1808-1810 EN EL NORTE DE SUDAMÉRICA.

 

 

 

El territorio de Costa Firme.

 

En 1525 se había creado la Gobernación y Capitanía General de Margarita, con jurisdicción desde el Río Unare a la Guayana, territorio que hoy es el Este de Venezuela, y que se trasladó a Cumaná en 1568.

En 1528 se creó la Gobernación y Capitanía General de Venezuela, con capital en Coro, en el oeste de la actual Venezuela. La Tierra Firme, o costa del Caribe sudamericana que había descubierto Colón, se dividía pues, de este a oeste, entre Santa Fe (de Bogotá), Coro, Margarita y de nuevo Santa Fe.

Santa Fe (de Bogotá) dominaba desde la montaña al alto Magdalena, cuyas bocas al mar estaban franqueadas por Santa Marta y Cartagena.    En el oeste de Tierra Firme estaba la provincia de Maracaibo, dependiente de la Audiencia de Santa Fe, una enorme extensión de terreno que comprendía los alrededores del golfo de Venezuela y Lago Maracaibo (menos la Guajira que era de Caracas), la cordillera de Mérida (anexionada en 1676) y los llanos de Casamare, Apure y Barinas. Estos territorios denominados en principio La Grita, más tarde Mérida, y por último Maracaibo, pertenecían a la Real Audiencia de Santa Fe, en la actual Bogotá. Santa Fe también tenía jurisdicción al este de Tierra firme, en Trinidad y Guayana, en la desembocadura del Orinoco.

Coro, la primera capital de la Gobernación de Venezuela, situada al este del Golfo de Venezuela, cerca de Maracaibo, tenía jurisdicción desde el Cabo la Vela en la Guajira (zona del Golfo de Venezuela y de Maracaibo), al río Unare, 150 km. al este de Caracas. Coro tenía la categoría política de provincia autónoma, dependiente de la Real Audiencia de Santo Domingo.

Margarita tenía jurisdicción al este del río Unare. En 1568 se creó la Gobernación y Capitanía General de Nueva Andalucía, con capital en Cumaná, al este del Unare. Cumaná sustituía a Margarita como capital de la región. Cumaná también era Provincia autónoma dependiente de la Audiencia de Santo Domingo.

 

En 1786 se reordenó el territorio, dibujándose lo que hoy es Venezuela:

En 1786 se creó la Real Audiencia de Caracas, y tanto Coro como Cumaná pasaron a depender de Caracas, generándose las consiguientes rivalidades entre las tres ciudades.

También los territorios de Maracaibo, Trinidad y Guayana pasaron a la Audiencia de Caracas, perdiéndolos Santa Fe.

Igualmente, los llanos de Barinas aparecieron en 1786 como territorio separado de Maracaibo y perteneciente a Caracas. Maracaibo ganó en compensación la ciudad de Trujillo, en el centro de la cordillera de Mérida.

Además de la Real Audiencia de Caracas, en 1786 se había creado la Intendencia del Ejército y la Real Hacienda, y todas esas instituciones tuvieron sede en Caracas, con lo que esa ciudad se convirtió de hecho en la más próspera de la zona. En 1793 se le añadió el Consulado, y todavía progresó más.

El territorio de Caracas tenía 2,5 millones de kilómetros cuadrados y venía definido por los límites de Cabo de la Vela en la Guajira y el Cabo Esequibo en la margen izquierda del Orinoco. El sur de este gran territorio se consideraba delimitado por el Río Negro (hoy en Brasil) hasta los montes Parima, donde empezaba la Guayana (hoy provincia brasileña de Roraima, Guayana Británica de Georgetown, Guayana Holandesa de Paramaribo, y Guayana Francesa de Cayenne).

 

 

Venezuela.

 

Venezuela era a principios del siglo XIX un país con 780.000 habitantes, de los que la mayoría, 400.000, eran mestizos, 200.000 eran criollos, 160.000 indios, 60.000 esclavos y sólo 12.000 españoles. Denominaban mestizos a todas las mezclas de negro y blanco, que tenían sus propias denominaciones como tercerones, cuarterones, quinterones, salto atrás, tente el aire… Los 780.000 habitantes estaban distribuidos en 2,5 millones de kilómetros cuadrados, los venezolanos de lejos de las ciudades tenían dificultades para ver a un ser humano con frecuencia, pues la densidad media resultante era de 0,3 habitantes por kilómetro cuadrado, muy por debajo de 10 el límite en el que un territorio empieza a considerarse deshabitado.

La mayor parte de la población vivía en los valles de la costa como la orilla occidental del Maracaibo, y en los llanos del sur, pero fundamentalmente en la zona de Caracas, zona que tenía 427.000 habitantes y de ellos 300.000 eran negros y pardos, y 109.000 blancos.

Los criollos eran evidentemente la parte social dominante económicamente. Entre ellos a los especialmente ricos se les denominaba “grandes cacaos” o “mantuanos”. Los mantuanos, además de muy ricos, eran endogámicos, de modo que sólo se casaban entre ellos o con españoles. Controlaban los ayuntamientos, los puestos eclesiásticos, las jefaturas de milicias… España les temía y, para no dejar los puestos de Gobierno en manos de las familias de forma hereditaria e incontrolable, decidió que los cargos máximos de la política y la Iglesia fueran ejercidos por españoles venidos de la península, controlables desde las instituciones de España. Esta decisión provocó en los criollos un espíritu rebelde, y criollos fueron la mayoría de los “libertadores”.

Los llaneros cultivaban vacas, caballos, mulas y ovejas en los llanos del suroeste. La tierra estaba en manos de latifundistas y era trabajada por esclavos que producían cacao (60% de la exportación venezolana) y también cueros, tabaco, algodón, café y añil. Los llaneros eran gente libre, pero poco integrada socialmente, salvo las necesidades básicas de abastecimiento y comercio del ganado. Los grandes hacendados iban poco por sus haciendas y las cultivaban por intermediarios o capataces, que controlaban a los criados y esclavos. Los criados y esclavos apenas veían a nadie de fuera de su hacienda.

Los esclavos eran enemigos de los mantuanos, propietarios de las haciendas, porque el trato al esclavo era malo. Los esclavos veían como aliados suyos a los españoles, que eran las autoridades que ponían límite a los abusos de los mantuanos. Este grupo de población, los esclavos, era utilizado por todos los grupos, y sería utilizado por todos a la hora de la guerra, por los mantuanos rebeldes y por los realistas fieles a España, con la promesa de darles la libertad en ambos casos. La libertad se les dará teóricamente varias veces, pero la abolición definitiva de la esclavitud no se producirá hasta 1854. Es decir, siempre fueron engañados con la promesa de libertad.

 

Venezuela vendía principalmente cacao a Veracruz y a Europa, y otros artículos de exportación eran el tabaco, añil, cueros, vacas, mulas, carne salada, algodón y algo de café.

Venezuela importaba harina de trigo de Estados Unidos, herramientas agrícolas, vestidos y utensilios del hogar de España, y metales preciosos de Perú para usarlos como moneda.

 

Venezuela era gobernada por un Capitán General. En 1809, Vicente Emparan Orbe sustituyó a Juan de Casas Barrera en este puesto. Los Capitanes Generales de Venezuela acostumbraban a actuar muy por libre, rompiendo la regla del monopolio español de comercio cuando los intereses de los comerciantes criollos lo aconsejaban. Por ese lado no había queja de los comerciantes. Las ideas independentistas provinieron más bien de las lecturas de obras de la Ilustración, hábilmente interpretadas por los estudiosos de Derecho venezolanos a la luz de los hechos de independencia de los Estados Unidos.

En general, la aristocracia de los blancos, “grandes cacaos” o “mantuanos”, era contraria a la independencia porque eso significaba perder los esclavos y con ello su medio de vida. Eran unos 6.500 en Caracas, y 4.000 más en áreas rurales. Vivían en las ciudades. Ejercían cargos en el Cabildo, Consulado y milicia local. Querían un comercio libre para ampliar sus mercados, y odiaban a los monopolistas españoles que les imponían precios de venta baratos para sus productos.

Había blancos inmigrantes de España, sobre todo canarios, que se hicieron con los puestos del Cabildo y la Audiencia, gracias a la política de España de favorecer a los españoles frente a los criollos, lo cual disgustaba a los “grandes cacaos”.

También había blancos pobres, o “blancos de orilla”, que trabajaban como artesanos, comerciantes y asalariados y no tenían inconveniente en relacionarse con los pardos. Los blancos de orilla tenían ascendencia sospechosa, no siempre de raza blanca pura.

Los pardos eran las gentes de color, tanto mulatos y zambos como mestizos, y también en algunas partes se incluía entre ellos a blancos de orilla. Los pardos eran artesanos y asalariados de la ciudad, pequeños agricultores en el campo, ganaderos y, sobre todo, peones que se ganaban la vida trabajando. Estaban muy disgustados con los blancos porque éstos se negaban a darles certificados de blancura. Esta actitud evitaba tenerles que admitir en la escuela junto a sus hijos y admitirles en la milicia junto a ellos.

Los esclavos estaban regulados por la ley de esclavos de 1789 que enunciaba los derechos de los esclavos y deberes de los amos. Los criollos venezolanos acogieron muy mal esta ley española y argumentaban que el esclavo no podía tener ningún derecho. Incluso pidieron en 1794 la suspensión de esta ley de esclavos.

 

 

Los primeros independentistas venezolanos en 1808.

 

En julio de 1808, los venezolanos supieron, a través de los británicos de Cumaná, que los franceses habían entrado en España. Poco después llegó un enviado de Napoleón y fue recibido por el Gobernador Juan de Casas. El Cabildo pedía la expulsión del delegado de Napoleón, pero Juan de Casas recomendó prudencia y no actuar hasta conocer bien los acontecimientos de España. El capitán Diego Jalón y otros oficiales hicieron una asonada y, por fin, Juan de Casas proclamó a Fernando VII, y el Cabildo le secundó.

El 12 de julio Juan de Casas convocó Junta para decidir o repensar de nuevo la cuestión, y los asistentes a la Junta decidieron constituir Junta Permanente, en pie de igualdad a las Juntas españolas de las que tenía noticia, y no cambiar nada hasta recibir noticias de España.

El 27 de julio Juan de Casas comunicó al Ayuntamiento que quería crear la Junta de Caracas, y el Ayuntamiento estudió y reglamentó el tema.

El 5 de agosto llegó Meléndez Bruna desde Sevilla, y confirmó a Juan de Casas como Gobernador. Ya seguro de su cargo, Casas dejó de interesarse por que existiera la Junta de Caracas. Los criollos pidieron Junta que ésta decidiera la posición política de Venezuela, pero las autoridades españolas apresaron a los líderes que pedían esta Junta.

En noviembre de 1808 hubo una conspiración caraqueña con el objetivo de constituirse en Junta. La capitaneaba el teniente Caballero, líder de los pardos, quienes se consideraban en inferioridad de derechos al resto de los soldados. Argumentaban que: España no podría librarse de Napoleón y que era preciso constituir una Junta Suprema y plantearse la independencia; que el Capitán General Juan de Casas no era fiable porque era godoísta, y porque había pedido Junta en un primer momento y había anulado la propuesta una vez que se vio confirmado en su cargo. Pero al poco llegaron noticias de la victoria española de Bailén, surgió la idea de que España se resistía a Napoleón, y los partidarios de la Junta fueron encausados, fracasando la intentona golpista.

 

En junio de 1809 hubo un soplo de optimismo para los independentistas, porque se supo que Napoleón había sido derrotado en Austria, pero, a partir de agosto de 1809 llegaron nuevas noticias de las victorias de Napoleón en ese país.

 

 

Nueva Granada.

 

Nueva Granada comprendía las regiones de los actuales estados de Colombia y Ecuador.

En el país, existen muchas altitudes de 4.000 y 5.000 metros, alineadas en dos cordilleras, y una cordillera occidental de altitudes más bajas y todo ello implica el aislacionismo de unas regiones respecto a las demás. Cada región tiende a la autosuficiencia, pues el transporte de abastecimiento es caro, excepto si se vive en la costa.

Una característica geográfica muy importante a tener en cuenta es que las diversas regiones productivas de Nueva Granada están aisladas entre sí, sin comunicaciones interiores, excepto salvando la cordillera a gran altitud.

Otra característica es que, en las laderas de las cordilleras de 4.000 metros, existen todos los climas, desde el tropical de las zonas bajas, hasta los hielos perpetuos de las cimas.

Estaba poblada por 1.400.000 habitantes, de los que 877.000 serían blancos, 313.000 indios, 140.000 pardos y 70.000 esclavos.

Vamos a analizarlo un poco más detenidamente, pues la complejidad del territorio parece pedirlo:

 

 

Colombia.

 

Colombia es un país tropical con regiones muy diferenciadas que se extienden como bandas alargadas de norte a sur. Al oeste está la costa del Pacífico, donde lo más importante era el Istmo de Panamá; sigue la cordillera de los Andes occidentales, de no demasiada altitud (con la excepción de La Nuda del Paramillo); en el interior cercano al Pacífico, el valle del Cauca en cuyo nacimiento está Popayán, al sur, y a la salida de la cordillera, al norte, Medellín; en la zona central, la cordillera de los Andes Centrales, de 4.000 metros de altitud frecuentemente, en cuyo extremo norte está la meseta de Antioquia (con ese nombre clásico al que alguien olvidó poner el acento); al este de los Andes Centrales, el valle del Magdalena, que en su tramo final tiene los llanos de Mompós y en cuya desembocadura están Santa Marta y Cartagena; en la zona este, la cordillera de los Andes Orientales, de nuevo con 4.000 de altitud, donde a media altura están Bogotá y Tunja, las dos ciudades más importantes; y más al este, los llanos de Boyacá y Arauca, hermanos de los llanos venezolanos.

De ello resultan cinco regiones humanas:

Costa del oeste, o del Pacífico, donde el punto más importante era Panamá. En aquel tiempo era citado frecuentemente como “el Istmo”. La Comandancia General del Istmo de Panamá comprendía las provincias de Portobelo, Veraguas, Darién, Natá y Alange. Situada en el centro del límite oeste de Colombia, era el paso natural por tierra entre el Caribe y el Pacífico. Considerada como el centro de las conquistas españolas en la primera fase de las mismas, fue perdiendo importancia y en 1739 se suprimieron sus ferias y poco después la Real Audiencia. El 18 de noviembre de 1797 se les permitió el comercio con colonias españolas en barcos neutrales, porque la guerra España-Inglaterra no permitía apenas el comercio con España, y se dedicaron al contrabando para sobrevivir. El 20 de abril de 1799 se revocó el permiso de 1797 y ello causó un gran disgusto en la zona. El panameño Juan Domingo Iturralde pidió en 1800 al virrey de Santa Fe, Pedro Mendinueta, poder importar productos de Estados Unidos y abastecer Perú con ellos, pues el país estaba empobrecido, las minas abandonadas, el negocio del carey, perlas y púrpura (del caracol marino murex) a la baja, y la agricultura de la caña, algodón, café, cacao, pita, resinas y maderas en proceso de abandono. El virrey consideró que la petición de Mendinueta era una excusa para traer contrabando y no la atendió. Entonces los panameños se dedicaron más abiertamente al contrabando. En cambio sí se les habilitó para comerciar con puertos hispanos diversos, pero ello no era suficiente. Panamá era lugar de paso de muchos productos de Nueva Granada (Guayaquil, Quito) que iban destinados al Caribe o incluso a España: cacao, cobre, estaño, carne salada, quesos, nueces, harina, aceite, higos, azúcar, arroz, manteca, pimienta, canela, sal, algodón, cordobanes, pita, loza…

Valle del Cauca, con Popayán, Cali, Medellín, y la meseta de Antioquia, que era una zona agrícola y ganadera, pero que fundamentalmente tenía unas minas de oro y plata. El valle del Cauca tenía muchos asentamientos indígenas con propiedad en común y usufructo particular, que se dedicaban a agricultura y ganadería. En la meseta de Antioquia se concentraban muchos españoles dedicados a la agricultura y minería utilizando mano de obra esclava.

Valle del Magdalena, que era un valle muy poblado que cultivaba cacao, azúcar, tabaco y extraía sal. En la cordillera que cierra el valle por el este, están las ciudades más importantes: Bogotá, Tunja, Socorro y San José de Cúcuta. Tunja producía trigo y tenía ganadería en régimen extensivo. Bogotá se caracterizaba por la presencia de muchos burócratas. Cundinamarca, la ladera oeste de la cordillera central entre Bogotá y el Magdalena, producía quina. Cúcuta, el paso entre las llanuras de Maracaibo y los llanos de Arauca producía cacao.

Costa del norte, con Cartagena, Santa Marta y Barranquilla, que vivía tanto de la ganadería como de sus actividades portuarias. Los llanos de Mompós, en la desembocadura del Magdalena, eran ricos en ganadería, y hacían comercio en Cartagena y Santa Marta.

Llanos del Orinoco, cuya mitad norte pertenecen a Venezuela y la sur a Colombia.

 

Este aislamiento geográfico por regiones, había llevado a la Capitanía de Santa Fe a unas costumbres económicas de autosuficiencia. Las exportaciones de cacao y algodón eran pocas. La mayor exportación era la de oro y plata que se elevaba por entonces a 4,5 millones de pesos al año. Igualmente, producía sus propios artículos textiles, si bien eran casi todos ellos bastos, de algodón y lana, y de poco precio. Había industria textil en Cundinamarca, Bocayá, Pasto, Socorro y Quito.

 

Colombia tenía 826.550 habitantes en 1778 de los que 368.000 eran mestizos, 277.000 blancos, 136.000 indios y 44.000 esclavos negros.

La oligarquía criolla era propietaria de grandes latifundios dedicados al cultivo de tabaco, cacao, trigo, cebada, algodón…

En general, carecían de industria de calidad, pero no dejaban de tener algunas manufacturas e incluso más que en otras zonas americanas: las de algodón y lana para el consumo interior, eran tejidos bastos eran difícilmente exportables. Por otra parte, la falta de demanda interna se debía a que todos fabricaban lo mismo. Utilizaban el método de trabajo a domicilio. Otras manufacturas eran los curtidos, cuero, fibras, harina, chicha…

Las importaciones eran necesarias para las minas. Las minas eran el centro de la economía y los hacendados daban salida a sus productos en la mina, los mercaderes servían a la mina y la burocracia tenía como principal misión vigilar las minas. Las principales importaciones eran manufacturas y esclavos.

 

La aristocracia de Nueva Granada no era sólo de terratenientes, funcionarios y comerciantes como en otras partes de Latinoamérica, sino que había industriales mineros igual que en Perú. Los terratenientes dominaban las regiones de Santa Fe de Bogotá, Popayán, Tolima y Los Llanos y cultivaban ganado, cacao y azúcar, utilizando tanto mano de obra asalariada como esclavos. Como característica distintiva, casi no había mano de obra forzada india, ni peones obligados a trabajar. Pero sí había esclavos.

Los mestizos eran propietarios medios y pequeños.

Los indios vivían en resguardos comunales.

Otra característica del aislacionismo geográfico en que vivían, era la costumbre de no enviar apenas dinero a España y tener unos impuestos muy bajos. La alcabala era del 2%. A la contra, los propios habitantes de la zona tenían que hacer frente a sus propios gastos en administración y defensa, sin contar con ayuda de España.

En estas circunstancias tan originales, los españoles de Nueva Granada no tenían las mismas opiniones que en otras partes: algunos españoles apoyaban la industria textil local como medio de evitar salida de dinero del país, cuando la opinión mayoritaria de los españoles en el imperio era reservar las manufacturas textiles para la metrópoli. Sólo los más conservadores, como Antonio Caballero y Góngora (arzobispo y virrey) o como Francisco Silvestre, defendían que la industria debía estar en España. Pero triunfó la opinión localista y se permitió la industria de paños bastos o de poca calidad.

 

 

 

La Audiencia de Quito.

 

La Audiencia de Quito comprendía el actual Estado de Ecuador, las provincias de Jaén y Mainas, hoy en Perú, y los departamentos de Pasto y Popayán, hoy en Colombia.   Ecuador es físicamente menos complicado que Colombia: la llanura de la costa tiene como centro importante Guayaquil, un excelente puerto; en el centro, la cordillera, con varios 5.000 de altitud, tiene a Quito en el norte y Cuenca en el sur; al este, los llanos de Napo y Pastaza.

Ecuador o Audiencia de Quito, tenía una población de 490.000 habitantes, siendo las regiones más importantes las de Quito con 75.000 habitantes (24.000 en la ciudad de Quito), Guayaquil con 72.000 (16.000 en la ciudad), Cuenca con 94.000, al sur de Guayaquil, y Loja más al sur. La inmensa mayoría de la población eran pardos (64%) de la misma categoría social que los negros (11%), frente a un 20% de blancos y mestizos de la categoría social más alta. Los indios eran pocos, un 5%. Entre las regiones de Quito había una fuerte rivalidad, de modo que Guayaquil y Cuenca, así como el norte, Popayán, actuaban a menudo en contra de Quito. Otras ciudades importantes eran Riobamba con 13.500 habitantes y Ambato con 13.300 habitantes.

En los movimientos de independencia de 1810-1812, no secundados por Guayaquil, el Supremo Congreso de Quito contaba con 305.000 habitantes, de los cuales 204.000 eran mestizos e indios, 79.000 blancos, y 8.600 negros. Los mestizos de piel clara eran denominados “castizos” o “harnizos” y eran propietarios. Los mestizos de piel oscura eran denominados “cholos” o “chamizos” y eran muy pobres. los negros eran esclavos o libertos.

Ecuador producía principalmente paños quiteños y, curiosamente, estando tan cerca de Perú, famoso por sus minas, no tenía minas. Guayaquil era un puerto exportador de cacao. Quito tenía industria textil e incluso de lienzos de calidad. A Ecuador, la libertad de comercio le perjudicaba porque su producción industrial, de paños bastos no soportaba la competencia internacional.

En Quito, una de las fortunas mayores era la del marqués de Selva Alegre. La fortuna había sido amasada por Juan Pío de Montúfar y Trasso, quien en 1747 había obtenido el título de I Marqués de Selva Alegre y el nombramiento de Presidente de la Real Audiencia de Quito. Murió en 1761, dejando como heredero de su fortuna a Juan Pío Montúfar y Larrea, 1761-1819, II marqués de Selva Alegre. Este hombre creó Junta de Gobierno en Quito en 1809 y se proclamó Presidente de la misma:     El 25 de diciembre de 1808, el marqués de Selva Alegre reunió a varios hacendados de Quito para destituir a Ruiz de Castilla, formar Junta y decidir después si se unían a la Junta Suprema Central o a Carlota Joaquina de Brasil. Fueron detenidos. En agosto de 1809 repetiría el golpe con éxito, pero efímeramente.

 

 

 

Antecedentes del descontento en Nueva Granada.

 

Desde 1781 podemos observar un cierto descontento popular contra el mal gobierno. A final de siglo XVIII, el descontento llegó a las clases altas y estudiantes, y ello explica el éxito de la traducción de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que hizo Antonio Nariño.

En 1801 apareció la Sociedad Patriótica del Nuevo Reino de Granada, con sede en Santa Fe, que era una Sociedad de Amigos del País para desarrollar la agricultura y artesanía. Se complementaría en 1808 con el Semanario del Nuevo Reino de Granada que difundía las ideas de la Sociedad Patriótica.

El 15 de julio de 1802 se había creado el obispado de Maynas, sufragáneo del de Lima, con jurisdicción en tierras que se consideraban quiteñas, y eso había causado un cierto resentimiento de Quito contra Lima.

Luego, se creó en zona de Quito la Comandancia General de Maynas, también dependiente del virrey de Lima, cuyos funcionarios eran pagados por las gentes de Quito, lo cual era considerado una afrenta en Quito.

Igualmente en 7 de julio de 1803 se decidió que Guayaquil dependiera militarmente de Lima, y surgió un movimiento de opinión que decía que, en caso de ataque, no les iban a socorrer a los quiteños ni Lima ni Santa Fe, y que era absurdo depender de otros, y no tener su propia defensa. Guayaquil fue un núcleo en el que aparecieron muchos independentistas.

El virrey de Nueva Granada, desde 1803 a 1810, fue el teniente general Antonio Amar y Borbón, de 61 años de edad cuando empezó en el cargo. Siempre se había mostrado progresista y apoyaba a los criollos, pero era sordo, desconfiado, y condescendiente con quienes le lisonjeaban, lo cual no era la mejor predisposición para los tiempos difíciles que venían. Había sido nombrado por Godoy y se sospechaba de él.

 

 

1808 en Nueva Granada.

 

En agosto de 1808, Nueva Granada recibió las primeras noticias sobre los sucesos de España. Poco después recibieron ejemplares de la constitución de Bayona y de algunas proclamas de Napoleón, José I y Murat.

En septiembre de 1808 llegó a Cartagena Juan José Pando Sanllorente, delegado de la Junta de Sevilla pidiendo reconocimiento a la Junta de Sevilla y fondos para la guerra contra los franceses. El 15 de septiembre, el virrey Amat explicó al pueblo los acontecimientos y pidió armar milicias para hacer frente a un posible desembarco francés. Sanllorente se llevó, efectivamente, 500.000 pesos para España.

Pocos días después, se supo que en España había otras Juntas que también se denominaban, o se proclamaban, “supremas” como la de Sevilla y empezó a sospecharse que había engaños en la información que se daba al pueblo. Amar, para intentar controlar la situación, reunió a los gobernadores para hacer una lista de personas sospechosas de ser alborotadores. Al conocerse la victoria de Bailén, los ánimos se calmaron un poco. Pero en todo el virreinato se pedían Juntas para estar preparados contra “la traición”, es decir contra la entrega de los territorios americanos a los franceses.

 

La primera conspiración contra las autoridades españolas tuvo lugar en Quito y lo protagonizó el capitán Juan de Salinas, ayudado por el independentista Juan Pío de Montúfar y Larrea II marqués de Selva Alegre, presidente de los conjurados, y por el obispo de Quito José Cuero Caicedo, vicepresidente. Era 25 de diciembre de 1808 y se hablaba de destituir al godoísta Miguel Uríez conde Ruiz de Castilla, Presidente de la Audiencia de Quito. Se la denominó “conspiración de los marqueses”. El plan era proclamar Junta Suprema y destituir a las autoridades españolas.

En el fondo de la rebelión de Quito estaba la vieja rivalidad entre esta ciudad y las próximas de Lima y Santa Fe, y los nuevos inconvenientes de unas contribuciones de guerra dictadas por Abascal desde Lima. Los artículos de importación llegaban a Quito desde el sur, y las ferias de Portobelo habían tenido que cerrar porque la industria textil quiteña estaba deprimida y no podía competir con los productos extranjeros en un mercado libre. Los quiteños acusaban a los limeños de que ya no querían comprarles. También había un conflicto por el cacao, porque la zona de Guayaquil producía muy buen cacao, y los quiteños querían venderlo en México, el mercado para España, pero Santa Fe no quería permitirlo porque significaba saturación del mercado en un momento de contracción del mercado español. En 1789 se había permitido a los quiteños vender en Acapulco, sin intermediarios limeños, y Guayaquil se había desarrollado de forma notoria, y unas limitaciones a la exportación significaban ahora la ruina de muchos.

La zona interior ecuatoriana se empobreció al no poder dar salida a los productos textiles (paños y bayetas) y retrocedió a la situación económica del trueque, utilizando papas como moneda. Intentaron iniciar viejas actividades mineras, pero tampoco darían resultado. La miseria era un problema evidente en el interior peruano-ecuatoriano. En conjunto, se sentían abandonados.

El 10 de agosto de 1809, tuvo lugar con éxito el golpe preparado desde 25 de diciembre anterior. Los independentistas asaltaron a la guarnición de Quito, sita en el Palacio Real e instituyeron una Junta de Gobierno Autónoma de Quito derribando al Presidente de la Audiencia Miguel de Urríez conde Ruiz de Castilla. Los motivos esgrimidos eran: que Ruiz de Castilla había detenido a muchos sospechosos de liberalismo en 1808, tras conocer los sucesos de España, y que no había hecho reclutamientos para salvaguardar la paz y defender la tierra contra posibles ataques enemigos; que Ruiz de Castilla era enfermo crónico, tenía 75 años y estaba en decrepitud; que, en España, el rey había sido sustituido por la Junta Suprema Central y que ésta había huido de Madrid creando un vacío de poder que seguramente daría lugar a sucesos tan deplorables como los de la revolución francesa en Francia. Por todo ello, era preciso que los quiteños hicieran su propia constitución y tuvieran su propio Gobierno, antes de que otros se lo impusieran desde fuera.

Los amotinados habían hecho correr la voz de que los chapetones (españoles) iban a dar un golpe el 20 de agosto, para, tras degollar a los criollos, entregar El Perú a Bonaparte. El levantamiento de Quito proclamaba que defendían a Fernando VII y la religión católica, y que los amotinados pretendían la felicidad y prosperidad que les pertenecía, y que, a su juicio, el virrey entorpecía.

A las 10 de la mañana del 10 de agosto de 1809 designaron a los miembros de la Junta de Quito. El líder era Juan Pío de Montúfar, quien se hacía cargo del Gobierno y del ejército. Cada barrio de Quito debía nombrar a 9 diputados para integrarse en un Congreso, o Junta. El 12 de agosto rebajaron los impuestos del papel sellado (contratos, escrituras, provisiones y testamentos), eliminaron el estanco del tabaco que quedó sujeto a la alcabala, y extinguieron el impuesto de cabezón. También decidieron alistar tropas y aceptar a Fernando VII como rey.

Los rebeldes de Quito se sorprendieron por la oposición encontrada en Guayaquil (Gobernador Bartolomé Cucalón Sotomayor), Cuenca (Gobernador comandante Melchor de Aymerich[1]), Lima (desde donde el Virrey José Fernando Abascal envió a Manuel Arredondo) y Santa Fe (Virrey Antonio José Amar y Borbón), que les declararon rebeldes. Abascal, virrey de Perú, les atacó y ello significó el final de la aventura independentista de Quito. El 9 de septiembre pidieron la paz a Abascal, quien exigió abolir la Junta. El 24 de octubre, Quito se rindió.

El 25 de octubre entró Ruiz de Castilla en Quito, y los rebeldes salieron a aclamarle con ánimo de salir con bien de la situación. Se restablecieron las instituciones antiguas, pero se encarceló a los más comprometidos en el golpe. Ruiz de Castilla mostró gran empeño en solucionar el asunto por sí mismo, sin intervención de las tropas de los virreyes, lo cual podía provocar una confrontación civil entre Perú y Nueva Granada. Mantuvo a los ejércitos virreinales cerca de Quito, pero fuera de la ciudad. Se apoyó únicamente en las fuerzas de Antonio Arredondo para encarcelar a los rebeldes y juzgar a muchos. Parece ser que en las negociaciones previas a la rendición se había pactado inmunidad de los rebeldes, o al menos así lo creyó la gente, por lo que Ruiz de Castilla fue desde entonces una persona impopular, odiada. En diciembre de 1809 se impusieron los españoles, y la mayor parte de los amotinados de septiembre de 1809 en Quito fueron encarcelados.

 

Sorprende la reacción de Nueva Granada contra los rebeldes de Quito pues el virrey Antonio Amar de Borbón intentó en todo momento la conciliación con los rebeldes moderados quiteños. Otra cosa es que en Quito se impusieran los duros, con apoyo de soldados limeños dispuestos a no dialogar.

El 5 de septiembre de 1809, las noticias de que Quito había erigido Junta de Gobierno en el agosto pasado, conmovieron a Santa Fe, porque la Audiencia de Quito dependía del virreinato de Nueva Granada y porque los miembros de la Junta de Quito eran personas conocidas en Santa Fe. Además, Quito había enviado gente a Popayán y Chocó a levantar más Juntas, lo cual no podía dejar indiferentes a los vecinos de la capital del virreinato.

El 5 de septiembre de 1809 se convocó en Santa Fe Junta de funcionarios, eclesiásticos y hacendados en Quito y ello fue una equivocación. El virrey Amar convocó esta Junta de Notables, o Junta de Autoridades, para discutir el caso quiteño, y esta Junta acabó pidiendo una Junta Provisional de Gobierno en Santa Fe, semejante a la que había aparecido en Quito. Camilo Torres pidió la igualdad entre criollos y españoles de Bogotá, y también el establecimiento de una Junta de Gobierno. No se convocó la Junta de Gobierno.

El 11 de septiembre el virrey volvió a convocar otra Junta de Autoridades con asistencia de los militares. Unos opinaban que había que reprimir militarmente a Quito, y otros que había que erigir una Junta, presidida por el virrey, y exigir después obediencia a Quito. El rey se negó a lo segundo, y se enviaron soldados a Quito.

Por esos días conocieron que la Junta Suprema Central les reconocía derecho a tener diputados en Cádiz y que se hablaba de igualdad de derechos con los españoles peninsulares, y se les ocurrió exponer una serie de agravios, como era tradicional antes de ir a Cortes: como que los mandos eran militares y no les gustaban, que la presión fiscal había subido, y que las reformas emprendidas no eran las adecuadas a la realidad americana.

El virrey Amar, a pesar de su carácter ilustrado y, en teoría, reformista, se asustó por los cambios y empezó a tomar medidas represivas contra los “regeneradores”, encarcelando a sospechosos y vigilando las calles. Parecía que se repetía en Nueva Granada lo sucedido en España con Floridablanca en 1790. Para su mayor seguridad, Amar designó personalmente a ocho miembros del Cabildo y al alférez real, para 1810: estos regidores fueron llamados “intrusos”. El virrey se estaba desprestigiando ante los criollos. Y entonces la oposición aprovechó para difundir el bulo de que Amar estaba de acuerdo con Carlota Joaquina para entregar el virreinato a los portugueses. Incluso el síndico procurador Ignacio de Herrera envió a la Junta Suprema Central (que para entonces ya no existía, pero Herrera no lo sabía) un memorial denunciando al virrey y a la Audiencia porque se habían pasado a los franceses. Todo estaba preparado para el inicio de las revueltas.

 

 

 

Perú.

 

Perú tenía una población de 1.115.000 habitantes, de los cuales 630.000 eran indios, 240.000 mestizos, 140.000 blancos y 80.000 negros (40.000 de ellos, esclavos). Los indios vivían una agricultura de subsistencia, casi todos en Los Andes. Los blancos vivían casi todos en la costa.

Los indios tenían costumbres sociales distintas: no se lavaban, ni se cortaban el pelo nunca, no trabajaban, llevaban harapos… y eran insociables con los blancos. Si algunos aceptaban las costumbres blancas, se les aceptaba en la sociedad blanca y entonces se denominaban cholos (indios civilizados).

Los mestizos estaban, en cuanto a civilización, los unos próximos a los indios y los otros próximos a los blancos.

Los negros, mulatos y todas las castas (variedades de negro) tenían prohibido vestir como los blancos, vivir en barrios de blancos, casarse con blancos, ir a la iglesia de los blancos y enterrar a sus muertos en cementerios de blancos. Su única oportunidad de progresar en la sociedad era comprar un “certificado de blancura”, pero debían ganar para ello algún dinero.

Los blancos eran la aristocracia rural, los que detentaban los cargos políticos, los comerciantes, los que tenían privilegios. Temían al populacho indio y mestizo, y todos querían ley y orden. Entre los blancos la población más importante era la de los criollos y estos estaban divididos en dos grupos de opinión: los revolucionarios, una minoría, estaban dispuestos a aceptar la cooperación de los mestizos y de los indios en su proyecto; la mayoría, no aceptaba esta cooperación que creían que llevaría al fin de su superioridad política.

Los intelectuales como José Baquijano, Toribio Rodríguez de Mendoza e Hipólito Inanue, eran ilustrados, condenaban el oscurantismo (la ignorancia y superstición) y querían libertad e igualdad, pero sin cambiar las estructuras socioeconómicas, es decir, sólo para los blancos. Pensaban en una independencia política de España pero conservando la unidad de religión, de costumbres y de vínculos de sangre. Se trataba más bien de una autonomía con derechos mayores para los criollos. No había independentistas puros. Podíamos traducirlo en concreto, en una independencia de los cabildos americanos e igualdad de todos los blancos en el cabildo.

Era virrey del Perú, desde 1806, José Fernando Abascal y Sousa[2], I marqués de la Concordia Española. En un determinado momento llegó a ser el único virrey efectivo de Latino América, pues José de Iturrigaray en Nueva España, Baltasar Hidalgo de Cisneros en Río de la Plata y Antonio Amar de Borbón en Nueva Granada, no podían ejercer su autoridad ante las rebeliones nacionalistas. En 1816 fue sustituido por Joaquín de la Pezuela su hombre de confianza y jefe del ejército peruano.

 

El Alto Perú era una provincia dependiente del virreinato de La Plata desde 1776. Charcas empezaba al pasar el río Desaguadero, al este del lago Titicaca, la misma frontera que la actual entre Perú y Bolivia. Sus principales recursos estaban en las minas, y las minas estaban en la montaña, en territorios de difícil acceso. Los pueblos estaban muy dispersos e incomunicados, y el dominio militar del territorio era casi imposible sin la cooperación de la población autóctona. El territorio era codiciado por Lima y Buenos Aires, pero los altoperuanos no querían ser dependientes de ninguno de los dos. Era poca población, los pueblos estaban muy dispersos, y sus posibilidades de atacar a los demás eran casi nulas, pero las posibilidades de los demás de asentarse hostilmente en el territorio eran parecidas. Aunque pertenecía desde 1776 al Virreinato de La Plata, los peruanos no perdían de vista a sus vecinos de las montañas.

Hasta 1776 habían pertenecido a Perú, pero tras crearse el nuevo virreinato pasaron a depender de la ciudad por donde se exportaba la plata bajando los ríos, Buenos Aires. En 1806, el virrey de Perú, Abascal, volvió a tener autoridad sobre el Alto Perú, arrebatándoselo a Buenos Aires, y los peruanos estaban contentos con España.

 

 

Perú en 1808.

 

En 1808, las noticias de España de marzo y mayo de 1808, llegaron a Lima través de Buenos Aires y Chile. Junto a las noticias de España se comunicaba que Buenos Aires había jurado a Fernando VII, y llegaban las proclamas de Goyeneche de la Junta de Sevilla, pidiendo reconocimiento de la Junta de Sevilla y fondos para la guerra en España. Nunca llegaron delegados de Napoleón.

Abascal comunicó a la Junta de Sevilla en septiembre de 1808 que se había enterado de los sucesos de Aranjuez y que proclamaría a Fernando VII en un acto solemne el 1 de diciembre siguiente. Todavía no se había enterado que la Junta de Sevilla estaba subordinada a la Junta Suprema Central. Abascal reunió en pocos días medio millón de pesos que entregó como donativo a la Junta de Sevilla y sacó otro millón y medio de los fondos de amortizaciones y los envió en enero de 1809 a la Junta Suprema Central, pues para esa fecha ya conocía la existencia de esta otra Junta.

En 1808, en España, se había puesto en práctica la tradición española de que, cuando un rey estaba secuestrado, la soberanía revertía en el pueblo, y España constituyó diversas Juntas. Perú no hizo Junta, porque Abascal creyó que no había motivo o peligro de invasión francesa en aquel territorio, y se dispuso a reprimir a los que querían, teóricamente, juntas, pero más bien eran autonomistas, o independentistas en su caso, como algunos grupos de Quito y Alto Perú. Quito pertenecía a Santa Fe de Bogotá, pero quedaba cerca de Perú y era un territorio disputado entre ambos virreyes.

El 7 de octubre de 1808 llegó a Callao, procedente de Valparaíso, una nave con noticias de que la familia real estaba presa en manos de Napoleón y que había abdicado en Bayona, que el francés Murat mandaba en Madrid y que la Junta de Sevilla pedía sumisión a Fernando VII. Inmediatamente, Abascal reunió al “Real Acuerdo” y éste decidió reunir Junta, lo que tuvo lugar el 8 de octubre. Componían la Junta: Heras, arzobispo de Lima; los miembros de la Audiencia; los alcaldes y regidores. Abascal les comunicó sus noticias sobre España y la petición de que se jurara a Fernando VII. Y se juró a Fernando VII el 13 de octubre de 1808, adelantando el acto previsto para 1 de diciembre.

El 13 de octubre de 1808, el virrey Abascal proclamó a Fernando VII como su rey. Tenía de su lado la opinión de las principales fuerzas políticas peruanas: el arzobispo de Lima Bartolomé de las Heras y los criollos peruanos, que creían que las revueltas de indios y mestizos no les convenían, y que las llamadas de Buenos Aires a la independencia iban a favor de intereses de Buenos Aires, pero no del Perú. Era absurdo someterse a las normas de los comerciantes de Buenos Aires, cuyos abusos como intermediarios eran temidos como más graves que los de España.

El virrey de Perú, Abascal, atendió a sublevaciones en Quito en el norte (perteneciente a la Audiencia de Santa Fe), y en Chuquisaca y La Paz en el Alto Perú. Se trataba de zonas que tenían cierta rivalidad con Lima, que no aceptaban la superioridad de esta ciudad respecto a las de Quito, La Paz o Sucre.

En Chuquisaca (Alto Perú), siendo presidente de la Audiencia Ramón García de León y Pizarro[3], hubo una rebelión en mayo de 1809. García de León y Pizarro era independentista respecto a España y se enfrentó a los Oidores de la Audiencia que eran partidarios de la sumisión a España. Se impusieron los Oidores, se hizo Junta y se juró fidelidad a Fernando VII. Pero surgieron disidentes, como Bernardo de Monteagudo, que difundieron ideas separatistas por el Alto Perú, quedando la zona muy vulnerable a las pretensiones de Buenos Aires.

En La Paz (Alto Perú), el movimiento independentista fue reprimido mediante una intervención militar de Abascal. En 16 de julio de 1809, un grupo de personas se había puesto a vitorear a Fernando VII y entre ellos estaba Pedro Domingo Murillo, que pocos días después reveló el verdadero carácter de las algaradas, que era independentista. Cuando se acercaba Abascal, todos huyeron.

La rebelión de 10 de agosto de 1809 en Quito fue reprimida por el virrey del Perú, Abascal, a partir de 8 de octubre de 1809. Abascal no estaba dispuesto a permitir que Quito depusiera a las autoridades españolas y se constituyera como Junta Suprema Gubernativa de Quito, con presidente y ministros como un Gobierno corriente. Un grupo importante de rebeldes fue llevado a una cárcel de Lima.

Abascal tenía su plan alternativo: establecería un Gobierno en nombre de Fernando VII, una regencia que gobernara sobre las Juntas que estaban surgiendo por todas partes. Esa Regencia estaría presidida por el Virrey y daría participación en el Gobierno a los capitanes generales de las distintas provincias. El objetivo de esta Regencia sería que, en caso de destrucción del Gobierno de España, y de que éste no hubiera podido trasladarse a América, evitar la disgregación de territorios americanos y proponer la solución final: la reunión de los cuatro virreyes y convocatoria de Cortes que nombraran Regencia en nombre de Fernando VII, a fin de que América pudiera defenderse del enemigo puntual, el francés, y del enemigo permanente, el inglés.

 

 

Alto Perú en 1808.

 

En La Paz (Alto Perú), había cierto desencanto respecto a los intendentes.

En 3 de diciembre de 1808, José Manuel Goyeneche se trasladó a Chuquisaca. Venía de Río de Janeiro, donde se había entrevistado con Carlota Joaquina y hablaba de una “Nueva Toledo” ligada a Brasil.

Al poco tiempo llegaban a Alto Perú noticias de la sublevación de 1 de enero de 1809 en Buenos Aires. Los altoperuanos interpretaron que los argentinos se habían pasado a José I y que Carlota Joaquina de Brasil entraría en Buenos Aires en cualquier momento para reprimir esa sublevación. Las dudas eran muy grandes. La Real Audiencia de Chuquisaca no creía prudente reconocer a la Junta de Sevilla, porque ésta, aunque se titulaba “suprema” no era en verdad soberana, y podría ser una ilegalidad. Además, si Goyeneche había confirmado a Liniers como Virrey en Buenos Aires, sabiendo que Liniers era francés, podía estar fraguándose una conspiración en pro de José I.

El presidente de la Audiencia en Alto Perú, García Pizarro, convocó Junta para el 12 de diciembre, a la que debían asistir el arzobispo Moxó de Francolí, los miembros de la Real Audiencia y los alcaldes. Los Oidores de la Audiencia se negaron a asistir alegando que no había sido convocado previamente el “Real Acuerdo” (reunión deliberativa del Presidente con los miembros de la Audiencia) y porque había otras juntas supremas en España además de la de Sevilla. Goyeneche amenazó con apresar a los resistentes, y enseñó papeles de Carlota Joaquina. Los Oidores consideraron que se estaba traicionando a Fernando VII y hablaban de un pacto entre Goyeneche y Carlota Joaquina para entregar el Alto Perú a Brasil.

El arzobispo de Chuquisaca, Moxó de Francolí, dispuso que la Iglesia aceptase a la Junta de Sevilla y reunir el donativo que Goyeneche pedía.

 

 

Perú en 1809.

 

En 22 de diciembre 1808 llegó a Perú la fragata Higginson Senior pidiendo que se reconociese a don Pedro de Brasil como “Jefe Protector del Gobierno Provisorio”, lo mismo que se había expuesto a Goyeneche en días anteriores en Río de Janeiro y que se estaba pidiendo a las demás autoridades americanas. Pero se negó Abascal y se negó Goyeneche a aceptar la autoridad de Río de Janeiro, y la dinastía portuguesa fracasó en el intento. La fragata había salido de Río de Janeiro en septiembre, y el tiempo de la travesía, que se hacía por el Estrecho de Magallanes, actuó contra las pretensiones de Carlota Joaquina. La decisión de ésta de quedarse con América era clara, pues prometía dar salida a los productos americanos vendiéndolos en Inglaterra, prometía la reactivación de la agricultura y la minería. Toda una campaña de propaganda que Abascal rechazó.

El 12 de enero de 1809, la Universidad consideró impropias las aspiraciones de Carlota Joaquina. Los estudiantes salieron a la calle.

Abascal escribió al virrey de Buenos Aires, al presidente de Chile, al virrey de Santa Fe, al virrey de México, al presidente de Quito y al presidente de Guatemala, para coordinar actuaciones en pro de Fernando VII. Esta iniciativa hizo comprender a Carlota Joaquina que su principal enemigo, en los planes para coronar emperador de América a su hijo Pedro, era Abascal.

Pero en 1809 las dificultades eran muchas y para los gobernantes españoles en Latinoamérica era difícil atender a Abascal. Éste les pedía tropas para someter al Alto Perú, tropas que resistieran a Río de La Plata, y otras que lucharan contra Colombia y Venezuela, lo cual eran muchos gastos y muchos hombres.

 

Uno de los más graves problemas para Lima era la posible independencia administrativa de Quito. Quito pertenecía a Nueva Granada, pero era vecino de Perú. En Quito gobernaba el presidente de la Audiencia Miguel de Uríez conde Ruiz de Castilla, de 75 años de edad, enfermo y poco capaz. Los quitenses querían convertirse en Capitanía General como Chile o Caracas. Aprovecharon que Ruiz de Castilla había sido puesto por Godoy, para iniciar una campaña contra él. El capitán Juan de Salinas se puso al frente de las pequeñas fuerzas de Quito y dijo estar dispuesto a reconocer a José I, el rey de España en ese momento. En realidad era un movimiento independentista.

Los criollos, que habían rechazado siempre apoyar las sublevaciones de los indios, eran importantes en este momento, pues su cooperación con los indios podía decidir el futuro de España en la zona.

 

 

Alto Perú en 1809.

 

En la segunda mitad de 1809, se pacificó el Alto Perú: El 23 de mayo de 1809, Ramón García Pizarro ordenó al Gobernador Intendente de Potosí, Francisco de Paula Santa Cruz, que se trasladara a Chuquisaca con soldados para reprimir una posible sublevación de la Audiencia. La ciudad se alborotó y nadie fue capaz de contener el alboroto popular. García Pizarro se entregó a los Oidores porque temía ser asesinado por la multitud. Los Oidores le apresaron en la Universidad y asumieron el Gobierno de Chuquisaca y organizaron milicias para su defensa.

En 9 de julio, Buenos Aires decidió intervenir, pero hubo nuevos disturbios en ciudades de Alto Perú.

En julio de 1809 los separatistas de Alto Perú sondearon si tendrían apoyo de la Audiencia y supieron que ésta estaba por someterse al virrey de Buenos Aires, o sea, la tendrían en contra. El 16 de julio, Juan Pedro Indaburu introdujo en el cuartel del “Regimiento del Fijo” unas milicias ciudadanas y tomó el cuartel por sorpresa. Se nombraron cargos. En el reparto de cargos, Indaburu quedó relegado a un puesto sin importancia. Tomó el mando el Cabildo organizando un cuerpo deliberante denominado Junta Consultiva, presidido por Pedro Domingo Murillo, jefe del ejército de La Paz. Este hombre, organizó un auténtico Gobierno con comisiones de Gobierno, Guerra, Gracia y Justicia, Hacienda y Culto. Perdonó las deudas de los ciudadanos a la Real Hacienda y eliminó los documentos que las certificaban, una medida populista.

En septiembre se supo que Abascal, virrey de Perú, mandaría soldados contra La Paz, y enseguida Baltasar Hidalgo de Cisneros, virrey de La Plata envió al mariscal Vicente Nieto a Chuquisaca, para prevenir una invasión de los peruanos a zona platense. Llegadas las fuerzas de Abascal a La Paz, decidieron no luchar sino restablecer las antiguas autoridades. Pero sí hubo represalias y ejecuciones.

Vicente Nieto entró en Potosí el 14 de diciembre de 1809 y en Chuquisaca el 17 de diciembre y exigió completa sumisión, quedando pacificada toda la zona. De momento, no hubo enfrentamiento entre Buenos Aires y Lima.

 

 

El fracaso español en 1810.

 

En 14 de febrero de 1810, la Junta Suprema Central española envió a América delegados para pedir la alianza de los pueblos americanos: Antonio de Villavicencio Berástegui iba a Caracas, Carlos Montúfar Larrea-Serrano[4] a Quito, y José de los Iriberri a Lima. Llegaron a su destino en abril de 1810. Era demasiado tarde para reconducir el independentismo americano, sobre todo después de la masacre de agosto de 1810 en Lima, y la suerte de cada uno fue distinta. Carlos Montúfar se unió a su padre, Juan Pío Montúfar y Larrea marqués de Campo Alegre y se hizo independentista.

 

 

La masacre de Lima de 2 de agosto de 1810.

 

El 2 de agosto de 1810 tuvo lugar una terrible masacre en Lima, que tuvo amplia repercusión en todo Latinoamérica: gentes de Lima quisieron asaltar la cárcel y liberar a los independentistas quiteños que estaban presos desde octubre de 1809. Los soldados que defendían la cárcel dispararon sobre los asaltantes y mataron a muchos de los presos de la primera planta. No hubo muertos entre los presos del sótano de la cárcel. En total hubo unos 200 muertos ese día. Murieron Manuel Rodríguez Quiroga[5], Juan de Dios Morales[6], Juan de Salinas Zenitagoya[7], Javier de Azcásubi, José Ríofrío, Juan Pablo Arenas Lavayón… Salvaron la vida Pedro Montúfar, Nicolás Vélez, el presbítero Castelo, Manuel Angulo, Castillo…

Latinoamérica entera se conmovió por el drama de Lima, y quizás el 2 de agosto haya sido un punto de ruptura definitiva entre España en el proceso de independencia.

 

 

[1] Melchor de Aymerich y Villajuana, 1754-1836 era comandante de Cuenca (sur de Ecuador) cuando se sublevó Quito en 1809, y se sumó a las fuerzas de Manuel Arredondo, enviado por Fernando Abascal desde Perú, para acabar con la revuelta de Quito. En agosto de 1810 volvió la revuelta, ahora con Carlos Montúfar, y en febrero de 1811, Aymerich atacó de nuevo Quito y en 1812 venció al independentista Francisco García Calderón y recuperó la ciudad para España, por lo que fue ascendido a mariscal de campo en 1813. En 1814 derrotó a Antonio Nariño. En 1816-1817 fue Presidente interino de Quito (el titular era Toribio Montes). En 1822 volvió a ser presidente de Quito, hasta que fue derrotado en 24 de mayo de 1822 por Sucre en Pichncha, y abandonó el país.

[2] José Fernando de Abascal y Sousa, 1743-1821, I Marqués de la Concordia Española conocía América por haber estado en Santa Catarina, Sacramento, Santiago, La Habana (1796) en funciones militares, y haber ejercido como Gobernador de Nueva Galicia-Guadalajara hasta 1804. había sido nombrado virrey de Río de la Plata en 1804, pero en el traslado de Guadalajara a La Habana, fue apresado por los ingleses y no fue liberado sino hasta 1806, tiempo en el que fue nombrado virrey del Perú, en 1805. Llegó a Lima por el camino más largo, pues desembarcó en Montevideo y se hizo 3.500 kilómetros por tierra. Tomo posesión en Lima en agosto de 1806.Al llegar a Perú en 1806 creó la Real Escuela de Pintura de Lima, difundió la vacuna antivariólica, sacó cementerios fuera de la ciudad de Lima, instituyó el Colegio de Medicina, abrió el Jardín Botánico con biblioteca y salas de prácticas, abrió dos colegios para los hijos de la élite peruana, San Pablo y el del Cercado, instituyó el Colegio de Abogados, creó el regimiento de milicias La Concordia Española en el Perú, y por todo ello fue reconocido y admirado en Lima y América. El 13 de noviembre de 1816 se marchó a España, donde recibió el decreto de que era sustituido en Perú por el virrey Joaquín de la Pezuela.

[3] Ramón García de León y Pizarro, 1745-1815, I marqués de Casa Pizarro, era un noble y militar español originario de Orán, que llegó a América en 1771 para ser Gobernador de Riohacha, de Maynas, de Mompox, de Guayaquil (1779), de Salta (1789), y de Chuquisaca y Presidente de la Audiencia de Charcas en 1796. A fines de 1808 recibió a José Manuel Goyeneche, enviado de la Junta de Sevilla, que le pedía dinero y le informaba del proyecto de Carlota Joaquina de hacer un imperio portugués en América.

[4] Carlos Montúfar Serrano-Larrea, 1780-1816, hijo de Juan Pío Montúfar y Larrea, II marqués de Selva Alegre, pertenecía a una de las familias más ricas de América, y en 1802 se unió a la expedición de Humboldt, junto al cual visitó Ecuador, Perú, México, Estados Unidos, Cuba, Francia y España. Se dice que Humboldt era homosexual y Carlos era su pareja. En 1805 llegó a España y estudió en la Real Academia de Nobles. En 1810 fue comisionado para pedir en América solidaridad con los patriotas españoles, y así lo hizo ante la Junta de Caracas, pero al llegar a Quito, se encontró que su padre era líder de los independentistas y se cambió de bando, para ser capitán independentista.

[5] Manuel Rodríguez de Quiroga, 1771-1810, estudió Derecho en Quito y fue profesor universitario. Ya en marzo de 1809 había sido apresado por conspirador, y liberado por falta de pruebas. De nuevo participó en la revuelta de agosto de 1809 contra Ruiz de Castilla,y fue apresado en octubre de 1809.

[6] Juan de Dios Morales, 1767-1810, fue escribiente y oficial mayor en la Secretaría de la Superintendencia, aprovechó para estudiar Derecho y fue catedrático en la Universidad de Quito. En 1806 fue confinado en Guayaquil, donde contactó con un grupo de independentistas. Participó en el levantamiento de 10 de agosto de 1809, fue apresado en octubre de 1809.

[7] Juan de Salinas Zenitagoya, 1755-1810, había estudiado algún curso de Filosofía y Derecho, pero acabó siendo soldado en 1777. En 1795 fue destinado a Guatyaquil y contactó con los independentistas. Estuvo en la conspiración de los marqueses de 25 de diciembre de 1808 y en el golpe de 10 de agosto de 1809 contra Ruiz de Castilla. en diciembre de 1809 fue apresado y murió el 2 de agosto.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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