ARQUITECTURA: CARLOS IV-FERNANDO VII[1].

 

 

El neoclásico, del XVIII al XIX.

 

Una vez más, creo que para entender la situación española en un aspecto de la historia, debemos conocer la situación internacional:

El Neoclásico era un nuevo estilo que había comenzado en varias partes simultáneamente en la segunda mitad del XVIII: impactaron fuertemente las excavaciones de Herculano 1738 y Pompeya 1748, y aunque estas ruinas eran conocidas desde siglos antes y “no se descubrían” exactamente entonces, animaron a muchos a hacer copias del pasado greco-romano.

En 1745-1760, Giovanni Baptista Piranesi publicó grabados de las ruinas romanas, magnificando e idealizando la realidad que se podía contemplar en Italia.

En 1764, Johann Joaquim Winckelmann publicó Historia del Arte de la Antigüedad divulgando el arte clásico grecorromano.

En 1776, Gotthold Efraim Lessing publicó Laocoonte o Sobre los límites en la pintura y la poesía, defendiendo la superioridad de la antigüedad clásica sobre la actualidad del siglo XVIII.

 

En Gran Bretaña: Richard Boyle Lord Burlington, William Kent y Francis Fowke habían asombrado a la Corte en 1725 con su Chiswick House en Londres, y habían desencadenado una moda por el clasicismo mucho antes de las excavaciones de Pompeya. Y John Soane, 1753-1837, asombró al mundo con dos grandes edificios clasicistas, austeros pero grandiosos: el Banco de Inglaterra, construido a partir de 1788, y el Old Colonial Office de 1818-1823. El estilo de Soane, triunfó en toda Europa a principios del XIX.

 

En Francia: en el estudio de las formas geométricas que los clásicos habían trabajado, destacaron:

Ange Jacques Gabriel, en el Petit Trianon 1762-1764 y en otros edificios.

Etienne Louis Boullée que en 1783 concibió la posibilidad de construir la esfera como exterior arquitectónico no ensayado en la antigüedad, lo que proyectó en el Cenotafio de Newton (edificio funerario de Newton).

Jacques Germain Soufflot que levantó en París en 1764 el Panteón, en el más puro estilo neoclásico.

El estilo gustó tanto, que en 1823 se revalorizó en Francia la Maisson Carrée de Nimes, un edificio romano que hasta entonces no era demasiado apreciado. Se trataba de reivindicar la racionalización que había existido en el pasado, y quizás representa a la Ilustración. El neoclásico pervivirá hasta segunda mitad del XIX.

 

En Estados Unidos: el neoclásico se puso de moda con El Capitolio 1792-1859; El Capitolio de Virginia 1785-1792; La Universidad de Virginia; La Casa Blanca 1792-1800. Y tras esas construcciones, todo Estados Unidos, y América entera, se puso a edificar en clasicismo.

 

En Alemania: se sufrió la polémica entre el neoclasicismo y los estilos revival, triunfando los idealizantes griego, romano, etrusco y egipcio.

Friedrich Weinbrenner, 1766-1826, planificó la urbanización de Karlsruhe con edificios residenciales, iglesias, casas para burgueses, Ayuntamiento y puertas para la ciudad. Su proyecto no se realizó.

Karl Friedrich Schinkel, 1781-1841, reintrodujo el gótico idealizado con la Neue Wache 1816-1818 (Nueva Guardia) que es un frontón exástilo clásico, el Schauspielhaus 1818-1821, el Konzerthaus 1818-1821 (Sala de conciertos) donde puso una fachada-entrada con otro frontón exástilo para un edificio más bien barroco, y el Altes Museum (Museo Antiguo) 1823-1830, donde se atrevió a cubrir toda la fachada con 18 columnas jónicas, lo que es una recreación a partir del clasicismo griego. Incluso proyectó un nuevo palacio sobre la acrópolis de Atenas, para lo cual pensaba tirar todas las viejas ruinas del lugar.

Leo von Klenze que hizo la Gliptoteca de Munich en 1816 con un frontón octástilo jónico, y el Ermitage de San Petersburgo en 1839, que recrea los órdenes gigantes de Palladio a lo largo de inmensas fachadas.

 

Así pues, a fines del XVIII se estaba rompiendo con el barroco clasicista buscando efectos escultóricos singulares en cada edificio, de modo que hubiera ruptura con la unidad que parecía desprenderse del clasicismo barroco.

El neoclásico resultaba elegante, porque respetaba las líneas geométricas, hacía composiciones simples y prescindía de ornamentación, al tiempo que lograba un equilibrio de volúmenes admirable.

Cuando la gente pidió un poco más de decoración, los neoclásicos entendieron que el neogriego podía conjuntar la severidad del neoclásico puro, con un toque decorativo, sin hacer pintoresquismo, como por otra parte estaban haciendo John Nash y sus seguidores. El neogriego era mayestático y no necesitaba ser colosal, sino se podía hacer a precios bajos para cualquier dimensión.

Pero en ese momento, 1798-1815, triunfó Napoleón, y éste quería edificios colosales como La Madeleine, un templo neogriego que se había empezado en 1764 y que Napoleón mandó hacer mucho más espectacular y terminar las obras a partir de 1813 (en 1816, tras caer Napoleón, fue destinado a templo cristiano).

A principios del siglo XIX, el neoclásico era ya un modo de construcción muy de moda en Europa y América.

 

 

El neoclásico en España.

 

El estilo arquitectónico predominante en la primera mitad del XIX fue el clasicismo, o imperio de la razón al modo que lo habían mostrado las viejas culturas clásicas.

En España el estilo predominante en el XVIII había sido el barroco e incluso el rococó. El rococó era considerado por los academicistas un arte frívolo y cortesano, que trataba de revivir las fastuosidades de Luis XIV y Luis XV, los Borbones de moda, aunque los burgueses lo tuvieran que hacer en dimensiones más pequeñas que aquellos poderosos monarcas. Se hacían pequeños palacios, pabellones de caza, teatros. El exterior de estos edificios solía ser sencillo, pero el interior era desbordante: en los elementos arquitectónicos predominaba el rocaille, que era una acumulación de curvas y contracurvas, volutas y guirnaldas, decoradas en tonos pastel, blancos y dorados, en torno a un muro, un espejo, un vano, de modo que se llenaba todo el espacio hasta el hastío. El conjunto se completaba con muebles, espejos, lámparas, tapices, vajillas, porcelanas… en un todo que hoy nos parece agobiante. Todos estos detalles participaban de ese estilo de curvas y contracurvas. Los espacios vacíos del paramento se cubrían con cuadros de temas alegres e incluso picantes en tema sexual, aunque predominaban los viejos temas mitológicos y costumbristas idealizados, los bailes de disfraces, las aventuras amorosas, las fiestas…

En España, el neoclasicismo se fortaleció en la segunda mitad del XVIII mediante las Academias de Bellas Artes cuyos profesores fueron mayoritariamente de gustos neoclásicos:

En 1752 se creó la Academia de Bellas Artes de Madrid. Recibió Estatutos nuevos y fue refundada en 1757. En 1844 se segregó la Escuela de Nobles Artes, y en 1845 se constituyó la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid.

En 1753 se creó la Academia de Santa Bárbara en Valencia, la cual en 1768 pasó a denominarse Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos.

En 1771 se creó la Real Escuela de las Tres Nobles Artes de Santa Isabel de Hungría en Sevilla, la cual en 1843 se denominaría Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría.

En 1775 se creó la Escuela Gratuita de Diseño en Barcelona, la cual daba clases en el Edificio de La Lonja y es conocida como la “Escuela de La Lonja”. En 1850 se denominó Real Academia Catalana de Bellas Artes de San Jorge. Fue un semillero muy fructífero de arquitectos, de escultores y pintores.

En 1792 se creó la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Luis en Zaragoza.

Las academias declararon al barroco, y sobre todo al rococó, como una degeneración del arte. Este modo de construcción era propio de la iglesia y la alta nobleza. Y las academias pedían más racionalización y simplificación de las formas, un neobarroco clasicista. Unas formas más acordes con los valores burgueses, más clásicas.

El neoclásico se definía en las academias por la pureza de líneas, simetría, proporciones clásicas, menor decoración que en el barroco y mucha menos que en el rococó, y utilización a la vista de elementos clásicos como la columna, el capitel dórico o jónico, los frontones, las bóvedas y las cúpulas.

España, en la segunda mitad del siglo XVIII abandonó el barroco castizo para ir a un barroco clasicista, lo cual fue obra de las Academias. España se liberaba de los Churriguera y volvía sus ojos a Juan de Herrera, mucho más sobrio. Las Academias exigían equilibrio de volúmenes, tanto en la disposición de los espacios en el plano como en el alzado de los huecos arquitectónicos, y exigían también la elegancia sin necesidad de recurrir a decoración inútil.

En España, la obra de referencia para todo el Siglo XIX, que simboliza la evolución del barroco al clasicismo fue el Palacio Real, utilizando los órdenes gigantes de Palladio para cubrir todo su entorno. Lo proyectó Felipe Juvara, 1678-1736, pero este arquitecto murió en 1736 sin empezar las obras, las cuales se llevaron a cabo en 1738-1751 por obra de Giovanni Battista Sacchetti, 1690-1764, y Francesco Sabatini, 1722-1797. Sabatini ya mostró gustos clásicos en la Puerta de Alcalá, y en la fachada del Monasterio de San Joaquín y Santa Ana de Valladolid.

También le había hecho algunos guiños al clasicismo Ventura Rodríguez, 1717-1785, el cual terminó El Pilar de Zaragoza en 1751 y utilizó los órdenes griegos. También este arquitecto, en 1759-1762, insinuó los órdenes griegos en la Fachada de los Agustinos Filipinos de Valladolid, y en 1784 le puso una fachada tetrástila a la Catedral de Pamplona.

Pero se toman, como primeros edificios neoclásicos españoles, la Lonja de Barcelona (o Lonja del Mar) reconstruida en 1774-1802 por Joan Soler Faneca, Tomás Soler Ferrer y Joan Fábregas, cuyo aspecto exterior es neoclásico. Y el Museo de Ciencias Naturales o Gabinete de Historia Natural (hoy Museo del Prado) construido en 1785-1808, por Juan de Villanueva, así como el Observatorio Astronómico de Madrid, 1790- , del mismo arquitecto.

Los arquitectos españoles, en su trabajo de racionalización, debían también levantar planos de las ciudades españolas e intentar mejorar la salubridad de las mismas.   En algún caso, surgió polémica entre un arquitecto y el pueblo, como el caso Melchor del Prado Mariño, que quería empedrar y mejorar las calles de La Coruña, y los burgueses y Cabildo que querían mantener la ciudad como siempre había estado, y acusaron, en 1814, al arquitecto de afrancesado. Melchor de Prado es uno de los casos, que no el único, de esta intransigencia popular.

 

La gran arquitectura del XIX ya no estaba centrada sólo en las iglesias, de las cuales se construyeron decenas en el XIX, sino en edificios de uso público, y en servicios públicos. Las iglesias dejaron de ser mayoría de los edificios construidos. Los arquitectos españoles del siglo XIX, además de iglesias, hacían mercados, centros de enseñanza, carreteras, ferrocarriles, puentes, teatros, plazas y todo tipo de dotaciones sociales, cuyo alto  número hace que no sea conveniente elaborar una lista completa, pero hay que resaltar que cambiaron el aspecto de España, tanto dentro de las ciudades como en las comunicaciones.

Las nuevas funciones requerían nuevas formas arquitectónicas, a menudo con más espacio que los grandes edificios hasta entonces levantados. Una estación de ferrocarril terminal de una gran ciudad, o una gran fábrica requerían mucho espacio cubierto. Y la diversificación requería nuevos planteamientos urbanos (a los que dedicaremos un capítulo aparte). Los arquitectos encontraron soluciones en el hormigón armado y en el hierro. Pero eso corresponde a la segunda mitad del XIX.

El hecho fue, que las dotaciones que habían comenzado en el XVIII para las grandes ciudades, se generalizaron para ciudades pequeñas durante el XIX.

 

La arquitectura neoclásica no fue una mera imitación de los modelos grecorromanos, sino un estudio concienzudo del nivel técnico y cultural que habían alcanzado los clásicos, a fin de obtener resultados arquitectónicos espectaculares, como nunca antes los romanos los habían conseguido. Los edificios neoclásicos son de inspiración clásica, pero no pueden ser clasificados de “clásicos” auténticos. Se había progresado en matemáticas y física por un lado, y en materiales de construcción por otro, lo suficiente como para atreverse a superar los viejos modelos considerados durante mil años como insuperables. Como tal reinterpretación de lo clásico, cada arquitecto neoclásico tenía su propia personalidad. Los británicos se inspiraban más en los órdenes gigantes de Palladio, y otros en el clasicismo griego más equilibrado. El neoclasicismo era un arte racionalizado, pero no uniforme.

 

 

LOS ARQUITECTOS ESPAÑOLES DE FINAL DEL XVIII Y PRINCIPIOS DEL XIX:

La enumeración no es exhaustiva, pero sí suficiente para captar el momento arquitectónico. No incluyo comentarios. Me limito a dar unas listas de edificios y de autores, con los cuales cualquiera puede hallar en internet fotografías y comentarios artísticos.

 

El arquitecto de Carlos III y Carlos IV, que representa el final del barroco y transición al neoclásico había sido Ventura Rodríguez Tizón, 1717-1785, cuya extensa obra llenaba muchas regiones españolas. Este hombre apareció como colaborador de Filippo Juvara y de Giovanni Battista Sacchetti en las obras de Palacio Real. Y a partir de 1749 realizó una extensa obra, que culminaría con la inspección y revisión oficial de los planos y proyectos de otros arquitectos. Proyectó la Capilla del Palacio Real de Madrid; Iglesia de San Marcos 1749 de Madrid; Capilla de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza 1750; Transparente del Deambulatorio de la Catedral de Cuenca; decoración del Real Monasterio de La Encarnación 1755; Convento de los Agustinos Filipinos de Valladolid; Real Colegio de Cirugía de Barcelona 1761; Ayuntamiento de Haro 1769; Palacio de Liria 1770; Palacio de Altamira 1773; Palacio del Infante don Luis en Boadilla del Monte 1776; Palacio de la Mosquera en Arenas de San Pedro; Capilla Real del Santuario de San Pedro de Alcántara; Palacio Municipal de Betanzos; Plaza Mayor de Ávila; Hospital General de Madrid (museo Reina Sofía); fachada de la Catedral de Pamplona 1783; Sagrario de la Catedral de Jaén; Retablo Mayor de la Catedral de Zamora 1765; Ermita de San Nicasio en Leganés 1772; Casa de Baños de Las Caldas en Oviedo; Sanatorio de Trillo 1775; Cárcel de Brihuega; Iglesia de Nuestra Señora de La Asunción en Larrabezúa; Palacio de La Almanzora en Almería; Acueducto de Noaín 1792 (Navarra); Iglesia del Monasterio de Santo Domingo de Silos; y revisión de múltiples proyectos de iglesias en las provincias de Granada y Almería. La Obra de Rodríguez Tizón es una muestra de que España estaba llena de barroco y neoclasicismo.

En Barcelona, Joan Soler i Faneca, 1731-1794, hizo la fachada del Palacio de La Lonja 1774, en neoclásico-barroco, la Iglesia de Roda de Ter 1771, el Palacio Marc de Reus 1775.

Lucas Cintora, 1732-1800, hizo la iglesia de San Juan del Arrabal en Sevilla.

Juan Pedro Arnal, 1735-1805, escribió sobre el neoclasicismo e hizo la Casa del Conde de Baños en Plazuela del Ángel de Madrid; planos de la Iglesia de Santa María de Calatañazor y colaboró en edificios de Sanatnder.

José Alday Fernández y Juan Pedro Arnal, proyectaron la Aduana de Santander 1790 y el Hospital de Santander 1787 (hoy Parlamento de Cantabria).

Juan de Villanueva, 1739-1811, hizo el Gabinete de Ciencias Naturales (Museo del Prado). Desgraciadamente, Juan de Villanueva no simpatizó con José Bonaparte y se negó a colaborar con él, a lo que José I respondió dedicando el Gabinete de Ciencias a cuartel de sus tropas, lo cual degradaba el edificio de Villanueva.

Miguel de Olivares Guerrero, 1748-1813, se formó en la Academia de San Fernando y realizó la reforma de la Catedral de Cádiz, la Cárcel Real 1794, La Casa de los Pazos de Miranda 1795 (en Plaza de San Juan de Dios de Cádiz), el Oratorio de San Pedro 1801 (en Ubrique), la Ermita de San Juan de Letrán en Ubrique, el Ayuntamiento de Cádiz 1816, y el Oratorio de la Santa Cueva.

Ignacio Haan, 1750-1810, la Universidad de Toledo.

Lorenzo Alonso, de origen abulense, se instaló en Murcia donde intervino en la Iglesia de San Juan Bautista; La Iglesia de San Onofre 1793-1801 en Alguenzas, la Iglesia de San Lázaro en Alhama 1792, y la Iglesia de Santiago en Jumilla, en barroco con trazas de rococó. Proyecto de Cárcel de Muceros; Iglesia de Chinchilla (Murcia); proyecto de la Iglesia de Peñas de San Pedro en Cartagena 1791; Proyecto de la Iglesia de Yecla 1793; proyecto de la Iglesia de Águilas 1794; proyecto de la Iglesia de las Cárceles de Cartagena.

Ramón Alonso, hizo el proyecto del Convento de Dominicos de Écija.

Alfonso Álvarez Benavides hizo el Proyecto de la Casa Consistorial de Valladolid; Proyecto de Cárcel de Castro Urdiales 1791; Proyecto de la Casa Consistorial  y Cárcel de Cega; Proyecto de la Iglesia de Villanueva de Campo.

Fernando Domínguez Romay trabajó en La Coruña realizando La Aduana, y el Campo Santo 1812; el Proyecto de la Casa Consistorial de Puente de Eume 1803; y el Matadero de La Coruña 1804.

Felipe Guanzo de Zas 1780- , hizo la fachada del Convento de Santa María de la Enseñanza en Santiago.

José Torcuato Benjumea hizo el proyecto de Cárcel de Cádiz 1804; Cárcel de Algeciras; proyecto de Casa Capitular de Cádiz 1806-1807.

Guillermo Casanova hizo el proyecto de la iglesia de Villanueva del Río; proyecto del Ayuntamiento de Brihuega.

Juan Antonio Cuervo hizo el proyecto de la iglesia de Todos los Santos de Sevilla.

En Vitoria, Justo Antonio de Olarguíbel, 1752-1818, formado en la Academia de San Fernando, realizó la Plaza Nueva en 1781-1791, una plaza cuadrada y del estilo de las Plazas Mayores de Madrid o de Salamanca, que debía servir de mercado los días normales y de plaza de toros en las fiestas. Más tarde se le encargó unir el nivel del suelo de esa plaza con el casco viejo, mucho más arriba, pero Olarguibel abandonó el proyecto de Los Arquillos en 1799. También hizo la Fachada del Convento de la Magdalena 1793; el Pórtico de la Iglesia de Aberásturi en Vitoria 1801; la Casa de los Díaz Espada 1805 en Armentia.

Isidro González Velázquez, 1765-1840, fue otro arquitecto de Fernando VII, también neoclásico, que había viajado en 1790-1795 a Francia, Italia y Grecia para contemplar el clasicismo grecorromano y quedó impresionado por el dórico que encontró en Phaestum, lo cual fue fundamental en sus trabajos posteriores. Hizo la ampliación de la Casa del Labrador 1803 en colaboración con Villanueva, obelisco para el catafalco de Isabel I 1819, obelisco del Monumento a las Víctimas del Dos de Mayo 1822, algunos jardines y pabellones de El Retiro de Madrid, la fuente de Hércules y la fuente de Narciso en Aranjuez, y una remodelación del techo y de la capilla de El Prado. Siempre se quejó de que sólo le encargaran obras secundarias. Por fin, le encargaron la remodelación del entorno del Palacio Real de Madrid y planificó una plaza circular delante de la fachada oriental del Palacio, que por ello se llamaría Plaza de Oriente, y empezó a construirse en 1817. Al otro lado de la plaza se levantaría un Teatro Real que inició obras en 1818 y lo hizo Antonio López Aguado. Los proyectos de González Velázquez en Plaza de Oriente fueron remodelados varias veces y no queda apenas nada del proyecto inicial. Isidro González Velázquez, que tampoco simpatizaba con José I, emigró a Mallorca en 1808 y proyectó la urbanización de Palma de Mallorca, el llamado Paseo del Borne de Palma y el Jardín de La Lonja.

El Teatro Real de Madrid o Teatro de la Ópera, 1818-1850, fue proyectado e iniciado en 1818 por Antonio López Aguado, 1764-1831, y por Isidro González Velázquez sobre el solar del Teatro Caños del Peral, el cual fue derruido en 1817. La mayor parte de las obras fueron dirigidas por Custodio Moreno, 1780-1854 y Francisco Cabezuelo. Las obras se pararon muchos años y se reanudaron en 1831 por unos pocos meses, y se volvieron a suspender. Durante el parón de las obras, el edificio se utilizó como polvorín, salón de baile y cuartel de la Guardia Civil, e incluso como salón del Congreso de Diputados. Luis José Sartorius, conde de San Luis, decidió terminar el teatro a partir de 1847. El techo lo pintó Eugenio Lucas. La fachada de Plaza de Oriente es de Isidro González Velázquez. Se inauguró en 19 de noviembre de 1850 (la obra de inauguración fue La Favorita de Donizetti).

Pedro Manuel Ugartemendía, 1770-1835, fue el encargado de la reconstrucción de San Sebastián tras la guerra de 1808-1813, y para esta ingente tarea, tuvo por colaboradores a Juan Antonio Elósegui y a Silvestre Pérez Martínez. La obra que se considera más personal de Ugartemendía es el Ayuntamiento de Villafranca de Ordicia. También hizo el Teatro Principal de Pamplona, hoy conocido como Teatro Gayarre.

Antonio Celles, 1755-1835, organizó los estudios de Arquitectura en La Lonja de Barcelona.

Un arquitecto muy destacado de la época de Fernando VII había sido Silvestre Pérez Martínez, 1767-1824, el cual había sido afrancesado y se exilió en 1812, pero fue aceptado por Fernando VII en 1815 y cultivó el neoclásico como la Iglesia de la Asunción de Motrico 1789 y la Iglesia de Santa María de la Asunción de Bermeo 1820, el Teatro de Vitoria y el Ayuntamiento de San Sebastián 1828-1832 (hoy biblioteca municipal), y la Plaza de Santa Ana de Madrid. También proyectó el Viaducto de la calle Segovia de Madrid. También diseñó el Ayuntamiento de Bilbao.

A Silvestre Pérez le sustituyó, como Arquitecto de la Villa de Madrid, Antonio López Aguado, 1764-1831, también neoclásico: Palacio o Casino de la Reina en Glorieta de Embajadores de Madrid (hoy desaparecido); la Puerta de Toledo (en Madrid); el Palacio de Villahermosa (hoy Museo Thyssen); el Palacio de Fernán Núñez,; las primeras obras del Teatro Real (se haría en 1818-1850); diseño del Parque de El Capricho en Madrid y realización del Salon de Baile (el palacio lo haría su hijo más tarde). También hizo el Real Sitio de la Isabela (hoy bajolas aguas del pantano de Sacedón, en Guadalajara); los Baños de la Reina de Solán de Cabras.

Martín López-Aguado, 1796-1866, hijo de Antonio López Aguado, que realizó el Palacio de la Alameda de Osuna 1834-1844 (lo pagó Pedro Alcántara y Téllez de Girón XI duque de Osuna). El primer parque existente en este espacio y el palacio lo proyectó Pablo Boutelou en 1787, con jardines diseñados por el francés Jean Baptiste Mulot, pero en 1808 fue cuartel de las tropas de Agustín Belliard y en 1815 hubo de ser reconstruido. Entonces se le encargaron las obras a Antonio López Aguado, que diseñó el parque e hizo el Salon de Baile, y por fin las tomó Martín López Aguado, quien en 1834 empezó el Palacio y terminó el parque); proyectó en 1843 El Palacio del Conde de Vistahermosa entre las calles Fuencarral nº97, San Andrés y Divino Pastor de Madrid. Se abrió en 1853 para Ángel García conde de Vistahermosa. El Palacio de Fernán Núñez en la Calle Santa Isabel 45 de Madrid, lo hizo Martín López-Aguado y se abrió en 1847. José Marañón lo transformó en 1898 en el Colegio de María Inmaculada.

Andrés Coello, 1805- , hizo el proyecto del Ayuntamiento de Gijón y el Ayuntamiento de Llanes, y el Teatro Jovellanos de Gijón; Cárcel de Pola de Laviana; Casa de Baños de Fuensanta de Nava.

 

 

LOS REVIVALS DEL XVIII AL XIX.

 

Al mismo tiempo que el neoclásico, estaban surgiendo en Europa los revivals.

En inglés prefieren la palabra revival, y en español el prefijo neo para los estilos que recrean otros del pasado. El estilo neoclásico convivió con el revival desde mediados del XVIII. Y al comienzo del XIX estaba en auge la arquitectura de los revivals. Los estilos revival son fruto de un estudio minucioso de un arte del pasado, y más bien un edificio concreto del pasado, estudio del que salen edificios perfectos que nunca existieron en la época correspondiente a ese estilo. El revival puede ser considerado romanticismo.

El romanticismo era ante todo un movimiento de rebelión contra lo establecido. Pero no llegó a ser un movimiento unitario, sino que cuando hablamos de romanticismo, nos referimos al conjunto de protestas, cada una de ellas diferente, que surgieron a fines del XVIII y principios del XIX.

En arquitectura, se oponían al clasicismo barroco y al neoclasicismo, porque ambos estilos, defendidos en las Academias, significaban normas que se estaban exigiendo duramente. Los nuevos arquitectos querían demostrar que se podían hacer cosas bellas aun infringiendo las normas academicistas. Una protesta paralela a la romántica también fue el biedermeier o disposición de disfrutar de las pequeñas cosas década día y saltarse las prohibiciones morales que les acogotaban. Otra protesta fue el pintoresquismo, y más tarde el historicismo constructivo.

En el arte neo, principalmente hablamos de revivir el gótico, pero también el griego, el románico y el mudéjar y el bizantino. Pero el más utilizado fue el neogótico. El gótico se identificaba con la fuerza de lo irracional, de lo nacional frente al imperialismo napoleónico, como la protesta contra los códigos legales del nuevo liberalismo. Por ello fue el estilo más practicado como revival.

Paralelamente a los revivals, en literatura antes de 1770, tenemos también un prerromanticismo literario, que se convierte en romanticismo a partir de 1770 con Goethe, Bernandin de Saint Pierre y Pierre Choderlos de Laclos y el Sturm und Drang alemán. Goethe escribió en 1772 Acerca de la Arquitectura Gótica en defensa de la arquitectura medieval.

 

El austriaco Johann Bernhard von Erlach, 1656-1723, había escrito en 1721 Ensayo de una arquitectura histórica, tratado en el que compendiaba una serie de edificios de distintas épocas y civilizaciones, siempre mejorados por su imaginación, que descubrían a los europeos unas bellezas arquitectónicas distintas a las que se hacían en Europa.

En 1749-1763, Horacio Walpole construyó cerca de Londres la Strawberry Hill House, un palacio neogótico que causaba la admiración popular y cuya influencia se prolongó muchos años. Así que el inicio del neoclasicismo en 1729 no está lejos del inicio del romanticismo en 1749 en arquitectura. Pero el romanticismo estuvo dormido hasta principios del siglo XIX, cuando los europeos se cansaron de la dominación napoleónica y sus imposiciones por la fuerza.

En 1789, George Dance el Joven, 1741-1825 había añadido una fachada de gusto gótico a un edificio gótico, el Guildhall (antiguo Ayuntamiento de Londres), y poco antes había hecho reformas la Iglesia de San Bartolomé (Great St Barts en Londres) con formas recuperadas del gótico.

En 1789-1790, Carl Gotthard Langhans, 1733-1808, había reconstruido en Berlín en gótico una iglesia gótica, la Marienkirche. En 1788-1791, Carl Gotthard, construyó la Puerta de Brandenburgo en Berlín, una estructura neoclásica griega.

En 1796, James Wyatt construyó la Fonthill Abbey en estilo neogótico idealizado. También hizo clasicismo idealizado en Dodington Park, 1798-1808, una villa calificada de “pintoresca”, pues añadía detalles de otros estilos a gusto del arquitecto.

Y Napoleón dio un impulso definitivo a la arquitectura, pues encargó remodelar todas sus residencias, las cuales fueron enriquecidas con motivos griegos, egipcios y pompeyanos. Los arquitectos fueron Charles Percier, 1764-1838, y Pierre François Leonard Fontaine, 1762-1853, los cuales idearon además hacer una calle porticada  en París, Rue Rivoli, pórticos que se ampliaron más tarde en el XIX. Y enseguida París se llenó de estructuras romanas: Jacques Gondouin y Jean Baptiste Lepere levantaron la Columna Vendome en 1806-1810. Charles Percier y Pierre François Fontaine hicieron el Arco del Carrousel en 1806-1808, y Jean François Chalgrin hizo el Arco de Triunfo de Place de L`Etoil en 1806-1837.

La ciudad europea más influenciada por el arte neo a principios del XIX fue San Petersburgo: allí, el francés Thomas de Thomon hizo La Bolsa en 1804-1816, Andrej Dimitrievich Zajarov, 1761-1811, hizo el Almirantazgo en 1806, y Karl Ivanovich Rossi, 1775-1849, hizo el Palacio Miguel en 1819, y el cerramiento del Palacio de Invierno. Y además, Rossi hizo una planificación urbanística con plazas y monumentos urbanos e iglesias, que dieron a la ciudad un aspecto majestuoso.

En esos mismos años, Italia derribó su Plaza de San Marcos en Venecia, en 1810, y G. M. Soli, 1745-1822, proyectó su remodelación y también comenzó a construir la Piazza del Popolo en Roma, luego remodelada en neoclásico.

 

 

El pintoresquismo.

 

En 1811-1826, John Nash, 1752-1835, realizó su planificación urbana en el West End de Londres. Para ello, creó una gran zona verde, el Regents Park (sobre una finca de la Corona), y creó varias hileras de casas aterrazadas, las cuales tenían diseños “pintorescos” es decir, exóticos. Alrededor del parque proyectó viviendas, calles y plazas, con distintas calidades de edificación, lo cual iba a dar lugar a su adquisición por distintas clases sociales. Por medio de todo el proyecto, discurría la Regent Strett, una avenida en sentido norte-sur, con edificios públicos y algunas plazas como Picadilly Circus y Oxford Circus. También proyectó que toda esa avenida tuviera aceras porticadas, pero ese proyecto encarecía la construcción y no se realizó nunca. Una de las casas pintorescas que más llamó la atención fue el Brigton Pavilion, construido en 1815-1823, que era un palacio de cúpulas indias en medio de Londres. John Nash construyó también en otras partes, villas medievales, villas italianas del Renacimiento.

Este gusto por lo “pintoresco” y exótico dio comienzo a la corriente romántica en arquitectura: La imaginación arquitectónica se desbordó en la construcción de jardines que daban la mayor libertad al arquitecto, y así, podían aparecer en medio de ellos pagodas chinas, templos clásicos griegos, mezquitas turcas, falsas ruinas góticas, columnas romanas… El final del XVIII fue prolífico en este tipo de jardines por toda Europa y Norteamérica. En España, hay poco de ello, excepto El Capricho de la Alameda de Osuna en Madrid, proyectado por Jean Baptiste Mulot y ejecutado por Martín López Aguado.

A principios del XIX, Friedrich Ludwig Sckell, 1750-1823, proyectó un “jardín inglés” para Munich. A continuación, Peter Joseph Lenné, 1789-1866 hizo un conjunto de parques para Postdam, cuyas obras se iniciaron en 1816. El británico Humphry Repton, mientras tanto, estaba construyendo más de un centenar de jardines en Gran Bretaña.

 

 

Planteamientos morales de primera mitad del XIX.

 

En 1800-1840 triunfó en Europa, sobre todo en Austria y Alemania, de donde tomó nombre, el biedermeier. Se trataba de una manera de pensar burguesa de gozar de la vida, de los placeres sencillos y cotidianos, del vodevil y de la comedia burlesca, de los retratos, de cuadros de paisajes, de escenas hogareñas en pintura y literatura. Lo importante era hacer amena la vida. Éste era el modo de pensar predominante en época de Fernando VII, un modo de pensar bastante irracional. Era una primera reacción romántica contra la austeridad impuesta por la Ilustración primero y el autoritarismo de Napoleón más tarde. Y después de 1830, el realismo fue una nueva reacción contra todo ello, incluido el biedermeier.

Simultáneamente a la biedermeier, en 1800-1830 tenemos romanticismo francés literario, que fue romanticismo pleno cuando aparecieron Chateaubriand, Lamartine, Madame de Stäel y Víctor Hugo. Junto a ellos, podemos citar a los británicos George Byron y Walter Scott. Estamos hablando de un cansancio tanto del racionalismo ilustrado como del liberalismo, y sobre todo del biedermeier. La Ilustración había dicho que iba a liberar a la humanidad de las irracionalidades, de los privilegios no justificables, pero en cien años no había sido capaz de hacer algunas reformas importantísimas, aunque había hecho otras que a nosotros actualmente nos parecen de mucho peso pero a los que vivían el principio del XIX no les parecían tanto. Igualmente, el liberalismo había propagado ideales de igualdad y libertad, pero los hombres de principios del XIX sólo veían imperialismo y autoridad. Las libertades concretas no acababan de llegar. Si la racionalidad no era suficiente para traer la libertad, tal vez hubiera que ensayar la irracionalidad, tal vez incluso la muerte fuera más racional que la vida. El romanticismo nacía como movimiento de protesta contra el poder establecido, contra las potencias del Tratado de Viena. Los románticos de 1815-1830 estaban cómodos en la oposición al poder, se sentían contentos cuando les acusaban de estar a la contra del poder.

Y en arquitectura ocurrió otro tanto, reivindicando en arquitectura el arte medieval como libertad, y acusando al clasicismo de despotismo de la razón. Los románticos se identificaron con los revival. Les gustaba principalmente el neogótico, pero también el neogriego, neorrománico, neomudéjar. Y esos estilos convivían con el neoclásico y neobarroco.

Entendían que libertad y orden eran elementos contrapuestos al igual que lo eran sentimiento y razón, porque la ilustración y el liberalismo, con el pretexto del orden y la racionalización, estaban acabando con la libertad. Los románticos llegaron a interpretar libertad como desorden en todos los ámbitos, el personal y el social y político. Defendían que el sentimiento era un valor humano tan válido como la razón.

En Alemania, el símbolo del neogótico fue la catedral de Colonia. En 1824 se reanudó la construcción de la catedral gótica de Colonia, cuyas obras terminaron en 1880. Se reiniciaba el romanticismo arquitectónico alemán. Algunos románticos alemanes declararon que el gótico era el arte alemán por excelencia. El romanticismo arquitectónico reivindicaba el arte medieval, donde cada artista se expresaba libremente, frente al arte clásico grecorromano, sometido a unas normas muy rígidas por las academias.

Hay que tener en cuenta que el clasicismo pretendía renovar la sociedad desde la racionalidad, y el romanticismo la pretendía renovar desde el sentimiento individual irracional, pero ambos estaban de acuerdo en renovar la vieja sociedad de la Edad Moderna plagada de desigualdades por privilegios. Los clásicos superaban las reglamentaciones de los gremios mediante la actuación centralista del Estado. Los románticos la superaban dando más importancia a la individualidad y a la libertad personal. Los primeros dieron lugar al neoclasicismo y los segundos al romanticismo.

En 1850 existía ya un cansancio del romanticismo, cansancio de pintores que se evadían de la realidad y se decían románticos, cuando el romanticismo había sido una protesta contra la realidad política y social de su tiempo y no simplemente una moda social. Plantearon que había que denunciar los problemas sociales y políticos palpitantes, y ello dio lugar en los años siguientes al realismo. Los arquitectos abandonaban el revival gótico. El realismo va ligado a los socialismos y a la racionalización de segunda mitad del XIX.

 

 

EL NEOGÓTICO ESPAÑOL.

 

El neogótico se hizo abundante en España a mediados del XIX. Pero tenía antecedentes sobrados desde fines del XVIII:

Antonio Ponz Piquer, 1725-1792, escribió en 1792-1794 Viage por España y con ese libro levantó todo un mito sobre las catedrales de Burgos, Toledo y León. Y además se puso de moda el gótico. Antonio Ponz fue Secretario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Isidoro Bosarte, 1774-1807, escribió en 1807 Viaje Artístico a varios pueblos de España con el juicio de las obras de las tres nobles artes que en ellos existen, y redescubrió también el gótico para los españoles. Bosarte dijo que era un arte persa traído a Europa por los alemanes y llevado a Italia, Francia y España.

Gaspar Melchor de Jovellanos, 1744-1810, mientras estaba preso en Bellver (Mallorca), se ocupó de estudiar el gótico, la catedral y la lonja de Mallorca, y se hizo admirador del gótico, lo cual añadió apoyo a los nuevos simpatizantes del gótico.

Posteriormente, Juan Miguel de Inclán Valdés, 1774-1853, publicó en 1833 Apuntes para la Historia de la Arquitectura… y reivindicó el gótico como un arte que se debía apreciar más.

 

 

[1] Miguel Egea, Pilar de.  “Del Realismo al  Impresionismo”. Historia del arte, Historia 16, nº 41, 1989.

Arnaldo, Miguel. “El Movimiento romántico”. Historia del Arte, Historia 16, nº 40, 1989.

Fernández Polanco, Aurora. “Fin de siglo:Simbolismo y Art Nouveau” Historia del Arte, Historia 16, nº 42, 1989

 Historia del Arte Español, dirigida por Joan Sureda y publicada por Akal en 1999, colaboran Enrique Arias Andrés, Juan Bassegorda Nonell, Cristóbal Belda,  Ana Guasch Ferrer, José Luis Morales Marín, Carlos Pérez Reyes, Wifredo Ramón García y José Luis Sancho Gaspar. Uno de los tomos es “Del Neoclasicismo al impresionismo”.

Rodríguez Cunill, Inmaculada, publicó Arquitectura del siglo XIX, en Liceus.

 Garcia Melero, José Enrique, Arte español de la Ilustración y del siglo XIX. En torno a la imagen del pasado. Editorial Encuentro, 2002

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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