SOTOMAYOR, PACHECO Y GARCÍA GOYENA EN 1847.

 

 

 

Los seis Gobiernos de 1846-1847.

 

De febrero de 1846 a octubre de 1847, en poco más de año y medio, hubo en España seis Gobiernos: Miraflores, de 12 febrero 1846 a 16 de marzo de 1846; Narváez, de 18 de marzo de 1846 a 4 de abril de 1846; Istúriz, de 5 de abril de 1846 a 28 de enero de 1847; Sotomayor, de 28 de enero de 1847 a 28 de marzo de 1847; Pacheco, de 28 de marzo de 1847 a 31 de agosto de 1847; y García Goyena, de 31 de agosto de 1847 a 4 de octubre de 1847. Incluso un hombre fuerte como Narváez estuvo en un Gobierno 19 días. De los tres primeros ya nos hemos ocupado en 19.13.9 y 19.13.11.

Esta sucesión tan rápida de Gobiernos era fruto de:

La desestabilización generada tras la ruptura de relaciones con Gran Bretaña y el apoyo de ésta a los progresistas españoles en sus ideas de levantamientos.

El enfrentamiento entre moderados y progresistas por el matrimonio de Isabel II.

A las veleidades de la Reina por su lado y del Rey por el suyo.

A los manejos de una Camarilla insensata y presuntuosa que intentaba gobernar el país (los religiosos embaucadores y reaccionarios Fray Fulgencio y Sor Patrocinio).

A las intrigas de la Reina Madre María Cristina. María Cristina estaba en París y no podía manipular al Gobierno directamente, pero ello no conducía a más estabilidad, sino al contrario. Podía apoyar con su dinero a los hombres de Narváez.

A la actitud intrigante del Rey Consorte. Francisco de Asís, el rey consorte, ya había abandonado Palacio Real y había roto con la Reina. Vivía en El Pardo, lejos de la Reina. Se limitaría en adelante a aceptar una gran suma de dinero por cada hijo que le nacía a Isabel II, y a cambio, reconocía al bebé como suyo.

A la fragmentación del Partido Moderado en tendencias, cuyos líderes se comportaban como irresponsables (Balmes llegó a decir en 1846, que en el Partido Moderado había tantas tendencias como individuos). Cada uno buscaba sus propios intereses sin reparos morales y todos trataban de acusar a los demás con argumentosa sucios, repugnantes. Todos opinaban que podrían alcanzar el poder acusando a los demás, desprestigiando a los demás.

Unos u otros acababan con cada Gobierno de turno con sus críticas. Todos acudían a Palacio a pedir la destitución del Gobernante. Todos los Gobiernos fueron impuestos por algún grupo liberal, pero como los partidos se habían roto en facciones, cada Gobierno era una lucha de una facción contra todas las demás, las de su partido y las de la oposición.

Y a todo ello contribuían las malas cosechas de 1846 y 1847, y el problema de Hacienda que ahogaba las iniciativas de cualquier gobernante. Los precios tendían al alza por escasez de alimentos, y la demanda para la industria era escasa. Las inversiones se habían paralizado.

En 1847, en plena división del partido moderado, la facción más importante, más coherente, del partido eran los puritanos, es decir, los más próximos a los progresistas.

La situación se solucionó en 1848, cuando los moderados volvieron a unirse ante el peligro común de perder el Gobierno de una manera definitiva, y llamaron a Narváez para que les liderase de nuevo.

 

 

 

GOBIERNO DUQUE DE SOTOMAYOR, II MARQUÉS DE CASA IRUJO,       28 enero 1847 – 28 marzo 1847.

 

Presidente del Consejo, Carlos Martínez de Irujo y Mckean Tacón y Ermitage, VII duque de Sotomayor, II marqués de Casa Irujo y vizconde de San Carlos.

Estado, Carlos Martínez de Irujo.

Gracia y Justicia, Juan Bravo Murillo.

Guerra, Manuel Pavía Lacy marqués de Novaliches como titular, pero en realidad ejercía Félix María Messina interinamente / 9 de febrero de 1847: Manuel Pavía Lacy / 15 febrero 1847: Marcelino Oráa Lecumberri.

Marina y Gobernación de Ultramar, José Baldasamo / 15 febrero 1847: Alejandro Oliván Borruel

Comercio, Instrucción y Obras Públicas, Mariano Roca de Togores y Carrasco, marqués de Molins (ministerio de nueva creación)

Hacienda, Ramón Santillán González.

Gobernación del Reino para la Península e Islas Adyacentes, denominado a partir de 5 de febrero Ministerio de Gobernación del Reino, Manuel Seijas Lozano.

En 28 de enero de 1847 se creó el “Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras Públicas”, precedente del Ministerio de Fomento, poniendo a su frente a Mariano Roca de Togores, tres meses, y después a Bravo Murillo, que estuvo en el puesto dos años y ganó mucha popularidad en ello. El Ministerio creó un plan de enseñanza, reformó las Reales Academias de la Lengua, Historia, Medicina, Ciencias Naturales, Leyes, fundo las Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, hizo un plan de canales, bosques y agricultura, y arregló las carreteras de Madrid a Badajoz, Madrid a Valencia, y Soria a Navarra.

Ramón Santillán González, Ministro de Hacienda, fusionó el Banco de San Fernando con el Banco de Isabel II resultando el Banco Español de San Fernando, el cual a partir de 1857 se convertiría en Banco de España. La intención de Santillán, en la fundación de este banco, era conseguir 200 millones de reales para pagar a 50.000 hombres que lucharan contra los carlistas sublevados.

 

Sotomayor formó Gobierno con narvaístas y puritanos. Sus condiciones eran respetar la Constitución y las leyes, respetar el papel del Parlamento y mantener una actitud de moderación y templanza a fin de conseguir la colaboración de todos en la solución de los problemas de España. La crisis económica estaba en momento culminante y el Estado no tenía recursos para ningún proyecto político.

Sotomayor era un moderado que fue nombrado Presidente del Gobierno por su actitud conciliadora entre el puritano Istúriz y el general Serrano, el cual estaba originando un problema de Estado: El general Francisco Serrano Domínguez estaba relacionado sentimentalmente desde 1846 con Isabel II, era su amigo de compañía, su bonito y su amante. Él tenía entonces 36 años y ella 16. Isabel estaba casada con Francisco de Asís de Borbón y Borbón, pero contra su voluntad, pues Francisco era homosexual, y quizás por ello se había unido a Serrano. El conflicto fue solucionado en 1848 enviando a Serrano a Granada y, más tarde a Rusia. Serrano se hizo progresista y apoyó el golpe de 1854. En 1856 apoyaría el proyecto de Unión Liberal, pero fue enviado a Cuba. Serrano se haría importante a partir de 1868 cuando fue Regente de España, y 1874 cuando fue Presidente de la Primera República española.

En el Congreso había tres grupos, los moderados tradicionales o doctrinarios, los moderados puritanos y los liberales progresistas. Los puritanos intentaban una gran coalición con uno de los dos otros grupos, lo cual les daría la mayoría, pero no lograron llegar a un acuerdo ninguno. Los puritanos actuaban como árbitros y querían la unión de todos los liberales, y ello resultó imposible. La crisis fue larga.

 

 

Guerra civil en Portugal.

 

En febrero de 1847, España decidió intervenir en Portugal. Los moderados españoles decidieron apoyar al Gobierno de Lisboa, ultramoderado, frente al de Oporto, progresista. El Gobierno de Lisboa pidió ayudas a Londres, invocando la Cuádruple Alianza.

El Gobierno de Oporto era el de los llamados “septembristas”, porque se habían rebelado en septiembre de 1836 por la Constitución de 1822. El Gobierno de Lisboa era el de los llamados “cartistas”, porque preferían la Carta Otorgada de 1826.

Francia y España se dieron cuenta de que Portugal iba a caer en manos de Gran Bretaña y pusieron todo su empeño en que los británicos no actuaran presencialmente en Portugal.

Los moderados españoles, tampoco querían el triunfo de los septembristas, de signo progresista. No creían que ello favoreciera sus intereses en España, pues los septembristas apoyarían a los intentos progresistas de reunir ejércitos en la frontera portuguesa.

En febrero de 1847, España preparó un ejército con cinco batallones, cuatro escuadrones y dos baterías, y lo colocó a 10 leguas de la frontera portuguesa (55 kilómetros aproximadamente).

El 19 de abril de 1847, el embajador británico en Madrid y el Ministro de Estado portugués llegaron a un acuerdo para que las tropas españolas pudieran intervenir en Portugal. Su objetivo sería forzar un acuerdo entre septembristas y cartistas.

La Cuádruple Alianza envió a Portugal al brigadier Marqués de España y al coronel británico Fitch, los cuales se entrevistaron con el portugués vizconde de Sa da Bandeira y con el Conde de Mello, jefes de las tropas portuguesas al sur del Tajo. Las entrevistas tuvieron lugar en Évora y en Setúbal. Fueron un fracaso. Mientras tanto, Gran Bretaña había enviado barcos de guerra a Oporto a fin de convencer a la Junta Revolucionaria allí instalada para que suspendiera sus actividades.

Tras los fracasos de las entrevistas de Évora y Setúbal, los diplomáticos de España y Gran Bretaña fueron a hablar con el ministro portugués de Asuntos Extranjeros, con el que llegaron a un acuerdo, el cual fue ratificado por Palmerston en Inglaterra, Istúriz en Madrid, conde de Jacnac por Francia y Barón de Moncorvo por Portugal, el 21 de mayo de 1847. El acuerdo consistía en que se enviarían barcos de guerra británicos y españoles a las costas portuguesas, y que las tropas españolas serían las que entraran en Portugal en nombre de la Cuádruple Alianza, para cooperar con el ejército de María de la Gloria, es decir, de los cartistas o liberales conservadores portugueses, muy conservadores, al estilo de Martínez de la Rosa en España.

Efectivamente, en junio de 1847, durante el Gobierno Pacheco en España, Manuel Gutiérrez de la Concha entró en Portugal con 12.000 hombres y se dirigió a Oporto, el cuartel general de los rebeldes o septembristas, que eran liberales más progresistas. El 29 de junio, De la Concha y los septembristas llegaron a un acuerdo, Convención de Gramido, que ponía fin a la guerra civil portuguesa.

El Acuerdo de Gramido no gustó al Gobierno español, ni al británico, ni al francés. No se había contado con ninguno de los Gobiernos citados y nadie había impuesto sus condiciones. Pero todos aceptaron los hechos consumados.

 

La guerra civil portuguesa se había originado cuando en 9 de septiembre de 1836 Francisco Soares Caldeira, oficial de la Guardia Nacional, se había sublevado y proclamado la Constitución progresista portuguesa de 1822. El 10 de septiembre de 1836, los Diputados del norte, o de Oporto, y la Guardia Nacional, habían exigido la vuelta a la Constitución portuguesa de 1822, de signo liberal progresista. La acción había sido preparada desde cuatro años antes por Bernardo Sa de Nogueira de Figueiredo (futuro marqués de Sada Nogueira) y por Manuel de Silva Pasos. La Reina, líder de los cartistas, ultramoderados, había enviado soldados contra Oporto, pero éstos se habían unido a los sublevados.

El 11 de septiembre de 1836 lograron que la Reina jurara la Constitución de 1822 y que José Manuel da Cunha Meneses Faro Portugal Gama Carneiro y Sousa, IV conde de Lumiares fuera nombrado Jefe de Gobierno. Con Lumiares, estaban los líderes liberales Manuel de Silva Passos y el vizconde Sa da Bandeira. Era ministro de Justicia, Vieira de Castro; de Hacienda, vizconde Sa de Bandeira; de Relaciones Exteriores, Sa de Bandeira; de Marina, Vasconcelos Correia; y de Estado, Manuel de Silva Passos.

El 12 de noviembre se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes.

Inmediatamente, la Reina organizó la “Belenzada”, un Gobierno alternativo ultraconservador en el Castillo de Belen, que destituyó al Gobierno del conde de Lumiares. El Gobierno de Lumiares no dimitió, y el golpe de la Reina fracasó. El nuevo Gobierno, presidido por el Vizconde Sa de Bandeira, insistió en las elecciones constituyentes y logró reunir Cortes constituyentes en enero de 1837. Esas Cortes estuvieron reunidas hasta abril de 1838.

Aprovecharon los miguelistas portugueses, absolutistas, el descontento de los ultramoderados que apoyaban a la Reina y se sublevaron el 13 de mayo de 1837. Fracasaron. Pero el 12 de julio se sublevaron también los mariscales portugueses en Extremoz, Castelo Branco y Torres Novas, movimiento llamado “de los enojados”. Empezó la guerra civil.

En 1840, Pedro II de Brasil, intentó poner fin a la guerra portuguesa proponiendo algunas reformas liberales en Portugal, pero el Parlamento de Portugal, muy conservador, no aceptó ninguna reforma.

En 1842, se convirtió en líder de los ultraconservadores portugueses, Costa Cabral (futuro conde de Thomar). Era Gran Maestre masón y amigo de Narváez. Estaban en contra suya: los burgueses portugueses porque les ponía impuestos altos; el británico Howard de Walden; y los miguelistas absolutistas, los ultracatólicos que aprovecharon los decretos de Costa Cabral que disgustaban al pueblo: la prohibición de entierros en las iglesias para hacerlo en cementerios fuera de poblado, y el nuevo sistema de contribuciones rústicas, para hacer propaganda de sus ideas. Los miguelistas tuvieron seguidores sobre todo en el norte, igual que los septembristas.

Las revueltas lograron la dimisión del Presidente del Gobierno, duque de Terceira y de Costa Cabral conde de Thomar. Se nombró Presidente al duque de Palmela.

Para España, la caída de ese Gobierno liberal progresista portugués suponía que los progresistas exiliados españoles, que se habían refugiado en Portugal, cerca de la frontera española, perdían su apoyo.

En verano de 1846, se sublevaron los miguelistas portugueses y crearon un tercer bando en lucha. Los otros dos eran los ultramoderados y los liberales progresistas.

Palmerston acusaba al embajador español en Lisboa, González Bravo, de favorecer la sublevación miguelista.

En 5 de octubre de 1846 los septembristas, publicaron su programa político o “programa del septembrismo”: la Reina María II se convertía en Reina constitucional y perdía la soberanía.

Ante el manifiesto septembrista, el 6 de octubre de 1846, el Gobierno del marqués de Saldanha en Lisboa, suspendió las garantías constitucionales y la libertad de prensa, y disolvió la Guardia Nacional que era el apoyo principal de los liberales.

La ciudad de Oporto se sublevó y erigió una Junta Superior Gubernativa el Reino bajo el liderazgo del conde das Antas y de Manuel Silva Passos. Varias ciudades portuguesas siguieron el ejemplo de Oporto y formaron “Juntas”.

Entonces, el marqués de Saldanha solicitó la intervención de España invocando el Tratado de la Cuádruple Alianza. Istúriz llevó un ejército español a la frontera portuguesa, pero no se atrevía a atacar hasta saber la opinión de Francia y de Gran Bretaña. Londres no quería que España interviniese en territorio portugués y propuso que se reservase la acción para los británicos en exclusiva, pues consideraban a Portugal como territorio suyo, comercial y políticamente. Saldanha sabía del riesgo de esta decisión británica, y envió al conde de Thomar a Madrid, prefiriendo que fueran los españoles los que acabasen con los rebeldes de Oporto.

El 28 de noviembre de 1846, aprovecharon los miguelistas portugueses, para llamar en su ayuda a los carlistas españoles e intentar el golpe en Portugal. Dirigía a los miguelistas MacDonald, y a los carlistas García. Tomaron Braga y proclamaron rey de Portugal a don Miguel. Con ello se abría en Portugal un tercer frente, además de los liberales ultraconservadores de Lisboa y los liberales de Oporto.

La situación era tan grave, que Gran Bretaña dijo, que en caso de triunfo miguelista, permitiría la intervención de España en Portugal. Pero en otro caso, no estaba dispuesta a que intervinieran los españoles.

Los liberales progresistas de Oporto cometieron un error: se aliaron a los miguelistas absolutistas. Y entonces ya no hubo dudas en Europa para intervenir en Portugal.

El 21 de mayo de 1847 se negoció en Londres y el 31 de Mayo de 1847 en Madrid y la decisión fue que Gran Bretaña y Francia se limitarían a apoyar por mar al Gobierno portugués de Saldanha y España intervendría por tierra en el mismo sentido.

 

 

Relaciones de España con Roma.

 

Pío IX envió en marzo de 1847 a Madrid a Giovanni Brunelli como Delegado Apostólico, que hacía las veces de Nuncio. El principal propósito de este hombre era reabrir los conventos y órdenes religiosas de España. Pero también tenía algún problema más concreto como que las Escuelas Pías españolas habían roto con el General de su Orden residente en Roma, lo cual insinuaba ciertas escisiones dentro de la Iglesia. El Papa había reconocido a los disidentes españoles de las Escuelas Pías en la bula Inter Graviores, pero era obvio que ello era una solución temporal que debía solucionarse. El Papa había nombrado nuevo General en 1846, por si el problema era con una persona concreta.

El Gobierno García Goyena destituyó a Castillo Ayensa como embajador de España en Roma y reanudó la venta de bienes eclesiásticos. España se mostraba dura frente a las pretensiones del Papa.

 

 

Movimientos de izquierda en 1847.

 

En marzo de 1847 aparecieron los primeros signos de socialismo español en Madrid y Barcelona. Se trataba del catalán Fernando Garrido que fundó un periódico en Madrid llamado “La Atracción” para difundir las ideas de Fourier, periódico que duró tres meses abierto como era normal en la época. En este grupo fourierista estaban Sixto Cámara, Ordax Avecilla, Beltrán de Rey, Díaz Jáuregui, Sala Ochando, y Martínez. Abrieron diversos periódicos que duraban poco cada uno. Defendían el asociacionismo, el derecho al trabajo, diversas reformas sociales y económicas, asistencia social y una organización del trabajo asociando “capital, trabajo y talento”. Por estas fechas había otro grupo socialista en Barcelona, pero con teorías de Cabet, cuyo programa era “instruirse y moralizarse” y en el que estaban Monturiol, Clavé, Suñer i Capdevilla, Orellana y Rovira.

Otros periódicos de signo socialista fueron “La Asociación” aparecida en 1850 y editada por Ordax Avecilla, y “El Eco de la Clase Obrera” aparecido en 1855 y editado por Simó Badía.

 

 

Los demócratas.

 

Por estos mismos días de 1847, José María Orense, marqués de Albayda, empezó a disentir de los progresistas y formar un grupo más “de izquierdas” que pedía sufragio universal, derechos individuales inalienables (en especial reunión y asociación). Estas ideas las recogió en un folleto que publicó con el título de “¿Qué hará el Partido Progresista en el Poder?”, en el que exponía los principios de monarquía constitucional, librecambismo económico, reducción del gasto público, fomento de los sectores productivos básicos y defensa de los intereses de las clases medias y populares. Con ello nacía el grupo de izquierda progresista llamado Partido Demócrata, pero todavía no había roto con el partido. Lo harán en 1848. Estaba también en este grupo Nicolás María Rivero.

 

 

La crisis económica.

 

En 1847 se notaron los primeros síntomas de una crisis económica grave. Ante la crisis, los obreros y patronos de Barcelona adoptaron un espíritu de colaboración que resultaba completamente insólito. Surgió la Asociación Protectora de la Industria y de la Clase Trabajadora. La iniciativa se debía a la Junta de Fábricas y ésta sugería dar clases nocturnas a los obreros, poner guarderías infantiles y hacer campañas a favor del proteccionismo industrial. Por su parte, los obreros se contuvieron en sus demandas, y los conflictos laborales fueron en todo caso más suaves.

Había surgido un espíritu de colaboración en la idea de que la crisis se llevaría a todos por delante, patronos y obreros, si no cooperaban. A mediados de 1849, los patronos pidieron firmas de apoyo a los obreros y obtuvieron unas 30.000, pidiendo a Narváez que no firmara la Ley de Aranceles que se estaba tramitando. Pero este espíritu de colaboración duró poco tiempo y enseguida aparecieron nuevas tensiones.

 

 

Caída de Sotomayor.

 

Carlos Martínez Irujo duque de Sotomayor se disgustó por la presencia de Serrano en la Corte haciendo y deshaciendo, y decidió alejar a Serrano de la Corte. Entonces, la Reina le echó a él.

Sotomayor murió en 1850 a los 46 años de edad, y con él se perdía una persona muy valiosa.

Carlos Martínez de Irujo, duque de Sotomayor, una persona muy capaz, que había nacido en Estados Unidos de madre norteamericana, que había sido Secretario de la Embajada española en París a sus 28 años de edad, Secretario de Estado y Secretario del Consejo de Ministros en 1832, al terminar su presidencia se pasó al narvaísmo. Estaba decepcionado de los progresistas y los puritanos.

 

 

 

 

GOBIERNO PACHECO,

28 marzo 1847 – 31 agosto 1847.

 

Presidente del Consejo de Ministros, Joaquín Francisco Pacheco Gutiérrez-Calderón.

Estado, Joaquín Francisco Pacheco.

Gracia y Justicia, Antonio Benavides, interino / 30 marzo 1847: Florencio Rodríguez Vaamonde.

Guerra, Manuel Mazarredo

Marina y Gobernación de Ultramar, Juan de Dios Sotelo Machín

Comercio, Instrucción y Obras Públicas, Nicomedes Pastor Díaz.

Hacienda, José Salamanca Mayol.

Gobernación del Reino, Antonio Benavides.

 

Pacheco, líder de los puritanos, intrigaba para que el Gobierno fuera exclusivamente de puritanos y consiguió el apoyo de José Salamanca y del general Francisco Serrano Domínguez. Ganó la batalla política en la calle, pero los partidos en el Parlamento tampoco aceptaban un Gobierno exclusivo de puritanos. Pacheco consiguió un Gobierno homogéneo, pero seguía sin tener el apoyo de la mayoría en las Cortes. El resultado era prácticamente igual que en Gobiernos anteriores.

En estas condiciones, se mantuvo mientras votaron con él los progresistas, a pesar de que votaban en contra todos los moderados. Pero no había ningún pacto con los progresistas y se dependía del día a día. La idea de Pacheco fue eliminar a los más radicales de los moderados y a los más radicales de los progresistas, los que incitaban a los generales al motín por uno u otro lado. En ese proyecto, concedió amnistía para los esparteristas y para los revolucionarios, para Olózaga y para Manuel Godoy.

En su afán de hacer un Gobierno más progresista, creyó que el fin justificaba los medios: Pacheco llegó al poder mediante intrigas inmorales y antidemocráticas, que más parecían de novela que de la realidad política, pero la realidad siempre supera a la imaginación. Gobernó cinco meses al margen de la legalidad e hizo, mientras estaba en el Gobierno, todo aquello que había denunciado como inmoral e ilegal cuando estaba en la oposición: cerró las Cortes cuando le molestaban y permitió que su Ministro de Hacienda, José Salamanca, decidiese por decreto sobre temas muy graves que eran competencia de las Cortes. Salamanca era un tipo que se valía de la política para hacer grandes negocios personales y obtuvo de ello una de las más grandes fortunas de España. Era el precio político que Pacheco pagaba por mantenerse en el poder. Evidentemente, viendo con perspectiva las cosas, el precio fue un error considerable.

Los moderados narvaístas y los moderados autoritarios, encontraron en José Salamanca un filón político-económico que les proporcionaba mucho dinero, cuando éste fue ministro de Hacienda para Joaquín Francisco Pacheco en marzo-agosto de 1847, y para García Goyena en agosto-octubre de 1847, porque Salamanca desamortizó bienes de Maestrazgos, encomiendas vacantes, propios y bienes de instituciones de beneficencia, fusionó los Bancos de San Fernando e Isabel II (con fracaso notorio en los tres casos, en cada banco por separado y en la fusión), propuso una reforma arancelaria, reorganizó la Administración, suprimió los derechos de puertas… Todo ello suponía muchas oportunidades de negocio para muchos políticos. La política de José Salamanca no fue acertada: introdujo en el nuevo Banco de San Fernando los defectos que ya tenía antes el Banco de Isabel II, y suprimió los derechos de puertas, lo cual le venía bien a sus negocios particulares, pero disminuir los ingresos del Estado era ruinoso para Hacienda. El 1 de agosto de 1847 hizo una reforma arancelaria que facilitaba las importaciones pero dañaba a los industriales catalanes que perdían protección para sus productos. Vendió los bienes de los Maestrazgos y encomiendas vacantes, los de propios y los de beneficencia, en una fase de desamortización ya muy avanzada.

El Gobierno puritano de Pacheco estuvo caracterizado por intentar reconciliar a los bandos más centrados de conservadores y progresistas y conseguir acuerdos y alternancia de partidos entre ellos.

Indultó a Olózaga y a Godoy para que pudieran volver a España, restituyó grado y honores al progresista general Facundo Infante, y separó de palacio a la camarilla de María Cristina, que era moderada autoritaria: Egaña, Rubianes, conde de Cumbres Altas, marquesa de Santa Cruz…

El principal problema de Pacheco fueron las desavenencias y escándalos que había en la cámara regia, pues Isabel y Francisco de Asís hacían vida aparte y ni siquiera se molestaban en aparentar que eran matrimonio. El general Serrano era el amante de la Reina, y hubo de ser echado de Madrid, para permitir la reconciliación entre Isabel II y Don Francisco, lo que se denominó “pacto de convivencia pacífica entre ambos”. Pacheco trabajó por esta reconciliación. Isabel seguiría teniendo sus amantes pero de forma más discreta.

Pero los moderados duros vieron en Pacheco un enemigo, y los progresistas dijeron que si pactaban con Pacheco se llegaría a soluciones políticas de compromiso, pero no a la realización del programa progresista.

Y el sistema fracasó, como ocurre en casi todas las prácticas heterodoxas. Hasta tal punto llegó el enfado de ambas facciones moderadas, que Pidal el líder real de la facción narvaísta, se reconcilió con Narváez, el líder militar y de masas de la misma facción, y Pidal pidió a Narváez que regresara a España. El significado de esta reconciliación y el papel de la facción narvaísta, podemos deducirlo de la petición de Narváez para hacerse cargo del partido: que le dejaran “empuñar el garrote y pegar firme”, frase que recuerda al big stick de principios del siglo XX en Estados Unidos.

 

 

Portugal en 1847.

 

En junio de 1847, España intervino militarmente en Portugal. Manuel Gutiérrez de la Concha entró con 12.000 hombres y se llegó hasta Oporto. Allí se puso en contacto con el Gobierno rebelde y progresista surgido en Oporto, el cual estaba enfrentado al Gobierno de Lisboa, moderado-absolutista. El 29 de junio de 1847 se llegó a un acuerdo en Oporto, Convención de Gramido, y se puso fin a la guerra civil portuguesa.

España intervendrá en Portugal a favor de María II: el general Gutiérrez de la Concha será el encargado de dirigir las tropas. Esto supuso la ruptura de la Cuádruple Alianza firmada en 1834 por Portugal, España, Gran Bretaña y Francia, pues Gran Bretaña apoyaba a los rebeldes y España a la Reina de Portugal. El general Concha fue enviado a Oporto y allí pactó con los sublevados. En el fondo, ganaba Francia, que socavaba la ascendencia de Gran Bretaña en Portugal y se convertía en la potencia de referencia en toda la península Ibérica.

Curiosamente, España imponía en Portugal un Gobierno ultramoderado, cuando los puritanos españoles decían que querían para España alianzas con los progresistas.

 

 

Reformas educativas y económicas en 1847.

 

El 8 de agosto de 1847 hubo un nuevo Plan de Estudios debido a Nicomedes Pastor Díaz Corbelle (1811-1863), en una reforma que no reformaba nada y se limitaba a ratificar el Plan de 1845.

En 1847 aparecieron escuelas de veterinaria en Córdoba y Zaragoza, en 1852 la de León, y en 1881 la de Santiago (suprimida en 1924), que se sumaban a la Escuela de Veterinaria de Madrid creada en 1792.

 

 

Crisis política de mayo de 1847.

 

Valencia y Toledo se sublevaron. Pidal denunció el clima de inseguridad e inestabilidad creada junto al de ruina económica de Hacienda.

En primavera de 1847, Francisco de Asís e Isabel II riñeron. Se designó árbitro de la discusión al ministro de Gobernación Antonio Benavides y se provocó el escándalo. Pacheco prohibió a los periodistas publicar noticias sobre el tema.

El 5 de mayo, Pacheco obtuvo disolución de Cortes. Y en ese momento le empezaron a dimitir ministros, hasta que en 31 de agosto cayó el Gobierno.

Pidal, el líder e ideólogo de la facción narvaísta del Partido Moderado, suplicó a Narváez, que estaba como embajador en París, que asumiese personalmente el poder. Pidal y Narváez habían roto, y ahora Pidal estaba descontento con las reformas de Salamanca y quería echar a Pacheco del Gobierno. Los progresistas no entendieron el juego de los moderados e hicieron disturbios que favorecían a Pidal y Narváez, las facciones más a la derecha que Pacheco dentro del Partido Moderado.

 

 

Crisis final de agosto de 1847.

 

En agosto de 1847, la situación de Pacheco era insostenible: si abría las Cortes, era seguro que le iban a recusar, porque las había cerrado sin otro motivo que el que se oponían a algunos de sus chanchullos políticos. Y la Reina le pedía la apertura de Cortes.

Decidió llamar a Narváez, que estaba como embajador en París, a fin de que le sacase de aquel atolladero como hombre fuerte del ejército que era. Y en segundo lugar, decidió que le sustituyera en el Gobierno Narváez, al tiempo que él se nombraba a sí mismo Embajador en Roma, produciéndose la irregularidad de que un jefe de Gobierno designase Jefe de Gobierno y se atribuyese un nombramiento que competía a su sucesor.

Cuando Narváez llegó a Madrid, se encontró con el escándalo de que las Cortes no aceptaban que un Presidente nombrase a su sucesor, lo cual sólo era prerrogativa de la Corona, y que de paso se buscase a sí mismo un destino cómodo y agradable, el de embajador en Roma. Narváez, que no era tonto, renunció al cargo de Presidente del Gobierno y pidió que fuese la Reina quien buscase otro candidato, el cual fue García Goyena.

 

El 31 de agosto, Joaquín Francisco Pacheco, Presidente del Consejo de Ministros, y Nicomedes Pastor Díaz, Ministro de Gobernación, dimitieron. Ya nunca apoyarían al bando de Narváez y acabarían abandonándole para entrar en Unión Liberal en 1856.

Narváez llegó a Madrid y no quiso formar Gobierno de momento sino que propuso a García Goyena.

José Salamanca fue el negociador encargado de que hubiera un nuevo Gobierno y logró el 12 de septiembre la coalición de dos puritanos: José Salamanca y Juan de Dios Sotelo Machín; dos progresistas: Ros de Olano y Patricio de la Escosura; y dos moderados: Florencio García Goyena y Fernando Fernández de Córdoba. Colocó como Presidente nominal a Florencio García Goyena.

 

 

 

 

GOBIERNO GARCÍA GOYENA,

31 agosto 1847 – 4 octubre 1847

 

Presidente del Consejo, Florencio García Goyena como titular, pero en la práctica ejercía José Salamanca como hombre decisorio.

Estado, Antonio Cabaleiro, interino / 12 septiembre 1847: Modesto Cortázar Leal.

Gracia y Justicia, Florencio Rodríguez de Vaamonde.

Guerra, Fernando Fernández de Córdoba Valcárcel.

Marina y Gobernación de Ultramar, Juan de Dios Sotelo Machín.

Hacienda, José Salamanca Mayol.

Gobernación del Reino, Patricio de la Escosura Morrogh.

Comercio, Instrucción y Obras Públicas, Antonio Ros de Olano.

 

El Gobierno era una continuación del de Pacheco, puritano, pero Salamanca intentaba la coalición de moderados narvaístas, moderados puritanos y progresistas. La fuerza de Salamanca provenía del apoyo del general Serrano. Pero su valía personal era limitada, y poco a poco fue siendo desbordado por Patricio de la Escosura, progresista, lo cual levantó los recelos de los moderados.

García Goyena intentó la reconciliación entre moderados y progresistas y en 2 de septiembre amnistió a todos los emigrados políticos y nombró a Espartero senador, pero estas medidas ni gustaron a los moderados, ni calmaron a los progresistas. La crispación política generada por Pacheco no disminuyó. Tomaron fuerza los ultramoderados, opuestos a la política puritana de acercamiento a los progresistas que habían defendido Pacheco y García Goyena. Los progresistas por su parte, en vez de defender a García Goyena que estaba intentando acercarse a ellos, arreciaron en sus ataques al moderantismo en general, incluidos los puritanos que querían la alianza con ellos. Los progresistas difundían el comentario de que García Goyena era débil de carácter.

El 12 de septiembre de 1847 se llegó a un acuerdo de compartir carteras entre los diversos grupos políticos.

García Goyena tuvo que gobernar en medio del escándalo que protagonizaban los reyes Isabel y Francisco. Su reacción fue prohibir a la prensa hablar del tema, prohibición que hizo Escosura, Ministro de Gobernación. La Historia tradicional nacionalista española, ha suprimido este asunto de los libros del siglo XX.

Narváez habló con Serrano para acabar con García Goyena y con el estado de crispación existente en España, y la Reina cesó a García Goyena el 4 de octubre y nombró Presidente a Narváez. El propio Narváez entró en persona en el Consejo de Ministros de García Goyena, desenvainó el sable y les mandó a todos a sus casas, lo cual obedecieron aunque Narváez estaba solo delante del grupo de Ministros. Era un golpe de Estado atípico, de una sola persona contra todo el Gobierno. Seguía actuándose de forma inconstitucional, al margen de las Cortes y del Gobierno, en una situación que tipifica el siglo XIX español. Era un golpe de los Moderados narvaístas contra los moderados puritanos.

 

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor
Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.


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