LA INDEPENDENCIA DEL NORTE DE SUDAMERICA EN 18241829

 

Crisis del ejército español en 1824.

 

Los españoles deberían haber aprovechado el momento de mediados de 1823 a mediados de 1824 para organizarse y atacar, pues el general José Canterac tenía 8.000 hombres en Huancayo (al interior, a la altura de Lima), el virrey La Serna tenía 1.000 hombres en Cuzco (al interior, en el sur), el general Valdés tenía 3.000 hombres en Arequipa (al sur) y el general Pedro Antonio Olañeta tenía 4.000 hombres en el Alto Perú.

Pero los españoles sufrieron un grave percance político, la caída del gobierno liberal español en septiembre de 1823 y restablecimiento del absolutismo.

Los españoles de Perú se dividieron por ideología política entre los jefes Jerónimo Valdés y José Canterac, que eran liberales, y Pedro Antonio Olañeta, que era absolutista y desobedecía abiertamente al virrey del Perú, José de la Serna y Martínez de Hinojosa[1].

El Alto Perú había apoyado los intereses de los españoles hasta 1824 y además gobernaba allí Pedro Antonio de Olañeta, un absolutista. Olañeta desconfiaba de sus compañeros de Perú, del virrey La Serna y de los generales Valdés y Canterac, porque éstos eran liberales. Olañeta era gobernador del Alto Perú desde 1820 y gobernaba en nombre de Fernando VII cuando en España habían triunfado los liberales en 1820.

Pedro Antonio Olañeta creó un Gobierno independiente en el Alto Perú, que tuvo que ser atacado por Jerónimo Valdés, lo cual les hizo perder mucha fuerza a los españoles. En enero de 1824, Valdés salió con 5.000 hombres hacia Potosí (en el centro de Bolivia), donde estaba Olañeta. Era una fuerza importante, pues los españoles podían contar con un máximo de 8.000 hombres para todo Perú. José Canterac se quedó en Junín (al este de los Andes, a la altura de Lima) protegiendo el camino al lago Titicaca y Alto Perú.

En 1824, al saber Olañeta que en España habían triunfado los absolutistas, proclamó el absolutismo, y cuando Valdés fue a visitarle para que desistiera de su posición, le prometió cambiar, pero esperó a que Valdés se fuera y se declaró en rebeldía: se negó a llevar sus tropas a Perú para luchar contra Bolívar, porque eso era ponerse bajo la autoridad de José de la Serna, a quien odiaba. Ello facilitó la victoria de Sucre en Junín (agosto) y la posterior victoria de Sucre en Ayacucho (diciembre de 1824).

En general, los aristócratas criollos del Alto Perú se declararon absolutistas como su jefe Pedro Antonio Olañeta, y así lo hicieron Casimiro Olañeta, Leandro Usín, José María Urcullu, José Arenales, José Mariano Serrano, Emilio Rodríguez, casi todos ellos universitarios por Chuquisaca.

Olañeta entró en Chuquisaca el 11 de febrero de 1824 y proclamó el absolutismo, nombrando a continuación cargos políticos a todos los enemigos de los españoles, un error evidente por su parte.

La situación interna de los españoles en Perú era muy comprometida: a la pérdida de los ingresos del comercio por no dominar los puertos del Pacífico, se unió la desesperada situación de mantener dos guerras, una en Lima contra Bolívar, y otra en Alto Perú contra Argentina. La situación de los comerciantes peruanos no era menos calamitosa, pues los independentistas les quitaban el dinero (empréstitos forzosos) para servicio de la causa, y los españoles se lo quitaban para la defensa contra los independentistas. La política de incautaciones, confiscaciones, venta de objetos de culto y de enrejado de iglesias, no podía durar mucho tiempo. Estaban condenados al fracaso. Por otra parte, las minas estaban siendo inutilizadas por unos y otros, independentistas y españolistas, con pretexto de que no las utilizara el enemigo, y los recursos eran pocos. Y los obreros eran reclutados por unos y otros dejando las minas sin mano de obra. Si a todo ello le unimos la desobediencia de Olañeta, podemos afirmar que el momento de los españoles en Perú era el más grave desde el inicio de las revueltas independentistas. El Gobierno de La Serna no puede ser calificado de positivo en ningún caso.

El general criollo Andrés de Santa Cruz se pasó a los independentistas, se puso a las órdenes de Sucre y luchó en Alto Perú para él.

 

 

El ataque de Bolívar en 1824.

 

Bolívar esperó hasta mayo de 1824 para atacar y lo hizo por Pasco (al norte de Huancayo y de Junín, en el este de la cordillera), a donde llegó desde Trujillo (norte de Perú), en la costa peruana, cruzando la cordillera y haciendo una marcha de 500 kilómetros, desplazamientos largos que parecían gustarle, pues decía que fortalecían a sus tropas.

Reunió en agosto de 1824 en Pasco unos 9.000 hombres (5.500 Gran Colombianos y 3.500 peruanos) y atacó el 6 de agosto al general español José Canterac, que llevaba 1.300 hombres y trataba de huir por la puna[2], a 4.000 metros de altitud. En 7 de agosto de 1824, le alcanzó en Junin, al este de los Andes, aunque sólo a unos 150 km. de Lima a vuelo de pájaro, y en poco más de una hora y media le causó 300 bajas, sufriendo Bolívar unas 150. Casi no hubo tiros, y el combate se hizo con armas blancas, a pie y a caballo.

La acción de Junín, en teoría poco importante en cuanto a destrucción del ejército, tuvo consecuencias de cierto interés: confirió a Bolívar un prestigio que estaba perdiendo en 1824; permitió a Sucre avanzar hasta Jauja, 50 km. al norte de Huancayo, en lo alto de la cordillera; amenazaba con llegar al Alto Perú y eso desmoralizaba a los españoles; Bolívar batía el llano, al oeste de Los Andes y amenazaba a Lima.

Entonces La Serna ordenó a Jerónimo Valdés regresar de Alto Perú y unir sus fuerzas a las de José Canterac, 9.300 hombres.

En 3 de diciembre de 1824, los españoles atacaron a Sucre en lo alto de la Sierra (unos 150 km. al este de Lima) y le causaron 500 bajas, pero Sucre huyó y la batalla no fue definitiva. Es más, la victoria se convirtió en un inconveniente cuando a los españoles empezó a faltarles comida para ellos y sus caballos.

El 8 de diciembre de 1824 tuvo lugar el mayor enfrentamiento bélico de la guerra entre españoles e independentistas en Ayacucho. Estaban presentes unos 6.000 soldados independentistas, comandados por Antonio José de Sucre, Agustín Gamarra, Guillermo Miller, José María Córdova, José de la Mar y Jacinto Lara. Enfrente había unos 7.000 soldados realistas comandados por el virrey José de la Serna, Valentín Ferraz, José de Canterac, José Antonio Monet, Alejandro González Villalobos y José Carratalá.

El resultado fue catastrófico para los españoles, que sufrieron unos 1.800 muertos (frente a 370 muertos independentistas), y el mismo virrey La Serna cayó prisionero. Canterac se rindió.

Cuando las noticias llegaron a las ciudades de Perú, todas se fueron rindiendo. Callao lo hizo el 23 de enero de 1826, fecha en que podemos dar por finalizada la presencia española en América.

A partir de 9 de diciembre de 1824, el vencedor Sucre entró en Alto Perú por Cuzco, llegó al Titicaca, y siguió hacia el sur por Huaqui y el río Desaguadero y pidió a los criollos que abandonaran a Olañeta y se sumaran a la causa independentista, y la mayor parte de ellos así lo hicieron, confirmando el error político cometido por Olañeta. Olañeta fue atacado en Tumusla y murió poco después a consecuencia de las heridas del combate. El Potosí quedaba en manos de Sucre, que se proclamó Gobernador de Alto Perú hasta que este territorio decidiera sus relaciones con las otras naciones que estaban surgiendo en América. Bolívar exigió a Sucre que permitiese la autodeterminación.

Contrariamente a los deseos de Bolívar, el 9 de diciembre de 1824, tras la batalla de Ayacucho, Perú también se reiteró en la negativa a entrar en la Gran Colombia.

Bolívar entró en Lima en 1825, pero no como libertador, como él decía, sino como dictador, imponiendo un presidente vitalicio y vicepresidente heredero del cargo y proclamándose “Libertador”.

 

 

Bernardo de Monteagudo y Bolívar.

 

El 7 de diciembre de 1824, Bolívar estaba en Lima y convocó el Congreso de Panamá. Aquel año había llegado a Perú Bernardo de Monteagudo hablando de una federación de todos los Estados hispanoamericanos. El hombre duro, la bestia argentina para con los españoles, impresionó a Bolívar, pero fue asesinado en 28 de enero de 1825. Sin embargo, Bolívar tomó ese camino que había indicado Monteagudo, e invitó a México, Perú, Centroamérica, Chile y El Plata a pactar una confederación en una Asamblea de Plenipotenciarios que debía celebrarse en Tacubaya (Panamá), y es llamada por los historiadores Congreso Anfictiónico[3]. El plan era dar una respuesta al Congreso de Verona europeo y al discurso de Monroe “América para los americanos” de 1823. Se celebró efectivamente en 22 de junio 1826 al 15 de julio 1826.

 

 

1825: la dictadura de Bolívar en Perú.

Conflicto con Sucre y el Alto Perú.

 

El Congreso peruano reinició sesiones en 10 de febrero de 1825, rogando al Libertador que continuara la dictadura y que él, personalmente, permaneciera en Lima, cosa que Bolívar odiaba y empezaba a ser patente. Los poderes dictatoriales se le prorrogaron hasta 1826. Bolívar quería ser dictador, pero que eligiesen a un líder local para gobernar, y le dejasen seguir yendo de un lado para otro en la guerra.

En Alto Perú, el 3 de febrero de 1825, Sucre envió un proyecto a Bolívar para convocar una Asamblea de Diputados del Alto Perú. En este proyecto se estaba rechazando la pertenencia a Río de la Plata que se había hecho en 1776, y el envío de diputados al Congreso de Tucumán argentino de 1816. De hecho, en 1824, al consolidarse la independencia argentina, los argentinos se habían olvidado de Alto Perú. Por tanto, era preciso que el país se autoorganizase. Serían cuatro provincias pobladas por un millón de habitantes.

Bolívar, en su empeño de construir un imperio criollo que sustituyera al imperio español, no aceptó la propuesta de Sucre y dijo que sobre Alto Perú decidiría el Congreso de Perú, convocado para 1826. Sería un país sometido a Perú, donde Bolívar era el dictador. Bolívar esperaba que algún día, Perú se incorporase a la Gran Colombia, de la que también era dictador.

El 28 de febrero de 1825, Buenos Aires envió a Alto Perú al general Juan Antonio Álvarez de Arenales, cuya base era Salta, para recibir la rendición del español Olañeta. Era sorprendente esta decisión bonaerense, cuando Buenos Aires no había participado en la guerra contra Olañeta, pero no se resignaban a perder Alto Perú. Arenales vio que Sucre estaba instalado en Charcas y que pedía la autodeterminación del territorio, y decidió no entrar en guerra contra tan peligroso enemigo y respetar la autodeterminación.

El 1 de abril de 1825 Olañeta fue vencido, en Tusmala, y así acabó el español absolutista que se había revelado contra los españoles liberales de Perú.

El 20 de mayo de 1825, Bolívar convocó elecciones en Perú y, sorprendentemente para él, surgieron discrepancias. Las elecciones de Lima, Arequipa y Condesuyos fueron anuladas porque eran discrepantes y no aceptaban la dictadura bolivariana. La Cámara pidió al Consejo de Gobierno que el próximo Congreso, que se estaba eligiendo o se acababa de elegir, no se reuniera hasta el año siguiente “para poder estudiar el proceso electoral”.

 

 

La Gran Colombia en 1825.

 

En Colombia, el 18 de abril de 1825, la Gran Colombia hizo un tratado con Inglaterra, pero no tiene apenas significado histórico, pues los colombianos tenían poco que ofrecer. El mayor éxito del tratado fue el propagandístico, pues renació la leyenda del Dorado, del mucho oro, plata, esmeraldas, cobre y platino que había en la zona, y ello atrajo muchos capitales. Se encontró alguna mina, pero mucho menos de lo esperado. El rendimiento era escaso, y el negocio de los inversores consistía en la esperanza de utilizar mano de obra esclava. Como los libertadores liberaban a los esclavos, el negocio se iba a pique. Por eso, las liberaciones de esclavos fueron sólo teóricas durante décadas. Lo firmaron Pedro Gual y Pedro Briceño Méndez.

 

 

La disidencia de Sucre en Alto Perú.

 

En Alto Perú, en julio de 1825, Sucre estaba intentando reorganizar el Estado. Sucre proclamó la independencia de Charcas a fin de animar a los independentistas locales y asustar a los realistas. En el Alto Perú había tres facciones tradicionales, desde que en 1776 habían sido segregados de Perú a añadidos a Río de la Plata: los partidarios del gobierno de Lima, los partidarios de Buenos Aires, y los independentistas puros.

A iniciativa de Sucre, el 10 de julio de 1825 se reunió la Asamblea de Chuquisaca (Alto Perú), integrada por 48 delegados elegidos en el Alto Perú por sufragio censitario muy restringido. Eran la élite local de siempre, que ahora se había declarado independentista. El primer día había 39 presentes, procedentes de La Paz, Potosí, Chuquisaca, Cochabamba y Santa Cruz. Sucre abandonó la ciudad para que no se sintieran presionados. Los diputados presentes eran partidarios de la independencia pura, ni con Perú, ni con Argentina, pensando que así dejarían de ser un foco de tensión entre ambas potencias locales. Y se nombró una comisión para redactar lo decidido.

El 6 de agosto de 1825, con 45 diputados presentes, los altoperuanos hicieron una Declaración de Independencia y adoptaron para Alto Perú el nombre del libertador, “Bolivia”. Trataban de ganarse la voluntad de Bolívar. A la capital la denominaron “Sucre”. Se pronunciaron por la independencia todos, menos los dos diputados de La Paz, que querían vinculación a Perú con autonomía de Bolivia. La ciudad capital denominada Sucre se construiría ex-novo. Inmediatamente se pusieron a trabajar en una constitución.

A Bolívar no le gustó nada que le contradijeran en Alto Perú. Su sueño de ser el dictador de todo el imperio del norte de Sudamérica se venía abajo, y de manos de su hombre de confianza, Sucre. El 14 de agosto, los diputados bolivianos le pidieron que les dejara ser independientes y que les cediera Arica, una salida al mar imprescindible para sus minas. Bolívar se negó a aceptar.

Bolívar abandonó Perú en agosto de 1825, para visitar Bolivia y solucionar el desacuerdo con Sucre, y dejó en Perú a un triunvirato:

Tomás de las Heras, un colombiano, en Guerra

Hipólito Unanue, en Asuntos Exteriores

José María Pando, en Hacienda.

El resultado del gobierno bolivariano no fue positivo para Perú: los capitales huyeron y Perú cayó en la miseria. Los comerciantes británicos podían vender de todo, y los fabricantes locales y comerciantes locales se arruinaron. El gobierno estaba arruinado porque había adquirido deuda en 1822 (1.200.000 libras con un 25%, de quebranto) y en 1825 (616.000 libras). En 1825, ante la ruina general, Perú se declaró en quiebra y no se pagó la deuda. El dinero británico se dedicó a pagar a los comerciantes británicos a los que se debía mucho dinero y no quedó nada.

 

 

Bolívar en Bolivia.

 

Bolívar acudió el 18 de agosto a La Paz (Bolivia) y el 5 de octubre a Potosí, con fines no declarados, pero previsibles. Los bolivianos optaron por agasajarle, mimarle y contentarle, y hasta le concedieron el poder supremo durante el tiempo que estuviese en Alto Perú, y le regalaron un millón de pesos. El 25 de octubre de 1825, Bolívar reconoció la independencia de Alto Perú, respecto a Buenos Aires, pero se negaba a reconocerla respecto a Perú y respecto a su idea de la Gran Colombia. De hecho, Bolívar firmaba los documentos como “Libertador de Colombia y de Perú”, expresión en la que ni siquiera figuraba Bolivia.

Durante su estancia en Alto Perú, Bolívar hizo varias reformas (que nunca se pusieron en práctica porque el Estado no tenía dinero ni tierra para llevarlas a cabo):

Declaró propiedad del Estado las minas abandonadas, derrumbadas o aguadas, de modo que el Estado las podía vender.

Declaró a los indios como propietarios de sus tierras, de modo que los caciques recibirían 5.000 varas cuadradas de tierra por su mujer y cada uno de sus hijos, y cada indio recibiría 5.000 varas cuadradas de tierras productivas, o 10.000 varas cuadradas en tierras pobres (era poca tierra para cada uno, teniendo en cuenta que la vara es un 10% más pequeña que el metro, es decir que cada indio tocaba a menos de media hectárea de tierra productiva, o menos de una hectárea de tierra pobre).

Quedaba extinguida la autoridad de los caciques, el servicio personal de los indios y los impuestos especiales a indios.

Suprimió los noviciados de frailes y monjas, y prohibió profesar a las mujeres antes de los 25 años de edad y a los hombres antes de los 30.

Dio un reglamento para elegir diputados, que era por elección indirecta. Se elegían 10 diputados por La Paz, 9 por Cochabamba, 8 por Potosí, 5 por Chuquisaca, 3 por Santa Cruz, y 3 por Oruro.

Ordenó, en 11 de diciembre, fundar una escuela primaria en cada capital de Departamento, que se financiaría de rentas de bienes y réditos de capellanías, y haciendas de órdenes religiosas suprimidas. También se abría una escuela militar en Chuquisaca.

Los empleados públicos debían entregar una fianza antes de poder desempeñar sus cargos.

Los predios rústicos y urbanos perjudicados por la guerra quedaban libres de réditos y arrendamientos forzados.

Creó la Contaduría General de Hacienda.

Persiguió el contrabando.

Las reformas de Bolívar ponían de hecho en marcha un país nuevo, aunque Bolívar no reconociera nunca la independencia de Bolivia. Además les prometió que les enviaría una constitución.

Bolívar creyó que todos los pueblos americanos correrían a adoptar su constitución, la obra política perfecta que él daba a América. Pero se equivocó.

 

 

Reformas de Sucre en Bolivia.

 

Bolívar nombró a Sucre como primer presidente de Bolivia, pero Sucre sólo aceptó por dos años. Sucre intentó hacer reformas, que constituyeron un fracaso grande:

En la reforma tributaria abolió la alcabala y otros tributos al consumo para imponer tributación directa, y también abolió el tributo indio (los indios eran sometidos a un tributo sobre la renta y otro sobre la propiedad, que eran mucho más altos que el tributo indio). En 1826, la población se sublevó y obtuvo la vuelta a los tributos antiguos españoles.

En la reforma de las explotaciones mineras, se estatalizaron las minas y se ofreció su explotación a los británicos, aceptando 26 compañías británicas el reto. Pero los británicos no iban a invertir sino a explotar las minas y los negocios fracasaron en diciembre de 1825. Bolivia acabó en la bancarrota.

En el comercio, se intentó un puerto marítimo, puyes se dependía de Buenos Aires o de Arica, puertos extranjeros. No se consiguió tener puerto.

En la reforma agraria, Bolívar ordenó repartir tierra entre todos los pobres, más del 80% de la población, a razón de una fanegada por persona en los lugares fértiles y dos fanegadas en los secos, independientemente de que se fuera hombre o mujer, joven o viejo. Pero la reforma agraria no fue aceptada por los hacendados y fue suspendida en septiembre de 1827, constituyendo otro fracaso.

En cuanto a los esclavos, se decretó la libertad, pero los hacendados bolivianos declararon a los esclavos “ciudadanos libres” sin derecho a abandonar sus trabajos ni a sus amos, lo cual perpetuaba la esclavitud.

El 29 de diciembre de 1825, Bolívar abandonó Alto Perú, declarando que el país quedaba bajo la jurisdicción de Sucre y les declaraba “provisionalmente” independientes. Empezaba a ceder.

 

 

1825-1826: Decadencia del caudillismo de Bolívar:

 

En Perú:

A final de 1825, el prestigio de Bolívar había caído: los peruanos veían que los pueblos antes dependientes de ellos, Chile y Argentina, ahora se comportaban como sus superiores, que pretendían gobernarles. Igualmente vieron que los colombianos y venezolanos, Gran Colombianos, les pretendían gobernar en la persona de Bolívar, y empezó la xenofobia. Cuando Bolívar les quitó Guayaquil y se lo entregó a Colombia, empezaron a pensar que Bolívar era un imperialista colombiano, invasor como los españoles, enemigo de la independencia de Perú y Alto Perú. La estrella de la buena suerte de Bolívar, empezaba a oscurecerse.

Todos los territorios se sublevaron contra Bolívar: El alto Perú se independizó de Bolívar en 1825 tomando el nombre de Bolivia para aquellas tierras altas y llamando Sucre a la antigua ciudad de Chuquisaca en honor a su primer presidente.

 

En Venezuela:

El 30 de abril de 1826 hubo un intento separatista más, esta vez en Venezuela, dirigido por José Antonio Páez contra el centralismo y espíritu dominante de Bolívar. Bolívar lo denominó “La Cosiata” (la cosa esa). Páez exigió de Bolívar que eliminara la República de Colombia, la Gran Colombia, que no era del agrado de los venezolanos, pues estaban pagando guerras lejanas como las de Perú y Alto Perú. Venezuela declaró persona non grata a Bolívar y rehizo la constitución. Venezuela estaba descontenta con Bolívar por muchas razones: porque se les imponía la autoridad de Francisco de Paula Santander, porque se les imponía la obediencia a un Gobierno que consideraban extranjero, porque se les quitaba la capitalidad para dársela a Bogotá, y porque se les exigía el mayor esfuerzo, para construir un imperio en el que los venezolanos tenían poco que ganar. En 24 de agosto de 1824 se había decretado movilización general de los hombres de entre 17 y 50 años, y a Venezuela le correspondía levantar 50.000 hombres para enviarlos a Bogotá, lo que suponía enormes gastos, y abandono de los puestos de trabajo en Venezuela.

Páez comprendió que Bolívar estaba perdiendo el sentido de la realidad y demoró el cumplimiento de la orden de reclutamiento. En 1825 se le exigieron resultados, y envió a Bolívar 800 hombres. Era toda una manifestación de disconformidad frente a los 50.000 que Bolívar le pedía.

El 30 de abril de 1826 Páez se sublevó en Valencia y la rebelión se extendió a toda Venezuela. Tenía de su lado al consejo Municipal de Valencia. Bolívar envió a O`Leary a parlamentar con Páez, con el objetivo de evitar la guerra, pero todo fue en vano. Bolívar, que pensaba en una gran nación sudamericana quedó defraudado. Colombia le parecía demasiado pequeña para ser viable, y si además se separaba Venezuela, ambas serían dos naciones débiles.

Páez fue depuesto del mando del ejército venezolano en abril de 1826 y se le ordenó presentarse en Bogotá para ser juzgado, pero Páez no obedeció. El nuevo Jefe militar era Juan de Escalona, Comandante General de Caracas, Barquisimeto…

El 14 de mayo de 1826, Páez juró fidelidad ante Fernando Penalver, gobernador de Carabobo y viajó a Caracas, desde donde escribió a Bolívar anunciando su ofrecimiento de retirarse si Bolívar acudía a gobernar Venezuela.

Bolívar pensó que se iniciaba una “guerra civil” entre Venezuela y Colombia, y que el objetivo prioritario era evitarla. El 4 de septiembre de 1826 salió de Lima y llegó a Guayaquil el 12 de septiembre, Bogotá el 16 de septiembre, y se embarcó en Cartagena con destino a Puerto Cabello.     En 25 de noviembre de 1826, Bolívar llegó a Venezuela para acabar con La Cosiata y acabó con la rebelión, pero fue mal recibido por los venezolanos de forma evidente, y no se atrevió a eliminar a Páez, sino que le dio un abrazo y le nombró Jefe Civil y Militar de Venezuela.

Bolívar abandonó Venezuela y se fue a Colombia. Ya había abandonado Perú en septiembre de 1826 por motivos de desprestigio e impopularidad. Se estaba replegando.

 

 

En Colombia.

El 22 de mayo de 1826, Santander hizo frente al problema de la deuda, en primer lugar reconociéndola, y después, destinando la renta del tabaco y un octavo de las rentas de aduanas, baldíos, minas y capellanías eclesiásticas[4] a su redención. Los impuestos ya no iban para Bolívar, sino para el propio país.

Colombia también se le sublevó y Bolívar acabó dimitiendo en 1827.

 

 

En Panamá.

En septiembre de 1826 se impuso a los panameños la dictadura de Bolívar por la fuerza. Los panameños querían libre comercio, un canal y la reconstrucción del país, mientras el Libertador sólo quería sacarles dinero para su guerra. Estaban en posiciones absolutamente contrapuestas.

 

 

Perú en 1826.

 

Todavía quedaba en manos de los españoles, cerca de Lima, el reducto de El Callao, defendido por el general José Ramón Pidal, que también se rindió el 22 de enero de 1826. La presencia española en Sudamérica había terminado.

La salida de los españoles representó un triunfo efímero, un espejismo: Lima se llenó de pronto de objetos británicos que aparentaban abundancia y prosperidad, pero muy pronto se les cayó a los ingleses el mito del oro, comprobaron que no había dinero, y retiraron sus mercancías, quedando Perú en una economía de agricultura y ganadería, y dañada por tantos años de guerra. Los siguientes años fueron muy difíciles.

El 6 de junio de 1826, el Código Mercantil suprimió aduanas interiores y redujo alcabalas, pero era proteccionista poniendo 30% de arancel general, que era del 80% para los licores, textiles, azúcar. Ante la crisis, Perú se enrocaba sobre sí mismo.

Los bienes de los españoles fueron confiscados. Pero los españoles que se quedaron y colaboraron con el nuevo gobierno se hicieron inmediatamente con propiedades mayores que las que habían perdido. De modo que las fincas fueron de los nuevos españoles (ahora peruanos) y los negocios de los británicos recién llegados.

Bolívar se negaba a ver la realidad y, por el contrario, insistió en su dominación, e impuso por la fuerza la constitución bolivariana el 16 de agosto de 1826 y se hizo nombrar presidente vitalicio de Perú. La “Constitución” para Perú, es pues una Carta Otorgada, en la que el ejecutivo recaía en un presidente vitalicio con capacidad de designar sucesor (lo cual se llama monarquía, a pesar de que Bolívar lo denominara república y a sí mismo se denominara presidente). En su negación de la realidad, trataba de cambiar los nombres de las cosas, como si ello fuera suficiente para cambiar la realidad.

En la Carta Otorgada de Perú 1826, llamada por el dictador Carta Fundamental, Bolívar insistía en sus fracasos ya constatados: Se instauraba una Federación de los Estados de Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Bolivia, con el nombre de Federación de los Andes. La Carta Otorgada de Bolívar, fue pasada a referéndum de los colegios electorales y, como en toda dictadura, resultó que el organizador salió elegido presidente vitalicio. La constitución bolivariana no se promulgó hasta 9 de diciembre de 1826 entre las frialdad más estricta de los ciudadanos peruanos.

No sólo la voz de la calle era consciente de la pérdida de contacto de Bolívar con la realidad: Santander y los suyos creían que este culto a la personalidad de Bolívar, impuesto por el Libertador, sería la ruina de América.

Bolívar también fue consciente de su fracaso. Al principio, atribuyó la xenofobia de Perú al egoísmo de los peruanos, y no quería marcharse de Perú porque temía que se declararan enemigos de la Gran República Americana que pensaba fundar. Pero los peruanos empezaron a conspirar contra Bolívar. Entonces concibió la posibilidad de marcharse. Al poco, en versión de los historiadores nacionalistas, Bolívar recapacitó que se estaba imponiendo contra la voluntad del pueblo, lo que siempre había evitado y se marchó a Venezuela en septiembre de 1826. En otra versión, huía de un panorama de crisis financiera y política, y se marchó a Venezuela sin resolver nada en Perú y sin admitir la realidad de que también había arruinado a Ecuador, Colombia, Panamá y Venezuela, y no era ya bien visto por ningún lado.

El 4 de septiembre de 1826 Bolívar abandonó Perú, según él, para defender Colombia de las sublevaciones. El Gobierno de Perú quedó en manos de un Consejo de Gobierno presidido por el general Andrés de Santa Cruz, que en 9 de diciembre de 1826 tuvo que jurar la constitución bolivariana. Santa Cruz se convertiría a partir de entonces en uno de los enemigos más definidos del bolivarianismo, de la dictadura de Bolívar y de las constituciones vitalicias y hereditarias de Bolívar.

 

 

Bolivia en 1826.

 

El 1 de enero de 1826 comenzó el gobierno del mariscal Sucre en Bolivia: creó Secretarías de Hacienda, Gobierno y Guerra; dividió el país en 5 Departamentos (La Paz, Chuquisaca, Potosí, Cochabamba y Santa Cruz) gobernados por Prefectos; los Departamentos se subdividían en provincias gobernadas por gobernadores; las provincias se subdividían en Cantones gobernados por Corregidores; creó un Colegio de Ciencias, hospicio para pobres, escuelas cantonales y una escuela militar en cada regimiento; castigó la corrupción de los funcionarios hasta con pena de muerte; estableció que los dineros del Estado fueran controlados y centralizados en el Tesoro Departamental correspondiente; elevó los sueldos de los funcionarios de justicia; dio iguales derechos a los transeúntes e inmigrantes que a los ciudadanos de Bolivia; garantizó el derecho de propiedad y la seguridad personal. Con ello, Sucre dejó organizado el país.

Sucre lo estaba pasando muy mal, pues en Bolivia había demasiados simpatizantes de la unión con Perú, y de la unión con Buenos Aires, pero casi ningún simpatizante de la federación de la Gran Colombia. Y Perú se había cansado de Bolívar y, prácticamente, le había echado. El Alto Perú, ahora Bolivia, pensaba si debía hacer otro tanto.

El 26 de mayo de 1826, se reunió en Bolivia el Congreso Constituyente bajo la presidencia de Casimiro Olañeta. Sucre les anunció su deseo de abandonar Bolivia. Los Diputados nombraron a Sucre Presidente. Sucre se negó por segunda vez. Los diputados le reiteraron que era un momento difícil y que necesitaban de su prestigio. Sucre aceptó la presidencia. Los bolivianos estaban gratamente impresionados por los decretos de Sucre, ya citados arriba, pero echaban en falta un reglamento de policía, una ley contra bandoleros, un calendario laboral, reglamento de cobro de impuestos…

En junio de 1826 llegó a Bolivia el proyecto de Constitución que enviaba Bolívar. No podían aceptarlo sin más, y lo discutieron, e introdujeron ligeras modificaciones para que no pareciera una Carta Otorgada, como en realidad era, pero tampoco podían rechazarlo, pues oponerse a Bolívar sería entrar en un conflicto político y caer en manos de Perú, Chile o Argentina.

La constitución de Bolívar para Bolivia contenía los siguientes puntos:

República unitaria.

División de poderes, que eran cuatro: electoral, legislativo, ejecutivo y judicial.

El Legislativo constaba de tres Cámaras: la de Tribunos elegidos por cuatro años (que planteaban los problemas políticos y leyes correspondientes), la de Senadores elegidos por ocho (que eran los guardianes de la ley), y la de censores, que eran vitalicios y constituían la última instancia para aprobar las leyes y cuidaban de las libertades públicas y de la constitución. Los censores vitalicios era uno de los puntos débiles de esta constitución.

El Ejecutivo era ejercido por un Presidente vitalicio y con capacidad para nombrar a su sucesor, que también sería vitalicio, acompañado de un Vicepresidente propuesto por las Cámaras al Presidente y nombrable y cesable por el Presidente. Habría tres Ministros de Estado nombrados por el Presidente, para las carteras de Hacienda, Gobierno y Guerra. Era en realidad una monarquía limitada, aunque la llamaran república y esto era el punto más débil de la constitución.

El Judicial era gestionado por una corte Suprema de Justicia.

El sufragio para alcaldes y jueces era indirecto, y los ciudadanos elegían a unos electores que designaban a los alcaldes y jueces.

Se garantizaban los derechos a la libertad civil, libertad de palabra y expresión, derecho de movilidad, seguridad individual, inviolabilidad de domicilio, igualdad ante la ley, y derecho de propiedad.

La constitución era reformable a los 10 años, como mínimo, a propuesta de un tercio de los Tribunos y tras la aprobación de dos tercios de los Tribunos.

 

Bolivia, según el agente consular Joseph Barclay Pentland, quedaba en 1826 con una población de 1,1 ó 1,2 millones de habitantes, de los que 800.000 eran indios que trabajaban en las minas o en la agricultura, 200.000 eran de ascendencia española, 100.000 eran mestizos, y unos 7.000 eran negros. Seguía produciendo plata y oro, pero menos que anteriormente, e importaba de todo: manufacturas de algodón británicas, manufacturas de lana de Perú y de Argentina, telas francesas e inglesas, sedas francesas, ferretería británica, vidrio británico, hierro y acero, azogue para las minas.

Las minas del Potosí estaban en mal estado debido a la falta de planificación general, de modo que cada particular abría pozos donde quería, estrechos y tortuosos, asistemáticos, “buscando la veta”, y ello las hacía complicadas para la extracción de mineral. Su ruina, cegamiento por agua, o rotura de accesos era fácil y se había practicado durante la larga guerra. En 1826 sólo se explotaban 6 minas, pero había otras muchas clandestinas.

Sucre había aportado a Bolivia una carga onerosa, que era un ejército de 6.000 hombres, muchos de ellos venidos de fuera. Por un lado, ese ejército garantizaba que no fueran invadidos por argentinos, chilenos ni peruanos. Por otro lado, había que mantener un ejército costoso. Además, la retirada del ejército forastero era un problema, pues podía dar lugar a motines interiores imposibles de dominar. El problema era muy complejo.

De 1826 a 1828, Bolivia se deshizo de unos 1.500 soldados colombianos y el 18 de abril de 1828 surgió el motín de Chuquisaca, reprimido por Sucre, que fue herido en un brazo. La Junta Popular, dirigida por Olañeta, pidió en 19 de abril de 1828 la renuncia y alejamiento de Sucre. Con ello acabó el sueño bolivariano, a manos del peruano Santa Cruz. Pero ya veremos más adelante este episodio. Volvamos a 1826.

 

 

Perú contra Bolívar en 1827.

 

En 1827, en Perú, el descontento por la Carta Otorgada bolivariana, seguida de la decepción de un presidente que abandonaba sus obligaciones y huía del país, era muy grande. Y más cuando había llegado como el Libertador. La presencia de soldados venezolanos y colombianos les resultaba odiosa, pues no dejaban de ser un ejército de ocupación extranjero. El 26 de enero de 1827 hubo motín militar de los batallones auxiliares, exigiendo la independencia de Perú respecto a Bolívar, abolición de la constitución bolivariana y separación de la Gran Colombia. El Cabildo de Lima, en Cabildo Abierto, abolió la Carta Fundamental de Bolívar, destituyó a todos los ministros puestos por Bolívar, se restauró la constitución de 1823 y se convocaron elecciones para un nuevo Congreso. Se constituyó una Junta de Gobierno presidida por el hombre que Bolívar había dejado al frente del Gobierno, Andrés de Santa Cruz, que se mostraba en ese momento antibolivariano. Integraban el resto de la Junta Manuel Lorenzo Vidaurre, José de Morales Ugalde, José María Galdeano y el general Juan Salazar. La Junta de Gobierno convocó Congreso constituyente para junio siguiente.

El 18 de marzo de 1827, un ejército colombiano invadió Perú, como castigo. Este ensañamiento personal, fue completamente inútil y hasta contraproducente para Bolívar. Perú estaba decidido a eliminar la constitución que había dejado Bolívar y acabar con la dictadura bolivariana.

El 4 de junio de 1827 hubo nuevo Congreso Constituyente en Perú y, el 9 de junio, resultó Presidente de la Cámara constituyente el arzobispo de Lima Francisco Xavier Luna Pizarro, el hombre considerado con más prestigio en ese momento, aunque hubiera otros hombres presidiendo la Cámara. Luna Pizarro patrocinó el nombramiento de Presidente Constitucional de la República del Perú para José Domingo de La Mar y Cortázar[5]. La Mar tomó posesión de su cargo el 22 de agosto de 1827.

Luna Pizarro y José de La Mar tenían un gran trabajo por delante en Perú e hicieron muchas cosas: en 1827, José Morales Ugalde presentó un presupuesto del Estado; el 18 de abril de 1828 (aprobada en 30 de marzo anterior) se juró una nueva constitución (inspirada en la de los Estados Unidos, pero de modelo de Estado unitario y exclusivamente peruano) que sustituía a la de Bolívar; el 1 de mayo de 1828, Agustín Gamarra invadió el Alto Perú e impuso al gobernante interino (en sustitución de Sucre) José María Pérez de Urdininea el Tratado de Piquiza de 6 de julio de 1828, por el que se comprometía a eliminar las tropas grancolombianas del Alto Perú y a destituir a Sucre.

El Gobierno de La Mar provocó la oposición interior de Andrés de Santa Cruz, Agustín Gamarra, Antonio Gutiérrez de la Fuente, que protegieron conspiraciones contra La Mar en diciembre de 1827 (Ignacio Quispe Ninarilca), en abril de 1828 (Felipe Santiago Salaverry), y mayo de 1828. Santa Cruz fue alejado de Lima enviándolo a Chile.

Pero lo más grave fue la guerra con la Gran Colombia. Bolívar declaró la guerra a Perú en 3 de julio de 1828. La Mar ocupó entonces Guayaquil y Loja. Bolívar envió a Sucre y a Juan José Flores, que derrotaron a Agustín Gamarra y José de La Mar en Saraguro, 13 de febrero de 1829, y en Tarqui, 27 de febrero de 1829. Pero las exigencias de Sucre tras la derrota no fueron muchas, y simplemente, en el Convenio de Girón, se les obligó a abandonar Guayaquil y Loja. Por omisión, se entiende que se reconocía a La Mar como gobernante del resto de los territorios de Perú.

El 7 de julio de 1829, La Mar fue depuesto por el general Agustín Gamarra, el general Antonio Gutiérrez de la Fuente y la colaboración del presidente de Bolivia Andrés de Santa Cruz. Con José de La Mar cayeron sus colaboradores Manuel Salazar y Francisco Xavier de Luna Pizarro. Luna Pizarro fue desterrado a Chile. La Mar fue enviado a Costa Rica.

Antonio Gutiérrez de La Fuente se proclamó Jefe Supremo de Perú y prometió hacer la paz con Colombia y convocar elecciones. El 12 de junio de 1829, Santa Cruz se sublevó en Cuzco y creó un Gobierno Provisional. El Gobierno de Lima puso en vigor la constitución de 30 de marzo de 1828, la posterior a Bolívar, y convocaron elecciones. Agustín Gamarra fue designado Presidente provisional hasta el resultado de esas elecciones, y La Fuente fue designado Vicepresidente. Tras las elecciones, serían confirmados por cuatro años, hasta 1833. Gamarra soportó 14 motines, incluido uno de La Fuente, y el militarismo se impuso como norma, de modo que la historia de Perú, como la del resto de América, no fue tan diferente de la historia de España del XIX, una serie de golpes de Estado e insurrecciones.

 

 

Caracas contra Bolívar en 1827.

 

En 1827, en Caracas, se decidió no obedecer ni a Santander ni al Gobierno de Bogotá. Había en Caracas dos grupos, los de Páez y los bolivarianos, pero ambos estaban de acuerdo en rechazar la unión con la Gran Colombia.

Bolívar fue desde Perú a Venezuela a fines de 1826 para intentar la paz. El 1 de enero de 1827, Páez se sometió, a cambio de amnistía y seguridad de todas las propiedades de los sublevados. Bolívar se dio cuenta de que no se podía enfrentar a todos los burgueses venezolanos, y ratificó a Páez como Jefe Superior de Venezuela. Bolívar sería criticado por Santander por su debilidad contra los sublevados. Así que Bolívar se fue de Venezuela dejando a Páez como gobernador. En julio de 1827, tras la huída desde Perú y viniendo desde Venezuela, Bolívar estaba de nuevo en Bogotá.

Bolívar se refugiaba en 1827 en la idea de la Gran Colombia, porque era dictador vitalicio, lo que tampoco gustó en Colombia. En 20 de febrero de 1827 tomó Bolívar el poder.

 

 

Bogotá contra Bolívar en 1828.

 

En 1828, Bolívar fue rechazado también en Colombia.

Bolívar fue a Bogotá en 1828 y llegó en medio de la rebelión general de los magnates criollos. Santander defendía neta y abiertamente el federalismo.

En marzo de 1828 se sublevó en Cartagena el general Padilla, un pardo que se apoyaba en indios y pardos, apoyaba a Santander y estaba en contra de Bolívar. Entonces los blancos se pusieron de parte de Bolívar.

 

 

El bolivarianismo en 1828.

 

El 9 de abril de 1828 se celebró la Convención de Ocaña: los representantes de las parroquias (municipios) exigieron un Congreso constituyente que reformara la Constitución de Cúcuta. Pedían el federalismo y los bolivarianos insistieron en el unitarismo. El movimiento bolivariano se había roto en dos: los centralistas que apoyaban la jefatura de Simón Bolívar, y los federalistas que querían la formación de dos Estado separados: Francisco de Paula Santander en Colombia, y José Antonio Páez en Venezuela.

La reunión acabó en desacuerdo completo y los bolivarianos proclamaron a Bolívar dictador. La dictadura era la manifestación del fracaso de un populista, que abandonaba la opinión mayoritaria de su pueblo, argumentando que el pueblo estaba ofuscado. Los bolivarianos presentaron una constitución centralista, presidencialista con presidente vitalicio y con poder para nombrar su sucesor, lo cual es monarquía aunque no hereditaria por vía familiar. Y llamar República eso, es la constatación misma del fracaso, la no aceptación de la realidad.

De 24 de junio de 1828 a marzo de 1830, Bolívar gobernó por decreto.

 

 

Bolivia contra Bolívar en 1828.

 

En abril de 1828, el general peruano Agustín Gamarra, apoyado por el presidente Andrés de Santa Cruz y el Gobierno de Perú, atacó Bolivia para acabar con el bolivarianismo, y Bolivia respondió con una sublevación militar contra Sucre en Chuquisaca, momento en que Gamarra ocupó Oruro y La Paz, y apresó a Sucre.

El 4 de mayo de 1828 tomó el poder en Chuquisaca el general José María Pérez de Urdininea. Cayó Bolivia en el militarismo, por otra parte generalizado en América. El general Agustín Gamarra tomó, el 1 de mayo La Paz, Oruro y Cochabamba, y avanzaba desde Perú hacia Chuquisaca exigiendo la retirada de Sucre. Éste pidió que se designara presidente al general Santa Cruz, y el Congreso aceptó el 5 de agosto de 1828. Pero el pueblo se puso del lado de Sucre y el caos continuaba.

El 6 de julio de 1828, en el Tratado de Piquiza, los bolivianos dieron por liquidado el régimen vitalicio presidencial y la unión a Colombia, y en 1828 decretaron la expulsión de los extranjeros. Sucre hubo de marcharse a Quito. El ejército peruano, según el pacto, se retiraría para que los bolivianos eligieran libremente a sus líderes. El 3 de agosto, Sucre renunció a la presidencia y Gamarra se retiró a Perú. La Asamblea de Bolivia designó Presidente a Andrés de Santa Cruz.

En septiembre de 1828, Gamarra anunció la retirada de la fuerza armada y se marchó de Bolivia.

En 16 de diciembre de 1828, Bolivia eligió Presidente a Pedro Blanco, que depuso a los militares contrarios a la alianza con Perú, pero Blanco fue apresado el 21 de diciembre por Velasco (Blanco sería asesinado en 1 de mayo siguiente), que decidió restablecer a Santa Cruz, el hombre de Sucre.

 

 

Últimos meses de Bolivar, 1829-1830.

 

En Colombia:

En Colombia, Bolívar había asumido en junio de 1828 nuevos poderes dictatoriales. En agosto de 1828, Bolívar intentó otorgar una constitución centralista con presidente vitalicio y hereditario. Salvó la vida de milagro en un atentado contra su vida. Bolívar justificaba la dictadura (decreto de 27 de agosto de 1828), en la necesidad de apaciguar a los rebeldes. Para ello, suprimía la vicepresidencia, creaba un Consejo de Estado y convocaba Congreso para 2 de enero de 1830, para hacer una nueva constitución.

El proyecto de Bolívar de 1828 fue mal acogido, también en Colombia, pues no preveía el final de la dictadura sino “por voluntad del pueblo”, que en política es lo mismo que nada. Los gastos militares no paraban de crecer, y la sumisión a tantos impuestos y secuestros de bienes agotaba a todos.

Bolívar se había convertido en un opresor de América en la idea de imponer su pensamiento y su dictadura a todos. En Venezuela fue declarado traidor y en Nueva Granada, extranjero.

En el desconcierto generado por Bolívar, Ecuador, a medio camino entre Perú y Colombia, tuvo reacciones diversas: Jaén, que siempre había sido de Quito, decidió unirse a Perú, y Guayaquil decidió pasarse a Colombia.

En septiembre de 1828, la guerra entre Perú y Colombia llegó a su punto más duro, cuando Perú ocupó Guayaquil y bloqueó por mar a Colombia, el ejército peruano penetró en Colombia y encontró mucha cooperación de la población colombiana.

En 25 de septiembre de 1828, los radicales santanderinistas de Florentino González intentaron asesinar a Bolívar. Santander fue culpabilizado, y los suyos fueron condenados a muerte. Santander vio conmutada su pena por la de destierro.

 

En Bolivia:

El 31 de enero de 1829, Andrés de Santa Cruz, presidente de Perú, fue elegido presidente de Bolivia. Perú se sublevó contra Bolívar. Bolivia también estaba en contra de Bolívar. Pero el dictador no quería marcharse. Santa Cruz se incorporó a Bolivia, desde su destino de Chile, el 24 de mayo de 1829. Promulgó amnistía, derogó la constitución de Bolívar e inició una serie de reformas políticas y económicas importantes para Bolivia:

La constitución de 1831, tras lo cual fue elegido Presidente constitucional, pero gobernó dictatorialmente.

Reforma de la enseñanza con método lancasteriano, de enseñanza de los más avanzados a los más atrasados.

Universidad de San Andrés de La Paz, Universidad de Cochabamba, Colegio de Medicina, Colegio Nacional de Ciencias, Colegio Militar de Bolivia, becas para estudiar en Europa.

Regulación de las funciones de los prefectos, gobernadores, corregidores y alcaldes de campo.

Reorganización de Hacienda.

Código Civil, proyecto de Código Penal, Código de Enjuiciamientos, Código Mercantil, Código Minero.

Censo de Población y mapa de Bolivia.

Banco de Descuento.

Contaduría General para el control de los gastos públicos.

Construcción de puentes y caminos.

Reorganización del ejército.

Emisión de una moneda “fable”, de ley muy baja, a fin de que no saliese metal del país. 1830.

Confederación de Bolivia con Perú en 1836.

 

En Venezuela:

En 27 de diciembre de 1829, una asamblea celebrada en el convento de San Francisco, en Caracas, rechazó a Bolívar y al Gobierno impuesto por éste en Venezuela, apoyando en todo a Páez, y Páez pidió la segregación de Venezuela respecto a la Gran Colombia. En 1829, Venezuela abandonó la Gran Colombia. Por fin, en 1829, Venezuela se declaró definitivamente independiente de Colombia, lo cual fue el mayor fracaso de Bolívar. Decidió ignorar la autoridad de Bolívar y nombró a Páez como Jefe Superior del País.

Bolívar, en ese momento, estaba en el Congreso Admirable de Bogotá, y allí mismo solicitó poderes dictatoriales para entenderse con Páez. No le fueron concedidos, lo cual fue la última manifestación de rechazo a la política bolivariana.

En 1829 se inició una nueva guerra entre Perú y Colombia.

 

En Perú.

El 13 de febrero de 1829 reapareció Sucre en Colombia, después de su triste experiencia en Bolivia. Los “libertadores” eran por lo general malos gobernantes pero buenos estrategas, y Sucre lo demostró: Sucre atacó la retaguardia peruana, les hizo entrar en pánico y se firmó entre ellos el Convenio de Girón. Ni el Gobierno de Perú ni el de Guayaquil, aceptaron el Convenio de Girón. Hubo cinco meses más de guerra.

 

 

En enero de 1830, Bolívar renunció. Páez hizo un Gobierno Provisional de Venezuela y convocó elecciones a un Congreso Constituyente que debía reunirse en 22 de septiembre de 1830. El 24 de marzo de 1831, Páez sería elegido Presidente de la República, y Diego Bautista Urbaneja sería vicepresidente. Tampoco la nueva república significó la paz, pues los disidentes eran muchos: José Tadeo Monagas en Barcelona y Cumaná no estaba de acuerdo con Páez; José Dionisio Cisneros quería una monarquía; Cayetano Gabante luchaba por la independencia respecto a Colombia; el arzobispo Ramón Ignacio Méndez quería sus privilegios.

 

 

[1] José de la Serna y Martínez Hinojosa, 1770-1832, era un oficial de artillería formado en la Academia de Segovia (España), con experiencia militar en Ceuta 1790, Rosellón 1793, en barcos a las órdenes de José Mazarredo, y en la guerra de la Independencia española de 1808-1813. En 1815 fue destinado a Perú,, y en Alto Perú combatió a los guerrilleros altoperuanos y a los bonaerenses que atacaban desde el sur. En 1825, formaba parte del segundo ejército español más importante de América, después del de Pablo Morillo que había llegado a Nueva Granada en abril de 1815. Por entonces comenzó el problema más importante que invalidaba a La Serna como jefe, su convicción de que tan amplios territorios necesitaban muchos soldados a caballo. En 1817 mostró disconformidad con el virrey Joaquín de la Pezuela, opinando que no se podía atacar Jujui, Salta y Tucumán, por falta de efectivos militares. En 1820, en vez de luchar contra San Martín, que invadía desde el sur, se retiró a Cuzco. Y en enero de 1821, la casualidad le hizo virrey: las tropas se rebelaron contra Pezuela, y nombraron virrey interino a la Serna, pues era preceptivo que el oficial de mayor graduación y más antiguo asumiera el virreinato. España se despreocupó un tanto de los asuntos americanos y ni sustituyó a un Jefe militar que opinaba que la defensa era imposible, ni le mandó hombres para darle la razón. El Trienio Liberal de 1820 le confirmó en el puesto, y el absolutismo restaurado en 1824 le volvió a confirmar. En esta situación, en 1824 se le rebeló el absolutista Pedro Antonio Olañeta en 1824, y ello dio lugar a una derrota ante Antonio José de Sucre, Ayacucho, que fue el principio del final de los españoles en América. Tras la derrota, todo son sorpresas para el historiador, pues los rebeldes le dejan marchar a España, y los españoles le acogen como héroe y le premian con el título de conde de los Andes, en vez de castigarle por la derrota sufrida.

[2] La puna es una meseta de alta montaña, o altiplano, que en Perú recibe lluvias de entre 400 y 1.000 litros al año, pero en Bolivia, Chile y Argentina es seca, la región más seca del mundo.

[3] Anfictionía, en Grecia clásica, significaba liga religiosa de polis.

[4] Una capellanía era un capital puesto en un negocio, cuyas rentas se ponían en beneficio de una persona o colectivo.

[5] José Domingo de La Mar y Cortázar, 1778-1830, era un militar quiteño, hijo de un funcionario español que se trasladó a Guayaquil al poco de nacer su hijo. A los dos años de edad, fue llevado a España por su tío, y cuando llegó a la edad oportuna ingresó en el ejército. Luchó en el Rosellón en 1794, Zaragoza 1808-1809, y Valencia 1812. Fue apresado y llevado a Francia. Regresó a España en 1815 y fue destinado a Lima, donde fue hombre de confianza del virrey Joaquín de la Pezuela. En 1819 se enfrentó a los corsarios de Thomas Cochrane, el británico al servicio de San Martín. Debido a sus estrechas relaciones con Pezuela, cuando éste fue depuesto en enero de 1821, se eligió a José de la Serna como Jefe Político Superior (equivalente a virrey) y no a La Mar. José de La Mar fue enviado a defender El Callao, que estaba sitiado por mar y tierra, y allí resistió hasta 19 de septiembre de 1821, fecha en que se rindió y se pasó a los independentistas. En 21 de septiembre de 1822 fue nombrado Presidente de la Suprema Junta Gubernativa de Perú, que desplazaba a José San Martín del gobierno de Perú. Los otros vocales eran Felipe Antonio Alvarado, y Manuel Salazar Baquijano. La Mar fracasó en sus luchas contra los realistas y, el 26 de febrero de 1823, fue apresado en el Motín del Balconcillo y sustituido por José de la Riva Agüero, nombrado Presidente de la República de Perú. José de La Mar quedó fuera de juego por poco tiempo, pues Simón Bolívar le llamó en enero de 1824 para dirigir el ejército bolivariano, Ejército Unido Libertador de Perú. La Mar participó en la batalla de Ayacucho de 9 de diciembre de 1824. Cuando Bolívar abandonó Perú para ir a Alto Perú, en 24 de febrero de 1825, nombró a José de la Mar presidente del Consejo de Gobierno y a Hipólito Unanue Presidente del Gobierno. El 9 de junio de 1827, el congreso de la República nombró a La Mar Presidente constitucional de la República de Perú, cargo más alto que alcanzó José domingo La Mar.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor
Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.


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