Gobierno Istúriz,

5 abril 1846- 28 enero 1847.

 

Tras el fracaso de Narváez, el líder del centro moderado, denominados doctrinarios o narvaístas, junto a Pedro José Pidal y Alejandro Mon, y del fracaso de Manuel Pando marqués de Miraflores en cabeza de los moderados ultras, se recurría a la facción minoritaria del partido, los puritanos, el ala más progresista del Partido Moderado.

Francisco Javier Istúriz Montero era el líder de los puritanos. Éstos creían en que la Constitución era de todos, de los moderados y de los progresistas, y de que eran necesarios acuerdos con la oposición y no confrontación constante, pronunciamientos y golpes de Estado. Querían la convivencia con los progresistas en mutuo respeto y alternancia de Gobiernos.

Precisamente por esa ideología, sus principales enemigos fueron los moderados autoritarios, facción más a la derecha del Partido Moderado, es decir, Manuel González de la Pezuela marqués de Viluma. Para tener apoyo suficiente, Istúriz pactó con los doctrinarios o narvaístas, facción de centro del Partido Moderado, es decir la facción de Pedro José Pidal y Narváez. Viluma y Pidal decían que había peligro de revolución, que el Gobierno de Istúriz mostraba debilidades para con los revolucionarios y que Istúriz estaba dispuesto a entregarse a los progresistas. Pidal pactaba para evitar el acuerdo con los progresistas.

 

 

 

Istúriz había estado en 1835 con los progresistas de Mendizábal y se había separado de ellos por estar en desacuerdo con la utilización política de la Milicia Nacional y de las algaradas populistas. En 1836 había sido Presidente del Gobierno y había trabajado a favor de la reforma de la Constitución de 1812, es decir, por moderar la Constitución de 1812 y llegar a una Constitución de consenso, lo que sería la Constitución de 1837.

El Gobierno de Istúriz no fue apoyado por los progresistas, que tampoco pensaban en la posibilidad de acuerdos con los moderados. El enfrentamiento por sistema parecía dar la razón a Narváez en su opinión de que sólo era posible un autoritarismo militar. El fracaso puritano fue una desgracia para España. El puritano Pacheco lo volvería a intentar en el verano de 1847, con igual resultado.

El Partido Progresista tuvo uno de sus mayores errores de visión política de la historia de España del reinado de Isabel II, pues en vez de apoyar a los Gobiernos puritanos como el de Istúriz, cuando vieron que los moderados se pegaban entre ellos, decidieron sumarse a los que iban contra el Gobierno, la postura más fácil y que requiere menos inteligencia en política. Los progresistas cayeron en este error por haberse sobrevalorado en sus posibilidades, y creer que eran posibles un Gobierno Serrano-Mendizábal (general Francisco Serrano Domínguez y Juan Álvarez Mendizábal), o un Gobierno Serrano-Cortina (general Francisco Serrano Domínguez y Manuel Cortina Arenzana).

 

Composición del Gobierno Istúriz:

Presidente del Consejo de Ministros, Francisco Javier Istúriz Montero.

Estado, Francisco Javier Istúriz Montero (interino).

Gracia y Justicia, Pedro Egaña Díaz del Carpio / 12 de abril 1846: Joaquín Gómez Caneja.

Guerra, Francisco Armero Peñaranda (interino) / 12 de abril de 1846: Laureano Sanz titular / 19 de abril incorporación efectiva de Laureano Sanz.

Marina, Comercio y Gobernación de Ultramar, Francisco Armero Peñaranda

Hacienda, Manuel María Sierra Moya / 12 de abril de 1846: Alejandro Mon Menéndez.

Gobernación del Reino para la Península e Islas Adyacentes, Juan Felipe Martínez (interino) / 12 de abril de 1846: Pedro José Pidal Carniado.

 

En función de la necesidad de apoyo que necesitaba el Gobierno, Istúriz decidió hacer una alianza con los narvaístas (centro moderado) y dio entrada a algunos de ellos en el Gobierno.

Remodelación de 12 abril 1846. Cambiaron:

Gracia y Justicia, Joaquín Gómez Caneja.

Guerra, Laureano Sanz como titular, pero ejerció Francisco Armero Peñaranda hasta la llegada de éste una semana después.

Hacienda, Alejandro Mon Menéndez.

Gobernación del Reino para la Península e Islas Adyacentes, Pedro José Pidal Carniado.

Alejandro Mon y Pedro José Pidal actuaban sin el acuerdo de Narváez. De hecho, rompieron con Narváez por causa del matrimonio de la Reina, y el Partido Moderado se volvió a escindir.

 

 

Gravedad el momento político.

 

En abril de 1846 hubo pronunciamientos militares en Galicia, donde el príncipe Enrique de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, trató de sublevar al país. Enrique era un progresista muy de izquierdas, hijo de Francisco de Paula de Borbón, el hermano de Fernando VII, y de su primera esposa Luisa Carlota de Borbón Dos Sicilias. Desde 1840, estaba estudiando en la Escuela Militar de El Ferrol y era progresista y masón, sociedad en la que llegó a ostentar el grado 33. Fue expulsado de España en reiteradas ocasiones: tras su vuelta a Valladolid fue expulsado en 1851, tras su regreso a Valencia, en 1854, y en 1867 tras su llegada a España en 1860. Murió en duelo a pistola a disparo del Duque de Montpensier el 12 de marzo de 1870.

Por otro lado, los carlistas tomaron las armas iniciando una “segunda guerra carlista”.

Ante esta virulencia política, la primera intención de Istúriz fue publicar una amnistía para los exiliados políticos a fin de reconciliar a las distintas facciones liberales, moderados y progresistas, el viejo sueño puritano. Pero los progresistas entendieron mal el mensaje, lo interpretaron como debilidad del Gobierno y salieron a la calle gritando “viva Espartero”. En aquellas manifestaciones, los progresistas exigían una coalición de puritanos y progresistas contra el resto de los moderados, es decir, que Istúriz se manifestase contra doctrinarios y autoritarios, y ello hizo más inestable la situación política que antes de la llegada de Istúriz al poder.

 

 

Acontecimientos políticos de 1846.

 

El 18 de mayo de 1846 hubo ley electoral reduciendo el número de votantes, porque se subió la contribución exigida a 400 reales, pero los licenciados y doctores votaban si pagaban 200 reales. Ello bajaba el número de posibles votantes a unos 100.000.

El 21 de junio de 1846 fue elegido Papa Giovanni María Mastai Ferreti, Pio IX. Este Papa intentó inmediatamente un acercamiento a España y pidió conversaciones para poner fin al conflicto habido con motivo de la Guerra Carlista de 1833.

 

 

La enseñanza en 1846.

 

El 24 de julio de 1846, Pedro José Pidal Carniado dio una orden para obligar a los profesores a ajustarse en sus explicaciones a los programas oficiales, los cuales estaban pensados de acuerdo con las capacidades de los alumnos a cada nivel de edad, a dar las explicaciones de la forma más clara posible, explicaciones sencillas y metódicas. En cuanto al libro de texto, el profesor recomendaría los libros o partes de libros que le parecieran adecuados. Y los alumnos tomarían notas de las explicaciones. Se volvía a la libertad del profesor. Esta libertad perduró hasta la llegada del conservador Juan Bravo Murillo en 1849, el cual impuso el manual obligatorio, aunque al mismo tiempo, Bravo Murillo recomendaba que se hicieran buenos manuales.

 

 

 

El matrimonio de Isabel II, agosto de 1846.

 

 

Los candidatos a Rey consorte.

 

Cuando Isabel II fue declarada mayor de edad en 1844, las Cortes europeas comenzaron a plantearse la oportunidad de introducirse en España colocando un rey en el trono español. En los años 1845 y 1846, la actividad diplomática europea en este sentido, fue alta.

El primer candidato que se presentó fue Carlos Luis de Borbón y Braganza, 1818-1861, conocido como Carlos VI conde de Montemolín, líder carlista hijo de Carlos María Isidro de Borbón, Carlos V (Don Carlos de España). Esta propuesta había surgido en 1832, pues Carlos Luis había nacido en 1818 y tenía una edad adecuada para casarse en su día con Isabel II. Era 12 años mayor que la Reina. En principio, ello evitaría la guerra en España. Fernando II de Nápoles reiteró la misma propuesta en 1837, ya en plena guerra civil carlista. Luis Felipe de Orleans, rey de Francia la apoyó en 1839, como vía para un acuerdo entre Francia y Austria. En 1845 la apoyaban Manuel de la Pezuela y Ceballos marqués de Viluma, El Pensamiento de la Nación que era un periódico carlista, y el sacerdote catalán Jaime Balmes, los católicos integristas, argumentando que ello supondría la reconciliación del Gobierno de España con El Vaticano. En 1846, la propuesta no era aceptada por los liberales españoles, es decir, ni por el Gobierno español ni por la oposición. La ventaja de este candidato era poder dar por terminada la disputa carlista.

El inconveniente de este matrimonio era la vuelta al absolutismo de un Estado teocrático católico, la vuelta a problemas de tiempo de Fernando VII ya superados en la Constitución de 1837, y la vuelta a problemas superados en 1839 cuando se dio por terminada la guerra carlista. Por eso, no gustaba a los liberales y ni siquiera a Narváez. El Partido Moderado siguió lo que Narváez le decía, a pesar de que muchos eran católicos integristas.

En 1836 se había pensado en un doble enlace entre los hijos de Luisa Carlota de Borbón, y Francisco de Paula de Borbón Dos Sicilias, reyes de Nápoles, (príncipes Francisco de Asís y Enrique) con Isabel de Borbón y Luisa Fernanda de Borbón, las hijas de Fernando VII. Enrique era simpático a los progresistas, por sus declaraciones de simpatía hacia el liberalismo y porque era masón.

Las propuestas de Austria estaban muy “cerradas” a posibles modificaciones, pues un rey austriaco significaría la reconciliación de Austria con España, lo cual implicaba las buenas relaciones de España con El Vaticano, pero también significaba que España abandonase la Cuádruple y se enemistase con Francia y Gran Bretaña. La opción no gustaba en España.

En cuanto a un rey portugués, la idea era atractiva, pues los españoles soñaban con la reconstrucción de la unidad ibérica, pero la idea no gustaba en Portugal y la vetaba Gran Bretaña.

En septiembre de 1843, la reina Victoria de Gran Bretaña, representada por George Hamilton Gordon IV conde Aberdeen, y el rey Luis Felipe de Orleans de Francia, representado por François Guizot, llegaron al Acuerdo de Eu. Por este acuerdo, no apoyarían a ningún candidato a marido de Isabel II de España, de modo que ello no fuera motivo de conflicto entre ambos países. Pero manifestaron que preferían que Isabel II se casase con un Borbón. Retiraron las candidaturas británica y francesa, y decidieron casar a Antonio de Orleáns, duque de Montpensier con Luisa Fernanda, la hermana de Isabel II. España no había sido invitada a Eu, y se vio una vez más que los asuntos de España se resolvían sin contar para nada con los españoles.

El tercer candidato fue Enrique Eugenio Felipe Luis de Orleans, 1822-1897, Duque de Aumale, hijo de Luis Felipe de Orleans, el rey de Francia. Francia, a sugerencia del embajador francés Bresson, envió a España a los infantes Luis Carlos de Orleans duque de Nemours (ya casado en 1840) y a Enrique de Orleans duque de Aumale, hijos de Luis Felipe de Orleans. Era septiembre de 1844 y el proyecto incumplía los acuerdos de Eu del año anterior. Gran Bretaña vetó a este candidato francés y en su lugar propuso al Príncipe de Sajonia Coburgo, hermano del Rey de Portugal. La corte francesa no se hizo eco de la sugerencia de su embajador. Se olvidó la propuesta francesa, y ni se consideró la británica.

Narváez propuso entonces a Francisco de Paula de Borbón Dos Sicilias, 1827-1892, conde de Trápani (Trapani en italiano, Tràpani en siciliano), hijo menor de Francisco I de Nápoles y de María Isabel de España, hermano pequeño de María Cristina la Regente de España, o sea, que era tío y primo de Isabel II. La idea provenía de Donoso Cortés y la apoyaba Martínez de la Rosa. A Narváez le gustaba que el conde de Trápani era un Borbón y con ese matrimonio no se cambiaba de dinastía y también que había estudiado en un colegio religioso. La idea gustó a Luis Felipe de Orleans porque eliminaba a candidatos ingleses y alemanes-austríacos. Además, Luis Felipe aportó que también se podía casar a Luisa Fernanda, la hermana de Isabel II, con el Duque de Montpensier, lo que uniría las Coronas de España y Francia. El inconveniente de este candidato era que había estudiado en un colegio de jesuitas que le habían enseñado el catolicismo integrista y él se había convertido en católico integrista. El carácter del niño no gustó nada a los progresistas españoles que le calificaban de necio, fanático y pro-jesuita, absolutista cerrado, ni entusiasmó a los moderados. Pero la mayoría de los moderados tampoco apoyó esta opción. Pedro José Pidal y Alejandro Mon decidieron descartar esta candidatura. Narváez se vino abajo y dimitió en febrero de 1846. En cuanto cayó Narváez, se abandonó el proyecto.

La propuesta progresista fue Enrique de Borbón y Borbón Dos Sicilias, 1823-1870, hijo de Francisco de Paula Antonio de Borbón Dos Sicilias, hermano de Fernando VII, y de Luisa Carlota de Borbón Dos Sicilias, primo por tanto de Isabel II. La ventaja de este candidato, a ojos de los progresistas, era que era progresista exaltado. Enrique de Borbón caía muy bien a los británicos, los cuales defendían que un rey progresista podía reconciliar a los liberales españoles. A este candidato se oponían frontalmente los moderados españoles, lo cual no le daba ninguna oportunidad. Pero esta persona, cuando era comandante del bergantín Manzanares y estaba en Galicia, se comprometió y participó en un pronunciamiento progresista en 1846 y ello le autoeliminó como candidato. Huyó a Francia. El 31 de diciembre de 1845 hizo publicar un manifiesto en el que hablaba de la victoria de las luces sobre el fanatismo y de la victoria de la libertad sobre las cadenas. Inmediatamente fue excluido como posibilidad de matrimonio con Isabel II.

Antonio María Felipe de Orleans, 1824-1890, duque de Montpensier, hijo también de Luis Felipe de Orleans, era otro candidato al que también se oponían Gran Bretaña y Francia. Al final de las discusiones matrimoniales, Antonio María se casaría en 1846 con Luisa Fernanda de Borbón, la hermana de Isabel II. Los moderados españoles apoyaron el matrimonio de Montpensier con Isabel II porque creían que con él se compensaban las muchas ventajas que España estaba dando a Gran Bretaña. Los puritanos, facción izquierda de los moderados, criticaron este matrimonio, porque opinaban que permitiría injerencias francesas en la política española. Los progresistas pensaban lo mismo, y el duque de Montpensier fue visto en adelante como uno de los moderados.

En abril de 1846, a la caída del Gobierno Narváez, no se había resuelto el problema del matrimonio de Isabel II.

Istúriz presidió el Gobierno de España desde abril de 1846 a enero de 1847. Istúriz reanudó la tarea de casar a Isabel II y negociar un buen matrimonio.

Istúriz en 1846 propuso casar a Isabel II con Leopoldo de Sajonia Coburgo, hermano de Alberto de Sajonia Coburgo, esposo de la Reina Victoria de Inglaterra y por tanto, rey consorte en Gran Bretaña. Francia se opuso a este proyecto de matrimonio, aunque Bulver, el embajador británico estaba encantado con la opción. Francia y Portugal se opusieron, e incluso la opinión pública británica se opuso. La idea de un Rey relacionado con Gran Bretaña era de María Luisa, la ex Reina Regente, y se completaba con el matrimonio de Luisa Fernanda con el duque de Montpensier, que era francés, pero tanto los franceses como los ingleses vetaron esta solución.

El embajador británico desde 1843, Henry Lytton Bulwer Earle presentó de nuevo a su candidato, el progresista Don Enrique de Borbón y Borbón, y de nuevo los moderados se opusieron.

El embajador francés Charles Joseph conde de Bresson y Luis Felipe de Orleans propusieron como solución a Francisco de Asís María Fernando de Borbón y Borbón Dos Sicilias, II duque de Cádiz, hermano de Don Enrique, el candidato de los progresistas. Francisco tenía la ventaja de que era de ideología moderada y podía ser aceptado en España. Era un tipo tímido, apocado y tenía fama de afeminado. Luis Felipe de Orleans se puso al habla con María Cristina y le hizo, respetando el Acuerdo de Eu con Gran Bretaña, la proposición de casar a Isabel II con Francisco de Asís, un afeminado de 24 años de edad.

Algunas opiniones afirmaban que se casaba a Isabel II con un homosexual, Francisco de Asís y Borbón Dos Sicilias duque de Cádiz, a fin de que, no habiendo hijos, pudiera heredar el trono de España su hermana Luisa Fernanda, casada con un Montpensier, hijo de Luis Felipe de Orleans, rey de Francia, lo que acabaría entregando el trono de España a Francia.

 

 

El matrimonio de Isabel II.

 

Isabel II no fue consultada en ningún momento, pero manifestó que odiaba casarse con un afeminado, lloraba y tuvo ataques de histeria durante varios días, pero su madre, María Cristina, no cedió y le impuso el matrimonio a su hija.

Istúriz convocó Cortes el 28 de agosto de 1846 para poner en conocimiento de las mismas el matrimonio de la reina, tal como decía la Constitución. En la noche del 28 al 29 de agosto de 1846, Isabel II comunicó oficialmente al Gobierno de España su decisión de casarse con su primo Francisco de Asís, a la vez que su hermana se casaría con el Duque de Montpensier.

El 14 de septiembre de 1846 la Reina abrió las Cortes y en ese acto anunció que se casaba con su primo Francisco de Asís de Borbón y Borbón Dos Sicilias. Al mismo tiempo, María Luisa Fernanda de Borbón, hermana de la Reina, se casaba con el duque de Montpensier. Ya no se pedía venia a las Cortes, pues la Constitución de 1845 había suprimido este requisito y así lo manifestó el diputado Alejandro Mon.

El matrimonio de la Reina resultaba polémico: Parece que no hubo capitulaciones entre los consortes, lo cual era un grave error porque, aunque el marido de la Reina no tenía parte alguna en el trono, entraba una autoridad en palacio y no se le daban funciones definidas. No se hicieron capitulaciones para no llevarlas a Cortes como era preceptivo. Por eso, el asunto del matrimonio de la Reina no se discutió en Cortes y, a pesar de que era anticonstitucional el que no hubiera capitulaciones matrimoniales, el Congreso y el Senado hicieron como que no se daban cuenta de la omisión.

El matrimonio de la hermana de la Reina, María Luisa Fernanda de Borbón con Antonio de Montpensier, también resultaba polémico por la posible deriva del trono hacia la familia de los Reyes de Francia. A corto plazo, el matrimonio de la infanta, y en ese momento Princesa de Asturias, significaba una alianza con Francia que recordaba a los “pactos de familia” que habían llevado a España a guerras de las que sólo se obtenían pérdidas.

De momento, el asunto de la ausencia de capitulaciones pasó sin más, pero cuando el matrimonio de Isabel se rompió, se descubrió que no había habido capitulaciones matrimoniales y que había sido Istúriz el que no las había querido, con lo cual, el marido de la reina estuvo en disposición de presionar a la Reina para conseguir todo lo que le apetecía, so pena de denunciar el caso. Era un error notorio del Gobierno Istúriz. Cada vez que la Reina se ausentaba de Palacio, se debía impedir que su marido entrase en él, pues ello podía dar ocasión a que Don Francisco se proclamase Rey efectivo.

Los progresistas españoles y los políticos británicos consideraron que Francia había obrado de mala fe, traicionando el Acuerdo de Eu, pues había introducido al Duque de Montpensier en las negociaciones. El embajador británico, Bulwer, presentó una nota de protesta el 21 de septiembre de 1846, alegando que España se ponía bajo dependencia de Francia y rompía las buenas relaciones existentes hasta entonces con Gran Bretaña.

El 10 de octubre de 1846 se celebró el matrimonio de la Reina de España en el Salón del Trono de Palacio Real de Madrid, recibiendo Don Francisco el título de Rey y de Capitán General de los ejércitos españoles. Ambos títulos eran honoríficos.

 

Desavenencias entre los esposos reales.

 

Las desavenencias entre los esposos, normales desde el momento en que la Reina se acostaba con quien le apetecía y el Rey tenía su propio querido, provocaron algunos problemas políticos más adelante: en 1847, el Presidente del Gobierno, duque de Sotomayor, decidió alejar al general Serrano de la Corte porque era escandaloso que se estuviera acostando con la Reina. Por otra parte, los partidarios de Don Francisco querían que su líder fuera asociado al trono y tuviera algún poder, algún papel en el Gobierno de España.

La Reina gustaba de ir a Aranjuez, mientras el Rey se iba a El Pardo. En determinada ocasión, el Rey quiso volver a Madrid en ausencia de la Reina, y entonces se produjo el incidente de que las Cortes no le dejaron entrar en Palacio Real, con gran disgusto del marqués de Alcañices, el mayordomo de Don Francisco. El problema era que si Don Francisco entraba en ausencia de la Reina en Palacio, sede del Gobierno, podía ocurrir cualquier cosa, y aunque no ocurriera, era una imprudencia. No se le permitió.

García Goyena prohibió a la prensa hablar de los queridos de los Reyes y el ministro Escosura, en 3 de septiembre de 1847, prohibió rotundamente hablar de estos temas a la prensa. Las medidas represivas no fueron eficaces, porque por Madrid corrían ilegalmente ilustraciones soeces con dibujos y comentarios.

 

 

Consecuencias políticas del matrimonio de Isabel II

 

España entró en otra fase de cierto aislamiento internacional, pues Gran Bretaña rompió relaciones en 1846, y Prusia lo haría en 1848. El embajador británico Bullwer apoyó siempre a los progresistas españoles tratando de desestabilizar a los Gobiernos españoles.

La Cuádruple Alianza se podía considerar rota en junio de 1847, en la Convención de Gramido que daba fin a la Guerra de la Patuleia en Portugal: Pedro de Sousa Holstein duque de Palmela, líder de la derecha liberal portuguesa y Primer ministro en mayo 1846-octubre de 1846, fue relevado del poder por Joao Francisco de Saldanha Oliveira y Daun duque de Saldanha, lo cual dio inicio a la Guerra de la Patuleia. González Bravo, en ese momento embajador en Lisboa, tuvo un momento de máximo protagonismo en la historia dirigiendo la política española cuando el Gobierno portugués recurría a la Cuádruple Alianza pidiendo ayuda. España y Francia aceptaron dar esta ayuda. En concreto, España debería enviar un ejército sobre Oporto, ejército que capitaneó el general Manuel Gutiérrez de la Concha Irigoyen, protagonista de la Convención de Gramido.

La Cuádruple no existía en 1848, cuando Francia apenas tenía relaciones con España, y España expulsó al embajador británico en Madrid.

El desacuerdo entre los miembros de la Cuádruple no pudo ser mayor. Y en realidad, no era de esperar un acuerdo de reparto de los negocios españoles y portugueses entre Francia y Gran Bretaña, cuando ambas potencias lo querían todo y no estaban dispuestas a compartir. La crisis de la Cuádruple Alianza era notoria.

 

 

Las potencias en 1846.

 

En 1846 tenían lugar en el mundo la Guerra de Estados Unidos contra México y el planteamiento de la abolición de la esclavitud en Estados Unidos, problemas que afectaban a España: en el primer caso porque España tenía muchas inversiones en México. En el segundo, David Wilmont propuso abolir la esclavitud y la Cámara americana lo aprobó, pero el Senado no. Desde entonces existió mucho interés de los sudistas americanos por incorporar Cuba y Puerto Rico a los Estados Unidos, incluso poniendo ellos dinero, porque eso significaría mayoría esclavista en el Congreso.

En este mismo año de 1846, Palmerston gobernaba Gran Bretaña y quería abolir la esclavitud en España como una medida de igualdad en la producción o competencia leal en la producción de artículos tropicales. El ambiente europeo contra España era muy claro, hasta que en 1852 se proclamó Napoleón III emperador y decidió que no hubiera cambios en Europa, lo cual significó una tregua en el acoso a España. Por ello, Napoleón III caería muy simpático a los burgueses españoles.

 

 

Las elecciones de diciembre de 1846.

 

En 6 de diciembre de 1846 hubo elecciones y los progresistas sacaron unos 40 escaños, los puritanos algo menos, y el resto eran grupos moderados pequeños. Los moderados decidieron unirse a los puritanos y no dejar que se formara un bloque puritano-progresista y, cuando Bravo Murillo fue propuesto como Presidente del Congreso de Diputados, le echaron abajo, actuaron todos juntos, y eligieron para el puesto a Castro Orozco.

Los progresistas participaron en las elecciones de 1846 y obtuvieron 40 diputados, lo cual fue considerado un gran triunfo. Hay que tener en cuenta que llegaban al Congreso solamente los diputados llamados “consentidos”, es decir los pocos que el gobierno consideraba suficientes para salvar las apariencias democráticas.

 

 

El carlismo en 1846.

         Els Matiners o Segunda Guerra Carlista.

 

En octubre de 1846 estalló una guerra carlista, la segunda. Carlos VI hizo un manifiesto pidiendo la guerra y huyó de Bourges a Londres. Los autores de la época llamaron a aquella guerra la “guerra dels matiners” (guerra de los madrugadores) sin que sepamos a qué venía esta denominación. Los sublevados eran campesinos de la montaña catalana y republicanos catalanes.

En el País Vasco fue imposible organizar un alzamiento carlista porque era Gobernador Urbiztondo, el antiguo jefe carlista de 1836-1839 que les conocía a todos, y ahora colaborador de Istúriz, y éste logró que Alzáa, Ilzarbe, Zubiri y otros carlistas, fracasaran.

Simultáneamente, en Portugal, estallaba la revuelta de María da Fonte.

Gran Bretaña, que siempre había defendido la no intervención en asuntos internos de otros países, aceptó a al conde de Montemolín y le dio refugio en Londres, desde donde se dirigía la preparación de una posible guerra carlista. Carlos VI compuso un Gobierno en Londres con el marqués de Villafranca, Juan Montenegro, Francisco Antonio Merry y Romualdo María Mon.

La guerra empezó en Cataluña, donde algunas partidas carlistas aclamaron a Carlos Luis, Conde de Montemolín, como rey de España. Era hijo de Carlos V, y le llamaban Carlos VI.

Se trataba simplemente de partidas de bandoleros y sólo aparecieron en Cataluña, por lo que muchos autores no consideran que esto fuera una guerra. Su actividad principal se produjo en 1848 y 1849.

La Guerra dels Matiners se justifica por la crisis industrial catalana que arruinaba a los talleres textiles de los pueblos al no ser capaces de soportar la competencia de las Fábricas de Barcelona, por el odiado impuesto de consumos y por la oposición al sistema de quintas que imponían los liberales.

Eran unos 5.000 hombres en armas que combatían en grupos de menos de 300 a las órdenes de mosén Benet Tristany, con hombres como Ramón Vileda, José Puig (alias Boquica), Marcelino Goufaus (alias Marsal), Rafael Tristany, José Borges, José Estartús, Agustín Cendrós…

Los Isabelinos enviaron a combatir contra los carlistas, sucesivamente en 1847, a Manuel Bretón, Manuel Pavía marqués de Novaliches, y a Manuel Gutiérrez de la Concha marqués de Duero al mando de unos 40.000 hombres.

En mayo de 1849 se dio por terminada la “guerra dels Matiners”.

 

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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