LA ARQUITECTURA: ÉPOCA DE ISABEL II[1].

 

La arquitectura de tiempos del reinado de Isabel II se movió entre el neoclasicismo y el romanticismo, entre el culto a la racionalidad y el culto a las sensaciones. La tradición marcaba un gusto sensacionalista barroco y rococó, y el arte oficial, impartido por las escuelas de arquitectura y propagado por las obras oficiales, iban al neoclásico. El inconformismo romántico se expresaba en la interpretación de estilos algunas veces mozárabes y platerescos, raramente románicos, y sobre todo góticos, edificados a menudo en ladrillo, y con formas imaginativas, cuya expresión más audaz fue el modernismo, sobre todo a partir de la invención del hormigón armado. Así se mantuvo la situación hasta 1880 aproximadamente.

En la segunda mitad del XVIII habían empezado las reformas urbanas de las ciudades españolas, plazas, palacios y la construcción de templos por doquier, y esa labor la continuaría Fernando VII y se amplificó durante el reinado de Isabel II.

En las construcciones para la Iglesia, colegios e iglesias, predominó el neogótico que es más espectacular, pero se hacía en ladrillo, lo cual resultaba sorprendente a la vista, pues el románico y el gótico se asocian a la piedra labrada. Posteriormente se haría en hormigón.

Mientras la arquitectura oficial era neoclásica, en los edificios de particulares se despreciaba como tiranía las normas de la Real Academia de Bellas Artes. Pero también se rechazaban las formas barrocas y rococós, como propias de otra época, del siglo XVIII. Y como el arte ya no era patrimonio exclusivo de la Iglesia y de la monarquía, convivían el clasicismo academicista gestionado por los arquitectos de edificios oficiales, con el historicismo, principalmente neogótico.

La arquitectura de instituciones públicas despreciaba el sentido de la moderación y del equilibrio y se tendía a epatar, amontonar formas, buscar la contradicción y lo sorprendente.

La arquitectura privada hizo neogótico y, más tarde, eclecticismo. El recurso a lo medieval les permitía huir del presente y hacer incursiones en un pasado para ellos oscuro, más desconocido para ellos que para nosotros dos siglos más tarde, un pasado que les aparecía como problemático, pero que era exactamente lo que querían, lugares en los que la racionalidad quizás no tenía tanta fuerza como en su presente.

Los palacios españoles del siglo XIX son pequeños y no demasiado altos, de dos y tres pisos. Los exentos, se aislaban de la calle mediante un jardín, detrás de una reja de entrada. Los construidos con paredes medianeras tenían apariencia poco destacada.

Las fachadas se hacían con pilastras adosadas, al estilo clásico, o con finas columnatas. Eran de gusto neoclásico, pero no tan frío como el del XVIII.

Otro aspecto de la arquitectura del siglo XIX fue el rediseño de las ciudades, tras las remodelaciones del XVIII. Tras la revolución industrial era preciso derribar las viejas murallas y abrir el centro administrativo de modo que fuera posible una mayor accesibilidad. Y a la vista del espectacular crecimiento urbano, era necesario abrir nuevas avenidas y urbanizaciones, todo lo cual debía ser conectado con el centro administrativo. Las desamortizaciones proporcionaban los solares precisos para cuantas modificaciones urbanas se planificasen. Se abrieron plazas para conectar barrios distintos y se proyectaron “ensanches”. También la sociedad demandaba teatros y jardines y fuentes (decorativas y caños para tomar agua potable), y se necesitaban nuevos edificios administrativos más grandes para ayuntamientos. Y las nuevas clases adineradas pedían casas acordes a sus expectativas de nivel de vida, que ya no eran palacios, pero eran grandes mansiones urbanas. Para ellos, se escogieron zonas nuevas, cuyo precio garantizaba la exclusión de clases sociales más pobres, y esas zonas se urbanizaron antes de empezar a construir. Para las clases medias se abrieron zonas distintas. Se llamaron los ensanches.

En escultura gustaban las alegorías puestas al servicio de la arquitectura, tanto en la arquitectura de edificios, como en la arquitectura urbana de plazas y jardines. Las esculturas urbanas son lo más destacable de la escultura de este tiempo, como lo fueron las religiosas en siglos anteriores.

 

 

La decadencia de la Real Academia

de Bellas Artes de San Fernando.

 

El Ateneo de Madrid.

Ya en 1820 había aparecido en Madrid un “Ateneo Científico, Literario y Artístico”, patrocinado por Alcalá Galiano, el general Palafox, Flórez Calderón y Lagasca, pero el proyecto fracasó al desaparecer los liberales en 1823.

En 6 de diciembre de 1835, Ángel Saavedra Duque de Rivas, Salustiano Olózaga, Ramón Mesonero Romanos, Antonio Alcalá Galiano, Juan Miguel de los Ríos, Francisco Fabra y Francisco López Olavarrieta trataron de revitalizar El Ateneo como reacción romántica frente al oficialismo del Estado.

En 1836, volvió a intentarlo Salustiano Olózaga. El 4 de enero de 1836 hicieron un reglamento de El Ateneo en el que se definían tres funciones: sería una Academia, un Instituto de enseñanza y un Círculo literario. La Academia tendría cuatro secciones, de literatura, arquitectura, escultura y pintura. En 1837-1840, Ramón Mesonero Romanos fue bibliotecario de El Ateneo y dio un impulso a la idea de constituir un centro cultural paralelo a los oficiales. En 1838 tomó el relevo Martínez de la Rosa.

En el nuevo Ateneo, se hablaba, entre otros muchos temas, de arquitectura.

 

El 30 de abril de 1835 se estableció el Cuerpo de Ingenieros Civiles del Estado, cuya primera promoción salió en 1839. Estos ingenieros estaban en superioridad sobre los arquitectos en preparación para las obras públicas. Se encargaron no sólo de puentes y caminos, que también hacían los arquitectos, sino de canales, puertos, presas y faros[2].

 

El Liceo Artístico y Literario de Madrid, se inauguró en marzo de 1837 a partir de la tertulia de José Fernández de la Vega. En 1838 se reunía todos los jueves en el Palacio de Villahermosa, al que acudían Antonio María Esquivel, Gutiérrez de la Vega, José Elbo, Genaro Pérez Villaamil, Bretón, Escosura desde 1840, y el Marqués de Molins. Desde 1837, el Liceo organizó exposiciones de pintura, algunas de ellas dedicadas a Leonardo Alenza, Carderera, Elbo, Vicente López. En 1838 se editó la revista Liceo Artístico y Literario, con secciones de literatura, pintura, escultura, arquitectura, música, y declamación.

 

En 1844, se creó la Escuela de Arquitectura de Madrid, con permiso para otorgar títulos de arquitectura, que ya no seguía las normas de la Real Academia de San Fernando. En la primera década de su funcionamiento, hubo continuismo, pues los profesores provenían de la Academia de San Fernando, pero hacia 1857, las tendencias empezaron a cambiar y cada arquitecto podía escoger más libremente el estilo en que iba a realizar su siguiente obra.

La aparición de la Escuela de Arquitectura de Madrid, confirmaba la crisis de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, como centro director de todas las obras españolas. La Escuela de Arquitectura iba a dirigir la construcción de los edificios oficiales, los teatros, los palacios.

A partir de 1854, la Real academia de Bellas Artes de San Fernando trató de revitalizarse haciendo también exposiciones y otorgando premios, para lo cual se instituía un jurado integrado por algunos profesores de la Academia y seis miembros nombrados por el Estado.

El 25 de julio de 1856, se ordenó levantar planos de todas las poblaciones españolas. Los viejos arquitectos no sabían hacerlos con precisión. Se hicieron cargo del trabajo los ingenieros militares, como fue el caso de Joaquín Pérez de Rojas y Francisco Coello.

 

En 1859 se fundó la Escuela de Arquitectura de Barcelona impartiendo matemáticas, física, historia y legislación. Se modernizaban los estudios de arquitectura.

 

Lo importante de las Escuelas de Arquitectura era que se independizaban de las de Caminos y Canales, y accedían a formación científica específica para arquitectos traduciendo libros franceses y británicos, tarea que hicieron Manuel Fornés y Juan Manuel Inclán Vallés.

En general, los arquitectos hicieron neoclasicismo con algunas incursiones en estilos historicistas cuando creían que el edificio debía adaptarse a un entorno determinado.

 

 

La vuelta del gótico.

 

En un ambiente en el que disputaban los artistas barrocos con los neoclásicos, a mediados de siglo surgió una fuerte tendencia por el gótico.

En 1844, y en 1858 de nuevo, Eugène Emmanuel Viollet Le Duc, 1814-1879, publicó teorías sobre el gótico francés y lo puso de moda en Francia. Viollet Le Duc fue un arquitecto francés que se formó en una familia culta, y que tuvo un tío, Etiènne Jean Delecruze, que no quiso que Eugéne asistiese a las escuelas oficiales como L`Ecole des Beaux Arts o La Academia. Prefirió una formación menos formal, más heterodoxa. Viajaron por Francia e Italia viendo lo que había construido. En ese viaje, Viollet Le Duc constató que los monumentos antiguos estaban en situación de abandono y decidió que era necesario restaurarlos. Así, en 1837 se creó la Commissión de Monuments Historiques, la cual, en 1840, encargó a Viollet Le Duc la restauración de la Abadía de Vezelay, una de las grandes del románico. Viollet Le Duc estudió la arquitectura medieval y quedó sorprendido por la cantidad de conocimientos que aportaron los arquitectos del gótico. Más tarde, se encargó de la Sainte Chapelle del Palacio de Justicia de París, de Saint Germain d`Auxerrois, de Notre Dame de París, de la Abadía de Saint Denis y otros edificios. En 1844-1847, escribió sus nuevas teorías arquitectónicas en la Revista Annales Archeológiques. En 1858-1872 escribió Entretiens sur l`Arquitecture, obra en la que proponía una nueva manera de construir racionalizada tanto en los planos como en las formas. No se trataba de simples “revival” o copias de estilos antiguos, sino de utilizar los conocimientos antiguos y las nuevas tecnologías y materiales para hacer un estilo “neo”. Defendió que la arquitectura medieval no era un tema pintoresco para el turismo, sino la manifestación de una serie de avances científicos y técnicos que había que estudiar con detenimiento y mejorarlos desde el presente. Y no sólo había que limitarse al arte medieval (románico, gótico y mudéjar), sino también al grecorromano y bizantino en los mismos términos. Había que aprender del pasado. Viollet Le Duc acabó por rechazar los revival por completo y proyectó neogóticos mucho más perfectos y espectaculares que los medievales, como Maison Courmont 1846 en Rue de Liege 28 de París, el Chateau de Dornach 1854, la Chapelle du Petit Seminaire 1861 en Rue Vaugirard de París, y otros.

En 1855, Edmund George Street publicó unas notas sobre el gótico italiano y en 1863 otras sobre el gótico español, poniendo de moda el gusto por el gótico. Estamos ante movimientos revival que tratan de reconstruir cosas del pasado.

 

 

La polémica del revival.

 

Enseguida surgió la polémica entre los partidarios de los revivals puros, los revivals respetuosos con el pasado y los revivals más innovadores. Los primeros querían restablecer la arquitectura del pasado en toda su pureza ideal, tanta que los edificios resultaban como nunca habían sido en la edad Media y, para muchos críticos actuales, una barbaridad. Los segundos querían respetar los edificios tal como estaban. Los terceros querían aprovechar los conocimientos de la antigüedad y las técnicas modernas para hacer construcciones mucho más espectaculares que las medievales, pero distintas. En la práctica es muy difícil diferenciarlos, pues un arquitecto tiene que improvisar soluciones en cada momento y el revival totalmente respetuoso con el pasado es casi imposible. En el caso de reconstrucción de un monumento antiguo, se modificaba el antiguo hasta hacerlo irreconocible. Para ello, era mejor iniciar un monumento nuevo desde el principio y no destruir nada. En el siglo XX se llegará al acuerdo de que el arquitecto añada las soluciones necesarias, pero destacando por el colorido diferente, lo que es añadido o renovado.

El revival puro puede ser calificado de romanticismo, mientras el revival innovador sería realismo, siendo casi imposible para el profano distinguirlas.

 

 

 

LOS ARQUITECTOS ESPAÑOLES DE ÉPOCA DE ISABEL II.

 

    No es una lista completa sino una selección para que el aficionado pueda buscar en internet obras y autores que le proporcionen información e imágenes.

Es de resaltar que la mayoría de los edificios ya no son iglesias, como pasaba en siglos anteriores, sino que hay dotaciones públicas innovadoras, como teatros, plazas de toros, plazas públicas, mercados, facultades universitarias, y numerosos palacios, ayuntamientos y casonas.

Las plazas de toros fueron una racionalización de la fiesta del toro, a menudo celebrada en plazas improvisadas sobre las “plazas mayores” de los pueblos, sin condiciones de seguridad para el público, sin el orden público necesario a todo espectáculo de masas, sin condiciones de seguridad para los toreros, pues todo se hacía sobre instalaciones provisionales levantadas para la ocasión y destruidas nada más terminar el evento. A final del XIX, casi todas las ciudades importantes españolas tenían su plaza de toros.

 

Francisco Javier de Marietegui y de Sol, 1775-1843, remodeló a partir de 1842 la Iglesia y Noviciado de Jesuitas de la calle San Bernardo de Madrid para sede de La Universidad Central sobre el convento del Noviciado de los Jesuitas de San Bernardo. La Universidad había sido fundada en 7 de noviembre de 1822 a partir de los Reales Estudios de San Isidro y el Real Museo de Ciencias, y refundida con la de Alcalá de Henares en 29 de octubre de 1836. Se estableció en el antiguo Seminario de Nobles de la Calle Princesa. Como se quedaba pequeño el edificio, la Universidad pasó al convento de las Salesas Nuevas de la Calle San Bernardo. En 1842, Espartero le asignó la iglesia y convento del Noviciado de los Jesuitas en la Calle Ancha de San Bernardo, el cual fue remodelado por Francisco Javier de Marietegui y de Sol. Al morir Marietegui, se hizo cargo de las obras Narciso Pascual y Colomer. Ponciano Ponzano puso las esculturas. Joaquín Espalter i Rull puso las pinturas. En 1881 se hizo una ampliación, que hoy es el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, a cargo de Francisco Jareño. Hoy, el norte del edificio corresponde al Paraninfo de la Universidad Central, el suroeste al Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, y el resto a diversos usos del Ministerio de Educación. Marietegui hizo también los Obeliscos de Plaza de Pirámides 1831 de Madrid, el Obelisco de la Fuente de la Castellana 1833 de Madrid (para ser puesto en la actual Glorieta de Emilio Castelar, pero hoy ha sido trasladado al Parque de La Arganzuela).

José Mas i Vila, 1779-1855, proyectó la nueva fachada del Ayuntamiento de Barcelona realizada en 1830-1847.

Matías Laviña Blasco, 1796-1868, fue un zaragozano que estudió en la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Luis en Zaragoza, y en la Academia de San Lucas en Roma. En 1844 fue catedrático de Dibujo en la Academia de San Fernando de Madrid. Hizo el Palacio del duque de Granada de Ega, 1851-1859, (en la Cuesta de Santo Domingo nº 5 de Madrid). Destacó por restaurar el Palacio de Villahermosa de Zaragoza, y la Catedral de León en 1859, dejándola como un gótico mucho más espectacular que el original. Los puristas dicen por ello, que la catedral de León ya no es un gótico puro, pues la catedral estaba derruida antes de la restauración de Matías Laviña Blasco y fue concebida nueva y no limitándose a hacer lo que había. Y en 1861, Laviña Blasco hizo el Palacio del Duque de Veragua en la Calle San Mateo 7 de Madrid.

José de Nagusía, 1800-1850, siguió a línea neoclásica e hizo el Palacio de Navarra en 1843-1847, sede del Gobierno de Navarra y conocido como el Edificio de la Diputación Foral de Navarra. También hizo en 1839 la fachada del Teatro Principal de Pamplona, edificio que fue trasladado en 1931 a su actual emplazamiento y se llama Teatro Gayarre aunque fue obra de Pedro Manuel Ugartemendía.

Juan José Sánchez Pescador, nacido alrededor de 1800 y muerto después de 1870, hizo las Casas de Cordero para Santiago Alonso Cordero en 1842-1845 (en Calle Mayor de Madrid). Representa la evolución desde el neoclasicismo a estilos nuevos. Renovó el Palacio del conde de Superunda 1839 para el Marqués de Santa Cruz, diseñó las casas de la Plaza Mayor de Madrid y reordenó la Cuesta de la Vega de Madrid.

José Alejandro Álvarez, construyó en 1841-1842 el Cementerio de Madrid de la Sacramental de Santa María, y reformó el Cementerio Sacramental de San Isidro, San Pedro y San Andrés de 1841. Los primeros cementerios modernos fuera de poblado se debieron a las órdenes de José Bonaparte que hizo el Cementerio General del Norte en 1809, y el Cementerio General del Sur en 1810, ambos desaparecidos. En tiempos de Isabel II, se construyeron los cementerios citados al principio, constituyendo una nota de modernidad de la ciudad de Madrid. José Alejandro Álvarez proyectó también en 1845 para Francisco Rivas una Casa en Carrera de San Jerónimo de Madrid, y las obras fueron gestionadas más tarde por José María Guallart. El edificio fue ocupado más tarde por el Banco de Crédito Industrial.

Martín Saracíbar Lafuente, 1804-1891, hizo el Palacio de la Diputación de Álava 1842; el proyecto del Cementerio de Arana 1849; la urbanización del entorno de la Iglesia de Santa María en Tafalla 1856; el proyecto de la Plaza Nueva de Tafalla 1856; proyecto de ensanche de San Sebastián (descartado); la cubierta de la Plaza del Mercado de Pamplona 1865; el proyecto de Matadero de Pamplona 1865; la ampliación del Hospicio de Vitoria 1867; el proyecto del Seminario de Vitoria 1880.

Miquel Garriga Roca, 1804-1888, hizo La Pescadería de Mataró 1841; el Ayuntamiento de El Masnou 1845; Casa Fontrodona 1847 (en calle Petritxol de Barcelona); Cementerio de El Masnou 1860; Casa Farguell 1860 (en plaza Santa Anna de Barcelona); Casa Martí i Fábregas 1864 (en calle Portaferrisa de Barcelona); Fachada del Ayuntamiento de Mataró 1867; Reformas de la Casa de la Ciudad de Barcelona 1868.

Aníbal Álvarez Bouquel, 1806-1870, profesor en la Escuela de Arquitectura en 1829 y director de la misma en 1857-1864, realizó la:

Reforma de El Palacio del Senado. El Palacio del Senado, se había edificado en el siglo XVI, obra de Jorge Manuel Theocópuli, como Real Monasterio de la Encarnación, de agustinos descalzos y fue el lugar escogido para sede de las Cortes unicamerales de 1814 y para el Estamento de Próceres de 1835. En 1820, Isidro González Velázquez reformó la capilla para transformarla en sala de reuniones. En 1844-1850, Aníbal Álvarez hizo una reforma integral de todo el interior. Respetó la iglesia y dedicó su planta ovalada a salón de sesiones, que quedó listo en 1840, y construyó tribunas en los laterales. La fachada se proyectó como un arco de triunfo de tres huecos sobre columnas corintias, obra de Jerónimo de la Gándara, y entonces, Ortiz de Villajos hizo la fachada de la Calle del Reloj, en 1879. En 1882 Emilio Rodríguez Ayuso hizo una pequeña reforma del interior eliminando formas del antiguo uso religioso. En 1931, el Senado se trasladó a la Carrera de San Jerónimo, pues las Cortes eran otra vez unicamerales. En 1936 se convirtió en Sede Nacional del Movimiento para Francisco Franco. En 1987-1991, Salvador Gayarre Ruiz de Galarreta hizo una ampliación que le dio la forma actual.

También son de Aníbal Álvarez Bouquel: La Casa de Canga Argüelles en la calle Costanilla de Capuchinos de Madrid; El Palacio del Duque de Abrantes en calle Mayor de Madrid. El Palacio del Marqués de Gaviria, 1846-1847, en calle Arenal 9 de Madrid (de inspiración en el Palacio Farnesio de Roma.

Narciso Pascual Colomer, 1808-1870, fue un valenciano que estudió en la Academia de San Fernando y representa la última generación académica formada en el clasicismo.

Su obra capital fue el Palacio del Congreso de Diputados. En 1834, las sesiones del Congreso de Diputados se celebraban en el antiguo Templo del Espíritu Santo, cuyos frailes habían sido expulsados. En 1842 pasaron a reunirse en el Salón de Bailes del Teatro de Oriente, y fue entonces cuando se decidió hacer un local ex profeso para las Cortes. Se decidió derribar el templo del Espíritu Santo y construir allí el Palacio del Congreso. El lugar era pequeño y estaba en una cuesta. Se eligió el proyecto de Narciso Pascual Colomer, quien presupuestó 14.800.000 reales. La primera piedra se puso en 10 de octubre de 1843. El Congreso de Diputados se inauguró en 31 de octubre de 1850. El frontón de la entrada lo esculpió Ponciano Ponzano García, 1813-1877, un zaragozano que se trasladó a Italia a hacerlo, y luego fundió los dos leones de bronce de la fachada. Las pinturas alegóricas del techo interior de la Sala del Congreso son de Carlos Luis Ribera, 1815-1891, y las hizo en 1850-1854, con los diputados ya trabajando dentro.

Otras obras de Narciso Pascual Colomer: La Universidad de Zaragoza 1849, añadiendo las esculturas de Ponciano Ponzano y las pinturas de Joaquín Espalter i Rull; el Palacio del Marqués de Salamanca en Recoletos en Paseo de Recoletos de Madrid, cerca de Cibeles, proyectado en 1846; el Palacio del Marqués de Salamanca en Carabanchel (Madrid); El Palacio del Marqués de Salamanca en Vista Alegre (Madrid); La Universidad Central en Calle San Bernardo de Madrid (colaboración de Narciso Pascual Colomer y Francisco Javier Marietegui de Sol); Las torres góticas de San Jerónimo el Real de Madrid; Reformas en la Plaza de Oriente (en 1844 las viviendas a ambos lados de Plaza de Oriente frente a Palacio Real de Madrid, a fin de completar la Plaza de Oriente), Plaza de la Armería, Campo del Moro y Convento de la Encarnación de Madrid; Reforma del Museo del Prado.

Sebastián Monleón Estellés, 1815-1878, valenciano que había estudiado en la Escuela de San Carlos, hizo la Plaza de Toros de Valencia en 1850-1861 en estilo neoclásico; la Antigua Facultad de Medicina; los Jardines de Monforte 1859 (en calle Monforte de Valencia); el Asilo de San Juan Bautista 1874 (actual Universidad Católica San Vicente Mártir); el plano de la fachada del Teatro Principal de Valencia; y la Casa Benéfica de Nuestra Señora de los Desamparados.

Francisco Jareño Alarcón, 1818-1892, otro grande del neoclásico español, fue un manchego que estudió en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid creada en 1844, de la que fue catedrático de Historia de la Arquitectura en 1855. En 1888, fue Inspector Facultativo de Construcciones Civiles del Distrito Central, trabajando para el Ministerio de Fomento. Proyectó varios edificios españoles, muchos de ellos desaparecidos posteriormente: Escuela Central de Agricultura 1856 en Aranjuez. Su obra principal fue:

El Palacio de Museos y Bibliotecas (hoy Biblioteca Nacional y Museo Arqueológico Nacional), proyectado en 1865 en un desnivel del terreno. Hoy contiene por un lado la Biblioteca Nacional en el Paseo de Recoletos y por el otro el Museo Arqueológico de Madrid en Calle Serrano. Tiene dos fachadas. El edificio lo acabó Antonio Ruiz de Salces en 1884-1896. Tiene frontón neoclásico central en medio de una fachada barroca. La función como biblioteca provenía de la Real Librería abierta por Felipe V en 1712 cerca del Alcázar de Madrid, que fue llevada por José I al Convento de Trinitarios Descalzos de la calle Atocha en 1809, y luego pasó provisionalmente al Palacio del Consejo de Almirantazgo Real en 1819, cuando los Trinitarios recuperaron el edificio, y luego, en 1826, se instaló en la casa del Marqués de Alcañices en la calle Arrieta. Por fin, se encontró un solar del Convento de Copacabana, de agustinos recoletos, desamortizado en 1835, y en 1864 se encargó la nueva obra a Jareño. Es netamente neoclásico.

Más obras de Francisco Jareño: La Plaza de Toros de Toledo: La Facultad de Veterinaria en la Glorieta de Embajadores de Madrid (hoy Instituto Miguel de Cervantes); La Casa de la Moneda, 1856-1861, contigua al Palacio de la Biblioteca Nacional, hoy desaparecida para dejar sitio a Plaza de Colón; Palacio del Tribunal de Cuentas del Reino, 1860-1863 en la calle Fuencarral de Madrid, sobre un solar del Palacio del Duque de Aranda, que entonces estaba siendo utilizado como cuartel; Teatro Pérez Galdós 1867 en Las Palmas de Gran Canaria; Reforma del Museo del Prado de 1875-1892, reforma muy importante que exigió el desescombro y vaciamiento de edificios de las zonas de las fachadas norte y este, tras el cual, Francisco Jareño hizo una escalinata en la fachada norte 1879 y una recomposición de la fachada este 1881 para igualarla con el resto de las fachadas, todo ello inobservable porque fue eliminado en reformas y ampliaciones posteriores. De todos modos, en esos años, el edificio de Villanueva quedó exento, lo cual le daba un aspecto completamente nuevo.     Por último, Jareño ensayó el neomudéjar en el Hospital del Niño Jesús 1879 en Madrid; Pabellón Mudéjar de la Exposición de Arquitectura de Madrid. Por la utilización de este estilo algunos le consideran romántico.

José Zacarías Camaña Burcet, 1821-1876, hizo plazas de toros, mercados, templos neogóticos, centros de enseñanza, carreteras, caminos para el ferrocarril y puentes diversos, casi todo en Valencia y Murcia. El Teatro Principal de Valencia y su fachada, denominado anteriormente El Coliseo, Teatro del Hospital, y también Teatro Cómico, lo terminó en 1854 en estilo neoclásico. Fue abandonado en 1990, habitado por “ocupas”, y se incendió en 2009.

Juan Bautista Escondrillas y La Azuela hizo en Bilbao el Teatro Principal de Bilbao 1833 en el Paseo del Arenal, en estilo neoclásico. Hoy ha desaparecido y se ha levantado en ese solar el Teatro Nuevo, de Joaquín Rucoba, inaugurado en 1890 y dedicado a Juan Crisóstomo Arriaga.

José María Nolla inició en 1840 las obras del Teatro Principal de La Coruña.

Francisco Angoitia hizo en Burgos su Teatro Principal de Burgos en 1842-1857.

La fachada del Teatro Principal de Barcelona lo hizo Francesc Daniel Molina en 1845.

El Gran Teatro del Liceo de Barcelona fue proyectado en 1845 por Miguel Garriga i Roca, 1804-1868, se incendió en 1861 y fue reconstruido por José Oriol Mestres Espulgues a partir de 1862.

El Teatro Principal de Alicante fue proyectado por Emilio Jover, 1845, en estilo neoclásico.

San Sebastián tuvo su Teatro de San Sebastián en 1845 hecho por Joaquín Ramón Echeveste.

Josep Roca i Bros proyectó su Teatro Municipal de Figueras en 1850.

Antonio Sureda diseñó en 1854 el Teatro Principal Palma de Mallorca.

El Teatro Nuevo de Murcia, luego llamado Teatro de los Infantes, y hoy llamado Teatro Romea, lo hizo Diego Manuel Molina en 1862.

El Teatro Pérez Galdós en Las Palmas de Gran Canaria lo proyectó Francisco Jareño Alarcón en 1867.

Juan José Belmonte hizo el Ayuntamiento de Murcia en 1848.

Josep Mas i Vila diseñó la Plaza de Sant Jaume de Barcelona en 1848.

Ángel de Ayala hizo la Plaza Nueva de Sevilla en 1850.

Francésc Daniel i Molina en 1850-1865 hizo La Plaza Real de Barcelona, la cual se edificó sobre el solar del convento de los capuchinos. Este arquitecto dirigió también la urbanización de la Plaza del Duque de Medinaceli en Barcelona.

Martín Sureda Deulevol hizo la Plaza de la Independencia en Gerona en 1855.

Juan Daura hizo el Ayuntamiento de Las Palmas en 1856.

Pedro Martínez Sangros, la Diputación de Zaragoza, 1857.

Manuel Oráa hizo la Plaza del Mercado de Santa Cruz de Tenerife en 1857.

Lucio del Valle remodeló la Puerta del Sol de Madrid en 1858-1861.

Ildefonso Vázquez de Zúñiga hizo la Casa Consistorial de Ávila en 1860.

Torcuato Benjumea, hizo en 1861 la reforma del Ayuntamiento de Cádiz,y la Cárcel Real.

Antonio Cortázar Gorría, 1823-1884, hizo carreteras como el Camino de Otsarain a Elgoibar; el Proyecto de ensanche de San Sebastián 1862; el Puente de Santa Catalina en el Urumea; los planos del Mercado de Zurriola; el proyecto de Cárcel del Partido de San Sebastián.

Ignacio María Michelena hizo el Ayuntamiento de Cáceres en 1867.

Pedro Maffiotte hizo el Ayuntamiento de La Orotava  en 1869.

Jerónimo de la Gándara, 1825-1877, estudió en la Escuela de Arquitectura de Madrid y luego viajó por Alemania, Reino Unido y Grecia, antes de ser profesor de la Escuela de Arquitectura en 1853. Proyectó el Teatro de la Zarzuela en calle Jovellanos de Madrid, en 1856 (La fachada del Teatro de la Zarzuela en la calle Jovellanos, en 1856, es de José María Guallar). Jerónimo de la Gándara realizó el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París 1867; el Teatro de la Zarzuela en Madrid (sus intervenciones en ese edificio han desaparecido); Teatro Lope de Vega de Valladolid 1861; Porches del Teatro Calderón de la Barca  de Madrid 1864; Teatro Calderón de Valladolid 1864; y el Teatro de Jerez de la Frontera en 1866; Remodelación de la fachada del Palacio del Senado.

Lucio del Valle Arana, 1815-1874, Juan Rivera y José Morer hicieron las viviendas del frente curvo de la Puerta del Sol en Madrid, proyectadas en 1856. También estos mismos tres arquitectos, en compañía de Eugenio Barrón y Constantico Ardánaz hicieron a partir de 1851 el Canal de Isabel II que lleva el agua potable a Madrid. La obra más destacada de Lucio del Valle es el Puente sobre el Cabriel en la carretera de Madrid a Valencia.

Francésc Daniel Molina, 1815-1867, hizo la Plaza Real de Barcelona a partir de 1848.

Antonio Zabaleta, 1803-1864, hizo en 1838-1842 el Mercado del Este, la Casa de los Arcos de Botín y la Iglesia de Santa Lucía en Santander, en los inicios del ensanche de la ciudad. La Casa de los Arcos era porticada, pero no tuvo prolongación en obras posteriores, salvo un poco en Plaza de Pombo.

Josep Boixareu y Francésc Vila hicieron las Casas Xifré en calle Isabel II de Barcelona en 1836-1840, para José Xifré Casas. Eran de estilo neoclásico con bajos porticados.

Francisco de Cubas y González Montes, 1826-1899, Marqués de Cubas, era un arquitecto coleccionista de arte cristiano medieval conocido por su gusto neogótico. Hizo el Palacio de Alcañices o Palacio del Duque de Sesto (en Paseo de Recoletos nº 15 de Madrid), fue proyectado en 1865 por Francisco de Cubas para el duque de Sesto y, más tarde, fue comprado por Alcañices. Cubas hizo también el Palacio de López Dóriga en 1872. Abandonó el neoclasicismo para ir al neogótico. Hizo un proyecto neogótico para la Catedral de La Almudena de Madrid, varias veces modificado posteriormente, y también hizo la Universidad de Deusto en Bilbao 1886, el Museo Nacional de Antropología de la calle Alfonso XII de Madrid en 1873-1875, el Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón (en Chamberí-Madrid) 1880-1886, el Convento de las Siervas de María en Chamberí-Madrid 1883, el Palacio de Arenzana, hoy embajada de Francia en calle Salustiano Olózaga de Madrid, la Iglesia de la Santa Cruz en Atocha-Madrid, y el Castillo de Butrón en Gatica-Vizcaya.

Agustín Ortiz de Villajos, 1829-1902, hizo el Teatro de la Comedia 1875 (en la calle Príncipe), el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París 1878, el Circo Price 1880, y el Teatro de la Princesa 1885 (hoy teatro María Guerrero de Madrid).

Juan de Madrazo Kuntz, 1829-1880, fue hermano de los pintores Federico Madrazo y Luis Madrazo, y del escritor Pedro Madrazo. Fue profesor de Composición y Parte Legal en la escuela de Maestros de Obras de Valencia y pasó a Madrid en 1854. Hizo un altar neogótico en la catedral de Oviedo; un altar en la catedral de Málaga; un proyecto de reformas de las Calatravas en Madrid; varias cárceles provinciales de planta de estrella; el Palacio del Conde de Villagonzalo y Conde de la Unión de Cuba 1862-1866 (en la Plaza De Santa Bárbara de Madrid) con formas góticas interpretadas en ladrillo; y restauró la Catedral de León en 1868-1875, continuando el trabajo de Matías Laviña: Construyó, en 1868-1875, las bóvedas de la catedral en perfecto estilo gótico, como no las había tenido nunca esa catedral.

Martín Miguel de Saracíbar, 1833-1858, hizo la Diputación Foral Alavesa en Vitoria.

 

 

NEOGÓTICO: ISABEL II.

 

En 1839 se empezó a publicar Recuerdos y Bellezas de España, obra de Parcerisa y Piferrer, que aportaba láminas y textos de monumentos medievales españoles, e idealizaba los motivos.

En 1850 se publicó Monumentos Arquitectónicos de España con mucho rigor en el texto y en los grabados, los cuales eran elaborados por Aníbal Álvarez, Francisco Jareño, Jerónimo de la Gándara, Francisco Antonio Contreras Muñoz, Rafael Contreras Muñoz y otros.

Y como en el siglo XIX era necesario reconstruir muchos edificios en España, pues las Guerras de la Independencia y Carlista los habían dañado, se puso de moda el neo, incluso el neobarroco. Se necesitaba reconstruir parte de la catedral de León, la Catedral de Palma de Mallorca, la Catedral de Barcelona, San Jerónimo el Real de Madrid, San Vicente de Ávila, Santa María de Ripoll, la Alhambra de Granada, la mezquita de Córdoba, y otros. Y se pusieron a reconstruirlos, pero sin respetar en profundidad el gótico, o el mudéjar en su caso, sin respetar lo que habían sido. Lo primero que se les ocurrió fue derribar los añadidos renacentistas y barrocos que tenían casi todos los templos españoles. Y lo segundo, construir un gótico ideal, que no era el original. Lo mismo ocurrió con el neomudéjar, otro estilo idealizado. A veces, se obtuvieron obras de arte geniales, pero no son las originales del tiempo atribuido para vender a los turistas.

José Casademunt Torrens, 1804-1868, difundió en Cataluña, en alguna de sus obras y en su clases, el neogótico.

Elíes Rogent Amat 1821-1897, barcelonés que estudió en La Lonja, en la Escuela de Arquitectura de Madrid, y volvió a Cataluña, se inclinó netamente por el neogótico en la restauración del Claustro de Cugat del Vallés 1852; restauración del claustro de Montserrat 1854; Reconstrucción del claustro y monasterio de Santa María de Ripoll (en neorrománico revival); capilla de Santa Águeda del Palacio de la Corona de Aragón; la Universidad Literaria, futura Universidad de Barcelona 1863-1889(de estilo calificado de neorromántico, con guiños al románico catalán y al escurialense); Seminario Conciliar 1878; Cárcel Panóptica de Mataró 1863; pantano de Vallvidriera 1865; Casa Arnús 1868 (en Paseo de Gracia); Casa Almirall (en calle Pelayo de Barcelona); Museo de Cera de Barcelona.

Demetrio de los Ríos Serrano, 1827-1892, fue profesor de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla. En 1860-1880 dirigió las excavaciones de Itálica en Santiponce-Sevilla imponiendo la norma de no destruir nada, sino preservar todo lo posible. Colaboró en la reconstrucción de la Catedral de León, y en la reconstrucción de la Catedral de Sevilla, donde hizo la Puerta de la Concepción en neogótico perfecto. Así, la catedral de León se convirtió en una catedral gótica espectacular, puro gótico con un aspecto que nunca había tenido antes del XIX. La catedral tenía un retablo barroco, que fue sustituido por otro neogótico.

Federico Aparici Soriano, 1832-1917, construyó la Colegiata de Covadonga 1877-1901, y el Hospital de Carabanchel.

Elías Rogent y Amat reconstruyó el Monasterio de Santa María de Ripoll en 1865, y le salió una obra más romántica que románica, un románico idealizado.

Andrés Hernández Gallego reconstruyó el Monasterio de San Vicente de Ávila en 1850.

José Oriol Mestres Esplugues, 1815-1895, y August Font 1846-1921, hicieron la fachada neogótica de la catedral de Barcelona 1882-1895.

José Oriol Mestres Esplugues, 1815-1895, hizo también, en colaboración con Manuel Garriga Roca, 1804-1888, el Teatro del Liceo en 1847, el cual se incendió y desapareció en 1861.

José Segundo de Lema, 1823-1891, añadió un mirador gótico a su obra del Palacio Zabálburu (en la calle Marqués de Duero de Madrid).

Severino Achúcarro Mocoroa, 1841-1910, hizo eclecticismo y modernismo: Biblioteca Municipal de Bidabarrieta; Hotel Términus; Estación de Santander (en Bilbao); Edificio del Banco de Bilbao (en calle San Nicolás de Bilbao); Casa de los Chelines 1902 (en Castro Urdiales); Casino de Bermeo 1894.

 

 

 

 

[1] Miguel Egea, Pilar de.  “Del Realismo al  Impresionismo”. Historia del arte, Historia 16, nº 41, 1989.

Arnaldo, Miguel. “El Movimiento romántico”. Historia del Arte, Historia 16, nº 40, 1989.

Fernández Polanco, Aurora. “Fin de siglo:Simbolismo y Art Nouveau” Historia del Arte, Historia 16, nº 42, 1989

 Historia del Arte Español, dirigida por Joan Sureda y publicada por Akal en 1999, colaboran Enrique Arias Andrés, Juan Bassegorda Nonell, Cristóbal Belda,  Ana Guasch Ferrer, José Luis Morales Marín, Carlos Pérez Reyes, Wifredo Ramón García y José Luis Sancho Gaspar. Uno de los tomos es “Del Neoclasicismo al impresionismo”.

Rodríguez Cunill, Inmaculada, publicó Arquitectura del siglo XIX, en Liceus.

 Garcia Melero, José Enrique, Arte español de la Ilustración y del siglo XIX. En torno a la imagen del pasado. Editorial Encuentro, 2002

[2] Antigüedad del Castillo-Olivares, María Dolores. “Los ingenieros urbanistas en la España decimonónica”. Espacio , tiempo y forma. Historia del Arte t.10, 1997.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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