AMADEO: ENERO-JUNIO DE 1871.

 

 

Amadeo I de Saboya[1]

 

    Amadeo I de Saboya reinó en España desde enero de 1871 a febrero de 1873, poco más de dos años. El reinado fue convulso y Amadeo acabó por desistir y volverse a Italia.

 

 

Los partidos políticos en 1871-1873.

 

Los partidos eran un caos interno cada uno de ellos, y se oponían frontalmente a los demás, con lo cual la política general resultó completamente caótica.

En 1871, los partidos dispuestos a colaborar con Amadeo I de Saboya eran los representantes de las clases medias, de lo que hoy denominaríamos centro e izquierda. Amadeo pidió entendimiento y diálogo entre los partidos a fin de que fuese posible el Gobierno, pero nadie estaba dispuesto a pactar, dialogar, ni transigir.

 

Los Partidos-coalición colaboradores con la monarquía:

Se formaron dos coaliciones: constitucionales y radicales. No es justo hablar de partidos, puesto que cada grupo, dentro de la coalición, pensaba y se manifestaba de modo diferente y sin disciplina de partido.

Los constitucionales, liderados por Práxedes Mateo Sagasta, eran lo que podíamos llamar derecha gubernamental. Eran un partido de coalición formado con los restos del partido Unión Liberal (O`Donnell había muerto en noviembre de 1867), más algunos hombres procedentes del Partido Progresista de matiz moderado (Serrano), más algunos demócratas moderados. Por tanto, era un grupo muy heterogéneo. Sus líderes eran Práxedes Mateo Sagasta, Francisco Serrano Domínguez, Juan Bautista Topete, Antonio de los Ríos Rosas, Antonio Cánovas del Castillo, Francisco Santa Cruz y Manuel Alonso Martínez.

Los Constitucionales pensaban que era preciso moderar los avances del proceso democrático que estaba teniendo lugar en España, y que era preciso un cambio más lento para evitar grandes conmociones nacionales.

Los radicales, liderados por Manuel Ruiz Zorrilla eran la izquierda gubernamental. Estaban integrados por los progresistas de izquierda tradicionales, que se habían aliado con los demócratas más progresistas. Ruiz Zorrilla trataba de recoger la herencia política de Prim. Era un partido-coalición hecho para la ocasión, y unía a muchos grupos diversos que se reconocían diferentes entre ellos: los progresista-demócratas de Manuel Ruiz Zorrilla y de Manuel Becerra Bermúdez[2], los cimbrios de Cristino Martos, los demócratas de Nicolás María Rivero, y los del grupo El Economista, periódico dirigido por Antonio Gabriel Rodríguez. No llegaron a un acuerdo para actuar juntos en política hasta 1872. En 1872, Ruiz Zorrilla, Nicolás María Rivero, Cristino Martos y Manuel Becerra se constituirían en partido político, el Partido Radical. A fines de 1872, algunos radicales coqueteaban con los republicano federales, pero en 1873, cuando se marchó de España Amadeo, los radicales estaban en la idea de República unitaria y rompieron con los republicanos federales cuyo modelo de República era muy distinto.

Los radicales pensaban que era preciso avanzar más rápido en lo tocante a las reformas prometidas, a fin de que no se perdiese el apoyo del pueblo al sistema político mostrado en septiembre de 1868. Estas promesas de 1868 eran la abolición de quintas, la separación Iglesia Estado, y el final de la esclavitud. Muchos de los radicales, aunque dispuestos a colaborar con Amadeo, querían una república, pero unitaria y no federativa. Veían la monarquía de Amadeo como una solución provisional. Ésta es una posible explicación de la crisis temprana del reinado de Amadeo, pues hasta los que le apoyaban no le veían sino como una solución de emergencia.

Quedaba fuera de la legalidad constitucional un grupo de matones al servicio de los gubernamentales, el “Partido de la Porra” organización represiva que gestionaba Felipe Ducazcal Lasheras, 1845-1891, fundador del Heraldo de Madrid. Este grupo de unas treinta personas, estaba a favor de los grupos más progresistas, y daba palizas a los moderados y carlistas de Madrid. Primero defendieron a Prim, luego a Amadeo de Saboya y más tarde a Alfonso XII. Desprestigiaba a los radicales y a los gubernamentales en general.

Ninguno de los partidos de apoyo a Amadeo, ni constitucionales ni radicales, tocó el problema fundamental del España en ese tiempo, la estructura de la propiedad agraria, con lo cual, progresivamente cedían el apoyo popular a los republicanos federales y a otros grupos más a la izquierda.

 

Los partidos de oposición:

Si los “partidos gubernamentales” eran más bien coaliciones, los “grupos de la oposición” eran un conglomerado aún más heterogéneo de grupúsculos con muy poca cohesión interna.

El gran partido que representaba la tradición española monárquica, los moderados, no estaba con Amadeo, lo cual restaba estabilidad al nuevo sistema político. Los moderados eran partidarios del orden tal y como lo había interpretado Narváez hasta su muerte en abril de 1868, un moderantismo autoritario. También estaban con los moderados los partidarios de continuar la monarquía pero con Alfonso, el hijo de Isabel II. Entre ellos había muchos católicos.

Denominaríamos hoy ultraderecha a los carlistas, que seguían defendiendo el absolutismo y el integrismo católico. El nuevo líder carlista se llamaba Carlos VII y era hijo de Juan de Borbón, el hermano de Carlos VI. Carlos VII entró en España a reivindicar sus derechos al trono en 1869, a los 21 años de edad, cuando sus partidarios habían preparado multitud de levantamientos (Pamplona, La Mancha, Extremadura, Astorga, Toledo, Palencia) que fueron siempre fracasos. Los carlistas llamaron de nuevo a Cabrera para que les dirigiera, pero Cabrera se negó a dirigir una masa tan heterogénea de gentes. Tras el fracaso de un golpe popular carlista, decidieron presentarse a las elecciones de 1871, en el reinado de Amadeo, y consiguieron 79 diputados, cuyo jefe era Cándido Nocedal y cuya labor en Cortes era votar contra todo. Su actitud les hacía perder diputados en 1872 y entonces decidieron hacer la guerra. Francamente se lo pusieron difícil a Amadeo. La guerra tuvo lugar en los lugares tradicionales del carlismo, en Vascongadas, Aragón, Cataluña y Valencia. Serrano fue el general encargado de la guerra y pretendió ganarla negociando, por lo que fue a Vizcaya y firmó el Convenio de Amorebieta prometiendo respetar los fueros vascos, cosa que no tuvo trascendencia porque la guerra continuó.

Por último, estaban en la oposición los republicanos federales: Estos grupos republicanos organizaron, durante el reinado, todo tipo de desórdenes para manifestar su descontento. Les lideraba en el Congreso de Madrid el catalán Francésc Pi i Margall, y en la ciudad de Barcelona el republicano intransigente catalanista Valentí Almirall.

 

 

Oposición social a Amadeo de Saboya.

 

También estuvieron circunstancialmente en contra del nuevo Rey muchos otros grupos sociales:

La Iglesia católica se mostraba muy belicosa contra el liberalismo, y no aceptaba como Rey a un monarca excomulgado. La Iglesia atacaba la libertad de cultos que había permitido llegar a España a la Iglesia Evangélica y a los Baptistas (sólo a las grandes ciudades y con poco éxito, unos 1.000 adeptos). La Iglesia no llegó a declarar públicamente sus simpatías por Carlos VII (excepto José Caixal Estadé (1803-1879)) porque Roma se declaraba no carlista. Sin embargo, muchos obispos españoles eran claramente favorables al candidato carlista, pero ya no tenían argumentos suficientes para atraer al pueblo español a esa guerra. Ya no eran seguidos en todo y para todo lo que dijeran, por dos razones: porque el Papa no se declaraba partidario de los carlistas, y porque algunos españoles empezaban a pensar que el magisterio de la Iglesia ya no era imperativo para sus conciencias. Algo estaba cambiando en el pueblo español. Pero no era así en la alta jerarquía: El Patriarca de Indias, Procapellán de Palacio y Vicario General Castrense, Tomás Iglesias y Bárcones, se había negado a aceptar la Constitución de 1869 y se desterró a Tarbes, desde donde se negaba a jurar fidelidad a Amadeo de Saboya. Desde 1869 se negaba a dar posesión de sus cargos a los eclesiásticos nombrados por los Gobiernos del Sexenio en virtud del derecho de presentación, y España corría el riesgo de caer en el cisma. Los sacerdotes se dividieron políticamente, y unos, llamados “liberales”, colaboraban con el Gobierno, mientras otros seguían las consignas de Iglesias Bárcones de boicotear todo. Para solucionar el conflicto, Fernández Jiménez hizo una negociación con la Santa Sede el 22 de marzo de 1872 para que Pío IX ordenase a Bárcones renunciar, y se nombrara nuevo Vicario General Castrense.

Los católicos, cosa distinta a la jerarquía de la que hemos hablado en el párrafo anterior, se oponían a Amadeo porque era masón y porque el Papa estaba en contra de los Saboya.

Amadeo tenía también la antipatía del pueblo de Madrid, debido a sus intentos de reducir servidumbre de Palacio, lo cual dejaba sin sueldos a muchos nobles y sin trabajo a unos dos mil madrileños. La aristocracia empezó a acusarle de “extranjero”, y las señoras se ponían mantilla española para decirle con ello al nuevo Rey que estaba en España y no en Italia.

También era poco simpático al ejército, pues los Capitanes Generales eran de otras tendencias políticas, lo que manifestaron no presentándose a jurarle fidelidad como Rey, acto que era obligatorio. La Guerra de Cuba era una sangría de dinero y un esfuerzo militar importante, que tampoco fue nunca del agrado del pueblo ni del ejército.

Los monárquicos estaban en contra de Amadeo de Saboya porque era extranjero y no era legítimo en el estricto orden monárquico, pues la legitimidad estaba en los Borbones.

Los republicanos se oponían porque habían hecho una revolución para derribar la monarquía, no para cambiar de dinastía.

Los masones se opusieron, aunque Amadeo era masón, porque Amadeo había declarado que quería buenas relaciones con la Iglesia católica, e incluso se prestó a presidir la procesión del Corpus en 1871.

Los nobles se opusieron porque Amadeo empezó a salir los domingos a pasear por la Castellana, y allí confraternizaba con la gente bien, con los que iban por allí en carroza como él, los burgueses.

Los burgueses se opusieron porque Amadeo no se comportaba “como un señor”, es decir, con la distancia, rituales y ceremonial de los grandes nobles y reyes.

Los políticos en general se opusieron porque Amadeo declaró que exigiría respeto a la Constitución y a las leyes, cosa que era inusual en España, y se decían entre ellos que había casos y personas diferentes, entre los cuales había que hacer reinterpretaciones de la ley. Además, Amadeo se había declarado por encima de los partidos, y no perteneciente a ninguno de ellos, lo cual rompía con la tradición española de saber en un partido que se contaba con el Rey y que los demás partidos no. Ni los moderados podrían en adelante sentirse dueños de los Gobiernos, ni los progresistas tendrían claro el objetivo de oponerse al Rey, y tendrían que oponerse a la monarquía en general, o aceptar al mismo Rey que los moderados, cosa que nunca había ocurrido.

Los banqueros: En 1871 se creó el Banco de Castilla. Lo creaban: el marqués de Vinent; Rafael Cabezas de Montemayor; y Jaime Girona. El banco nacía con apoyo de Societé Generale y Credit Foncier. Se trataba de aprovechar el momento de endeudamiento del Estado español y gestionar los créditos que éste necesitaba emitiendo obligaciones hipotecarias que se ofrecían a los particulares. El banco se creaba para aprovecharse de la situación, más que para apoyar a Amadeo. No conseguir el apoyo incondicional de la banca, era ya un hándicap importante para la Corona.

 

 

La llegada de Amadeo a España.

 

El mismo día de la muerte de Prim, el 30 de diciembre de 1870, llegó Amadeo de Saboya duque de Aosta a Cartagena. El atentado contra la vida de Prim había sido tres días antes, el 27 de diciembre, y seguramente Amadeo lo conocía. Le recibió en Cartagena el almirante Juan Bautista Topete, un hombre que no había votado por él, pero que sustituía a Prim dadas las circunstancias. Le comunicaron que Prim estaba herido desde el 27. Pocas horas después llegó un telegrama de que había muerto. Los políticos españoles se reunieron con Amadeo y le explicaron la complicada situación política española. A pesar del negro panorama, Amadeo decidió seguir adelante. El 31 de diciembre desembarcó y tomó el tren a Madrid.

Amadeo entró en Madrid en 2 de enero de 1871. Fue a caballo a Atocha a visitar el cadáver de Prim, el hombre que le había traído a España. Seguidamente se dirigió al Congreso de Diputados en donde Serrano presentó su renuncia como Regente y Amadeo juró la Constitución ante Ruiz Zorrilla el Presidente de las Cortes. A continuación fue al Palacio de Buenavista, residencia de Prim, y dio el pésame a la viuda.  Por fin, llegó a Palacio Real, entonces llamado Palacio de Oriente, y fue proclamado rey constitucional.

Aunque el Rey era culto y educado, los líderes de la oposición moderados reaccionaron como siempre se hace en España ante una persona o una ley nueva, que muchas veces ni se ha leído: levantando bulos en los que se lanza un insulto despectivo o poniendo un mote despectivo a la persona o la ley, lo cual basta para que millones de tontos acepten como buena la opinión despectiva lanzada públicamente. José de Echegaray Eizaguirre, radical, y Francisco Romero Robledo, constitucional, comentaron que el Rey les había parecido idiota. Corrió el comentario y empezó el descrédito popular del nuevo Rey.

Alguien se encargó de propagar entre el pueblo español que Amadeo era un rey intruso, un extranjero, y que la nobleza prefería a Alfonso de Borbón y la continuidad de la dinastía.

Y como los republicanos estaban muy alterados porque creían perdida una oportunidad magnífica para ellos, y los carlistas también creían perdida su oportunidad, todos estuvieron de acuerdo en hablar mal del nuevo Rey.

 

 

Intento de conciliación con la Iglesia.

 

Amadeo intentó una conciliación con El Vaticano y el 6 de enero de 1871 envió una carta al Papa, redactada por el ministro de Estado Cristino Martos, declarándose sumiso al Papa. El Papa le contestó con un memorial de agravios, actitud que impedía todo diálogo. No obstante, Roma dejó claro que también rechazaba al carlismo porque lo consideraban inviable y fuera de su tiempo.

 

 

  Intento de Gobierno de los constitucionales

 de Sagasta, 2 enero 1871 – 4 enero 1871.

 

Sagasta, que se había hecho con el poder el 29 de diciembre de 1870, intentó formar Gobierno.

No era posible un Gobierno sólo con constitucionales. Sagasta hubo de renunciar, y fue preciso ir a una coalición de todas las viejas fuerzas políticas, que presidiría Serrano. Ello debía dar tiempo a la consolidación de nuevos partidos políticos.

 

 

Gobierno de coalición de Serrano[3],

          4 enero 1871 – 24 julio 1871.

 

El 4 de enero de 1871, el militar unionista Francisco Serrano Domínguez formó Gobierno de concentración con progresistas (Práxedes Mateo Sagasta) y progresistas-radicales (Manuel Ruiz Zorrilla). En las negociaciones quedó clara la rivalidad enconada entre Sagasta y Ruiz Zorrilla, rivalidad que se mantendría todo el Sexenio. Francisco Serrano era en ese momento el representante de los unionistas, ya desaparecidos, y había fracasado en su apoyo a Antonio de Orleans duque de Montpensier como Rey de España. Por tanto, el Gobierno de Serrano era una coalición de unionistas, progresistas y progresistas radicales.

 

Presidente del Consejo, Francisco Serrano Domínguez, duque de la Torre / 13 de marzo 1871: Práxedes Mateo Sagasta por ausencia del titular / 19 de marzo 1871: Francisco Serrano Domínguez.

Estado, Cristino Martos Balví. Progresista.

Gracia y Justicia, Augusto Ulloa Castañón. Unión Liberal.

Gobernación, Práxedes Mateo Sagasta[4], líder constitucionalista.

Fomento, Manuel Ruiz Zorrilla[5], líder progresista radical / 23 mayo 1871: Práxedes Mateo Sagasta.

Hacienda, Segismundo Moret Prendergast. Progresista. / 10 julio 1871: Práxedes Mateo Sagasta. Progresista.

Guerra, Francisco Serrano Domínguez / 13 marzo 1871: Cándido Pieltain Jove-Huergo. / 19 de marzo 1871: Francisco Serrano Domínguez.

Marina, José María Beránger Ruiz de Apodaca. Militar progresista.

Ultramar, Adelardo López de Ayala[6]. Unión Liberal.

Sagasta, líder de los constitucionales y Ministro de Gobernación, y Ruiz Zorrilla, líder de los progresistas radicales y Ministro de Fomento, eran enemigos políticos irreconciliables y sólo colaboraban por dar una salida a la situación, que era bastante difícil por sí misma. Era el típico Gobierno de Concentración. Por otro lado, los demócratas, cada día se pasaban más del lado de los republicanos, y la monarquía de Amadeo era cada día más inestable.

Quedaban fuera del Gobierno de concentración los grupos extremistas: los republicanos federales por la izquierda y los carlistas por la derecha.

 

 

El fallido juramento militar.

 

Serrano quiso fortalecer al Rey y exigió juramento de fidelidad a todos los militares. Era consciente de que Juan Prim había sido el líder militar del golpe de 1868, y quería ligar a su persona y a la del Rey a todos esos apoyos que antes lo habían sido de Prim. Dictó algunas resoluciones para agradar al generalato. Y el 21 de enero de 1871 publicó un Decreto por el que los funcionarios y militares debían prestar juramento de fidelidad al Rey.

El 16 de febrero tuvo lugar el acto público en que el ejército debía jurar fidelidad.

Muchos se negaron a jurar, y el resultado fue que Amadeo salió debilitado de este intento de fortalecerle: Uno de los que se negó a jurar a Amadeo fue Antonio de Orleans duque de Montpensier, lo que provocó que Serrano diera la orden de apresarle en el Castillo de La Mola de Mahón (Menorca), pero Antonio fue elegido diputado en marzo de 1871 y salió libre.

Serrano había organizado un desfile militar en Madrid para que los militares jurasen al rey. Saldría de Atocha y llegaría a la Fuente de la Castellana. Constaría de 26 batallones de infantería, 6 regimientos de caballería, 3 regimientos de artillería, 2 Tercios de la Guardia Civil y 11 batallones de Voluntarios de la Libertad que representaban a la Villa de Madrid.

Varios generales, jefes y oficiales se negaron a prestar juramento y fueron sancionados por indisciplina. Entre los sancionados había tres Capitanes Generales: Antonio de Orleans duque de Montpensier, Juan de la Pezuela y Ceballos conde de Cheste y Manuel Pavía Rodríguez de Alburquerque.

Con esta ocasión, la aristocracia, liderada por José Isidro Osorio[7], preparó una manifestación, denominada “rebelión de las Damas”, en la que las mujeres de estos señores se pusieron mantilla y peineta de teja española (para decirle a Amadeo que era extranjero) y con la flor de lis borbónica (para decirle que era extraño en Palacio). Los amadeístas, que conocían esta iniciativa, liderados por Felipe Ducazcal, contrataron entonces a las prostitutas más conocidas de Madrid, y les pusieron mantilla y peineta para llevarlas en coche a unirse a esa manifestación, y colocaron sus coches entre los de las señoras de los aristócratas.

 

 

 El fallido pacto de Montpensieristas y alfonsinos.

 

Desde entonces Antonio de Orleans duque de Montpensier fue un conspirador contra Amadeo y, viendo las pocas posibilidades de reinar que le quedaban, intentó negociar con los alfonsinos. Isabel II exigió para ello que los Montpensier reconocieran los derechos de Alfonso al trono español, que la Regencia fuera compartida por María Cristina y Antonio, y exigió el matrimonio de Alfonso de Borbón con María de las Mercedes de Orleans, hija de Antonio de Orleans.

Francisco de Borja Queipo de Llano[8] VIII conde de Toreno, líder alfonsino, aceptó el plan en agosto de 1871, pero las exigencias de Antonio de Orleans de que se le reconocieran los derechos de sucesión al trono, hizo replantearse la cuestión a muchos alfonsinos.

María Cristina de Borbón e Isabel II de Borbón tuvieron una conversación en el palacio Basilewski de París sobre si convenía o no unir a las dos familias, y se envió una delegación a ver a don Antonio de Orleans, pero éste se mostró remiso a renunciar a sus derechos personales al trono español, y no hubo acuerdo.

Tras el fracaso del pacto monárquico, Serrano decidió que la única solución de continuidad era falsear las elecciones, tal y como se venía haciendo en España durante el reinado de Isabel II. Le encargó el trabajo a Sagasta, el cual ya había actuado en ese sentido en octubre de 1868.

 

 

Campaña internacional de aceptación de Amadeo.

 

La aceptación internacional de Amadeo como Rey de España fue normal. Amadeo fue reconocido por todas las Cortes europeas excepto por el Papa.

 

 

Campaña nacional de aceptación de Amadeo.

 

La Casa Real intentó mejorar su imagen. La reina María Victoria instaló en Madrid unas cocinas populares, pagadas por la Casa Real, que repartían 3.000 raciones diarias de comida a los pobres. Eso aliviaba el hambre, y trataba de aumentar la popularidad de Amadeo. Pero las decisiones del Gobierno de subir el impuesto de consumos volvieron a subir los precios, el hambre aumentó, y no se consiguió el objetivo de ganar prestigio para la Corona.

La banca y el comercio se mantuvieron expectantes y, un año después, en 1872, se pasarían al bando alfonsino.

 

 

Las elecciones de marzo de 1871.

 

Haciendo uso del derecho de los Reyes españoles de disolver las Cortes, Amadeo las disolvió, y convocó elecciones parciales para diputados en Cortes para el 8 de marzo. Las Cortes se debían reunir el 3 de abril. Los distritos fueron unipersonales, con ánimo de democratizar el país. El resultado de esta forma de distritos fue que la coacción sobre elegibles y electores fue mucho mayor y más directa que nunca. Las elecciones se hicieron con las presiones, coacciones y recomendaciones típicas de los Gobiernos españoles del XIX y el XX a favor de los candidatos gubernamentales y se demostró que España no había cambiado con Prim en este tema. En efecto, ya Castelar había estado acusando en su día a Prim de excesivo personalismo y de situarse por encima del resto de los diputados en actitud poco democrática.

Las elecciones de marzo de 1871 fueron manejadas por Práxedes Mateo Sagasta, Ministro de Gobernación, con la “habilidad tradicional española” para sacar lo que el Gobierno se proponía.

Los carlistas prepararon las elecciones con todo tipo de alteraciones de orden público gritando contra Amadeo y contra los “anticatólicos”, haciendo que sus diputados estuviesen ausentes en la jura del Rey, elaborando el manifiesto de diciembre de 1870… Todo ello hizo que se sumaran al carlismo muchos conservadores y muchos clérigos. Su éxito en las elecciones fue grande, pues los carlistas obtuvieron 51 diputados y 30 senadores[9]. El jefe del grupo parlamentario carlista fue el conde de Orgaz, el jefe en el Congreso era Cándido Nocedal, y el jefe en el Senado fue Aparisi Guijarro. Fue un éxito efímero, que logró unir en el voto carlista a los ya convencidos, pero convenció a los demás españoles de que la monarquía católica era excluyente y peligrosa.

Escaños obtenidos:

Coalición de progresistas, unionistas y demócratas…… 235

Su líder era Francisco Serrano Domínguez.

Partido Republicano Democrático Federal…………………………………  52

Su líder era Francisco Pi y Margall.

Comunión Católica Monárquica (carlistas)………………………………… 51

Su líder era Carlos María de Borbón.

Partido Moderado………………………………………………………………………………………………… 18

Su líder era Alejandro Mon.

Partido Conservador………………………………………………………………………………………   9

Su líder era Antonio Cánovas del Castillo.

Montpensieristas ………………………………………………………………………………………………  9

Su líder era Antonio de Orleans duque de Montpensier.

Otros …………………………………………………………………………………………………………………………… 19

Total de escaños 391. La mayoría estaba en 196.

 

Las elecciones habían dado mayoría absoluta a la coalición de partidos gubernamentales, y de cara a la persistencia de la monarquía, había que sumar a éstos los 51 del carlismo, los 18 isabelinos, los 9 alfonsinos y los 9 montpensieristas. Pero se notaba mucho que las ciudades eran republicanas y sólo los pueblos pequeños eran monárquicos, gubernamentales o, en su caso, carlistas. Es decir, los pueblos eran mucho más manejables por los Gobiernos de turno. La mayoría de la población era todavía rural. Gracias a las habilidades de Sagasta, los republicanos sólo obtuvieron 52 diputados, 33 menos que en 1869.

Y así, el Gobierno de Serrano quedó muy desprestigiado tras estas elecciones. Los supervisores de las elecciones tardaron dos meses en revisar las actas, pues desconfiaban de todo el proceso electoral. El Congreso no se constituyó hasta 30 de mayo de 1871.

 

 

Escisión entre gubernamentales.

 

Por todo esto, entre los hombres del Gobierno, podemos distinguir a los que llamaríamos amadeístas puros porque apoyaban a Amadeo, y gubernamentales oportunistas porque no estaban con Amadeo, aunque estaban en los partidos de Gobierno para evitar a los republicanos.

Entre éstos últimos estaba la nobleza latifundista que se mostraba contraria a las ideas democráticas del nuevo rey, y se declaraba partidaria del sistema antiguo y en consecuencia de la candidatura de Alfonso de Borbón. Era el caso de los duques de Sesto, la condesa de Montijo y los condes de Heredia Spínola.

El transcurrir de la legislatura dio motivos de fricción a los partidos gubernamentales, ya de ideas políticas diferentes, y los partidos acabarían fraccionados en grupúsculos, liderados cada uno por un personaje.

De los partidos gubernamentales, Sagasta era el líder del Partido Constitucionalista, heredero de la vieja Unión Liberal y Ruiz Zorrilla era el líder del Partido Radical. Pero esta mayoría absoluta, sumados los dos partidos gubernamentales, no les servía de mucho, pues estos hombres eran los grupos burgueses de siempre, demócratas, progresistas y unionistas, que tenían graves disensiones entre ellos tras la muerte de Prim. Discrepaban en temas graves como la abolición de la esclavitud en Cuba, la separación Iglesia-Estado, los derechos de los trabajadores, el tema de la abolición de las quintas y de la matrícula de mar (soldados de marina), y en el de la propiedad de la tierra. No hubo posibilidad de acuerdos ni para aprobar el presupuesto del Estado, y todas las leyes se bloqueaban sistemáticamente. El éxito de la mayoría absoluta aplastante, de 235 sobre 350, no servía de nada.

 

 

Ruptura carlista con Amadeo.

 

En abril de 1871 hubo una asamblea de dirigentes carlistas en Vevey (Suiza) en la que estuvieron Vicente de la Hoz, director de La Esperanza, y Francisco Navarro Villoslada director de El Pensamiento Español, y en ella decidieron sustituir a Cabrera en la dirección del carlismo y nombrar en ese puesto a Cándido Nocedal. La causa era que Cabrera quería que el carlismo evolucionara al constitucionalismo, lo cual enfurecía a Carlos de Borbón.

En abril de 1871 llegó a España Carlos VII, el pretendiente carlista nieto de Carlos María Isidro. Nombró jefe de Estado Mayor a Joaquín Elío y jefe del sector vasco navarro a Eustaquio Díaz de Rada, preparando la guerra carlista que empezaría el 21 de abril de 1872.

 

 

Falsa unión en la oposición.

 

La oposición no estaba mejor compactada que el grupo gubernamental, pero intentaron aparecer como un bloque: los republicanos federales (52 escaños, casi todos ellos en capitales de provincia), los moderados (27 escaños sumando los montpensieristas) y los carlistas (51 escaños, casi todos en núcleos rurales), se coaligaron contra el Rey Amadeo, coalición de lo más extraño, por cierto, ya que se unieron lo que en lenguaje del siglo XX llamaríamos extrema izquierda, centro derecha y extrema derecha (en el siglo XXI es difícil utilizar estos términos). No era fácil encontrar vías de acuerdo entre gentes tan dispares.

Pi y Margall estaba indignado con el modo en que se habían producido las elecciones, pero no tenía fuerza política para tomar iniciativas. Así que decidió sumarse a la farsa de la unión de la oposición.

 

 

Activistas obreros en 1871.

 

También los obreros y republicanos se vieron decepcionados en marzo de 1871 respecto a sus propios líderes. Lo deducimos del hecho de que todos los nuevos líderes decían liderar y dirigir las huelgas obreras y campesinas. Pero las huelgas estallaban por libre y no seguían consignas de unos ni de otros. Los líderes socialistas vivían la ilusión que creaban en sus mentes y no hacían caso de Marx, el cual había dicho que la realidad humana crea frecuentemente “falsas realidades” que hay que desechar mediante el análisis dialéctico de las mismas.

El único progreso de los internacionalistas fue contactar con Clemente Bové, líder de la Federación de las Tres Clases de Vapor (tejedores, hiladores y jornaleros). Con ello, tenían en su mano la ilusión de dirigir y manejar muchas huelgas y de estar “haciendo la revolución”.

Las huelgas terminaron cuando, a finales de marzo, fueron prohibidas por el Gobernador de Barcelona, Bernardo Iglesias, y Clemente Bové fue detenido el 29 de abril, al igual que Gaspar Sentiñón, médico y bakuninista[10]. Era evidente el temor del Gobierno a la Comuna de París de marzo-mayo de 1871. Los locales del  sindicato de Las Tres Clases de Vapor fueron asaltados por la policía. Empezó una huelga, pero la actitud firme del Gobernador de Barcelona, la desarmó.

Tras esta reacción del Gobierno, los sucesos de la Comuna de París de 18 de marzo a 27 de mayo de 1871, no tendrían en adelante excesiva repercusión en España. La conducta del Gobernador de Barcelona fue repudiada por los republicanos el 22 de mayo cuando Baldomero Lostau presentó una moción ante el Congreso, indicando que se habían violado los derechos de asociación y reunión. Le contestó Práxedes Mateo Sagasta que era conocido que habían llegado desde Francia agitadores, precisamente militantes de la AIT, y no sólo a Barcelona, sino a las diversas regiones de España, a organizar motines. La protesta de Lostau fue rechazada por 152 votos a 54. Es más, Sagasta reincidiría en la política de ese Gobernador, escribiendo el 28 de mayo una carta a todos los Gobernadores Civiles en la que les ordenaba que reprimiesen las actividades de la AIT. La represión de los communards españoles se produjo en mayo-junio de 1871.

Otra consecuencia de esta intervención obrera violenta, fue que el Partido Republicano Democrático Federal se fracturó entre los que rechazaban la violencia como medio de alcanzar el poder, y los que la aceptaban.

 

 

Serrano en las Cortes de 1871.

 

El reinado de Amadeo se presentaba, de inicio, como de futuro indeciso.

En efecto, cuando se abrieron las Cortes en 3 de abril de 1871, las sesiones fueron tumultuosas, de ánimos enardecidos. Sólo para resolver las impugnaciones a las actas de diputados, se perdieron 40 días de discusiones. El Congreso se constituyó definitivamente el 31 de mayo.

Al tomar las Cortes el problema de los presupuestos, en junio de 1871, ya no se consideró viable preparar unos presupuestos para 1871-1872, pues a poco que se dilatara la preparación de ellos, y otro poco las discusiones, estarían a fin de 1871. Se decidió prorrogar los presupuestos de 1870-1871.

En junio de 1871, se produjo el Discurso del Rey a las Cortes. La oposición lo discutió mucho, con el propósito de molestar. Se supo que Amadeo había introducido una línea de su cosecha, una línea sin la menor importancia que decía algo así como: “en lo que yo pueda y esté dentro de mis posibilidades”. La oposición hizo un mundo con esas pocas palabras. Dijo que era una intromisión del Rey en el Ejecutivo. El orador era Emilio Castelar, que además, trató de avengonzar al Rey diciendo que cuando España era grande, los Saboya sólo eran maceros hambrientos que servían a Carlos V y a Felipe II acompañando al carro del Rey de España. Era un insulto que no venía a cuento.

La oposición hizo una propuesta de reforma constitucional, sin sentido ninguno y, también, sólo para molestar. La reforma iba en contra de los Saboya. Entonces los monárquicos amadeístas presentaron una enmienda a la proposición de reformar la Constitución, enmienda que no tenía más propósito que dilatar indefinidamente la discusión de esa propuesta, que nunca llegara a votarse, y hacer que decayera. Se produjeron tumultos en la Cámara.

La oposición hizo constar que no todos los militares y funcionarios se prestaban a jurar fidelidad al Gobierno, como se había demostrado el 16 de febrero pasado.

Las Cortes aprobaron emitir deuda por 375 millones de pesetas (y hasta 600 millones de máximo) para cubrir el déficit, que se calculaba en 350 millones de pesetas.

La oposición criticó la decisión de Serrano de reclutar 35.000 hombres, contraria a la promesa de septiembre de 1868 de abolición de quintas y levas.

 

 

Relaciones con la Iglesia.

 

El 16 de junio de 1871 se manifestaron en Madrid los integristas católicos para celebrar el 25º aniversario de la entronización de Pío IX como Papa. El 18 de junio se discutió en las Cortes el acontecimiento, y hubo fuertes discusiones e incidentes.

Pío IX, Alessandro Franci, y Elías Bianchi, presentaron unas demandas a Amadeo de Saboya:

Se debían abolir los decretos y leyes de libertad religiosa, de libertad de enseñanza, de matrimonio civil, de reducción de conventos, de supresión de la Compañía de San Vicente de Paúl y de la Compañía de San Felipe Neri, de supresión de las Conferencias de San Vicente Paúl, de supresión del Tribunal de Órdenes Militares, de supresión del Procapellán de Palacio, de limitaciones a la autoridad y jurisdicción del Vicario General Castrense, de supresión de la dotación económica de Seminarios Conciliares, de incautación de bibliotecas, archivos y obras de arte del clero, de supresión de la Orden de los Jesuitas, de expulsión del obispo de La Habana, de supresión del fuero eclesiástico.

Y además, se debían eliminar los retrasos en el pago de los haberes del clero español, se debía suprimir el procesamiento del arzobispo de Santiago de Compostela y de los obispos de Osma y de Urgel.

El Gobierno español, les contestó razonando por qué se habían hecho estos decretos y ello originó una polémica muy dura. El Papa se negó a reconocer a Amadeo de Saboya.

El 1 de julio de 1871, el Gobierno de Italia se trasladó de Florencia a Roma. El Papa Pío IX intentó hacer una manifestación mundial en apoyo de la Iglesia y de la persona del Papa, incluyendo que todos los Reyes católicos fueran a Roma a prestar homenaje al Papa, pero resultó un fracaso, pues sólo Bélgica envió una delegación de altura. España envió como su representante a un personaje insignificante, el obispo de Ávila. Además, en la ciudad de Roma, donde tampoco caían bien los integristas, aparecieron insultos al Papa y caricaturas groseras del mismo, y la gente agredía físicamente a los sacerdotes que salían en defensa del Papa. Los ultramontanos ofrecieron al Papa irse a Avignon, e Isabel II le ofreció su casa en París.

La posible reconciliación de Roma con el Gobierno español se vino abajo por la ley de matrimonio civil que obligaba a todos los españoles que quisieran casarse a hacerlo ante un juez, declarando hijos naturales a todos los niños nacidos de otro matrimonio, incluido el católico, que no hubiese pasado por el juzgado. Las relaciones con Roma se rompieron por completo.

 

 

Problemas de Gobierno en 1871.

 

El déficit del Tesoro que se calculaba para el año 1871 en 350 millones de pesetas, se decidió paliar con la emisión de 150 millones de pesetas en deuda consolidada y 225 millones nominales en billetes del Tesoro. Moret, el presentador de esta deuda pública, dijo que además había que poner un límite a la deuda anual del Estado y que no se podía emitir todos los años deuda, pues se iría a la catástrofe. Propuso que el gasto anual tuviera un límite de 600 millones de pesetas.

El problema de la guerra de Cuba: Labra censuró al Ministro de Ultramar por el abandono en que se tenía a Cuba, a donde no llegaban los logros de la revolución de 1868, no se imponía la democracia ni la libertad. Le contestó el católico Adelardo López de Ayala, que si no se apoyaba al catolicismo en Cuba se perderían las colonias. En el fondo se estaba protegiendo el abuso de los terratenientes cubanos, muchos de ellos católicos esclavistas.

En resumen, Serrano se mostraba en las Cortes como un inepto, sin autoridad alguna. Y Sagasta (unionistas, progresistas moderados y cimbrios) discutía constantemente con Ruiz Zorrilla (progresistas de izquierda o radicales). Es decir, que los apoyos de Amadeo estaban constantemente a la greña.

 

 

El progreso español en 1871.

 

En 1871 se inauguró el tranvía en Madrid (“la tran-vía”, como decían en la época). Eran coches tirados por caballos. Lo promocionaba José Salamanca. Tenían dos pisos unidos por escalera de caracol e iban de Puerta del Sol a Barrio de Salamanca. Era el segundo éxito económico, o momento de éxito, de José Salamanca. En el primero, había pagado el ferrocarril Madrid-Aranjuez de 1852, pero resultó odiado por las masas que destruyeron todo lo suyo en 1854. Se rehizo construyendo el Barrio de Salamanca y poniendo este tranvía para dar servicio a las comunicaciones con el centro de Madrid.

El 13 de julio de 1871, un Real Decreto creaba la Junta Consultiva de Instrucción Pública integrada por representantes de las instituciones de enseñanza y de las instituciones científicas españolas, presididas por un delegado nombrado por el Gobierno, para planificar la enseñanza. El decreto fue derogado en julio de 1872 por falta de presupuesto para llevar a cabo la construcción de escuelas y preparación y pago de maestros y profesores, como pedían los miembros de la Junta. La existencia de una Junta de Estudios, será una reivindicación en España a partir de este momento.

En 1871 se creó la Escuela de Artes y Oficios de Madrid como sección del Real Conservatorio de Artes que se había creado en 1824 (a su vez creado sobre el Gabinete de Máquinas del Real Sitio del Buen Retiro creado en el siglo XVIII). Se impartían clases técnico artísticas. En 1886 evolucionaría a Escuela de Artes y Oficios y se crearían varias en provincias.

 

 

El debate sobre la Internacional.

 

En mayo de 1871 fracasó la Comuna en París y fue otra gran decepción para los grupos obreros, que creían en la utopía anarquista, o en la marxista. Pero fue además el inicio de la represión en toda Europa.

En 22 de mayo de 1871, en España, empezó el debate en Cortes sobre la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores): La AIT había llegado a España en 1868 y los internacionalistas habían celebrado congreso en Barcelona en junio de 1870 y en él habían fundado la Federación Regional Española (FRE), pero ello no había sido considerado como asunto serio por el Gobierno. El punto de vista cambió ante los sucesos de marzo a mayo de 1871 en París, la Comuna, y entonces se consideró muy peligrosa a la AIT y se originó el debate en Cortes. También se daba la circunstancia de que muchos líderes franceses de la Comuna se habían refugiado en Barcelona y ello hacía temer la repetición de los sucesos de París en esa ciudad. Quizás sea excesiva la cifra de 300 comunards en Barcelona, como se decía en los mentideros políticos, pero el rumor nos sirve como indicativo de la importancia de ese acontecimiento. El Gobernador de Barcelona estaba alarmado y no le faltaba razón. Prohibió que la gente hiciera asambleas, lo cual era contrario a la Constitución española y al derecho de reunión enunciado en ella. El asunto llegó a las Cortes.

La cuestión era compleja, pues las Cortes debatían si el derecho de reunión, consagrado en la Constitución de 1869 era prioritario a la cuestión del orden público. Los socialistas alegaban que en España había derecho de reunión, de asociación y sufragio universal, y ello era consubstancial a la democracia. Alegaban que todos los españoles eran iguales en derechos y ante la ley. Los liberales les replicaban que también había derecho de propiedad, que los comunards querían abolir, y que la verdadera finalidad de aquellas reuniones que se pedían era: cambiar el concepto de propiedad eliminando la propiedad individual y la libertad de contratación, una nueva estructuración de la sociedad, una nueva organización del poder, y la participación populista en las decisiones de Gobierno. Los liberales argumentaban que también existían los derechos de los patronos y que en ningún caso admitirían la dictadura del proletariado. En todo caso no debemos exagerar la importancia de los socialistas españoles en estos años, pues se considera que los activistas españoles en Barcelona no pasaban de unos cientos de individuos.

Los demócratas se quedaron estupefactos, y no sabían si debían defender el derecho de asociación obrera, como pedían los comunistas, o defender la legalidad vigente e impedir la propiedad colectiva de un régimen político comunista. No habían pensado la posibilidad de una rebelión por debajo de ellos.

Los carlistas acusaron a los liberales de haber causado el problema que se debatía en Cortes. Argumentaban que si no se hubieran destruido los gremios y las corporaciones, si no se hubiera predicado la libre contratación, no se hubiera llegado a los problemas del momento. Los liberales habían cometido la ingenuidad de creer que de las libertades legales se seguiría la libertad real en la sociedad, y se encontraban que lo que sobrevenía era la revolución comunista y la pérdida de todas las libertades y posible sometimiento a la dictadura del proletariado.

El 22 de mayo de 1871, mientras el ejército francés entraba en París y los burgueses de toda Europa estaban escandalizados por los sucesos de la Comuna, Baldomero Lostau, Estanislao Figueras, y Pascual Casas, presentaron una proposición al Congreso de Diputados para declarar persona non grata al Gobernador de Barcelona que perseguía a los internacionalistas. Sagasta saltó como una fiera para decir que se trataba de extranjeros, enemigos del orden político que, delegados por AIT, venían a provocar el desorden y la violencia, y amenazó con medidas contra AIT. Ruiz Zorrilla se enfrentó a Sagasta y hubo una pequeña crisis de Gobierno, que se resolvería en junio.

El asunto de fondo que se estaba debatiendo, sin decirlo, era el de la propiedad, pues los liberales, tanto moderados como progresistas, defendían el pleno derecho a la propiedad sin restricción alguna y negaban la teoría de la dictadura del proletariado tras el advenimiento de la miseria creciente, es decir, la abolición de la propiedad. Los españoles se encontraban entre dos posturas radicales, extremas. Los demócratas se dividieron en dos grupos, los que defendían que el derecho de reunión prevalecía como derecho sobre todos los demás, y los que defendían que el derecho a la propiedad privada prevalecía frente a las doctrinas socialistas.

El 28 de mayo de 1871 los communars de París fueron fusilados en el muro del cementerio Père Lachaise.

España tuvo entonces una de sus manifestaciones histéricas e histriónicas no infrecuentes: Se puso en cabeza de la represión europea contra los socialistas. Sagasta concedió, en mayo, poderes a los Gobernadores Civiles para destruir la Internacional como enemiga de “la propiedad, la familia, la sociedad y la patria”. Se acusó a Bakunin de organizar la Comuna. Se inició una campaña internacional contra los anarquistas.

Teniendo en cuenta que se trataba solamente de unos cientos de socialistas, no parecía tener sentido el exceso verbal del Gobierno.

Aprovecharon los republicanos el momento difícil de la AIT española para, en junio de 1871, invitar a los internacionalistas a unirse a ellos. Lógicamente, pues eran anarquistas, los internacionalistas se negaron a participar en el juego político de los republicanos.

En junio de 1871 apareció en Madrid el periódico La Emancipación, órgano de prensa de fondo marxista, de la Federación Regional Española de la Asociación Internacional de Trabajadores, que era gestionado por José Mesa Leompart, Anselmo Lorenzo, Hipólito Pauly, Víctor Pagés, Pablo Iglesias y Francisco Mora, y publicó las ideas de la AIT respecto a las Cortes burguesas del Sexenio, el malfuncionamiento antidemocrático de las elecciones, la creación de la Nueva Federación Madrileña en junio de 1872, y textos de Marx y Engels. Fue cerrado en abril de 1873.

Los anarquistas madrileños decidieron producir el periódico El Condenado, anarquista, para oponerse a La Emancipación. La mayoría de las federaciones obreras de España, casi 300, se decantaron por el socialismo libertario y siguieron en la internacional anarquista, cuando Marx abandonó la AIT. La AIT española expulsó de su seno a los redactores de La Emancipación y a la Federación Local Madrileña por aceptar ideas de Marx y Engels.

El debate en las Cortes continuaba en junio de 1871. Se había desarrollado en el plano teórico. Las decisiones finales fueron que la AIT era inconstitucional, porque la Constitución de 1868 prohibía en España las asociaciones dirigidas por extranjeros. Y curiosamente, un artículo que se había redactado expresamente para castigar a la Iglesia católica, sirvió para ilegalizar la Asociación Internacional de Trabajadores.

 

 

Crisis en el Gobierno Serrano.

 

El 20 de junio de 1871 dimitió Segismundo Moret, ministro de Hacienda y días después dimitirían Cristino Martos en Estado, y José María Beránger en Marina.

Ruiz Zorrilla negoció con Castelar la abstención de los republicano-federales si se planteaba una crisis de Gobierno, y llegaron a ese acuerdo. Con ello, Ruiz Zorrilla pasaba a líder de la minoría mayoritaria en el Congreso.

El 22 de junio de 1871 Castelar, líder republicano, decidió apoyar al Gobierno constitucional radical, a pesar de ser él republicano. Castelar decidió respetar las decisiones del Gobierno de Ruiz Zorrilla y su Partido Radical. Entonces los republicanos de Castelar fueron llamados “benevolentes”. El resto de republicanos se honraban en ser conocidos como “intransigentes” Los benevolentes decidieron aceptar el juego parlamentario que les ofrecía la monarquía. Los intransigentes defendían que no era posible aceptar ningún pacto con monárquicos. Castelar se estaba abriendo a que más españoles se pusieran de su lado. Con ello se expuso a que los intransigentes le rechazaran de pleno y los republicanos se escindieran definitivamente.

 

 

[1] Amadeo de Saboya, nació en Turín el 30 de mayo de 1845. Era hijo segundo del rey Víctor Manuel de Saboya. Antes de ser rey de España, se le conocía como Duque de Aosta. En 1866 estuvo en la guerra contra Austria al mando de los Granaderos de Cerdeña y cayó herido en Custozza. En 1867 se había casado con María Victoria dal Pozzo della Cistierna, 1847-1876, con quien tuvo tres hijos: Manuel duque de Aosta, Víctor Manuel conde de Tetuán, y Luis Amadeo duque de los Abruzzos. El 16 de noviembre de 1870, las Cortes españolas le habían proclamado Rey de España, y el 30 de diciembre desembarcó en Cartagena. Tras la abdicación del 11 de febrero de 1873, regresó a Turín. En 1876 murió su mujer. El 11 de septiembre de 1888 se volvió a casar con su sobrina Leticia Bonaparte, hija de su hermana Clotilde y del príncipe Jerónimo-Napoleón Bonaparte. Tuvo un nuevo hijo llamado Humberto conde de Salerno. Murió el 9 de enero de 1890 en Turín.

[2] Manuel Becerra Bermúdez 1823-1896 nació en Castro del Rey (Lugo) y estuvo en el movimiento revolucionario progresista de 1854, emigró en 1856, regresó con la amnistía de Isabel II, participó en el golpe del Cuartel de San Gil de 1866, volvió a expatriarse, regresó en 1868 para aliarse con Ruiz Zorrilla de quien fue ministro de Fomento. En 1880 sería del Partido Fusionista de Sagasta y volvería a ser ministro en 1888, 1890 y 1894.

[3] Serrano, personalmente, había hecho carrera casándose con su prima Antonia Domínguez Borrell, hija única de los condes de San Antonio, y 20 años más joven que él. Pero su carrera política, de gran fuerza, radicaba en el apoyo de los hacendados cubanos, apoyo con el que contaba desde que fuera Capitán General de Cuba en 1859.

[4] Práxedes Mateo Sagasta nació en Torrecilla de Cameros (Logroño) en 1825. Apareció en política en 1854 como presidente de una Junta Revolucionaria local, tras lo cual fue elegido diputado por el Partido Progresista. Fue reelegido en 1858. Participó activamente en la sublevación del Cuartel de San Gil de 1866, por lo que fue condenado a muerte, y huyó a Francia. Estuvo en el Pacto de Ostende de 1866. En 1868, el gobierno de Serrano le nombró ministro de Gobernación y también fue ministro de Gobernación y de Estado de Prim en 1869, y ministro de Gobernación de Topete en 1870. A la llegada de Amadeo, siguió como ministro de Gobernación en el Gabinete de Serrano. En 1871 se enfrentó a Ruiz Zorrilla, dentro del Partido Progresista, lo cual provocó la escisión del partido, pues Sagasta era partidario de colaborar con Unión Liberal y consolidar la monarquía de Amadeo. Así llegó a presidente del Gobierno en 1871, dos días en enero, y cinco meses en diciembre a febrero de 1872, cuando tuvo que dimitir acusado de malversación. Sagasta se alejó de la política hasta 1874, tras el golpe de Pavía, en que volvió a Gobernación con Serrano y con Zavala. En la Regencia de Serrano de 1874, presidió el Gobierno, el último de transición antes de Cánovas. El hecho histórico más destacado de Sagasta fue la creación del Partido Liberal Fusionista, encargado de neutralizar el republicanismo y absorber el radicalismo. Su trabajo le valió ser presidente en 1881. En 1885 fue uno de los protagonistas del Pacto de El Pardo. En 1890 introdujo el sufragio universal masculino. En 1897-1898 contempló desde la presidencia del Gobierno el desastre de Cuba. Fue presidente por última vez en 1901-1902, cuando su partido se desintegraba en múltiples facciones, lo que no se podía evitar dados los compromisos constitucionales y políticos adquiridos por él mismo años antes. Murió en Madrid en 1903.

[5] Manuel Ruiz Zorrilla nació en Burgo de Osma (Soria) en 1833. Estudió derecho en Madrid. En 1856 fue comandante de la Milicia Nacional en Soria. Fue diputado por el Partido Progresista por Soria en 1858. Estuvo implicado en la sublevación del Cuartel de San Gil de 1866, por lo que fue condenado a muerte y hubo de huir de España. Regresó en 1868 y se constituyó en el líder del Partido Radical, un partido que sostenía que los progresistas debían avanzar hacia una mayor participación ciudadana en la política y para ello se necesitaban fuertes reformas que lo permitieran. Serrano le hizo ministro de Fomento en 1868 y en ese cargo decretó el traspaso de los materiales de bibliotecas y archivos religiosos a archivos del Estado. Fue ministro de Justicia con Prim en 1869. En diciembre de 1870 recogió al rey Amadeo en Florencia. Fue el Presidente de las Cortes que proclamó a Amadeo de Saboya rey en 1871. Durante el reinado de Amadeo fue Presidente del Gobierno en julio de 1871 y en junio de 1872. Era opuesto a las ideas de Sagasta y ya por entonces, 1872, los progresistas mostraban divergencias internas en torno a estos dos líderes. Se exilió con Amadeo de Saboya. Siempre fue contrario a Alfonso XII. En 1874 fundó el Partido Republicano Progresista, que perduró hasta 1895, año de la muerte de su fundador, partido que era partidario de derrocar a Alfonso XII. Cánovas le expulsó de España, y desde el exilio molestó cuanto pudo a Cánovas: En 1876 hizo una coalición con Salmerón para constituir el Partido Reformista Republicano, que también fracasó. En 1880 lo intentó de nuevo con Martos y Montero Ríos fundando el Partido Progresista Democrático que también fracasó en 1881. Participó en varios pronunciamientos contra el sistema de la Restauración canovista en 1883 Badajoz, Seo de Urgel, Santo Domingo de la Calzada, Monte Navala, Santa Coloma de Farnés, en 1886 Cartagena, y en 1886 Madrid (cuyo líder era Villacampa). En 1893 creó “Unión Republicana” acercando su partido al de Salmerón, pero a su muerte en 1895, los partidos republicanos se escindieron y fragmentaron como casi todos los partidos del momento. En 1895 regresó a España enfermo. Murió en Burgos en 1895.

[6] Adelardo López de Ayala, 1828-1879, era conocido como autor de teatro por haber triunfado con “Un Hombre de Estado” en 1851, autor de zarzuela por “Guerra a Muerte”, y por ser periodista satírico en “El Padre Cobos”. Por ser progresista moderado, fue ministro de Ultramar en enero de 1871 y en enero de 1875.

[7] José Isidro Osorio y Silva Bazán, duque de Sesto, duque de Alburquerque, duque de Algete, marqués de Alcañices, marqués de Cuéllar, marqués de Caderita, marqués de Montaos, marqués de los Balbases, marqués de Cullera, conde de Huelma, conde de Ledesma, conde de Fuensaldaña, conde de Gramal, conde de Villaumbrosa, conde de Torre de Pavalán, conde de Villanueva de Cañedo… Hijo de Nicolás Osorio Zayas, marqués de Alcañices, marqués de los Balbases, duque de Alburquerque…y de Francisca de Silva Bazán y Téllez Girón, de la familia de los marqueses de Santa Cruz y marqueses del Viso. Amante de Francisca Guzmán Portocarrero, duquesa de Alba, hermana de Eugenia de Montijo (la esposa de Napoleón III), casado en 1868 con la princesa rusa Sofía Troubetzkoy, viuda del Duque de Morny, amiga de Napoleón III, residente  en el Palacio del Marqués de Alcañices (hoy Banco de España en Madrid), fue el organizador de esta Rebelión de las Damas. Más tarde sería mentor de Alfonso XII y se iría con él a Sandhurst sufragando los gastos originados por esa iniciativa de Cánovas, aunque para ello tuvo que vender el Palacio del Marqués de Alcañices.

[8] Francisco de Borja Queipo de Llano y Gayoso de los Cobos, 1840-1890, VIII conde de Toreno, 1843-1890, fue Diputado por Asturias en 1864-1890,  Teniente de Alcalde y Concejal en el Ayuntamiento de Madrid en 1868. Fue del Partido Moderado antes de 1868, y del Partido Moderado de Cánovas después de 1874. En 1874 fue alcalde de Madrid, y durante el periodo canovista fue varias veces Ministro.

[9] Anecdóticamente podemos comentar que José María de Pereda, el popular escritor cántabro, fue elegido diputado carlista en Santander en este marzo de 1871.

[10] Albert García-Balañá, “Bajo la sombra de la Comuna: Sindicalismo y republicanismo en la Barcelona de 1871”. Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, 2015. Historia Contemporánea 53, 491-520. Se encuentra publicada en internet.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *