INDEPENDENCIA DEL NORTE DE SUDAMÉRICA

A PARTIR DE 1830.

 

 

El Congreso Admirable.

 

El 20 de enero de 1830 tuvo lugar en Bogotá el Congreso Admirable, presidido por Antonio José de Sucre. Se trataba de arreglar los problemas generados a raíz de que Bolívar se proclamara dictador en 27 de agosto de 1828 y hubiera derogado la constitución de Cúcuta de 1821. Se había convocado el 24 de diciembre de 1828, se inauguró el 20 de enero de 1830 y sus sesiones duraron hasta 11 de mayo de 1830.

El 13 de enero de 1830, José Antonio Páez Herrera declaró la independencia de Venezuela respecto a la Gran Colombia. Sería Presidente de Venezuela hasta 20 de enero de 1835.

El 20 de enero, en la primera sesión del Congreso, Bolívar pidió poderes ilimitados para resolver por sí mismo el problema venezolano, pero el Congreso no se los otorgó, pues el origen del problema estaba precisamente en el personalismo de Bolívar.

La solución al problema político parecía ser una nueva constitución, pero el tema estaba muy complicado. El 29 de abril de 1830 hubo una nueva constitución.

Se produjo en ese momento en Bogotá una ruptura política: El 1 de mayo de 1830 se produjo la dimisión de Bolívar, cuando debía firmar la nueva constitución y el Congreso no eligió a Sucre para sustituir a Bolívar como presidente, lo que parecía lógico con la legalidad, pues era su vicepresidente, sino que hubo nombres nuevos: Caycedo, Mosquera, Urdaneta y Caycedo de nuevo.

Y el 4 de mayo fue elegido Presidente de la Gran Colombia Domingo Caycedo que fue quien firmó la nueva constitución. La dimisión de Bolívar estaba justificada en que la tuberculosis que sufría estaba muy avanzada, y moriría de hecho poco más tarde.

El 6 de mayo de 1830, Venezuela inició su propio Congreso constituyente en Valencia, distinto del de Bogotá y su constitución estuvo lista en 22 de septiembre de 1830.

El 13 de mayo de 1830, Quito declaró su independencia de la Gran Colombia titulándose República de Ecuador. En todo el proceso de “liberación”, a Ecuador le había ido mal, pues tuvo que pagar el coste de la guerra con Perú. Santander se negó a darle desgravaciones, protección o subsidios. La solución adoptada como paliativo, que Ecuador pedía mantener el tributo indio y la esclavitud como manera de resarcirse de los gastos de guerra, era un castigo para los indios y los negros, lo cual es otra faceta para entender la dimensión del significado de la frase de que le había ido mal. Pronto empezaron a ver a los colombianos como ejército de ocupación y el 13 de mayo de 1830 decidieron separarse de Colombia. Pero incluso a los grandes burgueses quiteños, los protagonistas de aquella “contrarrevolución preventiva”[1], les iría mal: Ecuador tradicionalmente, exportaba por Guayaquil cacao y corteza de quino. Las importaciones solían ser un 30% superiores a las exportaciones. Era un territorio poco desarrollado donde la enseñanza sólo se daba en las ciudades. Los indios habían apoyado a los españoles hasta el último momento en Santa Marta y en Pasto. A partir del triunfo de la revolución, los indios fueron calificados de indolentes, estúpidos, insensibles y raza degenerada. Y el objetivo de los blancos fue quedarse con las tierras de los indios. Los indios poseían resguardos, que eran tierras comunales indias. Los blancos idearon concentrar a los indios en pocos resguardos y subastar las tierras de los resguardos vacíos. Y desde 11 de octubre de 1821 hicieron una ley que convirtió a los resguardos en propiedad particular, lo cual significó que cada indio recibió un minifundio inviable, sin subsidio, sin adiestramiento en técnicas agrícolas nuevas y sin capital, lo cual llevó a los indios a vender sus parcelas. La esclavitud era un problema singular desde el punto en que los esclavos eran propiedad de los criollos rebeldes y no de los odiados españoles. Bolívar propuso la libertad de los esclavos, pero los criollos no querían. El Congreso de Cúcuta 1821 liberó a los nacidos a partir de 1821, cuando cumpliesen 18 años de edad. Los pardos tuvieron igualdad legal, pero no real, pues la sociedad nunca les aceptó como iguales. Su oportunidad fue el ejército, donde sí podían gozar de la igualdad legal. La mitad de los soldados colombianos fue siempre de raza negra.

Sucre se retiró del Congreso de Bogotá, decepcionado y emprendió viaje a Quito, pero al llegar a Berruecos (Nariño), fue asesinado el 4 de junio de 1830. Se desconoce al autor del asesinato.

 

El 13 de junio de 1830, en Colombia, cesó Caycedo y se nombró presidente a Joaquín Mosquera.

El 4 de septiembre de 1830 cesó Joaquín Mosquera para dar paso a Rafael José Urdaneta Farías. Bogotá sufría un pillaje generalizado y hubo alzamientos contra Mosquera, hasta que se impuso una nueva dictadura, la de Rafael Urdaneta, el cual tenía la intención de que volviera Bolívar, pero éste no quiso volver.

 

El 22 de septiembre de 1830, el congreso venezolano aprobó la separación de la Gran Colombia que ya había declarado Páez en 13 de enero del mismo año.

El 26 de septiembre de 1830, en Panamá, se produjo un movimiento a la inversa del común de los acontecimientos de ese tiempo: José Domingo Espinar se separó de la obediencia de la Gran Colombia de Joaquín Mosquera, para ofrecerse a Bolívar de modo que éste reconstruyera la Gran Colombia desde Panamá. Bolívar no aceptó y Panamá volvió a Colombia el 11 de diciembre de 1830. A partir de este acontecimiento y de la consiguiente división interna entre partidarios de la unión con Colombia y partidarios de la independencia, se produjo un movimiento “haciendo la goma”: el coronel Juan Eligio Alzuru decidió la separación en 9 de junio de 1831, hasta que el general Fábrega y el coronel Tomás Herrera fusilaron a Alzuru; en 18 de noviembre de 1840 Tomás Herrera decidió la separación, hasta que éste fue depuesto en 1841; en 1850, José Domingo Espinar decidió una tercera separación, y de nuevo se volvieron a unir, y así hasta la separación definitiva de 3 de noviembre de 1903.

 

La Junta recomendó a Urdaneta restablecer las garantías constitucionales, y el acuerdo con Ecuador y Venezuela, es decir, terminar con la dictadura en Colombia. Urdaneta aceptó. Pero surgieron múltiples levantamientos que serán la tónica en toda Sudamérica, igual que en España, en adelante.

Los generales José María Obando y José Hilario López se rebelaron en Cauca.

Los coroneles Mariano Acero, Calixto Morales y Juan José Neira se rebelaron en Ubaté.

El coronel Salvador Córdoba se rebeló en Antioquia.

Policarpo Jiménez se pronunció en Soledad y Barranquilla.

Los generales Luque, Carranza y Portocarrero se manifestaron contra Urdaneta.

Se protestaba contra Urdaneta, y se pedía la vuelta de Domingo Caycedo. Cuando el general Posada, jefe del ejército de Urdaneta, se pasó a la oposición, y se sumó al movimiento golpista el general Juan Nepomuceno Moreno, Urdaneta estuvo perdido. El 14 de abril de 1831 hubo levantamiento popular y se repuso a Caycedo como Vicepresidente de la República (cargo máximo en ese momento).

 

Bolívar murió el 17 de diciembre de 1830 en Santa Marta, a los 47 años de edad, cuando se retiraba para embarcar hacia algún lugar desconocido para nosotros.

Con ello terminó la aventura independentista iniciada por el norte de Sudamérica en 1810.

 

El 30 de abril de 1831 el Congreso cesó a Urdaneta y se instaló en Colombia un nuevo Triunvirato, él último, integrado por José Miguel Pey, Jerónimo Mendoza y Juan García del Río. Duró hasta 30 de abril de 1830.

De 3 de mayo de 1831 a 21 de noviembre de 1831 fue, por segunda vez Presidente de la Gran Colombia, Domingo Caycedo Sanz de Santamaría. Caycedo volvía a la Presidencia del Gobierno con la intención de hacer un Gobierno de Concentración de todas las fuerzas, por lo que sumó al liberal Alejandro Vélez en Relaciones Exteriores, al liberal José María Obando en Guerra, al independentista José María del Castillo Rada en Hacienda, y al independentista Pedro Gual en Interior. El líder destacado que quedaba, el general López, fue nombrado jefe del ejército. También pidió a Urdaneta colaboración, pero Urdaneta puso el inconveniente de la ilegalidad del nombramiento de Caycedo y de su Gobierno. Hubo conversaciones entre Urdaneta y Caycedo el 26 de abril de 1831 y llegaron a un convenio, Convenio de Apulo, el 28 de abril de 1831, por el que Urdaneta renunciaba al poder y Caycedo quedaba legitimado. Caycedo cambió entonces el Gobierno pasando Del Castillo desde Hacienda a Interior, Gual de Interior a Hacienda, mientras Vélez y Obando permanecían en sus carteras.

Del Gobierno de Caycedo hay que resaltar la fijación de fronteras con Venezuela y Ecuador.

El 25 de mayo de 1831 se convocó Convención Constituyente pero sólo para el territorio Nueva Granada. Había desaparecido definitivamente el proyecto de la Gran Colombia.

Caycedo dimitió en 18 de noviembre de 1831.

 

Lo que nos interesa es la constatación de que los movimientos de independencia provocaron inseguridad política y ruina económica. Ya lo hemos explicitado para Argentina y Ecuador más arriba. Colombia estaba también arruinada, pues las recaudaciones de Hacienda casi habían desaparecido y los gastos militares aumentado. Los productos mineros salían deprisa del país. Intentaron solucionar su crisis financiera prohibiendo importaciones, desamortizando bienes eclesiásticos, pasando la deuda a Venezuela y Ecuador que habían contribuido a generarla…

Al final del proceso, en 1830, la revolución se había convertido en un problema para la antigua Nueva Granada y desde ese momento Colombia: la libertad de agricultura, industria y comercio fue papel mojado, pues con la excusa de la crisis de hacienda se restauró la alcabala en 1826, el monopolio del alcohol en 1830 y el del tabaco por esas fechas. Así que la abolición de tributos españoles, fue sólo teórica.

Necesitados de capital, se admitió a todos los capitalistas que llegaron, sin mirar su moral ni intenciones, y se aceptó que se quedaran con las esmeraldas, plata, oro, cobre, platino… que en teoría era el motivo de la sublevación contra España. Es decir, se lo quitaron a España y se lo entregaron al primero que pasaba por allí. Los nuevos dueños de la riqueza colombiana no aportaron tecnología y la producción no creció, ni tampoco triunfaron los pocos proyectos de desarrollo en comunicaciones que emprendieron: el alemán Juan Bernardo Elbers intentó en 1823 la navegación a vapor del Magdalena, pero sin inversiones en canales secundarios hasta los puntos de recogida de producto y sin técnicos en reparaciones, lo cual significó el fracaso. Igualmente fracasaron los proyectos de navegación del Orinoco y del lago Maracaibo. El plan de carreteras se quedó en simple proyecto. El plan de canal transoceánico, otro proyecto más. El plan de inmigración de trabajadores europeos fue un fracaso una vez que se ofrecieron tierras a precios altos para aprovecharse de los que llegaran.

El fin del monopolio español de comercio no dio lugar a comercio libre. Colombia siguió comprando a Jamaica casi en exclusiva y gravaba las importaciones con tasas que iban del 7,5 al 36% del valor de entrada, protegiendo unos artículos y dejando libertad en otros. Los plantadores consiguieron protección total para sus artículos, mientras el trigo dejó de estar protegido y se importaba de Estados Unidos, lo cual perjudicaba a las llanuras del interior. El tabaco y la sal siguieron siendo monopolios del Estado.

Las exportaciones eran pocas, fundamentalmente cacao, algodón, tabaco, madera, cuero, azúcar, café, oro y plata.

Las manufacturas colombianas no podían competir con las británicas y los textiles de Socorro y los paños de lana de Bocayá fracasaron.

 

El resto de la historia del Norte de Sudamérica es la muy aburrida sucesión de golpes de Estado protagonizada por diversos militares “salvadores de la patria”.

En 1836, España renunció a sus posesiones americanas, lo que supone el primer reconocimiento del imperio americano. La aceptación total de los hechos no se produjo hasta mucho más tarde. Sólo en 14 de agosto de 1879 España hizo un Tratado de Paz con Perú.

 

 

 

El conflicto de Perú y Bolivia.

 

El caso de Perú parece interesante para ilustrar la afirmación de que la independencia produjo una gran desestabilización política y social en América Latina. Aunque se sale del ámbito temporal de este trabajo, no parece muy completo haber hablado de México, Argentina y Colombia, dejando un poco olvidado a Perú.

El 10 de junio de 1834, se aprobó la cuarta constitución peruana, con la peculiaridad de admitir la posibilidad de federarse con Bolivia.

La desestabilización de Sudamérica se alimentaba a sí misma desde fuera, y cualquier golpista tenía apoyos exteriores, pues ni Chile, ni Argentina, ni Ecuador, querían un Perú fuerte que dominara la zona, y atacaban a Perú cada vez que veían una recuperación del país, difundiendo el temor a un dominio peruano. Casi todos utilizaban la excusa de la restauración del bolivarismo.

En 1836 se difundió el proyecto de unión de Perú y Bolivia en tres Estados, que serían el del Norte (Lima), el del Centro (Tacna) y el del Sur (La Paz). Inmediatamente el expresidente del Perú, Santa Cruz, asumió para sí el proyecto de ser él el líder, e inició maniobras oscuras:

Era presidente de Perú el general Luis José de Orbegozo, un general que estaba pasando muchos apuros por causa de las revueltas internas peruanas. Santa Cruz se entrevistó primero con el general Agustín Gamarra, que estaba en Chuquisaca y acordó con él la formación de una Confederación de la República Peruana, con los tres Estados citados. Al saberlo Orbegozo, pidió una entrevista a Santa Cruz, y éste abandonó el pacto que había firmado con Gamarra para establecer entre los dos la Confederación, y se dispuso a tacar a Gamarra con objeto de ser líder único de todo el territorio. Gamarra se alió con Felipe Santiago Salaverry y lucharon contra Santa Crus, pero fueron vencidos en julio de 1836.

Santa Cruz se erigió en el “Protector de la Confederación de la República Peruana”, en una actitud que recuerda mucho la de Bolívar, contra el que Santa Cruz había luchado.

La aparición de la Confederación Peruana podía terminar con el sueño imperialista de los chilenos y de los argentinos de dominar Perú y se inició una doble guerra:

El presidente de Chile, José Joaquín Prieto declaró la guerra a Perú en 26 de diciembre de 1826, o que no gustó en Chile. El ministro plenipotenciario chileno Diego Portales, autor de la declaración de guerra, fue asesinado por los chilenos en 3 de junio de 1837. Prieto fue vencido por los peruanos y firmó el Tratado de Paucarpata en 17 de noviembre de 1837 con Santa Cruz. Al poco, los argentinos fueron también derrotados. En 1838, los chilenos volvieron a atacar y fueron de nuevo derrotados. En 1839, atacaron con éxito y acabaron con el presidente de Perú, Santa Cruz, al que desterraron a Europa.

En agosto de 1839 se produjo la quinta constitución peruana, esta vez autoritaria y centralista.

Pero el problema de Perú y Bolivia no tenía solución por la vía exclusivamente política:

La economía de la zona quedó fuertemente dañada por décadas de guerra. Su principal recurso, las minas de plata, estaban inutilizadas por acción de los combatientes (inundadas, rota la maquinaria y destrozados los accesos), y no había capital para reflotarlas. Los británicos llegaron con la esperanza de llevarse la plata a cambio de textiles, pero pronto verificaron que había poca plata. A partir de 1830, los peruanos redujeron los impuestos a la minería, para estimular la producción de las minas, pero fue inútil. A cambio, gravaron el comercio con hasta el 50% del valor. La recuperación llegaría a partir de 1840 basándose en la exportación de guano.

La grave crisis financiera del Gobierno no permitió abolir el tributo indígena hasta 1854, pues los gastos militares eran muchos (58% del presupuesto) y los gastos de recaudación altos (26%), y los intereses de la deuda elevados.

La sociedad peruana apenas cambió con la independencia. En América en general, no hubo revolución que introdujera a capas más amplias de la sociedad en el poder o diera más posibilidades reales (sí teóricas y constitucionales) a las clases medias y bajas, sino que su movimiento fue más bien una “contrarrevolución preventiva”, un apropiarse del poder antes de que lo asumiesen otros. El Gobierno pasó de los españoles venidos de España a los españoles nacidos en América, criollos, con grandes posesiones, y se mantuvo gracias a la fuerza militar de que cada personalidad disponía. Las estructuras estamentales se mantuvieron casi iguales. Incluso las diferencias sociales, una vez liberada la sociedad de las normas de protección sobre los más desfavorecidos, fueron a más, los indios y mestizos resultaron proporcionalmente más pobres y perdieron parte de sus tierras a manos de los antiguos dueños, ahora dominantes sin restricciones. Incluso la liberación de esclavos fue un tanto hueca, pues en alguna parte fue sólo teórica, y en el Perú, la liberación de negros fue sustituida por coolies chinos que hacían el viejo papel de los esclavos.

Otras permanencias menos importantes respecto al dominio español fueron: la permanencia de monedas del mismo peso y fracciones (el peso de plata dividido en 8 soles, pues el real de plata español cambiaba de nombre por el de “sol”); la permanencia de un modo de administrar con el déficit como sistema; el tributo indio, redenominado “contribución indígena”; los diezmos; el quinto de las minas; la alcabala; la apropiación por el Estado de réditos de propiedades religiosas.

Sí que hubo cambios, pues muchos blancos se arruinaron, pero, sustituidos por otros blancos, la estructura social no cambió. Los nuevos blancos dominantes ocuparon las fincas de los indios, la Iglesia y los ayuntamientos y, tildados de revolucionarios, recibieron grandes premios que los nuevos gobernantes militares daban con prodigalidad. Hubo nuevos ricos, pero no revolución social. En las nuevas tierras, plantaron algodón y azúcar, los productos típicos del comercio colonial, y liberados del monopolio español se vieron sometidos a los dictados del mercado, que castigaba su superproducción con precios bajos y condiciones ruinosas.

En el campo de los impuestos, el cambio principal lo introdujo Bolívar, y fue más teórico que real, pues era irrealizable debido a la inexistencia de un catastro. Habría tres categorías de tributaciones:

La personal, consistente en el pago de 3 pesos anuales, la pagarían los varones de 18 a 60 años, excluyéndose los militares, religiosos e inválidos.

La de la propiedad, pues pagarían el 4% del canon de arrendamiento.

La de rentas anuales de las ciencias, artes e industrias, que pagarían entre el 2 y el 6,5% sobre sus ganancias, o ingresos según el caso.

 

[1] Ya hemos explicado en otra parte que en América se hizo una “revolución” de independencia de España, protagonizada por la gran burguesía, para evitar posibles revoluciones de la burguesía media y pequeña, y que la “revolución” no era tal revolución sino intento de conservadurismo, al que se sumó inmediatamente la Iglesia católica. De ahí la expresión “contrarrevolución preventiva”.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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