GOBIERNOS DE TORENO Y ÁLAVA ESQUIVEL EN 1835.

 

 

 

EL GOBIERNO TORENO, 1835.

 

 

Gobierno Toreno,

         7 junio 1835 – 14 septiembre 1835.

 

El 8 de junio de 1835 formó Gobierno José María Queipo de Llano, conde de Toreno, Gobierno que duraría sólo cuatro meses, hasta 14 de septiembre del mismo año. Toreno había sido exaltado en 1810-1814, moderado en 1820-1823, exiliado en 1823 y colaborador de Fernando VII en la última fase del reinado de éste. Toreno representaba la voluntad de trasacción entre absolutistas y liberales.

Presidente, José María Queipo de Llano Ruiz de Saravia, conde de Toreno.

Estado, José María Queipo de Llano Ruiz de Saravia, conde de Toreno.

Gracia y Justicia, Juan de la Dehesa / 13 junio 1835: Manuel García Herreros.

Guerra, Jerónimo Valdés como titular, pero en realidad ejercía Valentín Ferraz / 13 junio 1835: Pedro Agustín Girón de las Casas, marqués de las Amarillas y duque de Ahumada / 28 agosto 1835: Prudencio de Guadalfájara Aguilera, duque de Castroterreño.

Marina, José Vázquez Figueroa como titular, y Miguel Ricardo Álava Esquivel como interino, pero en realidad ejercía Pedro Agustín Girón de las Casas, marqués de las Amarillas / 28 agosto 1835: José Sartorio.

Hacienda, José María Queipo de Llano Ruiz de Saravia, conde de Toreno / 13 junio 1835: Juan Álvarez Mendizábal.

Interior, Diego Medrano como titular, pero en realidad ejercía Juan Álvarez Guerra / 28 de agosto 1835: Manuel de la Riva Herrera como titular, pero en realidad ejercía Ángel Vallejo Villalón.

 

 

Leyes pro-liberales de Toreno.

 

Toreno, en 1835, era en su modo de pensar, más bien un moderado dispuesto a una colaboración entre progresistas y moderados. En principio dio gusto a los propietarios, muchos de ellos moderados, con una Ley de Ayuntamientos muy favorable a los intereses de los propietarios rurales.

 

El Real Decreto de Ley de Ayuntamientos de 23 de julio de 1835 era un tema complicado[1]:

Era un gran avance el que se suprimieran oficios perpetuos, se eligieran directamente los cargos municipales y se eliminaran las responsabilidades recaudatorias para los cargos municipales. En eso estaban de acuerdo absolutistas moderados y liberales. El tema de discusión era el alcalde y la capacidad de decisión de cada Ayuntamiento.

Había dos formas de pensar entre los liberales: Los moderados querían igualdad legal de las distintas administraciones municipales y control de todas ellas desde el Gobierno. Los progresistas no confiaban en llegar al Gobierno de España, pero sí veían posible dominar Ayuntamientos y pedían autonomía municipal. Ambos grupos políticos eran centralistas, pero diferían en el grado de centralización del modelo de Gobierno. Los temas eran dos: la elección del alcalde y el grado de autonomía de éste. En cuanto a la elección del alcalde, los moderados querían que los alcaldes de ciudades importantes fueran designados por el Gobierno, central o provincial, mientras los progresistas querían que el alcalde fuera siempre elegido por los vecinos. Las funciones del alcalde eran dictar bandos y reglamentos, y coordinar la elaboración del presupuesto y aprobarle definitivamente. Los moderados querían que ambas cosas fueran ratificadas por el Gobierno. Los progresistas querían autonomía municipal para hacer lo que les conviniese en cada municipio.

El Real Decreto de 23 de julio de 1835, con un sufragio muy restringido, entregaba los ayuntamientos a la burguesía de cada localidad. Los grandes terratenientes integraban las Juntas Municipales y serían en adelante los encargados de realizar los amirallamientos (catastros locales) de riqueza rústica y las cartillas de evaluación de la riqueza de cada vecino. Los progresistas querían que votasen también los propietarios medios, los arrendatarios y los intelectuales. En 5 de junio de 1840, se ratificará el dominio moderado sobre los Ayuntamientos.

Con el Real Decreto de 1835:

se consolidaban las ocupaciones de baldíos y realengos, ley de 6 de mayo de 1834, pues estos propietarios no iban a actuar contra sí mismos;

la administración local se empobrecería notablemente, pues los ayuntamientos habían perdido ingresos o capacidad de recaudarlos, y en adelante carecían de recursos. La ruina total de los ayuntamientos se produciría en mayo de 1855 cuando a los ayuntamientos se les quitasen los propios, para subastarlos a particulares;

al mismo tiempo, se empobrecían los campesinos y pequeña burguesía rural que perdían sus cultivos ilegales en esas tierras de baldío y realengo ahora ocupadas por los burgueses, y sufrían las derramas que les quisieran imponer las Juntas Municipales. También se empobrecían los pastores, que perdían la capacidad de mantener sus ganados en esas tierras, y ello afectó sobre todo a Extremadura y Castilla la Mancha.

 

 

Reformas sociales y religiosas de 1835.

 

La llegada a Gracia y Justicia de Manuel García Herreros se tradujo en varias iniciativas. Gracia y Justicia se encargaba de los asuntos de la Iglesia:

El 4 de julio de 1835 disolvió la Compañía de Jesús. Fue la segunda disolución de la Compañía en España.

El 23 de julio de 1835 se publicó la Ley de Oficios Públicos de modo que ningún oficio podía ser propiedad de ninguna familia ni persona, sino que eran todos libres y del Estado.

El 25 de julio se suprimieron los conventos y monasterios de menos de 12 religiosos profesos, y ello supuso el cierre de unos 900 conventos. El cierre fue acompañado de ataques de las masas liberales-populistas a los conventos y sacerdotes.

En 1835 se creó la Escuela de Ingenieros de Minas de Madrid, quedando relegada la escuela de Almadén a preparar capataces de minas. La Escuela de Almadén era de 1777, fundada por el alemán Enrique Storr y dirigida más tarde por Juan Hoppersack, y había contado entre sus profesores a Diego Larrañaga y Francisco de la Garza.

Las libertades liberales, con leyes como ésta Ley de Ayuntamientos y leyes anticlericales, no iban a ser del gusto de las clases bajas. La publicación de otras leyes progresistas no podía compensar el daño inferido a los desafortunados

 

 

Incorporación de Mendizábal al equipo de Gobierno.

 

En junio de 1835, Toreno se trajo de Londres a un prestigioso liberal, que hasta entonces atacaba desde la línea progresista, y lo incluyó en el Gobierno en el Ministerio de Hacienda. Se trataba de Juan Álvarez Mendizábal, un banquero que venía para solucionar los problemas financieros españoles. Pero aunque Mendizábal fuera progresista, Toreno ya no podría borrar su imagen de enemigo de los campesinos, y de dudosa moral. Toreno, un líder progresista, se sentía defraudado por los progresistas de su partido. De momento, Mendizábal fue utilizado como mediador entre el Gobierno y los sublevados en las diversas Juntas de España. Había sido traído a España como mago de las finanzas, y ahora se confiaba en que fuera mago de la política.

Juan Álvarez Mendizábal era un banquero andaluz de origen judío que había vivido fuera de España y había manejado empréstitos. Por tanto parecía idóneo para manejar el problema de la deuda. Toreno le encargó el arreglo de la deuda. Pero Mendizábal encontró un horizonte muy difícil al hacerse cargo de Hacienda: el sistema político español estaba desacreditado en Europa; el Gobierno español no tenía autoridad en el interior de España; las Juntas pedían una constitución y creaban inseguridad e inestabilidad política; los carlistas estaban en guerra; y la deuda de Hacienda era más grande cuanto más se conocía de las cuentas del Estado y los banqueros europeos no querían darle crédito sino con condiciones muy difíciles.

Mendizábal sugirió la necesidad de revisión del Estatuto Real, añadiendo una dificultad más a las muchas que había.

 

 

La reforma de la diplomacia exterior con Toreno.

 

Aunque el proyecto era del conservador Martínez de la Rosa, Real Decreto de 31 de diciembre de 1834, el progresista José María Queipo de Llano conde de Toreno no tuvo ningún inconveniente en continuarlo, y así el Real Decreto de 10 de agosto de 1835 introdujo varias reformas en el Ministerio de Estado: dividió el Ministerio en cuatro Secciones, de las cuales dos se ocupaban de política, una de comercio y consulados, y la cuarta de contabilidad y negocios en el exterior. Las Secciones de Estado de política se ocupaban de la correspondencia diplomática con embajadores, legaciones, agentes diplomáticos y consulares de fuera del Reino. La Sección de Comercio y Consulados se ocupaba de la correspondencia relativa a asuntos científicos y comerciales, y a las reclamaciones sobre estos temas. La Sección de Contabilidad y Negocios del Exterior se ocupaba de asuntos internos al Ministerio, de sus empleados, de las personas reales, de Grandes y nobles titulados, de cruces y honores, de pasaportes, licencias, correos de Gabinete, y de todos los asuntos que ni tuvieran cabida en las tres Secciones anteriores.

Esta organización de la política exterior era más costosa que el sistema anterior y tuvo avatares diversos, según se tratase de ahorrar, como ocurrió en 1835 que se suprimió, pero se impuso definitivamente a partir de 1847.

 

 

Revueltas populistas en verano de 1835.

 

Toreno, con estas disposiciones a favor de los burgueses citadas más arriba, no obtuvo el resultado que esperaba, que era la colaboración de todos los liberales. Creyó que dándole algo a la oposición se los ganaría. Pero los liberales de la oposición tenían claro que querían una Constitución democrática.

En verano de 1835, sobre todo en agosto, se produjo una revuelta popular espontánea, probablemente debida al alto desempleo por la llegada de la primera mecanización industrial, y más probablemente al alza de los precios del trigo, de lo que se culpaba a los impuestos, y quizás también por la pérdida de los baldíos y realengos. Tuvo especial incidencia en Barcelona. Esta revuelta popular iba, allí donde se produjo, contra los párrocos y las familias ricas de cada pueblo. La gran burguesía era la ganadora en este conflicto, pues ejerciendo medidas de orden ampliaba sus posesiones y legalizaba sus usurpaciones de tierras hechas con anterioridad. Iban contra Toreno, y el grito de guerra era vitorear la Constitución de 1812.

En la ciudad de Cádiz hubo manifestaciones pidiendo la Constitución de 1812, que fueron combatidas con violencia y dieron lugar a nuevas manifestaciones.

El 25 de junio hubo un motín en Barcelona: la milicia urbana y muchos ciudadanos salieron a la calle, asaltaron conventos y asesinaron a unos 80 frailes. Durante varios días controlaron la ciudad y tomaron decisiones tan equivocadas como dedicarse al pillaje. El Capitán General Manuel Llauder, que estaba en Igualada luchando contra los carlistas, envió a Barcelona al general Pere Nolasc Bassa. Bassa llegó a Capitanía y fue cercado por los amotinados. Los amotinados asaltaron Capitanía, destruyeron una estatua de Fernando VII y asesinaron a Bassa el 6 de agosto de 1835. Luego fueron al asalto de Jefatura Política (Gobierno Civil) y Delegación de Consumos y en estos edificios quemaban todos los documentos que encontraban. Por la noche, un grupo de obreros fue contra la fábrica Bonaplata, la cual estaba defendida por milicianos urbanos, cuyos componentes salían de familias obreras, y defendían la fábrica como algo natural, pues las fábricas daban de comer a todos. Hubo lucha hasta que los milicianos huyeron tras sufrir 12 muertos. Luego prendieron fuego al edificio. Como era de madera, se quemó por completo. También fue atacada la fábrica de blanqueos de tejidos de Juan Vilaregut. El problema consistía en que las nuevas fábricas habían importado máquinas de vapor y cada máquina desarrollaba el trabajo de 15 hombres, por lo cual los obreros tenían miedo al despido.

También en la madrugada del 6 de agosto de 1835 se asaltó y destruyó el domicilio y fábrica de Muné, un empresario de ideología absolutista.

El asalto a la fábrica de Bonaplata provocó la reunión de los fabricantes de Barcelona, los cuales decidieron contratar guardias para defender sus fábricas. Ya no hubo más destrucciones de fábricas. Los amotinados de Barcelona pedían acabar con la policía, con los derechos de puertas y con las gabelas, es decir, que era una revuelta típicamente populista del pueblo bajo.

En 1835 se incendió la fábrica El Vapor, propiedad de los Bonaplata, Vilaregut, Rull y Cía. Lo que se salvó del incendio fue porque los obreros lo defendieron contra los ataques de marinos, pescadores, y campesinos de los barrios marítimos de Barcelona y localidades cercanas a la ciudad, los cuales se habían propuesto arrasar las fábricas. Había mucho de populismo incontrolado y poco de socialismo, o luddismo en aquel incendio.

El 7 de agosto se fusiló al marinero Narciso Pardinas, implicado en los hechos de la noche del 5 al 6 de agosto. Y el 10 de agosto se fusiló a Alejo Brell, José Prats y Juan Gualdo por haber participado en el asalto a la fábrica de Bonaplata.

De todos modos, los tratadistas de las teorías socialistas sitúan los primeros movimientos obreros en estos sucesos de verano de 1835.

La razón de esta discrepancia entre historiadores es que, por una parte, no era más que una crisis de subsistencias que afectaba a marineros, pescadores, artesanos y campesinos igual que a los obreros, y fueron los oficios citados los que salieron a la calle y protagonizaron los sucesos de Agosto en Barcelona. Pero, por otro lado, hay que tener en cuenta el miedo a las máquinas que se estaba extendiendo entre los obreros y que les hizo ir a varias fábricas a destruir selfactinas (españolización de selfactings). Y los partidarios de encontrar socialismo en estos movimientos, apuntan que había un conflicto obrero latente desde 1827: como al obrero tejedor se le pagaba por pieza terminada, los empresarios habían tenido la idea de alargar las piezas para considerarlas terminadas, lo cual había provocado protestas en 1827, 1830, 1831, 1833 y 1835, y esas protestas habían conducido a reuniones de obreros para elegir representantes que llevaran la protesta al empresario, o al Gobernador en su caso. Ello había llevado a la organización de algunas huelgas, lo cual significaba coordinación entre los obreros, y ello significaba actividad obrera de tipo socialista. El tema estuvo más claro en 1838, pero 1835 había sido un antecedente.

 

El 10 de agosto de 1835, Pascual Madoz, que residía en Barcelona, constituyó en Barcelona la Junta Auxiliar Consultiva, la cual alternó promesas a las masas con críticas al Gobierno de Toreno y logró que se retiraran las masas de la calle. Pero, para sorpresa de Toreno, Madoz exigió Cortes Constituyentes. Y el asunto no se quedó ahí, pues entonces Valencia y Zaragoza formaron Juntas que pidieron Constitución. Tarragona se sublevó y asesinaron al Gobernador de la ciudad. Cádiz y La Coruña formaron Juntas.

El 15 de agosto de 1835, Madrid intentó el golpe de Estado mientras Toreno estaba en La Granja: La Milicia Urbana tomó la Plaza Mayor. El movimiento popular no fue secundado por el ejército y fracasó. Andrés Borrego se ofreció como intermediario entre la Milicia sublevada y el general Vicente Genaro de Quesada al que presentó las demandas de los sublevados: supresión de los monasterios que ocupaban gran parte del suelo de Madrid, y devolución de las tierras que habían comprado en 1821-1822 y se les habían quitado en 1823. Se aceptaron sus peticiones y volvió la paz a la calle.

 

 

Los progresistas ante las revueltas.

 

Los progresistas vieron una gran oportunidad política en estas revueltas populares, si lograban hacerse con su dirección, y organizaron “Juntas” de ciudadanos y un representante de cada pueblo para negociar con el Gobierno. Su programa era echar abajo el Estatuto Real.

Los progresistas, gentes sin demasiados recursos pecuniarios propios, tenían en su contra el ansia de muchos de sus miembros por colocarse en los ayuntamientos y en la Administración provincial. Este deseo era un incentivo para las clases bajas para participar en las revueltas, pero, a largo plazo, actuaba en su contra, porque los cargos públicos eran pocos y eso les llevaba a la división interna entre los que se colocaban muy bien, los que simplemente se colocaban y los que quedaban fuera de ese chollo. El progresismo era muy fuerte en Andalucía, Aragón y parte de Cataluña (donde se estaban poniendo las primeras máquinas de vapor).

La organización de la revuelta por los progresistas tuvo éxito de convocatoria y se fue extendiendo a Aragón, Valencia y Andalucía, en donde se constituyeron Juntas populares. Aparecieron Juntas en Málaga y Sevilla en las que estaban algunos terratenientes, y ya se pedía en toda España la dimisión de Toreno y la vuelta de la constitución de 1812. El éxito de propaganda a favor del progresismo no fue tanto, pues en Reus y en Barcelona estalló un movimiento popular que quemaba conventos, y a medio plazo, esas acciones le restaron mucha popularidad al progresismo.

Los progresistas exigían de Toreno la supresión de todos los conventos, devolución de bienes eclesiásticos desamortizados en el Trienio Liberal, libertad de prensa y Cortes constituyentes.

Toreno les dio la disolución de la Compañía de Jesús (ya decidida desde julio), y el cierre de los conventos que tuviesen menos de 12 profesos, nacionalizando sus posesiones, pero eso no bastaba a los revoltosos. Toreno perdió el liderazgo moral de los progresistas.

 

 

La guerra carlista en 1835.

 

Toreno, a través de Mendizábal, negoció acuerdos internacionales con Francia, Portugal y Gran Bretaña (Gabinete St. James), para aislar a los carlistas y para que mandasen contingentes de soldados para la lucha. Consiguió la promesa de que 12.000 franceses, 2.000 británicos colaborasen contra los carlistas vasconavarros y otros miles de portugueses participasen en la guerra contra los carlistas en Salamanca y Zamora. Francia y Portugal hicieron además declaraciones de apoyo a Isabel II.

Todavía no había llegado ninguna ayuda extranjera cuando se produjeron las victorias de Toreno sobre los carlistas: Tuvo éxitos notables en la Guerra Carlista pues logró levantar el sitio de Bilbao, venció a los carlistas en Mendigorría y pudo anunciar la muerte de Zumalacárregui en 28 de junio de 1835.

En junio de 1835, don Carlos María Isidro dio la orden de tomar Bilbao. Zumalacárregui creía que si la guerra era larga la perderían los carlistas y era contrario a sitiar Bilbao, lo que, según él, significaba perder mucho tiempo. Zumalacárregui proponía ir sobre Vitoria y Madrid con 30.000 hombres y acabar la guerra de una vez. Pero el Cuartel Real decidió que había que sitiar Bilbao, tener una ciudad de referencia internacional y obtener la ayuda de Austria. El 15 de junio, Zumalacárregui fue herido en una pierna y murió el 24 de junio en Cegama.

La información que había en el momento era muy mala y entre la gente no estaba claro como había muerto Zumalacárregui, e incluso hubo quien dijo que los carlistas le asesinaron envenenado. La versión más aceptada dice que fue una mala praxis médica, que convirtió una herida leve en mortal. La muerte del líder militar carlista no fue a causa de ninguna derrota, sino que tuvo una herida leve en el sitio de Bilbao, la herida se infectó, el médico que le trataba era incompetente, y Zumalacárregui murió.

Zumalacárregui había sido el hombre que había puesto orden, disciplina e iniciativa en el ejército carlista. Un hombre metódico, prudente, organizador, partidario de ofensivas parciales, de objetivos limitados, pero posibles, siempre buscando la ventaja en un punto concreto. Tras su muerte, Zumalacárregui se convirtió en un mito.

 

Se nombró jefe carlista interino al mariscal Francisco Eraso hasta el nombramiento definitivo de Vicente González Moreno, al tiempo que se nombraba a Rafael Maroto jefe de Vizcaya.

El 1 de julio de 1835, los carlistas levantaron el sitio de Bilbao. Estaban soportando el ataque de los cristinos Manuel Latre y de Baldomero Espartero y no tenían dinero. Ambos contendientes estaban agotados. Los carlistas decidieron abandonar el sitio de Bilbao, aunque ello significara la renuncia a la prometida ayuda de Austria si ganaban una ciudad importante.

Y los carlistas perdieron la iniciativa en la guerra, porque nadie tuvo ya la visión estratégica conjunta y global que había tenido Zumalacárregui. En adelante, los generales carlistas se limitaron a mantener posiciones e intentar realizar algunas acciones que había planificado Zumalacárregui. En 1836 estuvieron a punto de tomar Bilbao, pero fueron derrotados en Luchana en diciembre.

 

El 24 de junio de 1835 dimitió Jerónimo Valdés Sierra como jefe del ejército cristino. Valdés Sierra había estado en la jefatura del ejército del norte desde 17 de febrero de 1835 y había firmado con Zumalacárregui el Convenio Elliot, o respeto a la vida de los prisioneros. El motivo de la dimisión fue su derrota en Las Améscoas en junio de 1835.

Se nombró interinamente comandante en jefe del ejército cristino al general José María Fernández de la Hera.

 

El 3 de julio de 1835 fue nombrado jefe definitivo del ejército cristino el general Luis Fernández de Córdova. Córdova era un absolutista convencido, que incluso había entrado en España en 1823 con los Cien Mil Hijos de San Luis. Había sido enviado como embajador a París, Lisboa y Berlín, lejos de Madrid. Volvió a España para sumarse a la Guerra Carlista a las órdenes de José Rodil, y en 1835 alcanzó la Jefatura del ejército del norte. Su táctica fue atacar Navarra masivamente, pues creía que era el núcleo carlista. El 16 de julio de 1835 venció al carlista González Moreno en Mendigorría, en la mayor batalla de toda la guerra carlista. Era una de las pocas veces que el carlismo, al sentirse fuerte, presentó batalla frontal. Córdova se excitó tras la victoria y dijo que acabaría la guerra en seis meses. Córdova no supo sacar consecuencias a la victoria, excepto el desprestigio del carlista González Moreno. Perdió la mejor ocasión de acabar con el conflicto.

El 2 de agosto de 1835, el carlista Juan Antonio Guergué salió de Estella con tres batallones, 2.700 hombres, para reclutar soldados y tratar de organizar a las partidas catalanas como un ejército. Cruzó por Huesca y Lérida hasta Gerona y encontró que los catalanes eran unas cuadrillas de bandoleros igual que en 1808, y no precisamente un ejército de soldados. Logró reunir unos 24.000 hombres y les organizó en batallones y en cuatro “divisiones” que correspondían a Gerona-Mataró-Vich, Manresa, Lérida y Tarragona. Pero los soldados navarros le desertaron y se volvieron a Navarra, y el mismo Juan Antonio Guergué abandonó Cataluña el 22 de noviembre de 1835 y dejó la causa catalana como imposible. Los líderes carlistas catalanes del momento, Queralt, Canals y Muntadas, se quedaron desconcertados por la marcha de Guergué.

Los historiadores carlistas consideraron este episodio de agosto de 1835 como un éxito de Guergué, pero objetivamente no puede ser tomado de ese modo. En adelante, en Cataluña hubo varios jefes sucesivos, entre ellos Ignacio Brujó, Rafael Maroto, Blas Royo y Antonio Urbitxondo, pero sin capacidad de organización militar seria.

El 11 de septiembre de 1835 el carlista Rafael Maroto derrotó a Espartero en Arrigorriaga. Rafael Maroto decidió tomar Bilbao para aprovechar su éxito, y González Moreno se opuso a esa decisión. Don Carlos decidió destituir a Vicente González Moreno y a Rafael Maroto, porque discutían lo que debía y no debía hacerse, en vez de acatar las órdenes. Nombró comandante General del carlismo a Nazario Eguía el 21 de octubre de 1835.

 

En Navarra, Nazario Eguía, el jefe carlista, dividió en octubre de 1835 su ejército en tres divisiones y situó a su mando a los mariscales Iturralde, Villarreal y Gómez. Además creó un Ejército de Reserva, que mandaba personalmente. Y también creó un Estado Mayor que planificara las batallas, cuyo jefe era el mariscal Mazarrasa.

Córdova cerró el paso del Ebro, al sur de las posiciones carlistas navarras, y también cerró el paso hacia el oeste mediante una línea norte-sur que llegaba del Ebro al Cantábrico y se llamó “línea Zubiri”. Córdova se estableció en Vitoria. Intentaba encerrar a los carlistas, pero Nazario Eguía tomó Guetaria para tener un puerto por el que abastecerse. Córdova intentó acabar la resistencia carlista y atacó Guipúzcoa en enero de 1836 en la primera batalla de Arlabán.

 

 

Caída de Toreno.

 

Mendizábal se presentó ante la Reina como el Ministro de Hacienda de Toreno, pero a lo largo de la entrevista criticó a Toreno, del que dijo que era persona poco aconsejable. María Cristina llamó a gobernar a Rivas Herrero, pero el embajador inglés Villiers dijo que sería un error, y la Reina buscó otro candidato.

Y en ese momento, los Rothschild decidieron vengarse de Toreno e hicieron caer las cotizaciones de la deuda española en las bolsas europeas. Era el golpe de gracia para el Gobierno Toreno.

Toreno ya no lo pudo soportar y dimitió en septiembre de 1835. En agosto de 1836, Toreno se exiliaría. Volvió a España en 1837, pero ya no como progresista, sino como moderado. Se exiliaría de nuevo en 1840, cuando triunfaban los progresistas, y permaneció en Francia hasta su muerte en 16 de septiembre de 1843.

 

 

 

 

 

Gobierno Miguel Ricardo de Álava Esquivel.

14 septiembre 1835 – 25 septiembre 1835.

 

Presidente, Miguel Ricardo de Álava Esquivel,

Estado, Miguel Ricardo de Álava Esquivel ejerciendo Juan Villalba

Gracia y Justicia, Manuel García Herreros ejerciendo en realidad Joaquín Díaz Caneja.

Guerra, Mariano Quirós

Marina, Juan Álvarez Mendizábal

Hacienda, Juan Álvarez Mendizábal

Interior, Ramón Gil de la Cuadra.

Pasamos casi por alto el Gobierno de Álava Esquivel, porque sólo fue un Gobierno de transición, hasta que Mendizábal aceptó formar Gobierno 10 días después.

 

 

 

[1] Javato González, Víctor Manuel, Los Proyectos Municipales moderado y progresista durante la Regencia de María Cristina, 1833-1840. Ab Initio nº 5, 2012.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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