LA PRENSA ESPAÑOLA DE ÉPOCA ISABELINA.

 

El 4 de enero de 1834, Javier de Burgos hizo un nuevo Reglamento de Imprenta suprimiendo la censura previa excepto para temas religiosos y políticos. Es decir, una postura intermedia entre la sostenida por el absolutismo y el liberalismo de entonces. Impuso la necesidad de licencia del Ministerio de Fomento para publicar los periódicos, lo cual era más bien la idea absolutista de Carlos IV y Fernando VII. Este Reglamento se modificaría bien pronto, en 17 de julio de 1834, volviendo a poner la censura previa y exigiendo a los editores un depósito o fianza con el que hacer frente a las posibles sanciones de la censura. La situación era prácticamente la misma que en el absolutismo. Y la situación no cambiará con la llegada de los progresistas, pues el 22 de marzo de 1837 los gobernantes confirmarán este decreto de fianza previa de los editores. El único cambio “progresista” se introdujo en 17 de octubre de 1837 imponiendo que los delitos de imprenta fueran juzgados por un jurado, y no por un tribunal del Estado, y que hubiera derecho de réplica.

Los periódicos de la época eran empresas ruinosas, sostenidas por un empresario-político que quería difundir unas ideas, y duraban lo que estaba dispuesto a gastar ese empresario, unos meses, tal vez un par de años. Excepcionalmente, algunos periódicos permanecieron más tiempo en la calle porque tuvieron apoyos gubernamentales. No podemos citarlos todos. Es una larga lista de la que sólo cito algunos de los que me han ido saliendo en mis lecturas, pero hubo muchos más.

 

En la Década Ominosa, la prensa había sido de tipo romántico, pues muy poco se podía publicar y opinar. Entre las publicaciones de esta época tenemos:

En 1823 se abrió en Barcelona un periódico literario llamado El Europeo. En él publicaría Aribau en 1833 su Oda a la Patria.

En 1828, Mariano José Larra sacó El Duende Satírico, y en 1831 El Pobrecito Hablador.

El más liberal de los periódicos de esta época era El Boletín de Comercio abierto en 1830 por César Hipólito Bacle, que daba información comercial y de tráfico marítimo. En 1832, Bacle lo vendió, y se hizo cargo del periódico el liberal exaltado Fermín Caballero Morgáez el cual cambió la cabecera y se llamó El Eco del Comercio.

 

En época de la Regencia de María Cristina, los periódicos más notables fueron:

En abril de 1834 apareció El Eco del Comercio, que era de Mariano Paz García, pero sus artículos seguían siendo de Fermín Caballero, Joaquín María López y Ángel Iznardi, y seguía siendo progresista. Surgía a partir del Boletín del Comercio que había funcionado de 1832 a 1834 y también había sido progresista. El progresismo hay que entenderlo en su dimensión real, que no siempre coincide con una imagen utópica y desprendida: en la práctica, todos los periodistas se beneficiarían de la desamortización de Mendizábal comprando baratas las fincas, y todos apoyarían a Espartero en 1839-1840 para conservar estas posesiones, y El Eco del Comercio tuvo así su mejor época, pero luego se pondrán contra él por sus modos dictatoriales. El Eco del Comercio dejó de publicarse en 1849.

También en 1834 salió El Mensajero de las Cortes, y lo publicó Evaristo San Miguel durante dos años, siendo una voz de los progresistas.

El Artista fue publicado a partir de 1835 por Eugenio Ochoa y Federico Madrazo.

El Semanario Pintoresco fue publicado en 1836, por Mesonero Romanos, para la divulgación científica y literaria.

La Revista Europea la publicó, en 1837, Andrés Borrego, para dar a conocer, traducidas al español, cosas publicadas en Europa. La Revista Peninsular salió en 1838 sustituyendo a La Revista Europea, y también la llevaba Andrés Borrego.

La Revista de Madrid se publicó en 1838-1845, José Pedro Pidal y encontró colaboradores como Donoso, Lista, Martínez de la Rosa, Alcalá Galiano. Era un periódico de los moderados.

En conclusión, la prensa de opinión política libre, estaba todavía muy limitada en la época 1833-1840.

 

Figura periodística destacable de la época 1833-1854 fue Andrés Borrego, 1802-1891. Nacido en Málaga, marchó a Madrid en 1810 por causa de la muerte de su padre, y cayó en manos de un afrancesado, lo que les llevó al exilio en 1814, en París. Regresó a Málaga en 1818 y colaboró en el golpe de 1820. En 1823 se volvió a exiliar. En Francia descubrió el periodismo en Le Constitucionel en 1828 y en Le Temps en 1830 colaborando a favor de la revolución orleanista de 1830. En este año escribió un periódico para ser distribuido en España, El Precursor, y regresó en 1834, creó El Español en 1835-1836, La Revista Europea en 1836-1837, El Correo Nacional en diciembre de 1837, y La Revista Peninsular en 1837. En 1841 se hizo antiesparterista y optó por el conservadurismo puritano, tuvo que huir de España y dejó El Correo Nacional en manos de Sartorius. Regresó a España en 1844 y al año siguiente abrió El Español, un periódico puritano que buscaba la alianza de moderados y progresistas y criticaba duramente a Narváez. En 1854 estuvo en el golpe contra Narváez y en 1858 se marchó durante diez años de España, dedicándose en Londres a escribir.

 

La época de Espartero

En los años 1839-1843, eran fervientes defensores de Espartero:

La Gaceta de Madrid.

El Centinela.

El Patriota.

El Espectador.

Son periódicos aduladores de Espartero, el líder progresista que era tan autoritario y personalistas como cualquiera de los líderes moderados, y por ello causó la decepción de los españoles a partir de 1841, cuando se constató la verdadera manera de ser de Espartero.

 

La época de Narváez.

En 1844 aparecerá en Madrid un periódico llamado El Clamor Público, dirigido y fundado por el liberal Fernando Carradi, que vivió de la crítica al moderantismo. Corradi era hijo de un guardia de Corps italiano. Con esta política, tuvo un bajón en 1854-1856, periodo de gobierno liberal, y en 1856 decidió pasarse a Unión Liberal para aprovechar el momento, lo cual fue un error que le hizo decaer junto al partido al que apoyaba, de modo que, cuando en 1860 pretendió pasar a su idea inicial de crítica al moderantismo desde posiciones liberales, ya no tendrá ventas y desaparecerá en 1864. El Clamor Público, fue fundado como diario (excepto los lunes) y en 1846 pasó a llamarse El Clamor Público, Periódico Liberal, manteniéndose hasta octubre de 1864.

En 1845, Francisco Pacheco y los puritanos (moderados más de izquierdas) escribieron en La Patria” hasta que en 1851 el periódico fue comprado por el general Pavía, y Pacheco fue despedido.

En 1844 los carlistas lanzarán un diario llamado La Esperanza”, dirigido primero por Pedro de la Hoz y por Vicente de la Hoz Linares después, con colaboración de Francisco Hevia, Luis del Barco, Vicente de la Fuente, González Médel, Antonio Monescillo, Nicolás García Cuesta. Trataba temas de bolsa, prensa, espectáculos y actualidad política, defendiendo siempre posturas integristas y las glorias del carlismo. Desaparecería en 1870.

La Época, fue órgano de expresión de la cúpula del partido unionista, había sido fundado en 1848 siendo Diego Coello su propietario hasta 1866 y José Ignacio Escobar marqués de Valdeiglesias a partir de esa fecha. Era un diario vespertino. Diego Coello era una persona afín a Pidal y a Mon, del Partido Moderado sección narvaísta, y antes de dirigir La Época, ya había dirigido El Heraldo y el Faro. Pero su triunfo llegó dirigiendo La Época. Eran redactores Álvarez Bugallal, Pedro Antonio de Alarcón, Escobar, Navarro Rodrigo, Ramón de Navarrete, García de Quevedo, Fernández Manrique, y Junco. Pero lo principal de este periódico era que O`Donnell escribía en él y que el periódico escribía artículos que expresaban la visión de Unión Liberal sobre cada tema concreto. Luego, los principales artículos, el 70% del periódico, eran polémicas entre progresistas y moderados de Unión Liberal, flexibles en sus opiniones, dejando el resto del periódico para temas de información general y una crónica de sociedad que llevaba Ramón Navarrete. El periódico daba muy poca información de lo que hoy entendemos que deben ser las noticias, pero estaba concebido para ser leído durante mucho tiempo, a veces meses después de salir a la calle. En épocas posteriores gestionaron el periódico el duque de Sesto y Escobar, que se hicieron liberales conservadores en el Sexenio Democrático 1868-1874 y alfonsinos en época de la Restauración. La Época se vendía en toda España por suscripción. No se vendía en la calle. Costaba 12 reales, que era el jornal de dos días de un obrero. Los primeros años atacó a Bravo Murillo y a los últimos Gobierno moderados, y estos Gobiernos denunciaban al periódico y lograban recoger los números a la venta e incluso suspender el periódico. En 1854 se puso de parte de Unión Liberal, reconociéndolo públicamente.

El Diario Español, había sido moderado narvaísta en el pasado y era calificado por el Diario de Barcelona como de frondosidad demasiado escabrosa. El Diario Español era propiedad de los hermanos López Roberts y estaba dirigido por Juan Álvarez Lorenzana, los cuales empezaron como moderados resellados, pero enseguida se convirtieron en odonnellistas. Era calificado de “escabroso de estilo” y de gran frondosidad.

 

Periódicos progresistas templados (progresistas más de derechas) de época de Narváez fueron:

  La Nación, era un periódico elitista, que había sido importante en años precedentes y vivía de su prestigio por encima de todo.

Las Cortes, era el periódico de Juan Bruil Olliarburu, un esparterista, director de la Caja de Descuentos de Zaragoza.

 

La época de Unión Liberal, 1856-1868:

Había periódicos directamente pagados por el Gobierno de Unión Liberal a través del Ministerio de Gobernación:

  El Reino, donde escribía Francisco Giner de los Ríos, el autor de la Institución Libre de Enseñanza, y Juan Pérez de Guzmán.

El Constitucional servía para que escribieran Gaspar Núñez de Arce y Juan Antonio Rascón.

La Correspondencia de España pertenecía a Ignacio José Escobar (futuro marqués de Valdeiglesias y futuro propietario de La Época) y era el órgano oficioso del Partido Unión Liberal porque escribían en él varios ministros. Apareció en 1859 en Madrid, creado por Manuel María de Santa Ana, e incorporaba la novedad de venderse por las tardes en la calle por vendedores callejeros. Tenía pretensiones apolíticas, pero ese mismo año daba su apoyo a Unión Liberal y en 1869 apoyó a Montpensier para el trono. Su pretensión de hacer noticias rápidas y amenas, sin mucha elaboración, crítica ni opinión, no dejó de ser un buen propósito general, pues hubo opiniones políticas. En 1909 se mostraría contrario a las huelgas socialistas. Así que era un periódico conservador. Constaba de cuatro páginas de gran formato, la 1ª de información extranjera, 2ª de información de Madrid, 3ª de información de provincias, y 4ª de anuncios y esquelas. En 1864 llegó a ser el periódico de más difusión de España y en 1870 tiraba más de 50.000 ejemplares diarios, de los que 20.000 eran vendidos cada tarde en las calles de Madrid. Hacia 1880, El Liberal y El Imparcial empezaron a hacerle competencia y quitarle clientes, pasando este periódico una crisis, de la que se recuperó a partir de 1906 aceptando opiniones y artículos de políticos importantes y personas conocidas. Para entonces llegó a tirar 135.000 ejemplares diarios de 8 páginas de gran formato. En 1914 se declaró aliadófilo, y la crisis de después de la guerra le fue mal, pues en 1920 sólo tiraba 80.000 ejemplares y empezaba a perder dinero por pérdida de ventas, hasta desaparecer en 27 de junio de 1925.

Otros periódicos locales unionistas eran:

El Clamor Público,

La Política,

La Crónica,

El Día.

Occidente, era una gacetilla que buscaba un término medio en todos los problemas y no se comprometía en nada.

El Diario de Barcelona era el órgano de expresión de Joan Mañé y Flaquer y Manuel Durán y Bas, la voz de la burguesía catalana.

También actuaron a favor de los Gobiernos unionistas:

El Contemporáneo,

El Gobierno,

La Época.

 

Periódicos moderados de 1856-1868:

Pedro Egaña defendía a María Cristina en La España. Era un periódico dogmático y con aires de superioridad.

El Sur era ingenioso y arrogante.

El Parlamento mantenía una polémica moderada y cortés.

Ramón de Campoamor escribía en El Estado, y desde allí criticaba a O`Donnell acusándole de ignorancia y poniendo de relieve sus errores de dicción y de sintaxis española, errores que eran constantes y que él llamó “filfas”. También publicaba las muchas contradicciones entre lo que decía un día y lo que había dicho poco antes.

El León Español era el órgano de expresión de Narváez, se publicaba en Córdoba.

El Contemporáneo pertenecía a un grupo de jóvenes moderados, su director era José Luis Albareda, y colaboraban Juan Valera, Antonio María Fabié, Gustavo Adolfo Bécquer.

 

Periódicos católicos:

El Padre Cobos era el refugio de muchas personalidades que ocultaban su nombre a la hora de escribir. Fundado por José Selgas Carrasco, era ultraconservador y neocatólico.

  El Pensamiento Español, fue fundado por Francisco Navarro Villoslada, en 1860, para defender el catolicismo español tradicionalista. Ya en 1836-1857 había dirigido el periódico de Ramón Mesonero Romanos, Semanario Pintoresco Español, y en 1842 El Arpa del Creyente. Francisco Navarro Villoslada era un navarro que había estudiado filosofía y teología en Santiago de Compostela, estudios típicos de clérigos, y luego hizo Leyes en Madrid. En 1840 entró a trabajar en La Gaceta y en el Ministerio de Gobernación. Y colaboró en múltiples periódicos, como El Correo Nacional, El Español, El Padre Cobos, Semanario Pintoresco, El Siglo Pintoresco, La España, El Parlamento, La Fe, La Ilustración Católica, siempre defendiendo tesis neocatólicas. En 1860, además de crear El Pensamiento Español, se hizo líder del Partido Tradicionalista, es decir, del carlismo.

La Estrella, era el típico periódico católico, manso de estilo, pero defendiendo el catolicismo integrista más allá de lo razonable.

La Regeneración, era un periódico que atacaba a todos los demás. Los carlistas hablaban en sus periódicos de catástrofes y castigos divinos que iban a sobrevenir por el pecado de liberalismo.

La Esperanza, era un absolutismo más abierto que los otros absolutistas y se dedicaba a hacer sarcasmo sobre noticias de otros periódicos.

Periodista destacado en el integrismo católico fue Gabino Tejado Rodríguez, 1819-1891, empezó en su pueblo, Badajoz, en el periódico El Extremeño, se mostró católico integrista, y pasó a colaborar con Navarro Villoslada en El Padre Cobos y en El Pensamiento Español.

 

Periódicos progresistas de 1856-1868:

El Clamor Público, era la típica línea de oposición desesperada que protestaba por todo y mostraba descontento por todo.

Las Novedades, era un periódico de gran tirada y de mucha energía en sus argumentos. Gestionado por Fernández de los Ríos, defendía siempre las opiniones de Olózaga

La Iberia era un periódico de los progresistas más revolucionarios, era dirigido por Pedro Calvo Asensio y en él colaboraban Sagasta, Manuel Ruiz Zorrilla y Carlos Rubio. El periódico se distinguió ante todo por sus ataques a Narváez.

 

Periódicos demócratas de 1856-1868:

La Soberanía Nacional,

La Voz del Pueblo era un periódico que exageraba en todas las expresiones, y trataba de exaltar los ánimos.

La Discusión era el periódico de los demócratas, era dirigido por Rivero y en él colaboraban Castelar, Cristino Martos, Pi y Margall.

  El Pueblo era un periódico demócrata dirigido por Eugenio García Ruiz, su lenguaje era procaz y propio del pueblo bajo al que se dirigía.

 

Periódicos menos comprometidos con los partidos políticos eran:

El Correo Universal.

La Correspondencia de España 1859-.

El Imparcial. (Publicado en 1820-23 como liberal moderado) a partir de 1867 como menos comprometido.

El Diario Mercantil de Madrid.

El Periódico Universal se publicó en 1849-1857 y era de tipo cultural.

El Museo Universal de 1857, era también cultural.

La América es de 1857, quincenal, publicado por Eduardo Asquerino e inició el sistema de venta por suscripción.

La Crónica de Ambos Mundos fue de 1860.

El Semanario pintoresco español, se editó en 1836-1846 y en 1846-1857 y este periódico editaba literatura.

 

 

 

 

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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