NARVAÉZ DE OCTUBRE DE 1849 A ENERO 1851.

 

 

Gobierno Narváez

         20 octubre 1849 – 10 enero de 1851.

 

Presidente, Ramón María Narváez Campos, duque de Valencia.

Estado, Pedro José Pidal Carniado.

Gobernación: Luis José Sartorius Tapia conde de San Luis, / 19 septiembre de 1850: Manuel Seijas Lozano (Interino) / 8 de octubre de 1850: Luis José Sartorius Tapia.

Guerra, Francisco de Paula Figueras Caminals, marqués de la Constancia / 23 agosto 1850: Mariano Roca de Togores Carrasco, marqués de Molins (interino) / 28 de agosto 1850: Francisco de Paula Figueras Caminals.

Marina, Mariano Roca de Togores Carrasco, marqués de Molins.

Gracia y Justicia, Lorenzo Arrazola García.

Hacienda, Juan Bravo Murillo / 29 noviembre 1850: Manuel Seijas Lozano

Comercio, Instrucción y Obras Públicas, Manuel Seijas Lozano / 29 de noviembre de 1850: Saturnino Calderón Collantes.

 

 

Relaciones internacionales.

 

Las relaciones internacionales estaban cambiando: Gran Bretaña exigió una conducta constitucional de los gobernantes españoles y ello provocó la ruptura de relaciones diplomáticas. Por contra, los países absolutistas como Austria, Prusia y los Estados Pontificios sí reconocían a Isabel II, después de haber negado su legitimidad en años anteriores y haber apoyado a los carlistas.

Estados Unidos hizo desembarcar en Cuba al independentista venezolano Narciso López de Urriola en Cárdenas (Cuba), pero el pueblo cubano no le siguió y los desembarcados fueron detenidos y juzgados. Estados Unidos presionó para libertar a Narciso López, y éste volvió a preparar otro desembarco el 11 de agosto de 1851, pues al fin y al cabo no era más que un hombre del general Quitman y actuaba a sus órdenes.

 

El Gobernador Provincial.

 

El 28 de diciembre de 1849 se creó la figura del Gobernador Provincial, sumando en ese funcionario las obligaciones del Jefe Político y las del Intendente. La figura del Jefe Político provincial había sido preconizada por las Cortes de Cádiz y, en la Constitución de 1812, había sido definida como jefe superior que presidía el Gobierno de una provincia y la Diputación Provincial, a fin de buscar la prosperidad del territorio. El 23 de junio de 1813 una ley definió las competencias del “Jefe Político” y de la Diputación, pero el cargo se extinguió en 1814 y apenas tuvo repercusiones. Un nuevo decreto de 23 de febrero de 1823 trató sobre el régimen provincial, pero también duraría poco tiempo pues en mayo-junio de 1823 se reinstauró el absolutismo. Este decreto promulgaba como funciones del “jefe político”: presidir la diputación Provincial; comunicar con los ayuntamientos; comunicar con el Gobierno de la nación; comunicar con el Ministerio de Gobernación (Interior) del que dependía. También decía que el Gobernador era nombrado por el Rey por tiempo indeterminado y podía ser revocado por el Ministerio de Gobernación. El 23 de octubre de 1833 se nombraron “Subdelegados de Fomento” en todas las provincias. En 13 de mayo de 1834 se denominaron Gobernadores estos subdelegados de Fomento. Y por fin, el 28 de diciembre de 1849 se creó la figura del “Gobernador Provincial”.

 

 

Renovación administrativa en 1850.

 

En 1850, el ministro conde de San Luis, mejoró el servicio de correos dando la posibilidad de pagar por adelantado el envío, y creó para ello el sello de correos voluntario. Los sellos se hicieron obligatorios en 1854 para cartas dobles y en 1856 para todo tipo de correspondencia.

El 7 de mayo de 1850 Juan Bravo Murillo impuso un sistema de contribuciones por amillaramiento de las fincas: una junta pericial de cada pueblo, integrada por miembros del ayuntamiento y representantes de los mayores contribuyentes, elaboraban unas cartillas valorando el rendimiento de cada finca del pueblo, declaraban las fincas que pertenecían a cada vecino, su uso y superficie y le aplicaban un coeficiente de productividad a la finca. Este inventario es lo que se llamaba amillaramiento. La contribución se pagaba por superficie poseída multiplicada por el coeficiente del amillaramiento. El sistema era dado a la corrupción por ocultación de fincas y por rebaja del coeficiente, cosa posible al ser los grandes propietarios los que hacían el amirallamieno, o corrompiendo a la junta de amillaramiento. Los errores se estiman en un 40%, lo que indica un nivel de fraude fiscal muy elevado. El sistema estuvo vigente hasta que en 1895 se empezó a elaborar un catastro.

La Ley de Contabilidad de Bravo Murillo en 1850 es la que creó definitivamente el término “ministerio”, hasta ahora confundido con Secretarías y subsecretarías, pues dio autoridad al Ministro sobre las Subsecretarías Generales. Por ejemplo, el Ministerio de Hacienda tenía autoridad sobre los Subsecretarios Generales de Dirección General de Hacienda Pública; Dirección General de Impuestos Directos e Indirectos; Dirección General de Contabilidad; Dirección General de la Deuda; Dirección General de lo Contencioso. Además, esta Ley de Contabilidad creaba una Caja General de Depósitos, de forma que el Estado tenía recursos propios sin necesidad de acudir a los bancos privados cada vez que se necesitaba un dinero. El proyecto fracasó, pero fue un buen intento a retomar en el futuro. Los antiguos ministros del siglo XVIII, eran funcionarios al servicio del Secretario de Despacho. Los nuevos ministros, a partir de 1850, eran la autoridad máxima dentro de su tema de despacho.

En 1850 se crearon las Escuelas de Náutica. El antecedente de estas escuelas son los pilotos preparados por la Casa de Contratación de Sevilla y la Academia de Matemáticas de Madrid. También habría que tener en cuenta la labor del colegio de San Telmo de Sevilla que recogía niños huérfanos y les daba estudios para piloto naval. En el XVIII surgió la Academia de Guardias Marinas de Cádiz y en 1777 las de Cartagena y El Ferrol, seguidas por escuelas para la marina mercante aparecidas en 1769 en Barcelona y 1790 en La Coruña. En 1844 había aparecido el Colegio Naval Militar (que a partir de 1911 sería llamado Escuela Naval Militar).

En 1850 la Universidad de Madrid pasó a denominarse Universidad Central.

 

 

Realizaciones de Narváez en obras públicas.

 

Terminó las obras del Palacio del Congreso y del Teatro Real.

Hizo la Plaza de Oriente.

Remodeló la Puerta del Sol.

Promovió los “ensanches” de Barcelona y Valencia.

Introdujo el franqueo postal en los envíos de Correos.

Inauguró el ferrocarril Barcelona-Mataró y aprobó el inicio de otras muchas líneas.

Inició muchos trabajos en carreteras y puertos.

Creó la Escuela de Ingenieros de Montes.

Inició una repoblación forestal.

Dio autoridad a Bravo Murillo para la reforma de la Administración de manera que se evitara la corrupción en la provisión de cargos.

Reglamentó los derechos de autor.

Reformó y humanizó las cárceles.

Autorizó a Molins a hacer un Plan Naval para construir barcos de guerra a vapor.

 

 

Ley del ferrocarril de 1850.

 

En 20 de febrero de 1850, el Gobierno de Narváez cambió de táctica en materia de comunicaciones y decidió apoyar al ferrocarril. Hasta entonces había tenido prioridad la carretera. Las únicas construcciones ferroviarias hasta la fecha eran La Habana-Bejucal de 19 de noviembre de 1837, y la Barcelona-Mataró de 28 de octubre de 1848. Elaboró un plan de ferrocarriles con un trazado único, del que hacía concesiones de algunos tramos a los particulares, concedía subvenciones y garantizaba el 6% de interés durante el tiempo de construcción de la línea y el 1% durante el tiempo de amortización. Uno de los beneficiados por las nuevas concesiones fue José Salamanca, el más importante especulador español del siglo XIX, tanto en el ferrocarril como en la edificación de viviendas en Madrid en lo que se sigue llamando hoy “barrio de Salamanca”.

Las concesiones ferroviarias habían sido todo un escándalo, pues la Reina Madre, María Cristina, y sus amigos recibieron la mayor parte de estas concesiones que inmediatamente se disponían a vender, haciendo un negocio especulativo bárbaro (1847). Ello significaba que raramente se pretendía hacer el ferrocarril, sino más bien especular con su realización. Algunas concesiones como la Barcelona-Mataró de 1843 y la Madrid-Aranjuez tardaron muchos años en iniciar obras, e inauguraron en 1848 Barcelona, y en 1851 Madrid.

En 28 de octubre de 1848 se inauguró la línea de ferrocarril Barcelona-Mataró, cuyas obras se habían iniciado en 1847. Esta línea que se prolongó en 1857 hasta Arenys de Mar, y en 1859 hasta Tordera.

Se logrará inaugurar la línea Madrid-Aranjuez en 9 de febrero de 1851, segundo ferrocarril peninsular, tras el Barcelona-Mataró de 1848. La obra la había empezado Pedro de Lera, pero la abandonó. La retomó José de Salamanca en 1846 y la abandonó en 1847. Se retomó en 1849 y se inauguró en 9 de febrero de 1851.

A partir de 1850, y dado el nuevo plan de subvenciones, el negocio consistía entonces tanto en recibir muchas concesiones para revenderlas, como en construir muchos kilómetros y recibir muchas subvenciones.

El plan de construcciones de ferrocarril empeoraría mucho financieramente para España a partir de la ley de 3 de junio de 1855, hecha por los progresistas, cuando se dieron concesiones a empresas sin garantías de capital e incluso en periodo de constitución de la empresa, y se aumentaron las subvenciones estatales más allá del límite de lo racional. Así que se construyó deprisa y barato, sin tener en cuenta las necesidades reales del país sino los beneficios de las compañías constructoras. El ferrocarril español estaba destinado a la ruina, no podía ser un negocio sostenible a largo plazo y, en cuanto perdía las subvenciones estatales, tendía a la quiebra. El éxito de que se trazasen muchas líneas a partir de 1855, debe ser matizado por el problema financiero creado.

 

 

El carlismo en 1850.

 

Carlos VI hacía vida conyugal en Londres con Adeline Horsey, lo cual era un escándalo para los curas y frailes españoles que defendían el carlismo integrista católico. El matrimonio era absolutamente preciso en la ortodoxia católica y la convivencia fuera del matrimonio un pecado imperdonable. Entonces Carlos VI abdicó en su hermano Juan, el 30 de mayo de 1850.

Juan se había casado en 1847 con María Beatriz de Austria Este y había tenido dos hijos, Carlos en 1848 y Alfonso en 1849.

Carlos VI fue a ver a Adeline Horsey en junio de 1850, riñeron y se separaron, tal vez porque Adeline no aceptaba la renuncia al trono de su amante. Entonces Carlos VI volvió a reclamar la jefatura carlista. La princesa de Beira y la duquesa de Berry le buscaron una nueva esposa, la napolitana María Carolina de Borbón, con la que se casó en julio de 1850 y se fueron a vivir a Nápoles. El escándalo se contuvo, pero no se evitó.

En conclusión, el carlismo estaba moralmente debilitado y en horas bajas.

 

 

El nacionalismo español.

 

A partir de 1848 debemos introducir en la historia de España el factor del sentimiento nacional. En principio, un nacionalismo español o conservador. Posteriormente, y a partir de 1892, los nacionalismos interiores como el catalán, el vasco y el gallego. El catalán y el vasco se enclavaban en las dos regiones más ricas de España, donde unos burgueses defendían no ceder recursos al Estado Central. El nacionalismo gallego era más romántico y se basaba en su lejanía en comunicaciones hacia el resto de España y en su aislamiento interior de unos pueblos gallegos respecto a los otros, cultivando el idioma diferenciador del resto de España y unificador de las aldeas gallegas, en una especie de protesta o de queja continuada.

Los Gobiernos europeos temían al nacionalismo porque habían visto el problema italiano de 1848 a 1860. Incluso Narváez en 1860 se negará a reconocer a los Saboya, cosa que no puede explicarse por la excomunión que hizo la Iglesia Católica sobre ellos, porque ésta excomunión fue ya en 1870 y Narváez había muerto en 1868. Los Saboya eran todavía vistos como revolucionarios peligrosos, y Francia tenía, hasta 1870, un destacamento militar en Roma para que no se les ocurriera atacar la ciudad.

Los Gobiernos occidentales cultivaban el nacionalismo conservador. Este nacionalismo viene representado en España por el historiador Modesto Lafuente. Modesto Lafuente había nacido en 1806 y su principal mérito fue escribir, entre 1850 y 1867, 25 volúmenes de la Historia General de España, que fueron completados con cinco volúmenes más escritos por Juan Valera, Andrés Borrego y Antonio Pirala, llegando la obra hasta finales del siglo XIX. Esta obra creará la mayor parte de los tópicos, muchas veces subjetivos de Modesto Lafuente, que se enseñarán en las escuelas e institutos, e incluso universidades españolas, durante el XIX y el XX. Modesto Lafuente trataba de superar la historia escrita por el Padre Mariana 250 años antes, e hizo una historia valorando y desvalorando los hechos con sentido de adoctrinar al lector: Magnificaba Sagunto y Numancia, se enorgullecía de la ascendencia goda de los españoles a la que atribuía el ansia de libertad, ensalzaba a los cristianos frente a la “maldad” de los musulmanes, exaltaba a los Reyes Católicos, pero rechazaba la Inquisición, admiraba a los comuneros porque representaban, según él, las libertades castellanas, despreciaba a Carlos V por extranjero, defendía a Felipe II, elogiaba la Ilustración, exaltaba a los guerrilleros de la Guerra de la Independencia y repulsaba a Fernando VII. La enseñanza de la historia se complicará en España porque, frente a estos tópicos completamente subjetivos del nacionalismo español, los nacionalismos interiores españoles se fabricarán sus propias historias convenientemente modificadas a favor de su ideología, de su propio subjetivismo.

La obra de Lafuente es importante como signo de una época porque, inmediatamente, aparecieron, entre 1857 y 1869, media docena de historias de España, exaltando los valores de España. Tal vez, el imperialismo de O`Donnell debe situarse en este ambiente nacionalista, cuando se atrevió a empresas tan descabelladas como las guerras de la Cochinchina, Santo Domingo, Marruecos, Chile, y Méjico. También en este ambiente de nacionalismo hay que entender el paniberismo de la Constitución federal de Pi i Margall de 1873.

En realidad, Lafuente no será superado hasta la aparición en 1892 de la Historia General de España de la Real Academia, esta vez al servicio de la ideología de Antonio Cánovas del Castillo. Frente a esta ideología conservadora, surgirán otras historias de signo socialista, comunista y anarquista, al servicio de sus propias ideologías y nuevas historias nacionalistas interiores. Una historia más independiente, no se escribirá hasta el último tercio del siglo XX.

 

 

El enfrentamiento Ríos Rosas – Bravo Murillo.

 

El 31 de agosto de 1850 hubo elecciones. Eran unas elecciones fáciles para Narváez y no debería producirse ninguna crisis. Pero las cosas fueron de otra manera: Ríos Rosas discutió seriamente con Bravo Murillo, Ministro de Hacienda. La causa de la discusión fueron los presupuestos para 1851. Ambos líderes moderados, llegaron a un duelo a pistola por un tema de impuestos.

Antonio de los Ríos Rosas, 1812-1873, era un malagueño que había estudiado Derecho en Granada y militaba en el grupo ultramoderado de oposición a Narváez, dentro del mismo Partido Moderado. Tras los Gobiernos progresistas de 1854-1856, se hizo más liberal, y a partir de entonces tuvo algunos cargos de Gobierno importantes en Unión Liberal.

 

 

Crisis de Gabinete de noviembre de 1850.

 

Con el desarrollo industrial, comercial, bursátil, bancario y ferroviario, se había multiplicado el dinero circulante en España, pero no había aumentado la recaudación de Hacienda, porque Hacienda seguía cobrando impuestos a la agricultura y al consumo, y dejaba relativamente libres otras posibles fuentes de ingresos e incluso las subvencionaba. Por el contrario, los gastos de Hacienda se incrementaban constantemente dando subvenciones a los industriales, comerciantes y constructores de vías ferroviarias. La sensación de los españoles era que había mucha corrupción en el Gobierno, pues a unos se les daba más y no se les cobraba nada, y a otros se les seguía cobrando lo mismo.

Bravo Murillo, Ministro de Hacienda, solicitó una reducción de gastos públicos y además, envió un plan contra la corrupción administrativa. Entonces se le opusieron los Ministros de Gobernación, Marina y Guerra, que no aceptaban recortes en sus presupuestos respectivos.

En 29 de noviembre de 1850, Bravo Murillo dimitió. Su marcha del Gobierno hizo mucho daño a Narváez de quien se dijo en la calle que Narváez era el protector de los corruptos.

 

 

Crisis del Gobierno Narváez en diciembre 1850.

 

Los moderados monistas o de centro se rompieron en dos grupos, porque Juan Bravo Murillo no aceptó que Narváez empezase a saltarse las leyes cada vez que lo consideraba oportuno, lo cual daba la razón a los puritanos, otro grupo dentro de los moderados discrepante de Narváez que venía denunciando lo mismo hacía tiempo y se consideraban moderados de la izquierda del Partido Moderado. Bravo Murillo, era católico ultramoderado, la derecha del Partido Moderado, pero pensaba que el Gobierno debía cumplir sus propias leyes y hacer ferrocarriles, carreteras, puertos y todo tipo de infraestructuras al servicio de los ciudadanos.

En la discusión de los presupuestos de 14 de diciembre de 1850, los presupuestos para 1851, Donoso Cortés hizo un discurso contra Narváez. Criticaba al Gobierno por despilfarro.

Donoso Cortés tuvo la ingenuidad de hacer un discurso sobe “el estado de España” en 30 de diciembre de 1850. Era un alegato contra la corrupción. Su tesis era que Narváez era honesto, pero muchos de sus colaboradores eran corruptos, un viejo argumento que se utiliza a favor de los reyes, papas, dictadores y gobernantes en general desde hace siglos. El argumento era ya en sí una torpeza, pero la forma de decirlo fue peor: exageró diciendo que todo era corrupción en España y exageró en el lenguaje apocalíptico usado. Era verdad que había corrupción y estaba muy extendida y generalizada. Pero Donoso Cortés aprovechó su discurso para lucirse con muchos adjetivos y muchas frases rimbombantes.

El discurso de Donoso Cortés disgustó a varios ministros. Martínez de la Rosa le pidió pruebas concretas de lo que decía, insinuaba o denunciaba. Narváez se sintió vejado y presentó su dimisión. Isabel II se tomó 11 días antes de aceptar la dimisión de Narváez, y por fin nombró a Bravo Murillo Presidente del Consejo de Ministros el 14 de enero de 1851.

Narváez interpretó que Donoso era un mensajero de María Cristina, cerró las Cortes el 7 de enero de 1851 y dimitió el 10 de enero de 1851.

 

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *