FILIPINAS EN EL SIGLO XIX.

 

Las Islas Filipinas son un conjunto de 7.200 islas que España se propuso dominar, evangelizar y aculturar en el siglo XVI, tarea inmensa que apenas había progresado en los dos siglos siguientes, y tuvo un gran impulso en la época 1834-1874, que estamos considerando. Si tenemos en cuenta que las Marianas, Carolinas y Palaos, también dominadas por España, constan de más de 3.000 islas, un barco que hipotéticamente visitara una isla cada día, tardaría 30 años en visitarlas todas. Estaban muy lejos de España y sus comunicaciones con España eran tediosas, pues se debía cruzar el Pacífico, llegar a Acapulco (México) donde las noticias y las órdenes con España se intercambiaban. La extensión de Filipinas es de 300.000 kilómetros cuadrados, más de la mitad de España peninsular. La distancia de las islas más alejadas de Marianas y Carolinas respecto a Manila, es de más de 5.000 kilómetros, tres veces mayor que de Cádiz a Canarias. La hipotética visita del barco que hemos planteado, tardaría mucho más de 30 años debido a las grandes distancias.

En esos miles de islas había multitud de etnias, cada una de las cuales se sentía independiente. En su cultura, cada individuo no se consideraba propietario de nada, a la vez que se sentían propietarios de todo en general. Los Capitanes Generales de Filipinas, con buen criterio, escogieron unas pocas ciudades para aculturar, esperando que el resto de la población obrara por imitación. Eso implicaba que había islas a las que los españoles no se llegaban nunca, había islas receptivas a los extranjeros, había islas belicosas para cualquier visitante, y había islas agresivas cuyo modo de vida era la piratería y ataque a las demás.

La Iglesia Católica estaba presente en Filipinas desde el siglo XVI, y había intentado dirigir la economía y cultura filipinas. Había caído en la trampa de admitir donaciones y de hacer compras de tierras a fin de organizar mejor la economía desde un punto de vista católico, como hacían los jesuitas en las reducciones del Paraguay. La captación de tierras se convirtió en objetivo primordial y ahí sobrevino el problema social una vez alcanzados unos determinados límites de propiedad eclesiástica.

A mediados del XIX, la Iglesia Católica tenía un arzobispado en Manila, y tres obispados: el de Manila tenía 167 curatos atendidos por 95 frailes y 72 curas seculares; el de Nueva Segovia tenía 92 curatos atendidos por 80 frailes y 12 curas seculares; el de Nueva Cáceres tenía 84 curatos atendidos por 27 frailes y 57 curas seculares.

El mayor avance en la aculturación se produjo coincidiendo con la retirada del poder de las órdenes religiosas católicas, las cuales habían acumulado muchas tierras que fueron desamortizadas y repartidas, gracias a la labor de los Gobernadores Carlos María de la Torre y Rafael Izquierdo a partir de 1869.

Pero con la aculturación, llegaron también las demandas de libertades políticas, de igualdad de derechos con los peninsulares para ejercer los cargos públicos, la petición de suprimir el monopolio de la Real Compañía de Filipinas, y la supresión del monopolio de la Nao de Acapulco.

 

 

Las etnias filipinas.

 

Las principales etnias, tratando de simplificar el tema, eran:

Los itas, o negros, considerados población autóctona, que vivían en los bosques de Luzón, Negros e islas del sur.

Los indonésicos, grupo que comprendía a los igorrotes, mayoyaos, bagobos y baganis, los cuales eran poco receptivos a los extranjeros y tenían la costumbre de cortar la cabeza a sus enemigos, hasta que muchos de ellos fueron cristianizados en el XVIII y perdieron esta mala costumbre.

Los malayos eran el grupo de tagalos y bisayas que vivían en la zona de Manila y el archipiélago malayo, y fueron los primeros en aceptar a los españoles. También pertenecían a este grupo los malayos mahometanos, o moros, etnia que se dedicaba a la piratería y vivía en las islas de Joló, Mindoro y Mindanao, los cuales eran completamente impermeables a la cultura hispana por dos razones, por su modo de vida tradicional, la piratería, y por su religión islámica.

Los sangleses era chinos que se dedicaban al comercio, se mostraban muy amigos de los españoles, pero no obedecían en nada las leyes ni los impuestos de España. Sólo que ponían buena cara cuando se encontraban con los españoles, actitud propia del comerciante.

Y a todas estas etnias hay que sumar los españoles que se habían trasladado a Filipinas, los sacerdotes, los soldados y funcionarios que estaban de paso, y los desterrados que eran alejados de la península. Es decir, que los españoles tampoco formaban un conjunto uniforme.

 

 

Organización política filipina.

 

La máxima autoridad de Filipinas era el Capitán General y Gobernador, el cual tenía también autoridad sobre las Marianas. El Capitán General y Gobernador era también Presidente de la Audiencia, Vicepatrono Real y Juez Subdelegado de Rentas de Correos, Postas y Estafeta. El Gobierno de Filipinas tenía tres Departamentos de Gobierno que eran Gobierno, Capitanía General y Departamento de Marina. La Hacienda era gestionada por el Superintendente de Hacienda, el cual dependía del Ministerio de Ultramar de Madrid. La Audiencia estaba compuesta por un Regente y cinco Jueces, y también podían intervenir en las causas los Alcaldes Mayores y Gobernadorcillos cuando el asunto les implicaba. Los Alcaldes Mayores no podían intervenir en cuestiones jurídicas de monto superior a los 100 pesos fuertes, ni podían imponer condenas, salvo detener por 8 días, y para casos de mayor cuantía debían recurrir a la Audiencia.

 

En cada provincia filipina había un gobernador denominado Alcalde Mayor, con atribuciones políticas y judiciales.

Cada población estaba gobernada por un “gobernador indígena” denominado “Gobernadorcillo”. El Gobernadorcillo era elegido por el Gobernadorcillo saliente y los 12 banrangay más antiguos que supieran leer, escribir y hablar castellano, los cuales elaboraban una terna, de la que el Alcalde Mayor elegía al Gobernadorcillo. Era elegido por un año y era reelegible. Su función era cobrar los impuestos especiales en su municipio.

El barangay era el cabeza de un grupo social pequeño, de unas 50 familias, que estaba encargado de guardar el orden, solucionar los litigios internos de su grupo y obligar a sus hombres a cumplir los deberes colectivos, el cuidado de los servicios colectivos de limpieza, orden, etc.

Los chinos tenían el privilegio de vivir en un barrio aparte y exclusivo, gobernado por ellos mismos.

 

Los tributos filipinos:

Como todos los sistemas tributarios españoles del XIX, los tributos filipinos eran múltiples, pero tal vez más sencillos que los peninsulares:

Por el tributo individual, cada hombre mayor de 20 años y menor de 60, y cada mujer mayor de 25 años, pagaba 5 reales de plata al año. Estaban exentos los barangay, los gobernadorcillos, los españoles y los extranjeros. Los mestizos chinos pagaban el doble, 10 reales de plata, pero sólo había 6.000 personas en este caso, mientas el caso general afectaba a tres millones de personas. Este tributo resultaba insignificante para las grandes fortunas y muy grande para los que no poseían nada. El tributo se podía pagar en moneda o en frutos de la tierra, pero este permiso dio lugar a un fraude: el Alcalde Mayor tasaba un precio bajo de los frutos de la tierra a la hora de recaudarlos, y luego daba un valor más alto a la hora de ingresarlos en Hacienda, lo que le reportaba un pingüe beneficio. El General Oráa, en 1841 decretó que todos los impuestos se ingresasen en dinero.

El fondo de comunidad era un impuesto por el que cada matrimonio pagaba un real al año, que se suponía que era para mantener, la escuela, alumbrado y servicios municipales diversos.

El sanctorum era un impuesto de tres reales al año que debía pagar cada matrimonio para el mantenimiento del culto católico.

Los polos y servicios eran prestaciones personales (corveas) de trabajo en caminos, puentes, distribución del correo, avituallamiento de soldados…

 

 

Los Gobernadores de Filipinas.

 

Los abusos de los hacendados y de las órdenes religiosas eran notorios, y mayores cuanto más lejos se sentían de la autoridad del Gobernador Capitán General. Era evidente que la fuerza militar española no podía estar en todas las islas y ni siquiera podía controlar las grandes islas en su integridad.

Pascual Enrile Alcedo, Gobernador desde 1829 a 1835, hizo un mapa de las Islas Filipinas que fue fundamental para emprender un plan de comunicaciones terrestres y marítimas. El trazado de comunicaciones en Luzón significó por sí mismo un conflicto, pues al establecerse relaciones con Manila-Cavite, los comerciantes chinos perdieron el mercado de la isla de Luzón.

Gabriel de Torres fue Gobernador interino desde 1 de marzo de 1835 a 23 de abril de 1835.

Joaquín de Cramer fue Gobernador interino de 23 de abril de 1835 a 9 de septiembre de 1835.

Pedro Antonio de Salazar Castillo y Varona fue Gobernador de 9 de septiembre de 1835 a 27 de agosto de 1837

Andrés García Camba fue Gobernador de 27 de agosto de 1837 a 29 de diciembre de 1838.

Luis Lardizábal fue Gobernador de 29 de diciembre de 1838 a 14 de febrero de 1841. En 1840 se abrió la Escuela de Comercio para organizar las relaciones comerciales de la zona y hacer frente al comercio chino. Lardizábal dividió la isla de Luzón en dos provincias y favoreció el cultivo del tabaco, producto que era exportable a España por su poco peso y aceptable fecha de caducidad. Editó el periódico Precios Corrientes de Manila. Cuando se creó la Dirección General de Tributos, Filipinas empezó a ser una colonia ordenada con visos de rentabilidad[1].

Marcelino Oráa Lecumberri fue Gobernador de 14 de febrero de 1841 a 17 de junio de 1843. El general Oráa buscó carbón en las islas y dictó un “Reglamento para el Desarrollo de la industria Minera”. Autorizó la construcción de buques de guerra y mercantes y puso un control en los puertos a fin de favorecer el comercio hispano e impedir el comercio chino ilegal y los ataques que los chinos solían hacer cuando los negocios no les funcionaban a su gusto.

En 1841 se sublevó la provincia de Tayabas, en la isla de Luzón y se declaró independiente. El asunto empezó cuando Apolinario de la Cruz decidió en 1832 catequizar a los indígenas y organizó una cofradía de donantes de fondos, los cuales tenían que aportar un real al mes para la cofradía, a cambio de misas. Las autoridades civiles condenaron la actividad de Apolinario recaudando dinero, pero éste, en 1841, contaba con más de 4.000 cofrades cotizantes y había reunido una gran fortuna. En octubre de 1841 convocó el rezo de una novena, a la cual los cofrades debían asistir armados, y acudieron 2.500 cofrades. El Alcalde Mayor Joaquín Ortega entendió que aquello era una provocación y el 23 de octubre de 1841 atacó a los reunidos, hubo lucha y murió el propio Ortega. El 1 de noviembre de 1841 se enviaron soldados contra Apolinario, y los cofrades fueron dispersados, se capturó a Apolinario y fueron fusilados cuatro jefes cofrades, entre ellos Apolinario. Los cofrades declararon que su organización era meramente religiosa y ocultaron en el juicio subsiguiente que tuvieran proyectos separatistas, pero no tenía sentido una concentración tan grande de fuerzas armadas y las consignas de independencia, por muy católicos que se declararan.

 

En 1842, el archipiélago filipino estaba integrado por 32 provincias que agrupaban a unos 700 ayuntamientos. La población más importante era Manila, en la desembocadura del río Pasig. Manila constaba de una “acrópolis” habitada por unas 10.000 personas, fortificada con murallas y separada del resto de la población por un puente que se retiraba por las noches. La acrópolis era la Manila propiamente dicha. Cerca de Manila había una docena de “barrios” y el conjunto poblacional sumaba unos 150.000 habitantes. Manila era una ciudad próspera en la que se contabilizaban 2.000 carruajes de 4 y 5 caballos, más de 1.000 tiendas, una catedral, un seminario conciliar, 5 conventos, 4 beaterios, 3 colegios para niños y 2 colegios para niñas.

Francisco de Paula Alcalá de la Torre fue Gobernador de 17 de junio de 1843 a 16 de julio de 1844.

Narciso Clavería Zaldúa fue Gobernador de 16 de julio de 1844 a 26 de diciembre de 1849. Clavería erradicó los privilegios comerciales que se habían autoatribuido algunos funcionarios españoles del Gobierno y prohibió ejercer la actividad del comercio a los Alcaldes Mayores. Además, exigió que en adelante, los alcaldes Mayores fuesen titulados universitarios. Compró tres vapores a Gran Bretaña en 1848, lo cual le permitía acudir a las islas en que hubiera desórdenes.

En Filipinas no era viable aplicar leyes ni cobrar impuestos. Entre los inconvenientes para hacerlo, el más importante era la costumbre de los filipinos de cambiar de nombre varias veces durante su vida y poseer un nombre distinto para cada relación social y económica: Cada vez que le ocurría una enfermedad importante cambiaban de nombre para huir de la enfermedad; cuando llegaban a la pubertad cambiaban de nombre; cuando cortaban su primera cabeza humana cambiaban de nombre. Encontrar a una persona en concreto resultaba imposible en la práctica si una tribu no quería facilitar los datos. Clavería ordenó en 1849 que cada filipino tuviera un solo nombre de cara a la Administración. A ello hay que sumar el increíble número de islas y las distancias, lo cual hacía incontrolable la aplicación de la ley y de la justicia.

En cuanto a la gobernabilidad política de Filipinas, los problemas a los se enfrentó Clavería fueron los ataques de los piratas moros. Los moros eran los piratas malayo-mahometanos, cuyo modo de vida era la piratería. Clavería dotó a los Gobernadorcillos de milicias populares a cuyo mando puso oficiales del ejército español veteranos, y controlo las armas exigiendo licencia para poseerlas, también reorganizó el ejército. A continuación, lanzó varias expediciones contra las islas Balanguingui, refugio de los piratas moros en las que tenían varios fuertes y guardaban los rehenes sobre los que luego pedían rescate y las riquezas robadas. La principal incursión de castigo tuvo lugar del 16 al 22 de febrero de 1848 y fue llevada a cabo con 3 vapores, 3 bergantines y una división de marina, a cuyo mando se puso el propio Clavería. Atacó cuatro fortificaciones piratas, rescató muchos rehenes filipinos y holandeses, quemó muchos barcos piratas, arrasó cuatro poblados e hizo 400 prisioneros, casi todos ellos mujeres y niños.

En 1844 se produjo también un conflicto con Francia: esta potencia buscaba un asentamiento que fuera la base de una futura expansión por Asia, como ya lo estaban haciendo los británicos y holandeses, y lo habían hecho los españoles siglos antes. Les pareció idóneo un lugar de Filipinas, una isla llamada Basilán, situada entre Joló y Mindanao, que estaba ocupada por moros y no tenía presencia española. El almirante francés M. Cecille reclamó la isla para Francia y la consideró suya por ese mismo acto. En noviembre de 1844 llegó a la zona M. Guerin en una goleta de guerra, dispuesto a forzar a los españoles a que entregaran los prisioneros franceses que habían hecho, y enseguida llegó otra corbeta de guerra francesa. Se asentaron en Basilán y afirmaron que no se moverían de allí. Clavería envió a Agustín Bocalán a expulsar a los franceses, y éste se encontró con que el sultán de Joló, un indígena, había vendido la isla de Basilán a los franceses, sin que fuera suya, sino por indicación de los franceses. El asunto fue llevado a tribunales franceses, que reconocieron la ilegalidad de la ocupación francesa. Los españoles entraron en Basilán y construyeron una mezquita a fin de congraciarse con los musulmanes que habitaban la isla.

Antonio María Blanco fue Gobernador de 26 de diciembre de 1849 a 29 de julio de 1850.

Antonio de Urbiztondo Eguía fue Gobernador de 29 de julio de 1850 a 20 de diciembre de 1853. Urbiztondo procuró atraer mano de obra china a las islas, pero para trabajar en la agricultura y con la prohibición expresa de que trabajaran en el comercio. Los comerciantes chinos actuaban como mayoristas que traían grandes cantidades de producto y lo dejaban en almacenes, desde los que otros chinos los distribuían entre comerciantes más pequeños y formaban una red inmensa y cerrada. Su principal producto, el que más beneficios les reportaba, era el opio, muy dañino para la sociedad en general. En 1851 hizo una nueva incursión contra los piratas moros de Balanguingui y destruyó los fuertes que de nuevo habían levantado los piratas, quemó sus naves y capturó 112 cañones. En 1852, abrió el Banco Español Filipino e inauguró el correo Manila-Hong Kong, apareciendo desde entonces Manila como la ciudad más importante del archipiélago y de la zona. Alrededor de este núcleo de comunicaciones, bancario y comercial, apareció el mercado del cacao, aceite de palma, azúcar, añil, achiote (especia de nombre científico Bixa Orellana), cachumba (flor de un cactus usada como especia), arroz, que llegaban a Manila desde otras islas, y sal. También llegaban productos de España que se comercializaban por todo el archipiélago. Filipinas era territorio de comerciantes, pues la mayoría de la población se dedicaba a esta actividad, lo cual impresionaba a los españoles. El sistema utilizado era acumular un producto en épocas de abundancia e irlo comercializando poco a poco en épocas de escasez, lo cual daba trabajo a miles de comerciantes.

Ramón Montero Blandino fue Gobernador de 20 de diciembre de 1853 a 2 de febrero de 1854.

Manuel Pavía Lacy fue Gobernador de 2 de febrero de 1854 a 28 de octubre de 1854.

Ramón Montero Blandino fue Gobernador de 28 de octubre de 1854 a 20 de noviembre de 1854.

Manuel Crespo Cebrián fue Gobernador de 20 de noviembre de 1854 a 5 de diciembre de 1856.

Ramón Montero Blandino fue Gobernador de 5 de diciembre de 1856 a 9 de marzo de 1857.

Fernando Norzegaray Escudero fue Gobernador de 9 de marzo de 1857 a 12 de enero de 1860. En 1859 regresaron los jesuitas a Mindanao, y esta vez, la orden religiosa no acumulaba tierras como estaban haciendo los agustinos y dominicos, sino que se dedicaban a la enseñanza en las ciudades. Los jesuitas fueron bien aceptados en Filipinas. A partir de 1860 llegaron las Hermanas de la Caridad y Sacerdotes de la Misión de San Vicente Paúl. Se abrieron los colegios de la Escuela Municipal de Manila y el Colegio de Santa Isabel. Norzegaray es recordado por cambiar la mentalidad de los religiosos católicos de Filipinas, en cuanto a no acumular tierras.

Ramón María Solano Llerendal fue Gobernador de 12 de enero de 1860 a 29 de agosto de 1860. En 1860 se procedió a una reorganización del ejército dotándole de armamento mejor, uniformes, alimentos y puesta al día de los sueldos. El objetivo era que el ejército fuera cada vez más español y con menos indígenas, pues eran los indígenas armados los que provocaban las rebeliones. Se abrieron cuarteles en zonas de escasa presencia española. Se creó un Cuerpo de Carabineros para que cuidara el orden público y persiguiese el fraude. Los Gobernadorcillos perdieron su antiguo derecho a poseer guardias propias armadas.

José MacCrohon Blake fue nombrado Gobernador pero murió en el viaje de traslado.

Juan Herrera Dávila fue Gobernador de 29 de agosto de 1860 a 2 de febrero de 1861.

José Lemery Ibarrola fue Gobernador de 2 de febrero de 1861 a 7 de julio de 1862. Ramón Montero relevó a todo el personal de la Administración a fin de eliminar la corrupción e impuso el sistema decimal de pesos y medidas. Abrió casas de cambio a fin de que todos pudieran hacerse con monedas. En 1861, apareció La Gaceta de Manila.

Salvador Valdés fue Gobernador de 7 de julio de 1862 a 9 de julio de 1862.

Rafael Echagüe Bermingham fue Gobernador de 9 de julio de 1862 a 24 de marzo de 1865. El 29 de mayo de 1863 se creó en España el Ministerio de Ultramar y entonces se fijaron los aranceles y módulos de tributación de los comerciantes chinos, los cuales no estaban acostumbrados a pagar ningún tributo. En 1865 se abrió la Escuela Normal de Magisterio, gestionada por los jesuitas, que se convertiría más tarde en Ateneo Municipal y Escuela de Segunda Enseñanza. Años más tarde, los dominicos consiguieron que el Colegio de San Juan de Letrán fuera autorizado a impartir segunda enseñanza, y los estudios progresaron notablemente, pero sólo impartían filosofía y latín, lo cual daba poco nivel a esos estudios.

Joaquín del Solar Ibáñez fue Gobernador interino de 24 de marzo de 1865 a 9 de enero de 1866.

Manuel Rodríguez-Fito Bueno fue Gobernador de 9 de enero de 1866 a 13 de julio de 1866.

José Laureano Sanz Posse fue Gobernador de 13 de julio de 1866 a 21 de septiembre de 1866. Creó la Inspección General de Obras Públicas e hizo un Reglamento Orgánico de Correos Civiles, fundó la Junta Central de Agricultura, Industria y Comercio.

José de la Gándara Navarro fue Gobernador de 19 de noviembre de 1866 a 7 de junio de 1869. El 18 de diciembre de 1868 hubo una sublevación en la zona de Manila- Cavite. La sublevación empezó en el momento en que se supo que en septiembre había habido sublevación en España. José de la Gándara manifestó que el sistema político vigente en Filipinas lo iba a mantener igual, pasara lo que pasara en España. El 25 de marzo de 1869 se decidió en España cambiar al Capitán General.

Manuel Maldonado fue Gobernador interino de 7 de junio de 1869 a 23 de junio de 1869.

Carlos María de la Torre Navacerrada fue Gobernador de 23 de junio de 1869 a 4 de abril de 1871 era el hombre escogido por el nuevo Gobierno liberal español de 1868. Con él, llegaron a Filipinas un grupo de liberales que trataron de hacerse con todos los cargos del Gobierno filipino, lo cual molestó a los que resultaron desplazados por estos advenedizos. De la Torre dio un indulto general el 15 de agosto de 1869 y demostró ser un iluso liberal progresista: inmediatamente informó a España que lo que no había conseguido el ejército ni la Guardia Civil en Filipinas, lo había conseguido él en pocos meses, que la paz era completa en Filipinas y que se habían acabado los robos y secuestros que antes eran masivos. El ingenuo de Carlos de la Torre, encuadró a los indultados de 15 de agosto en un cuerpo de seguridad denominado “Guías de la Torre”, con el que esperaba el restablecimiento del orden social. Pero había puesto a los ladrones y criminales a cuidar del orden público, o como se dice popularmente a la zorra a cuidar de las gallinas, y lo que ocurrió en realidad fue que la criminalidad fue a más.

Carlos de la Torre, en su mentalidad progresista- anticlerical (figura muy abundante en España) decidió en 1869 acabar con el poder de los frailes agustinos y dominicos en Filipinas, pues se habían convertido en terratenientes, empresarios y explotadores de la mano de obra indígena, en nombre de la Iglesia y de la orden monástica, por supuesto. El fraile era en Filipinas una figura muy especial, pues como misionero, resultaba que en muchos poblados era el único blanco del poblado e incluso de la zona. Por ello, el Gobierno de Filipinas le encomendaba funciones propias de gobierno, y no sólo de párroco. Así, resultaba jefe de milicias, maestro y alcalde de su pueblo. El resultado era una acumulación de poder muy grande en su persona, y sin control alguno de autoridades civiles superiores. En estas condiciones, se producía lógicamente el abuso de poder esperable: el fraile admitía donaciones de terrenos a favor de su orden religiosa, y compraba más terrenos para redondear patrimonios, terrenos que no eran propiedad particular de nadie, sino de la comunidad indígena, y que cualquier jefecillo de tribu les donaba o vendía barato. Luego no tenía más que explotar la mano de obra indígena, e incluso la peninsular, a precios muy bajos, y el resultado era un negocio boyante que los frailes creían muy legal pero las autoridades españolas progresistas veían como inmoral y alegal. Las leyes anteriores contra estas situaciones extrañas de acumulación de la propiedad por los frailes, habían sido ignoradas por éstos y no habían sido exigidas por los Gobernadores.

Pues bien, Carlos de la Torre creó una Junta de Control de los Bienes Eclesiásticos que desamortizó los bienes de la Universidad de los dominicos y los bienes de los colegios de las órdenes religiosas en general. La Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás había sido creada por los dominicos en 28 de abril de 1611 y tenía unos 800 alumnos en 1850. El Real Colegio de San José impartía segunda enseñanza, con asignaturas de filosofía y latín. El Colegio de San Juan de Letrán. El Colegio de Santa Potenciana era de niñas. El Colegio de Santa Isabel era de Niñas.

En su furor revolucionario septembrista, decidió expulsar de Filipinas a todos los soldados y funcionarios destacados como puestos por el Partido Moderado de España. Suprimió el Cuerpo de alabarderos y dio libertad de prensa.

En 1869 se decidió que el orden público lo gestionase la Guardia Civil. También en ese año se compraron cañoneros con cascos de acero los cuales podían ser lanzados contra los barcos piratas para hundirlos.

Rafael Izquierdo Gutiérrez fue Gobernador de 4 de abril de 1871 a 8 de enero de 1873. Era masón y progresista en la línea de Carlos de la Torre. En enero de 1872 hubo una sublevación general en Filipinas. Al contrario de lo que pensaba Carlos de la Torre, los revolucionarios filipinos iniciaron un movimiento independentista cada vez más fuerte, y como el Capitán General no actuaba contra los independentistas, éstos tuvieron ocasión de ocupar las tierras de la Iglesia católica y las repartieron entre sus adeptos. Carlos de la Torre estaba satisfecho porque se acababa con un privilegiado, la Iglesia Católica, pero no se daba cuenta del nuevo enemigo que estaba alimentando: el 20 de enero de 1872, los independentistas se organizaron en una Junta integrada por cuatro curas y cuatro abogados. Por fin, Rafael Izquierdo reaccionó, detuvo a los independentistas y les acusó de sedición. Inició en diciembre de 1872 una política represiva, con muchas detenciones, de los cuales algunos eran condenados a muerte y luego sistemáticamente indultados. Hubo cinco ejecutados, entre ellos tres curas de la Junta rebelde: Mariano Gómez, José Burgos y Jacinto Zamora. Las ejecuciones dieron lugar a la aparición de nuevos líderes independentistas: Marcelo Hilario del Pilar Gatmaitan, José Rizal y Mariano Ponce.

Manuel MacCrohon fue Gobernador interino de 8 de enero de 1873 a 24 de enero de 1873.

Juan Alaminos Vivar fue Gobernador de 24 de enero de 1873 a 17 de marzo de 1874.

Manuel Blanco Valderrama fue Gobernador de 17 de marzo de 1874 a 18 de junio de 1874.

José Malcampo Monge fue Gobernador de 18 de junio de 1874 a 28 de febrero de 1877. En 1874 se abrió una línea regular de vapores que hacían el viaje Manila–España directamente.

Domingo Moriones Murillo fue Gobernador de 28 de febrero de 1877 a 20 de marzo de 1880.

Rafael Rodríguez Arias fue Gobernador interino de 20 de marzo de 1880 a 15 de abril de 1880.

Fernando Primo de Rivera fue Gobernador de 15 de abril de 1880 a 10 de marzo de 1883.

Emilio Molins fue Gobernador interino de 10 de marzo de 1883 a 7 de abril de 1883.

Joaquín Jovellar fue Gobernador de 7 de abril de 1883 a 1 de abril de 1885.

Emilio Molins fue Gobernador interino de 1 de abril de 1885 a 4 de abril de 1885.

Emilio Terrero Perinat fue Gobernador de 4 de abril de 1885 a 1888.

Antonio Moltó fue Gobernador interino de 1888 a 1888.

Federico Lobatón fue Gobernador interino de 188 a 1888.

Valeriano Weyler fue Gobernador de 1888 a 1891.

Eulogio Despujol Dusay fue gobernador de 1891 a 1893.

Federico Ochando fue Gobernador interino de 1893 a 1893.

Ramón Blanco Erenas fue Gobernador de 1893 a 13 de diciembre de 1896.

Camilo García Polavieja fue Gobernador de 13 de diciembre de 1896 a 15 de abril de 1897.

José de Lachambre fue Gobernador interino de 15 de abril de 1897 a 23 de abril de 1897.

Fernando Primo de Rivera fue Gobernador de 23 de abril de 1897 a 11 de abril de 1898.

Basilio Augustín Dávila fue Gobernador de 11 de abril de 1898 a 24 de julio de 1898.

Fermín Jáudenes Álvarez fue Gobernador interino de 24 de julio de 1898 a 13 de agosto de 1898.

Francisco Rizzo fue Gobernador interino de 13 de agosto de 1898 a 13 de agosto de 1898.

Diego de los Ríos fue Gobernador de 13 de agosto de 1898 a 10 de diciembre de 1898.

 

 

[1] Para saber más, ver Pradera, Josep M. Filipinas, la colonia más peculiar…1762-1868. Biblioteca de Historia. CSIC 1999.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor
Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *