LA ZONA SUR SUDAMERICANA EN 1811.

 

 

1811 en Buenos Aires.

 

En enero de 1811 regresó Francisco Javier Elío de España, y venía reforzado en autoridad, pues traía el nombramiento de virrey de Río de la Plata. Inmediatamente pidió la sumisión de Buenos Aires, que le fue denegada. El 13 de febrero de 1811, Elío, desde Montevideo, declaró la guerra a la Junta de Buenos Aires.

El 10 de febrero de 1811, la política se complicó en El Plata cuando la Junta Superior de Gobierno de Buenos Aires dispuso que se constituyeran Juntas Provinciales de Gobierno en todas las ciudades importantes, y que todas esas Juntas quedaran subordinadas a la de Buenos Aires. La idea federalista de Saavedra no era fácil de imponer ni siquiera en Buenos Aires: hubo enfrentamiento entre la Junta Superior de Gobierno y el Cabildo de Buenos Aires, pues la Junta estaba ninguneando al Cabildo.

El primer objetivo de Buenos Aires era dominar Montevideo. En febrero de 1811 se sublevó Mercedes contra Montevideo, y ello fue aprovechado por Buenos Aires, que invadió la zona de Mercedes. El caudillo local José Artigas se sumó el 11 de abril al levantamiento contra Montevideo. José Artigas, de la guarnición de Colonia, se unió al padre Enríquez Peña y ambos abandonaron la obediencia a España. El 28 de febrero de 1811, Artigas anunció el comienzo del movimiento revolucionario de la Banda Oriental, a partir de lo cual tomó San José, venció en Las Piedras (18 de mayo de 1811) y se sumó al sitio de Montevideo, donde estaban los soldados de Buenos Aires mandados por José Casimiro Rondeau[1]. Artigas aceptó ser el segundo en el mando militar. Ambos eran naturales de la Banda Oriental y conocían el terreno y a sus habitantes. Pero Rondeau era unitario, de Gobiernos al servicio de Buenos Aires, y Artigas era federalista anticentralista, partidario de repúblicas iguales, sin preeminencia de Buenos Aires.

El 11 de febrero de 1811, el diputado por Córdoba Gregorio de Funes, propuso la formación de Juntas Provinciales en todas las ciudades importantes y Juntas subordinadas en ciudades secundarias. Las ciudades importantes tendrían un Gobernador Intendente nombrado por Buenos Aires, y elegirían a cuatro vocales que completasen la Junta. Las ciudades secundarias tendrían residente de la Junta delegado por la ciudad principal de su zona.

 

La Junta Patriótica de Buenos Aires decidió librarse de los morenistas: había nombrado a Castelli comisario del Ejército del Norte, a Belgrano comandante del Ejército del Paraguay, y a Moreno encargado de política exterior e interior de Buenos Aires. Castelli fue enviado con el Ejército del Norte de las Provincias Unidas de Río de la Plata, a Córdoba, Salta y Alto Perú a someter a los que se resistiesen al dominio de Buenos Aires, y Castelli fue derrotado y dejó de ser una amenaza en Buenos Aires. Belgrano fue enviado a Paraguay, y más tarde a Tucumán en marzo de 1812, donde debía sustituir a Pueyrredón. Mariano Moreno fue enviado a Inglaterra en misión diplomática, pero falleció en el barco a los pocos días, el 4 de marzo de 1811, tras sufrir grandes vómitos. Los morenistas declararon que había sido envenenado y se radicalizaron mucho más. El liderazgo morenista pasó a Juan José Castelli, que representó, a partir de entonces, la violencia independentista. Este espíritu violento viene reflejado en la máxima que adoptó Castelli, “acabar con los españoles”.

El 21 de marzo de 1811, los morenistas se organizaron en una denominada Sociedad Patriótica, que se reunía en el Café Marco y que tenía como finalidad la preparación de un golpe de Estado que les llevara definitivamente al poder. El objetivo era echar a Cornelio Saavedra. Estaban en la “Sociedad Patriótica” Martín Rodríguez, Juan Antonio Pereyra, Juan Ramón Balcarce, Marcos Barcarce, Juan Bautista Bustos, Francisco Ortiz de Ocampo, José Dorragueira, Vicente Echavarría. Estaban completamente indignados tras la muerte de Mariano Moreno. Pocos días más tarde llegó a Buenos Aires Bernardo de Monteagudo[2], un independentista violento, y enseguida se hizo líder de la Sociedad Patriótica, a la que dio un aire de violencia antiespañolista más radical todavía, no sólo contra los españoles, sino contra los realistas en general y contra Saavedra en particular, que es lo que caracterizó a los morenistas en adelante. Bernardo de Monteagudo era el que dirigía la Gaceta de Buenos Aires, publicaba los manifiestos radicales antiespañoles y dominaba la Sociedad Patriótica que aunaba a los liberales independentistas puros. Monteagudo es la representación del revolucionario violento, como lo fue Robespierre en la Revolución Francesa. De ahí que se utilice a menudo el adjetivo “jacobinos” para denominar a los morenistas, y que incluso este adjetivo haya pasado a calificar a menudo a Mariano Moreno, pero seguramente encaja mejor con Castelli y con Monteagudo.

En 1811 se publicó en Buenos Aires El Contrato Social de Rousseau. Esta obra tuvo mucha circulación en Argentina y Chile. Es muestra del ambiente revolucionario ilustrado del momento.

 

En 5 de abril de 1811, a las 23 horas, los de la Sociedad Patriótica iniciaron una manifestación contra Cornelio Saavedra y fueron a detenerle al Ayuntamiento. Cornelio Saavedra creyó en principio que aquello era cosa de Tomás José Grigera. Los hechos eran confusos esa noche: Si los morenistas habían ido al Ayuntamiento a las 23 horas del 5 de abril, el abogado Joaquín Campana[3] y al alcalde Tomás José Grigera[4], habían convocado a la gente de los arrabales de la ciudad, (que por ser las orillas de la ciudad eran conocidos en Buenos Aires como los “orilleros”). Grigera fue detenido a las 2 de la mañana del 6 de abril, pero la gente decía que venían a apoyar a Saavedra. Llegaban a caballo y permanecían en silencio en la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo). Los morenistas acosaron a Grigera, desde la dos a las seis de la mañana, porque estaba impidiéndoles su golpe. A las seis de la mañana se aclaró el equívoco, y la multitud se mostró favorable a Campana, Grigera y Saavedra, e hizo fracasar el intento de Bernardo de Monteagudo y sus morenistas de tomar el poder. Una manifestación popular denominada ”la pueblada” en Argentina, de gente poco culta y de poca influencia económica, procedente de los arrabales de la ciudad, orilleros, había salvado a Saavedra gracias a la intervención de Grigera, tras el aviso de Campana.

Saavedra se valió del terror del Comité de Seguridad Pública para reprimir a los morenistas. Los morenistas como Vieytes, Rodríguez Peña, Miguel de Azcuénaga y Juan Larrea, fueron sustituidos por Joaquín Campana, Juan Alagón, Atanasio Gutiérrez y Feliciano Chiclana. Los diputados depuestos, más French y Beruti, fueron expulsados de Buenos Aires. Saavedra se quedó sin enemigos dentro del Gobierno. Monteagudo había fracasado. Más tarde fue a Chuquisaca y allí fue encarcelado, terminando así su protagonismo político.

 

Derrotas de Buenos Aires en 1811.

 

La supuesta superioridad de Buenos Aires no se traducía en dominio militar: La expedición de Belgrano a Paraguay fue un desastre. La ciudad de Montevideo no reconocía a la Junta de Buenos Aires y hasta destruyó una flotilla bonaerense. Los pocos éxitos bonaerenses, provinieron de un aliado en desacuerdo con Buenos Aires, de Artigas: el 18 de mayo, Artigas causó 1.500 bajas a los de Montevideo y cercó la ciudad.

El 9 de enero de 1811, Buenos Aires fue derrotada en Paraguarí, y el 9 de marzo de 1811 de nuevo derrotada en Tacuarí.

José Manuel de Goyeneche[5] reunió en Perú un ejército en Desaguadero y atacó al Ejército Auxiliar, Ejército del Norte, del bonaerense Juan José Castelli en Machaca, derrotándole el 22 de junio de 1811 en Huaqui (Desaguadero). En realidad, las tropas de Castelli huyeron a la desbandada a la vista de un verdadero ejército, presas del pánico. En la huida, abandonaron todo su armamento y recursos y en la retirada robaron lo que pudieron con tal grado de inmoralidad que Castelli fue juzgado como delincuente al regresar a Buenos Aires. El mando del ejército en desbandada y huida hacia el sur fue tomado por Juan Martín de Pueyrredón, quien había sido Gobernador de Córdoba hasta enero de 1811, y Gobernador de Chuquisaca a partir de esa fecha. Tras la derrota de Huaqui de junio de 1811, Pueyrredón tuvo la idea de apoderarse de la plata que pudo en el Alto Perú y llevársela a Córdoba, lo cual no le vino mal a la Junta de Buenos Aires y congraciaba a Pueyrredón con sus superiores.

Consecuencias de esta batalla de Huaqui fueron:

La Paz y Oruro se pasaron a los realistas, y el españolista Goyeneche se atrevió a entrar en Cochabamba y San Miguel de Tucumán. Allí fue parado por la resistencia platense.

La pérdida del Alto Perú, fuente de la principal mercancía en El Plata, el oro y la plata.

La decisión de Cornelio Saavedra, Presidente de la Junta Grande, de ponerse al frente del Ejército del Norte a fin de recomponerlo, dejando como Presidente interino de la Junta Grande a Domingo Matheu. Ello dio nuevos ánimos a los morenistas de la Sociedad Patriótica, que de nuevo intentaron la toma del poder. A los ocho días de llegar Saavedra a Salta, se enteró de que en 22 de septiembre había sido destituido como Presidente de la Junta Grande y como Comandante del Ejército del Norte, puesto en el que le reemplazaba Pueyrredón. En septiembre de 1811 Pueyrredón obtenía el mando del Ejército del Norte, cargo que mantendría hasta ser sustituido por Manuel Belgrano en marzo de 1812. Pueyrredón pasó entonces a ser miembro del Primer Triunvirato en sustitución de Juan José Paso.

El abandono en Buenos Aires de la política agresiva de “muerte a los españoles”, cambiando a una política más moderada de reservar sus fuerzas para la defensa frente a ellos y frente a los conflictos entre independentistas.

 

Pero tampoco Perú podía aspirar a someter a la mitad sur de Sudamérica. No tenía hombres ni recursos suficientes.   La clave del éxito eran los indios. Quien los ganase ganaría la guerra. El virrey de Perú, Abascal, les ofreció educación y honores, pero los indios no entendieron el beneficio que se les hacía con esas promesas. Entonces, el argentino Castelli acusó a Abascal ante los indios de mentiroso y les ofreció riquezas e igualdad ante la ley. Los indios se sentían al margen de las guerras de los blancos y en principio se sentían más atraídos por las promesas argentinas que por las limeñas, pero pronto comprendieron que eran mentiras, que los independentistas del hoy robaban más que los españoles del ayer y, en general, ayudaron más a los españoles que a los revolucionarios criollos y mestizos.

 

 

Errores de Elío en 1811.

 

En julio de 1811, Elío recurrió a soluciones drásticas, de extrema gravedad, propias de un momento desesperado, el bombardeo de Buenos Aires y la petición de ayuda de Brasil:

El 15 de julio de 1811, Elío, virrey de Río de la Plata residente en Montevideo, bombardeó Buenos Aires. La ciudad de Montevideo permanecía sitiada por los bonaerenses Artigas y Rondeau, pero Elío dominaba el mar y atacó el origen y núcleo de sus enemigos.

Elío, recurrió a pedir ayuda a Carlota Joaquina, reina de Brasil y Portugal, lo cual denotaba que se vivía una situación de máximo peligro, pues de otro modo nunca lo hubiera hecho. Portugal y España no eran precisamente amigas, la primera era aliada de Inglaterra y la segunda la gran enemiga del imperio británico. Inglaterra era la potencia que, asentada en Río de Janeiro, trataba de hacerse con el comercio de El Plata.

Carlota Joaquina seguía en su proyecto de adueñarse de todo, y animó al peruano Goyeneche a atacar a Buenos Aires, lo cual debilitaría tanto a Perú como a La Plata, los dos enemigos del proyecto de la Borbón.

El 17 de julio, 3.000 portugueses invadieron tierras de Uruguay. Arrasaban cuanto podían, pues se beneficiaban del saqueo libre que les permitían sus jefes.

La situación se hizo crítica para los bonaerenses, cuyos negocios se venían abajo, y pidieron la paz, pero Elío repitió el bombardeo sobre Buenos Aires para forzarles a volver las cosas a como estaban antes y reconocer a Fernando VII.

Buenos Aires acabó negociando con Elío el “Armisticio de Octubre”, por el que los bonaerenses se retiraban del sitio de Montevideo.

Elío pagó sus errores: fue llamado a España y se marchó a Cádiz en diciembre de 1811, desapareciendo para siempre el cargo de virrey de Río de la Plata. No le sirvió de nada el plan de someter a Buenos Aires, porque a España no le había gustado que reconociera las independencias de los pequeños caudillos, que bombardeara Buenos Aires, y que pactara con Carlota Joaquina.

En España no se comprendían bien las cosas de América. Su sucesor, Gaspar de Vigodet[6], se titularía “Capitán General de las Provincias de Río de la Plata”.

 

 

Paraguay 1811.

 

Paraguay no aceptó en 1810 la soberanía de Buenos Aires y, en 1811, se declaró independiente. El gobernador de Asunción del Paraguay, Bernardino de Velasco, convocó Junta General de la Intendencia del Paraguay y los reunidos defendieron la independencia pura, tanto de España como de Buenos Aires. En 1811 los paraguayos se encontraban atacados tanto desde Brasil como desde Buenos Aires y Bernardo de Velasco decidió una posible solución, la alianza con Brasil.

Bernardino de Velasco, inoportunamente, había buscado la ayuda de Brasil pues sentía haber perdido poder, que no le obedecían ni los criollos rurales ni los mestizos. Bernardino de Velasco decidió hacer marchas por Paraguay creyendo que así sometía a los pueblos a su autoridad. Pero esas marchas no tenían sentido de la globalidad, sino sólo el de amedrentar a las gentes. No era la táctica adecuada.

Y entonces, en medio de los criollos paraguayos apareció un caudillo populista, abogado en Asunción, llamado José Gaspar Rodríguez de Francia, que le desplazó completamente de poder:

   El 14 de mayo de 1811 llegaba a Asunción el general brasileño José Abreu para ayudar a Bernardino de Velasco contra los rebeldes. Entonces, José Gaspar de Francia pidió a los militares un golpe de Estado. Colaboraron Mauricio José Troche, Vicente Ignacio Uribe, Juan Bautista Rivarola y Pedro Juan Caballero[7], que esa noche liberaron a los presos políticos, se aprovisionaron de armas y forzaron al Gobernador Velasco a dimitir.

El 17 de mayo de 1811 crearon un Gobierno Provisional en el que estaban Bernardo de Velasco, José Gaspar de Francia (entonces llamado José Gaspar de Francia, pues el Rodríguez lo asumió más adelante), y el capitán Juan Valeriano Zeballos.

Pocos días más tarde, el 9 de junio, Bernardo de Velasco fue excluido del Gobierno Provisional sin aducir razón alguna.

El objetivo inicial de José Gaspar de Francia era que los portugueses no entraran en Paraguay.

Del 17 al 20 de junio de 1811 celebraron un Congreso General de Paraguay (equivalente a Cabildo Abierto en este caso). Presidieron el Congreso José Gaspar de Francia, el capitán José Valeriano Zeballos, y el capitán Pedro Juan Caballero.

En ese Congreso, Manuel Antonio Molas propuso la unión con Buenos Aires en términos de confederación o igualdad de soberanía y así se aceptó. El 19 de junio se ratificó la deposición de Bernardino de Velasco. Se decidió que hubiera un congreso anual.

Se eligió un Junta Gubernativa presidida por el estanciero Fulgencio Yedros Yedros, acompañado de cuatro vocales que eran el estanciero y capitán Pedro Juan Caballero; el abogado José Gaspar Rodríguez de Francia[8]; fray Francisco Javier Bogarín; y Fernando de Mora. La Junta se declaró provisionalmente independiente. Carecían de programa de gobierno. Sólo se habían preparado para la lucha y no sabían cómo gobernar. Francia se hizo imprescindible, pues era el único que sabía organizar los papeles. Pero, aunque de forma improvisada, hicieron muchas reformas: crearon una Academia Militar; una cátedra de Matemáticas; una Sociedad Patriótica Literaria que debía dirigir la instrucción pública; una institución de fomento de la agricultura, comercio y navegación; y también crearon un Tribunal Supremo de Paraguay, abandonando los recursos a Buenos Aires.

José Gaspar Rodríguez de Francia era un tipo populista, alto, sombrío, fumador, amable con los de abajo, de los que creía que nunca le harían sombra, y muy duro con los de arriba a los que acusaba públicamente de ignorantes e incompetentes, y desgraciadamente, muchas veces tenía razón en ello. Decía actuar a favor de los indios y estar en contra de españoles y criollos, es decir de toda la raza blanca. Era criollo paraguayo. Había estudiado en la universidad de Córdoba (Tucumán) y era doctor en teología. Era agnóstico en religión. Permaneció soltero hasta ser dictador.

El 1 de agosto de 1811, José Gaspar de Francia renunció a su puesto en la Junta de Gobierno, pues estaba en desacuerdo con el resto de la Junta. La Junta le rogó que volviera, y lo hizo con la condición de que no gobernaran los militares, es decir, ni Yedros ni Caballero.

Se envió a Rodríguez de Francia a Buenos Aires para comunicar que Asunción del Paraguay se había constituido como un país en libertad, y para exigir la ratificación por Buenos Aires del hecho de la independencia de Paraguay. Francia defendía la convivencia sin sumisión. Buenos Aires exigió la sumisión de Asunción y se llegó a un punto muerto, en el que decidiría la debilidad bonaerense, que acabó reconociendo la independencia de Paraguay.

El 12 de octubre de 1811 se hizo un Tratado con Buenos Aires por el que se abolían los impuestos que Paraguay pagaba al bajar sus mercancías por el río hasta Buenos Aires.

A fines de enero de 1812, Francia renunció por segunda vez al cargo y estuvo fuera hasta que, en noviembre de 1812 le insistieron en que volviera.

 

 

 

Chile en 1811.

 

En Chile, los españolistas son conocidos como conservadores y realistas, mientras los independentistas son conocidos como patriotas, radicales y exaltados. Hay mucha carga emocional y subjetiva en los apelativos.

El 21 de febrero de 1811, la Junta de Gobierno de Mateo de Toro, Juan Martínez de Rozas, Martínez Aldunate, Fernando Márquez de la Plata, Ignacio Carrera, Francisco Javier de la Reina y Juan Enrique Rosales, decretó el librecomercio en los puertos de Coquimbo (norte de la zona más habitada), Valparaíso (puerto de Santiago), Talcahuano (puerto de Concepción), y Valdivia (sur de la zona más habitada). La libertad de comercio era entendida como apertura a los barcos de todos los países amigos y neutrales, con aranceles del 30% sobre las importaciones y prohibición de importar artículos que fueran perjudiciales para alguna industria chilena. Lo importante a considerar es que esta ley no tocaba los ingresos de los hacendados. También convocó elecciones a un nuevo Congreso.

Durante las elecciones, el 1 de abril de 1811 se produjo en Chile el fracasado golpe militar del coronel españolista Tomás de Figueroa, y éste fue ejecutado. Se consideró que se había levantado en connivencia con la Real Audiencia, y la Audiencia fue cesada por la Junta, sustituyéndola por un Tribunal de Apelaciones integrado por cuatro ministros. La Junta ejercía de hecho funciones legislativas, ejecutivas y judiciales y era, por tanto, un Gobierno autoritario.

El 30 de abril de 1811 se incorporaron a la Junta de gobierno los diputados de provincias, incrementando el número de vocales de la Junta hasta 30.

El 6 de mayo de 1811 ganaron las elecciones los moderados y realistas y el 4 de junio de 1811 Juan Antonio Ovalle fue nombrado Presidente del Congreso Nacional. El 4 de julio de 1811, la Junta de Gobierno de Chile reunió el Congreso Nacional y le entregó el Gobierno. Habían ganado las elecciones los moderados de Larraín, y con ello, el radical Juan Martínez de Rozas se consideraba decepcionado. Aparecieron tres partidos: el realista, que era el minoritario y defendía la continuación con España; el moderado (Ovalle, Infante, Larraín) que defendía negociar con España e introducir las reformas oportunas; y el radical (Salas, Martínez Rozas, O`Higgins) que defendía una república independiente.

Los Larraín eran una serie de familias muy influyentes, de las cuales la más poderosa económicamente era la de José Toribio de Larraín y Guzmán I marqués de Larraín, líder realista españolista. Pero había otra rama de la familia, la de los hijos de Martín José Larraín y Vicuña, conocidos como “los otomanos” cuyo representante, el fraile Joaquín de Larraín y Salas era líder independentista. No era propiamente de la familia el diputado independentista por Santiago Joaquín Echevarría Larraín.

El Congreso disolvió a la vieja Junta y creó una nueva, en la que eliminó a los radicales. La forma de hacerlo fue dar más representantes en los lugares más conservadores, por lo que Santiago pasó de seis a doce diputados, y menos representantes en los más progresistas. De los doce diputados de Santiago, sólo Joaquín Echeverría Larraín era independentista.

Los radicales no tenían manera de sacar mayoría y se retiraron del Congreso marchándose a Concepción de Chile, apareciendo un ejecutivo moderado en Santiago. El sistema político adoptado en Santiago fue asambleario y resultó un caos. El diputado independentista y liberal, Manuel de Salas, antiguo alcalde de Santiago, propuso una nueva división territorial, en el sentido de que Coquimbo fuera instituida como nueva Intendencia, además de las de Santiago y Concepción, en la idea de que con ello triunfarían los independentistas, pero naturalmente, la mayoría conservadora no le aceptó la propuesta.

El 25 de julio de 1811 llegó a Valparaíso, procedente de España, el militar José Miguel Carrera, de 25 años de edad, y allí se encontró con que su hermano, el también militar Juan José Carrera estaba preparando un golpe independentista contra la Junta de Gobierno, apoyado en Antonio Álvarez Jonte, delegado de Buenos Aires que había venido a pedir Juntas independientes, y los frailes Antonio Orihuela y Joaquín de Larraín y Salas. José Miguel Carrera reaccionó de manera prudente, diciendo que primero había que conseguir las cosas por las buenas, y expuso sus reivindicaciones independentistas a Manuel Pérez Cetapos, que las rechazó. Entonces aceptó las ideas de los golpistas.

El 27 de julio, los independentistas se opusieron a que saliera de Chile ningún dinero para España, dinero que había pedido la Junta de Sevilla. Fracasaron aparentemente, pero ganaron popularidad a la larga.

El 6 de agosto de 1811, el capitán inglés Fleming pidió dinero para la guerra de España y Bernardo O`Higgins se opuso, ganando con ello popularidad. El Congreso se negó a dar fondos.

El 9 de agosto, Juan Martínez de Rozas y doce diputados independentistas más, los radicales, se marcharon a Concepción y allí levantaron su propia Junta Provincial, una junta revolucionaria. El líder radical era el fraile Joaquín Echevarría Larraín, porque Martínez de Rozas estaba un poco desprestigiado tras el fracaso de no poder reducir los diputados de Santiago otra vez a seis y el nuevo fracaso de 27 de julio citado.

Desde allí, se fortalecieron los exaltados o independentistas con la familia Larraín como núcleo y con José Miguel Carrera como líder militar jefe de milicia. En 1812 hicieron una constitución provisional. José Miguel Carrera se hizo cargo de la Junta Provincial de Concepción. La circunstancia la aprovechó el virrey Abascal, del Perú, para mandar un destacamento militar que venció a los republicanos, y su jefe estableció un pacto con ellos, pero Abascal no aceptó el pacto hecho por sus propias tropas, envió más tropas y restableció en octubre de 1814 el gobierno de España.

Mientras tanto, el 10 de agosto de 1811, la Junta Ejecutiva del Congreso en Santiago, fue dirigida por un triunvirato integrado por Martín Calvo Encalada, Juan José Aldunate, y Francisco Javier del Solar.

El 4 de septiembre de 1811 hubo una asonada (grito, pronunciamiento, golpe de Estado) de José Miguel Carrera, ayudado por sus hermanos Juan José Carrera y Luis Carrera. José Miguel Carrera se dirigió a las 12 de mediodía al cuartel de Artillería de la Plaza de la Moneda (hoy Plaza de la Ciudadanía) con 70 hombres, y un contacto en el interior llamado Ramón Picarte le ayudó a tomar el cuartel. Mandó entonces detener al comandante Francisco Javier Reina, que se negó a colaborar con los golpistas. Y de allí se fue con 25 ó 30 hombres y algunos cañones a la Plaza Mayor (hoy Plaza de Armas) donde estaba reunido el Congreso y exigió hablar. Llevaba una lista de diputados, vocales del Ejecutivo, fiscales y procuradores que debían ser cesados (incluido el Gobernador Juan Mackenna), y otra lista de los que debían ser nombrados (Francisco Lastra como Gobernador), además de peticiones secundarias como que Ignacio Carrera fuera nombrado Brigadier, que los frailes no pudieran ser elegidos para cargos políticos, y que se instituyese un Cuerpo de Patriotas al estilo de Buenos Aires. La propuesta era completamente antidemocrática y facciosa. A las 15 horas, el Congreso cedió en cuanto a la destitución de cinco vocales del Ejecutivo y nombramiento de los cinco de la lista de José Miguel Carrera (Juan Enrique Rosales, Juan Martínez de Rozas, Martín Calvo Encalada, Juan Mackenna y Gaspar Marín). Pero el Congreso no se puso de acuerdo en todo el día sobre el resto de deposiciones y nombramientos que José Miguel Carrera decía que eran pedidos por el pueblo.

Juan Martínez de Rozas estaba en Concepción desde el 25 de agosto, y allí pidió Cabildo Abierto, que se celebró el 5 de septiembre de 1811, sin conocer en absoluto lo que estaba sucediendo en Santiago desde el día anterior. En Concepción, se destituyó a los diputados del Congreso por Concepción que estaban en Santiago, y se nombraron líderes independentistas, apareciendo como líder el fraile Antonio Orihuela. Orihuela fue enviado a Santiago a comunicar las noticias, y llegó el 16 de septiembre, sumándose a un Congreso ya tomado por los independentistas.

El fraile independentista Juan Echeverría Larraín disolvió el Congreso e impuso la autoridad de Martínez de Rozas, el hombre de Concepción, al frente de una Junta Gubernativa.

Afortunadamente para la nueva Junta, el 14 de abril pasado, la Regencia de España, en su política de extender las Juntas como medio de defensa frente a franceses y británicos, reconoció a la Junta de Chile, pero esta Junta de Gobierno no lo supo hasta septiembre de 1811. Abascal, Virrey del Perú, tuvo que aceptar los hechos, aunque a regañadientes. No se atrevió a ir contra los independentistas chilenos.

La nueva Junta tenía en su contra a casi todos los grupos influyentes de Santiago y se mostró muy dura. Este nuevo líder emprendió una serie de reformas: una comisión constitucional (que seguía reconociendo a Fernando VII como soberano), el derecho de propiedad, la independencia pura y una bandera azul, blanca y amarilla; abolición de los casuales (pagos por bautizos, bodas, funerales…); cementerios fuera de la población; plan de enseñanza; subida de impuestos; reclutamiento forzoso. No era más que el programa ilustrado aplicado en Europa en el XVIII y también en muchas otras regiones americanas que se estaban independizando. Naturalmente, se disgustaron los eclesiásticos, los chilenos más tradicionalistas y algunos hacendados. Éstos no estaban de acuerdo con la “libertad de vientres”, porque suponía perder a sus esclavas sexuales.

La aventura de Martínez de Rozas terminó el 15 de noviembre de 1811 con otra asonada, otra vez de los hermanos Carrera, que ahora querían asambleas populares y disolución del Congreso. Chile iba al caos asamblearista y en enero de 1812 se sublevaría Concepción y el ejército contra los Carrera. En 15 de noviembre de 1811, José Miguel Carrera dio un golpe de Estado y se declaró Presidente de la Junta Provisional de Gobierno, dictador en la práctica, detuvo a Rozas y deportó a muchos de sus seguidores. Creó un ejército patriótico. El 2 de diciembre, Carrera disolvió el Congreso Nacional e impuso el Gobierno de José Gaspar Marín, Juan José Rozas (sustituido por O`Higgins), y él mismo, José Miguel Carrera.

 

José Miguel Carrera se proclamó dictador, pero no era un ideólogo, sino simplemente un militar diplomático. Su idea principal era quedar bien con los hacendados chilenos, pero la situación de guerra entre Argentina y Perú no le permitía quedar bien con todos. Abascal le envió una delegación militar para atraerle a la sumisión a Lima. Y Carrera cometió varios errores: los hacendados se inclinaban los unos por Perú y los otros por Buenos Aires, y Carrera les castigó, lo que significó su desprestigio. Fue sustituido por O`Higgins.

Chile se convirtió en un caos, pues los hacendados levantaron guerrillas y cada uno actuaba por su cuenta.

 

José Miguel Carrera se convirtió en el Jefe Militar de los patriotas chilenos y O`Higgins se puso a su servicio.

Mientras tanto la oposición actuaba desde fuera del Gobierno: Camilo Henríquez escribía en el periódico Aurora de Chile ideas para la revolución. José Toribio de Larraín marqués de Larraín organizaba una oposición a Carrera. O`Higgins hacía otro grupo de oposición.

 

 

 

Montevideo en 1811.

 

En enero de 1811, Francisco Javier Elío volvió a Montevideo con el título de virrey de El Plata, y declaró la guerra a Buenos Aires. Gaspar de Vigodet quedaba como segundo de Elío. A Elío le apoyaban los comerciantes de Montevideo.

Los estancieros de la Banda Oriental, Venancio Benavidez y Pedro Viera, se pusieron del lado de Buenos Aires cuyo Gobierno se hacía llamar Provincias Unidas de Río de la Plata. El 28 de febrero de 1811, Grito de Asencio, los estancieros citados empezaron una guerra, a la que se sumaron Mercedes, Soriano y la Banda Oriental. Obtuvieron el apoyo de los jefes militares bonaerenses Belgrano y Rondeau. José Artigas era el jefe de los patriotas de la Banda Oriental.

Es preciso advertir la aparición en 1811 de José Gervasio Artigas[9], que se hacía llamar José Artigas, un hombre de la Banda Oriental, miembro del Cuerpo de Blandengues, que los morenistas captaron a partir de febrero de 1811 para defender el independentismo y se convirtió en un personaje imprescindible para entender la evolución de toda la región del Paraná entre 1811 y 1820. Junto a él luchaban su primo Manuel Artigas, nacionalista convencido y morenista, que murió en 24 de mayo de 1811, y su hermano Manuel Francisco Artigas, ayudante de confianza de José.

Para entender la figura de Artigas, es preciso tener en cuenta al cacique indio guaraní Andrés Guazurarí, que gobernó Misiones desde 1811 a 1819, junto a sus ayudantes Sití, y Mariano Mverá, que le proporcionaban hombres e información, y que a partir de enero de 1817, cuando los brasileños invadieron Misiones, luchó directamente contra ellos hasta ser capturado en 1819. Fue llevado a isla Das Cobras, donde murió en 1821.

En marzo de 1811, Buenos Aires emprendió una campaña seria contra Montevideo, enviando a Belgrano con una fuerza importante y llevando a Rondeau como segundo en el mando. Belgrano aceptó a José Artigas como colaborador en las relaciones con los indios y en los abastecimientos. Pero Belgrano fue derrotado en el mar el 2 de marzo de 1811 y el asedio de Montevideo no podía ser emprendido con muchas esperanzas de éxito. Belgrano se limitó a controlar la zona entre el Uruguay y el Paraná, mientras Elío controlaba la Banda Oriental.

En abril, Belgrano cruzó el Uruguay y llevó la guerra a la Banda Oriental. Pero la confrontación no fue a más, porque Belgrano fue llamado a Buenos Aires para ser juzgado por sus derrotas pasadas, y estuvo en juicio hasta agosto siguiente. Belgrano tenía un plan de ataque bastante racional y completo: una paz con Portugal-Brasil; una alianza con Paraguay; una guerra total en la Banda Oriental con Manuel Artigas en el norte, José Artigas en el centro y Venancio Benavidez en Sacramento, reservándose para él la zona de Montevideo. Siguiendo este plan, había obtenido pequeñas victorias en abril y mayo de 1811, antes de retirarse para ser juzgado.

En 14 de mayo de 1811, Fulgencio Yedros y Manuel Cabañas hicieron Junta Revolucionaria en Paraguay, y se pasaron a los independentistas, con lo que Elío perdía aliados en la zona.

Elío cometió un error grave en ese momento: pidió ayuda a Portugal. Portugal, que deseaba quedarse en la zona, envió en julio de 1811 un ejército y pronto se vio que los brasileños no deseaban irse nunca y que trataban la tierra como enemiga a castigar y despojar.

El 18 de mayo de 1811, José Artigas obtuvo su primera victoria importante en Las Piedras: con 400 infantes y 600 jinetes venció al español José Posadas, que tenía 1.200 hombres y le hizo cerca de 500 prisioneros.

En mayo de 1811 comenzó el Primer Sitio de Montevideo. El 21 de mayo llegó José Artigas, y el 1 de junio se le unió el bonaerense Rondeau. Sitiaban la ciudad por tierra. Pero Montevideo tenía un centenar de barcos que dominaban el estuario y los ríos, y se abastecía comprando en poblados alejados de Montevideo.

El 27 de mayo, Elío ordenó abandonar Sacramento, que ya no podía ser defendida y abastecida con seguridad. Montevideo se quedó sin apoyos exteriores.

En el Perú se dio orden de no atacar mientras el general español Goyeneche no atacase primero, pero Castelli estaba muy crecido por sus victorias de 1810, y cuando el 19 de junio de 1810 Goyeneche fue sobre Juraicoragua (Desaguadero), Castelli se sintió autorizado a declarar nula la orden de permanecer pacífico y con autorización a poder atacar.     El 20 de junio de 1811, Castelli fue derrotado en Huaqui (Perú), y sus proyectos bélicos hubieron de posponerse hasta enmendar las consecuencias de la derrota. Castelli fue llamado a Buenos Aires para hacerle Consejo de Guerra. Saavedra se hizo cargo del Ejército del Norte. Castelli murió en 12 de octubre de 1812 sin haber sido juzgado, tras posponer varias veces el acto.

En julio de 1811 llegó el brasileño Diego de Souza a Río Grande del Sur y entró en la Banda Oriental con 4.000 hombres. Le acompañaban los mariscales Manuel Marques y Joaquín Javier Curado. La táctica era dejar a sus hombres libertad de saqueo, lo que les hacía muy peligrosos y odiosos para los estancieros locales.

En 10 de septiembre de 1811 se iniciaron unas conversaciones de paz entre Elío y Buenos Aires. Elío exigía la retirada de Buenos Aires de la Banda Oriental, negociaba la retirada de los portugueses y obtenía algunos territorios como Concepción, Gualeguay y Gualeguaychú. El 7 de octubre se llegó a un acuerdo. El 20 de octubre se firmó el armisticio.

El 12 de octubre de 1811, Rondeau levantó el sitio de Montevideo. Con ello, Buenos Aires abandonaba a su protegido Artigas, que hubo de huir a Entre Ríos en el llamado “éxodo oriental”. En la huida le siguieron 10.000 hombres, tal vez más, lo cual se considera un gran éxito de Artigas, pues era la cuarta parte de la población. La caravana remontó el Uruguay hasta llegar al sitio de Ayuí (en el actual Entre Ríos), donde se instalaron.

El 15 de noviembre de 1811, Buenos Aires trató de mejorar su imagen frente a Artigas y le nombró Gobernador de Yapeyú, una región de 10 pueblos en Misiones.

 

 

 

Septiembre de 1811:

Primer Triunvirato en Buenos Aires.

 

En 1811, Buenos Aires había fracasado en su intento de hacer un imperio del sur dominado desde Buenos Aires. El proyecto, ni era acatado fuera del virreinato de El Plata, ni en Montevideo, ciudad vecina que se declaraba pro española y mantenía una flota que bloqueaba el estuario, ni en Uruguay, una zona rural donde el caudillo José Artigas imponía un régimen asambleario federalista, ni en el norte de Uruguay donde estaban los portugueses que habían invadido la zona, ni en Paraguay que tampoco aceptaba la supremacía de Buenos Aires, ni en el Alto Perú que se sentía humillado secularmente por los comerciantes bonaerenses.

Los desastres en Buenos Aires y la ausencia de Saavedra, que estaba en el norte al mando del ejército, tratando de defenderse de Perú, envalentonaron a los morenistas, que convencieron al Cabildo para cambiar el Gobierno de la “Junta Conservadora de los Derechos del Rey Fernando VII”, o Junta Grande, por un Triunvirato.

En septiembre de 1811, en Buenos Aires, los morenistas tomaron el poder aprovechando la ausencia de Saavedra e impusieron un nuevo modelo de Estado. Quedaron excluidos de participación en el nuevo Gobierno, Cornelio Saavedra y Joaquín Campana. Se pretendía un Estado más antiespañol, más nacionalista:

La Junta Grande creó un Ejecutivo que se llamó El Triunvirato. Lo conformaban tres vocales y tres secretarios. Eran vocales: Manuel Sarratea, Juan José Paso[10] y Feliciano Antonio Chiclana[11]. Eran secretarios: Bernardino Rivadavia, José Julián Pérez y Vicente López Planes.

Actuaba en la práctica como Jefe de Gobierno, Bernardino Rivadavia, un gran organizador, un técnico, que demostraría no ser como los revolucionarios nacionalistas esperaban, sino que era liberal y procuró ser moderado. Rivadavia intentó infructuosamente la organización del Estado argentino y lo volvería a intentar en 1820, y con éxito a partir de 1826. En 1811, le faltaban tablas para la política y “la conspiración de los españoles” de julio de 1812, la insolencia de Belgrano y la Logia Lautaro de Monteagudo, acabaron con sus esperanzas políticas en esta etapa.

El Triunvirato había cambiado de actitud para con los españoles, respecto a 1810 y primera mitad de 1811, y era partidario de una política de no agresión a los españoles, limitando las acciones de guerra a la defensa:

En 20 de octubre de 1811 se hizo un armisticio con Elío, a fin de abandonar la guerra de Montevideo, pues los bonaerenses estaban sitiando la ciudad con grandes gastos y pérdidas ante los portugueses y españoles. El 24 de octubre, Montevideo ratificó el Tratado de Octubre, y Rondeau retiró el sitio de Montevideo. Los montevideanos que estaban en el bando de los sitiadores de Montevideo, declararon el 10 de octubre a Artigas, su general en jefe, diciendo que se oponían a cualquier tratado con Buenos Aires, que les estaba traicionando. Artigas y sus partidarios, tuvieron que huir en un éxodo conocido como “la redota” (la derrota), pues un grupo grande de vecinos cruzó el Uruguay y se instaló en Ayuí, junto a Artigas.      El 2 de diciembre de 1811 se firmó un nuevo acuerdo con Elío, virrey de La Plata residente en Montevideo, por el que Buenos Aires reconocía a las Cortes de Cádiz españolas, condición que Elío ponía para la paz entre Montevideo y Buenos Aires.

 

El 22 de octubre de 1811, un Reglamento Orgánico, actuando como una constitución, daba pautas al Gobierno del Triunvirato, estableciendo una división de poderes:

El legislativo quedaba en manos de la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII. Esta Junta detentaba también la soberanía.      Era una Asamblea General integrada por los miembros del Ayuntamiento, los representantes de las provincias y representantes del pueblo de Buenos Aires que eran mayoría. La Junta era una Asamblea General con mayoría de porteños, 33 de 44 diputados, y esta Asamblea exigió el poder que Rivadavia estaba ejerciendo y efectivamente, Rivadavia dimitió. La situación del Triunvirato se debilitó mucho tras la salida de Rivadavia, pues la Asamblea General era de centralistas bonaerenses en desacuerdo con la política liberal de repartir el poder que había llevado Rivadavia, pero también en desacuerdo con su sometimiento al Triunvirato y las provincias eran conservadoras y también se oponían a reformas liberales. Los revolucionarios populistas estaban en contra de la Junta Conservadora o Asamblea General.

El ejecutivo era el Triunvirato.

El Judicial era la Audiencia.

No estaban conformes con el sistema político que ellos mismos habían creado, los morenistas, encabezados por Juan José Paso, y en 22 de noviembre de 1811 sancionaron un Estatuto Provisional, que cambiaba las reglas de 22 de octubre, dejando a la Junta como organismo puramente asesor, y trasladando la soberanía al Triunvirato, cuyo nombre sería “Gobierno Superior Provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata”. Rivadavia había sido definitivamente derrotado.

En 7 de noviembre de 1811, la Junta Grande de Buenos Aires fue definitivamente eliminada. Es decir, se eliminaron los diputados de provincias, demasiado conservadores para gusto de los morenistas, y se dejó el poder en manos de una mayoría de porteños. Los diputados de provincias, partidarios de Saavedra, se pusieron lógicamente en contra del nuevo Gobierno e incluso dieron un golpe el 6 de diciembre de 1811, aprovechando la fuerza del Regimiento de Patricios que seguía admirando a Saavedra, lo cual originó la represión contra estos diputados y su envío a las provincias de donde provenían. El 6 de diciembre de 1811 se rebelaron los del Regimiento de Patricios en el llamado Motín de las Trenzas, reclamando la vuelta de su jefe Saavedra y pidiendo la renuncia de Belgrano. Hubo combate, los Patricios fueron derrotados y diez de sus cabecillas ejecutados. El resto fue alejado de Buenos Aires. Saavedra fue alejado de Buenos Aires enviándole a San Juan, y más tarde a Mendoza, quedando así fuera del juego político. Volvía el terror. Cada intento de gobierno moderado acababa en la violencia. El Triunvirato quedaba como único órgano de gobierno.

 

Aprovecharon los radicales sus triunfos, el político de 22 de noviembre y el militar de 6 de diciembre, y decidieron el cambio definitivo hacia su modelo de Estado:

En 23 de diciembre de 1811, suprimieron las juntas provinciales que daban diputados conservadores, y eran el apoyo fundamental de Cornelio Saavedra, y dispusieron que las provincias fueran gobernadas por Gobernadores nombrados por el Triunvirato, casi todos porteños. Es decir, querían un centralismo férreo de Buenos Aires, al servicio de su revolución.

Prometieron una Declaración de Independencia y una constitución, que nunca hicieron porque no eran capaces de ponerse de acuerdo. Rivadavia demoraba estos trabajos porque no quería abandonar la fidelidad a Fernando VII hasta esperar acontecimientos.

En enero de 1812, suprimieron la Audiencia y crearon en su lugar una Cámara de Apelaciones como Tribunal Supremo, lo cual no era más que una absurda manía de eliminar lo que sonaba a España.

Hicieron una serie de reformas, de tipo liberal como la libertad de prensa, la ley de seguridad personal (derechos civiles), un reglamento de justicia, sistema educativo, la prohibición de la trata de esclavos, la abolición del Comité de Seguridad Pública.

Crearon en 4 de septiembre de 1812 una Comisión de Inmigración que estudiara el modo de atraer población y colonizar el territorio argentino.

 

El Primer Triunvirato perduraría todavía unos meses más, hasta 8 de octubre de 1812. Lo veremos en el siguiente apartado.

 

 

[1] José Casimiro Rondeau, 1775-1844, vivió en Montevideo desde los 15 años de edad hasta los 18, cuando decidió ingresar en el ejército de Buenos Aires, pues se sentía independentista. En 1806 fue destinado al Regimiento de Blandengues de Montevideo. En la revolución de mayo de 1810, se puso al servicio de Buenos Aires y de los independentistas, y como conocedor de Montevideo fue encargado de sitiar la ciudad. Se alió en principio con Artigas hasta su ruptura en enero de 1814. Fue relevado del mando y sustituido por Alvear en mayo de 1814 y destinado al Ejército del Norte. En abril de 1815 fue elegido Director Supremo, pero no se incorporó a ese puesto sino se mantuvo en la lucha en Alto Perú, donde fue derrotado a fines de 1815. En junio de 1818 volvió a ser nombrado Director Supremo y esta vez lo fue de forma efectiva, siendo testigo de la descomposición absoluta de la política de Buenos Aires, por lo que renunció el 11 de febrero de 1820.

[2] Bernardo de Monteagudo, 1789-1825, es el prototipo de revolucionario violento, al estilo jacobino, espía en el interior de los ejércitos, y fiscal en las represiones posteriores a las batallas. Era hijo de un hombre español y una mujer de sangre no enteramente blanca, lo que le acarreaba desprecios entre los compañeros de estudios. Estudió Derecho en Córdoba y en Chuquisaca, y en mayo de 1809 participó activamente en la rebelión de Chuquisaca. Tenía 19 años, y se mostró independentista cerrado y violento. Fue encarcelado, pero se fugó y llegó al Potosí. A principios de 1811 llegó a Potosí el ejército de Castelli, y Monteagudo encontró entre los morenistas gente de sus mismas ideas y se unió a ellos. Castelli y Monteagudo establecieron en el Alto Perú un programa de abolición de los tributos indígenas, eliminación de la Inquisición, supresión de los títulos de nobleza y abolición de la tortura, que no fue incompatible con la ejecución sistemática de todos los enemigos de la revolución, de los españoles y de los sospechosos de apoyar a los realistas. También eran enemigos de la Iglesia Católica, porque ésta apoyaba al poder instituido, España. Tras la derrota de Huaqui, huyó a Buenos Aires y llegó pocos días después de la muerte de Mariano Moreno, cuando los morenistas estaban más exaltados de ánimo. Entonces se hizo cargo de la Sociedad Patríótica que iba a vigilar y tener controlados a todos los españolistas. Como abogado, pidió ser defensor de Castelli, que iba a ser juzgado tras su derrota en Huaqui. En 1812 hizo que toda la Sociedad Patriótica ingresara en la Logia Lautaro que fundaba San Martín y se hizo colaborador de Carlos María de Alvear. Una vez en contacto con el poder, se dio cuenta de las posibilidades de éste, y fue fiscal en juicios sumarísimos que fusilaron a 41 españoles, entre ellos Álzaga, cosa que trataría de repetir muchas veces a lo largo de su vida. Alvear cayó en 1815, y con él caía Monteagudo, que fue encarcelado en un barco, del que también escapó, y huyó a Europa. En Europa conoció a los liberales y se hizo “monárquico constitucional” como ellos. regresó a Argentina en 1817. Se puso a las órdenes de San Martín para ser “auditor” en el Ejército de los Andes (espía de soldados) y enseguida se puso a hacer juicios sumarios que le llevaron a discutir con San Martín, quien le confinó en San Luis. Llegado a San Luis, vivió una reyerta en cuyo final mataron a 41 españoles e hicieron juicio sumarísimo y ejecución a otros 8. Y en 1820 regresó a Santiago de Chile y colaboró con San Martín en la Expedición al Perú, de nuevo como auditor militar. En 28 de julio de 1821, San Martín se declaró Protector Supremo de Perú y nombró a Monteagudo ministro de Guerra y Marina, y más tarde ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores. Como San Martín se ocupaba de la guerra, Monteagudo se ocupaba de gobernar Perú: propuso una monarquía constitucional y organizó una “Sociedad Patriótica” que apoyase al Gobierno, y una Orden del Sol que premiase a los independentistas más distinguidos. Inició una campaña contra los españoles, que acabó con unos 4.000 expulsados del país, y otros 6.000 más que huyeron preventivamente. San Martín se marchó de Perú en enero de 1822, y entonces cayó Monteagudo. Fue desterrado a Panamá, en donde los panameños habían declarado la independencia en diciembre de 1821. En julio de 1823 abandonó Panamá y se fue junto a Bolívar, al que expuso sus ideas independentistas y panamericanistas, que entusiasmaron a Simón Bolívar. Monteagudo viajó a Centroamérica para extender la idea del panamericanismo revolucionario, pero fracasó y regresó a Perú en 1824, justo cuando los españoles habían sido derrotados en Ayacucho. Entonces escribió “Ensayo sobre la necesidad de una federación general entre los Estados hispanoamericanos y Plan de su Organización” y se la entregó a Bolívar. En Perú, recordaban las persecuciones realizadas por Monteagudo en 1821, y Monteagudo apareció asesinado el 28 de enero de 1825. Bolívar asistió a su entierro. Fueron condenados un negro de 19 años, de profesión aguador, y un zambo de profesión cocinero. No se pudo probar quién ordenó el crimen, pero Bolívar mandó asesinar a los sospechosos. Pocos meses después, Bolívar convocó el Congreso de Panamá, que seguía las ideas de Monteagudo, y que fue un fracaso. Monteagudo, el revolucionario neto, completó sus acciones de vigilancia a los soldados, juicios sumarísimos a favor de los revolucionarios, y persecución sistemática sobre los españoles, con la edición de periódicos como la Gaceta de Buenos Aires; Mártir o Libre; El Grito del Sud en Argentina, El Censor de la Revolución en Chile, y El Pacificador en Perú.

[3] Joaquín Campbell, 1783-1847, estuvo en el Regimiento de Patricios y había luchado contra los ingleses en 1806 y 1807, tras lo cual cambió su apellido para llamarse Campana. Era agente fiscal de la Aduana y abogado. Era fiel a Cornelio Saavedra, y fue el hombre que se enteró de los planes de los morenistas, y se puso en contacto con su amigo Tomás Grigera, para que éste convocara a la gente y juntos sofocaran el golpe morenista. El 6 de abril de 1811 fue premiado con el cargo de Secretario de Gobierno y Guerra, sustituyendo a Vieytes. Los morenistas no le perdonaron nunca, y el 17 de septiembre de 1811 le encarcelaron y exiliaron. A partir de 1829 vivió en Montevideo y fue senador en esa ciudad, independiente de Buenos Aires.

[4] Tomás José Grigera era horticultor, cultivaba cereales, frutas y trigo, criaba gallinas, cerdos y ovejas, y vendía leña. Era gran amigo de Saavedra y de Campana, y cuando se enteró de que los morenistas estaban organizando un golpe, llamó a sus conocidos, gentes incultas de los arrabales. Grigera fue interrogado a las 2 de la manaña del 6 de abril, y los suyos acudieron a la plaza a las seis de la mañana y lograron su liberación. A las 12 de la mañana pedían la destitución de los morenistas de la Junta y del Regimiento América, y su deportación fuera de Buenos Aires.

[5] José Manuel de Goyeneche y Barreda, 1776-1846, acató a José I en 1808, pero enseguida se pasó al servicio de la Junta de Sevilla, quien le comisionó para comunicar en América la permanencia de Fernando VII como rey reconocido por los “patriotas” españoles. Goyeneche salió para pedir adhesiones a Fernando VII, al tiempo que el barón de Sassenay salía para pedirlas a favor de José I. Sassenay llegó primero a Buenos Aires el 17 de agosto, pues Goyeneche se había entretenido en otros destinos como Montevideo y no llegó a Buenos aires hasta 23 de agosto. Se unió a estos emisarios un tercero, Diego Parvisen, que pedía adhesión a que Carlota Joaquina Teresa de Borbón, reina de Portugal y Brasil, y hermana de Fernando VII, fuera nombrada Regente de las Indias, al que Goyeneche contestó que sólo Fernando VII era el rey de España e Indias. Liniers se mostró cauteloso ante Sassenay, aunque fue acusado de colaborar con él. El 22 de septiembre de 1808 Goyeneche salió para Lima. Al llegar a Alto Perú el desconcierto político ante las noticias era muy grande y desconfiaban de todos: hablaban de que Goyeneche podía estar confabulado con Bonaparte o con Carlota Joaquina, y el presidente Ramón García León y Pizarro quería dejar pasar el tiempo hasta estar bien informados, lo que se interpretó como que también podía estar confabulado con Goyeneche. Goyeneche llegó por fin a Lima (donde su hermano Pedro Mariano trabajaba como Oidor de la Audiencia), e inmediatamente el virrey Abascal le hizo Presidente de la Audiencia de Cuzco, lo que conllevaba el mando militar. Goyeneche reclutó 5.000 hombres, mal preparados, y salió para Desaguadero, que pasó el 13 de octubre de 1809, y atacó La Paz, imponiéndose en Alto Perú. En 13 de junio de 1810, se conocieron en Lima los sucesos de mayo en Buenos Aires, y Goyeneche no quiso arriesgarse con un ejército de novatos voluntarios como en 1809, por lo que firmó un armisticio con Juan José Castelli de Buenos Aires a fin de ganar tiempo. Una vez entrenado el ejército, Goyeneche atacó el 19 de junio de 1811 en Huaqui (Desaguadero) y ocupó el Alto Perú, impidiendo que la revolución de Buenos Aires se contagiara al centro de Sudamérica y a Perú.

[6] Gaspar de Vigodet, 1747-1834, era un francés al servicio del ejército español, que se hizo cargo de la defensa de Montevideo en diciembre de 1811. En octubre de 1812, Buenos Aires retomó la acción del sitio de Montevideo, y Vigodet se defendió con entusiasmo hasta ser derrotado en El Cerrito en 31 de diciembre de 1812, batalla en la que perdió a Vicente Muesas, un hombre de su confianza. Resistió hasta que en 1814 decidió entregar la ciudad a Carlos María de Alvear.

[7] Pedro Juan Caballero García, 1786-1821, había peleado contra Belgrano con distinta suerte en enero y marzo de 1811, y tuvo mucha participación en los sucesos de mayo en Asunción del Paraguay. En 1820, Francia detuvo a la mayor parte de los revolucionarios de mayo de 1811, y unos fueron encarcelados y otros muertos. Caballero se suicidó en la cárcel el 13 de julio de 1821.

[8] José Gaspar Rodríguez de Francia era hijo de un militar brasileño y de una aristócrata de Asunción, y había estudiado en la Universidad de Córdoba para sacerdote, por lo que se doctoró en teología. Volvió a Asunción como abogado. Era mulato y tenía cierto complejo de inferioridad por ello, era receloso y no tenía amigos. Una vez en el poder, subordinó todo a su persona, incluyendo las instituciones, la religión, la enseñanza, el comercio, la diplomacia y la economía. A partir de 1820 practicó el terror de Estado contra cualquier disidente. En contrapeso a su idea de dictadura cruel, pacificó el país y eliminó hasta la mendicidad, pues estaba prohibida y castigada, lo cual hacía feliz a la clase media que le apoyaba.

[9] José Gervasio Artigas Arnal, 1764-1850, se hacía llamar José Artigas y fue durante varios años el líder de la Banda Oriental (actuales Uruguay y Río Grande del Sur), Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, y Misiones. Era nieto de españoles, y su padre era propietario de fincas y capitán de milicias. Tenían una chacra (finca de agricultura y ganadería) en Arroyo Carrasco. Estudió con los franciscanos hasta los 12 años de edad y pasó a trabajar en la finca familiar. Aprendió a conducir ganado, a tratar a los indios charrúas aborígenes de la región, y a evitar los impuestos haciendo ventas de ganado ilegales. En 1797 ingresó en el Regimiento de Blandengues de Montevideo, milicianos que guardaban la frontera con Portugal-Brasil y conoció las armas a los 33 años de edad. En 1806 se ofreció a Juan Martín Pueyrredón para defender Buenos aires de los británicos, y no llegó a combatir, pero reclutó una fuerza de 300 hombres y fue ascendido a capitán de milicias, lo que le sirvió para aprender el manejo de hombres. En 1810, el Gobernador de Montevideo le envió a Entre Ríos a someter a esos pueblos para el rey de España. Artigas resultó derrotado en esta primera misión de guerra, un poco más complicada que servir en el ejército o trabajar en la chacra. En enero de 1811 llegó el Virrey Francisco Javier Elío a Montevideo y se declaró una guerra entre éste y la Junta de Buenos Aires que se pretendía independiente. Los morenistas contactaron con José Artigas en 15 de febrero de 1811, y Artigas desertó del Cuerpo de Blandengues y se inició como líder independentista, con grado de teniente coronel, 150 hombres y 200 pesos que recibió en Buenos Aires. El 18 de mayo de 1811 derrotó por primera vez a los españoles en Las Piedras y a continuación se sumó a los sitiadores de Montevideo. Pero Artigas no fue servil a los morenistas, sino que en 1814 fundó la Unión de Pueblos Libres, asociando a los pueblos de la zona que no querían someterse a Buenos Aires, ya citados al principio de este artículo. Empezó una guerra contra Buenos Aires, en la que Artigas contaba con los indios, hombres muy frugales, muy duros y capaces ante el sufrimiento, y con los hacendados que aportaban reses para alimentar al ejército de Artigas. En 1816-1820 tuvo que luchar contra Brasil, que también deseaba un imperio americano. Cuando Artigas fue derrotado definitivamente, en septiembre de 1820, se marchó a Paraguay.

[10] Juan José Paso, 1758-1833, era descendiente de los Passo, y estudió Derecho en la Universidad de Córdoba, y fue después profesor de Filosofía, empleo con el que pasó al Colegio de San Carlos de Buenos Aires. Fue además, Agente fiscal de la Real Hacienda en Buenos Aires. Invirtió en una mina en Perú y fracasó. Cuando regresó a Buenos Aires en 1809 se hizo carlotista, y participó en el golpe de 20de mayo que derrocó al Virrey. En 1810 fue Secretario de la Primera Junta, colega de Mariano Moreno, el otro Secretario. Colaboró con Cornelio Saavedra y con Bernardino Rivadavia. En septiembre de 1811 fue uno de los triunviros. En abril de 1812 renunció a su cargo y se mostró en contra del Triunvirato y muy activo dentro de la Logia Lautaro, hasta lograr su caída. Formó parte del Segundo Triunvirato hasta abril de 1813. A partir de ese momento, los políticos de Buenos Aires procuraron tenerle lejos, en destinos diferentes.

[11] Feliciano Antonio Chiclana, 1761-1826, era abogado por la Universidad de San Felipe (Chile) y regresó a Buenos Aires para trabajar en el Cabildo. En 1806, en las invasiones británicas, fue capitán del Regimiento de Patricios. En 1810 era el asesor legal de los revolucionarios, aunque personalmente se mostraba conservador y partidario de una Junta provisional hasta ver en qué paraban los sucesos de España. la Primera Junta le nombró Auditor del Ejército Auxiliar en Perú, Gobernador de Salta y Gobernador de Potosí, es decir, lo alejó de Buenos Aires. En 1811 formó parte del Primer Triunvirato y cayó en 8 de octubre de 1812, para ser enviado de nuevo al norte, hasta 1816. Regresó efímeramente a Buenos Aires antes de exiliarse a Baltimore (Estados Unidos) en 1817, y luego ser confinado en Mendoza en 1818.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *