LA INDEPENDENCIA DEL SUR DE SUDAMÉRICA

EN 1820-1821

 

 

Inestabilidad política en 1820.

 

En España:

En 1 de enero de 1820 triunfó el liberalismo en España, Riego inutilizó el ejército que debía partir para América, y San Martín desembarcó en Pisco para atacar Perú.

El triunfo del liberalismo influyó en que se ordenara a los virreyes restaurar la constitución y en que los cabildos fueran elegidos democráticamente. Los virreyes, normalmente absolutistas, quedaron sobrepasados por la circunstancias.

Por ejemplo, el Jefe Político Superior Joaquín de la Pezuela, virrey hasta 1820, no supo qué hacer en su distrito de Perú, hasta ser sustituido en 29 de enero de 1821. La iniciativa la tomó el Cabildo de Lima que adoptó la constitución y se adelantó a Pezuela. Pezuela estaba perdiendo autoridad.

 

En Buenos Aires:

En 22 de enero de 1820, Artigas fue vencido en Tacuarembó por el brasileño José María Rita de Castelo Branco[1], conde de Figueira y Capitán General de Río Grande del Sur desde 1818. El colaborador de Artigas era por entonces Andrés de la Torre[2], el cual pasó a Entre Ríos, donde fue derrotado por Ramírez, y desde allí huyó a Santa Fe buscando la protección de Estanislao López. El 1 de febrero de 1820, Francisco Ramírez, de Entre Ríos, apoyado por Estanislao López, de Santa Fe, y por el irlandés Pedro Campbell, puso en fuga a los jinetes de José Rondeau, de las Provincias Unidas de Río de la Plata, en la batalla de Cepeda. Fue un combate de sólo caballería, y se resumió en una huida en desbandada de los porteños, pero significó una grave crisis para Buenos Aires.

Buenos Aires cayó entonces en una inestabilidad política, en donde cada quince días, o un mes, se podía cambiar de Gobierno y así estuvo de febrero a septiembre de 1820. En ocho meses, hubo ocho Gobiernos:

Juan Pedro de Aguirre había sido Director Supremo de 1 al 11 de febrero de 1820.   Juan Pedro de Aguirre en 1820 representó el final del periodo dictatorial pues las provincias se rebelaron, cayó el Directorio, cayó el Congreso, se abolió la Constitución… Pueyrredón fue arrestado por Manuel Sarratea y huyó a Montevideo poniéndose bajo la protección portuguesa. Regresó a Buenos Aires en 1821. Tras su Directorio, los siguientes jefes políticos fueron nombrados por el Cabildo de Buenos Aires y se denominaron Gobernadores. En 1820 la independencia, respecto a España, estaba asegurada pero el caos político era muy grande.

Matías Irigoyen fue Gobernador de Buenos Aires del 11 al 18 de febrero de 1820. Matías de Irigoyen[3] fue Gobernador Intendente de Buenos Aires de 9 a 11 de febrero de 1820 y, cuando se disolvió el Directorio, fue Gobernador provisional desde el 11 de febrero de 1820 al 18 de febrero de 1820.

Manuel de Sarratea fue Gobernador de Buenos Aires de 18 de febrero al 6 de marzo de 1820. Manuel de Sarratea[4] trató de conseguir la paz tras la derrota de la batalla de Cepeda de 1 de febrero de 1820, y se acercó a Francisco Ramírez, presidente de la República Entrerríana (de Entre Ríos, Corrientes y Misiones), y a Estanislao López (Gobernador de Santa Fe), y éstos le exigieron proponer un pacto federal en Buenos Aires.

En 23 de febrero de 1820, se firmó el Tratado de Pilar, celebrado en la localidad de Pilar, con los federalistas Estanislao López (Santa Fe) y Francisco Ramírez (Entre Ríos). Por Buenos Aires firmaba Manuel Sarratea.

Los puntos de este Tratado de Pilar eran: Unidad nacional bajo sistema federal, convocando para ello un nuevo Congreso de Santa Fe (este congreso se celebró efectivamente en septiembre de 1821 y sería conocido como congreso de Tucumán, también llamado Congreso de Córdoba.

Una consecuencia interesante era que Ramírez se consideró entonces igual a Artigas, el líder de la Banda Oriental al que se sometía hasta entonces. Por su parte, Artigas se sintió excluido por el Tratado de Pilar, al que no había sido invitado, pero había sido vencido por los brasileños en Tacuarembó en 22 de enero de 1820 y había huido hacia Entre Ríos y Corrientes. Ramírez, o bien creyó que venía contra él, o decidió acabar con su insolencia de exigir colaboración en la guerra contra Brasil, y ambos caudillos se desgastaron en una guerra inútil, en la que al fin, Artigas fue derrotado en julio de 1820. El 5 de septiembre de 1820, Artigas cruzó el Paraná y huyó a Paraguay, donde se quedó para siempre, hasta su muerte en 1850. Con ello, en 1820, desapareció un gran caudillo de la libertad de los pueblos americanos, que empezó en 1810, y nunca se sometió a la hegemonía de Buenos Aires, como no se sometía a la de España. Terminaban diez años de luchas, apoyadas por muchos ciudadanos.

Brasil en esas fechas, ya había ocupado el Este de Corrientes y casi todo Misiones. Ello significaba que Uruguay quedaba abandonado a su suerte ante Brasil.

Pero en febrero de 1820, López y Ramírez todavía temían a Artigas, y no presionaron mucho a Buenos Aires ni le exigieron reformas profundas en el Tratado de Pilar. Se limitaron a unos actos protocolarios, y ni siquiera entraron en la ciudad con sus ejércitos. Lo que sí exigieron fue una especie de indemnización de guerra: armas y ganado.

Ramírez se hizo Gobernador de Corrientes, además de serlo anteriormente de Entre Ríos, y Misiones decidió sumarse al nuevo líder, con lo que Ramírez, en 24 de noviembre de 1820 se hizo Jefe Supremo de la República Federal Entrerriana, que comprendía los tres territorios citados. En la zona, sólo Santa Fe se negaba a aceptar la autoridad de Ramírez.

El aumento del poder de Ramírez molestó a Martín Rodríguez comandante del ejército de Buenos Aires, y éste citó a Estanislao López (de Santa Fe) y a Juan Bautista Bustos (de Córdoba) e hicieron una alianza, que permitió a Martín Rodríguez atacar a Ramírez.

Francisco Ramírez, líder de Entre Ríos, murió en combate el 10 de julio de 1821. Su república duró poco tiempo más. Dejó a Ricardo López Jordán, pero éste no pudo resistir el ataque de todos sus oponentes.

Desde el punto de vista político, el Pacto de Pilar era un pacto equívoco, en el que Buenos Aires parecía ceder y reconocer el federalismo o derecho de igualdad de todas las provincias, pero en realidad dividía a sus enemigos, pues reconocía a Ramírez como Gobernador de Entre Ríos, y así lo separaba de sus aliados de la Liga de la Banda Oriental, y no declaraba la guerra a Portugal, que seguiría incordiando la zona del Paraná, Paraguay y Banda Oriental. La ventaja del Pacto del Pilar para Buenos Aires se pudo ver enseguida, cuando Sarratea envió armas a Ramírez y provocó la guerra entre éste y Artigas.

 

En Buenos Aires, la entrega de armas no gustó a los militares bonaerenses, y la entrega de ganado no gustó a los ganaderos, muchas veces las mismas familias de los militares. La libertad de comercio, o libre navegación de los ríos, no gustó a los monopolistas porteños que podían perder su negocio en los ríos y el estuario. No obstante, el Gobierno de Buenos Aires sacó buen provecho del Tratado de Pilar pues José Miguel Carrera quedó libre en oriente y se pudo trasladar a la lucha en Chile, y los más importante, logró que las rentas de la aduana y los negocios del puerto de Buenos Aires no fueran discutidos en el Tratado, con lo que se reservó los principales ingresos pecuniarios de la zona a cambio de una simple promesa de ayuda.

Los generales Miguel Estanislao Soler, Juan Ramón Balcarce e Hilarión de la Quintana, pidieron Cabildo Abierto, 6 de marzo de 1820, y en él, destituyeron a Sarratea y nombraron Gobernador a Juan Ramón González Balcarce.

Buenos Aires se negó a aplicar el Tratado de Pilar, por lo que Estanislao López invadió Buenos Aires, derrotó a Miguel Estanislao Soler en Cañada de la Cruz.

 

 

Juan Ramón González Balcarce fue Gobernador de Buenos Aires de 6 de marzo a 11 de marzo de 1820. Juan Ramón González Balcarce[5] duró cinco días como Gobernador de Buenos Aires. Ramírez y López amenazaron con la intervención armada que hasta entonces no habían hecho.

Otra facción del ejército exigió la restitución de Sarratea, y Balcarce huyó a Montevideo.

 

Manuel de Sarratea fue, por segunda vez, Gobernador de Buenos Aires de 11 de marzo a 2 de mayo de 1820. Sarratea intentó de nuevo cumplir su palabra del Tratado de Pilar.

El 24 de abril de 1820, Artigas logró una reunión que iba a intentar la paz y alianza de todos los contendientes de El Plata, Reunión de Ábalos (Corrientes), pero sólo logró que se le reconociera como Protector de la Libertad. Fue un fracaso para Artigas.

López se conformó con la palabra de Sarratea y regresó a Santa Fe sin plantear más exigencias. Carlos María de Alvear reunió al Cabildo con intención de hacer dimitir a Sarratea, y la reunión a acabó a puñetazos.

A fines de marzo de 1820, Ramírez se retiró también de Buenos Aires. El general Soler salió tras él a atacarle, a quitarle armas y ganado, pero los hombres de Soler se le amotinaron y se negaron a luchar contra Ramírez.

Alvear reunió un grupo de adictos a su persona, veteranos, gauchos, milicianos y negros, y Carrera hizo lo propio con sus allegados y, juntos, levantaron un pequeño ejército que acompañó a Ramírez y le protegió en el camino a Entre Ríos.

Sarratea renunció el 2 de mayo de 1820. Sentía que no tenía autoridad, que cada jefe militar actuaba por su cuenta.

 

Ildefonso Ramos Mexía fue Gobernador de Buenos Aires de 2 de mayo a 20 de junio de 1820. Ildefonso Ramos Mexía duró un mes y medio, de 2 de mayo a 20 de junio de 1820. Ramos Mexía era “Presidente de la Junta de Representantes”.

En estas fechas, la guerra se planteaba entre Artigas y Ramírez. Artigas atacó en Entre Ríos porque no estaba de acuerdo con el Pacto de Pilar, y llevaba en su apoyo a la Banda Oriental, Corrientes y Misiones. Artigas venció inicialmente en Las Gauchas, pero luego fue derrotado en Bajada del Paraná, Sauce de Luna, Rincón de Yuguerís, Mandiosoví, Mocoretá, Las Tunas, Osamentas, María Madre, Ábalos y Cambay. Tras todos estos pequeños golpes, Artigas quedó inoperante y muchos de sus oficiales se pasaron a Ramírez, a Buenos Aires o a los brasileños. Artigas acabaría huyendo a Paraguay y desapareciendo del protagonismo político.

Ildefonso Ramos no estaba dispuesto a cumplir con el Tratado de Pilar en el sentido de que no deseaba enviar delegados al congreso de San Lorenzo convocado por Estanislao López. Entonces López atacó a Buenos Aires a mediados de junio y llevaba a sus órdenes a Carlos María de Alvear y a José Miguel Carrera. Ante el ataque inminente, Ildefonso Ramos renunció el 20 de junio de 1820.

 

El 20 de junio de 1820 se hizo cargo del Gobierno de Buenos Aires el Cabildo, presidido por Miguel Estanislao Soler. Miguel Estanislao Soler duró una semana, de 20 de junio hasta 29 de junio. El 28 de junio, Miguel Estanislao Soler, Domingo French y Manuel Pagola, al mando de 1.200 hombres, atacaron a Estanislao López. Fueron derrotados por Estanislao López en Cañada de la Cruz. No era una batalla importante, apenas 200 muertos, pero dejaba claro que Buenos aires no era militarmente superior a las Provincias del Paraná – Uruguay. Soler fue sustituido por Manuel Dorrego.

 

En 29 de junio de 1820 se nombró Gobernador de Buenos Aires al coronel Manuel Críspulo Bernabé Dorrego[6]. Estuvo hasta 20 de septiembre de 1820. Dorrego había regresado del exilio de Baltimore en abril y se había hecho cargo del ejército de Buenos Aires (estableciendo acuerdos con los jefes de milicias Martín Rodríguez y Juan Manuel Rosas), fue nombrado Gobernador y se puso a luchar contra Estanislao López, José Miguel Carrera[7] y Carlos María Alvear[8] en un sinsentido lógico, pero realidad política, pues todos eran republicanos federalistas. La diferencia era que, en ese momento, Dorrego lideraba Buenos Aires. Dorrego trataba de reunir los 6.000 hombres de que disponía Buenos Aires, todo lo que podía, y atacó. Al principio les derrotó en San Nicolás de los Arroyos, donde los federales perdieron tres de sus cinco barcos de abastecimiento, los cuales eran comandados por el irlandés Campbell, frente a los barcos de Buenos aires mandados por Ángel Húbac. Una vez dañado el servicio de intendencia federalista, Dorrego atacó a López y le venció en Pavón el 12 de agosto de 1820. López estaba intentando negociar una paz por separado, pues desconfiaba de la gran fuerza que estaba acumulando Francisco Ramírez, su socio, y exigía reparaciones de guerra que Buenos Aires le negaba.

Pero Estanislao López también tomó sus medidas: despidió a Alvear, al que acusó de inoperancia continuada y se dispuso a tomar el mando y hacerlo más eficaz. Dorrego pidió conversaciones de paz, una buena táctica cuando se quiere hacer la guerra y distraer al enemigo, al tiempo que atacaba Santa Fe en 12 de agosto de 1820. Acompañaban a Dorrego, el general Martín Rodríguez y el comandante Juan Manuel de Rosas. López fue perseguido y aprovechó el conocimiento del terreno para ganar ventaja, darse la vuelta y atacar el 2 de septiembre de 1820, fecha en que venció en Gamonal, en una derrota muy seria para Dorrego y Buenos Aires.

En 20 de septiembre de 1820 fue depuesto Dorrego y Buenos Aires cayó en un vacío de poder (los argentinos dicen “anarquía”, pero anarquía significa otras cosas, incluida violencia y desórdenes sociales) del que se salió por un pacto entre Anchorena, Rivadavia y Rosas, quienes pusieron al frente del gobierno al general Martín Rodríguez en 26 de septiembre de 1820.

 

En Chile:

Mientras tanto, en el oeste del continente, Chile, se estaba librando la guerra de San Martín. El 20 de agosto de 1820 San Martín empezó el ataque a Perú:

En febrero de 1820, San Martín había pedido una demostración a los ingleses de Cochrane que garantizasen tan alto gasto como los 700.000 pesos que habían pedido en noviembre de 1818, y Cochrane atacó Valdivia, el primer puerto español tras pasar el Estrecho de Magallanes, bastante al sur de Santiago. Se consideró un éxito y se aceptó la colaboración británica.

El 20 de agosto de 1820 salieron 20 barcos de transporte, transportando 6.000 hombres, escoltados por los siete de guerra de Cochrane. Cochrane, como estratega, quería desembarcar en Callao, pues si se quería atacar Lima, Callao estaba muy cerca. Pero San Martín ordenó, el 8 de septiembre de 1820, desembarcar en Pisco, 200 kilómetros al sur de Callao, esperando la sublevación general peruana y un mínimo de combates y de muertos. Allí estuvo seis semanas esperando. Contaba con 5.000 hombres en tierra, y se enfrentaba a un ejército de 12.000. Prometió una revolución liberal bajo una constitución americana.

Complementariamente a la acción de San Martín, tras romper con Estanislao López en agosto de 1820, José Miguel Carrera intentó rehabilitarse de alguna manera e hizo un plan: robaría en Argentina ganado y caballos para el transporte, y vacas para la alimentación del ejército, y se las ofrecería a San Martín en Chile, junto a los hombres que pudiera reclutar. Llevó a efecto su acción en Arrecifes, en la Pampa. José Miguel Carrera es así otra de las facetas del caos político argentino de 1820.

El 26 de septiembre de 1820 fue Gobernador de Buenos Aires Martín Rodríguez, que inició una época de más estabilidad y duró hasta 2 de abril de 1824.

 

 

La República de Tucumán.

 

Otro territorio independiente, partidario del federalismo antibonaerense, era Tucumán: en noviembre de 1819, el Ejército del Norte de San Martín se había negado a obedecer a Buenos Aires y los amotinados arrestaron al gobernador Feliciano de la Mota Botello y al general Belgrano, nombrando a Aráoz Gobernador, quien hizo una constitución de la República de Tucumán, región aspirante a una República Argentina federada. Bernabé Aráoz de la Madrid era un tipo popular, que había sido nombrado Intendente de Tucumán en 14 de noviembre de 1814, independizándose de la Intendencia de Salta, e imponiéndose sobre Catamarca y Santiago del Estero. A principios de 1816 recibió al Ejército del Norte y ello le dio superioridad sobre Güemes, Gobernador de Salta. La organización de San Martín le beneficiaba mucho a Aráoz. Poco después se instaló en Tucumán el Congreso que declararía la independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica en 9 de julio de 1816. Pero Aráoz era federalista y ello molestaba a Pueyrredón, de Buenos aires, y a su hombre en Tucumán, el general Belgrano, y en 6 de octubre de 1817 cesaron a Aráoz como Intendente. La rebelión del ejército, en 1819, permitió la vuelta de Aráoz, ahora como Gobernador de la República de Tucumán. La aventura duró hasta 1821, cuando Juan Felipe Ibarra se rebeló en Santiago del Estero, y Güemes, Gobernador de Salta, aprovechó para invadir Tucumán y someterlo de nuevo a Salta, como hasta 1814. Güemes murió en un enfrentamiento con los realistas, pero de todos modos Aráoz fue depuesto en 29 de agosto de 1821 y con él desapareció la República de Tucumán. Volvería a intentar dominar Tucumán, pero en una de esas intentonas Aráoz fue capturado en Salta y fusilado en marzo de 1824.

La idea de una República de Tucumán, sería recogida por el coronel Juan Bautista Bustos, quien intentó un centralismo desde Córdoba, pero se le resistieron San Juan, Mendoza y San Luis, que también creían tener derechos a autogobierno.

 

 

El Gobierno de Martín Rodríguez.

 

En Buenos Aires llegó por fin un gobierno estable, el de Martín Rodríguez Rodríguez[9], que gobernaría de 20 de septiembre de 1820 hasta 2 de abril de 1824, casi cuatro años. Era el líder de los estancieros y de la burguesía bonaerense, los verdaderos protagonistas de la “revolución” argentina, una parte de la “contrarrevolución preventiva americana”. Martín Rodríguez, elegido por la Junta de Representantes, escogió como colaboradores a Bernardino Rivadavia (Secretaría de Gobierno, correspondiente a Interior más Exteriores en denominación más actual), Manuel José García (Hacienda) y Miguel Mariano de Villegas. Bernardino Rivadavia eclipsó a todos los demás, y la política de Martín Rodríguez se estudia como política de Rivadavia.

Martín Rodríguez era un jefe de milicias rurales. Entonces ocurrió que las milicias urbanas de Buenos Aires no aceptaron a las rurales de Martín Rodríguez, y los coroneles de milicias urbanas, Manuel Pagola y Quintana se sublevaron. Martín Rodríguez entró en Buenos Aires el 4 de octubre de 1820 al frente de 1.800 hombres de sus milicias, entre los que destacaban los “Colorados del Monte” de Juan Manuel Rosas y hubo una batalla dura, con 300 muertos, en la que fue derrotado Manuel Pagola.

Y con el triunfo de Martín Rodríguez sobre Pagola llegó al fin la paz a Buenos Aires: En 24 de noviembre de 1820, Estanislao López, de Santa Fe, aceptó capitular y se llegó a un pacto, “Tratado de Benegas”, en el que Estanislao López, de Santa Fe, Juan Bautista Bustos desde Córdoba que actuaba como intermediario, y Martín Rodríguez por Buenos Aires, concertaban que: habría paz entre Buenos Aires y Entre Ríos; se reuniría un Congreso Federal en Córdoba para discutir el modelo de Estado de los territorios de El Plata; Buenos Aires indemnizaría a Santa Fe con un dinero y 25.000 cabezas de ganado.

Complementariamente, en septiembre de 1820, Artigas fue derrotado por Ramírez y se pasó al Paraguay, donde estuvo hasta su muerte en 23 de septiembre de 1850, ya sin protagonismo político. El gran caudillo rebelde contra Buenos Aires estaba anulado y aparecía una ocasión de paz duradera.

Para una completa paz, faltaba una solución al conflicto con Francisco Ramírez. En el Tratado de Benegas, López negoció sus propios intereses personales y los de Santa Fe, pero olvidó los intereses del resto de las regiones en guerra. El 29 de septiembre de 1820, Ramírez creó la República de Entre Ríos, como república federal igual a las que surgieran en la región de El Plata. Ramírez, el líder de Entre Ríos, retomó el proyecto de Artigas de “liberar” todo el Paraná-Uruguay bajo su liderazgo. Por lo pronto exigió que Buenos Aires y Santa Fe colaboraran en la lucha contra los brasileños-portugueses. Con cierta lógica, López se negó a luchar, y ni siquiera daba permiso para que las tropas de Entre Ríos pasasen por Santa Fe, lo que restaba movilidad a Ramírez. López y Ramírez habían roto. Esta vez, la sublevación se solucionó por la vía rápida y contundente, enviando a los gauchos de Juan Martínez de Rosas contra los sublevados federalistas, y acabando con ellos.

 

 

San Martín en Perú, septiembre de 1820.

 

De nuevo hay que decir que la guerra importante de finales de 1820 estaba sucediendo al otro lado de la cordillera, en Perú, territorio que era deseado tanto por la Gran Colombia como por las Provincias de El Plata:

En 1820, San Martín había reunido en Valparaíso 8 barcos de guerra y 16 transportes (otra fuente dice 7 barcos de guerra y 20 transportes) que cargaron un ejército el 20 de agosto, y lo desembarcaron en Paracas y Pisco (unos 150 km. al sur de Lima y Callao) el 8 de septiembre de 1820. Permanecieron en los puntos de desembarco hasta fines de octubre.

Lo asombroso para todos era que el virrey Pezuela no tomara ninguna iniciativa y que San Martín no atacara al Perú, lo que sucedió durante algún tiempo.

San Martín había llegado a Paracas, al sur de Lima en 20 de agosto de 1820, y exigió conversaciones con el virrey de Perú, Joaquín de la Pezuela[10].

San Martín y Pezuela decidieron parlamentar y se reunieron en Miraflores el 25 de septiembre de 1820 para evitar derramamientos de sangre. Por San Martín parlamentaba García del Río. Por el virrey Pezuela hablaban el conde de Villar de Fuentes, Hipólito Unanue y Dionisio Capaz. El 26 de septiembre acordaron un armisticio de ocho días para discutir el posible acuerdo.

Las conversaciones eran imposibles porque San Martín exigía la independencia de Perú. San Martín aceptaba la monarquía, pero una monarquía independiente de España, tras la coronación de un príncipe español (otra vez la idea de Aranda y Godoy). El virrey Pezuela no aceptó. Era imposible el acuerdo pues ambos querían el poder sobre la totalidad de América. El 4 de octubre acabó el armisticio y se volvió a la guerra.

San Martín quería hacer tiempo esperando que los peruanos se sumaran a la rebelión contra España, pues no se veía con bastante fuerza como para acabar por sí solo con Perú. Cochrane quería un ataque rápido, que le proporcionara botín a sus hombres, corsarios la mayoría.

San Martín ordenó el ataque sobre Lima, ordenando al general Arenales ir al interior, a Jauja, donde debía sublevar a los indios y atacar desde allí Lima, mientras él mismo fue a Huacho, 96 kilómetros al norte de Lima, para, presuntamente, evitar ataques desde el norte, pero había enviado hombres a Guayaquil para sublevar la ciudad y que le ayudara en la toma de Lima. Cochrane no se entendía con San Martín, pues Cochrane pensaba que se debía atacar Callao, el puerto de Lima, y desde allí Lima, y además tenía miedo de no cobrar, pues pasaban los días y los marinos de guerra eran muy caros cuando no se obtenía botín. Cochrane decidió convencer a San Martín de que era factible ir sobre Callao, y se fue a esta plaza y apresó una fragata española de 44 cañones llamada Esmeralda. Pero San Martín siguió esperando un levantamiento peruano en la idea de que no se debía conquistar un país sino colaborar con los sublevados independentistas. San Martín esperaba el levantamiento porque supe se había declarado independiente en abril de 1819, e Ica, Tarma y Lambayeque lo habían hecho en 1820, pero el levantamiento general se hacía esperar. Invitó personalmente al intendente de Trujillo, marqués de Torre Tagle, un aristócrata criollo a sublevarse y éste hizo una declaración de independencia el 29 de diciembre de 1820 en Trujillo, arrastrando a Piura y a algunas ciudades del norte del Perú. Incluso 650 hombres del batallón español Numancia se pasaron a los rebeldes. Pero la sublevación general no llegaba y San Martín seguía esperando. La situación cambiaría a partir de enero de 1821.

 

 

Paraguay en 1820.

 

Paraguay permanecía completamente al margen de los sucesos sudamericanos, lo que agradaba a la población media baja, por no tener que soportar la guerra, pero sumergía al país en el aislacionismo completo.

Hubo en 1820, una conspiración contra el dictador Francia, gobernante desde 1811, y Francia detuvo a unos 300 sospechosos a los que torturó para que delataran a los conspiradores. Ejecutó a 69 de ellos, entre los que estaban sus antiguos colaboradores Fulgencio Yedros, Fernando de la Mora y Pedro Juan Caballero, y empezó una dictadura feroz.

En 1822, Francia decretaría la autarquía e impuso un terror social en cuyo ambiente desapareció el crimen, los pequeños delitos y la mendicidad, pero también la industria, el comercio y todas las actividades económicas por encima del ámbito familiar.

 

 

Chile en 1820.

 

En 1820, O`Higgins nombró ministro de finanzas a José Antonio Rodríguez Altea, un hombre corrupto que, al saber que O`Higgins no sabía nada de economía, se aprovechó al máximo de su cargo para especular a favor de su pecunio particular con los alimentos, con las empresas de comercio, con los monopolios estatales… argumentando que había muchos gastos de guerra.

 

 

La región de El Plata en 1821.

 

Desde 24 de noviembre de 1820, Estanislao López de Santa Fe, y Francisco Ramírez de Entre Ríos, habían roto. Buenos Aires había conseguido separarles en el Tratado de Benegas, celebrado en la finca de Tiburcio Benegas. Ramírez se había quedado solo en su lucha por independizar las tierras del Paraná – Uruguay. López había tenido que despedir a José Miguel Carrera en señal de voluntad de paz.

En enero de 1821, Francisco Ramírez abandonó Corrientes dejando allí a Evaristo Carriego, el cual se encargó de neutralizar a los caciques que antaño habían apoyado a Artigas, principalmente el guaraní Francisco Javier Sití. El regreso de Artigas se hizo imposible.

En abril de 1821, Ramírez atacó Buenos Aires, y luego fue sobre Santa Fe. Ramírez, de Entre Ríos, atacó Santa Fe con 2.000 hombres comandados por Anacleto Medina y por José Miguel Carrera. Contra los entrerrianos salió el coronel Lamadrid, el cual fue derrotado en Coronda el 8 de mayo de 1821.

Entonces, Estanislao López, Martín Rodríguez y Juan Bautista Bustos, los socios de la Paz de Benegas, salieron a combatir a Ramírez, en una batalla indecisa pero de gran desgaste por ambas partes que tuvo lugar a partir de 24 de mayo.

Ramírez escapó a casa de una amante, donde fue localizado por un oficial de López, que le pegó un tiro el 10 de julio de 1821. Tras este suceso, la República de Entre Ríos desapareció y Corrientes se independizó.

 

 

La República Cisplatina en 1821.

 

En 1820, José Gervasio Artigas, el rico estanciero líder de la Banda Oriental, cometió un error táctico decisivo: además de continuar la lucha contra los brasileños de Montevideo y Maldonado, iniciada en 1817, apoyó la guerra contra Buenos Aires y su proyecto de Provincias Unidas de El Plata. No pudo soportar tan gran desgaste, y el 22 de enero de 1820 fue derrotado en Tacuarembó. Sus teóricos aliados firmaron la paz con Buenos Aires en el Tratado de Pilar de 23 de febrero de 1820, y Artigas les declaró traidores, pero eso significaba su final. Artigas desapareció pocos meses más tarde del protagonismo político.

En Montevideo, en 1820, cabía la posibilidad de regresar a la Corona española, pues Carlota de Borbón, la reina en Brasil podía ceder el territorio a su hermano Fernando VII. Pero la sublevación de Riego en España, el 1 de enero de 1820 por el liberalismo, hizo que se perdiera esta posibilidad, pues Carlota era absolutista. Además, la gran fuerza de apoyo a los portugueses y brasileños, Gran Bretaña y su ministro Castlereagh, no estaba dispuesta a permitir la vuelta de España, pues ello significaría la retirada de sus permisos para comerciar en Río de Janeiro y Montevideo.

En 1821 había en Montevideo un enfrentamiento interno entre realistas (absolutistas) pro-portugueses y partidarios de Pedro I de Brasil, regente de Brasil. Los montevideanos se encontraron de cara la realidad que no habían querido ver, que Río de Janeiro era tan anexionista o más que Río de la Plata o Buenos Aires.

Carlos Federico Lecor[11] optó por la fidelidad a Brasil, y el 15 de junio de 1821 se reunió el Congreso Cisplatino que secundó la decisión de Lecor.

El Congreso Cisplatino fue la reunión de los partidarios de Lecor, una vez que los oponentes como Miguel Barreiro y Joaquín Suárez, habían ido a reunirse con Artigas.

Allí estaban Juan José Durán, Dámaso Alonso Larrañaga, Francisco Llambí, Fructuoso Rivera, Tomás García de Zúñiga, Jerónimo Pío Bianqui, Loreto de Gomensoro, Alejandro Chucarro, José Vicente Gallegos, Manuel Lago, Luis Pérez, Mateo Visillac, José de Alagón, Gerónimo Romualdo Ximeno, Manuel Antonio Sylva y Salvador García. Estos hombres decidieron por unanimidad el 18 de junio de 1821 la incorporación de la Provincia Cisplatina al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve. Brasil estaba regido desde 7 de marzo de 1821 por el Regente Pedro, hijo del rey Juan VI de Portugal, Brasil y Algarve, y discutía su independencia. El 31 de julio de 1821, los representantes de Montevideo acordaron las condiciones de incorporación, sus límites, sus leyes propias, respeto a costumbres y privilegios, independencia de las autoridades civiles autóctonas respecto a las autoridades militares brasileñas, libertad de comercio, industria y agricultura, garantías frente a levas y contribuciones extraordinarias, limitaciones de alojamiento de tropas, consulta a los naturales sobre subidas de impuestos, autonomía religiosa, y nombramiento de un síndico Procurador. Y todos se declararon partidarios de que Carlos Federico Lecor Barón de La Laguna fuera su Gobernador.

Las condiciones de incorporación exigidas por los de la Banda Oriental, ahora Cisplatinos, eran inaceptables para Portugal.

En 1822 la República Cisplatina tuvo estatuto de provincia de Brasil. Su gobernador era Lecor, y éste tenía el apoyo de los estancieros. En 1821, Juan Antonio Lavalleja, que había estado preso en isla Das Cobras, quedó en libertad y se puso a las órdenes de Lecor, en Montevideo. También estaba allí su jefe, de antes y de ese momento, Fructuoso Rivera, que se había pasado a los brasileños a fines de 1819.

El 30 de septiembre de 1821, se ordenó que todas las provincias brasileñas se sometieran al rey de Portugal, y ello causó la desobediencia general, excepto Río de Janeiro, a donde se trasladó el Regente Pedro. El Regente, fue impulsado hacia la independencia de Brasil, el 9 de enero de 1822 con el “yo permanezco”, el 3 de junio de 1822 con la convocatoria de Asamblea Constituyente, y el 7 de septiembre de 1822 con la declaración de independencia.

Buenos Aires no perdió su objetivo ideal de dominar la Banda Oriental, y en 1825 envió a Juan Antonio Lavalleja y los Treinta y Tres Orientales sitiar Montevideo. Pero no logró incorporar el territorio al Reino Unido de El Plata, sino que en 4 de octubre de 1828, la Provincia Cisplatina se independizó de Brasil y comenzó una vida autónoma.

 

 

Bernardino González Rivadavia.

 

El 19 de julio de 1821, el Gobernador del Reino Unido de las Provincias de Río de la Plata, Martín Rodríguez, llamó a Bernardino González Rivadavia[12] para ser ministro del Gobierno y Relaciones Exteriores. La historia de Argentina en 1821-1824 es la obra de Rivadavia. Rivadavia era un unitarista convencido.

El plan de Gobierno de Rivadavia fue amplio y complejo, abarcando los campos de la economía, política, militar y religioso.

Hizo un plan económico para sacar al Gobierno de Buenos Aires de la ruina, y para ello combinó una serie de reformas:

Nacionalizó el manejo del puerto y la gestión de la aduana. Puso tasas aduaneras bajas que atrajeran el comercio exterior. Con ello, llegaron productos extranjeros a precio bajo y se produjeron las dos consecuencias lógicas: se abarataron los precios, y ello le venía bien a los consumidores argentinos, y se hundieron las empresas autóctonas que subsistían gracias a los precios artificialmente elevados, lo que perjudicaba a algunos burgueses. En general, mejoró la calidad de vida, y el Estado ganó mucho dinero en la aduana.

Hizo una reforma financiera con dos pilares básicos: la Bolsa de Comercio y el Banco de Descuentos. La Bolsa de Comercio no tuvo actividad ninguna y es irrelevante. El Banco de Descuentos era una entidad que nacionalizaba las finanzas del país, lo cual era bueno en general para la economía, pero arruinaba a los comerciantes-prestamistas, muy abundantes en el país, muchos de los cuales, tras la llegada de artículos baratos, y los préstamos baratos gestionados por el Estado, abandonaron sus negocios y compraron estancias en el campo. El Banco de Descuentos de Buenos Aires, creado en 1822, negociaba letras y pagarés, lo cual era completamente necesario una vez que había desaparecido el metal precioso que venía de Perú y la moneda no tenía otro respaldo que este Banco. También recibía depósitos y emitía papel moneda. La idea funcionó bien durante un año, pero inmediatamente cayeron en el error de emitir mucho papel moneda, a medida que lo demandaban los comerciantes y negociantes, y la emisión desmesurada de papel introdujo a Argentina en una crisis monetaria y económica muy compleja, que obligaría a pedir créditos muy grandes a Inglaterra.

Se pidió a Baring Brothers, de Londres, un préstamo de un millón (de libras o de dólares) al 6,5% de interés. Los banqueros londinenses exigieron un 50% de quebranto, y el resto fue destinado a pagar deudas de los comerciantes bonaerenses en Londres, lo cual eliminó deuda privada, pero creó deuda pública.

Elaboró un presupuesto del Estado.

 

Reformas políticas y sociales:

Una Junta de Representantes, elegida por el pueblo, designaría al Gobernador, líder del Ejecutivo, por tres años.

El 14 de agosto de 1821 hizo la Ley del Sufragio Universal para varones libres, mayores de 20 años, naturales del país o naturalizados en él.

En noviembre de 1821 hizo la Ley del Olvido, una amnistía que permitió el regreso de Manuel Dorrego, Manuel Estanislao Soler, Manuel de Sarratea, Carlos María de Alvear y otros.

Creó el Archivo General.

La Sociedad de Beneficencia, cuyo principal fin era preparar maestras para niñas con poco poder adquisitivo.

Reorganizó el servicio de Correos.

Reformó la policía.

Estableció escuelas en los fortines y las fronteras donde había militares.

Introdujo el sistema lancasteriano, por el que los alumnos aventajados ayudaban a los más retrasados.

Creó el Colegio de Ciencia Morales a partir de la Unión del Sud.

Creó la Universidad de Buenos Aires en 1821, que impartía enseñanzas de primeras letras en la ciudad de Buenos Aires, estudios preparatorios (enseñanza media) de entrada en la Universidad, y Departamentos de Ciencias Exactas y Dibujo, Medicina, Derecho, Sociedad de Beneficencia (ya explicada) y Escuela Normal para preparar maestros, Ciencias Sagradas y un laboratorio.

 

La reforma militar, no sólo retiró a oficiales de edad, sino que sirvió para eliminar federalistas del ejército. El Estado ahorraba gastos estructurales.

También hubo retiro de empleados civiles, con las mismas características que la anterior.

Otra característica de la política de Rivadavia fue su oposición a gastar el dinero de Argentina en las guerras contra los realistas de toda América, en la gran revolución que soñaban algunos temerarios como Bolívar o San Martín. Dejó sin presupuesto a Martín Güemes en Salta, a José San Martín en Perú y se enemistó por ello con los aludidos. Los nacionalistas argentinos posteriores culpan a Rivadavia de la retirada de San Martín ante Bolívar en Guayaquil. Pero parece más objetivo explicar que la gran preocupación de Rivadavia era Brasil, y pretendía fortalecer Argentina ante una posible invasión brasileña, y que los asuntos de Perú le parecían secundarios frente al peligro brasileño.

 

La reforma religiosa nacionalizó los bienes de la Iglesia Católica y disolvió las órdenes religiosas pequeñas, eliminó algunos privilegios de la Iglesia Católica y suprimió el diezmo.

Abolió el fuero eclesiástico y el diezmo y anuló algunas órdenes religiosas, nacionalizando a continuación sus bienes.

Eliminó la asignatura de religión en educación elemental

 

 

El Congreso de Córdoba.

 

El Congreso de Córdoba, también conocido como Congreso de Tucumán, se reunió en septiembre de 1821, según lo pactado en el Tratado de Pilar, y estuvo activo hasta enero de 1822.

Buenos Aires y Corrientes nunca enviaron delegados a este Congreso, por lo que podemos decir que fue inoperante). Rivadavia se negó a enviar delegados a ese congreso que debía transformar el Estado centralista a un modelo federalista. El motivo era que Rivadavia era centralista y no podía controlar el Congreso: Rivadavia exigió representación proporcional a la población, mientras las provincias del Este exigían representación territorial, lo que dejaba a Buenos Aires en minoría.

El Congreso de Córdoba se concibió como la reunión de los tres Gobiernos, soberanos e iguales, a fin de concretar la organización del nuevo Estado; cada provincia retiraría sus tropas de los territorios de los demás; Buenos Aires ayudaría a los otros dos en su lucha contra los luso brasileños; los ríos Uruguay y Paraná serían de libre navegación; habría amnistía, o Ley del Olvido, para los exiliados políticos; se juzgaría a los responsables de las guerras pasadas; se comunicaría este tratado a José Gervasio Artigas para invitarle a sumarse al proyecto de paz que contenía; Santa Fe y Entre Ríos recibirían armas y provisiones, principalmente ganado, de Buenos Aires a cambio de abandonar a Artigas.

 

 

Perú en 1821.

 

Desde agosto de 1820, San Martín estaba en Perú.

En enero de 1821, el marqués de Torre Tagle, Gobernador e Intendente de Trujillo, se sumó a San Martín, en la primera adhesión de las que esperaba éste. Torre Tagle arrastró a todo el norte de Perú. Pero pocas más adhesiones obtendría, salvo que a fines de 1821, el batallón Numancia se pasó al independentismo.

El 29 de enero de 1821, el ejército español se sublevó contra el virrey Pezuela, motín de Aznapuquio, acusándole de debilidad ante el enemigo, y le sustituyó por el general José de la Serna. España confirmaría, de hecho, en su momento al nuevo virrey.

Llegaron entonces de España instrucciones de que había que negociar con los rebeldes. De la Serna retomó la política de las negociaciones con San Martín el 4 de mayo de 1821 en Punchauca. San Martín le exigía una declaración de independencia y formación de una Junta de Gobierno, que pidiera un rey para Perú de la familia española a España, pero independiente, y La Serna no aceptó (de nuevo aparecían las ideas de Aranda y de Godoy, esta vez en San Martín).

 

Rotas las negociaciones, La Serna evacuó Lima el 6 de junio de 1821, conservando únicamente Callao, donde se refugió. La mayor parte de la fuerza española huía al interior, a las montañas, donde podían fortificarse y no ser sorprendidos por revueltas inesperadas.

San Martín entró en Lima el 12 de junio y convocó Cabildo, que proclamó la independencia del Perú en 28 de julio de 1821. El 28 de julio de 1821, San Martín proclamó la independencia del Perú en la Plaza de Armas de Lima, y el 3 de agosto adoptó el título de “Protector del Perú”, atribuyéndose el mando absoluto sobre los territorios de Lima, Tarma, Huaylas, Trujillo y La Costa. Tomó medidas como decidir bandera, himno, moneda y Gobierno.

San Martín se declaró el 3 de agosto de 1821 “Protector de Perú” y asumió todos los poderes civiles y militares iniciando una dictadura con Juan García del Río como ministro de Exteriores, Bernardo de Monteagudo como ministro de Guerra, e Hipólito Unanue como ministro de finanzas, y empezó a gobernar:

El 12 de agosto declaró que los hijos de los esclavos serían libres.

El 27 de agosto abolió el tributo de los indios y prohibió utilizar la palabra “indio” para referirse a ellos, debiendo utilizarse en adelante “peruanos”. Los indios eran tratados como animales, de modo que cualquiera les mandaba trabajar para ellos cuando se los encontraba en la calle, y la costumbre estaba tan arraigada que los soldados indios hacían lo mismo. La abolición del tributo indio no es una medida tan progresista como parece a primera vista, pues los indios fueron librados de un tributo pequeño, y sometidos a otro tributo mayor, el que pagaban todos los peruanos por igual.

El 28 de agosto abolió la mita, la encomienda y el yanaconazgo, e incluso los servicios personales que la gente acostumbraba a exigir de los indios.

El 12 de agosto de 1821 se liberó a los esclavos que nacieran desde entonces y también se liberó a los más viejos.

 

San Martín prometía marcharse cuando todo Perú estuviera liberado. No dominaba todavía el sur del Perú ni el Alto Perú, donde se habían acantonado los realistas de Pezuela y La Serna.

 

El Gobierno de Perú no le iba a resultar tan fácil a San Martín como se había imaginado: la burguesía peruana era conservadora y amante del monopolio español que garantizaba sus negocios. La libertad de comercio significaba la segura llegada de los Cinco Gremios de Madrid, de la Compañía de Filipinas y de los británicos, y el dominio de los negocios pasaría a estas grandes compañías mercantiles, perdiéndolo los peruanos. El Consulado limeño tenía un acuerdo con Cádiz para tener relaciones muy particulares, con descuentos arancelarios, y libertades en determinadas circunstancias, pero sin comercio libre. Los comerciantes peruanos estaban a gusto en el statu quo con los españoles.

Pero San Martín podía explotar las viejas rivalidades regionales, ya muy antiguas de cuando la creación del virreinato de Nueva Granada no había gustado a Guayaquil, que, desde entonces, se mostraba contraria a Lima, y de cuando la creación del virreinato de Río de la Plata que no había gustado a Charcas (Alto Perú).

 

 

 

Canterac y los montoneros.

 

El 10 de septiembre de 1821, el general Canterac, realista al servicio de España, abandonó el interior, pasó por Lima sin ser molestado y llegó a Callao. Se encontró con una situación difícil de falta de alimentos y decidió abandonar Callao y volver al interior, aunque llevándose el dinero. Nadie le molestó. El ejército de Canterac, en el interior, se dedicó al saqueo y ejecución de líderes independentistas.

Por otro lado, surgieron bandas de montoneros (guerrilleros) integradas por criollos y mestizos, que decían estar al servicio de San Martín, pero que saqueaban también lo que podían y lo estuvieron haciendo entre 1821 y 1824. Eran bandas de 50 a 100 hombres y su base principal estaba en Reyes, siendo sus cabecillas más conocidos Francisco Vidal, Ignacio Ninavilca, Gaspar Huavique e Isidoro Villar.

 

 

Dificultades de San Martín en Perú.

 

Después de que Canterac abandonase Callao, este puerto se rindió, y San Martín creyó que la guerra se había terminado, pero la guerra continuaba, pues el ejército realista no estaba vencido. Las dificultades empezaban para San Martín: Cochrane había perdido dos barcos y hacía tiempo que no podía pagar a sus marineros, así que decidió asaltar a San Martín, tomar el dinero por la fuerza y abandonarle, yendo al Pacífico a hacer el corso.

El 20 de septiembre de 1821 se reunió el Congreso del Perú convocado por San Martín.

En octubre de 1821, San Martín declaró un Gobierno Provisional que debía tener una Constitución otorgada, y envió a García del Río a Europa a buscar un rey para el Perú. También creó la Orden del Sol, creando una nueva aristocracia peruana. Creía que dominando los puertos entre Lima y Santiago de Chile, sería dueño de América del Pacífico. En ese momento empezaron las grandes dificultades para San Martín, que le llevaron al fracaso y a su dimisión final de 1822, con un desánimo absoluto.

Las decisiones del Gobierno de San Martín en Perú no fueron nada afortunadas ni inteligentes:

El 19 de diciembre entregó grandes extensiones de tierra a los generales y oficiales del ejército libertador.

A fines de 1821 expulsó a los españoles solteros y les confiscó sus tierras, medida complementada con otra de principios de 1822 expulsando a los casados y confiscando también sus tierras, medida absolutamente injusta y arbitraria.

El 27 de diciembre de 1821, San Martín convocó Congreso Constituyente para el 1 de mayo de 1822. En realidad tuvo lugar el 20 de septiembre de 1822.

 

 

 

[1] José María Rita de Castelo Branco Correia da Cunha Vasconcelos e Sousa, 1788-1872, I conde de Figueira, 1810-1872.

[2] Andrés de La Torre, 1781-1860 entró al servicio de Artigas en 1815 desde su puesto de capitán del Regimiento de Blendengues, y estuvo con Artigas hasta la derrota de Tacuarembó en 1820.

[3] Matías Miguel de Irigoyen, 1781-1839, era un argentino que hizo carrera militar en España, pero fue herido en 1809 y regresó a Buenos Aires sin apenas graduación. Tras la independencia de mayo de 1809, fue comisionado a Londres. A su regreso, ingresó en el Regimiento de Artillería de la Patria, donde fue Sargento Mayor. En 18 de abril de 1815, formó parte del Tercer Triunvirato (José San Martín, Manuel Sarratea y Matías Irigoyen) que derrocó a Carlos María Alvear. De 1817 a 1820 fue ministro de Guerra para Pueyrredón, Rondeau y Juan Pedro Aguirre, sucesivamente, y el 9 de febrero de 1820 fue nombrado Gobernador de Buenos Aires, cargo en el que estuvo ocho días.

[4] Manuel de Sarratea, 1774-1849, era criollo, hijo de español, había formado parte del Primer Triunvirato, que ya entonces había cedido a Elío la Banda Oriental para quitarse un problema. En 1812 luchaba contra Artigas, el caudillo que había huido del cerco de Montevideo llevándose gran parte de la población tras él. Rivadavia cayó en octubre de 1812 y Sarratea continuó al mando del ejército hasta 1813. Le sucedió al mando del ejército José Rondeau. Sarratea pasó a Europa, donde fue tratado por España como rebelde, y regresó a El Plata en 1816 decepcionado. Colaboró con Pueyrredón.

[5] Juan Ramón González Balcarce, 1773-1836, era hermano de muchos otros protagonistas de la independencia del sur de Sudameríca, entre los que destacan Antonio González Balcarce, uno de los que fue contra Liniers y le ejecutó, y Francisco González Balcarce, que murió en una expedición militar al Alto Perú, Juan Ramón González Balcarce era en 1810 un hombre de Martín Rodríguez y Cornelio Saavedra, de las milicias ciudadanas, y también fue de la logia Lautaro un poco más tarde. En 1818 reorganizó las milicias de Buenos Aires, y en noviembre de 1818 estuvo listo para luchar contra los federalistas de Santa Fe como ordenaba el Director Pueyrredón. Juan Bautista Bustos atacaba desde Córdoba, y Juan Ramón González Balcarce desde Rosario. Pero Estanislao López escapó y derrotó a Balcarce en Monte Aguiar, tras lo cual Balcarce incendió Rosario y huyó a Buenos Aires. De nuevo acompañó a Rondeau a atacar Santa Fe y fueron derrotados en Cepeda el 1 de febrero de 1820. Rondeau fue culpabilizado de la derrota, y Balcarce fue considerado un héroe por la misma acción. Tras el Tratado del Pilar, los generales Soler, Quintana y Balcarce dimitieron y forzaron la caída de Sarratea, nombrándose Balcarce Gobernador, pero otros generales exigieron la vuelta de Sarratea, y Balcarce se exilió a Montevideo. Regresó a Buenos Aires en 1822, colaboró con Rivadavia, fue ministro de guerra para Dorrego y negoció con Brasil la independencia de Uruguay. El 1 de diciembre de 1828 huyó Dorrego ante la sublevación de Juan Lavalle, y Balcarce se volvió a exiliar. Fue ministro de Guerra para Viamonte y Juan Manuel Rosas le encargó atacar la Liga Interior del general Paz en Córdoba, derrotando a Paz en Fraile Muerto. En 1832 fue gobernador de Buenos Aires, hasta que la Revolución de los Restauradores (Juan Manuel Rosas y Agustín de Pinedo) le echó en octubre de 1833. Se volvió a exiliar en 1833 a Concepción (Entre Ríos) y allí falleció en 1836.

[6] Manuel Críspulo Bernabé Dorrego, 1787-1838, era argentino de ascendencia portuguesa, “do Rego”, y estudió en Santiago de Chile. En Buenos Aires se mostró federalista y republicano como Manuel Moreno, Pero José Agrelo, Domingo French, Vicente Pazos Kanki, Manuel Pagola o Feliciano Chiclana. Como se oponía a Pueyrredón, fue exiliado a Baltimore. Regresó a Buenos Aires en abril de 1820 y fue nombrado Gobernador en junio de ese mismo año.

[7] José Miguel Carrera, 1785-1821, era un chileno que luchaba en 1820 en Entre Ríos por el federalismo, y se ocupó en debilitar a Buenos Aires levantando a los indios que organizaban matanzas y saqueos contra estancieros porteños. Tras la derrota y muerte de Ramírez, presidente de Entre Ríos, en 10 de julio de 1821, Carrera fue entregado por sus propios soldados y fusilado en 30 de septiembre de 1821.

[8] Carlos María Alvear, tras la derrota y muerte de Ramírez en 1820, huyó a Montevideo. Regresó a Buenos Aires tras la amnistía de 1822 (Ley del Olvido) y, a partir de 1823, se convirtió en oposición federalista a Martín Rodríguez, el Gobernador de Buenos Aires 1820-1824.

[9] Martín Rodríguez Rodríguez, 1771-1845, era bonaerense y había luchado a las órdenes de Pueyrredón contra los británicos, a las de Belgrano en Paraguay, y a las de Cornelio Saavedra en 1811. En 1812 era Jefe de Estado Mayor en el Ejército del Norte y fue derrotado las más de las veces. Por estas derrotas sucesivas, sorprende que el 26 de septiembre de 1820 fuera nombrado Gobernador de Buenos Aires. La explicación radica en el hecho de que contaba con el apoyo de los estancieros y clases medias y altas de Buenos Aires, que querían un unitarista que favoreciera sus negocios.

[10] Joaquín de la Pezuela Griñán y Sánchez Muñoz deVelasco, 1761-1830, marqués de Viluma, y virrey de Perú, 7 de julio de 1816 a 29 de enero de 1821, era un militar de familia oriunda de Santander, que llegó a América en 1805. De ideología netamente absolutista.

[11] Carlos Federico Lecor, 1764-1836, barón de La Laguna, era un militar portugués promocionado por los franceses en Portugal tras su invasión de 1807, pero que había huido a Londres en 1808 como tantos otros militares portugueses y regresaron en noviembre de 1808 para luchar contra los franceses, siguiendo al Comandante General Arthur Wellesley en sus luchas en España y más allá de la frontera española con Francia en 1814. En 1815 recibió el encargo de conquistas las tierras de la Banda Oriental y en diciembre de 1815 salió de Lisboa con un ejército. En 4 de enero de 1816 tomo Maldonado, un puerto secundario en el estuario, y el 20 de enero tomó Montevideo, el puerto principal que permitía a los brasileños y británicos de Río de Janeiro comerciar en la zona. Su objetivo era conquistar el máximo de tierra, pero la rebelión de José Gervasio Artigas se lo impidió. Lecor dominaba el puerto, pero tenía dificultades en el estuario y los ríos, pues los corsarios instalados en Sacramento se lo ponían difícil, y sobre todo, no dominaba el interior, donde triunfaban las guerrillas de Artigas y sus indios.

[12] Bernardino de la Trinidad González Ribadavia y Rivadavia, 1780-1845, es conocido por su segundo apellido, Rivadavia con uve. Era hijo de español gallego e ingresó en las milicias de Voluntarios de Galicia y se puso a favor de Liniers en 1808. Estuvo en los sucesos de 20 de mayo de 1810 en Buenos Aires. Por su origen, fue tachado de españolista, y expulsado de Buenos Aires en aquellos días, pero el Primer Triunvirato le volvió a llamar y fue Secretario de Guerra. En 8 de octubre de 1812, el Segundo Triunvirato arrestó y expulsó de nuevo de Buenos Aires a Rivadavia, pero en 1814 Belgrano le volvió a llamar para ir a Europa a buscar un rey para Río de la Plata, expedición que fue un fracaso. En Inglaterra, Rivadavia conoció a Jeremy Bentham y su “utilitarismo”. El triunfo político mayor de Rivadavia se produjo en 1821 cuando Martín Rodríguez le hizo ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores. Tomó tal protagonismo, que eclipsó al Gobernador y al resto de los ministros. El 6 de febrero de 1826, el Congreso General de Buenos Aires le hizo Presidente de las Provincias Unidas de Río de la Plata, que fue su mayor grado en política, pero también el inicio de su caída, pues era fuertemente centralizador y se puso en contra a los federalistas y a los conservadores en general. También en ese año, empezó una guerra contra Brasil, que había invadido el oriente, y aunque venció en febrero de 1827 en Ituzaingó, estaba convencido de que la victoria era imposible y mandó negociar la paz, cediendo la Banda Oriental a Brasil. El tratado le causó tal impopularidad, que el 27 de junio de 1827 renunció, siendo sustituido por Vicente López Planes. En 1829, Rivadavia se fue a España. En 1834, intentó volver a Argentina, pero el Gobernador Juan José Viamonte no se lo permitió, por lo que se dirigió a Mercedes (Uruguay), Colonia (Uruguay), Brasil y regresó a España en 1842, falleciendo en Cádiz en 1845.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor
Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.


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