LA ZONA NORTE DE SUDAMÉRICA EN 1812-1813

 

 

1812 en Venezuela.

 

A partir de 1 de enero de 1812 surgieron muchos problemas económicos y sociales en Venezuela, y la contradicción de recaudar poco y gastar mucho dinero, se empezó a notar:

Los negros se sublevaron en las plantaciones de la costa y fueron apoyados por el arzobispo de Caracas. Bolívar no entendía la sublevación porque opinaba que los negros y pardos eran gente inhumana, atroz, asesina, ladrona, y explicaba a los suyos que la sublevación tenía que ser cosa de los realistas, pero blancos. Se negaba a aceptar la realidad.

Coro, Maracaibo y Guayana se declararon realistas, pero con ello, no querían expresar que estuvieran a favor de España, sino más bien que estaban en contra de la constitución venezolana de 21 de diciembre de 1811.

Los independentistas venezolanos organizaron un pequeño ejército al mando de Bolívar y Miranda. Dominaban en 1812 las provincias de Mérida, Trujillo y Caracas, tenían en contra a Coro, Maracaibo y Guayana y se mantenían neutrales Cumaná, Margarita, Barcelona y Marinas. En general el pueblo estaba con España y los aristócratas criollos con los independentistas.

El 1 de marzo de 1812, el Gobierno Federal se trasladó a Valencia.

El 17 de marzo de 1812, el capitán de fragata español Domingo Monteverde desembarcó en Coro, procedente de Puerto Rico, donde había reclutado 200 hombres. Desde Coro atacó a los independentistas y se le sumaron muchos indios y pardos, hasta un número de 4.000. Tomó Carora y la saqueó. La región de Barquisimeto se unió a los realistas.

En 26 de marzo de 1812 hubo un gran terremoto que afectó desde el Golfo de Paria a Cartagena, incluyendo a Caracas, San Felipe, Barquisimeto, Mérida, La Guaira… La Iglesia dijo que era un castigo divino. Se produjo un gran caos social que Domingo Monteverde aprovechó para iniciar una sublevación realista contra los independentistas.

 

El Congreso venezolano se disolvió en abril de 1812 dejando constituido un Ejecutivo que nombraba Director Absoluto y Generalísimo de los ejércitos a Miranda. El 26 de abril de 1812 empezaba la Dictadura de Miranda. Miranda era por entonces un anciano pomposo, pedante y nada resolutivo, una figura que daba prestigio a los revolucionarios pero nada más.

El primer problema de Miranda fue la sublevación de los esclavos, pues la esclavitud era cosa que no habían abolido los “liberales” caraqueños. El segundo problema fue la alianza de Monteverde con Bobes.

El gobernador español Monteverde, tomó Valencia en 3 de mayo de 1812 y allí se le unió Boves, el jefe de los llaneros, lo cual hizo de los realistas una fuerza temible debido a la caballería de Bobes.

Miranda se asentó en La Victoria, y Monteverde en San Mateo, y se hicieron la guerra sin poder decidir ninguno.

Los ejércitos españoles, más profesionales que los venezolanos, mandados por Monteverde desde 1812, derrotaron a Miranda varias veces gracias al apoyo de los llaneros (jinetes venezolanos pardos) capitaneados por Boves hasta 1814. En 12 de julio, Miranda se agotó, pidió negociar. El 25 de julio capituló en La Victoria: Miranda ofreció respetar la vida y propiedades de los realistas si se rendían. Los realistas, que estaban venciendo, se indignaron ante la oferta de Miranda y decidieron desarmar a Miranda y acabar con él. Miranda huyó a La Guaira y desde allí trató de salir del país. Los propios independentistas de la Guaira (Miguel Peña, Simón Bolívar y Manuel María Casas) apresaron a Miranda el 30 de julio de 1812, acusándole de traidor, y se lo entregaron a los españoles, lo cual fue el final de Miranda. Miranda fue trasladado a Cádiz y murió allí en 14 de julio de 1816, en la cárcel. La constitución de la República de Venezuela de 21 de diciembre de 1811 fue abolida.

Los independentistas de La Guaira obtuvieron un pasaporte, con el que Bolívar huyó a Curaçao en una goleta española. Curaçao estaba ocupado por los británicos. Bolívar tenía la oportunidad de aparecer como líder independentista sustituyendo a Miranda.

En julio de 1812, Monteverde y Boves tomaron Puerto Cabello. Monteverde entró en Caracas con 300 soldados el 30 de julio de 1812. Pero los realistas de Monteverde eran gentes que sólo entendían de mano dura y principio de autoridad, lo cual puede no estar mal si va acompañado de otras medidas liberalizadoras, racionalistas y de justicia social, las cuales faltaron. Les faltaba el espíritu del Despotismo Ilustrado.

Monteverde no tenía altura política. Era un simple. Como militar podía tener algún valor, pero no como jefe político, pues era rencoroso y cruel. Para empezar, se nombró a sí mismo Capitán General, desconociendo la autoridad de Mijares, el verdadero Capitán General. Prometió amnistía, pero en la práctica encarceló y deportó a España masivamente a los patriotas derrotados, confiscó sus propiedades e incluso trató de apresar sospechosos, lo cual le hizo odioso. Los canarios, y otros españoles, aprovecharon para denunciar a personas que creían que les habían perseguido anteriormente, y Monteverde detenía a los acusados y los encarcelaba sin más pruebas. Repartió las propiedades de los separatistas entre criollos realistas, comerciantes canarios inmigrantes y clero católico, y se olvidó de los pardos de Boves que tanto le habían ayudado. Monteverde se mostraba desconfiado y duro, y se rodeó de gente más dura todavía, lo cual sirvió para imponer un terror de Estado: Antoñanzas en Oriente; Andrés Level de Goda en Cumaná. Los autos de prisión eran tantos que nadie estaba seguro de no ser el siguiente detenido. Monteverde y “los canarios” se estaban enriqueciendo, a la vez que contrataban más y más ejército. El poder era cada vez más débil.

Y con ello, surgió de nuevo la rebelión de los pardos en Curiepe en noviembre de 1812. Ahora los pardos luchaban contra los blancos en general, contra Monteverde también, y eso les daba otra oportunidad a los independentistas.

A fines de 1812, Monteverde publicó la constitución española de Cádiz. En estas circunstancias, una constitución liberal y de progreso, como la de Cádiz, no fue interpretada en Venezuela como lo que era, sino como la presentaba Monteverde.

 

 

1812 en Quito.

 

     Desde septiembre de 1810, Quito funcionaba como una entidad independiente, dirigida por una Junta muy conservadora.

Desde 11 de octubre de 1811, Quito se consideraba independiente de España y en diciembre de 1811 había convocado Congreso Constituyente.

El 1 de enero de 1812, el Obispo Cuero Caicedo presentó el borrador de la constitución, que estuvo lista el 15 de febrero de 1812 con el título de Constitución del Estado Libre de Quito. Sólo pedía autogobierno en la administración y en la economía interior, lo mismo que habían propuesto Aranda en 1766 y Godoy en 1806. Hasta reconocían a Fernando VII, lo cual asombraba a los franceses, británicos, y todos cuantos acostumbraban a llamar “colonias” a las posesiones españolas, entendiendo por colonias territorios sometidos contra su voluntad. Ocurriría en muchos más territorios americanos.

En la Jefatura del Estado, la constitución ponía un Supremo Congreso de Diputados integrado por los representantes de las Provincias Libres. El Supremo congreso detentaría la soberanía y la representación ante el exterior. Era tribunal de censura respecto a los poderes del Estado y de vigilancia constitucional. Se declaraba protector de los derechos del pueblo. Evaluaba en Juicio de Residencia a los cargos cesantes del Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

En el Ejecutivo, un Presidente del Estado era Jefe del ejército, pero no podía reunir tropas ni trasladarlas sin permiso del Legislativo y de la Jefatura del Estado. Tenía la iniciativa legal y podía proclamar estados de excepción. Estaba ayudado por tres Asistentes y dos Secretarios.

En el Legislativo había un Consejo integrado por un miembro de cada provincia y dos de Quito. Era el Tribunal de apelación desde todos los tribunales inferiores. Fijaba los impuestos. Fijaba las pensiones y sueldos de los funcionarios.

El poder Judicial estaba en manos de cuatro jueces y un Fiscal, integrados en una Corte de Justicia. Los cinco eran nombrados por el Supremo Congreso. Gobernaba sobre los tribunales inferiores, es decir, los de primera instancia, corregidores, alcaldes ordinarios, jueces de paz y pedáneos.

La Constitución de Quito era poco progresista y convocaba un Congreso por estamentos (clero, nobleza y municipios) y declaraba el Estado sometido a Dios y a la religión católica. Ya hemos referido en otros lugares de este estudio, que los independentistas americanos solían ser conservadores y no revolucionarios progresistas. El pretendido progresismo de Quito se limitaba a tener constitución, declararse república, admitir la división de poderes.

José Cuero Caicedo, obispo de Quito, representaba al Clero. Jacinto Sánchez de Orellana representaba a la nobleza. Juan Pío de Montúfar representaba a los municipios.

El Congreso de Quito era un intento de declarar a Quito independiente sin perjuicio de que, en el futuro, se federara con otras regiones. La independencia de Quito se debía a las circunstancias de que Carlos Montúfar fuera hijo del terrateniente independentista marqués de Selva Alegre, y de que los virreyes del Perú y Nueva Granada estuvieran haciéndoles la guerra. Para su independencia, argumentó que la soberanía procedía de Dios y, faltando Fernando VII, retrovertía en el pueblo, quien la depositaba en la constitución y en el Supremo Congreso de Diputados.

El 15 de febrero de 1812, dividieron el territorio que dominaban en nueve provincias: Alausí, Ambato, Guaranda, Ibarra y Esmeraldas, Lacatunga, Otavalo, Quito, Riobamba y Los Pastos. Las provincias se subdividían en localidades, éstas en parroquias, y las parroquias en barrios.

En ese Congreso de Quito había monárquicos y republicanos, y era muy difícil llevar adelante una idea política cualquiera. Además no tenían ejército, ni dinero, y no podían apoyar sus ideas en nada práctico. Tampoco dominaban Guayaquil ni Cuenca, y eran fácilmente atacables desde todas partes. Lo único que quedaba claro eran sus declaraciones de que querían evitar el despotismo (llamaban así al absolutismo) y querían una monarquía constitucional en la persona de Fernando VII (pero no esperaban que volviera Fernando VII nunca).

Los enfrentamientos de Quito con los ejércitos virreinales no fueron favorables a Quito, y por ello, la popularidad de los Montúfar, padre e hijo, fue decayendo a lo largo de 1812. Los montufaristas eran mayoría en el Congreso, pero su popularidad decaía. Carlos Montúfar era el jefe militar en Quito, Pedro Montúfar, tío de Carlos, era jefe militar en Ibarra, y Francisco Calderón era jefe militar en Riobamba-Alausí.

En febrero de 1811, Carlos Montúfar se reunió con el general Arredondo en Guaranda e intentó someter Cuenca, pero fracasaron. Con ello empezó una crisis del “montufarismo”.

El 24 de febrero de 1812 hubo una ruptura interna entre los líderes quiteños: por un lado, Carlos Montúfar como líder de la mayoría (montufaristas), apoyado por el militar Manuel Arredondo; por el otro lado, Jacinto Sánchez de Orellana marqués de Villaorellana[1], apoyado por su comandante militar Francisco Calderón, como el de la minoría (sanchistas). Los montufaristas querían vinculaciones con España, pero en igualdad de derechos con los españoles e igualdad de representación en las Cortes españolas si llegaba el caso. Los sanchistas querían la total independencia de España.

La minoría de “sanchistas” abandonó Quito en 24 de febrero de 1812 y se trasladó a Latacunga creando un Congreso paralelo al de Quito y, desde allí, el militar Francisco Calderón atacaba Quito. La situación era insostenible y hasta Montúfar y Villaorellana lo comprendieron, pero no encontraron forma de entenderse. Era una situación de no agresión, pero sin alianza. El 1 de abril, Francisco Calderón trató de hacerse más fuerte y atacó Cuenca (al sureste de Guayaquil), pero fracasó.

En 24 de junio eran los soldados de la región de Cuenca, mandados por Aymerich, los que tenían cercados a los quiteños. Pedro Montúfar fue a someter Pasto y Barbacoas, tomó Pasto en 11 de septiembre de 1811, pero fracasó en Barbacoas. La popularidad de los montufaristas iba a la baja a medida que fracasaban militarmente. Pero los sanchistas también habían fracasado en Cuenca.

En mayo de 1812, el virrey de Lima encomendó conquistar la región de Quito al teniente general Toribio Montes.

El 15 de junio de 1812, el conde Ruiz de Castilla[2] fue asesinado. Este hombre había sido nombrado presidente de la Real Audiencia de Quito en 1 de agosto de 1808 y depuesto por un golpe revolucionario en 10 de agosto de 1809. Tras ser repuesto en su cargo en 25 de octubre de 1809, se dedicó a perseguir a los golpistas de agosto de 1809 y encarceló a algunos. El 2 de agosto de 1810 los presos fueron asesinados en el Cuartel del Real de Lima, lo que enfureció a los quiteños. En 1811, el conde Ruiz de Castilla se retiró a un convento de la Merced, y el 15 de junio de 1812, una multitud, encabezada por hijos de los asesinados en el Real de Lima, asaltó el convento y mató a golpes al Conde Ruiz de Castilla. No hubo mucho honor en matar a golpes a un anciano de 87 años de edad.

El 21 de junio de 1812 llegó a Guayaquil el nuevo Presidente de la Real Audiencia de Quito, teniente general Toribio Montes[3] y se alió con Melchor de Aimerich, el comandante de las fuerzas de Cuenca, para atacar Quito, pero Checa resistió en Quito.

En julio de 1812 Arredondo fue vencido en Chimbo por Francisco Calderón, pero los soldados peruanos se impusieron al general Checa en Mocha en 2 de septiembre de 1812 y Toribio Montes llegó a Quito en noviembre y tomó la ciudad a los pocos días, el 8 de noviembre.

El 1 de diciembre, Francisco Calderón fue derrotado en Ibarra-Yaguarcocha y fue ejecutado. Se impuso la obediencia a España. Melchor Aymerich sería ascendido a mariscal de campo por sus victorias sobre los independentistas y fue puesto como Presidente de la Audiencia de Quito.

Carlos Montúfar huyó a Nueva Granada a luchar contra los españoles hasta que fue capturado y ejecutado en 1816. Su padre, Juan Pío de Montúfar fue enviado preso a Cádiz y los bienes de la familia Montúfar pasaron a la Corona española. Juan Pío Montúfar murió en 1818. El obispo Cuero y Caicedo fue destituido de su obispado y encarcelado en Lima, muriendo en la cárcel. Otros muchos líderes rebeldes quiteños fueron distribuidos por presidios de Filipinas, Cuba, Ceuta y la España peninsular.

 

 

1812 en Nueva Granada.

 

El 1 de enero de 1812, la ciudad de Soatá decidió independizarse de los federalistas de Tunja, o de las Provincias Unidas, y pasarse a los centralistas de Santa Fe o Cundinamarca. Ello provocó la primera acción de guerra con victoria de los centralistas en Gaque el 21 de enero de 1812.

En marzo de 1812, Antonio Nariño, jefe de los unitarios desde septiembre de 1811, envió al general Antonio Baraya a dominar Tunja y detener a los federalistas Camilo Torres y Frutos Gutiérrez. Pero Baraya dialogó primero con ellos y se pasó al bando federalista después. La causa parece radicar en que Nariño había dicho que quería liberar Pamplona de los realistas (españolistas), pero sólo era una añagaza para atacar a los federalistas. Baraya se enfadó y, en 25 de mayo de 1812, se pasó a los federalistas.

En junio de 1812, Nariño envió su ejército a someter al general Baraya, ahora federalista, y detener al también federalista Francisco de Paula Santander, pero Baraya reaccionó, apoyado por Cartagena y Antioquia, y contraatacó sobre Bogotá. Nariño dejó interinamente el Gobierno de Cundinamarca, en 25 de junio de 1812, hasta 5 de agosto de 1812, en manos de Manuel Benito de Castro Arcaya[4] y fue a atacar a los españoles.

El 30 de julio de 1812 tuvo lugar el Pacto de de Santa Rosa de Viterbo por el que Tunja y Cundinamarca firmaron la paz con la condición de que Nariño se retiraría de Tunja, y Baraya sería juzgado. El 2 de agosto de 1812, Nariño volvió a Santa Fe y encontró la ciudad sublevada por Francisco Javier Serrano Gómez de la Parra, alias el cura “Panela”, y por Baltasar Miñano, a quienes expulsó de la ciudad.

El 20 de agosto de 1812 fue Presidente de la Junta de Cundinamarca Manuel Benito de Castro, que estaría en el cargo hasta 12 de septiembre de 1812, cuando le sustituyó Antonio Nariño, pero Nariño se fue en noviembre a la guerra, y la Junta de Gobierno de Cundinamarca fue dirigida interinamente por un quinteto integrado por Felipe Vergara Caicedo, José María Arrubia Martínez, Juan Dionisio Gamba, José Ignacio Sanmiguel, y Manuel Camacho Quesada hasta 14 de diciembre de 1812 en que volvió Nariño. Nariño permanecería en el cargo hasta 21 de septiembre de 1813.

En 4 de octubre de 1812, el Congreso de las Provincias Unidas de Nueva Granada, es decir, los federalistas, se instalaron en Villa de Leyva y en 27 de octubre eligieron como su presidente a Camilo Torres Tenorio[5] y vicepresidente a Juan Marimón. Este presidente de las Provincias Unidas actuaba en Tunja simultáneamente a Antonio Nariño, Presidente de Cundinamarca, cada uno mandando su región. Camilo Torres fue la expresión misma de la Patria Boba, un hombre con mucha verborrea y capacidad de seducción, e incluso en muchos idiomas, pero poca preparación intelectual, capaz de mantener muchas contradicciones sin darse cuenta de ellas. Camilo Torres se mostró belicoso, acusó a Nariño de “usurpador y tirano” e hizo que el Congreso declarase la guerra a Cundinamarca el 24 de noviembre de 1812. La euforia federalista duró poco, porque el 25 de noviembre, el centralista Tadeo Vergara derrotó a los federalistas en Hatoviejo. El 2 de diciembre, Baraya tuvo la oportunidad de imponer sus criterios, pues derrotó a Nariño en Ventaquemada, pero no supo sacar provecho a la victoria y, en una mala decisión militar, dejó que Nariño tuviera tiempo de reorganizar sus tropas. El 14 de enero de 1813, los federalistas serían derrotados en Santa Fe.

 

El aspecto político general de la zona era un caos, pero en el bien entendido de que el pueblo no se involucró y eran los revolucionarios los que andaban divididos. El caos podemos sintetizarlo así:

Toribio Montes, hombre del virrey de Perú, Abascal, luchaba contra los federalistas de Quito;

Nariño ocupaba el sur de Nueva Granada hasta ser apresado en 1814. Defendía el centralismo, el unitarismo frente a los realistas;

Camilo Torres dominaba por el norte y defendía el federalismo. Su Jefe militar era Antonio Baraya. En 1812, llegó simón Bolívar a Nueva Granada y pidió, en el Manifiesto de Cartagena, que no cometieran los errores que Venezuela había cometido, pero se puso al servicio del que estaba repitiendo los mismos errores venezolanos, Camilo Torres. Camilo Torres le dio un cargo militar secundario en Barrancas, bajo las órdenes del francés Pierre Labatut. Bolívar aprovechó su mando militar para actuar por su cuenta en el Bajo Magdalena, llegando a ocupar Ocaña, y ganó cierto prestigio personal.

Pasto se rebelaba en el sur;

Benito Pérez, nombrado virrey de Nueva Granada, se disponía a entrar en sus tierras desde Panamá (conocido entonces como El Istmo);

Santa Marta se mantenía independiente declarándose realista;

Cartagena trataba de imponerse como cabeza de un nuevo imperio.

Parecía que había cierta ventaja para los españolistas: El virrey de Perú, Abascal, reprendió rápidamente los levantamientos iniciales en Chile y mantuvo el orden en todo momento en Perú a fin de que no se extendiera el levantamiento de Nueva Granada hacia el sur. El 8 de noviembre de 1812, el general realista enviado por Abascal, Toribio Montes entró en Quito y eliminó la rebelión, impuso una política de reconciliación y Quito se pacificó hasta 1820.

En diciembre de 1812, el virrey de Nueva Granada, Benito Pérez Brito, renunció. Había sido nombrado en abril de 1811 y residía en Panamá desde entonces. En abril de 1812, los Oidores de la Audiencia se habían quejado de él a la Regencia de España, en noviembre la Regencia había abierto sumario contra el virrey. Por eso, en diciembre renunció.

A final de 1812, la guerra estaba muy indecisa entre unitarios y federalistas: En diciembre de 1812, Baraya venció a los unitarios centralistas de Santa Fe. En enero de 1813 Nariño derrotó a Baraya. Nariño no aprovechó la oportunidad de someter a todos los federalistas, porque consideró prioritario acudir a combatir a los realistas en Pasto, al sur del país.

Casi todos los líderes de Tunja, los federalistas, serían ejecutados en 1816 por la represión española. Entre estos líderes estaban Francisco Javier Torres Rojas, José Joaquín Ortiz Nagle, Juan José Bárcenas, José Acevedo Gómez, Fray Agustín Casas de la Rocha, Domingo Acero, Fray Ignacio Nariño, José Miguel Lago, Juan José Bárcenas, Félix Soler, Juan Nepomuceno Toscano, Vicente de Castro, José Antonio Medina, José Francisco Umaña, Andrés Gallo, Domingo Reyes…

 

 

Perú en 1812.

 

En 1812, Abascal, que era realista (españolista y absolutista) y odiaba a los liberales, aceptó la constitución española de 1812. Ello acarreaba la abolición de ventas de cargos públicos, incluidas las ventas del cargo de corregidor vitalicio, y eso significaba pérdida de ingresos. Los cabildos y los diputados en Cortes serían en adelante elegidos. Abascal aceptó la constitución, pero siguió siendo absolutista convencido.

En 1812, los criollos eran constitucionalistas y por ello era muy importante quién dominaba la Audiencia y el Cabildo.

En 1812 tuvo lugar las rebeliones de Huánuco, Huamanga y Cajamarca, encabezadas por criollos. Fueron fácilmente dominadas por Abascal.

Abascal se convirtió en bastión más fuerte del poderío español, si bien defendía el absolutismo.

En 1813 Abascal atacó Chile, derrotó a los chilenos en Rancagua y entró en Santiago.

 

 

1813 en Venezuela.

 

El 4 de enero de 1813, en Valencia (Venezuela), se creó una Junta españolista para decidir sobre los sospechosos a los que se estaba deteniendo. Sorprendentemente, o no, algunos de los componentes de la Junta habían sido republicanos independentistas en los sucesos de 1812, y ahora, en 1813, se habían cambiado de chaqueta para arrimarse al poder, siendo ahora los que juzgaban a otros republicanos.

Otra circunstancia anormal en Venezuela era la coexistencia de un capitán general, Miyares, en Coro, con nombramiento oficial desde España, y un comandante general del ejército, el gobernador Monteverde, en Caracas, que se había titulado a sí mismo Capitán General de Caracas, reservando a Miyares el título de Capitán General de Maracaibo. El hecho de haber dos capitanes generales en el mismo territorio es sorprendente y anormal.

Los criollos de Caracas enviaron en 1813 procuradores a la Regencia de España para pedir más tacto de gobierno y moderación de la represión, garantías a la propiedad del ganado del que se habían apoderado los capataces y las bandas de rebeldes, y también guarniciones de soldados peninsulares en Caracas, Puerto Cabello y Valencia, que controlaran los excesos de los pardos y negros. A estas peticiones se sumó el ayuntamiento de Caracas y añadió las de libertad de comercio, préstamos para hacendados y mercaderes y amortización del papel moneda emitido por la República, de modo que se restableciera el sistema monetario anterior a la rebelión.

 

 

1813 en Nueva Granada

 

La zona estaba en guerra civil desde principios de 1812. Nariño había sido derrotado en Ventaquemada en 2 de diciembre de 1812 por los federalistas, pero en 9 de enero de 1813 salió vencedor frente a los mismos, lo que dejaba la partida en tablas.

Cartagena, que había ocupado Santa Marta en enero de 1813, fue expulsada de esa plaza en marzo de 1813, y en mayo de 1813, volvió a intentar la ocupación de Santa Marta enviando al francés Chatillon junto a Manuel Rodríguez Torices, presidente de Cartagena (en septiembre de 1814 Torices sería designado miembro del Triunvirato que presidiría las Provincias Unidas de Nueva Granada). Volvieron a fracasar. Y los intentos de Cartagena sobre Santa Marta se repitieron, y los desastres también. En este proceso de guerra, Cartagena se arruinó y decidió emitir papel moneda para sostenerse, pero éste tenía poca credibilidad y se depreciaba enseguida, hasta el punto que tuvo dimitir el imperialista Piñeros y se impusieron García de Toledo y Castillo Rada, que querían objetivos más limitados, pero no renunciaban tampoco a Santa Marta. Cartagena perdió su oportunidad de ser cabeza de un territorio más grande. Santa Fe mantuvo su ascendiente sobre la zona noroccidental sudamericana.

El 12 de marzo de 1813, el Congreso Federal, y Camilo Torres en particular, concedieron al venezolano Simón Bolívar Palacios el título de “Brigadier del ejército y libertador de cinco repúblicas”. Bolívar, en 1813, estaba huyendo de Venezuela desde julio de 1812 y llegó a La Guaira (el puerto de Caracas). Allí entregó a Miranda a las autoridades españolas a cambio de un salvoconducto para Curaçao, en donde estaba el 27 de agosto completando su huida. De Curaçao se fue a Cartagena (Colombia), en donde solicitó ingreso en el ejército cartagenero y redactó el Manifiesto de Cartagena, en el que explicaba la derrota en Venezuela por la ausencia de un Gobierno centralizado y tolerancia excesiva con los discrepantes y con los españoles, además de por la influencia del clero y por una mala constitución. Y decía que la causa directa había sido la desmoralización del ejército, lo cual se había producido por falta de preparación militar, falta de disciplina e impunidad ante el delito, y todo ello había conducido a la desmoralización. Es difícil entender el mensaje de Bolívar, puesto que se puso al servicio de los federalistas, y no de los centralistas de Nueva Granada, pero en Bolívar muchas cosas fueron difíciles de entender. Cartagena le dio a Bolívar la guarnición de Barrancas, con 70 hombres, un cargo sin importancia. Estaba subordinado al francés Pierre Labatut. Bolívar entrenó a sus hombres en acciones reales de guerra en el Bajo Magdalena (Tenerife, El Guamal, El Banco, Tamalamenque y Puerto Real de Ocaña) y se ganó una cierta reputación por sus pequeñas victorias frente a los realistas. El comandante general de Pamplona, Manuel del Castillo, pidió la colaboración de los hombres de Bolívar contra los realistas, y Cartagena le autorizó a ir al este, a la frontera con Venezuela, donde Bolívar derrotó a los españoles en Cúcuta el 28 de febrero de 1813, en la frontera entre Colombia y Venezuela (100 kilómetros al sur del lago Maracaibo).

Así llegamos al citado 12 de marzo de 1813 en el que el Congreso de las Provincias Unidas le nombró a Bolívar ciudadano de la Unión y brigadier con mando en Cúcuta, donde permaneció hasta abril de 1813, y libertador de cinco repúblicas. Desde allí, amenazaba con invadir Venezuela. El objetivo de Bolívar a partir de ese momento fue reconquistar Venezuela.

Mérida, ciudad al oeste de Venezuela, cercana a Cúcuta, se entregó sin resistencia a Bolívar y le concedió también el título de Libertador. Bolívar se quedó hasta abril en la zona.

En 1813, Bolívar contaba con un ejército de 700 hombres, la mayor parte enrolados en Cartagena (Nueva Granada). Tras su victoria de Cúcuta, era el hombre fuerte de los independentistas.

 

Mientras tanto, las Provincias Unidas de Nueva Granada (federalistas) y Cundinamarca (centralistas) se esforzaban por hallar la paz entre ellas y firmaron un pacto el 2 de abril de 1813 (concluido el 30 de mayo de 1813). Camilo Torres aprovechó la tregua para exigir la adhesión de Santa Marta y denunciar a Cartagena como enemiga de las Provincias Unidas. No quería el final de la guerra, sino la continuación de la misma con distintos contendientes. Fortificarse a ser posible con la incorporación de Santa Marta y Cartagena, para presentarse más fuerte ante Santa Fe.

El 14 de julio, los federalistas empezaron a evolucionar a un Estado más racional: el Congreso Federal pidió autoridad para asuntos de guerra y hacienda, es decir para centralizar un poco el Estado.

 

Los españolistas de Juan Sámano aprovecharon el desorden bélico entre criollos independentistas para tomar Santa Marta, cortando las comunicaciones entre Cartagena y Bogotá, y tomar también Pasto al norte y Popayán al sur. Santa Marta se convirtió en el bastión fuerte de España en la zona.

En 2 de junio de 1813 llegó a Santa Marta el Jefe Político Superior (cargo que sustituía al de virrey en la constitución de 1812) enviado por España, Francisco José Montalvo Ambulodi. Había sido nombrado en 30 de mayo anterior y se trasladó desde su destino en La Habana, sucediendo a Benito Pérez Brito. Se llegó a Santa Marta, porque ésta era la ciudad que se había declarado realista, frente a los independentistas varios, centralistas y federalistas, de Nueva Granada. Defendió la ciudad frente a los ataques de Cartagena y el militar cartagenero Pedro Labatut. En 16 de abril de 1816 pasaría a ser virrey de Nueva Granada, abandonando el título político constitucional, y estaría en el cargo hasta 1818.

 

Al Gobierno de la Junta de Cundinamarca de 1810 a 1815 se le conoce como la “Patria Boba”. La razón de ello es que fue un periodo de discusiones internas entre independentistas centralistas e independentistas federalistas, con luchas internas sin sentido, con Juntas regionales por todas partes, con falta de atención al problema principal, la derrota de los realistas, o españoles absolutistas, que podían rehacerse en cualquier momento, y que de hecho lo hicieron a partir de agosto de 1815. La Patria Boba empezó en 1810, cuando Bogotá declaró Junta obediente al Gobierno de España, y ocho días después se dijo independiente de España, pero fiel a Fernando VII. Y se consagró cuando en diciembre de ese mismo año, Cundinamarca defendió un independentismo unitario o “centralista”, mientras los federalistas crearon la Confederación de las Provincias Unidas de Nueva Granada en Tunja y hablaban de derechos soberanos de cada región. Al mismo tiempo, Cartagena se declaraba independiente de ambos sistemas. Las contradicciones duraron cuatro años. Sirvieron para que Bolívar aprendiera que por la vía de los derechos soberanos para todos no se llegaría a ninguna parte.

El 10 de diciembre de 1813, Tunja, es decir los federalistas, se declararon independientes de España. El 24 de diciembre nombraron a Antonio Baraya jefe militar de todas sus fuerzas.

 

En junio de 1813, Antonio Nariño se hizo proclamar dictador perpetuo en Bogotá. El 29 de agosto, la presidencia de Cundinamarca pasó a Manuel Bernardo Álvarez, un protegido de Antonio Nariño. En Tunja continuaba Camilo Torres.

El 16 de julio de 1813, Santa Fe declaró su independencia, independencia de Cundinamarca, respecto a España, Francia, o cualquier potencia extranjera que exigiera la sumisión a ella de ese territorio. Pero en Santa Fe había realistas (absolutistas españolistas llamados chapetones), patriotas centralistas partidarios de crear un estado fuerte que uniera todos los territorios como cuando gobernaba España (su líder era Antonio Nariño); y patriotas federalistas, partidarios de que cada región se organizase libremente con Gobierno y constitución (su líder era Camilo Torres).

En 21 de septiembre de 1813, en ausencia de Nariño, actuó como Presidente de la Junta de Cundinamarca Manuel de Bernardo Álvarez del Casal, que ejerció hasta 12 de diciembre de 1814. Era tío de Antonio Nariño, y defendió la idea centralista independentista más allá de la fecha de la captura de Nariño por los españoles.

En septiembre de 1813, Nariño atacó Popayán[6] y venció a los realistas en Juanambú pero fue derrotado poco después en Pasto el 11 de mayo de 1814, siendo capturado y enviado a Cádiz en donde estuvo preso desde 1816 a 1820.

Tras la desaparición de Antonio Nariño, Tunja declaró la guerra a Cundinamarca el 29 de noviembre de 1814.

 

 

Venezuela.

La “Campaña Admirable” de mayo de 1813.

 

El 14 de mayo de 1813 empezó la “Campaña Admirable” de Simón Bolívar: Bolívar fue sobre Mérida el 23 de mayo de 1813, Trujillo el 15 de junio, Barquisimeto, Valencia y Caracas, en donde entró en agosto de 1813. Se basaba en los que protestaban contra la represión del Gobernador Monteverde.

El 15 de julio de 1813, en Trujillo, Bolívar publicó el decreto “Guerra a Muerte”. El decreto mandaba matar a todos los españoles que se cogieran prisioneros, y perdonaba la vida a los americanos, aunque fuesen realistas, porque los malos eran, según él, los españoles.

La campaña “Guerra a Muerte” había surgido en Ahití, cuando los ahitianos habían decidido el exterminio de los franceses. Miranda rechazaba estas prácticas que combinaban el terrorismo con la guerra, pero Antonio María Briceño las defendía y había reclutado un grupo de hombres dispuestos a todo. Briceño se presentó en Cartagena en 16 de enero de 1813 y ofreció a Bolívar la colaboración de sus hombres, con los que se tomó Cúcuta. Este grupo terrorista era el núcleo de las fuerzas de Bolívar, y en 15 de julio, en el decreto Guerra a Muerte, no se hacía otra cosa sino reconocer el ideario de los briceñistas. Manuel del Castillo, segundo de Bolívar, aceptó el nuevo ideario. Bolívar lo mantuvo vigente hasta 26 de noviembre de 1820.

En 31 de julio de 1813, con poco más de mil hombres, Bolívar derrotó al coronel español Julián Izquierdo, que estaba al mando de un millar de realistas, en Los Taguanes (Cojedes), haciéndoles firmar una capitulación en La Victoria (que recuerda un poco la derrota de Miranda en ese mismo lugar hacía poco).

Al mismo tiempo, otro independentista, Santiago Mariño, atacaba Cumaná por su cuenta, lo que le venía bien a Bolívar, pues Monteverde había trasladado sus fuerzas a Oriente, Los Llanos Orientales de Venezuela, para luchar contra Mariño en Cumaná, y contra Bermúdez y Piar en Maturín. A los independentistas les faltaba Maracaibo y Guayana para dominar la costa norte sudamericana.

En 1813 ante la rebelión separatista, Monteverde se sentía abandonado por España.

Supo Bolívar de la situación de debilidad del ejército español y, apoyado en Briceño, atacó Caracas y la tomó en 6 de agosto de 1813. Las fuerzas de Bolivar-Briceño eran sanguinarias y no respetaban prisioneros, sólo querían muertos, exterminio de prisioneros y simpatizantes o colaboradores de España, especialmente los individuos de origen canario. La población le nombró Capitán General y Libertador. Era la tercera vez que se le nombraba Libertador (Congreso de las Provincias Unidas, Cúcuta y Caracas) y el apelativo se hizo popular, quedando así en el futuro. Inmediatamente se puso a organizar un Estado: un sistema fiscal, la justicia, el gobierno municipal, las reglas de acogimiento de extranjeros, ayudas a la agricultura y exportación.

Entonces los militares españolistas cayeron en el juego de la violencia, que proponía Bolívar, de igual forma degradante y vergonzosa por ambas partes. Se distinguieron principalmente Boves y Maroles, y empezaron a matar a independentistas criollos y la guerra se convirtió en guerra sucia. Bolívar “no tenía tiempo” para reconstruir la economía, pues sólo le importaba la guerra contra los españoles y su exterminio. La guerra presentaba los peores caracteres posibles.

La aristocracia caraqueña consideraba a Bolívar un dictador sanguinario y exigía Cabildos y jueces independientes que controlaran el poder, pero Bolívar se negaba a ser dominado, y por eso quería ser “libertador”, es decir, caudillo dictador.

La guerra fue cruel, destructiva, inhumana como nunca: Monteverde mataba tanto civiles como militares sin otro fin que aterrorizar a la población, destacando en la crueldad Antonio Zuazola, que asesinaba prisioneros haciéndoles sufrir. Bolívar hacía lo mismo y razonaba que él estaba en desventaja porque los españoles eran muchos, y si no los exterminaba no tendría éxito la revolución. El 1 de noviembre de 1813, Boves se sumó a la guerra sucia declarando en Guayabal la guerra a muerte a los criollos. Distribuía el botín entre los llaneros y vendía las tierras de los separatistas criollos para financiar la guerra.

Monteverde se hizo fuerte en Puerto Cabello, donde fue sitiado por Bolívar. Monteverde dimitió de su cargo en 1814 por no hallar solución al conflicto.

 

 

[1] Jacinto Sánchez de Orellana Chiriboya-Daza, 1747-1815, II marqués de Villaorellana, 1782-1815, era hijo de uno los grandes terratenientes quiteños, y había estudiado Cánones y Leyes y se había licenciado como abogado en 1773. En 1774 viajó a Europa. Desde 1776 era Alcalde y Regidor perpetuo de Quito. En 1793 era Rector de la Universidad Santo Tomás de Aquino y Sargento Mayor de las milicias de la ciudad.

[2] Es denominado Miguel de Uríez en la Historia General, Manuel de Urriez en wikipedia, y Manuel de Uriés en la genealogía aragonesa. Creemos que su nombre era Manuel de Urriés de Castilla y Cavero de Ahones, 1725-1812, I conde Ruiz de Castilla, 1860-1812. Era un militar español. Llegaría a América en 1760 como corregidor de Oruro (Alto Perú) y sería después Gobernador de Huancavelica. Pero el destino de importancia que le elevó al primer rango de la política fue el de Presidente de la Audiencia de Quito en 1806. Por ello, se decía que era un hombre de Godoy, aunque ello no sea seguro. En 1808 era Presidente de la Audiencia de Quito y por eso, en agosto de 1809 se tuvo que enfrentar a los rebeldes quiteños, que formaron Junta de Gobierno Autónoma de Quito y le depusieron de sus cargos, hasta que los recuperó en 13 de octubre de 1809. Se hizo odioso tras los sucesos de 2 de agosto de 1810, y en junio de 1812 fue apaleado por una masa de gente y murió a consecuencia de ello a los 87 años de edad.

[3] Toribio Montes-Caloca y Pérez, 1749-1829 era un militar que llegó a Puerto Rico en 1804, siendo destinado a Perú en 1810 como Gobernador de El Callao, hasta que en 1 de noviembre de 1811 fue designado Presidente de la Real Audiencia de Quito, y con ello se convirtió de hecho en jefe militar de la zona y fue ascendido a teniente general.

[4] Manuel Benito de Castro Argaya, 1751-1826, empezó como novicio jesuita, y se pasó a la vida militar enrolándose en milicias, antes de aceptar cargos políticos.

[5] Camilo Torres Tenorio, 1766-1816, era hijo de un español y estudió en un seminario, e hizo luego Derecho Canónico, distinguiéndose por su capacidad para los idiomas. Destacó por su oratoria utilizando machaconamente el argumento de los agravios recibidos de España por los americanos, declarándose abogado de los pobres y de los estudiantes revoltosos. Es decir, recurrió al discurso facilón. Pero al tiempo, amasó una enorme fortuna, cosa tampoco infrecuente entre los políticos charlatanes. Ante la invasión napoleónica de España, se declaró no obediente a la Regencia Española y fiel a Fernando VII, pero a continuación protestó porque la Junta Suprema Central española no les atribuía a los americanos diputados en proporción similar a los españoles peninsulares, lo cual es una contradicción evidente. El 20 de julio de 1810 formó parte de la Junta de Santa Fe que destituyó al virrey Amar, pero al día siguiente invitó a Amar y Borbón a presidir la Junta independentista, cosa que fue desaprobada por la opinión general colombiana. En diciembre de 1810, participó en el Supremo Congreso y se perdió en cuestiones sin relevancia política. El 11 de enero de 1811 estuvo en la Comisión Constitucional y defendió que todos los Cabildos fueran autónomos y que cada provincia fuera soberana, lo cual recuerda más a las polis griegas que a la realidad que Colombia estaba viviendo. Camilo Torres se opuso al centralista Antonio Nariño, y en 27 de noviembre de 1811 redactó el Acta de Independencia de las Provincias Unidas de Nueva Granada, origen del Congreso de Tunja de la minoría federalista que inició una guerra civil de dos años entre independentistas colombianos. Triunfó en noviembre de 1814 porque Nariño fue derrotado en el sur de Colombia por los realistas y logró ser elegido Presidente en 15 de noviembre de 1815 hasta 12 de marzo de 1816, momento en que cometió la irracionalidad mayor de su vida, entregar se a los españoles, los cuales le juzgaron y ejecutaron como líder rebelde que había sido en los últimos años.

[6] Popayán, capital de Cauca (el departamento o provincia al norte de Nariño, que es el departamento de más al sur de Colombia).

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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