DICTADURA PROVISIONAL DE SERRANO, 1843.

 

Francisco Serrano Domínguez se declaró Dictador de hecho el 28 de junio de 1843 en Barcelona, pues tomó la Jefatura del Estado, decretó el fin de la Regencia de Espartero y destituyó a Álvaro Gómez Becerra como Presidente del Gobierno. El nuevo Presidente sería Joaquín María López, progresista pero no esparterista. Barcelona estaba en rebeldía contra Espartero desde hacía tiempo. En junio de 1843, decidió cambiar el Gobierno de España.

El 30 de junio, Serrano nombró a Ramón María Narváez Capitán General del Cuarto Distrito Militar (Madrid), es decir, encargado de tomar la ciudad sede del Gobierno de España. Con ello, se certificaba la coalición militar liberal de moderados y progresistas contra Espartero. Narváez estaba fuera de España, pero era el general moderado más prestigioso y se le encomendaba la fuerza militar más importante de España que él mismo había mandado poco antes, durante la Regencia de María Cristina.

Parece ser que Luis González Bravo, entonces todavía en el Partido Progresista, era el coordinador intelectual del golpe de Estado.

Espartero, en su línea progresista-populista tenía todavía muchos apoyos populares como los barrios bajos del sur de Madrid, los seguidores de Mendizábal, los cientos de miles de milicianos que había reclutado Espartero para Milicia Nacional, y los militares de baja graduación de la asociación de los ayacuchos los cuales le proporcionaban un ejército muy importante, quizás el más fuerte de ese momento:

Espartero envió a Antonio Seoane a cortar el posible avance desde Cataluña y lo situó en Zaragoza; a Juan Van Halen a Sevilla con el encargo de dominar Andalucía: y él se situó personalmente en Albacete, en la carretera de Valencia a Madrid, en la que esperaba a Ramón María Narváez, el hombre que debía atacarle desde Valencia.

El dispositivo táctico falló en todos los puntos: Van Halen tuvo dificultades en Sevilla y pidió refuerzos, lo que fue atendido por Espartero bajando tropas hacia Andalucía, pues tenía noticias de que Narvaéz todavía no se había organizado en Valencia. El 22 de julio, Narváez se estaba acercando hacia Madrid a marchas forzadas, vía Teruel. Tenía solamente entre 2.000 y 3.000 soldados, pero había visto la oportunidad de tomar un Madrid desguarnecido por Espartero. Espartero ordenó a Antonio Seoane Hoyos (que estaba en Zaragoza) y a Martín Zurbano Baras (que estaba en Reus atacando a Prim) ir sobre la carretera de Teruel en las cercanías de Madrid. El encuentro de las tropas tuvo lugar en Torrejón de Ardoz el 22 y 23 de julio de 1843, muy cerca de Madrid. Los soldados de Seoane se pasaron al enemigo, se entregaron al general Narváez en Torrejón de Ardoz. Ello era decisivo en cuanto marcaba una inversión en el dominio de fuerzas militares, que ahora pasaba a los golpistas.

El 24 de julio, Lorenzo Miláns del Bosch Mauri, hombre al servicio de Narváez, entró en Madrid y declaró Presidente del Gobierno al penúltimo Presidente de la época de Espartero, el progresista Joaquín María López, el cual había manifestado discrepancias con el Regente y había sido depuesto dos meses antes y sustituido por Álvaro Gómez Becerra, el 19 de mayo de 1843, al tiempo que se habían clausurado las Cortes por ser también éstas contrarias a Espartero.

El 30 de julio de 1843, Espartero salió de España rumbo a Londres. Embarcó en Puerto de Santa María en un barco británico.

El 8 de agosto se tomó la decisión de que no hubiera más Regentes, sino que se proclamase mayor de edad a Isabel II.

El 8 de noviembre, las Cortes aprobaron la mayoría de edad de la Reina.

El 10 de noviembre se proclamó a Isabel II como Reina de España. Con ello se daba por terminada la Dictadura de Serrano, dictadura provisional, pues sólo tenía como finalidad el dar una salida democrática a la política española.

Analicemos más detenidamente los factores expuestos hasta aquí:

 

 

Francisco Serrano Domínguez.

 

Francisco Serrano Domínguez, 1810-1885, duque de la Torre, 1862-1885, era un militar hijo del mariscal de Campo Francisco Serrano Cuenca, que se educó en el Colegio de Vergara, Regimiento de Caballería Sagunto, Regimiento de Caballería del Príncipe y Cuerpo de Carabineros de Costas y Fronteras, de donde se licenció en 1830. A sus 20 años de edad, estuvo en 1831 en el fusilamiento de Torrijos, el liberal que se pronunciaba contra Fernando VII en Málaga. En 1833, pasó al Regimiento de Coraceros de la Guardia Real de Madrid, donde tuvo ocasión de conocer a las grandes figuras militares de la política nacional de los siguientes cincuenta años.

Participó en la guerra carlista de 1833-1839 en Cataluña bajo las órdenes de su padre y ascendió hasta el grado de coronel en 1839 y brigadier poco después.

En 1839 se sintió atraído por los progresistas y por Espartero concretamente, pero quedó decepcionado tras la actuación de éste, poco democrática, en 1841. En 1843, se coaligó con Juan Prim, (otro progresista), González Bravo (progresista de La España Joven) y con Ramón María Narváez (el líder moderado representante de María Cristina), para acabar con Espartero. Comandó las fuerzas que derribaron a Espartero, si bien siempre pendiente de Narváez, el general con más fuerza militar en ese momento.

Coronada Isabel II como Reina de España, Serrano se convirtió en favorito de la Reina, y como acompañante perpetuo de la misma, fue llamado “el general bonito”, pues se llamaba bonitos a los acompañantes de las grandes damas. Se le acusó de ser también amante de la Reina, pero la Reina tuvo muchos amantes y Serrano no sería sino uno más. En 1847 se intentó apartarle de Palacio enviándole a Pamplona. En 1848 fue enviado a Granada efectivamente. Por fin, entendió que no se le quería cerca de la Reina y se retiró a una finca en Arjona. Viajó a Rusia a observar el ejército. Se casó con su prima María Antonia Domínguez Borrell, heredera de la fortuna de los condes de San Antonio.

Regresó a la política en 1854 y apoyó la revuelta progresista que llevó a Espartero al poder, el mismo a quien había expulsado en 1843. Creyó que esta vez se podría llevar a cabo el sueño progresista de gobernar todos unidos. Le hicieron Director General de Artillería, lo cual le decepcionó.

En 1856 se hizo partidario de la Unión Liberal de Leopoldo O`Donnell, único medio que parecía posible para renovar la política española mediante la unión de progresistas con moderados para, así, llevar a cabo las transformaciones liberales que España necesitaba. En 1856 fue embajador de España en París. En 1859-1862 fue Capitán General de Cuba, lo cual era otra decepción para quien pretendía gobernar España, pero fue la ocasión de amasar una fortuna en comisiones del contrabando de esclavos. Al regresar a España, fue nombrado Duque de la Torre.

En 1866, reprimió el levantamiento del Cuartel de San Gil y fue premiado con el Toisón de Oro.

En noviembre de 1867, tras la muerte de O`Donnell, se convirtió en líder de Unión Liberal.

En septiembre de 1868 participó en el golpe que expulsaba a Isabel II del trono, otra vez en alianza con Juan Prim y su grupo progresista. Venció en Alcolea a Manuel Pavía Lacy marqués de Novaliches. Ello le valió ser nombrado Regente Provisional de España en un periodo en el que Juan Prim decidía si España iba a ser una monarquía o una república. En 1869, fue Presidente del Poder Ejecutivo. Apoyó la candidatura de Antonio de Montpensier duque de Orleans, pero no dudó en ponerse al servicio de Amadeo I de Saboya cuando éste fue elegido para Rey de España por Prim.

En 1871 juró a Amadeo I. En 1871 fue Presidente del Consejo de Ministros, con apoyo de los progresistas, y trató de coaligar a unionistas, progresistas y demócratas y fracasó en el intento. Dimitió en julio de 1871. Se hizo cargo de la dirección de la guerra contra los carlistas en Navarra, Aragón Y Burgos, y en marzo de 1872 logró el Convenio de Amorebieta.

En mayo de 1872 fue de nuevo Presidente del Gobierno, apoyado en esos momentos por los conservadores. También fracasó en el logro de un Gobierno estable. Intentó que la Milicia Nacional colaborara con él, pero eso era contrario a la política de los conservadores.

En 1873, cuando triunfaron los republicanos se pasó a Biarritz (Francia).

Volvió a España a fines de 1873 y, en enero de 1874, de nuevo se autonombró Presidente del Gobierno, acabó con los cantones populistas y acabó con los carlistas. Al igual que en 1843, creyó en 1874 que era posible la dictadura, a fin de imponer una república conservadora y militarista al estilo francés.

Y al igual que en 1843 había sido desplazado por el prestigio de Narváez, en 1874 Martínez Campos le desplazó del Gobierno, y proclamó Rey a Alfonso XII. Más tarde, Antonio Cánovas le desplazó de la primera fila de la política, al escoger a Sagasta como Jefe del Partido Constitucional (luego Partido Liberal), posponiendo a Serrano. Todavía intentó protagonizar la política fundando Izquierda Dinástica, pero ese partido fue un fracaso.

Falleció el mismo día en que era enterrado Alfonso XII.

 

 

El juego partidista en 1843.

 

El Partido Progresista se había roto durante la Regencia de Espartero: por un lado estaban los progresistas populistas de Espartero, que fueron vencidos en julio de 1843; por otra parte, contemplamos a los progresistas-puros de Salustiano Olózaga; y había un tercer grupo, La Joven España, del progresista Luis González Bravo. Luis González Bravo y La Joven España pretendían ser bisagra del partido progresista y aún entre los moderados y progresistas, aunque los de la Joven España eran una minoría. González Bravo, al calor de los movimientos románticos nacionalistas de moda en Europa en aquellos años había concebido grandes ambiciones personales.

Los liberales moderados de Narváez ofrecieron apoyo a Olózaga en 20 de noviembre de 1843 y el Partido Progresista se rompió todavía más apareciendo cuatro grupos grandes. Olózaga creía que mantener el orden político era lo más importante y pasó por todo lo que proponían los moderados.

En 5 de diciembre de 1843, se decidió entregar el poder a González Bravo, un hombre de carácter exaltado, progresista hasta esas fechas, y que en seguida tomó actitudes autoritarias que acabaron situándole a la derecha de los liberales moderados. Pero González Bravo acabó con las sublevaciones populistas y creó un sistema de orden público basado en la Guardia Civil. Había suprimido con ello el mayor problema que amenazaba incluso con una guerra civil.

En efecto, los pronunciamientos o levantamientos esparteristas a finales de 1843 eran muchos, siendo los más importantes los de Alicante, Alcoy, Cartagena, Figueras, Vinaroz y Zaragoza. Federico Roncali Ceruti, Capitán General de Valencia por nombramiento de Espartero en claro acto de amiguismo, pues fue un acto de autoridad de Espartero nombrando a un amigo personal, fue encargado de reprimir los levantamientos citados. En Alicante hubo 25 fusilados. El Partido Moderado, en hábil jugada política, salió inmaculado de estas lides. Roncali cargó con el peso de los efectos de la represión.

El tema de cómo Narváez, un partidario del orden público, un autoritario inflexible, y líder de los moderados, estaba apoyando a los Gobiernos progresistas, de Joaquín María López, de Olózaga y de González Bravo, es interesante. La explicación es que Narvaéz consideraba como cuestión más urgente la eliminación de los grupos populistas que se habían formado en España en época de Espartero, debido a la cantidad de milicianos, hasta 750.000, y muchos de ellos armados, que había enrolado Espartero en la Milicia Nacional y a la asociación de los ayacuchos. Narváez no creía posible ir contra ellos sin un grave conflicto nacional, tal vez una guerra civil, y prefería que el problema recayera sobre los progresistas que, al fin y al cabo, habían generado el desaguisado. Las contradicciones del populismo, debían ser abordadas por progresistas, porque un progresista había generado la expansión del populismo y debían ser Gobiernos progresistas los que abordaran las contradicciones desde el Gobierno. El desgaste natural que ello debía acarrear al Partido Progresista, debía dar como resultado un Partido Moderado fuerte, el recurso necesario para la continuidad de la legalidad democrática. No todos los moderados comprendían en 1843 la actitud de Narváez.

El carlismo seguía vivo en 1843 a través de escritos como “La España en la Presente Crisis” de Vicente Pou, y “Las Leyes Fundamentales de la Monarquía Española” del fraile mercedario Magín Ferrer. Eran un problema secundario en ese momento, pero que estaba presente. Era una razón más por la que Narváez no quería asumir el poder.

Para Narváez, los progresistas en sí mismos no eran problema y podían ser desplazados del poder en cuanto los moderados quisiesen, mientras Narváez mandase sobre el ejército. El problema era el populismo que Espartero había introducido en el progresismo.

Narváez se la jugó ante los suyos, ante los moderados, que no comprendían el posicionamiento pasivo de Narváez, su líder. Pero la estrategia de Narváez triunfó plenamente durante el Gobierno de Luis González Bravo, con José Filiberto Portillo y García Carrasco como Ministro de Marina y José Justiniani Ramírez de Arellano marqués de Peñaflorida como Ministro de Gobernación. Para llevar a cabo el proyecto nacionalista de González Bravo era preciso la unidad de España y el orden público, y González Bravo hizo el trabajo de liquidar el populismo. Tras ello, Narváez tomó el poder.

Así se explica que Narváez, el líder moderado y jefe del ejército, tolerase como jefe de Gobierno a un progresista como Joaquín María López en julio de 1843 y a Olózaga el 20 de noviembre y a González Bravo el 1 de diciembre de 1843. González Bravo era de carácter exaltado, y fue radical exaltado en 1833-1843. Siendo Presidente del Gobierno sufrió una transformación y, posteriormente, González Bravo fue representante de la facción moderada de los moderados.

Con el apoyo a González Bravo y su minoría progresista de La Joven España, se hizo caer a la minoría mayoritaria progresista de Salustiano Olózaga, y los progresistas se vieron más desunidos y débiles. González Bravo se mantuvo en el poder durante seis meses, hasta que Narváez tomó el protagonismo definitivo en mayo de 1844.

Con este juego político, Narváez también tuvo tiempo para traer del exilio a María Cristina, gran baluarte de los moderados y ésta fue la condición que impuso Narváez para dar su apoyo a la sublevación de junio de 1843.

 

 

La nueva generación de 1843.

 

Los militares triunfantes en 1843 eran una generación nueva muy joven: Narváez de 44 años, era el más viejo, Serrano de 33 años, Concha de 34 años, Fulgosio de 32, Córdova de 34, O`Donnell de 34 y Prim de 29 años, eran bastante más jóvenes. Reemplazaban a la generación de los ayacuchos que había luchado en los años treinta en América: Espartero de 50 años, Alaix de 53, Linage de 48, Rodil de 54, Seoane de 52, Van Halen de 55 y Zurbano de 55.

En cuanto al equipo de civiles que apoyaba a Narváez, tampoco era muy mayor:

Juan Donoso Cortés, que tenía 44 años, había aparecido con los progresistas de Mendizábal en 1836, para pasarse a los moderados más de derecha en 1837, absolutista en 1840, moderado doctrinario en 1843, e integrista católico a partir de 1848. Representaba el pensamiento moderado predominante en su época.

Manuel Pezuela y Ceballos, marqués de Viluma, de 47 años, era el más viejo de todo el equipo rebelde en 1843, era de ideología elitista, partidario de una Carta Otorgada, incrédulo con la posibilidad de que un pueblo ignorante y bárbaro pudiera decidir mediante los votos, el destino de la política. Actuaba como organizador del partido moderado, aunque la fuerza militar la tuviera Narváez.

Pedro José Pidal 1800-1865, de 43 años por tanto, el cual fue Ministro de Gobernación en 1844, era hombre de confianza de Narváez.

Alejandro Mon, cuñado de Pedro José Pidal, de 42 años, ministro de Hacienda representativo de la época Narvaéz.

 

 

 

SEGUNDO GOBIERNO JOAQUÍN MARÍA LÓPEZ LÓPEZ.

         24 julio 1843 – 20 noviembre de 1843.

 

El 23 de julio de 1843 Serrano nombró Jefe de Gobierno Provisional, de nuevo, a Joaquín María López, un progresista representante de la coalición de moderados y progresistas en contra de Espartero. Ya había gobernado de 9 a 19 de mayo de 1843 para Espartero. Joaquín María López se consideró nombrado por las Juntas de Barcelona y Valencia, y no por Serrano, decisión ratificada por el resto de las Juntas constituidas en España, y se consideró, por tanto, representante de la voluntad nacional en contra del Regente, Espartero. El programa de su Gobierno era el mismo de mayo de 1843, incluyendo el respeto a la Constitución de 1837. La principal labor de López fue constituir un Gobierno Provisional que desarmó a la Milicia Nacional y condenó las actuaciones de Espartero.

La situación política era de indefinición pues la coalición de progresistas y moderados, hecha contra Espartero, no tenía visos de perdurabilidad, sino que sólo querían estar juntos en la gran depuración nacional contra Espartero. La idea del Gobierno López era reconciliar a progresistas y moderados en un gran Partido Liberal, al tiempo que se depuraba toda la sociedad de ayacuchos y partidarios de Espartero en general. López quería prolongar todo el tiempo que se pudiera la Coalición Nacional de moderados y progresistas que había acabado con Espartero. Sólo le dejaron cuatro meses.

El Gobierno López se componía de las siguientes personas:

Presidente, Joaquín María López López.

Estado, Joaquín Frías.

Gracia y Justicia, Joaquín María López López.

Marina, Comercio y Gobernación de Ultramar, Joaquín de Frías (ya había ejercido el mismo cargo en 1840 para Espartero).

Guerra, Francisco Serrano Domínguez, progresista puro.

Hacienda, Mateo Miguel Ayllón Alonso.

Gobernación del Reino para la Península e Islas Adyacentes, Fermín Felipe Caballero Morgáez.

 

El Gobierno de Joaquín María López era un Gobierno “anticonstitucional”, no nombrado por las Cortes, sino decidido por los militares, y que gobernaba, no utilizando las Cortes, sino por decreto. Por eso era “provisional”, hasta instalar un Gobierno en la legalidad.

López destituyó a los miembros del Tribunal Supremo porque no legitimaban la nueva situación, y es que todos los cambios que se estaban haciendo eran anticonstitucionales, porque no los hacían las Cortes sino el Gobierno, por decreto.

El equilibrio militar se estableció nombrando a Serrano Ministro de Guerra; a Narváez, Capitán General de Madrid; a Prim, Gobernador Militar de Barcelona. Prim era alejado de Madrid, y con él se alejaban los progresistas más peligrosos durante el tiempo que los batallones de voluntarios eran desarmados.

 

 

Relaciones entre moderados y progresistas.

 

La alianza entre moderados y progresistas a la hora de acabar con Espartero, fue algo puntual, que se vio peligrar en el momento en que el progresista Olózaga fue nombrado Presidente del Gobierno en noviembre de 1843, y se restableció en diciembre nombrando a González Bravo Presidente del Gobierno.

En el momento de la huida de Espartero a Londres, el mejor colocado para gobernar era Narváez, porque había vencido en Torrejón, tenía más prestigio que ninguno entre los militares y los moderados, y en ese momento estaba ocupando Madrid y quedó confirmado como Capitán General de Madrid.

Los progresistas tenían a su favor el haber tomado la iniciativa del 20 de mayo, la mayoría parlamentaria y el Gobierno Provisional de Joaquín María López, de 23 de julio, el cual estaba aprobado por las Cortes.

Todo el Gobierno de Joaquín María López era progresista: Joaquín María López, Serrano, Fermín Caballero, Ayllón y Frías, aunque algunos de ellos eran conciliadores.

López afirmó que el triunfo sobre Espartero había sido un triunfo de la Coalición Nacional en nombre de la cual él gobernaba. No quería enfrentarse a Narváez porque Narváez contaba con más fuerzas militares que el ministro de Guerra general Serrano. Y sobre todo porque la campaña contra Espartero había sido una guerra entre facciones del partido progresista, y con la derrota de Espartero habían caído muchos progresistas, todo el grupo de Mendizábal y Espartero.

López disolvió la Milicia Nacional porque ésta había apoyado a Espartero hasta el final. Pero al perder la Milicia Nacional, López perdía la mayor fuerza que el progresismo tenía. Disolvió algunos ayuntamientos donde todos los concejales eran progresistas, para dar entrada a moderados, porque así estaba pactado en la coalición. Disolvió el Senado. Así pues, Joaquín María López cargó con todo el peso político de desmontar el entramado político de Espartero.

La buena relación entre progresistas y moderados perduró hasta 3 de mayo de 1844, fecha en que Ramón María Narváez, que se había ocupado de mantener en todo momento unido al ejército en torno a su persona, tomó el poder.

Durante todo 1843, Francia hizo todo lo posible por que cayera Espartero de la Regencia de España. De momento mimaba a María Cristina en Francia y a su representante Narváez. Cuando llegó al poder Narváez, consideró que ello era una victoria personal de Luis Felipe de Orleans y de Guizot.

 

 

Política de Joaquín María López.

 

La actuación de López en el Gobierno era muy difícil: los cambios alejaban a los populistas del poder, y los populistas habían sido el mejor apoyo de Espartero y del progresismo:

El 28 de julio, nombró tutor de Isabel II a Francisco Javier Castaños Aragorri duque de Bailén y destituyó de ese puesto a Agustín de Argüelles. El acto era inconstitucional pues sólo las Cortes estaban facultadas para ese nombramiento. Además, el duque de Bailén tenía pasado absolutista y represivo, mientras Agustín de Argüelles era liberal progresista. Se trataba de calmar a los moderados y de satisfacer a Narváez.

Convocó elecciones el 30 de julio renovando el Senado por completo. La Constitución decía que se renovaba por tercios, pero se incumplió el precepto constitucional.

Disolvió el Ayuntamiento y la Diputación Provincial de Madrid por decreto. Nombró nuevos Presidentes de esas instituciones a personas de su confianza. Los cargos eran elegibles y no podían ser designados, pero se hizo anticonstitucionalmente.

Depuso por decreto a todos los miembros el Tribunal Supremo. También iba contra la Constitución, pues ésta decía que sólo podían ser exonerados por sentencia judicial.

Nombró una Comisión General de Codificación que debía revisar la estructura legal española de raíz. El primer fruto de esta Comisión se producirá el 1 de julio de 1849, el Código Penal.

El diputado Bernabeu acusó a López de 19 actos de inconstitucionalidad. López contestó que era consciente de ello.

El 17 de agosto de 1843, Juan Prim viajó a Barcelona para pedir la colaboración de la ciudad para eliminar esparteristas.

 

 

Cambios médicos.

 

En octubre de 1843, Pedro Mata, 1811-1877, hizo una reforma en la organización médica suprimiendo los Colegios de Medicina y Cirugía creados por Pedro Castelló en 1827, y pasando todas sus funciones a las Facultades de Medicina y Cirugía de Madrid y de Barcelona, y a los Colegios de Sevilla, Valencia, Zaragoza, Valladolid, Santiago. Los Colegios podían crear “prácticos en el arte de curar”. Con ello se reconocían tres categorías de médicos: los doctores en medicina y cirugía, los prácticos en el arte de curar y las parteras. Esta reforma estaba poco pensada, poco madura y creó un cierto desorden entre los médicos: los doctores en medicina podían ejercer cirugía sin haberla practicado y los cirujanos lo mismo con la medicina sin haberla estudiado. Entonces protestaron los cirujanos de tercera y reclamaron mayor categoría. Eran cirujanos de primera los médicos de facultad, de segunda los de colegios, y de tercera todos los demás de la medicina. En años sucesivos habría más cambios en este desordenado panorama médico y aparecieron en 1846 “ministrantes” o médicos que conseguían su permiso con haber trabajado dos años en un hospital a satisfacción de los profesores y probar que se había asistido, aunque fuera en privado, a prácticas de flebotomía, arte de apósitos, limpieza de dentaduras, arte de extraer dientes y arte de tratar callos. Los ministrantes desaparecerían en 1860 sustituidos por los “practicantes”. Todavía en 1849, Juan Bravo Murillo complicará más las cosas en el campo de los profesionales médicos creando el Cirujano de Segunda Clase, que sólo necesitaba 5 años de estudios (recuérdese que el médico tenía 7 años y el ministrante 2 años de estudios). El caos médico no se resolverá hasta la época de 1857, ley Moyano.

 

 

La bandera de España.

 

En 1843, el ejército reclamó una bandera y se le dio la bandera con los colores de la marina, rojo y amarillo, que se convirtió en la bandera de España. Las banderas son muy antiguas: en el siglo XIII las llevaban los grandes caudillos en sus mesnadas y huestes cuando eran grandes, de más de cien hombres, para que no se le perdiera la gente. Las compañías de los tercios llevaban cada una su bandera. Cuando las compañías se agruparon en batallones de varias compañías, cada batallón llevó bandera coronela y dos banderas del regimiento. En 1778 cada regimiento llevaba dos banderas, la coronela con las armas reales y la de la cruz de Borgoña. En 1785, la marina pidió bandera vistosa y se le dio la roja y amarilla por cuartos. En 1802 cada regimiento llevaba una sola bandera. En 1843 se impuso la bandera a franjas horizontales, 2 rojas y 1 amarilla, con los distintivos de Castilla y León y una corona real. En 1868, la bandera sería cambiada para introducir los cuarteles de Aragón y Navarra, sustituyéndose la corona real por la corona mural. Amadeo quitó la flor de lis borbónica y la cambió por la cruz roja de Saboya. La república de 1873 volvió a la bandera de 1868, con corona real y todo. La república de 1931 cambió la franja roja inferior por una franja morada y cambió el escudo. En 1936 el Gobierno de Burgos restableció la bandera roja y amarilla, poniéndola un águila que abrazaba al escudo, y un yugo a un lado y unas flechas al otro. En 1977 se suprimió el águila y se puso encima del escudo la corona real.

 

 

Proclamación de Isabel II.

 

El principal problema del verano de 1843 era designar Regente. Se decidió que no hubiera más Regentes.  El hecho se interpreta como la decisión de acabar con las regencias, pues no se quería volver a la Regencia de María Cristina, sometida al chantaje continuado, ni a una dictadura como la Espartero. Y nombrar un Regente, fuera progresista o moderado, iba a ser mal interpretado por el bando perdedor.

Joaquín María López tenía problemas para restaurar a María Cristina como Regente, pues a ello se oponían todos los progresistas y muchos moderados, lo cual significaba peligro de guerra civil. Mientras tanto, con un Gobierno de Coalición entre moderados y progresistas, cualquier militar que se sublevase podía prever tener en contra a todos los demás. Serrano no quería ser Regente. Prim sugirió como solución el adelantar la mayoría de edad de Isabel II. Narváez tampoco quería ser Regente en contra de su protectora María Cristina y rechazó la idea de adelantar la mayoría de edad de Isabel II. Todos calculaban que España entera se levantaría contra cualquiera que se proclamara Regente.

López y algunos ministros accedieron a la proclamación de Isabel II porque creían que así se evitaba una posible dictadura de Narváez. Y declararon mayor de edad a Isabel II en noviembre de 1843, a los trece años de edad, aunque legalmente le correspondería en octubre de 1848.

El 8 de agosto de 1843, el Gobierno decidió proclamar a Isabel II Reina de España y así se lo comunicó a la interesada. López envió el asunto a las Cortes para legalizar esa decisión. Las Cortes discutieron la idoneidad del proyecto y muchos diputados alegaron que, para cambiar la Constitución, como se pretendía con esa proclamación, se necesitaban Cortes Constituyentes.

Manuel Cortina Arenzana, progresista puro no esparterista, y los progresistas esparteristas se opusieron a la proclamación de la mayoría de edad, porque sabían que eso daría el poder a los moderados. Se quejó Manuel Cortina de que tantos buenos progresistas fueran defenestrados y se opuso a los decretos de López. Y el Partido Progresista se escindió en dos.

El 15 de octubre de 1843 el Gobierno reunió a las Cortes, cuya mayoría era moderada, pero muchos diputados se consideraban a sí mismos representantes de la coalición moderados-progresistas y decían no estar en ningún bando en concreto. El Senado aprobó la declaración de la mayoría de edad, aunque ello fuera inconstitucional, porque la ocasión así lo requería. En el Congreso, Bernabeu dijo que la Coalición ya llevaba 19 artículos de la Constitución violados y protestó que por ese camino no se podía seguir. La contestación que recibió Bernabeu fue obvia: si se habían violado 19 artículos, uno más daba lo mismo, si el interés general lo requería.

El 8 de noviembre, el Senado y el Congreso aprobaron la mayoría de edad de Isabel II. El 10 de noviembre, Isabel juró la Constitución y fue coronada Reina de España. En esa misma fecha, López quedaba exonerado de su cargo como Presidente del Gobierno. Los progresistas estaban perdiendo la batalla, pero hicieron un último esfuerzo poniendo a su líder en la Presidencia con la excusa de que los demás puestos importantes estaban en manos de los moderados.

Isabel II, en 8 de noviembre de 1843, tenía 13 años recién cumplidos, pues había nacido el 10 de octubre de 1830. Su proclamación como Reina era ilegal según Las Partidas. Se considera que esta declaración de mayoría fue una equivocación progresista, pues con ello se daba paso a nuevos tutores de la reina, desde este momento moderados, como Narváez.

Joaquín María López no tenía otro camino posible, pues por todas partes habían surgido Juntas Revolucionarias que reclamaban cada una la autoridad sobre su región. Se dedicó a disolverlas una a una. La que más se resistió fue Barcelona.

Los junteros pedían una Junta Central formada a partir de representantes de todas las Juntas locales y provinciales. Gustaron denominarse a sí mismos “centralistas” porque querían esa Junta Central. A partir de esta Junta Central, querían descentralizar el poder repartiéndolo entre las diversas juntas. Barcelona aguantó varios meses en rebeldía respecto al Gobierno, hasta la proclamación de Isabel II como Reina.

Los dirigentes moderados fueron volviendo del exilio una vez exiliado Espartero. El Partido Moderado se reorganizaba.

El 10 de noviembre de 1843, Joaquín María López López fue confirmado en el Gobierno, con un equipo igual al que ya tenía. Duraría diez días.

 

 

Reacción populista de verano de 1843.

 

Los populistas reaccionaron: En agosto de 1843, Terrades, un dirigente demócrata radical progresista, proclamó la república en Figueras y aguantó el ataque del ejército hasta 10 de enero de 1844.

En septiembre estalló una nueva insurrección de Barcelona, muy radical y populista y fue enviado el general Prim que la reprimió con gran dureza en tres meses. Sorprende, y sorprendió en su momento, el papel de represor de este revolucionario liberal tenido por líder de los progresistas de izquierda. Pero Prim era un personaje difícil, autoritario, pero no populista. El destino le haría quedar como un gran líder liberal, sobre todo en 1871, pero su biografía es un caos de actuaciones inconexas. Los populistas le tenían como líder natural, sobre todo en el entorno de Reus, su pueblo, pero Prim despreciaba a la masa populista a quienes tenía por canallas.

 

 

Sublevación progresista de octubre de 1843.

 

En octubre de 1843, hubo unos atentados contra Narváez y otros moderados, y ello fue pretexto para expulsar del Gobierno a algunos progresistas y sustituirlos por moderados del grupo de Narváez. Fue acusado del atentado Juan Prim, que fue juzgado, condenado a 6 años, e indultado por Isabel II a petición de Narváez. Prim marchó confinado a Écija. En 1847 fue enviado a Puerto Rico, donde se mostró cruel y autoritario, nada que ver con el personaje de 1868. Más tarde, pidió salir al extranjero, donde vio cosas sorprendentes para él, como eran los sistemas políticos liberales tolerantes. Le hicieron cambiar mucho su personalidad.

Juan Prim y Prats era liberal porque apoyaba al Partido Liberal, pero hay pocas razones para calificarle de liberal en 1843. Otra cosa fue que en 1869 apareciera como la esperanza de los progresistas. En 1843, era “liberal” en el sentido de vivir con una amante, mujer casada, llamada Rosita, pero era muy poco tolerante en política. Era todo un autoritario. Estuvo sin destino hasta 1847, y entonces le mandaron a Puerto Rico, donde se mostró como un mandón, intolerante, cruel, ambicioso, despreciativo hacia los puertorriqueños, racista frente a los negros. Y era el mismo Prim, el líder más representativo de los liberales españoles, el del golpe de 1868. Prim fue el autor del Código Negro de Puerto Rico, una ley que sometió a los negros, esclavos o libres, a un tribunal especial, que castigaba el ataque al blanco con el corte de la mano, y si el blanco resultaba herido, con la muerte; por insultar a un blanco, 5 años de prisión; y que permitía a los señores castigar y ejecutar a sus esclavos. Prim, resultó tremendamente feroz incluso para los que estaban acostumbrados a maltratar a los negros, no dudaba en ejecutar unas docenas de ellos cuando se sublevaban. En el juicio de residencia de 1849, Prim fue inhabilitado por tres años y castigado a devolver 80.000 reales. Se le indultó otra vez. Ese era el talante de este liberal progresista, a pesar de que creyera que el catolicismo era una situación de privilegio, y que las libertades básicas eran necesarias. También despreciaba a los progresistas populistas.

 

 

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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