LA INDEPENDENCIA DEL SUR DE SUDAMÉRICA

EN 1816- febrero de 1820.

 

 

 

Buenos Aires, la protagonista del sur.

 

Desde 22 de mayo de 1810, Buenos Aires se había declarado independiente. La cuestión a dilucidar era qué porción de territorio sudamericano sería dominado desde Buenos Aires. Las pretensiones máximas eran: Uruguay, Paraguay, sur del Brasil actual, Alto Perú y Chile, tal vez el sur de Perú, además de los territorios que seguimos denominando hoy como argentinos.

Hacia 1816, el movimiento bonaerense de independencia estaba en crisis. Dentro de él había muchas rivalidades:

Rivalidad entre Buenos Aires y provincias del interior: la revolución favorecía a los comerciantes porteños pues se abarataban los precios de las importaciones y los comerciantes ganaban más, encarecían los precios de las exportaciones y ello beneficiaba a los comerciantes. No obstante, e indirectamente, también habría más posibilidades de incrementar ganadería y de cultivar nuevas tierras, pero esto era a largo plazo y no inminente. El interior perdía sobre todo en cuanto a la producción de sus textiles y su vino y azúcar, porque no podría competir con los productos extranjeros de más calidad y más baratos. Su única esperanza era que los transportes entre Buenos Aires y el interior eran muy malos y el producto se encarecía mucho desde el puerto a sus tierras, pero ello significaba que a medida que avanzara el progreso irían cayendo sus negocios. El interior pedía, con bastante fundamento, un cierto proteccionismo, y Buenos Aires se negó en redondo a ello en una actitud intransigente, similar a la española. El acuerdo entre Buenos Aires y el interior se hizo imposible.

Rivalidad entre Buenos Aires y los pueblos del Paraná y del Uruguay: todos tenían recursos similares y todos querían libertad para comerciar, pero no querían que Buenos Aires monopolizase la actividad comercial. Por otra parte, todos necesitaban el mercado de la ciudad de Buenos Aires, el más importante de la región.

Rivalidad entre los unitarios y los federales: Los unitarios querían que el dinero recaudado en Buenos Aires fuese para Buenos Aires y que los ingresos del puerto se uniesen a los impuestos de la gente para el desarrollo de Buenos Aires. Los unitarios de Buenos Aires creían en la necesidad de un desarrollo conjunto, y para ello defendían la unidad de impuestos de todos los territorios, unidad para cobrarlos y para gastarlos. Los federales querían participación de todos en los beneficios del comercio, además de la libre producción de cada uno de ellos, sin límites que les vinieran impuestos desde fuera.

Rivalidad entre los masones de la logia Lautaro y los ciudadanos comunes, los cuales habían sido castigados y hasta ejecutados por los masones, de modo que desaparecieron políticamente a partir de 1812.

La situación de independencia de Buenos Aires no estaba nada clara.     Santa Fe y Córdoba se sublevaron, Artigas les hacía la guerra en la Banda Oriental, el ejército portugués fue sobre Uruguay y los españoles atacaron en el Alto Perú, así que la situación era muy grave.

 

 

El Congreso de Tucumán.

 

En marzo de 1816, el Gobierno Provisional de Buenos Aires, o de las Provincias Unidas de Río de la Plata, convocó un congreso en Tucumán, buscando su celebración en una ciudad del interior como señal de que querían cambiar la actitud de superioridad intolerante, despótica, que hasta entonces había mostrado Buenos Aires. Los diputados asistentes a Tucumán aunque decían representar a todas las provincias, eran vistos como lo que en verdad eran, hombres de Buenos Aires, y así el congreso, de entrada, era un fracaso. Tampoco los asistentes estaban de acuerdo en el futuro político de El Plata, pues unos hablaban de restablecer la monarquía inca, otros hablaban de gobierno federal con soberanía de todas las provincias, y San Martín y Belgrano sólo querían una declaración de independencia.

Del 24 de marzo de 1816 a 17 de enero de 1817 se celebró el Congreso de Tucumán el cual pretendía unir a toda Sudamérica, o Sud América como decían ellos. No asistió la Liga de los Pueblos Libres (Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones, Santa Fe) la liga de Artigas porque estaban en contra, ni las regiones de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz de la Sierra y Potosí porque estaban ocupadas por los españoles. Ni Paraguay porque se consideraba independiente.

El 24 de marzo de 1816 se reunieron en Tucumán 33 diputados, de los cuales 7 eran de Buenos Aires, 4 de Córdoba, 3 de Charcas, 3 de Salta, 2 de Catamarca, 2 de Chichas, 2 de Mendoza, 2 de San Juan, 2 de Santiago del Estero, 2 de Tucumán, 1 de Jujuy, 1 de La Rioja, 1 de Mizque, y 1 de San Luis. 18 eran abogados, 11 eran clérigos (9 sacerdotes y 2 frailes), y 4 militares. Muchos de los elegidos fuera de Buenos Aires eran políticos que provenían también de Buenos Aires.

Lo que sabemos de lo ocurrido en el Congreso de Tucumán se lo debemos a los artículos que fray Cayetano Rodríguez enviaba a los periódicos y se publicaba como “El Redactor del Congreso”. En 1818, Cayetano Rodríguez dejó de ser diputado y los artículos fueron redactados por Vicente López Planes, pero son mucho menos rigurosos y menos fiables.

En primer lugar, se declararon representantes de los pueblos y no de la Nación, haciendo con ello lo contrario a lo decidido en 1813, lo que significaba que los diputados debían, en teoría, consultar sus decisiones a las ciudades que les habían elegido. Era una invitación para que se sumasen los de la Liga de los Pueblos Libres.

En segundo lugar se discutió sobre el programa a discutir, elaborándose una lista de temas: Manifiesto a los Pueblos; Declaración de Independencia; Diputados a enviar a España; Pactos entre Provincias; Forma de Gobierno; Proyecto de Constitución; Plan de Guerra; Finanzas Públicas; Límites del Estado; Creación de Ciudades y Villas; Administración de Justicia; Establecimientos de Enseñanza. Era una declaración de intenciones, aunque muy pocas cosas se hicieron después, y las que se hicieron no tuvieron ninguna trascendencia.

En tercer lugar se discutió el cese de Rondeau y de Ignacio Álvarez Thomas, sustituidos provisionalmente el 16 de abril de 1816 por Antonio González Barcarce y definitivamente por Juan Martín Pueyrredón en 3 de mayo de 1816. No era un tema previsto, sino sobrevenido, y no fundamental. Pueyrredón nombró a Belgrano Comandante del ejército del Norte, destituyendo a José Rondeau, y envió a Del Corro a parlamentar con José Artigas, a fin de que éste se sometiese al Director Supremo, pero Del Corro actuó por su cuenta y se sumó al Congreso de Oriente, declarándose representante de Córdoba.

El 6 de julio, el Congreso de Tucumán reanudó las tareas propias para las que había sido elegido, y Manuel Belgrano sugirió la conveniencia de una monarquía constitucional, que tendría capital en Cuzco, y nombraría rey a un Inca. Argumentaba que de esa manera, Perú se incorporaría a las Provincias Unidas, que ahora serían “de Sud América”, y no del Río de la Plata. El tema quedó pospuesto y se retomaría el 12 de julio.

El 9 de julio de 1816 se produjo la Declaración de Independencia de las Provincias Unidas de Sud América, inspirada en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.

El 12 de julio de 1816 se retomó el tema de la forma de Gobierno, esta vez para negarse la mayoría de los diputados a coronar a un rey “de la casta de los chocolates”. Se decidió que el asunto debían consultarlo los diputados con las ciudades por las que habían sido elegidos. Se pospuso el tema por segunda vez, y ya no se retomó nunca.

Y con ello se puede dar por terminado el Congreso de Tucumán, en su fase celebrada en Tucumán. Los acontecimientos propiciaron que las discusiones de los diputados no fueran importantes, y en 17 de enero de 1817, el Congreso se trasladó a Buenos Aires.

 

En abril de 1816, el general bonaerense Eustoquio Díaz Vélez[1] fue enviado a Santa Fe con el propósito de atraer a los pueblos del Paraná al Congreso de Tucumán. Ofreció el Pacto de Santo Tomé. El Ejército de Observación ofrecía deponer a Ignacio Álvarez Thomas para poner en su lugar a Belgrano. La Junta de Observación de Buenos Aires, presidida por Juan José Anchorena, aceptó la renuncia de Álvarez Thomas y nombró Director Supremo interino a Antonio González Balcarce. Éste negó la validez del Tratado de Santo Tomé y se quedó ocupando la ciudad de Santa Fe.

Mariano Vera atacó Santa Fe y expulsó de ella a Díaz Vélez en 31 de agosto de 1816. Se inició una guerra larga entre las tierras del Paraná-Paraguay y Buenos Aires.

La Gran Logia de Buenos Aires estaba entonces dirigida por Pueyrredón, Gregorio García de Tagle y el general Tomás Guido (un hombre de San Martín) y la logia decidió el apoyo incondicional a Pueyrredón, a cambio de que éste apoyara los proyectos de San Martín.

 

 

El directorio de Pueyrredón. 1816.

 

En 3 de mayo de 1816 fue designado Director Supremo de las Provincias Unidas de Río de la Plata Juan Martín Pueyrredón, sin que Rondeau, elegido Director en 1815, se hubiera incorporado nunca a su puesto de Director Supremo. Había ejercido el poder, de hecho, Álvarez Thomas. Rondeau sería a continuación destituido como Jefe del Ejército del Norte en julio de 1816, siendo sustituido en ese puesto por Manuel Belgrano, un hombre de mayor confianza de la logia.

Pueyrredón había sido desterrado de Buenos Aires por el Segundo Triunvirato y regresado a la ciudad a principios de 1815. En enero de 1816 fue nombrado diputado para el Congreso de Tucumán por San Luis y fue el Congreso quien le nombró Director Supremo en mayo. La nueva suerte de Pueyrredón se basaba en que estaba preparando una campaña, junto con Martín Miguel de Güemes y José San Martín, para “liberar” Chile, con la intención de someter este territorio a la autoridad de Buenos Aires. Más tarde se propondrían “liberar” Perú y unir todo el Sud, un imperio que debía abarcar desde el sur del Perú hasta la Patagonia, incluyendo el sur del actual Brasil. Los nacionalistas criollos porteños estaban por ello esperanzados en sus negocios. Para entender las cosas de Argentina en estos años en su conjunto, debemos tener siempre en cuenta que por debajo estaba la logia Lautaro, de la que Pueyrredón era el líder supremo. Y la masonería había decidido imponer una dictadura que les permitiera hacer sus reformas. Y la reforma de San Martín, era un gran imperio del Sud.

Pueyrredón actuó dictatorialmente, desterrando a los que discrepaban de su política, como Manuel Dorrego, Vicente Pazos Kauki, Feliciano Chiclana, Manuel Moreno, Manuel Pagola… Y la masonería hizo su programa de racionalización económica y social: eliminó a los federalistas y a los autonomistas que pudo (sometió a Córdoba y a Santiago del Estero) y se propuso un Estado autoritario centralista, reorganizó la Administración, ordenó las cuentas del Estado, creó nuevas instituciones.

El 1 de junio de 1816 se celebró en Paraguay el último de los congresos anuales del dictador José Gaspar Rodríguez de Francia. En él, se declaró a Francia dictador perpetuo y se decidió que el Congreso sólo se reuniría en situaciones excepcionales cuando Francia lo convocase y ello fue nunca. Así Francia gobernó desde 1814 hasta su muerte en 1840. Uno de los objetivos de Buenos Aires se escapaba sin remedio de la idea imperialista bonaerense.

 

El 9 de julio de 1816, Pueyrredón asumió la declaración de independencia de las “Provincias Unidas de Sud América” en forma de república, tal como había aprobado el Congreso de Tucumán.

No obstante el triunfo de Pueyrredón y su masonería, el Congreso de Tucumán seguía siendo un fracaso y no cumplía con sus propios objetivos, ni con los de la logia Lautaro, así que con motivo de una supuesta amenaza de ataque español desde el Alto Perú, el Congreso se trasladó a Buenos Aires en agosto de 1816. Se intentó volver al centralismo con una Cámara de Diputados, un Senado aristocrático, un Consejo de Estado, y el Director Supremo, pero ya era tarde para contener al federalismo.

En agosto de 1816, Portugal, libre de la Guerra napoleónica, envió un ejército a Brasil para que, a su cabeza, Carlos Federico Lecor invadiese la Banda Oriental (Uruguay). Venían capitaneados por el general inglés Beresford y por Carlos Federico Lecor, asesorados por Nicolás Herrera, originario de la tierra y antiguo servidor de Alvear. Eran 11.000 hombres, muchos de ellos veteranos de las guerras napoleónicas. Se inició una guerra sangrienta que duraría cuatro años. De los primeros en hacerle frente fue Fructuoso Rivera Toscana[2], un hombre que había colaborado con Artigas, desde 1811, reclutando charrúas y guaraníes. Lecor no tuvo apenas dificultades para derrotar a Rivera. Lecor ocupó los puertos de Maldonado y Montevideo en enero de 1817.

En el colmo de las contradicciones, algunos comerciantes de Buenos Aires, y casi todos los dirigentes del Directorio, se felicitaban porque Montevideo fuese destruida. El Directorio ofreció su cooperación a Lecor. El Director Supremo, Pueyrredón, pensó que la invasión luso-brasileña favorecía a los proyectos Sud-Americanos, puesto que luchaba contra los federalistas y los españolistas, lo cual no tiene sentido como argumento, y en la práctica se demostró que se equivocaba. Envió un embajador a ver a Carlos Federico Lecor y le ofreció cooperación. Y más tarde, lanzó ataques contra Santa Fe, Entre Ríos, y Banda Oriental. Su intención primera era que los portugueses-brasileños no se adueñaran de esas tierras, pero le agradaba que Uruguay fuese castigada, y cooperó con los portugueses-brasileños.

En agosto de 1816, el general bonaerense al servicio de Pueyrredón, Eustoquio Díaz Vélez, invadió Santa Fe e impuso el terror, del mismo modo que Pueyrredón estaba haciendo en Buenos Aires. Santa Fe se rebeló contra Díaz Vélez, como se había rebelado contra Viamonte un año antes.

España protestó por la invasión portuguesa, y Portugal contestó que sólo intentaba pacificar la zona. No era verdad. Poco más tarde, Pinheiro Ferreira, de Portugal, envió instrucciones a Lecor para amañar unas elecciones en la Banda Oriental de modo que en las elecciones sólo salieran diputados pro-portugueses-brasileños.

José Artigas contestó a la invasión portuguesa de 1816 “a lanza y cuchillo”, actuando sus socios, los indios, con todo tipo de dureza, y también contrató corsarios americanos de Baltimore para atacar el Estuario de El Plata, Río de Janeiro, la bahía de Cádiz y hasta las costas andaluzas. Pero lo importante era la guerrilla de Artigas en tierra, los indios charrúas y guaraníes que robaban caballos y comida, y destruían las haciendas de los hacendados, y los aprovisionamientos de víveres de los ejércitos enemigos de Artigas.

Los guerrilleros del Paraná y Uruguay establecieron tres frentes de lucha: Artigas en Ibicuy; Estanislao López en Santa Fe; y Francisco Ramírez en Entre Ríos.

Carlos Federico Lecor venció a José Artigas y después ocupó Montevideo en 20 de enero de 1817. Ello dio lugar a una guerra distinta, peleada en el campo, que duró tres años, hasta que en enero de 1820 Artigas fue derrotado en Tacuarembó.

Pero desde el primer momento de la invasión brasileña, las cosas fueron peor para Artigas, pues en octubre de 1817, Rufino Bauzá[3], Manuel Oribe[4] e Ignacio Oribe se pasaron a Buenos Aires, abandonando a José Artigas. Les atrajo Marcos Balcarce, que les utilizó para luchar contra Francisco Ramírez en Entre Ríos. Posteriormente entrarían a servir a las órdenes de Rondeau en territorio de Santa Fe e incluso lucharían contra el propio Artigas. Y en 1820 pasaron a las órdenes de Carlos María Alvear.

 

A principios de 1817, la situación era muy problemática para Buenos Aires, pues el español José de la Serna estaba atacando desde Alto Perú y llegaba a Salta. Y el Congreso de Tucumán decidió huir a Buenos Aires. Los diputados de Córdoba se opusieron al traslado y fueron expulsados del congreso, en adelante más de Buenos Aires que nunca.

En 1817, Buenos Aires había fracasado en su intento de dominar Santa Fe. En marzo de 1818 lo volvió a intentar enviando a la zona a Juan Ramón Balcarce, pero tampoco éste lograría someter el territorio.

 

 

La posición española en América del Sur en 1816.

 

Joaquín de la Pezuela[5] había sido nombrado virrey del Perú en 7 de julio de 1816 y permanecería en el cargo hasta 29 de enero de 1821. Había nombrado a José de la Serna Hinojosa jefe de las fuerzas de Alto Perú con la misión de atacar el norte de Argentina, coordinándose con Chile. No fue capaz de ver que el ataque le venía por mar desde Chile, y no por Córdoba (Argentina) como él esperaba. Fue derrotado en Chacabuco el 12 de febrero de 1817 y en Maipú en abril de 1818, y tuvo que abandonar Chile y Alto Perú.

Pezuela se quejaba de no tener ingresos suficientes para la guerra contra los rebeldes, ni cooperación de los cabildos para levantar ejércitos, pero lo cierto es que no hizo lo suficiente. Y tuvo tiempo hasta 1820. Fernando VII le concedió a Pezuela los ingresos del Consulado de Lima, y el Consulado no se rebeló contra tantos impuestos y gastos que le imponía Pezuela, lo cual debiera haberle dado una oportunidad. También es cierto que la pérdida de Montevideo y Chile hacían disminuir el volumen de mercancías hacia Lima y Panamá, y dificultaban el tráfico hacia el Atlántico, puesto que el puerto amigo más cercano era Río de Janeiro. Pezuela compensó los inconvenientes comerciales permitiendo arribadas de barcos neutrales, lo cual le garantizaba algunos ingresos y suministros de víveres, pólvora y armas. Cuando los independentistas ocuparon Lima en 1823, la situación se hizo extremadamente difícil, pues aunque las minas del Alto Perú seguían dominadas por los españoles, los puertos del Pacífico y la salida por El Plata estaban dominados por independentistas. El desastre no tardaría en llegar.

 

 

 

 

La “liberación” de Chile en 1817 y 1818.

 

San Martín concibió una América del Sud dominada desde Argentina y se propuso liberar de españoles Chile primero y después Perú. No abandonaba la amenaza de invasión por Alto Perú, pero imaginó un ataque al Perú desde la costa chilena, como lo habían hecho siempre los españoles, con barcos.

San Martín[6] tenía en 1816 en Mendoza (Argentina) 5.000 hombres entrenados militarmente, 2.000 de ellos chilenos. La obra, no sólo militar, sino también de organización de la vida civil y la economía de Cuyo[7] (región argentina próxima a Santiago de Chile, que comprendía las provincias de San Juan, San Luis y Mendoza), causó admiración en todo el cono sur sudamericano. San Martín había puesto en funcionamiento una economía deslumbrante, que fabricaba armas (blancas y de fuego), uniformes, hierro para esas armas y para las herraduras de miles de mulas y caballos (industria dirigida por fray Beltrán), aparte de urbanizar caminos y aguas para que fuera sostenible la pervivencia de un ejército. San Martín residía en Mendoza, pues era Gobernador de Cuyo desde 1814. En febrero de 1816, O`Higgins, el líder chileno, visitó a San Martín en Córdoba (Argentina). En marzo de 1816, la obra de San Martín había impresionado a Pueyrredón, que aprovechando el Congreso de Tucumán, fue a Córdoba a ver a San Martín (Córdoba está en el punto medio entre la llanura del Paraná y las mesetas de Cuyo, al pie ya de los Andes). Pueyrredón aportó dinero para el ataque a Chile.

En enero de 1817 San Martín decidió pasar los Andes hacia Chile. En 9 de enero de 1817, el “Ejército de los Andes” de San Martín, inició el paso de la cordillera desde Mendoza (Argentina) hacia Chile, y el 12 de febrero estaban al otro lado de la cordillera. El plan, ya en marcha, fue aprobado por el Congreso de Tucumán argentino, que le nombró “generalísimo de los Andes” y le asignó tres ejércitos en enero de 1817. Los políticos iban por detrás de los militares en la iniciativa.

Marcó de Pont[8], Gobernador de Chile, no estuvo acertado en no cortarles los accesos, pues los expedicionarios de San Martín lo estaban pasando muy mal en el cruce de la cordillera.

Los expedicionarios argentinos se encontraron el 12 de febrero de 1817 con tropas realistas en Chacabuco, 55 kilómetros al norte de Santiago, y éstas apenas presentaron resistencia. No fue una batalla definitiva, pero abrió las puertas de Chile a los rebeldes. Comandaba el ejército rebelde José San Martín, teniendo como colaboradores al mando de la tropa a Bernardo O`Higgins y a Miguel Estanislao Soler, que reunían entre 3.500 y 4.000 hombres. En el bando español, el brigadier Rafael Maroto Yserns tenía unos 1.500 hombres, de los que sólo 160 eran de origen español. Los rebeldes rodearon a los españolistas y les causaron unos 500 muertos.

El 14 de febrero de 1817, San Martín entró en Santiago de Chile. Marcó del Pont había huido. Francisco Ruiz de Tagle, presidente de la asamblea de Santiago, nombró a José San Martín Gobernador de Chile. San Martín no aceptó, y pidió al Cabildo que nombraran a O`Higgins Director Supremo del Estado de Chile. El Cabildo Abierto, de dos centenares de notables del lugar, obedeció a San Martín. El 16 de febrero de 1817, se eligió a O`Higgins como Director Supremo. San Martín se declaró a sí mismo Jefe del Ejército Unido. La mayor preocupación de San Martín fue instaurar la logia Lautaro, el servicio de información y propaganda que los ciudadanos nacionalistas hacían al ejército, a San Martín.

O`Higgins, como Director Supremo de Chile hasta su abdicación en 1823, hizo un tipo de gobierno propio del despotismo ilustrado. O`Higgins tampoco tenía la altura moral ni política que las circunstancias requerían, y se comportó como Marcó del Pont, Bolívar u otros muchos caudillos y jefes españoles: su política consistió en hacer represalias. La convivencia en Chile parecía imposible.

 

 

 

El Directorio de Pueyrredón en 1817.

 

Juan Martín Pueyrredón era Director Supremo desde mayo de 1816.

El Congreso de Tucumán se trasladó a Buenos Aires en 17 de enero de 1817, después de unas sesiones que duraron del 24 de marzo de 1816 al 12 de julio de 1816, y fueron interrumpidas por los sucesos políticos del momento. Durante la primera mitad del año 1817, el Congreso no hizo nada significativo. En agosto de 1817 se hizo una comisión para la redacción de un Proyecto Constitucional, y la comisión se tomó su tiempo para redactarlo, un año, inspirándose en la Constitución de Cádiz 1812. Lo tuvo el 31 de julio de 1818. Las discusiones se alargaron nueve meses más, y la constitución no estuvo lista hasta 22 de abril de 1819. De todos modos, no sirvió de nada, pues fue invalidada en febrero de 1820 sin haber entrado en vigor.

En 1817, la guerra no le fue nada bien a los masones de Lautaro y su jefe Pueyrredón. En el frente del norte cosecharon derrotas, y tenían además guerras en Entre Ríos, Banda Oriental y Santa Fe. Eran cuatro los ejércitos a abastecer y financiar. Los tres ejércitos de Santa Fe, Entre Ríos y la Banda Oriental estaban protegiendo la zona de una posible invasión portuguesa más amplia que la que estaba ocurriendo, e intentando ser ellos los que se quedaran con esas zonas. El Ejército del Norte estaba protegiendo la zona de las invasiones desde Perú, para proteger la campaña de San Martín en Santiago de Chile.

En diciembre de 1817 el objetivo de Buenos Aires era tomar Entre Ríos. Mariano Vera se había sublevado en Santa Fe en marzo de 1816, lo que había propiciado la renuncia de Álvarez Thomas como Director en Buenos Aires, y su sustitución por Pueyrredón, una de cuyas primeras acciones fue atacar Santa Fe. Luego, en agosto de 1816, tuvo lugar la ya citada invasión brasileña-portuguesa, con el resultado de que a mediados de 1817 los portugueses estaban en Montevideo. El 20 de diciembre de 1817, el Directorio Bonaerense decidió atacar Entre Ríos, pero su ejército fue derrotado. Pueyrredón atacaba a Artigas en Entre Ríos, pero Francisco Ramírez, comandante de Concepción de Uruguay, (Entre Ríos) subordinado de Artigas, utilizaba la guerra de guerrillas (montoneros) e hizo retroceder a los ejércitos de Buenos Aires todas las veces.

Quizás Pueyrredón no podía hacer más y el ejército del Alto Perú fue fácilmente derrotado. Pueyrredón colaboró en la medida de sus fuerzas con San Martín: En marzo de 1817, Buenos Aires mandó al Alto Perú un cuarto ejército al mando de Bernabé Aráoz de la Madrid, que también fue derrotado al llegar a Bolivia (el 21 de mayo en Chuquisaca y el 12 de junio en Sopachuy), por lo que Aráoz decidió abandonar Alto Perú y regresar a Tucumán (diciembre 1817).

Pueyrredón, con tantos frentes abiertos, estaba al borde de sus posibilidades. Decidió empezar por limpiar su propia casa: Pueyrredón eliminó al federalista Manuel Dorrego, y se puso a elaborar una constitución unitaria y parlamentarista y en agosto de 1817 encargó el proyecto, pero los trabajos fueron muy lentos, y la constitución sólo estuvo lista en abril de 1819, casi dos años después.

 

 

El Paraná-Uruguay en 1817.

 

La zona del Paraná-Uruguay estaba decidiendo también su futuro: En agosto de 1816 había invadido la zona el luso brasileño Carlos Federico Lecor, quien, en 20 de enero de 1817, había tomado Montevideo.

Muchos caudillos de la zona del Paraná Uruguay lucharon contra los invasores. El líder era José Gervasio Artigas, y en su entorno luchaban Juan Antonio Lavalleja, Fernando Otorgués, Andrés Latorre, Manuel Oribe, el misionero Andrés Guasuray, y Fructuoso Rivera. La tónica en este año y años siguientes fue el abandono de la fidelidad a Artigas que hasta entonces habían mantenido la mayoría. Estaban en desacuerdo con la política de Artigas respecto a la invasión luso-brasileña.   En 1817 abandonó a Artigas, Anacleto Medina Biera, oficial de los Blandengues de caballería, y se puso al servicio Francisco Ramírez, llegando en su momento a luchar contra Artigas. También en 1817 abandonó a Artigas José Eusebio Hereñú la Calzada, caudillo gaucho de La Bajada en el Paraná. Se había sumado a Artigas en 1813, y en 1817 se pasó a Pueyrredón. Francisco Ramírez le venció y expulsó de Entre Ríos, y regresaría a la región en 1820 como soldado de Buenos Aires para luchar junto a Francisco Ramírez y en contra de Artigas.

Artigas se indignó con Buenos Aires por el hecho de no sólo no defender el territorio frente a una invasión considerada extranjera, sino ponerse además a favor de los invasores, y declaró la guerra a Buenos Aires. Pero la guerra era considerada una guerra civil y ello molestaba a los bonaerenses y a los “orientales”, los primeros mostrando desacuerdo con el Directorio de Buenos Aires, y los segundos mostrando desacuerdo con Artigas.

 

 

 

 

 

 

 

 

Chile en 1818.

 

En Chile, en enero de 1818, Mariano Osorio desembarcó en Talcahuano con su ejército españolista. Había pactado con los indios, y así Osorio pudo reunir un nuevo ejército. Era la segunda vez que Osorio desembarcaba en Talcahuano, el puerto de Concepción, al sur de la zona habitada de Chile. La primera vez había sido en 1815, y había sido Gobernador de Chile durante ese año, antes de ser sustituido por Casimiro Marcó del Pont.

San Martín comprendió que urgía reparar su prestigio, el de los independentistas, y reorganizó su ejército para atacar a los realistas. Empezó proclamando en Talca la independencia de Chile el 12 de febrero de 1818. En este Juramento de Independencia de Chile, San Martín había logrado reunir cerca de 8.000 hombres, y estaba eufórico.

Pero las cosas no eran tan fáciles como San Martín y O`Higgins estaban celebrando. La independencia era todavía más un deseo y una bandera de enganche, que una realidad.

Se oponía a la independencia de Chile la ciudad de Concepción (Chile) mandada por el coronel Ordóñez, que disponía de unos 3.500 soldados. Dirigía a los realistas el general Mariano Osorio, recién llegado de Perú, quien reunió algunos indios hasta elevar sus fuerzas a unos 4.500 hombres al sur de Talca, 200 kilómetros al sur de Santiago, y fue contra los independentistas San Martín y a O`Higgins, a los que derrotó en Cancha Rayada, al sur de Talca, 19 de marzo de 1818. No fue una derrota decisiva, sino que los independentistas se dieron a la fuga dejando un centenar de muertos y mucho armamento en el campo de batalla. El mismo O`Higgins fue herido. La noticia causó pánico en Santiago, y el Cabildo estuvo a punto de volver a declararse realista. Pero los españolistas no supieron aprovechar la victoria, y dieron tiempo a San Martín para rehacer sus tropas y presentar nueva batalla.

San Martín reaccionó, reunió a 5.000 de los hombres dispersos tras Cancha Rayada, y se decidió a atacar a los realistas jugándose el todo por el todo. La batalla tuvo lugar en el valle del río Maipo, en el lugar de Maipú, el 5 de abril de 1818 (y una vez más O`Higgins llegó tarde a la batalla). Los independentistas perdieron más de un millar de hombres, pero causaron más de 2.000 muertos entre los españolistas. San Martín había ganado Chile.

El virrey Pezuela no contaba con recursos suficientes para contraatacar.

 

Entonces los hacendados chilenos decidieron que debía haber paz y orden en Chile y necesitaban un caudillo fuerte: nombraron a O`Higgins Director Supremo de Chile.

Para que gobernara según los deseos de los hacendados, impusieron una constitución, la de octubre de 1818, con un senado nombrado por el ejecutivo, pero que sólo era consultivo. El poder del presidente era absoluto y políticamente incontrolado, pero controlable por los hacendados. O`Higgins era un déspota ilustrado, buen hombre, con poca confianza en sí mismo, nada liberal sino partidario de la intervención del Estado. Sus primeras acciones de gobierno fueron represivas contra los españoles y realistas, confiscando sus propiedades.

El plan de gobierno O`Higgins era: educación para todos; mejoras en el transporte (terminar el canal de Maipo); favorecer la inmigración; reformar los impuestos poniendo impuestos directos a los propietarios rurales y a los ingresos de los empleados públicos (lo cual fue rechazado por sus patrocinadores, los hacendados); abolir los títulos de nobleza (que sólo eran 12 personas); abolir los mayorazgos (lo cual también fue rechazado por los hacendados); dar a la Iglesia protección del Estado y mantenerle sus privilegios, a cambio de patronato y tolerancia hacia otras religiones.

En el gobierno de O`Higgins llegaron a Chile muchos comerciantes británicos que se dedicaron a exportar cereales chilenos a Perú (algunos importados de Estados Unidos) e importar manufacturas británicas a Chile con el fin de reexportarlas a Perú como chilenas. Se establecieron en Valparaíso, Coquimbo (que exportaba cobre, plata y oro, sobre todo hacia India) y Concepción (que exportaba trigo, tasajo, cueros y sebo).

En Chile el 10 de octubre de 1818 una flotilla de cinco naves salió de Valparaíso. Capturaron un navío de guerra y cinco transportes. La flota de Chile iba aumentando.

En 28 de noviembre de 1818 los chilenos contrataron al inglés Thomas Cochrane para que dirigiera los ataques navales, es decir, el corso, y además, el inglés se llevó consigo algunos marineros británicos.

 

En 12 de septiembre de 1819 hubo una nueva campaña chilena de ataques marítimos a Perú, esta vez con 8 naves que atacaron Guayaquil y Pisco.

En 18-20 de agosto de 1819, Cochrane contaba con nueve navíos y veintidós transportes, una flota espectacular para las posibilidades de Chile, y se inició la llamada Expedición Libertadora de Perú.

En octubre de 1818, Chile tuvo una constitución, en la que llama la atención la abolición de los mayorazgos, la prohibición del uso de escudos y títulos de nobleza, la autorización de cementerios protestantes, la prohibición de enterrar dentro de las iglesias y otras medidas de persecución a los realistas.

Con la libertad, y al igual que vino ocurriendo en todos los territorios americanos liberados, hubo en principio una auténtica invasión de mercancías británicas, que respondían a la idea inglesa de que aquellos mercados eran muy ricos, y que, luego, disminuyeron la oferta, porque no había tanta demanda ni riqueza, porque la guerra había arruinado a Hispanoamérica. Las relaciones comerciales permitieron pedir un empréstito a Londres.

El 14 de enero de 1819, Cochrane zarpó de Valparaíso con cuatro naves para atacar los puertos del Perú. Poco después le siguieron otras tres naves más. La campaña de ataque a los españolistas duró seis meses, hasta 16 de junio de 1819.

 

 

 

El Paraná-Uruguay en 1818.

 

En las provincias del norte del Estuario de La Plata tampoco había mucho orden político, lo que también les incapacitaba para tomar la iniciativa frente a Buenos Aires. Unos caudillos caían en manos de los brasileños y otros abandonaban a Artigas para pasarse a Buenos Aires o a los brasileños: En 3 de abril de 1818, Juan Antonio Lavalleja cayó prisionero en manos de los brasileños y fue enviado a Río de Janeiro y posteriormente a la isla Das Cobras, donde también acabaron Fernando Otorgués, Manuel Francisco Artigas y Leonardo Olivera. En 1818, Ignacio Oribe[9] abandonó la causa de Artigas y se pasó al ejército de Buenos Aires.

En julio de 1818, Artigas derrotó a Mariano Vera, el líder de Santa Fe, en Santa Fe. Mariano Vera, por su cuenta, se había adueñado de la zona de Santa Fe en marzo de 1816, venciendo al bonaerense Juan José Viamonte. Su dominio militar duró hasta 15 de julio de 1818, momento en que fue depuesto por el Cabildo, sucediéndole Estanislao López. Así nacía una nueva figura importante del federalismo en Santa Fe, junto a la de José Artigas de la Banda Oriental, y Francisco Ramírez en Entre Ríos.

El coronel Estanislao López[10], jefe de las milicias rurales, apoyado por las masas, se autoproclamó Gobernador de Santa Fe el 23 de julio de 1818.

Artigas no podía organizar un Gobierno estable en la zona oriental, pues estaba luchando también contra Buenos Aires.

 

En septiembre de 1818, Pueyrredón, decidió imponer la autoridad de Buenos Aires sobre la zona del Paraná-Uruguay, y envió tres ejércitos a esa misión: Juan Ramón Balcarce atacaría desde Buenos Aires e iría sobre Santa Fe (con 5.000 hombres); posteriormente, en febrero de 1819, el coronel Juan Bautista Bustos, desde Córdoba, iría sobre la zona norte de Santa Fe, y el general Juan José Viamonte sobre la zona sur. El coronel Bustos se rebeló nada más llegar a Santa Fe y regresó a sus bases del norte.

 

Estanislao López no podía hacer frente al poderoso ejército de Buenos Aires, de Balcarce en 1818, sumado al de Viamonte en 1819, y decidió organizar “guerrillas” de jinetes. La superioridad militar de Buenos Aires era tan evidente, que López no pudo tomar otra resolución sino huir. El abandono de la ciudad de Santa Fe fue un acierto de López, pues pudo fortalecerse en el campo y molestar a los ocupantes porteños, a Juan Ramón Balcarce.

El general Viamonte llegó a la zona de Santa Fe en febrero de 1819. Y Estanislao López quedó en franca inferioridad, pero como estaba en el campo y se movía a su gusto, elegía los ataques sobre uno Balcarce o Viamonte a su gusto, y logró agotarlos a los dos. Pero también se agotaba él. Estanislao López decidió que era necesaria la paz y en 12 de abril de 1819, y se firmó el Armisticio de San Lorenzo, aceptado por todos. El armisticio fue firmado por Estanislao López por Santa Fe y Manuel Belgrano por Buenos Aires y constaba de los siguientes puntos: las tropas porteñas se retirarían de Santa Fe y de Entre Ríos; Buenos Aires no interrumpiría las comunicaciones con esas zonas; ambas partes cooperarían en la persecución de malhechores.

Artigas interpretó que el Armisticio e San Lorenzo era una claudicación ante Buenos Aires y se lo recriminó a Estanislao López, pero López estaba cansado de guerras y siguió apoyando las conversaciones de paz, las cuales desembocarían en el Tratado del Pilar.

En 1819, Estanislao López dio a Santa Fe una Carta Otorgada con una democracia representativa, de modo que el pueblo elegía representantes y éstos a los miembros del Cabildo, que sería el Gobierno. La religión católica sería religión de Estado. Quedaban excluidos de los derechos ciudadanos los deudores a las arcas públicas, los declarados culpables en juicio y los enemigos de América.

 

 

El proyecto de San Martín en 1818.

 

San Martín estaba en “otra guerra” completamente distinta a la que se libraba por el unitarismo o federalismo, o por la supremacía de Buenos Aires o la autonomía de las provincias. La guerra de San Martín era por dominar Chile y Perú y unirlas a un imperio del Sud. Estaba en Chile desde febrero de 1817. Y San Martín se fue a Buenos Aires a pedir barcos que le permitieran atacar Perú desde Chile. Estimaba que el centro del dominio español era Perú y, mientras no se eliminase ese poder, los sudamericanos no estarían libres del sometimiento a España.

San Martín se dirigió a Buenos Aires para solicitar medios con los que independizar toda Sudamérica y tras ello, el 13 de noviembre de 1818 envió una proclama a Lima anunciando la Confederación de La Plata, Chile y Perú en régimen federal perpetuo. Para un objetivo tan amplio, San Martín necesitaba una escuadra que le abasteciese y diera movilidad y organización de los ataques. O`Higgins aportó algunos barcos, los chilenos capturaron otros a los españoles, se compraron barcos a los Estados Unidos, y se contrató a Thomas Cochrane (futuro conde de Dundonald), un mercenario, como jefe de la flota. Cochrane se erigió en el dominador de la costa chilena a partir de noviembre de 1818. Contaba con siete barcos y 1.600 marineros (600 de los cuales eran extranjeros), al precio de 700.000 pesos, una cantidad altísima, pero los mercenarios ingleses no trabajaban por menos. Para pagar esta inmensa cantidad, San Martín habló en febrero de 1819 con Buenos Aires para que los porteños aportasen 500.000 pesos, y en principio le dijeron que sí, pero luego no pagaron, y mucho más tarde dieron 300.000 pesos y municiones. Además, emitió un empréstito forzoso por 300.000 pesos, que debían tomar los comerciantes, pero la mayoría de los grandes comerciantes asentados ahora en Chile eran británicos y se negaron a suscribir el empréstito. Hubo muchas dificultades para emprender la operación de invadir Perú por mar.

 

El 9 de junio de 1819, Pueyrredón dimitió y fue sustituido por José Rondeau.

 

 

 

Directorio de Rondeau en Buenos Aires,

9 de junio de 1819 – 1 de febrero de 1820.

 

En 9 de junio de 1819 fue elegido Director Supremo de las Provincias Unidas de Río de la Plata José Casimiro Rondeau, que esta vez ejerció de forma efectiva, y no como lo había sido en 1815, cuando había sido sustituido interinamente por Ignacio Álvarez Thomas. Rondeau sólo tenía autoridad sobre Buenos Aires, pues los demás territorios se consideraban independientes.

Buenos Aires había intentado dominar las zonas del Paraná-Uruguay infructuosamente. En abril de 1816 había enviado al general Eustoquio Díaz Vélez a ocupar Santa Fe, pero Mariano Vera se le había rebelado y le había expulsado en agosto de 1816. En esta misma fecha, los brasileños se habían presentado en la Banda Oriental con el propósito de adueñarse de esta zona, y Eustoquio Díaz volvió sobre Santa Fe, pero de nuevo sin resultados. Sí que obtuvo éxito el brasileño Carlos Federico Lecor, que había ocupado Montevideo en enero de 1817.

El primer objetivo del nuevo Director Supremo, José Rondeau, era someter a las provincias federalistas, Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y Misiones, pero primero debía ordenar el Gobierno de Buenos Aires y ponerse de acuerdo con Brasil.

Entre Buenos Aires y las provincias federalistas había un sentimiento de hermandad, y las guerras entre ellos eran consideradas guerras civiles. No era así cuando se enfrentaban a Brasil, al que consideraban extranjero. Incluso los historiadores argentinos actuales prefieren decir que se enfrentaban a Portugal, y no a Brasil, para insinuar un enfrentamiento duro con el “Reino de Portugal, Brasil y Algarve”. Algunos matizan diciendo los “luso-brasileños”, expresión que se acerca un poco más a la realidad. Todo consiste en cómo interpretemos el hecho de que los reyes de Portugal estuvieran establecidos en Río de Janeiro.

En junio de 1819, José Rondeau, Director Supremo de Buenos Aires, adoptó una medida muy comprometida, pero continuadora de la política de Pueyrredón: pidió ayuda a los portugueses para atacar la zona del Paraná-Uruguay. Portugal-Brasil ganaría con ello Entre Ríos y Corrientes. Buenos Aires se reservaba la Banda Oriental, Santa Fe y Misiones. Esta decisión de repartirse los territorios era muy difícil de entender, tanto para los bonaerenses como para los “orientales”, que a la postre se consideraban compatriotas entre ellos, pero no sentían lo mismo respecto a los brasileños.

Lógicamente, los “orientales” se unieron todos y contrataron jefes militares para la lucha contra Buenos Aires. Entre éstos figuraban José Miguel Carrera, procedente de Chile, y Carlos María de Alvear, que había sido Director Supremo de Buenos Aires y ahora no dudaba en luchar contra su tierra. Los líderes “orientales” eran: Estanislao López por Santa Fe, Francisco Ramírez por Entre Ríos, y Pedro Campbell[11] (un irlandés líder militar de la zona) por Corrientes.

En este pacto se echa de menos a José Gervasio Artigas, de la Banda Oriental, pero Artigas estaba en desacuerdo con Estanislao López desde 12 de abril de 1819, cuando éste firmaba pactos con Manuel Belgrano representante de Buenos Aires, la ciudad que se convertía, según Artigas, en el nuevo tirano que sustituía a España. Además Artigas estaban perdiendo popularidad entre sus propios conciudadanos, que empezaron a abandonarle en 1818. De 1819 a 1820, Artigas estará en tierra de nadie, dispuesto a atacar a todos. En enero de 1820, Artigas sería derrotado y eliminado de la escena política.

Rondeau se asustó por la alianza de los tres “orientales”, y convocó a lo mejor de su ejército. Rondeau veía la situación tan grave, que ordenó a San Martín regresar de Chile, en donde estaba desde febrero de 1817, y encargarse de la misión de oriente. San Martín se negó a acudir, pero el Ejército del Norte acogió la orden. Manuel Belgrano, comandante del Ejército del Norte “aceptó la orden”, pero cedió el mando a Francisco Fernández de la Cruz, lo cual le excusaba de participar. A ninguno les parecía cubrirse de gloria lo que consideraban una guerra civil.

El plan de Rondeau acerca de las regiones del Paraná y Paraguay era similar al de Pueyrredón, excepto en que decidió tomarse la campaña por partes: primero atacaría Corrientes y Entre Ríos, que parecían un objetivo más asequible, y más tarde iría sobre Artigas en la Banda Oriental. El descrédito de Rondeau entre sus conciudadanos fue grande.

 

En noviembre de 1819 empezaron las hostilidades con la incursión de Francisco Ramírez sobre Buenos Aires. Y también empezaron los síntomas de desacuerdo entre las regiones obedientes a Buenos Aires:

El 11 de noviembre hubo una primera rebelión en Tucumán, en el Ejército del Norte contra esta política de Rondeau: Manuel Cainzo, Abraham González, Felipe Heredia, se sublevaron en Tucumán y arrestaron al coronel Domingo Arévalo, al general Belgrano y al Gobernador Feliciano de la Mota Botello, nombrando Gobernador nuevo a Bernabé Aráoz. La nueva postura de Aráoz, el al parecer cabeza pensante de la sublevación, era acatar la autoridad de Buenos Aires, pero negarse a luchar contra los “orientales”.

Al poco, se repitió una rebelión similar en Salta, protagonizada por Güemes. Martín Miguel Juan de la Mata de Güemes, Gobernador de Salta desde 1815, era un hombre de lealtad contrastada, que siempre había defendido el territorio argentino frente a las incursiones de los españolistas de Perú, y lo había hecho con recursos propios de los vecinos de Salta, sin ayudas de Buenos Aires. Además, era hombre de toda confianza de San Martín. El hecho es que Güemes se negó a acudir a una lucha lejos de su tierra, y desobedeció la orden de Rondeau. Güemes murió en junio de 1821.

La situación de la provincia de Cuyo era muy tensa, y la región mantenía a la mitad del Ejército de los Andes a sus expensas, sin ayuda de Buenos Aires, lo cual significaba una presión impositiva muy fuerte. Pero gastar hombres y dinero en otra guerra que no entendían les parecía inasumible. El 9 de enero de 1820, Mariano Mendizábal y Francisco Solano del Corro, en la provincia de Cuyo, se negaron a ir a la guerra de Rondeau.

Al poco, los oficiales de San Juan también se negaron a ir a la guerra.

Sólo una parte del Ejército del Norte acató la orden de Rondeau. El 12 de diciembre de 1819, este “Ejército del Norte” abandonó su campamento de Villa del Pilar (Córdoba) y se dirigió a Santa Fe, el centro de la guerra de los ”orientales” contra Buenos Aires. Les dirigía el general Francisco Fernández de la Cruz.

Tras abandonar Córdoba el Ejército del Norte, en esta misión hacia Santa Fe, Francisco Sayós se rebeló en Córdoba, en solidaridad con los federalistas, y apareció un frente más para el Directorio de Buenos Aires.

El Ejército del Norte llegó a Arequito, ya en Santa Fe, y allí, el 8 de enero de 1820 se sublevaron el general Juan Bautista Bustos, coronel Alejandro Heredia, coronel José María Paz, y teniente coronel Felipe Ibarra, alegando que no querían ser protagonistas de una guerra civil entre federalistas y unitarios, sino defender Argentina en Córdoba, desde donde atacaban Alto Perú. A Bustos le seguían 1.600 hombres. Al general Francisco Fernández de la Cruz, jefe de la expedición del Ejército del Norte, le quedaban unos 1.400 soldados fieles, pero se negó a atacar a los coroneles sublevados, sus compañeros. Bustos arrestó a Fernández de la Cruz, y regresó a Córdoba en ese mismo mes de enero de 1820. Al llegar a Córdoba fue invitado por los federalistas (José Javier Díaz, federalista partidario de Artigas) a sumarse a su causa, pero les contestó que no pensaba actuar en una guerra civil del lado de ninguno de los dos bandos.

 

 

Anarquía en Cuyo, en 1820.

 

Cada caudillo militar de la región de Cuyo empezó a atacar a los demás y asesinar a quien le parecía, en una anarquía completa. No había ningún proyecto político en común ni un líder fuerte, ni en el ejército ni en la política. Cada Cabildo buscaba su independencia o autonomía por separado.

Bernabé Aráoz proclamó la República Federal de Tucumán en septiembre de 1820 como una república independiente con atribuciones sobre Catamarca, Tucumán y Santiago del Estero. El 19 de mayo de 1820, Aráoz fue designado Presidente Supremo de esta República. Se hizo una constitución el 6 de septiembre de 1820.

Juan Facundo Quiroga, jefe militar en La Rioja, se sublevó en 16 de octubre de 1820 contra el unitarista coronel Francisco Aldeo, destituyó al Gobernador Francisco Ortiz de Ocampo, y nombró Gobernador a Nicolás Dávila. Los Ocampo y los Dávila eran los grandes terratenientes de la zona. Posteriormente, en 1823, tuvo rencillas personales con los Dávila y se nombró a sí mismo Gobernador en 28 de mayo de 1823, hasta nombrar un Gobernador definitivo en julio de 1823.

El 27 de abril de 1821, Santiago del Estero se declaró autónoma respecto a Tucumán y se inició una guerra entre ambos territorios, el ejército se dividió entre los dos bandos y el resultado fue malo para los dos. El 5 de junio de 1821, Tratado de Vinará, Tucumán y Aráoz reconocieron la independencia de Santiago del Estero.

El 25 de agosto de 1821, Catamarca se declaró independiente de Tucumán.

En Tucumán, el 28 de agosto de 1821, Abraham González derrocó a Aráoz y se proclamó Gobernador de la provincia de Tucumán, es decir, aceptaba las segregaciones de Catamarca y Santiago del Estero, daba fin a la República, y aceptaba el estado unitario con Buenos Aires.

El gesto de Abraham González sólo dio lugar a 10 años de luchas y 20 Gobernadores sucesivos en esos diez años: 10 de enero de 1822, José Víctor Posse; 9 de febrero 1822, Diego Aráoz, primo de Bernabé; marzo de 1822, Bernabé Aráoz; fines de 1823, Javier López, que fusiló a Aráoz y se proclamó Presidente Supremo de la República de Tucumán, y restauró la constitución de 1820. El 25 de noviembre de 1825, López fue derrotado por Gregorio Aráoz Lamadrid, que dio por terminada definitivamente la República de Tucumán.

 

 

Derrota de José Gervasio Artigas.

 

El 22 de enero de 1820 Artigas fue derrotado en Tacuarembó:

En Tacuarembó, José de Castelo Branco Correia conde de Figueira y Capitán General de Río Grande del Sur, contando con un ejército bien pertrechado, se enfrentó a Andrés Latorre, hombre de Artigas, cuyas fuerzas principales eran indios desorganizados, y éstos huyeron en desbandada siendo cazados a cientos en los días posteriores.

Artigas fue abandonado a su suerte y vagó algún tiempo por Santa Fe y Entre Ríos, pues consideraban que no podían sostener una guerra larga con Brasil defendiendo Uruguay y abandonando sus propios territorios. Corrientes y Misiones fueron los únicos que siguieron apoyando a Artigas.

Fructuoso Rivera se pasó a las filas luso portuguesas en 1820. Ya había pactado con los portugueses-brasileños a fin de 1819, y lo hizo abiertamente a partir de la derrota de Artigas en Tacuarembó.

Artigas huyó a Paraguay y terminó su protagonismo político.

 

 

Derrota de José Rondeau.

 

Rondeau, había estado esperando al Ejército del Norte, tal vez 5.000 hombres según sus cálculos, y se encontró que no llegaba ninguno. A fines de enero de 1820, Francisco Ramírez (Entre Ríos) y Estanislao López (Santa Fe) entraron en territorio de Buenos Aires, concretamente en Mariano Benítez, un pueblo cercano a Pergamino, 200 kilómetros al oeste de Buenos Aires y ya en el sur del Paraná, y Rondeau se puso al frente del ejército bonaerense, unos 1.500 ó 2.000 hombres a lo más. Dejó como Director Supremo interino a Juan Pedro de Aguirre, quien ordenó la prisión de Pueyrredón y algunos colaboradores suyos.

El 1 de febrero de 1820, Rondeau fue derrotado en Cepeda por Estanislao López (de Santa Fe), y Francisco Ramírez (de Entre Ríos). Del ejército de Rondeau, pudo salvarse Juan Ramón Balcarce, porque organizó una retirada hacia San Nicolás de los Arroyos con cierto orden. El resto fue aniquilado.

Pero Francisco Ramírez no sacó provecho de su victoria en Cepeda. Se negó a ir sobre Buenos Aires y someterla definitivamente. En vez de una acción militar como era de esperar, se limitó a enviarles una nota diplomática exigiéndoles que cambiaran de gobernantes

Para congraciarse con los vencedores, Rondeau dio libertad de navegación fluvial, lo que disgustó a los comerciantes bonaerenses.

Rondeau llegó a Buenos Aires, tras la derrota de Cepeda, y se encontró con que el general Miguel Estanislao Soler, jefe del Ejército de Reserva, se había dirigido al Cabildo de Buenos Aires y le había exigido tomar el poder y disolver el Congreso Nacional y el Directorio. Le habían secundado Hilarión de Quintana, Florencio Terrada, Manuel Guillermo Pinto, Manuel Pagola y Ángel Pacheco.

Juan Pedro de Aguirre y López Anaya, el Director Supremo interino dejado por Rondeau, dimitió el 11 de febrero de 1820, y se dio por finalizado el Directorio, lo cual significaba el final de Rondeau. Con Rondeau, cayeron la institución del Directorio, el Congreso de Tucumán que funcionaba en Buenos Aires, y se disolvió (los diputados se marcharon a sus provincias de origen) y la constitución.

Rondeau había significado el final del periodo revolucionario, pues se empezaban a constatar los problemas que sobrevienen a una independencia y conformación de un nuevo Estado. Había que tomar una decisión sobre Artigas y la Banda Oriental, hacer frente a la sublevación del ejército del norte, y también a la sublevación de Francisco Ramírez en Entre Ríos.

Fue sustituido por un Gobernador de Buenos Aires, Matías Miguel Irigoyen, que permaneció siete días en el cargo, hasta 18 de febrero de 1820. En esta fecha se hizo cargo del Puesto de Gobernador Manuel de Sarratea, que aguantó quince días, hasta 6 de marzo de 1820. Le reemplazó hasta 11 de marzo, Juan Ramón González Barcarce. Volvió Manuel de Sarratea hasta 2 de mayo de 1820. La inestabilidad acabaría en septiembre de 1820.

Este periodo de inestabilidad política es denominado en la historia de Buenos Aires como “la anarquía”. Yo considero que este término no es muy acertado, pues anarquía es otra cosa bien diferente.

 

 

 

[1] Eustoquio Díaz Vélez tomó la ciudad de Santa Fe en 31 de marzo de 1814, y desde la ciudad emprendió la tarea de abastecer al Ejército del Norte, por lo que su labor era fundamental en el movimiento de independencia de Buenos Aires. El 20 de marzo de 1815 fue expulsado por Manuel Francisco Artigas, uno de los hombres de José Gervasio Artigas. En abril de 1816, Eustoquio Díaz fue de nuevo enviado sobre Santa Fe a ofrecer el Pacto de Santo Tomé y atraer a los pueblos del Paraná al Congreso de Tucumán, pero Antonio González Balcarce, Director Supremo de Buenos Aires, no aceptó el Pacto y se inició la guerra, siendo expulsado de Santa Fe Eustoquio Díaz el 31 de agosto de 1816. En 1820, Eustoquio fue expulsado de Buenos Aires, y marchó a Montevideo. Regresó en 1821, tras la Ley del Olvido de 27 de septiembre de 1821 y compró muchas tierras en las que crió ganado, convirtiéndose en el mayor propietario rural y ganadero de Buenos Aires.

[2] Fructuoso Rivera Toscana, 1784-1854, colaboró con Artigas en 1811-1819, y en el momento de ser derrotado Artigas en Tacuarembó en enero de 1820, ya había él pactado una paz por separado con el brasileño Bentos Manuel Ribeiro en la que se incluía la traición a Artigas. Tras Tacuarembó, y una vez huido Artigas, Rivera se incorporó al ejército brasileño-portugués, y cuando Brasil se declaró independiente de Portugal, apoyó el movimiento de independencia.

[3] Rufino Bauzá, 1791-1854, era el jefe de un batallón de negros libertos, conocidos como “los negros de Bauzá” y se puso a las órdenes de Manuel Oribe, el cual servía a Artigas en la defensa de Montevideo.

[4] Manuel Oribe Viana, 1792-1857, estuvo al servicio de Fructuoso Rivera, y en 1820, cuando Rivera se pasó al servicio del brasileño Lecor, Manuel Oribe se pasó a servir a Buenos Aires, en ese momento aliado de Lecor.

[5] Joaquín de la Pezuela Griñán y Sánchez Muñoz de Velasco, 1761-1830, marqués de Viluma, era un militar español que estaba en América desde 1805, pero no alcanzó puestos de mando hasta 1813, cuando sucedió a Goyeneche en Alto Perú para atacar a los bonaerenses. Practicó la guerra de guerrillas contra ellos y derrotó a Belgrano en batalla campal, pasando a ocupar Salta en mayo de 1814, sólo temporalmente, pues la guerrilla argentina actuaba contra él en Salta. Se retiró a Cotagaita (Alto Perú). Allí le atacó el bonaerense José Rondeau. Pezuela derrotó a Rondeau en Sipe Sipe, en la batalla de Viluma. En julio de 1816 fue nombrado virrey de Perú en unas circunstancias calamitosas para la Hacienda peruana. Pezuela cometió algún error, como empeñarse en que ataque llegaría por Alto Perú, cuando la realidad es que llegó por Chile de manos de San Martín en 1817. En 1820, San Martín lanzó el ataque definitivo, exigiendo la independencia de Perú, y Pezuela huyó, siendo depuesto en 29 de enero de 1821 pro De la Serna. Se marchó a España y fue Capitán General de Castilla la Nueva.

[6] José San Martín Matorral, 1778-1850, nació en Misiones (Argentina), estudió en el seminario de nobles de Madrid en 1786 y sirvió como cadete en Murcia hasta 1802, participando en campañas en Melilla, Orán y el Rosellón. De 1804 a 1808 estuvo en Cádiz a las órdenes de Castaños y estuvo en Bailén y Albuera. Fue teniente coronel en 1811 y estuvo en la logia Lautaro de Cádiz. Abandonó el ejército y fue a Londres para frecuentar la Logia Miranda, antes de pasar a América a luchar por la independencia. Murió en París.

[7] La región de Cuyo comprendía las provincias de Mendoza, San Juan y San Luis, y en 1988 se sumó también La Rioja. Está estratégicamente al sur de las provincias disputadas con Perú (Catamarca, Tucumán y Santiago del Estero), y muy cerca de Santiago de Chile, hay apenas 150 kilómetros entre Mendoza y Santiago, si bien al otro lado de la cordillera. Por eso, son tierras colonizadas desde Santiago de Chile a fines del siglo XVI, domando a los indios pampas y huarpes mediante encomiendas. En el siglo XVIII se hizo un camino hasta Buenos Aires (400 kilómetros de San Juan a Córdoba, y 1.000 kilómetros de Córdoba a Buenos Aires, y en 1776 el territorio pasó al Virreinato de Buenos Aires. A principios del siglo XIX tenía unos 60.000 habitantes. El 10 de agosto de 1814 llegó José San Martín y reorganizó los caminos y la agricultura de la zona, y en enero de 1817, San Martín se marchó a Santiago de Chile y las regiones de Cuyo se declararon autónomas, y en 1820 independientes de Buenos Aires.

[8] Francisco Casimiro Marcó de Pont, 1761-1819 era hijo de un negociante con empresas abiertas en Vigo y en Buenos Aires, que se hizo militar y fue apresado en el sitio de Zaragoza y llevado a Francia, en donde pidió ser llevado a Valençay con Fernando VII. En 1815, el rey le nombró Gobernador de Chile en contra del parecer del Consejo de Indias y se trasladó a su destino en Santiago, vía Panamá-Lima-Valparaiso. Basó su gobierno en nombrar colaboradores absolutistas, reprimir liberales e independentistas, a los que enviaba a Islas Juan Fernández, toque de queda y retirada de armas a la población civil. Cobraba grandes impuestos y sometía a los ricos a secuestros de bienes, con los que hacía obras públicas interesantes. El 12 de febrero de 1817 huyó de Santiago a Valparaíso, y luego hacia el norte, hasta ser capturado por San Martín, que le envió preso a Mendoza (Argentina), donde murió en 1816.

[9] Ignacio Oribe, 1795-1866, sirvió primero a Artigas, desde 1818 a Buenos Aires, en 1820 al rebelde contra Buenos Aires, Alvear, y tras la derrota de Alvear, abandonó el ejército.

[10] Estanislao López, 1786, 1838, era hijo natural de un oficial de milicias, y por ello no tuvo más apellido que el de su madre. En 1811 entró a las órdenes de Belgrano, hasta ser capturado en Tacuarí y encerrado preso en Montevideo, pero escapó al poco y se incorporó al ejército sitiador. En 1816 era Jefe del Escuadrón de Blandengues de Santa Fe, y peleaba a las órdenes de Mariano Vera. En una ocasión tuvo la suerte de vencer en una escaramuza a Juan José Viamonte, y ello le valió el ascenso a capitán. En agosto de 1816, Mariano Vera logró expulsar de Santa Fe al general bonaerense Eustoquio Díaz Vélez, y su ayudante, Estanislao López fue ascendido a Teniente Coronel. Cuando Mariano Vera fue depuesto, el 15 de julio de 1818, Estanislao López asumió el mando de las fuerzas de Santa Fe en 23 de julio de 1818.

[11] Pedro Campbell, 1782-1832, era irlandés y llegó a La Plata en 1806 con las invasiones británicas. Desertó, y se pasó a vivir a Entre Ríos y Corrientes, como curtidor y como patrón de pequeñas naves. Este segundo oficio le fue útil a José Artigas en 1814, pues le proporcionó otras barcas y le mandó controlar el Paraná y el Uruguay. En 1815 se puso al servicio del cacique guaraní Andrés Guazurary en Misiones, y defendió el territorio de los paraguayos. Después reclutó gauchos e indios guaraníes para hacer frente a las incursiones de Buenos Aires, luchando con tácticas indias en las que los soldados eran de infantería o caballería, según el momento y las conveniencias. En 1819 se coaligó con Estanislao López y Francisco Ramírez. En 1820 volvió a defender a José Artigas, fue derrotado junto a él, y huyó con él a Paraguay, instalándose por fin en Villa del Pilar.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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