LA ZONA SUR SUDAMERICANA EN 1810.
(Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, y Alto Perú)

 

 

 

Los sucesos de mayo de 1810 en Buenos Aires.

 

En 1810, en El Plata, aprovecharon los independentistas para hacer una intensa campaña periodística y de café, de cuartel y de sacristía.

El 13 de mayo de 1810, un navío inglés procedente de Gibraltar recaló en Montevideo y contó que los franceses habían vencido en Ocaña, habían tomado Andalucía y que había desaparecido la Junta Suprema Central. Sevilla, el núcleo más importante de los patriotas españoles, había caído en manos francesas, y los españoles se veían reducidos a la base militar de Cádiz. El Virrey Cisneros quería ocultar la noticia hasta que fuera confirmada. Manuel Belgrano y Juan José Castelli la difundieron. El 18 de mayo empezó la rebelión en territorio de El Plata, y Cisneros publicó las últimas noticias que tenía sobre España.

Los grandes líderes eran:

Mariano Moreno[1], que representaba el revolucionario neto, el líder de los librecambistas y de los hacendados ganaderos a los que prometía exportar libremente, sin limitaciones, la independencia total de España, la redistribución de la propiedad. Moreno representaba la idea de imponer el poder de Buenos Aires, como ciudad organizadora del comercio sudamericano. Pretendía grandes reformas económicas en el sentido de librecambismo, y sociales en el sentido de acabar con los privilegios de clase. No dudaba en ajusticiar a cuantos traicionaban al Gobierno independentista, y por eso algunos le califican de “jacobino”. La muerte de Moreno, en marzo 1811, nos deja muchas dudas y discusiones sobre su verdadera ideología y sobre si las decisiones de 1810 fueron suyas o del grupo en el que se movía, los morenistas. En mayo de 1811, Moreno se embarcó para Londres, y murió envenenado en el barco que le trasladaba, lo cual permite elaborar todo tipo de teorías sobre sus posibles tendencias políticas, pues no tuvo tiempo de demostrarlas en los graves acontecimientos sobrevenidos en los años siguientes. Además, un muerto suele ser reivindicado por todos, y de ello surgen falsas interpretaciones. Sus partidarios dijeron que había sido envenenado, e iniciaron una violencia política de muerte a todos los enemigos de la independencia.

Manuel Belgrano[2], el ilustrado experto en economía, que defendía la unión con Carlota Joaquina de Río de Janeiro, proponiendo un pacto por el que Buenos Aires obtendría cierta autonomía económica. La absolutista Carlota Joaquina no se lo permitió, y los belgranistas como Juan José Castelli, Hipólito Vieytes, Nicolás Rodríguez Peña, Juan José Paso, Miguel Mariano de Villegas y el propio Belgrano, tuvieron que buscar otra opción de pensamiento, siendo protagonistas en la revolución de mayo de 1810. Mariano Moreno estuvo al principio unido a este grupo, y buscó su propio camino a partir de 25 de mayo. También Antonio Luis Beruti estaba con los carlotistas antes de 25 de mayo y se pasó a los morenistas a partir de esa fecha.

Y Cornelio Saavedra[3], que era el autonomista prudente, posibilista, pero no revolucionario ni partidario de la violencia gratuita de Estado, católico, defensor de la propiedad. No se inclinó nunca por el carlotismo ni por el independentismo radical morenista. Su idea principal era la negociación con España, desde un Gobierno criollo, abierto al federalismo. Saavedra era ante todo el líder militar, amado por sus milicianos, con el que siempre había que contar, pues al final, sus fuerzas militares decidían.

Tras el fracaso del motín de Álzaga de enero de 1809, los españolistas entraron en caída libre de popularidad. Era el momento de los criollos revolucionarios y de su líder, Mariano Moreno. Pero, para hacer un asalto al poder, necesitaban de Cornelio Saavedra, el líder del Regimiento de Patricios, la fuerza militar más importante de Buenos Aires. Saavedra no quería romper del todo con España, y prefería esperar acontecimientos, y era más moderado que el grupo “morenista”. Saavedra era conservador en cuanto opinaba que lo más importante era conservar las propiedades de los hacendados y comerciantes.

Los protagonistas del golpe de Mayo eran los morenistas, pero como eran minoría, necesitaban la cooperación de Cornelio Saavedra.

 

Los sucesos de mayo de 1810 en Buenos Aires comenzaron cuando los miembros del Ayuntamiento, Juan José Castelli y Martín Rodríguez, acudieron en 20 de mayo ante alcalde Juan José de Lezica y el síndico Julián de Leiva para pedir Cabildo extraordinario con el fin de tomar una decisión sobre el futuro de Buenos Aires, una vez desaparecido el Gobierno de los patriotas españoles en España. Consideraban que España estaba en manos de los Bonaparte. Temían que América fuera repartida en algún congreso europeo sin tener ellos nada que decir sobre su propio destino. Los militares Domingo French y Antonio Luis Beruti se sumaron a la propuesta. Los miembros del cabildo ordinario, Francisco Ortiz de Ocampo y Domínguez, acudieron ante el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y le pidieron su renuncia. El virrey trató de evitar otro 1 de enero de 1809 y aceptó convocar Cabildo, pero se negó a renunciar a su cargo. Hidalgo de Cisneros consultó con los comandantes militares, Cornelio Saavedra y Martín Rodríguez, si se podía evitar una insurrección, y la respuesta fue que veían conveniente su dimisión, porque la Junta de Sevilla, que había nombrado a Hidalgo de Cisneros, ya no existía y su nombramiento ya no tenía soporte legal. Entonces el virrey se reunió con Cornelio Saavedra y acordaron juntos reunir el Cabildo Abierto, reconocer la soberanía de Fernando VII y crear una Junta de Gobierno presidida por Hidalgo de Cisneros. El virrey manifestó que sólo estaba dispuesto a dimitir si España era completamente ocupada por los franceses y desaparecía la resistencia.

El lunes 21 de mayo de 1810 se convocó Cabildo Abierto. Domingo French y Antonio Luis Beruti reunieron unos 600 jóvenes armados (conocidos como “chisperos”) en la Plaza Mayor o Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo), ante el Ayuntamiento, para exigir Cabildo Abierto. Saavedra salió al balcón a decirles que estaba de acuerdo y se iba a reunir inmediatamente, al día siguiente, lo cual desconcertó a los que iban a hacer un levantamiento. Ese día Saavedra se había salvado de la violencia populista.

El martes 22 de mayo de 1810 se reunió el Cabildo Abierto, y fue de manera poco democrática: de los 50.000 habitantes de Buenos Aires, que significaban 11.000 votantes potenciales, sólo tenían representación en el Cabildo 450 ciudadanos, y la milicia de French y Beruti, los chisperos, dejó ir a la plaza a sólo 251 personas, tratando de que no acudieran los no convenientes a las tendencias políticas independentistas. Las personas “convenientes para los independentistas”, iban identificadas con escarapelas de color (azules, blancas y rojas, según los casos). Llegaron a la plaza 70 funcionarios, 59 comerciantes, 59 militares, 25 abogados y 21 ciudadanos ordinarios. Posiblemente los independentistas habían aprendido esta práctica del virrey, que esta vez, no pudo controlar la asistencia, pues también pretendía que fuera de entre los suyos. Entraron gentes de las dos facciones, españolista e independentista, pero menos españolistas de los que pudiera haber habido. Beruti, en principio, era belgranista, partidario de Carlota Joaquina, pero un mes después estaba entre los morenistas. French era igualmente belgranista, pero desde el 25 de mayo se hizo morenista, partidario de los independentistas radicales.

En el inicio del Cabildo hubo una discusión entre los partidarios de que continuase Hidalgo de Cisneros como virrey y los que opinaban lo contrario. Defendía a Hidalgo de Cisneros el obispo Benito de Lue Riega. Replicó Saavedra al obispo que la soberanía provenía del pueblo.

Intervino más tarde el abogado criollo Juan José Castelli declarando que el pueblo bonaerense era soberano porque el Gobierno de España estaba extinguido, y porque la Junta Central había sido un Gobierno ilegítimo, lo cual daba como resultado que la Regencia que gobernaba España era de origen ilegítimo y carecía por ello de autoridad. En esos casos, las Leyes Fundamentales españolas preveían que la soberanía revertía al pueblo.

Manuel Villota, fiscal de la Real Audiencia, replicó a Castelli que Buenos Aires cometería delito de sedición si se declaraba soberana, pues la soberanía recaía en todo caso en la totalidad del virreinato de El Plata, y que el Cabildo no podía suplantar la voluntad del pueblo. Es decir, que en caso de tener que sustituir al virrey, el asunto correspondía a la Real Audiencia.

Castelli se vio apoyado por el hecho de que, en la asamblea de ese día, los independentistas eran muchos y propuso la independencia, pero no le fue aceptada la propuesta. Propuso entonces votación pública sobre el virrey, y se votó deponerle. Lo más importante de este hecho es que los mandos del ejército allí presentes votaban, por casi unanimidad, deponer al virrey, lo cual dejaba sin respaldo militar alguno a Hidalgo de Cisneros.

Consecuentemente, en la noche del 22 de mayo se depuso al virrey y tomó el mando el Cabildo, y como la discusión terminó muy tarde, se quedó en volver a reunirse el 23 de mayo, pero por la tarde.

El 23 de mayo por la mañana, se canceló la reunión prevista la noche anterior para por la tarde y se nombró Junta de Gobierno con Hidalgo de Cisneros como presidente, y cuatro vocales, de los cuales dos eran españoles (un comerciante llamado José Sánchez Incháustegui y un sacerdote llamado Juan Nepomuceno Solá) y dos criollos (Juan José Castelli y Cornelio Saavedra). Era la misma idea que había propuesto Álzaga en 1809, pero ahora con criollos en el Gobierno. La ventaja para los criollos era su llegada al poder, la desventaja para el Gobierno es que se enfrentaban dentro del propio Gobierno los simplemente independentistas posibilistas, como Saavedra, y los extremistas republicanos como Castelli y Moreno. La gran desventaja de esta Junta de Gobierno era que se hacía contra lo acordado por el Cabildo la noche anterior. La presión de los chisperos sobre la multitud fue aceptada, pero la anulación de las decisiones de aquella “asamblea forzada” de 22 de mayo, fueron tomadas como antidemocráticas.

Se mantenía la Audiencia y sus funciones tal y como estaban. Se declaraba que la Junta era provisional y se pediría a otras ciudades que enviasen diputados a Buenos Aires para conformar una Junta definitiva.

La composición de la Junta de 23 de mayo, y el modo de producirse ésta no gustaron a casi nadie, pues Hidalgo de Cisneros seguía gobernando. El capitán Antonio Chiclana e Hipólito Vieytes se presentaron en el cuartel de Patricios y llamaron a la tropa a la insurrección. Domingo French y Antonio Beruti exigían la destitución de Cisneros como presidente de la Junta. Cisneros era acusado de ser el representante de un régimen despótico y venal, el español. Beruti llevaba una lista con los que habían de ser miembros de la Junta, en la que estaba, por supuesto, Mariano Moreno. Reclamaba el valor de la voluntad popular. Recogía firmas para apoyar sus reivindicaciones. Apoyaron a los descontentos Martín Rodríguez, Manuel Belgrano, Eustoquio Díaz Vélez, Juan José Castelli y el hombre más importante, Cornelio Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios.

El viernes 25 de mayo, el Cabildo creó una segunda Junta de Gobierno o Junta Patriótica (Primera Junta para los historiadores argentinos) en la Plaza Mayor que, en adelante, se llamaría Plaza de Mayo. Ya no estaba Hidalgo de Cisneros. Saavedra era su presidente, y Belgrano y Castelli eran los otros líderes. Había en la Junta tres hombres de Saavedra o moderados (Cornelio Saavedra, Miguel de Azcuénaga y el cura Manuel Alberti), tres de Belgrano o carlotistas (Manuel Belgrano, Juan José Castelli y Juan José Paso), dos españoles del grupo de Álzaga o juntistas (los catalanes Domingo Matheu, Juan Larrea) y un independentista puro, radical, Mariano Moreno (que, por cierto, ni siquiera estuvo presente en los acontecimientos), que fue nombrado Secretario. Saavedra era presidente y representaba la moderación y el conservadurismo. Castelli y Moreno eran revolucionarios puros y enseguida evolucionarían hacia posiciones radicales. El nombre oficial de esta junta fue “Junta de Gobierno para la Reafirmación de los Derechos Soberanos del Rey Fernando VII”.

El 27 de mayo, la Junta invitó a las provincias de Río de la Plata a que enviasen diputados a Buenos Aires, al tiempo que preparaba un ejército para someter a las que resultasen rebeldes. No aceptaron ser gobernados desde Buenos Aires: Córdoba, Alto Perú (Bolivia), Montevideo (Banda Oriental), ni Asunción (Paraguay) y eso originó una guerra civil. Paraguay se declaró independiente de Argentina en 1811 y el doctor Francia se declaró dictador. Durante la guerra, los realistas fueron deportados a Canarias o fusilados. Sólo aceptó, pero reservándose la autonomía respecto a Buenos Aires, el centro del país.

La Segunda Junta, o Junta Patriótica, era una junta de militares y de intelectuales. Esta Junta se atribuyó a sí misma la representación del pueblo bonaerense, sin consultarle al pueblo nunca, ni antes ni después de su constitución como Junta. Declararon que el pueblo era tímido y esclavo de los ambientes políticos vividos, y que ellos eran la verdadera voz del pueblo. Incluso invocaron la defensa de Fernando VII en la presunción de que Fernando VII no volvería a reinar (estas palabras tuvieron que ser olvidadas con buen cuidado, cuando Fernando VII regresó en 1814 y los revolucionarios no aceptaron su prometida fidelidad al rey). En todo caso, estamos hablando de menos de 500 personas, que se autoatribuían la representación de los 50.000 bonaerenses existentes.

La colaboración de los argentinos de a pie fue escasa y poco entusiasta: ante la petición de servicio militar a favor de la Junta, los estancieros decidieron enviar a sus esclavos negros como contribución familiar al Estado, pero no a sus hijos. De rebote, los esclavos negros fueron liberados en Argentina, sin grandes declaraciones políticas, ni campañas grandilocuentes de políticos.

La obra de la Segunda Junta fue importante: abrió una oficina de censos; abrió una biblioteca pública nacional; reabrió los puertos de Maldonado (Uruguay), Ensenada y Carmen de Patagones; eliminó las restricciones al comercio y a las explotaciones mineras; reguló el patronato sobre la Iglesia; hizo ordenanzas militares, de las compañías de voluntarios y de la policía municipal; creó la Gazeta de Buenos Aires, periódico oficial; dio libertad de prensa con las limitaciones de no atacar la moral pública, la revolución ni al Gobierno; desterró a Hidalgo de Cisneros y a los miembros de la Real Audiencia, nombrando una nueva Audiencia integrada por criollos partidarios de la revolución. El 8 de julio de 1810 los indios fueron declarados iguales a los blancos ante la ley. La medida servía para poder enrolar a los indios en el ejército y para obligarles a trabajar en las estancias. Los indios se beneficiaron de no tener que pagar tributos eclesiásticos, pagos en trabajo y pagos en especie por la tierra (yanaconazgo), a cambio de las nuevas obligaciones y quedando su sueldo a voluntad del estanciero. Los indios belicosos fueron atacados y eliminados físicamente.

 

 

Radicalización de los morenistas.

 

Inmediatamente, el revolucionario Mariano Moreno se dio cuenta de su inferioridad ante Saavedra, y organizó su propio regimiento de milicias ciudadanas, Regimiento América, poniendo al frente del mismo a Domingo French y a Antonio Luis Beruti. Por su parte, Saavedra trataba de debilitar a Moreno enviando a Manuel Belgrano al Paraguay y a su primo Juan José Castelli al Alto Perú, con el fin de alejarles de Buenos Aires.

Liniers, a partir de 4 de junio de 1810, se sublevó[4] en Córdoba, en donde era Gobernador Juan Gutiérrez de la Concha, y fue contra la Junta de Gobierno de Buenos Aires, pero fue derrotado por Francisco Ortiz de Ocampo e Hipólito Vieytes. Ocampo se negaba a obedecer la orden de ejecutar a los rebeldes. Los prisioneros fueron enviados a Buenos Aires, y el Gobierno de la Primera Junta firmó una orden de ejecución, en la que aparece también la firma de Saavedra. El impulsor de esta iniciativa fue Juan José Castelli y realizó la ejecución inmediata, sin juicio previo, de Liniers, Juan Gutiérrez de la Concha, Santiago Alejo de Allende, Joaquín Moreno y Victorino Rodríguez, poniéndose de manifiesto el carácter “jacobino” de Mariano Moreno y de los morenistas en cuanto a ejecutar a sus enemigos por simple sospecha o decisión de un grupo popular, y también el espíritu condescendiente que mostraba Saavedra. Se exceptuó del fusilamiento al obispo Rodrigo de Orellana atendiendo a su dignidad eclesiástica. Los hechos debilitaron a Saavedra y daban una nueva oportunidad a Moreno. Los revolucionarios puros no podían dejar que Liniers llegase a Buenos Aires porque en la ciudad Liniers era muy popular y peligraba su ascendencia sobre las autoridades bonaerenses.

Los morenistas se mostraron particularmente agresivos en el norte de Argentina tras los fusilamientos de Liniers y los suyos. Castelli fue enviado a Córdoba con instrucciones precisas de acabar con todos los españoles y con las autoridades del territorio del norte que colaborasen con ellos. Castelli se llevó con él a buena parte del Regimiento de Patricios, y a un centenar de soldados del Regimiento de los Arribeños. Así pues, de paso, Castelli se llevaba de eta manera los apoyos de los moderados bonaerenses. Castelli fue mal recibido en Córdoba, ciudad no muy partidaria de someterse a Buenos Aires, y fue sobre Tucumán y Potosí, venció a los realistas en Arama, fusiló a muchos realistas, liberó a Monteagudo que estaba preso en Chuquisaca y se estableció en Chuquisaca, región en la que emprendió una serie de reformas liberales imponiéndolas por la fuerza de las armas. En noviembre de 1810, llegó a planificar una sublevación e invasión contra Lima.

Abascal decidió enviar 2.000 hombres a hacer frente a Castelli, pero el general Nieto, enviado de Abascal, no salió hacia Córdoba, Paraguay no cooperó, y Castelli venció con facilidad.

A fines de 1810, las cosas le iban mal a Abascal, virrey de Perú, pues Cochabamba se había sublevado en el Alto Perú, y tuvo que enviar a Goyeneche con 2.000 soldados y 1.500 caballos, que fueron derrotados en Arama. Entonces, La Paz se sometió a Buenos Aires. Volvieron a vencer los bonaerenses en Suipacha, en 7 de noviembre de 1810, y entonces Potosí y Chuquisaca también se entregaron a Buenos Aires. El Alto Perú quedaba en manos del virreinato de El Plata. Castelli estaba de ánimo muy subido.

 

 

Dificultades de la Junta Patriótica.

 

La Junta Patriótica se encontró inmediatamente con el peligro de que las demás ciudades del cono sur americano se declararan soberanas y Buenos Aires perdiera su ascendiente moral sobre ellas. Lo esencial en Buenos Aires era el comercio, y el negocio requería que las ciudades americanas estuvieran sometidas a Buenos Aires. Entonces pidieron al virrey que enviara escritos a provincias a fin de que éstas mandasen representantes a una Junta General del Virreinato, que debía constituirse en Buenos Aires. La Junta Patriótica de 25 de mayo se quedó como “Junta Provisional Gubernativa de Buenos Aires”. La petición implicaba que las ciudades debían convocar Cabildo “de la parte principal y más sana del vecindario”, y elegir representantes para la Junta de Buenos Aires. No se daban más opciones. Buenos Aires no iba a permitir aires democráticos independentistas en los demás.

El 15 de junio los funcionarios de la Real Audiencia juraron fidelidad al Consejo de Regencia de España. Y la Junta de Buenos Aires destituyó a los funcionarios españolistas y metió en un barco para Canarias al virrey Sobremonte, a los funcionarios de la Audiencia y a los miembros del Ayuntamiento que como Juan José de Lezica y Julián de Leiva habían jurado fidelidad a España. Prohibió que los españoles ejercieran cargos públicos. Los morenistas habían pedido la ejecución inmediata de todos ellos, pero la Junta fue menos violenta.

Ese mismo día, Montevideo rechazó someterse a la autoridad de Buenos Aires.

El Ejército Auxiliar fue transformado en Ejército del Norte y se decidió conquistar todo el virreinato y someterle. Ocampo y Castelli fueron enviados al Alto Perú. Belgrano fue enviado al Paraguay.

El morenismo fusilaba sistemáticamente a sus oponentes políticos y concebía un Estado unitario que le permitiera hacer su revolución. Se oponía a esa forma de entender la política Cornelio Saavedra, que no quería transformar la sociedad, sino simplemente llevar a los criollos al poder y asegurar el orden público en el virreinato, optando por un modelo federalista, donde cada ciudad organizase su vida, con tal de reconocer la superioridad de Buenos Aires y enviarla sus mercancías.

La lucha política se centró en la calidad de los diputados de las ciudades de El Plata que iban a ser elegidos para participar en la Junta de Buenos Aires. Resultaron conservadores, porque Saavedra estuvo más listo. Mariano Moreno fue derrotado y renunció a su cargo.

En junio de 1810 reapareció en Buenos Aires Pueyrredón, que se puso al servicio del Gobierno independentista y fue nombrado Gobernador de Córdoba. Allí eligió un diputado para la Junta Grande de Buenos Aires.

El 12 de agosto de 1810, Carlota Joaquina envió emisarios a Montevideo ofreciendo su ayuda contra Buenos Aires. La ayuda fue rechazada pues Montevideo se mantenía fiel a Fernando VII.

En octubre de 1810, el mariscal Vigodet fue nombrado Gobernador de Montevideo por la Regencia de España, sustituyendo al virrey Elío, y creó una junta consultiva llamada Junta de Hacienda. Elío era nombrado virrey de Río de la Plata, y se quedó lógicamente en Montevideo, pues no era aceptado en Buenos Aires.

En octubre de 1810, en Buenos Aires, se creó un nuevo ejército, el Regimiento América, que se entregó a Domingo French y Antonio Luis Beruti, hombres de Moreno, con lo cual Moreno empezaba a ser tan fuerte como Saavedra. Saavedra evitó entonces la confrontación con Moreno y empezó a ceder en muchas cosas, pero estaba trabajando en el terreno de elegir bien a los diputados de las ciudades y quitarse de en medio a Moreno.

A fines de 1810 empezaron a llegar los diputados de las ciudades de provincias. Eran todos conservadores y significaban la derrota de Moreno y el triunfo de Saavedra. Moreno lo comprendió tarde. El 18 de diciembre de 1810 se votó la incorporación de estos diputados a la Junta Patriótica, fueron aceptados con la oposición de los morenistas Juan José Paso y Mariano Moreno, y se conformó con ello la Junta Grande. Saavedra seguía siendo Presidente, pero ahora con muchos partidarios dentro de la Junta Grande. Moreno había sido derrotado por Saavedra. Moreno se marchó de Buenos Aires y se embarcó para Londres en una fragata inglesa, pero el 4 de marzo de 1811, durante la travesía, fue envenenado. La Junta Grande estaba ya sin el revolucionario jacobino extremista. Saavedra estaba más cómodo en la Presidencia.

La Junta de Buenos Aires impuso entonces el terror: En enero de 1811 se instituyó el Comité de Seguridad Pública para perseguir a la oposición y recibir denuncias de antirrevolucionarios. Si Moreno se había mostrado duro, no lo era menos Saavedra, pero en un signo político diferente.

Las disputas entre morenistas y saavedristas continuaron mucho tiempo en adelante.

 

 

Montevideo en 1810.

 

El 25 de mayo de 1810, Buenos Aires nombró la Junta Patriótica, y Montevideo no reconoció la autoridad de la misma, sino que alegó que reconocía a la Junta Central de Sevilla.

Entonces surgió la polémica en la Banda Oriental, nombre de la región de Montevideo: por un lado, estaban las autoridades de Montevideo, fieles a España; por el otro, los morenistas bonaerenses que querían apoyos a su proyecto de independencia; por un tercero, la ambición de Portugal-Brasil de recomponer un imperio bajo un emperador portugués.

Montevideo era fuerte en el mar, más fuerte que Buenos Aires, pero tenía algunas dificultades en el dominio del continente, por falta de soldados. En estas condiciones no tenía más remedio que contratar a los estancieros para someter a los que se negaban a pagar impuestos o se declaraban independentistas. Y esto contaba en las regiones del norte, y en las de Buenos Aires.

 

 

Paraguay en 1810.

 

Paraguay recibió en mayo de 1810 una invitación de Buenos aires para sumarse al liderazgo de Buenos Aires, al tiempo que se les imponía como Jefe de Asunción al bonaerense coronel José Espínola.

El 26 de junio de 1810, el Gobernador Intendente del Paraguay, Bernardino de Velasco, convocó Cabildo Abierto en Asunción para el 24 de julio.

Asunción celebró Congreso (que fue lo que en otras ciudades hemos denominado Cabildo Abierto, y que aquí tomó otro nombre), en 24 de julio de 1810 y no aceptó a José Espínola. Acordaron obediencia a España.

Entonces, Francisco Arias, de Buenos Aires, cortó las comunicaciones entre Asunción y Montevideo, no siendo que los paraguayos optaran por los realistas montevideanos, y envió a Manuel Belgrano, con 700 hombres, a someter la zona.

Bernardino de Velasco y Huidobro aceptó, en esas condiciones, la ayuda del portugués Diego Souza, que estaba en Misiones, al tiempo que se retiraba hacia los cerros de Paraguarí, para hacerle costosa la expedición a Belgrano.

Contra el ejército de Belgrano salieron 5.000 colonos, que el 9 de enero de 1811 fueron derrotados en Paraguarí, con la consecuencia de que los criollos se hicieron cargo del ejército, una vez que vieron la incapacidad de Velasco y sus milicias de Asunción para dirigir la lucha. Una vez reorganizados, fueron contra Belgrano en 9 de marzo de 1811 y le vencieron en Tacuarí. El vencedor de Tacuarí fue Manuel Atanasio Cabañas.

 

 

Chile en 1810.

 

Chile tenía su singularidad en el cono sur americano: era el productor de trigo que exportaba a Perú y Panamá, evitando el transporte desde España. También había puertos, como Valparaíso y Concepción que eran etapas, como Montevideo y Buenos Aires, a los lados del Cabo de Hornos. Era una sociedad aburguesada, cuya ilusión era viajar a Europa, los más ricos, y a Lima los un poco menos pudientes.

El problema de fondo en Chile fue el mismo que en toda América: la decisión de Carlos III y sucesivos monarcas españoles de implantar progresivamente el libre comercio, no era compatible con su garantía de vender toda su producción, y a precio alto, gracias a los monopolios sostenidos por España. Los artesanos se arruinaban con la caída de protección, y los comerciantes más. Si se dejaba entrar a los británicos, los precios se hundirían.

Era una sociedad, por tanto, muy conservadora, fiel a España y a Fernando VII. El Gobernador hasta 1807 había sido Luis Muñoz Guzmán, y al morir éste, fue designado Gobernador interino el Oidor Juan Rodríguez Ballesteros, con quien empezaron las discrepancias, pues fue aceptado por el Cabildo pero no por el ejército, pues la ley decía que los sustitutos eran los oficiales más antiguos, y no un juez. El ejército levantó Junta Militar en Concepción y obligó a la Audiencia a revocar el nombramiento de Ballesteros, cambiándole por el brigadier García Carrasco, el hombre que soportaría el primer motín.

Desde abril de 1808 fue Gobernador de Chile el coronel Francisco Antonio García-Carrasco Díaz, un tipo despótico y torpe, que no sabía reaccionar a los acontecimientos sino “militarmente”. Ante los sucesos del 10 de mayo de 1810 en Buenos Aires, reaccionó con la represión, encarcelando a los criollos que creía peligrosos en Chile. En 1810, el Gobernador restableció la alerta convocada desde 1806 con motivo de la invasión de los ingleses en Buenos Aires y nombró un Cabildo de Santiago de Chile adicto a su persona.

La medida no gustó a las grandes familias de criollos, que siempre habían estado presentes en el Cabildo, pero el Gobernador temía un alzamiento criollo, de sus fuerzas de milicias, les arrebató el armamento, y arrestó a Juan Antonio Ovalle y desterró a José Antonio Rojas, y a Bernardo de Vera Pintado, los líderes más destacados criollos, por sospechas de conspiración.

A comienzos de 1810, los chilenos supieron de rebeliones en Quito y en Chuquisaca, lo que excitaba los ánimos de los nacionalistas, y poco después se enteraron de la revolución de mayo en Buenos Aires.

Quizás por ello se desencadenó el motín popular de 11 de julio de 1810, en el que los vecinos organizaron piquetes y se enfrentaron a la fuerza militar del Gobernador García Carrasco. El incidente del 11 de julio parecía grave, y por ello el Regente de la Audiencia, Juan Rodríguez Ballesteros, reunió la Real Audiencia, alcaldes y procurador en 15 de julio, y decidieron cesar a García Carrasco, sustituyéndole en 16 de julio por Mateo de Toro y Zambrano conde de la Conquista, un octogenario que no era más que un muñeco en manos del Cabildo de Santiago, pero que era criollo. Los exiliados volvieron, pero en adelante se convirtieron en cabecillas de los enemigos de España.

Era el momento en que llegaban a Santiago noticias de la revolución de mayo en Buenos Aires y de que Sevilla estaba ocupada por los franceses, y de que la Regencia de España les pedía que formaran Juntas de Gobierno.

Mateo de Toro y Zambrano conde de la Conquista tuvo noticias de la desaparición de la Junta Suprema Central y la aparición de la Regencia, y le llegó el rumor de que ésta había nombrado Gobernador de Chile a Elío, el hombre que tenía fama de autoritario en Montevideo. El 13 de agosto, el Cabildo de Santiago debatió la aceptación en Chile de ese nombramiento.

El 12 de septiembre de 1810 decidieron hacer Cabildo Abierto y el conde de la Conquista cometió el error de encomendar la seguridad a unas tropas populares dominadas por los hacendados chilenos, lo cual le restaba autoridad.

El 18 de septiembre de 1810, Mateo del Toro Conde de la Conquista convocó Cabildo Abierto, al que tenían derecho a asistir unos 400 vecinos notables de Santiago. El Gobernador Mateo del Toro empezó renunciando al cargo para que la Junta se constituyese en libertad. En el Cabildo se decidió: Que España no era soberana de América; reconocer como rey a Fernando VII; que no se debía obediencia a la Junta Suprema Central de Sevilla; que los funcionarios españoles no tenían autoridad alguna; convocar un Congreso Nacional chileno; crear una Junta de Gobierno presidida por Mateo de Toro y Zambrano Conde de la Conquista, cuyo vicepresidente era Juan Antonio Martínez Aldunate, obispo de Santiago, y vocales: Fernando Márquez de la Plata por los españoles, Ignacio de la Carrera por la ciudad de Santiago, Juan Martínez de Rozas por la ciudad de Concepción, Francisco Javier de Reina por los militares, y Juan Enrique Rosales por los comerciantes chilenos. Eran Secretarios Gaspar Marín y José Gregorio Argomedo.

Los hombres fuertes de la Junta eran Fernando Márquez, representante de los propietarios criollos y del clero, a los que podemos denominar españolistas reformistas, y Juan Martínez de Rozas por los revolucionarios independentistas, que eran minoría. Los reformistas querían acabar con las restricciones económicas a que les sometía España. Entre los reformistas moderados estaban Juan Egaña y Manuel de Salas.

O`Higgins[5]estaba al frente de un ejército y apoyaba a Fernando Márquez, como había apoyado antes a García Carrasco. O`Higgins, por entonces, hizo una clasificación de los chilenos distinguiendo entre godos (españolistas), indiferentes, y patriotas (independentistas).

El objetivo del 18 de septiembre era establecer un Gobierno Provisional hasta ver en qué quedaban los sucesos de España. La Real Audiencia aceptó a la Junta de Gobierno. La ciudad de Valdivia pidió protección al virrey de Perú, Abascal, porque no aceptaba a la Junta de Gobierno. Y la Junta, para hacerse más popular, decidió hacer Congreso con diputados de todas las provincias de Chile. La Junta se declaró leal a Fernando VII en la idea de que éste nunca volvería a reinar.

El 14 de noviembre de 1810, Juan Martínez de Rozas, Bernardo O’ Higgins y el coronel Juan Mackenna decidieron que Chile debía tener su propias fuerzas de defensa frente a posibles ataques, que se preveían desde Perú. El 22 de noviembre de 1810, Juan Martínez de Rozas se hizo cargo de la Junta y el 15 de diciembre convocó elecciones a un Congreso Nacional para 6 de mayo siguiente.

La época de 1810 a 1814 es conocida en Chile como “Patria Vieja”. Es la época en la que fueron apareciendo las ideas independentistas, aunque siempre en medio de controversias entre españolistas (Chillán, Valdivia, Osorno, Chiloé) e independentistas (La Serena, Copiacó). En general, el independentismo sólo apareció entre las altas clases sociales, y ellas mismas eran las que estaban divididas en los dos bandos.

 

 

El Alto Perú (Bolivia) en 1810.

 

Tras los sucesos de Buenos Aires de mayo de 1810, Perú reclamó para sí el territorio de Alto Perú (Bolivia), pues Perú era españolista y deseaba mantener el Alto Perú para España.

En esas tierras altoperuanas, la aristocracia criolla era una pequeña minoría rodeada de masas de indios y mestizos, y creía que su única defensa era España, y que la independencia les llevaría a caer en manos de las masas indias. El Alto Perú era una tierra muy singular:

Estaba lleno de bandas de bandoleros, o montoneros. Gente que trataba de hacer fortuna robando caballos y coca a los propietarios. Cada banda de montoneros era independiente:

Ildefonso de la Muñecas (sacerdote) era jefe de la banda de Ayata.

Juan Antonio Álvarez de Arenales, de Mizque y Vallegrande.

Miguel Lanza, de Apopaya.

José Vicente Camargo, de zonas del sur.

Manuel Ascensio Padilla, de Chuquisaca.

Ignacio Warnes, de Santa Cruz de la Sierra.

Los jefes de bandas eran criollos de rango social bajo, y los integrantes de la bandas eran generalmente mestizos. Consideraban a los indios aliados, pero no iguales a ellos. De hecho sometían a los indios al pago de tributos en especie (sobre todo alimentos) y a trabajos forzados útiles para sus necesidades de lucha.

Cada grupo contaba con unos centenares de hombres y dominaban las comunicaciones en el campo, pero nunca las ciudades. No se planteaban nunca hacer frente a un ejército.

Para justificar un poco sus acciones, hablaban de “combatir por la patria” y en 1810 mitificaron la independencia de Buenos Aires como si los porteños se hubieran adueñado de las riquezas de los españoles y desde entonces ya no tuvieran que trabajar. Esta idea tan tonta se les vino abajo en cuanto los bonaerenses les atacaron en octubre de 1810. Entonces empezó una guerra en la que ninguno tenía posibilidades de dominar al otro, porque ambos eran incapaces de mantener un ejército en tierra hostil. Todos intentaban románticamente el dominio del Alto Perú.

El 7 de noviembre de 1810, el argentino Antonio González de Balcarce, junto al político Castelli, derrotaron a los altoperuanos en Suipacha e impusieron el terror fusilando a los funcionarios españoles, castigando al resto de los españoles sólo por el hecho de serlo y despreciando a los bolivianos como gente inferior, de modo que se dedicaron a saquear el país impunemente. Tras esto, los bolivianos no volvieron a confiar en los argentinos. La derrota posterior de Huaqui en junio de 1811, tuvo mucha relación con esta pérdida de confianza de los altoperuanos en Castelli.

 

 

 

[1] Mariano Moreno Valle, 1778-1811, había estudiado en el colegio de San Carlos y en la Universidad de Chuquisaca, donde leyó a los ilustrados franceses y a algún autor británico, para lo cual estudió francés e inglés. En 1802 visitó Potosí y quedó impresionado por las condiciones laborales en las que se extraía la plata. Tuvo dificultades con las autoridades del Alto Perú, y regresó a Buenos Aires en 1805, formando parte de un grupo en el que destacaba por su crítica al Gobierno español. No participó en las rebeliones contra las invasiones británicas de 1806 y 1807, tal vez porque Moreno defendía un librecomercio bajo tutela inglesa. Su primera actuación política importante tuvo lugar en 1 de enero de 1809 en el motín de Álzaga, y en días posteriores en los que defendió a Álzaga ante los tribunales. La llegada del Virrey Hidalgo de Cisneros a Buenos Aires fue una suerte para Moreno, porque el virrey amnistió a Álzaga, su defendido, y porque declaró el libre comercio con Inglaterra. La situación económica de Buenos Aires no fue tan buena como esperaba Moreno, pues la disminución de la demanda española, por causa de la Guerra de la Independencia tuvo un impacto negativo mayor que el positivo del libre comercio. Moreno reaccionó pidiendo el fin de los monopolios españoles. En 1810, Moreno no estuvo en el cabildo abierto de mayo, pero Álzaga le escogió como uno de sus hombres en la Primera Junta.

[2] Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, 1770-1870, era hijo de un italiano y estudió Derecho en Salamanca y Valladolid, haciéndose especialista en economía política, la ciencia que estaba de moda por entonces. Su afición le vino de que obtuvo licencia para leer libros prohibidos y conoció a Quesnay y Smith. En 1794 regresó a Buenos Aires y fue Secretario del Consulado de Comercio de esa ciudad, órgano de fomento de la economía en general, que era el campo en que Belgrano era entendido, y se lució creando Escuela de Náutica, Academia de Geometría, Academia de Dibujo, y luchando por proyectos de Escuela de Comercio y Escuela de Arquitectura. Pero en 1797 tuvo la mala idea de hacerse capitán de milicias, puesto del que era completo ignorante, y allí se abrió un capítulo de su vida poco lucido: en 1806, llegaron los británicos y Belgrano demostró total ineptitud;, tras lo cual huyó a la Banda Oriental; tras la marcha de los ingleses, ingresó en el Regimiento de Patricios, y aprendió algo de táctica militar, pero muy poco; en 1811 se le encomendó conquistar Paraguay y fue derrotado, encausado por ello y absuelto; a continuación se le encargó conquistar Montevideo, pero afortunadamente para todos, fue depuesto antes de empezar la campaña, que finalmente hicieron José Rondeau y José Gervasio Artigas; alguien tenía interés en que fracasara haciéndole militar, cuando entendía de economía y fomento, y le hizo Jefe del Regimiento de Patricios, y el Regimiento no aceptó a Belgrano; en 1812 le hicieron Jefe del Ejército del Norte, sustituyendo a Juan Martín de Pueyrredón en Alto Perú, y Belgrano se limitó a proteger la retirada de los soldados argentinos hacia Córdoba. Por ese tiempo, debió adquirir algunos conocimientos militares, o tener buenos asesores, pues venció pequeñas batallas en Tucumán (24 de septiembre de 1812) y Salta (20 de febrero de 1813). Y Belgrano se vino arriba, tomó 2.500 hombres y en abril de 1813 fue de nuevo a Alto Perú y se enfrentó a un militar profesional, Joaquín de la Pezuela, que le derrotó completamente. En 1814, aceptó misiones más conformes a sus conocimientos, viajar a Europa, con Rivadavia, a negociar. Visitaron Londres, y fueron a Madrid, pero se encontraron el regreso del rey absolutista español, y se sintieron decepcionados. Belgrano se sumó entonces al proyecto de San Martín, el Jefe del Ejército del Norte que le había sustituido en Córdoba. Y volvió a envalentonarse y aceptar el mando para luchar contra Santa Fe de Argentina, y volvió a fracasar, y le hicieron Jefe del Ejército del Norte por segunda vez en agosto de 1816, y volvió a fracasar. Por fin, en 1819, tomo una decisión sensata cuando el Director Supremo Rondeau le ordenó atacar a los federalistas, orden ante la cual San Martín decidió ignorarla, y fue declararse enfermo y pedir licencia. Fue encarcelado por los rebeldes en Tucumán. Regresó a Buenos Aires, poco antes de morir en 1820.

[3] Cornelio Judas Tadeo de Saavedra y Rodríguez, 1759-1829, era criollo nacido en Potosí, cuya familia se trasladó a Buenos Aires en 1767, cuando Cornelio tenía 8 años de edad. Estudió en el Colegio Real de San Carlos durante cuatro años, y abandonó para ir a trabajar a la estancia de su padre. En 1797 se hizo Regidor del Cabildo de Buenos Aires, es decir, entró en la política. En 1801 fue alcalde de primer voto, puesto de mayor relevancia en el Cabildo. En 1805 se ocupaba de la Administración de Granos, cargo que habitualmente proporcionaba mucho dinero a sus gestores. En 1806, tras la primera invasión inglesa, Liniers ordenó levantar batallones de milicias para estar preparados en adelante, y las milicias se organizaron por grupos de origen, resultando la milicia más numerosa la de la propia ciudad de Buenos Aires denominada Cuerpo de Patricios, que tenía tres batallones al mando de Esteban Romero, Domingo Urien y Manuel Belgrano (luego sustituido por Juan José Viamonte), y cuyo comandante era Cornelio Saavedra. En 1807, el cuerpo de Patricios contaba con 1.500 hombres, 6 cañones y 2 obuses. Cuando llegaron los ingleses, en 1807, con 8.000 soldados profesionales, el conjunto de las milicias, con poco más de 3.500 hombres resultaba muy pequeño, pero la colaboración de la población en general hizo imposible la vida a los británicos. El apoyo de Saavedra fue decisivo en los hechos del 25 de mayo de 1810, y por ello acabó siendo nombrado Presidente de la Primera Junta. En diciembre de 1810, Saavedra abandonó Buenos aires, para comandar el Ejército del Norte y ello fue su perdición, porque los morenistas le expulsaron del poder y le alejaron de Buenos Aires. En junio de 1814, Gervasio Antonio Posadas ordenó arrestar a Saavedra, y éste tuvo que huir, acogiéndose a la hospitalidad de San Martín en San Juan. En marzo de 1815, Saavedra fue detenido por Alvear. Fue indultado tras la revolución de marzo de 1815, pero Ignacio Álvarez Thomas le confinó en Arrecifes, lejos de Buenos Aires.

[4] El 25 de mayo de 1810, Baltasar Hidalgo de Cisneros había enviado a José Melchor Lavín a Córdoba para comunicar las noticias de Buenos Aires y pedir una acción militar en contra de los revoltosos de la Junta de Buenos Aires. En Córdoba, se reunieron Juan Gutiérrez de la Concha, Liniers, el deán de la catedral Gregorio Funes, el obispo Rodrigo de Orellana, los dos alcaldes del Cabildo, el oidor jubilado Miguel Sánchez de Moscoso, el oidor Miguel Gregorio Zamalloa (en 1811 rector de la Universidad de Córdoba), el coronel de milicias Santiago Allende, el asesor del Gobierno Victorino Rodríguez y el tesorero Joaquín Moreno y decidieron actuar contra Buenos Aires. El 4 de junio comunicaron los acontecimientos a Francisco de Paula Sanz, intendente de Potosí, y éste avisó a Lima en 9 de junio. Liniers pedía armas a Perú,Montevideo y Paraguay para una ofensiva contra la Junta de Buenos Aires. El 7 de junio llegó a Córdoba Mariano Irigoyen pidiendo sumisión a la Junta de Buenos Aires. Córdoba prefirió reconocer al Consejo de Regencia de España e Indias, que entendían que era el Gobierno de España en ese momento. El 13 de junio, el virrey del Perú, Abascal, incorporó Charcas, Potosí, La Paz y Córdoba a Perú, con el fin de luchar juntos contra Buenos Aires. José Manuel de Goyeneche se puso a las órdenes del virrey Abascal, y sometió Alto Perú en octubre de 1809. El 13 de julio de 1810 se conocieron en Perú los sucesos de mayo de Buenos Aires, cuando ya Juan José Castelli, Francisco Ortiz de Ocampo y Antonio González de Balcarce habían salido el 7 de julio con un ejército porteño a someter el norte de Argentina. Liniers, militar más experimentado, quería reunir las fuerzas de todo Perú en Salta, pero el Gobernador Gutiérrez de la Concha decidió atacar Córdoba y confió en el coronel de milicias Santiago Allende que había reclutado unos 1.500 milicianos armados de boleadoras y lanzas. El encuentro entre ambos ejércitos tuvo lugar a finales de julio 1810, con el resultado de que casi todos los milicianos de Allende desertaron, excepto unos 400. En agosto de 1810, Antonio González de Balcarce persiguió a los huidos y el 6 encontró a Liniers, el 7 a Orellana, y poco después al resto de los españolistas de Córdoba, los apresó, los llevó a Córdoba. Mariano Moreno se asustó ante la posibilidad de que Liniers llegase a Buenos Aires, donde tenía muchos partidarios. Era cierto que en 8 de julio había ordenado apresar y enviar a Buenos aires a los enemigos de la revolución, pero no había pensado el caso de Liniers, así que en 28 de julio cambió la orden por la de fusilar rebeldes. Cuando Moreno supo de las deserciones en Alto Perú, envió correo urgente para que los rebeldes fueran fusilados y de ninguna manera llegasen vivos a Buenos Aires. El 26 de agosto, los emisarios de Moreno encontraron a la conducción de presos y fusilaron inmediatamente a Juan Gutiérrez de la Concha, Santiago Liniers, Santiago Alejo de Allende, Joaquín Moreno y Victorino Rodríguez. El obispo Rodrigo de Orellana se salvó del fusilamiento por la mala imagen que podían dar los bonaerenses fusilando a un obispo.

[5] Bernardo O`Higgins 1778-1842 era hijo ilegítimo del militar irlandés al servicio de España Ambrosio O`Higgins casado con una chilena. Su padre había sido intendente en Concepción, Gobernador de Chile y Virrey del Perú. Como hijo de buena familia, tuvo estudios en colegios católicos, en Lima y en Inglaterra, donde su profesor de matemáticas, Francisco Miranda y el cubano Pedro José Caro le educaron en el liberalismo exaltado del momento y en el nacionalismo. Fue rechazado en la Escuela Naval de Cádiz, tal vez por ilegítimo, tal vez por sus contactos con liberales, tal vez porque estaba enfermo de fiebre amarilla. En 1801 murió su padre. Volvió a Chile en 1802 para hacerse cargo de una gran hacienda heredada de su padre con 1.600 hectáreas, 4.300 reses y 540 caballos. Drenó la tierra, plantó diversidad de cosechas como vides, frutales, papas, trigo y forrajes, y multiplicó la producción y el ganado, dando trabajo a unos 400 medianeros. Periódicamente, asistía en Concepción a reuniones de liberales en las que exponía lo que sabía de liberalismo económico y de ideas independentistas criollas. En 1808 estaba relacionados con los Duendes Patriotas, una agrupación independentista chilena. En 1810 fue atraído por el partido de Martínez de Rozas, y en noviembre de 1810, O`Higgins levantó una milicia para la Junta de Gobierno. En 1811 fue diputado por Los Ángeles y en una de sus primeras intervenciones, agosto de 1811, se opuso a mandar dinero a España, lo que le granjeó simpatías. En los diversos combates contra los realistas, O`Higgins tuvo la habilidad de ponerse a reclutar gente y llegar tarde al combate, o de ponerse enfermo y no participar. Abandonó Chile en octubre de 1814 para ir a Mendoza, junto a San Martín, y en enero de 1817 acompañó a éste en la marcha del Ejército de los Andes hacia Chile, teniendo la suerte de que San Martín le nombrara Director Supremo. Colaboró con San Martin para implantar la logia Lautaro en Chile y en preparar una flotilla que debía atacar Perú a partir de 1818. En 1823 abandonó el cargo y se fue a Lima y se entrevistó con Bolívar, pero de nuevo enfermó cuando Bolívar le requirió ponerse al frente de un ejército, por lo que retiro a su hacienda de Chile, aunque compartía su vida entre la hacienda y Lima.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor
Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.


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