PLANTEAMIENTO FORMAL DE LA GUERRA.

 

 

Bailén, 19 de julio,

y Vimeiro, 21 de agosto de 1808.

 

El ejército francés de Pierre Dupont de l`Etang había salido el 24 de mayo de Toledo con 14.000 soldados y se dirigió a Córdoba sin problemas para ellos en La Mancha. Sevilla no se sublevó hasta el 26 de mayo y no tuvo un ejército hasta mucho después. La intención de Dupont era llegar hasta Cádiz.

El 31 de mayo llegó a Sierra Morena y supo que el paso de Despeñaperros iba a ser fundamental para la defensa de las comunicaciones con Andalucía. Ya observó las primeras reticencias del pueblo español, pues los vecinos de La Carolina habían huido al aproximarse los franceses, lo que era nuevo para Dupont, pues hasta entonces los españoles se habían mostrado acogedores. El 1 de junio llegó a Bailén. Desde allí se dirigió a Andújar, donde supo que los andaluces se habían rebelado la semana anterior. Pero no se preocupó demasiado y continuó río abajo el 4 y 5 de junio.

El ejército francés y el sevillano, se batieron en el puente de Alcolea (10 kilómetros al este de Córdoba) el 7 de junio, los españoles fueron derrotados y huyeron por el camino de Sevilla, y Córdoba fue saqueada durante nueve días. Los sevillanos habían calculado muy mal sus posibilidades y huían en desbandada. El 16 de junio, los franceses decidieron regresar desde Córdoba hacia lugares más próximos a Madrid: llevaban unos 400 carros de botín. Regresaban porque se sabían aislados, porque los correos que mandaban no regresaban, ninguno. El saqueo de Córdoba cayó muy mal en Andalucía y hubo rebeliones contra los franceses en Montoro, Santa Cruz de Mudela, Valdepeñas… Dupont no podía seguir avanzando porque recibió aviso de que 45.000 españoles iban desde Sevilla a por él. Tampoco podía quedarse en Córdoba, que le era hostil. Retrocedió.

El 15 de junio, Jean René Savary fue nombrado nuevo comandante en jefe de los franceses en España, en el puesto de Murat. El 16 de junio, envió refuerzos a Andalucía. Eran 6.000 hombres al mando de Vedel[1] que se dirigían a Andújar partiendo de Toledo. El 27 de junio, Vedel llegaba a La Carolina, puso cuartel general en Bailén y saqueó Jaén. La situación general de los franceses era mala en esos días, pues Bessieres estaba siendo atacado en Palencia por los gallegos, Lefebvre fracasaba en Zaragoza y Moncey en Valencia. Lo peor para Vedel era que no encontraba comida fácilmente, pues los campesinos huían ante la presencia de los franceses.

Los españoles del ejército de Sevilla y Granada, decidieron colocarse en medio de los dos ejércitos franceses, entre Andújar y Bailén, para impedir que ambos se juntasen, siguiendo un plan del general Moreno.

El 19 de junio los franceses de Dupont, que regresaban desde Córdoba, llegaron a Andújar, en el paso de Sierra Morena y esperaron refuerzos. En Montoro encontraron soldados franceses muertos y mutilados, dejados allí como un aviso para causarles el consiguiente terror.

Castaños organizó un ejército en Sevilla y Reding otro en Granada. El ejército de Sevilla era mandado por Francisco Javier Castaños[2] y contaba con 25.000 hombres, 2.000 caballos y 60 cañones, acampados en Utrera. Se presentaron unos 37.000 voluntarios, pero sólo pudo reclutar 25.000 porque no tenía armas ni pertrechos suficientes. Muy pocos eran soldados, y se veían bastantes garrochistas de las zonas ganaderas andaluzas. El ejército de Granada era mandado por Teodoro Reding, que había reunido 10.000 hombres granadinos y malagueños.

Castaños avanzó hacia Córdoba, El Carpio, Bujalance y Porcuna, donde se le unió Reding, que se puso a sus órdenes.

A finales de junio, el mayor problema de Dupont, clavado en Andújar, era encontrar comida, así que envió al capitán Baste con 1.000 hombres a buscar alimentos. Baste fue hasta Jaén, venció a sus defensores y saqueó la ciudad. Regresó a Andújar el 22 de junio. Ese mismo día, Dupont recibió un correo con la noticia de la próxima llegada de Vedel. Pero Vedel no encontró el camino de Andalucía amigable, como le había sucedido a Dupont, tuvo que luchar en Madridejos y en Manzanares, donde los campesinos le mataron a los heridos que encontraron desprotegidos, su marcha era lenta, y cuando se encontró Despeñaperros quedó impresionado. No llegó a Bailén hasta 29 de junio. Había tardado trece días en un viaje calculado para siete.

Sorprendentemente para Vedel, que creía que lo urgente era unificar fuerzas, recibió orden de Dupont de tomar Jaén y hacerse con provisiones. Obedeciendo órdenes, se dirigió a Jaén con 3.600 hombres y encontró gran resistencia y pocos alimentos, pues los jienenses, escarmentados pocos días antes, se habían llevado el ganado y los víveres a las montañas. Además era atacado por Reding y la búsqueda de comida era muy arriesgada. Vedel decidió retirarse hacia Bailén sin tener éxito en su misión de buscar víveres.

El 3 de julio, el general francés Gobert salió de Madrid con 3.600 hombres para fortificar el camino de retirada hasta Bailén. Llegó a Guarromán, al norte de Bailén, con 1.800 hombres. Quiso ocupar Linares, pero era más difícil de lo previsto.

El 11 de julio, los españoles se organizaron en cuatro divisiones al mando del teniente coronel suizo-español Teodoro Reding[3], Antoine Malet marqués de Coupigny[4], Félix Jones[5] y Manuel de Lapeña[6], siendo Castaños el comandante supremo. El General Moreno expuso el plan táctico:

Las montañas de Andújar serían ocupadas por Castaños con dos divisiones (12.000 hombres) para amenazar a Dupont.

Coupigny y Reding, con 17.000 hombres cruzarían el Guadalquivir para llegar a Bailén y atacar desde el norte.

Juan de la Cruz Mourgeón, con 3.000 hombres, atacaría el flanco derecho de Dupont, es decir, el oeste de Andújar.

El coronel Valdecañas con 1.600 hombres cortaría las comunicaciones francesas en Sierra Morena.

Los franceses tenían 12.000 hombres en Andújar, mandados por Dupont, 4.000 en Bailén mandados por Vedel, 2.000 en Menjíbar (5 kilómetros al suroeste de Andújar), y 1.800 en Guarromán (al norte de Bailén).

El 13 de julio atacaron los españoles. Castaños se estableció en Arjonilla, Reding y Coupigny fortificaron Villanueva y Mengíbar, donde Vedel opuso cierta resistencia.

El 14 de julio, Reding y el marqués de Coupigny atacaban a los franceses en Mengíbar, en el Guadalquivir camino de Jaén, y el 15 de julio el general español Francisco Javier Castaños atacó Andújar, a pocos kilómetros del primero. Estas operaciones cerraban la salida de los franceses que habían asaltado Córdoba y se retiraban con gran cantidad de botín. El botín era un inconveniente para los franceses, y Dupont pidió hombres a Vedel, que acudió a Andújar con la mitad de sus tropas, dejando el resto en Menjíbar.

En 16 de julio, Reding atacó Menjíbar (al sur de Bailén), provocando que Vedel se desplazara a Guarromán para proteger una posible retirada. Gobert fue muerto en la batalla de Mengíbar. El general Dufour, ordenó la retirada hacia Bailén y Guarromán.

El 16 de julio, Dupont ordenó a Vedel ir a Bailén y asegurar las comunicaciones con el norte. Vedel salió con 5.500 hombres, pero no encontró franceses en Bailén y continuó hasta Guarromán donde encontró a Dufour y 2.500 hombres, haciéndose fuertes en esa posición. Ambos decidieron ir hacia La Carolina, dejando incomunicado a Dupont, lo que fue un error decisivo.

El 17 de julio, Reding y Coupigny repitieron ataque sobre los franceses en Menjíbar, ahora los dos a la vez, pero sin haberse puesto antes de acuerdo, lo que sumaba 14.000 hombres, y dejaron bloqueado a Dupont en Andújar. Dupont, a quien le faltaba información, creyó que ambos estaban coordinados, lo cual era falso, y que trataban de coparle, pues los franceses venían de saquear Córdoba, y quizás los españoles buscasen el botín. Dupont tampoco sabía que los franceses Vedel y Dufour estaban cerca con 9.000 hombres que le podían dar superioridad. El botín era pesado y no sabía si debía ir sobre Andújar o sobre Bailén.

El 19 de julio, Dupont huyó de Andújar y se encontró españoles por todas partes, y además llevaba miles de enfermos y heridos y la marcha era lenta (sólo pudo hacer 22 kilómetros en 8 horas). Llegó a El Rumblar, a 7 kilómetros al este de Bailén, y allí fue atacado de pleno por los españoles.

Reding y Coupigny oyeron los cañonazos al sur de su posiciones y reforzaron las defensas para no dejar pasar a Vedel hacia el sur: pusieron cañones en las zonas altas, mandaron que escuadrones de caballería recorrieran la sierra, colocaron 3.500 hombres en Cerro San Cristóbal y Cerro Ahorcado, para dificultar los movimientos de Vedel.

La persistencia francesa en pasar hacia el norte fue muy dura: el general Chabert, que acompañaba a Dupont, atacó con 3.000 hombres durante la noche, y fue rechazado. Dupont alcanzó la posición de Chabert a las 5 de la mañana, juntaron fuerzas y repitieron el ataque, pero no lograron pasar. Al amanecer, habían llegado a la posición de Dupont más soldados y a reunía 6.000 hombres y atacó por tercera vez, pero los cañones españoles les impedían subir.

A media mañana, Dupont atacó bajo un fuerte sol, y también fue rechazado. Y por fin, se lo jugó todo a una carta, hizo marchar a sus soldados en formación y avanzar a toda costa. Sufrió 2.500 bajas, y decidió pedir tregua y capitulación. La causa de este empecinamiento en pasar hacia el norte eran las noticias de que Castaños avanzaba desde el sur, lo que sería la derrota total de los franceses.

Dupont se rindió antes de que llegase Castaños y quedarse totalmente cercado y sin posibilidades de negociar. Se rindió a Reding, y éste, que tampoco sabía de su superioridad ni de la llegada de Castaños, concedió armisticio a los franceses. Los franceses de Dupont entregaron sus armas.

Ese mismo día, 19 de julio de 1808, mientras tenía lugar la batalla de Bailén, el francés Vedel estaba en Guarromán, oía los cañonazos, pero no acudió a la batalla sino al día siguiente. El 20 de julio atacó el cerro El Ahorcado, donde hizo 1.600 prisioneros, y el San Cristóbal. No se imaginaba lo que estaba pasando. El 20 de julio ya era tarde. Los auxilios franceses llegaron desde el norte al mando de Vedel: había protegido la retirada hacia el norte con 4.000 hombres y llegaba a Bailén con 5.000, pero no pudieron actuar porque era condenar a muerte a Dupont y sus hombres, que habían firmado la tregua y entregado las armas.

También llegó el 20 de julio Castaños desde el sur, y la situación estaba perdida para los franceses.

La rendición formal tuvo lugar el 23 de julio rindiéndose 17.235 hombres (8.243 de Dupont, 9.400 de Vedel), más otros muchos contingentes que Vedel había dejado por el camino del norte. Las condiciones de la rendición eran que los franceses serían llevados por mar desde Cádiz a Francia. Dupont, Vedel y 180 oficiales fueron llevados a Francia donde Napoleón les arrestó, pero el resto de soldados franceses fueron llevados a un campo en Andalucía, donde pasaron hambre, y más tarde a la isla Cabrera (Baleares) y allí muchos murieron de hambre, abandonados por los españoles. Sólo 4.000 sobrevivieron.

La pérdida de 18.000 soldados fue una sorpresa para Napoleón, pues hasta entonces creía que el ejército español sería en todo caso neutral, pero nunca pro británico.

Napoleón necesitaba soldados urgentemente, pues tenía la Gran Armée ocupada en Prusia. Napoleón decidió que sus regimientos tuvieran 4 batallones en vez de 2, dos de veteranos y 2 de novatos. Reclutó soldados de los países satélites, desertores, campesinos… y los entrenó a toda prisa.

 

Consecuencias de Bailén:

Junot se quedó aislado en Lisboa pues los británicos se atrevieron a instalarse al norte de Lisboa el 1 de agosto, para atacarle el 21 de Agosto en Vimeiro y producir la segunda derrota de los franceses en la Guerra. El 30 de agosto, los franceses de Lisboa se rindieron en Cintra con la condición de que los británicos les llevaran en barco hasta Francia.

Otra consecuencia es que José I se retiró de Madrid hasta Burgos y Vitoria.

Muchos aristócratas y miembros del Gobierno de España se plantearon la posibilidad de pasarse a Andalucía a luchar contra los extranjeros, contra los franceses. Napoleón se enfureció y encarceló a algunos y se los llevó a Francia para que no siguiera el goteo de huidos a territorio rebelde.

 

Si en este momento, los españoles hubieran tenido un mando único y la coordinación suficiente, hubieran podido poner en serios aprietos a los franceses, pero no lo tenían, y la Junta Central, reunida el 25 de septiembre, tampoco lo pondrá. Blake estaba en Bilbao, Castaños en Calahorra, Palafox en Sangüesa y el ejército de Extremadura se dirigía a Burgos, pero por separado. Reunían entre todos unos 110.000 hombres, pero no mostraban superioridad sobre los franceses.

Napoleón no valoró correctamente la derrota de Bailén. Despreciaba la insurrección española como hecha por un pueblo inculto y pobre, que pronto se sometería porque era incapaz de organizarse. Napoleón pensaba en una España al servicio de Francia y sus intereses y, cuando llegó a España en noviembre de 1808, dijo a Mazarredo y Cabarrús, que debían imponer un sistema político como el francés y eliminar todo lo español. En noviembre y diciembre de 1808 se consideró rey de España y actuó como tal, a pesar de que su hermano estaba al lado, en otro palacio de Madrid.

La derrota francesa de Bailén era mal comienzo para un “monarca” que se instalaba en el Palacio Real de Madrid el 20 de julio.

 

Pero la derrota era más simbólica que definitiva: la campaña francesa seguía como si no hubiese pasado nada, pero tomando más precauciones:

El 20 de julio de 1808, José I entró en Madrid.

24 de julio, 13.000 franceses atacaban Gerona y mantuvieron el ataque hasta ser derrotados el 16 de agosto.

El día 25 de julio, José fue proclamado rey en España

26 de julio se publicó la Constitución de Bayona.

31 de julio: 70 cañones bombardeaban Zaragoza.

1 de agosto, José I, que era un abogado inteligente y hombre entendido en negocios que regentaba en Marsella, al saber la noticia de Bailén de 19 a 23 de julio, actuó con prudencia y se retiró de Madrid con el ejército francés. Concentró las tropas francesas en Miranda de Ebro y Logroño, ordenando a Verdier levantar el sitio de Zaragoza y a Bessieres retirarse de León. Tenía José entonces 40 años y estaba en plenitud de facultades.

El 17 de agosto se retiró el asedio a Gerona.

A finales de septiembre, los franceses solamente mantenían la línea del Ebro. Y para 60.000 franceses que había en la península era un frente demasiado amplio.

El problema principal era la necesidad de fondos. José decidió captarlos en España: El 18 de agosto de 1808 el decreto Miranda imponía un servicio extraordinario (pago de impuestos) a obispos, cabildos y monasterios. Este servicio se tomaba en concepto de préstamo.    En octubre de 1808 se decretó un nuevo servicio extraordinario para los 150 hombres más ricos de Álava y Navarra.

 

Los españoles sobrevaloraron la victoria de Bailén: entraron en fase de júbilo, despreciando a José I al que llamaban Pepe Botella (borracho), y Pepino (mujeriego). Los insultos fáciles sólo mostraban la poca preparación intelectual del pueblo español. También mostraron poca preparación militar cuando, por falta de organización y de mando coordinado y servicio de información, no aprovecharon la retirada de los franceses.

Los españoles no aceptaban la realidad de su inferioridad militar frente a Napoleón y surgieron numerosos panfletos exaltando la victoria de Bailén y diciendo que Napoleón estaba aterrorizado frente a la valentía española. Formaron ejércitos locales manejados por Juntas provinciales, sin la necesaria coordinación peninsular (España y Portugal):

La Junta de Galicia, fusión de la de Santiago y la de La Coruña, organizó un ejército a las órdenes del general Blake y atacó a los franceses en Valladolid, retirándose al comprobar su inferioridad. Blake tenía unos 30.000 hombres.

Zaragoza, Valencia y Gerona organizaron su propia resistencia.

También la Junta de Extremadura contaba con 18.000 hombres, comandados por Galluzo y llegó con un ataque hasta Burgos.

Y Palafox tenía en Aragón 13.000 hombres.

En las Juntas se producía la corrupción y la inmoralidad como era tradición en España: Los líderes populares colocaban a sus familiares como jefes y hacían que ganasen mucho dinero cobrando “donaciones voluntarias” (que eran forzosas) y exenciones de reclutamiento. Todas las clases altas se eximieron de la obligación de alistarse por motivo de ser caballeros, hidalgos, funcionarios… e incluso las clases bajas se eximieron cuando supieron que al casarse se libraban del reclutamiento, y otros muchos huyeron al monte o a una ciudad en donde fuesen desconocidos. De los alistados, muchos se libraban de ser trasladados al frente formando cuerpos especiales de “Voluntarios Distinguidos”, cuyos integrantes sólo debían hacer guardias en la ciudad de origen. Estos voluntarios se distinguieron toda la guerra por su afición al juego, a las prostitutas y a cualquier mujer, casada o soltera. Por lo tanto, en el ejército fueron enrolados los vagabundos, los forasteros de todo tipo, los desertores huidos de otras campañas y los campesinos más pobres que no pudieron librarse de ir al frente. Los caminos se llenaron de desertores que vivían del bandidaje, lo cual hizo necesario la existencia de patrullas de búsqueda de desertores, a las que también se apuntaron muchos, pues eso también libraba del frente. El bandidaje era preferible al ejército, pues en el bandidaje se luchaba en la propia tierra y con posibilidades de autonomía, mientras en el ejército un soldado podía ser destinado a cualquier sitio, y podía ser inmolado en los primeros ataques, los de prueba del fuego enemigo.

La corrupción e inmoralidad de que venimos hablando fueron muy grandes y los comerciantes muchas veces fueron acusados de afrancesados para así asaltar sus comercios impunemente. Sobrevino la ruina comercial. La desaparición del comercio americano y el corte de comunicaciones marítimas, impedían llegar grano a los molinos de harina de Santander, impedían el comercio de paños de Cataluña y así con todos los productos. España se estaba arruinando en la guerra, pero no por la guerra misma exclusivamente.

Las prohibiciones eran muchas y la vida se hacía difícil pues estaban prohibidas las armas de fuego, las reuniones en la calle, las estancias largas en la taberna (juego y embriaguez) y los viajes no autorizados expresamente por las Juntas.

En noviembre se había logrado reclutar a unos 100.000 hombres, pero sin comida, ropa, ni armas.

Madrid declaró, en agosto, nulas las abdicaciones de Bayona, hizo desfiles militares y proclamó a Fernando VII como legítimo rey de España.

 

El 25 de septiembre de 1808, Pedro Ceballos, el hombre que había puesto Godoy como titular de la Secretaría de Despacho de Estado, primo político de Godoy, marioneta de Godoy, fue sustituido por José Moñino Redondo, conde de Floridablanca. La época de Godoy estaba definitivamente terminada.

 

Bailén tuvo otras muchas repercusiones inesperadas, a pesar de ser una derrota sin apenas importancia humana, ni material para Napoleón: Alemania celebró la derrota francesa como un éxito de luchadores legendarios contra el viejo imperio romano, contra Napoleón. Prusia decía que los campesinos prusianos debían hacer lo mismo que los héroes campesinos españoles. Austria se propuso fomentar levantamientos. Hasta Rusia hizo mitificación de los españoles.

 

 

 

Wellesley en Lisboa, agosto de 1808.

 

El 12 de julio de 1808, Arthur Wellesley, Brent Spencer y John Moore fueron enviados hacia Lisboa y Cádiz desde Gran Bretaña. El militar de prestigio era Wellesley, pero el mando se le dio a Hew Dalrymple por considerar que Wellesley era demasiado joven. Surgió una gran rivalidad entre ellos.

Wellesley llegó a La Coruña y los gallegos no quisieron admitir tropas británicas. Marchó a Oporto el 1 de agosto y allí sí fueron bien recibidos, desembarcando en Mondego, entre Oporto y Lisboa. Tenía 14.000 hombres (llegaron a ser 16.000 en pocos días) y se dirigió al sur, hacia Lisboa, donde el francés Junot tenía 26.000 soldados. El 15 de agosto empezó la guerra de los británicos contra Napoleón en la Península Ibérica. Oporto se rebeló contra los franceses.

El francés Junot dejó 7.000 hombres en Lisboa y salió al encuentro con los británicos, a los que encontró en Vimeiro.

El 21 de agosto de 1808, los británicos derrotaron a Junot en Vimeiro, 50 km. al norte de Lisboa. Wellesley luchó a la defensiva, llevando a los franceses a donde él quería y atacándoles en el sitio previamente elegido y fortificado. Arturo Wellesley obligó al francés Junot a rendirse. La derrota fue importante perdiendo los franceses 2.000 hombres. La podemos considerar similar a la de Bailén, no demasiado grave para los franceses, pero sí un segundo aviso de precaución.

John Moore avanzó entonces hasta León apoyando a los españoles que cercaban a los franceses en Álava. John Moore se quiso congraciar con los españoles y les regaló dinero y armas.

Pero Wellesley no aprovechó el desorden francés que pudiera haber acabado por completo con todo el ejército de Junot, sino que capituló con él. El problema era la llegada de Hew Dalrymple, gobernador de Gibraltar que exigía el mando de la guerra en la península y que había sido nombrado nuevo jefe británico, que subestimaba a Wellesley y puso el veto a la marcha contra Lisboa. Dalrymple fue llamado a Londres el 21 de septiembre. Wellesley había salido por voluntad propia para Londres unos días antes. Dejaron al mando de las tropas a Henry Burrard, que no supo sacar provecho a la victoria de Vimeiro, sabiendo que Junot estaba aislado en Lisboa. O tal vez cumplía órdenes de hacer guerra de desgaste a Napoleón y no comprometer a sus hombres.

El 30 de agosto de 1809 tuvo lugar la convención de Cintra: Las tropas francesas rendidas en Vimeiro fueron transportadas a Francia por los ingleses. A Junot se le dejó llevarse el botín, caballos, cañones… A los británicos les parecía suficiente el que los franceses abandonaran Portugal.

 

En Londres se discutía si lo pertinente era desembarcar en Bilbao y cortar la retirada a los franceses y acabar pronto la guerra, lo cual sería un combate durísimo contra todo el ejército francés, y requería serios preparativos. Era el plan Castlereagh. Cuando supieron que todo el ejército francés estaba concentrado en el norte, abandonaron el plan. En consecuencia, decidieron que lo urgente era coordinar las fuerzas españolas, portuguesas y británicas en un solo mando y organizar la guerra de desgaste. Pidieron a los españoles de la Junta Suprema Central, que nombraran un jefe militar supremo español. También se discutía quién iba a estar al mando de la guerra en España y Portugal.

También el 21 de agosto, los británicos lograron recoger a 9.000 españoles de los 14.000 que luchaban del lado de Napoleón en Dinamarca y los llevaron a Santander a donde llegaron el 11 de octubre. Mandaba a estos soldados el marqués de La Romana[7].

 

 

 

 

 

La prensa en 1808.

 

El 1 de septiembre de 1808, Manuel José Quintana[8] lanzó un semanario llamado Semanario Patriótico colaborando con él Álvarez Guerra y Eugenio de Tapia. Daban noticias sobre la guerra desde un punto de vista liberal patriota y añadían una sección literaria. En diciembre de 1808 se trasladarían a Sevilla para huir de José I, y Quintana fue secretario de la Junta Central. Allí se incorporaron a la revista Isidoro Antillón (geógrafo), y José María Blanco (sacerdote). Este nuevo equipo se negó a ser el portavoz de la Junta Suprema Central, que decidió utilizarles como fuera: nombró a Isidoro Antillón director de La Gaceta y dejó sin colaborador a Quintana. Quintana encontró un nuevo colaborador en Alberto Lista. El 31 de agosto de 1809, la Junta cerró el Semanario Patriótico. Un año después, se disolvió la Junta Central y, en noviembre de 1810, el Semanario volvió a abrir en Cádiz, gestionado por Álvarez Guerra y José Quintana. Cerró voluntariamente en marzo de 1812 al promulgarse la Constitución.

Otros periódicos liberales editados en Cádiz eran El Conciso, El Robespierre Español, El Tribuno del Pueblo Español y El Diario Mercantil.

También en Cádiz, pero de signo realista, eran El Censor (de tipo liberal), El Sol (publicación muy preocupada por descubrir y denunciar franmasones), y El Procurador General de la Nación y el Rey.

En Sevilla, se editaron El Semanario Patriótico en época de la Junta Suprema Central en Sevilla, El Espectador Sevillano dirigido por Lista, y Sevilla Libre dirigido por el canónigo López Cepero.

De signo antirreformista, se editaban en Sevilla El Diario Crítico de Sevilla, El Diario Patriótico de Sevilla, La Píldora, El Tío Tremenda.

A partir de 1813, el gobierno y la prensa se trasladaron a Madrid, donde se publicaron los liberales El Conciso, El Redactor General, y La Abeja, y los antiliberales El Procurador y La Atalaya.

[1] Dominique Honoré Antoine Marie Vedel.

[2] Francisco Javier Castaños Aragorri 1758-1852 nació en Madrid y estudió en el Seminario de Nobles, fue capitán de infantería en 1768 a los 10 años de edad por privilegios de familia. Hizo campañas militares diversas entre 1780 y 1800. En 1802 era comandante general del Campo de Gibraltar y teniente general del ejército, y por eso se le encomendó el ejército de Sevilla en junio de 1808. Tras su victoria de Bailén, no tuvo suerte. Mandaba el Ejército del Centro o Castellano, y fue vencido meses después en Tudela. En 1814, con Fernando VII, se hizo absolutista.

[3] Teodoro Reding de Biberegg, 1755-1809, era un suizo que había entrado al servicio del ejército español, gobernó Malaga de 1806 a 1808, estuvo en Bailén 1808, fue destinado a Cataluña a sustituir al general Juan Miguel Vives y Feliz, y fue derrotado por Gouvion Saint Cyr, y gravemente herido, murió al poco.

[4] Antoine Malet,marqués de Coupigny, era un noble francés-valón que ingresó en las Reales Guardias Valonas españolas y luchó en Cataluña, donde ascendió a capitán. En 1808 era uno de los jefes del ejército de Sevilla y se le encargó la Segunda División del ejército que fue a combatir a Bailén. Ascendió a general en 1808 con motivo de la guerra, ordenándosele combatir a Dupont en Andalucía. La Junta de Sevilla le envió a Cataluña en enero de 1810 (donde fue servido por el argentino José San Martín), y finalmente organizó la defensa de Cádiz. Era de ideología absolutista. En 1812 fue enviado a Baleares y depuesto más tarde. En 1814-1820 volvió a gobernar Baleares.

[5] Félix Jones, un irlandés, mariscal de campo del ejército español, que luchó en Bailén 1808.

[6] General Manuel de la Peña, ó de Lapeña.

[7] En octubre de 1808, Pedro Caro Sureda, 1761-1811, III marqués de La Romana, jefe de las fuerzas españolas que ayudaron a Napoleón en 1807 en Dinamarca, había abandonado a Napoleón y regresó a España para ponerse al servicio de la Junta Central y luchar contra Napoleón. Eran unos 14.000 hombres que combatían en Langeland (sur de Copenhague), Fionia (isla entre Copenhague y Jutlandia), Jutlandia y Finlandia, desde principios de 1808. Estos soldados huyeron a Suecia y se embarcaron para España en barcos británicos, llegando a Santander el 9 de octubre de 1808 para luchar contra Napoleón. Pedro Caro Sureda, 1761-1811, había nacido en Palma de Mallorca, fue capitán general de Cataluña en 1800. La Regencia de Cádiz le nombraría después jefe del Ejército de Galicia. Formó parte de la Junta Central en 1809. En 1810 fue nombrado jefe del Ejército de la Izquierda, entró en Portugal para encontrarse con Wellington y murió en ese país el 23 de enero de 1811, de disnea.

 

[8] Manuel José Quintana Lorenzo 1772-1857 había estudiado en Salamanca, donde conoció a Diego Muñoz Torrero, Juan Meléndez Valdés y Gaspar Melchor de Jovellanos. En 1808 dirigió en Madrid el Semanario Patriótico para difundir opinión contra José I, y se llevó la publicación a Sevilla y Cádiz. Fue redactor de algunos manifiestos de la Junta Suprema Central, pero no fue un liberal relevante. Sin embargo, en 1814, fue condenado como todos los afrancesados y liberales, y fue encerrado en Pamplona. Liberado en 1820, tuvo que huir en 1823 y fue a Extremadura. Rehabilitado en 1834, fue instructor de Isabel II en 1840.

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *