 de noviembre último. Sagasta decidió que se quedaran así, en suspenso.

 

Presidente del Consejo, Práxedes Mateo Sagasta. Constitucional.

Estado, Bonifacio de Blas Muñoz.

Hacienda, Santiago Angulo Ortiz. Constitucional. / 20 de febrero de 1872: Juan Francisco Camacho de Alcorta

Gracia y Justicia, Aduardo Alonso Colmenares. Constitucional.

Ultramar, Juan Bautista Topete Carballo. Constitucional. / 20 febrero 1872: Cristóbal Martín de Herrera. Constitucional.

Fomento, Alejandro Groizard Gómez de la Serna[5]. Constitucional. / 20 febrero 1872: Francisco Romero Robledo. Constitucional.

Guerra, Eugenio Gaminde Lafont. Militar. / 23 diciembre 1871: Buenaventura Carbó  / 20 de febrero 1872: Antonio del Rey y Caballero. Constitucional. / 8 abril 1872: Juan Zabala de la Puente, Marqués de Sierra Bullones. Constitucional.

Marina, José Malcampo Monge. Constitucional.

Gobernación, Práxedes Mateo Sagasta.

 

El conservador Sagasta, Partido Constitucional, aceptó la Presidencia del Gobierno en la idea de hacer una coalición con el progresista Ruiz Zorrilla, Partido Radical, pero éste se negó al pacto.

El plan Sagasta de Gobierno era: presentar el Gobierno, para que fuera aceptado por las Cortes y, a continuación, disolver las Cortes definitivamente. El plan se conocía, por muy en secreto que se quisiese llevar a cabo.

Las Cortes fueron convocadas el 22 de enero de 1872. En esa sesión intervinieron Ruiz Zorrilla, Martos y Figueras hablando contra Sagasta, se atacaron duramente entre sí.

Ruiz Zorrilla acusó a Sagasta de que, con la disolución de Cortes que pensaba hacer pocos minutos después, comprometía la monarquía de Amadeo I. Nicolás María Rivero dijo que la disolución era un atentado contra los derechos de los ciudadanos.

Los monárquicos, los de Sagasta y los de Ruiz Zorrilla, se fraccionaron definitivamente en dos grupos irreconciliables, convirtiéndose en grupos minoritarios de la Cámara que dependían ambos de acuerdos con los demás grupos políticos, más minoritarios aún. Si los partidos que sostenían a Amadeo estaban así de enfrentados, Amadeo estaba perdido.

Sagasta fue derrotado a las primeras de cambio, en 22 de enero de 1872, y presentó la moción de confianza y la disolución de Cortes, que efectivamente obtuvo del Rey. Las Cortes pasaron de estar suspendidas a estar disueltas, lo que conllevaba elecciones. Se convocaron elecciones para 24 de abril de 1872.

 

 

Montpensieristas y alfonsinos en 1872.

 

El 10 de enero de 1872, los Montpensier se entrevistaron con Isabel II en París sobre las posibilidades de Alfonso de Borbón. Antonio de Orleans duque de Montpensier exigió tutelar al príncipe, e Isabel II se negó a perder la tutela sobre Alfonso XII. Lo único claro de la reunión fue que Montpensier reconocía a Alfonso como el único candidato legítimo al trono de España. Ese reconocimiento se plasmó por escrito en el Convenio de Cannes de 15 de enero de 1872: se acordaba no convocar Cortes constituyentes, y solucionar los asuntos pendientes con la Santa Sede (sobre todo la reconciliación entre Isabel II y Francisco de Asís), y que Isabel II se abstuviese de hacer intervenciones políticas. Se designó un colectivo integrado por 6 alfonsinos y 6 montpensieristas que lucharan por la causa alfonsina. Entre ellos estaban Alejandro Salaverría, Barzanallana, Corvera, conde de Toreno, marqués de Camposagrado, conde de Iranzo, Maceda, Jove Hevia, Méndez Vigo, y Ardanaz. Se necesitaba emprender campañas de prensa a favor de Alfonso. Montpensier se negó a poner dinero, e Isabel II, que estaba arruinada, consiguió por su parte dos millones de reales. Cánovas se opuso a pronunciamientos militares y consideraba que el acceso de Alfonso a la Corona tenía que ser más normal y popular. Los unionistas de base (montpensieristas) se negaban a trabajar para Isabel por lo que ésta les había hecho en 1868, y el proyecto no progresaba.

 

 

El socialismo español en 1872.

 

En 17 de enero de 1872 hubo un levantamiento armado republicano en El Ferrol.

El 8 de febrero de 1872, Sagasta propuso a los Gobiernos europeos ilegalizar AIT en toda Europa y extraditar a sus miembros a los países que los reclamaran. Aceptaron Alemania y Francia, rehusó tomar medidas al respecto Italia, y se opuso Gran Bretaña. Nadie hizo realmente nada, y Alemania y Francia se quedaron en mera declaración de intenciones.

El Gobierno de Sagasta ilegalizó la AIT española y empezó una represión más dura todavía que hasta entonces. Se registraron los locales de las federaciones socialistas y se detuvo a muchos militantes. Pero la expansión del internacionalismo continuó en la clandestinidad. En mayo de 1872, la Unión Manufacturera celebró su primer Congreso. En mayo de 1873, se atrevería a enviar a las Cortes un manifiesto firmado por 40.000 obreros, exigiendo la jornada de 8 horas, la equiparación salarial de hombres y mujeres, la prohibición del trabajo infantil y otras peticiones. Pero los intereses de los diferentes sindicatos de Unión Manufacturera eran distintos y en el sexto congreso, agosto de 1873, Unión Manufacturera se autodisolvió.

No obstante, seguimos insistiendo en que los movimientos obreros se estaban fortaleciendo en la clandestinidad y en 1871-1872 aparecieron sindicatos obreros en Extremadura, Aragón, Navarra, País Vasco y Galicia. Al mismo tiempo, la incorporación de obreros andaluces a los sindicatos, ya existentes antes que los citados, fue masiva.

En abril de 1872 tuvo lugar el Segundo Congreso de la FRE de la AIT en Zaragoza, y allí, los marxistas y los anarquistas intentaron la conciliación. Fue imposible. Los marxistas fueron expulsados de la Federación Regional Española en septiembre de 1872. Los marxistas se quedaron sin dinero y dejaron de publicar La Emancipación. Se decidió trasladar la sede de la FRE desde Madrid a Valencia.

El Congreso de Zaragoza decidió que lo importante era la revolución y el activismo, y no el programa como decían los marxistas. Había que convencer a la gente de la necesidad de una revolución, pero había que hacerla sin armas, por simple convicción.

En diciembre de 1872 y enero de 1873 tendría lugar el Tercer Congreso Obrero en Córdoba. Este congreso condenó al marxismo por autoritario y antisindicalista. La ruptura sería completa.

En Andalucia, tierra de jornaleros, el internacionalismo había empezado entre los oficios artesanales como carpinteros, panaderos, albañiles y zapateros. Entre los campesinos, los primeros que acudieron al internacionalismo fueron los asalariados de mayor especialización y mejor pagados, y además generalmente gente de ciudad. En otoño de 1872, entonces ya sí, hubo un movimiento general de afiliaciones de campesinos y jornaleros del campo, es decir, que aprovecharon las instituciones creadas por los primeramente citados.

En abril de 1872 se había creado la única federación andaluza, la Unión de Trabajadores del Campo, nombre que no debe equivocarnos, pues en ella militaban toneleros, carreteros, arrendatarios y aparceros, y no sólo trabajadores del campo. En general, las “uniones de un oficio” agrupaban a todo tipo de profesionales, obreros y empresarios. No eran sindicatos obreros como en Cataluña. Tampoco eran asociaciones de braceros del campo, porque los organizadores eran pequeño burgueses.

Contrariamente a las declaraciones oficiales de antipoliticismo, las uniones o federaciones obreras eran medios de reivindicación anticapitalista y defendían intereses pequeño burgueses. Estaban organizados para la lucha política, pero los pequeño burgueses que querían dirigir ese movimiento político, eran pocos y necesitaban la masa de jornaleros y pequeños arrendatarios del campo. El ideal final era constituir federaciones de productores libremente asociadas e intercambiarse entre federaciones los productos que cada una obtenía. Es decir, las uniones y federaciones se organizaban al principio como socialismos utópicos. Cada unidad productora debía constituirse en un municipio o en una comarca. Teniendo en cuenta este modelo social, pretendían destruir el Estado burgués, el Estado Central y sus autoridades provinciales, y dar mayor poder a los ayuntamientos.

Los andaluces no luchaban por mejoras salariales sino que la lucha política estaba dirigida a obtener la autonomía de cada municipio, la soberanía del municipio. De otro modo no se puede entender el activismo andaluz. Era un sistema mezcla de Proudhon y de asociaciones de la AIT.

Como ocurre en toda asociación populista, los pequeño burgueses trataban de controlar a las masas y ocurría que, a menudo, perdían las riendas de ese caballo. Cuando menos lo esperaban, se encontraban con que las masas de campesinos declaraban huelgas salvajes y ocupaban fincas, o quemaban ganado y haciendas de los ricos.

En Andalucía fue muy importante el Tercer Congreso de la Federación Española de la AIT, que se celebró en Córdoba. Allí se declararon antisindicalistas, es decir, que no querían “uniones de clase”, y antipolíticos, que no querían Estado. En consecuencia, condenaron el marxismo en cuanto significaba normas impuestas desde fuera a las asociaciones, y también condenaron el autoritarismo de la AIT. Eran revolucionarios, pero no marxistas.

 

 

Crisis de Gobierno del 20 de febrero de 1872. Nuevos ministros:

Guerra, Antonio del Rey Caballero.

Hacienda, Juan Francisco Camacho de Alcorta[6].

Fomento, Francisco Romero Robledo.

Ultramar, Antonio del Rey Caballero.

 

 

Los alfonsinos en 1872.

 

En febrero de 1872, Manuel Antonio de Acuña y Devitte, marqués de Bedmar, personaje muy cercano a Isabel II, llegó a Viena, tal vez sin conocimiento de Isabel II, con una carta del duque de Sesto que proponía a Alfonso que aceptara a Cánovas como jefe de su partido. Seguidamente Bedmar convocó en Madrid a los alfonsinos, unas 50 personas, y designó un comité directivo del partido, integrado por Cánovas, Luis Estrada, Manuel Quiroga, Francisco de Cárdenas, Álvarez Bugallal, y como secretario Antonio María Fabié, amigo personal de Cánovas. El Comité debía asesorar y ayudar a Cánovas en todo. Isabel II no aceptó a este Comité hasta 4 de agosto de 1873. Pero los alfonsinos se estaban preparando para la caída de Amadeo, que ya veían próxima.

 

 

Los republicanos en febrero de 1872.

 

En febrero de 1872, Castelar y Figueras defendieron que los republicanos se debían aliar con constitucionales, radicales y carlistas para luchar contra la monarquía de Amadeo. Salmerón se opuso a este acuerdo. Los republicanos se estaban convirtiendo en minorías intransigentes, poco decisivas en las decisiones de Gobierno.

 

 

Las elecciones de abril de 1872.

 

Las elecciones generales convocadas por Sagasta tuvieron lugar el 2 de abril de 1872. Para estas elecciones, Ruiz Zorrilla, del Partido Radical, hizo una coalición con los republicanos, los alfonsinos y los carlistas, llamada Pacto de Coalición Nacional, coalición contra natura pues unía contra el poder establecido fuerzas de todos los signos. Llama la atención que los carlistas fueran a las elecciones. Hubo mucha abstención. El Gobierno de Sagasta sacó mayoría absoluta gastándose en ello dos millones de reales, que Gobernación obtuvo haciendo un traspaso de fondos desde Ultramar a Gobernación. Ruiz Zorrilla perdió, pero no dejó de denunciar el trapicheo de las elecciones, con lo que Sagasta quedó desacreditado. Todos los amadeístas perdieron algo en estas elecciones. Tanto Sagasta como Ruiz Zorrilla se habían desgastado y, por tanto, podemos considerar que el triunfador era Serrano.

Los resultados fueron: conservadores 129; Partido Constitucional de Sagasta 82; Partido Radical de Ruiz Zorrilla 62; republicanos federales 42; y carlistas 38.

Conservadores más constitucionalistas tenían 211 escaños, que eran mayoría de dos tercios.

 

 

Cambios tras las elecciones de abril.

 

Entonces Ruiz Zorrilla, líder de la oposición, abandonó su política de atacar a Sagasta, líder del partido en el Gobierno, y comenzó a atacar a Serrano. Pero quizás ya era demasiado tarde para consolidar la monarquía:

Por una parte había que contar con la oposición de la nobleza al Estado y a Amadeo: La nobleza identificaba la revolución del 68 con el socialismo, es decir con el reparto de la tierra de que hablaban las masas. La nobleza se opuso a Prim, a Amadeo y a todos los Gobiernos del Sexenio. Eran acaudillados por Alba, Alcañices, Torrecilla y Montijo. Organizaron el partido alfonsino y tomaron a Cánovas como su hombre en el Congreso de Diputados.

En segundo lugar, estaba la oposición de la Iglesia. La Iglesia temía la libertad de cultos y la separación Iglesia-Estado, y utilizaba el púlpito para hacer su política. Amadeo había reanudado la desamortización, de lo poco que quedaba, y había dado libertad de cultos, y la Iglesia levantó contra él un partido neocatólico que inmediatamente colaboró con el carlismo de Carlos VII, lo que dio esperanzas a los carlistas y ello contribuyó a la decisión de empezar la guerra en abril de 1872.

El único apoyo inicial de Amadeo eran los industriales y financieros, pero se fueron decepcionando poco a poco por la permisividad ante las huelgas obreras, por la guerra de Cuba y por el carlismo, y algunos se pasaron al alfonsinismo de la nobleza.

Pero la oposición política no estaba en condiciones de asumir el poder:

Los republicanos, eran un grupo heterogéneo integrado por burgueses, socialistas utópicos, marxistas y anarquistas, que jamás podrían ponerse de acuerdo, y menos si llegaban a conquistar el poder.

Los carlistas, habían perdido escaños respecto a 1871, creyeron que se habían trucado las elecciones y se sublevaron militarmente el 22 de abril de 1872. Era la tercera guerra carlista, que duraría hasta 1876.

 

 

La Tercera Guerra Carlista[7] 1872-1876.

 

Se habían incorporado al carlismo Antonio Aparisi Guijarro, Antonio Juan de Vildósola Mier[8], Lluis Llauder i Dalmases[9], Gabino Tejado Rodríguez[10] y el canónigo Vicente Manterola Pérez, gente esencialmente antiliberal que rechazaba la existencia de partidos políticos y la libertad de expresión. Entre los curas, destacaba el cura de Santa Cruz en el País Vasco, y el cura de Alcabón en Toledo, como jefes guerrilleros. Los carlistas se dividieron en dos grupos, los unos partidarios de la guerra, y los otros, dirigidos por Cándido Nocedal[11], partidarios de entrar en el juego democrático español. Los integristas católicos de Cándido Nocedal eran más católicos que carlistas, mientras los partidarios cerrados de Carlos VII eran opuestos al integrismo católico.

Los carlistas buscaron apoyo en Austria, Rusia y Prusia, los “tres emperadores” de 1815. Prusia rechazó al embajador carlista, que era Cabrera. Rusia dijo simpatizar con el carlismo, pero no pasó de ahí. Los carlistas sólo tenían el apoyo de la República Francesa de Thiers. En esta relación política, no tenía sentido que la Francia republicana apoyara a los monárquicos absolutistas españoles. Estaba claro que era una revancha contra España, por la postura de España en julio de 1870. La colaboración de Thiers consistió en permitir a los carlistas moverse libremente por la zona fronteriza con España, e incluso comprar armas, alimentos y municiones en Francia.

El pretendiente Carlos VII, había sido lanzado a esta empresa bélica por su abuela la princesa de Beira, que en 1868 le pasó la jefatura de la Casa Real Carlista, desposeyendo de sus derechos a don Juan, padre de Carlos VII. Don Juan no se sintió ofendido, sino que poco después, en octubre de 1868, renunció a sus derechos a favor de su hijo. Pero las diversas intentonas de que la gente se movilizara por el carlismo fracasaban una tras otra. Entonces hubo que llamar a Cabrera, en febrero de 1870, para que aceptara el mando de las tropas, y así conseguir una Tercera Guerra Carlista. En 1872, las cosas volvieron a cambiar, pues el nuevo pretendiente carlista, “el heredero”, quería llevar personalmente la jefatura de los carlistas y así lo exigió en Vevey (Suiza). Pero sólo tras las elecciones de 1872 y el fracaso correspondiente, se creó ambiente propicio para esa guerra.

La Tercera Guerra Carlista empezó el 21 de abril de 1872 y tuvo lugar en los lugares tradicionales del carlismo, en Vascongadas, Aragón, Cataluña y Valencia. El primer chasco carlista fue que no se sublevaron las guarniciones militares de los lugares mencionados, por lo que se juzgó conveniente que Carlos VII no entrase en España, pero Carlos ya había emprendido el viaje y entró. El 2 de mayo llegó Carlos VII a Vera de Bidasoa. Pero la primera intervención del nuevo “general” fue un fracaso, pues el carlista Eustaquio Díaz de Rada fue derrotado por el gubernamental Domingo Moriones en Oroquieta, y Carlos VII tuvo un ataque de pánico y huyó a Francia el 4 de mayo.

Serrano fue el general encargado de la guerra por parte de Amadeo, y pretendió ganarla negociando, por lo que fue a Durango en Vizcaya, y a Elorrio, y se puso al habla con la Junta de Vizcaya o jefatura carlista del momento y en 24 de mayo de 1872 firmó el Convenio de Amorebieta prometiendo respetar los fueros vascos, cosa que no tuvo trascendencia porque la guerra continuó en el resto de los territorios que no eran Vizcaya: los catalanes Savalls, Castells y Tristany, el navarro Pérula, el cura Santa Cruz en Guipúzcoa continuaron con sus guerrillas al margen de las órdenes que recibían de la Junta de Vizcaya. En Cataluña entró Don Alfonso, hermano de Carlos VII, a dirigir la guerra, mientras Carlos VII y Elío estaban en Burdeos.

Como decíamos, el Convenio de Amorebieta fue firmado exclusivamente por la Diputación de Guerra carlista de Vizcaya y contenía los siguientes puntos: los carlistas obtenían indulto a cambio de retirarse de la sublevación (entrega de las armas). Los oficiales carlistas podrían incorporarse al ejército español. Se reconocería el régimen foral para Vizcaya. Se convocarían Juntas Generales en Guernica para hablar de las exacciones de fondos públicos.

El Convenio de Amorebieta era un golpe duro para el carlismo, y la guerra importante se reducía a Cataluña y el Maestrazgo. Pero ninguna de las dos partes suscribió los términos del convenio, que quedó en letra muerta.

La Cataluña carlista se organizó para la guerra poniendo como organizaciones de base a las provincias: José Estartús (luego Francisco Savals) en Gerona, Castell en Barcelona, Matías del Vall (luego Juan Francesch) en Tarragona, y Andrés Torres en Lérida. El jefe general de toda Cataluña era Alfonso de Borbón, hermano de Carlos VII casado con María de las Nieves, la hija de Miguel de Portugal. Guerrillero muy importante en Castellón y Teruel era Pascual Cucala. Pero la sublevación catalana no fue tan importante como para formar un ejército y se limitaron a formar partidas de guerrilleros. Cada una de ellas tenía unos 80 hombres a caballo y su actividad consistía en ir sobre un pueblo determinado, cobrar contribuciones, cortar el telégrafo y el ferrocarril, y huir a otro pueblo a gran velocidad, para hacer lo mismo.

 

 

El debate de la ciencia.

 

Durante 1872 y hasta 1874, se produjo uno de los fenómenos más interesantes para la historia de España, que fue la apertura intelectual hacia la ciencia. En 1874 se cerró la ventana de conexión con Europa y, aparentemente, se perdieron los científicos, pero ya nunca se pudo eliminar lo publicado, leído y explicado en esos dos años.

El debate de la ciencia empezó con una traducción al francés de la obra de Darwin, lengua que sí se manejaba en España. Esta traducción era de 1872. Más adelante, en 1876 se traduciría al español “El Origen del Hombre”, y en 1877 “El Origen de las Especies”.

La cuestión importante es que en dos años, de 1872 a 1874, se publicaron en España las obras de Newton, Galileo, Leibniz, Bacon, Descartes, Voltaire, Spinoza, Pascal, Rousseau, Kant, Schelling, Comte, Condillac, Holbach, Goethe, Büchner… y ello provocó una polémica en la Universidad que resultó imparable: los profesores se dividieron en metafísicos (creyentes en la antigua escuela) y antimetafísicos.

Los metafísicos estaban divididos en hegelianos (como Montoro y Fabié) y en krausistas (como Serrano y Azcárate).

Los antimetafísicos estaban divididos en neokantianos (como Perojo y Revilla), y en positivistas (como Simarro, Cortezo, Estasén, Pompeyo, Gener, Ustáriz).

Entre ambas tendencias estaban los eclécticos como Moreno Nieto.

El positivismo se había introducido en España a través de la obra de Patricia de Azcárate Del Materialismo y Positivismo Contemporáneos, de 1870, en la que exponía la evolución del pensamiento desde el materialismo especulativo de Feuerbach al naturalismo positivista de la ciencia alemana de mediados del XIX. El problema, en principio poco trascendente, pasó a tocar fibras sensibles cuando, en 1871, Urbano González Serrano publicó Los Principios de la Moral con Relación a la Doctrina Positivista, sacando a la luz pública el tema que más preocupaba en España, la moral. El positivismo negaba en redondo la metafísica y, con ella, los principios del krausismo español, que parecía de lo más progresista hasta entonces para los progresistas españoles. Los krausistas reaccionaron como lo que eran, conservadores, a pesar de haber pasado por progresistas durante los últimos 20 años, y culparon al positivismo de escepticismo criticista y de materialismo naturalista. Culpaban de esos “errores” al positivismo, al materialismo, al darwinismo, al naturalismo alemán y a la psicología empírica. La polémica de la ciencia estaba lanzada, y se tardaría un siglo en superarla. Era muy complicado en España aceptar el positivismo, materialismo y darwinismo. Una muestra de esta complicación la podemos observar en Pi y Margall y en Almirall. Pi, líder republicano federal, que se tenía a sí mismo por muy progresista, más allá de los progresistas y demócratas, sólo era un idealista que había leído a filósofos utópicos franceses como Proudhon y Louis Blanc, y a filósofos alemanes como Herder y Hegel. Encontraría sus propias contradicciones cuando llegó a ser Presidente en al Primera República.  Frente a él, se alzaba Vicente Almirall, un positivista, ecléctico, que había leído a Spencer y a Darwin, y acabó creyendo que los españoles eran incapaces de evolucionar en su pensamiento, concluyendo que los catalanes eran un pueblo más europeo que quizás podía evolucionar y aceptar los principios de la ciencia moderna, lo cual le condujo al ultranacionalismo catalán antiespañol.

El grupo conservador español estaba en otra órbita de la cultura y de la ciencia, refugiándose en campos menos peligrosos para sus creencias:

El 1 de abril de 1872 apareció una revista decenal, La Defensa de la Sociedad, que publicaba artículos en contra de los publicados en los periódicos socialistas y estaba dirigida por Carlos María Perier, siendo colaborador asiduo Bravo Murillo. Era una revista conservadora e integrista católica. La importancia de esta revista es de 1875 cuando admitió colaboraciones de artículos literarios e historicistas, que llegaron a ser la mayor parte de sus contenidos, pero la revista desapareció en 16 de marzo de 1879.

 

 

Caída de Sagasta.

 

Al mismo tiempo que se producía esta guerra carlista, España estaba soportando una sublevación en Cavite (Filipinas), que duró desde enero a abril de 1872.

Sagasta fue acusado de trampa electoral por usar en gastos electorales el dinero del ministerio de Ultramar. Dimitió en 22 de mayo de 1872.

 

 

Gobierno de Serrano

          26 mayo 1872- 13 junio 1872

 

El Partido Constitucional o moderado, seguía formando Gobiernos más bien efímeros, el tercero consecutivo (Malcampo, Sagasta y éste de Serrano) y de nuevo mostraron poca consistencia y sólo permanecieron mes y medio en el Gobierno. En mayo, el Gobierno Constitucional de Sagasta, es decir, moderado, era desplazado por el de Serrano. Y Serrano, además de la Presidencia del Consejo de Ministros, se reservaba el Ministerio de Guerra. En estos momentos, el conservador Serrano no estaba todavía en ninguno de los grupos monárquicos, ni alfonsinistas, ni montpensieristas, ni con los carlistas. Simplemente, era aceptado por los militares y representaba una cierta continuidad.

El 3 de junio de 1872 formó Gobierno Serrano. Fue un Gobierno “interino” en el sentido de que el Presidente Serrano estaba en la campaña contra los carlistas y apenas atendía a los asuntos más propios del Gobierno. Se marchó enseguida para dejar paso a otros. En esta fase de la guerra carlista, ningún gobierno europeo quiso ayudar al gobierno de España. Por el contrario, varios ayudaban a los carlistas y aportaban dinero para ellos en Viena, San Petersburgo y Berlín, pero tampoco ninguna potencia se comprometió seriamente con el carlismo. Quizás la más comprometida era Francia que hacía la vista gorda para que los carlistas pasasen por territorio francés sin problemas. Toda Europa desconfiaba de España, de los dos bandos.

 

Presidente del Consejo, Francisco Serrano Domínguez, duque de la Torre. Militar y constitucional.  / 26 de mayo: Juan Bautista Topete Carballo, interino. / 4 de junio: Francisco Serrano Domínguez, duque de la Torre.

Estado, Augusto Ulloa Castañón. Constitucional.

Hacienda, José Elduayen Gorriti[12], marqués del Pazo de la Merced. Constitucional.

Gracia y Justicia, Alejandro Groizard Gómez de la Serna.

Ultramar, Adelardo López de Ayala como titular, pero ejerció Augusto Ulloa Castañón.

Fomento, Víctor Balaguer Cirera. Constitucional.

Guerra, Francisco Serrano Domínguez / 26 de mayo: Juan Bautista Topete Carballo, interinamente / 4 de junio: Francisco Serrano Domínguez.

Marina, Juan Bautista Topete Carballo. Militar y Constitucional.

Gobernación, Francisco de Paula Candau. Constitucional.

 

Lo que estaba claro es que este Gobierno dependía mucho de la influencia de los hacendados cubanos. Tal vez por ello, Amadeo veía a Serrano como una amenaza, sin declarar expresamente nunca el motivo. Los Montpensier y los carlistas le veían como una oportunidad. Pero Serrano estaba más del lado de Isabel II. Isabel II se comunicaba con Serrano a través de un propietario soriano, con casa en Madrid, llamado Jacinto María Ruiz, casado con Ifigenia López, que con el tiempo serían nombrados marqueses de Grijalbo. Este matrimonio era amigo personal de Serrano y fue contactado por Isabel de Borbón con ánimo de ganarse al general y descartar a los montpensieristas y carlistas.

 

 

El movimiento socialista marxista

 en segunda mitad de 1872.

 

Los expulsados de la AIT española fundarían, en junio de 1872, Nueva Federación Madrileña, cuyo líder era Pablo Iglesias Posse, y recibieron adhesiones de Toledo, Alcalá, Gracia, Lérida, Zaragoza, Denia, Segovia, Cádiz, y Valencia. Era el momento en que Marx y Bakunin rompían definitivamente. España era bakuninista, con la excepción de Nueva Federación Madrileña. Junio de 1872 es considerado por los tratadistas de temas socialistas como la primera escisión dentro de la FRE. Los motivos eran serios:

Marx proponía que los obreros tomasen parte en el juego político, organizasen partidos políticos, derribasen a los partidos burgueses y tomasen el poder para cambiar la sociedad. El objetivo de los libertarios era el mismo, la sociedad sin clase en la que fuera posible la libertad individual, pero el método para conseguirla era distinto. Los marxistas acusaban a los anarquistas de ingenuos y utópicos que nunca acabarían con el poder constituido. Los anarquistas acusaban a los marxistas de intentar la perpetuación del poder, aunque cambiándole de manos, pero argumentaban que el poder siempre corrompe, aun estando en manos de socialistas.

 

 

Dimisión de Serrano.

 

La situación era muy violenta pues los carlistas eran fuertes en el noreste, y los republicanos en El Ferrol y Málaga, y Serrano pidió al Rey permiso para presentar a las Cortes suspensión de garantías constitucionales, a lo que Amadeo se opuso. Serrano dimitió el 12 de junio.

El general Córdova fue el primer encargado de formar Gobierno. Ahora estaba en el Partido Radical, pero toda su vida la había pasado en el Partido Moderado. Pero Córdova no llegó a ser Presidente, pues en las negociaciones de Gobierno, Ruiz Zorrilla exigió la Presidencia, y Córdova sólo fue ministro de la Guerra.

 

 

Gobierno Ruiz Zorrilla

          13 junio 1872-12 febrero 1873.

 

Junio de 1872 representa la vuelta de los radicales al Gobierno. Volvían los antiguos progresistas y demócratas. Habían perdido el poder en octubre de 1871 y lo recuperaban nueve meses después. Mientras tanto habían transcurrido tres Gobiernos constitucionales, es decir, moderados.

 

Presidente del Consejo de Ministros, Manuel Ruiz Zorrilla / 13 de junio: Fernando Fernández de Córdova Valcárcel, interino / 16 de junio: Manuel Ruiz Zorrilla.

Estado, Cristino Martos Balví. Radical /  3 de julio 1872: Manuel Merelo Calvo, interino. / 1 septiembre 1872: Cristino Martos Balví.

Hacienda, Servando Ruiz Giménez y González Llanos[13]. Radical. / 19 diciembre 1872: José Echegaray Eizaguirre. Radical.

Guerra, Fernando Fernández de Córdova Valcárcel, marqués de Mendigorría. Militar.

Marina, José María Beránger Ruiz de Apodaca. Militar y radical.

Gracia y Justicia, Eugenio Montero Ríos. Radical. / 13 de junio 1872: Cristino Martos Balví / 11 de julio 1872: Álvaro Gil Sanz / 25 agosto 1872: Eugenio Montero Ríos.

Gobernación, Manuel Ruiz Zorrilla. / 13 junio: Cristino Martos Balví. Interino. / 16 junio: Manuel Ruiz Zorrilla.

Fomento, José Echegaray Eizaguirre. Radical. / 19 de diciembre 1872: Manuel Becerra Bermúdez. Radical.

Ultramar, Eduardo Gasset Artime. Radical. / 14 agosto 1872: Fernando Fernández de Córdova Valcárcel / 19 de diciembre 1872: Tomás María Mosquera.

 

Ruiz Zorrilla ya había sido presidente en 1871. Se propuso hacer todas las reformas propuestas en septiembre de 1868 y todavía pendientes, como el jurado, la abolición de quintas, la solución a las colonias, la modernización industrial y la separación Iglesia – Estado.

Se disolvieron Cortes y se convocaron elecciones para el 24 de agosto.

En 18 de julio de 1872 Amadeo, acompañado de su esposa, sufrió un atentado en la calle Arenal, pero ambos salieron ilesos. El coche en que volvían los Reyes hacia Palacio fue tiroteado en la calle Arenal por un grupo de individuos, de los que se mató a uno y se apresó a cuatro, pero nunca revelaron quién les había contratado. Amadeo reaccionó valerosamente, él mismo salió en persecución de los agresores, a pesar de que éstos iban armados con pistolas. El gesto llamó mucho la atención de los españoles que le calificaron de valiente. En las apariciones siguientes de Amadeo, la gente le aplaudía.

 

 

Ruptura del Partido Radical.

 

El Partido Radical, o progresista que, en teoría había llevado a Amadeo a la Corona de España, se empezó a fragmentar y, a veces, hasta a disgregarse algunos de estos pedazos. Se podían encontrar un centenar de tendencias distintas, grupúsculos con la característica de que cada uno estaba en contra de todos los demás. Los dos grupos más fuertes eran el “Constitucional” de Sagasta, que era moderado, y los “Radicales” de Ruiz Zorrilla que eran progresistas. Sagasta era pragmático, flexible y abierto a todo tipo de maniobras, buscando siempre alianzas cuando estaba en el Gobierno, pero conspirando siempre cuando estaba en la oposición. Ruiz Zorrilla era un maximalista que siempre buscaba el máximo de libertades y era inflexible en sus criterios sobre ello, intolerante para con las opiniones de los demás, y anticlerical. Los Gobiernos eran difíciles. Amadeo lo tenía muy mal.    La rivalidad política entre ambos, Sagasta y Ruiz Zorrilla, impedía gobernar a cualquiera de los dos.

Y la alternativa a cualquiera de los dos era Serrano, un militar que no congeniaba con Amadeo, ni con Sagasta, ni con Ruiz Zorrilla, pues Serrano había apoyado a Montpensier y seguía simpatizando con esa opción, y además se había mostrado autoritario y poco democrático cuando había gobernado. O sea, que no se contemplaba la alternativa Serrano.

Los moderados menos autoritarios, el grupo de Cánovas, tampoco aceptaban colaborar con Amadeo, porque ellos apoyaban a los Borbones. Pero Cánovas llegó a simpatizar con Amadeo porque le vio como una persona íntegra, y porque, al menos, salvaba la monarquía frente a la posibilidad de una República sin pies ni cabeza, pues los republicanos tenían muchos proyectos, todos distintos y contradictorios. Así que los canovistas decidieron no servir a Amadeo, pero en su momento le prestaron un colaborador, que fue José de Elduayen.

 

 

La industrialización continuaba.

 

En julio de 1872 llegó a España la Sociedad Española de Dinamita para instalarse en Galdácano (Vizcaya). En principio llegó con licencia para cinco años, pero se quedó definitivamente. En 1884 abrió la Sociedad General de Fosfatos de Cáceres para obtener sulfúrico, pero esta empresa fracasó al poco tiempo. En 1887 entró en un cartel de precios de la dinamita, del que quedó fuera Sociedad Vasco Asturiana de Explosivos hasta que esta última decidiera entrar en el cartel en 1894, y en 1896, el cartel culminaría en la sociedad Unión Española de Explosivos, que se quedó con el monopolio.

 

 

El intento Alfonsino de tomar la Corona.

 

El 1 de agosto de 1872 se logró una entrevista de Cánovas y Serrano, pero Serrano no se entregó a los alfonsinos, sino que sólo acordó con Cánovas que había que esperar a una ocasión mejor para decidir el futuro político de España. También habló Serrano con el general Lersundi, montpensierista, y acordó lo mismo. Sólo a final de 1872, Serrano se convenció de que la opción con más posibilidades era Alfonso de Borbón, y afirmó que era necesario echar al “imbécil” de Amadeo de Saboya. El insulto era de Serrano, y no de quien está escribiendo estas líneas.

 

 

Las elecciones de agosto de 1872.

 

En las elecciones de 24 de agosto de 1872, los enemigos de los radicales fueron barridos del Congreso de Diputados, quedando fuera Serrano, Topete, Sagasta, Ríos Rosas, Cánovas, Santa Cruz y Alonso Martínez. Los radicales obtuvieron 224 escaños, los republicanos federales 87 y los conservadores 20. Los carlistas se retrajeron. La abstención fue superior al 50% porque también se retrajeron los republicanos intransigentes, los constitucionales de Sagasta y los obreros de la AIT.

Ruiz Zorrilla obtuvo el 70% de los votos emitidos. Pero los radicales no aprovecharon esta victoria pues se dividieron en un grupo de derecha radical, liderado por Servando Ruiz Gómez y por Eduardo Gasset Artime, y un segundo grupo de radicales de izquierda liderados por Cristino Martos Balbi (cimbrios) y por Nicolás María Rivero (demócratas).

Servando Ruiz Gómez, 1821-1888, era asturiano, había estado en Jamaica y en Cuba hasta 1842, y luego había estado entre los progresistas.

Eduardo Gasset Artime, 1832-1888, era gallego, había sido moderado y en su momento de Unión Liberal. En 1867 había fundada El Imparcial, periódico más importante de su época. En 1872 se había sumado a los Radicales que apoyaban a Amadeo de Saboya.

 

 

El programa de Ruiz Zorrilla.

 

Respecto a las líneas básicas del programa de Ruiz Zorrilla, la separación Iglesia-Estado y la ampliación de la instrucción pública, no pudo hacer aprobar ninguna ley.

En otros campos reformistas hubo algunos cambios:

Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1872. La ley de Enjuiciamiento Criminal sería modificada en 1882 y complementada por la Ley de Enjuiciamiento Civil de 1885, dará posibilidades para un Código Civil, que será aprobado en 1889.

Respecto al problema político social de más actualidad en el momento, la abolición de la esclavitud, que querían hacer tanto los Republicanos como los Radicales de Ruiz Zorrilla, se hizo bien poco. Los caciques españoles se organizaron en el Centro Hispano Ultramarino de Madrid y protestaron ante Ruiz Zorrilla hasta que éste abandono el proyecto de liberar a los esclavos. Ruiz Zorrilla consiguió liberar a los de Puerto Rico, pero el problema eran los 400.000 de Cuba. Los grandes capitalistas poseedores de esclavos, encabezados por Juan Manuel de Manzanedo[14], tomaron a Cánovas como líder político. Los hacendados cubanos creían que la esclavitud era un derecho de propiedad intocable por el Estado.

Los abolicionistas conformaron una Sociedad Abolicionista compuesta por José María Orense, Fernando de Castro, Gabriel Rodríguez, Emilio Castelar, Rafael María de Labra, Pi y Margall, Felix Bona, Nicolás Salmerón, Francisco Giner de los Ríos, Estanislao Figueras… y presentaron en el Senado una moción de abolición de la esclavitud el 26 de septiembre de 1872, y al día siguiente en el Congreso. La propuesta fue rechazada en diciembre de 1872, aunque se abolió la esclavitud de Puerto Rico, donde había proporcionalmente muchos menos esclavos y su liberación no representaba un problema social y de orden público.

 

 

[1] Parece ser que Marx sacó en la conversación temas de historia de España y de la polémica literaria entre Quevedo y Góngora, y que Marx sabía mucho más de esos temas que Anselmo Lorenzo.

[2] José Malcampo Monge, marqués de San Rafael, conde de Joló en 1881, vizconde de Mindanao en 1881, nació en San Fernando (Cádiz) en 1828. Como tantos otros gaditanos fue marino militar y entró en política en la Revolución de Septiembre de 1868. En 1871 fue Presidente del Gobierno, ministro de Marina, ministro de Estado. Murió en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) en 1880.

 

[3] Eduardo Alonso Colmenares 1820-1888, fue ministro de Gracia y Justicia en septiembre de 1871, ministro de Fomento en mayo de 1874 y de Gracia y Justicia en septiembre de 1874.

[4] Paul Lafargue 1841-1911 había nacido en Santiago de Cuba, de padre francés, pero en 1851 su familia se había trasladado a Burdeos y había estudiado bachiller en Tolosa y medicina en París, donde había conocido a Proudhon, Blanquí, Bakunin y Marx. Se afilió a un grupo de Proudhon. En 1865 se pasó a Marx. En 1868, con 26 años de edad, se casó con Laura Marx, entonces de 20 años de edad, y acabó medicina. En 1871, durante los sucesos de La Comuna, estaba en Francia. Al fracasar la Comuna, huyó de la zona de París hacia el sur, a Luchon, y desde allí a España a donde llegó en agosto de 1872. Fue detenido en Huesca, pero Ruiz Zorrilla no aceptó extraditarle, como pedía Thiers, y fue liberado en diez días, yéndose a vivir con su mujer a San Sebastián. Al gobierno de España le pareció mal que vivieran en la frontera y, en diciembre, se trasladaron a Madrid. Tampoco le pareció bien al gobierno español que residieran en Madrid, y Lafargue dijo que se trasladaba a Alcalá, pero siguió en Madrid. Vivió en España hasta septiembre de 1872, congreso de La Haya, cuando España era mayoritariamente bakuninista y había ya pocas posibilidades de éxito marxista. Dejó fundada la Nueva Federación Española, marxista, en Madrid. Cuando en 1883 muera Marx, Paul y Laura irán a París con los socialistas. En 1911, Paul y Laura se suicidaron juntos.

 

[5] Alejandro Groizard Gómez de la Serna 1830-1919 fue ministro de Fomento en diciembre de 1871, de Gracia y Justicia en mayo de 1872, de Fomento en marzo de 1894, momento en que hizo una reforma educativa, de Estado en noviembre de 1894 y de Gracia y Justicia en octubre de 1897.

[6] Juan Francisco Camacho de Alcorta 1813-1896, fue de Unión Liberal en 1855,  ministro de Hacienda en febrero de 1872 con Sagasta, o sea, siendo del Partido Liberal, de Hacienda en febrero de 1874, de Hacienda en febrero de 1881, de Hacienda en noviembre de 1885. Al final de su vida se pasó al Partido Conservador.

[7] Consideramos aquí Segunda Guerra Carlista a la de Les Matiners de 1846-1848, con Carlos VI como candidato carlista. En la Primera Guerra, el candidato había sido Carlos V. En esta Tercera Guerra, el candidato sería Carlos VII. También se podría, sin cometer por ello errores graves, considerar que hubo una sola Guerra Carlista empezada en 1833 y terminada en 1875. No son diferentes los contendientes, ni las ideologías que sustentaban a los bandos. Muchos autores consideran que la de 1872 es la Segunda Guerra Carlista y no hubo Segunda Guerra de 1846, tal vez porque no hubo Segunda Guerra en el País Vasco y se limitó sólo a Cataluña. Todo ello puede dar lugar a confusionismo.

[8] Antonio Juan de Vildósola Mier, 1830-1893, era de familia de comerciantes bilbaínos y fue bachiller en Leyes y Abogado en Madrid. Se hizo periodista escribiendo desde 1844 en “La Esperanza”, periódico carlista de su suegro, Pedro de la Hoz, en colaboración con su cuñado Vicente de la Hoz y Liniers. En 1855, José Canga Argüelles creó “La Regeneración” y fichó como colaboradores a Vildósola y a Aparisi, el cual defendía el catolicismo integrista, llamado neocatolicismo en su época. Por el contrario, Vildósola no era integrista, sino tradicionalista y carlista. Escribió en La Fe, La Ilustración Católica, Altar y Trono, L`Unión (francés), La Voz de Cuba y La Cruz. Fue diputado en 1870-1872.

[9] Lluis Gonzaga María Antonio Carlos Ramón miguel de Llauder y Dalmases, de Freixas, de Bufalá y de Camín, 1837-1902, marqués de Vallteix, era de Argentona (Barcelona), hijo de una familia propietaria de industrias. Se hizo abogado. Era radicalmente católico, pero no fue integrista hasta 1878. Escribió en La Sociedad Católica, El Amigo del Pueblo, El Criterio Católico. Su abuelo, general Manuel Llauder Camín, había reprimido el carlismo, pero Lluis se hizo carlista poco antes del Sexenio Revolucionario. En 1870 abrió su propio periódico en Barcelona, La Convicción, que tuvo que cerrar en 1873. Hasta entonces se había opuesto a los neocatólicos. Puso su residencia en Suiza. En 1878 se lanzó en Barcelona El Correo Catalán, y Llauder apareció como integrista católico. Este periódico publicó en marzo de 1888 el artículo “El Pensamiento del Duque de Madrid”, es decir pensamiento de Carlos VII, y Carlos se declaraba no integrista. Entonces ocurrió una escisión entre Cándido Nocedal y su periódico madrileño El Siglo Futuro, que se declaraba neocatólico, con Lluis Llauder y su periódico catalán El Correo Catalán, que se declaraba carlista por encima de todo. Llauder fundó decenas de “círculos católicos” en Cataluña, y en 1887 La Hormiga de Oro, un periódico ultracatólico. El pensamiento de Llauder decía que el liberalismo era la fuente del mal, el cual había revitalizado los viejos problemas del protestantismo, la masonería y el judaísmo, cuyos frutos eran el nihilismo, el socialismo y el anarquismo, porque el sufragio universal y los partidos no eran más que formas de corrupción y de especulación. Murió cuando su fortuna empezaba a agotarse, pero no dejaba hijos.

[10] Gabino Tejado Rodríguez, 1819-1891, era de Badajoz y escribió en El Extremeño, El Padre Cobos y El Pensamiento Español y también el ensayo “El catolicismo Liberal” 1875.

[11] Cándido Nocedal Rodríguez de la Flor 1821-1885 había nacido en La Coruña y era hijo de un comandante de la Milicia Nacional. En 1836 estudiaba derecho en Alcalá de Henares pero acabó sus estudios en Madrid cuando se trasladó la Complutense a Madrid a las sedes universitarias de Seminario, Salesas Nuevas y Noviciado. En 1840 acabó sus estudios de derecho. Entonces era progresista y partidario de Espartero. En 1847 era “puritano”, ya del partido moderado, y enseguida se hizo amigo de Narváez. En 1856 se negaba a que desapareciera, fagocitado por Unión Liberal, el Partido Moderado. En 1863 aparece como neocatólico, es decir, nada moderado, y en 1871 es ya carlista.

 

[12] José Elduayen Gorriti, marqués de Pazo de la Merced, 1823-1898, fue un ingeniero que dirigió en 1844 las obras del ferrocarril de Langreo y fue ministro de Hacienda en mayo de 1872, de Ultramar en febrero de 1878, de Ultramar en diciembre de 1879, de Estado en marzo de 1880, de Estado en enero de 1884, de Gobernación en noviembre de 1891, de Estado en enero de 1896.

[13] Servando Ruiz Gómez y González Llanos 1821-1888 estudió filosofía y derecho en Alemania, y completó estudios en Francia e Inglaterra. En 1849 volvió a España. Se exilió en 1866 y volvió en 1868 para ser subsecretario de Hacienda del ministro Figuerola. Fue ministro de Hacienda en junio de 1872, y emitió una deuda pública que tuvo una aceptación de cinco veces lo demandado.

[14] Juan Manuel de Manzanedo había nacido en Santoña y emigrado a Cuba en 1823 introduciéndose entre los comerciantes de La Habana y entrando en el negocio de abastecer esclavos y financiar proyectos productivos agrícolas e industriales. Volvió a España en 1845 y pasaba por uno de los más ricos de Madrid, tanto como los Medinaceli o los Alba. Se puso a dirigir el Centro Ultramarino y el partido alfonsino o de Cánovas, hasta su muerte en 1882. Manzanedo dirigía el Centro Hispano Ultramarino de Madrid, centro financiado por el Casino Español de La Habana. El Centro Ultramarino fue fundado en noviembre de 1871 por Manzanedo y Laureano Sanz y buscaba el apoyo del partido alfonsino. Este Centro fundó unos 87 Centros provinciales por toda España para agrupar a todos los propietarios en torno a sus ideas, y fue el origen de Fomento del Trabajo Nacional, la patronal catalana.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *