ESCULTURA DE PRIMERA MITAD DEL XIX[1].

 

 

 

LOS MAESTROS INTERNACIONALES

         de fines del XVIII e inicios del XIX.

 

El neoclásico era la tendencia más arraigada en la escultura de Europa en la primera mitad del XIX. Aparecido unas décadas antes, triunfó plenamente en la Italia de Napoleón 1800-1815, destacando los talleres del italiano Antonio Canova 1757-1822, y del danés Bertel Thorvaldsen 1770-1844, en unos talleres con unos 40 empleados-escultores, lo que les permitía hacer docenas de estatuas cada año e incluso diversas versiones de un mismo tema.

Estos dos escultores estudiaron en Roma la antigüedad clásica, y decidieron hacer sus esculturas como creían que eran los cánones perfectos de las épocas clásicas griega y romana. Es decir, idealizaron la antigüedad. Ambos representan el rigor clasicista. Reproducían los modelos de la antigüedad clásica griega dibujando una posición diferente, o un gesto diferente, de forma que mejoraban la composición, el movimiento y la armonía del conjunto, y ese dibujo lo pasaban a arcilla, a pequeño tamaño, para perfeccionar todavía más la estética de conjunto, para luego hacerlo definitivamente en barro en las dimensiones definitivas. El resto del trabajo lo hacían sus ayudantes de taller, pasándolo a mármol. No era un plagio de lo grecorromano, pero sí copia con retoques. Y para el acabado de sus obras, las mandaban rematar en su taller con un pulido perfecto, como nunca habían tenido las obras clásicas. Decían que había que recuperar la belleza abstracta, la belleza en sí misma, que apareciera objetivamente ante el espectador, sin que fuera necesario que éste interactuara con la escultura.

A principios del siglo XIX, Europa quería recuperar el humanismo y los principios morales antiguos. Los artistas reclamaban dibujo limpio, expresiones impersonales, monocromía marmórea, firmeza en el modelado, paños rizados con ritmos fijos y sin sugerencias de viento, e impecables cuerpos desnudos. En el clasicismo se valoraba la composición y el movimiento, de forma que las figuras formaban un todo en el que unas partes de una figura eran continuación de otras de una figura distinta, buscando armonías geométricas.

Antonio Canova, 1757-1822, hizo su primera etapa en Venecia, y pasó a Roma en 1779, realizando sus grandes obras en los últimos veinte años del XVIII: Teseo y el Minotauro 1781; Psique 1783; Mausoleos de Clemente XIII y Clemente XIV; Retrato de María Cristina de Austria; Venus y Marte; Perseo venciendo a la Medusa; Amor y Psique. Canova exigía a sus obreros-escultores un pulido perfecto en el acabado, además de idealizar la figura. El acabado resultaba frío, pero Canova decía que la obra era un objeto para ser disfrutado contemplándolo, un objeto de observación que no necesitaba interactuar con el espectador. No buscaba provocar sensaciones en el espectador, sino que se limitaba a presentar la belleza perfecta ante sus ojos. Así, podía presentar los temas eróticos del helenismo, de modo que parecía que perdían su carga erótica. Las obras de Canova son fácilmente confundibles con las de época romana para un espectador inexperto en historia del arte, excepto por el pulido, el acabado final.     En 1800, Napoleón descubrió a Antonio Canova, el cual hizo retratos de Napoleón, Leticia Ramolino y Paulina Bonaparte. Antonio Canova fue a París en 1802. En 1815 estaba todavía en París y fue consciente de que podía haber terminado su carrera de artista, así que hizo cuanto pudo por que las obras que Napoleón se había llevado de Roma volvieran a las posesiones del Papa, gesto que le redimió.

Lorenzo Bartolini, 1777-1850, fue también llevado a París como escultor preferido por Napoleón. Hizo escuela en París junto a Canova.

En Francia, François Rudé, 1784-1855, hizo una etapa neoclásica, que cambiaría completamente a mediados de siglo XIX.

Procedente del norte de Europa triunfó en Roma el danés Bertel Thorvaldsen, 1770-1844, el cual pasó 41 años en Roma, 1797-1838, simultáneamente a los ya citados Canova y Bartolini, y vivió 22 años más que Canova. En 1838 regresó a Dinamarca. También mantenía un taller en el que trabajaba un equipo numeroso de escultores. Thorvaldsen hacía escultura neogriega, pero no la idealizaba tanto como Canova, y sus obras se pueden confundir con las griegas antiguas con más facilidad que las de Canova. En él, los temas griegos también podían pasar por cristianos y los temas cristianos por griegos de la antigüedad. Le calificaron de “escultor antiquizante”.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que los escultores neoclásicos culpaban a los profesores de las academias de corruptos y partidarios del Antiguo Régimen político, la Ilustración, mientras ellos se sentían en las filas de los revolucionarios burgueses. Su estilo estaba comprometido políticamente. Su modo de protesta, era buscar la perfección primigenia, aquella de la que decían que todavía no se había corrompido con las normas que bajaban desde el poder. Decían admirar a Homero, las ruinas de Pompeya, al pintor Rafael y al Renacimiento en general, pero no a lo que vino después de él. Por eso, el clasicismo se califica de romanticismo en escultura.

Los escultores alemanes empezaron a pasar por Roma, cuna de la antigüedad que querían recuperar, y allí se encontraban con Canova y su estilo clasicista puro. Cuando esculpían jinetes empezaron a ponerles armaduras medievales, tal vez porque no conocían a fondo la vestimenta de un jinete griego o romano. Seguían incorporando la toga romana como vestimenta de sus retratados. El núcleo más importante de la escultura alemana neoclásica se produjo en Berlín entre 1790 y 1820. La composición escultórica era griega, pero el parecido con el retratado era riguroso. Lo conseguían, haciendo mascarillas del natural, que luego pasaban a arcilla, antes de la copia definitiva en mármol. Las innovaciones sobre lo netamente neogriego se producían en elementos accesorios, frisos, bajorrelieves, pedestales, en los cuales aparecen alegorías y símbolos nuevos, que muchas veces son, para nosotros, lo más interesante de la obra, lo más singular. Progresivamente, fueron evolucionando al realismo burgués.

En Italia destacaron Pompeo Marchesi, 1789-1858, cuya mayor obra está en Milán; Pietro Tenerari, 1787-1869, el escultor de los personajes americanos de principios del XIX entre los que destacan Washington y Simón Bolívar, con toga romana por supuesto, e imágenes de los papas Pío VIII, Gregorio XVI y Pío IX; y Lorenzo Bartolini, 1777-1850, el cual se formó en el clasicismo francés de Jacques Louis David, y fue escultor de la familia de Napoleón, y en 1815 regresó a Italia y se pasó al neorrenacentismo historicista piadoso, pues a sus esculturas neogriegas les ponía títulos católicos, como si fueran alegorías de virtudes católicas.

 

 

En España, el neoclasicismo en la escultura llegó tarde, pero luego permaneció mucho tiempo. Se copiaba a Antonio Canova y secundariamente a Ricardo Thorwaldsen. La escultura española apenas sufrió modificaciones a lo largo del XIX. Los clientes, Iglesia y Estado, no demandaban estilos nuevos sino repetición de los antiguos. Los grandes cambios se observan en algunas obras de algunos autores, cuando decidieron cambiar las togas romanas por vestido de la época, componer la figura o el grupo con retorcimientos corporales, poner rugosidades al vestido y simular viento fuerte sobre él, o movimiento fuerte del personaje, poner expresiones dramáticas en las caras y en las manos en vez de serenidad clásica. Pero distinguir qué es romanticismo y qué es realismo en escultura, es tema ya de expertos. En España fueron de escuela de Canova: José Álvarez Cubero, Damián Campeny y Antonio Solá.

 

 

LA ESCULTURA ESPAÑOLA DE FINES DEL XVIII[2].

 

Citamos autores y obras con profusión a fin de que el lector tenga datos para consultar en internet los comentarios artísticos e imágenes correspondientes, pero no con exhaustividad, lo cual ocuparía muchas páginas.

Los antecedentes españoles en el XVIII eran clasicistas puros como:

Juan Domingo Olivieri, 1706-1762, era un italiano que fue fundamental en la creación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1844. En Palacio Real tiene: Teodosio; Honorio; mancebos del retablo del altar mayor. En las Salesas Reales de Madrid: Jesús, María y José; Fe; Caridad de San Fernando; Santa Bárbara. En Aranjuez tiene: San Francisco Javier.

Felipe de Castro, 1711-1775, se había formado en Santiago de Compostela, Portugal, Sevilla, Roma y Florencia. Obras: San Leandro; San Isidoro; Luis I; Trajano; Teodorico; Ataulfo; Walia; Turismundo; Enrique IV; Felipe II.

Juan Domingo Olivieri y Felipe de Castro, proyectaron 94 estatuas de reyes españoles para decorar la balaustrada de Palacio Real, trabajo que encargaron a Luis Salvador Carmona, Felipe de Corral, Juan de Villanueva Barbales, Alejandro Carnicero, Roberto Michel, Juan Porcel y Juan Pascual de Mena. Ellos se reservaron para sí mismos las esculturas principales. Hubo trabajo para todos. El destino de las esculturas fue, en 1760, un almacén, pues no gustaban a Carlos III. Y a partir de 1787 se regalaron para instalarlas en distintos jardines de España.

Roberto Michel, 1720-1786, fue un escultor francés que se asentó en España porque había oído en Toulouse que había mucho trabajo en Palacio Real de Madrid. Efectivamente le dieron trabajo y además, en 1752 era profesor de Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Además de las obras de Palacio Real, hizo La Caridad y La Fortaleza (en la Basílica de San Miguel de Madrid); Los Leones de La Cibeles; decoración de la Puerta de Alcalá; una Virgen del Carmen (en la iglesia de San José); unos ángeles y querubines (en la fachada de la iglesia de San Marcos); los Tritones de las fuentes del Paseo del Prado; una Inmaculada Concepción (en la Catedral de la Asunción de Burgo de Osma); el Mausoleo del conde de Gajes (en la catedral de Pamplona); y un conjunto escultórico en San Gregorio Ostiense (Navarra); y media docena de reyes para Palacio Real.

Francisco Gutiérrez Arribas, 1728-1782, fue otro de los que echaron a andar la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, pero apoyando desde Roma. Hizo La Cibeles; Mausoleo a Fernando VII (en iglesia de Santa Bárbara de Madrid); las Virtudes Cardinales de la Puerta de Alcalá; colaboró con Roberto Michel y Alfonso Giraldo en la Cuatro fuentes del Museo del Prado; Sepulcro de San Pedro de Alcántara (en Arenas de San Pedro); Piedad (en la catedral de Tarazona); Santo Domingo de Guzmán y San Pedro de Alcántara (en Burgo de Osma).

José Esteve Bonet, 1741-1802, fue un valenciano de la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, que dedicó su vida a estatuas religiosas: El Belén del Príncipe 1760; Santa Ana; Cristo de la Buena Muerte; y Virgen de los Dolores 1773-1774 (destruidos en 1936); San Judas Tadeo, San Felipe y San Pedro 1775 (en la Catedral de Valencia); Santo Tomás de Villanueva (en el Palacio Episcopal de Valencia); San Juan Bautista 1776 (en la Iglesia de Chiva); San José (en la catedral de Sevilla); San Vicente Ferrer; y San Vicente Mártir (en la iglesia Virgen de los Desaparecidos de Valencia); Cristo de la Defensión; Virgen de la Defensión; y Virgen de la Piedad (en Jerez de la Frontera); Cristo Resucitado 1790 (en Santa María de Elche); Cristo 1800 (en la iglesia de Yecla); Santa Clara de Asís (en Santo Domingo de Guzmán de La Orotava).

José Puchol Rubio, 1743-1797, de la Academia de San Carlos de Valencia, también hizo docenas de estatuas religiosas: 12 Apóstoles 1773- ; Inmaculada; Cristo del Consuelo 1795; y Santiago 1796 (todas ellas en la Iglesia de Santiago de Orihuela); Cristo de los Azotes 1785 e Inmaculada Concepción 1791 (fueron destruidas en 1936-1939).

 

 

LA ESCULTURA ESPAÑOLA DE PRINCIPIOS DEL XIX.

 

A principios del XIX, la escultura española tenía por principal cliente a la Iglesia.

Juan Adán Morlán, 1741-1816, representa la primera generación salida de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Se había formado en Tarazona y Zaragoza, como escultor barroco, de donde pasó a la Academia de San Lucas de Roma. En 1774 fue profesor en San Fernando de Madrid y su obra es de temas tradicionales, de retratos y estatuas de santos: Retablo de la Catedral de Lérida 1782; Capilla de la Virgen del Pilar (en Catedral de Granada); Carlos IV (en Palacio Real); María Luisa de Parma (en Palacio Real); Manuel Godoy; El duque de Alcudia (en la Academia de San Fernando); La Piedad (en los Padres Escolapios de Pozuelo de Alarcón); San José con el Niño (en la Iglesia de San Ginés de Madrid); Cristo Crucificado (en Torrelavega). En 1811 se hizo afrancesado, y a pesar de ello, en 1814 Fernando VII le aceptó como su escultor. Es un escultor barroco que trata de evolucionar hacia el clasicismo.

Jaime Folch 1755-1821, se formó sucesivamente en Barcelona, en Academia de San Fernando de Madrid, en Roma y en Granada, y volvió a Barcelona en 1803 para abrir un taller, por lo cual no es propiamente un producto de la Escuela de la Lonja. Obras: Mausoleo del obispo Moscoso (en la catedral de Granada); Relieve de la muerte de Séneca (en Academia de San Fernando).

Manuel Vicente Agustín Tolsá y Sarrión, 1757-1816, fue un valenciano de la Escuela de San Carlos que en 1791 emigró a México donde hizo cantidad de altares y estatuas religiosas, además de ejercer como arquitecto. También hizo el Busto de Hernán Cortés; Carlos IV a caballo.

Esteban de Ágreda Ortega 1759-1842, hizo una estatua ecuestre de Felipe V y las Fuentes de Ceres, de Narciso y de Apolo en Aranjuez. Dedicó la mayor parte de sus esfuerzos a esculpir santos: San Vicente; San Antonio; Beata Juana de Aza; San Agustín; San Nicolás. Su familia representa toda la historia de la escultura española del XIX: su padre, Manuel de Ágreda Ilarduy, hacía retablos e imaginería en La Rioja y empezó en el barroco, siguió en rococó y acabó en neoclasicismo; Junto a su hermano Manuel de Ágreda Ortega, ambos estudiaron en la Academia de San Fernando y gestionaron la Real Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro; sus hijos y sobrinos también fueron a la Academia de San Fernando.

Pedro Hermoso, 1763-1830, era granadino y estudió en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Fue escultor de Cámara de Fernando VII. Proyectó la decoración escultórica del Museo del Prado en la que se implicaron también Ramón Barba y Valeriano Salvatierra. La finalidad era sustituir las alegorías científicas proyectadas por Villanueva, por alegorías de las Artes. Pedro Hermoso falleció en 1830, Ramón Barba en 1831, dejando sin hacer gran parte del proyecto.

Ramón Barba, 1767-1831, era murciano y estudió desde 1791 en la Escuela de San Fernando, y desde 1797 en Roma, donde hizo un Mercurio (en el Museo del Prado) y un relieve para la iglesia de San Alejo en Roma, un Busto de Carlos IV 1815, Carlos IV sedente 1817. Regresó en 1822 e hizo el Grupo escultórico de la Puerta de Toledo de Madrid, Fernando VII entre figuras mitológicas y alegóricas, y en 1830, 16 medallones para la fachada del Museo del Prado: Alonso Berruguete; Pedro Machuca; Pedro Pérez; Ventura Rodríguez; Juan de Herrera; Juan de Toledo; Juan de Juanes, Claudio Coello; Bartolomé Esteban Murillo; Diego Velázquez; Francisco Zurbarán; José de Ribera; Gaspar Becerra; Gregorio Fernández; Alonso Cano; y José Álvarez.

 

 

LA ESCULTURA ESPAÑOLA DE ÉPOCA ISABELINA.

 

Ya en época isabelina tenemos esculturas clasicistas, con un algún toque de romanticismo. En la escultura española, donde predominaba el clasicismo, que podemos llamar neoclásico, pero tal vez sea un revival de tiempos antiguos, no era difícil la evolución al neoclasicismo de Canova. Ambos estilos se confunden con facilidad:

El clasicismo era dominio de las poses equilibradas y la obtención de volúmenes armónicos según las reglas de Leonardo Da Vinci en el hombre de Vitrubio. En el Clasicismo, las estatuas representaban la quietud y la armonía.

El neoclasicismo de Canova era conseguir un equilibrio perfecto del conjunto, un movimiento de la figura distinto y original, y  un acabado lustroso, que reflejase mucho la luz. En el neoclasicismo, se trataba de captar el movimiento. Las estatuas representaban movimientos fuertes.

La mayoría de los escultores españoles fueron tradicionalistas, con algún toque que nos hace hablar de neoclasicismo, romanticismo o realismo, pero en ese tema los autores se contradicen, dudan y nunca comprometen su opinión: La vestimenta actualizada de sus personajes, evitando la clásica toga romana, es tenida en algunos tratados por romántica, lo cual es interpretado por otros como realismo.

José Ginés, 1768-1823, valenciano de la Academia de San Carlos y de la de San Fernando de Madrid, escultor barroco que introdujo el neoclasicismo en España e hizo Los Cuatro Evangelistas de la iglesia de San Justo de Madrid; la Matanza de los Inocentes (es un conjunto de 5.950 piezas para el Nacimiento del Príncipe); Venus con Cupido 1807 (en el Museo del Prado); Convite de Dionisio el tirano a Damocles.

José Álvarez Cubero, 1768-1827, fue un cordobés formado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando hasta 1805, en París con David d`Angers, en Roma con Antonio Canova en 1807-1827. Fue uno de los grandes del neoclasicismo español. Su obra la hizo en mármol como le gustaba a los neoclásicos: Traslado de los restos de San Isidoro a León; La Irritación de Manasés contra Isaías; Ganímedes 1804. En 1806 se fue a Roma, entró en contacto con Canova y se hizo neoclásico. Se declaró “patriota” en 1808 y fue encarcelado en Roma. De esta época es El paso de las Termópilas. Diana Cazadora 1809-1815, Apolo inspirado por la música 1814-1815, Morfeo Adolescente y Amor (o Cupido) con sus atributos (que fueron destinadas a la Casa del Labrador de Aranjuez y luego adquiridas por el Museo del Prado); Apolino (en el Museo del Prado). De la misma época es Joven con Cisne 1810-1820 (en el Museo del Prado), Venus y amorcillo; María Luisa de Parma sedente es de 1816, y Amor Dormido (en el Museo del Prado); Apolino; Adonis; Diana; Aquiles herido; Los Numantinos. Tuvo mucho éxito la Defensa de Zaragoza 1814, y Hércules luchando con un león (en la Academia de San Fernando). También hizo, a partir de su regreso de Roma a Madrid en 1827, retratos de Carlos IV; El Mausoleo de Liria; Fernando VII 1825, María Isabel de Braganza 1826 (en el Museo del Prado); María Luisa de Parma; Marquesa de Ariza; Duque Carlos Miguel (en el Palacio de Liria); Rossini (en el Palacio de Liria); Busto del Duque de Frías; El infante Carlos María Isidro; Juan Agustín Ceán Bermúdez; Esteban de Ágreda; Francisco de Paula de Borbón; El Duque de Berwick. También es obra suya la Fuente de la Villa de Priego.

José Folch Costa, 1768-1814, estudió en Barcelona y en 1790 en la Real Academia de San Fernando. Sepulcro del Marqués de La Romana (en Palma de Mallorca); medallones de la Cartuja de Valldemosa: Pío V; el Rey Martín; Moisés rompiendo las tablas de la Ley; Resurrección de Lázaro.

Damiá Campeny i Estrani, 1771-1855, estudió en la Escuela de la Lonja de Barcelona y trabajó para varias parroquias de Barcelona, hasta que en 1797-1815 se fue a Roma y estuvo en el taller de Antonio Canova, por lo que difundió el neoclasicismo en Cataluña. Es tenido por el autor neoclásico más puro, uno de los grandes del neoclásico. Trabajó en El Vaticano obras como Hércules y Farnesio y Neptuno. También hizo Diana y las Ninfas sorprendidas por Acteón 1798, Diana en el baño 1803 (en la Academia de San Fernando), Lucrecia Muerta 1804 (Lonja de Barcelona), Cleopatra agonizante 1804 (Museo de Arte de Cataluña), Centro de Mesa 1805 (en Parma); Sacrificio de Calirroe 1805-1808 (en Academia de San Fernando). Y una serie de obras que están en la Real Academia de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona: Eros de Centocelle 1805-1808, Talía 1805-1808 y Vestal-Niobe de 1810; Flora 1825; La Clemencia 1827. La Fe Conyugal 1810 está en Barcelona. En 1815 regresó a España e hizo la Fuente del Viejo (Barcelona), La Clemencia 1827, la Fuente de Neptuno 1832 (en Igualada-Barcelona), y ya en época isabelina varias obras que también están en la Real Academia de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona: El Centauro Nessos y Dayamira 1836, Almogávar matando a un caballero 1836, Aquiles arrancándose una saeta 1837. En 1851 hizo el Monumento a Galcerán Marquet. Otras obras suyas: Minerva y Diana; Gladiador Herido; Apolo en Trance; El Sol; La Luna; La Astronomía; Jesús; La Virgen; Virgen del Pilar 1826 (para María Cristina de Borbón); Laocoonte; Himeneo; Paris.

Manuel de Ágreda Ortega, 1773-1843, hizo una estatua de Fernando VII a caballo para La Habana, y muchos retablos en iglesias de Navarrete, Briones, Gimileo, Casalarreina y Logroño. Es un escultor tradicional.

Antonio Solá Llansas, 1782-1861, se formó en la Escuela de la Lonja de Barcelona y se fue a Roma, en donde vivió el resto de su vida, si bien enviando obras a España. Obras suyas son: Eneas y la Sibila de Cumas 1801 (Academia de San Jorge); Nereida 1802 (en la Lonja del Mar de Barcelona); Orestes atormentado por las Furias 1810 (San Jorge); El Gladiador moribundo (Academia de San Fernando); Ceres coronada de espigas 1817; Meleagro (en el Palacio de Liria); Venus y Cupido (Museo de Arte Catalán); Pío VII 1815 (en Oviedo); Minerva 1820; Matanza de los Inocentes 1834 (San Jorge); Cervantes 1835 (bronce de la Plaza de las Cortes de Madrid); Niños jugando con una Mariposa 1839 (Barcelona); el Monumento a Daoiz y Velarde (en de Dos de Mayo de Madrid); Blasco de Garay 1850 (Colección Real); Autorretrato 1850 (San Lucas de Roma); La Caridad Romana 1851 (Prado-Diputación de Castellón de la Plana); Duque de Rivas 1856; Sepulcro del obispo Pedro Quevedo Quintana (en la catedral de Orense); sepulcro de Félix Aguirre 1835 (en iglesia de Montserrat en Roma); sepulcro de los Duques de San Fernando (en Boadilla del Monte); Sepulcro de Juan Pignatelli 1841 (en Roma).

Francisco Elías Vallejo, 1782-1858, riojano, era clasicista. El reto de Don Rodrigo Téllez Girón al moro Albayaldos (en la Academia de San Fernando); Isabel II con la Princesa de Asturias en brazos; María Josefa Amalia de Sajonia (en la Academia de San Fernando); Daoíz y Velarde (en el Museo del Ejército); Argüelles; Jovellanos.

Valeriano Salvatierra Barriales, 1788-1836, toledano que estudió en 1807 en la Academia de San Fernando y en 1810 se fue a la Academia de San Lucas en Roma, de donde regresó en 1814. Se emocionó con la escultura neoclásica de Antonio Canova y de Thornwaldsen e hizo Aquiles extrayéndose la flecha 1813; Héctor y Andrómaca. Trabajó en Toledo. Hizo tallas de santos en madera. Como escultor de Fernando VII hizo las esculturas de remate de la Puerta de Toledo en Madrid; y retratos de Isidoro Márquez y de José Aparicio. En 1824 regresó a Roma para hacer el Sepulcro del Cardenal Luis de Borbón Vallabriga (en la Sacristía de la Catedral de Toledo). También hizo el Sepulcro de la Condesa de Chinchón en Boadilla del Monte. Hizo esculturas de Claudio, Cabeza de mujer, y 12 estatuas alegóricas para el primer cuerpo de la fachada del Museo del Prado: La Paz; La Fertilidad; La Magnificencia; La Constancia; La Inmortalidad; La Simetría; La Euritmia; La Fama; La Admiración; La Fortaleza; La Arquitectura; y La Victoria. Quedaron sin hacer, por fallecimiento del artista, algunas más.

José Tomás, 1795-1848, era cordobés y estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Obras: Fuente de los Galápagos, en Madrid; Fuente de La Castellana, en Madrid; El Valor (en el Obelisco del Dos de Mayo en Madrid); Alegoría de la Medicina, en la fachada del Colegio de San Carlos; Relieve de la Última Cena, en el Oratorio de Caballero de Gracia; Busto de la Condesa de Benavente, en la alameda de Osuna; Retrato de Cervantes (según la imaginación del autor, en el Museo del Prado, pero es la figura que publican los libros para referirse a Cervantes).

Diego Hermoso, 1800-1849, hijo de Pedro Hermoso, hizo el Panteón de la duquesa de Alba (en la Sacramental de San Isidro de Madrid); la decoración del Liceo Artístico y Literario de Madrid (hoy desaparecido); colaboró en el Obelisco de la Plaza del Dos de Mayo de Madrid; e hizo las alegorías para las exequias de Fernando VII: La Religión; La Caridad; La Esperanza; y La Fe.

Josep Bover i Mas, 1802-1876, estuvo en Roma a partir de 1826 y allí hizo Gladiador herido; Gladiador victorioso (hoy en la Academia de Sant Jordi). Luego regresó a España y trató de ganar alguna fama con Busto de María Cristina 1834, y Busto de Fernando VII 1835. Se pasó entonces a buscar la clientela catalana: Alegoría de la Junta de Comercio 1838-; Jaime I de Aragón; Joan de Fivaller 1844 (en el Ayuntamiento de Barcelona); Sepulcro de Jaime Balmes 1865 (en la Catedral de Vic); Retratos de varios Virreyes (en Capitanía General de Barcelona). También estuvo una temporada en Cádiz, haciendo estatuas para la catedral de Cádiz: Santa Clara; San Fernando.

Francisco Pérez del Valle, 1804-1884, natural de Rivadesella, estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y fue clasicista, de modo que sus obras tratan de temas mitológicos y alegóricos, retratos de reyes, y esculturas de santos. Casi toda su obra se ha perdido. Reyes: Fernando III el Santo; Isabel la Católica; Carlos V visitando a Francisco I en la Torre de Lujanes;  Isabel II (en Palacio Real); Francisco de Asís y Borbón (en la Biblioteca Nacional). Personajes: Gaspar Melchor de Jovellanos; Narváez; Torrijos (en el Museo del Ejército); Carlos Ribera. Mitológicos: El suplicio de Prometeo (en San Fernando); Apolo y Dafne (en la Academia de San Fernando). Retratos en busto: Marquesa de Santa Coloma; Pío IX; Ventura de la Vega; Martín Fernández Navarrete (en Academia de la Historia); Carlos Ribera; Javier de Quinto; Antonio Ros de Olano; Conde de Alpuente; Morla; Marqués de Castelldosrrius; Loigorri; Mazarredo; Rivero. Estatuas de santos: La Concepción; San Gabriel; San José (en la iglesia de San Martín); Jesús en el Templo disputando con los doctores; San Luis Gonzaga (en la iglesia de Montserrat); y varias Inmaculadas. Aunque es claramente neoclasicista, algunos califican alguna de sus obras de romántica, por dedicar algunas figuras del Obelisco del Dos de Mayo al Patriotismo, El Valor, La Ilustración Española, La Fidelidad, por hacer algún tema historicista en el que escoge momentos dramáticos y por dar a los retratos cierta expresividad. Gaya Nuño dijo que era “romántico templado”.

José Piquer Duart, 1806-1871, era valenciano, hijo del Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos en Valencia. Entre sus primeras obras: Relieve del Sacrificio de Isaac; San Jerónimo; relieve del Sacrificio de la hija de Jefté. Su padre le envió a México 1836, Estados Unidos 1839 y Francia 1840 a ver el mundo. Regresó a Madrid en 1841 y esculpió varios retratos de la Reina Isabel II 1855 (en la Biblioteca Nacional); María Cristina de Borbón (en Palacio Real), de varios generales, los cuales se pagaban bien pero no hacían destacar al escultor. Destacan: Vicente López; Marqués de Duero; Evaristo San Miguel; Ros de Olano. También hizo encargos religiosos: Virgen de la Soledad (en el Palacio de San Telmo); La degollación de los inocentes (en Palacio Real); la Virgen del Refugio (en Isla de Vieques-Puerto Rico); San Francisco Javier predicando; La Magdalena; Santa Teresa escribiendo (en la iglesia de San Sebastián de Madrid); La Santísima Trinidad (en el convento del Carmen calzado); las esculturas de la iglesia de Santa María de Tolosa (Guipúzcoa) que representan a San Ignacio, San Antonio de Padua, San José y San Juan Bautista. Piquer es calificado de romántico español, pero el espíritu rebelde de los románticos no se ve por ninguna parte en cuanto a los temas, pues Piquer era conservador, aunque los críticos quieran ver rasgos en el estilo, movimiento de los ropajes y expresividad del rostro. Sus obras culminantes parecen ser la restauración de la Puerta de Alcalá de Madrid; el Sepulcro del general Francisco Espoz y Mina en la catedral de Pamplona, San Jerónimo recostado en un peñasco junto a un león (bronce de 1844 en el Museo del Prado), y un Cristóbal Colón para la ciudad de Cárdenas (Cuba); Fernando el Católico a caballo, en Barcelona; Fernando III (en la Armería de Palacio Real).

Pedro Juan Santandreu Artigues, 1808-1838, era mallorquín y estudió en la Real Academia de San Fernando, muriendo sin haber dejado todavía la academia, por lo que sólo hizo trabajos académicos en barro: Marte; bajorrelieve de Cupido; Peleas y Melisendra; Apolo y Dafne (en La Moncloa). Algunos ven signos románticos en su obra.

Ramón Padró y Pijoan, 1809-1876, nació en Cervera y estudió en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, para abrir más tarde un taller de imaginería religiosa, donde hacía crucifijos en madera de limonero, e imágenes para iglesias: Piedad; Ángel, del Camarín de Montserrat; San Rafael, en la Iglesia de la Enseñanza de Barcelona; San Pedro, en la Iglesia de la Enseñanza. Fue netamente clasicista.

Domenech Talarn Kubot, 1812-1901, tiene un Atila que es calificado como obra romántica, y algunas otras obras posteriores suyas son calificadas de realistas.

Francisco Bellver Collazos, 1812-1890, valenciano, estudió en la Real Academia de San Carlos en Valencia, y más tarde pasó a Madrid a diversos talleres y a la Academia de San Fernando. Hizo algunos temas mitológicos: Rapto de las Sabinas; Rapto de Proserpina; Venus sostenida por tres delfines (para Francisco de Rivas); Leda 1836; Dos niños en lucha con un delfín. Pero sobre todo hizo imágenes de santos: Jesús camino del Calvario con sayón y Cirineo (en Huércal Overa-Almería); La Piedad o Virgen de las Angustias (en Huércal Overa-Almería); Cristo de la Misericordia (en Huércal Overa-Almería); Los Cuatro Evangelistas (Catedral de La Habana); San Ildefonso; San Luis; Santiago; La Presentación de la Virgen (catedral de Lima); Virgen imponiendo la casulla a San Ildefonso; Corazones de Jesús y de María; Nuestra Señora de la Esperanza; Virgen de la Misericordia; Caída de Cristo en el camino del Calvario, con simón Cirineo y otros judíos; San José (en Urnieta-Guipúzcoa); Virgen del Carmen (en Urnieta-Guipúzcoa); Virgen del Amor Hermoso (en Castroverde); Cristo (en Valverde); Los Cuatro Evangelistas y El Salvador (en la Catedral de La Habana); La presentación de la Virgen (en Lima). En el Panteón de Teresa Arredondo hizo La Caridad y La Religión. Su posible romanticismo es superficial y de estilo.

Manuel Vidal i Roca, 1812-1860, hizo Tlahuicote 1851 (en el Instituto Nacional de Bellas Artes de México).

Doménech Talarn i Ribot, 1812-1901, fue un imaginero religioso que hizo: La Purísima 1852, para Iglesia Santa Clara de Barcelona; San Agustín y San Antonio 1862, para la iglesia de San Agustín en Barcelona; Calvario 1864, (para la catedral de Barcelona); San Juan 1866, para Montevideo; Santa Ana 1879, para Santa María del Pino de Barcelona; Santa Bárbara 1883, para Zaragoza; Santa Isabel, Virgen del Rosario y Sagrado Corazón 1890, para Novelda; Virgen del Remedio 1893, para Buenos Aires. También hizo algunas obras de tema clásico como La Muerte de Príamo y Atila.

 

 

 

[1] Miguel Egea, Pilar de.  “Del Realismo al  Impresionismo”. Historia del arte, Historia 16, nº 41, 1989.

Arnaldo, Miguel. “El Movimiento romántico”. Historia del Arte, Historia 16, nº 40, 1989.

Fernández Polanco, Aurora. “Fin de siglo:Simbolismo y Art Nouveau” Historia del Arte, Historia 16, nº 42, 1989

 Historia del Arte Español, dirigida por Joan Sureda y publicada por Akal en 1999, colaboran Enrique Arias Andrés, Juan Bassegorda Nonell, Cristóbal Belda,  Ana Guasch Ferrer, José Luis Morales Marín, Carlos Pérez Reyes, Wifredo Ramón García y José Luis Sancho Gaspar. Uno de los tomos es “Del Neoclasicismo al impresionismo”.

Rodríguez Cunill, Inmaculada, publicó Arquitectura del siglo XIX, en Liceus.

 Garcia Melero, José Enrique, Arte español de la Ilustración y del siglo XIX. En torno a la imagen del pasado. Editorial Encuentro, 2002

[2]   Como entradas en internet, podemos ver: El Romanticismo.es/escultura, y también Escultura siglo XIX-ArteEspaña.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor
Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.


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