LA INDEPENDENCIA DEL SUR DE SUDÁMERICA

EN 1822-1830

 

 

El final de San Martín en 1822.

 

San Martín, a fines de 1821, entregó tierras a los generales, expulsó a los españoles y convocó Congreso Constituyente en Perú, siempre en la idea de constituir una monarquía con un príncipe europeo.

Los liberales peruanos se opusieron entonces a San Martín y tomaron como líderes a Manuel Pérez de Tudela, al sacerdote Francisco Javier Luna Pizarro arzobispo de Lima y a José Faustino Sánchez Carrión. Su plan era instalar una república, contraria a la idea de dictadura inicial de San Martín y de monarquía con príncipe español que éste estaba proponiendo para el futuro.

Perú se convirtió de pronto en un sistema liberal republicano, partidario de una constitución exaltada liberal. En 1822 se había dado un salto impensable.

Provisionalmente, tomó el Gobierno de Perú una “Junta Gubernativa” de tres miembros, con el militar ecuatoriano José de la Mar, el conde de Vista Florida Manuel Salazar y Baquijano, y el comerciante Felipe Antonio de Alvarado. Era un grupo ineficaz en el campo económico y en el militar, que provocó un descontento general. El descontentó cuajó entre los militares en el Motín de Balconcillo, una hacienda a dos kilómetros de Lima, que exigió del Congreso un Presidente definitivo proponiendo a José de la Riva Agüero, un hacendado limeño muy rico, de tendencias independentistas, jefe de las milicias ciudadanas.

 

El ejército de San Martín se debilitaba internamente debido a rivalidades entre argentinos, chilenos y peruanos. Ello se debía a la torpe política de San Martín de repartir tierras a sus amigos y repartir cargos a gente inepta, con sólo que fueran sus amigos, partidarios de la emancipación. Esta gente corrompió la administración y el ejército.

El general Andrés de Santa Cruz, españolista hasta 1821, e independentista peruano al servicio de San Martín a partir de ese año, estaba tomando posiciones que abarcaban desde Oruro (Bolivia, al sur del Titicaca) hasta Arica (puerto en el Pacífico), Tacna, Maquegua y Arequipa, es decir, todo el sur de Perú.

El 6 y 7 de abril de 1822, Domingo Tristán, un hombre de San Martín fue derrotado en Macanona por el realista José de Canterac. La batalla de Macanona fue librada en la hacienda de Macanona, de la ciudad de Ica, 50 kilómetros al sur de Pisco y unos 150 kilómetros al sur de Lima. San Martín perdía más de 2.000 hombres, miles de fusiles y algunos cañones. Después de esto, los españoles entraron en Lima sin encontrar resistencia alguna.

En mayo de 1822, San Martín envió a Antonio Rodríguez de la Fuente a Río de La Plata para que los bonaerenses atacaran el Alto Perú, y otro mensajero a Bolívar para que éste atacara el norte de Perú. Era una llamada desesperada que implicaba debilidad.

Y entonces surgió la cuestión de Guayaquil (Ecuador), un astillero importante que querían tanto San Martín para Perú, como Bolívar para Colombia, y que se había declarado independiente en mayo de 1820. Bolívar no dejó pasar la oportunidad al ver a San Martín debilitado.

Bolívar, más experto en política que San Martín, tomó Quito y se presentó en Guayaquil como vencedor y al frente de un ejército poderoso. La entrevista San Martín – Bolívar se produjo el 26 y 27 de julio de 1822 y Bolívar impuso todos sus puntos de vista: no quería monarquías de ningún tipo, ni siquiera las europeas independientes, y quería Guayaquil para Colombia. San Martín volvió a Lima derrotado.

Pero la llegada a Lima fue peor que la derrota diplomática ante Bolívar: Monteagudo, el gobernador dejado por San Martín, había sido depuesto por Francisco Javier de Luna Pizarro. San Martín, mal recibido en Lima, dimitió y se embarcó para Chile y desde allí para Europa, donde murió en 1850. Estaba completamente decepcionado: Había sido derrotado en abril de 1822, había fracasado su idea de un reino con un príncipe español, había visto caer a su hombre de confianza, Monteagudo, había confirmado que Bolívar era un imperialista egocéntrico que no admitía más soluciones que las propias, otro hombre de su confianza, Luna Pizarro, se había pasado a las ideas bolivarianas republicano liberales, y un tercero, José Faustino Sánchez Carrión también se había hecho republicano. Nadie secundaba sus ideas.

La imagen de San Martín queda muy malparada por sus medidas de expulsar a los españoles, confiscar, repartir tierras y cargos a sus amigos.

 

 

1822, Argentina.

 

El 25 de enero de 1822 tuvo lugar en Buenos Aires el Tratado del Cuadrilátero entre Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, que trataba dos temas: el militar, de alianza frente a Brasil, y el de libre navegación de los ríos. Complementariamente, se liquidaba el Congreso de Córdoba (o de Tucumán) reunido en septiembre de 1821, es decir, el intento de constituir un Estado federal, y se convocaba un nuevo Congreso a celebrar en Buenos Aires.

Buenos Aires ganó mucho dinero con este Tratado del Cuadrilátero pues las mercancías afluyeron a Buenos Aires, y los impuestos de aduana le proporcionaban muchos ingresos. Se convocó un nuevo Congreso, que tendría lugar en Buenos Aires en diciembre de 1824. Esto disgustó mucho a los federalistas.

 

 

La reforma de Rivadavia.

 

En Buenos Aires, Rivadavia era un tipo altanero hasta la repulsión, inteligente pero utópico en cuanto creía que las leyes y la educación serían suficientes para modificar una sociedad altamente intolerante como la porteña, católico pero secularizante porque desconfiaba del poder secular de la Iglesia y quería la libertad religiosa y hacer de la Iglesia una institución tolerante con las otras religiones y con los no creyentes.

Rivadavia hizo una gran reforma del Estado:

Creó un Banco de Descuentos de Buenos Aires, que abonaba letras, pagarés y obligaciones, recibía depósitos y emitía moneda. A partir de 1823 emitió demasiada moneda y se arruinó.

Pidió un crédito de un millón de dólares a Baring Brothers de Londres, al 6,5% y con un 50% de quebranto (dinero no entregado). En teoría serviría para construir un gran puerto en Buenos Aires, pero de hecho se gastó en la guerra y en subvencionar negocios particulares, comerciales en su mayoría.

Para garantizar la deuda, el Estado Argentino puso la tierra en garantía. Con ello, la tierra pasó a manos del Estado, y los particulares no la podían comprar ni vender. El Estado la arrendaba a los particulares. Los particulares vendían el arrendamiento. Se fijaron precios bajos de arrendamiento de la tierra, y ello fue un desastre para la deuda pública. Además se implantó la costumbre de no pagar la renta, y el fracaso fue total. Algunos argentinos solicitaron fincas de entre 30 y 90 leguas de largo en tierras de la frontera todavía en manos de los indios y no dominadas por el Estado, e hicieron grandes negocios para el futuro. Algunos, registraron las tierras que encontraban sin registrar, echaron a los cultivadores que en ellas encontraron, y se hicieron ricos.

Se legisló que los impuestos fueran controlados por el poder legislativo.

Suprimió Cabildos de Buenos Aires, Luján y San Nicolás de los Arroyos.

Hizo “ley de olvido”, o amnistía política.

Legisló sobre la representatividad del pueblo: la Junta de Representantes, modo de elección de los diputados por el pueblo, y duración de tres años para el mandato del Gobernador.

Abrió una Bolsa de Comercio, servicio de Correos, escuelas públicas en pueblos de frontera y fortines.

Abolió el fuero eclesiástico y el diezmo, suprimió algunas órdenes religiosas y expropió las tierras de los conventos. El 21 de diciembre de 1822 promulgó la ley de Reforma del Clero. Esta ley suprimía el fuero eclesiástico y el diezmo, concedía una paga del Estado a los sacerdotes y una subvención a los seminarios religiosos, suprimía órdenes religiosas y confiscaba sus propiedades y reducía el número de conventos. El Cabildo de Buenos Aires protestó airadamente contra esta ley y fue disuelto.

Impuso la educación gratuita, sin asignatura de religión católica.

En 2 de agosto de 1821 creó la Universidad de Buenos Aires con amplias competencias como dirigir la enseñanza primaria de Buenos Aires, dirigir la enseñanza de grado preparatorio, gestionar los Departamentos de Exactas y Dibujo, Medicina, Jurisprudencia, y de Beneficencia (formaba maestras para la enseñanza de niñas). Reformó el Colegio de San Carlos, que dedicó a dar becas a alumnos de provincias. Creó escuelas de primera enseñanza.

La reforma educativa se completó en 1822 con la creación de sociedades científicas: una Sociedad Literaria, una Sociedad de Ciencias Físicas y Matemáticas, una Sociedad de Jurisprudencia, una Academia de Medicina y dos Academias de Música y Canto. También eliminó la censura a la importación de libros.

Reformó la ciudad de Buenos Aires creando avenidas y ochavas (plazuela de cruce de calles al modo del Ensanche de Barcelona). Iluminó las calles. Creó el Cementerio de la Recoleta.

 

 

El Plan económico y social de Rivadavia.

 

Rivadavia elaboró un plan económico y social en el que

El Estado promovía condiciones favorables para que los individuos estableciesen negocios de cualquier tipo. Se ampliaban los beneficios de los negocios a fin de atraer capital, trabajadores especializados e inmigrantes.

Se favorecía la inmigración.

Se distribuía la tierra.

Se instituía la propiedad privada (4 de septiembre de 1821)

Se emitían fondos públicos al 6% para construir infraestructuras.

Se hacía una reforma fiscal para sustituir los ingresos portuarios por impuestos sobre la renta de las personas. Por ello bajó los aranceles y con esa medida los precios bajaron.

Eliminó desocupados urbanos enviándolos forzosamente al ejército.

El principal problema con que se encontró Rivadavia fue el populismo del pueblo bajo: El populismo quería obtener sus peticiones utilizando la violencia, y Rivadavia, a pesar de declararse pacífico y tolerante, debió atacar a la violencia populista, hacer un gobierno autoritario y fuerte, luchar contra el alcoholismo, castigar a los vagabundos alistándolos en el ejército o en batallones de obras públicas, e imponiendo la tarjeta de identidad y los certificados de empleo.

En agosto de 1822, hubo una conspiración contra Rivadavia, protagonizada por Gregorio García de Tagle, que fue rápidamente sofocada.

 

Martín Rodríguez quiso incorporar al Estado la tierra de las llanuras pamperas y decidió hacer un pacto con los indios, que atacaban a las ganaderías. Tomo como interlocutor al estanciero Francisco Hermógenes Ramos Mejía, con el que hizo el Pacto de Miraflores. No sirvió de nada y las represalias sobre los indios que atacaban el ganado, llevaron a más violencia en 1821 y 1822. El Gobierno creó un ejército específico para esa misión, con base en Fuerte Independencia, origen de la ciudad de Tandil.

 

 

El colonialismo económico en Argentina.

 

De las decisiones de Rivadavia, de favorecer al capital, bancos, sociedades de accionistas, capitales extranjeros (que pudieron adquirir propiedades en Argentina y comerciar libremente) se siguió el colonialismo económico. Se benefició ampliamente Gran Bretaña importando cueros, tasajo, sebo, pieles y lana, y exportando a El Plata textiles y herramientas.

Al calor de los británicos, vivían muchas fortunas porteñas colaboradoras de las empresas británicas. Es decir, a la llegada de comerciantes británicos, se formó una clase de ricos terratenientes estancieros locales.

Gran Bretaña era también el mercado del dinero al que recurría Argentina: en enero de 1824, John Parish Robertson, asociado a la casa Baring Brothers, facilitaron un millón de libras en las condiciones leoninas en las que los británicos solían hacerlo, aunque en mejores condiciones de las que facilitaba a España. Gran Bretaña firmó la entrega de un millón de libras, pero sólo entregaba 700.000, lo cual suponía un 30% de quebranto para El Plata, y luego cobraba un buen interés. Argentina suspendería pagos en 1827 y la operación fue mala para Parish y Baring.

Los británicos desplazaron a los bonaerenses del liderazgo comercial argentino. Los comerciantes porteños estaban en desventaja pues tenían que ofrecer producto barato para mantener la alianza de Inglaterra, al tiempo que pagaban muchos impuestos para estar preparados para la guerra contra España.

Los comerciantes porteños en general fueron castigados con empréstitos forzosos, de los que los británicos estaban exentos. Además, los británicos tenían mejores contactos comerciales con Brasil y con Inglaterra y daban más fácilmente salida a sus mercancías.

La formación de latifundios ganaderos tuvo lugar entre 1820 y 1850. En estos años se vendía muy bien el cuero en Europa, el tasajo en América. Los pastos eran muy abundantes. Los rivales ganaderos estaban acabados por la guerra, pues Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes tenían guerras de secesión y Uruguay estaba sufriendo la invasión de Brasil de 1816.

El origen de los grandes latifundios fue que las tierras del sur eran propiedad del Estado, y las tenía como garantía de la deuda pública. Sin perder la propiedad, las tierras fueron arrendadas por periodos de veinte años, sin limitaciones de extensión de los arrendamientos. Así hubo quien se quedó con más de 65.000 hectáreas de pastos. En total se arrendaron unos 14 millones de hectáreas (una extensión similar a toda la superficie cultivada de España). Y más tarde, cuando el estanciero Rosas fue presidente de Argentina, las estancias dejaron de pagar renta al Estado, convirtiéndose así en fundos, que no eran propiedad de los estancieros, pero tampoco pagaban nada por explotarlos. Éste fue el origen de las fortunas de los Rosas, Anchorena, Santa Coloma, Alzaga, Sáenz Valiente y muchos otros políticos, militares e incluso británicos, una oligarquía que dirigiría los destinos de Argentina en el futuro.

El poder de la oligarquía y el del Estado, serán utilizados en adelante para sojuzgar a las clases trabajadoras. Se instituyeron salarios muy bajos y se hizo que las gentes compraran en las tiendas de los estancieros, se obligó a trabajar a todos y se castigó a los que no se sometían al sistema.

 

 

Uruguay 1822.

 

El 1 de septiembre de 1822, Pedro I proclamó la independencia de Brasil respecto a Portugal. Entonces Montevideo se dividió entre “pro-portugueses” y “pro-brasileños”, y como el gobierno de Pedro I era despótico, pronto se generó un tercer bando de independentistas puros. El 23 de enero de 1823, Juan Antonio Lavalleja de la Torre se sublevó contra los brasileños y pidió ayuda a Santa Fe y a Buenos Aires, y no obtuvo respuesta de ninguno de los dos.

 

 

Chile 1822.

 

La debilidad fundamental de O`Higgins no fue la corrupción, sino no tener ejército, quedando en manos del ejército rural de la aristocracia. Desde el Senado, la aristocracia rural decidía las leyes que le parecían bien y las que había que rechazar. En enero de 1822, O`Higgins decidió suspender el Senado, pero el Senado se negó a aceptar su disolución y se quedó. Los terratenientes propusieron que O`Higgins nombrara Intendentes y Gobernadores, pero no cedieron ningún otro poder. O`Higgins no aceptó la propuesta del Senado y decidió elecciones constituyentes en mayo de 1822.

En octubre de 1822 se hizo una nueva constitución con dos cámaras, la alta, designada, y la baja, elegida, pero con el ejecutivo muy fuerte y sin controles exteriores. O`Higgins resultó jefe político por seis años, reelegible por otros cuatro. Con los seis años que ya llevaba, eran muchos como dictador. Y el ejército no estuvo de acuerdo. El general Ramón Freire se sublevó en Concepción, y también se sublevaron los de Coquimbo, con lo que O`Higgins dimitió el 28 de enero de 1823 y abdicó en una Junta Nacional.

Y como en otras partes de América, la economía no iba tan bien como los conquistadores y libertadores deseaban, de hecho, eran ellos, y los españoles por otra parte, los que estaban agotándola. En esas condiciones, unas malas cosechas y un terremoto en Valparaíso, fueron extremadamente dañinas.

 

 

Paraguay 1822.

 

En 1822, el dictador Rodríguez de Francia declaró la autarquía en Paraguay. Decía que Paraguay no estaba preparado para la democracia.

De hecho, la autarquía vino casi forzada cuando Buenos Aires le prohibió exportar tabaco por el río, y Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe le ponían multas e impuestos desorbitados a sus exportaciones. Con la autarquía, el Estado asumió el monopolio del mate, y sobre él cargaba muchos impuestos.

Puso en cultivo muchas tierras del Estado, de los jesuitas expulsados en 1767, de las órdenes religiosas y de los delincuentes políticos. Con ellas hizo explotaciones que llamó “estancias de la patria” y las arrendaba para criar caballos, vacas y mulas.

En industria, el aislamiento le produjo un fracaso, porque tuvo que recurrir a tecnologías antiguas, indias, para tener telas.

El único comercio de Paraguay se hacía por Itapúa, en Misiones, intercambiando algunos productos como azúcar, mate y tabaco con Misiones y con Brasil, para poder comprar las manufacturas que no podía producir.

En 1842, Francia abolió la esclavitud. También prohibió a los blancos casarse con blancos, de modo que se produjo un mestizaje forzoso.

 

 

 

 

Chile en 1823.

 

El 28 de enero de 1823 hubo un levantamiento contra O`Higgins, y éste renunció y se marchó a Lima. Murió en 1842. El 28 de enero de 1823 se conformó una Junta Gubernativa presidida por Agustín Eyzaguirre Arechavala, que en 4 de abril de 1823 nombró Director Supremo interino a Ramón Freire Serrano, el dirigente de la insurrección de las provincias contra O`Higgins.

El 12 de agosto de 1823 se abrió Congreso Constituyente y tomó el poder una Junta Delegada que ratificó a Ramón Freire Serrano como Director Supremo, ahora titular.

En Chile, el 30 de marzo de 1823, en el Acta de Unión, Freire propuso que las provincias tuvieran, todas, igual representación en el Senado y que se hiciera un nuevo proceso constituyente. Juan Egaña trabajó un texto constitucional y, en 27 de diciembre de 1823 tenía elaborada una nueva constitución. Ramón Freire era Director Supremo y actuaba como dictador, pues el Congreso apenas tenía poderes. Los seguidores de O`Higgins, antes perseguidores, eran en este momento perseguidos.

En 1824 y 1825, las provincias fueron abandonando el Congreso, porque sintieron su ineficacia. La crisis duró hasta que Freire, en julio 1826, abrió otro Congreso y echó a Freire del Poder, apareciendo entonces una “democracia de las provincias” o anarquía completa, en la que cada provincia opinaba que podía hacer lo que quisiera al margen del bien común del conjunto del país.

En 1828, en Chile tendrían la constitución de José Joaquín de Mora, y no saldrían de cambios y problemas internos.

 

 

Buenos Aires en 1823.

 

En marzo de 1823, en Argentina, hubo una rebelión contra Rivadavia, llamada “Revolución de los Apostólicos”, que estaba dirigida por el clero católico, fue sofocada y los líderes aparentes ejecutados. Tagle, que dirigía de nuevo la rebelión, logró escapar.

En 30 de abril de 1823 llegaron a Montevideo Antonio Luis Pereira y Antonio de La Robla, con poderes del Estado español para negociar la paz con España, igual que otros delegados se encaminaban a Costa Firme, Guatemala y Nueva España. Los que iban a El Plata llegaron a Buenos Aires el 23 de mayo de 1823 y fueron recibidos por Bernardino Rivadavia. Hubo un acuerdo preliminar con cese de hostilidades por dos meses inicialmente y 18 meses más para negociar un Tratado de paz definitivo. Buenos Aires se encargó de invitar a otros a participar en esas conversaciones. Se lo comunicó a Chile, Perú y Colombia. También fue notificado el virrey del Perú, José de La Serna, el cual designó a Baldomero Espartero como interlocutor. Espartero exigió la retirada del Ejército de los Andes de Perú, y el Gobierno argentino de Martín Rodríguez no aceptó. Las conversaciones se rompieron en 16 de febrero de 1824.

 

 

El gobierno Juan Gregorio de las Heras.

             Buenos Aires 1824

 

En abril de 1824, cuando entró a gobernar De las Heras en Buenos Aires, Rivadavia dimitió y regresó a Londres. Entonces se comprobó el fracaso del plan Rivadavia, demasiado utópico:

No hubo inversiones industriales porque no había energía (carbón), ni materias primas, ni mercado interno interesante.

La mina de plata que el Gobierno promovió en La Rioja fracasó porque había poca plata y se hicieron concesiones a dos compañías en un exceso de confianza en el rendimiento que se iba a obtener.

Llegaron inmigrantes británicos a los que se colocó en el sur, convirtiéndolos en estancieros que debían luchar contra los indios. Resultó que los inmigrantes británicos no estaban de acuerdo con el centralismo de Buenos Aires y se convirtieron en enemigos del sistema Rivadavia.

La máxima autoridad en Buenos Aires era el Gobernador de Buenos Aires, Juan Gualberto Gregorio de las Heras[1]. Había sido elegido Gobernador de la Provincia de Buenos Aires mientras estaba negociando la paz con España. Se incorporó a su cargo en mayo de 1824 y estuvo en él hasta 7 de febrero de 1826.

En diciembre de 1824 se reunió un Congreso en Buenos Aires, con la intención de redactar una constitución.

En 1825 no apoyó a los Treinta y Tres Orientales

 

 

Montevideo en 1823.

 

En 1823, las tropas que guardaban Montevideo se sublevaron y entregaron la ciudad al brasileño Lecor.

El 28 de febrero de 1824, Lecor y su subordinado Fructuoso Rivera, hicieron jurar a los montevideanos fidelidad a Pedro I de Brasil.

 

 

1825, la guerra Brasil-Argentina.

 

En 1825 Argentina empezaría una guerra por la liberación de Uruguay:

En julio de 1821, Uruguay se había incorporado al imperio portugués, y en 1822 tuvo estatuto de provincia de Brasil, la Provincia Cisplatina. Su gobernador era Carlos Federico Lecor, y éste tenía el apoyo de los estancieros.

José Gervasio Artigas había luchado por la independencia hasta 1820. En ese año perdió la popularidad y tuvo que marcharse a Paraguay.

Pero la lucha por la independencia continuó en la persona de Juan Antonio Lavalleja, un antiguo soldado de Artigas. Lavalleja estaba refugiado en Buenos Aires y, tras la victoria de Bolívar en Ayacucho en diciembre de 1824, organizó un grupo nacionalista y atacó Brasil el 19 de abril de 1825 gracias a la financiación de los estancieros argentinos. Dominó los campos uruguayos y fue capaz de recluir a los brasileños en las ciudades.

El 1 de abril de 1825 embarcó Manuel Oribe hacia el Paraná, y a los pocos días lo hizo Juan Antonio Lavalleja. Se reunieron el 15 de abril, y el 18 cruzaron el Uruguay y levantaron la bandera del ausente José Gervasio Artigas. Eran unos treinta tres hombres, tal vez treinta y cinco, y se les llamó los Treinta y Tres Orientales. El plan era levantar las fuerzas de los estancieros que antes apoyaban a Artigas y liberar la Provincia Cisplatina de los brasileños, antigua Banda Oriental. Cuando llegaron a Villa Soriano se les incorporó Fructuoso Rivera con un contingente más importante de hombres, y al poco se unió también Julián Laguna, a los que siguieron estancieros más pequeños.

El 8 de mayo de 1825, Oribe se fue sobre Montevideo para intentar el sitio por tierra.

En julio de 1825, Manuel de Sarratea, embajador de Buenos Aires en Londres, pidió la intervención de Gran Bretaña en la Banda Oriental, lo cual es desconcertante, teniendo en cuenta que Gran Bretaña estaba interviniendo de parte de Brasil desde el principio. Gran Bretaña envió a John Ponsonby en marzo de 1826.

El Gobernador de Buenos Aires Juan Gregorio de las Heras decidió enviar un “ejército de observación” a Concepción de Uruguay, mandado por Martín Rodríguez, con órdenes de mantener una posición ambigua, sin atacar a nadie, esperando acontecimientos.

Lavalleja creó un Gobierno Provisional en La Florida el 14 de junio y nombró Presidente Provisional a Manuel Calleros y convocó Asamblea de Representantes e los pueblos Orientales que se reunió el 20 de agosto, presidida por Juan Francisco Larrobla, la cual, el 25 de agosto, declaró la independencia de la Provincia Oriental como perteneciente a las provincias de Río de la Plata.

En 4 de septiembre de 1825, Fructuoso Rivera venció a unos pocos brasileños en el Rincón de las Gallinas, y el 12 de octubre, venció a Bento Manuel Ribeiro en Sarandí, uno de los capitanes de Lecor, y los brasileños constataron entonces que estaban siendo atacados seriamente y empezaron a incomodarse.

En septiembre de 1825 podemos considerar que Montevideo, donde se había refugiado el ejército brasileño, estaba de nuevo sitiada por tierra.

En 10 de diciembre de 1825, Río de Janeiro declaró la guerra a Las Provincias Unidas (Buenos Aires). El 1 de enero de 1826, Buenos Aires declaró la guerra a Río de Janeiro.

El 21 de diciembre de 1825, el brasileño Pereira de Soto bloqueó el puerto de Buenos Aires para castigar a los que creía que eran la base del conflicto.

En 31 de diciembre de 1825, Lecor abandonó Maldonado y Santa Teresa, replegándose para evitar nuevos sustos.

En diciembre de 1825, el Congreso General de Buenos Aires aceptó a Uruguay en las Provincias Unidas de Río de la Plata, y ello encolerizó a Brasil.

Ni los brasileños ni los bonaerenses estaban preparados para hacer una guerra. Carecían de todo. No tenían barcos, aunque Río tenía unos 50 y Buenos Aires unos 14. No tenían marinos, y contrataron corsarios británicos, ambas partes. No tenían infantes pues habían dedicado esas fuerzas a otras guerras. No tenían dinero. No obstante, el 28 de enero de 1826, Martín Rodríguez cruzó el Uruguay con 2.800 hombres, llevando a Miguel Estanislao Soler como Jefe de Estado Mayor.

Entonces empezaron una serie de circunstancias, rivalidades internas, desacuerdos entre los de las Provincias Unidas, que hacen muy singular esta guerra. El caso más llamativo es el de Fructuoso Rivera. Este hombre abandonó la obediencia a Lavalleja y se puso a las órdenes de Martín Rodríguez. Poco después, tras una batalla, se negó a perseguir al enemigo y sacar ventajas de la victoria inicial, por lo que fue enviado a Buenos Aires preso. Se producía un desorden bélico que hace muy difícil entender que a la postre ganaran la guerra. En junio de 1826, Rivera huyó a Santa Fe.

El 8 de febrero de 1826 fue elegido Presidente de las Provincias Unidas, Bernardino Rivadavia, nombramiento en el que influyó de modo importante la necesidad de gestionar el problema de la guerra.

Rivadavia decidió en 1826 poner en segundo lugar como objetivo a Uruguay, y atender prioritariamente a sus problemas con los federalistas argentinos. Rivadavia era unitarista. En mayo de 1826, Rivadavia había levantado un nuevo ejército. Pero no era fácil encontrar un jefe, pues lo rechazaban Juan Bautista Bustos en Córdoba, y José San Martín más tarde. Algunos militares no entendían la disputa entre unitaristas y federalistas, cuando ellos estaban luchando contra los realistas españoles.

Carlos María Alvear equipó generosamente al ejército, dentro de las dimensiones que podía en ese momento Buenos Aires, pero no podían aspirar a amedrentar a lo que les presentó enfrente Río de Janeiro: un ejército de 12.420 hombres dirigido por Felisberto Caldeira Brant marqués de Barbacana, Bentos Manuel Ribeiro, y Bento Gonçalves da Silva. Los brasileños estaban apoyados por cincuenta naves.

Los bonaerenses contrataron a Guillermo Brown, James Norton y Ferreira de Lobo, para manejar 1 corbeta, 4 bergantines, 3 goletas y 9 lanchas cañoneras. Estos hombres salieron a atacar distintos puntos del estuario de El Plata. El 23 de mayo, Brasil decidió tomar el puerto de Buenos Aires y llegó con 31 barcos, luchó durante tres días y fracasó ante Brown. La flota argentina careció de valor el resto de la contienda, pero impidió la entrada de los brasileños en Buenos Aires, y dio tiempo a que se armaran en corsario muchos particulares en distintos puntos del estuario, lo cual dificultó en adelante la vida a los brasileños.

En agosto de 1826, el británico John Ponsonby llegó a Río de Janeiro a sondear las condiciones de paz, y en septiembre de 1826 se traslado a Buenos Aires con el mismo objetivo, llegando a la conclusión de que lo más conveniente para el Reino Unido de la Gran Bretaña era un Uruguay independiente y con puertos francos. Naturalmente lo expuso de otra manera a los beligerantes, y éstos se lo creyeron a pie juntillas.

De todos modos, a mediados de 1826, la crisis económica era fuerte en Buenos Aires pues los ganaderos no exportaban su ganado, los comerciantes no importaban ni exportaban, y el Estado recaudaba poco en la Aduana. Entonces prefirieron creer cualquier cosa que dijera el británico.

El 1 de septiembre de 1826, Carlos María de Alvear se puso al frente de la guerra con los nuevos efectivos de infantería y caballería que había reclutado, y se atrevió a atacar a los brasileños, a los que hizo retroceder hacia Río Grande del Sur. Más tarde se reorganizaron y los brasileños persiguieron a Alvear hasta acorralarle en el río Cutizaingó, llamado luego Itazaingó, donde tuvo lugar una batalla con 7.000 hombres por cada bando, dimensiones poco vistas en aquellas latitudes. Los brasileños se retiraron con pocas bajas, y Alvear se negó a perseguirles como le exigían los suyos, que creyeron que aquello era una gran victoria. El ejército argentino perdió el respeto a Alvear y se fue desmoralizando y desordenando. En diciembre de 1826, Rivadavia hizo una constitución de tipo unitario, que le enemistó con los caudillos que estaban luchando en la Banda Oriental, y que eran federalistas.

El 28 de febrero de 1827, Brasil perdió 4 barcos en Carmen de Patagones, una pérdida importante pero no decisiva para Brasil. En 7 y 8 de abril de 1827, Buenos Aires perdió 2 barcos, y ello significó un desastre para Brown, pues perdía la mitad de su flota.

En abril de 1827, Buenos Aires envió a Manuel José García como negociador a Río de Janeiro, y el 24 de mayo de 1827 firmó una Convención General de Paz por la que Buenos Aires renunciaba a poseer Montevideo y pagaba los gastos provocados por los corsarios bonaerenses. A su vuelta a Buenos Aires, los muy dignos compatriotas porteños se dieron por ofendidos y no aceptaron la propuesta de paz que, sin embargo, era inevitable. Gran Bretaña lo quería, y Gran Bretaña era el socio principal de Brasil, el prestamista principal de Buenos Aires, el colectivo de comerciantes más importante de la zona y el mercado que todos deseaban. Manuel Dorrego comprendió la situación y se dispuso a preparar la independencia de Uruguay.

El 27 de junio de 1827 cayó el gobierno de Rivadavia y Alvear.

 

El nuevo Gobernador de Buenos Aires de agosto de 1827, Manuel Dorrego, relanzó la lucha en Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, declarándose federalista y del gusto de los estancieros del norte del estuario.

Estanislao López esperaba ganar Misiones y contrató como su Jefe de operaciones a Fructuoso Rivera, que había huido de Buenos Aires. La guerra seguía siendo un tanto irracional en la coordinación de los jefes. Rivera le quitó a Oribe los hombres que pudo, y éste se enfadó pero recibió órdenes de Dorrego de transigir, a fin de que López y Rivera tomaran Misiones y molestasen así a Río de Janeiro.

Gran Bretaña decidió entonces la independencia de Uruguay para proteger su comercio, y Canning se interpuso entre Argentina y Brasil, mediante el embajador Ponsonby, quien hizo que los contendientes firmaran la paz el 28 de agosto de 1828 y reconocieran la independencia de Uruguay.

 

 

 

1826, La Presidencia de Rivadavia.

 

El Gobernador Las Heras fue cesado, la Junta de Representantes disuelta y, el 6 de febrero de 1826, Ley de Presidencia, el Congreso creó un Presidente de las Provincias Unidas de Río de la Plata por el tiempo que estableciera la constitución que habría de hacerse.

El Congreso nombró a Bernardino Rivadavia Presidente de la República. Rivadavia había regresado de Inglaterra y era un hombre mucho más experimentado que en 1811. Sobre todo, porque había hablado con Jeremy Bentham y había elaborado un programa político que antes no tenía:

Una cámara de representantes.

Acabar con los abusos sociales.

Asegurar la libertad individual y los derechos civiles.

Promover las obras públicas.

Reformar la Iglesia.

 

Rivadavia nombró colaboradores en los distintos ministerios:

En Gobierno, Julián Segundo de Agüero.

En Guerra y Marina, Carlos María de Alvear.

En Relaciones Exteriores, Francisco Fernández de la Cruz.

En Hacienda, Salvador María del Carril.

 

Respecto a la Guerra de la Banda Oriental, en febrero de 1827 ordenó a Carlos María Alvear el ataque a los brasileños del marqués de Barbacena[2] y vendió como victorias las pequeñas batallas de Ituzaingó (20 de febrero de 1827), y de Yerbal (25 de mayo de 1827).

 

El 4 de marzo de 1826, Rivadavia publicó la Ley de Capitalización, por la que Buenos Aires era proclamada capital del Estado. Se establecía una demarcación de la ciudad de Buenos Aires y otra de la provincia de Buenos Aires. A esta ley se opusieron los federalistas Manuel Dorrego y Manuel Moreno, quienes no creían necesario que hubiese una “capital del Estado” y mucho menos la finalidad con que se hacía le ley, que según ellos, era para que Buenos Aires monopolizase los derechos de aduana.

En 1826, Rivadavia autorizó al Banco de Descuentos para abrir sucursales en las provincias. Se convertía en Banco Nacional y el Estado era el principal accionista, pero también había accionistas privados. El Banco recibía depósitos, otorgaba préstamos y acuñaba moneda y billetes convertibles. Sería disuelto en 1836, tras uno de los mayores negocios especulativos y corruptos de la historia.

El 24 de diciembre de 1826, el Congreso aprobó una constitución unitaria que contenía las ideas de Rivadavia: era representativa y republicana, pero ante todo era unitaria: el presidente era elegido por cinco años, por elección indirecta llevada a cabo por las Juntas Provinciales, pero las Juntas Provinciales estaban dominadas por un Gobernador de Provincia que había sido designado por el Presidente de la República, con acuerdo del Senado, entre una terna de candidatos propuestos por el Consejo de Administración de cada Provincia. Dicho consejo era elegido por el pueblo correspondiente en cada provincia.

Los federalistas acogieron mal esta constitución. Todas las provincias rechazaron esta constitución, menos la Banda Oriental, que necesitaba ayuda, pero el descontento era también muy claro entre algunos de ellos. Era un proyecto fuertemente unitario, donde cada Gobernador de provincia se convertía en jefe político y militar de la misma.

Gregorio Aráoz de La Madrid se independizó en Tucumán y Rivadavia no lo desautorizó, sino que le incitó a luchar contra sus vecinos, también federalistas. Facundo Quiroga derrotó a Aráoz algunas veces, pero no hubo nada definitivo.

Rivadavia luchó contra Brasil, y dijo en febrero de 1827 haber vencido en los combates terrestres de Ombú y Bacacay, pero lo cierto era que Brasil tenía bloqueado el puerto de Buenos Aires, y los negocios porteños estaban arruinados. No había victoria sobre Brasil. Rivadavia no veía posible la victoria sobre Brasil y propuso la paz. Gran Bretaña exigía la paz, para que sus negocios prosperasen, y la bancarrota de Argentina no permitía hacer otra cosa que obedecer al prestamista británico.

Rivadavia, el 24 de mayo de 1827, entregó la Provincia Oriental al imperialismo económico británico. Manuel José García negoció la paz en nombre de Rivadavia, independencia de Uruguay y compromiso de entrega de una indemnización de guerra.

Los bonaerenses estaban encolerizados y los uruguayos decepcionados. Rivadavia, para congraciarse con el pueblo, dijo que no aceptaba el acuerdo que él mismo había promocionado. Rivadavia se apresuró a culpabilizar de él a Manuel José García, y calificó el tratado como “deshonroso”. No sirvió de nada la estratagema, y Rivadavia hubo de abandonar el poder. El 27 de junio de 1827, Rivadavia renunció.

 

 

Vicente López Planes.

 

Vicente López Planes fue Presidente Provisional el 9 de agosto de 1827. Se disolvió el Congreso, cesaron todas las autoridades nombradas por Rivadavia, se abolió la constitución de diciembre de 1826 y se convocaron elecciones. Unió de nuevo la Banda Oriental a Buenos Aires.

López Planes hizo la letra de un himno nacionalista y Blas Parera le puso música.

Dimitió el 17 de agosto de 1827.

 

 

Manuel Dorrego en 1827-1828.

 

Manuel Dorrego fue Gobernador desde 13 de agosto de 1827 a 1 de diciembre de 1828. Se había suprimido la Presidencia y el Congreso. Ya había gobernado de junio a septiembre de 1820. Dorrego era federalista y se proponía deshacer los proyectos unitarios de Rivadavia y de Vicente López Planes.

No estaba en condiciones de hacer una guerra por sí solo a Brasil, pues estaba en ruina total del Estado, pero intentó que otros la hicieran, al tiempo que los bonaerenses atacaban en la Banda Oriental. Desde el principio, anunció la continuación de la guerra. Y al declararse federalista, tenía el apoyo de los estancieros del norte del estuario:

Apoyó a Estanislao López, de Santa Fe, para que atacara Portoalegre, la base portuguesa en el sur de Brasil. Luego invadió Misiones.

Apoyó a Friedich Bauer, un mercenario al servicio de Brasil, para que se independizara en la República de Santa Catarina, al norte de Portoalegre.

Apoyó a Bento Gonçalves de Silva y Bento Manuel Ribeiro para que independizaran la República de San Pedro de Río Grande (la región de Portoalegre).

Brasil estaba tan ahogado en deudas como Argentina, y también había pedido en 1825 un empréstito a Londres por 2.000.000 de libras. Londres les había prestado a los dos contendientes.

Inmediatamente los ingleses vieron peligro para sus inversiones en Brasil y Argentina, y el agente John Ponsonby exigió la paz entre ambos.

Del 11 al 27 de agosto de 1828, comenzaron las negociaciones de una Convención Preliminar de Paz, entre Brasil y Argentina, que se firmó en 27 de agosto: Dorrego aceptó la independencia de Uruguay y repatrió las tropas que luchaban en Río Grande en noviembre. Brasil retenía las Misiones Orientales y el norte de la Provincia Cisplatina (nombre portugués de Uruguay), anexionando esos territorios a Río Grande, y reconocía la independencia de Uruguay, que actuaba como Estado tapón, es decir, impedía la salida de Brasil al Estuario de El Plata. Se establecía el cese de hostilidades.

Manuel Dorrego se apuntó la Convención Preliminar de Paz como un triunfo en Buenos Aires, pero el 1 de diciembre de 1828 se sublevó Juan Galo Lavalle, derrocó a Dorrego y volvieron a gobernar los unitarios en Buenos Aires. Dorrego fue fusilado el 13 de diciembre de 1828.

La convención Preliminar de Paz nunca se ratificó como Tratado, nunca se fijaron los límites del nuevo Estado de Uruguay.

 

 

1828, el final del proceso independentista.

 

En 1828 podemos dar por terminada la independencia del cono sur americano.

 

El Plata se dio en llamarse Argentina y Belgrano diseñó una bandera a rayas azules y blancas a fin de dar lugar a un sentimiento nacionalista.

Los periodistas relataban las grandes victorias nacionales y los principales relatos fueron recopilados en un libro que se publicó en 1824 con el título de “La Lira Argentina”. Los relatos sustituyeron a la realidad, y las pequeñas escaramuzas se convirtieron en grandes victorias, y los cobardes y locos en grandes caudillos, pero así suele suceder en todas partes, según quien lo cuente.

 

En Chile, en 1828 un nuevo Congreso dio luz a una nueva constitución. Para entonces, los grupos políticos estaban ya muy divididos:

Entre los conservadores, estaban los “pelucones” o aristocracia rural que quería mantener los mayorazgos y la riqueza sin intervención del Estado; los “estanqueros” liderados por Diego Portales que eran comerciantes partidarios de mantener los monopolios (estancos) y para ellos era fundamental el poder fuerte y el orden público; los “o`higginistas” querían reformas de impuestos y abolición de mayorazgos.

Entre los liberales o pipiolos, estaban el grupo de Ruiz Tagle, el de Pinto que eran anticlericales, y el de Protales y Prieto.

Las elecciones de 1829 las ganó Portales pero sin mayoría absoluta. Ante este acontecimiento se sublevaron los conservadores y hubo una guerra civil en Chile, que duró hasta 17 de abril de 1830. En cada provincia surgió un líder. Los conservadores tomaron Santiago en enero de 1830 y se hicieron los dueños de Chile en pocas semanas.

En marzo de 1830 era presidente José Tomás Ovalle, un títere en manos de la aristocracia.

En abril de 1830 fue presidente Diego Portales, que duró hasta 1831 con un programa de “palo y zanahoria”.

En 1833 Chile hizo una nueva constitución que era una carta otorgada: El presidente tenía derecho de veto a las leyes, nombraba intendentes y era elegido por dos mandatos de cinco años cada uno (dos términos en lenguaje chileno). Se conservaban el fuero eclesiástico, el mayorazgo y los privilegios, es decir todas las aspiraciones de los hacendados.

 

En 1830, Uruguay tuvo su constitución, que era burguesa, muy moderada, con sufragio muy restringido, pero con libertad de opinión, y de comercio, y abolición de los fueros militar y eclesiástico.

 

 

 

[1] Juan Gualberto Gregorio de las Heras, 1780-1866, era un comerciante bonaerense que en 1806 se encuadró en las milicias de Pueyrredón y más tarde pasó al Batallón de Patricios, en donde ascendió a teniente coronel, lo cual marcó el resto de su vida. Fue destinado a Mendoza y estando allí conoció la llegada de José San Martín, del que se hizo colaborador. Cruzó los Andes con la expedición de San Martín, De las Heras más al norte, por Uspallata, y San Martín más al sur, por San Juan, y tras tomar Santiago quedó a las órdenes de O`Higgins. En 1820 acompañó a San Martín a Perú, y tomó Callao. Rompió con San Martín, Monteagudo y O`Higgins y regresó a Buenos Aires decepcionado en 1823, y fue enviado ese mismo año a negociar la paz con España en Alto Perú, conversaciones que terminaron en fracaso. En ese tiempo fue elegido Gobernador de Buenos Aires, pero no llegó a la ciudad hasta mayo de 1824.

[2] Felisberto Caldeira Brant Pontes de Oliveira e Horta, 1772-1842, marqués de Barbacena, estaba al servicio de Pedro I, emperador de Brasil.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor
Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.


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