PINTURA DE TERCER CUARTO DEL XIX

 

 

 

 

Pintura protesta a mediados del XIX.

 

En 1847, Thomas Couture presentó Los Romanos de la Decadencia (en el De Orsay), una orgía de romanos bajo una arquitectura de columnas corintias impresionantes y estatuas clásicas majestuosas. El tema reclamaba el valor de la irracionalidad, aunque algunas figuras contemplasen la escena central sin participar en ella. Era netamente antiacademicista y un escándalo social.

 

 

La Hermandad Prerrafaelistade 1848

 

A mediados del siglo XVIII, habían triunfado en Gran Bretaña, pintores de mucha calidad como Joshua Reynols y Thomas Gainsborough. Representaban la calidad y el trabajo bien hecho. Representaban también a la Academia británica.

Joshua Reynols, 1723-1792, estuvo en Roma en 1749-1752. Fue el primer Presidente de la Royal Academy e hizo una extensa obra entre 1755 y 1788, casi todo retratos de excelente colorido y calidad.

Thomas Gainsborough, 1727-1788, empezó como paisajista, pero hacia 1752 se pasó al retrato, que tenía mejores ventas. Utilizaba una pincelada rápida y fácil, delgada y larga, con colores predominantes verdes y azules. Hizo unos 250 retratos, la mitad de su producción, pero lo que le gustaba era el paisaje, al que volvía cuando podía.

Contra estos pintores academicistas se rebelaron los prerrafaelistas a mediados del XIX.

En 1848-1863 funcionó en Londres la Hermandad Prerrafaelista, la cual quería hacer regresar la pintura a épocas anteriores a Rafael Sanzio.

Se cree que la hermandad surgió a raíz de la aparición de un cuadro de William Holman Hunt titulado La Víspera de Santa Inés, fuga de Magdalena y Porfirio, 1848. Este cuadro llevó al lienzo un poema de John Kaeats que hablaba de que el día de la víspera de santa Inés las jóvenes encontraban novio. El cuadro era mediocre en cuanto tiene errores lumínicos y pobreza de color, aunque muestra un dibujo excelente. No importaron esos defectos, sino el hecho de atreverse a llevar al lienzo un poema. Ello significaba que se podían llevar al lienzo tradiciones, romances, cuentos, escenas bíblicas, y todos los temas que le impactaran a un pintor, sin necesidad de adaptarse a normas académicas.

Los prerrafaelistas propugnaban el retorno a la espiritualidad y sinceridad del artista, y defendían que había que romper con las normas de la Academia, pues la abundancia de normas conduciría a que todos los cuadros fuesen al final iguales, los mismos temas con las mismas técnicas. Para ello, había que volver sobre los primitivos italianos y flamencos del siglo XV, anteriores a Rafael. Reclamaban libertad frente a las normas académicas neoclásicas, y vuelta a los temas medievales religiosos, literarios y poéticos.

Los prerrafaelistas querían romper con el romanticismo volviendo a lo medieval, recuperar el trabajo del dibujo previo concienzudo, y poder expresar temas cristianos, poéticos y tradicionales. Gustaban de la calidad y del detalle, de un intenso colorido logrado con aplicación de óleo sobre pasta fresca blanca. Los cuadros prerrafaelistas son de colores brillantes: verdes, lilas, azules y violetas muy luminosos, y el detallismo hace que muchas veces parezcan fotografías muy buenas. Se servían de las técnicas aprendidas en la Academia, vivacidad de colorido, realismo en el tratamiento de la figura, pero reclamaban libertad de composición.

Era un grupo de jóvenes británicos que se reunían el Londres y decían estar cansados de pintar retratos y paisajes, porque en la vida había temas más importantes como el tema social, las leyendas medievales, la literatura Shakesperiana, la Biblia, es decir, lo importante era que la pintura fuera moralizante. Se inspiraron en los nazarenos alemanes y se autodenominaron Raphaelite Brotherhood. 1848 era también el año en que se conocía el Manifiesto Comunista de Karl Marx, lo cual sugiere que era muy evidente la miseria en los suburbios de Londres. Los prerrafaelistas tuvieron amplia difusión en la prensa. Copiaban la realidad con todo detalle, con dibujo perfecto, con perfección del color, sin someterse a las reglas de un estilo determinado. En 1852, el grupo se disolvió, pero la calidad de la pintura se mantuvo entre los pintores británicos. Este movimiento británico no tuvo paralelos en ninguna parte de Europa.

Los principales prerrafaelistas fueron: William Holman Hunt; John Everett Millais; y Dante Gabriel Rossetti. Ponían junto a su firma las letras PRB que significaban “Pre Raphaelite Brotherhood”.

William Holman Hunt, 1827-1910, es tenido como el fundador de la Hermandad Prerrafaelista. En 1851 presentó The Hireling Shephard (El pastor veleidoso, o libidinoso), un tema en el que el pastor abandonaba el rebaño para dedicar su atención a una chica. Era provocativo, pero tenía poca calidad. En 1853 hizo su primera obra importante, The Awakening Conscience (El despertar de la conciencia), en la que denunciaba una relación extramatrimonial. Y más tarde, se pasó a la temática religiosa en The Light of the World (la luz del mundo); The Scapegoat 1854 (El chivo expiatorio); The finding of the saviour in the temple 1860 (Cristo hallado en el Templo), y a la temática paisajística.

Dante Gabriel Rossetti, 1828-1882, se llamaba oficialmente Gabriel Dante Rossetti, pero cambiaba el orden de sus nombres a conveniencia, el primero, que era el oficial, para parecer más británico, y el segundo para parecer más italiano. Era británico hijo de italiano. Quedó impresionado por el cuadro La Víspera de Santa Inés, de Holman Hunt, porque éste trataba de expresar un poema en un cuadro, y creyó que ése era el camino de la pintura. Entonces buscó entre los pintores italianos antiguos los temas religiosos que expresaban escenas con significado alegórico y lo llevó a los prerrafaelistas. Pero la calidad de los prerrafaelistas era baja y abandonó. Se pasó al simbolismo de la mujer, una mujer enigmática, santa o romana antigua, que quería significar algo.

John Everett Millais, 1829-1896, se sintió atraído por los prerrafaelistas y sus simbolismos profanos y religiosos. En 1850 pintó Christ in the House of his parens (una Sagrada Familia) representando un taller de carpintero pobre, que causó una gran impresión entre el público. Pero Millais fue más allá que el resto de los prerrafaelistas en calidad y colorido, detalle y elaboración del cuadro, cuando en 1852 presentó Ofelia, que representaba una joven muerta flotando en el arroyo. Millais optó por la calidad y repitió éxito con Autumn Loaves (hojas de otoño) unas jóvenes recogiendo hojas. En 1856 cambió de estilo para hacer unos temas más amables, unos rostros más agradables, y se consagró como uno de los grandes. En ese momento, sus compañeros opinaron que Millais había abandonado el lado interesante de la pintura. Millais, tratando temas sociales, logró una calidad de color y una exactitud en el detalle ciertamente notables.

Lo que se demostró con estos movimientos pictóricos, fue que los británicos podían tratar temas de obreros pobres, prostitutas y pordioseros, pero el colorido era siempre alegre, agradable, y no intervenían queriendo dar ningún mensaje sociopolítico con su cuadro.

A partir de 1852, algunos se pasaron a temas de denuncia social y se integraron en el realismo. No obstante, algunos prerrafaelistas continuaron su movimiento e incluyeron en su grupo a algunas mujeres.

Habrá segunda Hermandad Prerrafaelista años después, pues los cristianos querían volver a temas propios del siglo XV. Edward de Burne-Jones 1833-1898, y William Morris 1834-1898, eran los líderes de esta a veces llamada segunda generación prerrafaelista. Esta segunda generación abandonó los temas medievales y buscó más a Boticelli y su sensualidad femenina. A fines del XIX desapareció la corriente prerrafaelista.

 

 

El realismo francés.

 

A partir de 1848 podemos dar por iniciado el movimiento realista, una nueva protesta contra el academicismo, y también ruptura con el romanticismo que había perdido su sentido de protesta. El realismo se desarrolló entre 1840 y 1880, periodo en el que tuvieron lugar las revoluciones de 1848 y de 1871 (La Comuna). La época era de comienzo de la Revolución Industrial, pues había aparecido el tren en 1825-1830, la hélice para los barcos 1826, el telégrafo 1837 y el teléfono 1860-1876, la hiladora 1763-1870, el coque 1800.

La fotografía, muy interesante para el tema que estamos contemplando la empezó a explotar comercialmente Mandé Daguerre en 1839, y logró copias en papel William Henry Fox Talbot en 1844. A partir de la copia fotográfica en papel, se puso en duda si cualquiera podía hacer un buen cuadro, pues ya no sería necesario saber dibujar, y se pronosticó la desaparición del arte pictórico. Pero la realidad es que la fotografía se convirtió en instrumento auxiliar para los buenos pintores y no hizo pintor a ningún ignorante.

En pintura, el realismo pretendía la representación objetiva de la realidad cotidiana, hasta entonces suplantada por la realidad de los estamentos privilegiados y burguesía.

Los realistas se vinculaban a ideas socialistas, trataban de mostrar la situación de las clases sociales desfavorecidas y adoptaban los temas considerados hasta entonces banales, propios del mundo de la pobreza. Empezó como un movimiento político socialista, pero no de una tendencia determinada del socialismo, sino del socialismo en general, de cualquier movimiento de izquierdas que sacara a la luz la verdad social de los campesinos, picapedreros, ferroviarios, lavanderas, mineros, mujeres, niños, médicos, filósofos, artistas… tal y como se podían ver cada día en la calle y en el campo. No se trataba de poner en candelero la situación del obrero, sino la de cualquier proletario. Y una vez puestos a retratar gente corriente de la calle, enseguida salieron los temas de los amantes, prostitutas y suburbios urbanos.

Algunos hicieron una pintura completamente comprometida con el movimiento proletario y complementaron sus obras con militancia y asistencia a actos y campañas socialistas. El arte dejaba de ser para ellos una serie de corrientes estéticas, para ser un instrumento más de la revolución social. Esta nueva posición perdurará hasta nuestros días en diversas escuelas y corrientes culturales, que conviven con otras en donde el arte sólo es arte. Los distintos movimientos “artísticos-revolucionarios” se llamarán vanguardias.

Los representantes del realismo francés son:

Camile Corot, 1796-1875, nos pone luces, transparencias, sombras, reflejos, brumas, y es un precedente del impresionismo. Corot cambió los paisajes clásicos intentado expresar la primera impresión que le había conmovido al llegar a un lugar determinado. En Italia, había descubierto la luz y los efectos que producía sobre los objetos. Decidió usar azules para los cielos, ocres y rosas para las arquitecturas, y castaños y verdes para la vegetación, como colores más adecuados para mostrar la luz. No utilizó ningún otro color y decía que los que usaba ya eran suficientes si se contaba con un buen dibujo previo, relación de formas y valores a expresar. Su técnica era tomar apuntes del natural, para captar la impresión primera, y después ponerse en el estudio a dar color y ejecutar la composición. A partir de 1865 se interesó casi solamente por la mujer, pero siempre en actitudes cotidianas de trabajo.

Gustav Courbet, 1819-1877, el cual decidió mostrar los aspectos más duros de la realidad social que vivía, con fidelidad al natural, dibujo clásico tradicional, pero colores manchados de negro. Dijo que este estilo de pintar era “realista” y así quedó denominado el movimiento pictórico. Courbet organizaba escándalos callejeros y consumía mucho alcohol. Sus personajes eran feos, y el cuadro salpicado con negro los hacía más feos todavía. Los temas eran desagradables o intrascendentes. Courbet aprendió a pintar a partir de 1838 a partir de los pintores Alexandre Schanne y François Bouvin, que le hicieron copiar cuadros de Gericault, Delacroix e Ingres. En 1848 estuvo entre los revolucionarios de París. Defendió que la pintura se debía poner al servicio del cambio social para denunciar la existencia de personas viejas, demacradas, llorosas, con vestimenta pobre, y no le importaba hacer un dibujo perfecto y detallado de estas insinuaciones de pobreza e incluso distribuía negro por varias partes del cuadro para dar impresión de pesimismo y dureza de la imagen. Los rostros sin embargo, pierden las formas, son manchas de color, porque se trata, a través del anonimato, de denunciar un problema social genérico. Oscurece los personajes cercanos y da más luz a los del fondo, que son manchas de luz, sin perfil ninguno. Los Picapedreros, o Un Entierro en Ornans, reflejan cómo era el pueblo llano. Son denuncias sociales. Ante ese tipo de cuadros, le dijeron que era socialista, y Courbet respondió que no era socialista, sino realista. Los conservadores se enfadaron con él, y Courbet les respondió con temas que todavía les dolían más, pintó bañistas desnudas campesinas en el río, lo cual era una provocación. Su obra El Taller del Pintor es de 1855, es una tela de 21 metros cuadrados, y en ese cuadro pinta una panorámica de todos los que le rodeaban, incluido él mismo. Son 30 figuras humanas a tamaño natural, e incluye a su modelo desnuda y a las personas de su barrio, perfectamente identificables para los que vivían entonces. No le dejaron exponer ese cuadro.

Honoré Daumier, 1808-1879, hacía poco dibujo y poco detalle, porque tenía menos formación académica como dibujante. Se esforzaba por comunicar un mensaje en el cuadro a fuerza de contrastes de luces y sombras que sugerían volúmenes y le permitían prescindir del dibujo. Ponía mucha expresividad en los rostros al estilo Goya y no dudaba en deformar los rostros. Era hijo de un arreglador ambulante de vidrios en Marsella, y se buscó la vida como pudo, ejerciendo de ujier, dependiente de librería, caricaturista, pintor, ilustrador, grabador… Como caricaturista, fue a la cárcel por una caricatura del Rey Luis Felipe de Orleans. Su trabajo como caricaturista para La Caricature y La Charivari, le sirvió para hacer trazos rápidos y precisos, pues trataba de representar magistrados, abogados, banqueros y proletariado con pocos trazos e inmediatamente reconocibles. La pintura era su hobby, mientras se ganaba la vida con otras actividades. Su obra pictórica es limitada, menos de 200 cuadros, pero su temática es dura, realista: Pintor delante de Notre Dame 1834; La petición de abogado 1850; El abogado; María Magdalena; El amante (coleccionista) de estampas 1857; Crispín y Scapin 1858; La lavandera 1863; los jugadores de ajedrez 1863; El vagón de tercera clase 1864; Don Quijote y Sancho Panza 1868.

Jean François Millet, 1814-1875, es singular respecto a sus compañeros realistas, porque cuida la luz y la figura, y presenta mucha riqueza de color, aunque use el negro cuando le conviene. Presenta la pobreza, pero en medio de un ambiente de belleza y dulzura, y con un tratamiento de la luz muy sugerente y bello. Es de calidad técnica más avanzada que otros realistas. Fue cuidadoso en el detalle. Utilizaba mucho color pastel y le daba mucha luz, con algo de negro en las sombras. Parece que quiere mostrarnos que la pobreza también puede ser bella. Introduce al ser humano como tema central de sus paisajes y por ello, sus cuadros son de campesinos en sus tareas del campo. Algunos tratadistas dicen que ya no es realista porque no presenta sensaciones desagradables como el resto de la escuela realista.

 

 

El realismo en otros países.

 

El realismo surgido hacia 1848 no era un movimiento unitario. Era en todo caso una reacción contra la enseñanza oficial de las Academias y de los artistas ya consagrados de primera mitad del XIX.

El realismo alemán fue denominado Naturalismo. Los pintores alemanes consideraban que la naturaleza era la única realidad válida objetivamente, y que debían representar los temas tal cual eran, sin idealizarlos. En los cuadros historicistas, se debían representar objetos y vestimentas que correspondiesen con la época del tema del cuadro, y no se podían inventar cosas romanas o musulmanas para introducirlas en época medieval, por ejemplo. Igualmente, en los temas de actualidad, del XIX, no se debía idealizar ni sugerir pesimismo o tristeza, sino presentarlo tal cual. Destacaron Adolf Menzel 1815-1905; Wilhelm Leibl 1844-1900; y Hans Thoma 1839-1944.

Christian Köbke, 1810-1848, danés, hizo una nueva pintura que quería ser realista y biedermeier a la vez, escogiendo temas sencillos como paisajes y vistas urbanas, interiores domésticos. Utilizó como técnica la cámara oscura (fotografía de la época) recién descubierta, y con ello sus figuras eran muy exactas. Pero quería un realismo apolítico. Era realismo porque satirizaba las costumbres extrañas de sus conciudadanos, poniendo delante de sus ojos el absurdo de algunas cosas.

El realismo ruso fue muy escaso y se derivó más bien al costumbrismo como es el caso de Alexei Venetsianov 1789-1847, el cual en sus cuadros, exaltaba a los campesinos y sus aldeas con sinceridad expresiva. Los pintores rusos defendían que la temática del cuadro debía ser elegida libremente por el pintor, aunque ello fuera contra las normas políticas estatales, y aunque hubiera que denunciar a los ricos y a los sacerdotes por sus conductas inmorales e hipócritas. Al contrario, había que presentar como grandes personajes a los intelectuales y a los artistas, en lugar de los protagonistas antiguos que eran militares y políticos. Para los retratos, utilizaban fondos lisos y neutros, sobre los cuales destacaba la figura retratada. Otros autores: Vasili Perov 1833-1882; Nicolei Gue 1831-1894; Ilia Repin 1844-1930, que es sin duda uno de los más destacados; e Ivan Kramskoy 1837-1887.

Italia se resistió a hacer realismo, pero un grupo de jóvenes pintores se reunió en Florencia en café Michelángelo, y decidieron que debían hacer realismo. Redujeron los cuadros a manchas de luz y de color en las que desaparecía el dibujo, y por ello fueron denominados “manchistas”, o Macchiaioli. Entre ellos destacaba Diego Martelli 1838-1869. Con la desaparición del dibujo, se oponían frontalmente a las academias. Sacrificaban los detalles y valoraban exclusivamente las siluetas, pero ello les permitía hacer grandes contrastes de luz y sombras.

España no aceptó el realismo. Prefirió mantenerse en un romanticismo académico. Los pintores conocían el realismo porque visitaban París y Florencia, pero no lo practicaban. El realismo llegó tarde y no formó escuela, sino que hubo manifestaciones individuales y puntuales de realismo. Identificamos en el realismo a Mariano Fortuny, Francisco Pradilla, Antonio Muñoz Degrain, José Moreno Carbonero, Juan Luna Novicio. También fue realista Leonardo Alenza, 1807-1845, pero éste aportaba un técnica pictórica goyesca de muy alta calidad. En cuanto a sus temas, eran temas de gente sencilla, calificados como pintoresquismo urbano y suburbano, pero críticos.    En el realismo español destacaron también muchos andaluces, pero con técnicas de pintura andaluza y no de Goya: es el caso de Joaquín Domínguez Bécquer, 1817-1878; Manuel Rodríguez Guzmán, 1818-1867; Valeriano Domínguez Bécquer 1833-1870.

La pintura realista española tuvo buen mercado entre los burgueses, pues eran cuadros pequeños de precio relativamente asequible.

 

 

El impacto de la exposición de 1855.

 

En 1855, los realistas franceses expusieron al lado de los prerrafaelistas británicos en la Exposición Internacional de París. Fue un impacto grande para la pintura, pues los franceses, que se habían creído los más avanzados en pintura, se dieron cuenta de que la calidad pictórica británica era superior, y decidieron ponerse al día inmediatamente.

Courbet y la Escuela de Barbizón, que habían estudiado la luz, distribuían las sombras y la luz dentro del cuadro de una manera convencional, de modo que éstas quedaran equilibradas dentro de la composición del cuadro. Los británicos ponían la luz y las sombras donde correspondían para mejor expresar la realidad, y lograban una mayor exactitud de las imágenes, una exactitud incluso mayor que lo que el ojo humano puede ver en la distancia.

Ejemplos de esta pintura británica: Ford Madox Brown con Los Bellos Corderitos 1851-1859, y William Holman Hunt con las Ovejas Descarriadas 1852.

A pesar de que los prerrafaelistas no eran lo mejor del colorido británico, los franceses reconocieron que los británicos habían logrado un mejor equilibrio entre color y sombras, y ello les permitía captar el brillo real de la luz sobre los objetos. Además, los ingleses evitaban en sus cuadros lo violento, lo sórdido y lo vulgar, y ello contrastaba con los cuadros franceses del realismo que iban hacia esos detalles precisamente: El inglés Henry Wallis podía presentar un cadáver, La Muerte de Chaterton 1856, pero el ambiente era amable, mientras Courbet presentaba Dos Picapedreros y oscurecía todo el cuadro tendiendo hacia el monocromatismo. El mensaje de los dos pintores era el mismo, pero la presentación era completamente distinta, pues el francés intervenía en la escena presentándola con color funesto y triste, marrones oscuros y apagados y marrones todavía más oscuros, mientras el británico utilizaba verdes amarillos, rojo, lila y ocres, y ocres y blancos en otros casos.

 

 

Pintura denuncia a partir de 1860.

 

En 1862, Jean Auguste Dominique Ingres, 1780-1867, pintó El Baño Turco: Se trataba de varios grupos de mujeres desnudas, que eran vistos como a través del ojo de una cerradura, efecto que Ingres realizó en 1863 rectificando el cuadro. Significa que cualquier tema puede ser objeto del arte pictórico. Ingres se mantenía en el academicismo pictórico en cuanto a técnica y composición. Sus personajes eran idealizados buscando la belleza grecorromana, aunque no con la frialdad de Louis David, su maestro. Ingres hacía mucho dibujo y trabajaba mucho la composición del cuadro, hasta el punto de que a veces deformaba la figura para que encajara mejor en la composición. No hacía contrastes de colores como los románticos. Por ello es calificado de academicista.

En 1863, Edouard Manet completó la idea de Ingres, en su Almuerzo Campestre, o Almuerzo sobre la Hierba, denunciando la hipocresía burguesa de exigir moralidad a los demás, mientras ellos practican los vicios y placeres que prohibían a los otros. Manet demostró que un cuadro se puede convertir en denuncia social. Edouard Manet, 1832-1883, fue el gran rupturista con el pasado de la pintura, precisamente en 1863 con Música en las Tullerías, El Almuerzo Campestre, y Olimpia 1865. Manet hacía referencia a grandes cuadros de pintores consagrados, pero les daba color y modelado distinto. En Música en las Tullerías, no escogió la banda de música, ni los personajes importantes, sino el conglomerado de la gente, sin orden alguno, sin composición geométrica armoniosa, sino amontonados como es natural en una verbena. En el Almuerzo Campestre, dejaba ver una muchacha desnuda entres dos jóvenes ataviados con levita y sombrero de copa, mientras otra joven se baña desnuda al fondo del cuadro, lo que no deja lugar a dudas de que son burgueses sentados en la hierba para almorzar y divertirse. En Olimpia, 1865, copiaba una escena repetida por muchos pintores como Tiziano, Velázquez, Goya o Ingres, pero el tratamiento del cuadro es completamente distinto a un tema mitológico: quedaba claro que se trataba de una prostituta cara; ponía unos fondos muy oscuros, del verde al rojo, con muchas tonalidades; y hacía destacar una ropa de cama blanca con tonalidades de gris muy claro, y una dama muy blanca servida por una criada negra, con muchas tonalidades de claros muy claros. El dibujo era nítido como se prescribía en las Academias. Y la modelo miraba directamente al espectador para que fuera más provocativa y no cupiera duda sobre su papel social.

 

 

Pintura española de tercer cuarto del XIX.

 

La Academia entró en decadencia. Las academias proponían temas ambientados en arquitecturas clásicas romanas y con vestimenta romana, hechos históricos aunque la escena se la inventase el pintor, y motivos religiosos aceptados por la Iglesia Católica. Además, exigían un planteamiento del cuadro en el que se percibiera una acción. El cuadro debía tener una buena composición, en diagonales, pirámides, u otros motivos geométricos, y un equilibrio para que no quedaran zonas del cuadro desnudas. Y por fin, debían tener una correcta ambientación acorde con el tema tratado. Los valores que hoy entendemos como esenciales en la pintura, venían más tarde, colores, combinaciones, variedad. Los colores debían guardar armonía entre sí, y no se toleraba la estridencia, por lo que se limitaba a gamas del mismo color y colores complementarios, sin llegar a la monotonía. El dibujo debía ser firme pero no se debía acusar demasiado en el resultado final. Y era imprescindible el esfumato (fundido de colores en sus líneas de contacto) sin el cual Leonardo da Vinci había dicho que no había pintura buena. La luz debía ser envolvente y difusa. Y el motivo debía reflejar “fotográficamente” la realidad.

El Estado español organizó, a partir de 1854, Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, concursos que le permitían poner unas normas y seguir influyendo en la pintura. Los románticos tenían que quedarse fuera de estos concursos. Enseguida triunfó el costumbrismo y el retrato. No estaría de más decir que en 1819 se había inaugurado el Museo del Prado de Madrid, donde los pintores españoles de mediados del XIX podían ver pintura de primera calidad. En 1868, esta colección real fue declarada patrimonio nacional.

 

 

Escuela de Sevilla, conservadora.

 

Andrés Cortés Aguilar, 1810-1879, pintó La Feria de Sevilla 1856 (tres copias); Paisaje Fluvial con lavandera y pescador 1863; Lavanderas y pescadores en un paisaje costero 1863.

Manuel Barrón Carrillo, 1814-1884, estudió en la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría. Obras: Fiesta popular en los alrededores de Sevilla 1845; Puerto de Málaga 1847 (en el Museo Carmen Thyssen de Málaga); Paisaje Fluvial con figuras 1850 (en el Museo del Prado); Paisaje Fluvial con figuras y ganado 1850 (en el Museo del Prado); Vista general de Sevilla (en el Museo Romántico); Vista del Guadalquivir 1854; Vista de Cádiz 1854; Contrabandistas en la Cueva del Gato 1860 (en el Museo de Sevilla); Vacas a la orilla del Guadalquivir 1860 (en el Museo de Sevilla); Vista del Puerto de Miravete 1869.

Andrés Cortés, 1815-1879, pintó La Feria de Sevilla.

José María Romero López, 1815-1880, estudió e hizo casi toda su obra en Sevilla, menos en el año 1866 que pasó a Madrid a hacer algunos retratos. Obras: Bautizo de la Infanta María Isabel de Orleans y Borbón 1848; Ricardo y Federico Santaló 1850 (en Museo del Prado); Enrique, Concepción y Salud Santaló 1850 (en el Museo del Prado); Eugenio de Borbolla en traje de guardiamarina (en el Museo romántico); Imposición de la casulla a San Ildefonso (en catedral de Cádiz); El refresco (en Museo Carmen Thyssen de Málaga); La mala muerte del Duque de Montpensier; La buena muerte del Duque de Montpensier; Visita de Alfonso XII a Sevilla; La Comunión de Santa María Magdalena; Majas en el balcón.

Joaquín Domínguez Insausti Bécquer, 1817-1879, hizo Vista de Sevilla desde la Cruz de Campo 1853 (en Museo de San Telmo de San Sebastián).

Manuel Rodríguez de Guzmán, 1818-1867, fue profesor de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla antes discípulo de José Domínguez Bécquer. Pintó La Feria de Santiponce (en el Museo del Siglo XIX), Romería en la Virgen del Puerto (del Museo Romántico), La Procesión del Rocío (del Palacio Real), La Feria de Sevilla (del Palacio Real), Baile de la Virgen del Puerto (en el Museo Romántico); y Quijote y Rinconete.

Eduardo Cano de la Peña, 1823-1897, nació en Madrid, se educó en Sevilla, y volvió a Madrid. Obras: Rafael Colón y Borrego 1848; Ordoño I 1853; Alfonso III el Magno 1852; Silo 1853; Aurelio 1853; Alfonso IV el Monje; Cristóbal Colón en el convento de La Rábida 1856; Entierro del Condestable Álvaro de Luna 1857; Cervantes y Don Juan de Austria 1860.

Francisco Cabral Aguado Bejarano, 1824-1890, hijo de Antonio Cabral, hizo Retrato del Señor Aguado.

Manuel Cabral y Aguado Bejarano, 1827-1891, era hijo de Antonio Cabral, 1799-1861, profesor de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla. Fue discípulo de José Domínguez Bécquer y pintó las fiestas sevillanas como La Procesión del Corpus en Sevilla (del Casón del Buen Retiro), La Procesión del Viernes Santo y el Palacio Real, Pilluelos Jugando, Niño sevillano con la Giralda al fondo, y Pareja Serrana, los cuatro últimos en el Museo Romántico de Madrid.

José María Rodríguez de Losada, 1826-1896, hizo Don Rodrigo Calderón ante el tormento, 1865.

José Jiménez Aranda, 1837-1903, hizo sus cuadros iniciales en los últimos años del reinado de Isabel II, pero su producción importante es de final del XIX.

 

 

Andaluces en Madrid.

 

Ángel María Cortellini, 1819-1887, era gaditano de ascendencia italiana y se formó en Cádiz y en Italia. En 1847 se trasladó a Madrid. Hizo retratos como Isabel II de España; Francisco de Asís y Borbón; Francisco Montes Paquiro antes de una corrida; Dama en rosa y blanco. Y cuadros costumbristas que podemos contemplar en el Museo Thyssen de Málaga: El Cante de la Moza 1846; No más vino 1847; Salida a la Plaza 1847.

Carlos de Haes, 1826-1898, romántico, nació en Bruselas, se educó en Málaga con el pintor Luis de la Cruz y en 1851 fue a Bruselas y descubrió la pintura al aire libre, resultando un magnífico paisajista que conocía casi toda España: Un Bosque: Monasterio de Piedra 1857; Un País, recuerdos de Andalucía costa del Mediterráneo 1860; Puesta de sol en Elche 1861; Palmeras de Elche 1861; Un bosque de palmeras 1861; Paisaje: vista del Lozoya 1862; Delfinado 1864; Paisaje del Delfinado 1864;  Desfiladero: Jarala de Aragón 1872; Paisaje de Montaña 1872; Montañas de Aragón 1872; Tejares de la Montaña del Príncipe Pío 1872; Robledal de Alsasua 1875; La Canal de Pancorbo en los Picos de Europa 1876 (donde tiene paisajes de montaña parecidos a los primeros románticos); Marina de Villerville 1877; Pradera holandesa 1877; Manzanos de Normandía 1877; Cercanías de Vriesland 1878; Bajamar 1881; Playa de Hendaya 1881; Un barco naufragado 1883; Lagunas de Holanda 1884; Lagunas holandesas 1884.

En 1857, Carlos de Haes fue profesor de paisajismo en la Escuela de San Fernando de la que salieron docenas de paisajistas. Haes hizo que sus discípulos españoles abandonaran el estudio-taller y salieran al campo, o a la calle, a pintar la realidad que veían en vez de la que se imaginaban. Les enseñó colorido, colores brillantes que rompían con el tradicionalismo de seguir a Velázquez, y con ello cambió el paisajismo español. Discípulos de Haes fueron Aureliano Beruete, Darío de Regoyos, Casimiro Sáinz, Agustín de Riancho, Jaime Morera, Serafín Avendaño, Francisco Gimeno Arasa, Agustín Lhardy Garrigues.

Valeriano Domínguez Bécquer, 1834-1870, hijo de José Domínguez, dibujaba perfectamente, utilizaba una gama de colores muy rica y hacía bien las composiciones escenográficas. A los 11 años de edad se quedó huérfano y pasó a educarse con su tío Joaquín Domínguez, que vivía en la miseria. Así que, para huir de la pobreza, se trasladó a Madrid en 1861, a los 27 años de edad, y logró una pensión (beca) que le permitió sobrevivir hasta 1868. Le había concedido la beca el ministro de Fomento Antonio Alcalá Galiano. La condición de su beca era que debía entregar dos cuadros al año para un museo. Aprovechó Valeriano para visitar Aragón, Vascongadas y Castilla, es decir, para conocer el norte de España, y durante el viaje iba realizando ilustraciones que vendía a El Arte en España, El Museo Universal y La Ilustración de Madrid. Cumpliendo con su compromiso, entregó varios cuadros al Estado: Baile de los aldeanos sorianos (en Museo del Prado), El Leñador, La Hilandera, El Presente, (los cuatro en el Museo del siglo XIX del Buen Retiro). La Fuente de la Ermita de Sonsoles, y Nodriza Pasiega, están en el Museo Romántico de Madrid. Escena de Costumbres Aragonesas, está en el Museo Provincial de Sevilla. La Tertulia está en el Museo de Cádiz. El Estudio del Pintor Carlista está en el Museo del XIX.

 

 

Escuela de La Lonja.

 

Joaquín Espalter i Rull, 1809-1880, fue un pintor catalán que estudio en la Escuela de la Lonja de Barcelona, en la Escuela de Nobles Artes de Marsella, en la escuela del Barón de Gros en París, y en Roma en 1833. En 1842 se trasladó a Madrid en donde hizo decoraciones arquitectónicas, retratos y cuadros historicistas y religiosos. Entre las decoraciones arquitectónicas citamos: el Techo del Teatro del Instituto (hoy desaparecido), el del Teatro Príncipe, el del Oratorio de la residencia Buschenthal, el del Despacho y Gabinete del Presidente del Congreso de Diputados, el del Salón de Baile del Palacio Gaviria y el techo del Paraninfo de la Universidad Central. Entre los historicistas: Primera entrevista de Colón con los Indios, El suspiro del Moro 1855. Hizo ilustraciones para El Quijote en 1859 y para Historia de la Villa y Corte de Madrid de José Amador de los Ríos y Juan de Dios Rada en 1860. Entre los cuadros historicistas y religiosos destaca La Era Cristiana 1871, Sansón con la Quijada en la mano (Museo Municipal de Santa Cruz de Tenerife), Moisés transportado al cielo 1840, San Juan Bautista y los santos (Museo de Jaén). Retratos: Retrato de Señora, y Retrato de Manuel y Matilde Álvarez Amorós niños 1853, Los esposos Muntades.

José Galofre i Coma, 1819-1877, estudió en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona y en Roma entre los nazarenos. Hizo retratos: Pío IX; Señora 1858; Juan Navarro de Palencia.  Y cuadros historicistas como Episodio de la toma de Granada 1855; Zoraida perfumándose en el baño 1858; Desposorios del Príncipe Adalberto de Baviera 1860.

Benito Mercadé i Fábregas, 1821-1897, estudió en la Escuela de la Lonja y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Obras: Colón a las puertas del convento de Santa María de la Rábida pidiendo pan y agua para su hijo 1858 (en Museo de Gerona); El donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la biblioteca del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha 1858; Últimos momentos de Fray Charles Climaque 1862;  Iglesia de Cervera 1863 (en el Museu d`Art Modern de Barcelona); Santa Teresa explicando al general de la Orden la reforma de El Carmelo, 1865 (Museo de Zaragoza); Traslación de San Francisco de Asís 1866.

Ramón Martí Alsina, 1826-1894, romántico, estudió en La Lonja de Barcelona y se hizo retratista para ganar dinero y paisajista por devoción. En 1848 viajó a París y conoció el movimiento realista. En 1852-1870 fue profesor en La Lonja y enseñó el concepto de realismo a sus alumnos, que para él era la elección de un tema comprometido socialmente, y la copia fiel del natural. Obras: Último día de Numancia 1858; El pintor Françésc Torrescassana 1858, Paisaje de Cataluña 1860; Desnudo femenino 1870; Paisaje con Rebaño 1870.

José Tapiró Baró, 1836-1913, natural de Reus, estudió en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona. En 1857 fue a Roma con Fortuny, en 1860 ambos fueron a Marruecos, en 1863 los dos fueron a Roma de nuevo, y en 1871 volvieron a Marruecos, donde Tapiró se quedó a vivir y a pintar. Obras: La llegada de los dos poetas al noveno foso 1866; El amor y el juego 1867; y otras posteriores.

Mariano Fortuny Marsal, 1838-1874, fue uno de los más grandes pintores catalanes y españoles debido quizás a su rica y diversa formación: nacido en Reus, se educó en talleres de Barcelona y en la Lonja en 1853-1857, en Roma 1858, en Madrid copiando cosas del Museo del Prado y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en París, y en otros lugares. Quedó defraudado por la obra de los nazarenos catalanes de hacía 1830-1850 y decidió buscar otras formas de expresión. En 1860 fue a Marruecos por primera vez, durante la Guerra de África, y en 1871 la segunda. Tomaba apuntes rápidos de escenas de guerra y de tipos y escenas de las calles marroquíes, y luego iba al estudio a completarlos con toques de color y mucha luz. Incluso se compraba vestimentas marroquíes para poder pintar con mayor exactitud lo que había tomado en apuntes someros. Pintaba muy rápidamente y adquirió mucha técnica, vigor y colorido. Obras: Askari 1860; La Batalla de Wad Rass 1860-1861; La Odalisca 1861; Batalla de Tetuán 1862-1864 (en Museo Nacional de Arte de Cataluña); Paisaje norteafricano 1862 (en el Museo Carmen Thyssen de Málaga). El marchante Goupil le propuso hacer “tableautins”, cuadros pequeños más fáciles de vender a la burguesía media por ser de precio más barato y Fortuny escogió temas del XVIII muy trillados, que trabajaba con técnica muy depurada y mucho detalle en la vestimenta y decorados, temas muy conocidos de todos a fin de venderlos mejor: Fantasía sobre Fausto 1866; Corrida de Toros 1867-1868. Pero fue después del reinado de Isabel II cuando llegó a su máxima calidad y popularidad: Corral 1869; La Vicaría 1870 (Museo Nacional de Arte de Cataluña). Eran cuadros para obtener dinero, y se cansó de ellos, de pintar moros y otros tableautins, y en 1870 se marchó a Granada a recuperar la sensación de luz, y a Marruecos en 1871, y luego a Italia. Entonces hizo El vendedor de tapices 1870; Viejo desnudo al sol 1871; Marroquíes 1872; Malvas reales 1872; Desnudo en Plaza Pórtici 1874; Jardín de casa Fortuny 1877; Matilde López Dóriga 1888.

Tomás Moragas Torras, 1837-1906, se formó en 1850 en la Escuela de La Lonja, fue a Roma en 1858, volvió a Barcelona en 1864, fue de nuevo a Roma y Nápoles en 1868, y quizás lo más decisivo fue irse con Fortuny a Granada en 1870 y posteriormente, juntos, a Marruecos. Obras: Font Safareig de Guissona o Celler catalá 1864, y otras muchas de época posterior a nuestro tema.

 

 

Escuela de Madrid.

 

Federico de Madrazo y Kuntz, 1815-1894. Hijo de José de Madrazo Agudo, también pintor. Federico hizo más de 600 retratos. Federico Madrazo Kuntz, fue autor de muchos retratos de cortesanos como Carolina Coronado, Manuel Ribadeneyra, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Ramón de Campoamor; Amalia de Llano condesa de Vilches 1853 (en el Museo del Prado); Evaristo San Miguel; Isabel II; Luisa Fernanda 1851 (en Palacio Real); Francisco de Asís; Alfonso XII; Juan Bravo Murillo; Nicolás Salmerón; Campoamor; Espronceda… También tiene cuadros historicistas como El Gran Capitán contemplando el cadáver del Duque de Nemours. El estilo de Madrazo tiene mucha relación con el de Ingres.

Eugenio Lucas Velázquez, 1817-1870, era cuñado de Villaamil. Pintaba al estilo de Goya, y sus cuadros a veces se confunden incluso entre gente entendida. Es decir, su pintura era abocetada, de colorido ardiente y luminoso, preimpresionista, el dibujo impreciso y de ejecución rápida. Hay que tener en cuenta que copió muchos cuadros del Museo del Prado y había aprendido las técnicas de Goya. Entre sus obras: Un condenado por la Inquisición (Museo del siglo XIX del Museo del Prado); Una condenada por la Inquisición (museo del siglo XIX); Majo con guitarra; Maja bailando; Romería de San Antonio de la Florida; Majos y majas en el balcón; Procesión interrumpida por la lluvia (en la Hispanic Society); Hoguera de San Juan; Corrida de toros en un pueblo; La suerte de varas 1855 (en el Museo del Prado); El sitio de Zaragoza; Víctimas de la guerra; Revolución de 1854 en la Puerta del Sol; Moros corriendo la pólvora; La república dirigiendo a España por el camino del progreso; El Cazador. Y además, bodegones, desnudos… Viajó a París en 1852, a África en 1859, a Suiza e Italia en 1868, y de esa época es Plaza Partida; La Revolución.

Cecilio Pizarro, 1820-1886, Interior de San Juan de los Reyes de Toledo (en el Museo Romántico).

Antonio Pérez Rubio, 1822-1888, se interesó por las maneras de Velázquez y de Goya e hizo una pintura de mucha calidad. Destacan cuadros sobre el Quijote como La Aventura de Don Quijote y la procesión de Disciplinantes; la Salida de la Venta de Don Quijote; Don Quijote en el Carro; Don Quijote pronunciando el Discurso de la Edad de Oro. Otros cuadros suyos fueron El Noveno Mandamiento; el Rey Felipe IV; Intriga contra Don Francisco de Quevedo; Francisco I en la Torre de Lujanes; El Ocaso del Artista; El Carnaval de Madrid; La Farsa de Ávila.

Eugenio Lucas Padilla, 1824-1870, fue calificado de costumbrista, padre de Eugenio Lucas Villaamil, cuya obra es posterior a Isabel II, fue un pintor autodidacta que se formó pintando en el Museo del Prado cosas de Goya. Copió cuadros o reinterpretó otros con parte de cuadros famosos. Sus obras: Plaza Partida 1854; La revolución 1854; Las Meninas; La Corte de Felipe IV; Felipe IV en los jardines de Aranjuez; El matrimonio de Felipe IV; Infante y enana; El cazador; Vista de Venecia; Autorretrato; Una pareja de majos en un tendido; Bodegón con frutas; Procesión de Semana Santa; El Sermón; Después de los fusilamientos; Las víctimas de la guerra; La ronda; Maja acechada por un majo; Costa mora al atardecer; Moros en Tetuán.

Francisco Lameyer Berenguer, 1825-1877, hizo grabados, óleos, dibujos a lápiz y aguafuertes. Viajó por Marruecos, Francia, Asia, Egipto… Los grabados son los de Escenas Andaluzas de Estébanez Calderón. Los óleos: Interior con Moros; Asalto de Moros a un barrio judío; Combate de moros; Retrato de anciana. Dibujos a lápiz: Escena de historia clásica; Batalla de las cruzadas de Egipto; David y Goliat. Los aguafuertes son dos colecciones de 20 aguafuertes cada una.

Pablo Gonzalvo Pérez, 1827-1896, era de Zaragoza y se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y también aprendió en sus viajes a Roma, Venecia, Viena y Constantinopla. Obras: Palacio con galería y escalinata 1855; Interior de la Catedral de Toledo 1858; Crucero de la Catedral de Toledo 1860; Capilla y sepulcros de don Álvaro de Luna y Juana Pimentel 1862; Torres y Puerta de Serranos 1864; Interior de las Cortes del Reino de Valencia 1864; Vista de la Lonja de la Seda de Valencia 1866; y otras muchas de fechas posteriores.

Germán Hernández Amores, 1827-1894, era murciano y estudió en la Sociedad Económica de amigos del País de Murcia, y luego en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En 1851 pasó a París y en 1853 a Roma. Obras: Viaje de la Virgen y San Juan a Éfeso 1862 (en el Museo del Prado-Museo de Murcia), Sócrates sorprendiendo a Alcibiades 1857, Combate de Eros y Antheros 1869 (Museo de Bellas Artes en Oviedo), Esclava de guerra 1884 (Museo de Navarra), Medea con sus hijos muertos; Ofrenda a Pericles (Museo de Zaragoza); Pedro I de Castilla (Universidad de Zaragoza); Fernando III el Santo (Museo arqueológico Nacional).

Manuel Castellano, Manuel Rodríguez de la Parra Castellano, 1828-1880, pintó algunos cuadros históricos como Asesinato del conde de Villamediana; Muerte de Daoíz; Juramento de las Tropas del Marqués de La Romana; Prisión de Don Fernando Valenzuela; Alfonso I… y algunos cuadros costumbrista de tauromaquia como Patio de Caballos de la plaza de toros de Madrid.

Dióscoro Teófilo Puebla Tolín, 1831-1901, era palentino, estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y en 1858-1863 estuvo en Roma. Obras: Agila rey godo 1856; La Aurora 1856; Recaredo I 1857 (Ministerio de Cultura); La devoción de la Virgen (Museo de Burgos); La vuelta de las hadas al lago; Bacante y Fauno 1859; Episodio de una bacanal 1860 (Museo de Burgos); Degollación de San Juan Bautista; Muerte de Nerón; Despedida de Cayo Graco de su familia; Lot y su familia huyendo de Sodoma; Primer desembarco de Cristóbal Colón en América 1862 (en Ayuntamiento de La Coruña); Bacante sentada 1863. Y ya después de regresar de Roma: Margarita y Mefistófeles en la catedral 1867 (Museo de Burgos); Compromiso de Caspe 1867 (Congreso de Diputados); La Hija del Aire; y Las hijas del Cid 1871 (Museo Nacional del Prado): Tras el reinado de Isabel II tuvo mucho éxito tanto en temas de género como en retratos: Un minué; La bailaora; Serenata interrumpida 1872; Señora con mantilla blanca 1873; Maja de Cádiz 1875; Maja en la terraza; Palco en la plaza de toros; La cigarrera 1876; Escena de galanteo 1876; Galanteo en el atrio 1876; De prueba 1878; La guitarrista 1884; La chula 1891. Y entre los retratos: Leopoldo O`Donnell Jorís 1872; General Castaños 1874; Paulina Contreras Rodríguez 1869; Dolores Moreno Villafranca 1879; Nicomedes Pastor Díaz; Pedro José Pidal Carniado 1877; Martín Belda y Garcia del Barrio; Fernando Álvarez Martínez; Manuel Barrio Ayuso; Evaristo San Miguel; El Rey Alfonso XII 1876; El Rey Amadeo I.

Domingo Valdivieso Henarejos, 1832-1872, La Primera Comunión; Felipe II en un Auto de Fe.

José Casado del Alisal, 1832-1886, palentino que se trasladó a Madrid: Últimos momentos de Fernando IV el emplazado 1860; La rendición de Bailén 1864; Mujer con mantilla blanca; Retrato de dama francesa 1864; Los dos caudillos 1866; Bernardo del Carpio; y otros de fecha posterior a Isabel II.

Antonio Gisbert Pérez, 1834-1901, romántico, nació en Alcoy (Valencia) se formó en Madrid, y pasó la última parte de su vida en París. Pintó: Liuva I rey godo 1855; Recesvinto; Últimos momentos del Príncipe Don Carlos 1858 (en el congreso de Diputados); Desembarco de los puritanos en América del Norte 1864; y otros posteriores a Isabel II.

Vicente Palmaroli González, 1834-1896, estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y en Italia. Obras: Pedro Collado de Tejada 1858; Sacra conversatione 1862; Pascuccia 1862; El Sermón de la Capilla Sixtina; Retrato de Doña Hersilia Castilla; Retrato de la infanta Isabel de Borbón (en Palacio Real); La batalla de Tetuán (en el Museo del Ejército); Los fusilamientos del 3 de mayo en la Montaña del Príncipe Pío 1871 (Ayuntamiento de Madrid). Y otros posteriores.

 

 

Los paisajistas y discípulos de Haes.

 

A partir de 1860, fue notoria la influencia de Carlos Haes como profesor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, pues de allí salieron decenas de paisajistas. Sus primeras obras son de época de Isabel II, pero en general pertenecen a una época posterior.

Martín Rico Ortega, 1833-1908, estudio en Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y fue paisajista, uno de los pocos españoles que no fue discípulo de Haes, sino de Genaro Pérez Villaamil. Viajó por París, donde conoció la Escuela de Barbizón y a Charles François Daubigny en concreto, Suiza y Londres, donde descubrió a Turner. Pero quizás el pintor que más le impresionó fuera Fortuny, por el color brillante y nítido, por la precisión de la pincelada y la exactitud de sus detalles, al tiempo que presentaba delicadeza en las figuras: Un paisaje del Guadarrama 1858; Un país, cercanías de Azañón, 1859; Paisaje de Suiza 1862; Paisaje de las orillas del Marne 1864; Lavanderas de La Varenne (Francia) 1865.

Alejo Vera Estaca, 1834-1923, viajó a Italia hacia 1860 y pintó Entierro de San Lorenzo en las catacumbas de Roma 1862; Santa Cecilia y San Valero 1866, en clasicismo puro. En 1870 pintó Retrato de una Dama, y en 1873 Mujer leyendo. En 1874 le hicieron profesor de la Escuela de San Fernando y entonces hizo historicismo clasicista, con escenarios romanos: Mujer en Interior 1880; El último día de Numancia 1880; Alegoría de la Abundancia 1885; Tipo de Sevillana 1885; Walia 1885; Una Vestal; El Milagro de las Rosas 1889.

Luis Álvarez Catalá, 1836-1901, era asturiano y se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, pasó a Italia en 1857 y regresó a España en 1863. El sueño de Calpurnia 1857; Muchacha romana; Isabel la Católica reconociendo los restos de su padre 1866, son obras de tiempos de Isabel II.

Eduardo Rosales Gallinas, 1836-1873, romántico, fue considerado como uno de los grandes de la época de Isabel II y fue retratista, historicista, y paisajista. Retratos: María Antonia Martínez de la Pedrosa; Retrato de hombre desconocido; Cabeza de hombre viejo; Maximina Martínez de la Pedrosa; Maximina Martínez de la Pedrosa con mantilla 1867; Ciocciara; El violinista Ettore Pinelli 1869. Pintura historicista: García Aznar, V Conde de Aragón; Isabel la Católica dictando testamento 1863; Episodio de la batalla de Tetuán 1868. Paisajes: Celda prioral del Monasterio de El Escorial; El Museo del Prado y San Jerónimo el Real 1872; El castillo de la Mota 1872. Y algunos cuadros de temas clásicos: Tobías y el ángel; Ofelia 1860; Desnudo femenino al salir del baño 1869.

Raimundo Madrazo Garreta, 1841-1920, hijo de Federico Madrazo, hermano de Ricardo Madrazo, estudió en San Fernando y en 1860 se fue a París en donde residió la mayor parte del resto de su vida. Se dedicó al retrato realista y minucioso: Ramón de Errazu; María Cristina de Habsburgo; Aline Masson; María Guerrero; Josefa Manzanedo; Federico Madrazo; Dama de Azul; Dama en el Jardín; Después del Baño; Cecilia; James Leigh Coleman; José Domingo Iruretagoyena; Gitana. Y también hizo otros cuadros: La Carta; Lección de Música; La Lectura; Escribiendo el diario; Petit deyeuner; Travesuras de la modelo; El Chocolate; Canal de Mancorbo; Barco naufragado.

Federico Jiménez Fernández, 1841- , es un pintor especializado en animales aunque también hizo algún retrato: Dos liebres y una perdiz muertos; Cuadro con caza muerta; Toros en la Dehesa; Un drama en el bosque; En el establo; Y aún se defiende; Golpe en Vago.

Agustín Riancho Gómez de Porras (Gómez de la Mora para otros), 1841-1929, se inició en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y pintó Paisaje de Madrid en 1860, pero su producción importante, fue casi toda paisajística.

Francisco Domingo Marqués, 1842-1920, era valenciano y estudió en la Escuela de San Carlos de Valencia y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Los moriscos valencianos pidiendo protección al beato Juan de Ribera 1864; Un lance en el siglo XVII 1866; e Interior del estudio de Muñoz Degrain en Valencia 1867, son sus obras iniciales. Pero su producción importante fue posterior.

Rafael Monleón Torres, 1843-1900, estudio en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1855-1861 y es autor de múltiples cuadros, en los que siempre es protagonista la mar: bahías, naufragios, combates… Pero su obra se va más allá de la época de Isabel II.

 

 

ESCUELA DE ROMA.

 

Al igual que hemos hablado de escuelas de Barcelona, Valencia, Madrid y Sevilla, sin desdeñar Málaga y Zaragoza, podíamos hablar de Escuela de Roma, por donde pasaron tantos autores españoles y donde pusieron taller algunos, y vivieron toda su vida otros.

 

 

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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