Gobierno Istúriz.

15 de mayo de 1836 – 13 agosto 1836.

 

Francisco Javier Istúriz Montero era el líder de los liberales moderados. A Istúriz no le era fácil formar Gobierno porque los designados para ello debían “mojarse” frente a los progresistas, y el partido moderado estaba apareciendo en esos momentos, pero encontró algunos colaboradores:

Presidente del Consejo de Ministros, Francisco Javier Istúriz Montero.

Estado, Francisco Javier Istúriz Montero

Gracia y Justicia, Manuel Barrio Ayuso

Guerra, Antonio Seoane como titular, pero ejercía Manuel Soria / 8 de junio 1836: Santiago Méndez-Vigo García de San Pedro.

Marina, Antonio Alcalá Galiano

Hacienda, José Ventura Aguirre Solarte Iturraspe como titular, pero ejercía Mariano Egea / 25 de mayo 1836: Félix D`Olaverriague y Blanco (estuvo propuesto durante un día Joaquín María Ferrer Echevarría).

Gobernación del Reino, Ángel Saavedra Ramírez Baquedano, duque de Rivas.

 

Istúriz había estado en 1835 en el Gobierno Mendizábal, pero en 1836 no estuvo de acuerdo con la desamortización y evolucionó al moderantismo. Precisamente por esa crítica, fue llamado a gobernar en mayo de 1836.

Istúriz estaba en su momento de máxima popularidad en los días en que dimitió Mendizábal y fue elegido sin dificultad para Presidente del Gobierno. Pero la caída de Mendizábal y nombramiento de Istúriz significaba una intervención abierta de la Regente en asuntos de Gobierno, y María Cristina tuvo que dar explicaciones a los generales. Dijo que estaba en su derecho de no aceptar las peticiones de Fermín Caballero y de designar nuevo Presidente del Gobierno.

En el ambiente de sumisión a Gran Bretaña, Manuel Pando Fernández de Pinedo marqués de Miraflores aconsejó a la Reina la consulta a los embajadores francés y británico respecto a los cambios que pretendía hacer. El embajador británico Villiers dijo preferir a Istúriz sobre Mendizábal, el hombre que él mismo había recomendado para el Gobierno meses antes. Villiers envió a Istúriz una lista de “consejos” que agradarían a Gran Bretaña. Istúriz los rechazó. Y ambos personajes empezaron su convivencia en discordia.

Las Cortes le hicieron el boicot no aprobando a sus ministros, lo cual suponía que habría de gobernar en incompatibilidad entre Gobierno y Cortes.

Estaban naciendo los partidos moderado y progresista. Istúriz representaba el intento de los “moderados” por tomar el poder frente a lo que pensaban eran excesos progresistas. Mendizábal se había ido refugiando en colaboradores cada vez más radicales, como Fermín Caballero, Ildefonso Díez de Rivera y Muro III conde de Almodóvar, y otros. Logró romper el grupo liberal y, ello sucedió cuando Francisco Javier Istúriz y Antonio Alcalá Galiano se declararon más conservadores y arrastraron con ellos a: Ángel Saavedra Rodríguez Baquedano Duque de Rivas; Flores Calderón; Juan de Quesada y Vial conde de Donadío; a los que se sumaron enseguida los moderados de 1821-1823 como Martínez de la Rosa y el conde de Toreno. Una vez vista la formación de un bloque liberal moderado y dialogante, algunos fernandinos moderados como el conde de Ofalia y el marqués de las Amarillas se sumaron también, dando la configuración definitiva de lo que sería el partido moderado.

Istúriz, tenía un programa de gobierno complicado de cumplir, que presentó el 16 de mayo de 1836, cuando todavía no había completado su equipo de Gobierno:

Disolución de la Milicia Nacional.

Disolución de Cortes, que le eran contrarias.

Elecciones.

Cambiar a la Constitución de 1812, con algunos cambios, pues resultaba molesta por excesivamente democrática, y, según Istúriz, llevaba al populacho a la intervención espuria en la política. Los progresistas pedían la Constitución de Cádiz y los moderados de Istúriz pedían la reforma de la Constitución de 1812. En fin, Istúriz proponía un proyecto alternativo al Estatuto Real.

Acabar la guerra civil.

Hacer una serie de reformas administrativas y económicas.

Hacer respetar las leyes.

Proteger al trono de Isabel II.

 

 

Reacción progresista:

 

Los progresistas se sintieron mal, porque ellos no habían realizado casi nada de lo habían prometido y ahora llegaba un Gobierno, que pretendía ser más moderado, a “enmendarles la plana” con muchas de las ideas que ellos ya habían sugerido con anterioridad. Dijeron que el Gobierno de Istúriz no era representativo, que no podría desarrollar su programa de Gobierno. El 21 de mayo, apenas una semana después de ser nombrado Istúriz, ya estaban pidiendo la moción de confianza.

 

 

Actuaciones del Gobierno Istúriz.

 

El Consejo de Ministros de Istúriz discutió si debían dimitir en bloque, o el Gobierno debía disolver las Cortes, pues éstas se les mostraban contrarias desde el primer día.

Istúriz empezó disolviendo las Cortes en 23 de mayo de 1836. Así, pudo gobernar. Junto al decreto de disolución hizo convocatoria de nuevas Cortes con sus correspondientes elecciones que se debían celebrar en agosto. Istúriz sabía que aquella decisión no era muy democrática, pero no encontró otra salida mejor. Los progresistas estaban llamando a la revuelta en la calle y había que tomar decisiones extraordinarias. Desde este mismo momento, las dos facciones liberales, moderados y progresistas, se miraron como enemigos políticos irreconciliables para siempre en la historia de España, los progresistas apelando al apoyo constante de la calle, los moderados apelando a la ley y el orden. Y el absolutismo carlista, y absolutismo fernandino, que todavía eran mayoritarios en la sociedad española, pasaron a un segundo lugar en las urgencias políticas de los liberales. En muchas ocasiones se viviría una realidad política forzada, poco realista, cuajada de falseamientos. Los progresistas en la calle, nunca lograron reunir una masa suficiente como para tumbar a los Gobiernos fuertes moderados. Pero siempre podían reunir pequeños grupos de alborotadores y asaltar el poder de vez en cuando y por poco tiempo.

Istúriz encargó la redacción de la ley electoral a Antonio Alcalá Galiano Ministro de Marina, y a Manuel Barrio Ayuso Ministro de Gracia y Justicia. Con la nueva ley electoral los electores pasaban de una cifra de 23.000, a una de 65.000. Había muchas más circunscripciones electorales y más mesas electorales, de forma que era más fácil votar, pues había que viajar menos para hacerlo.

La ley electoral 24 de mayo de 1836 decía: Son electores los españoles mayores de 25 años que sean los mayores contribuyentes en la provincia en que están avecindados en razón de 200 por cada diputado que a la provincia cupiere.

Anunció unas Cortes “reformadoras”, término que debemos traducir como “constituyentes”. Istúriz quería separación de poderes, potestad legislativa para las Cámaras, posibilidad de veto real. Para todos era evidente que la nueva Constitución eliminaría el Estatuto Real, pero no iba a ser progresista. Los progresistas se pusieron muy nerviosos. Los progresistas hicieron bandera de la idea de que volviera la Constitución de 1812 en su integridad y no reformada como pretendía Istúriz..

Las elecciones se celebraron entre 13 de julio y primeros días de agosto de 1836, en días distintos en cada circunscripción. Los resultados se iban conociendo poco a poco, mientras la prensa publicaba programas, manifiestos y se constituían juntas electorales, reuniones y exposiciones de los candidatos.

En esas elecciones se presentaron candidaturas públicas por primera vez, es decir, se anunciaron públicamente los candidatos con anterioridad a las elecciones. El modo de hacerlo fue que el candidato publicaba en un periódico su credo político, sus principios morales y su programa de gobierno. Ello dio como resultado ineludible la formación de asociaciones electorales entre candidatos, preludio de lo que serían los partidos políticos. Eran las primeras asociaciones electorales habidas en España. El Español, aconsejó formar muchas asociaciones de este tipo.

Llegó a votar el 70% del censo, cosa nunca vista hasta entonces.

Los progresistas denunciaban errores de conteo y los moderados hacían otro tanto cuando perdían.

En las capitales de provincia solían ganar los progresistas y aquellas fueron las primeras noticias de resultados. Los progresistas ganaron en Madrid, Barcelona, Málaga, Alicante, Cádiz.

Más tarde se fueron produciendo las elecciones de circunscripciones de zonas rurales, pueblos medianos y pequeños que votaban a los moderados.

Había 136 escaños en disputa, y los moderados sacaron 80, que era mayoría. Los progresistas se quedaron en 56. A medida que se iban conociendo resultados adversos para los progresistas, éstos se iban poniendo nerviosos.

Los progresistas constataron una paradoja política: Con el Estatuto Real, que ellos despreciaban, habían obtenido el Gobierno y la mayoría parlamentaria, y habían sido capaces de forzar la caída de Martínez de la Rosa y de Toreno, la vuelta de la Milicia Nacional y la colocación de muchos progresistas en puestos de responsabilidad, la supresión de órdenes religiosas y la desamortización. Pero con una ampliación del censo, tuvo lugar el acceso de liberales moderados al poder, y ellos tenían mucho menos campo de acción política.

Istúriz no era un conservador al uso, no era un absolutista, sino un liberal que se proponía realizar las reformas por las que luchaban los liberales, pero desde una base política distinta y con ideas diferentes a las radicales defendidas por los progresistas. Las reformas se iban a hacer, pero no iban a ser las que los progresistas venían defendiendo desde 1821.

 

 

Levantamientos progresistas de verano de 1836.

 

Las elecciones no tuvieron eficacia ninguna, pues hubo un levantamiento que las anuló. No se constituyeron las Cortes. Algunos historiadores opinan que los motines estaban organizados por Mendizábal. Los progresistas no aceptaron su derrota, cuando pensaban que con una ampliación del censo, ganarían de corrido. Y organizaron todo tipo de sublevaciones:

El 26 de julio se alzó Málaga, donde Scheidnagel forzó las actas. Allí se asesinó al Gobernador Civil, Donadío, y al Gobernador Militar, Saint Just, y se proclamó la Constitución de 1812.

El 28 de julio se alzó Cádiz.

El 31 de julio se alzó Granada.

El 1 de agosto se alzaron Sevilla y Zaragoza. Evaristo San Miguel, Capitán General de Aragón, envió un escrito a la Reina a favor de los sublevados.

El 4 de agosto se alzó Huelva.

El 8 de agosto se alzó Badajoz.

El 11 de agosto se alzaron Valencia y La Coruña.

El 13 de agosto se alzó Madrid.

El modo de actuación era utilizar la Milicia Nacional, que entonces contaba con 475.000 hombres, de los cuales 175.000 estaban armados. Por ello, el 6 de agosto, Istúriz disolvió la Milicia Nacional.

Las sublevaciones se mantuvieron hasta los sucesos de La Granja de 13 de agosto de 1836, que es el momento culminante de la sublevación progresista-populista. Istúriz intentó disolver la Milicia Nacional, base y origen de esas violencias callejeras y sobrevino una sublevación popular con el apoyo de un grupo de sargentos de La Granja de San Ildefonso, palacio de la Reina Regente, pidiendo el restablecimiento de la Constitución de Cádiz.

 

 

El motín de la Granja de San Ildefonso

   de 12 de agosto de 1836.

 

El motín de la Granja de San Ildefonso de 12 de agosto de 1836, o “la sargentada”, en apoyo de la Milicia Nacional sublevada contra Istúriz, es muy significativo para explicar lo que ocurría en España: el juntismo (constitución de juntas que asumiesen la soberanía popular) estaba cuajando dentro del partido progresista. Los progresistas se situaban más en el populismo que en el progresismo. El término “progresista” no era más que una denominación que se habían puesto a sí mismos porque no les gustaba ser denominados exaltados, pero de ahí a que fueran liberales progresistas había un cierto trecho.

Los sucesos de La Granja de San Ildefonso[1] fueron así: Varios miembros de la Milicia Nacional de Madrid se habían trasladado a La Granja para presionar a María Cristina en favor de los progresistas. Con motivo de que los oficiales de Palacio habían salido a escuchar una obra de ópera el 12 de agosto de 1836, los sargentos de la Guardia Real aprovecharon su tenencia del mando del cuartel para levantar a la tropa. Hubo muchas discusiones entre ellos y se actuaba entre gritos. Por fin, los sargentos Alejandro Gómez e Higinio García subieron a las habitaciones de María Cristina y exigieron a la Reina Regente que firmase un papel que llevaban preparado, restableciendo la Constitución de 1812. Lograron la firma y con ello cambiaron la Constitución de España. El acontecimiento era muy serio: Si cualquier militar, incluso un sargento, podía imponer o quitar una Constitución, algo grave estaba pasando en el liberalismo español, muy poco democrático a pesar de las denominaciones de liberal y progresista, que sólo eran palabras. Junto a la petición de restablecer la Constitución de 1812, llevaban otra petición de que se les bajase el precio del tabaco, lo cual indica el poco nivel político de aquella asonada.

El suceso era grave porque era un secuestro de la Reina Regente. Istúriz tenía 2.500 hombres en Madrid, pero no podía enviarlos a La Granja porque ello seguramente daría lugar al levantamiento de los progresistas en Madrid. Envió a Méndez Vigo con dinero para ofrecer a los sublevados de La Granja.

El 13 de agosto empezó la sublevación progresista en Madrid. Los milicianos captaron a varios paisanos exaltados y se echaron juntos a la calle.

El Gobierno de Istúriz trató de resistirse y mandó que la Regente fuera a Madrid, pero los sargentos retuvieron a la Regente en La Granja. Se pidió ayuda a Gran Bretaña y a Francia, que se abstuvieron de actuar, y el Gobierno decidió aceptar o simular que aceptaba los hechos. Quería conversaciones con los sublevados para ganar tiempo. Los sargentos de La Granja no aceptaron conversaciones. Los sargentos exigieron de la Regente el cese del Gobierno y nombramiento de otro Gobierno liberal, y mientras tanto, no soltaban a dos Ministros que tenían como rehenes.

El general Vicente Genaro Quesada, Capitán General de Castilla La Nueva, fue asesinado el 15 de agosto de 1836 por los insurrectos por defender al Gobierno Istúriz. Istúriz, por precaución, se marchó a Inglaterra, vía París. Volvería a España en 1837 cuando ya regía la nueva Constitución, y ya dentro del grupo moderado puritano, porque estaba disgustado con los progresistas. También discreparía de Narváez en 1845 porque éste había hecho una Constitución de un solo partido político, e Istúriz pensaba que las Constituciones debían hacerse por consenso y para todos los españoles.

El 14 de agosto de 1836, María Cristina nombró Jefe de Gobierno a José María Calatrava, un progresista, y como por ensalmo, todos los motines cesaron fulminantemente, lo que no deja ninguna duda de que habían sido motines políticos populistas y no populares como los progresistas pretendían decir. Y la Constitución de 1812 fue restablecida por segunda vez.

Calatrava seguía en la misma línea política de sumisión a todo lo que dijeran Gran Bretaña y Francia Las relaciones exteriores de los Gobiernos de Calatrava, Bardají, Ofalia, Duque de Frías y Pérez de Castro las impusieron Gran Bretaña y Francia. España era un país satélite de las potencias citadas.

 

 

La enseñanza en 1836.

 

El 4 de agosto de 1836 se estableció el Plan General de Instrucción Pública, “Plan Duque de Rivas” para la enseñanza, plan que estuvo vigente hasta 1845. La ocasión era desafortunada. Aquellos días de sublevación progresista del Motín de la Granja eran muy violentos, y el triunfo del progresismo dejó sin efecto el plan.

Este plan está relacionado con el Reglamento General de Instrucción Pública de 1821, que creó los tres niveles de enseñanza y puso para su inspección la Dirección General de Estudios. En 1832, Cea Bermúdez había hecho que la Instrucción Pública pasase a depender de “Fomento”, ese ministerio que él creó para controlar la vida política española a favor de María Cristina e Isabel II. La Universidad aparecía como peligrosa políticamente en el final del reinado de Fernando VII. En 1834 se habían creado las escuelas primarias, lo cual representaba la entrada del Estado en el campo de la enseñanza de forma fehaciente y precisa. Desde entonces, se produjo una tendencia continua a estatalizar la enseñanza, imitando el modelo francés que ya lo había hecho. Desde 1834 a 1857, habrá una serie de tanteos educativos y de conflictos con intereses políticos, que dudaban entre la libertad necesaria a la enseñanza y su control por parte de la Iglesia y de los políticos.

En 1835 se había restaurado la Universidad de Barcelona que había sido cerrada por Felipe V en 1715. Elías Rogent sería el encargado de construir el edificio sede, que sería terminado en 1874.

El Plan de Duque de Rivas de 4 de agosto de 1836 adscribió la enseñanza al Ministerio de Gobernación reasumiendo el reglamento de 1821. Fijó tres niveles: primaria, secundaria y nivel universitario. Concebía cada nivel como independiente respecto a los demás. Anulaba la uniformidad de los textos prescrita en 1821. Hacía gratuita la enseñanza para los hijos de las familias pobres que demostraran capacidad para el estudio. Regulaba la financiación escolar de modo que las escuelas fueran sostenidas por los ayuntamientos, los institutos por las Diputaciones Provinciales y las Universidades por el Estado. Fijaba el sueldo del maestro de elemental en 800 reales al año, y el de superior en 2.400 reales. Este sueldo debía ser pagado por los alumnos, excepto los pobres con aptitud para el estudio, que quedaban exentos.

 

En cuanto a la enseñanza primaria, el Plan Duque de Rivas concebía dos tipos de enseñanza una masculina y otra femenina. La enseñanza de chicas se impartiría allí donde hubiera suficientes recursos económicos.

En la masculina había dos niveles: elemental y superior. La enseñanza elemental servía para aprender a leer, escribir, contar, catecismo religioso y civil, y principios de gramática castellana. La enseñanza superior incluía nociones de aritmética, geometría, dibujo, física, química e historia natural, y noticias de geografía e historia.

En la femenina se enseñaba a leer, escribir, catecismo y labores propias de su sexo. Y las maestras de las niñas no necesitaban oposiciones.

 

Lo más trascendente de 1836 fue la aparición de los institutos como centros de segunda enseñanza. En el momento de su aparición se produjo el nivel de máxima confianza en el profesor y de fe en la libertad: cada profesor podía escoger su propio texto, pero no lo podía imponer a los alumnos, sino sólo recomendarle. El alumno podía también elegir el texto por el que iba a estudiar. El castellano era la lengua de aprendizaje.

 

En el nivel universitario, en octubre de 1836 elaboraron un decreto con tres puntos importantes:

Se restableció la Dirección General de Estudios,

Se dispuso que la Universidad Complutense se trasladara a Madrid y el 29 de octubre de 1836 se trasladó la Universidad de Alcalá, la actual Complutense, a Madrid: la Escuela de Jurisprudencia fue a parar al edificio del Seminario de Nobles, y otras facultades fueron en 1837 a Las Salesas. El traslado se había decidido en 1814 y aprobado en Cortes en 1821, y realizado en 1822 (inaugurada por Quintana), pero ante las protestas de Alcalá de Henares, la Universidad volvió a su origen en 1823 y Alcalá de Henares se hizo absolutista y enemiga de liberales. En 1836 pasó definitivamente a Madrid.

La Universidad Central fue dotada con un claustro de doctores. Se Introdujeron ciertas reformas en la Universidad: se añadieron las facultades de Farmacia y Veterinaria, se crearon las Escuelas de Caminos y Canales; Minas; Agricultura; Bellas Artes (arquitectura); Artes y Oficios.

El futuro de la Universidad Central fue: En 1843 tendría nuevas instalaciones en Noviciado. En 1919 se dio la autonomía universitaria y la Universidad de Madrid decidió en 1927 hacer unas nuevas instalaciones creándose una Junta Constructora de la Ciudad Universitaria. En 1932 se hicieron los primeros traslados. En 1936-1939 fue casi enteramente destruida por la guerra. En 1970 recibiría el nombre de Universidad Complutense. Por entonces se crearon en Madrid otras Universidades: 6 de junio de 1968 la Universidad Autónoma de Madrid; 1971, la Universidad Politécnica de Madrid; 1972, la Universidad Nacional de Educación a Distancia UNED.

 

El plan de enseñanza de 4 de agosto de 1836 fue modificado el 29 de octubre de 1836, por el Gobierno progresista de Calatrava introduciendo matices de tipo Olavide 1768, de forma que el Estado reglamentaba las Universidades, jerarquizaba a los enseñantes según niveles de conocimientos y vigilaba la impartición de los programas según lo previsto y acordado por las autoridades pertinentes.

En años posteriores a 1836 y hasta 1845, habrá algunos proyectos de reformas como el de Someruelos, el de Infante, y el de Justiniani de 1844 (este último proyectando “escuelas industriales”), y otras reformas fracasadas como el proyecto de una facultad mayor de filosofía y el Instituto Normal Central para profesores de bachillerato, pero todos fracasaron, así que el plan Duque de Rivas se puede considerar vigente hasta el Plan Pidal de septiembre de 1845.

Quizás una de las reformas verdaderamente importantes ante el problema de la enseñanza, fue la postura adoptada por los liberales a partir de 1838. En 1838, los nuevos liberales más moderados y cautos, tomaron conciencia de sus verdaderas posibilidades y renunciaron a los grandes principios utópicos para emprender ideales más factibles: limitarse a una enseñanza general para los pobres, y reservar la enseñanza superior para las clases medias. Esa medida puede ser considerada clasista, o tal vez realista y eficaz.

 

 

La guerra carlista en verano de 1836.

 

Recordemos que 1836 había empezado con los triunfos de Fernández de Córdova en Plencia y Valmaseda sobre los carlistas. Córdova no pudo explotar su éxito de principios de 1836 en Guipúzcoa y norte de Castilla, porque se quedó sin dinero y los soldados se le quejaban. La pérdida de los alrededores de Bilbao acarreó pérdida de popularidad de Córdova. En julio de 1836 dimitió el general en jefe del norte, que llevaba la guerra carlista, general Luis Fernández de Córdova. La destitución de Córdova significó un completo desorden el ejército cristino. Se nombró Comandante en Jefe interino a Méndez Vigo y posteriormente a Marcelino Oráa, y finalmente jefe definitivo a Baldomero Fernández, Espartero, en julio de 1836. Y entonces llegó la crisis de los levantamientos progresistas de agosto de 1836.

En primavera de 1836, el carlista Jerónimo Merino fue derrotado en Castilla la Vieja y se retiró al País Vasco, hecho importante que marca la desaparición del carlismo en Castilla.

El 13 de junio de 1836, el jefe carlista Nazario Eguía fue destituido y se nombró jefe interino a Bruno Villarreal, que contaba con 34.000 hombres, una cifra máxima en las fuerzas del carlismo.

Villarreal organizó una gran ofensiva de modo que Francisco García atacó la línea Zubiri, Guibelalde cercó San Sebastián, Villarreal tomó Villasana, e Iturralde fue el único que fue derrotado y juzgado por ello (más adelante será apresado por los liberales y morirá en la cárcel).

En 1836 hubo un cambio de táctica carlista: Teniendo en cuenta las simpatías que parecían tener los carlistas entre los curas y frailes, decidieron hacer expediciones por toda España a fin de levantar a los campesinos por el absolutismo. Bruno Villarreal organizó tres expediciones: la de Miguel Gómez, la de Basilio García y la de Pablo Sanz. De ellas, es particularmente interesante, por lo épico, la de Gómez:

El general Miguel Gómez recorrió Castilla, Extremadura y Andalucía sin fracasos pero sin éxitos desde junio a diciembre de 1836: salió del País Vasco hasta Oviedo, Santiago, Asturias, Valladolid, Cuenca, Jaén, Córdoba, Cáceres, Sevilla, Algeciras, Sevilla de nuevo, Guadalajara, Burgos, y volvió al País Vasco en diciembre de 1836. La misión que el general Villarreal había encargado a Gómez era levantar un ejército en Asturias y Galicia. Por eso se dirigió en primer lugar hasta Oviedo, pero no fue capaz de establecer acuerdos con los carlistas gallegos, y en agosto se retiró hacia León. Ante la noticia de la proximidad de un ejército liberal una vez que estaba en Castilla, decidió intentar allí levantamientos carlistas y el 20 de agosto estaba en Palencia y desde allí se llegó hasta Peñafiel (Valladolid) y Segovia, en donde tuvo noticia de la proximidad de un ejército liberal, fue sobre Jadraque (Guadalajara) y derrotó a unos liberales en 30 de agosto. Estaba cerca de Madrid pero no se creía con fuerzas para tomar la capital de España. Entonces fue sobre Valencia y el 7 de septiembre llegó a Utiel (Valencia) y se entrevistó con Cabrera. Cabrera le dijo que el objetivo era Madrid y que el carlismo había perdido una gran oportunidad de atacar Madrid, en el momento en que el Gobierno de Istúriz estaba en crisis y había habido levantamientos progresistas en agosto de 1836. Gómez le exigió su cooperación y Cabrera hubo de seguir a Gómez por La Mancha y Andalucía. Cabrera se disgustó mucho con Gómez, pues durante su ausencia se estaban perdiendo muchos pueblos en El Maestrazgo, y ellos no estaban consiguiendo nada en la expedición. Ya durante el Gobierno de Calatrava, el 11 de septiembre de 1836, llegó a la zona del Maestrazgo el general Isidro Alaix Fábregas, que derrotó a los carlistas, y Gómez decidió huir hacia una dirección que sorprendiera a los cristinos, hacia La Mancha. Prosiguió su marcha hasta Córdoba, tal vez porque era andaluz y conocía a zona sur, a donde llegó el 30 de septiembre y tomó la ciudad. Se mantuvo en Córdoba hasta el 14 de octubre. De Córdoba decidió volver al norte y fue sobre Almadén (Ciudad Real), y de pronto cambió de ruta para ir al oeste, a Extremadura, visitando Trujillo y Cáceres. Entonces, Cabrera se cansó de caminar incesantemente y pidió permiso para retirarse al Maestrazgo, su zona base. Gómez decidió volver a Andalucía y fue sobre Ronda (Málaga) porque había oído que en Ronda había muchos guerrilleros carlistas. Tomando como base Ronda, atacó Écija, volvió a Ronda, y desde allí fue a Algeciras.

La expedición de Gómez había alarmado al Gobierno, que envió contra él al general Ramón María Narváez y al general Isidro Alaix. Narváez combatió a Gómez en Majaceite (Cádiz) y hubo muchos muertos en ambos bandos. Como Gómez no podía reponer sus bajas, decidió volver al norte. Se dirigió a Jaén, La Mancha, Soria, Burgos, y en su camino no se detenía en ninguna ciudad, y llegó a Orduña el 20 de diciembre de 1836, tras haber recorrido 4.200 kilómetros a pie en poco más de seis meses. Regresaba con 3.250 hombres que era la misma cifra aproximada con que había salido seis meses antes. Lo interesante a considerar es por qué no fue aceptado y no se pudo quedar en Galicia, ni el Maestrazgo, ni en Ronda, con las bandas de guerrilleros carlistas. Tal vez porque exigía recursos que a los carlistas de esas zonas les resultaban escasos, impuestos nuevos que las gentes no estaban dispuestos a pagar.

 

En agosto de 1836, el carlista Juan Bautista Erro envió a Cataluña a Maroto para intentar levantar el tercer frente carlista (País Vasco y el Maestrazgo eran los otros dos), pero Maroto se encontró con una Junta de Cataluña que quería someterle a obediencia, y Maroto no aceptó la situación sino que huyó a Francia en octubre. El nuevo jefe de Cataluña fue Blas Royo.

Otras expediciones carlistas:

En otoño de 1836, Basilio García hizo una expedición carlista por La Rioja, Soria, y Segovia, nada comparable a la de su compañero Gómez.

Miguel Gómez hizo otra expedición posterior a la famosa de 1836, pero nada espectacular en esta segunda ocasión.

Juan Antonio Zariátegui se llegó a Castilla la Nueva.

Juan Antonio Guergué llegó a Cataluña.

 

 

[1] Santos Campoy García. WWW. La “sargentada” de La Granja en el diario de Musso Valiente.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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