LAS JUNTAS PROVINCIALES, mayo-junio de 1808

 

El verdadero problema para los franceses no fue la sublevación del Dos de Mayo, un hecho puntual sin demasiados daños para ellos, sino la organización de los rebeldes en Juntas de Defensa o Juntas Provinciales en mayo y junio de 1808. Los pequeños burgueses organizaron estos movimientos populistas que se sublevasen contra los franceses. Actuaron tan irracionalmente como cualquier movimiento populista: los que no aceptaron sublevarse fueron a menudo ejecutados como le ocurrió a Solano en Cádiz, conde de Águila[1] en Sevilla, Antonio Lomas en Jaén, conde Torre del Fresno[2] en Badajoz, barón de Albalat[3] en Valencia… Eligieron a veces como jefes a sus antiguos gobernantes, aunque se tratase del reaccionario general Cuesta en Castilla la Vieja o del obispo Menéndez de Luarca en Santander.

Las Juntas fueron integradas por pequeña nobleza provinciana, comerciantes y profesiones liberales, auténticos autores de la revolución que estamos estudiando. Karl Marx tildó a estos grupos de “fuerzas contrarrevolucionarias”, pero no supo ver las posibilidades que se abrieron dentro de estos grupos. Eran populistas porque utilizaban al pueblo bajo, la masa, excitando sus sentimientos. Actuaron a veces en contra de los deseos del pueblo bajo, entre los que había absolutistas y populistas, es decir reaccionarios y alborotadores. Pagaban al pueblo para que saliera a la calle, pero eso era lo normal en aquellos siglos. Pero entre los dirigentes de las Juntas había también revolucionarios:

Las Juntas actuaron como progresistas en su deseo de entrega de tierras a combatientes pobres y a jornaleros sin tierra, y también en el decreto de 18 de septiembre de 1813 de contribución única sobre la propiedad, decreto que disgustó mucho a los nobles y a la Iglesia, es decir a los privilegiados.

Las Juntas actuaron como revolucionarias porque todas las juntas se declaraban “supremas”, es decir, soberanas. Como tales soberanas, declaraban la guerra a Francia, disponían de los caudales del Estado y cobraban sus propios tributos, y además, se resistirán a perder la soberanía en manos de otro organismo como la Junta Suprema Central. Cambiaban radicalmente el modelo político, social y económico de España, y eso es revolucionario.

Visto a muy largo plazo, el momento revolucionario era la crisis crónica de la hacienda estatal, tras un resurgir de la economía en tiempos de Carlos III y una crisis puntual a final del reinado de Carlos III y en tiempos de Carlos IV.

El Consejo de Castilla les reclamó a las Juntas la soberanía, en agosto y septiembre de 1808, y las Juntas Provinciales se negaron a obedecer. El Consejo de Castilla pidió que las Juntas enviasen delegados al Consejo de Castilla, que sería soberano, pero las Juntas argumentaron un buen número de críticas al Consejo por haber abandonado sus deberes y haber quedado desprovisto de autoridad. Sólo Cuenca aceptaba la autoridad “suprema” del Consejo de Castilla.

Entonces, el Consejo de Castilla decidió crear la Junta Suprema Central y exigió de todas ellas la sumisión, que las Juntas no le prestaron, alegando que la Junta Suprema Central no representaba al pueblo y ellas sí. De todos modos, y aun asumiendo para sí la soberanía, la Juntas se consideraban gobiernos interinos que habrían de unirse en el futuro.

El Consejo de Castilla convocó entonces Cortes, y las Juntas quisieron que no fueran Cortes tradicionales, de las ciudades con derecho a procurador en Cortes, sino Cortes de los representantes de las Juntas. Acabarían aceptando que fueran dos diputados por Junta.

 

La primera Junta en constituirse fue la de Asturias, una vez sublevados el 9 de mayo de 1808 en Oviedo y Gijón. El problema surgía entre la orden de Joaquín Murat de prohibir ataques a los franceses, apoyada por los magistrados de la Audiencia, y la Junta autoorganizada el 9 de mayo, que no aceptaba la autoridad francesa. El 10 de mayo pidieron que se nombrase capitán general de Asturias al marqués Santa Cruz del Marcenado[4] y fue lo primero que hizo la Junta. El 11 de mayo nombró procurador a Flórez Estrada. El 11 de mayo enviaron comisionados a León, Galicia y Santander, para que se rebelasen. Los de Santander fueron puestos en fuga por el jefe militar de Laredo, León no quería rebelarse, y de Galicia no se sabía nada en estos primeros días.

Otros patriotas renombrados eran el canónigo Luis Ponce, canónigo Ramón Llano Ponte, el juez José del Busto[5], el político José Rodríguez del Busto[6]. El 13 de mayo la Audiencia y la Junta se enfrentaron porque la Audiencia quería orden público y entrega de armas, mientras los patriotas de la Junta querían armar al pueblo.

La Junta accedió a desarmar al pueblo porque se acercaba un ejército francés desde Bilbao, Batallón Primero Hibernia, y un Escuadrón de Carabineros Reales de Valladolid. Pero Nicolás de Llano Ponte y José Canga Argüelles y Cifuentes[7] (), salieron de Oviedo a buscar voluntarios para la rebelión.

El 21 de mayo llegó la orden de Murat de fusilamiento de los 58 de la Junta y La Audiencia ordenó al general Juan Crisóstomo de la Llave su cumplimiento.

El 24 de mayo se produjo el verdadero levantamiento popular de Oviedo. Ante la inoperancia de la Junta y del capitán general, Juan Crisóstomo de la Llave, se produjo el levantamiento popular contra el general La Llave. Regresaron Ponte y Argüelles y Cifuentes, con unos 4.000 hombres y atacaron El Arsenal, un depósito de armas, y obligaron a La Llave a declarar soberana a la Junta Suprema, declarar hostiles a las fuerzas francesas, y declarar la guerra a Napoleón. El 25 de mayo, la Junta asumió el título de Junta Suprema de Gobierno, eligió su jefe militar, Joaquín Navia Osorio y Miranda marqués de Santa Cruz de Marcenado, declaró la guerra a Napoleón, declaró la amistad con Suecia y Gran Bretaña, hizo un reclutamiento militar, al tiempo que enviaban mensajeros a Gran Bretaña en 30 de mayo (Andrés Ángel de la Vega y José María Queipo de Llano vizconde de Matarrosa) para que les trasladasen uniformes, pólvora y oficiales del ejército, cosa que sucedió efectivamente.

El ejército asturiano fue importante: Empezó por la creación de la Primera División de Voluntarios de Asturias, unos 1.500 hombres (Pedro C. Méndez de Vigo), a los que luego se sumarían en junio-agosto: Regimiento Aviles (José Valdés Solís); Regimiento Villaviciosa (Carlos Rato Ramírez); Regimiento de Llanes (Sancho Victorero de Junco); Regimiento Gijón (Pedro Castanedo); Regimiento Castropol (José María de la Navia Osorio); Regimiento Oviedo (José María Queipo de Llano, vizconde de Matarrosa); Regimiento Castropol; Regimiento Salas (Gregorio Cañedo); Regimiento Luarca (Juan Cañedo); Regimiento Grado (José Jove); Regimiento de Cazadores de Montaña (Gregorio Jove); Regimiento de infantería ligera Covadonga (Pedro C. Méndez de Vigo); Regimiento Navia (José Gabriel Trelles); Regimiento de línea de Cangas de Tineo (José Pesci); Guardia de Honor de la Junta Suprema del Principado de Asturias (Guillermo Livesay); Regimiento Cangas de Onís (Salvador Escandón Antaño); regimiento Candás y Luanco (Juan Cienfuegos vizconde de Vega de Rey); Regimiento Ribadesella (Juan de Dios Bernardo de Quirós); Regimiento Lena (Juan Dringol); Regimiento Infiesto (Juan Galdiano); Regimiento Pravia (Sancho Valdés); Regimiento Colunga (Martínez Casavieja). Este ejército reunía unos 12.000 hombres y fue reorganizado y unificado en 25 de septiembre de 1808 en dos brigadas de 5.000 hombres (Cayetano Valdés Flórez, y Gregorio Bernardo de Quirós) y un cuerpo de reserva de 2.000 hombres (Nicolás de Llano Ponte).

El 26 de mayo, los Carabineros de Valladolid enviados contra Oviedo se sumaron a los rebeldes asturianos y detuvieron a su jefe Manuel Ladrón de Guevara, que permaneció fiel al Gobierno de Murat.

Dos compañías de Voluntarios de Asturias, enviados de Oviedo, levantaron a Santander, que el 27 de mayo eligió una Junta con miembros del Ayuntamiento, presidida por el obispo Rafael Menéndez de Luarca, que estaba ausente de Santander esos días. La Junta envió algunos soldados a los puertos de montaña de acceso a la región.

El 29 de mayo, el Batallón Hibernia, que venía de Bilbao y estaba en Pola de Siero, desertó en masa y se sumó a los rebeldes asturianos.

El 1 de junio, los Voluntarios de Asturias, unos 800 hombres, levantaron a León para iniciar la Junta. El gobernador militar Juan de Castañón, colaboró. Algunos se trasladaron a Valladolid para ponerse a las órdenes de Gregorio García de la Cuesta. El 7 de junio, Oviedo envió a los Carabineros Reales a servir a García de la Cuesta.

El 11 de junio, los asturianos fueron sobre Santander, a donde había llegado Pierre Hugues Victoire Merlé, pero éste ya se había replegado cuando llegaron y no llegaron a tener bautizo de sangre.

El 20 de junio, dimitió el jefe militar, marqués de Santa Crus del Marcenado, y fue sustituido por Vicente María Acevedo.

El 23 de junio, Merlé volvió sobre Santander y se adueñó de la ciudad.

La repercusión más importante de la iniciativa de Asturias sin embargo fue en Galicia, pues Oviedo mandó el 26 de mayo un representante a La Coruña, donde residía el capitán general Biedma. El regente de la Audiencia hizo huir al asturiano. El 29 de mayo llegó el representante de León y fue apresado. El 30 de mayo hubo una sublevación “popular” que hizo huir a las autoridades militares y constituyó la Junta General de Galicia y Junta Suprema Gubernativa, con 7 diputados de las ciudades de Galicia y cuatro miembros más entre los que estaban el obispo de Orense y el obispo de Tuy. Estuvo organizada por el general Antonio Acedo y contaba con un ejército de 40.000 hombres. Santiago tuvo su propia Junta Local. Galicia confió el mando de sus soldados a Filanghieri, que mandó reclutar 40.000 hombres, hasta que fue asesinado en junio y sustituido por Blake[8] que puso su cuartel general en Lugo y contaba con unos 25.000 hombres.

La Junta de Asturias, tan rápida en levantarse y sublevar a sus vecinos, tuvo el gran defecto de negarse a que sus pocos soldados, sólo usó 15.000, saliesen del principado, tras la derrota de Medina de Rioseco de 14 de julio de 1808 (Gregorio de la Cuesta por Valladolid, y Joaquín Blake por Galicia fueron derrotados por Bessieres) y el fracaso en Valmaseda, 8 de noviembre 1808 y derrota de Espinosa de los Monteros (10 y 11 de noviembre de 1808), por ello, nunca fue decisiva en la guerra.

Los asturianos fueron muy importantes en el Ejército de la Izquierda de Pedro Caro Sureda marqués de la Romana a partir de mayo de 1809, quien unió las fuerzas de Galicia y Asturias para defenderse de Michel Ney.

 

La segunda Junta importante fue la de Valladolid, donde aparecieron alteraciones del orden público a finales de mayo y la Audiencia, el Ayuntamiento y rondas de vecinos se esforzaban por mantener el orden público y colaboración con los franceses. Por el contrario, los amotinados, muchos de ellos estudiantes, pedían guerra al francés y proclamación de Fernando VII, para lo cual levantaron un patíbulo en medio de la Plaza Mayor. El capitán general Gregorio García de la Cuesta[9] convocó Junta de Armamento el 31 de mayo y se puso al mando de las tropas ordenando un reclutamiento.

Repercusiones de la Junta de Valladolid fueron las de Ávila y Zamora.

 

La, cronológicamente, tercera Junta importante fue la de Sevilla. El 26 de mayo se sublevaron los patriotas Guzmán Ortiz de Zúñiga conde de Tilly[10] y Nicolás Tap Núñez y asaltaron la Maestranza. El 27 asaltaron el Ayuntamiento y eligieron una “Junta Suprema de Defensa”[11], cuyo presidente era Francisco Saavedra[12], ex ministro de Hacienda, y de la que era miembro Tilly. La Junta se declaró soberana y el 29 de mayo mandó erigir Juntas locales en todas las ciudades de más de 2.000 vecinos. La Junta fue apoyada por el general Castaños que estaba en Gibraltar (La Línea, más exactamente) al mando de unos 10.000 soldados y, teóricamente, por el general Solano que estaba en Cádiz. El resto de las Juntas de España no aceptaron la supremacía ni se sometieron a Sevilla, por lo que esa Junta se propuso controlar Andalucía y Portugal.

El caso de Cádiz era muy complicado porque allí residía el capitán general de Andalucía, marqués de Socorro[13]. Francisco Solano, marqués de Socorro, había hecho una proclama antifrancesa en Badajoz el 5 de mayo y había instado a los generales que estaban en Portugal y a los capitanes generales de España a una sublevación, pero no recibió ninguna respuesta. Ante el fracaso, se incorporó a su puesto de capitán general de Cádiz, tal como le ordenaba Murat. Envió Sevilla al conde de Teba (Eugenio Palafox Portocarrero, conde de Montijo a partir de febrero 1808 y de Teba antes de 1808) el 28 de mayo a Cádiz, y éste conminó a Socorro para que hiciese Junta. Los militares no quisieron sublevarse, pues Socorro no veía posibilidades de éxito en la propuesta de declarar la guerra a Napoleón y atacar a los muchos franceses que había en la bahía, y la rebelión fue forzada por un levantamiento popular el 29 de mayo. Había en Cádiz una flota francesa mandada por Rosilly y los barcos españoles estaban mezclados con los franceses en el puerto, por lo que no era fácil la sublevación militar. Socorro no hacía nada por la sublevación y fue asesinado. Se formó una Junta de los Diputados del Pueblo que presidía Morla[14]. Castaños se hizo jefe del ejército de Sevilla. El 6 de junio, la Junta Suprema de España e Indias declaró la guerra a Napoleón y atacó a la fuerza francesa allí anclada, y fueron capaces de rendirla con ayuda de los británicos.

Por una orden de Sevilla, y una vez recibido el delegado correspondiente el 28 de mayo, se sublevó Córdoba. El Ayuntamiento había decidido guardar la paz y el orden público a pesar de anónimos que reclamaban la lucha contra los franceses, pero la llegada del mensajero de Sevilla hizo que se constituyera Junta.

Otra repercusión de Sevilla fue la capitanía general de Granada. El capitán general Ventura Escalante no quiso obedecer al delegado de Sevilla, José Santiago, y éste se puso a vitorear a Fernando VII en el balcón de enfrente a capitanía, con el resultado de que se provocó motín popular que asaltó capitanía, depuso a Escalante y nombró jefe militar al coronel Romero.

Otras Juntas Locales andaluzas son Jaén (que asesinó al corregidor Lomas), y Málaga (que asesinó al general Trujillo). Otra repercusión de Sevilla fue Badajoz, donde el Capitán General, conde de la Torre del Fresno, había formado una Junta Militar que se debía hacer cargo de la situación. No aceptaron los patriotas de Badajoz esa solución, y José María Calatrava, teniente Ruiz Mancio y Félix Ovalle se reunieron para organizar una rebelión. En ese momento llegó la noticia de la Junta de Sevilla, y se fueron a por el gobernador. Torre del Fresno huyó, pero fue asesinado después. Badajoz constituyó una Junta Suprema. Badajoz dedicó sus fuerzas a cercar Elvas, donde había una guarnición francesa, pero sin contar con los demás[15].    Badajoz repercutió sobre Plasencia, donde el obispo creó una Junta para evitar sublevaciones populares. Otros pueblos grandes de Extremadura hicieron Juntas Locales.

 

Cartagena asesinó al capitán general Francisco de Borja, el 23 de mayo, creó Junta y envió emisarios a Murcia, que también hizo su Junta. Floridablanca estaba al frente de ella.

Ello dio lugar a una quinta junta importante, que fue la de Valencia. El 23 de mayo tuvo la noticia de las abdicaciones de Bayona y grupos de gente vitoreó a Fernando VII y exigió al conde de La Conquista[16] que declarase la guerra a Francia. La Conquista y el arzobispo de Valencia no querían enfrentamiento con los franceses. El padre Rico capitaneó al pueblo en las exigencias de guerra. Murat pidió entonces soldados para el ejército francés y eso fue el detonante para la sublevación general, asalto a la ciudadela y reparto de armas que hizo el capitán Moreno. Hecha la Junta, se sumaron a ella La Conquista, la Audiencia y el Arzobispo. En la sublevación de Valencia de 24 de mayo, destacó el canónigo de San Isidro de Madrid, Baltasar Calvo, que a partir de 1 de junio dirigió la matanza de unos centenares de franceses, lo que creía un servicio a la religión católica.

Repercusión de Valencia fue Mallorca que recibió un enviado de Valencia el 28 de mayo, llegando al tiempo que otro de Murat para que fueran fieles a las autoridades constituidas. Las autoridades no se decidían, cuando recibieron noticias de las Juntas de Murcia, Cartagena y Aragón, y acabaron por hacer Junta el 30 de mayo.

 

La Juntas de Cataluña se hicieron sin Barcelona, que estaba ocupada por los franceses y colaboraba con ellos. Fueron Lérida, Tortosa, Manresa y Villafranca del Panadés las que formaron Juntas Locales y luego se coordinaron en una Junta General del Principado, con sede el Lérida, cuyo presidente era el marqués de Palacio[17].

 

Otra junta importante fue la de Aragón: un movimiento popular encarceló al capitán general Jorge Juan de Guillelmi, sustituyéndolo por Mori y más tarde por José Palafox[18]. Palafox, un absolutista, creyó llegada la hora de su muerte cuando oyó llegar a los zaragozanos a su refugio en el campo, finca de La Alfranca, pues había huido de Zaragoza, pero venían a pedirle que fuera su jefe. El hombre que dirigió a los rebeldes populares a que aceptaran la jefatura de José Palafox, fue Jorge Ibor Casamayor, popularmente conocido como el tío Jorge, o como Cuello-Corto, que moriría de tifus durante el asedio. Palafox hizo Junta con Boggiero, Calvo de Rozas, capitán López Pinto, y convocó las Cortes de Aragón en un gesto revolucionario romántico, pues no se habían convocado desde hacía siglos. Zaragoza dudaba, y el brigadier absolutista José de Rebolledo de Palafox y Melci, 1775-1847, pidió un Consejo de Regencia que debía presidir Antonio de Borbón cuando pasase en su camino hacia Francia. Pero el viajero pasó y no ocurrió nada. El 24 de mayo hubo motín popular, dirigido por los campesinos Manuel Cerezo y Jorge Ibort, que pidió armas al capitán general Guillelmi y éste se excusó y dejó hacer a los alcaldes. Tomaron la Aljafería, donde tomaron armas (25.000 fusiles y 80 piezas de artillería), que repartieron, y encerraron a Guillelmi. Asumió el mando de Zaragoza el general Mori. El 26 de mayo los campesinos buscaron a Palafox en un pueblo cercano, donde se había refugiado para huir de los liberales, al objeto de pedirle que declarara la guerra al francés y el 27 de mayo Palafox reunió la Junta de Armamento y Defensa de Zaragoza, convocó Cortes aragonesas para el 9 de junio y ordenó el reclutamiento.

 

 

Otras Juntas:

Logroño,

Segovia, constituida el 3 de junio

Albacete, que hizo Junta a la llegada de un delegado de Madrid.

 

 

 

Valoración de las Juntas.

 

Las Juntas Provinciales despreciaron la autoridad del Consejo de Castilla, puesto que éste no había reaccionado a la toma del poder por un general francés. El 22 de agosto de 1808, el consejo de Castilla trató de reivindicarse y publicó un manifiesto de lealtad a Fernando VII. Ya era tarde. El Consejo de Castilla estaba herido de muerte: cuando Napoleón vino a España, suprimió el Consejo de Castilla, aunque los consejeros del mismo no aceptaron esta supresión y se pasaron a los patriotas de Cádiz. En Cádiz, las Cortes crearían el Tribunal Supremo de Justicia y no utilizaron al Consejo de Castilla. El Consejo de Castilla reapareció en 1814, como casi todo lo viejo que fue restaurado en esa fecha, pero desapareció definitivamente en 1834.

Las Juntas representaban un problema grave para el sistema estamental absolutista, dado que estaban organizadas por burgueses (el obispo en el caso de Santander) con el preciso objetivo de resistir a los franceses y de eliminar a sus colaboradores, al margen del orden establecido, representado por Murat. Más tarde reconocerían a Fernando VII como su rey, pero tal vez por conveniencias tácticas, pues entre los patriotas había conservadores y liberales, y debían mostrarse unidos.

Las Juntas tomaron el poder de vida o muerte, eran organismos de violencia. Los “asesinados” o ejecutados, eran acusados sistemáticamente de afrancesados, a veces sin razón alguna y sin que pudieran reclamarse derechos. Además, las Juntas podían ser utilizadas con cualquier otro fin, distinto al político. En fin, eran un tema grave.

Las Juntas Provinciales se mostraron como intentos, llevados a cabo por personalidades provinciales, de controlar la situación a favor de sus intereses, dominando al pueblo. No hay que verlas de antemano como iniciativas liberales, porque no siempre fue verdad, y sería un prejuicio que nos deformaría la realidad. La opinión de los primeros días era que, con un poco de dinero bien repartido, se solucionaría todo. El problema en los primeros días, no era tranquilizador, pues se constituyeron “juntas ciudadanas” que recuerdan mucho a los comités de sansculottes de 1789 y 1791 franceses. Podían ser hipotéticamente muy peligrosas, y algunos nobles, curas y militares decidieron sumarse a esas juntas ciudadanas para dominarlas, formándose así las Juntas Provinciales. Estas Juntas se encargaron de recaudar las contribuciones, enrolar mozos en sus ejércitos, buscar armas y capturar a los desertores. Digamos que los dirigentes eran más bien “revolucionarios a su pesar”. Que todo ello evolucionara al liberalismo es una circunstancia histórica de lo más interesante.

Europa vio las Juntas españolas como un peligro. Era preciso acabar pronto con estas Juntas cuando eran pequeñas y no muy organizadas. Algunos interpretaban que el trono estaba vacante y preparaban su diplomacia para ser reyes de España. El ministro británico Canning insistía en que no se iba a entrometer en asuntos internos y no quería luchas de pretendientes ni apoyaría a ninguno de ellos, pero tampoco quería tantas Juntas “supremas y soberanas” y prefería un gobierno único. Murcia propuso constituir una Junta Central, y Canning les dijo a las demás Juntas que, o aceptaban esa Junta Central o les retiraría sus ayudas. Europa no logró su objetivo de disolución de las Juntas.

En cuanto a la idea que estas Juntas tenían de sí mismas, algunas veces era más bien de un cantonalismo temprano: Las Juntas eran rivales unas de otras y cada una tuvo sus propios objetivos. La Junta de Sevilla quería declarar la guerra a la de Granada por cuestiones de demarcación territorial. No se ayudaban unas a otras salvo por iniciativas particulares aisladas y cada una resistió como pudo a los franceses. Galicia y Asturias actuaron en coalición, pero pusieron siempre muchas dificultades cada vez que un soldado suyo tenía que salir del territorio de su Junta (León, Valladolid, Cantabria y Bilbao parecían ser sus límites). Cuesta, en Salamanca y Valladolid, creía ser jefe de Castilla, pero nadie le hacía caso excepto cuando se imponía por la fuerza.

La rivalidad entre las Juntas iba paralela a la que había entre los jefes españoles: Cuesta se tituló jefe de la zona Salamanca-Valladolid, pero no era reconocido como tal jefe. Blake era el jefe de Galicia. Palafox, de Zaragoza. Francisco Javier Castaños, de Andalucía. El duque del Infantado era despreciado por todos porque había colaborado con José I hasta julio de 1808. Vicente María Acevedo era el jefe de Asturias. Saint March y Llamas eran líderes en Valencia.

En estos días, las Juntas recibían un aluvión de cartas de las casas reales europeas, sobre todo Francia, Austria y Portugal, ofreciéndose para enviar reyes si las Juntas les daban su apoyo. El ambiente era pues visto en Europa, por las casas reinantes, como un negocio familiar más, dentro de las concepciones del Antiguo Régimen, que no tenía para nada en cuenta la soberanía de los pueblos.

Eran pretendientes al trono español:

el archiduque Carlos de Austria, descendiente de otro archiduque Carlos de 1700-1715 y de Felipe V, apoyado por Castaños y Palafox;

Luis XVIII de Francia, que residía en Inglaterra y también pretendía el trono de Francia;

Leopoldo, príncipe de Salerno, hijo de Fernando de Nápoles, de la familia Borbón;

el infante Pedro Carlos, hijo de D. Gabriel y nieto de Carlos III;

la infanta Carlota Joaquina, hija de Carlos IV y esposa del regente de Portugal que se hallaba en Brasil en esos años.

Todo el mundo era consciente de que estas Juntas tenían el poder y todo el mundo trataba de controlarlas. Las casas reales extranjeras no fueron ni escuchadas.

 

Las Juntas Provinciales encontraron cierto vacío de poder en España porque:

La Junta Suprema de Gobierno, creada por Fernando VII, se había desacreditado al ceder Fernando VII el trono a Napoleón y aceptar la “constitución” impuesta por éste. Además, esta Junta Suprema de Gobierno había enviado emisarios a las provincias pidiendo sumisión a Napoleón y había hecho una proclama en este sentido el 4 de junio de 1808.

El Consejo de Castilla fue rechazado por las Juntas y por los generales rebeldes cuando no actuó poniéndose al frente del levantamiento más o menos “popular”, y porque prometió, el 22 de junio de 1808, al general La Forest hacer una proclama de reconocimiento de Napoleón.

 

Pero, para que el movimiento de sublevación tuviera éxito, las Juntas debían coordinarse de alguna manera y se barajaron soluciones como una federación de Juntas, una convocatoria de Cortes, o una Junta Central. A la idea de una nueva junta, Junta Central, se oponía el Consejo de Castilla.

Otra solución intentada, de mucha menos efectividad de cara al éxito, fue la postura de Asturias: La Junta de Asturias pidió ayuda a los británicos en junio de 1808. Los británicos enviaron algunos oficiales, pólvora y armas, a Asturias y luego a La Coruña en julio.

La Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino se constituyó el 25 de septiembre de 1808 en Aranjuez. El hombre fuerte en dicha Junta parece que era el general Gregorio de la Cuesta y éste pedía disolución de las Juntas Provinciales, restablecimiento del poder de los militares en el gobierno de las provincias y en las Audiencias Provinciales, y el establecimiento de un Consejo de Regencia integrado por Cuesta, Castaños e Infantado, es decir, la vuelta al modelo antiguo absolutista. Jovellanos hizo una propuesta similar a la de Cuesta, nada revolucionaria. Palafox dijo que los diputados elegidos deberían tener atribuciones ilimitadas de modo que la Junta Suprema Central fuese soberana.

Pero la Junta de Sevilla dijo que sus diputados tendrían un mandato limitado, y que sería Sevilla quien los cambiase periódicamente, y también que los diputados tendrían funciones limitadas porque dependían de la Junta Provincial, que sería la que impondría la línea política. Es decir, Sevilla estaba actuando con soberanía.

El resultado es que el 25 de septiembre, a la hora de la creación de la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino, no había Consejo de Regencia y las Juntas Provinciales mantenían la soberanía. Las Juntas consideraban a la Junta Suprema Central como “organismo armonizador” del resto de las Juntas: 35 miembros que representaban la soberanía por delegación de las Juntas Provinciales, las auténticas soberanas.

 

 

[1] Juan Ignacio de Espinosa y Tello, III conde de Águila.

[2] Toribio Diego Gragera y Vargas, conde de Torre del Fresno, había convocado Junta en Badajoz, pero dilataba el tiempo de reunión y trataba de evitar la sublevación de las masas, hasta que éstas le asesinaron el 30 de mayo 1808.

[3] Miguel de Saavedra, barón de Albalat, fue nombrado representante de la nobleza en la Junta de Valencia, pero no asistía a la Junta por miedo a las revueltas. Se presentó al fin en 29 de mayo de 1808 y fue asesinado por la plebe.

[4] Joaquín Navia Osorio y Miranda, 1749-1816, VII marqués del Marcenado, sucedió en el marquesado a sus hermanos Juan Antonio y Antonio Manuel.

[5] José María García del Busto, 1781-1865 era abogado y promovió el levantamiento de mayo en Oviedo.

[6] José Rodríguez del Busto, 1775-1858, fue secretario de la Junta de Defensa de Asturias y luego miembro del gobierno en 1820-1823, exiliado en 1823 y rehabilitado en 1833.

[7] Hay cierto confusionismo entre Agustín Argüelles Álvarez, político en Cádiz, José Canga Argüelles y Cifuentes, que es quien yo creo que es el aludido, y otras fuentes que citan Agustín Canga Argüelles y Cifuentes.

[8] Joaquín Blake Joyes 1759-1827 nació en Málaga y se hizo cadete de infantería en 1774, llegando a coronel en 1795 y brigadier en 1802, teniente general en 1808, mandando el Ejército de la Izquierda. Fue presidente del Consejo de Regencia de España e Indias en 1810-1811, regente de España en la Segunda Regencia. Tras la batalla de Almansa de 1811 fue ascendido a capitán general. En 1812 cayó prisionero en Valencia y fue llevado a Vicennes hasta 1814. Se le recuerda por fundar el Estado Mayor con carácter permanente y no eventualmente como había hecho Godoy. En 1820 fue Presidente del Consejo de Estado. En 1823 hubo de exiliarse. Falleció en Valladolid en 1827.

[9] Gregorio García de la Cuesta y Fernández de Celis, 1741-1811, era un general santanderino proclamado como capitán general de Valladolid en 5 de mayo de 1808, en sustitución de Francisco de Horcaditas. Cuesta reunió a unos 5.000 voluntarios y luchó contra los franceses en Cabezón de Pisuerga, siendo derrotado. Luego participó en la batalla de Medina de Rioseco en julio de 1808, con nueva derrota. La Junta de Sevilla le nombró comandante en jefe del ejército y le destituyó al poco, de que fue derrotado en Medellín en marzo de 1809. Se unió a Wellington y ganaron juntos la batalla de Talavera. Dimitió en diciembre de 1810 y murió en enero de 1811 en Mallorca.

Algunas fuentes confunden a Gregorio García de la Cuesta, con Antonio Cuesta, atribuyendo a este guerrillero-bandolero de Sierra Morena los hechos de aquel.

[10] Francisco de Guzmán Ortiz de Zúñiga Maravel Ponce de León, conde de Tilly, señor de Gil de Olid y de la Margarita, es un personaje bastante oscuro, citado a menudo como “conde de Tilly” pero sin especificar más datos. Era un maestrante de Sevilla, de la Real Maestranza de Caballería, regidor de la ciudad, que estaba cargado de deudas e iba a ser procesado por sus negocios, pero que se salvó de sus responsabilidades sumándose a la Junta de Sevilla en mayo de 1808, y a la Guerra de la Independencia a partir de esa fecha como colaborador de Castaños. Pero en febrero de 1810 el general Castaños ordenó su detención al tiempo que le facilitaba un pasaporte para Gibraltar y filadelfia, lo que significaba una invitación a marcharse. Llegado a Gibraltar, fue detenido y enviado preso a Cádiz, donde murió en la cárcel en la segunda mitad del año 1810, de asma.

[11] Que evolucionó a Consejo Supremo de España e Indias, creado más tarde en Sevilla, también llamado Suprema Junta de España e Indias, y que a su vez se puede confundir con la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino, que se proclamó soberana de España e Indias

[12] Francisco Saavedra Sangronis, 1746-1819, era un sevillano que estudió teología en Granada. En 1768 ingresó en el ejército, en el Regimiento Inmemorial del Rey, y luchó en Pensacola y Caracas. En marzo 1797, Godoy le hizo Secretario de Hacienda, donde hizo amistad con Jovellanos, y en marzo de 1798 Secretario de Estado. En 1808 presidió la Junta Suprema de Sevilla. En octubre de 1809 volvió a ser Secretario de Estado de Hacienda y fue Presidente de la Junta Suprema de Sevilla. En 1810 estuvo en El Consejo de Regencia de España e Indias.

[13] Francisco Solano y Ortiz de Rozas, marqués de Socorro, 1768-1808, era un caraqueño, hijo de militar, general desde 1802, que había luchado en el ejército de Napoleón voluntariamente y en 1803 fue nombrado Gobernador de Cádiz y Capitán General de Andalucía. El 29 de mayo de 1808, las turbas asaltaron la capitanía en Cádiz, y Solano huyó, hasta que fue alcanzado y asesinado.

[14] Tomás Morla y Pacheco, 1748-1812, creó en 1808 el Cuerpo de voluntarios de Cádiz, que luego fue protagonista de la victoria de Bailén. Más tarde se entregó a Napoleón, ante las amenazas de atacar la ciudad, lo cual fue considerado traición por los patriotas. Murió en Madrid.

[15] A partir de 24 de septiembre 1808, fue Capitán General y Jefe del Ejército y Provincia de Extremadura, José Galluzo, que también era Presidente de la Junat Suprema de Gobierno de Extremadura. Tras su nombramiento militar, tuvo que dejar el cargo político, que asumió el arzobispo de Badajoz, Mateo Delgado, como titular, pero ejerciendo en realidad Francisco María Riesco. Galluzo fue un importante jefe de los patriotas hasta ser destituido el 29 de diciembre de 1808, tras la derrota del Puente de Almaraz, momneto en que fue sustituido por Gregorio García de la Cuesta..

[16] Mateo del Toro Zambrano y Ureta, I conde de La Conquista, 1727-1811.

[17] Domingo María Traggia, marqués de Palacio, tras presidir la Junta de Lérida, sería regente de España en abril de 1811 en sustitución de Blake.

[18] Los Rebolledo de Palafox y Melci eran tres hermanos, hijos de Juan Felipe Rebolledo de Palafox , y de Paula Melci de Eril, marqueses de Lazán:

El mayor y heredero del título era el general Luis Rebolledo de Palafox y Melci, marqués de Lazán,1772-1843, se distinguió por sus ideas ultraabsolutistas, de modo que formó parte de una Junta de Depuración de 1814, dirigida por Ostolaza, Montijo y marqués de Lazán. En 27 de octubre de 1815 fue Capitán General de Aragón, puesto en el que sucedió a su hermano José. En 1820 fue cesado y sustituido en el cargo por el general Riego, el héroe de 1 de enero de ese año.

El segundo de los hermanos era Francisco Rebolledo de Palafox y Melci, 1774-1812, que fue Guardia de Corps y estuvo en la Junta Suprema de Aragón. En agosto de 1810 fue detenido por los franceses y llevado al castillo de Bellber (Mallorca), donde murió en 1812.

El tercero, era José, 1776-1847, duque de Zaragoza, fue Guardia de Corps donde ascendió a brigadier. Había custodiado a Godoy en 1808, antes de llevarle a Francia. Acompañó a Fernando VII en su viaje a Bayona en abril de 1808. Fue Capitán General de Aragón y Gobernador de Zaragoza el 25 de mayo de 1808, defendiendo Zaragoza en sus dos asedios. En 1809, aunque hizo juramento de fidelidad a José I, no se libró de ser llevado por los franceses a Vincennes hasta 13 de diciembre de 1813, cuando fue liberado Fernando VII. Fue duque de Zaragoza y capitán general de Aragón en junio 1814. Salió a recibir a Fernando VII a Reus y le invitó a que desobedeciera a la Regencia y pasara por Zaragoza, como en efecto se hizo. En 1820 fue comandante de la Guardia Real de Fernando VII. En 1823 acompañó a Fernando VII a Sevilla, cuando se lo llevaban los liberales. Allí intentó hacer un núcleo absolutista que liberara al rey. Fue apartado de los cargos políticos por los gobiernos liberales. En 1833 se hizo isabelino y en 1836 volvió a ser Capitán General de Aragón, y Senador.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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