JOSÉ I EN JUNIO-SEPTIEMBRE DE 1808.

 

 

José I

 

José Bonaparte, 1768-1844, nació en Ajaccio-Córcega y era el mayor de los hermanos de Napoleón. Estudió leyes en Pisa y se dedicó al comercio en el establecimiento que la familia tenía en Marsella. Allí se casó en 1794 con Julie Clary, en un matrimonio de conveniencia. Napoleón, el triunfador en el ejército francés en 1799, le hizo comisario de la campaña de Italia, embajador en Italia, senador, embajador plenipotenciario, rey de Nápoles desde marzo 1806 a julio 1808. En esta época, José I se hizo Gran Maestre del Gran Oriente de Francia y Gran Maestre del Gran Oriente de Italia. En julio de 1808 Napoleón le propuso ser rey de España y cambió la Corona de Nápoles por la de España. Era inteligente y capaz, pero los españoles le acusaron injustamente de borracho y torpe. Abandonó Madrid por última vez en 22 de julio de 1812 y salió de España el 13 de junio de 1813, permaneciendo una temporada en Francia, hasta que decidió marchar a Estados Unidos y establecerse en Filadelfia, con grandes personalidades masonas de la ciudad. Su esposa, Julie no le siguió a América. En su exilio americano protegió a muchos bonapartistas que huyeron de Europa. En 1841 se le permitió volver y fue a Florencia, donde murió en 1844. Napoleón III reclamó su cadáver y se lo llevó a París.

 

 

 

 

José I en Bayona, 7 de junio.

 

El reino de España no estaba bien considerado en Europa. Napoleón le ofreció la corona, en 27 de marzo, a su hermano Luis, rey de Holanda que la rechazó porque decía que él se debía a Holanda. Se la ofreció a su hermano Jerónimo que no la quiso. Se la ofreció por fin, el 10 de mayo, a su hermano José, rey de Nápoles, diciéndole que ganaría más dinero y estaría más cerca de París que reinando en Italia, y éste aceptó el 23 de mayo de 1808, no muy fácilmente, con la promesa de recibir soldados y dinero. Napoleón le ordenó estar presente en Bayona para el 1 de junio.

A finales de mayo de 1808 se debía reunir en Bayona una Asamblea de Notables españoles integrada por 47 delegados nombrados por la Junta de Gobierno de Murat, 20 párrocos nombrados por los obispos y 83 representantes de las ciudades, universidades y cámaras de comercio. Los diputados españoles y José I tardaban mucho en llegar y Napoleón se cansó, y proclamó rey a José I el 4 de junio de 1808, contando con unos 65 Notables, los 65 primeros en llegar a Bayona (Francia), presididos por Miguel José Azanza Alegría. José I no había llegado todavía a España y ni siquiera a Bayona.

José I llegó a Bayona el 7 de junio de 1808, conoció entonces que casi toda España se había sublevado en mayo.

Durante el reinado de José I convivieron en España dos Gobiernos, conocidos por los españoles contrarios al régimen francés, como el “gobierno intruso” el de José I, y el “gobierno nacional” el de las Juntas locales, regionales y Junta Suprema Central.

José I nombró los cargos de Palacio y de Gobierno entre las familias nobles españolas, esperando congraciarse con todos.

 

 

 

La guerra en junio de 1808.

 

Murat fue destituido como jefe supremo de los franceses en España y sustituido por Jean René Savary[1] el 15 de junio de 1808. Estaría en ese cargo hasta el mes de octubre, recomendando a Napoleón emprender una doble lucha, una convencional contra los ingleses y sus fuerzas auxiliares españolas y portuguesas, y otra antiguerrillera, que Napoleón convino en que era conveniente adoptarla, destinando algunos cuerpos de ejército a la persecución de guerrilleros concretos.

La guerra continuaba    , y en junio y julio de 1808, los españoles fueron derrotados sistemáticamente, excepto en Bailén en 19 de julio:

6 de junio: el francés Bessieres atacó Logroño y lo tomó.

7 de junio: Bessieres atacó Segovia.

8 de junio: Bessieres atacó Tudela.

12 de junio: El español Gregorio García de la Cuesta, que había reunido una partida de soldados improvisada, era derrotado en Torquemada y Cabezón de Pisuerga (Valladolid).

16 de junio: Dupont saqueó Córdoba.

20 de junio: Gerona rechazó el ataque de Duhesme.

23 de junio, los franceses tomaron Santander.

26 de junio, el marqués de Lazán, fue derrotado en Tudela y en Mallén y en Alagón.

El 15 de junio de 1808, Gran Bretaña decidió intervenir en la Península Ibérica. Se lo había pedido Asturias, y eso era un alivio para la diplomacia británica pues la petición permitía dar un nuevo significado a su intervencionismo: según los británicos, Gran Bretaña no defendía intereses mezquinos nacionalistas, contrarios al progreso y la modernidad napoleónica, sino la libertad de los pueblos. Gran Bretaña, que ya estaba presente en Dinamarca desde 1807, y en Gibraltar, donde Brent Spencer tenía 5.000 hombres, decidió que era importante controlar Lisboa, Cádiz y Mahón, además de reforzar Gibraltar. Envió a Gijón 34 cañones, munición, 12.000 espadas y dinero, pero creía erróneamente que la guerra sería en Andalucía, donde se actuaría con centros en Cádiz y Gibraltar.

Gran Bretaña, en la que los ingleses llamaban “Guerra Peninsular”, se proponía liberar a los españoles respecto a Napoleón, obtener ventajas comerciales en Latinoamérica, y forzar a Napoleón a un tratado de paz ventajoso para Gran Bretaña.

Gran Bretaña se encontró con que España no quería tropas extranjeras, sino como auxiliares, toleraba mal el deber de albergar tropas, y el pueblo no soportaba los desmanes del soldado.

Las cosas fueron distintas en Oporto. En Portugal, se rebeló la región de Tras Os Montes, y el pueblo se lanzó contra las ciudades y contra los ricos, contra los privilegios y contra los impuestos excesivos en los días de 16 a 24 de junio de 1808. Se organizó un ejército y lograron imponer un gobierno en Oporto, Junta do Gobierno Supremo, presidido por el arzobispo Antonio Sao José de Castro. Y los portugueses, al menos el Gobierno, sí quería la colaboración británica.

La sublevación de Oporto hizo sentirse inseguro a Junot, que estaba en Lisboa, pues a la custodia de prisioneros españoles y a la lucha de sublevados portugueses, se le unía ahora la posibilidad de un desembarco británico. Entonces mandó concentrar sus fuerzas en Lisboa. Pero Lisboa se sublevó el día de Corpus, 16 de junio de 1808.

La guerra sería durísima. La violencia gratuita de los franceses, españoles y británicos era horrorosa:

Un gran problema era que los “civilizados” franceses, que venían a domesticar a los “salvajes” españoles y portugueses, utilizaban el terror, se emborrachaban, saqueaban, violaban…

En segundo lugar, es muy posible y en muchos casos acertado, que fuera cierta la opinión de que los españoles y portugueses eran pueblos atrasados, con tecnologías muy anticuadas, con extrema pobreza, con obediencia a las autoridades católicas, supersticiosos, amantes de las corridas de toros, de los duelos a sangre, acostumbrados a asesinatos continuos, que aprovechaban la guerra para el robo…

Y en tercer lugar, a todo ello se sumó la actuación de los británicos que tenían la costumbre de saquear al vencido de forma que, una vez lograda la victoria, consideraban lícito a todo soldado la violación, el robo, el incendio, los asesinatos de las personas y cosas conquistadas.

Por tanto, el periodo de 1808 a 1814 va a ser un drama para el pueblo español y portugués, aun cuando la historia escrita por y para los dirigentes políticos, españoles, portugueses, franceses y británicos, lo haya visto a menudo de otro modo. No en vano, la suerte de los políticos suele ser muy diferente a la del pueblo que gobiernan.

 

La campaña de Valencia será el primer fracaso francés en España: El 4 de junio fue enviado Moncey desde Madrid, vía Cuenca, con 9.000 hombres, una división de infantería y otra de caballería. El 11 de junio, Moncey estaba en Cuenca. El 18 de junio salía para Valencia que era defendida por el duque de Alburquerque[2]. Los españoles, mandados por el conde de Cervellón, fueron enviados a Almansa (Albacete), lugar por donde creían que llegarían los franceses y obviamente se equivocaban, dejando que los franceses llegasen ante la ciudad de Valencia el 26 de junio, pero la pérdida de 1.000 hombres al intentar tomar la ciudad de Valencia, no podía ser considerado un éxito francés.

El segundo fracaso napoleónico en España se produjo en Gerona y los pueblos de Lérida: En los primeros días de junio, Napoleón había decidido dominar Cataluña. En junio, el francés Duhesme fue enviado a Cataluña y ocupó Barcelona y Lérida dirigiéndose hacia Zaragoza, pero fracasó en varios puntos: al intentar asegurar el camino de Francia en El Bruc, al reintentarlo en 14 de junio, y al intentar tomar Gerona el 20 de junio. El mejor éxito francés fue la ocupación de Figueras y Barcelona, pero se les resistió Lérida, donde los vecinos de los pueblos vencieron al general Schwartz y los franceses no pudieron apoyar a sus tropas de Zaragoza ni asegurar el paso a la meseta. La campaña de Cataluña fue un error de Napoleón, que menospreció a los españoles y creyó que podía dominarlos con muy pocos hombres. La Junta de Cataluña estaba acuartelada en Lérida. Duhesme fue enviado hacia Lérida con 3.000 hombres para apoyar a Zaragoza y otros 3.000 hombres fueron enviados para tomar Valencia. Las fuerzas de Duhesme fueron batidas en Manresa el 4 de junio, y ello significó la suspensión de las dos marchas, la de Lérida y la de Valencia y concentración en Barcelona. El interior catalán estaba en manos de la guerrilla, y Napoleón se esforzó por abrir una comunicación con Francia por la costa, así que mandó atacar Gerona, a donde llegaron el 16 de junio, atacaron el 20 de junio, fracasaron y volvieron a Barcelona, pero incluso el regreso era difícil pues los guerrilleros les esperaban en el Llobregat. Llegó el 30 de junio a Barcelona, lugar comunicado con Francia por mar y se conformó con lo que tenía. El 5 de julio llegó Reille desde Francia con 8.000 hombres para ir sobre Gerona, y Duhesme volvió a salir de Barcelona hacia Gerona, encontrándose todos los franceses el 24 de julio frente a Gerona. En esa situación, a los franceses les sorprendió la noticia del 5 de agosto de que habían sido derrotados en Bailén el 19 de julio y decidieron hacer un bombardeo masivo de Montjuich (Gerona) el 12 de agosto, pero los ingleses de lord Cochrane apoyaban desde el mar e impedían ayudas desde Francia y desde Barcelona y los guerrilleros españoles lograron levantar el cerco de Gerona el 16 de agosto, regresando los franceses a Barcelona el 20 de agosto con muchas pérdidas.

El francés Dupont se dirigió a Córdoba y dejó soldados en Andújar (Jaén) para defender la retirada. Llevaba el grueso del ejército con 3 divisiones de infantería, 1 de caballería, 1 de pontoneros y 1 brigada de infantería suiza (del ejército español).     El 7 de junio, Dupont atacó Córdoba y la saqueó el 16 de junio, día del Corpus, pero retrocedió hacia Andújar al saber de una derrota francesa en Cádiz, en los barcos anclados en el puerto. Pidió refuerzos e incrementó sus 17.000 soldados con 3.000 más.

Un nuevo fracaso francés se produjo en Zaragoza: el francés Charles Lefebvre-Desnouettes fue sobre Zaragoza en 15 de junio de 1808, pero fue parado por 300 soldados y un montón de voluntarios civiles en Eras del Rey. El pueblo se organizó en Zaragoza y rechazó a los franceses. José Rebolledo de Palafox y Melci, un noble local conservador, desde luego mal organizador, que había huido de Zaragoza, fue elegido por el pueblo aragonés como líder, y sería objeto de una leyenda de protagonismo de resistencia a los franceses, casi toda ella falsa. Tenía en esos días unos 1.000 soldados y 5.000-6.000 civiles, y eso le bastó para detener al francés. Palafox pasará a la leyenda como líder popular, y algunos creerán que liberal, cuando era un absolutista convencido y antipopulista.

Lefebvre Desnouettes cañoneó Zaragoza a partir de 15 de junio (primer asalto de Zaragoza) y fracasó. La estrategia de Lefebvre fue equivocada en todo momento: Zaragoza tenía al norte el río, y más allá el arrabal, que era la zona principal por donde se abastecía la ciudad y entraban y salían los zaragozanos, zona poco castigada por los franceses. Al sureste tenía el río Huerva. Al sur y el oeste tenía una muralla de 10 pies de altura, con algunos castillos y monasterios cercanos, que servían para reforzar la defensa. Lefbvre se empeñó en atacar la muralla con cañoneos y asaltos sucesivos.

Ese mismo día, 15 de junio, Palafox abandonó Zaragoza por el arrabal, sin comunicárselo a los zaragozanos, y se instaló en Belchite. El hecho de haberlos dejado solos ante Lefebvre, de 15 de junio a 1 de julio, no es comentado en muchos relatos de la epopeya. El papel de Palafox fueron continuas entradas y salidas de la ciudad, trayendo cada vez nuevos defensores.

El francés reinició el bombardeo y asalto de la ciudad en 23 y 24 de junio volviendo a fracasar. Tras nueve horas de combate se retiró con 700 bajas. La defensa estaba organizada por Lorenzo Calvo de Rozas, Bustamante, Mariano Cerezo, la mujer de éste llamada Josefa Vicente, el coronel Mariano Renovales, el campesino José Zamora, el comerciante Andrés Gúrpide, el cura Santiago Sas, y otros.

Palafox fue desde Belchite a La Almunia, donde se le unió el barón Versage, de Calatayud, con 2.500 hombres, y Lefebvre envió contra ellos a 3.000 hombres mandados por el polaco Chlopiski, quien derrotó a Palafox en Épila (35 kilómetros al suroeste de Zaragoza). Palafox retrocedió hasta Calatayud y envió a su hermano, el marqués de Lazán a Zaragoza. Palafox en persona entró en Zaragoza el 1 de julio, con 1.300 hombres.  Lefebvre fue destituido y cambiado por el general Jean Antoine Verdier, que traía 5.000 hombres más. Que los franceses llamaran a Verdier que estaba en Pamplona, y a Napoleón que estaba en Bayona, para pedir refuerzos y artillería, no hizo sino incrementar el mito de Palafox. Verdier atacó Épila y permitió el movimiento de Lefevbre hacia Zaragoza.

Verdier bombardeó largamente Zaragoza con cañones de sitio, y atacó Cerro Torrero, (1.700 metros de distancia a Zaragoza) desde donde podía bombardear mejor con 46 cañones. El nuevo bombardeo empezó el 30 de junio. Le interesaban la Aljafería y las puertas de la ciudad, el mismo objetivo que había tenido Lefebvre. El 2 de julio hizo un ataque por seis puntos a la vez, esperando que fuera definitivo, y es donde destacó la esposa de un oficial de artillería muerto, llamada Agustina Zaragoza Doménech Agustina, quien se hizo cargo de un cañón que ambos estaban disparando, cuando su compañero cayó muerto. Verdier tuvo 500 bajas. Además entró Palafox en Zaragoza reforzando a los sitiados con 8.000 hombres. El 3 de julio, Verdier mandó hacer trincheras de asalto. El 4 de julio hubo un segundo asalto a la ciudad con 15.000 hombres, pero los franceses se pusieron a saquear la ciudad y beber vino, y ello dio tiempo a Palafox para reorganizar sus fuerzas. El 12 de julio tomó un monasterio de capuchinos, que estaba tan solo a 300 metros de la muralla. También se luchó en un monasterio trinitario cercano.

Y Verdier realizó el tercer asalto el 4 de agosto. Toda la mañana hubo bombardeo intenso y, a las 14 horas se ordenó el asalto masivo con fusilería. Verdier entró en Zaragoza y ofreció la capitulación a Palafox, que no aceptó, y había aprovechado para salir de Zaragoza en busca de más soldados. Pero el 5 de agosto le llegó a Verdier la noticia de la derrota de Bailén de 19 de julio, y retrocedió, aunque se luchaba casa por casa, calle por calle. Verdier resultó herido y fue sustituido por Lefebvre de nuevo. Lefebvre volvió a ofrecer capitulación el 5 de agosto, pero ese día habían entrado nuevos defensores por el Arrabal, y tampoco fue aceptada. El 9 de agosto, Palafox llegó con 3.000 hombres más y con la noticia de la victoria de Bailén para los sitiados.

El 12 de agosto de 1808 se recibió en el bando francés la orden de replegarse hacia Álava. Los franceses se iban con 3.500 bajas. Fueron a Tudela, a proteger la huida de José I. Pero volverían en noviembre a terminar lo iniciado.

Los zaragozanos habían resistido[3]. La clave de la resistencia era el dominio del norte del Ebro por partidas de guerrilleros que abastecían la ciudad por los puentes y en barcas.

 

21 de junio de 1808: Bessieres tomó Santander eliminando posibilidades de que los ingleses establecieran bases en el norte, cercanas a la frontera francesa. Pero los franceses no dominaban Asturias ni Galicia. No era un gran éxito.

27 de junio, Moncey llegó a Valencia, procedente de Madrid y derrotó a las avanzadillas valencianas. Valencia se negó a rendirse, y Moncey atacó, fue rechazado, y perdió unos 2.000 hombres entre muertos y heridos.

El 30 de junio de 1808, Duhesne fue rechazado en Gerona al intentar la penetración por tierra siguiendo la costa oriental española. Llevaba sólo 5.000 soldados pensando que era una cosa sencilla. El 24 de julio recibiría el apoyo de Reille, pero el 17 de agosto los franceses fueron de nuevo batidos por un ataque exterior, combinado con una salida desde el interior de Gerona, y los franceses abandonaron el sitio.

El balance final de junio de 1808 no era para estar orgulloso Napoleón, pues tenía un correctivo fuerte en Valencia, sublevación en Portugal, resistencia en la Cataluña rural, problemas en Cádiz y resistencia en Zaragoza y en Gerona.

 

 

 

Constitución de Bayona, 7 de julio de 1808.

 

El proyecto de constitución fue elaborado a toda prisa por Napoleón y un grupo de magistrados españoles, y estuvo listo el 23 de mayo de 1808. El borrador inicial era similar a la constitución francesa de 1799, la que aupó a Napoleón al poder, con las enmiendas de los senatoconsultos de 4 de agosto de 1802 y 18 de mayo de 1804 introducidas por el propio Napoleón. También se parecía a los Estatutos que Napoleón había puesto en Holanda, Westfalia y Nápoles, pero introduciendo algunas modificaciones como hacer que el catolicismo fuera religión de Estado, que se mantuviera la Inquisición, que el Senado fuera formado por ilustres de forma vitalicia, que las Cortes estuvieran formadas por 25 nobles, 25 clérigos, 62 diputados de provincias, 30 diputados de las ciudades, 15 comerciantes y 15 universitarios, a elegir cada uno dentro de su corporación, que las Cortes se reunieran al menos una vez cada tres años.

Los diputados llegados a Bayona no sabían apenas nada de derecho constitucional y algunos enfurecieron a Napoleón exigiendo cosas y logrando que no se suprimiera la Inquisición, y otros le dejaron perplejo (los diputados pedían mantener fueros religiosos y nobiliarios y obtener ellos mismos personalmente ventajas económicas del asunto, como era el caso de los diputados vascos). Los diputados llegaron a pedir tales cosas, que Napoleón se dice que respondió: “vous êtes des bêtes” (sois unos brutos). Era lógico, porque los diputados llamados a Bayona eran de lo más conservador de España y se les estaba pidiendo una acción liberal que sólo adoptaban por servilismo al emperador.

La Constitución de Bayona es calificada por algunos historiadores actuales y por los liberales de entonces, de “Estatuto Constitucional” porque no provenía del pueblo, sino que su origen estaba en el poder constituido y en un poder extranjero y, por tanto, tampoco cumplía, para los que no reconocían el gobierno de Napoleón y José I, las condiciones de una Carta Otorgada, que proviene del poder establecido.

Ciertamente se introdujeron muchas enmiendas, unas provenientes de España, cuando el borrador llegó a Madrid, otras indicadas en Bayona por los diputados y otras introducidas por una comisión de expertos que pretendía hacer un texto aceptable. Pero provenían de los estamentos altos y no había habido elecciones que hicieran representativos a los diputados.

En general, se basaba en los antecedentes constitucionales franceses y las modificaciones napoleónicas.

El 13 de junio estuvo listo un proyecto que se consideró definitivo, pero que no lo fue, pues hubo modificaciones en 20 de junio.

El 15 de junio se reunió en Bayona formalmente la Asamblea que debía aprobar una constitución, la de los Notables que habían jurado a José I el 6 de junio.

En 20 de junio, Napoleón aportó el proyecto definitivo de constitución en el que incluía temas como la regencia, el Senado y los territorios de América y Asia.

La Constitución de Bayona estuvo lista el 7 de julio de 1808. En este día, 93 diputados o notables del Reino aprobaron un texto constitucional con un modelo dado por Napoleón y algunas enmiendas aportadas por los españoles.

 

La Constitución de Bayona dividía España en 38 provincias, las tradicionales en España. Cada provincia elegía un diputado para el Estamento del Pueblo. Otros 22 diputados representaban a los reinos y provincias españoles de América y Asia. La división provincial se debía a Llorente: Las provincias guardaban la tradición en cuanto a los espacios, pero propuso que se cambiasen los nombres llamándose prefecturas, y tomando cada una nombre de accidentes geográficos como Ebro, Cinca, Ter, Tajo, Pisuerga… Por fin se decidió que el nombre fuera el de la capital, que era más español. Las 38 prefecturas se dividían en 111 subprefecturas y las subprefecturas en municipalidades. Una característica de las nuevas divisiones políticas era que las líneas eran rectas o se ajustaban perfectamente a los accidentes geográficos y se eliminaban pedúnculos, salientes, rincones e isletas de un territorio en otro.

Se decidió también en Bayona cambiar las autoridades españolas en América y se cambió a los virreyes.

Además Napoleón impuso una serie de reformas como un código civil único (lo cual supuso la abolición de los Tribunales y Jurisdicciones especiales y la obligación del proceso público), un código de comercio único (lo cual suponía la posibilidad de abolición de los fueros vasconavarros).

Estas reformas significaban un cambio profundo y revolucionario en la vida española. Los americanos pidieron que fueran aplicadas inmediatamente a fin de conseguir la igualdad de ciudadanía con los peninsulares y, como no lo consiguieron, se pusieron a luchar desde ese momento por su independencia.

 

 

 

Puntos importantes de la constitución de Bayona:

 

Hablaba por primera vez de derechos de los españoles. Entre ellos, la libertad de prensa.

La soberanía era depositada en el rey que la recibía de Dios y de la Constitución, lo cual, junto al mantenimiento del catolicismo como religión del rey y de la Nación, la hacía una constitución muy conservadora.

El poder del rey era muy grande pues mantenía la iniciativa legal, el nombramiento de muchos diputados y senadores, el nombramiento de muchas autoridades del poder judicial y las decisiones de gobierno, pues aunque se denominase ministros a los miembros del gobierno, eran simples ejecutores de la voluntad del rey.

Su principal innovación no era ideológica sino administrativa. Napoleón quería incidir más en la abolición de fronteras interiores, jurisdicciones especiales, privilegios y estorbos a la economía de mercado como los mayorazgos. Los españoles querían más ideología y más radicalismo. Eran mucho más maximalistas.

Dividió el legislativo en dos cámaras: Senado y Cortes, pero hay que tener en cuenta también al Consejo de Estado:

El Senado estaría formado por infantes de España, capitanes generales, embajadores, consejeros de Estado y 24 individuos nombrados vitaliciamente por el rey, y tendría la facultad de suspender la constitución en caso de sublevaciones o peligro grave. El Senado designaría comisiones que cuidasen los derechos de los presos y la libertad de imprenta. El Senado era de miembros vitalicios y designados por el rey, a fin de asegurar la moderación legislativa. El Senado podía suspender la constitución a propuesta del rey, podía anular las consultas electorales. No legislaba.

Las Cortes se componían de tres estamentos, los tres tradicionales, siendo los de la nobleza y clero elegidos por el rey y los del pueblo elegidos por los ciudadanos. Las Cortes se compondrían de 172 individuos y serían corporativas representando 25 individuos a la nobleza, 25 al clero, 62 a las provincias (elegidos por los decanos de los regidores que fueran propietarios y párrocos de las parroquias más importantes), 30 a las ciudades (designados por los ayuntamientos), 15 a los negociantes y comerciantes (propuestos por las Juntas de Comercio) y 15 a las Universidades. Sólo se reunirían cada tres años y podrían deliberar en secreto. Los diputados serían elegidos por un cuerpo electoral formado por los decanos de los regidores y los curas de los pueblos más importantes. El rey las convocaba y las disolvía, pero tenía que convocarlas al menos una vez cada tres años.

La iniciativa legal quedó en manos de un gabinete dirigido por el rey, que prepararía proyectos de ley para el Consejo de Estado les diera forma, que los pasaría a las Cortes para su aprobación, no teniendo las Cortes facultad para introducir enmiendas sino sólo para aprobar o negar en conjunto. Todo ello parece fuertemente antiliberal y preparado para un gobierno supervisado o tutelado por Napoleón, que sería quien designase al Gabinete.

En el tema justicia, se unificaron las leyes en un solo código para España e Indias y se unificaron los tribunales eliminando tribunales especiales. Se hablaba de códigos civil, criminal, de comercio, iguales para España e Indias. Se eliminaban los privilegios de sangre para acceder a cargos públicos y se avisaba que los fueros navarros, guipuzcoanos, alaveses y vizcaínos deberían revisarse en próximas Cortes. Se modernizaba la organización de la justicia y la del fisco.

Hizo una monarquía hereditaria, con exclusión de las hembras.

Hizo del catolicismo religión de Estado, obligatoria.

Organizó la administración en ministerios, primeros de España, que eran Justicia, Negocios Eclesiásticos, Negocios Extranjeros, Interior, Hacienda, Guerra, Marina, Indias y Policía General.

 

Graves defectos de la Constitución de Bayona eran que no resolvía el tema de la Inquisición, muy importante para España, aunque no estaba en los textos similares franceses y Westfalianos. Tampoco resolvía el problema del clero y su papel en la política, ni el problema de los señoríos. Se declaraba católica. Es decir, era una especie de generalización, que no resolvía los problemas concretos y acuciantes de España. Se puede argumentar que estos problemas debían ser resueltos mediante leyes, pero era muy difícil hacer leyes, si no estaban previstas en la constitución. Otro grave defecto era poner unas Cortes sin poder legislativo, como le interesaba a Napoleón, que pensaba legislar en toda Europa, pero esto ya dependía más de Napoleón que de los diputados de Bayona.

Resultan interesantes, en cuanto a conocer el pensamiento de los empresarios criollos, las peticiones de los diputados de Río de la Plata, pues pedían soldados y armas para su tierra, capacidad de exportar carnes y harinas, fomento del pastoreo, muelles en Buenos Aires y Montevideo, escuelas de náutica, dibujo y comercio, cierre de conventos religiosos, reglamentación de Universidades, código civil y de comercio, libertad de los indios, fin de la trata de negros, supresión del estanco de tabacos, un camino de Buenos Aires a Chile, abolición de diezmos, sueldo de los curas a costa del Estado, y recompensas para los que habían combatido contra los ingleses recientemente. Es decir, nada de que competía a una constitución, sino más bien reivindicaciones de tipo común.

A pesar de su carácter conservador, la Constitución de Bayona era fuertemente revolucionaria en España, pues introducía la libertad de prensa, la inviolabilidad de domicilio, la libertad de movimientos de los españoles, la abolición del tormento, la abolición de privilegios señoriales, la unificación de códigos, la reducción de mayorazgos a límites pequeños, la separación entre Tesoro Público y patrimonio de la Corona… De haber entrado en vigor, hubiera revolucionado la vida de España.

 

Aprobado el Estatuto de Bayona, José I juro lealtad a ese documento el 7 de julio y nombró allí mismo su Gobierno el 8 de julio de 1808 (que duraría hasta 27 junio 1813):

Secretario de Despacho de Estado, Mariano Luis de Urquijo[4] (de agosto a noviembre 1808 ejerció interinamente Gonzalo O`Farril Herrera, y de 23 abril 1811 a 15 de julio de 1811, ejerció interinamente Miguel José Azanza Alegría), hasta 27 de julio de 1813.

Negocios Extranjeros, Pedro de Ceballos Guerra hasta su renuncia el 1 de agosto 1808 / Manuel Negrete de la Torre, marqués de Campo Alange / de 1 febrero 1810 a 5 abril 1810, ejerció interinamente Miguel José Azanza para asuntos de Andalucía; de 5 abril 1810 a 15 mayo 1810, ejerció interinamente José Martínez Hervás, marqués de Almenara; de 23 abril 1811 a 23 julio 1811, ejerció interinamente Miguel José Azanza /23 julio 1811: Miguel José de Azanza Alegría.

Indias, Miguel José de Azanza Alegría, duque de Santa Fe / de 5 abril 1810 a 4 diciembre 1810, actuó interinamente Gonzalo O`Farril.

Guerra, Gonzalo O`Farril Herrera / de 23 abril 1811 a 15 de julio 1811, actuó interinamente José Martínez Hervás.

Marina, José de Mazarredo Cortázar (Salazar, Cortázar o Gortázar, en distintas fuentes) que falleció el 29 julio 1812) /29 julio 1812: Gonzalo O`Farril Herrera

Hacienda, Francisco Cabarrús, conde de Cabarrús[5] / desde 1 febrero 1810, actuó interinamente José Martínez Hervás, marqués de Almenara, como interino / 26 abril 1810: José Martínez Hervás, marqués de Almenara, en propiedad / 7 agosto 1810: Gonzalo O`Farril Herrera / 31 agosto 1810: Francisco Angulo.

Gracia y Justicia, Sebastián Piñuela Alonso hasta su renuncia el 1 de agosto de 1808 / Manuel Romero, interino / 5 septiembre 1808: Manuel Romero / 1 febrero 1810: Manuel María Cambronero para Andalucía, y Pablo Arribas para el resto de España.

Interior, Gaspar Melchor de Jovellanos, que no aceptó y renunció ese mismo día / 20 agosto 1808: Francisco Cabarrús, conde de Cabarrús /15 noviembre 1808: Manuel Romero / 21 diciembre 1809: José Martínez Hervás, marqués de Almenara / de 7 enero 1810 a 13 mayo 1810: actuó interinamente Francisco Cabarrús / de 7 agosto 1810 a 10 diciembre 1810, actuó interinamente Francisco Angulo / de 27 de julio 1811 a 27 de agosto 1811, actuó interinamente Manuel Romero.

Policía, Pablo Arribas / de 1 febrero 1810 a 13 mayo 1810, actuó interinamente Francisco Amorós para Andalucía / de 27 de julio 1811 a 21 enero 1812, actuó interinamente Miguel José Azanza Alegría).

Negocios Eclesiásticos, Miguel José de Azanza Alegría, duque de Santa Fe / de 7 enero 1810 a 13 mayo 1810, actuó interinamente Francisco Cabarrús / de 5 abril 1810 a 4 diciembre 1810, ejerció interinamente Francisco de los Heros, conde de Montarco.

 

José I desgajó las funciones del Consejo de Castilla en dos Ministerios: Justicia, e Interior. Interior se ocupaba de cuestiones de administración, policía, obras públicas, cultura y educación (parecido a un Ministerio de Fomento). No suprimió el Consejo de Castilla, pero quedaba restringido a una Sala de Alcaldes de Casa y Corte para juzgar asuntos criminales en Madrid y sus alrededores. Para ayudar a la justicia creó un Ministerio de Policía con funciones de guardar el orden público, censurar la prensa y conceder pasaportes (parecido a nuestro Ministerio del Interior actual). Creó también un Consejo de Estado cuyos componentes debían acompañar al rey en todo momento para aconsejarle en aquellas cuestiones en que eran expertos.

 

 

 

José I en España, julio 1808.

 

José salió de Bayona para Madrid el 9 de julio, y ese mismo día entró en España, llegando a la capital española el 20 del mismo mes. José tuvo la impresión de que no era bien recibido y de que era falso lo que le había contado Napoleón: Encontró un país en armas, que necesitaba reformas en profundidad, y con quiebra financiera del Estado. Supo que, el 12 de abril de 1808, un cura de Carabanchel Alto había matado a un oficial francés. Y que en Burgos había habido enfrentamientos con los franceses. También que el 26 de abril, unos oficiales franceses, borrachos, habían matado a Manuel Vidal, un comerciante de Madrid.

 

 

Además, Napoleón esperaba sacar de España mucho dinero, lo que le permitiría conquistar el resto de Europa. Por el contrario, al llegar José, tenía que pedir dinero a Francia, que nunca se lo daría, e independencia para gobernar, que nunca se le concedió, e integridad territorial, que Napoleón no aceptaba. Los planes de Napoleón fracasaron porque en el fondo, Napoleón era un inseguro, que tenía miedo de perder en cualquier momento su autoridad. Su sentimiento de inseguridad le llevaba a cambiar constantemente de mandos, lo cual perjudicaba en mucho la guerra, y se negaba a entregar demasiados soldados a José, porque ello sería una oportunidad de desplazarle a él en España. Un megalómano como Napoleón no podía tolerar la simple posibilidad de que ello ocurriese.

14 de julio, victoria francesa de Medina de Rioseco: El español García de la Cuesta, vencido en Cabezón el 12 de junio, se dirigió a León y exigió de Asturias y Galicia un ejército para continuar la lucha. Lo tuvo a fines de junio, 22.000 hombres, y se puso en marcha a primeros de julio, llegando a Medina de Rioseco el 13 de julio. Carecía de caballería (sólo 600 caballos), que era el servicio de información del momento, y fue sorprendido. José llegaba a Burgos el 13 de julio. García de la Cuesta y el general gallego Joaquín Blake, esperaban en Medina de Rioseco a Dupont y habían preparado la defensa del sur de la ciudad, pero Bessieres llegó desde el norte con 14.000 hombres y les hizo 1.000 muertos, huyendo el resto de los españoles. La actuación posterior francesa fue vergonzosa, pues asesinaron a mansalva, violaron masivamente a las monjas de un convento, robaron cuanto pudieron, mataron mujeres y niños…

El 20 de julio de 1808, José I entró en Madrid. Los madrileños le recibieron indiferentes. Todavía no sabían lo de la derrota francesa de Bailén del día anterior. José dio a conocer su Gobierno de 7 de julio, nombró un Consejo de Estado, estableció la Gaceta como boletín del Estado, dio amnistía para delitos políticos si se entregaban las armas, hizo corridas de toros gratuitas y fuegos artificiales a los que acudió mucha gente. Incluso asistía a misa a diario siendo él agnóstico. Inmediatamente comprendió su impopularidad.

El día 25 de julio, José fue proclamado rey en España y el 26 publicó la Constitución de Bayona.

Los cambios que traía José I eran importantes: dividió España en prefecturas, estableció un servicio de correos mediante postas, creó una policía de Estado, suprimió algunos impuestos, desamortizó bienes de órdenes religiosas suprimidas, creó un Registro Civil, una institución de instrucción pública y una Guardia Nacional. Todo ello se unía a la supresión de la Inquisición que había hecho Napoleón. Además creó una condecoración llamada “Orden de España”[6] para premiar a los colaboradores más significativos. Se propuso reformar la horrible planificación urbanística española: arquitecto de José I fue Isidro González Velázquez 1765-1829, que realizó la Plaza de Oriente de Madrid y la Casita del Labrador de Aranjuez.

El Estatuto de Bayona y los cambios legales introducidos por José I, hubieran debido ser suficientes como para atraer a los reformistas españoles del momento, pero había algunas pegas, como la actuación de los generales de Napoleón en tierras españolas al margen de la legalidad y de los principios de moralidad, y el hecho de ceder las provincias catalanas a Francia, cosas imposibles de aceptar.

 

En 1808 se produjeron dos movimientos políticos simultáneos y contrapuestos:

un movimiento “popular” antifrancés,

y una alianza de la burguesía con José I.

Ese movimiento “popular”, lo hemos entrecomillado para delimitar su popularidad en sus justos términos: Estaba dirigido por muchos militares de baja graduación, estudiantes y algunos paisanos. No sería verdad atribuir a ese movimiento, en estas primeras fases, la adhesión de las masas campesinas, ni de las urbanas, ni movimientos liberales antifernandistas o serviles profernandinos, salvo personas corrompidas con dinero, que también las hubo. Es muy difícil interpretar las razones de los primeros levantamientos. Entre ellas, pudo producirse un “gran miedo” a posibles excesos de clases menos pudientes, un apoyo a Fernando VII frente a Napoleón, una xenofobia contra los ejércitos que llevaban siete meses tomando posiciones en la mitad norte de España, o una revuelta contra Godoy pues se interpretaba que había un pacto entre Godoy y Napoleón. No sabemos hoy qué pasaba, y tampoco lo sabían los que vivieron los hechos, ni siquiera los franceses que estaban más enterados de lo que querían hacer.

José I abandonó Madrid el 30 de julio de 1808, al saber de la derrota de Bailén y de los combates en Valencia y Zaragoza. Se replegó hacia el norte.

 

[1] Anne Marie Jean René Savary, 1774-1833, duque de Rovido a partir de 1808, era un hombre de confianza de Napoleón desde 1805, y en abril de 1808 se le confió llevar a la familia real española a Bayona, lo que cumplió satisfactoriamente. En 15 de junio de 1808 se le hizo comandante supremo del ejército francés en España, sustituyendo a Murat, con poco éxito, pues fue derrotado en Bailén y se inició una guerra global, un fracaso absoluto para los franceses. Así que en octubre de 1808 fue enviado a Alemania. El 3 de junio de 1810 sería nombrado Ministro de Policía en Francia, y se distinguió por una fortísima represión de los enemigos de Napoleón, lo que le valió ser calificado de “imbécil” por el Ministro saliente, Fouché. Uno de los episodios de represión le llevó a la cárcel, de la que fue sacado por Napoleón. Volvió a la cárcel en 1815, pero por breve tiempo, y el resto de su vida es anodina, yendo por muchas ciudades de Europa hasta su muerte.

[2] José María de la Cueva y de la Cerda, duque de Alburquerque, 1775-1811, defendió Valencia en 1808 contra Moncey y luchó en la Mancha contra los franceses en los meses posteriores. En 1810 gobernó Cádiz. Se marchó a Londres y fue acusado de traición, por lo que se quedó allí. Murió en Londres en 1811.

[3] Habrá un segundo sitio de Zaragoza en diciembre 1808-febrero de 1809, pero el legendario es el primero. En el segundo se luchó casa a casa hasta la rendición de la ciudad el 20 de febrero

[4] Mariano Luis de Urquijo y Muga, 1768-1817, estudió Derecho en Madrid y en Salamanca y fue colaborador de Floridablanca y de Aranda en Secretaría de Estado, hasta que en agosto de 1798 accedió a Gobernador de la Secretaría de Estado como habilitado, en febrero 1799 accedió a titular de Secretaría de Estado (hasta diciembre 1800). En julio 1808 fue ministro de Estado para José I, hasta 27 junio 1813. En 1814 se nacionalizó francés.

[5] Francisco Cabarrús conde de Cabarrús 1752-1810 nació en Bayona (Francia) y su padre, que era importador exportador, le envió a Zaragoza en 1771 para trabajar con Gelabert un comerciante socio suyo. Cabarrús se casó con la hija de Gelabert, pero no siguió en el negocio sino fue a Madrid y abrió una fábrica de jabones en Carabanchel. Allí conoció a Campomanes y Floridablanca y éstos valoraron sus muchos conocimientos de economía. En 1781 se nacionalizó español. En 1782 pidió un banco nacional para España y se enfrentó a las críticas de Miguel de Músquiz y de los Cinco Gremios Mayores de Madrid, cuyo negocio de financiar al Estado peligraba con la nueva iniciativa, pero el Banco de San Carlos salió adelante. En 1784 escribiría un memorial sobre la renta y los créditos públicos, y pidió establecer relaciones comerciales entre América y Asia, que le parecían muy prometedoras. Le encargan la Compañía de Filipinas, que Cabarrús recapitaliza tras obtener un monopolio comercial por 25 años. El éxito lleva a la concesión en 1789 del título de conde de Cabarrús. Pero a partir de ese año empieza su mala estrella, o la persecución que sobre él hace Pedro López de Lerena: en 1789 le persigue la Inquisición, en 1790 el ministro de Hacienda (Pedro López de Lerena) y director del Banco de San Carlos, le acusa de malversación por haber comprado deuda pública francesa al 83%, creyendo que subiría de cotización, y resultando que bajó, por lo que Cabarrús fue arrestado por Floridablanca. Su mala suerte terminó en el momento en que murió Lerena en 1792, pues se exoneró a Cabarrús, se le entregó de nuevo el Banco de San Carlos en 1796, se le confiaron las supervisiones de los canales del Guadarrama y el Manzanares, se le hizo embajador en la paz de Rastadt de 1797 y se le designó embajador en Francia en 1798, pero no fue admitido por los franceses. En 1900, le volvió la mala suerte, pues Napoleón pidió su destitución y los españoles accedieron a desterrarle. Se rehabilitó en 1808, tras el golpe de Aranjuez, pues le reclamaron Jovellanos, Menéndez Valdés, Urquijo. Será ministro de Hacienda (Finanzas) con José I. Murió el 27 de abril de 1810 en Sevilla.

[6] La condecoración contenía un esmalte violáceo y fue llamada enseguida la “Orden de la Berenjena”.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor
Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.


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