Conceptos clave: crisis de enero de 1870, el problema agrícola, minero y financiero en 1870, crisis de marzo de 1870, crisis carlista, crisis republicana, Prim y el problema social, división entre socialistas y anarquistas, Antonio de Montpensier, Fernando de Coburgo, Tomás de Saboya, Leopoldo de Hohenzollern, la cuestión franco-alemana, Espartero, abdicación de Isabel II, El Código Penal de junio 1870.

 

 

 

GOBIERNO PRIM: enero 1870-junio 1870.

 

    El Gobierno de Prim duró de 18 de junio de 1869 a 4 de enero de 1871. Consideramos aquí una segunda etapa de gobierno, el primer semestre de 1870.

 

 

Crisis de enero de 1870 en el Gobierno Prim.

 

El 9 de enero de 1870 hubo crisis de Gobierno cambiando Ministros de tendencias republicanas para poner otros que apoyaran la candidatura monárquica que Prim proponía. El 11 de enero de 1870 hubo nuevo Gobierno presidido por Prim con los siguientes integrantes nuevos:

Estado, Práxedes Mateo Sagasta, cayó Cristino Martos.

Gracia y Justicia, Eugenio Montero Ríos[1], cayó Manuel Ruiz Zorrilla.

  Marina, Juan Bautista Topete Carballo, lo dejó Juan Prim i Prats.

  Gobernación, Nicolás María Rivero[2], cayó Práxedes Mateo Sagasta, que pasó a Estado.

Se mantenían en sus cargos:

Presidente, Juan Prim i Prats.

Guerra, Juan Prim i Prats.

Hacienda, Laureano Figuerola Ballester.

Fomento, José Echegaray Eizaguirre.

Ultramar, Manuel Becerra Bermúdez.

 

Prim buscaba tener su propio partido y estar preparado para cuando viniera un Rey, Rey que todavía tenía que buscar.

 

 

Prensa nueva.

 

El 15 de enero de 1870 apareció en Madrid La Solidaridad, periódico escrito por socialistas como Vicente López, Hipólito Pauly, Máximo Ambau, Juan Alcázar, Anselmo Lorenzo, Francisco Mora, González Morago. Pero el socialismo no era todavía un movimiento relevante.

El 10 de febrero de 1870 apareció El Tiempo, propiedad de Francisco Queipo de Llano, conde de Toreno, Manuel Barzanallana, e Isabel II, un periódico para defender la causa monárquica, pagado por Isabel II.

 

 

El Problema Montpensier.

 

El 24 de enero de 1870, el republicano Castelar propuso de nuevo inhabilitar a todos los Borbones, y Prim volvió a contestar que sólo a los descendientes de Isabel II. Castelar quería inhabilitar a Antonio de Orleans duque de Montpensier. Prim había rechazado a María Luisa Fernanda, hermana de Isabel II y esposa de Montpensier, cuando pronunció el discurso del “jamás, jamás, jamás”, y luego explicó que sólo se oponía a los descendientes de Isabel II. Pero María Luisa Fernanda era hermana de Isabel II y se podía considerar descendiente colateral, y Antonio de Montpensier era cuñado de Isabel II, lo cual no gustaba a progresistas y republicanos. Prim se había metido en un lío. Montpensier contestó a Castelar, que los buenos candidatos para España eran él o Espartero, o de lo contrario sobrevendría la república.

 

 

El problema de la movilización militar.

 

El 5 de febrero de 1870, en contra de la opinión de demócratas y republicanos y de gran parte de los españoles y e las promesas hechas en septiembre de 1868, Prim llamó a movilizarse a una nueva quinta de 40.000 hombres. El llamamiento a quintas disgustó mucho a los españoles y los internacionalistas aprovecharon para organizar motines.

El 13 de marzo se manifestaron en Madrid unas 4.000 personas contra Prim y la multitud llegó a abuchearle, increparle y tirarle una piedra (se detuvo a los autores del incidente, cinco chicos menores de 20 años).

Cataluña y su entorno también protagonizaron algaradas. Hubo barricadas en Barcelona. La violencia llegó a un punto grave y el Capitán General Eugenio Gaminde Lafont llegó a cañonear el pueblo de Gracia y declarar estado de guerra en toda la provincia de Barcelona. Prim logró que los hechos no fueran investigados en las Cortes.

También los campesinos de Galicia se negaron a pagar impuestos.

Los carlistas aprovecharon para sublevarse en el País Vasco y en Cataluña.

Los internacionalistas estaban creciendo rápidamente y abrieron secciones de la AIT en Mallorca, Cádiz, Valencia, Alcoy, Málaga, Lora del Río, Valladolid, Jerez y otros sitios.

Prim inició la reforma militar prometida, pues creó un cuerpo de batallones de voluntarios profesionales. También redujo el servicio militar a seis años, de los cuales 4 serían en activo y 2 en la reserva. Pero las promesas de 1868 eran de abolición de quintas.

 

 

El problema agrícola.

 

El 20 de febrero de 1870, se pensó en el problema del regadío, tantas veces intentado y siempre pospuesto, y una ley reguló las Concesiones de Canales de Riego y las autorizaciones para construirlos. Pero este problema no era tan sencillo como para ser resuelto por una simple ley, y volvería a retomarse en 1883, 1902, 1933 y en tiempos de Franco, que sería al fin quien hizo los regadíos allá por 1950-1960. En una dictadura son más fáciles las expropiaciones y la solución a los recursos, ya que no hay oposición parlamentaria. Además, en la dictadura no hubo problemas para asumir deuda, pues al dictador le importaban muy poco las relaciones comerciales con el exterior, pues aspiraba a la autarquía.

 

 

El problema minero.

 

También en marzo de 1870, Prim se propuso vender Río Tinto, e hipotecar Almadén y Torrevieja, para conseguir dinero. Se disgustaron por ello los republicanos, carlistas, alfonsinos y unionistas. Llamaba la atención la oposición de estos últimos, pues eran parte del Gobierno y protestaban contra decisiones de Prim. Incluso Topete dimitió, aunque esta actuación se atribuyera en otros medios a la no aceptación de Montpensier, su candidato a Rey.

 

El problema financiero.

 

El 24 de marzo de 1870 se autorizó un empréstito, contratado con el Banco de París, por el que este banco adquiría 1.400 millones de reales de bonos del Estado del tesoro español (era un negocio parecido al que había hecho el Ayuntamiento de Madrid en 1869 al contratar con la banca Erlanger la adquisición de su deuda de 76 millones de reales). Detrás estaban empresarios españoles que querían las garantías de un gobierno extranjero para garantizarse la devolución de la deuda.

 

 

Crisis de marzo de 1870 en el Gobierno Prim.

 

El 19 de marzo de 1870 hubo crisis de Gobierno: Prim tuvo un incidente con Serrano pues se enteró de que el Regente Serrano le iba a destituir, y reaccionó yendo a los cuarteles de Madrid y amenazando con sacar a las tropas a la calle. Serrano desistió de su propósito y Prim no dejó el Gobierno. Pero empezaba a perder popularidad, porque estaba tardando mucho en encontrar Rey y la gente murmuraba que quería ser Rey él mismo.

El 20 de marzo de 1870, abandonó Topete el Ministerio de Marina, y fue sustituido por José María Beránger Ruiz de Apodaca[3]. Beránger sería sustituido en 23 de noviembre 1870 por Juan Bautista Antequera Bobadilla[4]

El 31 de marzo de 1870 abandonó el Ministerio de Ultramar Manuel Becerra y fue sustituido por Segismundo Moret Prendergast[5].

 

 

Pero no sólo era Prim el que tenía problemas. En el proceso de renovación que España necesitaba, todos los grupos políticos tenían sus propios problemas:

 

 

Crisis carlista en 1870.

 

El carlista Cabrera dimitió el 1 de marzo de 1870 por discrepancias con los católicos integristas. Cabrera se había casado con una inglesa y para entonces era un liberal partidario de una Constitución.

Carlos VII convocó Junta del carlismo en Vevey (Suiza) para reorganizar el carlismo: La cabeza sería el propio Carlos VII y mandaría sobre un partido llamado Comunión Católico Monárquica, mediante un Consejo y una Corte en el exilio. Dentro de España se organizaría una Junta Central del Carlismo (Marqués de Villadarias y Joaquín María Músquiz) y unas Juntas Provinciales y Juntas Locales, así como Juntas de Armamento y Defensa. En la base de todo ello se organizarían centros, casinos, cafés, teatros, y escuelas carlistas.

En esta conferencia de Vevey estuvo presente Antonio Aparisi Guijarro 1815-1872, periodista valenciano y abogado distinguido por sus ideas ultracatólicas, defendiendo el poder temporal de los Papas y atacando al liberalismo, a la democracia y al krausismo. Aparisi se encargó de fundar en París un Directorio Central del Partido Carlista.

Los carlistas habían hecho la misma opción que los republicanos, levantar partidas, y esperaban su momento para asaltar el poder con las armas. Don Carlos entró en Cataluña pero fracasó en su intento de levantamiento.

El 8 de marzo de 1870, Pío IX recibió al príncipe Alfonso de Borbón, hijo de Isabel II, en Roma, dando con ello una señal de que no apoyaba al ultracatolicismo español y prefería la legitimidad isabelina al legitimismo carlista.

En marzo de 1870 los franceses se retiraron de Roma. Habían tenido en la ciudad unas fuerzas de ocupación bajo el pretexto de proteger el Papa. España aprovechó el momento para intentar restaurar las relaciones con El Vaticano, y Práxedes Mateo Sagasta ministro de Estado, que era agnóstico, ofreció su protección al Papa, pero El Vaticano no cedió, no perdonó los decretos sobre el catolicismo dados en España en 1868. El asunto era complicado porque el Papa se entrevistaba a menudo con Severo Catalina del Amo, delegado personal de Isabel II en Roma y El Vaticano tampoco quería romper relaciones con Isabel II. Pero la exReina de España tampoco logró nunca que el Papa y Antonelli condenasen al régimen español de 1868 ni que recibiesen oficialmente a Isabel II. La postura de El Vaticano era no comprometerse.

 

 

Crisis republicana de marzo de 1870.

 

Castelar proponía que los republicanos volvieran a las Cortes. Las habían abandonado en octubre de 1869. Creía que se debían defender las ideas republicanas, y que convenía, de momento, prescindir de la idea de federalismo. Pi se opuso, y dijo que el federalismo era esencial, y puesta la idea a votación, Pi obtuvo 33 votos y Castelar 7. Castelar quería una república pura, que no fuera una excusa para hacer otras revoluciones de tipo regionalista independentista, socialista ni anarquista, pero en ello estaba en franca minoría entre los republicanos.

El 6 de marzo de 1870, Pi convocó una Asamblea del Partido Republicano en el Teatro de La Alhambra de Madrid, a fin de reorganizarlo. Acudieron representantes de los Pactos Provinciales republicanos, los cuales reconocieron la autoridad de aquella asamblea y se habló de organización del partido, de ideología y de fines políticos a perseguir. Pi fue aclamado como Presidente de aquella asamblea.

El Partido Republicano defendería a partir de entonces y en exclusividad, la República Democrática Federal, y ningún otro tipo de república.

Pi creó un Directorio Republicano que presidía él mismo, Pi i Margall, y tendría como vocales a Estanislao Figueras, José María Orense, Emilio Castelar, Vicente Urgellés. Y fijó una táctica de acción política: propaganda para ganarse a la opinión pública, y no salirse de legalidad.

Simultáneamente a la Asamblea del Teatro de la Alhambra, los republicanos más radicales estaban reunidos en El Ateneo de Madrid, se estaba celebrando un ciclo de conferencias sobre el principio federativo, y en esas charlas estaban los intelectuales y periodistas de Madrid. Este grupo se declaró federal no pacifista. No querían el pacifismo de Pi. No admitían que el federalismo quedara a expensas de las circunstancias de un pacto. Dijeron que la nación era un organismo dotado de vida propia, al igual que las provincias y los municipios tenían también vida propia, y que todos eran entes soberanos en el ámbito de sus competencias. Los republicanos no estaban dispuestos a aceptar una cesión de competencias hecha por el Estado central, sino que exigían el reconocimiento de la autonomía política de cada ente local y provincias. Iban mucho más allá que Pi en el federalismo, y declaraban soberano a cada Ayuntamiento de España.

Figueras y Castelar no aceptaron ni el manifiesto de Pi, ni las resoluciones de la Asamblea de 6 de marzo en El Ateneo. Eran unitarios y no federales (a veces llamados en algunos autores “conciliadores castelarianos”), ni del grupo de Pi (federalismo republicano con pacto de todos en la conformación del estado, llamados “pactistas pimargallianos en algunos autores), ni del grupo de El Ateneo (república federal con soberanía plena de cada ayuntamiento, de cada región, de cada provincia, de cada región histórica, llamados republicanos radicales).

El partido se había escindido en tres grandes pedazos por obra de Pi. Eran pocos y mal avenidos, y cada uno de ellos dispuesto a imponer su idea mediante las armas.

Pi se esforzó por que volvieran los disconformes a la disciplina de partido, pero ello era imposible, pues sus modelos de república eran incompatibles. Pi se convirtió en un obstáculo para la expansión de los republicanos porque se mantuvo en posturas intransigentes, inflexibles, y afirmaba a menudo que los demás no entendían su proyecto de república federal, que era federalismo republicano. Pi era un hombre frío, intelectual, distante, y fue incapaz de dialogar. Tenía unas ideas fijas, que no sabemos si él mismo las entendía, como cuando intercalaba que la república debía dar proteccionismo a la industria catalana, lo cual tenía poca relación con el problema de fondo, salvo que Pi era catalán y que la mayoría de los republicanos federales eran catalanes. Pero Pi mantenía una veneración de mucha gente que, seguramente, no entendía tampoco nada de lo que Pí defendía políticamente.

El 7 de mayo de 1870, el diputado Julián Sánchez Ruano, de el periódico La Discusión, Bernardo García y Miguel Jarro, del periódico La Soberanía Universal, hicieron una declaración de prensa pidiendo un republicanismo amable, que pudiera ser aceptado por sectores amplios de la sociedad. Se les considera republicanos de formación krausista. En este programa se incluía la unidad de España y la autonomía de los municipios y provincias para el gobierno de sus propios asuntos, pero con abandono de pactismos, como el de los reinos aragoneses medievales, y sin concesiones a las organizaciones socialistas. También pedían limitaciones al derecho de insurrección hasta que se hubieran agotado todos los recursos legales. Evidentemente era una contestación a Pi y un discurso de apertura a los grandes sectores de opinión españoles. Consideraban que con un programa amable podrían atraer a grupos afines a los republicanos, a gentes que seguían a Prim. Además, Prim podía ser atraído a un proyecto pacífico como el que proponían. Estamos hablando de una cuarta tendencia republicana, si bien más próxima a Castelar que a los demás grupos republicanos.

Prim contestó que él era monárquico, que España era esencialmente monárquica, que los principales líderes republicanos, si bien eran amigos suyos, vivían de ilusiones y le parecían “generales sin soldados”.

El 10 de mayo de 1870, el Directorio Republicano presidido por Pi publicó un Manifiesto, que firmaron Francesc Pi, Estanislao Figueras y Emilio Castelar, en el que condenaban las declaraciones de los periodistas de 7 de mayo y reiteraban que la esencia del republicanismo era el pacto federal. Este Manifiesto fue suscrito tres días más tarde por 19 diputados republicanos, que afirmaron a Pi como su líder. Era el caos ideológico total: negaban la realidad de la división republicana, practicando un conjuro milagroso que les devolviera la unidad y el triunfo. Se adentraban en el camino de la falsedad.

Los republicanos permanecieron unidos, pero sólo porque esperaban en breve el advenimiento de la República, porque creían que todos los candidatos monárquicos iban a fracasar, y necesitaban estar unidos para tener su oportunidad.

 

 

Prim ante el problema social.

 

Prim no valoró correctamente la fuerza de los republicanos de Pi, de los obreros de la Federación Regional Española de la Primera Internacional, de los republicanos federales en general, pues todo esto estaba un poco confundido en esos tiempos. Creía Prim que podía acabar con ellos en cuanto viniese un Rey y se normalizase la acción del Gobierno. Pero la forma de acabar con ellos que proponía Prim era la represión pura y dura, y ello no da nunca resultados seguros en política. La represión, a veces puede hacer grande al reprimido.

La situación había vuelto a las partidas de guerrilleros-bandoleros tantas veces repetida en la historia de España. Había partidas republicanas en Ampurdán (Súñer y Capdevila con unos 2.000 hombres), en Lérida (hermanos Castejón), en Barcelona (Lostau, y Jubany), en Reus, en Valls, en pueblos catalanes como Balaguer y Valls, en Barbastro, en Valencia, en Alcira, en Alcoy (donde Froilán Carvajal fue fusilado en Ibi en octubre de 1869), en Castalla, en Cádiz (Paúl Angulo y Fermín Salvochea), en Ronda (Guillén, el cual fue capturado por los carabineros), en Medina Sidonia, en Arcos de la Frontera, en Carmona, en Alcalá de los Gazules, en Puerto de Santa María.

Los republicanos federales disponían de unos 45.000 hombres, lo cual es una cifra muy seria. Pero hay que entender que estaban en distintos territorios y en distintas partidas, dispersos por toda España, y no actuaban conjuntamente, ni tenían organización propiamente militar, ni apoyos dentro del ejército.

Francisco Silvela denunció en las Cortes los asesinatos de Estado que se estaban produciendo en Andalucía a manos de Julián Zugasti Sáenz, probando unos 60, pero afirmando que eran más.

Julián Zugasti Sáenz, 1836-1915, era abogado formado en el Partido Progresista. Al llegar a la Jefatura Política de Córdoba (Gobernador Civil), se encontró a muchos criminales impunes, protegidos por señores de grandes familias reputadas como muy dignas. Se encontró un temor social a denunciar, corrupción en los funcionarios e insuficiencia de medios para enfrentarse a los delincuentes. Creó una Partida de Seguridad Pública consistente en 100 hombres con licencia para matar, y logró eliminar a 107 bandoleros entre los que estaban 6 jefes de cuadrilla afamados. Pero lo peor para los señoritos andaluces, es que tenía un fichero de las familias andaluzas que organizaban el bandolerismo, que eran los amos y beneficiarios de esas cuadrillas de bandoleros, y que estaban haciendo sus fortunas de manera poco honesta. Surgió el pánico a que se publicaran los nombres y la forma en que se estaban haciendo algunas fortunas andaluzas. Zugasti escribió un libro, El Bandolerismo. Estados Sociales y Memorias Históricas, 10 volúmenes, publicados entre 1876 y 1930, en el que se dice que aparecían, crípticamente, las familias implicadas, pero que la censura eliminó y borró muchas páginas para que nadie pudiera saber nada de aquello. Si los republicanos federales estaban en contra de Zugasti, las familias más “conservadoras amantes de los bienes ajenos” (conservadoras en política y capturadoras de bienes ajenos como medio de vida), también deseaban su desgracia.  Hasta ahí, era aceptaba la actuación de Zugasti, pero este Gobernador de Córdoba fue más allá: logró que se le aprobara una “ley de fugas” por la cual cualquier delincuente que intentara escapar de la fuerza pública podía ser muerto. Esta ley fue utilizada en los siguientes 70 años muchas veces y bajo ella cayeron lo mismo terroristas y bandidos, como simples sospechosos que eran inocentes, y hasta enemigos políticos que convenía hacer desaparecer. El asesinato de Estado se legalizaba en España.

Francisco Silvela acusó a Zugasti de estar por encima de la ley, y dijo que el 25 y 26 de octubre de 1870 habían matado a unas 60 personas por el procedimiento de la “ley de fugas” con la circunstancia de que ningún Guardia Civil había aparecido ni siquiera herido levemente. Y además, los muertos se presentaban a la opinión pública como los ejecutores de los delitos, tapando con ello a las organizaciones secretas, las grandes familias andaluzas, que les tenían en nómina.

A Silvela le contestó Zugasti, el 25 de diciembre de 1870 con ocasión de la dimisión de Nicolás María Rivero en disconformidad con la “ley de fugas”, diciendo que él había conseguido restablecer el orden público en España.

En abril de 1870 hubo insurrección antimilitarista en Barcelona. Los obreros catalanes veían que sus reivindicaciones no eran atendidas por los políticos. El prestigioso catalán Francésc Pi, les decía que esperaran. Pero entendieron que lo que venía era un sistema político centralista autoritario y no un federalismo que era el paso que a ellos les convenía.

 

 

La división socialista-anarquista en 1870.

 

El 13 de marzo de 1870, Pablo Iglesias Posse se afilió a la Internacional[6]. Con 19 años de edad, empezó a escribir en La Solidaridad, al tiempo que era tipógrafo en el mismo periódico. Este dirigente crearía un grupo que creía en la unidad del partido mediante la sumisión a la disciplina impuesta por el líder. Era partidario del marxismo, de la existencia de una autoridad democrática que dirigiera el movimiento obrero.

Frente a Pablo Iglesias, en abril de 1870, Rafael Farga Pellicer[7] y Gaspar Santiñón crearon una Alianza de la Democracia Socialista, reflejo de la que habían creado en septiembre de 1868, en Ginebra, Bakunin, Reclus y Fanelli, y que había sido disuelta por Marx en diciembre de ese mismo año. España se declaraba mayoritariamente anarquista. Esta organización se opondría en 1871 a la recomendación de Marx y de la Conferencia de Londres de la I AIT de formar partidos políticos obreros para conquistas parcelas de poder.

 

 

La represión hecha por Prim en 1870.

 

El 3 de abril de 1870 las Cortes permitieron al Gobierno declarar estado de guerra en las regiones en las que éste lo considerara conveniente. Era más que la simple suspensión de garantías constitucionales pedida en octubre de 1869.

Complementariamente, el Gobierno planteó la recluta de 40.000 hombres para combatir el bandolerismo en Andalucía y las posibles rebeliones federales que surgiesen.

El aspecto general de la revolución liberal de 1868 tomaba caracteres de represión ya conocidos en España y ejercidos por Narváez antes de 1868.

En junio de 1870 hubo por fin amnistía para los republicanos que habían hecho revoluciones en Valencia y Cataluña en otoño de 1869. Tras la amnistía, los republicanos liberados de la cárcel retomaron la actitud dura. Allí estaban Paúl y Angulo, Ramón de la Cala, José Guisasola, Francisco Córdoba López, Federico Carlos Beltrán, Francisco Rispa Perpiñá.

Paul y Angulo, colaborador en El Combate, estaba en la sociedad secreta fundada en noviembre de 1869 “El Tiro Nacional”.

El juego de reprimir y mostrarse conciliador al tiempo, no resultó esta vez.

 

 

La búsqueda de un Rey. Los tres duques.

 

Según alguna prensa eran candidatos al trono de España los “tres duques”: Tomás Alberto de Saboya, duque de Génova; Antonio María de Orleans, duque de Montpensier; y Baldomero Fernández Espartero, duque de la Victoria. Es ingenioso, pero no es muy exacto.

 

 

Eliminación de Montpensier como candidato.

 

A comienzos de 1870, el candidato con más posibilidades para ser Rey de España era Antonio de Borbón y Borbón Dos Sicilias, duque de Orleans y duque de Montpensier, esposo de la hermana de Isabel II, Luisa Fernanda, y primo del marido de la Reina Isabel II, Francisco de Asís de Borbón Dos Sicilias. Es conocido tanto por Antonio de Orleans, como por el Duque de Montpensier.

En 1862 había presentado su candidatura a emperador de México, pero Napoleón III le rechazó y eligió a Maximiliano de Austria. La enemistad con Napoleón III jugaba en su contra.

Quizás también el parentesco con la Reina expulsada jugara en su contra, pero por ello, en 1866-1868 había colaborado con los golpistas aportando dinero desde el Palacio de San Telmo de Sevilla, su residencia. Se decía que había aportado casi tres millones de reales para la causa revolucionaria. Y en julio de 1868, se habían probado sus contactos con los golpistas, y había sido expulsado de España. Se fue a Portugal, y en septiembre de 1868, durante la revolución, estaba en Oporto. Desde allí, envió a Solís y a Campuzano como delegados suyos a hablar con Prim para coronar a María Luisa Fernanda de Borbón. Prim se negó. Y les contestó a estos hombres, que Antonio de Orleans no era hombre grato en Madrid, porque el Gobierno español estaba estableciendo relaciones con Napoleón III de Francia, y se sabía que Antonio era enemigo personal del Emperador francés. No se amilanó Antonio de Orleans, sino que emprendió viaje a España. Al llegar a Manzanares el Real, se le devolvió a Portugal. Pero en junio de 1869 se le autorizó a ir a vivir a su casa de Sevilla, en el Palacio de San Telmo. Napoleón III le vetó alegando que era hijo de Luis Felipe de Orleans. La Emperatriz Eugenia, española, le dijo a Patricio de la Escosura que no convenía que Antonio reinara en España.

En España, el duque de Montpensier tenía mala prensa porque era mezquino y cicatero. Entre los políticos tenía mejor cartel porque era inteligente y ordenado. El ejército le reprochaba el no haberse comprometido en ninguna lucha en los 20 años que llevaba siendo Capitán General del Ejército Español. Ni estuvo en la Guerra de África, ni en la de México, ni en la Santo Domingo, ni en Callao. Tampoco se había comprometido nunca con los liberales progresistas. Había seguido la táctica de presentarse como católico tradicional, porque pensaba que eso era lo que satisfacía a los españoles. Por eso, en España se le calificaba de “franchute” como su abuelo Felipe Igualdad y su padre Luis Felipe de Orleans.

En marzo de 1870, Antonio de Orleans duque de Montpensier y los unionistas, pensaron una maniobra complicada: Fernando de Coburgo, el portugués, podía renunciar a favor de su hijo Augusto, hermano del rey de Portugal, y Augusto casarse con María Amalia de Borbón. La prensa se opuso a esos arreglos.

En medio de una trama tan compleja surgió un problema en la familia de Isabel II: el Infante Don Enrique de Borbón y Borbón Dos Sicilias, republicano, llamó “hinchado pastelero francés” al Infante Don Antonio de Orleans duque de Montpensier,

Enrique de Borbón era un masón de alto rango y era figura destacada entre los republicanos. Enrique hizo un manifiesto de prensa describiendo a Antonio como un truhán que siempre había estado conspirando contra Napoleón III y estaba encabezando a los orleanistas franceses. Acusó a Antonio de estar en una conspiración contra Napoleón III y de haber organizado otra, ya fracasada. Por ello, terminaba afirmando que Antonio era un “hinchado pastelero francés”. Hinchado quería decir presuntuoso. “Pastelero” quería decir que siempre estaba cambiando de bando y intentando situarse en cada momento donde más le convenía, lo que hoy llamaríamos “chaquetero”, o estar siempre al sol que más calienta.

Antonio de Orleans y de Montpensier cometió el mayor error de su vida sintiéndose ofendido, pues retó al ofensor a un duelo a pistola a primera sangre. El duelo tuvo lugar en la Dehesa de los Carabancheles, portazgo de las Ventas de Alcorcón, el 12 de marzo de 1870. Los dos primeros disparos no hicieron blanco, pero en la segunda tanda, la bala de Antonio fue mortal para Enrique, pues le acertó en el corazón. La muerte de Enrique significó un consejo de guerra en el que Antonio fue condenado a un mes de inhabilitación y pago de 6.000 duros a la familia del muerto. Era un castigo liviano, pero quedó eliminado de la candidatura al trono español.

El 20 de abril de 1870, Prim logró que las Cortes rechazaran la discusión sobre el duelo entre el duque de Montpensier y su hermano Enrique de Borbón, pero el candidato de Topete perdió todas las oportunidades de ser coronado Rey. Esa decisión concordaba con los deseos de Napoleón III, el cual dijo que ningún Orleans debía ser Rey de España.

 

 

 Eliminación de Fernando como candidato.

 

Eliminado Montpensier, los progresistas, los demócratas cimbrios y el mismo Prim en nombre de los progresistas, que juntos eran mayoría en el Congreso, pensaron en Fernando de Coburgo-Sajonia y Gotha como candidato, y enviaron a Fernández de los Ríos a comunicarle que, si aceptaba, tenía garantizada la mayoría de los diputados. Le insistieron mucho y trataron de convencerle diciendo que sólo tenía que ser Rey dos o tres años y luego abdicar en cualquiera de sus hijos. Pero de ninguna manera quiso aceptar.

Fernando de Coburgo-Sajonia y Gotha había sido el tercer marido de María Gloria de Portugal, conocida como María II de Portugal y en esos momentos era viudo. Era padre del Rey Pedro V y del Rey Luis I de Portugal, que era quien estaba reinando en Portugal en ese momento. Era el candidato de los progresistas y demócratas, y el argumento de éstos era que representaba la posibilidad, aunque remota, de la unión ibérica. También contaba que era un hombre sencillo y con don de gentes, cercano al pueblo, prudente y digno, aunque no poseyera mucho talento. En 1862 se le había ofrecido la Corona de Grecia y la había rechazado. Y en 1866, ya Salustiano Olózaga, Fernando O`Lawlor y el Marqués de Ahumada habían pensado que podía ser el nuevo Rey de España.

En contra de su aceptación pesaba la opinión general, de que se trataba de humillar a Isabel II trayendo un candidato ya descartado en Portugal y sin posibilidades de generar una dinastía.

En 1869, Cipriano del Mazo, representante español en Lisboa, le había comunicado a Fernando de Coburgo la posibilidad de ser Rey de España. Se le dijo que Juan Prim y Napoleón III estaban de acuerdo y que Inglaterra aceptaría.

Ángel Fernández de los Ríos y Domingos Vasco Xavier Teles da Gama marqués de Niza se desplazaron a Lisboa como delegados de Prim, de Ruiz Zorrilla, de Figuerola y de Sagasta. Concertaron una entrevista con Fernando de Coburgo en Cintra, y Fernando se negó a aceptar la Corona de España. Razones: Napoleón cambió de opinión y dijo que no le parecía bien esa candidatura, porque había lazos familiares entre Fernando de Sajonia Coburgo y los Hohenzollern prusianos, enemigos de Napoleón III.

En la no aceptación de la candidatura de Fernando también tuvo mucho que ver Antonio de Montpensier, el cual había publicado en su periódico, El Incoloro, que Fernando tenía una amante inglesa llamada Fanny Essler, artista de teatro. Los comentarios de Antonio de Montpensier tenían aspecto de verdad, pues Fernando se casó más tarde con esta mujer y la hizo condesa de Edla.

Aún así, y tras la negativa de Fernando de Coburgo Sajonia, los delegados desplazados a Portugal le hablaron al Rey Luis I de Portugal de lo magnífico que sería la unión de ambos Estados en uno sólo. Ello causó alguna polémica en Portugal, pues había portugueses a favor de unirse con España. Pero El Diario del Comercio dijo que Portugal saldría perdiendo con la unión, porque cuando un país pobre se asocia a otro pobre, la única posibilidad resultante es que el grande se coma al chico.

El 5 de abril de 1870, Fernando de Coburgo envió un telegrama desde Lisboa negándose en términos duros. La causa era que Portugal se negaba a unirse a España por esa vía, pues los hijos de Fernando de Coburgo tendrían derechos sobre ambas Coronas. Prim y Fernández de los Ríos insistieron.

El 14 de mayo de 1870, Fernando de Coburgo aceptó el trono de España, pero se opusieron a ello: su hijo Luis, Napoleón III de Francia, y Gran Bretaña. Ninguno quería una posible unión ibérica, y Fernando de Coburgo fue descartado por Prim.

 

 

Eliminación de Tomás de Saboya como candidato.

 

El candidato más plausible, tras desistir Antonio de Montpensier y Fernando de Coburgo, era Tomás de Saboya duque de Génova, nacido en febrero de 1854 (murió en abril de 1931), que era sobrino y ahijado de Víctor Manuel II y tenía por tanto 16 años de edad.

En abril de 1870 el progresista Manuel Ruiz Zorrilla, y demócrata Cristino Martos propusieron a Tomás de Saboya, duque de Génova. La madre de Tomás se negó a aceptar la candidatura al saber que no tenía apoyos en España. No estaba dispuesta a emprender otra aventura monárquica como la que acabó con la vida de Maximiliano de Austria en México.

Este candidato, que se estaba educando en el Harrow School británico, podía traer a España ideas nuevas de tipo liberal, y podía conciliar a los progresistas con los demócratas.

Tras el rechazo de Tomás de Saboya, Prim volvió sobre las candidaturas de Espartero y de Leopoldo de Hohenzollern Sigmaringen. Espartero persistió en la negativa y se autoeliminó, aunque ya tenía pocas posibilidades.

 

 

Complicaciones internacionales.

 

El 19 de mayo de 1870 hubo un golpe de Estado en Portugal protagonizado por el mariscal Saldanha. Los portugueses interpretaron que el golpe estaba patrocinado por España porque el embajador español se había ausentado días antes y porque la escuadra española se había presentado en aguas portuguesas. Prim negó toda participación española en el golpe.

 

 

Normas para la elección de Rey.

 

El 3 de junio de 1870, Prim planteó una ley sobre la forma de elegir el nuevo monarca y se aceptó que debía ser votado por la mayoría de los diputados electos y no por la mayoría de los presentes. Como eran 356 diputados, el monarca necesitaría, en todos los casos, 179 votos.

El 11 de junio de 1870, Prim convocó a los diputados para explicarles cómo iban las gestiones de búsqueda de Rey, expuso las dificultades encontradas, explicó que había empezado buscando un candidato en Portugal (Fernando de Coburgo) pero que éste había renunciado cuando los periódicos portugueses empezaron a hablar de anexionismo español. Dijo que luego había buscado en Italia a Amadeo de Saboya, duque de Aosta, hijo de Víctor Manuel II, pero que éste había rehusado. Que había propuesto después al duque de Génova, sobrino de Víctor Manuel II menor de edad, pero que la madre del chico le había hecho rehusar. Que había buscado un cuarto candidato en Leopoldo Hohenzollern, pero que éste, una vez vistos los motines españoles siguientes a las convocatorias de quintas, renunció. Por tanto, no tenía candidato todavía, y por ello, pedía consejo a los diputados. No hubo debate sobre el tema. Ríos Rosas acusó a Prim de estar dilatando la elección de un Rey para dar tiempo a la mayoría de edad de Alfonso XII.

 

 

Eliminación de Leopoldo como candidato.

 

Otro posible candidato era Leopoldo de Hohenzollern Sigmaringen (llamado por los españoles “olé, olé, si me eligen”), un hombre bien visto por Bismarck y que además era católico. Los Hohenzollern estaban de moda porque Guillermo I y Bismarck estaban unificando Alemania. Guillermo I de Prusia no se opuso. Gran Bretaña no dijo nada ni a favor ni en contra. En ese momento era el candidato preferido por Prim y por Sagasta. Estaba relacionado con los Braganza de Portugal porque estaba casado con María Antonieta de Braganza Coburgo, y porque la hermana de Leopoldo, llamada Estefanía, fue más tarde esposa de Pedro V de Portugal.

Leopoldo era hermano del Rey de Rumanía y yerno de Fernando de Coburgo, padre del Rey de Portugal. Casado con Maria Antonia Braganza-Coburgo de Portugal, representaba la posibilidad de la unificación de las naciones ibéricas. También su hermana Estefanía había estado casada con un portugués, el Rey Pedro V de Portugal en 1853-1861. Pero el rey de Portugal en 1870 era Luis I, hijo de Fernando de Coburgo. Elegir a Leopoldo Hohenzollern era proponer la unidad ibérica, lo mismo que si se elegía a Fernando de Coburgo, cuya provecta edad llevaría a una herencia común de ambos reinos. Ambas candidaturas preocupaban en Portugal, y los portugueses se oponían a ellas. Leopoldo tenía como apoyos en España: a Rancés Villanueva, ex-embajador de España en Londres; a Manuel Becerra; al progresista Ángel Carvajal Fernández de Córdoba marqués de Sardoal, yerno de Manuel de la Concha; al director de El Imparcial, Eduardo Gasset y Artime, sobrino de Serrano, venido de Unión Liberal.

La idea de coronar a Leopoldo había partido de Bismarck, el cual lo había comentado con Guillermo I de Prusia, bajo el aspecto de que la alianza de Alemania y España haría fuerte a Alemania frente a Francia. Bismarck apoyaba esta candidatura porque había imaginado una Península Ibérica unida y aliada de Alemania, que podía ser una ayuda importante para el comercio exterior alemán, si se tenía en cuenta que España y Portugal tenían colonias interesantes. El acceso legal de Alemania a las colonias le permitiría a Bismarck competir legalmente con Gladstone y presentarse como una potencia fuerte ante Francia. Esta política precisaba eliminar a Luis I de Portugal, pero Bismark tenía pensado declararle incapaz, pasar la Corona a su hermana, y como ésta estaba casada con un Hohenzollern, cuando el marido fuese proclamado Rey de España se produciría la unión ibérica en sus hijos. Un tratado con Portugal y otro con España completarían la maniobra. Las negociaciones con Bismarck se llevaron en el máximo secreto y sólo Sagasta, Prim y Salazar Mazarredo conocían el fondo de la cuestión. Ni siquiera Juan Antonio Rascón, embajador español en Berlín, se enteró de nada.

Se decía que Prusia apoyaba a este candidato para que no resultara Rey de España un bávaro católico llamado Wittelsbach, que pudiera pasar el liderazgo prusiano y protestante sobre Alemania, a la Baviera católica, y comprometer así el proyecto de unificación alemana de Bismarck.

De la candidatura de Leopoldo de Hohenzollern, lo que le atraía verdaderamente a Prim, era salir de la órbita de Inglaterra y de la de Francia, y empezar a poder hacer una política española autónoma. Prim, convenció al candidato. Leopoldo aceptó en secreto, quizás por consejo de Bismarck.

Leopoldo de Hohenzollern estuvo a punto de ser votado Rey por las Cortes, pero en el momento en que iban a hacerlo fueron disueltas por un error de un funcionario en junio de 1870.

En junio de 1870 se difundió la verdad de las conversaciones con Bismarck, y con la ruptura del secreto se vinieron abajo todos los planes. Y efectivamente, así fue: fue: Francia protestó porque creía que la alianza de la Unión Ibérica con Alemania, iba directamente pensada contra Francia. Por ello, acusaron a Prim de conspirar contra Francia. Entonces Olivier fue nombrado Presidente del Gobierno francés, e inmediatamente eliminó de Asuntos Exteriores a Daru, que era pacifista, y le sustituyó por Antoine Alfred Agenor de Gramont, que era belicista.

El 23 de junio de 1870 se suspendieron las sesiones de Cortes. Una vez disueltas las Cortes, Francia inició tal campaña de prensa contra este candidato, que perdió la idoneidad. Volvería a plantearse la candidatura en julio de 1870.

Como la abuela de Hohenzollern era una Murat, Bismarck creía que Leopoldo sería bien recibido en Francia, pero Francia no lo vio así: la prensa francesa consideró una humillación nacional el que no se contara con Francia a la hora de resolver la sucesión española, y en cambio, sí se contara con Portugal, Alemania e Italia, e hizo una campaña cuyo argumento era que había una intriga de Prim y Bismarck contra Francia. Por eso, Bismarck retiró la candidatura tratando de buscar tranquilidad, pero como la prensa francesa continuó en la campaña del honor francés humillado, cambió de parecer.

El 28 de junio se supo en Madrid que Leopoldo Hohenzollern Sigmaringen aceptaba la candidatura al trono. Prim se sorprendió de que se hubiera decidido, pero contestó que sería proclamado el 20 de julio, una vez convocados los diputados.

El 2 de julio, Francia se opuso a que Leopoldo fuera rey de España. No obstante, el Gobierno español aceptó oficialmente la candidatura el 4 de julio, y Francia amenazó con medidas que podían llegar hasta la guerra. Entonces, el 12 de julio, el padre de Leopoldo, en nombre de su hijo, renunció a la Corona española alegando que no quería ser causa del grave conflicto desatado entre Francia y Prusia.

 

 

La cuestión franco alemana.

 

La cuestión franco alemana se hizo pública en España el 6 de julio de 1870. Pero el asunto no era desconocido por el Gobierno español: El 30 de abril de 1870 Prim estaba por Francia mientras algunos de los líderes progresistas de su propio partido estaban por Alemania, donde escucharon opiniones distintas acerca del próximo conflicto franco alemán.

En julio, Napoleón III de Francia llamó a Francisco Serrano, Regente de España, y le hizo saber que le disgustaba la candidatura de Leopoldo y también exigió que el Rey de Prusia, Guillermo I, diese seguridades de no apoyarle. Bismarck se sintió humillado por que Francia impusiese normas a Prusia. Napoleón III no quería un Hohenzollern, ni un Fernando de Coburgo, ni un Montpensier, ni una república en España. Nadie sabía qué quería Napoleón, y ése fue el error francés.

A partir del error del silencio de opiniones y oposición a todo, surgió el problema del embajador francés Vincent Benedetti conde de Benedetti. El embajador francés, conde de Benedetti, había ido al balneario de Ems a ver a Guillermo I de Prusia para exigir un documento de no apoyar a Leopoldo para Rey de España. En efecto, Leopoldo de Hohenzollern renunció a la candidatura al trono español. El embajador francés exigió entonces que no se repitiese la candidatura de Leopoldo nunca. Guillermo se negó a seguir hablando con el francés ante una exigencia de poco gusto.

El consejero de Bismarck le comunicó los hechos a su jefe en un telegrama, “Telegrama de Ems” de 13 de julio de 1870, y Bismarck publicó el texto recortado y podado, de forma que mostrara que Guillermo I se había negado en redondo a aceptar chantajes franceses.

El “Telegrama de Ems”, indignó a la prensa francesa y reforzó su tesis de injuria a Francia, de modo que la guerra se hizo popular entre los franceses. Antoine Alfred Agenor de Gramont embajador francés en Viena, estuvo torpe, y Napoleón III secundó la torpeza y tomaron la peor decisión posible: El 19 de julio de 1870, Napoleón III declararía la guerra a Alemania. Napoleón III dijo que si se insistía en Leopoldo para Rey de España, lo consideraría “casus belli” con Francia. Y el Rey de Prusia, Wilhlem Friedrich Lugwig von Hohenzollenr, Federico Guillermo III, se indignó con estas declaraciones de Napoleón. El caso Leopoldo amenazaba a España con una guerra, y Leopoldo fue descartado en España. Prim entendió que provocar una guerra, en la que sería difícil no verse implicado, no le convenía a España, y descartó al candidato.

La guerra franco prusiana duró del 19 de julio de 1870 al 10 de mayo de 1871. España se declaró neutral, pero Prim manifestó que sus preferencias estaban del lado de Francia. España se sumó a la propuesta británica de neutralidad. Los dos contendientes trataron de romper la neutralidad española. En los primeros días de la guerra, Bismarck envió al mayor Max Von Versen a proponer que España atacase a Francia desde el sur, mientras Alemania lo hacía por el norte. Manuel Silvela estuvo de acuerdo en aliarse con los prusianos. Pero el Gobierno de Prim no aceptó la propuesta. Bismarck insistió alguna vez más.

Prusia invadió Francia inmediatamente y Francia reclamó la cooperación española. España se negó a ponerse del lado de Francia.

Los alemanes se unieron en torno a la idea de dar una lección a Francia, y ello dio lugar a la aparición de Alemania como Estado.

En noviembre de 1870 el Gobierno de Defensa Nacional francés enviaría a España al conde Émil de Kératry para firmar una alianza con España, pero tampoco tuvo éxito. Francia interpretó mal la no colaboración de España, y ello se notaría mucho en la hostilidad que Francia mostró hacia España tras la derrota francesa ante Alemania: Francia decidió no intermediar por España en política internacional, y España se quedó sola, con la única relación exterior amistosa de Italia.

Ante tales sucesos europeos, Prim rechazó a todos los candidatos franceses y alemanes. Hubo que buscar candidatos por otras vías.

La derrota francesa se reconoció en mayo de 1871.

 

 

Profusión de candidatos al trono de España.

 

En España había quien se estaba poniendo nervioso por el hecho de no hallar un Rey.

Entonces surgió un aventurero, el banquero judío danés Teófilo A. Gedalia, que presentó una lista de candidatos nada relacionados con España, y que ni siquiera eran católicos. Es un suceso intrascendente, pero que refleja la situación en la que parecía a los europeos qu ese podía jugar con España:

Hans de Gluscksburgo, hermano del Rey de Dinamarca, que fue descartado porque se negaba a hacerse católico.

Oscar, duque de Ostrogolia, heredero de Suecia y Noruega, que tampoco quiso hacerse católico.

Federico de Hesse Cassel, hermano de la Reina consorte de Dinamarca, pero estaba en el ejército prusiano que invadió Francia en 1870 y fue descartado por ello.

Constantino de Rusia no tuvo apenas apoyos en España.

 

 

Eliminación de Espartero como candidato.

 

El 13 de mayo de 1870, Prim escribió a Baldomero Fernández Espartero[8], por si quería ser Rey de España. Espartero era un hombre muy viejo y sin hijos, y que por ello, representaba una buena baza política, pues dejaría el asunto para un tiempo posterior, y no mucho tiempo. Espartero tenía un pasado liberal progresista y podía haber sido un magnífico candidato para Prim. Pero Espartero tenía un pasado político odioso, excepto entre algunos progresistas como Pascual Madoz. Se había mostrado inepto en 1840-1843 y en 1854-1856, pero eso sólo lo sabían los políticos. Si Espartero pedía la Corona, resultaba ser un candidato polémico en las Cortes y el hecho mismo de pedirla le desprestigiaba aún más, así que renunció, alegando mucha edad, 76 años, y poca salud.

 

 

Apertura a la posibilidad de Alfonso XII.

 

Olózaga escribió entonces un opúsculo llamado “Obstáculos que impiden la pronta y acertada elección del Monarca”. Olózaga culpaba a Prim de haber decidido un cambio de dinastía sin tener pensado el Rey que sustituiría a Isabel II

Hubo manifestaciones populares en varios lugares de España porque Espartero era español, y el pueblo estaba cansado de verse “vendido” a monarcas extranjeros.

Los conservadores propusieron a Alfonso de Borbón, hijo de Isabel II e hicieron que Isabel abdicase para lograr legitimidad dinástica, pero el candidato fue rechazado de plano por Prim, al que se le adjudica la frase: “jamás, jamás, jamás”. En 1870, Cánovas se declaró alfonsino públicamente, por primera vez. Pero decía que no podía presentar la candidatura de Alfonso XII porque creía en la legitimidad dinástica, e Isabel II todavía no había abdicado. La candidatura de Alfonso XII supondría una guerra dinástica entre Isabel II y su hijo, y ello podría dar lugar a una oportunidad para el triunfo del carlismo. Por eso, el Marqués de Molins y el Duque de Sesto pidieron la abdicación de Isabel II. Efectivamente lo consiguieron el 25 de junio de 1870. Antonio Cánovas no asistió al acto de abdicación en el que se declaraba Jefe de la Casa Real a Alfonso de Borbón. Cánovas no quería relacionarse con Isabel II ni con los personajes de su camarilla, para no perjudicar su imagen. Al contrario, los monárquicos de Isabel II sí necesitaban a Cánovas para que les abriera el camino de la restauración borbónica.

No había solución monárquica al caso español. Entonces, Ruiz Zorrilla y Martos le comentaron a Prim que por qué no hacía una República, y Prim dijo que era imposible en un país en el que no había republicanos.

Cánovas opinaba lo contrario y afirmaría poco después, en 1873, que iba a construir una monarquía con republicanos.

 

 

Replanteamientos monárquicos en primavera de 1870.

 

Descartado también Espartero, parecía que la única solución era la casa de Saboya que recientemente, en 1860-70, había unificado Italia.

 

 

El cambio de Ley electoral de 1870.

 

Complementariamente, Prim cambió la ley electoral en 23 de junio de 1870: suprimió el requisito de estar avecindado en el padrón para poder votar, con lo cual, la ley 9 de noviembre de 1868 del Sufragio Universal, mejoró hasta poder votar el doble de electores.

La Ley Electoral de 23 de junio de 1870 fue conocida a veces como la “ley del sufragio universal masculino”.

 

 

Abdicación de Isabel II en 1870.

 

Por entonces, la familia de Isabel II era un auténtico caos:

Enrique de Borbón, hermano de Francisco de Asís, el marido de Isabel II, muerto en marzo de 1870 era republicano;

José Güell Renté[9], cuñado de Enrique de Borbón y de Francisco de Asís, era radical;

Antonio de Orleans, duque de Montpensier, había colaborado en la revolución de 1868 dando dinero para derrocar a Isabel II, y había matado a Enrique de Borbón, el hermano de Francisco de Asís de Borbón;

Francisco de Asís y Paula[10], el marido homosexual de Isabel II, ya no sostenía la ficción de ser la pareja de la Reina Isabel II, hacía declaraciones a favor de los carlistas, y ni los consejos del Papa Pío IX, del confesor de la Reina, padre Claret, de su propio confesor, padre Fulgencio, y de la monja María de los Dolores y Patrocinio (sor Patrocinio que decía tener las llagas de Cristo y obrar milagros), le convencieron para continuar la ficción de hacer vida conyugal con su esposa, a pesar de ser un meapilas y devoto católico.

La propia Isabel II, era otra “beata”, que además creía en los estigmas y milagros de sor Patrocinio. Lo peor para Isabel era que no aceptaba la situación de que a los 39 años de edad estuviera destronada y sin posibilidades. La ficción de su matrimonio se había mantenido hasta 1868, pero en el exilio resultaba insoportable, y ello no era la mejor imagen de una monarquía que se proclamaba católica y quería atraerse a los ultracatólicos españoles en detrimento del carlismo. Isabel II creía que tenía una legitimidad histórica y otra católica, y ambas la destinaban a Reina de España. Sólo Cánovas veía claro que había que cambiar el concepto de la monarquía y aceptar que la soberanía provenía del pueblo y que el pueblo tenía unos derechos y unas libertades. Isabel II prefería seguir los consejos de su camarilla integrada entonces por Carlos Marfori (que se oponía a que abdicara en su hijo), Jacinto María Ruiz, Alejandro de Castro y Sor Patrocinio.

El 25 de junio de 1870, Isabel II abdicó, tras haber hecho testamento el día anterior.

Isabel II tenía una economía altamente deficitaria pues ingresaba menos de 0,5 millones de francos anuales, y gastaba 2 millones al año en pensiones de sus familiares y allegados, periódicos, estudios de su hijo, palacio… Pagaban sus gastos desde España El Eco de España, La Política, El Diario Español, y digamos que también subvencionaban, porque no perdían demasiado dinero en ello, El Tiempo y La Época. Así que Isabel pidió dinero a sus partidarios, a José Osorio Silva marqués de Alcañices y duque de Sexto; a Jacinto María Ruiz marqués de Vallejo; y reclamó los dineros prestados al marqués de Salamanca, que ascendían a 3 millones de reales[11].

 

 

Liberalización de la justicia.

 

El 17 de junio de 1870 se produjo un nuevo Código Penal, en principio provisional, pero que estuvo vigente hasta 1932. Se trataba de adaptar el Código Penal de 1848 a los derechos de los españoles de la Constitución de 1869 y lo redactaba Eugenio Montero Ríos. En 1848, los jueces se limitaban a identificar el delito y aplicar consecuentemente la pena prevista en la Ley. Tras el Código de 1870, para calificar correctamente la actuación del encausado, los jueces debían contemplar los hechos a la luz de los derechos humanos proclamados en la Constitución de 1869.

Montero Ríos promovió también las leyes de:

Ley de Registro Civil de 17 de junio de 1870,

Ley de Matrimonio Civil de 18 de junio de 1870.

 

 

 

 

[1] Eugenio Montero Ríos, 1832-1914, de familia de caciques de Galicia, empezó estudios en un seminario. Fue atraído por la personalidad de Prim y fue ministro de Gracia y Justicia en 1870. En 1873 acompañó a Amadeo hasta Lisboa. En 1873 fue cofundador del Partido Republicano Democrático, cuyo líder era Cristino Martos. En 1877 participó en la ILE y fue nombrado rector de la misma. En 1881 se unió a Sagasti y fue ministro de Fomento en 1885 y de Gracia y Justicia en 1892. Fue uno de los negociadores del Tratado de París de diciembre de 1898. Presidente del Gobierno en junio de 1905.

[2] Nicolás María Rivero, 1814-1878, fue niño expósito adoptado por unos artesanos de Jerez de la Frontera, y estudió Medicina y Derecho. Fue cofundador del Partido Democrático en 1849, y estuvo en la revolución de septiembre de 1868.Fue alcalde de Madrid en 1868-1869, y Ministro de Gobernación en enero de 1870. En 1873 apoyó la República y el 23 de abril de 1873 dirigió en Madrid una sublevación contra los federales, por lo que se tuvo que exiliar.

[3] José María Beránger Ruiz de Apodaca, 1824-1907 fue ministro de Marina en seis ocasiones, marzo de 1870, junio de 1872, febrero de 1873, noviembre de 1885 y en 1890.

[4] Juan Bautista Antequera Bobadilla 1823-1890 fue ministro de Marina en noviembre 1870, en 1883-1884, en abril de 1876 y en enero de 1884

[5] Segismundo Moret Prendergast, 1833-1913 era hijo de comerciantes gaditanos partidarios del librecambismo y se hizo catedrático de Instituciones de Hacienda. Fue ministro de Ultramar en marzo de 1870 y de Hacienda en 1871. En 1875 fundó el Partido Democrático Monárquico, que en 1882 se fusionaría con Izquierda Dinástica para acabar en el Partido Liberal Fusionista de Sagasta. Fue ministro de Gobernación en 1883, de Estado en 1885, de Gobernación en 1888, de Fomento en 1892, de Estado en 1893, de Ultramar en 1897, de Gobernación en 1901, de Gobernación en 1902, Presidente del Gobierno en diciembre de 1905, ministro de Gobernación en 1909, Presidente del Gobierno en octubre de 1909.

[6] Descubrió entonces que se llamaba Pablo y no Paulino como venía llamándose hasta entonces, porque el cura en el bautizo le había inscrito como Pablo.

[7] Rafael Farga Pellicer 1844-1890 había nacido en Barcelona y era tipógrafo. Se hizo republicano y desde esta postura ayudó en la revolución de septiembre de 1868. En 1869 se reunió con Fanelli, y fundó el grupo anarquista de Barcelona. En septiembre de 1869 fue al Congreso de Basilea y conoció a Bakunin. Ingresó en Alianza de la Democracia Socialista. En junio de 1870 estuvo en el Congreso Obrero Nacional y luchó por la línea apolítica propia del anarquismo. En 1872 estuvo en los congresos de La Haya, Saint Imier y Córdoba. En 1873, en el congreso de Ginebra. En 1874, en el congreso de Bruselas. En 1881 acusó a la dirección de la Federación Regional Española de maximalismo insurreccional, logró que se destituyera a la dirección y, siete meses después, fundó Federación de Trabajadores de la Región Española, de ideología anarquista.

 

[8] Joaquín Baldomero Fernández, conocido como Espartero, 1793-1879, había sido Regente de España en 1840, era popular entre los progresistas, y le avalaba Pascual Madoz.

[9] José Güell Renté había nacido en La Habana en 1818, pero era hijo de catalanes. Fue a estudiar a Barcelona doctorándose en derecho en 1838. Regresó a Cuba, pero volvió a España en 1848, compró fincas, apoyó el golpe de 1854 y fue diputado por Valladolid y tuvo que exiliarse en 1856, siendo amnistiado por O`Donnell. Se casó con Josefa, hija de Francisco de Paula (el padre de Francisco de Asís y Paula, marido de Isabel II, y de Carlota Joaquina de Nápoles) y era por tanto cuñado de los reyes de España. Josefa había sido compañera de juegos infantiles de Isabel II y Güell pasó a ser uno de los privados preferidos por la ex reina de España.

[10] Francisco de Asís Borbón y Borbón, no vivía con Isabel en París, sino que tuvo casa propia en principio, y más tarde se fue a vivir a Epinay, hasta su muerte en 1902, lo cual significaba otro problema pues requería dinero, e Isabel II le contestaba que los valores de bolsa se cotizaban muy bajo y la confianza de los Rotschild para concederle préstamos era poca.

[11] El marqués de Salamanca había llegado a ser el hombre más rico de España en los años 50 y 60, y era el dueño del Banco de Isabel II desde que lo fundara en 1844, y en sus negocios invertían las gentes de palacio como el duque de Riánsares Fernando Muñoz (esposo de María Cristina), Narváez y la propia reina. La crisis de 1866 fue fatal para Salamanca, porque los pisos del Barrio de Salamanca de Madrid dejaron de venderse y Salamanca tenía que hacer frente a sus letras que seguían venciendo. De momento pidió un préstamo personal a Isabel II, de 3 millones de reales. Salamanca creyó poder superar la crisis y se puso a vender valores, inmuebles y obras de arte, pero la crisis era duradera y todavía debía 6 millones de reales cuando se quedó arruinado. Dejó de pagar intereses por las deudas que tenía, y acabó muriendo con una deuda de 48 millones de reales, que se transformaron en pérdidas para sus acreedores.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *