LAS INDEPENDENCIAS CENTROAMERICANAS, 1820-1824

 

 

 

 

LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO.

 

 

Consecuencias de la revolución liberal española

de 1820.

 

En 26 de abril de 1820, México supo que Fernando VII había jurado la constitución el 7 de marzo anterior. En mayo, el Virrey Juan Ruiz de Apodaca proclamó la constitución de Cádiz en México. Veracruz juró la constitución y la guarnición obligó al Gobernador Dávila a jurarla, presionaron al virrey para que jurara y lo hizo en 31 de mayo de 1820. Entonces se unieron la Iglesia, el ejército y la oligarquía criolla para tratar de imponer sus ideas sobre la nueva situación. En propiedad, sólo algunos de los soldados de Veracruz y algunos comerciantes de este mismo puerto, eran liberales, y el problema era cómo revertir la situación para que gobernasen los de siempre. Otra vez estamos en el tema de la “contrarrevolución” o involución, a la que los mexicanos llamarían “revolución”.

Los liberales empezaron a tomar medidas de Gobierno:

En septiembre de 1820 se procedió a la elección de diputados para las Cortes de España, lo cual era intrascendente de cara a los negocios de la Iglesia y potentados mejicanos, pero enseguida llegaron los decretos españoles del Trienio Liberal, muy peligrosos para los privilegiados mejicanos:

La desamortización de bienes de la Iglesia; prohibición de fondos de capellanías y obras pías, expulsión de los jesuitas, supresión de órdenes monásticas y hospitalarias, abolición del fuero eclesiástico, confiscación de bienes de los obispos, fueron medidas que molestaron a la Iglesia mexicana. La supresión de algunos de sus privilegios fue interpretada como una ofensa a Dios, desorden político y motivo suficiente para matar. Para muchos sacerdotes, la defensa de los privilegios de la Iglesia era más importante que el sagrado quinto mandamiento.

La abolición de mayorazgos, abolición de repartimientos de indios y prohibición de todo trabajo forzado, molestaron a los hacendados.

La supresión de los tribunales especiales molestó a muchos jueces.

Además, en septiembre de 1820 se abolió el fuero militar para casos no militares (en junio de 1821 se haría para todos los casos) y se molestaron los militares.

La situación era entendida en México como muy comprometida, y de hecho, no se atrevieron a empezar a aplicar estos decretos hasta enero de 1821.

 

 

La contrarrevolución de La Profesa.

 

Un grupo de criollos y peninsulares absolutistas se reunía en el oratorio de San Felipe, conocido popularmente como La Profesa para hablar de independencia a fin de imponer un gobierno ilustrado que evitara los excesos propios del pueblo bajo.

La conspiración de la Profesa era una reunión secreta de tipo masónico, pero liderada por obispos y clérigos católicos, es decir, reuniones secretas como las de los masones, pero en sentido político contrario, antiliberales: su organizador era el canónigo Matías de Monteagudo, y participaban en ella Manuel de Bárcena, fray Mariano López-Bravo Pimentel, el Regente de la Real Audiencia Miguel Bataller, el Fiscal de la Inquisición José Tirado, Juan José Espinosa de los Monteros, Antonio Mier y Villagómez, José Bermúdez Zozaya, Juan Gómez de Navarrete, el obispo de Puebla Antonio Joaquín Pérez-Martínez Robles, y otros. Los clérigos estaban muy indignados por la supresión de la Compañía de Jesús (20 de agosto de 1821), la abolición de los fueros del clero y la orden de liberar a insurgentes mejicanos presos.

Este grupo, se había hecho inicialmente con el Batallón de Voluntarios de Fernando VII creado en 1809, pero en 1820 esta fuerza militar no era suficiente como para garantizar el éxito de un golpe de Estado absolutista, porque los comerciantes y soldados de Veracruz habían vitoreado la constitución de Cádiz, y el virrey la había aceptado.

En noviembre de 1820, los conspiradores de La Profesa concibieron un plan para hacerse con el ejército mejicano: aprovecharon una suplencia, para dar a Agustín de Iturbide alto mando en tropa, teóricamente para combatir a Vicente Guerrero en el sur. Agustín de Iturbide, 1783-1824 era un militar, hijo de un comerciante vasco, pero había nacido en Valladolid (México).

El virrey cometió el error de dejarse engañar por los conspiradores y dio el nombramiento a Iturbide en 15 de noviembre de 1820 ascendiéndole a brigadier. Y efectivamente, el 16 de noviembre Iturbide salió para el sur y tomó posesión del mando. Inmediatamente, Iturbide trató de liberarse de sus obligaciones militares, y ofreció a Vicente Guerrero (10 de enero de 1821) un indulto, que Guerrero no aceptó. También pidió y obtuvo fondos de los obispos mejicanos para comenzar una guerra más seria que combatir a los guerrilleros.

El independentista insurgente Vicente Guerrero proponía pactos entre españoles y mexicanos para conseguir la emancipación. Iturbide no estaba allí para vencer a Guerrero y propuso un intermediario de diálogo, el obispo de Puebla Joaquín Pérez Martínez, miembro destacado de la conspiración de La Profesa. El 24 de febrero de 1821 llegaron a un acuerdo conocido como Plan de Iguala.

En 10 de febrero de 1821, Guerrero aceptó conversaciones de paz, a Iturbide quedó libre para utilizar sus ejércitos donde le pareciera. El virrey Apodaca declaró a Iturbide fuera de la ley, pero eso ya era un detalle sin importancia para los conspiradores de La Profesa. El clero mejicano se declaró independentista, enemigo de España. Los clérigos estaban dispuestos a la guerra.

 

 

El Plan de Iguala.

 

El 24 de febrero de 1821 Iturbide proclamó el Plan de Iguala, de acuerdo con el líder independentista Guerrero: Lo fundamental eran las “tres garantías”, por lo que este plan, y otras medidas políticas de por entonces, fueron denominadas “trigarantes”:

Catolicismo y mantenimiento de los privilegios de la Iglesia.

Independencia de Nueva España.

Unidad territorial de México.

Otras declaraciones del Plan de Iguala hablaban de:

Establecer una Junta de Gobierno mejicana.

La igualdad de los mejicanos y españoles, sin distinción de raza, en el acceso a cargos públicos y en los derechos sociales.

Abolición de la esclavitud.

Ratificación de todos los privilegios del clero.

Establecimiento de unas recompensas para los militares.

“Ejército trigarante”, integrado por insurgentes y por soldados de Iturbide, absolutistas, pero antiespañolistas.

Una monarquía constitucional. Sería rey de México Fernando VII o la persona de su familia que éste designase. Se haría una constitución mexicana de tipo moderado.

 

El 3 de marzo, el virrey Apodaca rechazó el Plan de Iguala y declaró a Iturbide fuera de la ley.

Desgraciadamente, el ejército mejicano se dividió en dos bandos, liberales e iturbidistas, con gran desconocimiento de lo que estaba sucediendo, pues no creían que apoyar a Iturbide fuera estar con el absolutismo.

 

 

Juan O`Donojú y el Tratado de Córdoba.

 

En julio de 1821 fue designado Jefe Político Superior interino de Nueva España Pedro Francisco Novella y Azabal, que sustituía al virrey Juan José Ruiz de Apodaca conde de Venadito. Permanecería en el cargo hasta septiembre de 1821. Ya no existían Virreyes, pues la constitución española los había sustituido por Jefes Políticos Superiores.

El 2 de agosto, Iturbide tomó Puebla, una base militar importante.

En agosto de 1821, España envió al general Juan O`Donojú O`Ryan como Jefe Político Superior titular. Juan O`Donojú[1] llegó a Veracruz en 3 de agosto de 1821.

O`Donojú se encontró con la sorpresa de que los mexicanos no querían constitución ni derechos provenientes de España, sino independencia, y ofreció conversaciones a Iturbide. La situación era límite, pues conoció que los dirigentes de ciudad de México eran rebeldes y partidarios de Iturbide. O`Donojú, ordenó el cese de hostilidades con los insurgentes y solicitó una entrevista con Iturbide.

Se entrevistaron el 24 de agosto de 1821 en Córdoba y se firmó el Tratado de Córdoba:

Se reconocía a México como nación soberana e independiente con el nombre de Imperio Mexicano.

Se sugería que el rey de México sería Fernando VII, Francisco de Paula de Borbón, o Carlos María Isidro de Borbón. Y si ninguno de los tres aceptaba, las Cortes mexicanas designarían un emperador.

El Tratado de Córdoba era papel mojado, pues los rebeldes de La Profesa y su líder militar Iturbide no reconocían la autoridad de O`Donojú, ni la de España. No es fácil de explicar el papel de O`Donojú ni en cuanto la aceptación del tratado, ni en cuanto a integrarse en un Consejo de Regencia mejicano, pero así fue.

El 27 de septiembre de 1821, el ejército trigarante (catolicismo, independencia y unidad de México), con Iturbide y O`Donojú a la cabeza, entró en Ciudad de México. El 28 de septiembre estableció una Junta de 34 personas, todas ellas eclesiásticos y hacendados, denominada Junta Provisional Gubernativa. La Junta, redactó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano y nombró una Regencia de cinco miembros, cuyo presidente de Regencia era Agustín de Iturbide; primer regente O`Donojú; segundo regente Manuel de la Bárcena; tercer regente José Isidro Yáñez; y cuarto regente Manuel Vázquez de León. Y convocaron elecciones para un Congreso.

El 28 de septiembre se proclamó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano. Se calculaba que en esos momentos comprendía cuatro millones de kilómetros cuadrados habitados por seis millones de personas.

En 4 de octubre se constituyó un Gobierno con cuatro ministerios: Relaciones Interiores y Exteriores; Justicia y Asuntos Eclesiásticos; Hacienda; y Guerra y Marina.

El 8 de octubre de 1821 murió O´Donojú, de pleuresía. Su cargo de teórico Jefe Político fue asumido por uno de los rebeldes, el obispo de puebla Antonio Joaquín Pérez-Martínez. Los conspiradores de La Profesa habían triunfado de pleno. España trató entonces de restablecer su autoridad en México, pero ya no pudo.

En 1821, se empezaron a marchar la mayor parte de los españoles y se llevaron el dinero que pudieron, considerando perdido a México. No estaban nada desencaminados.

 

 

El populismo de Iturbide.

 

La Iglesia Católica trató de salvar sus intereses y predicó que el régimen de Iturbide era lo mejor para Dios y para todos los mejicanos y llevó a las masas al lado de Iturbide. Las figuras de Hidalgo y de Morelos fueron cambiadas en la prensa eclesiástica mejicana desde la categoría de asesinos sin escrúpulos, a la de héroes nacionales y mártires de la revolución.

Iturbide inició una típica política populista, propia de gobernantes incultos, y de dictadores de todo signo, de derechas y de izquierdas: crear trabajo a costa de subvenciones del Estado. Estas políticas suelen ser inestables e irracionales, unas veces librecambistas más allá de donde permite el nivel de desarrollo del país, otras veces proteccionistas cerradas, sin dar opción a la modernización y el desarrollo. Y lo más común es que haya movimientos de vaivén entre ambas, sin saber qué deben hacer, ni mantenerse en unos principios éticos. Es difícil encontrar ejemplos de dictadores equilibrados y con moral a prueba de crisis. En fin, Iturbide:

Bajó los impuestos al oro y la plata hasta el 3%, cifra irrisoria, a fin de que las minas se pusieran en producción, y hubiera trabajo para todos, y consiguió exportar más metales preciosos, pero no que hubiera suficientes puestos de trabajo.

Esta medida era casi simultánea a la dada en 15 de diciembre de 1821, el decreto de librecambio, con arancel uniforme del 25%.

Y entonces la mayor parte de los comerciantes españoles se fueron a España o a Cuba y empezaron a llegar comerciantes norteamericanos y británicos.

El resultado de una política económica populista fue muy negativo para México: en 1816 habían atracado en México 399 barcos norteamericanos y 95 británicos. A partir de 1821, México se convirtió en importador neto. Aunque exportaba oro, plata, cochinilla, añil, vainilla, algodón y curtidos, empezó a importar manufacturados diversos, sobre todo textiles, y la industria textil de Puebla y Querétaro se arruinó. Financiera e industrialmente, el librecambio fue un fracaso, y en 1827 se subió el impuesto a un 40% mínimo, con muchos productos con arancel superior y algunos absolutamente prohibidos a la importación, lo cual ya era proteccionismo, y en 1829 se fue al proteccionismo total de todo producto que se fabricara dentro de México. Era el reconocimiento oficial, pero no públicamente declarado, del fracaso de 1821.

El populismo mejicano dio sus frutos políticos en Centroamérica: el 5 de enero de 1822 la Capitanía General de Guatemala pidió su incorporación al Imperio Mexicano, lo que significaba un cierto éxito propagandístico para el Gobierno Iturbide.

 

 

La guerra con España en 1822.

 

El 12 de febrero de 1822, España rechazó el Tratado de Córdoba. Era natural que no se aceptaran las decisiones de O`Donojú, de ceder por las buenas. Ese acuerdo firmado entre españoles y criollos mejicanos, no tenía sentido de Estado.

La primera consecuencia fue que los españoles fueron entonces declarados enemigos por los mexicanos iturbidistas. Los españoles fueron expulsados de los cargos públicos y sus puestos fueron ocupados por criollos. Se confirmaba la ruptura entre españoles y criollos. Se oponían a la emancipación algunos españoles y algunos grupos indígenas como los chinantecas de Oaxaca y los opatas de Sonora.

La segunda consecuencia fue que Iturbide se apresuró a formar un ejército netamente mexicano, organizado en cinco distritos militares. Estaba preparando una guerra inminente.

El Congreso de los independentistas mejicanos se reunió en 22 de febrero de 1822. En él, aparecieron tres grupos: los borbonistas que querían un Borbón como rey, los iturbidistas que querían a Iturbide como rey, y los republicanos. No fue esa la única dificultad del momento, pues había otra más importante: el Congreso pidió primacía sobre Iturbide, es decir la soberanía, pues no aceptaba que Iturbide fuera a la vez Jefe de la Regencia y generalísimo del ejército. La concordia aparente entre grupos habida en Iguala había desaparecido.

Iturbide insistió en el populismo cerrado, al estilo de todos los dictadores: El 19 de mayo de 1822, Iturbide sacó el ejército a la calle gritando “Viva Agustín I, Emperador de México”, e hizo que el Congreso le declarara emperador de México con el nombre de Agustín I. El emperador adoptó, provisionalmente, la constitución española de Cádiz.

No todo era irracionalidad en México: En 1822, Juan Francisco de Azcárate y Lezama, encargado de Asuntos Exteriores mejicanos, concibió un plan diplomático muy amplio, basado en cuatro puntos fundamentales: relaciones con los indios del norte; relaciones con Estados Unidos; relaciones con Rusia; relaciones con España, Santa Sede, Inglaterra y Latinoamérica. Respecto a los indios apaches, comanches y lipanes, decidió establecer unas relaciones que evitasen la belicosidad permanente de estas tribus, y establecer algunas relaciones comerciales. Respecto a los Estados Unidos, se reunió con Joel Roberts Poinsett, aceptando el Tratado Adams-Onís de 1821, firmado por España, que cedía la Florida a los Estados Unidos, pero manifestando la injusticia de esta situación, pues el rey de España no tenía derecho a ceder territorios de la Corona. No obstante, quería asegurarse que la progresiva emigración de americanos hacia el sur no se adueñase de Texas, Nuevo México y California. En lo tocante a Rusia, quiso fijar los límites de estos colonizadores que se habían establecido al norte de San Francisco. Y por último, pensó un plan para establecer relaciones con España, Santa Sede, y Latinoamérica.

La parte irracional le correspondió a Iturbide. Agustín I ejerció una política económica desastrosa y facciosa. Escogió como ministro de Hacienda a José Pérez Maldonado y este hombre fue un cúmulo de ocurrencias y torpezas: propuso que los españoles pagaran el dinero que faltaba en el Estado; emitió papel moneda que se depreció inmediatamente; tomó préstamos forzosos que enfurecieron a los hacendados; pidió donativos; redujo la alcabala del 16 al 6%, suprimió los impuestos de licores, suprimió muchos aranceles, y no puso nuevos impuestos, sólo para favorecer a los comerciantes criollos; acumuló déficit y deuda sin recato. Así que se quedó sin dinero muy pronto.

Los españoles siguieron emigrando en 1822, llevándose su dinero. Entonces, Pérez Maldonado recurrió a empréstitos en el exterior y emprendió un plan de recuperación de las minas abandonadas, lo cual requirió enormes inversiones, pues por algo estaban abandonadas. El plan de las minas abandonadas fue un fracaso rotundo.

Mientras cometía tantas torpezas, Agustín I mantenía los privilegios de la Iglesia y el Ejército, protegía al latifundio y garantizaba la sumisión de los obreros agrícolas a sus patrones, es decir, todos los deseos criollos. Incluso una medida que apareció como muy positiva, la prohibición de la trata de esclavos de 13 de septiembre de 1821, hay que matizarla, pues simplemente declaró libres a los hijos de esclava que nacieran en adelante.

Ante las quejas de los soldados por la poca paga y pocos ascensos, Iturbide culpo de ello a la permanencia de soldados españoles entre la tropa. Buscaba una salida populista, propia de personas de moral baja.

El 31 de octubre de 1822, Iturbide disolvió el Congreso y los sustituyó por una “Junta Instituyente”, de menos miembros y más manejable que el Congreso.

Para entonces, los militares empezaron a protestar por falta de paga. Muchos militares eran españoles que se habían pasado a primera hora con Iturbide. La principal protesta se produjo en Veracruz:

El conflicto de Veracruz surgió en los siguientes términos: La ciudad de Veracruz era del ejército mejicano, pero la fortaleza de San Juan de Ulúa, que controlaba la entrada al puerto, era de los españoles. Entonces, Antonio López de Santa Anna, comandante del ejército mejicano en Veracruz, decidió acabar con los realistas de San Juan de Ulúa por su cuenta. San Anna fue cesado en noviembre de 1822. Entonces Santa Anna se sublevó en 1 de enero de 1823 y se unió a Guadalupe Victoria sublevándose contra Agustín I el 6 de diciembre de 1822 en el Plan de Veracruz. Pedían la restauración del Congreso, la deposición de Iturbide, y la reafirmación de las tres garantías de Iguala. José Antonio Echávarri, comandante de Iturbide, también se pasó a los rebeldes el 4 de febrero de 1823 Plan de Casa Mata: restablecer un Congreso ya sin Iturbide y unirse republicanos y monárquicos contra el dictador.

Agustín I quedó encerrado en Ciudad de México sin dinero y sin ejército y abdicó el 19 de marzo de 1823, marchándose a Italia. Pero volvió en 1824 esperando que le restituyeran la corona, siendo el resultado muy diferente pues le apresaron y fusilaron.

 

 

Las provincias en 1823.

 

Guadalajara era un elemento discorde, pues en 1823 se declaró territorio federal, es decir, con autonomía propia. El origen de esta iniciativa fue la constitución en 1821 de la Junta Patriótica de Nueva Galicia con sede en Guadalajara, que desde entonces opinó en política sobre los sucesos de ciudad de México. También Zacatecas, al norte de Guadalajara, se independizó de México. Y con ello, Nueva Vizcaya y Coahuila quedaban aislados del centro del poder, ciudad de México.

Por el sur, Centroamérica se fue del Imperio de México y creó sus Provincias Unidas de Centroamérica, pero Chiapas se quedó en México, ya para siempre.

 

En Celaya (Guanajuato) se reunieron representantes de Michoacán, San Luis de Potosí y Guanajuato para hacer un nuevo congreso constituyente y el 9 de junio de 1824 convocaron elecciones para un Estado Federal. Los federalistas padre Mier y Miguel Ramos Arizpe se enfrentaban a los unitaristas Lucas Alamán y Carlos María Bustamante. Provisionalmente, hicieron un Acta Constitutiva de la Federación.

En 4 octubre de 1824 hicieron una constitución republicana federal. Era un Estado federal con 19 estados. Se declaraban católicos. El presidente la República fue Guadalupe Victoria y el vicepresidente Nicolás Bravo.

El 1 de enero de 1825 inició sus sesiones el nuevo Congreso. La política del México independiente estaba dominada por los masones: de un lado la Sociedad de York era contraria a los españoles; del otro, la logia escocesa defendía que había que convivir con los españoles y aprovechar sus negocios. En esta última estaba Ramos Arizpe. Pero en 1826 ganaron las elecciones los yorkinos y la consecuencia fue el decreto de expulsión de los españoles de diciembre de 1827. Por segunda vez habría un decreto de expulsión de los españoles en 20 de marzo de 1829, bajo la ingenua e infantil acusación de que se habían adueñado del país durante siglos. Evidentemente era una bandera para atraer a la gente inculta, mientras el país se arruinaba y el ejército se indisciplinaba porque estaba mal pagado. En 1829, perdieron los yorkinos y llegó Bustamante al poder, junto con los “escoceses” y se inició una represión sobre los yorkinos con cambios de obispos, oficiales del ejército y leyes que no les gustaban. Se inició una época en que se pagó deuda exterior y se pagó al ejército, gracias al proteccionismo industrial y al Banco del Avío para financiar proyectos industriales, gracias a un sistema ordenado de cobro de impuestos. Pero pronto sobrevino otro levantamiento, lo cual fue ya una constante en el país, como lo era en la tradición española ese mismo defecto.

 

 

Nueva política a partir de 1823.

 

El 7 de octubre de 1823 se permitió a los extranjeros asociarse con los mexicanos en la explotación de las minas y llegaron siete compañías británicas, dos norteamericanas y una alemana. Pero estas compañías no llegaban a México a invertir, sino a llevarse el dinero que pudieran. El dinero aportado por el conjunto de estas compañías extranjeras no llegó a un tercio de lo que se habían llevado los españoles, y con tan pobre inversión no fueron capaces de sacar adelante los negocios y se arruinaron pronto. La maquinaria vieja traída de Gran Bretaña no valía y los mineros británicos traídos para trabajar en serio, no se adaptaban al clima ni a las costumbres y no rendían en el trabajo. Con ello, la producción de plata descendió en 1826 a 7,5 millones de dólares, la cuarta parte que veinte años antes.

En 1824 se pidieron empréstitos a Gran Bretaña y se logró uno de 3,5 millones de libras concedido por Goldschmidt and Co., y otro por 3,5 millones de libras concedido por Barclay Herring and Co. Ambos llevaban un 50% de quebranto o pérdida del Gobierno mejicano a la hora de la entrega. El Gobierno no pudo hacer frente a esta deuda y las empresas prestamistas quebraron, la primera en 1826 y la segunda en 1828.

 

 

Resultados del proceso de independencia.

 

México se declaró en 1823 como una República Federal Mexicana. Desgraciadamente, o las elecciones no eran limpias, o los perdedores no las aceptaban y la lucha entre las facciones políticas se hacía violenta y se creaban sistemas políticos inestables como les ocurrió a los presidentes Gómez Pedraza, Bustamante y Santa Anna. El problema de base era que la tierra estaba mal distribuida, y las soluciones de hacer pequeños lotes familiares, egidos, no era del agrado de unos o de otros.

Los muertos de 1810 a 1824 habían sido unos 600.000 y ello significó un retroceso económico muy importante. La minería bajó su producción en un 25%, la industria en un 33% y la agricultura en un 50%. El desastre financiero no tiene cuantificación.

La Iglesia mantuvo sus privilegios, fueros y riquezas y acabó provocando las ansias del Gobierno mexicano de apropiarse de esa riqueza. En 1856, la riqueza de la Iglesia se calculaba en 1.000 millones de pesos, la quinta parte de la riqueza nacional mexicana.

El ejército mantuvo sus fueros. En 1821 había 35.000 soldados. Era muy poco eficaz y poco organizado. Iturbide acabó destrozándolo cuando ascendió a muchos y llegó a decirse, exageradamente, que había más oficiales que soldados. Aunque no tanto, sí había 118 generales y coroneles. También hay que decir que no todos los altos oficiales eran mexicanos, pues además de los 81 mexicanos, había 25 españoles. Lo más extraño eran los 12 procedentes de la jefatura de guerrillas mexicanas insurgentes.

El resultado económico de la guerra 1810-1824 fue catastrófico, pues muchos hacendados se arruinaron; los campesinos cobraban un peso a la semana, además de una ración de maíz y otra de frijoles y no tenían poder adquisitivo alguno. Además, sufrían castigos corporales, e incluso tortura, por fallos en el trabajo como impuntualidad o falta de asistencia.

Para paliar la inmensa pobreza se tomaron medidas insuficientes o equivocadas como distribuir tierra. Sobre todo a partir de 1833 se distribuyó tierra en pequeñas parcelas, pero sin dañar el derecho de propiedad de los ya propietarios, es decir, tierras marginales y sin interés alguno.

Los esclavos apenas eran numerosos en México, pues se calculaba que había 3.000 y casi todos vivían en Veracruz, Acapulco y otros puertos. El 13 de septiembre de 1821 se prohibió su venta y se declaró libres a los que nacieran a partir de esa fecha. La esclavitud fue prohibida definitivamente en 15 de septiembre de 1829 siendo presidente Guerrero.

Los indios no fueron bien tratados. Ni siquiera se sabía quién era indio, y se definió indio como la persona de quien la opinión general decía que lo era. Fueron obligados a permanecer en las haciendas cumpliendo sus contratos de trabajo, y su libertad fue sólo teórica. Siguieron siendo un grupo separado y siguieron viviendo concentrados en sus tierras comunales.

 

 

 

 

 

 

LA CAPITANÍA GENERAL DE GUATEMALA.

 

En estos años, 1816-1817, empezaron a llegar a Centroamérica comerciantes británicos, ilegalmente antes de 1818, y legalmente después de esta fecha en la que el Cabildo de Guatemala legalizó este comercio. Los británicos aportaban textiles y se llevaban el añil y la plata.

Los productores de artículos de exportación, principalmente guatemaltecos, estuvieron contentos con los británicos, pero los productores de textiles para el consumo local se vieron muy perjudicados: los cultivadores de algodón, artesanos textiles, comerciantes de paños nicaragüenses y hondureños, preferían el comercio protegido.

En general la Iglesia, hondureños, nicaragüenses y costarricenses, estaban con España, mientras Guatemala era más independentista.

España no fue capaz de aprovechar esta circunstancia de tener tantos adeptos y no supo reaccionar ante las protestas por los impuestos. Tampoco supo mostrarse dura con quienes se debía imponer, seguramente por falta de ejército con el que imponerse, y los centroamericanos empezaron a pensar que España era débil, que no podría hacer frente a los independentistas ni proteger a sus partidarios.

Y España cometió el error de persistir en sus ideas antiliberales en un mundo que avanzaba hacia el liberalismo, de modo que España se convirtió en paradigma del absolutismo, mientras la independencia se apuntó el tanto de aparecer como liberalismo, aunque más tarde la realidad no fuera esa. La batalla de la apariencia la tenía perdida España.

En 1818, fue nombrado Capitán General y Presidente de la Audiencia de Guatemala Carlos Urrutia y Montoya. La obsesión de este hombre fue la represión del contrabando y lo hizo tan mal con sus medidas represivas, que el contrabando se incrementó.

 

 

Guatemala hacia 1820.

 

La idea independentista centroamericana nació en Guatemala en torno a 1820 a partir del periódico El Editor Constitucional que apareció en 24 de julio de 1820. Este periódico defendía la república federal de las naciones centroamericanas. Los grupos conservadores dieron en llamar a estos federalistas “fiebres”, que en el lenguaje de la zona significaba cacos, ladrones de poca monta, porque les consideraban poco honestos, deseosos de tomar para sí los cargos de Gobierno. Contra los federalistas, los conservadores editaron el periódico El Amigo de la Patria a partir de 6 de octubre de 1820 y se declaraban anticonstitucionalistas y antiindependentistas. Los federalistas les llamaron “serviles” porque estaban relacionados con las autoridades del Gobierno y también “gases”, que en el lenguaje de la zona significaba “borrachos”.

La situación económica de Guatemala en 1820 era de crisis profunda: el déficit de Hacienda era grande porque algunos tributos habían sido suprimidos por la Constitución de Cádiz, las alcabalas daban menos ingresos porque había disminuido el comercio exterior, y los cultivadores de tabaco se habían negado a pagar impuestos. En 1821 se gastaron las reservas de la Casa de Rescates y de la Casa de la Moneda. La siguiente solución adoptada en Guatemala fue tomar deuda en grandes cantidades, lo cual no es viable a medio largo plazo. Por su parte, la economía de los particulares estaba en decadencia: el añil había bajado su producción por falta de venta; se estaba intentando plantar nopal y cultivar cochinilla como negocio alternativo que parecía tener mejores ventas, pero el negocio estaba empezando.

En ese ambiente de crisis, había una discusión sobre el liberalismo:

José Cecilio Díaz del Valle[2], conservador, defendía el librecomercio, con ligeras regulaciones para cobrar algunos derechos, es decir, libre para exportar a cualquier parte del mundo, pero con limitaciones a la importación.

El Consulado, españolista, defendía un comercio duramente regulado, con prohibición total de importar textiles británicos.

En el Arancel Provisional de Aduanas de 1822, con Guatemala ya independiente, triunfaron los moderados y se abrió el comercio a Belice. Entraron textiles británicos y se arruinó la producción textil autóctona. A cambio, se exportaba en mayor cantidad el tabaco, añil, algodón y cacao. Los hechos demostraban que España podía haber hecho mucho más, de haber tenido otros planteamientos.

 

 

 

La independencia en 1821.

 

En 1821, fue nombrado Jefe Político Superior de Guatemala, y Capitán General de Chiapas, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, Gabino Gaínza Fernández Medrano[3]. Asumió el cargo el 9 de marzo de 1821. Y al llegar, se mostró independentista.

El 15 de septiembre de 1821, Gaínza convocó Cabildo en la Ciudad de Guatemala y declaró la independencia en el documento “Acta de Independencia de Centroamérica”. Nombró una Junta Provisional Consultiva (en ella estaba Mariano de Beltranena Llano). Ese mismo día convocó a Congreso, que debía reunirse el 1 de enero de 1822. Ramón Casaus se opuso a la independencia. José Cecilio Díaz del Valle estaba a favor de la misma. Los independistas puros, como Pedro Molina Mazariegos, José Francisco Barrundia y José Francisco Córdova se oponían a la anexión a México. Mariano de Larrave, primer alcalde del Ayuntamiento de Guatemala tomó juramento a Gavino Gaínza como jefe de la nueva nación que aparecía en 15 de septiembre de 1815.

Los independentistas se dividieron entonces en independentistas puros, o radicales, e independentistas moderados.

Los independentistas puros, querían un Estado Centroamericano. Entre ellos estaban Pedro Molina Mazariegos, José Francisco Barrundia, José Francisco Córdova. Los independentistas puros eran pocos, carecían de recursos económicos y sólo tenían a su favor el entusiasmo en torno a un periódico, El Genio de la Libertad.

Los independentistas respecto a España, pero unidos a México, fueron denominados “Las Familias” porque tenían el apoyo de las grandes fortunas del país. Estaban liderados por el Capitán General Gabino Gaínza. Los españolistas acabaron pasándose a su lado y contaban con la Junta Provisional Consultiva y con el Ayuntamiento.

Los independentistas moderados, liderados por José Cecilio del Valle, pensaban que primero había que tener unas instituciones y una base económica proyectada y en marcha, y más tarde acceder a la independencia, bien con México, o con independencia pura, y no al revés, entrar en una situación política de independencia sin futuro económico ni instituciones que organizasen y regulasen la sociedad. José Cecilio Díaz del Valle, alcalde de Guatemala, pretendió nombrar los cargos de Gobierno de forma que no cayeran en manos de independentistas radicales y los guatemaltecos cada vez estaban más de su lado. Pero Guatemala, políticamente, se acercó progresivamente a México y empezó a simpatizar con Iturbide y su Plan de Iguala. Y pronto fue seguida por las demás ciudades. En septiembre de 1821, casi todos los cabildos centroamericanos se declararon independientes. Y José Cecilio del Valle pasó a ser diputado en México.

También había voces en contra de la independencia, como la del arzobispo Ramón Casaus y Torres.

La declaración de independencia fue muy popular, y los independentistas puros reaccionaron asaltando el Real Palacio y el Ayuntamiento y destruyendo los símbolos españoles. El caos amenazaba Guatemala.

 

 

La incorporación a México.

 

En 29 de octubre de 1821, Gaínza recibió de Iturbide, una petición para unirse al Imperio de México, junto a una amenaza llevando el ejército mejicano a la frontera con Guatemala. Apenas había pasado un mes de la declaración de independencia, pero la coincidencia del expansionismo de Iturbide con el deseo de Las Familias de unirse a México, acortaban los plazos.

Gaínza se sabía militarmente inferior a México y trató de ganar tiempo agotando plazos, a fin de conseguir un mejor trato del grande frente al pequeño. El 3 de diciembre contestó, tras más de los dos meses otorgados por Iturbide, que la anexión debería ser votada por los Cabildos y se tomó un nuevo plazo.

Mientras tanto, Comayagua se declaró partidaria de la unión con México; Chiapas se declaró partidaria del Plan de Iguala de febrero de 1821 en México; Quetzaltenango se declaró partidaria de unirse a México en noviembre de 1821; Ciudad Real aceptó la anexión; Sololá, deseaba la anexión.

En estos casos, estas regiones buscaban un centro de poder más alejado de ellas que Guatemala, lo cual esperaban que les sirviera para actuar con cierta autonomía. A la vez, la pertenencia a un gran imperio les protegería de posibles invasiones británicas. Los ejemplos de Chiapas y Quetzaltenango arrastraron a las regiones del interior, que se mostraron anexionistas a México. Se difundió la idea de que la ciudad de Guatemala era la residencia de los explotadores y culpables de todos los males. Pero la disidencia con Guatemala no era uniforme, pues si en cada región había dos o tres ciudades, bastaba que una se pronunciase en un sentido, para que otra lo hiciese en el contrario.

El caso más grave era el de Tegucigalpa, que era contraria a la unión con México, lo que suponía que la declaración de unión sería lo mismo que empezar una guerra civil.

El 28 de noviembre de 1821, Gaínza presentó a la Junta Provisional un escrito de Iturbide invitándoles a la unión con México argumentando que esa decisión les salvaría de otras ambiciones extranjeras. Al propio tiempo, Iturbide les prevenía de que, en todo caso, las decisiones de Chiapas y Quetzaltenango de unirse a México eran ya irreversibles y México las defendería con su ejército.

Gaínza recomendó consultar a los municipios y no esperar la formación de un Congreso constituyente. Los Ayuntamientos votaron sí a la anexión a México. El arzobispo Casaus, cambiando de bando, recomendó la anexión a México. El 5 de enero de 1822, Gaínza comunicó a Iturbide que 32 ayuntamientos aceptaban la anexión, 104 la aceptaban con condiciones, 7 se oponían y 21 opinaban que esa cuestión se debía decidir en un Congreso. En consecuencia, Gaínza decidía la anexión de Guatemala al Imperio de México.

Y el 5 de enero de 1822 la Junta Provisional Consultiva de Guatemala decretó la anexión al Imperio de México. Ese mismo día, 5 de enero de 1822, convocó elecciones a un Congreso que debía asumir la soberanía en 22 de marzo de 1822 siguiente.

Los conservadores pidieron a José Cecilio Díaz del Valle un plan organizar la administración y hacer una constitución.

Los liberales propusieron: la derogación del artículo 3 del Acta de Independencia; que las Juntas gubernamentales que habían elegido antes Diputados a Cortes para España, eligieran ahora representantes al Congreso y así todo fuera más rápido; levantar unas milicias nacionales; destituir a todos los sospechosos de colaborar con España. Estaban soñando, fuera de la realidad, pues una vez en manos de México, tendrían que hacer lo que se les impusiera desde México. Los “idealistas” políticos centroamericanos se plantearon temas como qué grupos sociales se harían con el poder, y qué ciudad sería la dominante de las demás; otro problema era que El Salvador, San Vicente, Granada y San José, no habían sido consultadas y no aceptaban la anexión a México. E incluso el 11 de enero de 1822 se sublevó José Matías en El Salvador, declarando ilegítima la unión con México. Los burgueses centroamericanos no tenían sentido de identidad nacional, sino carácter individualista. Tras la desaparición de España en Centroamérica, no quedaba nada que les uniera políticamente, excepto el miedo a las masas de pobres e indios. No tuvieron oportunidad de escoger, porque Iturbide mandó un ejército y los anexionó a México:

El 23 de enero de 1822, Iturbide nombró a Gabino Gaínza Capitán General de Guatemala, cargo que ya ejercía por designación de España, pero ahora lo era por designación de México. Gaínza pidió tropas para defender su cargo, y le fue enviado Vicente Filísola con 600 hombres, que llegaron a Guatemala el 12 de junio de 1822.

El 21 de febrero de 1822 se disolvió la Junta Provisional Consultiva y apareció como poder superior en Guatemala la Diputación de Guatemala, dependiente del emperador de México.

El 12 de junio de 1822 llegó a Guatemala Vicente Filísola, y el 23 de junio Gabino Gaínza fue sustituido en la Capitanía General por el enviado de Iturbide. Gaínza comprendió su error de pedir tropas al enemigo demasiado tarde, y se marchó a México para siempre.

En 30 de octubre de 1822, Agustín I, harto de peticiones de separación de América Central y derechos de los mejicanos, disolvió el Congreso en México. Y mandó apresar a toda la oposición política, convirtiéndose en dictador. Pero José Cecilio Díaz del Valle tenía mucha valía y fue rescatado de la cárcel el 22 de febrero de 1823 para nombrarle Secretario de Estado de Relaciones Exteriores, cargo que no aceptó.

El 6 de diciembre de 1822, Antonio López de Santa Anna proclamó en Veracruz la república, lo que era una declaración de guerra a Iturbide, o Agustín I en ese momento. La crisis en México facilitaba las cosas a los independentistas centroamericanos. Y en febrero de 1823, el Plan de Casa Mata unió a los borbonistas y a los republicanos contra Iturbide. El 29 de marzo de 1823 dimitió Iturbide y abandonó el país. Se restableció el Congreso.

 

Como ya hemos dicho, desde el 11 de enero de 1822, El militar Manuel José Arce Fagoaga y el sacerdote José Matías Delgado se sublevaron en El Salvador contra Nicaragua, y ocuparon Santa Ana, derrotando a las tropas de Gaínza, comandadas por Manuel Arzú, en Sonsonate. Se inició una guerra civil.

México envió, desde Chiapas, a Vicente Filísola[4], quien destituyó a Gaínza y propuso a los salvadoreños negociar directamente con México. San Salvador reclamaba dominar sobre Santa Ana y Sonsonate, y Filísola propuso una solución, que fue dividir Centroamérica en tres Comandancias Generales:

Ciudad Real comprendía los territorios de Chiapas, Tabasco, Choutalpas, Sonocusco, Totonicapán, y Quetzaltenango y su comandante general era Miguel González Saravia.

Guatemala comprendía los territorios de Sacatepéquez, Sololá, Chimaltenango, Suchitepéquez, Verapaz, Chiquimula y Sonsonate y su comandante general era Filísola.

León comprendía los territorios de Comayagua, Nicaragua, Costa Rica y su comandante general era Manuel Rincón.

La solución mexicana, o de Vicente Filísola, disgustó a todos y, por supuesto, no resolvió el problema de la insurrección de El Salvador. Filísola atacó a El Salvador en diciembre y tomó San Salvador el 9 de febrero de de 1823. Para mala suerte de Filísola, Agustín I de México cayó en marzo de 1823 y Filísola se quedó sin respaldo legal. Si México se convertía en una república todos los planteamientos en Centro América cambiaban, pues los conservadores abandonaban el partido de la anexión a México, y los mexicanos se encontraban sin respaldo alguno en la zona.

Filísola convocó Congreso Constituyente y el 29 de marzo de 1823 convocó elecciones. El 7 de mayo de 1823 Filísola fue depuesto. Quedó como comandante militar.

 

 

La independencia de Guatemala.

 

En las elecciones, en Nicaragua y El Salvador ganaron los republicanos. El 24 de junio se reunió el Congreso.

José Cecilio Díaz del Valle defendió en el Congreso de México la independencia de Guatemala con el argumento de que el pueblo guatemalteco no había decidido la anexión a México, sino había sido una imposición de los gobernantes. Lo logró en 1 de julio de 1823, y regresó a Guatemala, donde había sido elegido miembro de un triunvirato del Supremo Poder Ejecutivo de la República Federal de Centroamérica.

La independencia del 1 de julio de 1823 era independencia pura, con soberanía propia de las Provincias Unidas del Centro de América. Comprendía el territorio de las cinco provincias de Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador. Presidente interino fue nombrado Pedro Molina Mazariegos, el independentista puro, hasta que hubo unos nombramientos oficiales en octubre.

Se decidió que el Ejecutivo fuera ejercido por un triunvirato: Manuel José de Arce Fagoaga, Pedro Molina Mazariegos y Juan Vicente Villacorta Díaz.

El Congreso, convocado por Filísola, era complejo: en el Congreso había antiguos anexionistas a México, liberales exaltados (fiebres) que querían federalismo, y liberales conservadores (serviles) que querían un Estado unitario. Hasta el mes de septiembre de 1823, los federales fiebres tenían la mayoría, pero ello se debía a que no se habían incorporado al Congreso los diputados de Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Cuando llegaron estos diputados, la mayoría cambió de signo y fue moderada servil.

Y entonces se empezaron a tomar medidas comprometidas para los centroamericanos y negativas para Filísola:

El 2 de julio se declararon Asamblea Nacional Constituyente, y decidieron adoptar provisionalmente y hasta aprobar su constitución, la de Cádiz de 1812.

El 17 de julio se decretó la expulsión del ejército mexicano. El Capitán General Filísola se tuvo que marchar en 3 de agosto de 1823, pero decidió ir a Chiapas y ocuparla para México.

Una vez cambiada la mayoría en el Congreso, en 4 de octubre de 1823 se eligió un nuevo triunvirato moderado: Manuel José de Arce, Tomás O`Horán Argüello y José Cecilio Díaz del Valle. Las dificultades continuaban: Granada era liberal, León era conservador, Costa Rica quería ser independiente, El Salvador era federal…

 

 

La consolidación de la independencia.

 

El 17 de diciembre de 1823, se dieron una constitución federal, promulgada el 27 de diciembre de 1823, a la que denominaron “Bases”.

Bajo el cobijo de esta constitución, cada territorio organizó sus propias elecciones a un Congreso con la intención de hacerse una constitución propia de cada territorio. La guerra civil se recrudecía.

Las Bases preveían un Congreso Federal de 41 diputados, en el que Guatemala tenía 18 asientos, El Salvador 9, Honduras 6, Nicaragua 6 y Costa Rica 2 asientos.

Chiapas no se integró nunca en las Provincias Unidas de Centro América y se pasó a México para siempre. México dio libertad a las provincias que dominaba para mantenerse en México o marcharse, y Sonocusco se unió a las Provincias Unidas de Centroamérica, separándose de Ciudad Real.

El 25 de febrero de 1825 hubo Congreso Federal.

El primer presidente, a partir de marzo de 1825 fue Manuel José de Arce, un liberal, mientras José Cecilio Díaz del Valle era el líder de los conservadores. Las elecciones dieron el triunfo a José Cecilio Díaz del Valle, pero los liberales impugnaron la elección, anularon algunas actas, compraron a algunos diputados conservadores, expulsaron a Díaz del Valle, y el general Manuel José de Arce resultó Presidente. No era una manera muy limpia de empezar una democracia. Arce se mostró autoritario, centralista y desencantó a muchos.

Y al poco surgió la guerra civil entre ellos, guerra que duró de junio de 1826 a abril de 1829. Como los políticos discutían el modelo de Estado y no había sistema fiscal que pudiese levantar un ejército, se luchaba particularmente, hacendado por hacendado, y cada familia se negaba a pagar impuestos a otra de otro lugar. Los disturbios duraron hasta 1829. El aspecto general del conflicto era una guerra entre Guatemala y El Salvador. En 1829, ganaron los federalistas.

Lo cierto era que las estructuras coloniales permanecían, pues para eso precisamente se estaban levantando los americanos, para que no les cambiaran sus cosas, ni siquiera desde España. Cada intento de cambio llevaba a una insurrección campesina, pues eran los que pagaban las veleidades de los políticos. Los políticos estaban haciendo las cosas al margen de los intereses de la mayoría. Las cosas se hicieron bastante mal, y tenemos algunos ejemplos: los ingleses permanecieron en Belice a pesar de todas las declaraciones de ilegalidad que hicieron los políticos centroamericanos; se seguían importando negros de Jamaica, que duplicaron la población jamaicana de la zona entre 1823 (4.000) y 1845 (10.000) y volvieron a duplicarla en 1860 (20.000), a pesar de todas las declaraciones de igualdad y de liberación de la esclavitud. Se hablaba de la construcción de un canal transoceánico, que nunca se hizo. El contrabando, venta de armas, los préstamos y negocios sucios proliferaban. Y cada vez que una ciudad se oponía a lo decidido por el grupo en el Gobierno, se la castigaba con bloqueos navales y acciones de guerra. Si eso era la liberación del yugo español, no merecía la pena.

Inglaterra hizo un buen negocio pues Guatemala importaba tejidos, material agrícola, ferretería, armas y pólvora y era el principal suministrador, aunque Estados Unidos también se beneficiaba.

Costa Rica se separó de la Federación de las Provincias Unidas en 1838. Juan Mora Fernández prefirió llevar por sí mismo sus negocios de café.

Y ¿por qué este fracaso? En primer lugar, porque las estructuras sociales generales no coincidían con las estructuras de las clases dominantes que hacían la política. Un sistema federal era demasiado costoso e imposible, pero era lo único que vieron posible para que cada oligarquía o cada cacique conservara sus privilegios. Los Ejecutivos eran débiles porque así interesaba a la mayoría de familias influyentes, y un ejecutivo débil es lo mismo que no tener nada, con el agravante de estorbar y costar dinero. Los federalistas se mostraron intransigentes y sus soluciones, quizás las necesarias, no tuvieron “chance”, ni una oportunidad. Los serviles estaban aliados con la Iglesia, y los privilegios de ambos poderes quedaron intocables. La mala administración se impuso como sistema y ello llevaba al déficit a corto plazo y a la ruina a medio plazo. Y el pueblo no participaba, es decir, los indios, negros, ladinos y agricultores pobres sólo participaban a veces, enrolados en el ejército, para cobrar un salario.

 

 

 

[1] El verdadero apellido de los O`Donojú era O`Donnohue, pero el apellido irlandés fue castellanizado por los andaluces. Juan O`Donojú era masón. En 1808 había defendido Zaragoza y había sido llevado preso a Francia, de donde escapó en 1811, arrivando de nuevo a Cádiz. En 18 de octubre de 1814 fue condenado al castillo de San Carlos en Mallorca. En 1820, con el triunfo liberal y masón, fue nombrado capitán general de Andalucía, y en 1821 Jefe Político Superior y Capitán General de Nueva España, llegando a Veracruz en agosto de 1821. Pactó con Iturbide y con los independentistas mexicanos, en la idea de entendimiento entre masones, pero España no reconoció sus acuerdos y le relevó del cargo. En 28 de septiembre de 1821 pasó a formar parte de la Junta Provisional Gubernativa, ente de 34 personas, que redactó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano y nombró la Regencia del Imperio Mexicano, en la que O`Donojú era uno de los cinco regentes. Murió el 8 de octubre de 1821, a los pocos días de ser nombrado regente.

[2] José Cecilio Díaz del Valle, 1780-1834, había nacido en Honduras y era hijo de criollos que se trasladaron a Guatemala en 1789, donde José Cecilio estudió Derecho Civil y Canónico en la Universidad de San Carlos a partir de 1791. Este hombre resultó un enciclopedista, que se interesó por las matemáticas, filosofía, geografía, historia, botánica, mineralogía y religiones, resultando un talento superior a la media de los independentistas al uso. A comienzos de 1821 fue alcalde de Guatemala, y en mayo de 1821 Auditor de Guerra. Su ideología era tenida por moderada porque opinaba que primero había que hacer reformas económicas que hicieran viable la economía del país, y más tarde pedir la independencia, y no al revés. Los acontecimientos le sobrepasaron, porque los independentistas corrientes sólo buscaban la independencia a cualquier precio. El 10 de marzo de 1821, José Cecilio resultó elegido diputado por Tegucigalpa, que se oponía a la anexión y por Chiquimula. Díaz del Valle fue a México como diputado en julio de 1822, y se sumó a la oposición al emperador Agustín I, e incluso proponía la separación de Centroamérica del Imperio mejicano.

[3] Gabino Gaínza Fernández Medrano, 1753-1829, era un militar vasco que llegó a Perú en 1783 para luchar contra Tupac Amaru, y tuvo diversos destinos. En 1814 pasó a Chile para luchar contra O`Higgins y apresó a José Miguel Carrera y a Luis Carrera, pero los soldados estaban cansados de luchar y firmaron el Tratado de Lircay, que el virrey Abascal rechazó de pleno, por lo que Gaínza fue juzgado en Lima y trasladado primero a Quito y luego a Nueva España, a donde llegó en 1820. Allí se le consideró regenerado y se le concedió en 1821 la Capitanía General de Guatemala, un cargo de cierta importancia. Pero nada más tomar posesión de su plaza, se mostró independentista.

[4] Vicente Filísola, 1789-1850, era italiano y sirvió al ejército español en 1804 y fue destinado a Nueva España en 1811. Tras la toma de El Salvador en febrero de 1822, se encontró con que su protector, Iturbide había abdicado, lo que supuso su cese en 7 de mayo de 1823. En 1833 reapareció luchando bajo las órdenes de Santa Anna contra los independentista tejanos, pero incumplió una orden de no retirarse y fue depuesto.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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